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Críticas de Gould
Críticas ordenadas por:
El milagro del cuadro
El milagro del cuadro (1951)
  • 5,7
    40
  • Estados Unidos Richard Brooks
  • Stewart Granger, Pier Angeli, George Sanders, Kurt Kasznar, ...
5
“Un hombre tiene que creer en algo, aunque no sea nada”
Richard Brooks dirige la segunda película de su fructífera carrera como guionista, director y productor, con un impersonal thriller que sigue todos los estilemas del género negro de ambientes exóticos -se desarrolla fundamentalmente en Cartago, en Túnez- y personajes algo excéntricos. La película bebe en parte de modelos como “El halcón maltés” -macguffin incluido, allí una estatuilla, aquí un cuadro- pero también nos recuerda, en parte, a alguna de las excelentes aportaciones al género de Jean Negulesco, como “Tres extraños” (1946). A la película solo le falta, de hecho, que Sidney Greenstreet y Peter Lorre aparezcan por una esquina para completar el codificado y manido modelo.

Stewart Granger es un ladrón de cuadros que da un golpe en un museo de Palermo robando una pintura religiosa y escapa a Túnez donde hace creer a quien le contrató para realizar el robo que la pintura se ha perdido en el incendio del barco.

La película, de una intrascendencia plenamente disfrutable e inofensiva, mil veces vista, cuenta entre sus mayores atractivos –además del protagonismo del siempre correcto Granger- con la presencia de la –no puedo usar otro adjetivo, ustedes me disculparán -angelical Pier Angeli, plena de inocente expresividad junto a un George Sanders en uno de sus habituales papeles de cínico educado, aderezado todo por la atractiva música de Miklos Rozsa en una digna pero nada memorable producción de Pandro S. Berman.

Simplemente para completar los primeros pasitos de la filmografía de un director mayor.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aeropuerto Central
Aeropuerto Central (1933)
  • Estados Unidos William A. Wellman
  • Richard Barthelmess, Sally Eilers, Tom Brown, Grant Mitchell, ...
6
“Un tipo que vuela para ganarse la vida, ¿qué derecho tiene a casarse?”
En la prolífica producción de William Wellman, uno aprecia cada vez más ese tipo de películas concisas, de estilo seco y elíptico, directas al grano, típicas de los años 30, que en 70 u 80 minutos ofrecían historias variadas y potentes hechas con nervio de acero, a las que nada sobra ni falta, gloriosa apoteosis de la economía de medios narrativos, verdadera cualidad del gran cine clásico americano.

Convendría igualmente llamar la atención sobre la obsesiva relación de Wellman con el mundo de la aviación, a través de las numerosas películas que rodó con dicha temática, desde “Wings” (1927), “The Legion of the comdemned” (1928), “Young Eagles” (1930), o la que ahora nos ocupa, pasando por "Men with wings" (1938), “Thunderbirds” (1942), “Island in the sky” (1953) o su última película “Lafayette Escadrille” (1958).

Richard Barthelmess, un olvidado galán de los años 30, interpreta aquí a un piloto al que se le prohíbe pilotar tras tener un accidente con pasajeros y ser acusado de negligencia, en una romántica historia de aviadores y amores contrariados.

La película es fundamentalmente la historia de unos fanáticos de la aviación mezclada con un triángulo sentimental, en una pequeña historia sazonada con algunos elementos “pre-code”. En su segunda parte se va adentrando en el territorio del melodrama, acentuado por la desesperación del protagonista, ideal de galán romántico y solitario, tan habitual en el cine de época. La habilísima inteligencia narrativa de Wellman, que tanto echamos de menos en el cine comercial actual, enaltece el resultado global de la película.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Farewell to Dream
Farewell to Dream (1956)
  • Japón Keisuke Kinoshita
  • Yoshiko Kuga, Takahiro Tamura, Shinji Tanaka, Yûko Mochizuki, ...
9
“En una pequeña esquina de esta gran ciudad”
Adorado por el público de su país, Keishuke Kinoshita (1912-1998) fue un prolífico director que trabajó todos los géneros pero que resaltó especialmente en el melodrama domestico de postguerra.

Contada a través de los ojos de Yoichi, un sensible veinteañero, la película retrata, a través de un flashback que ocupa todo el metraje, los sueños de la empobrecida clase media japonesa en un delicado pero amargo -y sin embargo esperanzado- retrato de la familia Akimoto. La película contrasta el egoísmo del descuidado padre, que regenta una mísera pescadería, y de la caprichosa hija, que busca a toda costa un matrimonio que la saque de la pobreza, con la digna honradez de Yoichi y su madre. La enfermedad y muerte del padre obligan a Yoichi a hacerse cargo del negocio y, de paso, a renunciar a sus sueños –simbolizado en los prismáticos con los que se imagina la vida de sus vecinos-.

Kinoshita sigue la estela neorrealista italiana de autores como Vittorio De Sica –una de sus grandes influencias- para mostrarnos el viejo y el nuevo Japón, y el proceso de maduración acelerada del adolescente protagonista, en medio de paisajes de las afueras de Tokio. Cinematográficamente Kinoshita combina con enorme sensibilidad, sin estridencias, una planificación típicamente japonesa con el uso de técnicas más occidentales -abundantes travellings y primeros planos- lo que otorga una gran viveza a su cine, enormemente popular entre los espectadores japoneses de los años 50.

Película melancólica, de sostenida emotividad, que se desborda en su parte final, es una más de las admirables producciones del más desconocido de los grandes maestros japoneses.

“Hoy en día son otros tiempos. Lo que me digas no servirá”
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Tattered Wings
The Tattered Wings (1955)
  • Japón Keisuke Kinoshita
  • Hideko Takamine, Keiji Sada, Teiji Takahashi, Takahiro Tamura, ...
10
“¿Por qué intentas arrancarte tus propias alas?”
La lucha entre tradición y modernidad, presente en todo el cine japonés de posguerra, es también uno de los temas fundamentales de este magnífico drama costumbrista de aires chejovianos sobre la imposibilidad de recuperar el pasado, del poco conocido director japonés Keishuke Kinoshita (1912-1998).

Keizo, un joven que ha estado viviendo en Tokio, regresa a su ciudad natal por primera vez en varios años, para pasar unos días antes de ser trasladado a otra ciudad de Japón. Todavía viven en la ciudad su familia y sus viejos amigos, incluyendo su primer amor, Fuyuko -interpretado por la maravillosa Hideko Takamine-, quien lo dejó para casarse con un hombre rico porque su familia necesitaba el dinero. Una vez que descubre que es viuda, después de 3 años de un matrimonio infeliz, decide cortejarla de nuevo, lo que les convertirá en la comidilla de las lenguas ociosas.

En los años 50 nos encontramos en la plena madurez del estilo sencillo y comunicativo de Kinoshita, que sabe mezclar con inteligencia y sensibilidad diferentes historias de amor de los protagonistas, todos amores contrariados, maravillosamente expresado a través de las sutiles reacciones de atracción y afecto no expresadas, calladas. El director japonés va tejiendo una sutil e imperceptible tela de araña de la que no pueden salir sus personajes y redondea con un final extraordinario esta sensacional, otoñal y melancólica obra maestra.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Marriage
Marriage (1947)
  • Japón Keisuke Kinoshita
  • Kinuyo Tanaka, Ken Uehara, Eijirô Tono, Chieko Higashiyama, ...
9
“Las nubes se alejan y vuelven. ¿Por qué no puedo superar este dolor?”
Keishuke Kinoshita (1912-1998), poco conocido en occidente, fue uno de los más apreciados directores por el público japonés, con una cincuentena de películas, centradas fundamentalmente en asuntos domésticos y cercanos, tanto en el género del drama como en el de la comedia. La crítica, sin embargo, nunca fue demasiado bondadosa con su estilo de hacer cine, que tan poco casaba con la trascendencia de otros maestros con mayor prestigio. El tiempo, por suerte, ha sabido colocar las cosas en su sitio elevando al otrora despreciado al lugar que le corresponde.

Kinoshita construye un drama neorrealista que nos habla de dificultades de la inmediata postguerra, de la búsqueda del amor y la felicidad a través de la historia de esta familia con tres hijos, en la que el padre no consigue encontrar trabajo lo que le atormenta profundamente, preso de un orgullo que le impide aceptar el puesto que le ofrece un viejo compañero del pasado, mientras su hija Fumie prepara una boda que debe suspender por la negativa del padre.

Melancólica y triste como todo el cine clásico japonés de postguerra, la película es justamente un símbolo de la lucha entre pasado y presente, entre el viejo y caduco Japón y un nuevo país que aspira a dejar atrás el pasado.
Con una enorme influencia del neorrealismo italiano – son varias las escenas rodadas en exteriores, con calles atestadas o aparece la descripción de una manifestación de trabajadores- Kinoshita refleja con gran maestría y sencillez la intimidad familiar –son maravillosas las escenas en torno a la mesa tapados con una manta-, mediante planos largos comiendo y hablando, casi sin utilizar la gramática del plano-contraplano.

