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Críticas de Chacal
Críticas ordenadas por:
Robot Monster
Robot Monster (1953)
  • 3,8
    172
  • Estados Unidos Phil Tucker
  • George Nader, Claudia Barrett, Selena Royle, John Mylong, ...
10
Una de las mayores comedias del cine
La obra maestra de la serie Z. Con un presupuesto inexistente Robot Monster alcanza cotas difícilmente superables en el mundo del cine. La historia es bien simple, una invasión extraterrestre aniquila toda la raza humana de la faz de la tierra salvo a un pequeño grupo de supervivientes formado por una pareja de ancianos, una atractiva joven, un apuesto científico y 2 niños repelentes, un extraterrestre viaja al lugar para acabar con ellos.

Robot Monster tiene el honor de presentar a uno de los extraterrestres más carismáticos y espectaculares de la historia, el alienígena en cuestión es una persona con un disfraz de gorila adornado con un casco de buzo y acompañado de una máquina que expele burbujas... ahí tenemos a nuestro alienígena, ver para creer. ¿Queréis más motivos para no perderse este film?
En sus poco más de 60 minutos de duración podemos ver ciudades destruidas, feroces dinosaurios apareciendo sin ningún motivo, explosiones atómicas… (Imágenes provenientes de imágenes de archivo y de otros films por supuesto), además de un final sorpresa que deja boquiabierto por su originalidad (nótese la ironía) y un elemento que nunca puede faltar en un film clásico de ciencia ficción: el extraterrestre se enamora de la joven protagonista. Si señores, el gorila del espacio le resulta irresistible la tentación de la carne y eso le distrae de su misión.

Robot Monster puso el listón muy alto hasta la llegada de Ed Wood y su Plan 9 del espacio exterior (1956), es un film el cual los amantes de la serie Z y el cine más cutre y sin complejos no deberían perderse.
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Bijo to Ekitainingen (The H Man)
Bijo to Ekitainingen (The H Man) (1958)
  • 5,5
    29
  • Japón Ishiro Honda
  • Akiniko Hirata, Kenji Sahara, Koreya Senda, Yumi Shirakawa, ...
7
El padre de Godzilla se mete en el terror
Ishiro Honda es bien conocido (y nunca lo suficientemente valorado) por ser uno de los reyes de la ciencia ficción japonesa de los 50 y 60, años en los que aportó numerosos films Kaiju Eiga, tras su exitazo con la inmortal Japón bajo el terror del monstruo (1954). Los hijos del volcán (1956), Mothra (1961) o La batalla de los simios gigantes (1966) son ejemplos de un director quizás encasillado en el género de monstruos gigantes, pero que en todos sus trabajos aportó estilo, grandes dosis de entretenimiento y calidad.
Apartándonos del Kaiju Eiga, Ishiro Honda realizó una trilogía de films en los que abordó la ciencia ficción de una manera adulta y cercana al terror. Unos trabajos curiosos por alejarse de los monstruos gigantes que tanto éxito le proporcionaron. En el blog analizaremos, a su debido tiempo, la discreta The Human Vapor (1960) y la excelente Matango (1963). Ahora nos detendremos en la entrega inicial de esta particular trilogía (sin nada que ver entre ellas), la curiosa The H-Man.
La policía de Tokio persigue a un narcotraficante que ha desaparecido dejando abandonada su ropa. Un joven científico asegura que hay unas criaturas, producto de la radiación, relacionadas con el caso.
The H-Man es una propuesta sorprendente, adulta y bien cercana al género de terror. Ya de entrada, la ambientación elegida para la historia es bien atrayente, donde Honda nos introduce en los bajos fondos de Tokyo con matones, narcotraficantes y bailarinas de cabaret ligeritas de ropa.
Una temática que resulta muy acertada. Se mezcla la típica historia sci-fi con el cine policial negro (por el que Honda sentía predilección). Una mezcla que se explota en la primera mitad del film, donde se sigue una investigación policial en unos minutos de metraje que se hacen algo largos y lentos, para explotar en su segunda mitad en los típicos y necesarios ambientes monstruosos.
Es de destacar el clímax final, con una masacre en plena sala de baile y con el ejército japonés acorralando a la criatura viscosa en las alcantarillas.
La criatura protagonista podría ser una versión oscura de la masa de The Blob (1958), estrenada el mismo año, pero aportándole el toque Honda tan particular, y eso quiere decir: la influencia del trauma atómico.
El origen de la criatura parece influenciado por el incidente real del Dragón Afortunado nº 5 (donde unos pescadores fueron contaminados por el polvo radiactivo fruto de una Bomba H). En este caso, son las cenizas producto de las pruebas atómicas en el Pacífico las que han terminado por contaminar a la tripulación de un barco y han mutado en una criatura líquida que absorbe a la gente. Resulta bien curioso y terrorífico que los estragos que causa la masa en los cuerpos humanos, así como las marcas que deja en la piel, se refieren explícitamente a las marcas dejadas por la bomba atómica en los supervivientes y víctimas de Hiroshima y Nagasaki. Como siempre pasa en estos films japoneses, las referencias al trauma atómico del pueblo japonés resultan estimulantes.
A nivel técnico el film funciona estupendamente, a pesar del año de realización, con una masa devoradora que pese a no aparecer excesivo tiempo en pantalla, provoca inquietud, misterio y sus apariciones son muy destacables, especialmente cuando los cuerpos humanos se funden literalmente bajo su ataque.
Tenemos actores habituales tanto de la saga Godzilla como del resto de la filmografía de Honda como Kenji Sahara (Los hijos del volcán, King Kong contra Godzilla o Godzilla contra los monstruos) o Akihiko Hirata (el Dr. Serizawa en el primer Godzilla). Presencias que para el fan resultan muy simpáticas y agradecidas. Haruo Nakajima, el hombre bajo el disfraz de Godzilla y de otras criaturas, también participa, interpretando a dos víctimas humanas de la masa negra.
Por supuesto, en el equipo de la película están incluidos los all stars de la época: Tomoyuki Tanaka en producción y Eiji Tsuburaya como director de efectos especiales. En sustitución de Akira Ifukube, Masaru Sato se encarga de la banda sonora (también se encargará de la música de Los monstruos del mar o El hijo de Godzilla).
Como curiosidad: el efecto creado para que se disolvieran los cuerpos humanos lo crearon con muñecos hinchables de tamaño real y grabando a cámara rápida el proceso de destrucción del cuerpo para luego pasarlo a velocidad normal en el montaje creando así el efecto tan curioso que vemos en pantalla.
The H-Man (1958) es un film destacable y bien curioso. Parece que cuando Ishiro Honda se aparta del género Kaiju demuestra en otros campos sus quilates como director, sin duda y en este caso acierta con una propuesta adulta y cercana al terror y con un uso excelente del color.
Algo lenta en su primera mitad pero estimulante en general con una simpática criatura viscosa y radiactiva, investigación policial y ambientes de cabaret. Toda una curiosidad.

(http://sospechososcinefagos.blogspot.com.es/2017/07/the-h-man-1958.html)
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Halfway
Halfway (2009)
  • Japón Eriko Kitagawa
  • Kii Kitano, Masaki Okada, Junpei Mizobata, Riisa Naka, ...
7
Amores adolescentes y la incógnita del futuro
En la misma línea de Rainbow Song (2006), Halfway (2009) supone un proyecto de Iwai para Eriko Kitagawa, reputada guionista de series de televisión japonesas (por los que ganó algunos premios) y que supone su salto a la gran pantalla en calidad de directora, con un Shunji Iwai encargándose del guión y la producción.
En el film, una pareja de jóvenes empieza a salir, pero sus días felices son interrumpidos por un sólo hecho: ella tiene la intención de entrar en una universidad local, y él no. La chica le implora a su novio que no se vaya y así él comienza a pensar sobre las prioridades en su vida.
Halfway (2009) es una obra sencilla y amable en sintonía con la simpleza narrativa de films como Historia de Abril (1998). En este caso, el eje por el que circula todo el film se basa en el conflicto que sufre una pareja adolescente sobre si Shu (el chico) debe irse a una universidad lejana en busca de sus sueños pero dejando a su pareja en el pueblo natal. Un conflicto que gira y se rebate durante sus 85 minutos. Una simpleza narrativa buscada y que dio excelentes resultados en films como Historia de Abril pero que aquí no acaba de cuajar del todo pese a los aciertos que podemos vislumbrar.
La pareja de adolescentes está bien interpretada por Kii Kitano y Masaki Okada. A Kitano la vimos protagonizando Yubisaki (2006) de Isao Yukisada o Bandage (2010) (con también guión y producción de Shunji Iwai), aunque se ha prodigado mucho más en series de televisión como Life (2007), donde se abordaba el tema del bullying.
Masaki Okada ha aparecido en numerosos films, desde la agradable A gentle breeze in the village (2007), a profesor ingenuo en Confessions (2010). Este año lo veremos en el esperado live-action de Jo Jo’s bizarre adventure: diamond is unbreakable (2017) de Takashi Miike.
Volviendo a Halfway, la ambientación de otoño en un pueblecito de Hokkaido es impecable. Dichas localizaciones van como anillo al dedo al tono del film: pausado, contemplativo, dialogado y muy pacífico. Además logra introducirte totalmente en un instituto japonés de las afueras y en las vivencias de los personajes de una forma natural (el sello Iwai se vislumbra por todo el metraje).
Las interpretaciones de la pareja de jóvenes son muy acertadas y muestran una gran química. El estilo visual tiene mucha influencia del cine de Shunji Iwai, por supuesto, pero Kitagawa destaca por aportar largos planos de cámara en mano siguiendo a los personajes y sus conversaciones, logrando un efecto muy cercano a ellos y de gran calidad visual. Además, tras las imágenes subyace una bonita reflexión sobre la adolescencia, las perspectivas de futuro, las prioridades y las expectativas que uno espera de la vida.
Pese a sus aciertos, Halfway se queda en una mera curiosidad. Un film agradable pero no memorable, y cuya extremada simpleza argumental le juega en contra en algunos pasajes del metraje. Aunque al acabarla consiga dejarte un buen sabor de boca y una sonrisa tonta de satisfacción en la cara. No es una gran película pero tampoco es ése su propósito, suponiendo un ejemplo agradable de cine independiente japonés.
El film cumple con su objetivo de introducirte en un mundo que nos es ajeno: un pueblecito del norte de Japón. La pareja de adolescentes realiza un muy buen trabajo a nivel interpretativo y contiene varias secuencias de una calidad visual muy notable. El visionado de Halfway supone dosis de paz, tranquilidad y ensoñación, y eso ya es mucho. Además, en poco más de 85 minutos.
Eriko Kitagawa aún tuvo tiempo de dirigir otro film, la discreta I have to buy new shoes (2012).

