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Agatha et les lectures illimitées (1981)

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Sinopsis
En su despedida definitiva, dos hermanos recuerdan los veranos pasados en la casa de la playa donde surgió el amor incestuoso que ahora los separa. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
Año / País:
/ Francia Francia
Título original:
Agatha et les lectures illimitées
Duración
90 min.
Guion
Marguerite Duras
Fotografía
Dominique Le Rigoleur, Jean-Paul Meurisse
Productora
Institut National de l'Audiovisuel (INA) / Productions Berthemont
Género
Drama
8
La voz a ti debida
‘Agatha et les lectures illimitées’ tiene el color del mejor Theo Angelopoulos, la cadencia de ‘El año pasado en Marienbad’, destellos de Antonioni.

Dos voces dialogan, jugando sutilmente con las personas del verbo. Susurran y se aman. La imagen es memoria junto al mar. Memoria de una huida, de un amor. Playas vacías y contraventanas clausuradas en el tiempo. Una única figura femenina se mueve en el espacio, o mejor, podríamos decir que ‘es’ el propio espacio. El hermano, cuyo nombre –que yo recuerde– ni siquiera se menciona, es una sombra enamorada.

Gérard Depardieu, en una entrevista, decía que el genio de Marguerite Duras consistía, sobre todo, en el eco que se percibe detrás de sus palabras. También escribió que había conseguido hacer que hablaran los silencios. Probablemente, las imágenes de ‘Agatha…’ sean el eco profundo –más que literal– del texto dialogado. Detrás –o dentro– del tejido verbal nos hablan los silencios, el silencio.

La escritora, realizadora y guionista, sazona con perlas de Brahms el paso pausado de los fotogramas; todo en esta cinta es pura evocación, recuerdo y oleaje; memoria de una herida.

Paul Valéry, en su ‘Cementerio marino’ describía el sonido del mar como un “tumulto parecido al silencio”; en ‘Agatha…’ el tumulto es interior.

En un momento dado, se cuenta una visita al cuarto de la madre moribunda. La imagen muestra una estructura de metal. Mientras la voz describe ese suceso, el paso de las nubes oscurece levemente los listones.

El operario y su cámara aparecen en cuadro rodando a la protagonista, en un juego de espejos metacinematográfico. Quisiéramos pensar que quien la filma es el hermano. Agatha se observa, en el cristal, con gesto de extrañeza.

Los paisajes desiertos se ven de cuando en cuando salpicados por bultos diminutos (un perro, unas personas) que apenas se perciben. La primera vez pensé que podía no haber sido intencionado. Pero, al repetirse, pienso que sí forman parte de un mecanismo de extrema precisión, como las suaves panorámicas, el ritmo y tono de las voces, la música de Brahms. Y, si me equivoco, será el azar que, en cine, a menudo ofrece dones impensados.

Incesto, amor, separación; palabras de una madre. Estacas, barcos, cristaleras. La voz de Marguerite Duras. Y, burla burlando, los versos de Salinas…

No quiero que te vayas
dolor, última forma
de amar. Me estoy sintiendo
vivir cuando me dueles
no en ti, ni aquí, más lejos:
en la tierra, en el año
de donde vienes tú,
en el amor con ella
y todo lo que fue.
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12 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
La imagen y la palabra
Uno tiene la sensación de que Marguerite Duras hubiese decidido trasladar sus sugerentes diálogos para "Hiroshima mon amour" al universo de la experimentación audiovisual más plena, combinando la emoción de la palabra con la fuerza de la imagen como había hecho escasos años atrás Chantal Akerman en "News from Home".

El intento de combinar un texto y unas imágenes que parecen haber sido concebidos por separado (aunque jamás es así) no es el único punto en que conecta con la obra de la belga, pues en ambos trabajos, además, hay una voluntad de reconstruir una imagen pasada a partir de la voz en off, usando como generador del recuerdo descripciones del entonces o relatos del presente con ecos en el tiempo.

Sin embargo, difieren en un aspecto fundamental, pues mientras Akerman parece volcada en la creación de un artefacto conceptual que remita a un tiempo o un lugar perdido, la motivación de Duras se orienta más hacia la construcción de un auténtico relato, narrando una verdadera historia que podía haber sido contada siguiendo cada una de las pautas marcadas por el cine hegemónico, pero que decide explorar otros caminos aquí con la intención, primero, de experimentar con el lenguaje y sus posibilidades narrativas y, segundo, de activar nuevas sensaciones en el espectador.

En otras palabras, mientras la experimentación imagen-palabra en "News from Home" iba orientada a una estimulación más relacionada con la transmisión de sensaciones y la construcción de un estado de ánimo o de algo abstracto en base a ellas, "Agatha et les lectures illimitées" parece tender a generar una atmósfera y dar vida a un contexto en el que emplazar el drama que quiere contar, un triste relato cargado de lirismo que cobra vida ante nuestros ojos sin ser mostrado, siendo sugerido y desarrollado única y exclusivamente con los diálogos de sus protagonistas sobre las hermosas y melancólicas imágenes de gran fuerza visual y vocación narrativa que la cineasta escoge expresamente con la misma delicadeza y determinación con que escoge las palabras.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil