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Crítica de Chagolate con churros
Altamont, España
8
47 Ronin
47 Ronin (1962)
  • 7,3
    757
  • Japón Hiroshi Inagaki
  • Koshiro Matsumoto, Yuzo Kayama, Tatsuya Mihashi, Akira Takarada, ...

Plato frío

16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
La historia real de Asano Naganori (Yuzo Kayama) y Kira Kozukenosuke (Chusha Ichikawa), ha sido escrita, representada y filmada en numerables ocasiones, pero me atrevo a decir que no existe mejor versión que la que el director nipón Hiroshi Inagaki (célebre por su trilogía Samurai) filmó sobre los 47 ronin (siervo sin dueño) de Asano Nagori.

Dice el refranero popular que la venganza es un plato que se sirve frío. El Chamberlain Oishi Kuranosuke (Koshiro Matsumoto) espero dos años para poner en práctica su plan. Un plan que conducía irremediablemente a la muerte.

Hoy en día el código samurai no tiene cabida en este mundo, pero cuando termino de ver esta película mi admiración por ese loco código no tiene límites. Para contar los dos años que trascurren Inagaki necesita filmar tres horas y media. Muchos dirán que su metraje parece excesivo; a mí me parece casi insuficiente.

Aunque se puede considerar como una película coral debido a la multitud de historias y personajes que Inagaki consigue ensamblar en la historia con tremenda pericia, sobresalen las portentosas actuaciones de Kayama y Matsumoto. La participación de Kayama es exigua, pero participa en la escena más importante de la película y a pesar de que quedan aún más de dos horas de película en el momento en que desaparece, su presencia no nos deja hasta el final de la cinta.

Matsumoto reta a un personaje que cambia de registros durante la película. Crea tanta veracidad, que si no se conoce la historia de antemano, consigue que el espectador caiga en la absoluta inopia. Unido ello a la mano maestra de Inagaki para narrar la historia (llenándola de brillantísimas elipsis temporales) convierte a 47 Ronin en un ejercicio de sutileza donde el espectador debe de prestar toda su atención en la historia. Kuranosuke (Matsumoto), con gesto severo, visita dos años después de la muerte de Asano a su viuda Aguri (bellísima Yôko Tsukasa). Creo que si en ese momento quitara la voz a la escena, me parecería igual de hermosa y poderosa. Y es que, amigos, hay momentos en que el cine se trasforma “sólo" en imagen y aquí ambos actores son imagen y emoción viva. Lo que se esconde en lo que no se dice, es un argumento más de la sutilidad que Inagaki está impartiendo desde el inicio de esta película.

Con el último haiku escrito por Asano antes de su muerte se compone el tema principal de la banda sonora de la película. Es una pieza que pone los pelos de punta y cada vez que suena, el plato se enfría un poquito más. Hasta que llega la nieve.

SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama.

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