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Los niños del paraíso (1945)

Los niños del paraíso
Trailer
8.2
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Sinopsis
París, 1820. Dos jóvenes artistas, Baptiste Debureau y Frédéric Lemâitre, debutan en el teatro de los Funámbulos y entablan amistad. Un día, Garance, una misteriosa y atractiva mujer, irrumpe en sus vidas. Mientras que el tímido Baptiste no se atreve a declararle su amor, Frédéric la convierte en su amante. Sin embargo, al estar implicada en una serie de crímenes, la mujer desaparece. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Les enfants du paradis
Duración
190 min.
Guion
Jacques Prévert
Música
Joseph Kosma, Maurice Thiriet
Fotografía
Roger Hubert (B&W)
Productora
Société Nouvelle Pathé
Género
Romance Drama Teatro Siglo XIX Drama romántico
9
Teatro, belleza y amor libre
Desde la primera secuencia queda patente la atmósfera de fiesta y homenaje. La cinta es, ante todo, una celebración gozosa del mundo de los cómicos. No hay una sola línea del diálogo que no transpire pasión por la farándula.

Al igual que en el teatro, todo cabe en este paraíso: amor y celos, enredo, frivolidad, posesión y picardía, orgullo de clase y ambiciones, crimen y belleza. Belleza en cada personaje, en la brillante esgrima de las réplicas, en los instantes mudos, en el candor del vodevil.

El guión de Jacques Prévert derrocha pensamiento y poesía. En él, encontramos perlas como la que sigue:

Garance: Mais si quelqu’un m’aimait…

Édouard: Il n’en est pas question. Vous êtes beaucoup trop belle pour qu’on vous aime vraiment. La beauté est une exception, une insulte au monde, qui est laid. Rarement les hommes aiment la beauté. Ils la pourchassent simplement pour ne plus en entendre parler, pour l’effacer, pour l’oublier.

[Garance: Y si alguien me amara…

Édouard: De ninguna manera. Sois demasiado hermosa para que os amen de verdad. La belleza es una excepción, un insulto al mundo, que es feo. Pocas veces los hombres aman la belleza. Le dan caza simplemente para que no les hablen más de ella, para borrarla, para olvidarla.]

Y un mensaje de fondo que adorna la sonrisa de Arletty:

Comme c’est simple l’amour ! [¡Qué sencillo es el amor!]

En efecto, el amor es simplicísimo, nos dice la película. Lo complicado es todo lo demás.
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57 de 66 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
La vida es un gran teatro
Había oído hablar a Truffaut sobre Los niños del paraíso, que era para él la mejor película francesa jamás hecha. Yo pensaba que sería, con ese título, un drama sobre la infancia estilo Cero en conducta o Los 400 golpes, y quizás una película corta. Pero luego lo que me encontre fue una película sobre la vida a través del teatro, algo así como Lo que el viento se llevó a la francesa, desgarradora, y larga, muy larga.

La película es un teatro, una forma de ver la vida muy teatral, que juega con la ambigüedad de las obras teatrales, y de cómo cuesta separar vida y teatro, más aún cuando este es tu vida. Y una gran visión romántica, y casi obsesiva del amor. Y una película ambientada " en el pasado ", pues continuamente juega con la importancia que el pasado juega en nuestras vidas, y que a veces es imborrable aunque lo intentemos.

La película subraya continuamente esa idea de drama teatral que es la vida, donde todos formamos parte de un guión escrito por alguien, y en este caso, ese papel lo desempeña el criminal Lacenaire, un personaje cuya importancia nunca llegué a entender en la trama hasta los últimos 15 minutos, que es cuando se revela su verdadera tarea. Los personajes mueven la propia historia con sus decisiones, con su forma de ser, y así nos presenta a varios arquetipos del teatro en la propia vida: el joven romántico, un inocente soñador atrapado entre dos mujeres, como es Baptiste, el ambicioso, Frederik Lamaitre, un personaje carismático que realmente interpreta papeles durante toda la película, y que aprovecha lo que le pasa en la vida real para incluirlo en las representaciones teatrales. Entre estos dos personajes surgirá una relación de amistad- rivalidad por el amor de Garance, a la que podría denominar como " femme fatale inconsciente ", pues realmente maneja a los protagonistas, sobre todo a Baptiste, como quiere, y es su objeto de obsesión, aunque ella no pretende serlo, dándole un carácter ambiguo.

A partir de aquí, lo que comenzó como una especie de comedia sobre el teatro, se va transformando en un auténtico drama, al entrar en la trama la parte de amor y celos, aunque ciertamente, no exenta de algunos puntos cómicos totalmente geniales, como el director de Los funámbulos y sus multas, o los geniales autores de la obra que representa Frederik. Algo así como ocurría en Candilejas, con auténticos momentos de sentimiento que le llegan al espectador a lo más hondo, con planos que, sin necesidad de diálogos, dicen más que algunas películas enteras. Y otro aspecto es el recién citado de los diálogos. Auténticos prodigios, cada frase podría formar parte de un estudio, de una tesis, por su riqueza, por su calidad, y que me recordaron a los geniales dialogos de Mankiewizc en Eva al desnudo.

Únicamente puedo recomendarsela a todo el que no la haya visto, por que realmente se le harán cortas las 3 horas que dura, y, al igual que me ocurrió a mi, saber que se ha visto una parte de la historia del cine.
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39 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil