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Críticas de Kosti
Críticas ordenadas por:
Rams (El valle de los carneros)
Rams (El valle de los carneros) (2015)
  • 6,7
    3.566
  • Islandia Grímur Hákonarson
  • Sigurður Sigurjónsson, Theódór Júlíusson, Charlotte Bøving, Jon Benonysson, ...
6
Un cuento de ovejas y de hombres
El cine islandés tiene cada vez más presencia en el panorama internacional. Nombres como Óskar Jónasson (Reykjavik-Rotterdam), Baldvin Zophoníasson (Órói o La vida en una pecera), Baltasar Kormákur (The Deep), Ragnar Bragason (Metalhead) o Benedikt Erlingsson (De caballos y de hombres) nos demuestran la existencia de grandes talentos venidos desde la tierra del hielo, y seguro que he dejado alguno en el tintero. A esa lista hay que sumar a Grímur Hçakonarson que con Hrútar (Rams), su segundo largometraje de ficción, ha conseguido alzarse, sorpresivamente, con el Premio “Un certain regard” de la 68ª edición del Festival de Cannes. Su historia nos sitúa en la Islandia rural, la que varía entre los tonos verduscos de la hierba y la blanca intensidad de la nieve, en un pequeño pueblo que vive de la ganadería ovina, llegando incluso a participar en un concurso anual que premia al mejor carnero de la zona. Cuando las dificultades se presentan, dos vecinos que llevan más de 40 años sin hablarse tendrán que claudicar en una postura común para salvar lo único que aman, sus rebaños.

Hákonarson parte de una premisa muy sencilla, pero la desarrolla con bastante acierto. El islandés se para a contemplar el entorno, a recrearse con el valle, con las pocas casas presentes y con los rebaños que allí habitan (humanos u ovinos). Son cuadros que el director nos va pintando lentamente, y que recuerdan, ligeramente, a los realizados por Erlingsson en De caballos y hombres, aunque si nos fijamos bien, también podríamos encontrarnos acudiendo a la serie de culto Juego de Tronos. Eso se debe, básicamente, a la belleza implícita de los paisajes de Islandia, que despiertan un brusco ansia de pisar el suelo helado de sus valles, pero sin encontrarnos caminantes helados, por favor.

Dejando de lado los anhelos geográficos y las referencias televisivas, centrémonos en la historia de Rams. Se podría decir que Hákonarson peca de simplista a la hora de presentar su película, pues no es más que un simpático cuento, pequeño retrato de la vida rural de su país, con una moraleja ya escuchada y vista, pero no por ello menos válida. El islandés incide en la dureza de la vida de los ganaderos, las condiciones que soportan, el riesgo de depender de una profesión en la que un traspiés inesperado les puede dejar sin sustento, muy acorde y no demasiado distante de la situación laboral que se extiende en la práctica totalidad del continente europeo en la actualidad. Volviendo a la idea de la sencillez de su historia, hay que remarcar la importancia de su solvencia a la hora de desarrollarla. Si bien el planteamiento peca por su sencillez, su contenido se hace delicioso. Hákonarson remueve lentamente la mezcla de los protagonistas, solteros, vecinos entre ellos, con una relación muy tirante que deja suficientemente clara desde bien entrado el inicio, y va añadiendo pequeñas dosis de drama que adereza con grandes momentos cómicos, dejándonos al final un sabor correcto, sin ninguna floritura. En el recuerdo además nos deja imágenes desoladoras, no tanto por su crudeza, sino por su significado, por su mensaje en forma de moraleja, que nos hacen reflexionar sobre el valor de nuestros actos y el tiempo invertido en problemas con escasa importancia.

A todo ello hay que sumar el buen hacer de sus dos personajes principales, que recuerdan a una suerte de Santa Claus que ha cambiado los renos por ovejas y carneros. Su “no relación” o sus fatídicos encuentros, epicentros de la trama y de las escenas más cómicas de la película, no pasarán inadvertidas; insistiendo una vez más en que, a la hora de abordar Rams, no se puede esperar un gran espectáculo visual o un intenso drama de autor, sino una obra sencilla con grandes intenciones.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
El último paciente: Chronic
El último paciente: Chronic (2015)
  • 5,9
    331
  • México Michel Franco
  • Tim Roth, Bitsie Tulloch, Michael Cristofer, David Dastmalchian, ...
8
Tim Roth y la enfermedad crónica
Tras Después de Lucía, en la que Michel Franco nos presentó los entresijos del ‘bullying’ y la venganza, con Chronic el realizador mexicano vuelve a jugar con temas controvertidos, como lo son la eutanasia y la apatía familiar, y con personajes atormentados, regalándonos, eso sí, imágenes poderosas. Tim Roth da vida a David, un enfermero a domicilio que se enfrenta a enfermos graves y terminales. Pero su trabajo es su vida, y lo hace siempre con mucho placer. Sin embargo su vida parece que tiene un vacío importante.

Franco vuelve a jugar con el espectador y sus personajes. Abraza la eutanasia con imágenes secas pero potentes, con las que busca la provocación y evita totalmente la pasividad de los mismos. Por su relato también pasean secundarios que dan la réplica al protagonista, transformando sus relaciones en empáticas. Franco coloca al espectador como observador de primera línea, a través de los ojos de David, incluso se da el placer de repetir el lugar y la óptica que ya utilizó en Después de Lucía para invitarnos a su viaje en coche tras sus pasos. Tim Roth nos hace entrega de un papel pletórico, sublime, misterioso e inquietante. David es el hombre detrás de la calma. Ninguna situación le saca de su sitio, un lugar en el que permanece impertérrito a la espera de algo o de nada. Su personaje resulta, en ese aspecto, algo seco y distante, pero lo cierto es que en el fondo es empático y cercano, al menos en sus interrelaciones con los enfermos que cuida, cuyo trato es delicado y amistoso, ofreciendo siempre el alivio que necesitan. Esos rasgos de personalidad chocan plenamente cuando se tiene que enfrentar a los familiares de esos enfermos, y es que se presentan como su contrapunto: delegan en David el cuidado de sus seres queridos, pero su presencia es apenas perceptible, con lo que los lazos que David crea con esos enfermos se hacen muy fuertes. En realidad Franco pretende presentarnos una paleta de personajes en sus cabales, pero no cuesta entrever que son todos unos enfermos crónicos. En David se denota por su falta de vitalidad, por eso vacío que se intuye en su entregada vida. Hay tensión, incomodidad y mucho dolor cuando se acerca un atisbo de la palabra familia, y de un pasado que parece no querer revelar, o al menos de golpe. Es entonces cuando la soledad se vuelve su particular escudo, el mismo que le sume en ese vacío existencial.

A medida que avanza el metraje, el personaje de Roth, piedra angular en Chronic, va cogiendo más fuerza, va despertando más el interés del espectador. Nos ofrece una montaña rusa de emociones sin apenas subir la intensidad. En su rostro se pueden leer muchos estados de ánimo, pero el cansancio y la angustia son los más presentes. Sus silencios son cada vez más incómodos, y sus actos toman el control por encima de sus palabras, ambos parcos y directos. Franco hace pasar al espectador un mal trago, y le lanza un cubo de agua helada, igual que hizo en Después de Lucía. Su tono sigue vibrante, y presta su atención hacia el personaje de David, del que no conocemos nada y vamos descubriendo poco a poco, como si de un gotero de penicilina se tratase, todo para rematarnos lentamente desde el interior. Chronic resulta al final un artificio artesano “malrollero” que se agradece.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las elegidas
Las elegidas (2015)
  • 6,4
    622
  • México David Pablos
  • Nancy Talamantes, Óscar Torres, Leidi Gutiérrez, José Santillán Cabuto, ...
7
La prostitución-esclavitud en el México actual
Son contadas las veces en la que uno se encuentra un cine comprometido, un cine que trasciende lo artístico para denunciar situaciones inadmisibles. En América Latina es prácticamente un género en sí mismo, fuertemente explotado, y Las elegidas de David Pablos da buena cuenta en ese aspecto. Su historia nos sitúa con una familia aparentemente normal. Ulises es el hijo menor, y está comenzando una relación con Sofía. Lo que ella no sabe es que está a punto de entrar en el negocio familiar a la fuerza.

El mexicano David Pablos (La vida después), firma una cinta-denuncia que pone el acento en la trata de blancas. Rodada en su Tijuana natal, nos transporta a los bajos fondos de un negocio sin escrúpulos, donde las menores sólo sirven como mercancía en manos de usuarios inertes. Pablos se centra en las víctimas de rostro languidecido, de expresiones desaparecidas, de carmín y máscara de pestañas, de inocencia interrumpida, de hieratismo gélido. Para ello se vale de la sutileza, arma indispensable a la hora de relatar el infierno de estas niñas obligadas a jugar en un mundo de adultos, los mismos que la utilizan como juguetes rotos para satisfacer su ansia, su sed y su poder.

Las elegidas consigue revolver el estómago, sacar la rabia desde dentro, pero también se permite ciertas licencias narrativas para presentarnos un thriller muy digno. Ulises, desesperado por recuperar a Sofía, intentará, por todos los medios, sacarla del lúgubre burdel en el que él mismo la ha colocado. Comienza entonces la guerra de la seducción, del embelesamiento profano y, nuevamente, de los engaños y trampas, como si de un proceso cíclico se tratase. La historia se repite una y otra vez, pero Ulises no tiene más remedio que ceder ante un padre y un hermano autoritarios y amenazantes, porque sabe que la traición en su familia tiene un alto precio. Mientras tanto Sofía seguirá atemorizada por los sonidos de su sexualidad arrebatada, absolutamente alienada y alejada de la realidad, que ahora sólo cuenta con rostros masculinos de miradas desconocidas. Nancy Talamantes da vida a esta Sofía en un alarde de contención. Su labor es dura y su papel comprometido, pero ella permanece estática, desafiante y, sobre todo, fría, como alejada de esa realidad que le ha tocado interpretar. Lo que nos llega de ella es esa incomodidad que intenta sortear de la mejor forma que sabe. Su dulzura e inocencia se las han robado, pero su fuerza y su espíritu parecen seguir todo el rato con ella, aunque escondidos para que no se los quiten.

En toda esta visión plagada de frivolidad y de una calculadora atmósfera, Pablos deja rienda suelta para un atisbo de calor, el único resquicio de esperanza que Las elegidas nos deja ver. Lo demás no son sino sórdidas perversiones que sólo dan paso a arranques violentos de ira, dentro y fuera de la pantalla. Y es que, al final Las elegidas no es más que una historia de ficción que ocurre todos los días en nuestra realidad.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
La juventud
La juventud (2015)
  • 7,1
    15.902
  • Italia Paolo Sorrentino
  • Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano, ...
9
De la vejez y otros antídotos
Puede sonar a perogrullada, pero el espíritu de La gran belleza sigue presente en Paolo Sorrentino. En su última película, Youth, explora el paso de los años, las decisiones que uno toma en su juventud y el resultado que se obtiene con ellas. Pone una mirada en el pasado para analizar el presente y el futuro, sin olvidarse de incluir su peculiar mirada artística. Michael Caine interpreta a un director de orquesta, ya retirado, al que le piden un último encargo bastante particular. Le acompaña Harvey Keitel, que da vida a un director de cine que busca firmar su última gran obra maestra, su testamento fílmico en vida. Los dos se encuentran de retiro en un centro de spa en los Alpes suizos, un lugar idílico, plagado de la fauna (animal y humana) más variada, donde explorar su tiempo, sus recuerdos y el legado conseguido, «nuestro legado, que también es una perversión».

En un mundo de “selfies”, de bicicletas de última gama a caballito, de cuerpos tallados a golpe de photoshop, de grandes dramas frente a pequeños problemas y de videoclips pop que han perdido personalidad, el legado se convierte en algo indispensable, pero es un legado que llega viciado, y que las generaciones que llegan convierten en un arma a favor de lo convencional. Sorrentino repite su discurso crítico enmascarado de comedia agridulce, en esta ocasión contra la vuelta al pasado, los arrepentimientos y los presentes autodestructivos. En su mirada encontramos pasión y hastío a partes iguales, y acude, para ello, a los recuerdos, aquellos que aún permanecen, los que ya no están presentes y los que regresan en algún paréntesis de revelaciones lúcidas. Se intuye cierto miedo del propio Sorrentino a la desaparición, al olvido de lo que algún día supuso para el cine, aunque sus intenciones parecen claras cuando apunta a que la televisión es el presente y el futuro. ¿Tendrá algo que ver la mini-serie que el realizador italiano está preparando?.

Youth resulta una descarga sensorial, tanto por lo que se ve como por lo que se oye; una perfecta coreografía orquestada por el maestro Sorrentino con la música que corre a cargo de Fred Ballinger (Michael Caine), y donde la simpleza de su sonido radica en la sencillez de sus instrumentos; una batuta al servicio de la naturaleza, única inspiración de Ballinger en este mundo que empieza a conocer, un mundo donde los sentimientos están sobrevalorados, en el que se piensa siempre en el pasado y se dice pensar en el futuro, un mundo en constante avance donde lo imposible se vuelve posible.

Sorrentino rueda la vida como si de una lección se tratase, una lección a través de unos prismáticos donde todo se ve más cerca o más lejos, dependiendo del lado por donde se mire. La distancia más corta la coloca en la juventud, pero ¿qué es la juventud? Eso es lo que nos preguntan sus protagonistas: Michael Caine, que ya no resulta tan icónico como el Jep Gambardella al que Toni Servillo dio vida en La gran belleza, pero nos ofrece un Fred Ballinger irónico y taimado; y Harvey Keitel, el director de cine hastiado, un secundario de lujo que nos regala un personaje delirante. Junto a ellos, un desfile de grandes secundarios ayuda a ver la luz al final de esa pregunta, en cabeza Paul Dano y Jane Fonda, sendos papeles pequeños pero intensos y ricos en matices interpretativos, sin olvidar la aparición estelar de la enorme representación de una conocida estrella del fútbol, una reiteración de los años de gloria y punto fuerte de la crítica cómica agridulce del italiano.

En el fondo Youth resulta un canto a la belleza, esa que acompaña a los personajes acomodados de las altas esferas, esa que parece inherente a una juventud perenne no aparejada al paso del tiempo, sino a un estado de ánimo, a un don que sólo habita en los espíritus elegidos. Por eso hay jóvenes que se comportan como ancianos, y ancianos que desbordan una juventud envidiable. Sólo hay que recordar que al final lo que queda de cara al exterior es la juventud, el divino tesoro con el que Sorrentino nos vuelve a enamorar.
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95 de 114 usuarios han encontrado esta crítica útil
Carol
Carol (2015)
  • 7,0
    18.022
  • Reino Unido Todd Haynes
  • Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler, ...
8
Cuando la delicadeza deja paso al amor
Todd Haynes repite su éxito de Lejos del cielo, acercándonos una historia de amor prohibido que, nuevamente, ambienta en los años 50, y, también nuevamente, lleva como protagonista a una mujer de clase alta. En Carol son dos mujeres las que se arriesgan a romper las reglas de una sociedad cerrada, mostrando su amor. Cate Blanchett y Rooney Mara son las actrices que dan vida a Carol y Theresa. La primera, divorciada y con un hijo; la segunda, algo más joven, intenta emprender su viaje como fotógrafo. Una mirada furtiva, un tren de juguete que se detiene, unos guantes olvidados y la historia comienza su curso.

Haynes se caracteriza por dar a sus planos una delicadeza sublime. Sus movimientos son dulces, sus giros suaves y sus personajes son tratados con mimo. Ya se atisbó esa característica en Lejos del cielo, y vuelve a recurrir a ella en Carol, y eso se nota en un montaje en el que parece acudir a una línea de continuidad, donde los cortes son apenas imperceptibles. Carol y Theresa son dos mujeres pertenecientes a generaciones diferentes, pero eso no les va a impedir sentir ese flechazo a primera vista, durante un encuentro que marca claramente el cambio de roles de identidad sexual desde temprana edad, y lo que marca (aunque de forma muy tópica) la sexualidad de Theresa. Obviando diálogos imprescindibles, la palabra pierde el interés en la historia entre estas dos mujeres, y las sutiles insinuaciones dan paso al arte de la seducción, a la entrada de un amor que trasciende a todo obstáculo, o al menos lo intenta. Se trata de un suspiro que el viento arrastra hasta esas miradas cómplices que se otorgan la una a la otra, y hasta unos expresivos gestos que lo dicen todo sin necesidad de mediar palabra alguna. Ese es el don de la delicadeza que Haynes otorga a Carol y Theresa, consiguiendo que la primera mirada, la primera caricia, el primer beso, todo, consiga apasionar, alcanzando hasta el último poro de la piel del espectador, que a estas alturas ya ha perdido el control de sus emociones.

Pero no todo el mérito iba a ser de Haynes, pues Blanchett y Mara crean una pareja muy creíble. Entre ellas surge algo más que lo escrito en el guión (el primero para cine de Phyllis Nagy, basado en la novela de Patricia Highsmith), una química que combustiona con el mínimo roce. Dos roles muy diferentes, pero tan paralelos, que casi se tocan. Carol es determinante, segura, un poco autoritaria, una mujer de los pies a la cabeza. Por su parte, Theresa representa la dulzura, la inocencia, una mirada perdida y un rostro de una felicidad que no había sentido nunca. Por separadas resultan una delicia, pero juntas es cuando nos ofrecen esa simbiosis perfecta que conforma una relación ideal.

Haynes da a su película un buen ritmo, aunque ligeramente lento. Sin embargo, pudiendo parecer una contradicción, la historia de Carol y Theresa se va en un suspiro; termina igual que empezó, sin apenas darnos cuenta. Su relación es narrada de tal forma que no necesita caer en reiteraciones banales ni caer en recursos manidos de su género, con ese ritmo calmado y delicado, pero directo. Sólo le quedaba rematar el último problema: “¿cómo termino su historia?”. La solución sólo podría encontrarse en la mirada del espectador, al que Haynes regala dos planos que, sin utilizar palabra alguna, lo dicen todo.

Carol resulta una historia de amor fuera de lo habitual, delicada y pasional, que conseguirá enamorar a buena parte del público. Una pequeña joya brillante que despertará corazones, elevará espíritus y abrirá mentes de una forma magistral.
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38 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bajo el sol
Bajo el sol (2015)
  • 6,6
    737
  • Croacia Dalibor Matanic
  • Tihana Lazovic, Goran Markovic, Nives Ivankovic, Mira Banjac, ...
7
Tres historias para tres tiempos
Nos trasladamos a Croacia con Dalibor Matanić para conocer tres historias de amor en tres momentos de la historia del país: la primera, marcada por el odio de dos pueblos; la segunda, que sufrirá por el rencor que se mantiene; y la tercera, que recuerda un pasado ¿mejor? pensando en un futuro más halagüeño. Esto es Zvizdan (The High Sun).

Jelena e Ivan desarrollan su historia en 1991. Yugoslavia todavía está unida, pero la tensión ya es palpable. Él es serbio y ella croata, pero su amor trasciende más allá del odio que pueda existir entre sus pueblos. La música juega un papel vital, y es utilizada como arma contra la intolerancia, una fuerza invisible que lucha contra las barreras, tanto físicas como metafóricas. En periodo de preguerra, esa intolerancia parece volver a imponerse, adueñándose de los deseos de nuestros protagonistas.

En 2001 Croacia ya es un estado independiente, pero ¿a qué coste? El regreso a las raíces trae a nuestra retinas viviendas vacías, agujeros de metralla, cristales rotos, un pueblo fantasma en el que conocemos a Natasha, fiel reflejo de la desconfianza y la desolación que la guerra ha dejado en su tierra y en su alma. El rencor es su mejor arma, la indiferencia el ataque más efectivo, las ruinas de la devastación sus propias trincheras, pero la pasión será su mayor debilidad. Con una profunda herida, su objetivo será Ante, el objeto de deseo que despierta la pasión perdida de una mujer dolida. En ella se entremezclan el ferviente deseo del amor y la fuerte pasión del arraigo nacional, pero los recuerdos dan paso a una perspectiva más a corto plazo, a un futuro más esperanzador, pero con la carga emocional que ya llevaba como lastre. La música deja de ser un arma contra el odio para tornarse en un arma de seducción, el arma prohibida que da rienda suelta a la imaginación.

Nuestro viaje encuentra su final en 2011 con Luka y Marija. Croacia ya es un país prácticamente reformado en su totalidad, lo que puede hacer pensar que también lo están las relaciones, pero los problemas persisten. Ahora preocupan más las consecuencias que las razones históricas. Las diferencias y el rencor no nacen tanto de sus nacionalidades como de la dicotomía entre zonas urbanas y zonas rurales. La sociedad ha evolucionado (a mejor o a peor), y se encuentra más despejada de esos conflictos del pasado, aunque siempre hay lugar para algún resquicio. La frivolidad se ha adueñado de los espíritus más jóvenes, aquellos que pertenecen a una generación que sólo tiene reminiscencias de lo que una vez se llamó Yugoslavia. Sus amores pasados son como los de cualquiera, sus fiestas son igual de desenfrenadas que las de los países vecinos, y los errores siempre se pagan con la misma moneda.

Una tierra es el nexo común entre estas tres subtramas separadas por más de 20 años de historia. Una tierra que siempre termina en el agua, elemento apaciguador de la pasión, el rencor y el olvido, pero también indicador de cambios drásticos y de una explosión de sentimientos encontrados donde la melancolía por lo que una vez fue su hogar, juega un papel protagonista. Así se resume The High Sun.
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18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mia madre
Mia madre (2015)
  • 6,5
    2.179
  • Italia Nanni Moretti
  • Margherita Buy, Nanni Moretti, John Turturro, Giulia Lazzarini, ...
8
No hay más que una
Nanni Moretti aprovecha el talento de Marguerita Buy para filmar un película con alta carga emocional, pero con bastantes dosis de humor. Esa es Mia madre, la historia de Margherita, una directora de cine que está pasando por una fuerte crisis existencial: una madre muy enferma, un trabajo que no hace más que darle disgustos, una relación amorosa que está acabada y una hija adolescente tan perdida como ella.

Moretti vuelve a conseguir lo que parecía imposible: emocionar. En esta ocasión se valdrá de la figura materna para hacernos llegar su profundo examen de las relaciones materno-filiales, fraternales, laborales… en fin, de las relaciones humanas. Margherita Buy es la encargada de dar vida a una directora de cine en esta, además, especie de autocrítica a su profesión y las barreras artísticas con las que tiene que lidiar. Buy realiza un trabajo en el que puede explayarse a gusto, y en el que da la mejor versión de sí misma, aunque su mejor parte es la contención con la que realiza su personaje, un embudo emocional que le lleva a una combustión interna que se refleja en el espectador en forma de lágrima.

Su dramatismo no radica en la autocrítica que Moretti realiza, pues son en esas escenas en las que derrocha su contrapunto cómico, y es la figura de John Turturro, que da vida a un excéntrico actor venido desde Estados Unidos, desde donde arrastra un gran chorro de sentido del humor algo extravagante, quien mejor interpreta ese contrapunto de comicidad, y que nos entrega auténticas escenas que parecen traídas en el tiempo desde el mismísimo neorrealismo italiano, con el nombre de Federico Fellini, cámaras y focos al frente. A pesar de agradecerse la frescura de estas escenas más cómicas, lo cierto es que interrumpen la auténtica trama donde Moretti explota su talento: el drama interno de Margherita, que además de su crisis laboral, debe lidiar con la más que probable despedida de su madre, un bofetón emocional que viaja a través del tiempo y de los sueños de la protagonista. En ese aspecto, Margherita se presenta como una mujer fuerte, segura de sí misma desde bien entrada la adolescencia, y una amante de las artes y de su profesión, que empieza a caer en barrena a todos los niveles. A través de la figura materna, la protagonista explora su propia vida y las decisiones que le han llevado a estar en es momento vital, en el que sus sueños, sus esperanzas y sus recuerdos esperan en la cola de un cine a un nuevo pase de la vida. Moretti consigue así una historia alegórica sobre la vida, incluso sobre el amor, cualquier tipo de amor, y sobre ese punto de la vida en el que nos replanteamos la finalidad de nuestros actos y la meta de nuestro camino.

En cierto modo se podría apuntar a que Mia madre es también una historia autobiográfica, o al menos basada ligeramente en las experiencias de Moretti, más si tenemos en cuenta algunos de los paralelismos existentes entre su personaje y el propio Moretti: una madre profesora de letras, una película sin acabar y el drama que se cierne sobre ellos. Una delicada alegoría a las madres y la vida que Moretti dedica a su propia madre, a la que perdió durante la preparación de Habemus Papam.
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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mi amor
Mi amor (2015)
  • 6,4
    1.495
  • Francia Maïwenn Le Besco
  • Emmanuelle Bercot, Vincent Cassel, Louis Garrel, Isild Le Besco, ...
7
Amores que viven y dejan morir
Maïwenn Le Besco presenta su cuarto largometraje, Mon Roi para el que cuenta con una pareja protagonista de lujo: Emmanuelle Bercot y Vincent Cassel, que dan vida a dos enamorados. La película narra el devenir de su relación desde el momento mismo que se conocen, en el que el amor ya nace viciado de un encuentro fortuito anterior. Mon Roi es una historia de pasión, de dimes y diretes amorosos, pero sobre todo un retrato auténtico de realidades humanas.

Maïwenn utiliza la pasión como nexo entre los dos amantes. Su amor traspasa la pantalla, pero sobre todo sus almas, que vuelan libres por los distintos escenarios, comenzando una historia de amor digna de cualquier folleto de vacaciones. Este idílico comienzo pronto da paso a una historia más real, más cercana, pero donde la pasión sigue presente en las miradas y en las expresiones de ambos, incluso en ese espíritu que imbuye todo el metraje, un espíritu vivo y vibrante. Y, como siempre que el amor pasional hace su entrada, no tarda en aparecer también el dramatismo pasional. Al igual que en la realidad, esta ficción refleja los problemas de pareja que, con ese ingrediente, los duplica. Las personalidades que en principio se fusionan, terminan por chocar, y sus enfrentamientos están a la misma temperatura de ebullición. Estos altibajos en la relación entre Tony y Vincent, quedan bien reflejados, no dando descanso a la mente del espectador, que quiere parar a verse reflejado, pero le es imposible.

Maïwenn presenta con Mon Roi un retrato fiel de esta pareja pasional, un tête-a-tête entre Bercot y Cassel, tanto a nivel interpretativo como el de sus personajes dentro de su particular historia, en la que se intercalan revelaciones esporádicas de la relación con el calvario del proceso de rehabilitación que Tony, tras un accidente de ski, tiene que pasar. Ambos relatos se presentan diametralmente opuestos, aunque anímicamente continuos. Cuando el sufrimiento hace entrada en uno, sale del otro, y viceversa, pero temporalmente es vivido por Tony como una montaña rusa sentimental, donde los altibajos juegan con su fuerza y destreza anímicas, un aspecto vital al que acude Maïwenn para reforzar la personalidad de su personaje, en su mayoría absorbido por el gran carisma de Vincent, su némesis amorosa y a la vez el amor de su vida. Vincent nos es presentado como un hombre explosivo, el detonante del color de la relación en cada momento crucial, incluso en esa tensa decisión del nombre de un hijo. Cassel además le da su tono particularmente cómico, y nos hace disfrutar de escenas dignas del propio Chaplin (salvando las distancias).

Mon Roi es un retrato perfectamente hilvanado, estrechamente ajustado a la realidad y tan cercanamente narrado que hasta asusta. La ficción nos acerca a una realidad pasional que pocos serán capaces de vivir, pero aquel que ha estado cerca podrá valorar, más allá de que, artísticamente hablando, no presente novedad alguna, quedando ligeramente lastrada por su extensa duración y su participación en la sección oficial de un festival de cine que muchos creen le queda grande.
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9 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hijo de Saúl
El hijo de Saúl (2015)
  • 6,6
    10.264
  • Hungría László Nemes
  • Géza Röhrig, Levente Molnár, Urs Rechn, Sándor Zsótér, ...
9
Sufrir en primera persona
László Nemes, quien fuera ayudante de cámara de Béla Tarr, discípulo suyo si apuramos, se arriesga ahora en la dirección de su primer largometraje, Saul fia (Son of Saul), en el que nos invita a pasar un día trabajando en un campo de concentración nazi, o más bien a acompañar a Saúl, un húngaro judío que trabaja para una “Sonderkommando”, un grupo de prisioneros judíos que ayudan a los nazis en su maquinaria de exterminación, limpiando detrás de sus masacres; pero todo cambia cuando Saúl encuentra el cuerpo de un niño que toma como su hijo, y al que buscará, por todos los medios, una salvación eterna.

Nemes bebe de una técnica sublime, aunque acude para ello a recursos clásicos que dan más intesidad y realismo a su historia: rueda en 35 mm., con un formato de 4:3, primeros planos con cámara al hombro, y una concatenación de largos planos secuencias que consiguen meter al espectador en los horrores del lugar y participar de la odisea de Saúl, convirtiéndonos en un prisionero más. Resulta curioso que un tema tan manido como holocaustosto judío pueda seguir dando trabajos que aún sorprendan. Nemes debuta por todo lo alto, resultando certero, artesano y asfixiante, y eso lo consigue centrándose únicamente (en su gran mayoría) en el torso de Saúl, mostrando su rostro o siguiendo sus pasos tras su clara meta, recurso éste también muy recurrente en el cine. Nemes dibuja y enfoca así un personaje exquisito: un alma desgarrada, un rostro enloquecido, un cuerpo aprisionado, y es Géza Röhrig (también debutante) quien le da vida, reflejando a la perfección la desesperación de su personaje, un trabajo de vital importancia, más teniendo en cuenta que todo lo vivimos a través de sus expresiones, de sus acciones y de los lugares que él visita. No hay paso que dé que nos podamos perder.

Nemes se atreve a introducir una visión semi-religiosa de la salvación del espíritu en ese entorno donde lo terrenal queda condenado por decisión del hombre. Su meta será salvar el último resquicio de inocencia que queda en el mundo cruel que le ha tocado vivir a Saúl, con los horrores que ha tenido que ver, escuchar, sentir y oler, y es ahí donde Son of Saul ha conseguido cautivar y calar más hondo en su proceso narrativo, que corría el riesgo de ser repetitivo y, sin embargo, ha logrado que se pueda ver un atisbo de originalidad en su presentación. A ello ayuda también su larga experiencia al lado de uno de los maestros del cine sensorial, haciendo suyo ese bonito arte de expresar, sin recurrir al llamado sentimentalismo fácil ni al oscuro recurso del posicionamiento obvio. Un brillante ejercicio al servicio de la técnica.

Son of Saul es descorazonadora, arrolladora, asfixiante y explosiva, una historia que te arrastra hasta una de las peores pesadillas de la historia, y, aún así, se agradece su trabajo realista y alejado de todo convencionalismo. Todo ello me hace pensar que, de seguir esta línea, oiremos hablar mucho, y eso espero, de László Nemes.
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100 de 118 usuarios han encontrado esta crítica útil
El cuento de los cuentos
El cuento de los cuentos (2015)
  • 5,6
    2.651
  • Italia Matteo Garrone
  • Salma Hayek, Vincent Cassel, Toby Jones, John C. Reilly, ...
8
El festín de Garrone
Érase una vez que se eran tres reinos vecinos que ansiaban, cada uno, el mayor bien que no poseían. El primero de ellos anhelaba el legado del vientre materno que nunca llegaba. El segundo tenía una princesa que buscaba a su príncipe azul. En el tercero habitaba un lujurioso rey que amaba a todas las mujeres jóvenes y hermosas, y en su reino sólo cabían ellas. Es en este punto donde llega Matteo Garrone, cambia las reglas y nos narra su particular Tale of tales, una fábula grotesca, absurda, explosiva y maravillosa.

Garrone presenta toda una paleta de pintorescos personajes en fábulas dignas de cualquier cuento de niños, y además nos suenan, las hemos leído, visto o escuchado en algún lado, pero Garrone los eleva, adaptando el lenguaje de historietas a un mundo más cruel y despiadado. La película se encuentra plagada de simbolismos y referencias a los cuentos clásicos, pero se aleja de ellos, deformándolos y convirtiéndolos en sus monstruos, donde la línea entre el supuesto bien y el supuesto mal está tan difuminada que prácticamente se ha diluido. No se molesta en vestir de gala sus historias, las presenta feas y desagradables, pero con una enorme atracción. Los escenarios los construye falsos, estéticamente pobres, y aunque eso moleste, es un punto añadido más a ese “feísmo Garroniano” que ha pretendido, y es en su tosco montaje donde más se podrá apreciar.

Garrone además no hila, no da puntada dentro de su historia de historias, no busca conexión alguna entre sus personajes más allá de que comparten tiempo y lugar, pero no línea argumental. Sus tres cuentos bien podrían sacarse del todo y conformar una historia por separado, pero eso ¿qué más dará? Su misión es provocar a través de sus personajes, llegar al público de la forma más brutal y absurda que se le pueda ocurrir y, hasta cierto punto, podría decirse que busca ridiculizar o criticar ese género fantástico de cuentos de hada donde todos son felices y comen perdices. No necesita buscar esa estructura en la que sostenerse y conjugar sus historias. Se vale además de un lenguaje gráfico donde los diálogos prácticamente desaparecen y dan lugar a interpretaciones físicas de las imágenes, a las que acompaña con la deliciosa partitura de Alexandre Desplat.

La eterna juventud y la belleza, la búsqueda del hombre perfecto y el anhelo de ser madre, encuentran en Tale of tales sus tres pilares fundamentales. Curiosamente, sus temáticas se centran en los personajes femeninos, lo que demuestra que son siempre éstos los que salen peor parados en los cuentos que desde niños aprendemos. Garrone intenta huir de esa imagen sistemática convirtiendo a la mujer en el epicentro de su mensaje. Sus historias se construyen en torno a esos pilares, que a su vez encuentran en sus personajes la mejor manera de explotarse, y los hace sufrir hasta la extenuación. Tale of tales nos deja así imágenes para el recuerdo: “El festín de la reina” o “La princesa (des)prometida”; una fábula de fábulas que hará las delicias del pequeño sádico que todos llevamos dentro.
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3 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Langosta
Langosta (2015)
  • 6,6
    22.272
  • Grecia Yorgos Lanthimos
  • Colin Farrell, Rachel Weisz, Jessica Barden, Olivia Colman, ...
8
La langosta que no podía amar
Yorgos Lanthimos es de esos directores que parecen odiar a la humanidad, o al menos a esa parte conformista que no sabe lidiar (o no quiere ser consciente) con los problemas que nos rodean. En su quinta película, The Lobster, presenta un mundo en el que sólo se acepta la vida en pareja, esas personas que han encontrado al supuesto amor de su vida. Pero para aquellos que no lo consiguen o lo pierden por el camino, existe una segunda oportunidad, o, por el contrario, serán convertidos en un animal, aquél que el afectado elija.

El amor y la soledad, dos conceptos diametralmente opuestos y tantas veces cercanos, son explorados por Lanthimos en su cuadriculada visión del mundo, en el que la soledad es castigada y el amor es tratado como un acto mecánico, carente de todas esas variables que la riqueza del ser humano pueden presentar. Dibuja así un mundo hermético, hierático, estático; un mundo en el que los sentimientos han dado paso a la necesidad de encontrar a esa media naranja (o media langosta) y a la imposibilidad física de aprender a disfrutar la soledad o una vida no compartida, en la que puede haber cabida para un amor sincero, no manipulado, ni inventado y, menos aún, forzado.

Lanthimos vuelve a jugar a ser Dios: crea a sus personajes, les da vida y después, a sufrir. Los encierra en una prisión sentimental, tanto física como metafórica, un espacio donde vuelve a explotar su característico hermetismo y su formal frialdad, máxime en su visión de las relaciones amorosas, en las que introduce, además, ese elemento animal, representativo de la vuelta a lo salvaje, a ese instinto animal que anula todo lo característico del ser humano, o tal vez no.

The Lobster arranca de forma magistral, con una introducción rápida y un desarrollo preciso, pero no tarda en empezar a decaer y convertirse en un producto demasiado apelmazado. Más tiempo en el hotel y menos en el bosque (los dos escenarios de los que Lanthimos se vale para de(con)struir a sus personajes), hubiera conseguido hacer de esta película el plato gourmet que tendría que haber sido, a pesar de que el mensaje de Lanthimos se repita nuevamente. Si le ha beneficiado o perjudicado rodar en inglés con actores de sobra conocidos es un tema que no interesa. Su mensaje va a llegar igual sea en inglés, en griego o en chino mandarín. Es su estética y sus personajes lo que caracterizan el cine de Lanthimos, y con The Lobster lo vuelve a hacer, pero esta vez ha conseguido convencerme. Me quedo, sobre todo, con el cambio de registro de Colin Farrell, que ha conseguido mantener su rostro impertérrito, con las cejas en el lugar que le corresponde, y una Léa Seydoux en su papel más conservativo (si cabe). Buena elección de actores y de papeles que resaltan su resultado.

Esta es mi visión de la visión de Lanthimos sobre el amor, pero como siempre, en su cine cabe más de una interpretación. ¿Es The Lobster una crítica al conformismo en pareja o es un canto de odio al amor? ¿Es acaso un ataque directo al ser humano por su incapacidad de encontrar en la soledad una digna forma de vida? Vean y juzguen.
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126 de 150 usuarios han encontrado esta crítica útil
La cabeza alta
La cabeza alta (2015)
  • 5,8
    612
  • Francia Emmanuelle Bercot
  • Rod Paradot, Catherine Deneuve, Sara Forestier, Benoît Magimel, ...
6
Marcando el rumbo desde temprana edad
La justicia y la familia se tornan focos de conexión en la historia de Malony. Prácticamente abandonado por su madre con 6 años, su vida gira en torno a idas y venidas entre despachos de jueces y centros para menores. Con 16 años Malony es carne de presidio, y un asiduo delincuente con un serio problema de violencia incontenible. ¿Qué puede hacer el sistema con un chico así?

Emmanuelle Bercot consigue con La tête haute un producto correcto, bastante lineal y carente por completo de entusiasmo. Es interesante en sus formas y su mensaje, pero demasiado convencional en su contenido. Nos presenta los problemas de un menor, que podrían ser los de cualquier otro, no tienen ninguna característica que le sume relevancia. Se encuentra inmerso en un sistema judicial caduco e insuficiente, aunque con algunos medios humanos cargados de optimismo, encarnados por la figura de la juez que interpreta Catherine Deneuve. La vida de Malony ya viene marcada desde pequeño, con una familia desestructurada y casi inexistente, una madre de doble cara: por un lado, el lógico instinto maternal protector, y, por otro, la despreocupación de una madre joven más atenta a sus propias necesidades, magníficamente interpretada por Sara Forestier. En este ambiente deficitario Malony parece no tener más salida que la de adoptar un rol de rebeldía inherente a la adolescencia, un papel en el que la violencia se convierte en un referente que emana a borbotones en todos los aspectos importantes de su vida. Bercot intenta dibujarlo con una personalidad compleja e intensa, ofreciéndonos escenas de auténtico nervio, de rabia incontenible, de pura ebullición adolescente, pero no es, por ello, menos previsible en sus resultados. Sus personajes resultan acertados, aunque siguen la misma línea que su guión. Todos ellos parecen sacados de un manual de cine e hilados en esta red problemática que Bercot teje con mucho mimo, pero poco tino, no restando ello calidad en el campo interpretativo, lo más notable de toda la película.

Lo que resulta más interesante de La tête haute, y ya lo he apuntado anteriormente, es su mensaje crítico, algo sutil, pero fácilmente perceptible, una crítica abierta al sistema judicial de menores, un sistema que convierte a lo menores en meros números, y no en un caso al que extrapolar las circunstancias personales de cada uno de ellos, sin duda bastante relevantes en el camino que han decidido seguir. Esta crítica entronca perfectamente con la buena imagen que nos muestra de los centros de menores, algo más estructurados y con profesionales más cualificados, más cercanos a los problemas reales de esos menores que han acabado en el fondo de una sociedad que les ha dado la espalda. Bercot muestra esos centros como la salvación de unos inadaptados que buscan encontrar un lugar en este mundo, sin olvidarse de remarcar que al final no dejan de ser unos niños.

Como película funciona y tiene detalles remarcables, dejando un mensaje crítico final muy sutil pero importantísimo. No deja de ser el cine social de siempre, al que ya estamos acostumbrados, y que, en el fondo, resulta ya muy típico.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La profesora de Historia
La profesora de Historia (2014)
  • 6,4
    2.449
  • Francia Marie-Castille Mention-Schaar
  • Ariane Ascaride, Ahmed Dramé, Geneviève Mnich, Xavier Maly, ...
8
Aprendiendo a aprender
La educación, bendita educación. Uno de los puntos claves de toda sociedad que se precie. Un legado único que no debe perderse en la inmensidad de nuestro vasto planeta. Una joya de valor incalculable que cada día pierde más adeptos y gana más mediocridad, marchitando esa vocación de algunos educadores que pretenden ampliar ese legado impagable. ‘La profesora de historia’ (Marie-Castille Mention-Schaar, 2014), basándose en un hecho real, nos arrastra al mundo del educador en Francia. Anne Gueguen es una profesora vocacional que no sólo imparte clases en un instituto, sino que se preocupa por sus alumnos y por que salgan a un futuro esperanzador y mínimamente halagüeño. Otro año más le ha tocado ser la tutora del curso “malo”, de esa clase que se llena con los alumnos con peor expediente, con peores notas medias. Si consigue sacar alguno adelante, ya será un éxito. Pero Anne no está dispuesta a tirar la toalla, aunque sus alumnos ya se den por perdidos. En aras de infundir cierta confianza en ellos, la profesora los apunta a un concurso de redacción nacional con el tema de los niños y adolescentes en los campos de concentración nazi. Aunque al principio son un poco reticentes a participar, poco a poco los alumnos se van abriendo y creyendo más en ellos mismos, y se adentrarán en un proyecto que cambiará sus vidas por completo.

‘La profesora de historia’ puede suponer un interesante estudio sobre el sistema educativo público en Francia, y más aún si lo comparamos con el español, con el que guarda bastante similitudes. Pero si nos alejamos de su clara vertiente sociopolítica, podremos asomarnos a una historia tremendamente optimista, incluso me atrevería a apuntar extrañamente optimista, aunque de vez en cuando sí se ve luz al final del túnel. La historia arranca con una base de marginalidad e indisciplina ampliamente realista. Pero en esa ecuación se introduce una variable que da al traste con cualquier solución lógica: una mujer adulta que lucha por el futuro poco esperanzado de un grupo de alumnos que se han rendido a la vida, interpretada por una magnífica Ariane Ascaride (Marius y Jeannette – Robert Guédiguian, 1997), templada, sabia y con una fortaleza envidiable que consigue sacar en los puntos más álgidos del relato. Su personaje, Anne Gueguen, profesora que continúa esparciendo su semilla educativa buscando crear jugosos frutos de sabiduría e inteligencia que consigan sobrevivir al mundo hostil que les espera fuera de las aulas, imparte una tremenda lección de historia y humanidad.

Temas tan manidos como la religión, el racismo, la educación, la adolescencia o la marginalidad están tratados de forma sencilla, algo “simple” (en la acepción más inocente del término), pero de forma elegante, delicada. Con muy poco, esta historia es capaz de calar profundo, de enseñar, y no sólo mostrar esa enseñanza de tiempos pasados como guía hacia un futuro próspero o más prometedor. Resulta inevitable encuadrar a ‘La profesora de historia’ en esa línea temática de películas francófonas que utilizan la educación como telón de fondo, y cuyo camino ya abrieron previamente ‘La clase’ (Laurent Cantet, 2008) o ‘Profesor Lazhar’ (Philippe Falardeau, 2011), aunque la película de Mention-Schaar toma otros derroteros, consiguiendo emocionar con un optimismo apabullante, optimismo que sólo se ve roto por el relato de un superviviente real del holocausto que transmite plenamente su dolor, y eso queda reflejado en el rostro de los alumnos que le escuchan atentamente y en se clava en el alma del espectador que asiste como si de un alumno más se tratase. Un claro ejemplo de una película “feel good” bien hecha.

Para aquellos que aún se emocionen con historias de verdad y para el educador vocacional que todavía cree en poder formar desde el cariño.
Lo mejor: Su profundidad
Lo peor: Es difícil apreciar su valía escondida tras tanta sencillez
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Difret
Difret (2014)
  • 6,3
    451
  • Etiopía Zeresenay Mehari
  • Meron Getnet, Tizita Hagere, Haregewine Assefa, Brook Sheferaw, ...
6
Mujeres buscando justicia
Estamos a finales de los años 90 en una pequeña aldea a las afueras de Addis Abeba (Etiopía). Hirut, una niña de 14 años, se dirige a su casa después de la escuela, pero en su camino unos hombres montados a caballo la agarran y se la llevan con ellos a una choza en medio de la nada. No somos testigos de lo que ahí ha sucedido, pero la cara de Hirut lo dice todo. La pequeña consigue afanarse una escopeta y huir del lugar, pero es perseguida hasta ser alcanzada. Es entonces cuando la verdadera odisea se cierne sobre Hirut al alcanzar de un dispara a su principal captor. En una sociedad donde las convicciones culturales tradicionales están tan arraigas, y donde se permite “poseer” a una mujer (o niña en este caso) como símbolo de un futuro matrimonio, este hecho trae conmoción, e Hirut puede ser castigada con la pena de muerte. Esto es ‘Difret‘ (Zeresenay Mehari, 2014).

‘Difret’ es una película que nace con la clara intención de servir como crítica-denuncia del trato que a las mujeres se les da en ciertas sociedades, donde se puede contraer matrimonio con una menor de edad previo secuestro y violación, sin tener en cuenta sus derechos que le avalan como individuo independiente. Esta lacra social es la que sirve de arranque en una cinta basada en hechos reales, que ha encontrado una mayor difusión internacional gracias a su productora y madrina, Angelina Jolie. Es inusual hablar de una filmografía como es la etíope, de la que conocemos pocos títulos, y es de agradecer que películas como ésta, con todo su contenido, con todo lo que narra y la intención que antes mencionábamos, pueda llegar hasta nuestra cartelera.

Es prácticamente obligado comenzar a hablar de ‘Difret’ apuntando que se trata de una historia que consigue calar hondo en el espectador, haciéndolo partícipe de un proceso injusto, de una suerte de “circo” mediático y judicial a ojos de este lado de la frontera, por el que merece la pena esforzarse para que así sea apreciado en el lado en el que sucede. Ahí es donde aparece el espíritu que encarna Meaza, una abogada que ha creado una red de ayuda para mujeres y niños con escasos recursos económicos, lo que le lleva a encargarse de casos que pueden suponer cierto riesgo para ella y su organización, como es el supuesto de Hirut, por el que Meaza se desvivirá, poniendo a policía y gobierno en su contra. Meaza encarna ese espíritu fuerte, independiente, el de una mujer hecha a sí misma que puede conseguir hacer brotar el germen de los plenos derechos para las mujeres en su país, una lucha que comienza en la base de la sociedad, donde ella se encuentra, para poder escalar y profundizar en un sistema viciado, corrupto, débil y, a todas luces, injusto con las mujeres. Su personaje entronca a la perfección con el de Hirut, ya que ve reflejada en la niña la situación a la que ella misma podría haber llegado, e Hirut puede ver en Meaza un claro ejemplo de superación y lucha, una imagen de su sueño de llegar a ser profesora en un futuro no muy lejano, sueño y esperanzas que pueden verse empañados por la desidia de un sistema patriarcal. La complicidad entre ambas actrices, Meron Getnet y Tizita Hagere, es uno de sus puntos más fuertes. Da la sensación de que estén viviendo el momento más que recreándolo, acrecentando aún más la implicación del espectador en la historia. Podríamos decir que sus interpretaciones poseen una intensidad pausada, pero muy directa.

‘Difret’ es una película que busca estremecer al espectador, pero sin caer en el enaltecimiento de ciertas escenas que podrían incomodar al público. Es un toque de delicadeza o prudencia, según se mire, que más de uno agradecerá. Fuera de este apunte, podríamos tildar a ‘Difret’ de película necesaria, de obligado visionado para ciertos sectores de la humanidad (si no para toda ella), haciendo especial hincapié en aquellas personas que aún creen y luchan por un mundo mejor para las mujeres, donde la igualdad no implique un símbolo matemático. Una película que llega algo tarde, pero ya se sabe el refrán: “Nunca es tarde si la dicha es buena“.

Una película para TODOS, para aprender una asignatura prácticamente olvidada: Humanidad
Lo mejor: La complicidad y el buen hacer de sus dos actrices principales
Lo peor: Una vez digerida da la sensación de que se queda algo corta, que le falta algo para llegar a ser esa crítica-denuncia completa que pretende ser, amen de que nos llega algo tarde.
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Siempre Alice
Siempre Alice (2014)
  • 6,8
    12.360
  • Estados Unidos Richard Glatzer, Wash Westmoreland
  • Julianne Moore, Alec Baldwin, Kristen Stewart, Kate Bosworth, ...
8
Las penas del Alzheimer
En algún momento de nuestras vidas seguro que hemos echado la vista atrás y hemos podido disfrutar de todos esos recuerdos que, aún hoy, nos siguen haciendo disfrutar o nos emocionan. Son esos momentos que atesoramos los que nos hacen sentir que nuestra vida ha valido la pena. pero ¿qué pasaría si un buen día esos recuerdos se esfumasen, si por un capricho del destino olvidáramos todo lo bueno y mal que la vida nos ha deparado? En ‘Siempre Alice’ (Richard Glatzer y Wash Westmoreland, 2014) es lo que le sucede a su protagonista, la Dra. Alice Howland (Julianne Moore). Cuando se da cuenta que hay palabras que se escapan en su vocabulario o que olvida una receta que prepara desde hace años, tras las pruebas pertinentes, Alice descubre que tiene un tipo de alzheimer precoz. Una película de los directores de las algo más “queer” ‘The Fluffer’ (2001) y ‘Quinceañera’ (2006), o de la recientemente estrenada ‘La última aventura de Robin Hood’ (2013).

Lo que en principio parecía una mera adaptación, como otra cualquiera, de la novela de Lisa Genova, poco a poco se va convirtiendo en una historia profunda y conmovedora. Nos encontramos con una historia a la que le cuesta arrancar, aunque con una introducción necesaria y orientadora. La Dra. Alice Howland es una eminencia en el campo de la lingüística, una erudita del lenguaje, una eminencia intelectual, y eso queda claro desde el primer minuto de la película. Su elocuencia y sus conocimientos son abrumadores. Pero su declive empieza a percibirse lentamente en esa introducción algo alargada que puede presagiar algo anodino y cargante. Nada más alejado de la realidad. A la historia le cuesta arrancar, repetimos, pero una vez que lo hace agarra al espectador, mete su mano desgarrando la carne y aprieta justo a la altura del corazón, consiguiendo un “K.O.” fulminante. Consigue una empatía absoluta hacia la Dra. Howland, y nos hace sufrir junto a ella.

Julianne Moore es la artífice de que esa empatía o ese sufrimiento hacia su personaje se incremente. Tras ganar el Globo de oro. el premio Gotham o el de la NBR, y conseguir nominaciones en premios tan dispares como el BAFTA, el Sindicato de Actores, los Critics’ Choice, los Satellite o los Independent Spirit, queda claro, tras ver su actuación, que su papel difícilmente encontrará rival en los Oscar (aunque eso está por ver todavía). Su papel apela al sentimiento, al del espectador, al que inocentemente está sentado en su butaca pensando en ver una película más sin saber la bofetada lacrimal que va a recibir. Soberbio se quedaría corto para reflejar el trabajo que Julianne Moore realiza, y no porque su papel sea espectacular o realice un cambio físico extraordinario, sino porque desde la sencillez de la Dra. Howland, consigue arrastrar al público hasta su lado, y, lo que considero más importante, le hace sufrir. Podríamos decir que realiza un trabajo absolutamente sádico, y que los demás disfrutando siendo masoquistas sentimentales, porque si hay algo que desprende ‘Siempre Alice’ es ese anhelo sensible, un sufrimiento apetitoso que todo espectador debería disfrutar. Podría tacharse la película de lacrimógena, pero se realiza con un realismo y una naturalidad tan pasmosos que resulta imposible no caer en su “trampa”.

Para aquellos que buscan una inyección sensitiva para descargar una presa emocional que hace tiempo no se vaciaba.
Lo mejor: El poderío interpretativo de Julianne Moore y su facilidad para llenarnos.
Lo peor: A ojos más duros puede resultar tramposa, pero ellos se lo pierden.
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Corazones de acero
Corazones de acero (2014)
  • 6,6
    34.729
  • Estados Unidos David Ayer
  • Brad Pitt, Logan Lerman, Shia LaBeouf, Jon Bernthal, ...
6
Cinco hombres y su tanque
Es abril de 1945, el ejército alemán sabía que la derrota está a la vuelta de la esquina, pero continúan luchando hasta la extenuación. En el otro bando, 5 soldados estadounidenses conducen su carro de combate, el “Fury”, que da título a la película en su versión original, y que en España conoceremos como ‘Corazones de acero‘ (David Ayer, 2014); su vehículo, su arma, su único hogar en los últimos años, con el único objetivo de desarticular a los soldados alemanes que persisten en su lucha. Sólo les unen años de servicio y un pequeño espacio claustrofóbico en el que el más mínimo error puede resultar el último. Un drama bélico lleno de acción en el que también existe un pequeño hueco para artificios puramente dramáticos. Recientemente ha conseguido 3 nominaciones a los Satellite Awards, incluyendo su asombrosa banda sonora de manos de Steven Price, ganador del Oscar por su música en ‘Gravity’ (Alfonso Cuarón, 2013), y un premio a mejor reparto de la National Board of Review.

Lo primero que nos encontramos en esta “Furia” descontrolada es la profundidad de su imagen. En un atisbo de alarde técnico, Ayer deja delante lo que importa y detrás lo demás, un ejercicio que parece apuntar a una idea inicial en tres dimensiones, que aún vista en las 2 tradicionales, le da un soplo poderoso a ese despliegue técnico que se espera de una película como ‘Corazones de acero’. Las escenas de acción bélica están rodadas con gran acierto, y se convierten en lo más interesante y emocionante de toda la cinta, aunque, por suerte, Ayer reserva un espacio para presentarnos microrrelatos de sus personajes, dándole un empujón a un guión que, por otra parte, adolece de poco original y algo repetitivo. Sin duda, si algo falla en ‘Corazones de acero’, es su descontrol narrativo y su poca originalidad. Un guión plagado de altibajos que podría haber sacado una historia bélica digna del panteón de Ares. Por suerte, podremos disfrutar de una historia bastante fiel a la realidad, un retrato acertado del final de la Segunda Guerra Mundial y de la camaradería y acercamiento que ofrece la vida en un carro de combate, aunque se permita cierto dramatismo exagerado.

En el campo interpretativo destaca un Brad Pitt que recuerda a su vengativo personaje de ‘Malditos bastardos’ (Quentin Tarantino, 2009): la misma actitud, la misma cara e incluso se intuye un parecido en sus palabras y forma de expresarse. Da la sensación de que repite personaje, pero con Tarantino funcionó, y con Ayer no se queda atrás. Pero el trabajo de Brad Pitt funciona mejor en grupo, en ese grupo de 5 actores que empata tan bien y que forma un ente único alrededor de la historia. Es una lástima que su convencionalismo final y su desolado guión no consiguiera hacer brillar mucho más a su reparto.

Para seguidores de las historias bélicas con grandes despliegues de medios y escenas de acción bien repartidas.
Lo mejor: Su excelente banda sonora que acompaña a un reparto muy digno y destacable.
Lo peor: Su guión poco logrado que lastrado lo que podía ser una historia épica.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hombres, mujeres y niños
Hombres, mujeres y niños (2014)
  • 5,9
    3.164
  • Estados Unidos Jason Reitman
  • Adam Sandler, Jennifer Garner, Rosemarie Dewitt, Judy Greer, ...
4
La era digital de la incomunicación
Teléfonos móviles, tablets, ordenadores, internet, redes sociales,… se han apoderado de nuestras vidas sin apenas darnos cuenta. Son los estragos de la nueva sociedad que vive la era digital, una era que promete al ser humano estar más comunicado con la sociedad, pero ¿realmente crea mayor comunicación entre nosotros o todo lo contrario? Esta es la idea que se plantea en ‘Hombres, mujeres y niños’ (Jason Reitman, 2014). Reitman nos presenta las historias de un grupo de estudiantes de instituto y sus padres con los problemas típicos del llamado primer mundo. Un grupo heterogéneo de personajes para un reparto coral entre los que encontramos a Jennifer Garner, Adam Sandler, Rosemarie DeWitt, Judy Greer, Kaitlyn Dever o Ansel Elgort, y la voz narradora de Emma Thompson.

Jason Reitman destaca por acercarnos historias cercanas, unas más cotidianas que otras, pero siempre apegadas a una realidad palpable. En esta película repite esos parámetros, pero de forma más equívoca. Ya no encontramos la actitud rebelde de ‘Juno’ (2007), el cinismo ilustrado de ‘Gracias por fumar’ (2005) o el leve desparpajo de ‘Young adult’ (2011), sino que nos encontramos con varias historias insustanciales con un hilo conductor común: el miedo y/o el abuso de los medios tecnológicos a nuestro alcance, o lo que es lo mismo, la incomunicación en la era de la comunicación. Pero todo se queda en buenos propósitos. El artista que pierde sus musas, vaga por historietas de segunda fila algo desfasadas y de una importancia ya perdida, y es que la película de Reitman pretende mostrar una realidad que lleva presente mucho tiempo. Por eso su crítica resulta desfasada y bastante descafeinada.

Por suerte no todo es negativo en ‘Hombres, mujeres y niños’. Su reparto consigue dar algo de luz a su guión plagado de sombras, y decir eso cuando forma parte de él Adam Sandler, es decir bastante. Es más, su historia resulta la más interesante, de la que más jugo puede exprimirse: la relación de un matrimonio que ve su pasión apagada y recurren a páginas de contacto para encontrar fuera lo que ya no quieren buscar dentro. Otros temas como los desórdenes alimenticios, el acoso por las redes sociales, la excesiva permisividad a la hora de publicar contenido en la red o su contrapunto, un control desmedido que puede llegar a medrar la libertad de un adolescente son temas interesantes y preocupantes, pero no son tratados como se merece en la cinta de Reitman. No sabemos muy bien si la culpa es del director o de l novela en la que se basa, pero el caso es que ésta no es su película de redención, aunque he de confesar que a mi su ‘Una vida en tres días’ (2013) me llegó.

Para aquellos que quieran encontrar un reflejo de su yo digital y sentir remordimientos.
Lo mejor: Un reparto que consigue hacer un brillar un rayo de luz en una habitación sombría.
Lo peor: Se trata de una película que llega tarde y sin alma.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Camino de la cruz
Camino de la cruz (2014)
  • 7,1
    1.496
  • Alemania Dietrich Brüggemann
  • Lea van Acken, Franziska Weisz, Florian Stetter, Ramin Yazdani, ...
8
La penitencia que lleva a la santidad
‘Camino de la cruz’ (Dietrich Brüggemann, 2014) es la historia de Maria, una chica de 14 años en la que la adolescencia empieza a asomar, pero es contenida por una estricta aplicación de un fundamentalismo católico en el que todos sus actos, pensamientos y palabras están sujetos a la perpetua mirada de Dios y de sus discípulos. Catorce episodios que narran el particular calvario de una niña que vive atrapada entre la libertad que le otorga la vida moderna y las cadenas religiosas y familiares que le impiden volar. Pero Maria sabe que todo su sufrimiento se verá recompensado. Una película que fue presentada en el último Festival de Berlín, donde ganó el premio al mejor guión, así como la Espiga de Plata y el Premio FIPRESCI de la Seminci de Valladolid.

Lo primero con lo que nos enfrentamos es con un plano secuencia completo que forma la primera parada en el camino de Maria, y así hasta sus 14 pasajes completos, sólo dejando un plano aéreo y dos cambios de plano en secuencias distintas. De esa manera podemos apreciar de forma muy clara la sobriedad que Brüggemann pretende inyectar a su historia, un hieratismo radical que recuerda a muchas películas del centro de Europa, como la reciente trilogía ‘Paraíso’ de Ulrich Seidl, y con la que encontramos algunas similitudes narrativas y de temática: una fe radical, el despertar de la adolescencia, los temas tabú, el abuso de poder,… aunque en realidad Brüggemann va por otros derroteros. ‘Camino de la cruz’ es el reflejo de una parte de la sociedad que vive aislada de la realidad actual, de forma consciente, negando toda bondad a aspectos de la vida cotidiana que rechazan sin apenas entenderlas o catarlas. La curiosidad de Maria, dada su corta edad, refleja perfectamente el lado opuesto, el querer descubrir por uno mismo qué se esconde detrás de lo prohibido, qué se puede encontrar si se arriesga y contradice los cánones de unos ideales que le han sido impuestos. En ese aspecto, Lea Van Acken, que es quien da vida a Maria, representa muy bien las dos caras de su personaje: por un lado la niña frágil que obedece a su madre y sigue estrictamente las pautas establecidas por su Iglesia, y por otro la adolescente que se enamora y quiere descubrir más cosas. Ésta ansía libertad, y aquélla padece un enclaustramiento propio de una mente adoctrinada en un catolicismo férreo. Pero uno de los dos lados se impondrá irremediablemente. En ese punto es donde los planos que elige Brüggemann, acertadamente, encuentran su máxima representación. Sus encuadres estáticos sirven de “cárcel” particular de ese adoctrinamiento extremo por el que hacen pasar a Maria. Ella permanece quieta en el encuadre, sin posibilidad de salir de él, sin tener en su mano la elección de romper la barrera y escapar.

Otro de los aspectos más poderosos de esta película es Franziska Weisz, o lo que es lo mismo, la madre de Maria. Es el contrapunto a la dulzura e inocencia de su hija. Nos es presentada como una madre severa, poco amorosa y bastante alejada de la típica imagen de madre abnegada. Despierta cierta animadversión en el espectador, y eso es debido, en gran parte, a la interpretación que realiza: cruda, visceral y directa, una mujer que trata a su hija meramente como si de un soldado de Dios se tratase, un símil al que se hace referencia en una Iglesia que lleva la interpretación de su creencia de forma fundamentalista y extremista, como si de un ejército se tratase, y cuya principal arma es alejar a todos sus miembros de los aspectos modernos que están denostando su religión. Weisz, a pesar de dar ese toque de frialdad a su personaje, resulta, en el fondo, un rayo de luz cálido y agradable para una película que de por sí lleva adherida la etiqueta de desoladora, porque esa es la sensación final, el poso que deja ‘Camino de la cruz’, una desolación descomunal que rasga la mente, el alma y el corazón.