Puede que le falte el genio último de los grandes como Ozu, Shimizu o Naruse pero cuenta con su insobornable maestría y honestidad que le permitía conectar con las preocupaciones más íntimas de un público popular, ilusionado con el futuro.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Port of Flowers
Port of Flowers (1943)
  • Japón Keisuke Kinoshita
  • Eitarô Ozawa, Ken Uehara, Mitsuko Mito, Chishû Ryû, ...
7
Los ladrones son gente honrada
Adorado por el público de su país, Keishuke Kinoshita (1912-1998) fue un prolífico director que trabajó todos los géneros pero que resaltó especialmente en el melodrama domestico de postguerra. Sin embargo, su debut en el cine fue esta comedia de estilo ágil y ligero, sin apenas planos largos, en la que las fuerzas vivas de una pequeña isla de Japón esperan la llegada del hijo del Sr. Watase, antiguo benefactor del pueblo y constructor del astillero al que la entrada de Japón en la guerra contra EEUU trastocó todos sus planes. En realidad, lo que llegan es un par de pillos con un plan para sacar los cuartos a los inocentes habitantes de la isla, aunque poco a poco su plan inicial irá variando ante el encanto del lugar y de sus gentes.

Pintura vívida y amable, de estilo sencillo y desenfadado, poblada por una galería de personajes simpáticos y algo atrabiliarios, entre los que destaca el mítico Chishu Ryu, la película se estropea un poco al final por su tono patriótico –no en vano estamos en 1943, en plena segunda guerra mundial- pero ello no nos impide recomendar con fervor esta honesta y divertida producción de un director que merecería un mayor reconocimiento y una necesaria profundización en su atractiva filmografía.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kartum
Kartum (1966)
  • 6,6
    1.276
  • Reino Unido Basil Dearden, Eliot Elisofon
  • Charlton Heston, Laurence Olivier, Richard Johnson, Ralph Richardson, ...
7
“He aprendido a no tenerle miedo a la muerte, pero nunca a no tenerle miedo al fracaso”
Conocida cinta de aventuras sobre la labor del místico oficial británico, Charles George Gordon (1833-1885), famoso por haber defendido la ciudad de Jartum del ataque de los derviches de Muhammad Ahmed al Mahdi. Protagonizada por Charton Heston y Lawrence Olivier, es un notable ejemplo de superproducción británico-americana, dirigida por el más que notable director Basil Dearden.

Son inevitables las comparaciones con “Lawrence de Arabia” (1962) y resulta evidente su influencia, aunque estamos hablando de obras difícilmente comparables. Esta tiene el atractivo de un clásico menor, hecho con notable gusto, espléndidamente rodado en Cinerama, con la excelente fotografía de Edward Scaife, pero con cierta flojera narrativa -de la que carece, por cierto, la atractiva filmografía de Dearden, algo ajena al mundo de las producciones históricas-, a años luz, en todo caso, de la suprema maestría de la inconmensurable obra de David Lean. A esta le sobra algo de contención y gelidez y le falta la densa y emotiva tensión nerviosa que derrochaba aquella.

Nos encontramos, en suma, ante una gran película de aventuras coloniales de carácter épico, algo ayuna de acción –salvo la excelente descripción de la toma de Jartum, rodada por Yakima Canutt, el hacedor de la mítica escena de cuadrigas de "Ben-Hur" (1959)- pero con un buen retrato del algo alocado y místico Gordon, símbolo colonial británico por excelencia.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El dinero (L'argent)
El dinero (L'argent) (1928)
  • 7,2
    134
  • Francia Marcel L'Herbier
  • Pierre Alcover, Alfred Abel, Brigitte Helm, Mary Glory, ...
8
Las virguerías de Marcel L’Herbier
Más de noventa años después de su realización, esta epopeya de los tiempos modernos, con docenas de personajes y suntuosos escenarios, basada en una novela de Emile Zola publicada en 1891, sigue manteniendo el interés como un ácido retrato del mundo de las finanzas en una superproducción comparable, por la longitud y amplitud de medios, con el “Napoleón” de Abel Gance, realizado un año antes, a través del relato de las disputas financieras de dos tiburones de los negocios, Saccard frente a Gunderman, Gunderman frente a Saccard, o las dos caras de una misma moneda.

Con una excelente puesta en escena, la película es técnicamente impresionante, pero algo falta de fluidez narrativa, L’Herbier parece, en ocasiones, más preocupado por sorprendernos a toda costa con la cámara distrayéndonos –tal vez a propósito- de la peripecia narrativa algo folletinesca de los personajes. Hay algo de exhibicionismo narcisista en esa inquieta cámara y en sus acrobacias técnicas: planos cenitales, angulaciones sorprendentes, cámara al hombro, travellings circulares o travellings que abren planos, grúas, abundancia de planos contrapicados, objetivos desenfocados y un ligero abuso, no siempre necesario, de metáforas visuales.

Mucho más afinado resulta, sin embargo, en su descripción de la locura financiera de los años veinte, en el despiadado retrato de la ambición humana, reflejada en su cambiante y volátil afán comprador o vendedor, según los caprichosos vaivenes de la bolsa, a través de un brillantísimo montaje –véase, por ejemplo, la escena del ascenso de las acciones en plena fiebre especulativa y el frenesí alocado que desemboca-. Resulta igualmente sobresaliente el trabajo del protagonista Pierre Alcover como Nicolas Saccard, soberbio en su interpretación de los vaivenes, pendencias y adversidades de este apasionado Napoleón de los negocios en su disputa con el gélido Sangerman.

A ratos fascinante, a ratos excesiva, en ocasiones algo tediosa, es un incunable de obligada visión del cine francés.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El extraño caso del Dr. Jekyll
El extraño caso del Dr. Jekyll (1941)
  • 7,0
    2.248
  • Estados Unidos Victor Fleming
  • Spencer Tracy, Ingrid Bergman, Lana Turner, Donald Crisp, ...
8
“The World is yours, my darling, but the moment is mine!”
Adaptación de la conocida novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” (1886) dirigida por el director norteamericano Victor Fleming, segunda aproximación sonora que, junto a la de Rouben Mamoulian, realizada diez años antes en 1931, constituyen los dos mejores acercamientos a dicha obra, cada una en su estilo.

Esta es una producción de la MGM técnicamente más cuidada pero menos admirable desde un punto de vista artístico. La gramática aquí es menos original, más domesticada, sigue las reglas del cine clásico comercial en cuanto a fotografía, montaje, planificación y, a diferencia de la versión de Mamoulian, con su impresionante trabajo de cámara, nada llama la atención desde ese punto de vista. Incluso copia algunas soluciones visuales de la primera versión como la escena del espejo cuando ella brinda por la muerte de Hyde.

Fleming no se interesa mucho por los efectos especiales o el proceso de transformación de Jekyll en Hyde, tan detallado y repetido en la anterior versión, que aquí se reserva para prácticamente el final de la película, pero, a cambio, el resultado es mejor -la primera era más discutible desde el punto de vista del maquillaje, entre simiesco y negroide, políticamente incorrecto en estos aburridos tiempos de seráfica corrección-. Por el contrario, en esta versión la música tiene aquí un valor añadido que en la primera no existía –o, sencillamente no le hacía falta.

Tracy es más ambiguo e irónico, más amable, menos sulfuroso que Frederic March, pura anarquía y destrucción. La violencia y energía de la primera se ve dulcificada y se pierden todas las alusiones sexuales típicas del cine “precode” de la primera. A cambio, las ampulosas y acarameladas escenas románticas de la primera versión, que han envejecido sin piedad, aquí se sostienen sin dificultades. En ese sentido, el plantel femenino sí es superior a la primera versión, con unas subyugantes Ingrid Bergman y Lana Turner. Por cierto, fue esta una de las primeras películas que Bergman rodó en EEUU, después de una docena de filmes en Suecia y justo antes de rodar “Casablanca” (1942) con Michael Curtiz, que la convertiría en un mito del cine para la eternidad.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre y el monstruo
El hombre y el monstruo (1931)
  • 7,5
    1.386
  • Estados Unidos Rouben Mamoulian
  • Fredric March, Miriam Hopkins, Rose Hobart, Holmes Herbert, ...
9
“Hazme caso, no hay límites, Lanyon”
Adaptación de la conocida novela de Robert Louis Stevenson “El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde” (1886) dirigida por el director georgiano de origen armenio Rouben Mamoulian, primera versión sonora que, junto a la de Victor Fleming de 1941, son las dos mejores aproximaciones a dicha obra.

Ante todo, esta versión destaca por la enorme voluntad de estilo de Mamoulian, siempre al servicio de la narración y de una mayor expresividad decididamente cinematográfica: la sucesión de planos subjetivos con los que se inicia la película y que utilizará en varias ocasiones, el inusual y atractivo uso de los primeros planos, las sugerencias poéticas a través de diversos insertos o planos, los fundidos alargados para relacionar dos escenas o la división de la pantalla en dos, elementos todos que nos permiten comprender el enorme virtuosismo técnico y estético de Mamoulian.

Del mismo modo, toda la película está muy cuidada artística y visualmente, con sutiles alusiones y juegos –por ejemplo, cuando ella toca Schumann al piano, compositor que acabaría en los brazos de la locura tirándose al Rin, como trasunto de los males del protagonista-. Además, la versión de Mamoulian, frente a la de Fleming, incide en la naturaleza dual del personaje –son numerosas las escenas con espejos o frente a espejos, lo que sugiere ese desdoblamiento de su personalidad- por no hablar de otras dualidades sugeridas, mujer pura frente a pecadora, amor frente a sexo, Cain y Abel, etc.

La película cuenta con un gran trabajo de Frederic March –aún con algunos dejes de la histriónica gesticulación del cine mudo y cierta entonación campanuda, propia de los primeros años 30-, posiblemente el mejor Hyde del cine. Es posible que haya envejecido algo el dramatismo algo hueco de algunos de sus momentos, ligeramente ridículo para nuestros contemporáneos y poco piadosos ojos, pero a cambio nos regala con una malvada exhibición de puro vitriolo, anarquía y destrucción verdaderamente estimulante. En ese sentido el también fantástico -pero radicalmente diferente- trabajo de Spencer Tracy en la versión de Fleming de 1941 nos dará, sin embargo, un personaje más equilibrado, tal vez mejor construido, pero menos aterrador.

Dado su temprano año de producción cuenta además con algunas escenas típicas del cine “precode” protagonizadas por Miriam Hopkins –sus sugerentes escotes o un desnudo visto y no visto- lo que añade puntos a un clásico muy atractivo y disfrutable.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lucky Luciano
Lucky Luciano (1973)
  • 6,1
    266
  • Italia Francesco Rosi
  • Gian Maria Volonté, Edmond O'Brien, Vincent Gardenia, Silveria Blasi, ...
6
“Un hombre tranquilo de ojos tristes”
Crimen, mafia y política se imbrican en este biopic del capo siciliano Lucky Luciano protagonizado por un camaleónico Gian Maria Volonté junto a un plantel de actores internacional entre los que destacan Rod Steiger o Edmund O’Brien.

La película es deudora del estilo cinematográfico de los años 70, con su ritmo urgente y algo descuidado, al modo del “cinema verité” junto a un cierto didactismo bastante innecesario que desmerece un poco algunas de las virtudes de este film.Se enmarca dentro del género de cine político de denuncia –la verdadera especialidad de Francesco Rosi- y expone con claridad las relaciones de la mafia con la política italiana, pero también con las autoridades norteamericanas y, en especial, el enjuague de estas últimas que, durante la liberación de Italia en la segunda guerra mundial, permitió colocar a dirigentes mafiosos como nuevas autoridades en los pueblos ya liberados.

La película, dando saltos cronológicos, trata de analizar la figura del mafioso, milagrosamente mimetizado por Volonté que nos ofrece uno de sus convincentes trabajos –es sorprendente su parecido físico con el personaje real-. Sin embargo, a la altura de los años en que la película se estrena, tras la fulgurante aparición de “El padrino” (1972) de Coppola, resultaba difícil competir con historias de mafiosos y, de hecho, muchos aspectos hoy nos parecen envejecidos, desde las escenas, pocas, de violencia, tratadas al ampuloso estilo Peckimpah, como si fuesen escenas de ballet, algunas a cámara lenta, a alguna de las actuaciones algo histriónicas como la de Rod Steiger.

Mucho más valido y permanente es el tono, a ratos irónico del relato, como cuando confronta las bellas palabras de Luciano con la crueldad y violencia de sus actos. En todo caso, aunque desigual, resulta una obra interesante en una carrera cinematográfica nada despreciable.
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El hombre de la torre Eiffel
El hombre de la torre Eiffel (1949)
  • 5,7
    266
  • Estados Unidos Burgess Meredith
  • Charles Laughton, Franchot Tone, Burgess Meredith, Robert Hutton, ...
3
De actores metidos a directores
No pasará a los anales del cine esta película, una de las dos que llegó a dirigir el conocido e histriónico actor Burguess Meredith, basada en un relato de George Simenon, pese al valor añadido de la extraña fotografía de tonos ocres en Ansco Color –una suerte de Technicolor- de Stanley Cortez o el protagonismo de Charles Laughton y un envejecido Franchot Tone –junto al propiuo Meredith-. Lo más destacado, además de los actores, es el atmosférico y algo irreal ambiente parisino, aunque la película no logre cuajar en ningún momento por su falta de profundidad y su tono, entre la farsa y el humor sin gracia, en el que bracean faltos de aire, el personaje algo caricaturesco de Laughton como inspector y el tono algo irritante de Tone. Al final la relación entre los dos personajes se hace algo plomiza y acaba por cansar. Muy floja.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Operación Crossbow
Operación Crossbow (1965)
  • 5,9
    581
  • Reino Unido Michael Anderson
  • Sophia Loren, George Peppard, Trevor Howard, John Mills, ...
6
Las armas del futuro
Muy entretenida película de guerra y espías, en torno al desarrollo secreto de las bombas V1 y V2 por parte de los alemanes y a los esfuerzos británicos por averiguar más sobre su alcance y potencialidad en el contexto de la segunda guerra mundial.Tres agentes protagonistas, Tom Cortenay, George Peppard y Jeremy Kemp son enviados a investigar sobre las bombas haciéndose pasar por ingenieros alemanes u holandeses.

La buena mano de Michael Anderson como cineasta, en el ocaso de una carrera punteada de cumbres y valles, es suficiente para mantener el interés de este producto británico, salpimentado con las apariciones breves y estelares de John Mills, Trevor Howard, Anthony Quale, Lily Palmer o Paul Henreid y la obligada y extemporánea presencia de Sofia Loren –recordemos que su marido Carlo Ponti era el productor- que, sin ser nada del otro jueves, permite disfrutar de una par de horas de intriga razonablemente trenzada y agradablemente cosquilleante cual burbujas de champán.
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El rey loco
El rey loco (1955)
  • 6,5
    23
  • Alemania del Oeste (RFA) Helmut Käutner
  • O.W. Fischer, Marianne Koch, Paul Bildt, Friedrich Domin, ...
7
“La inútil belleza, Sissi. Tiene que haber alguien que no piense sólo en la conveniencia”
Todos aquellos interesados en la figura del rey Ludwig II de Baviera seguramente conozcan la famosa película de Luchino Visconti de 1972, desigual y paquidérmica, con la insufrible actuación de Helmut Berger, pero seguramente algunos no conozcan –y deberían remediarlo- esta versión absolutamente kitsch, en glorioso y chirriante Technicolor, bajo la atenta mirada del mítico director de fotografía británico Douglas Slocombe, dirigida por el alemán Helmut Kaütner que se destaca por algunas de sus variadas virtudes: el excelente trabajo de Otto Wilhelm Fischer como Luis II, el cuidadísimo trabajo de reconstrucción de época, con rodajes en los escenarios reales, la citada y excepcional fotografía del maestro británico, sin olvidar la indudablemente eficaz y transida música de Richard Wagner –dirigida, por cierto, por el maestro Karajan con la Filarmónica de Viena-.

Todas estas virtudes se combinan del modo más feliz para deleitarnos con la historia de este hiperestésico y enfermizo rey que vivió fuera de su tiempo, al que la historia de Alemania le pasó por encima, pero al que la misma historia, paradójicamente, no ha olvidado.

Sutil, sugestiva y sugeridora más que escandalosa, bella y decadente y, sin embargo, atractiva producción sobre este controvertido rey bávaro.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El desafío
El desafío (1958)
  • 6,8
    81
  • Italia Francesco Rosi
  • Elsa Valentino Ascoli, Tina Castigliano, Paquale Cennamo, Decimo Cristiani, ...
6
El debut de Francesco Rossi
La carrera del director italiano Francesco Rosi se inicia en la segunda mitad de los años 50, en el contexto de un neorrealismo italiano cuyas obras mayores ya habían visto la luz y cuya vía estaba bastante agotada, aunque renovada en parte por una capa de barniz ideológico que permitió alargar la sombra de este género antes de que la “nouvelle vague” francesa o el “free cinema” británico rompieran la baraja con nuevas gramáticas, temáticas diferentes, tratamientos originales.

Correcto debut en solitario de Rosi, si bien algo convencional, en una coproducción italo-española que no alcanzó de momento a desvelar las claves del futuro y más reconocible estilo de Rosi, tenso y cargadamente político, presente en películas como “Salvatore Giuliano” (1962), “Mani sulla citta” (1963) o “El caso Mattei” (1972). Ya destacaba, sin embargo, su gran habilidad y fino oído para retratar las calles, costumbres, la idiosincrasia del mercado o del patio de vecinos.

Con un conseguido aire documental, gracias a la excelente fotografía de Gianni Di Venanzio –uno de sus trabajos más famosos sería “Ocho y medio” (1963) de Fellini- destaca el intenso trabajo del asturiano José Suárez como el joven ambicioso e impasible, que trata de desafiar el poder de la camorra napolitana en la venta de productos agrícolas en el mercado negro.

Interesante sin más.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las consecuencias del amor
Las consecuencias del amor (2004)
  • 7,0
    2.995
  • Italia Paolo Sorrentino
  • Toni Servillo, Olivia Magnani, Adriano Giannini, Antonio Ballerio, ...
6
“La verdad, amigo mío, es tediosa”
Insomne, ordenado toxicómano, separado, con tres hijos con los que apenas tiene relación, Titta di Girolamo lleva 8 años viviendo en un hotel, observado la vida, ajeno a ella. Es un hombre misterioso que escribe, observa, reflexiona. Poco a poco iremos averiguando más sobre este sujeto que, aparentemente, no trabaja, no hace nada, no espera nada, hombre sin atributos, fumador empedernido. Sin embargo, el amor, del que ni siquiera un hombre tan ajeno al mundo como el protagonista puede escapar, pondrá en marcha los mecanismos de una tragedia en modo irónico, casi sarcástico, en la periferia de lo sardónico.

Tras su más que interesante debut en 2001 con “L’uomo in piu” Sorrentino continúa construyendo su particular mundo de paradojas contemporáneas, pese a que no alcance aquí el refrescante nivel de la anterior y a la espera de sus posteriores y muy superiores películas, caso de “Il Divo” (2008).

Protagonizada por su actor fetiche Toni Servillo, su trabajo distanciado e irónico sostiene con entereza una película a la que le falta, tal vez, perfeccionar su propuesta y dar vía libre a un estilo tan original como el de Sorrentino, aunque ya estén presentes esas particulares maneras y obsesiones del director italiano más interesante desde Nanni Moretti.
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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dead Man’s Shoes
Dead Man’s Shoes (2004)
  • 7,0
    2.261
  • Reino Unido Shane Meadows
  • Paddy Considine, Toby Kebbell, Gary Stretch, Stuart Wolfenden, ...
8
La pesada carga de la venganza
Shane Meadows es el loco más interesante con que cuenta el cine británico, en las antípodas del preciosismo de Joe Wright, cercano, aunque muy diferente, a un Mike Leagh o a un Ken Loach. Sus producciones más destacadas “This is England” (2006) -de la que surgiría un ramillete de sucesivas series televisivas de enorme éxito- o “Somers town” (2008), protagonizadas por su actor fetiche, el adolescente Thomas Turgoose, confirmaron que estamos ante una voz enormemente original, lo que reafirma la permanente buena salud del cine británico.

Como tantos directores británicos de fuste desde los años 40 (podríamos remontarnos a Charles Crichton o Basil Dearden por citar sólo dos nombres y no aburrir al lector) es deudor de un cine realista, nacido de su inicial trabajo como documentalista para la televisión. Meadows mezcla, en el marco naturalista de las típicas comedias británicas de los 90, un argumento de película de terror adolescente con algo de cine de spaghetti western y samuráis, para inundar de mala baba esta sencilla historia de una venganza sostenida, de cuya razón nos va dando poco a poco sus pistas y justificaciones.

El director británico nos ofrece el impresionante retrato social de unos mindundis, lo que le sirve para hablar de la banalidad de la violencia cotidiana en una película subversiva, impregnada de la sencilla poesía del horror, trágica, cómica e irónica a un tiempo, a ratos fascinante pero embadurnada de un fatalismo y una tensión estupefacientes. Sin fuegos de artificio, sin estridencias ni espectacularidad, con una refrescante transparencia a contracorriente de las modas del barroquismo asiático, tipo Park Chan-Wook o sobrevalorados directores de igual pelaje, un originalísimo uso de la música en forma de canciones –incluido el miserere de Arvo Pärt- y el protagonismo inquietante, cotidiano y aterrador, de Paddy Considine, coguionista de esta joya del cine de terror social, Meadows consigue una película que difícilmente nos dejará indiferentes.

