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Críticas de Sinzz3r
Críticas ordenadas por:
La favorita
La favorita (2018)
  • 7,3
    12.536
  • Reino Unido Yorgos Lanthimos
  • Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, ...
8
Todo por el poder, pero sin el poder.
Yorgos Lanthimos se ha ganado a pulso pertenecer a ese grupo de directores ciertamente idiosincráticos que, con cámara y guión en mano, oprimen y perturban al mismo tiempo; ‘outsiders’ que nos obligan a mirar ciertas realidades surrealistas –si se me permite el oxímoron- que no parecen diferir tanto de nuestra naturaleza humana. ‘La Favorita’ constituye una pieza más en el particular cosmos de Lanthimos: uno en el que pocas veces se ve el mundo exterior pero que sirve de fábula de nuestras imperfecciones. También es un punto y aparte en su carrera.

Por primera vez el director griego sale de sus ya características distopías para realizar su primer drama de época. Una historia de lujos y brillos aristocráticos que, sorpresa, empieza con un miembro de la burguesía hundiéndose en un fango de heces. Poco sutil, pero francamente certero. Es este núcleo axiológico que trata de aunar poder y humillación, lujo y vejación, lo que se representa en la cadena de protagonistas interpretados por Stone, Colman y Weisz. Un uso de la colocación de estos personajes en pantalla que encarna las relaciones de dominio a lo largo de la película. Insertado todo en una corte real que parece funcionar más como retórica mordaz de nuestra estructura social meritocrática y aderezado con unas luchas palaciegas donde, como si de una parodia del despotismo ilustrado fuera, se hace todo por el poder sin el poder.

Las comparaciones, las más de las veces odiosas, acuden a la cabeza de cualquiera. Más allá de una clara inspiración narrativa en la famosa ‘Barry Lyndon’ o un combate hilarante con ecos de ‘Los Duelistas’, ‘La Favorita’ evoca cierto sabor a comedia satírica propia de ‘Tristam Shandy’. Más disenso debo anunciar contra las voces que creen haber presenciado la defunción de cierta ‘Identidad Lanthimos’. Ahí donde algunos ven extravío yo veo una evolución con valentía. Transformación que va desde la cámara y los objetivos –los planos cortos dan paso a grandes angulares- hasta unas actuaciones que parecen haberse liberado de ataduras de anteriores películas. Pasando por un guión que no es firmado por el habitual Efthymis Filippou y sus críticas a la moral e instituciones burguesas.

Bertolt Brecht escribió durante la Segunda Guerra Mundial que “nosotros, que queríamos preparar el camino para la amabilidad, no pudimos ser amables”. Lanthimos y su filmografía, como una suerte de profecía anunciada, parecen navegar por las tesis del poeta alemán. Una suerte de misantropía que en ‘La Favorita’ tiene una amarga conclusión: el poder no es disputado, es retenido y, en todo caso, transferido. Puede que al final seamos conejos, como ya escenificó Goya en ‘Duelo a garrotazos’, que luchan por un poco de zanahoria.
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0 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Roma
Roma (2018)
  • 7,1
    18.416
  • México Alfonso Cuarón
  • Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Marco Graf, Diego Cortina Autrey, ...
7
Los Invisibles de Cuarón
Es probablemente lo que se escucha pero no se ve, lo que se representa y no lo que se es, lo más importante de la última película del cineasta mexicano. Al igual que el vendedor de batata o el afilador que, a través de sus finos y estridentes silbatos, recrean una crónica de una melancolía anunciada, de un pretérito presente.

Alfonso Cuarón se sirve de su infancia para construir la radiografía de unas formas de dominio invisibles en el México de los 70. Explica, en apariencia y contenido reflexivo, que la descolonización solo fue algo meramente formal, que en el fondo la sociedad mexicana –y no solo esta- seguía rigiéndose por los mismos principios. Las familias acomodadas, el idioma, los privilegios e incluso la televisión, cuando no estaba esta destinada a la diversión de las primeras, eran elementos fácilmente determinables por el tono de piel.

Es a través de unos personajes unidimensionales, que corren la suerte de interpretarse como meros clichés o estereotipos sociales, que deja claro esta división. Incluso en los pequeños momentos donde se puede respirar cierta integración e igualdad, Cuarón vuelve a imponer la realidad, demostrando que lo que a primera vista podría parecer algo consuetudinario, no deja de ser la representación de dos mundos radicalmente distintos. Y en el encuentro entre ambos ‘Roma’ adquiere la forma de cierto elogio a una cultura de los cuidados de cariz femenino durante mucho tiempo menospreciada u olvidada.

El guión, quizá con una intencionada simpleza, se ve subsanado y aderezado con el protagonismo que adquieren tanto sonido como cámara. Un bullicio exterior que penetra en la casa familiar como un actor más. Unos planos que, acompañados por movimientos de cámara sutiles, evocan una sensibilidad y una pormenorización reforzados por una capa de blanco y negro sobria, estoica. Fotografía y dirección que invitan a la introspección en cada plano y a la recreación en cada escena.

Esta modesta, franca y cruda realidad se consuma en los últimos minutos de metraje. Al final y pese a todo, ellos son los que ven la televisión. Ella, Cleo, vuelve a su sitio, a su azotea. Los Invisibles que no se bañan, que se quedan en una orilla social permanente, viendo cómo los demás, los otros, sí lo hacen. A su costa, a la nuestra.
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Black Mirror: Bandersnatch (TV)
Black Mirror: Bandersnatch (TV) (2018)
  • 6,5
    13.230
  • Reino Unido David Slade
  • Fionn Whitehead, Will Poulter, Asim Chaudhry, Alice Lowe, ...
5
¡La gente está calificando el capítulo por una herramienta del mismo!
Mientras vemos Bandersnatch asistimos al futuro más inmediato de la narración, la que estará presente en toda forma productiva audio-visual: la interactiva. Sin embargo, y a pesar de esto, para mí deja mucho que desear.
Subvierte la fórmula tradicional (espectador-pasivo) que ha caracterizado al Séptimo Arte hasta ahora y nos convierte en actores-activos. ¿El problema? Que vacía toda estructura de calidad cinéfila.

Las notas altas y los comentarios tan positivos se los ha llevado, segurmanete, por su novedad de relato 'videojueguil' y no por el núcleo del capítulo (trama, desarrollo, personajes, dirección...). Es decir, ¡la gente está calificando el capítulo por una herramienta del mismo! O la gente mezcla medio con fin, o el capítulo, intencionadamente, ha convertido el primero en el segundo y viceversa. Todo esto mientras que Bandersnatch no deja de ser un refrito -simple y llano, todo hay que decirlo- de obras de semi-culto como Donnie Darko, Arrival, Coherente, Interstellar o cualquier sci-fi que trate el tema realidades.

Hasta los supuestos diferentes finales tienen un grandísimo problema: al hacerte elegir, se vuelven anti-climáticos.Es lo que tiene convertirte en parte de tu creación, que lo que antes era sorpresa e inconsciencia, torna aquí en una suerte de seguimiento de pasos que sustraen gran parte de lo mejor de sentarte a ver una película o una serie: dejarte llevar, jugar SU juego, no creerte que es tuyo. Lo que me lleva a hablar de lo último.

Eso de 'darte a elegir' es la misma trampa de siempre. No eliges lo que deseas, deseas lo que te dan a elegir (Baruch Spinoza dixit). La figura del programador -en este caso los guionistas y parte de director- siempre se eleva sobre la del jugador-espectador. Como toda obra del cine, #Bandersnatch es determinista. La diferencia principal radica en que #Bandersnatch se presenta como elásticamente determinista. Crees que tienes tú el control, cuando no es así. Al final, la sensación que me queda es la siguiente:
Puede que los que tanto la alaban sean los mismos que pagan 5€ por una skin en Fornite. Nuevos vientos, nuevos productos.

PD: a pesar de todo esto, tengo que decir que me ha entretenido. En el ránking 'Black Mirror' está muy baja, pero como película agrada.
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36 de 50 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lazzaro feliz
Lazzaro feliz (2018)
  • 7,4
    2.259
  • Italia Alice Rohrwacher
  • Adriano Tardiolo, Alba Rohrwacher, Agnese Graziani, Luca Chikovani, ...
7
La fábula del realismo mágico italiano
Lazzaro Felice es, ante todo, una rara avis entre las producciones de la actualidad. Una obra que devuelve a Italia su cine fundacional, el que está de parte de los últimos, el mágico y popular, el de la tierra y el de la naturaleza. Un film capaz de devolver la mirada ahí donde la razón, siempre tan espesa, nos impide llegar.

Muchas cosas se han dicho del tercer largometraje de Alice Rohrwacher que nos hacen creer que estamos ante una especie de Frankestein cinéfilo; sin embargo, y a pesar de que todas tengan algo de verdad, la directora italiana se acerca más a un recital elegíaco que a una imposición de textos sagrados. Lo que superficialmente se nos puede presentar como una yuxtaposición de esquemas ya vistos, torna en su densa profundidad como algo líricamente nuevo.

