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Voto de antonio1004:
4
Thriller. Acción. Drama Hace ocho años que Batman desapareció, dejando de ser un héroe para convertirse en un fugitivo. Al asumir la culpa por la muerte del fiscal del distrito Harvey Dent, el Caballero Oscuro decidió sacrificarlo todo por lo que consideraba, al igual que el Comisario Gordon, un bien mayor. La mentira funciona durante un tiempo, ya que la actividad criminal de la ciudad de Gotham se ve aplacada gracias a la dura Ley Dent. Pero todo cambia con ... [+]
27 de julio de 2012
15 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hay una secuencia de este último y solemne acercamiento de Nolan a la figura del héroe de Gotham que define la película y su propio cine. Más allá de lo intrincado del asunto, llegado un momento Bruce Wayne se encuentra preso en una cárcel de la que tan solo se puede escapar trepando por su muro hasta llegar a una repisa desde la que dar un salto físicamente imposible para cualquiera. Tras varios intentos en balde, un místico preso le da un consejo que bien se podría aplicar el realizador británico: Si quiere alcanzar el otro lado de la repisa, debe subir sin una cuerda que lo sujete para así temer a la muerte, solo sintiendo ese miedo será capaz de lograrlo. Y no voy a adelantar si lo consigue o no, pero el que no logra sentir ese miedo es un Nolan que concluye su exitosa trilogía de Batman a sabiendas de que tiene al público convencido de antemano, de que no puede caer, fallar es imposible. Todo está tan calculado y medido que no hay película que contar, y lo que cuenta lo hace sin mostrar coherencia por el desarrollo de sus personajes, abusando de giros tramposos y recursos narrativos pobres para alargar su estirado metraje, aglutinando diálogos supuestamente trascendentes con enormes y estruendosas secuencias de acción tras las que no se encuentra una disyuntiva sobre el poder fáctico como pretende dibujar, fallando estrepitosamente al construir la anarquía que genera Bane a su llegada a Gotham.

Resulta difícil tomar en serio una película que, como ya intentaran sus antecesoras, pretende buscar cierto tono realista y grandilocuente a través de una galería de personajes tremendamente profundos (todos y cada uno de ellos arrastran dramas familiares que los han marcado para siempre) en un contexto muy consciente -aunque poco consecuente- que recrea el skyline de Manhattan como imaginario del terror más actual post 11-S, el del poder de la bolsa y los mercados que en las manos equivocadas nos pueden llevar hacia la anarquía, creando sin saberlo una especie de monstruo político y social del que es mejor no tratar de extraer conclusiones, al menos no medianamente serias, porque su postura no es precisamente acertada, mucho menos certera, nada que ver con el lúcido discurso final y el trasfondo de El Dictador, con la que casualmente coincide en cartelera.

Mientras Baron Cohen asume todas las consecuencias de la dirección de sus palabras, Nolan no se atreve a pronunciarse con voz propia, pero no solo en su discurso, sino tampoco cinematográficamente. Construye su puesta en escena de una manera tan preocupantemente sólida de la que no se atreve a salir. De hecho, repite composiciones (y hasta planos) constantemente, se encierra en su montaje de tal manera que da la sensación de que habría secuencias de Origen o del anterior Caballero Oscuro que podrían encajar perfectamente en esta película y jamás nos daríamos cuenta. Esta supuesta seguridad y muestra de su confianza tras las cámaras, lejos de ser una buena señal de la salud de su obra, refleja lo dicho al comienzo: Nolan todavía no ha saltado sin cuerda, no se atreve a tener miedo a fallar, por mucho que en su cine se sufra, el fotograma no siente, quizás no es capaz de hacerlo, no hay espontaneidad, aunque un maravilloso Michael Caine se empeña en llevarle la contraria.

Finalmente, y si uno hace acopio, son demasiadas concesiones que dar en una película (trilogía, filmografía) que como es habitual en Nolan, se toma demasiado en serio a sí misma, pero que incoherentemente acude con descaro a lo fantástico como escape a los múltiples recovecos de su argumento, repleto de agujeros. Empeñado en capturar la atención y tensión del respetable a cada instante, tan solo las apariciones de Anne Hathaway (a la que en otro extraño ataque de seriedad nunca se llega a llamar Catwoman) otorgan algo de necesaria ligereza y efusión a la película, que rápidamente se encarga de hacer desaparecer la irrupción ensordecedora de una banda sonora -del cada vez más retumbante Hans Zimmer- que termina por asfixiar, no dando respiro a la narración ni al propio espectador, que sufre viendo como imagen y sonido se imponen sin encontrar razón de ser. Y no deja de ser cierto que Nolan consigue ser espectacular y distraer hasta en sus momentos más absurdos y con menor sentido a base de acumular tramas, pero a cambio ha dejado de sustentarse aquella afirmación ampliamente repetida de que el Batman de Nolan era un superhéroe realista. Tras asistir atónitos a todo lo que vuela, explota y sobrevive en Gotham, “el realismo del héroe” se ha caído por completo, aunque ciertamente tampoco se sustentaba demasiado en sus dos anteriores e igualmente disfuncionales films, lo que no se les veían tanto eran las costuras.

¿Y qué queda cuando ya se nos ha dicho todo pero no hemos escuchado nada? Viene siendo habitual en su cine que, en lugar de sugerir, Nolan haga de su obra un ente explícito (con nombres y apellidos), algo que se confirma con su obvio epílogo, pero lo que ha quedado claro con ese final es que esta trilogía no deja un rastro o resquicio de duda que nos pueda hacer volver a verla diez años después (ni diez días) para descubrir aunque fuera una segunda lectura o un pasaje perdido. Al hacerlo solo encontraremos restos de ruido y furia de un en su día llamado gran cine que, a lo mejor por el excesivo reclamo que atraen obras tan cuestionables como esta, no parecía pasar por su mejor momento.
antonio1004
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