Para aquellos cuyo corazón mantenga la capacidad de encogerse ante historias ajenas… o no tanto
Lo mejor: Madre e hija encajan a la perfección en esta “gélida” historia
Lo peor: Que no consigue despertar al espectador hasta bien acabada su primera mitad, pero la segunda bien lo vale
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Frío en julio
Frío en julio (2014)
  • 6,1
    4.889
  • Estados Unidos Jim Mickle
  • Michael C. Hall, Sam Shepard, Don Johnson, Vinessa Shaw, ...
7
Texas en verano
Puede sonar extraño que en un lugar como Texas, en pleno mes de julio, pueda hacer frío. Pero si dejamos a un lado la temperatura ambiental y nos fijamos en otros aspectos, ¿no podríamos hablar de una mente fría o de alguien con sangre fría? Por ahí van los tiros de ‘Frío en julio’ (Jim Mickle, 2014), y nunca mejor dicho. Corre el año 1989, y en un pequeño pueblo de Texas ocurre una desgracia: un padre de familia, tímido y miedoso, acaba matando a un intruso casi por accidente. Ese hecho transformará la vida de Richard (Michael C. Hall) casi por completo, al desatar toda una serie de sucesos e infortunios que le llevarán a aflorar el valor y la sangre fría que escondía en su interior.

‘Frío en julio’ empieza desarrollándose como una historia casual, con pocos misterios y centrados en un único personaje, Richard, que pasa buena parte del metraje en estado de shock, prácticamente catatónico, lleno de remordimientos, pero que se va a encontrar con otros personajes a los que el destino ha unido irremediablemente. Michael C. Hall lleva la batuta desde un principio, y su evolución durante las casi dos horas de película es encomiable, pero en cuanto aparecen Sam Shepard y Don Johnson, queda eclipsado. El primero, a pesar de ser el personaje marginal y vilipendiado casi desde el principio, va ganando atractivo poco a poco, mientras que el segundo, prácticamente desde que aparece, tiene al público metido en el bolsillo. Resulta ser de esos tipos carismáticos y sorprendentes que tan bien funcionan en películas de culto, como es el caso de muchos de los que aparecen en ‘Pulp Fiction’ (Quentin Tarantino, 1994), y que aquí, en ‘Frío en julio’, encuentran un reflejo más que palpable.

La película no narra una historia, sino varias historias encerradas en una trama lineal, que a su vez esconde una serie de tramas variadas. Durante su visionado van apareciendo ante nosotros una serie de personajes con historias y secretos que nos van desvelando. Cuando parece que la trama va a cerrarse, surge un nuevo camino lleno de obstáculos y baches que sus protagonistas tienen que sortear. Como si de una nueva trama se tratase, la película consigue enganchar en todo momento a su espectador, a pesar de correr el riesgo de perderlo por introducir nuevos temas y dispersarse de esa manera. La gracia es que ‘Frío en julio’ funciona muy bien tal y como ha sido engendrada, pero funcionaría también genial como una mini-serie o una serie de pocos capítulos, en los que cada suceso podría conformar un episodio que acabaría con el tan manido “Continuará…“, pero nos gusta tal y como la hemos visto. Pero si este thriller atrapa de verdad es por el cambio que su guión, basado en la novela de Joe R. Lansdale, y de la que provendrá ese cambio probablemente, que poco a poco va oscureciendo la trama hasta tal punto de convertirse en un retorcido capricho del destino auspiciado por una serie de hechos causales o casuales, según se mire.

Jim Mickle se mete a analista del comportamiento humano presentándonos su adaptación de ‘Frío en julio’. Presenta al hombre como el monstruo que es, actuando impulsado por sus instintos, por sus impulsos más primigenios. No es de extrañar que su análisis acabe dando este resultado si analizamos los personajes que protagonizaron sus tres cintas anteriores: humanos infectados que se convierten en ratas sedientas de sangre, vampiros que dominan el mundo, y una familia caníbal en busca de llenar los platos de su mesa. Ahora, para su análisis más profundo, intenta una mezcla de géneros que encuentran un punto confluente bastante interesante: una suerte de cine negro y western modernos que se entrelazan para formar este “neo-western noir” con mucha más sangre y menos traiciones que los géneros clásicos de los que bebe. Pero la fórmula funciona bastante bien. Todo ello va aderezado con una banda sonora sublime que en muchos acordes recordaba al ‘Mad World‘ de Gary Jules, un título que le va que ni pintado a ‘Frío en julio’.

Para aquellos a los que todavía les engancha los thrillers con tintes clásicos remasterizados y mucha trama a la que agarrarse.
Lo mejor: Un trío de protagonistas magnífico, una banda sonora deliciosa que marida a la perfección con la película y un final muy agradecido.
Lo peor: Se dispersa demasiado pronto en la memoria por culpa de su dispersión en pantalla.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
El amor es extraño
El amor es extraño (2014)
  • 6,3
    2.534
  • Estados Unidos Ira Sachs
  • John Lithgow, Alfred Molina, Marisa Tomei, Charlie Tahan, ...
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La delicadeza del amor
Nueva York puede ser una ciudad ruidosa, ajetreada y en ocasiones cargante, pero también puede suponer un remanso de paz, tranquilidad y delicada belleza. En este ambiente, y con un escenario como lo es dicha ciudad, es donde nos sitúa ‘El amor es extraño‘ (Ira Sachs, 2014). George (Alfred Molina) y Ben (John Lithgow) forman una pareja que llevan juntos casi 40 años. Cuando el matrimonio homosexual es legalizado en el estado, no dudan en formalizar su noviazgo. Pero lo que tendría que haber sido un momento que recordar toda la vida con alegría, trae a los ahora cónyuges un sinfín de problemas: el trabajo, el dinero y hasta el propio hogar se van volatilizando, y ambos se verán obligados a recurrir a sus amigos y parientes para encontrar refugio. Ira Sachs firma así su quinto largometraje en el que sigue empecinado en mostrarnos el lado más íntimo y amargo de las relaciones amorosas, y esperamos que siga así por mucho tiempo.

Lo primero que encontramos al abordar “El amor es extraño’ es precisamente eso, las rarezas del amor. Se nos presentan dos hombre maduros, enamorados, enfrentados a una rutina que se ha visto interrumpida por un momento que servirá de inflexión en su larga relación que pinta estable, serena y sana, casi como un sueño de hadas en un mundo repleto de rarezas. Alfred Molina y John Lithgow dan vida a esos dos personajes fuera de todo convencionalismo, entregados al mundo del arte, a un mundo donde la belleza y la delicadeza van dadas de la mano, una delicadeza que rezuma en cada fotograma. No estamos ante un drama romántico al uso, estamos ante un claro reflejo de lo que es la vida, una moneda que gira a su antojo dándonos caras y cruces a placer. En ese devenir de la historia, en el que las caras y las cruces se van turnando, es donde su director y también guionista, acompañado en este último aspecto de Mauricio Zacharias, que ya hiciera su trabajo junto a Sachs en ‘Keep the lights on’ (2012) o su colaboración en ‘Madame Satã’ (Karim Ainouz, 2002), saca a relucir esa delicadeza, a pesar del dramatismo que le insufla. No cuesta llegar a entender e incluso empatizar con sus dos personajes principales, y si me apuran, también con los secundarios. Sachs y Zacharias llenan la escena de historias, una por cada personaje. Es por eso que el protagonismo se expande, queda compartido, aunque unos y otros cobrarán más dependiendo de la percepción del espectador, y es ahí donde el guión hace un trabajo espléndido.

Molina y Lithgow juegan en toda esta historia un papel primordial. Si bien a Molina ya le habíamos detectado esa delicadeza en otros papeles, Lithgow ha sido toda una revelación. Sus papeles cómicos o en facetas más oscuras (recordándolo en la serie ‘Dexter’) hacían presagiar un personaje que se movería entre la comicidad algo sarcástica y un liviano dramatismo que sería difícil de percibir. Pero nada más alejado de la realidad: Lithgow es quien sustenta, a mi parecer, la carga dramática de toda la cinta, relegando a Alfred Molina a un papel de reparto. Claro que si tenemos en cuenta que Marisa Tomei acompaña a Lithgow en la mayoría de escenas, podríamos decir que más que una actuación se trata de un tandem interpretativo atípico y estimulante. Ella, que interpreta a la mujer del sobrino de Ben (Lithgow), una novelista de éxito, amante de su espacio y del silencio, se ve obligada a dar cobijo a éste en su hogar, un lugar que se convierte en el escenario clave de toda la película, cuatro paredes que son testigos de un declive familiar auspiciado por las desconfianzas y el hastío, todo ello insinuado, nunca mostrado, reflejo de esa delicadeza que mencionábamos, que alcanza una sutileza apabullante.

‘El amor es extraño’ es de esas historias que consiguen calar hondo sin apenas esfuerzo, de esas películas que consiguen transformar la pantalla en un espejo (o en una máquina del tiempo, dependiendo de la edad) y hacernos ver la realidad de la que somos (o podemos ser) víctimas, y de las que sin caer en la obviedad hacen brotar en el espectador esa sensibilidad que unos tienen a flor de piel y otros habían relegado al fondo de su subconsciente. El amor es lo que es y no hay más.

Para corazones blandos buscando un masaje cardíaco y para corazones duros ávidos de romper su coraza.
Lo mejor: La sorpresa que supone ver a John Lithgow en este papel, todo su reparto en general y la delicadeza que desborda su historia.
Lo peor: Su facilidad para romperte el alma, y cuando te quieres dar cuenta ya es demasiado tarde.
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