(http://sospechososcinefagos.blogspot.com.es/)
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Far Away, So Close
Far Away, So Close (2013)
  • Japón Masahiko Nagasawa
  • Kana Kurashina, Yûta Nakano, Kana, Ema Fujisawa, ...
6
Traumas amorosos y amnesia
Far away, so close (2013) recoge algunas de las marcas de estilo de Shunji Iwai y que pueden atraer al fan del director japonés. Ya de entrada su cartel publicitario con una fémina en medio de un campo verde remite totalmente a Todo sobre Lily (2001). Masahiko Nagasawa dirige este drama japonés y que contó con el apoyo de Iwai, quien se encargó de la banda sonora del film.
La película parte de una premisa curiosa. Sakumi Shimura, de 27 años, ha perdido los últimos 10 años de su memoria tras un accidente de tráfico. Sakumi sólo recuerda lo que le pasó hasta que tenía 17 años, pero acepta su destino y trata de ser positiva. No obstante, a Sakumi le preocupa la pérdida de memoria. Trata de recordar con ayuda de Yoshihiko, que se considera su novio y amigo desde sus días de secundaria.
Far away, so close (2013) es un film que no pasa de la curiosidad para completistas. La historia está basada en la novela de Kyoko Inukai y que también se encarga de adaptar el guion. Su interesante premisa, aunque pueda parecer que se convertirá en la tonta comedia adolescente, deriva hacia un tono melancólico y dramático centrándose en cómo su personaje principal femenino le va aumentando más y más su desesperación frente a no poder recordar con exactitud hechos del pasado o el porqué sus amigos la miran con desaprobación, enfado o misterio.
Kana Kurashina carga sobre sus hombros el peso del film con una interpretación correcta sin más y a veces algo irritante por su pasividad. Pese al misterio planteado por el film (¿cuales son los motivos tras el accidente de Sakumi? ¿Porqué su mente ha regresado precisamente a los 17 años?) el desarrollo del film se va haciendo soso y plano sin demasiado que destacar a medida que nuestro interés por la resolución del misterio va menguando. Un punto a su favor es que su duración no se torna excesiva y que gracias a su destacable y entrañable final las sensaciones en torno al film mejoran considerablemente con una resolución melancólica y poética y una Sakumi reconciliada con su pasado y con ella misma la cual se entrega con libertad de nuevo a su mayor pasión (y de su amante fallecido); la pintura, con una escena en medio de un campo abierto visualmente bella.
Far away, so close (2013) es una curiosidad para completistas. Un film amable que contiene un punto de partida atrayente y un misterio a priori interesante pero que éste va diluyéndose a medida que transcurre el metraje. Pese a sus intenciones y cierta influencia por el cine de Iwai (la música compuesta por el director nos retrotrae a sus anteriores trabajos), la dirección y el desarrollo de la misma acaba por ser plana. Pese a todo, no acaba por sentirse una pérdida de tiempo, contiene momentos de clara belleza y poesía y un final destacable que hace que suba enteros.

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Gamera the Brave
Gamera the Brave (2006)
  • Japón Ryuta Tazaki
  • Kanji Tsuda, Kaho, Susumu Terajima, Kenji Motomiya, ...
6
Gamera vuelve a ser el amigo de los niños
Tras el tremendo éxito de la trilogía noventera de Gamera realizada por Shusuke Kaneko y que supuso la cima del Kaiju Eiga, la tortuga agigantada tardó algunos años en volver a aparecer por las pantallas japonesas, quizás temerosos de realizar una entrega que tuviera que estar a la altura de la trilogía de Kaneko.
Para 2006, Godzilla había finiquitado su saga tras el desplome taquillero de Godzilla: Final Wars (2004). La Daiei decidió hacer regresar a Gamera con una entrega que se dirigiera hacia otros terrenos para así crear distancia con las entregas de Kaneko. Para desgracia de los fans, el camino a seguir sería volver a los terrenos infantiles que arruinaron la saga de la tortuga allá por los años 60. Una noticia algo decepcionante para el apasionado de los terrenos tan serios, dramáticos y espectaculares de las entregas de los 90, quizás esperanzados aún con la aparición de un Gamera 4. El encargado de dirigir este nuevo proyecto sería Ryuta Tazaki, un director que ya tenía experiencia en el género con la realización de diversos episodios de los Power Rangers y Kamen Rider. Una elección para un proyecto que provocó aun más resquemor al filtrarse las primeras imágenes del diseño de este nuevo Gamera, totalmente en línea con el tono infantil de los inicios clásicos de la saga.
En el film: en 1973, el legendario Gamera, murió tras destruir a los Gyaos que estaban atacando un pueblo. Uno de los sobrevivientes era un niño, que hoy ya creció y es propietario de un restaurante en Iseshima y tiene un hijo llamado Toru. Toru encuentra una tortuga aparentemente inofensiva, pero que resulta ser un descendiente de Gamera e irá creciendo de tamaño hasta alcanzar casi 60 metros de altura...

Para sorpresa de un servidor, Gamera: the brave, no resulta tan mala como cabía esperarse. Para empezar, se plantea como un reboot de la saga y del personaje omitiendo a las entregas de los 90 y entroncando sutilmente con la saga clásica de los 60. Se nos presenta un mundo en paz y libre de monstruos gigantes tras el sacrificio de Gamera en 1973. El film se inicia espectacularmente con un guiño a la trilogía de Kaneko con un Gamera autodestruyéndose en su batalla con los Gyaos.
Después nos adentramos en terrenos del puro telefilm con las solitarias vivencias del niño de turno traumatizado por la reciente muerte de su madre. Al poco se encontrará con una pequeña tortuga y entablará amistad con ella. Todo este primer tercio bebe directamente del E.T. de Spielberg con la tortuguita de marras demostrando curiosas habilidades voladoras y que harán las delicias del niño protagonista y su grupo de amigos. El problema pasa con que la tortuga comienza a crecer de forma desmesurada por lo que al niño le resultará imposible mantenerla en su habitación por más tiempo. Para rematar la faena, aparece de improviso otro Kaiju descomunal y maligno denominado Zedus y que pondrá en jaque al ejército japonés.
El infantilismo del film no resulta tan estomagante como podría haber sido y gracias al ligero tono del metraje el film pasa con agrado y de forma entretenida. El apartado técnico es muy notable con unas maquetas espectaculares y un enemigo formidable similar en su diseño a un Godzilla con rastas. Algo que puede servir de consuelo al deseadísimo, por los fans, Godzilla vs Gamera. El problema pasa por el risible diseño de Gamera, con una cara de atontado y de teleñeco y que rechina en muchos momentos.
En la segunda mitad del film se entra en los terrenos más puramente Kaiju (destrucción y batallas) y donde se logran conseguir momentos muy destacables y emocionantes. Es en este tramo final donde algunos momentos dramáticos están fuera de lugar y no dejamos de echarnos las manos a la cabeza viendo al grupo de niños de rigor aventurándose en lugares que un padre ni en un millón de años permitiría hacer (a ver, ¿el niño insiste en entrar en un edificio en ruinas con Gamera dentro y el padre ayuda a su propio hijo a meterse dentro?). Patrones del género y que el fan acostumbrado aceptará sin problemas y se reirá con ello. Pese a todo, la escena en la que el grupo de niños se van pasando la piedra mágica que revivirá a Gamera resulta conmovedora y de gran fuerza.
Gamera: the brave (2006) es un entretenido reboot para la tortuga. Entendiendo que era imposible superar a la trilogía de los 90, la saga regresa a la vertiente infantil de las entregas de los 60, aproximación a priori interesante pero que peca de los mismos fallos de aquellas con un guion haciendo aguas, unos niños insoportables (a ratos), unas situaciones imposibles y un Gamera recién salido de Barrio Sésamo. Pese a todo, el conjunto no es tan malo como pueda parecer, goza de unos muy notables efectos especiales y excelentes momentos de destrucción y batallas además de algún que otro momento dramático destacable. Además le rodea un aura muy entrañable y sirve como un cariñoso homenaje a ese cine de evasión infantil con monstruos imposibles y que invadieron los cines japoneses en los años 60. Este reboot no destacó precisamente en la taquilla japonesa por lo que las intenciones de continuar con nuevas entregas de esta renacida y “valiente” Gamera se cancelaron, desgraciadamente. Por el momento, es la última entrega de la saga de la tortuga, aunque tras el empujón y revitalización del género que ha supuesto Shin Godzilla (2016) se planea relanzar a la tortuga gigante con Katsuhito Ishii (El sabor del té) encargándose de la dirección de este enésimo reinicio. Por el momento, el fan puede conformarse visionando un teaser lanzado hace unos meses y que sirve de presentación de dicho proyecto, aunque su aire de puro videojuego me eche bastante para atrás.

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Vampire
Vampire (2011)
  • 5,9
    121
  • Japón Shunji Iwai
  • Kevin Zegers, Rachael Leigh Cook, Keisha Castle-Hughes, Kristin Kreuk, ...
5
Vampiros del siglo XXI: suicidio y depresión
7 años tuvimos que esperar para ver un nuevo largometraje de Shunji Iwai, aunque el director tampoco estuvo quieto durante este tiempo. Por un lado se centró en tareas como productor y guionista para films de jóvenes directores, los cuales intentaba proyectar a través de su productora Rockwell Eyes. Films como la recomendable Rainbow Song (2006), Bandage (2010) o Halfway (2009).
Obras interesantes y que a pesar de no estar dirigidas por Iwai tenían inevitablemente la marca de estilo del director. Para 2008, Iwai participó en el film de segmentos New York, I love you (2008) dirigiendo a Orlando Bloom y Christina Ricci en su correspondiente pieza corta. Aunque Iwai, durante estos años destacó en el campo del documental realizando en 2006 The Kon Ichikawa Story, sobre la vida del célebre director japonés, una de sus máximas influencias cinematográficas, o el interesante Friends after 3.11 (2011), un documento insólito en el que Iwai ejerce tanto de director como de narrador, explorando la catástrofe de Fukushima prácticamente recién sucedida y yendo a los lugares devastados con varios directores de cine reflexionando sobre el desastre. Un documental que analizaremos próximamente.
Pero fue en 2011 cuando Iwai decidió aventurarse en el panorama independiente americano, realizando una suerte de co-producción para embarcarse en un nuevo largometraje de ficción, titulado Vampire. La primera apreciación que puedo expresar es que estos 7 años no le han sentado nada bien al director japonés; tanto, que Vampire no parece haber sido dirigida por el mismo Iwai que nos deslumbró con Todo sobre Lily (2001) o Historia de Abril (1998), pese a mantener ciertos puntos de unión con su anterior filmografía.
Vampire relata las vivencias de Simon, profesor de biología, que tiene curiosas apetencias: le gusta beber sangre. El problema es que no disfruta asesinando gente, por lo que su estrategia es buscar a través de Internet personas que quieran suicidarse (chicas claro, no es tonto) y que tras seducirlas, las ayuda a morir.
Iwai se inspiró para crear el guión de Vampire tras haber tenido la idea de presentar a un asesino en serie que fuera amigo de sus victimas, atrayéndole la cuestión de si las victimas colaboraban con su asesino para ayudarlas a morir. ¿Se consideraría asesinato o suicidio?.
El planteamiento es bien interesante y se ve condensado estupendamente en los primeros 15 minutos. El arranque de la obra te llena de intriga, misterio y suspense frente a lo que estamos viendo hasta que descubrimos las intenciones tanto de Simon como de su potencial victima.
Podríamos decir que tras este más que curioso arranque cargado de una idea de base muy interesante, ya no hay nada más. Vampire se dedica a dar vueltas una y otra vez sobre la misma idea sin llegar a ningún lado claro. Ni explora en profundidad la psicología del personaje ni evoluciona sus planteamientos hacia otros terrenos.
No ayuda nada el papel protagónico de Kevin Zegers (interpretando a Simon), y quien realiza una interpretación verdaderamente sosa y anti empática. Simon resulta un personaje antipático y por el que no sentimos el menor interés o aprecio, por lo que el núcleo por el que pasa el film se hunde.
La película presenta ciertos guiños o lugares comunes a la anterior filmografía del director, como son los oscuros usos de Internet, el vacío existencial de la juventud o el suicidio, pero los momentos surrealistas y escabrosos que en films como Picnic (1996) funcionaban como un tiro, en Vampire resultan poco acertados.
Es curiosa la imagen de la madre de Simon, enferma de Alzheimer, atada con globos para mejorar su movilidad en casa, pero la escena en que la pobre mujer salta de la ventana de su habitación y aterriza suavemente en la calle gracias a los globos sobraba.
El film recorre terrenos explorados anteriormente en referentes como Martin (1977), la humanización del vampirismo y presentarlo como una enfermedad o una adicción, pero no es tratado de una forma mínimamente interesante.
Visualmente, la impoluta imagen digital de Vampire no sienta demasiado bien a este nuevo cine de Iwai. Digamos que el estilo del director bebe mucho de la estética de los 90 y del mundo del videoclip, así que esta modernización a nivel visual de su cine, opino, le deja poco margen de maniobra.
Iwai hace uso de habituales en el apartado actoral y se agradece al menos la presencia de Yu Aoi como alumna de Simon, y quien tiene ciertas ideas suicidas (la chiquilla parece que no haya pasado el tiempo para ella, está igual). Aoi protagoniza los momentos más tiernos y destacables del film. Para fanáticos del cine de terror, Iwai recupera durante unos minutos a Katherine Isabelle, quien hacía de mujer lobo en la trilogía Ginger Snaps.
En definitiva, Vampire no supone el regreso triunfal a la ficción de Shunji Iwai. Un film con ideas de base interesantes y prometedoras pero lastradas por un metraje que no deja de dar vueltas sobre lo mismo y un personaje protagonista bastante insufrible.
Por lo menos la escena final con Simon y una joven víctima, lista para morir pero que antes aprovecha para realizar algunos pasos de ballet (como despidiéndose de su propio cuerpo), es destacable y acaba por dejar un sabor de boca algo mejor.
Vampire se presentó en el Festival de Sundance de 2011 y la crítica fue mixta aunque eso no evitó que el film ganara el Prize en el Festival de cine de Estrasburgo 2011 o una Mención Especial en el Fantasia Film Festival del mismo año. Vampire es, por el momento, la primera y ultima incursión americana de Shunji Iwai, pues el director parece que decidió volver a los orígenes y regresar al cine puramente japonés en 2015.

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El caso de Hana y Alice
El caso de Hana y Alice (2015)
  • 6,3
    406
  • Japón Shunji Iwai
  • Animation
7
Delicioso anime
Tras la experiencia americana efectuada con Vampire (2011), por el que recibió unos resultados algo dispares, Iwai pareció relajar su actividad de nuevo centrándose en pequeños proyectos de publicidad o componiendo la banda sonora del film Far away, so close (2013).
Hasta que en 2015 se anunció que el director regresaría con nuevo proyecto en Japón y además con varios aspectos atractivos para el respetable: supondría un regreso a los simpáticos personajes de Hana & Alice (2004) en forma de film anime, el primero dirigido por el director (aprovechando que se estaba editando en Japón un manga sobre los personajes).
The case of Hana & Alice cuenta la historia de Tetsuko después de la separación de sus padres, cuando se muda con su madre a una nueva ciudad que para ella está apartada del mundo. En el nuevo instituto se encuentra con que sus compañeros la menosprecian sólo porque se le ha asignado el asiento de Judas, quien se rumorea fue asesinado hace un año. Su vecina Hana, que no sale nunca de casa, parece tener algunas respuestas sobre lo que pasó.
The case of Hana & Alice es nuevamente una obra deliciosa que te lleva por lugares plácidos y agradables, beneficiado principalmente por el carisma y química de la pareja de féminas protagonistas (aunque dichos personajes pasen al formato animado), cuya frescura sigue resultando atractiva.
El film está planteado como una precuela de la exitosa Hana & Alice (2004), explicando de qué forma se conocieron los personajes y cómo se inició su inquebrantable relación de amistad. La obra vuelve a ser un proyecto muy agradable de seguir, en el que se reincide en lo maravilloso de lo mundano y cotidiano, a la vez que se añade una simpática trama de maldiciones escolares y asesinato (o no) y que ayuda a mantener la atención e interés del espectador.
A nivel visual es bellísimo, utilizando la técnica de la rotoscopia basada en grabar inicialmente toda la acción en imagen real con los actores para luego, en post producción, pasarlo a formato animado.
El resultado, pese a que pueda parecer una excentricidad, proporciona momentos excelentes y llamativos a nivel estético, además de que sirve para recuperar tanto a Yu Aoi como a Anne Suzuki, aunque sea en forma de animación. Iwai ya había experimentado anteriormente con la técnica de la rotoscopia con Baton (2009), un proyecto en el que ejercía de guionista y productor y con Ryuhei Kitamura (Azumi, Godzilla: Final Wars) a la dirección, así como también con una pequeña serie de cortometrajes, titulados Town Workers. El director le saca el máximo partido a dicha técnica con el presente film, llena de momentos excelentes, especialmente los protagonizados con Alice bailando ballet en el instituto y en los que vemos claramente la marca del director aun siendo un film de animación.
The case of Hana & Alice tiene la ventaja respecto a su predecesora de su duración (algo más ajustada) quedándose en 100 minutos. Aunque no se pueda evitar cierta sensación de innecesario estiramiento, no son para nada los 135 minutos de Hana & Alice (2004), los cuales acababan pesando en su resultado final.
Pese a esto, The case of Hana & Alice (2015) deja, al finalizar su metraje, el mismo agradable sabor de boca (o mejor si cabe) que la versión de 2004, presentando un film que sin ser nada del otro jueves, resulta simpático y original, suponiendo además una vuelta de tuerca a la filmografía de Iwai y sirviendo para que el director vuelva, con todos los honores, al cine japonés recuperando dos de los personajes más queridos de su filmografía, además derrochando su habitual sensibilidad. Deliciosa pequeña obra.
The case of Hana & Alice obtuvo una buena aceptación ganando varios premios por el camino como el “Premio del público” del Festival Fantasia.

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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Bride for Rip Van Winkle
A Bride for Rip Van Winkle (2016)
  • 6,6
    115
  • Japón Shunji Iwai
  • Haru Kuroki, Cocco, Gô Ayano, Sôkô Wada, ...
7
Una mujer buscando su lugar en un mundo hostil y frío
Tras la buena aceptación del delicioso anime The case of Hana & Alice (2015), un Iwai, al parecer, recuperado de energías de una manera que no se le veía desde 15 años atrás, se embarca en un proyecto ambicioso y que supone su regreso a la ficción japonesa en imagen real, A bride for Rip Van Winkle (2016).
El complejo proyecto tiene como protagonista absoluta a Nanami, miembro del personal docente de un instituto, que conoce a Tetsuya a través de SMS y decide casarse con él. Pero Nanami no tiene muchos parientes, por lo que recurre a la agencia Nandemo-Ya, llevada por Amuro.
Ella le pedirá que envíe gente a su boda con el objetivo de fingir que son parientes suyos. Al inicio de su matrimonio, Nanami pillará a Tetsuya teniendo una aventura, pero su suegra Kayako, insiste que es Nanami quien la tiene. Debido a ello, Nanami se verá obligada a abandonar su hogar. Amuro ofrecerá entonces a Nanami, que se encuentra en problemas, extraños trabajos a tiempo parcial.
A bride for Rip Van Winkle nos devuelve al Iwai más cruel y desolador, ése que analiza sin tapujos la sociedad japonesa actual así cómo la parte más oscura de las relaciones humanas. El tema principal del film se basa en el papel de la mujer dentro de la sociedad japonesa, un papel basado en las apariencias, en el obligatorio cuidado del esposo y en el cumplimiento de sus deberes sociales. Imagen y conceptos que Iwai analiza en nada más y nada menos que 3 horas de metraje.
Lo primero que podemos decir es que los planteamientos en los que se basa el film son más que interesantes y apasionantes. El recorrido vital del personaje de Nanami, de mujer que busca ser convencional pero que poco a poco se irá liberando de sus ataduras sociales hasta convertirse en un ser independiente y dueña de su destino, es el esqueleto por el que recorre el film.
En ese sentido, la obra es implacable y cruel con su protagonista, y en definitiva Iwai nos deja con el regusto de que no tiene ninguna esperanza en las relaciones y de qué forma la frialdad y el desapego es dueño de la sociedad de este nuevo siglo. Nanami conoce al que será su futuro marido a través de Internet y la ironía de que la muchacha debe acudir a una agencia de actores para que finjan ser sus familiares en la ceremonia está cargada de un conmovedor patetismo. Más aún cuando descubre que su recién marido tiene una amante, y por presiones familiares o por no resultar ser la buena esposa que se le exige, acaba siendo abandonada en plena calle, en la que es la escena más memorable y puramente Iwai del film.
Más tarde comenzará una serie de extraños trabajos en lo que resultará un viaje a la búsqueda de sí misma. Finalmente conocerá a Mashiro (quien resulta ser una actriz porno) con quien compartirá una extraña y solitaria mansión e iniciará una curiosa relación amorosa y homosexual llena de sutilidad y con destino trágico. Es en este tramo final en la mansión donde el film alcanza sus mejores momentos con la pareja de féminas compartiendo momentos llenos de sensibilidad y amargura.
El problema con A bride for Rip Van Winkle es que resulta una sucesión de pequeños momentos interesantes pero que pecan de confusos y algo desordenados e inmersos en un metraje en definitiva excesivo (se realizó una versión acortada del film de 2 horas de cara a su proyección internacional).
No se acaban de entender del todo las intenciones del personaje de Go Ayano, el jefe de la extraña agencia de actores, ni el por qué de su desinteresado cariño hacia Nanami. Visualmente, y aunque me siga pareciendo extraño, esta reconversión a la imagen digital más nítida de su director en esta ocasión resulta muy acertado, realizando algunos momentos excelentes a nivel visual, como es la citada escena en que Nanami es abandonada, los momentos en la mansión con Mashiro o su escena final.
El film también se beneficia de las estupendas interpretaciones de las dos féminas protagonistas, en especial Haru Kuroki (La casa del tejado rojo), quien carga a sus espaldas todo el peso del film a pesar de tener un papel poco empatizable como es el de la típica mujer pasiva japonesa. Y si Iwai ya usó a la cantante pop Chara para Picnic y Swallowtail Butterfly, en esta ocasión el personaje de Mashiro es interpretado por la también cantante Cocco con un papel muy acertado y lleno de matices interesantes.
A Bride for Rip Van Winkle supone el regreso de Shunji Iwai al cine de ficción con una obra muy interesante a nivel de contenido y planteamientos, como son el papel de la mujer en la sociedad japonesa y la parte más oscura de las relaciones sentimentales, pero es una obra que peca de exceso de metraje y cierta desorganización y confusión. Pese a todo, es un film bien curioso, distinto, que lleva indiscutiblemente el sello de su director y que alcanza momentos conmovedores gracias a su protagonista femenina a la búsqueda de su lugar en el mundo.
De momento el director no cesa en su actividad. En 2017 ha realizado una miniserie de cortometrajes para Nescafé titulado Chang-Ok’s Letter para la cual se ha trasladado a Corea del Sur y ha contado con un reparto coreano con la mega-estrella Doona Bae como protagonista. Y para agosto de 2017 se espera con ganas la versión anime de su primer éxito Fireworks, para el que Iwai ha ejercido de guionista.

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Ritual
Ritual (2000)
  • 6,9
    56
  • Japón Hideaki Anno
  • Shunji Iwai, Ayako Fujitani, Jun Murakami, Shinobu Otake, ...
8
¿Sabes? Mañana es mi cumpleaños...
Paralelamente a sus trabajos como director de cine, Shunji Iwai ejerció tanto de productor, como guionista o compositor de diversos films realizados por jóvenes directores que el propio Iwai quería proyectar a través de su productora Rockwell Eyes. Films como Rainbow Song (2006) o Halfway (2009) que pese a no estar dirigidos por el director japonés si que tenían de una forma u otra el estilo y regusto a sus films. En el año 2000 y a la vez que preparaba su obra maestra Todo sobre Lily (2001), Iwai se atrevió con la interpretación protagonizando el film que nos ocupa hoy, Ritual (2000) y dirigida por Hideaki Anno.
Hideaki Anno es bien conocido entre los fans del anime ya que no solamente fue uno de los fundadores de Gainax sino que llevó adelante series como Kare Kano o Neon Genesis Evangelion con la que cambió para siempre el mundo del anime. Una deconstrucción impecable del género mecha en la que inspirado por la tremenda depresión que sufrió Anno a principios de los 90 éste insertó en la trama mucha experimentación narrativa, angustias psicológicas, simbolismos y una profundidad en los personajes y en la propia trama en sí inabarcable. La trama se remató con The end of Evangelion (1997) donde los planteamientos de la serie estallaban soberbiamente hasta llegar a una conclusión polémica pero excelente.
Anno es un director con una manera muy particular y personal de relatar las historias; llenas de simbolismos, con personajes que bordean la locura psicológica y su duro camino hacia la cordura. Su estreno como director de cine en imagen real llegó con Love & Pop (1998), una muy experimental y curiosa historia de un grupo de chicas adolescentes que se prostituyen para pagarse sus caprichos pero expuestas a la inmensidad y peligros adultos de Tokyo. Un film curioso y por el que Anno recibió el premio a “Mejor nuevo director” en el 20th Yokohama Film Festival de 1999. Ritual (2000) es la obra en el que supo trasladar de forma definitiva todas sus obsesiones a nivel visual y narrativo.
En el film, un director de anime pasa por una crisis creativa mientras quiere reinventarse como director de cine de imagen real, así que viaja a su pueblo natal. Un día encuentra a una chica en las vías del tren, ella vive desconectada de la realidad y siempre dice "Mañana es mi cumpleaños"; así comienza su historia.
La estrecha amistad entre Shunji Iwai y Hideaki Anno se ve reflejada en la temática de sus films compartiendo ciertas características como la de radiografiar a la juventud japonesa de una manera muy directa y crítica. Al contrario que Iwai, Anno prefiere plasmar su propia vida a través de sus historias y protagonistas introduciendo vivencias, inquietudes y reflexiones. Técnicamente, el cine de Anno bebe mucho del videoarte y del cine experimental, algo de lo que Ritual (2000) se empapa encontrándonos con una cámara en mano nerviosa e inquieta situada en los lugares menos creíbles, planos y travellings imposibles, ojos de pez o superposiciones de imagen. Todo lo anterior contrasta con planos fijos y un ritmo pausado y contemplativo. Tramos bellos y poéticos y que conectan con el cine de Iwai.
El film está basado en la novela Shiki-Jitsu, escrito por Ayako Fujitani. Atentos a este nombre. Fujitani no es otra que la hija japonesa de Steven Seagal y la pudimos ver en la trilogia de los 90 de Gamera interpretando a la adolescente que se comunica telepáticamente con la tortuga agigantada. Al parecer la actriz sufrió muchas dificultades a nivel emocional cuando acompañó a su padre a Los Angeles para el rodaje de El Patriota por lo que dichas experiencias la inspiraron a escribir la novela en la que está basada Ritual y que además se encarga de protagonizar.
Ritual (2000) es una obra extraña pero absorbente. El núcleo del film se basa en la recuperación de la cordura. El paso de un personaje inmerso en sus propias fantasías hasta superar sus traumas personales y volver a la realidad. Todo el peso de la historia recae sobre los hombros de Ayako Fujitani quien realiza una interpretación fantástica (aunque algo excesiva en ciertos momentos) y cómo el personaje de "El Director" (Iwai) se queda prendado y fascinado por ella. Un personaje que a pesar de su demencia está dotada de una creatividad desbordante y por el que no se puede evitar cierta lástima y curiosidad. La historia entre los dos personajes protagonistas, la manera en cómo va desarrollándose su relación y cómo cada vez resultan más dependientes el uno del otro contiene tramos conmovedores.
Shunji Iwai se encarga de interpretar a quien pudiera ser el alter-ego de Anno. Una interpretación sobria y discreta (vamos a dejarlo aquí) pero que funciona perfectamente al servir de puro espectador de la historia. El personaje de Iwai (apodado El Director) interpreta a un personaje que Anno impregna de muchas de sus vivencias personales: es un director de cine anime intentando dar el paso a la imagen real e inmerso en un total bloqueo creativo.
El film tiende al exceso y a la innecesaria y alargada duración del mismo ya que prácticamente todo el peso de la historia recae en un mismo personaje por el que obligatoriamente has de sentir simpatía o interés. Resulta fascinante dicho personaje y su viaje de la locura a la cordura pero se tiende al exceso y a la reiteración. Pese a todo el film es increíblemente rico en simbolismos visuales y dobles sentidos consiguiendo momentos impecables como todo lo que concierne al extraño y húmedo sótano donde la protagonista se refugia en sus peores momentos. Visualmente, el film es hipnótico con una preferencia al uso del rojo y el azul y donde Anno vuelve a incidir en su predilección por plasmar ambientes industrializados. El elemento metalingüístico del film también es destacable con el director grabando y siguiendo a tan fascinante personaje femenino a la búsqueda de la creatividad perdida.
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Rainbow Song
Rainbow Song (2006)
  • 6,4
    24
  • Japón Naoto Kumazawa
  • Hayato Ichihara, Yû Aoi, Juri Ueno, Wakana Sakai, ...
8
¿Que será de nuestro futuro?
Como hemos comentado en críticas anteriores de este “Especial Shunji Iwai”, desde el amanecer del nuevo milenio, Iwai prefirió alejarse de la dirección cinematográfica y dedicarse a proyectar a jóvenes promesas de la cantera de su productora Rockwell Eyes. Rainbow song (2006), dirigida por Naoto Kumazawa, es una de las imitaciones del estilo Iwai (que fueron surgiendo desde los 2000) más interesantes y recomendables. Kumazawa ya había trabajado con Iwai anteriormente, encargándose del making off de Swallowtail Butterfly (1996).
Rainbow Song (2006) comparte numerosas similitudes con los films de Shunji Iwai hasta el punto de que parece que el director haya seguido uno por uno el manual de instrucciones dejado por Love Letter o Historia de Abril. Esto es un hecho que a priori no juega a favor de Kumazawa aunque como veremos el director inserta muchos elementos a destacar y que la hacen obtener cierta entidad.
En el film, Tomoya trabaja como asistente en una compañía de televisión. Un día ve en las noticias que ha habido un accidente de avión en California resultando muerta una pasajera japonesa, Aoi, quien les unía una fuerte amistad en el pasado. Tomoya recuerda entonces como conoció a Aoi y cómo tuvo lugar su amistad en la universidad.
En el film que nos ocupa, Iwai no solamente ejerce tareas de producción sino que co-escribió el guion del film bajo el seudónimo de Aminosan. Para el fan de Todo sobre Lily (2001) es todo un motivo de alegría que la pareja protagónica de aquella repita aquí de nuevo: Hayato Ichihara y Yu Aoi (en un papel secundario). De hecho, el personaje de Ichihara podría ser una continuación de su personaje en Todo sobre Lily, ya llegando a la veintena y enfrentado a los problemas de la vida adulta. Pero quien se lleva todas las alabanzas es Juri Ueno (protagonista de la soberbia y divertidísima Swing Girls (2004)) quien es sin duda el corazón del film y quien realiza una interpretación fantástica y madura con un personaje a recordar y cuya química con Ichihara resulta de lo más conmovedor y destacable del film.
Rainbow song (2006) es ante todo una historia de amistad. Una amistad entre dos personas totalmente diferentes pero que acaban por necesitarse el uno al otro. Aoi (Juri Ueno) es una amante del cine y sueña con ser directora pero se encuentra engullida por sus dudas y falta de perspectivas. Tomoya (Ichihara) es alguien torpe, no tiene ni idea de lo quiere para su futuro pero está envuelto en una permanente inocencia y alegría. Una relación alejada de artificios y falsos cuentos de hadas de films similares adolescentes (y que apabullan año tras año los cines de Japón). De hecho, uno de los puntos fuertes del presente film es que todo está narrado con una naturalidad encantadora, introduciéndote en una universidad japonesa con unos personajes repletos de sueños e ilusiones y que logran contagiarte de ellos. Kumazawa logra crear ese efecto en el que no quieres alejarte de estos personajes y deseas acompañarlos en sus vivencias mucho más tiempo. La segunda mitad del film destaca por adentrarse en los problemas de la juventud japonesa (su falta de perspectivas o la dificultad de entrar en el mercado laboral) y que por la honestidad y naturalidad con la que es narrado no puedes evitar sentirte identificado.
El film no duda en abrazar el metalingüismo contagiándote del amor por el cine que siente el personaje de Juri Ueno. Todo el tramo que transcurre al rodaje del cortometraje de los jóvenes resultará encantador para el amante del séptimo arte o el estudiante de cine por lo que (y ya inmersos en el tramo final del film) cuando y en honor al recuerdo de Aoi los personajes (y el espectador) visionan el cortometraje al completo la emoción es considerable. Una historia del fin del mundo en donde parece fundirse la realidad y la ficción y es en el cine, gracias al poder del séptimo arte donde esos momentos que hubieras deseado hacer, esas palabras que deberías haber dicho, esos deseos insatisfechos parecen encontrar lugar en la imagen inmortal del celuloide donde parecerá permanecer Aoi junto a Tomoya para siempre. La banda sonora por supuesto ayuda y mucho.
Visualmente y siguiendo el estilo de Iwai, el film es una maravilla con una cámara ensoñadora que sigue sigilosamente a sus personajes y con varios momentos de una belleza poética a recordar (esos arcoíris en el cielo). Pese a todo el film contiene ciertos inconvenientes. Parece que una vez Juri Ueno desaparece de la pantalla el film pega unos bajones considerables y eso se nota mucho una vez su personaje se larga a las Américas a perseguir sus sueños. Este último tramo del film con Tomoya iniciando una relación amorosa con una mujer que no deja de mentirle en su edad la hubiera resumido mucho más por su falta de interés mientras el espectador no deja de echar de menos al personaje de Ueno (igual que Tomoya, la verdad). Además, ese final tan abrupto donde por fin parecía explotar todo el drama y los sentimientos reprimidos del personaje principal desgraciadamente es concluido algo precipitadamente o sin dejarte tiempo a la reflexión. Parece que las intenciones de Kumazawa durante todo el film es huir en todo momento del festival lacrimógeno descontrolado o el drama artificioso y gratuito.
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Hana & Alice
Hana & Alice (2004)
  • 6,4
    233
  • Japón Shunji Iwai
  • Anne Suzuki, Yû Aoi, Tomohiro Kaku, Sei Hiraizumi
7
La fragilidad de la amistad
Parece que tras alcanzar la cima artística con Todo sobre Lily (2001), Shunji Iwai decidió apartarse cada vez más de la dirección cinematográfica y focalizar así sus energías en otros proyectos, prefiriendo tareas como guionista o productor para obras de jóvenes realizadores en su productora Rockwell Eyes. Incluso se atrevió con la interpretación realizando el papel protagonista de la curiosa Ritual (2000) para su amigo Hideaki Anno (y que analizaremos en un futuro próximo).
En 2002 participó en el film de episodios Jam Films, donde varios directores japoneses realizaban una pequeña pieza de ficción. Iwai colaboró con el segmento “Arita”. Además dirigió y produjo un documental llamado “Triumphal March and 30 Days of their own” sobre la Liga nacional de fútbol japonesa.
Hana & Alice (2004) supone un regreso a ambientes más plácidos y agradables tras el mal rollo dejado en Todo sobre Lily. El origen del film que nos ocupa tuvo lugar cuando Kit Kat, por su 30 aniversario, contrató a Iwai para realizar una serie de pequeños cortometrajes de finalidad publicitaria para la célebre chocolatina. El hilo conductor de dichas piezas eran los personajes de Hana y Alice. Estos pequeños cortos causaron sensación en Japón, tanta, que Shunji Iwai decidió llevar la relación entre los dos personajes al formato largometraje.
Hana & Alice relata la relación entre dos amigas, en principio inseparables, hasta que un día se interesan por 2 chicos que coinciden con ellas en el tren.
Hana se obsesiona con uno de ellos, hasta el punto que le sigue allá donde va. En uno de estos seguimientos, el chico se golpea la cabeza y Hana decide convencerle de que sufre de amnesia, y de que ella era su novia. Hana contará con la ayuda de Alice para tramar su plan, pero no cuenta con que Alice también tiene sentimientos...
Hana & Alice es una pequeña comedia adolescente, una obra muy agradable y simpática cuya mayor fuerza reside en las estupendas interpretaciones de la dupla de féminas protagonista. Yu Aoi, quien tras ser descubierta en Todo sobre Lily se convirtió en un rostro muy popular a nivel publicitario, además de haber participado desde entonces en innumerables films en los que podemos destacar Hula Girls (2006), la trilogia Kenshin o films del maestro Yoji Yamada, como Maravillosa familia de Tokyo (2016).
Anne Suzuki, anteriormente la vimos en la cinta de ciencia ficción Returner (2002) y apareció junto a Takeshi Kitano en la surrealista Glory to the filmmaker (2007).
La química entre las dos actrices, así como el tratamiento de su relación y amistad, es lo más destacable del film. Relación realizada a la manera del director, con una técnica onírica y etérea de relatar la cotidianidad marca de la casa. Es de destacar el realismo y naturalidad con el que se plasma la amistad, a priori inquebrantable de las dos adolescentes, y como con una maravillosa simpleza, las dos se van alejando la una de la otra por inevitables avatares del tiempo (lo curioso es que los dos personajes tampoco pasan tanto tiempo juntas en pantalla).
Shunji Iwai, como ya hemos podido comprobar en la mayoría de su filmografía, es único plasmando esa extraña etapa que sucede entre el final de la adolescencia y el inicio de la adultez. El director, como es habitual, no le tiene miedo a nada y se encarga tanto de la dirección como de la producción y del guion, además de componer él solito la banda sonora.
El tono y estilo de Hana & Alice tiene mucho de manga shojo, esos cómics cuyas tramas van destinadas principalmente a mujeres, aunque mezclado con el estilo plácido del Iwai de Historia de Abril y la bonita simplicidad de animes como Nicky aprendiz de bruja (1989).
Uno de los principales problemas del film es que está excesivamente alargada. La simplicidad de obras como Historia de Abril funcionaba a la perfección porque su duración estaba acotada a 67 minutos, pero 135 minutos de Hana & Alice es mucho cuando los actos cotidianos y mundanos son el centro de la narración.
Pese a esto, si empatizas con la maravillosa química y relación entre los dos personajes principales, el film se hace muy disfrutable y al aparecer los créditos finales no podrás evitar esbozar una sonrisa tonta de satisfacción por lo agradable del conjunto.
De nuevo, presenta varias escenas “marca Iwai” que son un prodigio de sensibilidad, como la escena bajo la lluvia donde las dos adolescentes confiesan sus sentimientos o el maravilloso final, donde Alice realiza una demostración de ballet. En resumen, una pequeña comedia adolescente donde se plasma con naturalidad y belleza la historia de amistad de sus dos protagonistas.
Hana & Alice tuvo un potente éxito en su estreno japonés llegando al nº 1 del Box office local. Es curioso y me llama fuertemente la atención el frecuente éxito taquillero de Shunji Iwai a pesar de que sus proyectos sean tan especiales y alternativos y que al fin y al cabo no deje de ser cine independiente.
Yu Aoi consiguió llevarse el premio a “Mejor Actriz” por el film en los Japanese Professional Movie Awards de 2005.
Hana & Alice supone una especie de despedida, ya que Iwai dejaría la dirección cinematográfica centrándose en proyectos más pequeños (como documentales) y ejerciendo de productor o guionista intentando proyectar a nuevos directores. No volvería a la dirección de largometrajes hasta 2011 con su aventura americana, Vampire.
En 2015, el director volvería a los personajes de Hana y Alice, realizando una precuela en formato anime titulado The case of Hana & Alice.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Historia de Abril
Historia de Abril (1998)
  • 6,2
    216
  • Japón Shunji Iwai
  • Takako Matsu, Seiichi Tanabe, Kaori Fujii, Rumi, ...
9
Iwai, un paraguas roto y una tormenta de proporciones bíblicas
Para 1998, Shunji Iwai ya estaba establecido como uno de los abanderados del cine independiente japonés de los 90 aunque no hemos comentado la polivalencia en diferentes campos del propio director. Escritor, productor, compositor además de no hacerle ascos a cualquier forma de expresión audiovisual: cine, telefilms, documentales o videoclips musicales. En 1996 dirigió dos videoclips, uno de ellos para el grupo Moonriders. Aunque el que nos interesa es el segundo y el cual realizó para una cantante llamada Takako Matsu. Una de las grandes virtudes de Iwai es su capacidad para descubrir caras nuevas, muchas de ellas llegando al estrellato tras estas primeras oportunidades; es el caso de Tadabonu Asano (Fried Dragon Fish), Miki Shakai (Love Letter), Chara (Picnic) o Ayumi Itou (Swallowtail Butterfly). Takako Matsu es una conocida actriz y cantante japonesa y que la hemos podido ver en films como La espada oculta (2004) o K-20: Legend of the mask (2008) consiguiendo numerosos premios por su magnética interpretación en Confessions (2010). Antes de todo esto pudimos descubrir por primera vez a la actriz con la deliciosa Historia de Abril (1998).
En el film, Uzuki deja la isla de Hokkaido para irse a estudiar a la Universidad de Tokyo. Una vez allí, sus compañeros le preguntan porqué ha venido desde tan lejos para estudiar precisamente a esta universidad. A lo que ella se queda sin respuesta. Sus motivos se desvelarán.
Historia de Abril (1998) es un regreso de Iwai a su vertiente más apacible y romántica tras sus inmersiones anteriores en terrenos más oscuros y surrealistas. Y nos sorprende a todos que tras la complejidad de un film como Swallowtail Butterfly (1996) pase a una historia reducida a la máxima simplicidad y de únicamente 67 minutos.
El film es un pequeño cuento de hadas que funciona a la perfección. A pesar de su corta duración, al director le basta y sobra para lograr introducirte en el día a día de Uzuki y sus vivencias de una manera mágica y sencilla. El film presenta una particularidad y es que es presentada, más que una historia, como el “inicio de una” centrándose en “cómo se inicia” una posible historia de amor de la cual no seremos testigos.
Todo el film está rodado de una forma excelente, al estilo Iwai, por supuesto. Un metraje apacible, tranquilo y pausado y que te introduce de lleno en los ambientes del film: las vivencias universitarias de Uzuki o su recién estrenado piso en la gran ciudad. La narrativa es magnética, con una forma de grabación, tan típica del director, utilizando cámara en mano (casi flotante haciéndolo parecer un sueño), con planos luminosos y cierto aire melancólico. Un punto en contra de cara al espectador puede ser su extrema simpleza y que en realidad pasan muy pocas cosas pero precisamente ahí radica gran parte de la magia del presente film; su maravillosa simplicidad.
En el tramo final del film descubrimos las verdaderas intenciones de Uzuki: el chico del cual estaba enamorada en la secundaria estudia en la misma universidad que ella ha llegado. El clímax final cuando los dos logran coincidir en la librería en la cual él trabaja con una tremenda lluvia azotando Tokyo es una maravilla: un paraguas roto, una tormenta de proporciones bíblicas y el inicio de un amor juvenil. Mágico.
Historia de Abril (1998) es una pequeña y bella película cuya simpleza es su mayor virtud. Takako Matsu está encantadora como joven universitaria perdida en la inmensidad de la megalópolis. Toda una joyita que te arrastra a una historia mágica, apacible y bonita y además, en únicamente 67 minutos. Enormemente disfrutable.

Varias curiosidades. En la escena inicial, la familia que se despide en la estación del personaje de Uzuki es en realidad la familia de la actriz, Takako Matsu. Todos ellos son actores de cine o de kabuki. Es curiosa también la escena en la que Uzuki va al cine a ver un film de Kurosawa y Iwai decide ponernos 5 minutos del film en cuestión. ¿Se trata de una escena eliminada de dicho film?
Historia de Abril (1998) siguió acumulando premios a la filmografía de Shunji Iwai. Sin ir más lejos consiguió el “Premio del Público” del Festival de Cine de Busan en 1998.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Swallowtail Butterfly
Swallowtail Butterfly (1996)
  • 6,7
    157
  • Japón Shunji Iwai
  • Hiroshi Mikami, Chara, Ayumi Itô, Yôsuke Eguchi, ...
8
Bienvenidos a Yentown
El éxito de Love Letter (1995) inició una pequeña "fiebre Shunji Iwai" en Japón, provocando un descubrimiento de su obra anterior con el estreno de la estupenda Fireworks (1993) en salas japonesas y la recuperación de Picnic, estrenándose en cines con dos años de retraso, en 1996. Mientras tanto, Iwai preparaba su nuevo film, un proyecto muy ambicioso que se adentraría en terrenos muy diferentes a Love Letter.
Swallowtail Butterfly (1996) es una única y personalísima aproximación a la ciencia ficción y al subgénero de las utopías sociales, siempre tan interesante cuando se trata con mimo. Un film, como ya he dicho, ambicioso y que destaca por una aglomeración de contenido y pequeñas tramas incommesurable y que trataré de resumir lo mejor posible en la siguiente sinopsis.
La trama tiene lugar en un futuro cercano, en un Japón ultra industrializado y poderoso, convertido en la tierra prometida de inmigrantes de paises vecinos (la mayoría procedentes de China). La historia toma como punto de partida el descubrimiento del cadáver de una mujer a las afueras de una gran metrópolis (que bien podría ser Osaka o Tokyo), dentro de un suburbio llamado Yentown, lugar donde conviven todos los inmigrantes ilegales en pésimas condiciones.
La hija de la mujer encontrada muerta queda desamparada, siendo más tarde adoptada por una particular prostituta, Glico, la cual sueña con ser cantante. La normalidad desaparece cuando uno de los clientes yakuza de Glico, muere en su piso. Mientras los amigos de Glico tratan de hacer desaparecer el cuerpo del yakuza, encuentran dentro de sus intestinos una cinta de casete: es una grabación de "My Way" de Frank Sinatra. Aunque contiene otra utilidad: la cinta tiene claves para falsificar Yens.
Swallowtail Butterfly es una obra inclasificable; puede ser un drama o un film de acción (muy influenciado por el cine de Hong Kong de la época), un thriller futurista o una historia del paso de niña a mujer por parte de la fémina protagonista.
Iwai se aparta de su estilo visual más característico hasta entonces, apostando por unas formas sucias, con grano y una marcada y oscura atmósfera visual (casi todo rodado con cámara en mano).
La película destaca por varias razones: su ambientación, en el ficticio barrio de Yentown, presenta la imagen de un Japón industrializado, pobre y degradante (con las drogas, la prostitución y el crimen campando a sus anchas), muy interesante. El barrio de Yentown sirve para hablar y explorar algo tan llamativo como es la xenofobia en Japón y la marginación de la inmigración entre otras minorías.
El nombre Yentown lo usan los japoneses (en la cinta) para hablar despectivamente de dicha comunidad. Comunidad, cual gueto, donde conviven multitud de etnias con el barullo de idiomas que eso supone (hay momentos que en una misma frase se mezclan hasta 3).
Una ambientación asombrosa y realista de la vida en estos suburbios (y que se pueden encontrar en toda gran ciudad) sirviendo así de aguda crítica social. Pese a lo frío y violento de los hechos que relata la trama, el film respira constantemente un aire de ternura y humanidad en sus personajes que resulta conmovedor y la hace destacar por encima de otros productos similares.
Para poner un poco de orden entre todo el conglomerado de diferentes tramas (el éxito musical de Glico, la apertura de un local de copas en Yentown, los mafiosos que buscan la cinta de marras...), Iwai (y el espectador) sigue en todo momento al personaje de Ageha (que significa mariposa en japonés y cuya imagen es usada como símbolo del florecimiento y paso a la adultez del propio personaje), la chica (interpretada estupendamente por Ayumi Ito) huérfana y posteriormente adoptada por la prostituta Glico.
Tras Picnic (1996), la cantante Chara vuelve a ponerse a las órdenes de Iwai, interpretando en esta ocasión a la prostituta Glico, un personaje desamparado y repleto de sueños e ilusiones incumplidas (como la mayoría de habitantes de la ficticia Yentown), realizando una interpretación destacable y repleta de matices.
Hiroshi Mikami interpreta a Feihong, compañero de fatigas de Glico y con las mismas ambiciones de prosperar de entre la inmundicia abriendo un local nocturno que le proporcionará demasiados problemas y un trágico destino. Tadanobu Asano (ya un habitual con Iwai) vuelve a aparecer, aunque en esta ocasión realizando un simpático cameo.

Nos encontramos, en definitiva, con un film único en su especie, con una enorme variedad de tramas de rico contenido (teniendo cabida cualquier género) y que, por imposible que parezca, el conjunto final funciona aunque no logre evitarse cierto desconcierto y exceso.
Toda la trama en la que un mafioso chino de larga cabellera (más duro que nadie pero tierno de corazón) se carga a todo aquel que se ponga por delante para recuperar el casete de jugosos secretos, así como esa pareja de espías/agentes secretos que intentarán pararle los pies, es muy deudora de los thrillers de acción de Hong Kong, y quizás es el tramo menos personal y más confuso.
Pese a estas momentáneas sensaciones de barullo, Swallowtail Butterfly es del todo inclasificable y que se antoja personal, sensible, extravagante y única. A veces fría, a veces violenta, mayormente tierna y muy humana aportando grandes dosis de atrevimiento, realidad y crítica social.
I did it my way... como reza el clásico My Way, protagonista de algunos de los mejores momentos de la presente cinta.
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Picnic
Picnic (1996)
  • 6,7
    282
  • Japón Shunji Iwai
  • Chara, Tadanobu Asano, Koichi Hashizume, Naomasa Musaka, ...
8
Una comilona para el apocalipsis
Tras el exitazo de Love Letter (1995), Shunji Iwai había logrado entrar con fuerza y rotundo éxito en el panorama cinematográfico japonés.
Dicho éxito permitió que algunos de los films anteriores de Iwai se estrenaran en cines japoneses, aunque ese no fuera su propósito inicial. Fireworks (1993), el delicioso telefilm que retrataba la vida de un grupo de niños de la ciudad de Iioka, se estrenó en las pantallas japonesas en 1995. Un curioso film, rodado en 1994 y que todavía no había conseguido ninguna clase de distribución ni proyección, también pudo beneficiarse de dicho éxito; se trataba de Picnic.
Picnic sigue la estela de Undo (1994), en la forma de tratarse de un film conciso en su duración (nada más y nada menos que 72 minutos) y con un tono algo más oscuro y surrealista que films más plácidos y románticos como Love Letter. Picnic es una pequeña joyita de obligado descubrimiento.
La película relata las andanzas de tres personajes residentes en un centro psiquiátrico, quienes se convencen de que el fin del mundo llegará en breve, por lo que deciden aventurarse al mundo exterior. Caminando a través de las paredes de la ciudad, el trío buscará un lugar para hacer un picnic, y poder ver el apocalipsis.
Picnic supone toda una sorpresa. Un film pequeño, el cual solamente necesita poco más de 70 minutos para contar y explorar sobradamente sus planteamientos.
La ambientación es exquisita, con ese putrefacto hospital psiquiátrico donde viven los 3 personajes principales; un hospital a medio camino entre una cárcel y un campo de concentración.
Su tono va a medio camino entre lo onírico y lo surrealista, además de impregnar sus imágenes de una cierta inocencia e ingenuidad, un tono en total sintonía con las psiques de los 3 jóvenes protagonistas. La cantante pop japonesa Chara interpreta al personaje de Coco con gran acierto, bailando permanentemente en la fina línea de la sobreactuación, pero saliendo airosa (evitando por los pelos interpretaciones de personajes similares y que resultan ser muy cargantes), con un personaje de curiosa vestimenta cual cuervo infernal y que actúa como una especie de ángel de la oscuridad que remueve los cimientos de las vidas de los dos personajes masculinos, descubriéndoles un mundo nuevo, cual caverna de Platón. Tadabonu Asano, quien ya apareció en Fried dragon fish (1993) (uno de los primeros films de Iwai y la primera aparición de Asano en el mundo del cine) realiza, como es habitual en él, una muy notable interpretación.
Koichi Hashizune es el tercero en discordia, con una interpretación correcta como partenaire de Asano. Las escenas de carácter surrealista, donde el personaje de Asano es torturado por las visiones de su profesor de instituto, son tan grotescas que chocan en un primer visionado; te coge de sorpresa que aparezca de golpe un puppet inquietante de un japonés cincuentón atrapado en una pared y orinando a chorros. Al igual que me parece un detalle delicioso que los personajes salgan del psiquiátrico pero sin violar las normas del centro: no atravesar el muro. Los personajes lo entienden a su manera y van caminando de muro en muro hasta llegar al mar.
Iwai toca uno de sus temas predilectos, como es el desamparo y marginación de los jóvenes japoneses presentándolos como seres torturados, traumatizados, blanco de actos horribles producidos por los adultos y que son unos outsiders incomprendidos (de ahí que la localización en un manicomio le vaya a la historia que ni pintado).
El film a nivel cinematográfico vuelve a ser una delicia e Iwai te sumerge una vez más en un mundo único y poético, con su sempiterna cámara flotante y con una fusión entre música e imagen maravilloso. En este sentido, llegando a la perfección en su inolvidable final, la que es la llegada del fin del mundo, de una tremenda fuerza visual que logra convertirse en una de las mejores escenas de toda la filmografía del director, y uno de los finales más bellos visualmente que yo haya visto.
Llena de pequeños detalles delirantes (el hecho de que la fecha del fin del mundo sea la fecha de edición de la Biblia que están leyendo los personajes), Picnic (1996) es una joyita a descubrir, un tesoro escondido que sorprenderá al cinéfilo con una propuesta original, sensible y de gran calidad cinematográfica.
Logró ganar en el Festival de Berlín de 1996 dentro del Forum of new cinema Prize of the Readers of the Berliner Zeitung. Como curiosidad de carácter rosa y sensacionalista, Tadabonu Asano y Chara, los actores protagonistas, tras conocerse en el set de rodaje, iniciaron una relación amorosa hasta contraer matrimonio en 1995. Se divorciaron en 2009.

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Carta de amor (Love Letter)
Carta de amor (Love Letter) (1995)
  • 7,0
    433
  • Japón Shunji Iwai
  • Miho Nakayama, Etsushi Toyokawa, Miki Sakai
9
En busca del tiempo perdido
Fireworks (1993) y Undo (1994) sentaron las bases para el futuro estilo de Shunji Iwai aunque, por el momento, solo era conocido en ciertos círculos de críticos, los éxitos conseguidos en forma de premios por estos dos trabajos le proporcionaron la oportunidad, ahora sí, de enfrentarse a su primer largometraje para cines. Dicha oportunidad, desde luego, no la desaprovechó. Love Letter (1995) logró conquistar, no solamente a los críticos cinematográficos sino que resultó ser todo un éxito arrollador en Japón y media Asia.
El film toma como referencia el libro “En busca del tiempo perdido” de Marcel Proust y relata el viaje por los recuerdos de Hiroko, la cual la pérdida de su esposo dos años atrás aun le resulta imposible de superar. Luego de una ceremonia en recuerdo de su esposo, Hiroko va de visita a la casa de su suegra. Ahí se encuentra con el anuario de secundaría de su esposo, Itsuki Fujii donde le cuentan que la antigua escuela ha sido demolida para dar paso a una carretera urbana, quedando obsoleta la dirección de aquella escuela. En un simple acto de evocación y para lograr cierto descanso emocional, Hiroko escribe una carta a Itsuki dirigida a la dirección de la escuela, sabiendo que será un viaje de ida y sin destinatario. Para sorpresa de Hiroko, “Itsuki Fujii” le responde. Pronto se darán cuenta que quien respondió la carta es en realidad una mujer, de idéntico nombre y que fue estudiante de la escuela demolida y compartió clases en secundaria con el Itsuki de Hiroko. Despues de aclarar el malentendido, Hiroko le pide a Fujii mantener la correspondencia y que comparta sus recuerdos del Itsuki adolescente.

Love Letter (1995) es una obra mayúscula y la entrada por la puerta grande de Iwai en el panorama cinematográfico japonés. El film, pese a no contar nada nuevo, supone una modernización del género romántico a las nuevas audiencias derrochando sensibilidad, imágenes mágicas, constantes saltos en el tiempo y sentimiento autoral. Un film que te agarra con una premisa sencilla pero envuelta en esa peculiar magia intrínseca a la vida y que en su primer tercio, el metraje transcurre intencionadamente pausado, arrastrándote de lleno a los apacibles ambientes por los que recorre. Los preciosos paisajes nevados, fueron rodados en la isla de Hokkaido, beneficiándose de su ambientación enlazando así con la temática del film, dando con ese toni cuasi-onírico de la historia. A diferencia del ambiente helado de las imágenes del presente, los flashbacks están realizados con un tono cálido y hermoso incidiendo en una época irrepetible y única para los personajes. Dichos flashbacks literalmente te arrastran al mundo de los recuerdos de Fujii y resultan toda una ventaja de cara a enfrentarte al metraje por lo continuado y variado de los recuerdos de la fémina. El ingrediente principal es el doble papel que realiza Miho Nakayama quien da vida a ambos personajes femeninos (Hiroko y Fujii) saliendo airosa del desafio y con muy buena nota. El resto de interpretaciones funcionan a la perfección, tanto los personajes adultos como los adolescentes, demostrando naturalidad y nula falsedad en sus acciones. Love Letter es Iwai en estado puro, y el director demuestra su peculiar estilo, lleno de imágenes a medio camino entre la ensoñación y lo onírico con una cámara que por momentos parece que flote. El film supone una reflexión y un bonito adentramiento en la pérdida del ser querido y de qué manera el amor prevalece a pesar del paso del tiempo o la muerte, la búsqueda de los recuerdos o la superación de dicha pérdida. Un acercamiento a las fronteras entre la vida y la muerte que se aborda fantásticamente a lo largo del film. El personaje de Fujii (femenino) parece acecharle la muerte en cualquier momento con una neumonía constante, la pasada muerte de su padre (por idéntica enfermedad), al igual que ese mágico final donde Hiroko se adentra en la montaña donde su marido perdió la vida, cual viaje al mundo de los espiritus y grita al vacío. En definitiva, un film hermoso, melancólico y estimulante y que encuentra su guinda en unos últimos segundos de metraje donde un pequeño y encantador giro final de guión hace que esboces una sonrisa tonta de plena satisfacción.
Love Letter (1995) es el film más accesible de Iwai, sin abandonar por ello, una innegable marca autoral, personalidad, sensibilidad y cierta excentricidad que la aleja de estereotipados precedentes y futuras imitaciones. Un ejemplo de dichas imitaciones (en este caso, sobradamente notable) es la trágica y rompetaquillas Crying out love in the center of the world (2004) donde se pueden ver claramente los ambientes, planteamientos (superación de una muerte incluida) y estructura de flashbacks que el film de Iwai. El éxito con Love Letter fue mayúsculo y no solamente en Japón. En su momento fue el film japonés (de imagen real) más taquillero en Corea del Sur, algo que se repitió en medio continente asiático. Le llovieron innumerables premios entre los que se pueden destacar “Mejor Película” en los Kinema Junpo Awards 1996, sendos premios "Mejor actor revelación" en los Premios de la Academia Japonesa de Cine a Miki Shakai i Takashi Kashiwabara (los jóvenes adolescentes del film), “Mejor Actriz” para Miho Nakayama en los Blue Ribbon Awards 1996, así como el Premio de la Audiencia en el Festival de Toronto 1995.
Como curiosidad, Miho Nakayama, era una cantante de pop y además de extensa discografía realizando su debut musical en 1985 aunque a pesar del éxito de Love Letter no se prodigó especialmente en el mundo del cine. El film sirvió para llevar al estrellato a la joven Miki Shakai, quien interpreta a Fujii en sus años de juventud y que más tarde alcanzó cierta fama a través de la TV japonesa.

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Undo
Undo (1994)
  • 6,0
    43
  • Japón Shunji Iwai
  • Etsushi Toyokawa, Tomoko Yamaguchi, Tomorowo Taguchi
6
El Iwai más experimental
Tras la buena acogida crítica recibida por Fireworks (1993), los críticos empezaron a valorar a Shunji Iwai como una joven promesa muy a tener en cuenta. Su primera oportunidad fuera del mundo televisivo fue con el mediometraje Undo (1994), una muestra de la otra cara de Iwai. Si Fireworks era una demostración del estilo más romántico, apacible y melancólico del director (y que se repetirá en films como Love Letter (1995), Historia de Abril (1998) o Hana & Alice (2004)); Undo incide en el carácter más desolador, oscuro y cuasi surreal de Iwai (y que volveremos a ver en Picnic (1996), Swallowtail & Butterfly (1996) o Todo sobre Lily (2001)).
En el film que nos ocupa, Moemi no está demasiado contenta cuando Yukio trae a casa un par de tortugas para hacerle compañía. Aunque Yukio trabaja en casa como escritor, Moemi se siente abandonada y desea un perro o un gato, pero tampoco está permitido en su apartamento. Sus vidas parecen razonablemente felices hasta que ella se pone aparatos para los dientes y Yukio encuentra sus besos menos satisfactorios. Ella pronto empieza a atar todo lo que encuentra a su paso, empezando por las tortugas. Un psiquiatra le diagnostica "Síndrome Obsesivo Anudador" debido a las deficiencias en su relación con Yukio.

Pese a sus aciertos, no nos encontramos frente al trabajo más inspirado de Iwai encontrándonos con un producto a ratos poco interesante, de un simbolismo, en ocasiones algo simplón y torpe (en otros, brillante) y un tono que siempre raya el límite de la pedantería. Pese a todo, es un film bien curioso donde ya vislumbramos ciertas imágenes poderosas “marca del director” y las cuales consiguen un buen equilibrio entre belleza y terror. Su mayor acierto reside en su reflexión en torno a las relaciones humanas y cuan frágiles son. Unas “decisiones” a priori sin importancia como son regalar a tu novia unas tortugas en lugar del tan deseado perro (o gato) o sentirse extraño con el sabor diferente de unos besos debido a unos aparatos dentales recién estrenados. Motivos nimios pero que resultan gotas que colman el vaso de la relación de la pareja protagonista. Para colmo, al personaje de Moemi le diagnostican un desorden obsesivo por atar nudos. Dicho desorden mental sirve como plena metáfora de intentar atar y retener la relación amorosa, algo que irremediablemente ya está roto y que es inevitable, como es la separación de los dos amantes. El desorden obsesivo de Moemi alcanza los mejores momentos del mediometraje con esas inquietantes secuencias de la fémina completamente atada, en una especie de telaraña de cuerdas; imágenes sorprendentes y surrealistas y que se colocan como la imagen a recordar de Undo (1994).
Etsushi Toyokawa y Tomoko Yamaguchi interpretan a la pareja protagonista con unas interpretaciones algo discretas pero que funcionan. Toyokawa, concretamente, es un actor que aparecerá en multitud de films japoneses tras Undo; desde Love Letter (de Iwai) a la trilogía 20th century boys o El hundimiento de Japón (2004). Así, Undo (1994), pese a sus fallos (un metraje que a pesar de sus 47 minutos, por momentos se haga largo) es un producto muy curioso e interesante en su simbolismo y estudio de las relaciones humanas, capaz de inquietar y agobiar en su oscuridad e imágenes bizarras pero que te deja con la sensación de que sus sanas intenciones no sean trasladadas en toda su plenitud en imagenes. Para completistas del director. El film consiguió el Netpac Award en el Festival de cine de Berlín de 1995.

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Fireworks, Should We See It from the Side or the Bottom?
Fireworks, Should We See It from the Side or the Bottom? (1993)
  • 6,5
    35
  • Japón Shunji Iwai
  • Yuta Yamazaki, Megumi Okina, Takayuki Sorita, Randy Havens, ...
7
Los inicios de un cineasta irrepetible
La carrera cinematográfica de Shunji Iwai se inicia a finales de los 80, realizando, hasta mediados de los 90, más de una docena de films (la mayoría mediometrajes), hechos expresamente para la televisión japonesa.
Una etapa inicial que Iwai usó como campo de pruebas a la hora de encontrar un estilo propio y en la que pudo jugar con una gran variedad de géneros; desde el terror a la comedia, el thriller o el romance. Una etapa muy desconocida, ya que son films muy difíciles de encontrar y en el que solamente he podido visionar dos de ellos.
Ghost Soup (1992), es un muy irregular (a ratos irritante y extraño) cuento navideño mezclado con toques fantásticos, comedia fallida y moralina fuera de lugar. Una curiosidad, eso sí, para completistas de la obra del director.
Algo más interesante es Fried Dragon Fish (1993), un bizarro hibrido entre thriller, cine de yakuzas y el romance soft. Este film es toda una curiosidad ya que supone la primera aparición en pantalla de Tadanobu Asano, el considerado Johnny Depp japonés, y que ha aparecido en infinidad de producciones japonesas (era lo mejor del último film del maestro Scorsese; Silencio (2016)), y que además, acabará apareciendo en futuros trabajos de Iwai como en Picnic (1996).
Éstas dos TV-Movies son ejemplos de una primera etapa de un director intentando encontrar su estilo, y donde ya en algunos momentos se vislumbran algunos chispazos excelentes que se ampliarán en su filmografía. Esta etapa llega a su punto culminante en 1993 con la aparición del film que nos ocupa hoy; Fireworks, Should we see it from the side or from the Bottom, y por el que obtuvo una cierta atención entre los críticos del país.
En Fireworks (1993) ya encontramos la mayoría de obsesiones y temas comunes dentro de la filmografía de Iwai: la adolescencia, el difícil paso a la adultez, padres ausentes, problemática social… mezclado con un tono melancólico y una naturalidad apabullante, además de cierta experimentación narrativa.
Fireworks (1993) sigue a un grupo de niños de la ciudad de Iioka, quienes mantienen una discusión sobre si los fuegos artificiales son planos o redondos. Una premisa sencilla que sirve para meternos dentro de esta pequeña historia. Ante todo, el film no deja de ser una Tv-movie (con las limitaciones técnicas que eso supone) y con un margen de tiempo muy escaso (apenas 50 minutos), pero Iwai se las ingenia para superar dichas limitaciones propias del medio televisivo de la época.
La relación entre el grupo de infantes protagonista está plasmada con una naturalidad excelente; a Iwai no le van las falsedades ni los tópicos discursos de films estudiantiles similares. Él logra acercar la cámara como un niño más de la clase y meterse dentro de su lenguaje, problemáticas y discusiones típicas de la edad con una naturalidad destacable. Así, la discusión referente a los fuegos artificiales sirve como hilo conductor de los temas que de verdad quiere hablar el director.
El núcleo de la historia está focalizado en el personaje de Nazuna, interpretado por Megumi Okina, una chica que arrastra ciertos problemas; el principal: debido al divorcio de sus padres, será obligada a cambiarse de ciudad y de colegio, por lo que fantasea con la posibilidad de huir de casa.
La relación que ésta entabla con el protagonista de la historia, el torpe Norimichi, está realizada con cariño y realismo alejado de los artificios lacrimógenos y de postín de producciones similares.
Es en esta relación donde además, Iwai juega con la experimentación narrativa partiendo la historia en dos posibles realidades o destinos. Norimichi y un compañero de clase realizan una carrera en la piscina de la escuela frente a Nazuna con la mala suerte de que el primero se golpea el tobillo con el borde de la piscina, quedando ganador el afortunado compañero de clase a quien Nazuna le pide tener una cita.
Después, y debido a los infortunios de los acontecimientos (la pobre Nazuna plantada por el chico e intentando huir de casa), Norimichi fantasea sobre qué hubiera pasado si hubiera sido él quien hubiera ganado la carrera y hubiese acompañado a Nazuna en su huida (la escena de la estación de tren es de una sensibilidad excelente).
El clímax de la historia se consigue cerca del final cuando los dos jóvenes se cuelan de noche en la piscina de la escuela y juegan con el agua. Es una de esas escenas en las que a partir de ahora llamaré “momentos Iwai” (y que serán norma en todos sus films); secuencias mágicas en las que se conjuga a la perfección la música, la explosión de sentimientos y cierta belleza en las imágenes que las hace rozar lo onírico. El resultado: un film muy agradable y bonito, cuyo mayor hándicap son las limitaciones propias del medio televisivo, que Iwai sin embargo supera con solvencia, realizando una preciosa historia sobre un grupo de jovencitos en pleno proceso de madurez enfrentados a los primeros problemas del mundo adulto, plasmado además con naturalidad y un realismo casi documental, melancolía y cierto aire agridulce; señas de identidad temática de la futura filmografía del director.
El film obtuvo cierta atención entre los críticos japoneses, hasta el punto que Iwai recibió el premio de la Asociación de Directores Japoneses en la categoría “Nuevos Directores”.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gamera contra Gaos, el terror de la noche
Gamera contra Gaos, el terror de la noche (1967)
  • Japón Noriaki Yuasa
  • Kôjirô Hongô, Kichijirô Ueda, Reiko Kasahara, Naoyuki Abe, ...
6
El vampiro come hombres. Entretenida 3ª parte
Gaos, el terror de la noche (1967) supone el regreso a la dirección de Noriaki Yuasa a la saga Gamera, y así continuará hasta el fin de la serie clásica con Supermonstruo Gamera (1980).
Los monstruos del fin del mundo (1966) obtuvo un fuerte éxito en Japón pero no cumplió las expectativas de la Daiei, quien invirtió un presupuesto millonario para dicho film. Para la tercera entrega de la tortuga gigante se decidió ir a terrenos más seguros; recortes presupuestarios y una trama que va directa al público infantil, el sector cada vez más proclive al género Kaiju. Por suerte, con la presente entrega, nos encontramos en un puente nada molesto entre una mínima seriedad con esfuerzo y un infantilismo que se puede aguantar. Un último destello de calidad antes de la debacle de futuras entregas.
Si Ghidorah, el dragón de tres cabezas, se convirtió en el enemigo definitivo de Godzilla, lo mismo podemos decir con Gaos para Gamera. Gaos, una versión oscura de Rodan, es un enemigo interesante. Un ave prehistórica carnívora que se dedica a devorar seres humanos, de hábitos nocturnos, con capacidades regeneradoras, actitud salvaje y dotado de poderes como el de crear vientos huracanados con sus alas, sofocar fuego enemigo con una especie de extintor corporal que haría las delicias del cuerpo de bomberos, y de disponer de un rayo láser que divide los edificios en dos. Un enemigo poderoso y que se lo pondrá bien difícil a la tortuga.
La bajada de presupuesto se nota pero al menos podemos disfrutar de algunas escenas de destrucción muy conseguidas, además de planos elaborados y de gran calidad, como el de Gamera sujetando a Gaos mientras está amaneciendo (un plano fantástico).
El papel de Gamera tratada como un héroe de carácter siniestro y que continúa siendo temido (básicamente por los adultos), es interesante y bien resuelto. Un ejemplo de esto es la curiosa escena en que el niño protagonista, a lomos de la bestia, es rescatado a través de una noria. Un héroe visto con recelo pero que no duda en sacrificar su vida para rescatar a algún infante en apuros.
En este sentido, el elemento infantil es representado una vez más en el orondo niño de eterna gorra quien no cesa de gritar el nombre de la tortuga hasta la extenuación y de participar en reuniones y estrategias de carácter militar, dando ideas de cómo acabar con la bestia Gaos.
El infantilismo se puede atragantar por momentos pero resulta simpático y no tan deleznable como veremos en futuras entregas; aquí por lo menos vemos ciertos detalles adultos y serios.
Gaos presenta aspectos sorprendentes como son su intrínseco carácter violento. No es habitual en un Kaiju que éste se dedique a devorar seres humanos sin compasión (y menos en un film infantil como éste).
Las batallas con la tortuga gigante son atractivas y vuelven a sorprender por lo sanguinolento, en comparación con los films de Godzilla. Aquí Gaos secciona con su rayo el brazo de Gamera y mientras la tortuga no duda en arrancar con sus descomunales colmillos trozos de piel o miembros de su enemigo.
Los efectos especiales, sin ser ninguna maravilla (son bastante inferiores a los de Los monstruos del fin del mundo), cumplen en un film de estas características (gracias, seguramente a la pericia de Noriaki Yuasa en el campo de los efectos especiales) y presentando momentos sorprendentes como la primera aparición de Gaos devorando a un maleante en la cueva, con una reconstrucción a tamaño real del brazo de la bestia.
El film no duda en transmitir el mensaje ecologista típico del cine japonés, esta vez representado en la construcción de una autopista en medio de un bosque, lo que provoca los enfados del ecosistema en forma del pájaro Gaos.
También, la presente entrega, vuelve a convertirse en un festival de planes militares descabellados y absurdos para detener a Gaos, llevándose el premio esa mega construcción giratoria que comienza a dar vueltas a gran velocidad con Gaos encima y llevándose éste un mareo descomunal.
En este tramo final de descubrimientos científicos y tácticas militares, la historia se vuelve algo repetitiva y ya cansina. La música pasa muy discretamente y los actores son prácticamente planos e invisibles, llegando a un punto repelente como es la madre del niñato, quien sólo aparece para exclamar a grito pelado el nombre de su hijo.
Gaos, el terror de la noche (1967) es una entrega entretenida y muy entrañable. Un film que no destaca excesivamente pero que resulta agradable. Una película que se presenta como el último destello de mínima calidad en la saga clásica de Gamera, ya que a partir de Viras ataca la Tierra (1968), la saga se convertiría en un festival infantil inaguantable.
La línea infantil presentada por Gaos, fue bien recibida entre el público japonés siendo mucho más rentable que Los monstruos del fin del mundo (1966), y acabándose por convertir con el tiempo en la entrega más famosa y conocida de la saga clásica de la tortuga.
Dicho éxito mostró el camino a seguir para Gamera. Y a Gaos, convertido en el enemigo por antonomasia de la tortuga gigante, lo volveremos a ver siendo descuartizado en Guiron, guardián del planeta prohibido (1969) y tomando un papel muy importante en la excelente trilogía de los 90 de Gamera dirigida por Sushuke Kaneko.

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Viras ataca la Tierra
Viras ataca la Tierra (1968)
  • Japón Noriaki Yuasa
  • Kojiro Hongo, Toru Takatsuka, Peter Williams, Carl Clay, ...
4
Empieza lo peor
Pese a que Gaos, el terror de la noche (1967) fue un film que obtuvo un fuerte éxito, la tortuga Gamera tenía que enfrentarse a enemigos extra cinematográficos a los cuales era imposible vencer; la futura bancarrota de la Daiei. Los problemas financieros del estudio provocaron una drástica reducción del presupuesto en las entregas de la tortuga, hecho que provocó una caída monumental a nivel artístico en la saga Gamera. Viras ataca la Tierra (1968) supone un descalabro monumental por muchos motivos.
En el film, una raza alienígena se propone invadir la Tierra, pero se encuentran con la resistencia de Gamera, a quien deciden someter para tenerlo a su servicio. Para ello secuestran a dos niños a los que la tortuga había protegido y así consiguen implantarle un controlador para que obedezca todas sus órdenes. Gamera comienza a atacar Japón sin que nadie pueda evitarlo
En esta entrega se decidió que Gamera abrazara completamente el cine más infantil, y en ese sentido el film es para y protagonizado por niños, y no unos cualquiera, sino una selección de lo más repelente que había por aquel entonces en el cine japonés realizando una aventura, muy a lo Parchís, en el que una pareja intercultural infantil formada por un japonés y un norteamericano, no dejan de poner caras extrañas para hacer gracia, y salvan la Tierra destruyendo los planes de los ineptos y atontados malvados de turno. Y en este sentido, el infantilismo del film resulta insoportable, poniendo la guinda con los niños gritando sin parar hasta quedarse afónicos el nombre de Gamera, mientras ésta les saluda desde los cielos al son de la cancioncilla de turno. Los personajes adultos no tienen nada que hacer frente al tufo infantil del film y éstos parecen no enterarse de nada de lo que está pasando.
El bajísimo presupuesto provoca que toda la película ocurra en apenas 2 localizaciones: una playa donde los niños juegan a ser boy-scouts, y el cutre interior de una nave espacial. No hay escenas de destrucción y en general apenas vislumbramos nuevas secuencias de carácter monstruoso.
Los efectos especiales son nulos. Los stock shots de anteriores films son indignantes, colándote 20 minutos de las batallas entre Barugon y Gaos con la excusa de que los extraterrestres necesitan estudiar a Gamera. Para colmo, la supuesta invasión extraterrestre es de chiste, con media docena de japoneses con chándal y ojos brillantes controlando a Gamera para destruir la Tierra, y una vez más colándonos las imágenes de destrucción de Gamera en El mundo bajo el terror (1965), pasadas a un filtro color sepia para la ocasión.
Pero no todo puede ser malo en Viras ataca la Tierra (1968), aunque pueda parecerlo. Puedo destacar el curioso diseño de la nave espacial y pese a la orgía infantil estomagante que ofrece, contiene una escena en la que los niños navegan en un mini submarino junto a Gamera que me hace esbozar una sonrisa.
El monstruo enemigo (aunque no aparezca hasta los 10 minutos finales debido a la fusión entre sí de la tripulación extraterrestre), es uno de mis favoritos de la saga Gamera; Viras, una sepia extraterrestre azulada y de cabeza en forma piramidal capaz de atravesar el cuerpo de Gamera. Desgraciadamente, el bicho aparece al final, pero la batalla que enzarza con Gamera es lo más destacable de la presente entrega, siendo muy entretenida de ver y provocando algún que otro plano bien sorprendente.
Siempre me ha inquietado que a pesar de ser films muy infantiles, las batallas en la saga Gamera sean tan gore. En esta ocasión Viras atraviesa la panza de Gamera clavándole una y otra vez su afilada cabeza piramidal frente a la atónita mirada de los niños. La manera en la que Gamera acaba con Viras es curiosa y pone la guinda a tan extraño film.
Viras ataca la Tierra (1968) es un film directamente malo, con un infantilismo estomagante, stock shots por doquier y de ritmo aburrido aunque contenga un enemigo llamativo y una batalla final digna de admirar. Para mi sorpresa, el film funcionó en Japón a nivel de taquilla. Desgraciadamente y a partir de entonces, la saga clásica de Gamera seguiría esta línea. Para su estreno por TV en EEUU y aprovechando el tirón de Invasión extraterrestre (titulada allí Destroy All Monsters), Viras ataca la Tierra se tituló Destroy All Planets.

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Gamera contra Guiron, guardián del planeta fantasma
Gamera contra Guiron, guardián del planeta fantasma (1969)
  • 4,5
    29
  • Japón Noriaki Yuasa
  • Nobuhiro Kajima, Miyuki Akiyama, Christopher Murphy
4
Gamera y el plátano extraterrestre
Guiron, guardián del planeta fantasma (1969) sigue los mismos parámetros decadentes ofrecidos por la anterior entrega de la saga, Viras ataca la Tierra (1968) pero con la particularidad de que toda la cinta transcurre en un planeta perdido en medio de la galaxia.
Esta vez, y a través de un telescopio, unos niños ven aterrizar un platillo volante cerca de su casa. Al próximo día van a verlo y, accidentalmente, lo hacen despegar. Tras un largo viaje por el espacio, llegan al extraño planeta Tera, donde presencian una sangrienta lucha entre el monstruo Guiron y un Gaos. Poco después son recibidos por dos mujeres alienígenas que esconden perversas intenciones.
El film vuelve a ser un festival de temática infantil, aunque a su favor debo decir que la pareja intercultural de niños presentada aquí es algo más soportable que los boy scouts de Viras ataca la Tierra (1968). Eso no evita que los niños continúen haciendo estupideces sin gracia, destrozar ellos solitos los planes de las malvadas extraterrestres de turno y gritar con insistencia el nombre de Gamera. Aquí, la calamidad alcanza cotas infinitas, los niños consiguen despegar ellos solitos ¡un OVNI alienígena! Además de darse un garbeo por la galaxia hasta llegar al citado planeta fantasma. A pesar de lo delirante de la situación, es un momento que encantaría a la chiquillería en los cines.
Los personajes adultos no tienen ninguna relevancia, de hecho solo tengo el recuerdo de 2; la madre y el policía (personaje insoportable y quien demuestra una torpeza y estupidez terrible), además de la pareja de féminas alienígenas. El film técnicamente es muy pobre, reduciendo las maquetas a la mínima expresión aunque debo defender que la superficie del planeta Tera es llamativa, colorida y presenta detalles muy simpáticos y trabajados a pesar de las limitaciones presupuestarias. En este sentido los efectos especiales ya están al nivel de un episodio de la época de Ultraman, lo que es una verdadera lástima, sin desmerecer los esfuerzos de los técnicos de Ultraman. Una vez más, te cuelan 20 minutos de stock shots de todas las anteriores entregas de la saga con la excusa de que las extraterrestres quieren conocer más sobre Gamera. Uno de los aspectos más interesantes de esta entrega son las extraterrestres de turno. A pesar de ser 2 japonesas en chándal plateado y luminoso y un magnífico casco con antenas presentan una particularidad: devoran cerebros. Y en este sentido el film es muy inquietante, a pesar de su tratamiento infantil podemos ver cosas como que las extraterrestres quieren devorar los cerebros de los niñatos, que éstas rapen al cero a uno de ellos y le hagan una lobotomía o las cruentas y gore batallas monstruosas del film. Más motivos para el delirio.
Y respecto al nuevo enemigo al cual se enfrenta Gamera sigue la línea psicotrónica de Viras. Guiron es el guardián del planeta del film, una especie de plátano dentado con una enorme y temible cuchilla alojada en su cabeza, además, ¡cuidado que también te dispara shurikens! Las batallas siguen siendo un festival de momentos increíbles. Aparece un nuevo Gaos remodelado y plateado para la ocasión el cual acaba siendo descuartizado por Guiron (dicha escena fue censurada en algunos países), un momento alucinante en todos los sentidos. Y la batalla final de Gamera es un festival de estupideces humanizadas con saltos, llaves de karate, Gamera haciendo gimnasia entre otros momentos sanguinolentos que te crean una sensación muy lisérgica. Resuelto el entuerto y tras destruir la base extraterrestre, Gamera devuelve a la pareja de niños sanos y salvos a casa al son de la cancioncilla de la saga; ¡Gameraaaa, gameraaaaa!
Guiron, guardián del planeta fantasma (1969), quinta entrega de la saga es un nuevo desastre de carácter muy Z, con infantilismo estomagante, situaciones estúpidas y muy baja pobreza técnica aunque el hecho de que la historia ocurra en un planeta extraterrestre es algo único en la saga y un aspecto a tener en cuenta. Las batallas son divertidas y tienes a 2 japonesas de cascos con antenas que quieren comerles el cerebro a los niños (lástima que no lo acaben haciendo).
El film, para su estreno televisivo en EEUU, se tituló Attack of the monsters y es protagonista de uno de los episodios de la mítica serie Mystery Science Theater 3000, dedicada a comentar y cachondearse con cariño de lo peorcito del cine de ciencia ficción. Todo un honor.

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