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Crítica de Archilupo
Llanes, España
7
La edad de oro
La edad de oro (1930)
  • 7,3
    4.079
  • Francia Luis Buñuel
  • Gaston Modot, Lya Lys, Max Ernst, Pierre Prévert, ...

L'AMOUR BRUT

32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tras el éxito de “Un perro andaluz” en los círculos artísticos parisinos, el vizconde de Noailles puso los francos para otra película surrealista.
Buñuel no quería hacer arte sino “realizar una cinta romántica con frenesí surrealista”. O sea, la escenificación filmada de “l’amour fou”, canon erótico de Breton y su grupo.
A diferencia de la salvaje eclosión de la obra precedente, “La edad de oro” tiene episodios en progresión narrativa, unas veinte ideas-gag (y de todas ellas sólo una del borrado Dalí, la del gorro de piedra).

Tras una exposición documental de la vida de los escorpiones, en la dimensión humana son presentados unos obispos, en el pelado roquedal del Cabo Creus, y una banda de guerrilleros enfermos, con cachirulo. En el lugar desembarca una comitiva de autoridades mallorquinas para una ceremonia fundacional, junto a los esqueletos de los obispos: la primera piedra de la Roma imperial y vaticana, con discurso de un bigotudo exaltando la propiedad. El discurso es cortado por las sonoras efusiones de una pareja que en plena cópula se revuelca en el fango, un fango tratado con sugerencias escatológicas. Por separado, unas monjas se llevan a la joven y dos policías al hombre, quien lleno de frustración dará patadas a perros y pisoteará escarabajos. En adelante, los amantes lucharán por reencontrarse y, contra viento y marea, continuar sus revolcones.

El afán de ese amor ‘fou’ por zafarse de los guardianes de la moral que se les interponen dará varias escenas a la historia del cine:
-La vaca en la cama del suntuoso dormitorio.
-El espejo que no refleja a la mujer sino una sonora tormenta de nubarrones.
-La patada del violento amante frustrado a un ciego.
-Un carromato de arrieros cruza un salón palatino.
-Un guarda jurado y un niño que le estorba el fumar.
-Los amantes ruedan por el jardín entre estatuas y sones de Wagner.
-El ministro del Interior al teléfono.
-El amante iracundo arroja todo por la ventana: un árbol en llamas, un arado, un obispo, una jirafa...

En el final episodio sadiano, a partir de las 120 jornadas, un tanto descolgado, unos libertinos abandonan el castillo de Sellini tras una de sus extenuantes orgías.
Junto a la exaltación del amor sensual e impulsivo, Buñuel incrementa aquí sus proverbiales arremetidas antirreligiosas. Las referencias directas a símbolos cristianos provocaron gran escándalo. El gobierno secuestró la película y prohibió su exhibición.
La medida, esperable tratándose de un film vocacionalmente subversivo, estuvo vigente en Francia hasta 1981.
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