Fábula que parte de lo mejor de la tradición del primer Fellini e intenta aunar realismo tradicional y mágico, consiguiendo ser una obra atemporal, a medio camino entre la parábola surrealista de Buñuel y el neorrealismo continuista de carácter cristiano de Olmi, con personajes claramente del mejor Pasolini –hombre de la capital en contraposición al joven inocente-. Muchos de estos elementos ya estaban en sus anteriores películas –sobre todo en ‘Le meraviglie’-, sin embargo, lo que supone ‘Lazzaro Felice’ es el punto de ruptura entre la directora que soñaba con ser y la que es, una autora que da un salto hacia adelante que toma la apariencia de vuelo.

Dividido claramente en dos partes a través de un desdoblamiento, vemos que el calor de la naturaleza acaba dando paso al frío seco de la ciudad. Este intento de concordar pasado y presente se ve afectado por una falta de armonía proveniente de su segunda parte. La perplejidad del comienzo se convierte poco a poco en vencimiento, en el aterrizaje a la modernidad donde todo parece fuera de foco, más maniqueo que la anterior, esta segunda pieza se ve arrastrada por la obligación de ser el criterio de algo perdido en el camino.

Ambas tonalidades están gobernadas por una constante, a saber, la parábola cristiana de Lucas sobre Lázaro que, al mismo tiempo que llanto personificado de Dios, es también el pobre que pertenece a la tierra para constatar un hecho cada vez más difícil de combatir: no hay espacio en nuestra loca sociedad para esta clase de hombres buenos y felices.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Climax
Climax (2018)
  • 6,9
    3.642
  • Francia Gaspar Noé
  • Sofia Boutella, Romain Guillermic, Souheila Yacoub, Kiddy Smile, ...
8
Expresionismo estético y sustantivo.
Cuando le preguntaron a Paolo Sorrentino por qué buscaba siempre la belleza en todos sus trabajos, este contestó que no entendía cómo podía ganarse la confianza de alguien diciéndole que iba a ver algo feo; las películas, en última instancia, tenían que ser epicúreas y rendirse a lo bello. Entender como Albert Camus, que la belleza nos salvará. Noé hace suya esta tesis y la lleva al paroxismo. Un autor que vuelve a la retórica y a la sustancia del expresionismo abandonando la razón objetiva y abrazando la pasión. Una pista para el espectador: en las épocas donde se rompe con las verdades absolutas, todo esto sale a flote. Pasó en el entreguerras, en el mayo del 68 y está pasado ahora.

‘Climax’ parte de un continuum de la índole de Noé presente en todos sus trabajos, el pestañeo de cámara, la voz complementaria –aquí es la música y los colores que denotan emociones-, la estructura y narración desordenada pero no caótica, el movimiento de cámara que huye del maniqueísmo o los propios planos secuencias que aquí cobran mayor significación y protagonismo llegando a ser elemento constitutivo del film. Además, a los temas ya tratados –drogas, incesto, amor- se les une otros de radical actualidad que conforman el marco posmoderno en el que siempre inserta sus obras; véase la banalización del sexo y del fascismo, la violencia machista o el aborto, el inocente como chivo expiatorio o el papel sobre protector y nocivo sobre los niños.

Por otra parte, la ambición del director argentino de huir de las obras artísticamente monolíticas sigue estando presente, queriendo crear experiencias en movimiento netamente sensoriales. Allí donde lo moral o argumental se cuenta a través de un viaje, aquí se subvierte haciendo que el viaje se vea propiamente como lo moral (o inmoral) y argumental. Quizá su tercer acto sea el más experimental y donde se regodea en sí mismo, cuando la cámara y sus flip-over se convierten en un actor más y nos impiden que toquemos el suelo; nos pone en una posición incómoda y nos prohíbe escapar demostrando, una vez más, que es un genio de la manipulación en sus películas, siendo totalmente efectivo si tú, como espectador, te dejas embaucar.

Las interpretaciones de ‘Climax’ están abiertas más que nunca. Yo prefiero quedarme con la crítica posmoderna de la sociedad, donde los intercambios colectivos tienen sentido únicamente como algo cósico, externo, y como mero medio para afirmar nuestra individualidad que, en el final inevitable, acaba rompiendo todo lo social. A Noé se le podrá acusar de cínico, pero al final es de los pocos que son capaces de demostrar que el esteticismo no siempre choca con lo sustantivo. Cuando lo posmoderno es ley, viene a decirnos, lo contracultural (expresionista) se vuelve orden.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mandy
Mandy (2018)
  • 6,1
    2.977
  • Estados Unidos Panos Cosmatos
  • Nicolas Cage, Andrea Riseborough, Linus Roache, Bill Duke, ...
6
Lo psicótico o lo macabro: te quedas con ambas o eliges una.
'Lo psicótico se hunde donde nada lo místico. Te estás ahogando, no estás nadando.' dice Red Miller (Nicolas Cage) a forma de epifanía.

Hay películas en las que el contenido se sacrifica por la forma. 'Mandy' es de esta categoría. Una película claramente dividida en 2 partes que bien podrían ser dos cortos diferenciados. Una primera parte que se presenta como un ejercicio de pirotecnia psicodélica y una segunda más cruda y gore, donde Cosmatos suelta el freno y pisa el acelerador hasta, de forma consciente, estrellarse contra el muro.

Mi problema con la última obra de Cosmatos no es tanto de entendimiento como de gustos. Como digo en el título, o te llama la atención o te quedas solamente con una de las dos partes. Mi caso es de este último. No puedo comprar la primera parte por más que sepa que es un control excepcional de lo visual y orquestal. Todo está preparado para impactar todos tus sentidos: la música, los colores -magistral esa 'paleta infernal'-, los planos cortos y dilatados en el tiempo para goce o sufrimiento personal, los diálogos, las miradas... Con una sensación de estar viendo la pintura negra de Goya a través de los ojos de 'El Bosco'. Pero es tediosa y te deja la sensación de pensar que con 20 minutos menos el mensaje habría sido más efectivo. A mi no me gana, lo siento.

Otra historia distinta es la venganza llevada a cabo por un Nicolas Cage desatado. No exageran los críticos profesionales cuando dicen que este es su mejor papel en mucho tiempo -tampoco es complicado-. Sin embargo, no es tan bueno por su destreza como por la libertad que el director y el guión le da para sacar toda la locura que lleva dentro. La historia de 'vendetta', como digo, es la clásica y tradicional que hemos visto una infinidad de veces. Quizá la que primero me viene a la cabeza es la cruzada que lleva a cabo Reeves en la primera John Wick -aunque algo más refinada y limpia-.

De todas formas es algo que hemos visto mil veces y que, debido a ese 'darlo todo' por las formas, por lo visual, deja algo cojo lo sorpresivo de esta segunda parte. Eso sí, en más de una ocasión te removerá las tripas.

Como ejercicio de cine que se sale de los bordes establecidos está bien. La ves, te sorprendes y a otra cosa. Como final me quedo con más ganas de un Nicolas Cage que nos puede dar alguna sorpresa -todavía- y un Cosmatos que raya la corriente surrealista del arte. Poderosa y fascinante película objetivamente que no está dentro de mis gustos.
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5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Han Solo: Una historia de Star Wars
Han Solo: Una historia de Star Wars (2018)
  • 6,1
    16.744
  • Estados Unidos Ron Howard
  • Alden Ehrenreich, Emilia Clarke, Woody Harrelson, Donald Glover, ...
6
Disney baja el listón y sigue sin arriesgar.
Iré directo al grano: te guste o no la franquicia, 'Solo: A Star Wars Story' te entretendrá. A partir de aquí y en función de tu tabla de medir le sacarás más o menos fallos.

Todos sabemos que esta película no ha estado exenta de problemas de grabación, pero el trabajo de Ron Howard (que se comenta que ha re-grabado casi la totalidad de la película), más allá de algún que otro chirrío en la estructura, ha sido más que satisfactorio. Me queda la duda de saber cómo hubiera sido esa película mas "improvisada" y "loca" que pretendían hacer tanto Phil Lord como Chris Miller en comparación al toque más clásico y aventurero de Howard.

No es ninguna sorpresa tampoco decir que Han Solo es probablemente lo menos destacable de 'Han Solo'. Sin embargo tengo que romper una baza en favor de Alden Ehrenreich como el jóven Solo: no es la catástrofe que muchos auguraban. El problema no reside tanto en las tablas de interpretación que tiene el actor como la comparación odiosa (Harrison Ford será siempre un híbrido de Han Solo e Indiana Jones) y el hastío que tuvimos los fans al conocer la elección (Anthony Ingruber era nuestra única esperanza). Ehrenreich tiene el mejor papel y al mismo tiempo el mayor marrón, pero sale decente tras las 2 horas de metraje.

Ahora bien, una vez hecho de abogado del diablo, debo decir que todos los secundarios se presentan como más interesantes que Han Solo, incluso Chewbacca y Qi'ra (interpretada por una Emilia Clarke más que decente) se comen más pantalla que el protagonista. Pero son Lando (Donald Glover) y Tobias Beckett (Woody Harrelson) quienes se llevan la palma. El primero tiene un magnetismo interpretativo que supera por momentos al original Lando y el segundo (el no-tan-mentor) viene cargado de sorpresas y, qué coño, es el mismísimo Harrelson, para qué más. Ah, y necesito mas dosis de L-3. Un personaje magníficamente construído.

La historia, si bien es cierto que cumple sus premisas (explicarnos cosas como: el Halcón, la relación Solo-Lando, Chewbacca, el porqué del carácter de Han Solo...) decepciona. No tanto por su calidad, que como digo cumple, sino por saber quiénes son los guionistas. Lawrence Kasdan (Imperio Contraataca, En Busca del Arca Perdida...) y su hijo nos presentan una aventura arqueotípica bastante predecible y sin muchas sorpresas (quizá un par).

La música y la ambientación, como ya lo fue en Rogue One, vuelve a ser lo más destacable e inmersivo, lo que demuestra que Star Wars con cariño y sin pantallas verdes ya tiene la mitad ganada. La acción es adrenalínica y muy bien dosificada. Ya solo por ver la escena del tren merece la pena pagar la entrada. Y el fan-service está en pequeñas dosis y muy bien enmascarado.

Pero si algo tengo criticar sin contemplación es la poca vergüenza de Disney. Sabemos que es una empresa, que tiene como objetivo ganar dinero pero, de verdad que no puede hacer algo más... atrevido? Quiero decir, ya tiene la saga principal para llegar al gran público y nadar entre billetes y más billetes, por qué no enfocar estos 'spin-off' como la oportunidad de arriesgar y dar algo diferente? The Last Jedi, a pesar de sus innumerables errores nos dio algo diferente, ni bueno ni malo, DIFERENTE. Han Solo sin embargo sigue por la misma línea "humor-acción-predictibilidad" hecho para toda la familia. Ya vale de este esquema y de usar el mismo arco temporal (entre episodio III y IV), tienen un universo sin fronteras para crear lo que les plazca y sorprender con cosas nuevas.

Como digo, la película es un pasable que, si te dejas engatusar por la película y cierras la mente de los prejuicios, asciende a algo más (mi fan interior ayuda). Pero sea como sea la valoración, creo que es una pelicula que una vez vista se dejará un poco en el olvido y no tendrá mucha trascendencia... Disney, espabila ya.

PD: Continuo en la zona Spoiler sobre la posible "trilogía Solo":
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104 de 157 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Black Museum (TV)
Black Mirror: Black Museum (TV) (2017)
  • 7,0
    11.904
  • Reino Unido Colm McCarthy
  • Douglas Hodge, Letitia Wright, Daniel Lapaine, Aldis Hodge, ...
7
El capítulo que nos habla a nosotros.
Me dispuse a ver 'Black Museum' después de cometer el error que siempre me prometo no ejecutir: leer antes las críticas de Filmaffinity, porque estas quieras o no siempre te predisponen positiva o negativamente. Y después de entender, por las críticas, que solo me quedaba por ver el peor capítulo de esta nueva temporada, me he llevado una más que grata sorpresa.

'Black Museum no es el peor capítulo de la temporada y mucho menos de la serie (pero tampoco es el mejor). Es un compedio de 3 píldoras de mini historias que, como ya algo propio de la serie, acaban siendo reconducidas (no con mucha efectivida, eso sí) en una misma desembocadura argumental, todo coge sentido en los últimos 10 minutos.

Hablar de cada una de las tres historias podría considerarse un spoiler, así que hablaré única y exclusivamente de los temas que tratan intentando evitar todo lo posible detalles argumentales que puedan dañar su primer visionado. La primera historia (y para mí la mejor) trabaja sobre el tema de la adicción, sobre cómo algo que puede empezar como algo bueno, como una idea pura puede acabar en las más profundas entrañas de la incondicionalidad de los estímulos más primarios, de los placeres más (o menos) humanos. Una radiografía de cómo el descontrol puede acabar contigo mismo y, ya de paso, una historia bastante espeluznante y en ocasiones morbosa.

La segunda historia nos narra el despropósito de la conciencia sin voluntad, o de lo que es lo mismo: la cosificación del alma humana. Esta historia es algo más abstracta en su interpretación; ¿nos está hablando de temas más filosóficos ("¿cuánto dura la felicidad, y por qué nos empeñamos en alargarla?"), sobre la pérdida y cuándo aceptarla antes de que sea demasiado tarde, del tema candente de la eutanasia o del tema aún más candente de la situación histórico-social de la mujer? Sin duda interesante, agobiante en muchos momentos pero, bastante predecible desde el planteamiento.

Y llegamos al colofón que no lo es tanto. La tercera historia inicia y finaliza de unir todos los, hasta ese momento, invisibles cabos sueltos. Una historia que inicia hablándonos vagamente de la eternidad como castigo o del castigo eterno para, mediante un giro típico de Black Mirror, acabar hablándonos a nosotros mismos: ¿vosotros, que habéis disfrutado no solo de las 3 historias de 'Black Museum', sino de cada capítulo de la serie, sois igual de culpables? ¿Hasta qué punto somos de morbosos? Y si lo somos, ¿en alguna situación queda justificado o, de lo contrario, no existe alegado alguno para nosotros?

Es probablemente que por mis gustos personales (me gustan las historias cortas, concisas y directas al hipotálamo) esta entrega de la serie me haya gustado bastante. Ello no quita sus grandes errores (hay grandes vacíos entre la segunda historia y lo que ocurre en el museo con ese peluche, o algo más de la historia del Doctor), además del completo desconocimiento de algunos personajes importantes. Además, el final una vez te lo ves venir te deja a medias, es poco satisfactorio y que puede contradecir el 'posible' mensaje de todo el capítulo.

Terminada la temporada creo que el nivel ha decaído algo (sobretodo en comparación a sus temporadas primeras), pero 'Black Mirror' sigue dando que hablar. Sigue sabiendo lo nocivos que somos con nosotros mismos, que nos gustan sus historias, que tememos y nos gusta ver en qué puede acabar la humanidad si se sigue deformando y 'deshumanizando'. Nosotros por nuestra parte seguiremos siendo adictos, con conciencia pero sin voluntad, y morbosos.
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66 de 75 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Cabeza de metal (TV)
Black Mirror: Cabeza de metal (TV) (2017)
  • 5,6
    10.931
  • Reino Unido David Slade
  • Maxine Peake, Jake Davies, Clint Dyer
6
Él siempre te encontrará.
Estamos una de las producciones más atípicas de la serie. Mundo postapocalíptico, en blanco y negro y con una narración que se compone por escasas 10 frases en su casi hora de duración. Aquí no hay redes sociales, realidades virtuales o chips inducidos, es pura y llana supervivencia más primitiva.

El mundo se ha ido al garete, los aparentes pocos seres humanos vagan por la tierra en busca de víveres y los únicos enemigos son unas máquinas cuadrúpedas con una capacidad de rastreo increíble. En la historia los protagonistas (la protagonista) paran en un almacén olvidado donde se encuentran con uno de estos enemigos e inicia la persecución. Esto podría haber sido el resumen del primer acto de una película pero es el resumen de todos los 60 minutos del capítulo.

El desasosiego y la angustia están presentes desde el primer momento del 'film' intentando discernir constantemente si la protagonista consigue escaparse o no. Portagonista (Maxine Peake) que lleva a cabo una actuación espectacular (la escena final).

Como digo 'Metalhead' es el episodio más raro y probablemente que más indiferente puede dejar a las personas (me incluyo), pero esto no quita que sirva como alivio a tanta entrega 'Black-Mirroriana' que nos tiene acostumbrado Brooker. Se sale de los esquemas típicos y nos da un híbrido entre 'Depredator' y 'The Road'.

Quizá como pega, además de lo mencionado anteriormente, es que aquí la falta de información (algo característico de cada entrega de la serie) juega una gran mala jugada. Cada episodio nos presenta un mundo totalmente distinto y nuevo que vamos entendiendo conforme avanzamos en el visionado, sin embargo, en 'Metalhead' el mundo es más complejo y con menos detalles que nos ayuden y sobre los que reconstruir lo que ha sucedido, para entenderlo y en definitiva para empatizar minimamente con los protagonistas.

A pesar de ello, posee potentes elementos de terror (es David Slade, ya sabemos que en esto sabe lo que se hace) y nos alejamos de lo que nos tenía acostumbrados Charlie Brooker hasta ahora.
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9 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Hang the DJ (TV)
Black Mirror: Hang the DJ (TV) (2017)
  • 7,5
    15.007
  • Reino Unido Timothy Van Patten
  • Georgina Campbell, Joe Cole, Gina Bramhill, George Blagden, ...
7
El episodio que jamás grabaría Yorgos Lanthimos.
Black Mirror nos vuelve a regalar una entrega en la que los espectadores no sabemos situar con precisión en el tiempo, una historia que bien podría estar establecida en el futuro o incluso ocurrir en el presente. Encontrar pareja es la misión primordial del ser humano, que no encontrar el amor, donde el paso del tiempo y por ende de nuestra vida se convierte en una ruta de recogida de datos que conduce única y exclusivamente a ese objetivo, al emparejamiento con tu "media naranja".

Quien conozca al director griego Yorgos Lanthimos y mínimamente su filmografía esto ya le sonará, pudiendo ver grandísimos puntos de paralelismo entre 'The Lobster' (La Langosta) y este 'Hang the DJ". El principal aporte nuevo es esa filia de Brooker por reconducir todo a las nuevas tecnologías, siendo en este caso el elegido los portales o aplicaciones de citas. Un (ya no tan) nuevo elemento que cambia completamente las dinámicas entre parejas y, por tanto, la visión que tenemos del amor y sus coyunturas.

Brooker en este caso (como en realidad en todas sus escrituras) vuelve a llevar esta característica al paroxismo, al límite, dándole en el camino un par de vueltas y giros finales que, a diferencia de otros episodios (Arkangel) no podemos empezar a sospechar hasta pasado el ecuador de la proyección. Convierte el tránsito que solemos hacer las personas de una relación amorosa a otra hasta creer encontrar nuestra pareja ideal en una condición sine qua non o indispensable para nuestra realización. Vivimos por y para conocer personas, unas detrás de otras (incluso en el episodio parece que el trabaja tal y como lo conocemos no existe, así que podemos aventurar que el único "trabajo" es tener citas) y que como los yogures tienen fecha de caducidad hasta que, por mandato divino (representado en un híbrido entre Tamagochi y Tablet), se nos adjudica nuestra "media naranja" la cual, dentro de las reglas de este sistema, no se puede rechazar.

A ciencia cierta 'Hang the DJ' es el 'San Junipero' de esta temporada, una entrega en la que para variar los personajes no quieren aceptar su (nuestro) mundo de reglas absurdas, injustas y tan poco humanas. Pocas veces el motor argumental de un episodio de Black Mirror constituye, al mismo tiempo, el rayo de esperanza que nos quieren mostrar. En este caso la propia distopía es el amor que, al tiempo que vertebra sus 52 minutos, también constituye la auténtica esperanza.

Otro punto al márgen son las tremendas actuaciones de Georgina Campbell y Joe Cole (quien haya visto 'Peaky Blinders' sabrá que este último es un actorazo como la copa de un pino). Acompañado por unos secundarios que cumplen y enriquecen de contrastes la entrega de Van Patten.

Quien conozca como digo a Lanthimos, sabrá que él jamás podrá escribir y/o dirigir algo como 'Hang the DJ', no por la calidad (que por otra parte me parece menor y más simplona que las obras del director griego) o por el tema, sino por el poso emocional. Sentimiento que para conocerlo hay que, además de ver el capítulo, romper las reglas del sistema y para variar, enamorarse.

Aun hay esperanza, tanto en el amor como en Black Mirror.
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59 de 71 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Cocodrilo (TV)
Black Mirror: Cocodrilo (TV) (2017)
  • 6,1
    12.215
  • Reino Unido John Hillcoat
  • Andrea Riseborough, Andrew Gower, Kiran Sonia Sawar, Anthony Welsh, ...
5
Por aquí no, Brooker, por aquí no. Esto no es Black Mirror.
Es probablemente el episodio más desagradable y que menos aporta de todas las temporadas de la serie. Uno en el que se combina una premisa repetida y ya vista sobre la vigilancia 24 horas que ya vimos de una forma magistral en 'Tu historia completa' con tintes repulsivos hasta la saciedad.

Un thriller que lleva Black Mirror al límite de la reflexión de la sociedad actual y que, en mi opinión, cruza ese límite llevándonos a un sitio nada adecuado; por aquí no, Brooker, por aquí no. Cada nueva entrega de esta serie debe de ser una oda a la reflexión, a la introspección de uno mismo partiendo de premisas distópicas, aunque muchas de ellas no lo parezcan ser tanto. Sin embargo, 'Cocodrile' convierte esta idea pura en una simple excusa para darnos un thriller de bastante mal gusto y nada certero.

Si lo que Brooker y Hillcoat querían conseguir era un producto que produjera asco en el espectador, lo han conseguido, pero al precio de salirse completamente del esquema arquetípico que nos tiene acostumbrado 'Black Mirror'. Ya no existe ningún aprendiza a ninguna fábula utópico-perversa, aquí hay angustia, dolor y repugnancia gratuita. El modelo Black Mirror aquí sirve como excusa, cuando debería de ser al revés. La historia contanda debería formar parte de un ente más grande con lecciones para la humanidad, como lo fueron, entre otros muchos, 'Caída en picado', '15 millones de méritos' o, esta vez bien hecho, 'Tu historia completa'. Pequeñas enseñanzas para una lección mayor: Black Mirror.

Personalmente, intentaré obviar en particular 'Crocodile' de esta nueva temporada y en general de toda la saga, no porque sea un mal producto audiovisual (todo lo contrario, como thriller agobiante y de terror funciona), sino porque esto no es el Black Mirror que todos conocemos y queremos.
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24 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: Arkangel (TV)
Black Mirror: Arkangel (TV) (2017)
  • 6,5
    13.385
  • Reino Unido Jodie Foster
  • Rosemarie Dewitt, Brenna Harding, Owen Teague, Angela Vint, ...
6
Cuando tus padres juegan a ser Dioses contigo.
Mi problema con 'Arkangel' es que, a pesar de ser el capítulo cuya temática más me atraía de esta 4ª temporada, ha sido el que más me ha decepcionado, principalmente por su desarrollo y de la mano de este, su predictibilidad.

Esta vez le toca a Jodie Foster regalarnos una dirección a medida de lo que nos quieren contar: aparentemente simple, sombría, con colores neutros y/o apagados y una puesta en escena de los personajes más que digna, sobre todo si tenemos en cuenta que son realmente 2 los actores que se cargan a sus espaldas todo el peso de la historia (enorme Rosemarie Dewitt transimiento sensaciones con expresiones).

'Arkangel' es la pesadilla de todo hijo. Es el vivir en un mundo en el que el libre albedrío se ve sustituído por algo más concreto y tangible: tus padres. Black Mirror por lo general crea productos encaminados a un 'target' bastante sugerente y concreto; amantes de los videojuegos, personas con lados oscuros, ególatras en su privacidad, tendentes a la vigilancia y al control... Sin embargo, esta vez Brooker y Foster nos dan una píldora que dejará tocada a todo el mundo, porque todos nos podemos sentir identificados con una de las dos partes que componen el capítulo, ya sea por la Madre, por la Hija o por ambas.

La presentación es concisa y muy efectiva, en tan solo los primeros minutos ya sabemos qué sentir y cómo (o con quién) empatizar. Con un gran apoyo inter-generacional entre el abuelo y la madre en la primera parte ("Aun recuerdo cuando abríamos las puertas y dejábamos a los niños jugar en la calle"). Cualidad que es una espada de doble filo, ya que esto acaba constituyendo su enorme predictibilidad desde el primer instante.

'Arkangel' no es un juego de imaginación posibilística, ya lo hemos visto y vivido todos, sabemos lo peligroso que puede llegar a ser ese deseo de querer controlar o querer librarnos de alguien (estando esto último también presente en 'USS Callister'). Es el eterno duelo entre la seguridad y la libertad filosófica, la rebelión Freudiana del hijo contra la autoridad paternal (en este caso maternal). La trampa que muchas veces se hacen las madres para auto-satisfacerse poniendo como excusa la seguridad del niño.

El episodio nos presenta las consecuencias del control de las emociones, de los estímulos y, en definitiva, de la vida. ¿Una persona que no conoce el aspecto de la sangre puede interpretar cuándo alguien siente dolor? ¿La inhibición de impulsos agresivos (el perro, el ruido de la ciudad, las peleas) puede hacerte ser insensible? ¿Y la distinción entre lo que está bien y lo que está mal? ¿Cómo llegamos a entender esta dualidad si solo experimentamos una parte de las dos?

'Arkangel' es otro ejemplo de lo que se ha convertido Black Mirror en las últimas temporadas: un conjunto de grandes ideas sobre el papel que pueden no serlo en la pantalla. Interesante y aterrador episodio que acaba siendo deborado (una vez más) por el nivel del que se espera de Black Mirror: guión apresurado, con un interés decadente y poca brillantez del mejor Brooker a la hora de plasmarlo.
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21 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Black Mirror: USS Callister (TV)
Black Mirror: USS Callister (TV) (2017)
  • 6,6
    14.135
  • Reino Unido Toby Haynes
  • Jesse Plemons, Cristin Milioti, Jimmi Simpson, Michaela Coel, ...
7
Una 'Rebelión en la granja' en el mundo de 'Star Trek'.
Haynes consigue algo que a primera vista parecía imposible: coger el tótem de la cultura nerd, como es Star Trek, y darle un toque a medio camino entre lo burlesco y lo terrorífico. Parte de la premisa de la auto-conciencia ridícula que eran muchos de los esquemas episódicos de la serie freak más famosa y lo lleva hasta el paroxismo: ¿qué ocurre entre el comienzo de una aventura espacial y el inicia de la siguiente?

'USS Callister' es probablemente el episodio de 'Black Mirror' que más elementos y temas toca, algunos ya recurrentes, como la realidad virtual demasiado realista, la marginalidad o las dobles apariencias, pero otros nuevos como el ansia de libertad intrínseco en todos nosotros (reales o duplicados) o la consciencia dentro de la conciencia.

Un capítulo híbrido, como digo, que no solo se basa en elementos de la cultura popular como Star Trek, sino también en clásicos Orwellianos como Rebelión en la Granja o, incluso si se me apura, también en Un Mundo Feliz de Huxley. Pasando todos estos ingredientes por la centrifugadora que es Black Mirror, convirtiendo todo aquello que nos agradaría poseer en un futuro en una distopía terrorífica.

Sin embargo hay cosas que no funcionan tan bien. El humor, algo entendible por la premisa de la que partimos y que se nos presenta en forma de sketch en los primeros minutos del capítulo, juega en contra de la sensación de angustía tan característica de esta serie. Algo que sirve de relajante y de recurso ameno en la primera media hora, se convierte en un peso muerto en la segunda y última parte. No conseguimos (o no consigo) llegar a empatizar totalmente con la problemática de los protagonistas porque, en última instancia, no te lo llegas a creer jamás. La sensación de peligro, de desasosiego se entiende ya no como fingida (estamos hablando de ciencia-ficción), sino como insignificante. No importa porque ya conocemos el subfondo de la trama, sabemos lo que está pasando y lo que ocurre en realidad (que no es lo mismo).

A parte de, como es previsible de la serie de los 60's, los trucos y clichés argumentales que, al estar hablando de una duración de algo más de 1 hora y siendo un capítulo auto-conclusivo, lo podemos llegar a obviar. Aunque algunos sean demasiado evidentes y molestos.

La idea o destello 'feliz' que encontramos en esta parte de la saga Black Mirror (si rebuscamos podemos hallar esa pequeña esperanza en todos los capítulos) es el afán que siempre parece tener el ser humano por la revolución, por la libertad y por el querer romper nuestras cadenas siempre, sea en nuestro trabajado, en nuestras relaciones personales o en el mundo de 'Infinity'. Es la Revolución a pequeña escala que todos llevamos dentro. No queremos autoridades despóticas, reales o virtuales, queremos ser libres.

En definitiva, para apreciar doblemente este capítulo debes de conocer el mundo Star Trek (y que mínimamente te guste) y entender el mensaje que siempre intenta plantear Black Mirror, si alguna de estas dos cosas te falla, el capítulo pasará por ti probablemente sin pena ni gloria. No obstante, estupendas actuaciones, buena idea y decente ejecución.
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10 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Star Wars: Los últimos Jedi
Star Wars: Los últimos Jedi (2017)
  • 6,2
    36.101
  • Estados Unidos Rian Johnson
  • Daisy Ridley, John Boyega, Adam Driver, Oscar Isaac, ...
7
'Esto no va a ir como tú crees'
La frase la pronuncia Luke Skywalker en el tráiler para, 2 horas y media después de ver la película, convertirse en una meta-narración en toda regla. Luke nos está hablando a nosotros, al espectador, al fandom y en especial a aquellos que creen que 'Los Últimos Jedi' será otro 'copy-paste' de la saga original -en esta ocasión de El Imperio Contraataca-.

Rian Johnson lo sabe, Star Wars es un producto, para contentar a los fans y para vender, pero teniendo presente esto nos da un episodio que se sale de los márgenes clásicos de la saga y, lo más importante, una continuación a lo visto en 'El Despertar de la Fuerza' que poca gente podía esperar -al márgen quedan personas como Frikidoctor-. Existen similitudes obviamente, sobre todo en algunos arcos de desarrollo de personajes y estética de planos, pero la forma de rematar y, principalmente el poso que te deja la película, son lugares nunca explorados en la franquicia. Continuación diferente, extraña, que derrumba todo lo construído anteriormente por J.J. Abrams e innovadora -mucho para lo que cabría esperar, poco para lo que al final ha quedado-.

Ahora bien, la pregunta que está dando más juego, ¿es demasiado larga? Pues sí y no, lógicamente un fan no querrá que acabe jamás el entretenimiento, pero puede que algún espectador medio sienta algunas partes (Finn y Rose) un tanto dilatadas en el tiempo y/o innecesarias. Estamos hablando de una película que inicia partida en dos -la parte de 'La Fuerza' y la de la Guerra Civil- y que puede que tarde mucho en confluir usando, esto sí que es imperdonable, trucos argumentales baratos.

Los personajes son un tema aparte -si se me apura, incluso de la historia-. Sin miedo a equivocarme diría que Star Wars jamás se ha tenido que enfrentar al desarrollo de tantos personas con peso argumental similar en una misma película, y esto hace que algunos brillen más que otros. Finn es el que más sale perdiendo esta vez mientras Poe, el más damnificado en el anterior episodio, es el que más gana -los minutos en el film tienen mucho que ver-. Las nuevas incorporaciones -Laura Dern, Benicio del Toro- cumplen escasamente y Carrie Fisher está sublime. Snoke, Hux y Phasma, decepción.

Mención de honor para el trío principal. Mark Hamill, después de más de 30 años, vuelve como la mejor versión de Luke Skywalker, es imposible no estremecerte con cada frase o plano suyo (concretamente, el más especial de todos). Daisy Ridley continua su viaje introspectivo iniciado por J.J. Abrams -tremenda es su evolución en las más de 2 horas- y, como plato fuerte, Adam Driver como Kylo Ren sigue siendo lo mejor de la cinta. La deconstrucción del arquetipo de villano toma sendas realmente, realmente impresionantes, que en la fase final empiezan a encajar dejando todavía espacio para una ulterior evolución.

Las batallas alcanzan su cénit en esta entrega, ya sea en el espacio, en tierra o con espadas -pelos de punta cada vez que alguien enciende un sable-láser-, 'Los Últimos Jedi' nos regala las mejores luchas desde 1977 con una, eso sí, sobreexplotación de las espaciales, hecho que se le perdona por el propio motor argumental de la película.

Pero si algo hay que destacar es el mensaje principal de la obra de Johnson, el definitivo paso de testigo generacional. Sin entrar en detalles (ir a la zona Spoiler para ello), ya no se trata más de 'ellos', ahora se trata de los nuevos, de los jóvenes y los aún más jóvenes, los que acaban de llegar y los que están por llegar. La semilla que plantó J.J. ha crecido y ha madurado finalmente. La nueva era está aquí para quedarse.

A título personal, según van las cosas parece que esta nueva trilogía ocupará un espacio temporal muy breve en la historia de Star Wars en comparación con las dos anteriores (original 3-4 años, precuelas más de... ¿13?). El Episodio VII debe de ocupar un día o dos como mucho y esta última entrega se desarrolla en varias horas. Si en el siguiente episodio no meten un lapso de tiempo todo parecerá apresurado y los desarrollos argumentales y personales un tanto impostados/forzados.

'Los Últimos Jedi' son muchas cosas, se puede entender como una desilusión para aquellos que esperaban más de lo mismo o como una esperanza para los que queríamos algo nuevo y fresco sin dejar de lado la nostalgia (que la hay, pero aquí tiene una función clara y clave). Podría haber sido más, Johnson nos podría haber cimentado un nuevo universo y mitología pero se ha quedado solo en la cúspide. Entre esto último y la situación en que deja a los personajes al final (sorprendentes esos últimos segundos del final), J.J. tiene muchísimo trabajo que hacer en las últimas 2 horas que restan a la trilogía. Que la fuerza te acompañe Abrams, a ti y a nosotros.

PD: Continúa en la zona Spoilers y la nota, según vayan sucediéndose los revisionados puede que cambie. El objetivismo va apareciendo según voy alejándome en el tiempo después de la primera proyección.
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339 de 609 usuarios han encontrado esta crítica útil
Narcos (Serie de TV)
Narcos (Serie de TV) (2015)
  • 8,0
    35.082
  • Estados Unidos Chris Brancato (Creator), Carlo Bernard (Creator), ...
  • Wagner Moura, Pedro Pascal, Boyd Holbrook, Damián Alcázar, ...
8
Narcos 3. Cuando la fórmula del éxito puede acabarse.
Acabo de terminar de ver la 3ª temporada de Narcos después de un maratón de 10 horas sin despegarme del sofá prácticamente, y tengo cosas que contar.

En primer lugar y yendo al grano: es la peor temporada de todas. ¿Quiere eso decir que lo he pasado mal estas últimas horas? En absoluto, pero una cosa no quita la otra. La marcha de Wagner Moura (Pablo Escobar) auguraba que los guionistas lo iban a tener difícil -muy difícil- el continuar con una serie que, a pesar de querer centrarse en el narcotráfico, se vio arrastrada hacia la imagen de Escobar como buque insignia. Y si quitas esto último el buque se puede desplomar. No ha habido hundimiento, pero el bote se ha resentido enormemente.

La pérdida de carisma -Escobar, Murphy- es abrumadora, y aunque Peña -que coge el timón como protagonista principal- y los nuevos tiburones de la cocaína -los 4 Caballeros de Cali- intenten solucionarlo acaban configurando una mesa con la mitad de patas cojas. ¿Por qué? Porque no puedes darnos a Esobar durante 20 episodios y luego hacernos creer que las caras visibles del Cartel de Cali son dignos sucesores. Algo falla cuando un crío 'malparío' como es el hijo de Miguel Rodríguez Orejuela nos parece más aterrador que su padre o tío.

La trama de Murphy -Boyd Holbrook- con su mujer se ve sustituida por la de Jorge Salcedo y la suya. Es un buen complemento, al final acabas cogiendo cariño al tío, pero no termina de brillar. No conoces su pasado, de dónde viene y a dónde quiere ir -salvo unas pinceladas al principio-, pero en términos globales, como digo, funciona.

La historia tarda en solidificar sus buenos 4 capítulos -casi la mitad de la temporada-, pero cuando lo hace todo va como la seda. Muy buena forma de hilvanar todo lo sucedido en la guerra contra Medellín con la nueva de Cali. Pero su falta de antagonismo potente y protagonistas a la altura -los nuevos agentes de la DEA no cumplen en absoluto- hacen que la historia me importe menos que los personajes. Probablemente tenga que ver con el hecho de que la historia ya no sea tan personalista como antes, cuando el enemigo era Escobar, y ahora sea más general o abstracta si queréis (Cali, Trampolín de cocaína, México). La historia necesita tanto de los personajes como estos mismos de la historia, se deben de complementar, uno debe servir de motor al otro y viceversa. Se debe de encontrar el equilibrio que aquí en ocasiones no hay.

Pascal, que se come la pantalla cada vez que sale en escena, la música, la ambientación, los escenarios y en ocasiones la dirección, lo mejor de los 10 capítulos con diferencia.

Pero a pesar de todo esto, el principal error y que ya empieza a notarse, es la repetición de fórmula. El juego del gato y el ratón entre la DEA y los Narcos ya empieza a oler a refrito. Para nada deja de ser emocionante y tensa cada redada o intento de ella que se lleva a cabo en la serie, pero lo que puede funcionar en unas temporadas puede dejar de hacerlo en las siguientes. Narcos está ante este punto de no retorno, entre seguir haciendo lo mismo con varios cambios y seguir entreteniendo, o innovar e intentar maravillar al público. Sea una o la otra yo seguiré consumiendo su producto porque como digo, entretener entretiene, y esto Narcos lo sabe hacer muy bien.

*Si la 1ª y 2ª temporada son de 9-8'5, a esta le pongo un 7. De ahí que en general aparezca un 8 como puntuación global a la serie, y no a la 3ª temporada individualmente.*
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Langosta
Langosta (2015)
  • 6,6
    22.013
  • Grecia Yorgos Lanthimos
  • Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, ...
8
Disertación sobre el amor, la soledad y el miedo a estar solos (de Lanthimos)
¿Y si no pudiéramos comer, caminar por la calle o dormir solos? ¿Y si nuestra vida misma, para que tuviera sentido, tuviera que ser compartida, sí o también, con otra persona? Esta es la premisa con la que parte ‘La Langosta’ (The Lobster), la película del griego Yorgos Lanthimos, director que en sus películas muestra su faceta más misántropa y nos hace replantearnos cosas que tenemos más que interiorizadas, como el amor romántico/sexual, la pérdida de seres queridos (‘Alps’) o la socialización de toda la vida (‘Canino’), dándonos su mirada crítica y permitiéndonos crear la nuestra propia.

En ‘The Lobster’ nos encontramos con un mundo que se divide entre los que buscan la compañía (primera parte del film) y los que buscan la soledad (segunda). Ambos grupos sectarios y enfrentados, donde los primeros quieren acabar con los segundos (pues los solitarios se entienden como una enfermedad) y estos enseñar a los primeros que viven y siguen un dogma erróneo (buscar una pareja cueste lo que cueste). Además, las parejas tienen que cumplir un objetivo imprescindible: ambas partes de la pareja tienen que ser iguales, da igual sus preferencias sexuales, su ideología o su cosmovisión, lo importante es que formen una naranja igual; los locos con los locos, los cojos con los cojos, los que le sangran la nariz con los que le sangran la nariz. Y si no consiguen este propósito en un tiempo determinado, serán convertidos en el animal que ellos elijan. Si no puedes ser humano (=encontrar pareja), te espera el castigo (convertirte en un animal).

Mundo dividido en dos facciones que sin embargo no se perciben como enemigas para el espectador. Aquí es la soledad el enemigo a batir. Lanthimos nos está hablando constantemente, como cuando la voz en off dice que “es más difícil fingir que sientes algo por una persona cuando no lo sientes, que fingir que no cuando sí lo sientes”. El director piensa, quizá de forma no muy desencaminada, que hoy día lo damos todo con tal de no estar solos; es la soledad el motor que nos obliga a hacer lo que sea con tal de no sentirla, ya que el estar solo lo entendemos como homólogo a ser infelices, a estar tristes. La película refleja una dinámica agobiante y cada vez más extendida: nos refugiamos en la soledad en el amor con tal de huir del amor en la soledad.

Y como la soledad es aquello que batir, el ‘enamoramiento’ se presenta como la salvación. Enamoramiento que acaba implicando mentir y aparentar aquello que no eres con tal de ser aceptado en los esquemas de esta sociedad (no tan) distópica. Se prostituye el amor convirtiéndolo en una cárcel mental, en una prisión emocional, en algo mecanicista y autómata. No se entiende como fin en sí mismo, sino como instrumento para encontrar pareja. Porque somos egoístas, somos autocomplacientes y porque, en definitiva, tenemos miedo a estar solos. Yorgos Lanthimos ve este odio a estar solos, lo sabe y lo lleva hasta el paroxismo, ¿no queréis estar solos? Bien, convertiré encontrar pareja en una condición indispensable para vivir.

Vivimos viendo parejas desde que nacemos. El hombre ‘triunfador’ con la top model, la mujer que debe usar su cuerpo como reclamo y se ve arrastrada a ser un maniquí andante (pues en este mundo las mujeres no se entienden si no van detrás de un hombre) o los centenares de programas en prime-time que tienen como objetivo buscar parejas convirtiendo la primera cita y los primeros pasos de la relación en algo maquinal y rutinario. Como si encontrar al amor de tu vida fuera tan rápido como tener una cena de 20 minutos o tan fácil como elegir un personaje en un videojuego.

Vivimos fascinados de la espectacularidad que nos proporcionan todos estos cachibaches ideológicos (pues en definitiva son eso, herramientas que reproducen la ideología dominante), estupefactos por las películas Disney e impasibles ante la cruda realidad: que el amor es algo más que encontrar a una persona igual que a ti; lo fácil es vivir con alguien semejante a ti y no con alguien diferente (o contigo mismo).

Creemos que somos máquinas, que podemos patentar la felicidad y que tenemos fábricas para reproducirlas, pero en realidad somos hipócritas y egoístas. Nos alejamos de Kant o de Rousseau y le damos la razón a Hobbes o a Plauto. Cuando tenemos pareja queremos ser libres y bailar música electrónica todo el día, y cuando sucede esto vemos el abismo de la soledad y nos entra el vértigo de nuevo. Y mientras, nos repetimos consignas autodefensivas para creer ser felices, como si lo importante no fuera tanto serlo como que los demás piensen que lo somos.

Cada vez más cuando escucho a gente hablar de amor me viene a la cabeza que ¿por qué lo llaman amor cuando es egoísmo de lo que hablan? Quizá hayamos olvidado lo más trascendental, que lo importante no es que cenen con nosotros, sino que compartan su cena con nosotros. Compartir, tanto cosas buenas como malas sin olvidar que la autonomía del individuo debe de acompañarle toda su vida.

Tal vez, como Lorena Maldonado escribe en su gran artículo sobre ‘La Seducción’ (Sofia Coppola), el problema sea nuestra ‘sangre tan agua acuosa’, nuestra ‘raza tan pocha’ y lo ‘poco cachondos que estamos en este banquete de la revolución sexual’. Que la clave del amor (la seducción para ella) ‘está, quizá, en el sonido de una risa, en el olor, en el tacto, en el ping-pong dialéctico, en el látigo imperceptible de la pestaña’, pues ‘colgarse de una risa […] es muy parecido al amor: inexplicable, sombrío’. Inexplicabilidad perdida por todos estos programas, por el ‘neoliberalismo rústico’ (y su ‘espesa oferta sexual’), por el Tinder, por las películas que edulcoran el amor…

(SIGO EN ZONA SPOILER, SIN SPOILERS)
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0 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Death Note
Death Note (2017)
  • 3,5
    8.563
  • Estados Unidos Adam Wingard
  • Nat Wolff, Keith Stanfield, Margaret Qualley, Shea Whigham, ...
4
Los americanos no entienden el anime.
Cuaderno de bitácora. 25 de agosto del año 2017: Los americanos siguen sin entender el anime.

Antes de ver la película me propuse liberarme de los estereotipos, de las pretensiones que te da el haber visto previamente el anime (y leído el manga) y poner la mente en blanco. Haría así primero una crítica a 'Death Note' como película per se y también a la misma como adaptación del anime. Pero es que lo segundo no hay por dónde cogerlo.
Una película de algo más de 1 hora y media que recoge de su adaptación japonesa lo justo, nombres de personajes, bloque principal del argumento y excentricidades varias (excepto las famosas patatas de Light). Y es aquí donde está a mi entender su principal problema: pretender amasar la esencia de sus 37 capítulos en escasos 100 minutos. 

De nuevo los estadounidenses vuelven a darnos más ejemplos que demuestran que o bien no ven la fuente de aquello que quieren grabar o no lo entienden en absoluto. La principal característica de Light (Kira) era ese atractivo tan siniestro que nos producía a todos. Un chaval de nuestra edad que comienza con algo puro y que poco a poco se convierte en rehén de su propio sueño; mitad sociopata, mitad salvador. Y aquí su desarrollo es nulo. Tanto es así que la sensación que me da es que lo han intentado sacralizar. Kira es protagonista y antagonista al mismo tiempo, y en la película parece que los únicos enemigos son aquellos que intentan detenerle.

L es otro que tal baila. Al margen de su cambio de etnia (que sinceramente, me da exactamente igual), queda reducido a una mera caricatura estrafalaria. Como si los guionistas hubieran entendido que lo que hace brillante a L fuera su forma de sentarse, comer caramelos o coger el teléfono, y no su ética particular y su inteligencia sin parangón. Inteligencia al nivel de Kira, que sin embargo ésta solo se deja atisbar en los últimos minutos de la película, siendo el resto del tiempo un adolescente con la posibilidad de matar.

La locura de Mia la han traducido 'decentemente' y me quedo con más ganas de Ryuk (y la voz de Williem Dafoe, impresionante). Mención aparte hay que hacer de la dinámica L-Kira.

A mi entender, la historia de 'Death Note' no es tanto la de un cuaderno que mata gente sino la del juego del gato y el ratón entre sus dos protagonistas, Kira y L (no se entiende si no la bajada de nivel de la serie cuando esa relación desaparece). Juego que gira entorno a la batalla de egos; un ajedrez mortal que nos hacía vibrar con cada encuentro entre ambos. Aquí el único encuentro que presenciamos nos da la impresión de que estamos viendo a dos desequilibrados decir frases de galleta de la suerte y no a dos hombres luchando por ver qué visión del mundo prevalece: la justicia de Kira o la justicia de L.

Termino de ver la película con la misión de sumar otra adaptación más a la sección (encabezada por Dragon Ball): "No, parad, no sigáis, no queremos ver más animes destrozados" y con el sabor de saber que con un poco más de cariño y en un formato de serie Netflix (10-12 capítulos) esta crítica sería muy diferente. Como película es pasable, como adaptación es un cero a la izquierda. Pero no tengáis miedo, pues siempre podremos volver a ver la obra de Tsugumi Ohba y quitarnos este mal sabor de boca.
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102 de 117 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Defenders (Serie de TV)
The Defenders (Serie de TV) (2017)
  • 6,3
    4.279
  • Estados Unidos Douglas Petrie (Creator), Marco Ramirez (Creator), ...
  • Charlie Cox, Finn Jones, Mike Colter, Jessica Henwick, ...
5
The Defenders o Cómo desaprovechar tanto potencial.
Estoy cabreado joder, muy cabreado. Llevo siguiendo la pista al tándem Netflix-Marvel desde la primera season de Daredevil, la cual disfruté como un crío. Después de ella Jessica Jones me hizo tragarme mis palabras al presuponer que una detective borracha todo el día no tenía nada que aportar. Después, la segunda temporada del Diablo de la Cocina del Infierno, a pesar de su caída de calidad en su segunda mitad, nos dio un Punisher y un desarrollo de Matt Murdock a la altura del legado de Frank Miller. Y luego llego el declive.

No voy a decir que Luke Cage fuera un fracaso. Una serie tan distinta y con un 'héroe' de barrio no se le podía pedir tanto. Además, cada vez que salía Mahershala Ali era una delicia interpretativa. Y ahora sí, Iron Fist fue una decepción palpable (en críticas sobretodo). La serie de Danny Rand fue irregular, a ratos aburrida, con un protagonista nefasto y un argumento pobre; pero sus secundarios la salvaron.

'The Defenders' parece un relleno andante, como si alguien hubiera (intentado) hacer un mix de todos los clichés y puntos fuertes de cada serie y lo hubiera pegado en un lienzo en blanco. Todo lo que vimos en las series individuales conduce hasta esta serie, sí, pero parece que lo han hecho con desgana. Cero coherencia y cero divertimento, más allá de unas cuantas interacciones entre los protagonistas.

Y es que esto último debería de haber sido el eje central de la serie: las interacciones. No necesito una organización milenial que quiera acabar con Nueva York para disfrutar de Los Defensores, eso se lo dejamos a Los Vengadores. A mi dame villanos bien construidos, con motivaciones mínimamente empatizables y que obliguen a 4 tíos que se llevan como el gato y el ratón a unirse para hacer de sus barrios un sitio mejor. El bien por encima de todo sin dejar de lado sus personalidades tan excéntricas.

La Mano no es un back-story malo per se, pero que nadie me venga a decir que los 5 dedos de La Mano son villanos plausibles y al nivel de sus homólogos (véase Kingpin, Killgrave o Cottonmouth). Una jefa que hace que la mismísima Sigourney Weaver parezca soporífera, un japonés que solo sabemos que le gusta cazar, un tío sacado de Cocodrilo Dundee o un villano traído a escena con el truco más viejo del cine. ¡Si hasta hacen que Madame Gao de más pena que miedo! (lejos queda sus escenas en la serie del Demonio).

Pero no todo va a ser malo. Aunque la mayoría diga lo contrario, la introducción y cómo se juntan los protagonistas es buena. Sosegada, entrelazando sus historias y obligándoles a converger en una escena de clímax. Los colores y la imagen son muy potentes, y algunas líneas de diálogos (aquellas que no son sacadas de un telefilm) son graciosas y efectivas. Detalles tontos pero que sacan una sonrisa a cualquiera. Así como varias interacciones entre los 4.

Los secundarios cumplen su función pero no brillan, a excepción de Scott Glenn ('Stick') o Elden Henson ('Foggy').  Y aquí viene lo más insalvable: el ritmo de la serie es nefasto; los primeros cuatro capítulos son buenos y con un ritmo apropiado, del quinto al séptimo te hace bostezar cada 5 minutos y el desenlace es un 'OKAY' en toda regla. Incluso el punto fuerte de estas series, las coreografías y batallas, parece no brillar, con escenas de acción que parecen existir más como obligación que como soporte a la serie.

Sigo sin explicarme cómo 8 capítulos (las demás series tienen 13) me han parecido tan aburridos y tan largos, supongo que no habrá un solo 'POR ESTO' y todo lo malo  dicho anteriormente (y más) contribuirá a ello, pero mi niño interior llora desconsoladamente. Los Defensores es el mayor ejemplo de cómo desaprovechar tantísimo potencial. No es una serie mala, pero no está a la altura del nivel que reclamamos al dúo Netflix-Marvel. Queremos ver brillar el carisma de los 4 héroes, no sus puños contra poderes místicos.
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14 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
John Wick: Pacto de sangre
John Wick: Pacto de sangre (2017)
  • 6,4
    13.881
  • Estados Unidos Chad Stahelski
  • Keanu Reeves, Riccardo Scamarcio, Common, Ian McShane, ...
8
Cómo construir una leyenda con poco.
Os pongo en situación, hace escasas semanas rebuscando por Filmaffinity alguna película de acción idónea para noches en las que no te apetece pensar, leer o ir más allá de los sonidos de disparos, encontré ‘John Wick’, el argumento era de lo más laxo posible; asesino en serie, venganza y gángsters. Ingredientes perfectos para ver damiselas en apuros, machos con pelo en pecho y una retahíla de clichés andantes que 2 horas después me hicieran marcar con un 4 o 5 la susodicha película. Y joder, John Wick era mucho más que eso.

Con esta condición y sensación fui a ver su continuación directa (comienza horas después de la primera): John Wick, ‘Pacto de Sangre’ (o ‘Chapter Two’ para los puretas). Y saltándome todo orden narrativo posible diré que es holgadamente mejor que su antecesora y he disfrutado como un crío. Las razones a continuación.

Es probablemente el mejor ejemplo de cómo con tan pocos recursos (alrededor de 40 millones de dólares ambas películas), en tan poco tiempo (4 horas de metraje escasas y menos de 3 años entre una película y otra) y con tan poca promoción se puede construir una leyenda. No quiero inducir a equívocos, ‘John Wick’ no ha inventado la rueda o su nombre será recordado por la eternidad, pero lo que ha conseguido es digno de elogio. Y entre ello destaca la mitología que hay detrás de ellas; ‘El Continental’, El Alto Consejo, La Mesa Redonda, los Pagarés o Pactos de Sangre, subsistemas de asesinos y espías vertebrados por reglas (sí, asesinos y reglas), las Grandes Familias Mafiosas…

Todo construido con precisión y reposo, y que constituye el fondo de la historia, la historia de John Wick, el hombre del saco (o ‘Baba Yaga’), capaz de crear leyendas sobre cómo puede matar a 3 hombres con un lápiz para acto seguido demostrarlo. Máquina de matar y humano con desarrollo emocional, con dolor y rabia. Pero al fin y al cabo esto no es una película de Will Smith (‘Belleza Oculta’) y de lo que se trata es de matar.

La fotografía de la película es espectacular, sin ánimo de ofender a Jonathan Sela (‘John Wick’), Dan Laustsen (‘John Wick: Pacto de Sangre’) se saca de la manga un contraste de colores increíbles, desde el azul frío y solitario de Nueva York hasta el oscuro, apagado y tranquilo del museo o ‘El Continental’, pasando por los rojos cálidos de Roma.

La dirección de la película, y en especial de las escenas de acción, es de lo mejor del filme. Escenas que te muestran la acción (no como Resident Evil 6) y sin marearte o abusar de giros de cámara gratuitos (Fast 8). El sonido y la música son grandes acompañantes, en especial el tema principal de la cinta (‘Battle Royale By Apashe’).

Los problemas siguen siendo los reiterados por todas las cintas del mismo tipo. Si bien es cierto que ha mejorado en comparación a su primera parte, los villanos siguen dando de todo menos miedo. Asco, irritación, ira, incluso vergüenza ajena, pero no miedo. Probablemente el rapero Common (que interpreta a ‘Cassian’) sea el único que se salve por cómo llevan su relación con el protagonista. Además la escena de los espejos (creada para ser la mejor de la cinta) no alcanza las expectativas y fracasa en parte. Es borrosa, difícil de apreciar y no tiene el mismo impacto que el asalto a la discoteca de la anterior.

Ian McShane y Laurence Fishburne (Morfeo se ha reunido con Neo al fin) son oro puro desperdiciado. Junto con Keanu Reeves, lo mejor de la cinta. Un Keanu Reeves que ha encontrado al sucesor de Neo (era difícil, para qué engañarnos), ha tardado en llegar pero el alterego de John Wick lo ha conseguido.

Deseo que la película llegue al gran público porque se lo merece, merece ser conocida y ganar dinero por su diversión de gran calidad. Sin embargo, y al mismo tiempo, me aterroriza que las empresas entren de por medio al ver un filón de dólares y echen a perder la franquicia. Habrá tercera parte (la segunda ha recaudado más del doble que la primera), y el éxito de ésta dependerá en gran medida de que sigan dejando total libertad para crear tanto a director, guionista como posproducción. Lo repito, no estamos ante la reinvención del cine de acción (mucho menos del general), pero sí ante diversión y entretenimiento de calidad, que no te toma por imbécil, sino por alguien deseoso de ver una buena película y de no arrepentirse de haber tirado 2 horas de su vida a la basura.

De todas formas, el árbol y el fruto ya están ahí, el mito ha cobrado vida. La longevidad de este último dependerá de cómo se cuide y riegue al primero. Tenemos John Wick para rato, y mi niño del interior se siente feliz.

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Iron Fist (Serie de TV)
Iron Fist (Serie de TV) (2017)
  • 5,3
    4.423
  • Estados Unidos Scott Buck (Creator), John Dahl, ...
  • Finn Jones, Jessica Henwick, Jessica Stroup, Tom Pelphrey, ...
5
El 'casi tropiezo' de Netflix-Marvel.
Me arrepiento en parte. Conforme estaba viendo los primeros capítulos de 'Iron Fist' mis ganas de criticarla de forma escrita eran directamente proporcionales a las ganas que tenía de que acabara el sufrimiento cuanto antes. El segundo desarrollo y parte de la conclusión hicieron que me arrepintiera y escribiera la crítica, esta vez, con menos ímpetu de degollarla. No obstante, vayamos por partes.

'Iron Fist' sigue la vida de Danny Rand, niño de papás multimillonarios, empresarios y que en su infancia sufre la pérdida de ambos, cayendo por la suerte de Buda (o la deidad de turno) bajo la enseñanza de un grupo de monjes en la ciudad 'extradimensional' (o lo que es lo mismo, allí donde no se llega por carretera) de K'um-Lun, en el Himalaya. Danny pasa 15 años de su vida entrenando y aprendiendo las artes místicas hasta convertirse en 'Iron Fist' (a.k.a el guardián todopoderoso de la zona). Es en ese momento cuando decide volver al mundo real, el de conspiraciones familiares, clanes mafiosos y dinero, mucho dinero.

El principal problema (de los muchos que tiene) es probablemente el de ser la cuarta serie del combo Netflix-Marvel. Después de la estupenda primera temporada de Daredevil, la más que notable Jessica Jones y la pasable Luke Cage, Iron Fist llega para hacer un batiburrillo de los 'mejores aspectos' de todas ellas y hacer un cóctel algo pasado de tónica. Y digo los 'mejores aspectos' porque hace un copy-paste algo malo de todos ellos y los superpone unos con otros sin aportar absolutamente nada; coreografías molonas, conspiraciones con toques detectivescos y un arte visual llamativo (en orden a las series anteriormente citadas).

Las 3 o 4 partes en las que se divide la serie son principalmente irregulares. Después de las 2 primeras horas soporíferas y de una de las peores introducciones de un protagonista (¿tendrá algo que ver el cambio al origen del héroe que ha hecho Netflix?) llega el 'in crescendo' de las 5 siguientes, llegando hasta el dúo capítulo 6-7 que son con diferencia la cima de la serie y que es lo más parecido al nivel que nos tiene (o tenía) acostumbrados Netflix. Por tanto, del infantilismo y aburrimiento, pasamos a lo oscuro, serio y extraño, para acabar concluyendo con una bajada del ritmo notable e incluso molesta (del 10 en adelante).

La serie está basada en dos mundos distintos (lo místico y lo policíaco-empresarial) que si bien no son las mejores tramas se dan aire fresco mutuamente cuando el espectador más lo necesita. La parte mística más allá de las peleas y poderes no funciona del todo bien, no engancha, y cuando intentan ahondar en ello se hace torpemente (flash-backs pobres o frases de plastilina). Por otra lado, la trama corporativa y familiar sí. 'Iron Fist' opera mejor en el terreno del thriller de acción (intrigas, traiciones, puñetazos) que como una serie de super-héroe. Y cuando en una serie de kung-fu interesa más lo que hay de fondo que el kung-fu, malo.

En cuanto a los personajes, Finn Jones (Danny Rand) se lleva la palma al personaje más insoportable de la serie. Quiero creer que es el contexto en el que se desarrolla la serie más que el actor o el papel, pero su carencia de buena actuación resulta molesta, muy molesta. Al menos hasta que a partir de la segunda mitad cambia la cara y hace honor a la leyenda tras su nombre (curioso que solo me interese cuando pone cara de cabreado). Jessica Henwick (Collen Wing) cumple con creces y ya sea por su papel o por su origen asiático a mi me ha ganado. Da gusto verla repartir con su katana. Rosario Dawson (Claire Temple) vuelve por tercera o cuarta vez para hacer el mismo nimio papel de siempre, curar heridas y reproducir frases de galletas de la suerte, y como dije en las anteriores capitulaciones, sigue siendo un desperdicio fundamental. Lo que también se convierte en cansino es Madame Gao, que la hacen volver cargándose por el camino su papel. En Daredevil era misteriosa, infundía terror, aquí la quitan ese halo de peligrosidad y la convierten en una anciana terrenal, sabía sí, pero débil.

El trío familiar Meachum se lleva la mejor parte, con mención de honor al padre. David Wenham (Harold Meanchum en la serie) es con diferencia lo más exótico de la serie, su interpretación, acciones, estética, miradas, todo infunde miedo y confusión, te lo crees y te atrae a su juego. Sus hijos en la ficción (Jessica Stroup y Tom Pelphrey), a pesar de sus inicios tropezosos son más de lo mismo. Sus sub-tramas son ricas en matices y contenidos, sobre todo el último, que explota el estereotipo de hijo bajo la larga sombra del padre. Los 3 podrían haberse llevado gran parte de la atención de no ser por el juego de trileros que ocurre en la serie con las tramas, sub-tramas y villanos.

El amor, esa condición sine qua non que tiene que tener todo elememento cinematográfico y que a veces se lo carga todo. Por suerte aquí no pasa. No es esporádico, irregular o incoherente, se planta la semilla y se cuece a fuego lento. Llega a ser algo más que el cartón sentimental y visual al que nos tiene acostumbrados Hollywood.

'Iron Fist' peca de ser la antesala de algo mucho más gordo que está por llegar, Los Defensores (el grupo formado por Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist) y que llegará a final de este año. Ya sea por las prisas o por ser la cuarta y última temporalmente, se desarrolla envuelta en un manto de preparación para la guerra más que una historia individual y con espacio para sí misma. La pérdida del factor oscuro por algo más vistoso y luminoso a veces juega en su contra, dejando patente que la televisión no es el cine, por si ya lo habíamos olvidado (CGI, efectos especiales...)

Me esperaba más, mucho más. Intenta recoger el legado de sus hermanas mayores y no lo estropea, pero tampoco aporta nada nuevo. No obstante, me la he visto en 3 días y eso querrá decir algo, ¿no? Es un buen entretenimiento a modo de aviso: The Defenders are coming.

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18 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil