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Crítica de Quatermain80
Madrid, España
8
Madre
Madre (1952)
  • 7,7
    505
  • Japón Mikio Naruse
  • Keiko Enonami, Kyôko Kagawa, Akihiko Katayama, Daisuke Katô, ...

Sacrificio

18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Afortunado ejemplo del cine de género "shomingeki", caracterizado por intentar plasmar la realidad cotidiana de la gente corriente desde una perspectiva dramática, "Madre" destaca por su sencillez narrativa (que no simpleza) y por su eficacia a la hora de generar en el espectador una sincera emoción.

Como es común en este género, que ya existía antes de la Segunda Guerra Mundial, se insiste en el retrato comprometido de las clases populares japonesas, obligadas a rehacer sus vidas tras el conflicto, y aunque las secuelas de la guerra no se muestran directamente, sí existe una constante alusión a las mismas a través de las situaciones familiares (familias separadas) o socioeconómicas (negocios desaparecidos, privaciones, etc). En este marco se desarrolla la película, cuyo guión, escrito por Yoko Mizuki y basado en una redacción juvenil, aporta el tono íntimo de rememoración sentimental que tan bien se materializa en la voz en off que narra (pero sin abusar) la historia.

En realidad, el argumento se centra en el sacrificio al que se vieron obligadas las clases populares japonesas de posguerra, sacrificio que encuentra expresión en todos los miembros de la familia Fukuhara, pero muy singularmente en las mujeres, y principalmente en la madre, símbolo de abnegación, amor y tenacidad. A lo largo del filme todos los personajes sacrifican algo, ya sean sus vidas (el caso del padre y el hijo mayor) o sus modos de vida (la hija mayor poniéndose a trabajar, la pequeña marchándose, la tía estudiando para prosperar, etc), pero es la madre la que encarna mejor el sacrificio que comporta vivir en permanente dificultad, renunciando constantemente (tanto en lo material como en lo sentimental), con el único objetivo de salir adelante (casi se podría decir que la madre se identifica con el nuevo Japón que resurge de sus cenizas).

Este tipo de películas, altamente codificadas en lo argumental, también presentan rasgos formales generalizables; suelen ambientarse en el seno de familias humildes que habitan en suburbios de las ciudades, y la mayor parte de la acción transcurre en espacios íntimos, destacando el interior de las viviendas. Ello propicia que predominen los planos fijos, siendo de capital importancia la puesta en escena, que se impone en todo momento. Ozu es el reconocido maestro en estas lides, pero aquí Naruse muestra también su evidente talento, y si al igual que el primero suele optar por no mover la cámara, en cambio la duración de sus planos es menor, logrando que la continuidad visual resulte más ágil y natural. Las interpretaciones son en general buenas, siendo los papeles más agradecidos los de las mujeres, sobre todo en el caso de Toshiko (Kyoko Kagawa), la joven narradora, y en el de Masako, su madre, soberbiamente interpretada por Kinuyo Tanaka, seguramente una de las más grandes actrices de la historia del cine japonés.

A modo de conclusión apuntar que una gran virtud de la película es centrar su mensaje en una figura universal, como es la aquí encarnada por la madre; seguramente muchos usuarios de cierta edad puedan reconocer en la mirada amable de Masako la misma luz que algún día advirtieron en las de sus propias madres, y tal vez entonces afirmen, con Toshiko, que madres como esas merecen, sin duda, ser felices.
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