arrow
Crítica de keizz
Madrid, España
7
Oslo, 31 de agosto
Oslo, 31 de agosto (2011)
  • 7,1
    2.972
  • Noruega Joachim Trier
  • Anders Danielsen Lie, Hans Olav Brenner, Ingrid Olava, Øystein Røger, ...

El final del verano

11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anders deambula por Oslo como un fantasma. La ciudad, magníficamente fotografiada, es su única compañera, pero él no se siente bien en ningún lugar, los recuerdos del pasado le atormentan y el futuro es un muro insalvable. El espectador quiere que Anders tenga una segunda oportunidad, que supere sus miedos, que cambie su talante, pero Anders no parece encontrar respuestas a nada, posiblemente porque tampoco conoce las preguntas que se está haciendo. Seguramente no encuentra nada porque en realidad no sabe lo que busca.

Estamos, no se puede negar, ante una película noruega, con todo lo que ello lleva consigo. Por lo tanto, sentimentalismos los justos. Estridencias, ninguna. Nada de escenas lacrimógenas, nada de grandes abrazos, nada de llantos inconsolables, nada de gritos ni risotadas, todo es austero, comedido, controlado, poco expresivo. Los sentimientos están latentes, implícitos, hay que mirar más allá de la pantalla.

El director, Joachim Trier (¿familiar de Lars Von Trier?), no indaga en las profundidades del personaje de Anders, no busca explicar sus sentimientos, ni busca justificar su comportamiento. Se limita a exponerlo, nos muestra el personaje para que lo veamos y seamos nosotros quienes valoremos las cosas. No busca respuestas a las cosas que le pasan al personaje, sino que prefiere que seamos nosotros quienes las encontremos. Tampoco hay juicios morales en la película. Trier no pone en tela de juicio nada, ni el mundo de las drogas, ni el comportamiento de la sociedad ante ello. Eso sí, el espectador sabe desde el principio que Anders está condenado y que no hay salvación posible para él porque en su interior ya está muerto.

A primera vista, Anders está en una situación ventajosa. Es joven, bien parecido, inteligente, sensible, educado, vive en el mejor pais posible en cuanto a economía y oportunidades… no se puede quejar. No obstante, el vacío le quema. Es demasiado inteligente como para conformarse con lo que la vida le ofrece. Demasiado sensible como para conformarse con la vida superficial y vana. Demasiado vulnerable como para poder negociar con una sociedad hipócrita y salir indemne. Es derrotado por sí mismo, por sus propios demonios, por su propia exigencia. Sabemos que tuvo el respaldo de su familia y el cariño de sus amigos, pero se ha perdido en el laberinto de la vida y pide ayuda en silencio. Nadie escucha esos gritos silenciosos y no encuentra nada ni nadie a quien agarrarse mientras se sigue hundiendo.

Lo más relevante, o lo que más me hizo pensar, son las escenas de la conversación con su amigo Thomas, que es al primero que visita cuando llega a Oslo. Thomas, que había sido su compañero de correrías juveniles, es ahora un hombre casado, con hijos, con un trabajo estable, ha seguido un camino completamente distinto al de Anders. En las conversaciones que tienen poco a poco se van volviendo cada vez más sinceros, y de las frases vanales de mero cumplimiento del principio van llegando de un modo cauteloso hasta las más íntimas confidencias. Thomas admite que ha aceptado una vida vacía, frustrante y rutinaria. No es feliz y se conforma con seguir tirando hacia adelante con su mujer y sus hijos, aunque no sepa exactamente hacia donde le llevará eso. Es un resignado. En el otro lado está Anders, inmaduro, inadaptado, en el punto opuesto al de su amigo, se siente igual de vacío. Para él nada tiene sentido, nada le ilusiona, nunca ha amado y siente que ha decepcionado a las personas que le amaron. Anders y Thomas siguieron caminos opuestos pero en esa tarde, en esa conversación, se encontraron en un punto común: ambos se sienten desgraciados, ninguno tiene la vida que soñaba cuando eran jóvenes.

Anders se siente ajeno a la vida, como si la vida fuese algo que está a su alrededor pero fuera de él. Y se siente un extraño en su ciudad. Cuando está sentado en una cafetería observa a la gente, escucha sus conversaciones, es el protagonista de la película pero en realidad es un espectador más. El mira a la gente, pero nadie le ve. Escucha las conversaciones de las demás mesas, pero nadie repara en él. Presencia la vida como algo externo. La vida sigue su curso sin él, siente que no es necesario.

En ese día, ese 31 de Agosto que pasa en Oslo, se choca de frente contra una sociedad en la que no encuentra una rendija mediante la que poder integrarse a ella. No ve acceso. Quiere encontrarse con antiguos amores, pero no le atienden. Con sus antiguos amigos ya no se entiende. Su familia no está. La entrevista de trabajo no sale bien. A cada paso que da, a cada situación que se sucede, se siente más y más excluído.

Para concluir, la película es poco amable, pesimista, triste. No es para cualquiera. Árida pero con ciertos puntos de lirismo. Se le puede sacar cierto jugo pero para eso debes enfrentarte a ella. Si eres espectador pasivo puede aburrirte. Es desoladora, intimista, sobria. Es noruega. Avisado estás.

http://keizzine.wordpress.com/
¡Haz que tu opinión cuente valorando la crítica!
Ver más críticas del usuario keizz
Ver más críticas de la película Oslo, 31 de agosto