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Crítica de keizz
Madrid, España
8
Mandarinas
Mandarinas (2013)
  • 7,5
    7.790
  • Estonia Zaza Urushadze
  • Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Misha Meskhi, Elmo Nüganen, ...

Mandarinas dulces y ácidas

8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ivo (Lembit Ulfsak) es un anciano estonio que vive en una casa rural en Georgia durante la guerra civil de 1992. Trabaja construyendo cajas de madera y ayuda a su amigo Margus (Elmo Nüganen) a recolectar mandarinas. A pesar de que ambos deciden mantenerse al margen del conflicto, un día encuentran a soldados heridos en sus tierras. Se trata de un georgiano y un checheno. Ivo les lleva a su casa e intenta cuidarles, curarles, y al mismo tiempo impedir que se maten el uno al otro.

Coproducción estonio-georgiana (creo que en mi vida había visto una película de cualquiera de estas nacionalidades) claramente antibelicista, que por momentos parece más una obra de teatro que una película. Dirigida por el georgiano Zaza Urushadze, la acción transcurre en la región de Abjasia, una región que cuando se desmembró la URSS fue objeto de violentas disputas, ya que por un lado quería su independencia, mientras Georgia reclamaba que les pertenecía a ellos, y Rusia también quería quedársela. Para hacer mayor el enredo, esta tierra tenía una numerosa población estonia, aunque la mayoría de ellos se fue cuando estalló la guerra.

La película tiene grandes valores. Para empezar, el diseño de los personajes. Aparecen pocos personajes en la película (básicamente, cuatro) pero todos ellos están profundamente trabajados, perfectamente retratados. Especialmente, el personaje de Ivo, magníficamente interpretado por Lembit Ulfsak. Ivo llena la pantalla, nos cautiva con su mirada noble, con su dignidad, nos transmite humanidad. Un hombre viejo, bueno y sabio que se sabe ganar el corazón de los soldados a los que acoje, y también el del público que asiste desde sus butacas a su forma de enfrentarse a la guerra y a las vicisitudes de la vida.

El resto de actores que componen el cuarteto principal están muy eficientes, pero lejos de la majestuosidad de Ulfsak. Elmo Nuganen está sobrio en el papel de abnegado amigo de Ivo, obsesionado con salvar la cosecha de mandarinas. Giorgi Nakashidze hace de soldado checheno con brillantez, aportando credibilidad absoluta al personaje. Por último, Misha Meskhi es el soldado georgiano, el personaje más complejo y que más trabajo cuesta conocer.

La música es muy acertada y suma calidad a la película, así como el agreste paisaje de los bosques caucásicos en que se desarrolla la historia. El ritmo narrativo es un tanto ágil, para mi gusto. Creo que la trama hubiera ganado si se hubiera cocido más a fuego lento, como esa sopa que Ivo cocinaba para sus enfermos invitados. Convendría que hubiese habido más conversaciones, más situaciones que llevasen al espectador de la mano a vivir esa metamorfosis que la convivencia y el conocimiento humano de la otra persona va ocasionando en el modo en que cambian las opiniones sobre las personas.

Me gustaron especialmente las escenas más cotidianas de Ivo. Verle trabajar la madera, sentarse a comer pan con queso (qué buena pinta tenía, por cierto), cortando leña para la cocina, ayudando a recolectar mandarinas, en fin, esas escenas destilaban naturalidad, autenticidad, y personalmente las disfruto.

Lo menos bueno de la película: que quizá abusa un poco del mensaje humanitario. Las cosas pasan como pensamos que van a pasar, y esa previsibilidad le resta algunos puntos. Y creo que la relación entre los dos soldados enemigos en la casa de Ivo daba para más escenas entre ellos, que el desarrollo de la misma debería haber sido más pausado.

No se si será que me ha pillado bien, pero he disfrutado mucho con la película. La casa de Ivo es un oasis de humanidad en el que la gente se ayuda. Fuera de la casa está la muerte, la irracionalidad, la rabia, la sinrazón. Porque dentro de la casa cada persona es una persona, con sus peculiaridades, sus sueños, sus seres queridos (el retrato de la nieta de Ivo es un personaje más de la película), pero fuera sin simplemente trozos de carne metidos dentro de un uniforme.

Me gustó el final y hasta consiguió emocionarme la conversación con que se despide el soldado de Ivo, conversación en la que descubrimos el motivo por el que se había quedado en la casa a pesar de la guerra, y a pesar de que su familia había vuelto a Estonia.

Película humilde y hermosa, como la tierra que retrata. Obra con alma, con identidad, capaz de llegar a tocar en mis sentimientos. Y, al fin y al cabo, para eso voy al cine.

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