Distinta.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La carretera del infierno
La carretera del infierno (1932)
  • 6,3
    56
  • Estados Unidos Rowland Brown
  • Richard Dix, Tom Brown, Rochelle Hudson, C. Henry Gordon, ...
8
“La cárcel es un paraíso”
Rowland Brown fue un curioso personaje de Hollywood, del que se contaban numerosos rumores: mafioso, comunista, alcohólico, camorrista, boxeador y finalmente cineasta, en una brevísima y desconocida carrera en la que sobresale este título, suerte de boceto o versión económica de la suprema obra maestra "I am a fugitive from a chain gang” (1932, Soy un fugitivo) de Mervyn Leroy, realizada un año después.

Producida por la RKO, con David O. Selznick como productor ejecutivo, es una estremecedora película de denuncia que retrata, con aspereza y sin retórica, las terribles condiciones de vida y el trato al que se sometía a los presos en las cárceles de Estados Unidos en los años veinte y treinta, más parecidas a los campos de concentración nazis -pero sin cámaras de gas- que a una cárcel.

Con estilo realista y gran valentía, la película habla de maltrato y torturas a los presos –la caja del sudor-, la corrupción de las autoridades o la división racial en las cárceles, lo que sólo era posible en el marco del llamado cine “precode” –de hecho la carrera de Brown finaliza prácticamente con la llegada del Codigo Hays en 1934-.

Algo rígida desde el punto de vista dramático, pero muy eficaz como denuncia cuenta a su favor con la seca y hierática expresividad de Richard Dix que trata sacrificadamente de que su joven hermano no cometa sus mismos errores.

Muy interesante
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cómo le conocí
Cómo le conocí (1946)
  • 6,4
    29
  • Estados Unidos Henry King
  • Jeanne Crain, Glenn Langan, Lynn Bari, Alan Young, ...
6
“Tu época es mi época”
Suave comedia de ambiente estudiantil, una de las primeras en describir la vida académica en un instituto de EEUU, incursión sentimental en los felices años veinte, adscrita al denominado género llamado “americana”.

En 1946 madre e hija, rebuscando en el baúl de los recuerdos, rememoran los años de instituto, a través de un largo flashback para depararnos un canto inocente, amable y nostálgico. Una abuela antigua sufragista, un padre dueño de una funeraria, lazos y circunstancias familiares, primeros amores y profesores atractivos componen el menú de esta producción en Technicolor de la 20th Century Fox, muy menor en la inmaculada filmografía del maestro King, pero que se sostiene por su tono amable, el trabajo de los excelentes secundarios y la divertida interpretación de Jeanne Crain, verdadera alma mater de estas floridas memorias de los años 20.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Diabolo menthe
Diabolo menthe (1977)
  • 6,9
    24
  • Francia Diane Kurys
  • Eléonore Klarwein, Odile Michel, Anouk Ferjac, Michel Puterflam, ...
9
Memoria de la adolescencia
Deslumbrante debut de la actriz y directora francesa Diane Kurys en este admirable retrato de la adolescencia en los primeros años 60, suerte de película autobiográfica de la autora cuyo nivel y excelencia nunca pudo repetir en su irregular carrera cinematográfica.

Frederique y Anne son dos adolescentes de 13 y 15 años, cuyos padres están divorciados y que vuelven de las vacaciones con su padre para iniciar el nuevo curso. Con un estilo naturalista pero delicado y elegante Kurys nos ofrece un vivido retrato del gozo, el misterio, el dolor y la soledad de la adolescencia.

Kurys demuestra ser una fina observadora en la descripción del mundo adolescente desde la perspectiva de estas dos hermanas. Con diálogos muy trabajados, apropiados a las dos edades de las protagonistas, sin estridencias ni mal gusto y con una excelente fotografía Philippe Rousselot, desfilan ante nuestros ojos numerosas preocupaciones personales de estas muchachas, pero también algunas cuestiones políticas: los estudios, los profesores, los chicos, las relaciones, la menstruación, los guateques, los primeros amores y decepciones, los cambios de amigos o la politización de la juventud en los 60. La película sitúa con facilidad los acontecimientos en su contexto histórico a través de ligeras pinceladas cronológicas: la independencia de Argelia, la OAS o el asesinato de Kennedy.

Gran joya del cine francés, honesta, bella y sensible. A reivindicar.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil