arrow
Críticas de Yanpol64
Críticas ordenadas por:
Ojos negros
Ojos negros (1987)
  • 7,5
    3.304
  • Italia Nikita Mikhalkov
  • Marcello Mastroianni, Silvana Mangano, Marthe Keller, Elena Safonova, ...
8
CREO QUE NO LA HABÉIS ENTENDIDO: OS LA DESTRIPO EN SPOILER
Me quedo bastante sorprendido al no leer ni una crítica que coincida con lo que yo he sentido claramente que nos descubre la película al final (supongo que será por prudencia y por no destripar su sentido). Y como revelar lo que para mí es evidente (desde que la vi de joven hace 30 años) supone desvelar el que me parece el auténtico significado de la película, lo hago en “spoiler” para no destripársela a los que aún no la han disfrutado.

Nikita Mikhalkov nos conduce por las sendas del recuerdo, la nostalgia y la melancolía con estupendos toques de humor. Una curiosa mezcla de bella morriña rusa y divertida ternura italiana. Una peculiar síntesis entre los cuentos del ruso Chéjov (se inspira en tres de ellos), la dirección de un realizador soviético, la producción italiana y la actuación magistral –premiada en Cannes- de Marcello Mastroianni. Y, en fin, todo el filme es un precioso flashback muy poético, romántico y tragicómico, con la delicada sensibilidad del autor ruso y las ensoñaciones de una especie de realismo mágico. Vale. Pero vayamos al spoiler y a esa verdad que se nos descubre al final y que ¡nadie cuenta por aquí!
[Leer más +]
14 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tarde para la ira
Tarde para la ira (2016)
  • 7,0
    30.331
  • España Raúl Arévalo
  • Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, ...
9
CLÁSICO INMEDIATO
En la sala de cine ya sentí, como todo un mérito mayúsculo, que Tarde para la ira me estuviera emocionado antes de que ocurriera algo especialmente conmovedor, que lo estuviera consiguiendo por la simple belleza de su autenticidad. Una felicidad epidérmica que me llegó desde el principio con una pasmosa naturalidad.

No pretendo que los demás compartan mis gustos (“el gusto es mío”), pero sentí sin proponérmelo que, al igual que esas canciones que a la primera empapan de placer nuestro cerebro, conectaba al instante con mis sensores del equilibrio estético: estuve a punto de la lagrimilla sin que aún hubiera sucedido nada dramático y fui consciente de que me emocionaba por la belleza de su factura descuidada, por el temple enérgico de su sencillez, por el pulso intenso de su ritmo, de sus diálogos, de sus silencios, de su verdad.

Considero todo un meritazo que una película de atmósfera sórdida, sucia, violenta… una película que se desenvuelve en los ambientes cutres de nuestras barriadas, en los ambientes de nuestros rancios usos y costumbres de clase media baja, de la ordinariez de nuestros bares, de nuestras charlas vulgares, nuestras pintas chabacanas, nuestras rumbitas castizas… sí, considero todo un meritazo que una película así no caiga ni en la horterada, ni en el costumbrismo cañí, ni que tampoco caiga en el simple entretenimiento de acción violenta ni en las poses del realismo social comprometido.

Sin moralinas, sin exhibicionismos, sin sermones, sin bonitos encuadres, sin cuidadas simetrías, sin estudiados claroscuros, sin oxigenantes perspectivas, sin acción trepidante, sin alardes de ningún tipo… la película me estaba llegando por la simple maestría de su punto de vista y el equilibrio contundente de su autenticidad sin imposturas.

Seguramente también me emocionó porque en la oscuridad de la sala fui consciente (intuitiva e inconscientemente aunque suene contradictorio) de que estaba disfrutando de un “clásico” instantáneo del cine español -por adelantado, sobre la marcha, en un jodido vis a vis- sin tener que esperar para desencadenar esa certeza a la libertad provisional de futuras valoraciones.
[Leer más +]
73 de 108 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dos buenos tipos
Dos buenos tipos (2016)
  • 6,2
    17.812
  • Estados Unidos Shane Black
  • Russell Crowe, Ryan Gosling, Angourie Rice, Matt Bomer, ...
2
El Gordo y El Flaco: idioteces a cascaporro
Las críticas profesionales sobre esta película (mayoritariamente positivas) son de esas que reducen las razones que las han motivado a sólo tres posibilidades: o los críticos han comentado la película sin verla; o se han vendido a las corporaciones implicadas; o son unos ineptos sin criterio y sin gusto que no merecen mi respeto.

Lo único bueno de su largo y aburrido metraje –además de las chicas despampanantes, todas jóvenes y lindas en la onda del cine más garrulamente machista- son unas cuantas y estupendas canciones setenteras: de Al Green; de los Temptations; de Bee Gees; de Brick; de Kool & The Gang; o de Earth, Wind & Fire… un recurso facilón de originalidad igual a cero. De haberlo sabido no habríamos caído en la tentación de pagar la entrada y hubiéramos disfrutado de esa música en el coche, de camino a estos nuestros lamentables multicines de centros comerciales (en los que el 90% de lo que proyectan es de encefalograma y electrocardiograma planos).

Os prometo que la película fracasa en todas sus pretensiones de un modo absoluto, os lo aseguro, pues deja ver totalmente la tramoya inconexa de sus intenciones: con toques de humor negro u otros de humor cándido pretende ser una comedia divertida, gamberra, atrevida, ingeniosa, surrealista, alocada, sexy, violenta, escandalosa, … con aires de homenaje, de parodia, de nostalgia … pero ni es divertida; ni es transgresora; ni es gamberra, ni es inteligente, ni es sucia, ni es simpática, ni es retro, ni nada de lo que pretende; sino que se contempla todo como un auténtico pastiche –bobo y afectado- en el que las piezas intentan encajar de un modo completamente forzado e incongruente.

El guionista y director Shane Black también ha fracasado si pretendía imitar a Guy Ritchie (cuya figura se engrandece por comparación) o a Tarantino (descomunalmente galáctico a su lado).

El Gordo y el Flaco, o sea, Crowe y Gosling, no tienen futuro alguno en la comedia y dan vergüenza ajena. Tampoco será posible el rescate cinéfilo de Kim Basinger, pues la pobre –siento decirlo- aparece como una momia operada, narcotizada e inexpresiva, en unas patéticas y prescindibles escenas que se sufren como un mal trago: y lo peor es que percibimos con incómoda tristeza como ella misma es consciente de ello.

En fin, un filme pésimo, una mala copia de otras copias, un pastiche sin gracia en el que lo único bueno son 6 ó 7 fragmentos musicales (nada originales por cierto). Una verdadera tomadura de pelo. De modo que tantas buenas críticas nacionales e internacionales me confirman que en los cajones de la mayor parte del periodismo cinematográfico, no sólo hay gatos encerrados sino también fajos de billetes acomodados…
[Leer más +]
67 de 125 usuarios han encontrado esta crítica útil
En busca del fuego
En busca del fuego (1981)
  • 7,2
    12.023
  • Canadá Jean-Jacques Annaud
  • Everett McGill, Rae Dawn Chong, Ron Perlman, Nicholas Kadi, ...
8
Sin falsear la realidad no habría película
Basada en una novela que ya tiene más de un siglo, La guerre du feu (“La conquista del fuego”), de J. H. Rosny (pseudónimo de los dos hermanos belgas Joseph Boex y Séraphin Boex, auténticos pioneros de la “novela prehistórica”), la historia nos lleva al Pleistoceno Superior de hace unos 70.000 años, cuando en el Viejo Mundo convivían diversas y amenazantes especies humanas y animales (como los tigres dientes de sable): un clan de neandertales –dependientes del fuego que saben mantener, pero que no saben producir- sufre el ataque de una horda homínida más simiesca, con la nefasta consecuencia de la extinción de la única brasa encendida que han rescatado en su huida. De modo que, angustiados y vulnerables, helados y desvalidos, refugiados en la frágil protección de una laguna, deciden enviar a tres machos jóvenes a la búsqueda del fuego…

La película engancha, entretiene, divierte, emociona y es ideal para regalar o compartir con los jóvenes (despertando su curiosidad sobre muchas cuestiones científicas). Un film estupendo –todo un placer estético y visual- al que siempre le tendremos cariño. Entre la aspereza, la incomunicación o la comicidad, el director consigue también momentos poéticos y trascendentes…

Como ficción y fantasía nada que objetar, y tampoco habría que objetarle demasiado a todas las licencias peliculeras que se permite. Pero a pesar de sus aciertos, los que somos aficionados a la evolución humana, a la Paleoantropología y Prehistoria,… encontramos errores contundentes, por ejemplo, en la recreación del modo de vida de los neandertales del Musteriense durante el Pleistoceno Superior (134.000-10.000 a.C.); en la recreación de las características de otras especies de homininos aún más primitivos -contemporáneos a los neandertales- con los que coexistieron en paralelo; en una serie de prejuicios sobre la innata superioridad del Homo sapiens, así como en los infundios sobre la torpeza simiesca del Homo neanderthalensis. Si tenemos que analizar esos errores, por orden de mayor a menor gravedad, lo podríamos hacer como sigue:

1º) La mayor falsedad arqueológica de la película (la hipótesis equivocada de que los neandertales "no sabían producir fuego) se convierte en su punto de partida necesario y medular. Sin esa conjetura falsa no podría plantearse la aventura de la película. Suposición muy equivocada para los neandertales que poblaron la fría Europa del Pleistoceno Superior, aún más cuando hay pruebas del control del fuego desde al menos cien mil años antes (por humanos más primitivos del tipo erectus e heidelbergensis). Las poblaciones de neandertales prosperaron durante glaciaciones que incluyeron periodos glaciares como el Würm I (iniciado hace más de 100.000 años) que le imprimieron a Europa –la que quedó libre de un enorme grosor de hielos perpetuos- un clima siberiano. Fue muy crudo el periodo frío del episodio geológico OIS 4 (datado entre 74.000 y 60.000 años) durante los milenios en que prosperaron los neandertales “clásicos” y cuando el mamut lanudo ártico llegó hasta El Padul, al sur de Granada –la menor latitud registrada para esa especie fósil de clima frío- como atestiguan los fósiles encontrados en la turbera de su laguna. Esa pudo ser también la época durante la cual por primera vez los Homo sapiens de origen africano llegaron a Europa encontrándose con unos neandertales que seguramente dominaban el fuego mejor que los recién llegados. De modo que todo el paradigma que da sentido a la película, ese de que los neandertales eran unos pobres ineptos que se ven empujados a lanzarse a la aventura de “buscar el fuego”… queda desmontado por la realidad.

2º) No existió una superioridad tecnológica de los sapiens respecto a los neandertales durante los muchos miles de años que fueron contemporáneos. La mayoría de la gente asume el prejuicio y el tópico de que los clanes de nuestra especie sapiens eran más inteligentes que los neandertales y que, desde que aparecieron en África (hace unos 200.000 años) comenzaron a desarrollar una industria lítica superior. Completamente falso. Mientras sapiens y neandertales convivieron en Europa durante unos 20.000 años (¡200 siglos!), no dejaron restos tecnológicos que nos hayan indicado ninguna diferencia significativa, hasta el 35.000 a.C. cuando los neandertales se extinguen y se inician unos milenios de progresivo desarrollo tecnológico en la industria de piedra de nuestra especie. O sea, que nuestros ancestros sapiens ¡no demostraron ninguna superioridad tecnológica durante más de 150.000 años! La única y quizás importantísima diferencia es que los sapiens siempre poseyeron un pensamiento simbólico (escultura, pintura, música, magia…) del cual los neandertales no han dejado pruebas. Y esta faceta simbólica sí que está reflejada en la película con acierto (la identidad del clan de los sapiens está vinculada a las pinturas que adornan sus cuerpos).

3º) Los neandertales no eran ningún eslabón semi-humano de la evolución. Pero en la película adoptan actitudes muy simiescas (que rayan la caricatura): hablan con gruñidos y no se desplazan erguidos del todo. Y eso está muy mal. Humanos fósiles mucho más primitivos que los neandertales poseían una marcha y una postura plenamente moderna desde hace al menos 1,6 millones de años. Y es prácticamente seguro que humanos anteriores y antepasados de los neandertales, como los Homo heidelbergensis de Atapuerca (de hace 400.000 años) ya tendrían un lenguaje elaborado. Sí está muy bien recreado el aspecto facial de los pálidos neandertales, con su arcada orbitaria, su frente huidiza y sus melenas claras (análisis de su genoma han descubierto que podían ser rubios y pelirrojos).

Y continúo con otros errores y aciertos en SPOILER:
[Leer más +]
67 de 69 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los odiosos ocho
Los odiosos ocho (2015)
  • 7,3
    55.834
  • Estados Unidos Quentin Tarantino
  • Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Walton Goggins, ...
5
ESTA VEZ TE HA SALIDO MAL EL ESTOFADO, QUENTIN
Ya sé que es de mala educación criticar el sabor de un plato cocinado, con cariño y buenos ingredientes, por un cocinero genial al que uno admira, pero -perdona que te lo diga, Quentin- por primera vez has estado tan perezoso, descuidado, vanidoso, torpe, egoísta, atolondrado… que has estropeado el famoso estofado de Minnie. Tiene un olor desagradable y un sabor rancio. No sé si habrá sido por un exceso de grasa, de casquería, de óxido... o por haber metido gato en vez de liebre, pero me has decepcionado.

Mientras avanzaba con la diligencia por aquella desolación nevada mi boca se hacía agua pensando en la conocida receta y casi me parecía oler ese estofado sabroso con todos sus ingredientes tan bien entremezclados. Pero no, Quentin, esta vez –y es comprensible después de tantos años- te has copiado con desgana, te has pasado lanzando cachos exagerados al caldero, hala, venga, sin pies ni cabeza… removiéndolos con la payasa soberbia y la gilipollez pelotuda de alguien engreído que lleva décadas recibiendo merecidos elogios.

Y como es de bien nacido ser agradecido, estoy en deuda contigo por todos los placeres anteriores que llevas ofreciendo a mi paladar, pero que consten un par de cosas: que no pienso volver a tragarme un estofado tan vulgar como este de los Ocho Indeseables, y que la morcilla de Samuel L. Jackson sobraba en el puchero (te la podías haber metido tú por donde te cupiese).

Y además eres consciente de ello, so caradura ¿o nos tomas por idiotas? Hay unas cuantas ocasiones en que a falta de liebre has echado gato en la cazuela y nos lo has servido con auténtica desfachatez: como no tenías ganas de trabajarte una situación que pudiese explicar porque no había sido rematado Samuel L. Jackson ¡simplemente prescindes de esas escenas, das un salto, y nos lo presentas a salvo desangrándose en la cama y poniendo condiciones! Y cuando no sabes cómo hilvanar otros acontecimientos ¡simplemente pones una fraudulenta voz en off, inexplicable, para que nos suelte un rollito! Pero, Quentin, qué vergüenza, con esos guiones siempre tan estupendamente cocinados a los que nos has tenido acostumbrados. Comparar esta última tuya con la genial primera (Reservoir Dogs) es algo realmente ignorante, torpe y penoso.

Pero es que hay más grumos e incoherencias en el estofado, y cualquiera con buen gusto tarantiniano se entristece llevándose a la boca cucharadas sabrosas mezcladas con otras que dan ganas de escupir: trucos baratos, engaños arbitrarios, contradicciones atolondradas o anacronismos absurdos: no, Quentin, no tendrías que habernos estropeado el recuerdo de la aguda disertación de Tim Roth sobre la necesidad de una fría Justicia desapasionada, al revelarnos después que no es verdugo (que inconsistencia suponer esa reflexión en un simple bandido); no, Quentin, no tendrías que haber convertido en un dato esencial del que depende la credibilidad y la vida de un hombre, el supuesto odio de Minnie hacia los mejicanos, al revelarnos después en un flash-back que recibe y atiende al mejicano sin problema alguno; no puedes darle protagonismo a una historia de felación absolutamente impensable en el viril Far West del siglo XIX, simplemente para volver a recrear de un modo exagerado y forzado ese tu típico monólogo tocapelotas –magnífico en otras películas- que consigue llevar a un hombre a un estallido de ira, como ya demostraste en tu guión juvenil de Amor a quemarropa (con aquel monólogo de las abuelas sicilianas folladas por los moros)…

A diferencia de la mayoría, la parte que me ha llegado ha sido la del principio, la del primer cuarto de la película; y la parte que me ha decepcionado ha sido la de todo ese estofado artificioso, anacrónico, sanguinolento, incoherente y sin chispa que se ha ido cocinando hasta reventar en La Mercería de Minnie.

Kurt Russell como John Ruth ‘La Horca’ ha sido el mejor en todos los sentidos.

Faltan los sanguinarios ideales de los Bastardos o de Django, motivaciones para el crimen, emociones para la venganza, o fuerza de convicción en los ingeniosos diálogos. Sobran la casquería sin gracia, los chorros de sangre sobre las caras, esa mariconada delirante de la gélida mamada, muchos planos feos y repugnantes... Pero, en definitiva, se puede perdonar, Quentin, que por una vez tu inteligencia, como los sesos, hayan saltado por los aires, pero no se te puede perdonar igual que nos hayas HARTADO Y ABURRIDO; y no me refiero al principio (estupendo), sino a todo ese tramo final, tan huero, en el que te imaginabas divertido.
[Leer más +]
279 de 445 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cosmos (Serie de TV)
Cosmos (Serie de TV) (1980)
  • 8,7
    12.403
  • Estados Unidos Carl Sagan (Creator), David F. Oyster, ...
  • Documentary, Carl Sagan
10
Sólo hay un Cosmos y Carl Sagan es su profeta
Cosmos, de Carl Sagan fue y es la mejor obra de divulgación científica de toda la Historia. No trata solamente de Astronomía o Astrofísica, de Historia o Biología, de Paleontología, Darwinismo, Filosofía, Psicología, Ética, Ecología, Política… sino que en esencia es un relato atractivo y emocionado sobre el desarrollo del mayor y más elevado logro de la espiritualidad humana: EL PENSAMIENTO RACIONAL Y CIENTÍFICO, el que nos ha permitido desvelar misterios del microcosmos y del macrocosmos, atisbar la verdadera naturaleza de la evolución del Universo y de la Vida, así como la propia belleza y coherencia de la Ciencia como único conocimiento expansivo, ilimitado, esperanzador y realmente universal de la humanidad…

Ciertamente Carl Sagan defendía en Cosmos, con valentía y pasión -desde unos Estados Unidos tan dominados por el integrismo religioso y la corrección política devota- la validez infinitamente superior del pensamiento racional, científico, materialista, evolucionista… nacido en las antiguas poleis griegas de la Antigüedad; sí, defendía ilusionado esa acertada comprensión de la Naturaleza que, con mucha dificultad, volvió a arraigar durante nuestros últimos cuatro siglos, los de las Edades Moderna (destacando a los “héroes” del siglo XVII) y Contemporánea… esa acertada y emocionante comprensión del Universo y del Hombre que ha conseguido arrinconar -entre las personas mínimamente ilustradas- al pensamiento irracional, mítico, primario, sumiso, iletrado, ingenuo y falso del oscurantismo religioso, del dogmatismo clerical, de las espiritualidades de mercadillo y de las magias (astrológicas, ufológicas, espiritistas, milagreras…) de difusión mayoritaria.

Tanto para los adolescentes moderadamente lúcidos que ya nos habíamos desprendido de las supersticiones (bíblicas, magufas o pseudocientíficas), como para los jóvenes que a pesar de su inquieta inteligencia aún no habían encontrado las claves para hacerlo, Cosmos fue -desde principios de los años ochenta- esa obra reveladora con la que reforzar nuestra comprensión de la grandeza del método científico, el placer electrizante de la exploración y el descubrimiento, la belleza sobrecogedora y terrible del Universo, el enorme valor de la conciencia humana fruto de la evolución natural, la espiritualidad panteísta -y contradictoriamente “atea”- basada en una profunda conexión cósmica, la imposibilidad de los dualismos sobrenaturales y creacionistas… así como fue esa obra reveladora de la otra cara siniestra de la cultura humana: el penoso historial de la reacción oscurantista, por parte de los dogmáticos fundamentalistas a lo largo de los siglos, con su fanática demolición y su acoso permanente al librepensamiento racional…

Carl Sagan nos mostraba emocionado que somos pequeñas partes conscientes del Universo, sí, diminutas y fugaces criaturas surgidas en la eterna evolución cósmica (formadas a partir de los átomos y moléculas creados en los pavorosos hornos nucleares de las estrellas y dispersados por las galaxias en inconcebibles cataclismos estelares), fugaces criaturas con la apasionante virtud de ser ínfimas porciones conscientes de un Cosmos ilimitado e increado, a través de cuya curiosidad el Universo comenzaba a hacerse preguntas sobre Sí Mismo…

Y evidentemente estas revelaciones tenían una dimensión profundamente “mística”, “espiritual”, “trascendente”, “religiosa”, “panteísta”… y al mismo tiempo “atea”, aunque Carl Sagan no llegara a explicitarlo con claridad ni se preocupara de imprimir en su obra divulgativa un tono de mayor rigor filosófico y teológico (como si Carl Sagan no hubiera comprendido del todo que él mismo era decididamente “espinozista”): pero, si como él mismo afirmaba, el Cosmos es la única totalidad increada y eterna que siempre había existido, que existe y que existirá; si era imposible el dualismo Creador/Creación y el “juego de dados” sobrenaturalista de una divinidad providente; si el Cosmos en perpetua evolución era el único creador de todo lo existente y de su propia conciencia (nosotros); entonces el Cosmos era el “Dios” de Spinoza (Dios es la Naturaleza), ese “Dios” que afirmaba con rotundidad lógica y geométrica la imposibilidad de la arbitrariedad sobrenatural y de cualquiera de los dioses de las religión.

Y sin que yo pretenda menoscabar la valía y excelencia del pensamiento de Carl Sagan ni de Cosmos (como libro o como serie de televisión), ese es un pequeño punto débil de su filosofía, el que no comprendiera del todo que los enemigos históricos de la Ciencia no eran los “místicos”, sino los dogmáticos; el que no comprendiera del todo su absoluta convergencia con la filosofía de Spinoza; o el que se declarara prudentemente “agnóstico” (esa tipología de “ateísmo acicalado” o de "ateísmo vergonzante") sin comprender que en su filosofía no cabía ni una pizca de duda agnóstica, ya que dudar de la existencia de “Dios” (el Cosmos) sería tanto como dudar de la propia existencia del Universo. Él mismo era un profeta, un ateo místico –y su sonrisa extática viajando por el espacio y el tiempo así lo demostraba- buscando emocionado la conexión cósmica con el único “Dios” verdadero.
[Leer más +]
23 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cadena perpetua
Cadena perpetua (1994)
  • 8,6
    166.901
  • Estados Unidos Frank Darabont
  • Tim Robbins, Morgan Freeman, Bob Gunton, James Whitmore, ...
5
La película más SOBREVALORADA de los últimos 80 años
¡Es verdaderamente alucinante que esta sensiblera peliculita de entretenimiento juvenil, ocupe en diversos rankings un puesto sobresaliente, junto a verdaderas joyas de la historia del cine!

Sorprendente y desgraciadamente baja el nivel de credibilidad del criterio medio de los usuarios de Filmaffinity: ¡Incontables puntuaciones de “10” en las críticas! ¡Un magnífico e inconcebible “8,6” de nota media! ¡La misma nota que Luces de la ciudad o que Tiempos modernos! ¡Por encima de clásicos indiscutibles como El crepúsculo de los dioses, Perdición, El apartamento, Casablanca, Cuentos de Tokio, Los siete samuráis, M el vampiro de Düsseldorf, Vértigo, Senderos de gloria, Los mejores años de nuestra vida, Le Trou (una carcelaria auténtica y para cerebros adultos), Reservoir Dogs, Manhattan, La jungla de asfalto, El hombre que mató a Liberty Valance, etc., etc., etc…! O sea, un despropósito de calificación que tendría que estar penalizado, no con la perpetua pero sí al menos con un tiempo de arresto domiciliario… sin internet, je, je.

Es una simple fábula carcelaria que cae en los peores tópicos del género, en el maniqueísmo de la más simplona caricatura de malos y buenos: por supuesto casi todos los presos son bellísimas personas, entre los que destacan las tipologías “mente brillante”, “filósofo estoico” o “arrepentido paciente”; mientras que los funcionarios de prisiones son unos desalmados mafiosos, entre los que destacan las tipologías entremezcladas del “sádico fascista”, el “avaricioso demente” o el “retrasado mental baboso” ¡Como la vida misma. Puro realismo! Cada vez que la veo me gusta menos y me irrita más. Todo un "anti-clásico".

Admito que la película resulta algo entretenida –como casi todas las de cárceles- pero es excesivamente previsible, cursi, edulcorada, inverosímil… Y es casi tan mala como ese disparate magufo de La milla verde; aunque, bien pensado… Cadena perpetua es peor, ya que La milla verde se nos presenta como una historia de fantasía, muy tonta pero irreal ¡mientras que este cuento de hadas con uniforme de rayas pretende mostrarse como un drama realista con vocación social y moral! Patético. Al delirante del Stephen King se le pueden apreciar sus thrillers (como El Resplandor), que no se plantean engañar a nadie y que han permitido realizar en cine obras maestras del género de terror; pero, por favor, que no pretendan vendernos como realista –y aún menos como excelente- esta deficiente fábula pastelosa, blanda, simplona y maniquea…

… Termino en "spoiler":
[Leer más +]
39 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
La era de la incertidumbre (Serie de TV)
La era de la incertidumbre (Serie de TV) (1977)
  • 8,1
    44
  • Reino Unido Mick Jackson
  • Documentary, John Kenneth Galbraith
10
CERTIDUMBRES SOBRE EL DESCONTROL CAPITALISTA
Sí, magnífica e insólita serie documental (13 episodios en 15 capítulos pues el último episodio se desglosa en tres) de John Kenneth Galbraith sobre la historia de las ideas económicas –y sus consecuencias- en las sociedades capitalistas contemporáneas. El hecho de que, desde el arranque de los años ochenta, toda la resucitada jauría neocons y teocons se pusiera a ladrar contra esta serie televisiva (como la líder conservadora británica Margaret Thatcher), nos puede indicar –como ya he dicho en la elaboración de la reseña “filmafín”- su valor, actualidad y necesidad. Hoy día los lobos del gran capitalismo monopolista y salvaje controlan el mundo, con su exclusivo discurso oligárquico dominante, y por ello es doblemente interesante volver a la lectura y el visionado de Galbraith (y de otros intelectuales como Mario Bunge) para aprender economía, desvelar las mentiras neoliberales, criticar sus falsedades pseudocientíficas y disfrutar de su lúcida y amena pedagogía. Todo ello, naturalmente, desde una perspectiva racional, democrática y progresista, que de oscurantismos reaccionarios ya estamos servidos de sobra.

Uno de los mecanismos habituales de las filosofías reaccionarias suele ser el lenguaje críptico –que pretenden justificar por el necesario nivel elitista del vocabulario técnico de su erudita especialidad- pero la filosofía y la ciencia auténticas siempre han tenido divulgadores brillantes, capaces de descubrir imposturas, mostrar las verdaderas intenciones de los dogmáticos, rasgar oscuridades y hacer comprender sin pedanterías las certezas racionales de un conocimiento científico de la realidad. Carl Sagan haría lo mismo un poco después en el ámbito de la astronomía con su prodigiosa serie "Cosmos".

Y John Kenneth Galbraith es uno de esos lúcidos maestros capaces de engancharnos con la atractiva exposición que, en cada uno de sus trece episodios de casi una hora, nos lleva a comprender ideas y momentos cruciales en la historia del capitalismo occidental. Los principios ideológicos de John Kenneth Galbraith podríamos encuadrarlos dentro del liberalismo progresista y democrático, keynesiano en lo económico y con rasgos socialdemócratas en lo político; aunque para los lobos ultras del neoliberalismo esa moderada postura es prácticamente la de un izquierdista radical. Sabemos perfectamente que actualmente se considera extremista a cualquier persona con argumentos de izquierdas, no porque la izquierda se haya radicalizado, sino porque los conservadores se han desplazado tanto hacia la extrema derecha (de un neoliberalismo oligárquico sin complejos) que cualquier liberal –de verdad- con vocación progresista, defensor de la economía de mercado, pero también de los derechos sindicales, de la intervención del Estado… lo contemplan ellos en un horizonte muy alejado de su lujosa cueva.

Y entre los lobos ultras del neoliberalismo destaca Milton Friedman, quién se vio obligado a elaborar su propia serie de televisión para replicar a la de Galbraith. Eran aquellos primeros años ochenta –siendo yo un adolescente que disfrutaba de La era de la incertidumbre en TVE- cuando se fortalecía en el mundo la reacción neoliberal, con Ronald Reagan, con Margaret Thatcher y el gran gurú de las oligarquías mega-capitalistas, Milton Friedman, jefe de la Escuela de Chicago. Lo cierto es que el propio gobierno de Reagan tuvo que abandonar muchas de las recetas neoliberales de Friedman cuando se comprobó que arrastraban a Estados Unidos a la crisis; pero por desgracia las políticas socioeconómicas de la Escuela de Chicago sí fueron adoptadas por varios gobiernos dictatoriales de América Latina, con los conocidos resultados: aumento de la desigualdad, multiplicación de la miseria, debilitamiento de los servicios sociales, destrucción de las industrias nacionales…

El casi centenario John Kenneth Galbraith murió un año antes del inicio de la nueva crisis capitalista iniciada en 2007, la misma Crisis de los Siete Años Como Mínimo que en España arrastramos desde 2008. La incertidumbre del capitalismo desregulado y oligárquico, defendido por las élites reaccionarias que dominan el panorama internacional, le ha vuelto a dar la razón. Buscad La era de incertidumbre como podáis, aunque casi hayan conseguido quitarla de la circulación. Seguro que, por primera vez para los neófitos, la historia de la economía os resultará reveladora y fascinante.
[Leer más +]
25 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
Metrópolis
Metrópolis (1927)
  • 8,2
    37.011
  • Alemania Fritz Lang
  • Gustav Fröhlich, Brigitte Helm, Alfred Abel, Rudolf Klein-Rogge, ...
4
BELLA, TRASNOCHADA, BEATA Y FASCISTOIDE (primera parte)
Admiro a Fritz Lang y me gustan muchísimo varias de sus películas, como M, el vampiro de Düsseldorf (magnífica, se mire por donde se mire) de su etapa alemana, y sobre todo las de su etapa estadounidense, algunas tan sobresalientes como Los sobornados, Deseos humanos… y tan notables como Furia, La mujer del cuadro, Perversidad, Más allá de la duda, Mientras Nueva York duerme, o Los contrabandistas de Moonfleet (una de aventuras y espadachines sin mayores pretensiones)… así que no tengo prejuicios con las películas de ese director y, en caso de tenerlos, serían positivos…

Pero Metrópolis, revisada en las mejores condiciones de una sala de cine y en su versión íntegra restaurada, al margen de su innegable valor, a pesar de su indiscutible influencia, al margen de su belleza visual o de la excelente dirección cinematográfica… tiene demasiados aspectos absurdos, ridículos, pueriles, inconsistentes, rancios, histriónicos… y lo que es peor, reaccionarios e incluso medio nazis. Hay momentos en los que el sectarismo ideológico alcanza niveles muy tendenciosos, con un tufo antidemocrático baboso, machista, religioso y facha, realmente reaccionario:

- Hasta la música muestra rasgos de sectarismo tendencioso cuando imita acordes –distorsionados- de La Marsellesa asociados siempre a la malévola locura de la clase obrera sublevada y desenfrenada.

- La ciencia se nos presenta como “torre de babel” de la soberbia humana, que sólo sirve para crear una tecnología esclavizante, o que es el fruto maligno de un científico desquiciado como Rotwang ¡que opera bajo un símbolo en forma de estrella sospechosamente similar a la davídica judía! ¡Toma ya, con su toque de judeofobia como aliño imprescindible!

- Por el contrario, la religión, concretamente la cristiana en su versión más oscurantista –con nuevas promesas mesiánicas y plagada de amenazas apocalípticas de estilo medieval- se nos muestra como la espiritualidad más luminosa y positiva de ese mundo clasista, y como la ideología más adecuada y certera en sus diagnósticos y previsiones, siendo el mensaje de la santa María –el personaje más benéfico de la historia- el que sirve como opiáceo para neutralizar la legítima rebelión de una clase obrera oprimida a niveles bestiales. Tiene mucho sentido que entre maquetas futuristas lo que realmente tiene el protagonismo soterrado son los viejos mitos bíblicos, los clérigos en sus púlpitos, las advertencias apocalípticas, las estatuas de los “pecados capitales” en portadas medievales abocinadas, la Muerte con su guadaña y hasta la entrañable fotografía de las pilas del agua bendita…

- La lucha obrera contra amos y patrones, ya sea en su vertiente mecanoclasta, sindical o socialista revolucionaria, y a pesar de vivir en condiciones infrahumanas y subterráneas, es el error nefasto de una clase proletaria que llevará a todo el mundo –incluidos sus propios hijos- a la destrucción; pues la verdadera solución a los problemas sociales está en la espiritualidad irracional de una virginal profetisa cristiana y de un joven aristócrata caritativo.

- Las mujeres del “futuro” siglo XXI no trabajan fuera de su casa, pero sí se las ve emperifolladas con moda rococó de “mariantonietas” o asistiendo a la misa de clérigos apocalípticos en una catedral gótica; mientras que las féminas liberadas que opten por el hedonismo placentero, por la diversión nocturna, por la provocación erótica… son la peor expresión de la corrupta “Babilonia”, sí, la perdición de los hombres, la decadencia de la civilización. (Sigo enrollándome en la "segunda parte")...
[Leer más +]
69 de 84 usuarios han encontrado esta crítica útil
La aventura de las plantas (Serie de TV)
La aventura de las plantas (Serie de TV) (1982)
  • 8,1
    45
  • Francia Jean-Pierre Cuny
  • Documentary
10
PRODIGIOSA Y DELICADA EVOLUCIÓN
El saber científico del botánico de la Lorena, Jean-Marie Pelt, y el talento realizador de su paisano, el escritor y director Jean-Pierre Cuny, más la música atmosférica y emocionante de Joël Fajerman... forjaron, justo a principios de los ochenta del siglo XX, una serie documental sobre la vida de las plantas que aún sigue insuperada en pleno siglo XXI. El éxito de los trece capítulos de 1982 motivó la creación de otros trece para una segunda temporada (entre los años 1986 y 1987).

Esta serie documental extraordinaria muestra, con un gran rigor científico y paso a paso, los maravillosos resultados de la selección natural en la evolución del mundo de las plantas, desde la primera célula hasta la actual diversidad de organismos vegetales, pasando por la conquista de la tierra, o las invenciones de la madera, de los óvulos, de las semillas o las flores. La estupenda realización, mediante la aceleración visual de prolongadas tomas, nos desvela como nunca la vida secreta de las plantas, una vida mucho menos “vegetativa” y mucho más sensorial y “animal” de lo que muchos hasta entonces imaginábamos.

Los que tengáis en 2014 más de 45 años, si buscáis la música de Joël Fajerman (la del arranque y presentación de cada capítulo de la serie televisiva, que acompañaba la animación bastante naif de un cómic de factura francesa) es posible que sintáis esos escalofríos placenteros que provocan las eléctricas emociones de los inesperados viajes en el tiempo...
[Leer más +]
25 de 25 usuarios han encontrado esta crítica útil
La ladrona de libros
La ladrona de libros (2013)
  • 6,6
    24.532
  • Estados Unidos Brian Percival
  • Sophie Nélisse, Geoffrey Rush, Emily Watson, Nico Liersch, ...
2
NEIN, NEIN, NEIN !
No soporto la insondable cretinez manipuladora de los guionistas y directores que usan el idioma alemán como si fuese un esputo amenazante o una maldita jerga fascista que se puede dejar sin traducir según convenga. Y no la soporto ni aunque venga del venerado Spielberg ni de su sobrevalorada Lista de Schindler...

Alucino con los votantes que ponen como buena esta ladrona colección de tópicos, imposturas, sentimentalismo huero y ridiculeces (lo de la "borriquita como tú que no sabes ni la u" -literalmente- convertida en un plis plás en gran lectora, es algo completamente idiota). Mi mujer se ha reído conmigo viendo como me escandalizaba progresivamente, sobre todo por lo dicho, por verme de nuevo ante esa aberración tan tendenciosa, que sabe que detesto, sobre el uso del idioma: en una película anglosajona sobre alemanes de Alemania -en Germany, sí- donde cualquier diálogo está, lógicamente, en el inglés de la película (o en el doblaje que corresponda) ¡dejan que los actores nos hablen en alemán sin traducir cuando son nazis, cuando son soldados... o cuando son tontos! Tratándonos a nosotros como tales. No, claro, nein, a los putos nazis no hay que doblarlos, nein, sino que hay que dejarlos escupir en alemán de vez en cuando (¡como si lo odioso fuese su acento y no su ideología!). Y esta película es tan boba que riza el rizo y los protagonistas conservan el alemán en cada “no” (“nein”) y en cada “sí” (“ja”)... ja, ja, ja... sin haber aprovechado, ya puestos, para darnos unas clasecillas gratis de prusiano ¡que va! ni tan siquiera con un simple “guten Morgen”, ni con un “guten Tag”, ni con un triste “Auf Wiedersehen”... con el que olvidar esta chorrada y mandarlos burlonamente a la “Scheiße”.
[Leer más +]
48 de 67 usuarios han encontrado esta crítica útil
Página en blanco
Página en blanco (1960)
  • 6,5
    1.213
  • Reino Unido Stanley Donen
  • Cary Grant, Deborah Kerr, Robert Mitchum, Jean Simmons, ...
3
BLANDO CHAMPIÑÓN
Si los amantes del cine clásico británico y norteamericano -y de muchas de sus grandes figuras- queremos comprender lo que es una película fallida, una película trasnochada, flácida, sosa, aburrida, afectada, finolis y boba... pues nada mejor que sufrir esta The Grass Is Greener. Ciertamente sería estupenda para ponerla de ejemplo –en un cursillo de cine o de ciencia- para demostrar en qué consiste la ausencia de química (y hasta de física) en las relaciones humanas, en las conexiones eróticas y en la dramaturgia cinematográfica. Cary Grant, Robert Mitchum y Jean Simmons están completamente desaprovechados y representan sin ganas unos de los peores papeles de sus carreras. Deborah Kerr en cambio está a su máximo nivel, o sea, tan lacia y cursi como siempre. Es una opinión muy personal, pero de entre las famosas actrices del mundo anglosajón Deborah Kerr –con la excepción de un revolcón playero- siempre me ha parecido antierótica y cargante, de modo que en esta supuesta comedia “sofisticada” (en el peor sentido posible de la palabra) ella se encuentra en su salsa. Ahora mismo no recuerdo haber visto nunca la representación de un enamoramiento súbito y apasionado con tan poca sangre, con tan poca gracia, sentido y convicción. Los celos del flemático cornudo son igual de anodinos. No me extraña –y esa parte del guión sí que es apropiada- que se dedicaran a criar húmedos, blanquecinos e insípidos champiñones...
[Leer más +]
33 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
Desterrado de las islas
Desterrado de las islas (1952)
  • 6,3
    85
  • Reino Unido Carol Reed
  • Ralph Richardson, Trevor Howard, Robert Morley, Wendy Hiller, ...
6
¿MEJOR EL LIBRO?
La película merece la pena. Hay que disfrutarla. Tiene momentos poderosos. Pero, desgraciadamente, es una de esas que dejan intuir que el libro que la inspira será muy superior. Comienza estupendamente, con una imágenes realistas, potentes, y con unos diálogos llenos de ingenio y cargados de promesas sobre el buen rato que nos espera... Pero ese brillante comienzo aumenta la decepción creciente que, por comparación, va provocando su desarrollo. La película podría ser una inmersión sugestiva en la explotación imperialista, en la inmoralidad criminal de la codicia, en la pasión sexual incontenible, en las miserias de la deslealtad, en las indomables tentaciones adúlteras... pero todo eso no han conseguido plasmarlo con autenticidad y incluso da la impresión de que a veces ni lo intentan. Parece que se hayan dejado secuencias en el tintero o en el montaje. Y por cierto, la sinopsis que hay aquí, en FilmAffinity, a pesar de su brevedad, es bastante imprecisa y parece elaborada por alguien que no ha visto la película.

Trevor Howard no es adecuado para este papel de vividor pendenciero y amante obsesivo, que además despierta tórridas pasiones en las féminas. No, no está bien elegido como protagonista (estará mucho mejor, diez años después, en su papel de tiránico capitán enfrentado a Marlon Brando en Rebelión a bordo). Y es que, en general, los actores están muy mal escogidos: no se entiende bien si la bella y severa chica indígena (una actriz asiática hubiera sido mucho más creíble que la argelina Kerima) está enamorada o sólo obedece a oscuras instrucciones; ni tampoco la película nos explica -sólo las insinúa sin emoción- las adúlteras fantasías que el protagonista provoca en la aburrida señora europea de la casa (la buena actriz Wendy Hiller que aquí está insípida y antierótica). Una cosa es ser sutil y otra cosa inexpresivo...

Los indígenas (de confusos y entremezclados rasgos étnicos) oscilan entre la expectante pasividad y sus repetidos e imprevisibles bailes regionales. Tampoco se explica bien la explotación que sufren, el odio que acumulan o el estallido de su violencia. Aunque lo peor es lo poco convincente que acaba siendo lo esencial... sí... la que tendría que haber sido una indagación creíble, turbadora y pegajosa, en la atormentada psique humana, en sus dulces o agrias flaquezas, en la adicción autodestructiva, en las más tórridas pasiones que te arrastran a la deslealtad o a la perdición...
[Leer más +]
24 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
Amanecer
Amanecer (1927)
  • 8,4
    13.196
  • Estados Unidos F.W. Murnau
  • George O'Brien, Janet Gaynor, Margaret Livingston, Bodil Rosing, ...
7
MAGISTRAL Y PUERIL
¡Ay, ay , ay, amigos cinéfilos inteligentes! ¿Cómo podéis emocionaros, cómo podéis quedaros tan anonadados con este guión tan trasnochado? Por supuesto que es una de esas maravillas visuales de los pioneros, que tiene una estética magnífica, expresionista, creativa, germinal... Pero, por favor, la historia también tiene unos aspectos ridículos con unas moralinas y una moralejas verdaderamente rancias. No pretendo juzgarla tampoco con elementos anacrónicos desde el punto de vista de nuestros valores actuales, pero es que en los Años 20 había una cultura mucho más adulta, madura y trasgresora; así que juzgar la historia como puritana, ejemplarizante, pueblerina, meapilas, infantil... no es tratarla con injusto anacronismo, sino la pura verdad (también para los occidentales de hace 90 años). A la hora de valorar una película no se puede dejar desconectada una cuarta parte de nuestra sensibilidad cerebral. La película es indiscutiblemente valiosa, por supuesto, y preciosa por su belleza, por su ritmo, por su riqueza narrativa, por su significado artístico e histórico... pero su mensaje y su historia poseen aspectos de una innegable puerilidad.
[Leer más +]
36 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
Searching for Sugar Man
Searching for Sugar Man (2012)
  • 8,1
    25.328
  • Suecia Malik Bendjelloul
  • Documentary, Sixto Rodríguez
9
MESIANISMO VERDADERO
Seguramente cualquiera de nosotros habrá visto documentales más fieles a la realidad, más profundos, más sesudos, más serios, más científicos, más objetivos, más desgarradores, más terribles... pero yo no recuerdo haber visto un documental artístico tan poético ni con esa capacidad para conmover sin exageraciones ni melodramas. A pesar del meloso título del “hombre azúcar” el documental arranca algunas furtivas lágrimas, auténticas y saladas, y no lagrimones fáciles y edulcorados.

Por supuesto que no podemos olvidar que es cine y que es ficción, así que como toda obra de arte es imposible que deje de ser una bella y tramposa recreación. Algunos puristas le recriminarán a Malik Bendjelloul que un “documental” no puede permitirse la deshonestidad de esconder información, que un guionista no debe de hacerse el tonto para forzar el suspense de una trama artificial, que un documental no tiene que engañar al inocente espectador amputando acontecimientos que podrían estropearle su bonita historia... Vale. Pero aunque esos puristas tengan bastante razón (sobre todo si fuese un documental con pretensiones de científica objetividad histórica), yo creo que esos supuestos “defectos” que le achacan son en realidad virtudes necesarias en una película como esta, que si adopta el formato de “documental” es sólo para engañarnos, emocionarnos, intrigarnos y fascinarnos... mejor. O sea, justo lo que debe proponerse siempre el buen cine, la buena literatura y la buena religión.

Y es que la película tiene una componente espiritual casi mesiánica: J. Sixto Rodríguez, un cantautor fracasado -surgido de la inmigración mejicana en una Detroit decadente- no consiguió ser profeta en su tierra y acabó autoinmolándose en el escenario. Aunque, maravillosamente, su mensaje cruza los océanos y acaba germinando y resucitando en otra tierra lejana y oprimida, la Sudáfrica del apartheid. Años después, dos de sus fans, a modo de fieles discípulos, iniciarán la búsqueda de la auténtica historia de su admirado ídolo fantasmal...

Puede que no se cuente toda la verdad, pero todo lo que se cuenta sí es verdadero. Aunque lo importante es que -como tantos otros han dicho antes- esta historia de esperanza y de redención es iluminadora, fascinante, preciosa y conmovedora. Es una historia al mismo tiempo modesta e impresionante, inverosímil y cierta, triste y feliz, cruda y poética, pesimista y esperanzadora. De modo que cerrar el corazón ante Jesús Sixto (Rodríguez) y privarse de su música (terrenal) es una carencia imperdonable que desde este púlpito pretendo -nunca es tarde- ayudaros a salvar. Amen.
[Leer más +]
38 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
Australia
Australia (2008)
  • 5,8
    36.663
  • Australia Baz Luhrmann
  • Nicole Kidman, Hugh Jackman, David Wenham, Bryan Brown, ...
2
¡¡ CINCO FINALES !!
Ja, ja ¡qué película más mala! No le pongo un "1" porque quiero diferenciarla un poco de algunas otras películas aún peores y porque considero que tiene algo valioso: sirve para identificar el mal gusto y la sensibilidad cinematográfica atrofiada de, por ejemplo, algunos críticos de cine profesionales que la comentan aquí mismo en la ficha de Filmaffinity.

Por enésima vez me ha sorprendido E. Rodríguez Marchante del ABC (¡Ja, ja, a este despistado ilustrado le gustan todas! ¡Sí, lo tengo comprobado, le gustan todas por lamentables que sean, ja, ja!). Tampoco le pongo un "1" porque me ha divertido bastante con una de sus más patéticas características: estaba viéndola con mis niños, y cuando parecía que había terminado -y que me libraba de ella- con su clímax musical y melodramático... pues no, continuaba la muy puñetera ¡y así... hasta cinco veces, ja, ja... de modo que nos partíamos de risa esperando asombrados un nuevo final tras otro!... ¡Y seguía, y llegaba otro "final", pero no, que no, que la peli continuaba! ¡Y llegaba otro final, sí, y cada nuevo final tan ñoño, cursi, y edulcorado como el anterior! Qué risa...

Es un pastiche de lugares comunes, incluidas esas magias chorras típicas de aborígenes (magias cuyo poder queda demostrado en como les ha lucido el pelo a estos pueblos desgraciados ante el empuje caníbal del imperialismo occidental). Innecesario seguir. Todo un monumento a lo grande (¡qué medios, que paisajes, que encuadres!) a la impostura más ridícula, sí, a ese tipo de impostura que sólo pueden disfrutar niños inocentes, adolescentes limitaditos, o críticos adultos poco lúcidos y muy despistados, ja ja.
[Leer más +]
33 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
El beso de la muerte
El beso de la muerte (1947)
  • 7,3
    1.864
  • Estados Unidos Henry Hathaway
  • Victor Mature, Richard Widmark, Brian Donlevy, Coleen Gray, ...
9
BESOS DE VIDA
He vuelto a ver El beso de la muerte y me ha parecido aún mejor que hace años. Los verdaderos clásicos incluso mejoran con el tiempo, sobre todo, naturalmente, si se ven en versión original. Los actores de reparto, como en toda obra maestra, son creíbles, veraces y convincentes. Sólo el decepcionante final -con una precipitada narración en off, que ya sobra desde el mismo comienzo de la película- estropea la que hubiera sido mi valoración máxima.

Engancha desde el principio con un inquietante suspense (¡ese maldito ascensor!) que no requiere de aspavientos ni trucos para ser intenso; e igualmente emocionan ciertos momentos melodramáticos con una elegante contención narrativa y expresiva... semejantes en eso al adusto rostro de Víctor Mature. Éste hace un papel magnífico como Nick Bianco, a pesar del sambenito de su torpe hieratismo: comunica más con los movimientos de sus pupilas que cualquier otro posible actor carismático, que hubiera estropeado la esencia del personaje.

Brian Donlevy interpreta con estilo y credibilidad a su personaje policial, al igual que Taylor Holmes a su convincente abogado mafioso. Por supuesto, Richard Widmark está genial, y casi todos aceptamos que el psicópata al que da forma – Tommy Udo- merece un puesto más elevado aún en la iconografía del cine negro. Pero lo curioso es que casi nunca se menciona apenas el estupendo papel de Coleen Gray, cuyos besos de vida –a pesar de las sombras de muerte- están cargados de ternura, de tenacidad y erotismo. Sin necesidad de subrayar sensualidades exageradas el guión deja vislumbrar la intensidad de su deseo: siempre estuvo enamorada de Bianco y los besos que él le da la ponen tan cachonda que hasta se marea. Besos de vida húmeda, a pesar de la sequedad amenazante...

El guión de Ben Hetch y Charles Lederer (los mismos de la fantástica Luna Nueva de Howard Hawks) es magnífico, pero queda algo estropeado por esa moralina ejemplarizante (sobre todo en off) forzada por la manipuladora censura de la época. La fotografía de Norbert Brodine también está en la línea del mejor cine negro. Y la verdad es que Henry Hathaway dirige todas las escenas con una fuerza contenida, un pulso, una tensión y una sobriedad... magistrales, con algunos conocidos momentos excepcionales.
[Leer más +]
28 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Intocable
Intocable (2011)
  • 8,1
    106.199
  • Francia Olivier Nakache, Eric Toledano
  • François Cluzet, Omar Sy, Anne Le Ny, Audrey Fleurot, ...
6
Simpática, blandengue, bailona y previsible
Pues eso. Una película para todos los públicos completamente previsible, moralizante y cobarde (no se atreve, no, ni con el dolor, ni con el clasismo ni con la crueldad). Pero no me parece mala del todo porque está hecha con gracia (tiene algunos golpes divertidos) y porque al protagonista le gusta Earth, Wind & Fire (y comparto con él ese disfrute placentero y bailón de la música soul, funky, disco...). Las mejores canciones son el "Feeling Good" de Nina Simone y el temazo de Terrie Callier "You're Goin' Miss your Candyman" (un temazo que, por cierto, se samplea en la famosa canción anglo-francesa "Listen" de los Urban Species). Por supuesto, dan ganas de bailar -o mover sólo la cabeza (en el peor de los casos)- con las canciones "September" y "Boogie Wonderland" de los deliciosa y fantásticamente horteras Earth, Wind & Fire. Si no fuera por estas 4 canciones a la película sólo le pondría un 4.
[Leer más +]
27 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
Europa
Europa (1991)
  • 7,4
    9.605
  • Dinamarca Lars von Trier
  • Jean-Marc Barr, Barbara Sukowa, Udo Kier, Ernst-Hugo Järegård, ...
5
MANIERISMO PEDANTE Y PRETENCIOSO
Lars von Trier es un tío original y creativo, pero también un auténtico coñazo pedante y pretencioso. Uno asiste a estos sermones visuales tan afectados y acaba vitoreando a Hollywood o a la madre que parió a Woody Allen. Entonces ¿por qué la película me parece “pasable” y no simplemente “mala”? Pues porque tiene sus puntos llamativos: su mezcla del color y del blanco y negro; sus intentos de hipnotismo; su voz en off; su siniestro pesimismo, y su originalidad... sí, su petarda, pedante y pretenciosa originalidad.

Lo curioso es que otras películas suyas, algunas de su posterior periodo “dogmático”, me parecen muy buenas; aunque, contradiciéndome, todo eso del “dogma” es una de las mayores tomaduras de pelo de la historia del cine. No hay mayor desfachatez que establecer una doctrina puritana -con sus votos de castidad y todo- pretendiendo alcanzar la pureza naturalista... para hacer justo lo más opuesto, o sea, para crear obras manieristas, artificiosas, petardas y antinaturales a más no poder. Tengo que admitir mi contradicción: la pose de Lars von Trier me parece una gilipollez fraudulenta y megalómana (pues cualquier estilo pictórico o cinematográfico es pura invención artificial), pero el tío es un pedante pretencioso que consigue ser impactante, sorprendente y original. No tanto en este coñazo de película que es Europa, sino en otras como Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad o Dogville.
[Leer más +]
32 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cuarto mandamiento
El cuarto mandamiento (1942)
  • 7,7
    6.218
  • Estados Unidos Orson Welles
  • Tim Holt, Joseph Cotten, Dolores Costello, Agnes Moorehead, ...
8
EL ARTE DE JODER UN PELICULÓN
Conforme avanza la película, y hasta la cuarta quinta parte de su desarrollo, no dejo de disfrutar con la belleza, la inteligencia y los matices de este magnífico melodrama. Mi placer se duplica por la novedad y la sorpresa: ni la había visto, ni había leído sobre ella, ni tenía prejuicios de ningún tipo. Disfruto virgen y de madrugada (sin riesgo alguno de dar una cabezada) como el que se lee por primera vez un novelón clásico decimonónico. Y por ser mi placer novato tan gustoso... más doloroso aún es comprobar como en pocos minutos el desenlace final se desliza hacia el coitus interruptus jodidamente ridículo. Dolido por el gatillazo entro en filmaffinity para informarme, y comprendo entonces que ciertos mentecatos decidieron joderle el peliculón a Orson Welles. Qué asco y qué injusticia. No me extraña que en sus fotogramas finales sonría la solterona rencorosa. Alguien untó de pringue el final para adecuarlo a un público tonto, patético, moña... e intentar sodomizar a los espectadores exigentes. Duele. Hubiera sido un peliculón memorable. Su potencial es tan elevado que a pesar del maltrato y de la mutilación sigue siendo notable. La solterona sonríe, claro... porque sabe que todos, como ella, nos hemos quedado escozidos y sin orgasmo.
[Leer más +]
33 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil