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Crítica de keizz
Madrid, España
9
La gran belleza
La gran belleza (2013)
  • 7,5
    32.262
  • Italia Paolo Sorrentino
  • Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Serena Grandi, ...

Poesía hecha cine

6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Estamos ante un film poco accesible. No es para cualquiera. No se trata de un film convencional y no se la recomiendo a nadie que vaya al cine simplemente a distraerse o a pasar la tarde. Esta película es diferente, no creo que tenga un éxito masivo de público. Eso sí, a quienes guste, les gustará muchísimo. Es de las que no se olvidan, de las que quieres volver a ver al día siguiente de haberla visto.

Se trata de una película arriesgada. El director y coguionista, Paolo Sorrentino, se ha jugado todas sus fichas a un sólo número, y se nota mucho. Se nota que ha puesto el alma en la película y ha hecho exactamente lo que quería hacer. La película es él, no es un trabajo más, da la sensación de haberse vaciado en ella y se ha dejado llevar mucho más por la inspiración que por los cánones cinematográficos. Todo eso trasciende y le llega al público, es una película con alma.

“La gran belleza” hace honor a su título y es mucho más que una película, es todo un espectáculo. Un ejercicio de estilo, innovadora, rompiendo moldes, jugando constantemente a la creación audiovisual. Sin duda es pretenciosa, maravillosamente pretenciosa. Excesiva, excéntrica, extravagante, por supuesto, pero deliciosa, diferente, porque a pesar de su potencia visual y su barroquismo, la película bucea en las escenas, no se queda en lo superficial, no es sólo una sucesión de imágenes espectaculares, la excentricidad formal tiene un motivo, no es gratuita. Hay que tener un gran contenido para retratar de esa manera la “comedia de la nada”, el vacío de la vida.

Es inevitable acudir a Federico Fellini y a “La dolce vita”. Los paralelismos son demasiados como para no aludir a ello, pero no se trata en absoluto de un remake, ni de una actualización de la historia. Hay aromas de Fellini en esta película, es innegable, y la historia tiene mucho que ver con “La dolce vita”, evidentemente. Pero Sorrentino es capaz de homenajear a Fellini y al mismo tiempo componer su obra de un modo totalmente personal, saliendo airoso de la enorme dificultad que supone acercar tu película a una de las obras maestras de Fellini. Como en “La dolce vita”, también en “La gran belleza” la ciudad de Roma es una actriz más del reparto, una de las protagonistas de la película. Una ciudad decadente, con unos personajes decadentes en una sociedad decadente. Roma es la ciudad perfecta para albergar esta historia.

Pero para protagonistas, Toni Servillo. El actor que da vida a Jep Gambardella está sencillamente imponente. Más que actuar, parece vivir el papel. La naturalidad con la que se desenvuelve y la atracción que inspira en el espectador esta especie de David Niven a la italiana son tremendas. Los secundarios también son de gran categoría, pero Toni Servillo lo eclipsa todo, ha nacido para ser Jep Gambardella.

La música me parece otro gran acierto de la película. Está en perfecta armonía con la imagen porque es igual de heterogénea y bella que ésta. Pasea por lo clásico y lo moderno, desde Bizet hasta Damien Jurado pasando por la pachanga discotequera. Una banda sonora que seguramente escuchada en casa, desprendida de la película no diga tanto, pero dentro de ella la enriquece enormemente.

Los personajes de la película son una especie de parada de los monstruos, cada uno más raro que el anterior, hasta el punto de que Jep Gambarella termina siendo el más normal de todos. Está la editora enana, está el amigo enamorado de una mujer que lo maltrata y que termina abandonando Roma porque Roma “le ha decepcionado” (curiosamente, se llama Romano), está la artista conceptual Talia Concept, usada por el director para ridiculizar el arte contemporáneo (junto con una niña que pinta cuadros derramando botes de pintura sobre un lienzo y restregando luego las manos sobre él), una especie de Teresa de Calcuta que pretende subir las escaleras del Vaticano de rodillas teniendo más de cien años y una inacabable fauna freak de hombres y mujeres decadentes que luchan contra la vejez y la muerte a golpe de fiesta, alcochol, cocaína e inyecciones de botox.

“La gran belleza” tiene un arranque frenético, con planos secuencia cortísimos, continuos travellings y la cámara siempre juguetona, como si fuera un animal curioso que quiere mirar en todas partes, y un montaje un tanto atropellado que sin embargo produce un resultado francamente bueno. Luego el ritmo se va relajando, los travellings disminuyen y todo se va posando, aunque la película te sigue sorprendiendo continuamente hasta el final.

Las fiestas, el sexo y todo el mundo dionisíaco que vive Jep es un refugio. Cuando se acaba la fiesta, Gambardella mira al techo y ve el mar, y recuerda a su gran amor, aquella mujer que le abandonó y todavía se sigue prenguntando por qué. La mirada triste del protagonista al hablar de ello nos desvela que lo que perdió le importa demasiado, tanto que nunca tendrá una vida plena y satisfactoria, por muy bonito envoltorio que le ponga. Y queda claro que todos estamos solos, aunque nos propongamos vivir acompañados, y que, por mucho que tengamos, no somos nada. A partir de esa aceptación, la percepción de la vida por parte de Gambardella cambia. “El descubrimiento más notable que he hecho es que no puedo perder el tiempo en cosas que no me apetece hacer”, dice Jep.

En definitiva, me he enamorado de esta película. Es un torrente de imágenes exuberantes, una película que te atrapa, te envuelve por sus escenas cautivadoras adornadas por un mundo luminoso y sombrío a la vez (la fotografia es inmejorable) que junto con la banda sonora te llevan en volandas por ese viaje lleno de contrastes y choques visuales que nos proporciona “La gran belleza”. Poesía hecha cine.

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