arrow

Edvard Munch (TV) (1974)

7.8
277
Votar
Plugin no soportado
Añadir a listas
Sinopsis
Drama documental que describe al joven Edvard Munch. Muchos de los diálogos fueron tomados del diario íntimo de Edvard Munch. Todos los personajes están interpretados por actores amateurs, lo que otorga al film algunas características de documental ficticio. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
  Ver reparto completo
Año / País:
/ Noruega Noruega
Título original:
Edvard Munch (TV)
Duración
210 min.
Guion
Peter Watkins
Fotografía
Odd-Geir Sæther
Productora
Coproducción Noruega-Suecia; Norsk Film / Sveriges Radio
Género
Drama Biográfico Siglo XIX Pintura Telefilm
7
Película para fans
Watkins filma una película, sobre todo, para fans de Munch. El hecho de que conceptualmente esté dividida en dos películas consigue que se digiera mejor. Nunca llega ser soporífera, pero tampoco llega a transmitir la fuerza que un producto audio-visual puede ofrecer, da la sensación de que tiene potencial, pero no es del todo aprovechado. Otro defecto es que no aparece (solo al final, como dato) su ingreso en el psiquiátrico, uno de los momentos más importantes en la vida de Munch. Se centra en demasía en su obsesión en algunas de sus relaciones, cuando el artista noruego era más que eso. La actuación de Westby, los flaschbacks, el guión, la idea de introducir el contexto social cada vez que se cambia de año... son un acierto, pero se echa en falta la emoción y la épica que conviven con el drama: haber filmado mejor la fuerza creadora del creador de "El grito". La primera parte es, si cabe, más interesante, al quedar perfectamente explicada su infancia y el origen de su forma de ser. En sus mejores momentos recuerda, evoca, al intimismo de las películas de Bergman.
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El malestar de la cultura
Se trata de una indagación del mito romántico del artista atormentado y genial como nunca antes se había visto. También es un acertado retrato de la época moderna. Tal idea es un tópico muy manoseado en todo tipo de producciones, la diferencia aquí es que la propuesta de Watkins es ambiciosa, pues se propone demostrar como la tensión entre los dos polos morales de su época (el conservador y el progresista) producen en él un conflicto interno que agrandarán sus problemas en el mundo. Por lo tanto la larga extensión queda justificada cuando no sólo se pretende esbozar el trasfondo familiar, también se nos habla del entorno artístico en el que Munch se movió, se mencionan los hechos históricos que en paralelo se producían a su historia así como un rápido y preciso retrato de las diferentes capas sociales de la sociedad noruega.

Todo esto sazonado con un montaje intrincado que suele recuperar y reiterar una serie de imágenes recurrentes (principalmente de las tragedias familiares) que plasman las obsesiones que pueblan la mente de Munch, lo atormentan y le hacen no conformarse con lo convencional e indagar más allá de los cánones preestablecidos. Con eso Watkins apunta a algo bastante preciso: es la crisis o el dolor lo que conduce al cuestionamiento de las cosas, lo que nos hace ver que aquello que nos envuelve nos es inamovible, que una parte importante de la verdad no está plasmada en los valores, las ideas o las obras de nuestro tiempo. Ésa es la base del ideal progresista y fue lo que hizo a Munch reflexionar sobre su arte hasta el final dar con algo que supondría el inicio de una nueva fase del arte: la subjetividad. Watkins nos hace ver con acertados e ilustrativos comentarios como las investigaciones pictóricas de Munch le hicieron descubrir las mismas cosas que los pintores impresionistas sin por ello mantener verdadero contacto con ellos. Se nos habla de un mundo herido por una moral represiva y anquilosada, cuya reacción niega los fundamentos del cristianismo, de modo que la visión del hombre es el centro del mundo y no el Dios adorado por las diferentes iglesias. La visión del hombre ha de impregnar su obra por tal de hallar la libertad negada.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, es obvio que el largometraje no pasaría de tópico si no mostrara todas esas cosas que erosionaban la mente del artista: la moral luterana que sesgaba la libertad individual y por ejemplo hace que la amante de Munch se case por convención social cuando en verdad lo que desea es una vida más desenfadada, con parejas temporales antes que estables. Vemos que ese punto afectará seriamente a Munch y lo atormentará el resto de su vida. Como contrapunto el testimonio de una mujer liberada sirve para equilibrar el discurso y demostrar que el dolor emocional no lo causa la promiscuidad si no la mentira y el engaño. Además, también la insuficiencia de la medicina de la época le hace lamentar enormemente la pérdida de su hermana, experimenta un sufrimiento que sus cuadros abordarían con honestidad y contundencia, provocando no pocas iras entre los críticos, artistas reaccionarios y otras gentes de mente estrecha y juicio chato.

Un punto que a mí me gustó mucho y me metió de lleno en la narración fue la contextualización que Watkins realiza. Sin minimizar el sufrimiento de Munch, Watkins también muestra entrevistas a niños que son explotados en las fábricas y las mujeres que han de trabajar 18 horas diarias y algunas incluso se prostituían porque la paga era miserable. Una miserable corona al día. Todo eso creo que pone en perspectiva la visión de la sociedad noruega de la época sin excederse en su identificación con su personaje central. Los datos ofrecidos acerca de la vida en la Cristania del siglo XIX, los comentarios de las obras de arte, así como el hecho que muchos de los diálogos están sacados de los diarios de Munch y los escritos de otros de sus contemporáneos nos demuestra que el trabajo previo de documentación fue exhaustivo y por eso al final se transmite esa sensación de consistencia, que el director domina su material y nos habla de algo que conoce bien. Y que lo hace con sabiduría y serenidad. Tal ambición, el acabado de la narración y el virtuoso manejo del montaje al final aportan una sensación de plenitud que no me extraña que haya seducido a tantos cinéfilos.

Pero decía que todo el terreno abarcado al final logra plasmar una mente ciertamente compleja, nos hace palpar la fragilidad del terreno que pisaba y como la idea que se mueve entre la genialidad y la locura adquiere un relieve casi físico: comprendemos que simplemente necesitaba ir más allá de las apariencias, exhibir todos los tormentos, las incertidumbres y las decepciones con las que el ser humano carga a lo largo de su vida. Munch se vio atrapado por el clima represivo pero también por el exceso de libertinaje de sus correligionarios, se dibuja así un cuadro caótico y disolvente, en el cual el inconsciente colectivo se ve sobrepasado, y que debería culminar en la II Guerra Mundial, cuando el malestar de la sociedad convencería erróneamente a un amplio sector acerca del espejismo de una contrarrevolución que pusiera fin a semejante exceso de libertad.

A fin de cuentas el film tiene valor como retrato de la moral luterana, del artista moderno y de un proceso histórico ciertamente convulso. De Watkins hasta hoy sólo había visto "Punishment Park", que no me entusiasmó, pero tras ver ésta comprendo que mi idea de Watkins era bastante desacertada. La claridad, la precisión y la honestidad con la que habla de los diferentes temas me hace pensar que el enorme elogio que le dedicó Ingmar Bergman a esta película está del todo justificado. Es el trabajo de genio. ¿Quién es el genio? ¿Watkins o Munch? ¿Ambos?
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil