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Crítica de The Big Dipper
Santiago de Compostela, España
9
El nadador
El nadador (1968)
  • 7,1
    2.827
  • Estados Unidos Frank Perry
  • Burt Lancaster, Janice Rule, Janet Landgard, Tony Bickley, ...

El sexto sentido, los otros...

2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El final fue lo que más me gustó de la película, me recordó al final de "El sexto sentido" o el de "Los otros", aunque es una película diferente y seguramente no sea esa la idea de la novela, pero el final de "El nadador", me gustó mucho, porque te deja helado. Tal y como transcurre la película quizá no sea tan sorpresivo, pero sí es un final muy acertado, y que encaja muy bien con todo lo que se ve anteriormente. Es más, ya estoy deseando volver a verla, para hacerlo con más detalle, porque la primera vez la ví un poco despistado en algunos momentos y, además, lo hice en versión doblada.

La enseñanza que yo extraigo es la siguiente. La vida es una prueba y cuando ella termina, la muerte te pasa la factura de todo lo que has hecho. El personaje interpretado por Burt Lancaster, durante su vida, hizo lo que quiso, tenía una buena posición económica, un carácter con ciertos aires de superioridad, engañaba a su esposa con una amante más joven, a pesar de ser rico, tenía deudas con gente de clase más humilde, no mostró con sus hijos y su mujer todo el cariño que debería, no se dió cuenta de que era el amor platónico de la hija de uno de sus vecinos, y no se acordó del hijo de una de sus vecinas (que se suponía uno de sus mejores amigos), cuando este falleció. Pues bien, básicamente lo que vemos en la película es como todos estos personajes le rinden cuentas a medida que se los va encontrando en el extravagante camino a casa que decide tomar, que no es menos ocurrente que ir de piscina en piscina, pasando por las casa de todos los vecinos de la adinerada urbanización en la que vive, hasta que llega a su destino triste y solitario, en el que ya no queda nada de lo que un día fue y en el que descubre que su vida fue una pantomima, una falsedad, y todo lo que creía que era un éxito, no había sido sino un gran fracaso.

Por lo tanto, la moraleja es que no hay atajos en la vida, debes seguir el camino correcto o de lo contrario, corres el peligro de tomar el camino equivocado de la apariencia y, ese camino, al final, te pasará la factura correspondiente.
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