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Crítica de keizz
Madrid, España
8
Truman
Truman (2015)
  • 7,0
    25.379
  • España Cesc Gay
  • Javier Cámara, Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Àlex Brendemühl, ...

Friends will be friends

4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Julián recibe la visita inesperada de Tomás, un viejo amigo que vive en Canadá y ha venido a visitarlo porque Julián tiene cáncer. Pasarán cuatro días juntos, junto al fiel perro de Julián, Truman. Los tres tienen que afrontar una inevitable despedida.

Cesc Gay dirige esta película que es un canto a la camaradería y a la fuerza de la amistad, pero que tiene muchas más aristas. La muerte y la actitud ante la misma, la soledad, el modo de afrontar una pérdida, el amor a los animales, y hasta el derecho o no de uno a decidir el cómo y el cuando poner fin a sus días. El tema invita abiertamente al drama lacrimógeno, pero Gay sabe caminar con precisión sobre la fina linea que separa lo ñoño de lo emotivo, sirviéndose del humor como arma para evitar el exceso de intensidad trágica, pero sin llegar nunca a la frivolidad. La película conmueve pero no empalaga, todo un logro tratando un tema tan propenso a la caza de la lágrima fácil.

Julián acepta, o parece aceptar su destino con estoica valentía. Y una vez admitido lo inevitable, centra sus esfuerzos en dejar las cosas lo mejor atadas posibles con las personas que quiere (incluyendo a su perro Truman). Porque la enfermedad no sólo le afecta a él, sino también a su entorno. Despedirse adecuadamente de su viejo amigo, de su prima, de su hijo que vive en Amsterdam, y encontrar un nuevo hogar para Truman son las cosas que busca Julián, antes de poder tranquilamente entregarse a su trágico final.

La película discurre con total fluidez gracias a los diálogos brillantes, pero también a lo que no se expresa con palabras. Desde la mirada melancólica y taciturna del perro hasta los momentos de expresividad contenida de ambos actores, “Truman” destila emotividad por los cuatro costados, humanidad, la tragedia como vehículo de exaltación de los sentimientos. Cuando sabes que vas a morir de modo inminente tienes la oportunidad de decir las cosas que llevas dentro a tus seres más queridos…. o no hacerlo, para, al restarle importancia, desdramatizar las cosas tratando de mitigar el dolor de quienes se quedan.

Uno puede sintonizar perfectamente con los dos protagonistas. Las cosas del modo que las ve aquel que sufre la enfermedad, o de la manera en que las ve el amigo que le acompaña en los últimos días. Cada uno desde su lado lo ve de una manera, y el espectador se posiciona tanto en uno como en otro bando, y desde ambos puntos de vista empatiza con los personajes.

Cesc Gay me ha convencido completamente. Su certero manejo del ritmo, el modo en que mantiene el pulso entre lo amargo y lo dulce, entre el humor y la tristeza, la manera en que combina la emoción y el puro entretenimiento, y sobre todo el jugo que saca de los intérpretes, inconmensurables, es de nota. Ya me gustó “En la ciudad”, pero aquí me ha ganado definitivamente.

Tengo (tenía) mis prejuicios contra Javier Cámara, pero esta película me ha curado. Cámara compone un personaje con una gran sutileza, demostrando una gran capacidad y un enorme conocimiento del oficio. Hablando poco, mirando continuamente a su amigo, como hipnotizado por él, con un gesto de inexpresividad muy expresivo, dota de brillantez a un personaje nada fácil.

Y al otro lado del ring, Ricardo Darín. No hay adjetivos para calificarle. Es un actor que domina todos los registros y en esta película, que le exigía un alto rendimiento interpretativo, demuestra que es un titán de la escena. Ricardo Darín es un espectáculo en sí mismo, un derroche de talento en cada frase, en cada gesto, en cada mirada. Nos hace reir o emocionarnos con una facilidad que asusta. Es un animal en la pantalla, un tigre que te emboba con su presencia antes de destrozarte con su fuerza interpretativa. Yo también cruzaría el mundo, como hizo su amigo Tomás, para pasar cuatro días con semejante personaje.

Y no sólo brillan cada uno por su lado. Es que además hay una química entre ellos bestial, que yo no me imaginaba que hubiera. Se mejoran el uno al otro, su nivel interpretativo en las escenas conjuntas no se suma, se multiplica.

Admito que yo tengo también parte de culpa en que esta película me guste tanto. Soy presa fácil de las películas emotivas, si están bien hechas, y esta lo está. Rebosa sensibilidad y elegancia, y hace que el espectador se asome al abismo de la muerte, pero saliendo de la sala de cine con más ganas de vivir que nunca. Es honesta, no hay golpes bajos.

Gustará a todo tipo de público, porque es cercana, entretenida y fácil de digerir. Es un relato tan ameno como intenso sobre la amistad, sobre la muerte y sobre la vida. Una vida que, como esta película te recuerda, puede ser tremendamente dolorosa, pero también te proporciona gente que te quiere de verdad, y eso hace que siempre valga la pena vivirla.

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