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Crítica de Luis Guillermo Cardona
Medellín, Colombia
6
La historia más grande jamás contada
La historia más grande jamás contada (1965)
  • 6,1
    2.898
  • Estados Unidos George Stevens, David Lean, ...
  • Max von Sydow, Dorothy McGuire, Charlton Heston, Claude Rains, ...

La historia de un hombre en quien deberíamos CREER

14 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bien pobre es la creencia de todos aquellos que sólo buscan a Jesús cuando se sienten urgidos de resolver un problema. Bien pobre es llamarse católico o cristiano cuando se vive ignorando los mandatos del maestro. Y más pobre aún, es tener a nuestro alcance semejante sabiduría para aprender a vivir, e ignorarla de tajo cual si para nada pudiésemos necesitarla.

Puede acudirse a la ciencia para cuestionar algunos de los hechos que se atribuyen a Cristo y demostrar que se está en lo cierto; puede haber fantasía y afanes de idealización, en el comportamiento milagroso que suele atribuírsele; y es plenamente cierto que la iglesia, en gran parte, es absolutamente indigna del sagrado Jesús, pero ¡que alguien intente demostrar que sus ideas de convivencia y sus conceptos sobre el amor carecen de sentido!

“Has con los demás como quieras que los demás hagan contigo”. “Donde esté tu riqueza, allí también estará tu corazón”. “Si tus ojos son buenos todo tu cuerpo tendrá luz, pero si tus ojos son malos todo tu cuerpo estará en oscuridad”. “Si tuvieras fe, aunque fuera del tamaño de una semilla de mostaza, nada te sería imposible”. “Has el bien y da prestado sin esperar recibir nada a cambio”. “No hay nada escondido que no llegue a descubrirse, ni nada secreto que no llegue a conocerse”. “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si se pierde o se destruye a sí mismo?”… Estos son caminos de verdad y es indudable que traerán paz a quien logre entenderlos y practicarlos como es debido.

“LA MÁS GRANDE HISTORIA JAMÁS CONTADA” sirve para rememorar a Jesús, y bastaría este recuerdo una vez al año, si sirviera para que alguna de sus palabras se convirtiera en nosotros en un hecho vivencial.

Con la mejor de las intenciones, George Stevens asumió el compromiso de hacer la mejor película de Jesús que hasta entonces pudiera hacerse. Contó con un altísimo presupuesto, un reparto de lujo, sets espectaculares, una historia fiel y clara en cosas esenciales… pero no lo logró. Sus momentos de brillantez se reducen a unos pocos: el acercamiento de Herodes a la prisión de Juan el bautista; el diálogo informal en el umbral de la casa de Lázaro; la resurrección de éste…

De resto, el filme resulta demasiado frío; la risa, la luz cálida, el entusiasmo o la fuerza emocional, lucen ausentes casi por completo, y un aire de tragedia interminable pareciera envolver todos los escenarios. Por otro lado, las estrellas de renombre tienen, casi todos, una presencia insignificante. Para mi gusto, rescato a Claude Rains, un tétrico Herodes en la que sería su última película, y a Van Heflin, de honda emotividad en la escena de la resurrección de Lázaro.

Sólo las palabras de Jesús, sonarán siempre sabias y eternas en cualquier filme que sobre Él se haga. No perdamos la oportunidad de ESCUCHARLAS algún día.
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