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Crítica de Caith_Sith
Gijón, España
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964 Pinocchio (Pinocho raíz de 964)
964 Pinocchio (Pinocho raíz de 964) (1991)
  • 3,4
    173
  • Japón Shozin Fukui
  • Hage Suzuki, Onn Chan, Kyoko Hara, Koji Kita, ...

"¡Mamá, mamá! ¡De mayor quiero ser Shinya Tsukamoto!"

28 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más allá de lo triste que resulta que una película sea una puta mierda, está el hecho de que su director haya rodado cada plano, cada secuencia, intentando conseguir una cinta de culto a toda costa. Las intenciones no es algo que se oculten en 964 Pinocchio, y justamente eso es lo que la condena a ser tan rematadamente mala. Podríamos decir que en esta obra Shozin Fukui (AKA Shosín Fuk-Iu) se mezclan elementos de decenas de realizadores que han conseguido hacerse un hueco en esto del surrealismo (Lynch, Buñuel), el cyber-punk japonés (Tsukamoto) o el terror más personal (Cronenberg). También podría decirse que es una puta mierda y nos ahorraríamos los rodeos.

La historia es, cuanto menos, interesante y así se deja ver los primeros 10-15 minutos: Pinocchio es un androide sexual cibernético que forma parte de una empresa llena de estos pequeños milagros tecnológicos. Pero tiene un problema: no puede mantener una erección. Por esto, una clienta -los cyborgs son contratados, como prostitutas- se queja. ¿Qué hace la dirección de la empresa? Decide lobotomizarlo y mandarlo al mundo real, a buscarse la vida. Ahí conocerá a Mimiko, una joven amnésica que va marcando su ubicación en un mapa para recordar los sitios que ha visitado. Tras una secuencia, decide llevarse a Pinocchio a su casa, y al día siguiente toma la decisión de llevárselo a una zona concurrida de gente donde ocurre una cosa determinada.

A partir de estos primeros 15 minutos, todo lo demás es una puta bazofia de proporciones bíblicas, una ida de olla brutal, enorme, sin sentido, ni pies ni cabeza. Se van fusionando imágenes gore, con otras ridículas de un hombre lleno de ketchup/mostaza, transformaciones en ¿pulpo?, cabezas hinchadas... el colmo es una escena en la que la protagonista se pasa unos cinco minutos vomitando, para posteriormente meter la cabeza en el vómito, comérselo y empezar a rebozarse en él mientras ríe efusivamente. O los 10 minutos finales, donde vemos a Pinocchio corriendo, corriendo, corriendo y corriendo. Poco más.

Técnicamente es donde se nota la intención del director de convertir este esperpento en una joya, dándole un tratamiento entre el documental y experimental, con primeros planos fijos, sobre ojos y bocas, moviendo la cámara violentamente, filmando escenas repletas de gente, aplicando fast-forward como moviendo a los actores sobre un raíl, etcétera. El único acierto a nivel técnico de esta película es el haber desarrollado algunas escenas fuertes en las calles japonesas, sin utilizar extras -algo similar a lo de Borat-, siendo bastante sorprendente la reacción de la gente.

Ah, y en actores tampoco se gastó mucha pasta Shozin: Japoneses sobreactuando, poniendo muecas, exagerando los gestos... de patio de colegio. En fin, eso, que esta puta mierda es mala, muy mala. Pasad de ella. Ah, y a los que os gustó Tetsuo... esta no os gustará. A mi me gustó Tetsuo, vaya...
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