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Crítica de Ferdydurke
Stalingrado, Rusia
6
El bar
El bar (2017)
  • 5,7
    25.813
  • España Álex de la Iglesia
  • Blanca Suárez, Mario Casas, Jaime Ordóñez, Carmen Machi, ...

Los odiosos ocho

100 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mucho me temo que esta crítica ya la hice. Si Álex se repite con recurrente contumacia, yo solo le imito. A mismas películas parecidos comentarios. Uno tiene un par de ideas, y exagero, que medio trata de disimular y más bien no. Se acaba notando la falta de variedad, la insistencia, el recochineo, la pesadez y escasez de ingenio, para qué hablar más, la total falta de originalidad. Y yo lo confieso. Ahora espero el perdón y la penitencia. Ya me contaréis.
Mientras tanto, a todo aquel que me haya leído en otras ocasiones (esa inmensa mayoría silenciosa, como zombis a punto de arrancar) con suma atención y ahora note el fallo, le pido disculpas, no volverá a pasar, nunca jamás.
Vamos... Lo hemos dicho siempre y a las pruebas no remitimos. Álex, nuestro querido y tan prolífico director de cine ya no tan joven, es un autor, cojonudo, un verdadero hacedor.
¿Por qué? Por dos razones fundamentales: por su innegociable y machacona visión del mundo, la tiene y no la cambia; y por su estilo engolfado, libre, desmañado, ese humor negro y ese carnaval esperpéntico contado con la ingenuidad de un adolescente y el ímpetu de un joven sin cansar.
Y "El bar" lo vuelve a confirmar. Desde todo punto de vista.
- Tesis. "Somos unas ratas. El resto es mentira", dice el profeta tan fibroso, justiciero y charlatán. En esas estamos. Peores que las ratas. Más retorcidos, miserables y ruines. Igual de sucios y mugrientos. Solo hace falta quitarnos la primera capa del barniz de la civilización y las buenas maneras para encontrar, de sopetón, a nuestra verdadera esencia, un egoísmo pulverizador, una estupidez atorrante, una pequeñez galopante. Tratamos de vivir cara al sol (que diría, por ejemplo, el ínclito en su día y ahora más olvidado Sánchez Mazas, a pesar de "Soldados de Salamina") y respirando aire puro, pero nuestro lugar está en el subsuelo, entre la mierda y las cucarachas.
- Estilo. Confirma la máxima de su cine. Su caducidad supersónica, antes de empezar ya se está desintegrando. cayéndose a cachos de incoherencia y falta de sentido. Suelen comenzar bien estos experimentos del Profesor Bacterio, avanzan con garbo y buenas hechuras, pero casi siempre hay un momento, un clic, un chisporroteo o pequeña explosión que provoca la caída de todo el edificio cinematográfico, la voladura destruye la historia y nos quedamos con las cenizas y las ruinas. Si aquí, en este bar madrileño, había un prólogo, tres actos (bar, sótano y alcantarilla, los pasos rituales del inevitable y desolador descenso a los infiernos) y un epílogo, diría que llega bien hasta el segundo tramo, es a partir de ese instante difuso cuando se empiezan a acumular las inconsistencias, insensateces y suma de delirios chapuceros, y ya, pobre espectador, te da todo un poco igual. Hasta llegar al final.
- Resumen: Vivimos en un mundo en el que los poderes públicos (los medios, el estado, las fuerzas de seguridad, los que mandan o dirigen) son el horror. Rodeados de un azar caprichoso y cruel (el virus del demonio en este caso, el que sea), y entre seres humanos abyectos y ridículos. ¿Qué se puede hacer? Luchar, perseverar, mantener cierta pureza, honradez o bondad. Y ya verás.

SPOILER: El resto de la crítica puede desvelar partes de la trama.

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