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Viridiana (1961)

Viridiana
Trailer
8.1
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Sinopsis
Don Jaime (Fernando Rey), un viejo hidalgo español, vive retirado y solitario en su hacienda desde la muerte de su esposa, ocurrida el mismo día de la boda. Un día recibe la visita de su sobrina Viridiana (Silvia Pinal), novicia en un convento, que tiene un gran parecido con su mujer. (FILMAFFINITY)
Dirección
Reparto
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Año / País:
/ España España
Título original:
Viridiana
Duración
90 min.
Guion
Luis Buñuel, Julio Alejandro
Música
Gustavo Pitaluga
Fotografía
José F. Aguayo (B&W)
Productora
Coproducción España-México; Films 59 / UNINCI
Género
Drama Religión Película de culto
10
Y la lucidez se hizo cine, y habitó entre nosotros.
La obra cumbre del cine español de todos los tiempos se erige, aún a día de hoy, como un monumento único de fuerza inigualable. La extraordinaria sutileza del guión, las deslumbrantes actuaciones de unos intérpretes en pleno estado de gracia o el número incontable de símbolos, escenas y matices que sugieren todo tipo de lecturas (entre otras tantas virtudes) le otorgan al film una riqueza más allá de todo análisis. Esta es la obra inmortal de un genio irrepetible.

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- Viridiana [primeros pasos]: Preferiría no salir del convento, madre [...] Mi deseo sería no volver a ver el mundo.

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* La liberación de la sexualidad reprimida (eje temático del film, I):

Viridiana está - aunque sólo en principio - desposeída de su naturaleza animal: el convento ha sustituido el apetito carnal por la devoción espiritual. La ubre de la vaca le provoca risa nerviosa y sonrojo: la rechaza porque en ella se reflejan sus pulsiones sexuales, y sólo acepta la leche en la seguridad contenida de un vaso de cristal. Uno es libre de elegir la actitud ante la vida que considere oportuna, pero el instinto no hay quien lo pare.

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El plano vertiginoso: Viridiana yace profundamente dormida por la acción de los narcóticos en los brazos de su tío (artífice de tan perversa situación), vestida con el traje de boda que llevaba puesto su tía el día que murió. Don Jaime, que le ha dejado el escote al descubierto, la aprieta entre sus brazos. La palpa. La besa. La siente con fervorosa intensidad.

[Imagen brutal cuya huella permanece imborrable en la memoria].

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- Don Jorge [toma de contacto]: La Viridiana esa, que ya me tiene cansada la paciencia. [Está] podrida de beatería.

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* Fetichismo:

- El de Viridiana, con su 'kit del buen cristiano' que contiene, entre otros, una cruz de madera, una corona de espinas y unos cuantos clavos.
- El de Don Jaime, que se traviste con el corsé y los zapatos de tacón de su difunta esposa.
- El de Don Jorge, que se recrea con los viejos utensilios de su padre, entre los que destaca un peculiar crucifijo que esconde una navaja (la religión: arma de doble filo)

... y el de Buñuel, que igual centra su mirada en las piernas desnudas de Silvia Pinal que en los ojos vacíos y perturbadores del mendigo ciego.

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Cada diálogo entre Silvia Pinal y Francisco Rabal deviene en jarro de agua fría sobre la religiosidad exacerbada, sobre los prejuicios morales, sobre toda mentalidad anacrónica que prescinde deliberadamente del uso lúcido de la razón.

- Viridiana: Yo no soy como usted, que tiene a su esposa.
- Don Jorge: No es mi esposa. Para vivir con una mujer, no hace falta que nadie me bendiga.
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320 de 332 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Miserias humanas (9.7)
Sabia mezcla entre narración clásica, goteos surrealistas y personajes esperpénticos (gracias por tu genial "descubrimiento", Ramonciño).
Sería un error quedarse en el ataque al catolicismo a la hora de analizar esta prodigiosa película de Buñuel. Está claro que es lo que más puede escandalizar en una sociedad tan mojigata como la española –de hecho, me uno a su feroz embate–, pero también es interesantísima como retablo de las miserias humanas. Ningún personaje se salva, todos son títeres decapitados al final, incluida la compasiva Viridiana, que se delata a sí misma en sus paseos sonámbulos luciendo muslamen, en su desmedido fetichismo (¿una corona de espinas entre el equipaje?: ¡jooooder...!) y en su visita final a la habitación de Jorge.
La última cena, un crucifijo que es a la vez navaja, una monja inexperta acariciando las ubres (?) de una vaca...: es necesario revisarla varias veces: nunca dejarán de sorprenderte los nuevos descubrimientos (y redescubrimientos) que harás.

Lo mejor, para mí (entre muchas cosas): la bacanal que se montan los interesados mendigos, y eso en lo que casi nadie repara: el personaje de Ramona.


Es, junto a "Los olvidados", lo mejorcito de Buñuel.
La colocaría, sin dudarlo un instante, entre las mejores películas europeas de la historia.
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160 de 192 usuarios han encontrado esta crítica útil