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Las estrellas de cine no mueren en Liverpool
Las estrellas de cine no mueren en Liverpool (2017)
  • 6,4
    1.402
  • Reino Unido Paul McGuigan
  • Annette Bening, Jamie Bell, Julie Walters, Vanessa Redgrave, ...
7
Crítica de Las estrellas de cine no mueren en Liverpool por Cinemagavia
Gloria Grahame, nacida en 1923, fue una gran estrella en Hollywood entre los años 40 y 50. Protagonizó mas de 60 películas con directores de la talla de Frank Capra, Nicholas Ray, Elia Kazan, Fritz Lang y Vincente Minelli. Con este último en “Cautivos del mal“, ganó un Oscar como mejor actriz secundaria en 1953. Ella estuvo casada cuatro veces, el cuarto marido fue el hijo del segundo (Nicholas Ray), y tuvo un incontable número de amantes.

El último fue Peter Turner, un actor inglés desconocido casi 30 años más joven. Ella lo conoció en Inglaterra a finales de los años 70, en pleno declive artístico, retomando su actividad profesional en el teatro con “El Zoo de Cristal” (Tennessee Williams). Como curiosidad, en esta época intervino en el cine español con “Tarots” (1973) de José María Forqué, junto a Fernando Rey y Sue Lyon.

Años después de la muerte de Grahame, Peter Turner (Jamie Bell) escribió un libro sobre su relación sentimental, que forma la base de esta película. En él también describe la aparición del cáncer de mama poco después y, la triste muerte de Grahame.

Un actor en los inicios de su carrera conoce por casualidad a su vecina, una actriz que en su época fue uno de los rostros mas relucientes de Hollywood. Ella tenía 55 años y el tan solo 26, pero nada ni nadie pudo impedir, a pesar de la diferencia de años, que vivieran una verdadera historia de amor, un amor de película, una historia perfecta para haber sido el guion de una conmovedora novela, la cual hubiera servido de base para inmortalizar un drama romántico a la altura de aquellos que tan solo Hollywood era capaz de realizar.

La adaptación de Paul McGuigan sobre los recuerdos de Peter Turner, está realizada de manera sutil e intencionada, cercana al espíritu de las películas de Hollywood de los años 40 y 50, en las que Gloria Grahame triunfó en el cine como mujer fatal. En la primera noche de Peter en Los Ángeles, los dos aparecen juntos en la playa contemplando el Océano Pacífico. La luz plateada de la luna reflejada en las suaves olas da un halo mágico a la escena. Por unos momentos, el espectador podrá sentir con la escena de los dos amantes estar ante una película de Frank Capra, Vincente Minelli o Elia Kazan. La vida imita el cine y, al mismo tiempo, es el cine dentro del cine.

El resultado es un pequeño y maravilloso homenaje al cine clásico de Hollywood con una más que excelente aportación de la actriz Annette Bening en el papel principal gracias a una brillante, temperamental y carismática interpretación. Bening está completamente entregada en su papel de una actriz todavía seductora que sufre cáncer de mama.

Una anciana inmadura, una estrella de cine caprichosa, con ganas de jugar continuamente, que le cuesta diferenciar entre la vida y el cine, entre el sentimiento real y la apariencia dramática continuamente. Una personalidad compleja y peculiar, a veces insufrible y agotadora, que lucha con su soledad y su gloria desvanecida.

Las Estrellas de Cine no mueren en Liverpool comienza con un encuentro sorpresa entre Peter Turner y Gloria Grahame, por lo que toda la historia está narrada desde la perspectiva de Peter a través de flashbacks. Estos flashbacks están intrincadamente entrelazados con la historia del presente, por lo que la película sigue siendo emocionante hasta el final. Casi imperceptiblemente, la película se desliza desde el presente hacia el pasado y viceversa. Los aposentos de la familia de Turner y los de Gloria en Londres están tan entrelazados como Estados Unidos e Inglaterra, Los Ángeles y Liverpool, o el cine y la realidad.

Paul McGuigan sabe perfectamente aplicar estas transiciones de una manera muy elegante, creativa y teatral. Como si los personajes pasaran caminando de una escena a otra a través de decorados continuos. Esto provoca una experiencia visual muy agradable. Las Estrellas de Cine no mueren en Liverpool es una historia fascinante, emotiva y conmovedora.

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12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
El taller de escritura
El taller de escritura (2017)
  • 6,0
    708
  • Francia Laurent Cantet
  • Marina Foïs, Matthieu Lucci, Florian Beaujean, Mamadou Doumbia, ...
7
Crítica de El taller de escritura por Cinemagavia
Puntuación: 6,5

Lejos queda la escena de una de las primeras películas en la historia del cine, “Llegada del tren a la estación de La Ciotat” (Auguste y Louis Lumière, 1895), y el lugar del cine más antiguo del mundo, L’Eden (construido en 1889). Ahora La Ciotat es una pequeña ciudad cerca de Marsella con una economía relevante. Sin embargo, ahora en horas bajas debido al estancamiento de sus dos pilares económicos: el puerto y la industria alrededor de él. El marco de El Taller de Escritura es una zona con un pasado glorioso y un futuro bastante incierto.

La estructura de El Taller de Escritura es muy similar a la excelente “La Clase” (2008) premiada con la Palma de Oro en Cannes, donde los estudiantes debaten y se enfrentan en clase con los profesores sobre diferentes temas de actualidad a través de estimulantes batallas verbales. Ahora Laurent Cantet cambia la clase por un taller de escritura en la que siete jóvenes en paro, de orígenes, razas, formación, religiones y niveles sociales diferentes, mas o menos motivados, son seleccionados para realizar una novela colectiva, en cuyo proceso, destacan sus diferencias, prejuicios, personalidades y talentos.

Al frente del taller está una reconocida escritora, Olivia (Marina Foïs, el único actor profesional en la película). Un taller de escritura en el campo con siete jóvenes trabajando a nivel colectivo y visual para escribir una historia policíaca, donde rápidamente se dan cuenta que la política es imposible de separar de la ficción. Una mujer en medio de un escenario perfecto para la discusión de cuestiones primordiales en la corriente coyuntura de la Unión Europea, con atentados terroristas de origen islámico, grandes diferencias culturales y religiosas, el aumento de la inmigración, la crisis económica y la falta de oportunidades.

En un principio todos pueden ponerse de acuerdo sobre un cadáver como el punto de partida de la novela, sin embargo a medida que los aspirantes a escritores penetran en la historia policial todo se vuelve más intrincado, confuso y enredado condicionado por el punto de vista político de cada uno de ellos. ¿El asesinato puede tener una motivación racial o podría estar relacionado con la radicalización islamista?, y si el cadáver se encuentra en la zona portuaria, se debería mencionar el pasado industrial de la zona, la gran huelga de astilleros de 1989, o no haría falta?

Como es fácil de imaginar, los jóvenes de origen árabe tienen una opinión diferente a la hora de enfocar la historia con respecto al grupo entusiasta y admirador de la heroicidad del ejército francés representado por Antoine (Matthieu Lucci). Las ideas despiertan discusiones acaloradas dentro del grupo, revelando las actitudes de cada uno de ellos hacía la política, la ideología, el origen étnico, la economía y las artes.

La mayoría de las disputas tienen un desencadenante, Antoine, simpatizante de un partido político local de derecha. Se trata de un joven francés de origen europeo de la clase media blanca, que se lamenta de la desesperanza de su ciudad, humilde y de actitudes contradictorias: cariñoso con el hijo de su primo, potencial escritor, pero con tendencias nacionalistas, conservadoras, narcisistas y violentas.

El conflicto principal de El Taller de Escritura tiene lugar entre Olivia y Antoine, entre dos conceptos de violencia: uno busca soluciones a los problemas creativos, el otro quiere resolver los abusos individuales y sociales.

Hay que reconocer un gran mérito a Laurent Cantet junto a su coguionista Robin Campillo y a sus jóvenes actores no profesionales, porque este choque dialéctico desarrollado en el microcosmos de un taller de escritura, con discursos dispersos que representan las diferentes realidades existentes en la sociedad actual francesa, aunque aparecen claramente demasiado estructurados, nunca se sienten planos o calculados, mas bien naturales y llenos de espontaneidad.

El Taller de Escritura desde un principio, gracias a la soberbia interpretación de sus actores va conquistando poco a poco al espectador, mostrando que el diálogo puede ser una herramienta tan peligrosa como cualquier otra, y que para herir basta con apenas usarla. Ellos muestran como dentro de un pequeño grupo, la diversidad de ideas y las discrepancias pueden tomar un tono tan elevado y crear situaciones tan tensas como en los grupos extremistas que abiertamente condenan.

Otro interesante punto que queda reflejado en El Taller de Escritura, es la facilidad con que esas ideas pueden llegar al plano real y convertirse en acciones.

El guión es cautivador en la primera mitad de la película, pero pierde completamente su fuerza en la segunda parte, cuando Olivia se interesa por Antoine, tal vez incluso por haber percibido en él talentos que ella misma cree que carece, o incomprensiblemente por el intento de Laurent Cantet de insinuar cierta tensión sexual entre los dos, pero nunca se siente creíble. Quizás, el director en su idea de jugar con los elementos propios del suspense, que Olivia disecciona en su clase durante la primera mitad de la película, pretenda llevar la narrativa novelesca a la vida real. De ser así, tampoco termina de funcionar

La primera parte de El Taller de Escritura con su rico y sustancioso discurso político y el debate sobre la idea de identidad, es lo más atrayente de la película.

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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Invitación de boda (Wajib)
Invitación de boda (Wajib) (2017)
  • 6,6
    760
  • Palestina Annemarie Jacir
  • Saleh Bakri, Mohammed Bakri, Maria Zreik
8
Crítica de Invitación de boda (Wajib) por Cinemagavia
Seguimos a un padre y su hijo que, cargados con una colección de invitaciones de boda de su hija y hermana, van de puerta en puerta visitando a amigos y conocidos en Nazaret. Durante las visitas, Annemarie Jacir captura retratos conmovedores y a veces divertidos. Entre visita y visita observamos a una Nazaret representada como una ciudad en la que se amontona basura en la calle, el tráfico hace imposible la conducción y, en donde pequeños agravios fácilmente se pueden transformar en graves conflictos abiertos.

A pesar de las profundas diferencias, Shadi, que se muestra extremadamente crítico con lo que está sucediendo en la región, acuerda ayudar a su padre a entregar el Wajib, pasando un día particularmente emotivo con él. Ambos, de hecho, no están de acuerdo en muchas cosas, atribuyendo sus respectivas elecciones de vida a valores completamente diferentes que, al parecer, contribuyen a alejarlos cada vez más.

La tradición pone a dos hombres, uno al lado del otro, en un viaje polvoriento en el interior de un automóvil, recorriendo las calles de Nazaret. La película se mueve en el conocido género de la Road Movie.

Invitación de Boda (Wajib) seduce y sorprende a la vez, dramatizando una realidad que la mayoría de los directores palestinos a menudo tratarían como un tema de suma gravedad. Sin embargo, aquí, los conflictos permanecen subyacentes. El padre, un maestro, trabaja con los israelíes. El hijo emigro a Italia. Y los dos tienen una forma diferente de reclamar y sentirse palestinos. Annemarie Jacir refleja sutilmente estas tensiones. Consigue dotar a la película de una profundidad humana, social y política. Pero sin perder nunca de vista la modesta y preciosa misión de sus personajes: invitar a la boda, a la reunión familiar.

La comparación y las continuas discusiones entre padre e hijo durante el viaje, constituye la parte más sustancial de la película aunque se realice de forma muy esquematizada. En los intercambios entre ambos, a menudo didácticos y muy significativos, fluyen todos los temas principales relacionados con la cuestión palestina, delineando a las dos figuras como dos imágenes macroscópicas opuestas de pensamiento y posicionamiento político y cultural.

Abu Shadi quiere invitar a la boda a un amigo israelí al que su hijo ve como un infiltrado, solo interesado en espiar y trabajar contra los palestinos. Esto no hace más que agrandar las diferencias existentes entre ambos. El estilo de vida liberal y europeizado de Shadi le permite seguir el camino que él quiere, incapaz de apreciar los sacrificios hechos por su padre en el plano político en beneficio de la familia. Mientras que los valores tradicionales de Abu Shadi lo atrapan, creando una versión ficticia de su vida, bajo la presión de mantener las apariencias y dar una imagen que no es la suya.

Annemarie Jacir logra combinar con gran habilidad dos aspectos de la historia: el retrato de una ciudad, que busca vivir con normalidad a pesar de los problemas con las autoridades de Israel, y las relaciones entre padre e hijo.

Invitación de Boda (Wajib) es una película centrada principalmente en los contrastes y en la búsqueda de un equilibrio. El contraste entre la tradición y la modernidad expresada en la relación Padre-Hijo, además se muestra la comparación entre ambos sobre la capacidad o no para perdonar. Abu Shadi todavía sigue enojado con su esposa, a la que considera culpable de haberse fugado con otro hombre a Estados Unidos y dejarlo solo para criar a unos niños pequeños, sin embargo Shadi justifica a su madre y entiende porque tuvo que marcharse del país.

Además, Invitación de Boda (Wajib) es una película sobre las tensiones entre israelíes y palestinos. Toda la narración está inmersa por este desacuerdo, por la prevaricación de un pueblo contra otro. Shadi, en una de las escenas más intensas del filme, le echará en cara a su padre, su sumisión, su incapacidad de rebelarse, y de haber aceptado enseñar en una escuela palestina donde su superior es israelí.

La directora Annemarie Jacir, también responsable del guion, crea unos personajes complejos con unos diálogos que se sienten tangiblemente reales. Estos diálogos están impregnados de una buena dosis de humor que suaviza el drama subyacente, especialmente cuando visitan a familiares excéntricos donde son arrinconados en el interior de la casa con montones de comida y bebida. La fricción dentro de la familia es utilizada por Jacir para observar las frustraciones sentidas por los palestinos que viven en Jerusalén y la presencia continua del ejército israelí.

La directora revela el alma de Nazaret mostrando apenas unas pocas fotos de la ciudad y su paisaje. La cámara se mantiene constantemente cerca de los personajes. La representación de la ciudad se refleja casi exclusivamente a través de las acciones y las palabras de los dos protagonistas, y de sus encuentros con personajes secundarios.

En el conflicto padre-hijo desarrollado en en la película, Jacir no toma partido. Examina con sumo cuidado los pros y contras del compromiso, la sumisión y el radicalismo sin juzgar. Ambos, Abu Shadi y Shadi, argumentan desde sus respectivas situaciones en la vida de una manera comprensible y convincente. Al final la película parece convertirse en una especie de parábola social cuidadosamente construida.

La historia en Invitación de Boda (Wajib) evoluciona a lo largo del metraje como una especia de Road Movie Urbana, donde aparece un nutrido y colorido grupo de personajes, en el que la propia ciudad de Nazaret forma parte de él, con sus problemas, contradicciones, reuniones sociales y vitalidad. Al mismo tiempo, mantiene un formato de drama familiar enriquecido con magníficos y sútiles diálogos, que saboreamos en cada encuentro entre padre e hijo.

https://cinemagavia.es/invitacion-de-boda-wajib-pelicula/
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Custodia compartida
Custodia compartida (2017)
  • 7,3
    3.779
  • Francia Xavier Legrand
  • Denis Menochet, Léa Drucker, Thomas Gioria, Mathilde Auneveux, ...
8
Crítica de Custodia compartida por Cinemagavia
A los espectadores al igual que al juez se nos plantean multitud de preguntas, ¿Es Antoine realmente un hombre celoso compulsivo y posesivo que ejerce presión sobre su ex pareja y sus hijos? ¿ Por qué el certificado médico que confirmaba la lesión de Josephine, la hija mayor, había sido firmado por la única enfermera de la escuela? ¿Podría ser que Miriam juegue a hacerse demasiado la víctima, hasta el punto de querer evitar que un padre demuestre su amor por sus hijos? ¿ Quien miente? ¿Verdaderamente quien trata de dañar al otro mientras los hijos están en medio de la disputa familiar?

Estamos ante un dilema muy complicado de tratar. La experiencia del juez, que ha visto a multitud de parejas en una situación similar, sabe que las cosas no son tan simples, no son ni blanco ni negro, muchas veces tienen tonos grises, y a menudo los errores se comparten. La imagen que intenta dar el uno sobre el otro muchas veces es parcial, truncada, e inclusive los hijos pueden dejarse influir por el cónyuge que ataca al otro. Por ello el juez necesita su tiempo para tomar una decisión definitiva.

La acusación es muy grave y peligrosa, pero a faltas de pruebas contundentes, el derecho no puede tomar medidas concretas. Y entonces entra en vigor el procedimiento habitual. Ante tal disyuntiva, el juez decide la custodia compartida. Un fin de semana cada dos, Antoine tiene derecho a ver a su hijo, a pesar de que Julien prefiere quedarse con su madre y su hermana.

Después de salir del despacho del juez, a excepción de los que hayan visto el cortometraje en el que se basa la película, el espectador saldrá contrariado, dubitativo y seguramente dividido. Unos creerán en el arrepentimiento del padre e inclusive algunos estarán convencidos de que la madre no está jugando limpio y tiene la complicidad de sus hijos. Y, sin embargo, poco a poco, la trama va evolucionando y sorprendentemente las cosas pueden parecernos muy diferentes a la impresión inicial.

Cada dos fines de semana Julien tiene que estar con su padre, y con cada visita, la relación entre los dos empeora. Antoine controla a su hijo como si estuviera en cautiverio, dejándolo sin privacidad y libertad y exprimiéndolo constantemente con preguntas sobre Miriam. La situación amenaza con escalar a un caso de violencia doméstica.

En Custodia Compartida, Xavier Legrand no toma el punto de vista del padre o de la madre. Vemos todo, o casi todo desde el punto de vista del pequeño Julien que firmemente no quiere estar con su padre, al que llama despectivamente “eso”. Es el centro neurálgico de una crisis familiar que, quizás, un día también fue feliz. También es el eslabón más débil y el único lazo que ahora vincula al padre Antoine con su esposa Miriam y con toda la familia.

El debutante en la dirección de un largometraje, Xavier Legrand (nominación al Oscar para el cortometraje “Antes que perderlo todo“), tiene un activo indispensable en Custodia Compartida: Denis Ménochet. El personaje de un padre desequilibrado y amenazante con un profundo trastorno existencial está magníficamente interpretado por el actor a través de su inquietante lenguaje corporal.

Desde la escena inicial en el juzgado, la sola presencia de Antoine en cada plano proporciona una tensión constante durante toda la narración. El físico imponente de Denis Ménochet, la fría mirada de un tipo brusco y violento da una dimensión extra a su personaje. Lea Drucker, en cambio, realiza una interpretación más contenida, hacía dentro, más discreta, incluso confinada al silencio. La actriz francesa actúa con moderación y aporta un sutil equilibrio a la historia

Xavier Legrand mantiene durante toda la película una actitud contemplativa y a la expectativa de los miembros de la familia ante la posibilidad más que razonable de que en cualquier momento pueda suceder algo. El temor de Miriam y Julien se proyecta permanentemente sobre la conflictiva figura paterna a lo largo del metraje.

Antoine se presenta inevitablemente de una manera nítida como si fuera una bomba humana de relojería a punto de estallar, una fuente inestable y amenazante que debe protegerse urgentemente contra si misma. La sensación de indefensión y peligro cada vez más cercano, obliga a Miriam a esconderse para proteger a sus hijos y evitar una tragedia.

Legrand demuestra ser un director extremadamente competente para crear y mantener el suspense. Por ejemplo, los ruidos ambientales perturbadores (tropiezos en las escaleras, el cierre de puertas) refuerzan el nerviosismo constante de los personajes amenazados.

La música se usa con moderación pero de manera ingeniosa: en el cumpleaños de la hermana Joséphine (Mathilde Auneveux), una pista de baile llena de gente combinada de continuas maniobras nerviosas de Miriam, crea una experiencia de visualización inquietante. Su comportamiento respira miedo y amenaza, incluso sin haber una razón directa para ello. De esta forma, el director francés trata con elementos propios de la novela negra de una manera prometedora y eficaz, aunque, en última instancia, Custodia Compartida debe de tratarse como un drama social que incite a la reflexión.

Custodia Compartida empieza como un drama social sobre divorcios, al estilo “Kramer vs. Cramer” de Robert Benton, para posteriormente a medida que su forma narrativa va in crecendo pasar a ser un verdadero thriller psicológico al estilo de “La Noche del Cazador” de Charles Laughton.

Al principio la narración es algo lenta, a pesar de las buenas interpretaciones se puede hacer algo pesada de inicio. Sin embargo, debes tener paciencia porque Custodia Compartida poco a poco va avanzando a mayor velocidad, hasta coger un ritmo tan frenético que resulta imparable. Adquiere una velocidad de vértigo en la última media hora, tan impresionante, tan absorbente, que te olvidas incluso de respirar.

https://cinemagavia.es/custodia-compartida-pelicula-critica/
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12 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Matar a Jesús
Matar a Jesús (2017)
  • 6,8
    326
  • Colombia Laura Mora Ortega
  • Natasha Jaramillo, Giovanni Rodríguez, Camilo Escobar, Carmenza Cossio, ...
8
Crítica de Matar a Jesús por Cinemagavia
Matar a Jesús es un thriller donde su directora Laura Mora Ortega procesa sus experiencias personales, situando la acción en la bulliciosa ciudad del crimen de Medellín. La película busca retratar una sociedad en conflicto a través de dos jóvenes que han sido brutalmente atravesados por la violencia. Una historia de venganza interpretada en su mayoría por actores no profesionales, a los que la cámara sigue muy de cerca, dotando a la cinta de mucho realismo y autenticidad. La cinta obtuvo el Premio de La Juventud en el pasado Festival de San Sebastián.

Matar a Jesús nos presenta a Paula (Natasha Jaramillo), una estudiante de fotografía que irradia felicidad y alegría, despreocupada, rebelde, asiste a reuniones estudiantiles, fuma porros, y protesta contra el sistema. La complicidad con su padre es total, abogado y profesor de su universidad. Todo esto cambia de golpe cuando el padre de Paula es asesinado de camino a casa en el interior de su coche por dos hombres armados montados en una motocicleta.

Ella, que acompañaba a su padre en el auto, se convierte en testigo presencial del terrible asesinato. A pesar de que Paula confiesa a la policía haber visto la cara del sicario en su huida, existen claro indicios de que ésta no tiene mucho interés por resolver el caso, más cuando el valioso reloj de su padre no fue entregado junto al resto de pertenencias y ha desaparecido misteriosamente. Además, los montones de archivos de casos similares al del profesor, apiñados en la comisaria y pendientes de investigación, también hacen dudar de la honestidad de las fuerzas de seguridad.

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(En la zona Spoiler)
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Matar a Jesús empieza con un cierto trasfondo político y social, para convertirse en una historia cristológica, cargada de gran contenido metafórico, con la idea de hacernos reflexionar sobre conceptos como la venganza, el pecado y el perdón. La muerte del padre de Laura parece cambiar simbólicamente el rumbo inicial de la película.

Por un lado, en las primeras escenas observamos a Laura como miembro de un grupo de activistas estudiantiles que debaten de forma combativa sobre los proyectos de ley de educación y planean protestas contra los próximos recortes presupuestarios en las universidades. Por otro lado, el padre de Paula enseña filosofía y sociología en la universidad. Michel Foucault parece ser su referencia. De esta forma, todo parece indicar que ha sido un asesinato político.

Poco antes del final vemos una escena que nos hace pensar que el nombre del protagonista, Jesús, no es algo casual. En ella aparece Paula (Natasha Jarmillo) sentada en un camastro de una habitación oscura, sin apenas decoración y desangelada. Allí, junto a ella se encuentra Jesús (Giovanny Rodríguez) arrodillado a sus pies, con un trapo doblado y empapado en agua, lavando con dulzura y ternura casi inesperada su cara raspada, poco después de que Paula fuera golpeada y robada en la calle. Una escena con un claro sentido metáforico que nos recuerda a Jesús arrodillado, lavando los pies a sus discípulos, la noche antes de su muerte.

Nuestro protagonista parece una especie de Cristo reencarnado, consciente de la dura realidad en la que vive, en busca del perdón a sus pecados a través de la misericordia de Paula.

Matar a Jesús se sustenta sobre la base de la experiencia personal de la propia directora, que vio al igual que la protagonista de la película, como asesinaban a su padre delante de ella. A diferencia de la cinta, Laura Mora no llegó a conocer al asesino, tan solo lo vio en sueños. Matar a Jesús explora lo que pudo haber hecho ella. Al final del filme aparece una dedicatoria a su padre.

Los actores no son profesionales porque Laura Mora Ortega quiso que fueran de Medellín y hablaran el mismo argot de la zona (hasta el punto que la película hay que verla con subtítulos en castellano para poder llegar a entender a los personajes del todo). Esta falta de experiencia en los actores se nota a lo largo del metraje, sin embargo la naturalidad y el realismo de sus interpretaciones consiguen sobradamente el objetivo de la directora: dar una mayor autenticidad a la historia.

Algunas tomas de la película son verdaderamente impresionantes como cuando pasean por la noche en una festiva Medellín en navidad, envueltos por las resplandecientes y brillantes bengalas y luces de neón. Espectaculares seguimientos con cámara en mano sobre bicicletas bajando a toda velocidad por las empinadas laderas de la ciudad, hermosas vistas panorámicas de las montañas circundantes o deliciosas tomas de la pareja nadando en las corrientes de un río en el claro de un bosque, son otros momentos mágicos de la película.

La fotografía es inmersiva, con mucha luminosidad. Matar a Jesús está rodada con luz natural y frecuentes primeros planos que dan un tono apasionante y realista a la historia. Un excepcional trabajo de cámara que consigue revelar tanto la belleza como el lado más oscuro de la ciudad de Medellín.

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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Juego de ladrones. El atraco perfecto
Juego de ladrones. El atraco perfecto (2018)
  • 5,9
    3.577
  • Estados Unidos Christian Gudegast
  • Gerard Butler, Pablo Schreiber, O'Shea Jackson Jr., Curtis '50 Cent' Jackson, ...
6
Crítica de Juego de Ladrones por Cinemagavia
Calificación: 6,5

La mayor diversión en Juego de Ladrones es ver como “El gran Nick” (Gerard Butler) y Ray Merrimen (Pablo Schreiber) compiten por todo entre ellos. Ya sea en el campo de tiro, en un duelo dialéctico de palabras o en la cama de una prostituta, los dos hombres alfa, repletos de testosterona, realmente no dejan ni un solo minuto sin exhibir y medir su masculinidad. Todo ello es tan exagerado que resulta hasta gracioso.

Así que el público recibe un variado juego del gato y el ratón entre ladrones y (anti) héroes, que incluso puede traer algunas sorpresas inteligentes e inesperadas. A pesar de un tiempo de duración sorprendentemente largo (casi dos horas y media), Juego de Ladrones es una película entretenida, que no se hace pesada, rodada a un gran ritmo. Los tiroteos prolijamente montados nunca son utilizados como un medio puro para conseguir un fin, sino que están bien integrados en la acción general. Aunque los diálogos permanecen lejos de ser brillantes, son perfectamente pertinentes, naturales, no se sienten impostados y, en algunos momentos, resultan bastante enigmáticos.

La película tiene una duración de 140 minutos y, aunque como he dicho anteriormente, no resulta pesada, no tiene mucho sentido un metraje tan largo. Muchas secuencias y subtramas podrían haber sido recortadas perfectamente, y de esta forma no dejaría la sensación de estar algo hinchada. Por ejemplo, la subtrama que involucra a la esposa y la hija de “El gran Nick” podría haber sido recortada y seguramente no hubiera afectado ni restado fuerza al resultado final de la película. Estos intentos de agregar dimensión a la vida personal de Nick y Merriman son huecos y no aportan nada a la historia.

Gerard Butler interpreta un papel que conoce muy bien y tan condicionado lo tiene. Nos referimos al regreso del trágico líder Leónidas de “300″, el hombre desafiante, respetado y apreciado que se ve acorralado en su propia tragedia. La prolongación de ese personaje, el espartano ahora modernizado e integrado en otro campo de batalla, un juego sucio enriquecido por Christian Gudegast a través de una especie de competición entre dos hombres. Dos líderes, cada uno posicionado en un lado de la ley, en una dicotomía ideológica, respetada por todos los miembros de cada bando como si de escuadrones suicidas se tratasen.

Es bien probable que la mayoría de los aficionados al cine descubran con satisfacción y quizás incredulidad que Gerard Butler ha dejado de ser un actor de mimo. Aquí realiza una gran labor interpretativa como un policía maravillosamente descuidado y sin escrúpulos al que le gusta disparar más allá del objetivo, y que consigue suprimir por completo su acento escocés en este personaje. A destacar también, el magnetismo de O’Shea Jackson Jr. (“Ingrid Goes West“, 2017) como Donnie Wilson. El hijo de Ice Cube, interpreta de forma correcta un personaje interesante y atractivo, clave en la trama, convertido al mismo tiempo en el conductor del robo e informante de la policía.

Sin embargo, el mejor actor del elenco es Pablo Schreiber, que después de numerosas e importantes interpretaciones en series y, sin apenas mucha visibilidad en cines, obtiene ahora su mejor papel para la gran pantalla, como jefe inteligente e intimidante de una pandilla de ladrones. Realiza una actuación más que convincente, la cual seguramente, le abrirá las puertas para próximos proyectos.

La referencia (a veces excesivamente) clara es el cine de Michael Mann. Tanto en forma y contenido como (y sobre todo) en la percepción del robo y en la realización de la película de género como un trabajo de precisión absoluta. Christian Gudegast intenta crear un dinamismo similar entre Gerald Butler, policía, y Pablo Schreiber, ladrón, con los personajes de Robert De Niro y Al Pacino en “Heat“.

Las escenas de acción están rodadas con precisión y el sonido durante cada una de ellas está excelentemente acoplado. Durante sus secuencias de robo y tiroteo, la película ciertamente muestra una reverencia por las tenues y temperamentales tácticas de construcción de tensión del clásico de Michael Mann, lo que hace muy difícil no compararlas.

Parece aspirar a ser una actualización de la Masterpiece “Heat“. Hasta el punto que Ray Merrimen (Schreiber) y Nick Flanagan (Butler) tienen una reunión en un campo de tiro, en clara referencia a una famosa escena de restaurantes en “Heat” donde Lt. Vincent Hanna (Al Pacino) y Neil McCauley (Robert de Niro) se encuentran cara a cara, ambos conscientes de la identidad de cada uno. Incluso la búsqueda final de contenedores está claramente tomada de la película de Mann.

La película es un thriller de acción alejado de los típicos policíacos a lo que estamos acostumbrados a ver, debido en parte a que los policías consiguen a su vez ser tan malos o tal vez incluso peores que los ladrones, haciendo la historia aún más interesante. Un guion magníficamente elaborado, que esconde muy bien lo que va a suceder, quienes son los verdaderos villanos y cómo va a terminar la trama.

Para ser el primer proyecto como director de Christian Gudegast, hace un trabajo bastante notable. Es capaz de crear con gran efectividad buenos momentos de tensión y escenas de acción interesantes, como lo demuestra la escena de introducción que involucra a una camioneta blindada, o la larga secuencia final. Una película que cumple sobradamente con su propósito final: entretener y pasar un buen rato, sin más aspiraciones. Pero una cosa es cierta, la película es mucho mejor de lo que piensas inicialmente cuando lees el elenco de actores protagonistas.

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16 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Barbara
Barbara (2017)
  • 5,7
    396
  • Francia Mathieu Amalric
  • Jeanne Balibar, Mathieu Amalric, Vincent Peirani, Fanny Imber, ...
7
Crítica de Barbara por Cinemagavia
Barbara empezó en la década de los 50 a cantar, primeramente, tras unos duros comienzos, en diversos cabarés belgas, para conseguir finalmente presentarse en París, en L’Ecluse, en 1958. Se convirtió en una especia de voz de la nación. Ella canta a la reconciliación franco-alemana, algo que no se entendió desde numerosos círculos de Francia, al ser ella una víctima de la ocupación nazi por ser judía y perder a gran parte de su familia. A pesar de ello compuso una de sus canciones más célebres, Gotinga (Ciudad alemana de la baja Sajonia), y accedió a cantarla en 1964 en el teatro Junges de dicha ciudad donde fue ovacionada.

Ella también defendió la tolerancia al comienzo de la epidemia del SIDA y colaboró con las principales estrellas del país, desde Jacques Brel hasta Johnny Hallyday, sin embargo, Mathieu Amalric está preocupado por otras cosas, le interesa Barbara como diva, con su carisma y su propio estilo que ofrece un modelo a seguir.

A Mathieu Amalric no le interesa mucho de Barbara los méritos y premios cosechados durante su vida, a pesar de que como vemos a través del personaje que también interpreta en el filme (el director Yves Zand), estudió detalladamente toda su actividad artística durante los preparativos de la película. Él está realmente interesado en el personaje en sí, su personalidad arrolladora y carismática. Ella era una diva por lo que el director crea un retrato de la artista basado en anécdotas de la vida cotidiana escenificadas con luz lasciva y acompañadas de abundantes escenas repletas de música.

Brigitte (Jeanne Balibar) tiene las condiciones perfectas para brillar como Barbara en la pantalla grande. La actriz Jeanne Balibar que interpreta a Brigitte también sabe lo que es saborear el éxito como cantante en la vida real, y desde el punto de vista visual, ella y Barbara son tan similares que es fácil confundirlas. Ambas son mujeres extremadamente delgadas y altas, con manos huesudas, largas y llamativas facciones, muy sensuales y elegantes, y siempre atraen la atención de todos con sus trajes idiosincrásicos pero muy refinados.

Su presencia es tan fuerte que son capaces de llenar cualquier espacio aun estando ellas solas. Ambas comparten una misma mirada, un resplandor lascivo en cada gesto y una fama superlativa. Jeanne Balibar interpeta a Brigitte, y esta a su vez a Barbara o en otras palabras: una diva interpreta a otra diva, la cual interpreta a otra diva. Una especie de trabalenguas que define el maravilloso juego existente en la película donde las vidas de las actrices y sus personajes se difuminan y a menudo son difíciles de distinguir.

Esta similitud entre Brigitte y Barbara no solo es vista por el director Yves Zand en la película. Mathieu Amalric reconoce esto entre su ex esposa Jeanne Balibar, en el papel de Brigitte y, por lo tanto, también en el papel de Barbara. Los límites son tan estrechos entre las tres que muchas veces no sabemos ante quien estamos delante de la pantalla. Una confusión que hace que las tres mujeres se fusionen en una sola.

El director Yves Zand (también interpretado por Mathieu Amalric) le da a leer a Brigitte todos los libros que Barbara leyó en su día, la muestra todas las películas tomadas durante sus actuaciones y las giras. Inclusive, los asistentes de producción visten ropas, perfumes y joyas originales de la cantante. De esta forma uno descubre rápidamente la obsesión del director por la cantante y como detrás de este proyecto cinematográfico en forma de biopic existe algo más que realizar una película: la recreación, quizás idealizada, de la vida de una mujer interesante. Tanto él como su actriz principal tienen su propia visión de como interpretar a Barbara, lo que provoca un montón de tiranteces en los set de rodaje.

Barbara también es una cinta sobre el proceso de creación, una película dentro de otra película, una excusa para que el director pueda explorar en las neurosis y obsesiones de los artistas de cine cuando se sumergen en su arte. Cuando el rostro del director se ilumina de alegría, el espectador comprende que éste, ha conseguido encontrar la postura adecuada o el tono correcto. La obsesión de Yves Zand por transmitir su visión, dando consejos a la actriz otorgan al filme una naturaleza cuasi mística y muy poética.

El espectador es conducido a través de múltiples capas. Nunca sabe completamente dónde está ni en qué dimensión de la película se encuentra. Esta exposición no resulta molesta de ninguna manera, porque es precisamente esta puesta en escena lo que da fuerza y relevancia a la película, además de la magnífica vinculación de las imágenes con lo auditivo a través de las canciones.

Barbara es una especie de experiencia inmersiva, que funciona igualmente como juego de espejos. Recomendable para un público muy cinéfilo.

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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La casa junto al mar
La casa junto al mar (2017)
  • 6,1
    806
  • Francia Robert Guédiguian
  • Ariane Ascaride, Jean-Pierre Darroussin, Gérard Meylan, Jacques Boudet, ...
7
Crítica de La Casa junto al Mar por Cinemagavia
Tres hermanos de mediana edad regresan a la casa de su padre, en una pintoresca villa cerca de Marsella, después de que éste sufriera un derrame cerebral. Angèle (Ariane Ascaride), Joseph (Jean-Pierre Darroussin) y Armand (Gérard Meylan) no se han visto durante años, ahora se han unido para resolver la herencia y cuidar al padre. Desde un principio queda claro, que si bien cada uno de ellos ha tenido una vida diferente, los fantasmas del recuerdo todavía persisten y no han podido ser enterrados.

En un pequeño pueblo costero del Mediterráneo que da la sensación de haber sido abandonado, ambos hermanos se enfrentarán tanto a su pasado, como también a su futuro, no solo el suyo, sino también a un estilo de vida que parece haber desaparecido. Reflexionan sobre el legado de su padre y su pasado en este otrora lugar idílico, sacudido por la crisis económica y el colapso de la clase media. Todo esto mientras los soldados franceses patrullan, buscando refugiados …

La diferencia entre lo que fuimos y lo que nos hemos convertido es el tema central de La Casa junto al Mar. Especialmente, en la brecha existente con sus ideales de juventud. Armand (Gérard Meylan) se hizo cargo del restaurante de su padre y siempre se mantuvo fiel al legado familiar, basada en la filosofía de precios bajos para ser asequible a un público mayoritario. Sin embargo, se cuestiona y se pregunta, como continuar, ya que de los tiempos pasados ya no queda nadie.

Joseph (Jean-Pierre Darroussin) ha perdido gradualmente su conexión con el mundo laboral y se ha aburguesado, algo que su pareja sentimental (Anaïs Demoustier) mucho más joven que él no deja de recordarle. Angèle (Ariane Ascaride), por su parte, rompió con su familia hace tiempo para forjarse una exitosa trayectoria como actriz de teatro y televisión.

Permaneciendo fiel a los temas que ocuparon la trama de “La Nieve del Kilimanjaro“, Robert Guédiguian quiere hablar de una sociedad que está cambiando rápidamente. El director se apresura a contrastar el pasado glorioso de la región con un presente y futuro sombrío, donde cada vez hay menos residentes, los intereses especulativos chocan y son un obstáculo para la adquisición de viviendas en la zona, vigilancia excesiva en busca de refugiados…. En este contexto de aldea casi abandonada, Guédiguian ha creado un telón de fondo melancólico y hermoso, en el que los tres hermanos están en ese momento de sus vidas que perciben el paso del tiempo y, como el mundo cambia inexorablemente.

Poco a poco, esa cuestión de la lealtad al legado comunista, transmitida por su padre, se hace patente, y la película se convierte en cierta reflexión política. Una fuerza amarga subyace en el interior de los hermanos. El mundo está cambiando, pero no necesariamente en el sentido que ellos pretendían. Ellos mismos no se han podido mantener fieles a ese ideal compartido de solidaridad y fraternidad. Y la juventud de hoy en día, aspira a otros valores, más individualistas.

En el último tercio de la película, el director Robert Guèdiguian sorprende con una historia completamente nueva: Joseph y Armand descubren a tres niños refugiados (como los tres personajes principales de la película, dos hermanos y una hermana) ocultos en el bosque entre la maleza. Los tres hermanos en plena crisis existencial tendrán que tomar una decisión que puede cambiar el resto de sus vidas para siempre.

La Casa junto al Mar, primero es una historia intimista y un drama familiar, para convertirse de repente en una película sobre un problema fruto de la globalización. Un tema interesante para reflexionar, la crisis de los refugiados, pero al que no le concede demasiado espacio para su desarrollo. Seguramente que si Robert Guèdiguian se hubiera centrado en una de las dos propuestas, drama familiar o crisis de refugiados, probablemente la experiencia cinematográfica final hubiera sido más interesante.

