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El jinete pálido (1985)

El jinete pálido
Trailer
7.5
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Sinopsis
Un grupo de colonos buscadores de oro se establece en un lugar de California, pero sufren el acoso de los hombres de Lahood, el propietario del resto de las explotaciones mineras. Pero un día al poblado llega un misterioso y frío predicador (Clint Eastwood) que se pone de parte de los colonos, y comienza a enfrentarse al temido cacique local. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ Estados Unidos Estados Unidos
Título original:
Pale Rider
Duración
113 min.
Guion
Michael Butler, Dennis Shryack
Música
Lennie Niehaus
Fotografía
Bruce Surtees
Productora
Warner Bros. Pictures / Malpaso Company
Género
Western Remake
8
"...y el nombre del jinete era Muerte..."
Si bien “El jinete pálido”, es una especie de “remake” de la mítica “Raíces profundas” de George Stevens (1953), y aborda de algún modo la misma temática moral de aquella obra, Eastwood reinterpreta a su manera los dilemas planteados en la primera.
Coinciden en varias cosas; un protagonista que se une a la causa de los débiles para vencer al opresor, el elemento de admiración de uno de los personajes infantiles, y más de una escena peculiar de la primera, que se repite ciertamente en la obra de Eastwood. Pero por otro lado, ambas obras son claramente diferenciables. El pistolero que interpreta Eastwood, se aleja de los cánones de “western psicológico” en los que se enmarca el primero (huída de las armas y deseo de no violencia). El Predicador no rehúsa en ningún momento pelear con el adversario, al contrario, ofrece una diversidad de luchas interesante (pistolas, puños o palos). Otra diferencia la encontramos en el personaje infantil. En “Raíces profundas”, el personaje es un niño, que se siente fascinado por aquel forastero “altruista”; en “El jinete pálido”, el personajes es una niña, cuya admiración va pasando por diversas fases a lo largo de la película, hasta dar a entender cierto deseo irrefrenable en la niña, de cierto tono místico, que engarza perfectamente con el aura misterioso del Predicador.
Pero si hay algo que diferencie claramente a esta obra, tanto de la Stevens, como del resto de los “westerns”, es el tono bíblico que tiene la cinta, y su “apocalíptico” final. El personaje de Eastwood es un fantasma atemporal, del que se desconoce todo (nombre, origen, destino…). Sólo le inspira una cierta obsesión por la justicia, y una inquietante relación con uno de los personajes del film, cuyo encuentro final y desenlace, deja abierto a diversas interpretaciones el pasado en común de ambos.
Con una ambientación excepcional, Eastwood sumerge al espectador en un clima de “nebuloso y fantasmagórico” suspense, que no cesa hasta la última secuencia de la película en que el jinete marcha de aquel lugar, hacia “ninguna parte”.
Destaca la peculiar presentación del Predicador, llegando entre brumas al poblado minero, mientras la niña (casi premonitoriamente) recita unos versículos bíblicos que rezan así: “…Y contemplé un caballo pálido, y el nombre del jinete era Muerte, y el infierno le seguía.”
La lucha final en el pueblo cercano, deja entrever las influencias europeas (sobre todo de Leone), en cuanto a la estructura y desenlace del enfrentamiento, así como en el tratamiento de los planos.
El siempre controvertido Eastwood, alcanza con esta obra la plenitud como director, y ofrece un adelanto de la calidad del cine que será capaz de ofrecer en adelante.
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105 de 107 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un héroe espectral
Tercer western de los cuatro realizados por Clint Eastwood. Escrito por Michael Butler y Dennis Shryack ("Ruta suicida", Eastwood, 1977), presenta paralelismos con "Raíces profundas" (Stevens, 1953). Se rueda en exteriores de Columbia State Historic Park (CA), Railtown (CA) y Sawtooth National Recreation (Idaho) y en los platós de Warner Studios. Se presenta en el Festival de Cannes. Producido por Eastwood, se proyecta en público por primera vez en mayo de 1985 (Cannes).

La acción principal tiene lugar en Yuba City (CA), Carbon Canyon (CA) y alrededores, en 1850-59, antes de la Guerra Civil (1861-65). Los colonos buscadores de oro acampados en Carbon Canyon son intimidados por el malvado Coy LaHood (Dysart) que quiere que abandonen el lugar. Un pistolero apodado "Predicador" (Eastwood), llegado de fuera, apoyará a los colonos. El pistolero es un hombre maduro, austero, de pocas palabras y muchas habilidades, generoso y valiente, que oculta un pasado misterioso.

El film es un western clásico que recupera las esencias del género: lucha del bien contra el mal, exaltación de la amistad y lealtad, generosidad (el héroe no quiere nada a cambio de su intervención), peleas, tiroteos, duelos, ansias de venganza... Incorpora referencias que evocan westerns clásicos, como "Raíces profundas" (escena final) y "Solo ante el peligro" (calles desiertas a la hora del duelo) y otras que rinden homenaje a Segio Leone (héroe sin nombre, laconismo, ritmo pausado...). Como en otros films, el realizador incluye citas bíblicas (Apocalipsis) e imágenes de carácter religioso (alzacuellos). Hace uso frecuente de la técnica de planos paralelos.

La narración es estilizada, equilibrada, sobria y austera. La estética del film se enmarca dentro de los parámetros realistas y clasicistas del autor. Con todo, el protagonista se mueve entre la realidad y la fantasía. Entre la realidad de su tangibilidad y el misterio casi espectral que le rodea. Contribuyen a ello las heridas de bala, mortales de necesidad, que muestra su espalda, la afirmación de que murió tiempo atrás en boca de quien le conocía, la palidez de su piel y su delgadez cadavérica. ¿Es un ser vivo o un espectro? ¿Es un ser real o una sombra del masallá? ¿Es un ángel o un enviado del Averno?

La música, de Lennie Niehaus ("Mystic River", 2003), ofrece un tema principal ("Sarah's Theme") de gran lirismo, muy emotivo y romántico. Acompaña el duelo final con una melodía de percusión de aires estremecedores y fúnebres. La fotografía, de Bruce Surtees, en color, se apoya en la belleza y grandiosidad del paisaje, el colorismo de las luces filtradas de los árboles y una excelente labor de montaje. Los planos de interior están rodados con luces escasas (velas, candiles, fuego del hogar) en busca de contrastes de claroscuros vigorosos, de acusado clasicismo. De ese modo crea imágenes que imitan, con fervor no disimulado, la pintura culminante de Caravaggio y Rembrandt.
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59 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
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