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España España · Madrid
Voto de Eduargil:
6
Terror. Thriller El dueño de una funeraria de una pequeña localidad y su hijo, que trabaja con él, reciben un día el cadáver de la víctima de un misterioso crimen: una bella joven que no tiene ninguna causa aparente de muerte. Ambos intentarán desvelar los intrigantes motivos del fallecimiento de la joven. (FILMAFFINITY)
10 de enero de 2017
15 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
En La autopsia de Jane Doe, los actores Emile Hirsch y Brian Cox interpretan a Austin y Tommy Tilden, padre e hijo que forman un equipo de médicos forenses encargados de realizar autopsias regularmente en Grantham, Virginia. Tommy ha sido el forense local durante muchos años, y su hijo Austin debería ser su sucesor natural después de aprender el oficio a su lado; sin embargo, aspira a algo diferente. A pesar de la amplia experiencia de Tommy examinando cadáveres, no estará lo suficientemente preparado ante la fatídica llegada, una noche, a su mesa de trabajo, de Jane Doe, víctima de un misterioso crimen. Austin, aunque tiene planes para esa noche con su novia Emma (Ophelia Lovibond), decide ayudar a su padre y aplazar por unas horas la salida con ella, pensando que no le llevará mucho tiempo. Ambos, padre e hijo, no se hubieran podido imaginar nunca las sorpresas y oscuros misterios que les depararía la autopsia de la bella joven, cuya identidad es tan misteriosa como su muerte.

A partir de un guión de Ian B. Goldberg (Terminator: las crónicas de Sarah Connor, FlashForward, Dead of Summer) y de Richard Naing (Dead of Summer), cuyas únicas experiencias hasta ahora se basaban en trabajar para series de televisión, el director noruego André Øvredal pasa de espacios abiertos y luminosos cubiertos de nieves en el Polo Norte con Troll Hunter (2010) a interiores oscuros, pequeños espacios, a veces demasiado diminutos y claustrofóbicos, como la escena en el ascensor, estrechos pasillos, y a destacar que la mayor parte de la acción se desarrolla en una pequeña sala donde se lleva a cabo la autopsia. Éste es el mayor mérito de Øvredal, de cómo, con tan poco, se puede hacer tanto, con apenas una localización y seis actores, incluyendo al cadáver, consigue mantener nuestra constante atención. Aunque el peso emocional y dramático de la narración se sustenta fundamentalmente en la magnífica actuación de dos actores, Emile Hirsch y Brian Cox, también debemos mencionar a la actriz irlandesa Olwen Kelly, que para preparar su peculiar actuación como cadáver recibió clases de yoga y meditación para ayudarla a conseguir mantenerse quieta durante horas.

La incursión de André Øvredal a la lengua inglesa con La autopsia de Jane Doe es mucho más simplista en cuanto a enfoque y más convencional en cuanto a la narración que su anterior Troll Hunter. Ahora se centra exclusivamente en una morgue, donde la instructiva disección del cadáver a modo de juguete Clementoni sobre el cuerpo humano nos trae muchos secretos por descubrir. Aparecen huesos rotos, cicatrices internas, tatuajes misteriosos en el interior de su piel, una cintura excesivamente pequeña, pulmones quemados que no encajan con su aspecto exterior impoluto, y complican cada vez más encontrar alguna pista válida, que sirva para averiguar cuál fue el verdadero motivo del fallecimiento de Jane Doe. Se plantean muchos interrogantes: ¿fue algún tipo de tortura, un sacrificio humano o un ritual satánico? A medida que avanza la investigación, las luces de la sala empiezan a parpadear, las radios se encienden y se apagan con misteriosas canciones, e inclusive los otros cadáveres se mueven o se escapan de los cajones refrigerados. Poco a poco las explicaciones científicas se van diluyendo para dar paso a otras paranormales, como hechizos o brujerías. André Øvredal pasa de los monstruos basados en la mitología nórdica a las historias americanas de la brujería.

La narración, a partir de la segunda mitad de la película, pierde fuelle y decae, para volverse más convencional y previsible; si miras por un agujero a través de la puerta no hace falta que cuente lo que va a pasar, si escuchas un ruido por los conductos del aire también será evidente, y todo ello, siempre con la música como protagonista, que se dispara en esos momentos tensos para hacernos saltar de la butaca. La primera mitad con la exploración del cadáver, las respectivas valoraciones y deducciones tanto del padre como del hijo en un magnífico y descomunal duelo interpretativo de Brian Cox y Emile Hirsch, y por esa labor de investigación, casi policial de ambos, llena de intensidad, tensión y misterio como si estuviéramos ante un emocionante episodio de la serie CSI, es de largo lo mejor de la película. A pesar de que estamos ante dos películas en una, La autopsia de Jane Doe es una cinta de terror previsible pero sólida que hará las delicias de los aficionados al cine de terror, y al resto le quedará un cierto sabor amargo por ese bajón de la segunda parte.

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