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Crítica de Antonio Morales
Tarragona, España
7
La vida privada de Bel Ami
La vida privada de Bel Ami (1947)
  • 6,8
    134
  • Estados Unidos Albert Lewin
  • George Sanders, Angela Lansbury, Ann Dvorak, John Carradine, ...

Las andanzas de un canalla

5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El film conecta perfectamente con la expresión de un melodrama de su tiempo, en el estilo de cineastas coetáneos como Max Ophuls o Douglas Sirk, centrando su mirada en el París del siglo XIX. Albert Lewin fue un cineasta inclasificable, por elecciones argumentales, métodos de puesta en escena, decisiones estéticas, bagaje literario y relaciones con los Estudios, tan sólo realizó seis largometrajes entre 1942 y 1956. Sus films tan personales atestiguan la impronta de un cineasta original, romántico y nihilista que lanzó sus propuestas artísticas contra el conservadurismo intelectual del Hollywood de la época. Se trata de una producción de Metro Goldwyn Mayer donde se derrocha la elegancia y la ambientación artística, excelente fotografía de clara inspiración pictórica, los diálogos y la gestualidad son brillantes, dignos de un cineasta de gran cultura.

Apoyada en un texto literario de Moupassant, recrea admirablemente la visión de un entorno social en el que la lucha contra la hipocresía imperante se realiza desde una inteligencia bañada en maldad y la huida de estereotipos sociales bienpensantes. El film narra la andadura de Georges Duroy (un excelente George Sanders) apodado por alguno de su compañeros Bel Ami, un personaje lúcido, irónico y amoral que se situá muy por encima que el entorno que le rodea, la alta sociedad parisina. Un descarado libertino cuyos objetivos se verán cumplidos con precisión calculada, ya que Duroy es en el fondo un profundo analista y crítico de la moral más hipócrita en la vida social que frecuenta, haciéndolo unicamente por ascender en su seno.

La sumisión amorosa es uno de los temas fundamentales que aborda el film, también la arrogancia y la ambición. De esta forma se sirve principalmente de las mujeres a las que seduce y manipula a su antojo. Los personajes del film se debaten entre lo que realmente son y la imagen que proyectan sobre los demás, entre la tensión generada por sus sentimientos enfrentados a sus actuaciones sociales. Es fácil, por tanto, encontrar en el film numerosos planos en que los personajes aparecen encuadrados a través de cristales o espejos que constituyen una especie de ventana del alma, por así decirlo. Su puesta en escena es refinada, suntuosa, con elegancia en los detalles, “travellings” suaves con una fascinante armonía en los movimientos de los personajes y la cámara. Una buena película, aunque poco conocida que merece revisión.
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