Hay muchos temas que preocupan al director y eso supone un gran problema para el resultado final de la película, porque ninguno de ellos termina de desarrollarse por completo, en parte porque le dedica demasiado tiempo en resolver enredos emocionales y complicaciones que no son esenciales para la trama, de esta manera, al final nos queda la sensación de haber visto un refrito de propuestas interesantes a medio cocinar. La historia sobre los tres niños refugiados se introduce demasiado tarde en la película y desequilibra el argumento justo antes del tramo final.

El tiempo pasa siempre irreparablemente con Robert Guédiguian, y La Casa junto al Mar está impregnada de nostalgia. El capitalismo y el individualismo, valores predominantes en la sociedad actual, ganan la batalla al ideal de fraternidad y solidaridad del pasado. Los personajes lo recuerdan con añoranza e intentan al menos salvar los muebles y cuidar las apariencias. Existe una cierta sensación de impotencia y resignación.

Un breve flashback para reflejar los ideales perdidos de la juventud de Angèle, Armand y Joseph, es una de las escenas más bellas de la película. El montaje muestra a los tres hermanos primeramente juntos en el interior de un automóvil, luego en el paseo costero, y finalmente todos en el agua. Todo ello acompañado musicalmente de una enternecedora “I Want You” de Bob Dylan. El flashback en realidad proviene de un extracto de otra película de Guédiguian, “Ki lo sa?” (1985), y encaja perfectamente en la trama debido a que son los mismos actores 32 años antes. Una pequeña audacia narrativa que refleja perfectamente dos épocas diferentes.

La Casa junto al Mar entre la utopía y la esperanza, es profunda, conmovedora y divertida en algunos momentos.

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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
1945
1945 (2017)
  • 6,9
    474
  • Hungría Ferenc Török
  • Péter Rudolf, Tamás Szabó Kimmel, Dóra Sztarenki, Bence Tasnádi, ...
7
Crítica de 1945 por Cinemagavia
Calificación 7/5

La película 1945 está realizada de una manera tan sutil que cada detalle aparece cuidadosamente pensado. El escenario principal está construido en base a la relación existente entre los personajes, divididos en dos bandos, los que tienen sentimiento de culpa y los que tienen el instinto casi inhumano de supervivencia. Los que se acercan a los principios universales de la ley y la moral cristiana o los que actúan con sus propios códigos de conducta basados en la codicia. Sin embargo, de una forma u otra, todos los habitantes del pueblo están implicados y tienen parte de culpa.

El antisemitismo como si de un veneno se tratara recorrió Europa durante muchos siglos antes de Hitler. El dictador alemán no lo inventó, pero si aprendió de él y lo utilizó de forma eficaz y terrible para crear un régimen aterrador y sangriento. Y, quizás lo más trágico de esto, fue la poca resistencia que encontró en Europa central y oriental. Por un lado, el miedo y el temor al que es diferente, sin importar su utilización de forma irracional, está profundamente arraigado en muchas sociedades. Por otro lado la guerra, como tal, es una oportunidad perfecta para despertar los más bajos instintos de las personas, la especulación y los intereses oportunistas.

La presencia de dos judíos con dos grandes baúles, de forma paradójica despierta el miedo en aquellos que un día se beneficiaron de su persecución. Lo que Ferenc Török intenta reflejar es la propia sensación de ansiedad creada por lo desconocido. Las víctimas que son retratadas como peligrosos invasores por aquellos en el poder es un asunto que se repite una y otra vez.

Mientras que para algunos países, la fecha de 1945 fue el año de la liberación nazi y el final del fascismo, para otros estados de Europa del Este simplemente pasaron, de estar dominados por una potencia invasora y totalitaria, a estarlo por otra. Por lo tanto, la imprevista visita al pueblo de los dos judíos, esta cargada de un fuerte y sutil simbolismo. Lo que debería haber sido motivo de fiesta y celebración con la boda se convierte en una tragedia, en la que nadie está libre de culpa, toda la sociedad está implicada de una manera u otra, desde el cura hasta el alcalde, desde los maestros a los campesinos; de hecho, no es casualidad, que los únicos personajes con dignidad y honestidad abandonen el pueblo.

1945 está basada en el relato corto “Hazatérés” (Regreso a Casa, 2004) de Gábor T. Szántó que también colabora con el guion. Examina un lado del Holocausto que rara vez se aborda en la ficción: el regreso de los supervivientes judíos a las regiones donde fueron exterminados en masa por los nazis. Explora en la reacción de la sociedad húngara ante su llegada, después de que en el mejor de los casos, se quedara parada y viera la matanza de sus amigos y familiares o, en el peor, ayudara activamente a los alemanes. También plantea otro interesante dilema, ¿Como se puede reclamar propiedades antiguas cuando las autoridades las confiscaron y redistribuyeron a nuevos propietarios que vivieron allí durante años?.

Ferenc Török dirige su cámara casi exclusivamente a los aldeanos, interesado en reflejar cómo se les desmorona su complacencia cuando se enfrentan a sus pecados del pasado, y en evocar el ambiente asfixiante y castigador del caos existencial que ahoga a la aldea. De esta forma, Török parece evocar al célebre director húngaro Béla Tarr, en particular su obra maestra de siete horas y media, “Sátántangó” (1994), que también sigue el desmoronamiento de un pequeño pueblo cuando uno de ellos, presuntamente muerto, regresa repentinamente.

Rodada en un impresionante blanco y negro, 1945 es una película hipnótica, silenciosa y conmovedora. La fotografía de Elemer Ragalyi por sí sola es una auténtica maravilla y un disfrute de los sentidos, debido al uso exquisito de la iluminación, y a sus poéticas e impactantes imágenes, como la espléndida toma final, de gran simbolismo, y preñada de múltiples significados que cada espectador interpretará de manera diferente. Una fantástica narración visual desarrollada en la película 1945, cimentada en una fotografía austera y de alto contraste de luz.

Ferenc Török emplea constantes primeros planos íntimos y despiadados de la cara ancha y sudorosa de Isztvan (Péter Rudolf) como del resto de personajes del pueblo, mostrando casi al detalle la textura de la superficie de sus pieles, en contraposición con los planos más generales de los dos “invasores” judíos. Las cargas emocionales de los personajes se alinean de manera intangible en sus expresiones. Mediante la incorporación de escenas magníficamente enmarcadas y proyectadas en austero monocromo, la película 1945 avanza al mismo ritmo lento y constante con el que los hombres judíos continúan su marcha inexorable hacia la aldea.

En definitiva, una espléndida película, en la que todos y cada uno de los personajes transmiten veracidad y autenticidad, y en donde se generan muchísimas emociones incluso sin palabras. Esto es debido, en gran parte, al fabuloso guion escrito de forma sensible e inteligente. Excelente fotografía en blanco y negro, rico diseño de producción y excelentes interpretaciones en conjunto.

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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Foxtrot
Foxtrot (2017)
  • 6,3
    753
  • Israel Samuel Maoz
  • Lior Ashkenazi, Sarah Adler
8
Crítica de Foxtrot por Cinemagavia
Foxtrot es un tríptico altamente metafórico que intenta lidiar con el atolladero del conflicto palestino-israelí. Es la segunda película de ficción de Samuel Maoz, quien con su debut, en “Lebanon” (Líbano), ganó el León de Oro en 2009. Ocho años después de que “Lebanon” de Samuel Maoz nos llevara dentro de un tanque israelí y no nos dejara salir, el escritor y director nos traslada a la casa de un soldado, donde la información y la desinformación sobre el bienestar de su hijo amenaza con destruir a su ya dañado padre.

La película trata de la pérdida o supuesta pérdida de un hijo soldado en el ejército israelí. Foxtrot está estructurado en tres partes.

Observamos en el puesto de control como los soldados con cierta frialdad infligen humillaciones a los ocasionales coches palestinos, el robo de productos y, en una escena particularmente inquietante, haciendo que sus víctimas se bajen del coche bajo una lluvia torrencial.

Foxtrot se adentra en el aburrimiento y los prejuicios banales que surgen en primera línea, y por tal motivo ha sido una película muy controvertida en Israel al ser condenada por la Ministra de Cultura Miri Regev. El gobierno israelí estuvo muy enfurecido con la descripción que hace la película de un crimen de guerra y su encubrimiento posterior, así como la sugerencia de que esto es lo habitual.

El drama israelí Foxtrot, aclamado y vilipendiado, está repleto de dolor y confusión, con muchos sentidos metafóricos, uno de ellos se extiende al propio título de la película. Foxtrot es por un lado, el nombre de un puesto de control aislado del desierto, en un camino transitado por algún que otro coche palestino y camellos.

Pero también es, por supuesto, un baile, cuyos peculiares pasos han inspirado a Samuel Maoz para evocar la vida en un estado traumatizado y ciegamente militarista donde uno siempre termina en el mismo punto de partida. Foxtrot es un baile, y como tal nos conduce a una secuencia visual surgida de la nada de un soldado danzando con su rifle, así como a un momento más tranquilo, conmovedor y casi desesperado, entre el matrimonio.

Foxtrot se mueve al mismo ritmo de la danza de la que toma su nombre, permitiéndose intervalos de ensueño, poéticas y eróticos, pero siempre volviendo al punto de partida, en un ciclo sin fin y cruel de culpa, castigo y expiación.

Las imágenes son de una belleza tan extraordinaria que le da a la película aún más brillo. Además de la ingeniosa historia, hay que destacar el impresionante trabajo realizado de cámara.

Muchos ángulos de cámara directamente desde arriba, casi como un intento de mantener a cierta distancia los problemas humanos, como si un poder superior nos observara y tomara decisiones sobre nuestro destino, como si fuéramos pequeñas piezas de ajedrez.

Cuando Michael camina por el pequeño y minúsculo baño, se siente muy claustrofóbico, como si los fuertes sentimientos no encajaran, y no tuviera a dónde ir. Una escena particularmente notable es en la que la cámara desde arriba le sigue y vemos como las baldosas debajo de sus pies crean la impresión de que los cubos se levantan debajo de él en todas partes. La cámara comienza a girar, mientras Michael lucha lentamente por moverse a través de la habitación, y se crea una ilusión óptica que hace que parezca casi como si, aunque se estuviera moviendo, no pudiera moverse en absoluto. En cambio, el personaje parece permanecer dolorosamente atrapado tanto en su dolor como en el duro mundo militar que parece encerrarlo desde todos los ángulos.

Foxtrot arrastra al espectador en un viaje vacilante, inquieto y sin control, con humor cínico, que analiza el poder del destino y el azar en nuestra existencia.

Estamos ante una película sobre coincidencias que no son casuales, que parecen parte de un plan más grande. La historia de Foxtrot está inspirada en un episodio real experimentado por propio director, que casi perdió a su hija el día que le dijo que tendría que tomar el autobús para ir a la escuela.

A su dormilona hija se le pegaban muy habitualmente las sábanas cada mañana, con lo que tenía que coger un taxi para llegar pronto a clase. Los padres cortaron por lo sano esos gastos y la obligaron ir siempre en autobús, la linea 5. Aquella mañana, cuando se extendió la noticia de que un grupo armado tomo el bus 5 matando a varios pasajeros, Samuel Maoz, obsesivamente marco una y otra vez el número de teléfono de su hija. Las lineas estaban colapsadas. Cuando la niña regresó a casa contó que se había levantado tarde y perdió el autobús. Hay lugares en el mundo donde uno tiene las mismas posibilidades de salvarse de la muerte a propósito o por error.

Foxtrot es claramente una película sobre la inutilidad y la banalidad de la guerra, el sin sentido de la muerte, un tríptico alucinatorio de los horrores de la guerra, a la vez que es un rico estudio cultural del pueblo israelí.

Samuel Maoz realiza un brillante trabajo al mezclar magistralmente el surrealismo y el drama para contar una historia cargada de emoción y discurso político en un país que está teniendo dificultades para reconciliarse con la violencia cotidiana y las muertes sin sentido.

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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
La última bandera
La última bandera (2017)
  • 6,1
    1.416
  • Estados Unidos Richard Linklater
  • Steve Carell, Bryan Cranston, Laurence Fishburne, J. Quinton Johnson, ...
7
Crítica de La última bandera por Cinemagavia
Lo que Richard Linklater hace muy bien en sus películas, es generalmente enfrentar a dos o más personajes en un mismo lugar con diferentes puntos de vista. Los permite hablar, y aunque no siempre estén de acuerdo, podemos aprender y comprender a cada uno de ellos a través de sus diferentes formas de pensar. Es un apasionado del respeto a las creencias, los principios y los deseos de los demás, y ese respeto es tanto defendido como cuestionado a lo largo de su película. Es muy interesante observar cómo las diferentes personas comparten sus creencias y personalidades a través de una conversación natural y espontanea.

Con cada uno de los personajes principales muestra todos los pros y contras dentro de una gama de arquetipos: en un momento dado, Fishburne y Cranston son casi literalmente el ángel y el diablo posando en los hombros de Carell. La dinámica principal en La Última Bandera proviene de los ácidos diálogos entre Sal (Cranston) y Mueller (Fishburne). Magnífica interpretación de ambos actores.

Bryan Cranston interpreta a un dueño de un bar, alcohólico y sarcástico. Sal es tosco, odioso, no le importa ofender a quien sea y al principio no aparece muy agradable, sin embargo a medida que vamos conociéndolo descubrimos a un hombre con gran corazón y leal con sus amigos necesitados. Mientras que Laurence Fishburne, en su papel de pastor de la iglesia, al principio, es fácil simpatizar con él. Tiene el papel más liviano y divertido de los tres amigos. No está satisfecho de su pasado ni de las cosas que hizo en Vietnam, pero está orgulloso de haber servido al ejército.

Mueller tocó fondo tanto durante, como después de la Guerra de Vietnam, y usó la religión para superarse a sí mismo. En cambio, Sal en realidad nunca sacudió sus demonios de la cabeza y se refugia en el alcohol. Pero lo que hace que estos dos personajes sean geniales es que el público puede relacionarse e identificarse con ambos en diversos momentos de la película. Las continuas discusiones entre ambos es la parte más divertida de la película que sirve para suavizar en gran medida la tragedia central de la historia.

Steve Carell interpreta a un personaje perturbado, habiendo interiorizado sus lesiones del pasado. Realiza una fuerza dramática extraordinaria por su simplicidad. Carell resulta devastador como un padre afligido, una actuación discreta y sencilla, que es tan hermosa como desgarradora.

La Última Bandera parece romper con sus retratos juveniles anteriores, ya sea “Boyhood” (2014) o “Todos queremos algo” (2016). En su última película trata de entrar en la edad adulta, y lo hace desde la perspectiva de la guerra en Iraq, detrás de la cual inevitablemente surge el trauma de la Guerra de Vietnam.

El destino de los tres protagonistas toma forma de road movie transportando un ataúd, a veces divertida, otras trágicas, pero ofreciendo a estos veteranos de guerra la oportunidad de superar sus diferencias ideológicas y encontrar un nuevo vínculo que sustituya al que les tenía unidos en el pasado.

En cierta forma, es comprensible que Sal y Mueller tengan una antigua deuda con Larry y que les ofrezca la oportunidad de pagarla treinta años después. Con medias palabras, evocan un episodio en el que nunca entenderemos exactamente a qué se refiere, donde Larry cubrió a sus camaradas y estuvo en la cárcel por culpa de ellos.

Esta road movie servirá de redescubrimiento de la amistad entre los tres amigos, por medio del proceso de duelo de Larry. Los tres van percibiendo que sus respectivas realidades actuales son el resultado directo de sus experiencias en tiempo de guerra, en un intento de expiación de pecados pasados.

Como siempre, Linklater trabaja la profundidad de sus personajes detrás de aparentes estereotipos. Nunca pinta un retrato psicológico, pero muestra los defectos que atraviesan los personajes, ya sea en su extrema moderación o en sus intrépidos excesos.

Usando la muerte del hijo de Larry como recurso narrativo, Linklater hace una interesante reflexión sobre la muerte, la guerra y el engorroso patriotismo estadounidense, pero de hecho transforma su película en un himno tragicómico de la vida. La película habla especialmente sobre la amistad, la responsabilidad civil, la solidaridad, los conceptos hoy perdidos en la indiferencia que lleva nuestras vidas.

La primera parte de la película es una crítica dura del heroísmo militar, especialmente desde que el hijo de Larry murió en circunstancias muy alejadas de las razones presentadas oficialmente. Además, La Última Bandera muestra cómo cualquier guerra, tan absurda como inútil, permite poner a prueba el ímpetu de la solidaridad y la humanidad.

A pesar de su clara postura antibélica, invita a reflexionar sin ser muy riguroso. A pesar del tema, La Última Bandera en su mayoría se abstiene de crear cualquier polémica política, apenas incluso de trazar las lineas de la condena de la guerra misma. Sal y Larry expresan su inconformidad y rechazo con la administración Bush y se lamentan de la inutilidad de la guerra que combatieron, pero la película aborda el conflicto violento con desprecio desapasionado e indiferente, como un error inevitable de la civilización.

El guión de Linklater y Ponicsan es una mezcla perfecta de patetismo y humor, manteniendo el drama humano de la historia. Da lugar a una serie de diálogos cool que se exhiben a través de aparente ligereza y levedad, infundidas en largas conversaciones y diatribas sobre todo, desde el trato militar a su personal y las razones de la guerra, hasta los teléfonos móviles y la música de Eminem.

El resultado final es una película conmovedora y profundamente personal que encuentra un delicado equilibrio entre el humor sincero y el drama crudo dentro del contexto de la familia, la amistad, el patriotismo y el dolor.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Yo, Tonya
Yo, Tonya (2017)
  • 7,0
    15.444
  • Estados Unidos Craig Gillespie
  • Margot Robbie, Sebastian Stan, Allison Janney, Caitlin Carver, ...
8
Crítica de Yo, Tonya por Cinemagavia
Después de ver un documental sobre patinaje artístico, el guionista Steven Rogers repentinamente se acordó de esa página negra de la historia deportiva estadounidense. Decidió profundizar en la vida de Tonya Harding. Entabló conversación con la propia Harding y con su ex marido Jeff Gillooly, a quienes se les ocurrieron historias contradictorias. Craig Gillespie decide que ambas historias compartan escenario y así, de esta forma, reconocer que no hay una manera real de llegar a la verdad de lo ocurrido y permite al público extraer sus propias conclusiones.

De esta manera comienza Yo, Tonya: “Basado en entrevistas absolutamente ciertas, totalmente contradictorias y sin ninguna ironía con Tonya Harding y Jeff Gillooly”. Desde un principio apreciamos que se trata de una película biográfica fuera de los esquemas y de la lógica narrativa clásica, en perpetuo equilibrio entre el falso documental, comedia de humor negro y la reconstrucción de una vida vivida en constante lucha contra todo y todos.

Craig Gillespie (“Lars y una Chica de Verdad”, 2007) escoge el camino de la variación continua de tonos y registros, la múltiple exposición de puntos de vista, con personajes que proporcionan versiones diferentes y contradictorias sobre los hechos. Elige un estilo poco convencional de manera que la película parece un “falso documental”, en el que los personajes más importantes, fundamentalmente, Tonya, Jeff y LaVona, intentan arrojar luz sobre todo lo ocurrido a través de una serie de entrevistas.

Además, durante el transcurso de la cinta, “la cuarta pared” se rompe regularmente y los personajes hablan directamente con el espectador. Ocasionalmente, Gillespie usa una pantalla dividida para enfatizar cuán delgada es la linea de los hechos y argumentos de unos y otros.

Hay mucho humor con tintes negros en toda la película, pero sin alejarse de la delicada y grave de situación planteada. La violencia doméstica, tanto física entre Jeff y Tonya como psicológica por parte de LaVona, mostrada de manera continua, es un asunto muy serio y de poca gracia. El abuso insinuado en la cinta, coincide con las declaraciones oficiales de Tonya Harding en varias entrevistas. Además de esa violencia, los celos, la lucha y las diferencias de clase son temas recurrentes que se abordan hábilmente y, por lo tanto, también llegan al espectador.

Para el director, la relación de Tonya con su madre, explica en parte el motivo de haberse casado con un hombre que la golpeaba y abusaba emocionalmente de ella. Como declara la propia Tonya, la violencia había sido tan habitual en su vida, que de alguna manera, era concebida como algo normal en su matrimonio. Una relación familiar rota y una vida conyugal turbulenta se dibuja aquí, que teóricamente hubiera dado suficiente material para un drama muy serio, pero Gillespie consigue de forma audaz suavizar y hacer llevadero el tema con un fino humor negro

La actriz australiana Margot Robbie desempeña una impresionante actuación y saca el máximo partido, en todas las facetas, a un personaje controvertido y complejo. Se implicó muy apasionadamente en este proyecto, no solo a través de sus esfuerzos interpretativos, sino también es una de las productoras de la película. Margot Robbie sufre una gran transformación para interpretar a Harding. Se adorna de rizos de principios de los 90 y realiza un sensacional esfuerzo con el acento y los gestos de la clase trabajadora del noroeste del Pacífico.

Aunque Robbie tomó muchas lecciones para las escenas sobre el hielo, hay que destacar el magnífico uso de trucos informáticos (CGI), los dobles, el sensacional movimiento de cámara que captura la acción con precisión sin cortes. Todo ello consigue la ilusión perfecta para que veamos a Robbie realizando pequeños milagros en la pista de hielo.

No menos importante es el rendimiento de Allison Janney, que dibuja a la perfección la imagen diabólica de una mujer aparentemente desprovista de cualquier sentimiento hacia su hija, que ha crecido con el sonido de bofetadas, opresiones y humillaciones. Allison Janney es tan buena en su papel de mujer fría y sin emociones que conseguirá que la odiemos al finalizar la película. Además, aprovecha al máximo su increíble tic cómico para llevar a LaVona al borde mismo de la caricatura: su metraje de la entrevista incluso se hace con un periquito en el hombro.

Yo, Tonya es una amarga sátira en la que nunca, como espectador, sabes dónde está la verdad para establecerse. En cortas secuencias de entrevistas, los personajes más diversos casi siempre se contradicen, por supuesto, la historia de Tonya, en teoría, es la que debe ser considerada como la única verdad. Es una crítica a la sociedad americana por su percepción convencional de como debe ser el cuerpo femenino, y a los medios de comunicación estadounidenses que se cebaron con Harding, especialmente después del “incidente” clave de la trama, cuando la llamaron “basura blanca”. Tonya en ese momento tenía 23 años.

Craig Gillespie logra encontrar dentro de ese mundo cruel, repleto de violencia, vivido por Tonya Harding, algo de humor para suavizar y hacer más llevadero el relato. El director esquiva las acusaciones de tolerar el abuso al dejar muy claro desde el comienzo de la película que se trata de una declaración unilateral, es decir, la versión de Tonya. A partir de aquí, nuestra heroína luchará contra el esnobismo y el clasismo, una madre destructiva, un padre ausente y un marido potencialmente violento y abusivo, para lograr habilidades en el hielo que ninguna otra mujer estadounidense lo había conseguido antes.

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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Party
The Party (2017)
  • 6,2
    3.913
  • Reino Unido Sally Potter
  • Patricia Clarkson, Bruno Ganz, Cherry Jones, Emily Mortimer, ...
8
Crítica de The Party por Cinemagavia
Un ingenioso e hilarante guion en donde las cosas se salen rápidamente de control a medida que van surgiendo nuevas revelaciones y se descubren verdades inesperadas. La vida de todos cambiará para siempre, pero ¿que suceso podría provocar que una celebración termine convirtiéndose en un desastre lleno de hostilidades?

En medio de la celebración, Bill lanza la primera de varias bombas devastadoras. A medida que se revela cada nueva noticia (y varios personajes intentan ocultar cosas aún más desagradables), la fiesta pasa de lo sublime a lo ridículo. Los anfitriones y sus invitados son personas educadas de la política, la economía, la ciencia y la cultura.

Una fantástica comedia negra cuya acción transcurre en tiempo real y en un espacio reducido, la casa de Janet, es decir entre cuatro paredes y un pequeño patio. La atención se centra en Kristin Scott Thomas, una política idealista de izquierdas que quiere demostrar que, como nueva ministra, aún puede acordarse de sus amigos. The Party es una reminiscencia de “Un Dios Salvaje” de Roman Polanski donde la situación se va tiñiendo cada vez más de negro, convirtiendo la buena conversación en una pelea violenta.

A pesar de ello, Sally Potter nunca concibió su guion como una obra de teatro, sin embargo, la directora reconoce que ha generado bastante interés su película para llevarla a los escenarios. The Party se siente, se ve y suena como una obra de teatro, pero no lo es. Potter escribió el escenario específicamente para esta película. Al igual que una obra de teatro, The Party depende en gran medida del diálogo.

The Party posee un casting de lujo formado por Kristin Scott Thomas ( “El Paciente Inglés“), Cillian Murphy (“Dunkerque“), Patricia Clarkson (“Aprendiendo a Conducir”, “La Librería“), Emily Mortimer (“El Sentido de un Final“, “La Librería“), Timothy Spall (“Negación”, “Mr. Turner), Cherry Jones (“El Bosque“) y Bruno Ganz (“El Hundimiento“). Debemos añadir a este sorprendente reparto al personaje central de la trama (?), sobre el que gira la película que aparecerá al final de forma muy ingeniosa. Según la directora, en declaraciones recogidas en el pasado Festival de Cine de Valladolid (Seminci 2017), la elección de los actores fue una decisión tomada al terminar el guion y no antes, es decir, nunca escribió pensando en un actor en concreto, aunque posteriormente todos ellos fueron su primera opción.

El personaje más sólido de los siete, es el interpretado por Patricia Clarkson. April es compañera de partido de Janet que usará su cortante ironía como arma de fuego. Convence sobradamente como una cínica insensible, la reencarnación de Mefistófeles. Bruno Ganz (Gottfried, marido de April) demuestra en su papel esotérico de coach de vida un sorprendente talento para la comedia. Timothy Spall, como Bill, marido desesperado de Janet, que se mueve entre la apatia y la pasión, realiza una magnífica actuación.

Cillian Murphy (Tom), es un banquero joven ambicioso y egoísta, lleva un traje muy brillante y demasiado caro. El marido de Marianne (amiga de Janet) realiza una interpretación un poco sobreactuada, siempre inquieto, no puede estar mucho rato en un mismo sitio y pasa constantemente su tiempo entre la sala de estar y el baño, donde se prepara sus rayas de cocaína. Por alguna razón, tiene una pistola en el bolsillo.

Por último, una pareja de lesbianas, Martha (Cherry Jones), feminista comprometida, monótona y pseudointelectual profesora de universidad y su novia mucho más joven, Jinny (Emily Mortimer) que acaba de enterarse de que espera no uno, sino tres hijos. Martha no puede o no quiere hacer los sacrificios necesarios para tener una familia, parece que no desea ser madre y no está muy lejos de cuestionarse su relación.

Todos los personajes de The Party tienen en común que poseen un secreto que los mantienen aislados y por ello viven en soledad. Además representan a una generación de izquierdas en horas bajas, un claro reflejo de la crisis actual sufrida por la Socialdemocracia en el Reino Unido ( y en gran parte de Europa). También se percibe en la trama un conflicto entre lo privado y lo público, sobre todo en lo referido a la sanidad.

Las escenas en grupo están finamente coreografiadas y diseñadas. El rodaje de The Party coincidió con la época en la que los británicos votaron por el Brexit, es decir, en medio de la consulta por la permanencia o no del Reino Unido a la Unión Europea. Lo que parece ser una comedia de conversación entre intelectuales progres, es una exposición de todos los posibles vacíos de una sociedad que ha perdido la fe en sí misma y en el futuro.

La película está magníficamente fotografiada en un precioso blanco y negro por el ruso Aleksei Rodionov, tercer trabajo con Sally Potter, que comenzó con”Orlando” (1992), película que catapultó a la fama a su directora, y continuaría con “Yes” (2005). Alexey Rodionov, utiliza un enfoque profundo y un encuadre de ángulo muy bajo que permite un acercamiento a las caras de los personajes. A través de los ojos inquisitivos de la cámara, somos testigos de los desesperados intentos del grupo por mantener una apariencia de dignidad y coherencia entre su moral de derechas y sus ideas políticas de izquierda.

Todo ello unido a que el 90 % aproximadamente se filmó cámara en mano dan una sensación de máximo realismo a la narración. La estética monocromática de la cinta que provoca una sensación atemporal, acompañada de una apasionante banda sonora (un magnífico escenario musical de jazz, blues y reggae), envuelven una comedia llena de elementos trágicos que intenta condensar la experiencia humana universal en 70 minutos. The Party nos muestra cuán complejas y diferentes son las relaciones humanas.

En definitiva, se trata de una ingeniosa comedia negra al más puro y fino humor inglés, con magistrales interpretaciones de todos los actores siendo muy difícil destacar alguno sobre el resto.

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27 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Molly's Game
Molly's Game (2017)
  • 6,8
    11.122
  • Estados Unidos Aaron Sorkin
  • Jessica Chastain, Idris Elba, Kevin Costner, Michael Cera, ...
7
Crítica de Molly's Game por Cinemagavia
Como experimentado guionista, Aaron Sorkin entendió que la fuerza de la historia era posterior al arresto de Molly Bloom. Sorkin se centra en las lagunas del libro de memorias de Molly: el uso de las drogas, sus vínculos familiares, en especial la complicada relación con su padre, y la interferencia de la mafia rusa. De esta forma, Sorkin puede mostrar las claras discrepancias entre Bloom (Jessica Chastain) y su abogado criminalista Jaffey (Idris Elba), que recorren la película como hilo conductor.

Desde un principio, la intención del guionista es crear un completo estudio de los personajes, apoyado por fuertes y potentes diálogos, de tal forma que el espectador consigue entender quien es Bloom y que es lo que verdaderamente la impulsa a tomar ciertas decisiones. Mientras que la mayoría de directores hubieran enfocado la historia en la tensión derivada del juego de póker, Sorkin que debuta como director en Molly’s Game, se centra completamente en la figura de Molly Bloom, quien, como mujer sabía sorprendentemente desenvolverse muy bien en un mundo dominado por hombres.

Durante toda su carrera, Aaron Sorkin se ha deleitado en seguir el camino de hombres ambiciosos, visionarios y, en ocasiones, profundamente imperfectos. Ha diseñado retratos singulares sobre personajes que deseaban no solo el éxito en sus carreras sino la posibilidad de conseguir el espacio necesario para poder implementar sus ideas a veces poco ortodoxas y conseguir remodelar las costumbres y hábitos de su alrededor. Y ahora con Molly’s Game vemos a Sorkin poniendo a una mujer en el centro de los focos por primera vez en su carrera.

Molly’s Game trata sobre el triunfo y la gran pérdida personal y, lo más radical y sorprendente es ver como Sorkin pone a un personaje femenino en el centro de la trama, mas cuando ves como los ha tratado en el pasado, en The Newsroom, por ejemplo.

Con otra mirada, se podría decir que trata de hacer una versión femenina de “El Lobo de Wall Street” (2013), con diferentes matices, ya que Molly no es un antihéroe clásico como Jordan Belfort, sino una mujer constantemente al borde de la ilegalidad, tratando de mantenerse siempre en el lado derecho. Molly no es ingenua ni desdeñosa con la gente de su alrededor. Se esfuerza por hacer lo correcto a pesar de violar la ley en alguna ocasión. Se describe a un personaje bondadoso con el que simpatizamos enseguida, pudiendo parecer en algún momento poco real, sin embargo, el magnífico guión de Sorkin y la impecable actuación de Jessica Chastain lo hacen funcionar.

Las películas de Aaron Sorkin son conocidas por su diluvio de diálogos ingeniosos y Molly’s Game también está lleno de ellos. Sorkin se asegura de que a todos los actores tengan su gran momento en la película para su lucimiento interpretativo. Molly’s Game es una película cautivadora y fascinante que no solo puede presumir de una gran escritura de Sorkin, sino también una fantástica actuación de Jessica Chastain en el papel principal.

Jessica Chastain hace de una mujer fuerte, una heroína moderna. Atractiva (en cada toma aparece con un llamativo escote), confiada, inteligente y desafiante, siempre parece tenerlo todo bajo control. Hay muchas similitudes con su personaje en el thriller “El Caso Sloane” (2016) donde interpretó a otro tipo de mujer alfa muy parecida. En Molly’s Game realiza un trabajo excelente como siempre, y se ha convertido en una de las figuras más cautivadoras de Hollywood. Con esta película y sus recientes apariciones en “La Casa de la Esperanza” (2017) y “El Caso Sloane” está marcando un respetable currículum de personajes femeninos fuertes, independientes e intuitivas que se ven acorraladas.

La actriz está muy bien respaldada por un sólido trabajo de Idris Elba como su abogado respetable, que sospecha que Molly tiene más que ver con ella de lo que parece. La interacción entre los dos actores funciona bien.

Kevin Costner, como Larry Bloom, el padre estricto e imponente, juega un papel crucial en el desarrollo del carácter de su hija. Larry distanciado y enfrentado con su hija, tiene su momento de gloria en la película, en una escena en la parte final, donde Sorkin quiere golpear la fibra sensible y los corazones de los espectadores en un dialogo clave, desaforado y emotivo entre padre e hija.

Otros buenos papeles de apoyo incluyen a Chris O’Dowd como el hombre que pone a Molly en contacto con el inframundo ruso e indirectamente anuncia su caída, y a Michael Cera, que interpreta a un personaje llamado “Jugador X”, simboliza a los actores de Hollywood involucrados en el escándalo.

Según los rumores, todo apunta a que el “Jugador X” era el protagonista de las películas de Spider-Man, Tobey Maguire. Se ha escrito mucho de como este actor ha sido el instrumento utilizado en la creación de célebres y exclusivos torneos de póker. Además, es bien sabido la afición por el póker de importantes actores de Hollywood como Ben Affleck, Leonardo DiCaprio y Todd Phillips, a los que se les ha asociado más de una vez con este tipo de eventos. Sin embargo, a pesar de que todos estos nombres han sido muy publicitados en la historia real de Bloom, la película elige proteger sus identidades. Saber los nombres verdaderos o no, solo sirve para satisfacer la curiosidad del espectador, pero no afecta para nada en el desarrollo y en el fondo de la trama.

Molly Bloom es impulsada por un padre estricto y emocionalmente distante a quien conocemos fundamentalmente a través de flashbacks. La dinámica de la relación con su padre (Kevin Costner) y los hombres poderosos en general, parece ser un factor determinante en muchas de sus arriesgadas decisiones. Una conclusión que se transmite, un tanto desafortunadamente, en una de las últimas escenas de la película en la que padre e hija como he comentado anteriormente, tienen una conversación en un banco de la calle. Aaron Sorkin intenta crear........
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Déjate llevar
Déjate llevar (2017)
  • 4,7
    274
  • Italia Francesco Amato
  • Toni Servillo, Verónica Echegui, Carla Signoris, Luca Marinelli, ...
6
Crítica de Déjate Llevar por Cinemagavia
Déjate Llevar es una sofisticada comedia italiana dirigida por el premiado director y guionista Francesco Amato que con su primer largometraje “Ma che ci faccio qui!” (2006) obtuvo numerosos premios y fue nominado para el David Donatello y los Globos de Oro italianos como Mejor Ópera Prima. La trama de Déjate Llevar está inspirada, según palabras de su director, en las películas Billy Wilder y Woody Allen, las canciones de Duke Ellington, y sobre todo en los textos, la autobiografía y las cartas de Groucho Marx, el maestro de no tomarse nada demasiado en serio. Protagonizada en sus papeles principales por Toni Servillo (“La Gran Belleza”, “Gomorra”) y Verónica Echegui (“La niebla y la doncella”, “Yo soy la Juani“), se estrenó en Italia recaudando más de 2,2 millones de euros.

Un conocido psicoanalista judío, Elia (Toni Servillo) se ha vuelto tan inmune a las emociones que se ha convertido en un hombre aburrido e indiferente a cualquier cosa, inclusive muy distante a sus propios pacientes. Mantiene a todos a una distancia segura, incluida a su ex esposa Giovanna (Carla Signoris) que vive en el piso de al lado y con quien todavía comparte la ropa y alguna velada en la Ópera. Es demasiado tacaño como para pagar el divorcio de su atractiva ex esposa

El médico de Elia le dice que necesita ponerse en forma, y no vale ejercicios en casa, sino ir a un gimnasio donde se verá obligado a tener una rutina diaria. Allí se encuentra con la española Claudia (Verónica Echegui), monitora de Jazzercise (una combinación de coreografías de baile y jazz con ejercicios aeróbicos y fitness) que lo convence de que la necesita como entrenadora personal.

Déjate Llevar es la tercera película del director italiano de 39 años Francesco Amato, tras “Ma che ci faccio qui!” (2006) y “Cosimo e Nicole” (2012). Es la historia de una osmosis singular, del encuentro entre dos personajes complementarios que, a pesar de las obvias diferencias, se reconocen el uno al otro de alguna manera, se establece una influencia recíproca entre ambos. Elia y Claudia no solo son personajes totalmente diferentes, sino roles sociales aparentemente muy lejanos.

Elia está interesado en la psique, en la mente, se cuela dentro de los traumas de sus pacientes y utiliza la hipnosis. En cambio, Claudia está dedicada al cuerpo, a fortalecer los músculos y a quemar las grasas. Francesco Amato en Déjate Llevar supera el dualismo cartesiano que separa la mente del cuerpo y crea una relación humana simple, previsible y conmovedora, nunca banal entre ambos personajes. Aunque está muy lejos de representar la clásica crisis de la mitad de la vida.

Un curioso intenta de crear una sofisticada comedia italiana donde Toni Servillo es el protagonista absoluto. El actor fetiche del director Paolo Sorrentino se encuentra ante su primera prueba real con una comedia. El veterano actor recoge de forma ponderada de Elia, su físico y su desencanto existencial, y añade una precisa dosis de sensibilidad y una eficaz vis cómica poco conocida en él hasta ahora en la pantalla grande. Obtiene un gran rendimiento a su interpretación. Explota inteligentemente sus tics y sus gestos, para construir un personaje odioso y divertido y convertirlo en el motor de una película creada a través de malentendidos, equívocos y diálogos ásperos y picantes.

La española Verónica Echegui es una excelente figura femenina, complemento ideal que encaja a la perfección con el personaje de Toni Servillo. Desprende mucha frescura y espontaneidad, e interpreta muy bien ese toque de locura de Claudia. El papel de Verónica Echegui nos recordará a su primer trabajo como actriz principal en la película “Yo soy la Juani” (2006) gracias al director Bigas Luna. Debido a su inglés fluido la hemos visto en alguna producción de Hollywood como “La fría luz del Día” (2012) o en series de televisión como “Fortitude“. Recientemente se ha estrenado en las salas de cine españolas Me estás Matando Susana donde comparte protagonismo con el mexicano Gael García Bernal.

La trama de Déjate Llevar está situada en la realidad concreta de Roma y muy especialmente en su barrio judío, donde las dicotomías socioculturales están integrados en una mezcla inusual entre lo sagrado y lo secular, ricos y pobres, y donde se puede recoger los ejemplos más significativos de un mundo cada vez más neurótico y discordante.

Francesco Amato utiliza el tono de la comedia italiana para realizar un remolino rápido de bromas pesadas y pesimistas que nos recuerdan al irresistible y neurótico, Woody Allen, e inclusive a Groucho Marx, sin olvidarnos de los hermanos Cohen, es decir a todo un bagaje internacional de humor judío.

A partir de una premisa tradicional, con un guion muy sólido y valiente, Francesco Amato realiza una comedia brillante que juega con seres solitarios y opuestos. A pesar de los chistes previsibles, Déjate Llevar es un film agradable, ideal para pasar un buen rato entretenido, sostenido por un ritmo decente y una dicotomía que a menudo es genuinamente divertida y amena. En definitiva, Déjate Llevar es una comedia agradable, pero por debajo de las grandes expectativas que se crearon antes del lanzamiento.

Aconsejable ver la película en versión original para escuchar a Verónica Echegui como mezcla expresiones españolas en sus diálogos en italiano.

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3 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin amor (Loveless)
Sin amor (Loveless) (2017)
  • 7,0
    3.920
  • Rusia Andrey Zvyagintsev
  • Maryana Spivak, Aleksey Rozin, Matvey Novikov, Marina Vasilyeva, ...
9
Crítica de Sin amor (Loveless) por Cinemagavia
Un hombre y una mujer que están a punto de divorciarse discuten sobre quién de los dos se llevará a su hijo de doce años consigo, y qué más deberían de hacer con él, como si de una carga u obstáculo se tratara. A continuación, ella se dirige mal humorada al baño para orinar y, cuando sale, cierra la puerta y vemos al niño paralizado detrás de ella, su rostro es un grito de dolor silencioso. Es una imagen desgarradora que nos acechará continuamente a lo largo de la película.

Zjenja (Maryana Spivak) y Boris (Aleksey Rozin) es un matrimonio que se siente profundamente infeliz. Ambos están faltos de amor, es evidente en su sus rostros, y como se comenta en la película, no se puede vivir en ese estado. Sin Amor muestra como esas dos personas buscan una salida a ese estado; ella con un hombre rico y mayor, él con una mujer más joven que ya está embarazada de él. Y su hijo Alyosha (Matvey Novikov) en medio de esta situación, es un daño colateral. El niño es un obstáculo en su camino hacía una nueva vida, un lastre que intentan endosar a la otra parte.

En la primera parte de Sin Amor, Andrey Zvyagintsev, realiza un retrato despiadado del matrimonio, con la imagen de ese niño en el baño sufriendo en soledad que mantendremos grabada en nuestra retina. Después, sucede lo inevitable. Como consecuencia de una negligencia egoísta, el hijo desaparece, lo que lleva a una incesante búsqueda por los bosques de alrededor, a un edificio vacío, mientras que la intensidad de la película va in crescendo.

El hecho de que una madre tomara casi dos días para notar que su propio hijo huyó de casa, además de comprobarlo, y que el padre tampoco hubiera tenido ningún interés durante ese tiempo como para echarlo en falta ya deja claro el dolor, la angustia y la vida desgraciada de Alyosha. Lo realmente desgarrador y terrorífico de Sin Amor es saber que la única atadura de Zhenya y Boris fue su hijo. Ahora que él está desaparecido, los dos se ven obligados a buscar una recuperación ilusoria de su relación completamente rota. Sin Amor tiene algo increíblemente trágico; dos personas que no se quieren están buscando a un niño que nunca han amado.

La segunda parte, después de casi una hora de metraje, la trama pasa a estar exclusivamente orientada hacia la búsqueda del niño. Ahora los diálogos irán perdiendo fuerza y el silencio gana mucho más espacio. A través de él, por ejemplo, notamos cómo Zhenya logra mantener una vida normal incluso con la desaparición del niño. El silencio también es fundamental para explorar el sentimiento de culpa de los padres cada día de búsqueda. Durante esta búsqueda, observamos como Zjenja y Boris no son más comprensivos con la situación, sin embargo, Andrey Zvyagintsev agregará matices que harán más complicado reprochar y condenar sus acciones.

Andrey Zvyagintsev muestra las contradicciones de una sociedad rusa que constantemente insta a las personas a perseguir su satisfacción personal y felicidad, al mismo tiempo que sigue apegada a los fuertes anclajes morales del cristianismo ortodoxo. Parte de la película se desarrolla en 2012 por lo que constantemente se hace muchas referencias a los disturbios en Ucrania. Esto puede leerse en forma de parábola política, como si Rusia y Ucrania de padres se tratara en lucha y disputa por unos territorios donde sus habitantes se convertirían en víctimas al igual que el niño del matrimonio.

La falta de empatía de Zvyagintsev con el régimen ruso de Putin parece mas que evidente y queda reflejado especialmente en un diálogo entre Zhenya y la policía. Las autoridades no se toman muy en serio la desaparición de Alyosha y remiten a Zhenya a voluntarios ciudadanos para evitar la burocracia y la indiferencia del servicio civil de Rusia. Los voluntarios muestran que las personas pueden hacer mucho más los unos por los otros que la excesiva institucionalización de la actual Rusia socialista.

La visión de Zvyagintsev no es muy esperanzadora, lo que se rompe ya no se puede arreglar y se pierde para siempre. En Sin Amor se hace referencia a la predicción Maya sobre el fin del mundo y aunque el mensaje de Zvyagintsev no se puede leer de forma literal, lo cierto es que en el ambiente flota algo apocalíptico. En ello contribuye los sombríos y fríos paisajes, los lúgubres bloques de edificios, el tono amenazante de la música y, sobre todo, la manera que tienen las personas de interactuar entre si, tan distantes los unos con los otros, tan fríos.

De esta forma, Zvyagintsev, muestra como la tecnología tiene una influencia fundamental en la forma de comunicarnos y relacionarnos, y lo poco conscientes que somos de ello. En casi todos los lugares públicos, vemos a la mayoría de las personas mirando sus smartphones, la televisión siempre aparece encendida en la cocina o en el salón, o como somos capaces de romper inconscientemente una velada romántica o un momento familiar haciendo selfies o fotos a la comida. El uso del teléfono móvil, por ejemplo, es un fuerte indicio de cómo hoy en día es más fácil quedarse entretenido en el mundo virtual que saber lidiar con las demandas del mundo real. El resultado final es una visión casi apocalíptica de la sociedad rusa.

Zvyagintsev parece querer decir que la gente en Rusia ha olvidado lo que es el amor, las relaciones personales, es un mundo más deshumanizado. Todos sus personajes solo se preocupan de sí mismo. Solo piensan en el dinero, sus trabajos y del sexo.

Sin Amor es un triste reflejo de la realidad existente en la sociedad rusa, a través de una familia sin amor, llena de amargas pretensiones y sueños incumplidos. A pesar que la acción se desarrolla de forma algo lenta, Sin Amor no dejará al espectador relajarse en ningún momento y conseguirá mantenerlo en tensión constante.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres anuncios en las afueras
Tres anuncios en las afueras (2017)
  • 7,6
    41.706
  • Reino Unido Martin McDonagh
  • Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, John Hawkes, ...
8
Crítica de Tres anuncios en las afueras por Cinemagavia
El ganador de un Oscar por el cortometraje "Six Shooter" (2004), el británico Martin McDonagh, prosiguió su filmografía con los largometrajes, manteniendo en las narraciones su peculiar sentido de humor negro, y concediendo a los personajes protagonistas una dudosa linea de conducta a la hora de conseguir un objetivo, siempre involucrados en alguna actividad ilegal o medida inapropiada. Primeramente con "Escondidos en Brujas" (2008), luego con "Siete Psicópatas" (2012) y ahora con Tres Anuncios en las Afueras.

Una estupenda Frances McDormand en su mejor papel en la pantalla desde "Fargo" (1996), interpreta a Mildred, una madre que acaba tomando una actitud inusitada tras meses de espera y de ver como la investigación por la muerte de su hija no avanza y todavía no hay rastro del culpable. Siete meses atrás, Mildred perdió a su hija víctima de un brutal crimen que sacudió la ciudad. Como el caso estaba siendo dejado de lado tanto por los medios de comunicación como por la propia policía, ella decide alquilar tres vallas publicitarias para presionar al sheriff (Woody Harrelson), que aparentemente parece estar demasiado relajado y poco involucrado en la resolución del asesinato.

Sin embargo, el Sheriff Willoughby reacciona y se reúne con Mildred para explicarla que lo ha intentado todo, además de pedirla que retire los carteles porque no se siente con fuerzas para batallar ya que se muere de cáncer. Mildred se niega, una decisión que, en un principio, pudiera verse como de una mujer sin corazón, fría, enseguida comprenderemos que la realidad es muy diferente, simplemente no puede permitirse el lujo de ser amable. Vemos a una mujer que lo ha perdido todo, a su hija, a su marido, ahora saliendo con una estúpida adolescente de 19 años y, a su hijo, enojado, porque las vallas le han vuelto a reabrir las heridas por el recuerdo de su hermana. De ahí que, a nuestra anti heroína Mildred, solo le quede la ira y mantener el asesinato de su hija públicamente.

El siempre carismático Woody Harrelson, interpreta al poli bueno, el jefe de policía Willoughby, una figura incorruptible de Ebbing, ciudad pequeña perteneciente a Missouri. Por lo tanto, es visto como un hombre ejemplar y muy respetado por los habitantes de la localidad, por lo que el gesto de Mildred, se convierte en todo un escándalo público y desata la ira de la comunidad y de su ayudante, el oficial Dixon, interpretado extraordinariamente por Sam Rockwell (el poli malo). La interpretación de Woody Harrelson brilla a una gran altura aunque ligeramente por debajo de Rockwell y McDormand.

Dixon es un sujeto torpe, racista, homófogo y completamente inmaduro. Sam Rockwell aporta profundidad a un personaje que sería un arquetipo de villano en cualquier otra película. Sin embargo, Martin McDonagh consigue realizar un increíble ejercicio de contorsionismo en el guion para jugar de manera prodigiosa con la evolución y el desarrollo de este personaje, como si se tratara de un fascinante truco de magia. La presencia de Sam Rockwell centra toda la atención de la pantalla cuando McDormand no aparece en escena.

Tres anuncios en las afueras atrapa al espectador desde un inicio por su impecable desarrollo narrativo. Apenas se siente el peso de la película en las espaldas de la actriz Frances McDormand, a pesar de que acapara cada plano, cada escena con su espectacular interpretación, debido a que está muy bien arropada por un vasto elenco de buenos actores. Alejada de lo políticamente correcto, Mildred es todo un ejemplo de mujer batalladora que cree en sus convicciones y no teme nada.

Los personajes de McDonagh están maravillosamente dibujados, todos, incluso los personajes secundarios, son ambivalentes, tridimensionales y van más allá de los clichés con los que inicialmente fueron creados. A través de diálogos absolutamente magníficos, inteligentes y dolorosamente honestos.

La venganza puede traer consecuencias inesperadas. Mildred Hayes ha sido violentada y debe ser expiada. No utiliza armas para castigar a los perpetradores, sino tres grandes vallas publicitarias. Ella no utiliza las balas para combatir sino las palabras. Las comparaciones con thrillers donde el tema de la venganza está encima de la mesa son obvias, sin embargo McDonagh intenta transmitir en Tres Anuncios en las Afueras un sentido de la venganza diferente a lo acostumbrado en películas sobre este género. Durante mucho tiempo, el cine estadounidense nos ha enseñado que la violencia es la mejor arma para hacer justicia. Martin McDonagh no está muy convencido de ello y encontró una manera magistral de compartir sus dudas.

Al mismo tiempo, Tres Anuncios en las Afueras, es una película donde se hace una sutil crítica al abuso de poder de las fuerzas policiales estadounidenses, las cuales parecen demasiado ocupadas haciendo la vida imposible e insoportable a las personas de color, en lugar de preocuparse por mantener la ley y el orden. El personaje que mejor encarna la ambigüedad de la relación de los estadounidenses con su fuerza policial es el interpretado por Sam Rockwell que aparece  (al principio al menos) como un individuo particularmente detestable.

Martin McDonagh siempre da el tono correcto en su acto de equilibrio narrativo, por lo que ni una sola de las chispas humorísticas parece fuera de lugar o inapropiada.

Al principio, Tres Anuncios en las Afueras es irónico, mordaz e incluso con escenas que provocan risas, mostrando el ser bondadoso de los habitantes de Ebbing. Posteriormente, la película se convierte en el pensamiento lógico de la inutilidad de la violencia. Para llegar al final, donde varios personajes soportan un dolor emocional y físico extremo. En el desagradable y sangriento desenlace hay momentos de expiación y redención.

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8 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Wonderstruck. El museo de las maravillas
Wonderstruck. El museo de las maravillas (2017)
  • 5,6
    1.453
  • Estados Unidos Todd Haynes
  • Oakes Fegley, Julianne Moore, Millicent Simmonds, Michelle Williams, ...
7
Crítica de Wonderstruck (El Museo de las Maravillas) por Cinemagavia
Cualquiera que conozca la filmografía de Todd Haynes no la describirá precisamente como accesible. Su magistral último trabajo, “Carol” (2015), sobre un romance lésbico en la década de los 50, no fue exactamente una película para todos los públicos. Ello no tiene nada que ver con la calidad de sus películas, todo lo contrario, posiblemente estemos ante uno de los mejores realizadores contemporáneos, sino por la complejidad de sus temáticas y contenidos.

En cambio, con Wonderstruck, posiblemente estemos ante una excepcionalidad en su obra, un cuento de hadas moderno, dirigida tanto a mayores como a jóvenes, ideal para verla en familia. Aunque el libro de Selznick presenta personajes infantiles, y estaba dirigido en un inicio al público más joven, en el fondo conecta con los lectores de todas las edades. Con Wonderstruck sentimos que Haynes apunta en la misma dirección, continua con el mismo enfoque y no se dirige exclusivamente a un público infantil.

Wonderstruck es una película sobre la vida, el cine y los museos. Utiliza la luz, el sonido, el montaje, la puesta en escena y los decorados para retratar las misiones profundamente sentidas de dos niños: Ben y Rose. Ambos poseen la misma edad y dificultades (son sordos) para encontrar a sus respectivos padres. Ben y Rose no se sienten realizados en sus lugares y sueñan con otra vida. Ambos deciden ir a Nueva York y tomar el mismo camino. Las dos lineas narrativas se describen en paralelo a la espera de que ambas confluyan en un mismo punto y nos de respuesta a las intrigas planteadas de inicio.

La aparición de Millient Simmonds en su debut en la gran pantalla, es un maravillosa sorpresa y un gran descubrimiento. Tras una mirada conmovedora y unos gestos equilibrados, sentimos y notamos de manera natural todas sus emociones. El otro protagonista infantil, Oakes Fegley, en cambio, pese a su corta edad, es ya un veterano. Todos le recordaremos por su actuación en “Peter y el Dragón” (2016).

Sobre las películas de Tod Haynes, independientemente de que puedan estar mejor o peor, lo único que puede asegurarse siempre es que el diseño de producción será perfecto y Wonderstruck no es una excepción. El diseñador Mark Friedberg (The Amazing Spider-Man 2) recrea dos épocas totalmente diferentes de Nueva York con un toque magistral. Es una autentico gozo y placer observar la profundidad y minuciosidad con que están filmados todos los detalles de cada periodo.

Como nos tiene siempre acostumbrados, Tod Haynes ha conseguido nuevamente en Wonderstruck mostrarnos su especie de marca registrada: Realizar una película pensando hasta el mínimo detalle. Junto a su Director de Fotografía Ed Lachman, usan una sorprendente combinación de películas Kodak de 35 mm en blanco y negro, con otras en color, para dar a las dos líneas narrativas desarrolladas en la trama una autenticidad y una belleza única.

La ciudad de Nueva York de los años 20 que habita Rose, además de la magnífica fotografía, va acompañado de un impresionante diseño de vestuario, decorados y escenografías que consiguen mágicamente transportar y trasladar a los espectadores a otra era. Desde la ropa de la gente hasta los carruajes de la época mantienen nuestros sentidos absortos ante la magnitud del espectáculo ofrecido por Haynes, donde todo está recreado a la perfección. La fotografía en blanco y negro aumenta la sensación de realismo, del mismo modo que la inexistencia de sonido crea la impresión de estar viendo una película muda.

El mundo de Ben en la década de los 70, psicodélico, funky y saturado contrasta con el de Rose en Blanco y negro, silencioso, entusiasta y envolvente. Ed Lachman recrea estos años con colores naranjas quemados. Al igual que en la época de Rose, las calles llenas de gente por las que deambula Ben están minuciosamente realizadas tanto en decorados como vestuarios. Ademas, Tod Haynes, emplea aquí canciones como “Space Oddity” de David Bowie o “Fox On The Run” de Sweet para conseguir mayor efecto y autenticidad.

Al igual que en las películas mudas, la partitura tiene un peso relevante en el resultado final, y por la magnífica utilización de la música en cada una de las escenas, brilla el excelente trabajo de Carter Burwell con el que ya colaboró Haynes en “Carol“. Su música evoca sentimientos y emociones sin llegar a ser nunca manipulador.

Wonderstruck realiza un bello homenaje al cine mudo, a esa transición hacía el cine sonoro. Una película mágica que consigue trasladar al espectador, como si de una máquina del tiempo se tratara, a otras épocas (los años 20 del cine mudo y la época funky de los 70), gracias a una espectacular ambientación con una minuciosa realización donde se cuida el más mínimo detalle.
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17 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Demasiado cerca
Demasiado cerca (2017)
  • 6,4
    358
  • Rusia Kantemir Balagov
  • Darya Zhovner, Olga Dragunova, Veniamin Kac, Atrem Cipin, ...
8
Crítica de Demasiado Cerca (Tesnota) por Cinemagavia
Demasiado Cerca supone el prometedor debut de Kantemir Balagov con el que ganó el premio Fipresci en el pasado Festival de Cannes, donde compitió en la sección de Un Certain Regard. En España tuvimos la ocasión de verla en la sección Zabaltegui-Tabakalera del Festival de San Sebastián donde la esplendida interpretación de la actriz protagonista, Darya Zhovner, consiguió una Mención Especial. Kantemir Balagov elige una manera muy directa y sin adornos de contar una historia real ambientada en una pequeña comunidad judía en Nalchik, capital de la República de Kabardino-Balkaria en la Federación Rusa, históricamente musulmana. Demasiado Cerca, rodada en ambos idiomas, ruso y kabardiano, se estrena el 22 de Diciembre.

La acción de la película nos sitúa en una ciudad del norte del Cáucaso, Nálchik, capital de la República de Kabardino-Balkaria en la Federación Rusa, con una población mayoritariamente musulmana, donde vive una comunidad judía. Ila (Darya Zhovnar) y su familia son miembros de esta estricta y arraigada minoría. Ila es una mujer rebelde que prefiere dedicarse a trabajar como mecánico en el taller de su padre, que realizar otra ocupación propuesta por el rabino de la comunidad supuéstamente más acorde a su naturaleza de mujer. Además, mantiene una estrecha relación con la colectividad kabardiana de la zona, y es reacia a seguir las normas y requerimientos de su propia comunidad.

Nos encontramos a finales de los años noventa, una época turbulenta, de una gran inestabilidad política y social después del colapso de la Unión Soviética. Con la guerra de Chechenia de trasfondo donde los rusos están a punto de abandonar el territorio ocupado. Una zona donde la violencia y el racismo están omnipresentes como comprobamos en una escena de una cinta de vídeo de los amigos de Illa. En ella se nos ilustra de la cruda y brutal forma de tratar a los prisioneros de guerra a través de una impactante tortura como de la posterior decapitación.

En la parte inicial de la narración de Demasiado Cerca vemos la celebración de una ceremonia en la casa de Ila porque su hermano se ha comprometido con otra chica de la comunidad judía. Sin embargo, esta alegre atmósfera durará poco y rápidamente la fotografía cambiará a tonos más oscuros cuando los dos jóvenes comprometidos son violentamente secuestrados por un grupo de kabardianos en busca de rescate. Las dos familias no son ricas y la recolección de dinero demuestra ser una verdadera hazaña ..

Ambas familias deciden eludir a la policía por miedo a las fatales consecuencias que pudiera tener, por lo que acuden a su comunidad judía en busca de ayuda. La lucha titánica de la familia de Ila para encontrar el dinero de la liberación, tendrá un impacto directo en la desordenada vida de Ila. El filme nos muestra el microcosmos de una familia, cuya paz y cohesión se desmorona debido a la intensa violencia psicológica existente en su entorno y al chantaje de tener que guardar silencio. Un escenario que después de haber logrado castrar al padre y al hijo, tratará de hacer lo mismo con la hija. Sin embargo, Ila se rebela, con consecuencias irreparables para ella y su séquito.

Maravillosas actuaciones fundamentalmente de las dos protagonistas femeninas, la fascinante interpretación de la actriz Daria Zhovnar en el papel de Ila, una mujer un poco marimacho y rebelde, y la excelente Olga Dragunova, en el papel de la figura matriarcal que intenta controlar a los miembros de su familia a través del chantaje emocional.

El novato Kantemir Balagov rinde un homenaje, sobre todo de sus primeros trabajos, a su padrino cinematográfico, Alexander Sokurov, que también es productor de la película, con un drama realista donde nos revela su enfoque sobre las férreas estructuras existentes en las sociedades cerradas ya sean en una comunidad o en la propia familia.

El director coloca gran parte de la acción en el interior de las casas rurales. La forma de filmar nos crea una sensación continua de claustrofobia por los espacios tan restringidos donde introduce su cámara. Asimismo, aplica unos conceptos estéticos de proximidad absoluta. Para el rodaje utiliza un formato bastante inusual, casi cuadrado de 4:3, donde la cámara está situada constantemente a una distancia muy corta de los personajes, e inclusive éstos, casi siempre, suelen estar muy cerca los unos de los otros. Todo lo que observamos, en términos de pleno realismo pero también de cercanía absoluta, es una familia y una comunidad en crisis. Es esta crisis la que desestabiliza y sacude los lazos familiares.

Además de utilizar los primeros planos, el director juega con la luz, con los espacios, y mutila el sonido, de tal forma, que las diminutas casas rurales se ven aún más sofocantes y claustrofóbicas. A medida que la película progresa y la historia evoluciona, la cámara de forma progresiva también sale a áreas más grandes. Demasiado Cerca nos muestra y da a conocer aspectos de una cultura judía rusa, cerrada y anticuada, ademas de las tensiones internas existentes en el norte del Cáucaso.

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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Columbus
Columbus (2017)
  • 6,9
    1.461
  • Estados Unidos Kogonada
  • John Cho, Haley Lu Richardson, Parker Posey, Michelle Forbes, ...
8
Crítica de Columbus por Cinemagavia
Columbus es la ópera prima del director Kogonada, reputado cinéfilo y crítico de cine que ha realizado numerosos vídeo ensayos para las revistas Criterion Collection y Sight & Sound sobre directores de la talla de Francois Truffaut, Jean-Luc Godard, Federico Fellini o Ingmar Bergman entre otros, pero su favorito, sin lugar a dudas, es Yasujiro Ozu, hasta el punto que su nombre artístico proviene del guionista Kôgo Noda, un habitual en las películas de Ozu. De ahí se fundamenta la clave del estilo de esta atrevida película, cuya peculiaridad radica en el papel desempeñado por la arquitectura moderna de los edificios de la ciudad de Columbus. Es una de las 10 películas independientes del 2017 recomendadas por la prestigiosa revista IndieWire.

Jin quiere huir, Casey quiere quedarse. Él tiene una relación fría y distante con el padre, en cambio, ella es cariñosa y protectora con la madre. Jin llega a Columbus para acompañar a su padre, un arquitecto muy conocido en la ciudad que se encuentra en coma, víctima de algo que no nos será aclarado, pero tampoco importa mucho. Casey vive en Columbus, por algún motivo, no quiere marcharse y, como veremos más adelante, su porqué, si es muy importante. La madre de Casey se está recuperando de una adicción a la metanfetamina, de ahí no salir volando de la ciudad.

La arquitectura es una pasión para Casey. Ella ahora está lista para ir a la universidad y tiene muchos sueños. De momento trabaja en la biblioteca de la ciudad. Jin vive en Corea del Sur, se graduó en literatura y ahora es traductor. No es el trabajo que realmente hubiera querido. Dos personas aparentemente diferentes que se conocen accidentalmente en Columbus, comienzan a hablar. Y resulta que tienen más en común de lo esperado.

La trama de Columbus aparentemente es muy sencilla y, precisamente ahí es donde reside su encanto. Aunque la belleza de Columbus no está solamente en su simplicidad, meticulosidad o en el ritmo de la narración sino en la propia ciudad en sí. A lo largo de todo el metraje se nos irán apareciendo todo tipo de proyectos arquitectónicos, iglesias, bancos, casas, etc.. Será en la arquitectura donde encontremos no sólo el hilo conductor, sino también su principal y creativo elemento narrativo, con edificios increíblemente hermosos, singulares, con personalidad propia, de formas perfectas y agradables a la vista.

Desde las primeras escenas, tanto Kogonada como su directora de fotografía, Elisha Christian, parecen estar más interesados en la estética de los interiores con agradables espacios y en la calidad visual de los edificios que en las figuras que están en o alrededor de ellos. Se nos muestra a los personajes como una pequeña parte dentro de una imagen más grande en la que el espectador deberá enfocar su mirada para seguirlos, incluso a menudo aparecen ocultos en su entorno o simplemente se presentan como trivialidades que se desvanecen frente a las impresionantes panorámicas.

La arquitectura aparece como un amigo conciliador que consigue llevar los sentimientos de los personajes a un estado de armonía. Kogonada utiliza el poderoso poder de la arquitectura para exponer y transmitir los sentimientos de sus personajes. En Columbus se intercalan las historias de las personas con la de los edificios de una manera tan tranquila y contemplativa, que exige un grado de atención máxima por parte del espectador. Con todo, los verdaderos protagonistas de Columbus no son los actores ni sus historias, sino los edificios.

Nos damos cuenta enseguida que cada toma es una escena artificial, cada plano parece estar perfectamente enmarcado y en donde la relación entre simetría y asimetría rige tanto en las imágenes como la estructura narrativa. Todo se centra en la búsqueda de la perfección, cada imagen es impactante, muy pensada, donde las formas arquitectónicas son siempre el centro de atención. Las escenas basadas en planos generales, observaciones detalladas y un encuadre maravillosamente calculado.

Por ejemplo, hay una escena en la habitación de un hotel donde aparecen Jin y Eleanor hablando de sus sentimientos y del pasado. Toda ella está filmada viendo el reflejo de dos espejos que actúan casi como pantallas de televisor. Una escena perfectamente planificada y pensada.

En otra escena, de las más hermosas de Columbus, Casey explica a Jin el trasfondo histórico de un edificio que significa mucho para ella, pero a él no le interesa los hechos históricos y no quiere una explicación como si fuera una guía turística, por lo que la pregunta específicamente porque ese edificio significa tanto para ella. De repente, la cámara cambia su posición para colocarse en el interior del edificio, de forma que vemos a los personajes de frente, detrás de unos cristales. Las palabras que Casey utiliza ahora para explicar a Jin, el espectador no puede escucharlas. En cambio, el director utiliza el lenguaje corporal de la actriz principal Haley Lu Richardson para capturar a través de su rostro todas las palabras de la explicación.

Kogonada escenifica los encuentros entre dos personas, con personalidades claramente diferentes, en entornos estéticamente muy bellos. Al mismo tiempo, la película es una oda a la fascinación por la arquitectura y un drama sutilmente narrado y cargado de diálogo entre dos personas atrapadas y estancadas temporalmente en diferentes momentos de sus vidas.

Además, Kogonada esquiva hábilmente las típicas etiquetas de las películas independientes evitando los clichés románticos y la purificación moral. Más bien, le preocupan los momentos individuales, los encuentros entre sus personajes, rodeados y envueltos entre edificios que no solo contienen sus propias historias, sino que además actúan como espejos para abrir el interior de sus almas y sacar sus recuerdos, sueños, emociones, e inspiraciones.

Hermosa fotografía, buenas interpretaciones, y diálogos muy bien escritos y sofisticados.
https://cinemagavia.es/columbus-pelicula-critica-kogonada/
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16 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil