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Críticas de Eric Packer
Críticas ordenadas por:
The Neon Demon
The Neon Demon (2016)
  • 5,6
    7.963
  • Francia Nicolas Winding Refn
  • Elle Fanning, Karl Glusman, Jena Malone, Bella Heathcote, ...
8
Una película vacía
Una película vacía. Fue el primer comentario tras haber visto The Neon Demon: llena de luces de colores, de música electrónica agradable y caras bonitas. Pero, a fin de cuentas, una película sin nada, vacía. 7 días después las cosas han cambiado, en la cabeza sigue dando vueltas esa escena final que aún no he podido digerir y esto me ha obligado a verla por segunda ocasión. La interpretación ahora es que lo más probable es que la película haya sido concebida así para dar la apariencia de vacuidad que hay no sólo en las pasarelas y en las vidas de aquellos que viven para y por la moda (donde la belleza y el reconocimiento son efímeros), escenario en el que se desenvuelve la historia, pero bien pudo haber utilizado cualquier otro ámbito para contar la historia del cachorro enfrentándose a la hostilidad de los lobos veteranos con el fin de encajar en la manada; bueno, a lo que iba: lo que se nos cuenta en The Neon Demon, al interior de este microcosmos lleno de glitter y de la mejor iluminación para disimular imperfecciones, no es más que la degradación del ser humano, una metáfora para representar la actualidad del más cruel de los mundos y la mejor forma para sobrevivir en él.

Al inicio, luego de una breve lluvia de escarcha sobre un fondo azul, vemos a Jesse tumbada en un sofá, degollada y formando un charco de sangre rojo oscuro en el suelo, como recién salida del baile de graduación de Carrie o como una muñeca de porcelana rota, la toma se abre –remembranza del final de la Montaña Sagrada de Jodorowsky– para descubrir que la muerte es simulación y está posando para un fotógrafo. La vida de alguien siendo observada bajo cualquier tipo de lente que esté enfocando directa, exclusivamente a ese alguien desvirtúa su realidad, puesto que la realidad se vuelve ahora en perspectiva del que observa, ese ojo es una amenaza que tarde o temprano hará cambiar el comportamiento de lo observado que ya no es sujeto sino un objeto manipulado (maniquí, títere) al antojo de aquel que está detrás de la lente, de ahí la importancia de elegir a quién se le permite estar detrás de la cámara, de ahí la navaja cortando el ojo en la primera película de Buñuel.
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Julieta
Julieta (2016)
  • 6,3
    15.796
  • España Pedro Almodóvar
  • Emma Suárez, Adriana Ugarte, Daniel Grao, Inma Cuesta, ...
7
Julieta de los espíritus
A pocos minutos del visionado del nuevo film de Almodóvar, en uno de los días mas calurosos y soleados en lo que va del verano, me viene a la mente Hannah y sus hermanas de Woody Allen pero no porque las películas cuenten con alguna relación temática sino porque las dos, a mi parecer, me han resultado la experiencia más cercana a estar leyendo un libro al momento de acudir a una sala de cine. En Julieta de Almodóvar se alcanza a ver toda la destreza narrativa de Pedro ganada con los años –ausente en la buena broma que fue Los amantes pasajeros– para contarnos una historia hecha de muchas historias –bueno, sólo tres– de la “nobeleada” Alice Munro, (premisa que recuerda a lo que hiciera Robert Altman con su Short Cuts a principios de los noventas para crear enlaces entre varios relatos breves aparentemente inconexos de Raymond Carver), historias de mujeres conflictuadas internamente y con su entorno, que se ven por demás comunes, que no van a cuento o sin trasfondo pero que si se las analiza con detenimiento y ojo cinematográfico sus avatares toman otra dimensión y casi casi llegan a terrenos de la tragedia griega. Julieta comienza con el rojo vivo y el azul eléctrico, marca de la casa de Almodóvar, el primer color está en la bata que porta una ojerosa Emma Suárez –que suponía ya retirada del medio– y el azul en el sobre de una carta que ella misma arroja al cesto de la basura. A no mucho de esta escena inicial un tanto enigmática que me recordó a Camilla en Mulholland Dr. de Lynch dejando caer el misterioso cubo azul en la habitación vacía de la tía Ruth, vemos a Dario Grandinetti, que pareciera repetirse como Marco de Hable con ella y que aquí va del interés amoroso de la Julieta madura, hablando de un planeado viaje a Portugal y bla bla bla, luego viene un encuentro fortuito con Bea, una chica guapa de ojos verdes que viene como un espíritu errabundo, de un pasado cercano del que Julieta se creía ya liberada por medio de distractores como el trabajo y Lorenzo, el personaje de Darío Grandinetti. Poco después llega una revelación que hace tambalear la frágil estabilidad bajo los pies de Julieta y entonces es que toma el bolígrafo, encuentra una hoja en blanco y el libro cobra vida: la sangría, oraciones, puntos y comas y puntos suspensivos comienzan a aparecer luminosos frente a nuestros ojos. Pero este libro en realidad no es para nosotros, voyeurs, el libro en sí es una extensa carta dirigida a Antía –un espíritu más–, la hija de Julieta: comienza a escribirse así la historia teniendo de fondo una noche de invierno en los ochentas, antes de que Antía siquiera estuviera pensada en la vida de su madre, ponemos el pie en el escalón del tren –donde como un pasajero más va el fogoso pescador que será el padre de Antía– e inicia el viaje que nos llevará por varias estaciones al pasado de Julieta para entender su presente que quizás nos permitirá predecir su futuro. Esta primera parte –porque hay que decirlo es muy marcada la partición entre la Julieta contenta del pasado y la Julieta triste de ahora, suerte de Melinda y Melinda, de nuevo Woody Allen, o al recurso de Ese Obscuro Objeto del Deseo donde Buñuel sin dar explicaciones usaba 2 mujeres para dar vida a la misma mujer: una la gélida y sofisticada, la otra cálida y sensual– es interpretada por Adriana Ugarte, y, bueno sin develar más parte de la trama hay un punto álgido en la historia, cuando ya todo se estaba volviendo un relato monótono que ya no daba para más sobre una familia que vive junto al mar, en el que Julieta sufre una metamorfosis y Adriana Ugarte es reemplazada por una sonámbula y afligida Emma Suarez –mostrando lo desperdiciada que ha estado como actriz en los últimos años–. En Julieta Almodóvar hilvana, tal vez como en ninguna otra de sus películas, la historia de varias mujeres antagonistas y silenciosas, al contrario de su Volver donde las mujeres, incluso madre e hija y abuela fantasma, enemistadas por distintos motivos, se unían todas en busca de la redención, aquí sin embargo todas buscan la independencia, como Greta Garbo “to be alone”, para macerarse en sus culpas hasta que se les haga la piel más dura o quién sabe con qué místico fin. Pero bueno a destacar es que esta, dejando de lado el personaje de Rossy de Palma, el ya citado rojo y azul que han empapado la cinematografía de Almodóvar desde sus inicios y el agónico canto de Chavela Vargas, es la película menos almodovariana en la filmografía de Pedro, pudiésemos decir que no parece una película suya: no hay personajes enloquecidos ni graciosos a pesar de la tragedia, ni un tinte de comicidad en Julieta: tiene más de Bergman, Hitchcock y Antonioni... mucho más de La Aventura de Antonioni que de lo ya visto en el cine de Almodóvar previo pero no por esto desmerece, el lado sobrio y austero –o como muchos ya han citado, "contenido"– de Pedro es por demás intrigante; ah, y tiene una frase que es un balazo y que me ha dado vueltas por la cabeza al terminar la película –en ese final que es un coitus interruptus– y encenderse la luz, dejar la butaca, bajar por las escaleras eléctricas y salir del aire acondicionado del centro comercial donde está el cine para encontrarme con esa misma tarde soleada, quizás la más calurosa en lo que va del verano: Tu ausencia llena mi vida por completo y la destruye, en esta frase se resume el libro que Julieta le ha escrito a su hija y que nosotros, indiscretos, nos hemos atrevido a leer sin su consentimiento.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Spotlight
Spotlight (2015)
  • 7,3
    42.533
  • Estados Unidos Thomas McCarthy
  • Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, ...
4
Los Superamigos en Boston
Spotlight es una película basada en un hecho real y tiene el aire de ciertas películas de denuncia como All the presidents men (contra el gobierno de Nixon) o Silkwood (contra los corporativos), entre otras; y en algo nos recuerda a Network joya imperecedera que ejemplifica que los medios -sea cual sea este- son el cuarto poder pero en ocasiones pueden llegar a convertirse en el primero, por el tema tiene algo de la Sleepers de Barry Levinson. La película toma por protagonista al staff de reporteros, de buen corazón y moral impoluta, de un periódico local que descubre un caso de pedereastia en la Iglesia Católica de Boston (oye, qué raro si esto no sucede) sepultado por años y que desentierran con la finalidad de hacer algo por las víctimas que ya son treintones o cuarentones afectados y que según la versión de la historia buscan no un beneficio propio remunerado sino que esto tenga un hasta aquí y no se vuelva a repetir. Bueno, la película es aburrida, cuenta con lugares comunes que ya están más vistos incluso en cualquier serie de televisión policiaca o en The Newsroom donde el compromiso profesional de los reporteros por conseguir la verdad es lo primordial cueste lo que cueste. Los personajes tienen buen inicio hasta que al guionista y al director les da por hacerlos ver como a los Superamigos en La Liga de la Justicia en este caso los reporteros del The Boston Globe reunidos en la Sala de Juntas planeando cómo acabarán con los sacerdotes pedófilos lo que los torna en desagradables y poco creíbles (remarcando que son pintados todos con una alta moral y ética irreprochables). Y, bueno, poco a poco nos damos cuenta que lo que se ve aquí es que en realidad lo que menos importa al staff del periódico es que se detenga a los sacerdotes o ayudar a los "child molested" sino que lo que buscan es llevarse la primicia a toda costa para vender y que su primera plana sea primera plana a nivel mundial. Ok, pues bueno... Lo que yo puedo decir es que en Spotlight no hay tensión, no hay ritmo, se hace cansada y larga y el desinterés viene pronto porque es una historia que quizás ya es conocida por todos -hasta Almodóvar en La Mala Educación nos ha contado de una manera más entretenida, su manera, la pederastia en la iglesia católica- y ha sido retratada mejor en documentales o en notas periodísticas, de hecho Capturing the Friedmans de Jarecki es un documental que conmueve más al denunciar de manera directa a los medios en su carácter de "influenciador" de la opinión pública en un caso de abuso sexual a menores muy similar al que se cuenta en Spotlight; la película nos hace pensar y mucho en algún capítulo de Law & Order: Special Victims Unit y éste tiene más tensión, ritmo e interés que esta biopic que aunque se lee en la sinopsis prometedora a los pocos minutos de que comienza se va diluyendo en lugares comunes y escenas que ya se han visto, reitero, en series de televisión mejor logradas o en un listado largo de películas que van de lo mismo como Michael, La Duda, Jagten, o cualquiera de las retorcidas películas de Todd Solondz. Quizás si la película hubiera tomado riesgos al exponer el caso, como por ejemplo en la innovadora El Misterio Von Bulow de Barbet Schroeder, habría llamado un poco más la atención pero no se salió del marco y quiso llegar a lo seguro lo que la hace muy plana.
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21 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hawaii
Hawaii (2013)
  • 6,6
    441
  • Argentina Marco Berger
  • Manuel Vignau, Mateo Chiarino, Mercedes Quinteros, Luz Palazón, ...
7
Cine del deseo
De Marco Berger he visto su filmografía completa, hasta ahora, desde sus cortometrajes cuasi amateurs Una Última Voluntad (que remite, un poco, a Un Chant D’Amour de Jean Genet) y El Reloj hasta su enigmática y oscura Ausente habiendo pasado por sus opera magna Platero (corto incluido en el colectivo Cinco) y la indispensable Plan B. Y si alguna cualidad o rasgo distintivo hay por destacar en su forma de hacer películas es que el suyo más allá de ser cine gay –que lo es, temáticamente– es cine que tiene como ancla el deseo: Hawaii –como Plan B, como Ausente, o sus cortos El Primo y Brazos Rotos incluidos en Tensión Sexual, Vol. 1: Volátil– es una enternecedora fantasía homoerótica en la que los personajes se ven maniatados por sus prejuicios –o los que la sociedad les ha impuesto–, son incapaces de manifestar, quizás por las consecuencias que esto pudiese llegar a tener –el rechazo, sobre todo–, o algún complejo de culpa de origen religioso lo más seguro, las emociones que comienzan a bullir en su interior a partir de que la mirada de uno se fija en el otro. Hawaii comienza con un silencioso y solitario joven rubio de aura misteriosa que, como en los mejores westerns de la historia del cine, arriba a un pueblo y transita sus calles con recelo –no carga un arma en el cinturón y tampoco viene a caballo, en cambio trae su mochila al hombro y los jeans empolvados–, sus gestos no son duros a la Clint Eastwood sino gentiles, pero al igual que los héroes del Viejo Oeste representados por este el mutismo es su principal característica –lo que no se dice con palabras y sí con miradas así como la contención de emociones son otros de los sellos autorales en el cine de Berger– su errático comportamiento y la pregunta que le hace a una lugareña nos hace pensar en un inicio que es una deuda del pasado lo que ha venido ahora a saldar al pueblo este aparente hombre sin nombre. El transcurrir de la historia, hay que decirlo con una sobrecargada banda sonora que embrutece en ciertos momentos la delicadeza de las imágenes, nos lleva a conocer a Eugenio –interpretado por el otrora protagonista de Plan B– un escritor que reside en una vieja casa de campo adonde ha ido a recluirse con el fin de concretar su primera novela, casa a la que Martín, nombre del anónimo joven rubio que provino de la nada en un inicio, llega una mañana solicitándole laburo; este encuentro nos confirma que Martín no ha aparecido en realidad casualmente y de la nada sino como supusimos, del pasado: ambos fueron vecinos en la infancia y esta vieja finca viene a convertirse algo así como en la montaña Brokeback en la que alguna vez descubrieron esa desconocida emoción a la que no pudieron poner freno Jack y Ennis, en este caso Martín y Eugenio van tensando el hilo de sus coqueteos y cediendo a la tentación mientras su comportamiento se va infantilizando al punto de que se ponen a jugar con una escopeta de balines y nadan desnudos en el río siendo que ya ambos están entrados casi en la treintena, guiño a Proust y al tiempo perdido que puede llegar a ser recuperado. Una teoría que pongo sobre la mesa tras el visionado de Hawaii es que hay un inteligente juego de metaficción creado por Berger que recuerda mucho al que Ozon planteara en Swimming Pool: Eugenio, de oficio escritor, escribe la historia que estamos viendo, la llegada de Martín, su vida de anacoreta en la naturaleza, su deseo irreprimible por Eugenio pero que al momento de concretarse con un beso lo atemoriza al saber que su deseo se ha vuelto infatuación por lo que lo hace desaparecer de la historia, cuando se da cuenta de que cometió un error grave al alejarlo es necesario traerlo de vuelta así como recurrir, a través de la palabra ananá, al pasado, ese momento donde no había ningún temor por ser y hacer lo que ambos quisieran. Si algo se le agradece a Berger es que su historia no tiene un final tan dramático como si lo tuvieron la propia Brokeback Mountain o Weekend, historias relativamente recientes que son emblemáticas en el cine gay contemporáneo.
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
El desconocido del lago
El desconocido del lago (2013)
  • 6,5
    3.031
  • Francia Alain Guiraudie
  • Pierre Deladonchamps, Christophe Paou, Patrick D'Assumçao, Jérôme Chappatte, ...
7
A la caza (en el lago)
De 1980 es Cruising, thriller nocturno dirigido por William Friedkin y protagonizado por Al Pacino: cinta polémica, denostada públicamente en su estreno por su temática gay que entonces se atrevió a exponer de manera gráfica y sin reservas (un detective encubierto se infiltra en el sórdido mundo de los bares para homosexuales de la subcultura leather-sadomasoquista neoyorquina para “cazar” a un asesino en serie cuyas víctimas son clientes asiduos de estos sitios) tanto que incluso fue reeditada -mutilada- puesto que algunas de sus escenas rayaban en el porno hardcore. En 2013 se pone en boga en el cine el tema del cruising (práctica sexual consistente en mantener relaciones sexuales en lugares públicos, generalmente de forma anónima y sin compromisos) cuando James Franco y Travis Matthews deciden recrear en un mediometraje (Interior. Leather Bar) los cuarenta minutos que fueron censurados de la vapuleada película de Friedkin y con Pit Stop de Ten Yan que se centra en la relación que mantienen un par de hombres que no son abiertamente homosexuales y tienen una cita DADT (Don’t ask, don’t tell); L’inconnu du lac es el complemento a la Cruising de Friedkin (y de manera indirecta a la Interior. Leather Bar de Franco-Matthews): el director Alain Guiraudie prefiere la contemplación, la pausa y la naturalidad (contra la urbanidad, vertiginosidad y la caricatura de Cruising): la “acción” se lleva a cabo en un lago semioculto en un monte francés al que hombres de todas complexiones, y condiciones, arriban para despojarse tanto de sus ropas como de las vidas que llevan hasta antes de estacionar y descender de sus automóviles, llegar y tenderse sobre la costa y sostener breves pero intensos encuentros furtivos entre arbustos y maleza crecida con otros hombres ignotos en la zona despoblada sólo para que al ponerse el sol regresen a su cotidianidad en la que, lo más seguro, nadie sospeche que encuentren solaz para sus pasiones bajas en el lago. La historia se focaliza en 3 personajes principales: Franck quien siente una fuerte atracción física por Michel (que posee un cuerpo sobre el que se depositan no pocas miradas lascivas) pero, al mismo tiempo, y quizás sin proponérselo Franck va creando un vínculo emocional con Henri, un hombre de edad madura y cuerpo abotagado que visita habitualmente el lago pero se mantiene alejado de la dinámica sexual -a su edad ya no ve al coito como una necesidad básica-, una figura que de cierto modo funciona como un vigilante y guía que entre sus muchos monólogos asegura que los bagres gigantes escondidos en las apacibles aguas del lago pueden atacar cuando menos se lo esperan los nadadores (sutil metáfora que nos dice que el lago provee a los hombres de lo que van a buscar pero de igual manera se puede volver en un peligro si no se tiene precaución). Estos tres ejecutantes tienen un desempeño actoral tan natural que llega a espeluznar. La historia va poco a poco abriéndose ante nosotros haciéndonos sentir constantemente como uno más de esos voyeurs que mueven las ramas de los árboles o se ponen de cuclillas y se abren campo entre la hierba alta para espiar a las parejas que cogen frenéticamente sin pudor sobre la hojarasca y preservativos usados; luego de una lucha interna de Franck entre resignarse o hacer lo imposible por conseguir su objeto de deseo -que ya está emparejado- y cuando todo parece ir en su contra ocurre el evento que cambia la jugada y a la vez todo lo coloca en su sitio, y a pesar de que se sugiere el desenlace fatal la tensión no disminuye... Hitchcock (con un toque de la Night Of The Hunter de Laughton) una vez más se hace presente en una trama en la que parece que no habría cabida para alguno de sus maquiavélicos pretextos: uno de los giros más inesperados y desconcertantes en el cine desde el que sucede en L’avventura de Antonioni. El arriesgado estilo de Guiraudie desde Ce vieux rêve qui bouge, película que tiene mucho en común con L’inconnu du lac al retratar ambas la imposibilidad para concretar los deseos así como sus repercusiones al lograr cumplirlos y la relatividad y fugacidad de la felicidad, es parco, cuasi documental y no se autocensura al momento de plasmar en pantalla las relaciones homosexuales: por esto pudiera catalogársele como director exclusivamente gay, más cercano a los arrojados Todd Verow, João Pedro Rodrigues y a Jacques Nolot que a los ya abigarrados y comerciales John Waters, Francois Ozon y Almodóvar, de hecho esta L’inconnu du lac remite directamente a La chatte a deux tetes de Nolot, film que relata con un realismo inusitado la mecánica del cruising en un cine porno o a L'homme blessé de Patrice Chereau sobre la destructiva relación entre un par de hombres que se conocieron en un baño público. Ah, por cierto, esta película ha llamado más la atención porque uno de sus carteles fue censurado por mostrar a 2 hombres besándose mientras hay varios hombres desnudos al fondo sobre la costa.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El pasado
El pasado (2013)
  • 6,9
    4.960
  • Francia Asghar Farhadi
  • Bérénice Bejo, Tahar Rahim, Babak Karimi, Ali Mosaffa, ...
3
¡Que pase el enamorado!
Una separación es una película intensa, melodramática, que plantea y desarrolla complejos dilemas morales con aparente simplicidad, pero sobre todo que fluye con naturalidad a pesar de contar con sus trucos en el guión y no se torna pesada. El pasado en cambio...

El pasado nos condena fue el título que se le dio en Latinoamérica a Monster's Ball la película que le dio el Oscar a una histriónica Halle Berry. En Le passé de Farhadi cambiemos a Halle Berry por una Bérénice Bejo (sobreactuada casi siempre) que al igual que la primera es incapaz de controlar sus nervios y explota por cualquier detalle y en este caso está condenada a vivir en el presente arañada de manera constante e incesante por las garras del pasado, de una vida previa irresuelta (le reaparece el marido cuando ya ha encontrado reemplazo para éste). Y esto se lee muy bonito; sin embargo, al verlo en pantalla en primer lugar aquella naturalidad y realismo -a lá Mike Leigh- que volvían a Una Separación una historia fluida e interesante aquí la hacen parecer un talk show crudo y polémico al estilo de los conducidos por Jerry Springer o por la infame Laura Bozzo, en el que el espectador es testigo de como se van revelando detalles morbosos -que de tan melodrámaticos se perciben telenovelescos, e irónicamente a pesar de contar con esta característica no le otorgan el suficiente peso dramático a la historia (el detalle de los emails es casi pueril)- de las vidas privadas de los miembros de una familia en medio de gritos, maltrato a los hijos, violencia en general por parte de una madre loquita que requiere de manera inmediata de terapia psicológica para su neurosis. Esto, quizás sólo por el morbo, podría sonar interesante y no obstante las situaciones en pantalla son tan elongadas y no llegan a ningún punto en particular que deje huella en el espectador por lo que pasan con más pena que gloria. Así es que esta película no sirve más que para ser un ejercicio más de Farhadi en cuanto a la expresión de su lenguaje fílmico que lo va encasillando en el género del melodrama familiar, no nos sorprendamos si muy pronto lo vemos realizando unitarios al estilo de Lo Que Callamos Las Mujeres.
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8 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Prince Avalanche
Prince Avalanche (2013)
  • 6,0
    633
  • Estados Unidos David Gordon Green
  • Paul Rudd, Emile Hirsch, Lance LeGault, Joyce Payne, ...
3
No es más aburrida porque no dura más minutos.
Un par de hombres dispares que se dedican a marcar con líneas amarillas un camino ya hecho, pero que parece ser interminable de recorrer. Un diálogo soporífero de varios días en el que el contraste entre ambos hombres, brothers-in-law, va haciéndose menos marcado cuando comienzan a compenetrarse por medio de las confesiones que sobre sus vidas se hacen el uno al otro. Con ecos al absurdo de Beckett y mucho de la Gerry de Gus Van Sant (una de las películas más aburridas de la historia si no se le ve en el mood adecuado), Prince Avalanche no es más que una pieza de escaso contenido, que no divierte en un solo minuto, con una fotografía bonita, con un Paul Rudd sin gracia y que, sobre todo, sirve para demostrar que Emile Hirsch es una estrella que poco a poco se ha ido apagando en el firmamento cinematográfico (haciendo cosas como The Darkest Hour y Venuto Al Mondo o en ese papel de relleno que interpretó en Savages de Oliver Stone) luego de su magistral interpretación en Into The Wild. Ah, se supone que la película es una metáfora para entender que no es lo mismo "to be alone" que "to be lonely".
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8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Crystal Fairy y el cactus mágico
Crystal Fairy y el cactus mágico (2013)
  • 5,8
    674
  • Chile Sebastián Silva
  • Michael Cera, Gaby Hoffmann, Juan Andrés Silva, José Miguel Silva, ...
4
Crystal Hairy
Un gringo, Jamie, aspirando cocaína en una fiesta en Chile se encuentra a otra gringa, rara -la Crystal Fairy del título-, de costumbres new age jodorowskyanas (no se acicala, lee el tarot, limpia sus chacras, prefiere los vegetales a alimentos procesados, etc.) y que se les adhiere -se vuelve una carga- en un roadtrip que Jamie había planeado hacer junto a 3 hermanos chilenos alivianados para buscar una droga potentísima que se llama San Pedro y es un cactus y les hará vivir una experiencia que abrirá sus mentes y espíritus; el roadtrip sirve para presentar, de manera esterotipada, a la gente y al pueblo a quienes hace ver de unas costumbres extrañas a ojos de los extranjeros así como también para definir el conflicto entre los personajes de Jamie y Crystal Fairy que no se soportan al principio y pues... ya nos imaginamos cómo acabará. Eso es esto: una película aburrida, sin propuesta y que por momentos se burla de la forma de vida en pueblos latinoamericanos o, puesto en otras palabras, una comedia romántica existencialista psicotrópica y sin mucho chiste (sólo tiene un gag gracioso en el que queda demostrado que Crystal Fairy es hairy). De no ser por Michael Cera, a nadie le llamaría la atención verla. En serio que Gaby Hoffman mejor no hubiese regresado al cine para hacer este personaje "free spirited" digamos parecido a la Clementine de Eternal Sunshine Of The Spotless Mind pero con un exceso de vello corporal y más "locochona". La última imagen que guardaba de ella fue como una de las hijas de Alan Alda y Goldie Hawn en Everyone Says I Love You, la exquisita comedia musical de Woody Allen, qué mal han pasado los años por ella. Ah, sí, esta película forma algo así como un díptico junto a Magic, Magic la otra película que el director Sebastián Silva filmase casi al mismo tiempo en Chile y teniendo a Cera como protagonista y que por cierto le quedó un poco mejor que ésta no obstante que ambas adolecen del mismo mal.
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5 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
Magic, Magic
Magic, Magic (2013)
  • 5,3
    977
  • Chile Sebastián Silva
  • Juno Temple, Michael Cera, Emily Browning, Catalina Sandino Moreno, ...
4
Al final se le va de las manos
No es para nada algo nuevo el argumento de “chica histérica que ve cosas espeluznantes que podrían o no ser reales” en la historia del cine para desarrollar una cinta de terror psicológico (Black Swan es de los ejemplos más recientes); sin embargo, la mayoría de estos filmes tenían en común (hasta que apareciera Images de Robert Altman) el que se llevaran a cabo en un espacio claustrofóbico como lo es un departamento (Repulsion, Rosemary’s Baby): en Magic, Magic se cambian las cuatro paredes por algo tan vasto como lo es la zona selvática en el sur chileno y de alguna manera el director consigue que semejante lugar se sienta opresivo, asfixiante. Alicia (Juno Temple, fresquecita luego de la excelente Killer Joe) llega a Chile para reunirse con Sarah, su prima a la que tenía tiempo sin ver, emprenderán un viaje a una casa de campo a las afueras de la ciudad junto a 3 amigos más: Agustín (novio de Sarah), Bárbara (la puntillosa hermana de Agustín) y Brink (un personaje cuyo comportamiento es irritante quizás sin saberlo y, de igual manera, sin querer se volverá el detonante de varias cosas en la historia). Antes de partir, Sarah avisa que no viajará con ellos (por una razón que luego se develará en la trama) pero luego los alcanzará; ante esto, Alicia manifiesta un temor infundado por permanecer con estos 3 desconocidos individuos en el sitio despoblado y su comportamiento va tornándose más y más extraño hasta ser un remedo de la Carol Ledoux a quien Catherine Deneuve diera vida en Repulsion. La historia se tarda mucho en atrapar, hasta la noche previa a la llegada de Sarah a la casa de campo pareciera no ir hacia ningún rumbo entre conversaciones triviales y momentos de la cotidianidad que reflejan el contraste entre las costumbres de Alicia y el resto y escenas en las que más de una vez se nos quiere dar a entender que Alicia en su trastorno paranoide está convencida de que la naturaleza (ese intenso ruido de pájaros que sólo se escucha en su habitación) y los demás miembros de la casa están en su contra. Sobresalientes son las imágenes del lugar capturadas por el virtuoso ojo de Christopher Doyle (el detalle del impermeable amarillo de Alicia contra los verdes de la hierba y el azul del mar, que a la vez hace recordar a Don’t Look Now de Roeg, sólo alguien que entiende de estética pudo haberlo decidido); de las actuaciones, la protagonista así como el grotesco, y de reprimida homosexualidad, Brink interpretado por Michael Cera se llevan las palmas. No obstante que la propuesta del chileno Sebastián Silva en este largometraje no es nada del otro mundo pudo haber sido mucho más interesante si hacia su culminación no hubiera perdido todo el suspenso que creó al hacer una elección de muy mal gusto y que saca casi a patadas al espectador de la historia. (En el spoiler cuento el final)
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4 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Expediente Warren: The Conjuring
Expediente Warren: The Conjuring (2013)
  • 6,8
    47.261
  • Estados Unidos James Wan
  • Lili Taylor, Vera Farmiga, Patrick Wilson, Joey King, ...
6
No es una película de miedo
The Conjuring es una buena película de terror aunque no provoque miedo como lo hiciera Insidious -la obra previa de James Wan-, sin embargo es un película angustiante, y al adentrarnos en la historia -que no es algo del otro mundo, a pesar de servirse de elementos de otro mundo- se vuelve una película algo melancólica y triste. Como ha sucedido últimamente en estas "nuevas" incorporaciones al género del terror, al subgénero de casas embrujadas siendo más exacto, por alguna razón los expropietarios del domicilio -ya fallecidos- están condenados a ser espíritus chocarreros y a hacerle la vida de cuadritos a los nuevos inquilinos moviéndoles ya sea el tapete o jalándoles las sábanas mientras duermen, etc.; The Conjuring (como Mamá, como Poltergeist) se enfoca en la relación materno-filial para causar en el espectador una mezcla extraña de tristeza, compasión por lo que sucede en las vidas que se van desmoronando de los personajes y deseo porque todo se solucione pero al mismo tiempo exaspera con los rodeos que da el guión para postergar así el desenlace. A fin de cuentas, lo que quería decir es que The Conjuring no da miedo, tiene por lo menos 3 escenas de sobresalto, de esos que hacen que todos en la sala de cine griten pero si ya viste el tráiler, y si ya eres avezado en este tipo de películas son muy previsibles los momentos en que el director te va a querer asustar, por lo que ya no causarán ningún efecto en ti. He de confesar que como ya ha sucedido con las más recientes películas de terror que he visto, son mejores los tráilers que la película en cuestión, de tener que calificar al tráiler de The Conjuring le pondría un nueve... Pero bueno, ya, decepcionado un tanto por lo rutinario de la historia que se cuenta (una familia lidiando con un ser maligno y que es ayudada por una pareja de cazafantasmas-parapsicólogos-ultrarreligiosos-que visten como lunáticos, para exorcizar el domicilio) en The Conjuring lo más entretenido es detectar los homenajes o guiños que el director hace a películas de terror de la vieja escuela: a Magic o a Chucky al contar en paralelo la historia de la muñeca Anabell, a Poltergeist y al Exorcista es evidente la manera en que se ha nutrido de estas historias, a The Birds de Hitchcock y a una película que casi nadie conoce y que es de las mejores películas de terror de la historia que se llama Al final de la escalera o The Changeling en la ya obligatoria escena de la pelota que bota por sí sola. Es molesto que se hable tanto de la actuación de Vera Farmiga como la vidente-médium Lorraine Warren, en serio que no hay nada fuera de lo normal en su retrato de la investigadora en fenómenos paranormales, no difiere en mucho del papel que ya antes hizo Diane Baker de la misma mujer en La Casa de Las Almas Perdidas, una historia similar sobre una casa invadida por entes malignos, entre ellos un súcubo. Lo más sobresaliente en The Conjuring es la actuación de Lili Taylor que en muchas ocasiones se repite a sí misma en su personaje de Eleanor en La Maldición (The Haunting). Esta The Conjuring que vi no es la película de miedo de la que todos me contaron que te quitaría el sueño y te haría despertar a las 3:07 a.m. para revisar si no había alguien a los pies de la cama.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Battery
The Battery (2012)
  • 6,1
    1.382
  • Estados Unidos Jeremy Gardner
  • Jeremy Gardner, Adam Cronheim, Alana O'Brien, Niels Bolle, ...
8
La mejor escena que he visto en una película de zombies
The Battery es el contrapunto a la mayoría de las películas de zombies que he visto a lo largo de muchos años, podría decirse que es la aportación que el cine indie y hipster, con pretensiones de cine de arte, hace a este subgénero del cine de horror. Es también una road movie y su ritmo es –como el de los propios muertos vivientes al andar– parsimonioso, contemplativo llegando incluso a ser tarkovskiano por momentos; se comporta mesurada de igual manera a la hora de tener que mostrar los grotescos del mundo en decadencia, de alguna forma busca llegar al espectador a través de otros medios que no sea el impacto visual con escenas de vísceras o cuerpos descompuestos como suele suceder en casi todas las películas de esta clase pero, sin embargo, tiene unos sorprendentes estallidos de violencia que dejan helado a cualquiera. The Battery, en realidad, hace uso del tema de los zombies para revestir una enternecedora narración sobre la amistad forjada entre dos hombres al estilo de Butch Cassidy and the Sundance Kid y The Odd Couple: Ben y Mickey son dos jugadores de beisbol que sólo tienen esto en común más el hecho de haberse encontrado juntos cuando sobrevino la plaga de zombies (la película nos sitúa varios meses después de este hecho, cuando ya el mundo está devastado): de ahí el título de la película, son como los polos positivo y negativo de una batería. Ben es un tipo relajado y desaliñado, un sobreviviente nato que pronto se adapta a la situación caótica, entiende que el mundo ha cambiado y se resiste a anclarse a un lugar fijo porque está latente siempre la amenaza de quedar enclaustrado en él por tiempo indeterminado en caso de ser rodeados por una horda de zombies; Mickey, que lleva siempre los audífonos para evadir la realidad, ya está cansado de ese viaje interminable y que parece que no los conduce a ningún lado, se niega a tener que matar por segunda vez a los muertos revividos y tiene la esperanza de encontrar a una mujer a quien amar aun en este mundo. En un momento de la película, en el que ambos discuten, Ben se define a sí mismo como realista y a Mickey, en tono despectivo, le dice que es un romántico empedernido. Ambos protagónicos son carismáticos y las situaciones en las que se les pone, aunque algunas ya sean tópicas en el cine apocalíptico, son bien llevadas y resueltas. Jeremy Gardner maneja con soltura la cámara en su primer largometraje y captura casi con delicadeza los momentos más íntimos y emotivos de Ben y Mickey. Gardner, incluso, ha conseguido filmar la que considero la mejor escena en una película de zombies:
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lovelace
Lovelace (2013)
  • 5,4
    1.204
  • Estados Unidos Rob Epstein, Jeffrey Friedman
  • Amanda Seyfried, Peter Sarsgaard, Sharon Stone, Juno Temple, ...
4
Linda Susan Boreman
Lovelace es una típica e inofensiva biopic que se acerca mucho al telefilm, aunque incluya unas cuantas escenas de pechos al aire, centrada en una de las figuras más recordadas en la historia de la industria del cine pornográfico: Linda Lovelace, protagonista de Deep Throat –la película más redituable en la historia del cine porno y que se volvió un fenómeno mediático y posteriormente emblema de la década de los setentas cuando el delator del caso Watergate se hizo llamar Deep throat– la “trama” de la película iba de una mujer que no conseguía encontrar placer y al consultar con el médico éste descubre que su clítoris está en la parte posterior de su boca. Lo primero en llamar la atención de Lovelace es la elección de la protagonista, Amanda Seyfried quien no había dado una actuación tan arriesgada en su carrera desde Chloe de Atom Egoyan, puesto que en el resto de su filmografía había optado por personajes que la venían encasillando en el papel de la rubia tonta, buena y sufrida (exceptuando a Needy de Jennifer’s Body). La historia no es buena sino rutinaria y predecible: la primera parte nos muestra la pérdida de la inocencia de Linda, la seducción por parte de Chuck Traynor, un tipo que regentea un bar de prostitutas y que ve en Linda la oportunidad para hacer dinero de su cuerpo, la enemistad con sus conservadores padres por sus decisiones precipitadas y conducta rebelde y blablablabla hasta que a Linda Susan Boreman le cambian el apellido por Lovelace y filma la película que la volvió icono de la pornografía y, quizás sin proponérselo, de la liberación femenina. Pero es en la segunda parte donde se nos muestran pequeñas escenas retrospectivas que dejan en claro que este ascenso a la fama (ya se ha vuelto un cliché que el punto más alto de la fama en la pornografía siempre es que te incluyan en las listas de invitados a una fiesta de Hugh Hefner el dueño de Playboy) no fue tan sencillo ni mucho menos ansiado por Linda... Lo que se intenta hacer en Lovelace es exculpar a Linda, dejar en claro que nada de lo que hizo en esos 17 días en los que vivió en la industria del porno fue por su propia voluntad: se culpa en primer lugar a su pareja, Chuck, un hombre que abusaba de ella en todos los sentidos, luego a su madre quien le dijo que no tenía que abandonar jamás a su marido y por último a los medios que la hicieron ver ante el ojo público como un devaluado objeto sexual. La recreación de la época es buena, hay algunas escenas que hacen recordar a Boogie Nights la ópera sobre la pornografía de P.T. Anderson, pero la otra película con la que Lovelace tiene mayores paralelismos es con Star 80 de Bob Fosse, biopic de Dorothy Stratten, la malograda conejita de Playboy que pasó por el mismo calvario, del que Linda Lovelace logró escapar, en manos de un hombre posesivo y de fuerte temperamento que la obligaba a permanecer en ese mundo “inmoral” y que, cegado por los celos, le dio muerte. Creo que esa es la moralina sobre la que Lovelace quiere hacer hincapié: chicas guapas no se dejen manipular y mucho menos maltratar por un hombre, o algo así.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Passion
Passion (2012)
  • 5,2
    1.828
  • Francia Brian De Palma
  • Rachel McAdams, Noomi Rapace, Karoline Herfurth, Paul Anderson, ...
8
Pasión por Hitchcock
En ocasiones es bueno no hacerle tanto caso a la crítica especializada y más cuando la obra a la que masacran es de un director como Brian De Palma quien jamás ha temido correr riesgos en sus películas más personales con afán de serle fiel a la línea temática que ha manejado desde el principio de su oficio detrás de las cámaras. En Passion (remake de Crime d’amour, el canto del cisne del francés Alain Corneau) De Palma retoma, de una manera muy relajada y hasta casi con puerilidad, el subgénero que más le ha apasionado desde siempre: el thriller hitchcockiano. Desde aquella Hi, Mom (rinde homenaje a Rear Window) a De Palma más que atraerle, le obsesiona la imaginería creada por el maestro del suspenso, por lo cual resulta molesto y hasta penoso leer a estas alturas críticas donde a Brian De Palma aún se le siga reprochando esto, bueno si desde 1970 su estilo es ése, ¿no creen que ya es hora de que lo asimilen? Es verdad que al propio Hitchcock poca gracia le hizo enterarse que Obsession era considerada una nueva Vértigo (contaba con partitura original de Bernard Herrmann y muchas escenas eran obvias calcas a esa película), pero es muy obstinado que críticos le hagan todavía este reclamo cuando Hitchcock lo aprobó a fin de cuentas. La trama macabra de Passion se mueve en el frío y despiadado mundo empresarial, frío sólo en el cascarón porque quienes lo habitan llevan en secreto un fuego incandescente, Christine (Rachel McAdams más bitch que en Mean Girls) va de una encantadora ejecutiva doble cara que maneja a los empleados de una empresa de publicidad como si fueran sus marionetas, Isabelle (Noomi Rapace, sorprendente) es su mano derecha, pero alguien a quien Christine no le permitirá que la sobrepase manipulándola por distintos medios, entre ambas hay una extraña relación de amor-odio y un contraste en personalidad, que se suma a la rivalidad profesional, que desde la primera escena se advierte por el tono de la ropa que portan. El meollo del asunto es que a ambas mujeres se les ha encargado desarrollar la campaña publicitaria para un nuevo smartphone, a Isabelle le viene la idea que las llevará al éxito pero es Christine quien se lleva el crédito, este suceso es el detonante para que se desenvuelva una historia que involucra sexo con máscaras y antifaces, lesbianismo, distintos triángulos amorosos, engaño, una bufanda, un folder rojo con información, venganza, chantaje, un frasco con sedantes, un crimen, el ballet Preludio a la siesta de un Fauno de Debussy, cámaras que hacen las veces de voyeurs y todo lo registran y mucha locura, casi todo en este orden pero claro con mucha destreza y astucia para mantenernos siempre en vilo y deseando respuestas. Ah, cuenta además, por si fuera poco, con una hermosa banda sonora y de lo más atinada compuesta por Pino Donaggio. Es verdad también que en la primera hora todo transcurre de manera muy pausada, pero así tiene que ser para que en esa última media hora de la película nos llegue un maremoto de imágenes hitchcockianas* que son el más bello homenaje que alguien ha podido hacerle en los últimos años al maestro del suspenso sin caer en el ridículo o quedarse en un buen intento como fue el caso de Do You Like Hitchcock? de Dario Argento. Passion es eso, una obra emparentada con Sisters, Obsession, Dressed To Kill, Body Double y Femme Fatale, obras posmodernas pero marcadas, en las que la rotunda efigie de Alfred Hitchcock tiene más peso que el propio nombre de Brian De Palma, su verdadero creador.
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10 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Canyons
The Canyons (2013)
  • 4,1
    591
  • Estados Unidos Paul Schrader
  • Lindsay Lohan, James Deen, Amanda Brooks, Nolan Gerard Funk, ...
7
La redención de Lindsay
Los títulos introductorios a The Canyons llevan de fondo postales de fachadas, vestíbulos y salas de cines derruidas, en el abandono. Paul Schrader -director de Mishima: A life in four chapters película reverenciada por su lírica y autor de entre otros títulos Taxi Driver, que es la odisea nocturna neoyorkina por excelencia- hace constar, casi como en una declaración de principios, que el acto de acudir al cine se halla agonizando, en las postrimerías cuando los espectadores han preferido la comodidad de su casa y la transmisión de películas en línea por sobre esto, de hecho esta fue la forma en la que se distribuyó The Canyons. La primera escena de la película tiene lugar en un bar elitista en el que se hace un contraste entre 2 jóvenes parejas, una conformada por Tara (Lindsay Lohan dejando atrás la falsa e inocente figura emblemática de Mean Girls que se opone a la de la vida real) y Christian (el actor porno James Deen) ella es una incipiente actriz who-didn’t-make-it venida a menos y él un financiador de películas de horror de bajo presupuesto, ambos representan el lado más frívolo, sin escrúpulos pero el más asentado y el que controla la industria fílmica norteamericana; en las sillas opuestas se hallan los aspirantes: Gina y Ryan, él es un joven actor que ha conseguido el papel principal en la próxima película de Christian debido a que Gina es su asistente personal, pero sobre todo por la intercesión de Tara. La historia, que es un thriller erótico, cuenta cómo Christian (un aficionado a tener sexo casual con personas que contacta en internet y heredero de una cuantiosa fortuna) cosifica a Tara al grado que la hace ver como una pieza más de su posesión en esa elegante y ultramoderna residencia fincada en las faldas de una colina y el giro que da su vida, así como las desquiciadas decisiones que Christian toma, cuando descubre que Tara podría estar engañándolo con Ryan; a partir de aquí The Canyons comienza a desenvolverse en partes iguales tanto como una telenovela que cuenta con escenas tópicas y sobredramatizadas así como una película de serie b, cuasi amateur, que evoca a lo mejor de la época de oro del film noir y esas tramas donde la obsesión por una mujer lleva a cometer actos viles y la corrupción de las almas puras son temas recurrentes. La crítica no ha tenido el menor reparo en decir que The Canyons es un producto mal dirigido, mal actuado, con un guión simple con momentos irrisorios y que posee al final un giro de tuerca fuera de tono, que la edición, la fotografía, incluso la iluminación y elección de música fueron las peores que hasta casi pareciera como si a los críticos se les hubiera dado la consigna de destruir la película (y esto en verdad ya ha sucedido en el pasado, por ejemplo, e increíblemente, con Psycho). Han sido pocos los críticos “respetables” que han destacado los 3 principales puntos a favor en The Canyons que la hacen una buena película: 1) Lindsay Lohan, como Tara, ofrece una interpretación que le sale de las entrañas, es la actuación de su vida, con el rostro abotagado, con ojeras, un maquillaje exagerado, sin pudor de mostrar su cuerpo desnudo, despeinada, llorando hasta dejarse los ojos hinchados, ya no le importa más ser la niña bonita y es evidente que en la filmación de esta película aún no se ha recuperado del todo tras su salida de una clínica de rehabilitación por lo cual su papel de víctima de la obsesión enfermiza de un hombre por ella y sobre todo los momentos en los que es retratada como una frágil figura que no escapa de ese círculo vicioso de abuso cobran una mayor relevancia e incluso, quizás, le hayan funcionado para exorcizar sus propios demonios interiores. 2) La psicología y el desarrollo del personaje de Christian que remite indudablemente a Patrick Bateman -el guionista de The Canyons es el otrora enfant terrible californiano Bret Easton Ellis autor de American Psycho-, un personaje acaudalado y amoral que sólo vive para que se cumplan sus caprichos y que sufre de una peculiar psicopatía por tener siempre el control de las situaciones y de las personas. 3) El retrato de la decadente -¿autodestructiva?- forma de vida de todos aquellos que de alguna u otra manera se hallan involucrados en la industria fílmica hollywoodense y a quienes pinta como fantasmas o muertos vivientes sin corazón a los que lo único que les importa es venderse al mejor postor para tener una oportunidad de destacar. Es evidente que The Canyons pudo haber sido una muy buena película si se hubiera contado con los recursos suficientes para su realización, sin embargo, tal y como quedó (con ayuda del proyecto Kickstarter que funciona en base a donaciones del público en general para filmar películas de bajo presupuesto) resulta una interesante película con unas muy buenas intenciones pero que no logró cristalizarlas del todo en pantalla. Y sí, le doy la razón a quien dice que la historia del rodaje de esta película es quizás aún más entretenida que la película per se cuando han salido a las luz anécdotas que cuentan como James Deen dejó la filmación detenida durante un día cuando se fue a filmar una película porno, o cuando Lindsay Lohan se fue a parrandear con Lady Gaga y estuvo a punto de ser despedida por quedarse dormida toda una mañana luego de ingerir pastillas para dormir por lo que la actriz Leslie Coutterand era quien podría entrar a reemplazarla, o eso de que Schrader se desnudó completamente en la escena de la orgía para que Lindsay no se sintiera tan incómoda. El propio Schrader comparó el rodaje de The Canyons con el de The Misfits de Huston, una filmación que constantemente se paraba por los ingresos al hospital de Marilyn Monroe. Sólo que, declaró Schrader, The Misfits sí es una gran película.
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11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
El regreso de los muertos vivientes 3 (Mortal Zombie)
El regreso de los muertos vivientes 3 (Mortal Zombie) (1993)
  • 4,9
    925
  • Estados Unidos Brian Yuzna
  • J. Trevor Edmond, Melinda Clarke, Kent McCord, James T. Callahan, ...
6
Espécimen 32
La saga de The Return Of The Living Dead aborda el tema de los zombies desde una perspectiva más lúdica y menos crítica que la de George A. Romero, de hecho su autoría corresponde al otro padre de lo muertos vivientes originales, John A. Russo. El punto de partida en la obra de Russo consiste en desmitificar algunos puntos imperturbables en las cintas de Romero (aquí los muertos revividos sí hablan y la mayoría de las veces es para exclamar “¡brrraaaainsss!”, tienen algo de cognición y nada parece detenerlos, ni siquiera las balas, el descuartizamiento o el fuego, puesto que los gases que desprenden sus cuerpos al ser cremados propagan el “virus”) siendo el principal de ellos, esclarecer el enigma medular que dejó Night Of The Living Dead: ¿qué es lo que ocasiona que los muertos revivan?, algo que Romero siempre se ha negado a responder y que Russo adjudica a un experimento del gobierno estadounidense para crear una arma biológica: ya es un sello distintivo en esta serie de películas de resucitados la aparición del tanque contenedor de 2-4-5 Trioxin que por descuido alguien abre y expulsa ese vapor que desata la epidemia. Si la primera de estas cintas, la de 1985 es la mejor de la franquicia –contiene escenas memorables como los contoneos de Linnea Quigley desnuda en el cementerio o cuando el medio cadáver de una mujer explica que comer cerebros alivia su dolor de estar muerta–, la segunda es la más torpe en cuanto a historia y se va más hacia el chiste fácil, es en su tercera entrega donde hay un giro temático, por decirlo de algún modo es más intimista y oscura aunque sigue siendo absurda y posee innumerables momentos ilógicos –o lógicos dentro de su ilógica lógica–, para decirlo bien es una película romántica de zombies –predecesora de ese fallido intento de innovación al género que posteriormente sería la insulsa Warm Bodies– y que remite de manera inmediata al mito de Orfeo y Eurídice: Curt y Julie son un par de adolescentes renegados en búsqueda de libertad, Curt vive bajo el yugo marcial de su padre quien es el mandamás en un centro del US Army en el que de manera secreta se experimenta con cadáveres para volverlos máquinas de guerra. No es muy difícil deducir qué es todo lo que sigue a partir de aquí y, sin embargo, lo más interesante es el curioso proceso de deshumanización por el que pasa Julie al momento de entrar en contacto con la sustancia química que la hace volver a la vida (inicia con una necesidad de punzarse la piel y perforarse para distraer con el dolor su apetito caníbal llevando esto al límite en su parte media) hasta hacerla ver efectivamente como una bestial máquina de guerra al estilo del Robocop de Verhoeven pero que en este caso se alimenta de carne viva para seguir subsistiendo y sólo se sensibiliza, se amansa, por las palabras de Curt; uno de los momentos mejor logrados (además de ese final donde las llamas dan un toque dramático precedido por una lograda escena de acción que involucra a otro zombie que porta un armazón metálico) es cuando luego de dejar un rastro de sangre así como unos cuantos zombies más en su paso por la ciudad y Julie es puesta en una jaula, sus captores (los científicos del ejército) como para confirmar que Julie ya no es quien Curt cree le han asignado, como si fuera una nueva y desconocida especie o una rata de laboratorio, el apelativo de espécimen 32. A pesar de tener un final rutinario, unas interpretaciones regulares y muchos baches en el guión The Return Of The Living Dead 3 es una interesante propuesta que viene a dar un extraño toque romántico necrófilo -y es hasta un buen estudio psicológico del tránsito por el que pasa un muerto reciente que es revivido hasta el estado en el que es gobernado sólo por el instinto de comer cerebros- a una saga que ya ha generado 4 secuelas y 1 documental pero que siempre ha vivido a la sombra de la magistral serie de películas de muertos vivientes creada por George A. Romero.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Solo Dios perdona
Solo Dios perdona (2013)
  • 5,2
    13.486
  • Francia Nicolas Winding Refn
  • Ryan Gosling, Kristin Scott Thomas, Vithaya Pansringarm, Rhatha Phongam, ...
6
Katakiuchi
La base en la que se sustenta el argumento de la más reciente película de Nicolas Winding Refn es de lo más sencilla y un tema que acompaña al ser humano desde que sintió que era fuente segura de placer: el deseo insaciable de obtener venganza -de manera lateral se hace referencia al pasaje bíblico de Caín y Abel metido en la licuadora con la sofocliana tragedia de Edipo-. La historia en realidad no da para mucho, la mayoría de las veces lo que nos cuenta pareciera navegar a la deriva entre esas luces de neón en diversos tonos sólidos que ya son sello del director o el tiempo que se lleva el cinefotógrafo eligiendo la toma, el encuadre y el zoom adecuados para que los intérpretes luzcan “mejor” o esas largas caminatas de Ryan Gosling por múltiples pasillos rojos y amarillos que quizás nos quieran decir que se halla perdido en su propio laberinto psicoemocional. Only God Forgives desencanta tras su primer visionado, ya sea por la parquedad y lo lacónico en el tono de las interpretaciones de los personajes así como de los diálogos, o incluso llega a causar aversión cuando la encontramos por demás absurda (las escenas del karaoke) y su diseño tan prefabricado que resulta no creíble; sin embargo, al reflexionar en lo que hemos visto no podemos dejar de lado que la estética y la forma de contar historias a las que el director danés nos tiene acostumbrados jamás son tradicionales: en Bronson, por ejemplo, toma a un asesino y lo vuelve un clown que narra en monólogos hilarantes sus crímenes frente a una audiencia que representa a la sociedad embrutecida. Only God Forgives no es un ejemplo de las vendettas entre las mafias italianas, tiene mayor similitud con la ancestral costumbre nipona del katakiuchi (asesinatos por venganza en la clase samurai con el fin de mantener el honor de la familia o del clan que muchas veces hacía que linajes enteros llegaran a su fin), de hecho éste es un motivo conductor en la mayoría de las películas de Tarantino (Kill Bill, Inglourious Basterds), y al igual que en las mejores obras tarantinianas es aquí una mujer quien se encarga de que la venganza se lleve a cabo: Kristin Scott Thomas en el papel de una madre de lo más terrorífica no repara en lo que sucederá, o tal vez sí pero ello no le importa, cuando toma la decisión de emprender esa masacre con la que conseguirá vengar la muerte de su primogénito. An eye for an eyes makes the whole world blind, dijo Gandhi pero tal parece que esta mujer tenía los oídos con tapones cuando el hindú lo dijo. La presencia de Scott Thomas quien borda con elegancia, frialdad y sobriedad el papel de la madre es tan poderosa que no en pocas veces eclipsa al resto del elenco, incluso a Gosling lo hace ver como un secundario y cuando ella desaparece de cuadro uno reclama que aparezca de nuevo. Ni tan buena como Bronson o Drive, pero con la misma estética y excelente musicalización, a Only God Forgives muchos la odiarán y a otros les parecerá una maravilla, pero a nadie dejará indiferente.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El arte de matar
El arte de matar (1996)
  • 5,9
    539
  • Italia Dario Argento
  • Asia Argento, Thomas Kretschmann, Marco Leonardi, Luigi Diberti, ...
10
Lo mejor de Argento
Ni sus aclamadas trilogías (la de los animales y la de las madres del mal) ni Profondo Rosso –que es un film de misterio por demás notable– son lo mejor que ha dado Dario Argento hasta ahora al cine en su oficio como director como se ha llegado a decir, sino que su trabajo mejor conseguido es La Sindrome di Stendhal, una película de la que no esperaba mucho y que tras el término de su visionado consiguió no sólo sorprenderme porque parece ser que al fin el maestro del giallo ha logrado llevar a buen puerto un guión: en él existe cohesión, agilidad, una estructura definida y parece que no queda un solo cabo suelto por atar –factores que suelen hacer falta en sus películas y por los que siempre se demerita su labor como director–, pero esos son sólo los detalles a favor en el guión de este thriller hitchcockiano con tintes de noir a lo Brian De Palma (Dressed To Kill) y que de giallo tiene muy poco. El inicio de El arte de matar, hasta el título al castellano es bueno, es quizás de lo mejor que ha filmado Argento en toda su obra –que no sean elaborados asesinatos estilizados– y es por mucho una de las mejores escenas oníricas que se hayan filmado en la historia del cine, comparable con los sueños filmados por Buñuel o Lynch: una mujer deambula por las distintas salas de un museo, aprecia las pinturas con detenimiento y es como si los demás que están junto a ella le estorbasen, se detiene a observar los 2 cuadros más representativos de Boticelli, entonces algo parece no estar bien en ella, se mueve de sala y ahora tiene de frente la Cabeza de Medusa de Caravaggio que le causa malestar, pero al embelesarse por un momento con el Paisaje de la caída de Ícaro de Brueghel –situación que recuerda el momento en que el detective Scottie cayó rendido ante el cuadro de Carlotta Valdes en Vertigo– tiene un desmayo súbito que la transporta al interior del óleo, es ella misma y no Ícaro quien cae en esas aguas verdosas y ya estando bajo el mar es asediada por un horrible pez con rostro humanoide que la deja salir a flote hasta que le besa los labios grotescos. Al despertar los visitantes al museo le toman fotografías con descaro, ella lleva el labio roto y ensangrentado, pero lo preocupante es que ha perdido la memoria, ella siente como si dejara de ser quien hasta entonces había sido. Pero éste es sólo el primer sueño. A partir de aquí se suceden una serie ininterrumpida de escenas surreales y otras que permiten tanto el desarrollo del thriller –que siempre nos mantiene en suspenso, dubitativos y preguntándonos qué más pasará–, así como el adentrarnos paulatinamente en la retorcida psique de esa mujer, la detective Anna Manni que –ayudada por distintos cortes de pelo–, pasa de frágil damisela en peligro (inicio) a heroína que no necesita de ningún varón para defenderse (quid) –el momento en que se enfrenta con el asesino en serie me hizo recordar a la teniente Ripley de la saga Alien– a una femme fatale vestida de blanco y rubia emulando a Lana Turner de The Postman Always Rings Twice (inicio de la segunda parte). Si en Trauma haciendo de una paciente de anorexia ya había dado muestras de su rango actoral, en La Sindrome Di Stendhal Asia Argento dando voz y cuerpo a Anna Manni consigue uno de los mejores papeles que una mujer ha podido interpretar en el cine, una transformación comparable incluso con la lograda por Hillary Swank en Boys Don’t Cry y que le mereció tantos premios. Ah, lo mejor que le ha dado Dario Argento al cine es su hija, Asia.
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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los amantes pasajeros
Los amantes pasajeros (2013)
  • 4,3
    25.065
  • España Pedro Almodóvar
  • Javier Cámara, Carlos Areces, Cecilia Roth, Lola Dueñas, ...
4
Un paracaídas, por favor.
Los Amantes Pasajeros, la tan llamada “comedia más alocada de Pedro Almodóvar”, de alocada no tiene nada, o sea, que todos los enredos y peripecias, los gags que en ella ocurren -en paralelo al conflicto principal- se notan tan fríamente calculados y repensados que hacen imposible que ésta fluya con naturalidad y cause gracia alguna en el espectador, y hay que recordar que la gracia y la naturalidad son las principales características que distinguen a las verdaderas y mejores comedias alocadas del cine (pongamos de ejemplo What’s Up Doc? de Peter Bogdanovich o incluso la propia Mujeres Al Borde De Un Ataque De Nervios, obras que le deben todo a Ramón del Valle-Inclán, y que como Los Amantes Pasajeros habitan en un mundo inventado que se rige por una lógica distinta a la del nuestro, absurda y donde los personajes se comportan de manera exagerada, como caricaturas; éstas al igual que la más reciente película de Almodóvar cuentan con similitudes en sus tramas: líos con la mafia, irreverencia y vulgaridad, conexiones que se veían imposibles entre los personajes, momentos de elevada connotación sexual, bellas y bellos durmientes, amor y desamor, celos y hasta su dosis de crítica social, pero ese par de ejemplos que sí tuvieron éxito tanto con la crítica como con la audiencia incluyeron en sus tramas personajes sobresalientes por su carisma, ingrediente que hace falta en Los Amantes: ni esos 3 azafatos afeminados, guarros de los que todos hablan la salvan, al contrario son de lo peor en las creaciones almodovarianas, lejos han quedado la Agrado de Todo Sobre Mi Madre, Cristal de ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o Sor Rata de Callejón de Entre Tinieblas personajes que hacían partirte de risa con sus ocurrencias e infinitamente más ricos, complejos y graciosos que este trío aéreo adicto al semen entre otras sustancias). Otro de los peros es que en ocasiones, si no es que a cada momento, y ya cuando el vuelo comienza a formar círculos en el cielo la trama se estanca (algo que jamás se había visto en una anterior cinta del manchego), se vuelve un plomazo que no cuenta ni siquiera con una buena banda sonora que rescate del tedio, lo terrible es que esto sucede casi desde el principio y no nos hace pensar en otra cosa que no sea exigir un paracaídas para escapar de la aburrida dinámica del avión lanzándonos al vacío. Luego de darle vueltas y más vueltas al asunto pensando en qué es lo que hace fallida a Los Amantes Pasajeros, la única posibilidad encontrada es que haya sido el capricho del autor de enclaustrarse a sí mismo y sus obsesiones (sobre todo por las drogas, las pollas y el melodrama rosa) en el reducido espacio de un avión: esa “sobrealmodovarización” más que un atino es lo más contraproducente que pudo habérsele ocurrido: es como si estuviéramos viendo durante 90 minutos a Pedro Almodóvar estarse picando una y otra vez el ombligo, oliéndose el dedo y riéndose él mismo por este acto.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Somos lo que hay
Somos lo que hay (2010)
  • 5,2
    557
  • México Jorge Michel Grau
  • Francisco Barreiro, Alan Chávez, Paulina Gaitán, Carmen Beato, ...
2
¿Esto es lo que hay?
Quise ver esta película cuando me enteré que era tan buena que se mereció que el cine gringo le hiciera su propia versión: We are what we are. En la patética secuencia inicial Somos lo que hay nos deja en claro de lo que tratará toda la historia, la miseria humana: un tipo de aspecto indigente deambula por los pasillos de un mall y súbitamente cae, vomita una sustancia negra y muere, cuando los empleados de limpieza del lugar se percatan lo recogen cual escombro y proceden a limpiar del piso las huellas de su deceso: secuencia que pretende al mismo tiempo impactar (cosa que no logra), hacer una crítica a la deshumanización -y corrupción- de la sociedad actual y rendir homenaje al final de Los Olvidados de Buñuel, y, de hecho, esta es la aburrida rutina del guión de esta película. Las intenciones de la película no son buenas, al contrario, nos quiere aleccionar, reitera hasta el hartazgo en decir que la sociedad y el sistema mexicanos están mal sin proponer nada. Si usted buscaba una película de terror sobre el canibalismo se equivocó de película: esta es la historia de una familia que vive en la parte más cutre del DF que actúa y habla como si estuvieran representando de manera pésima (actuaciones acartonadas, anacrónicas) una obra teatral en la que abundan diálogos infantiles al grado de que nos hace pensar que quien lo haya escrito tuviera una extraña fascinación o encontrara placer al repetir la palabra puta, y el dizque elemento fuera de lo cotidiano es que los miembros de esta familia comen carne humana para cumplir con un "ritual". La madre es una histérica que está más loca que una cabra y que parece que las únicas palabras que se sabe son puta, idiota, estúpidos. Los hijos... es como si este director al hacer el casting para hallar a los tres hijos publicara este anuncio: se solicita al peor alumno de actuación de su generación, un adolescente más o menos feo y sin experiencia para que pronuncie groserías y ponga cara de malo a veces, de serio otras tantas y casi siempre de retrasado mental frente a la cámara durante mucho rato. Esta peliculita es una ridiculez aburrida que prometía demasiado y no cumple absolutamente nada por culpa de un director pretencioso que se halla anquilosado en un cine setentero mexicano de arrabal y con tintes ripstenianos (más de una vez la historia remite al Castillo de la pureza o a Principio y Fin, sin llegarle a los talones a ninguna de las 2). Somos lo que hay debería llamarse somos la basura que a un director de cine muy mediocre se le ocurrió. A pesar de incluir en su trama un exceso de temas sórdidos que moverían al morbo (incesto, homosexualidad, canibalismo, corrupción) no logra sembrar nada en el espectador. Hay notas periodísticas reales sobre actos de canibalismo el triple de veces más terroríficas que este soporífero intento de película.
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5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cruce de caminos
Cruce de caminos (2012)
  • 6,5
    15.705
  • Estados Unidos Derek Cianfrance
  • Ryan Gosling, Bradley Cooper, Eva Mendes, Dane DeHaan, ...
4
Una bazofia en 3 actos. (sólo Ryan Gosling vale la pena)
Casi como en esa innovadora primera sección en Psycho de Hitchcock, la pluma de Cianfrance -y el otro par de escritores de este guión- nos seduce detallando los porqués en la forma de actuar y decisiones de la figura protagonista anitheróica en The Place Beyond The Pines sólo para arrebatárnosla cuando menos lo esperamos y sustituirla en sus otros 2 tramos por otras con las que en ningún momento conseguimos identificarnos del todo. Este primer acto es el mejor de todos, y sienta las bases del embrollo metafísico que vendrá, no obstante que en él todo ocurre de manera más que apresurada y por momentos inverosímil: Ryan Gosling va del mejor motociclista del mundo repitiendo por momentos el papel oscuro, rebelde sin causa a la James Dean que interpretara en Drive y que se hace justicia por su propia mano cuando ve que no hay otra forma de librarse de sus cuitas teniendo en su contra un destino aciago. Es una gran primera parte, como James Franco dijera en su reseña de esta misma película en el Hufftington Post: "I want to make love to this section".
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