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Críticas de antonio1004
Críticas ordenadas por:
Movie 43
Movie 43 (2013)
  • 4,1
    8.341
  • Estados Unidos James Gunn, Peter Farrelly, ...
  • Adam Cagley, Devin Eash, Naomi Watts, Hugh Jackman, ...
8
La madre de todas las comedias
Con la spoof comedy cada vez más desgastada y puesta en entredicho, ejemplificado en las estrepitosas Epic-Disaster-Date Movies, el reducido interés que suscita cada nueva entrega de Scary Movie y la reciente salida a DVD de la temible 30 noches de actividad paranormal con el diablo adentro de la chica del dragón tatuado (Craig Moss, 2013), parecía que el sub-género que formularon brillantemente los hermanos Zucker y Jim Abrahams con Airplane estaba enterrado, cuando de pronto surge Movie 43 (2013) para seguir mutando nuestra manera de ver y enfrentarnos a la comedia.

¿Y qué es Movie 43? No hay más que observar su material promocional para hacerse una idea, pero si dejamos atrás los prejuicios, sorprende encontrar una propuesta tan renovadora y a la vez continuadora de un cierto tipo de humor, concretamente la comedia escatológica de los noventa que encabezaron los hermanos Farrelly con Dos tontos muy tontos (1994) o Algo pasa con Mary (1998), aunque todavía va más allá. Precisamente es Peter Farrelly, una de las mentes detrás del proyecto, el que tras ensayar desde el gag sobre las relaciones en pareja en Carta Blanca (2010) o adaptar el slapstick al cine de nuestros días con Los Tres Chiflados (2012), demuestra estar en plena forma creativa juntando a lo peor de cada casa para hacer la comedia más bruta jamás contada. O al menos intentarlo.

La renovación parte de convertir la propia película en una aparente excusa, la búsqueda en internet de una inventada película prohibida. Lo inesperado; que durante esta búsqueda (tan parecida a la que hacemos en youtube una noche de juerga con los amigos, pero que se torna real) surgen restos, pequeñas películas imposibles, irreales, provocadoras y obscenas, llegadas de otro mundo en el que la comedia es capaz de cruzar su límite con la misma naturalidad de una chica que le pide a su novio que le cague encima como prueba de amor. Porque en cierto modo, Movie 43 no se conforma con aglutinar diversos sketchs provocadores, por así llamarlos, sino que en el fondo es realmente una película de ciencia ficción. Parece así, ha llegado el momento de que la comedia tenga que venir del futuro o de otro universo paralelo para conseguir su espacio propio y liberarse. Estas pequeñas películas son las comedias que no habríamos podido ver ni vivir en nuestros tiempos, para las que no estamos preparados, veasé las catastróficas consecuencias de la búsqueda en la ficción y la reaccionaria recepción crítica que está teniendo como locuaz coincidencia.

Volviendo al concepto base, que podríamos denominar speech comedy por su manera de articular un discurso cómico a través de varias piezas de apenas unos minutos, realizadas por múltiples directores con experiencia cómica o sin ella, uno de los más gratos es el debut tras las cámaras de la actriz Elizabeth Banks (también en el film) y su absurda -por tener parte de real- muestra objetiva de la visión masculina sobre la menstruación.

Steven Brill, Brett Ratner, Steve Carr, Bob Odenkirk… ninguno de ellos tendrá una portada en Esquire, pero su aportación conforma una especie de equipo basura formado por directores con mala fama y dejados de lado por la industria. El resultado no será todo lo regular que equivocadamente se exige en estos casos, aunque salvo la fallida parodia del iPod todos vuelan a gran altura. Sin duda los más potentes son los dirigidos por Peter Farrelly (el inicial protagonizado por Hugh Jackman y Kate Winslet, del que por cojones es mejor no adelantar nada, y el de la extraña pareja que forman Halle Berry y Stephen Merchant, que llevan su primera cita algo lejos), capaces de trasladar el estilo de su filmografía a pequeñas e implosivas piezas cargadas de un humor aprensivo y festivo que marca el tono del film: Un alegato a la enseñanza parental en casa (con resultados propios de Todd Solondz), la mejor película de Batman y Robin nunca hecha, dos anuncios que nos romperán el corazón, una historia de superación y racismo en el mundo del baloncesto, etc… Como cierre final, tras los créditos, James Gunn, criado cinematográficamente en la Troma y autor de Slither (2006) y Super (2010), dos radicales y agradecidas anti-películas de género, destruye la comedia romántica con un adorable gatito animado en dos dimensiones que se integra en la imagen real hasta acabar con ella. Todo es posible en la comedia.

Estoy seguro de que Movie 43 habría sido mi película favorita de verla siendo adolescente (si me gusta tanto es porque quizá en parte aún lo sea) y me alegraría que lo fuera también para esta generación. En su día alquilé varias veces Mallrats, Algo pasa con Mary o South Park, las veía una y otra vez, hasta con la grabadora almacenaba sus mejores frases o canciones para volver a escucharlas. Todas eran distintas entre sí, pero estaban unidas por su afán de hacer humor de los tabúes. Y aunque dirigida a una generación de internet y no de cassette, el espíritu sigue siendo el mismo: contracultura en masa para los que encuentran y aceptan el rechazo como parte de su forma de ser.

Crítica publicada en www.revistamagnolia.es
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67 de 109 usuarios han encontrado esta crítica útil
Margaret
Margaret (2011)
  • 5,8
    1.814
  • Estados Unidos Kenneth Lonergan
  • Anna Paquin, Matt Damon, Mark Ruffalo, J. Smith-Cameron, ...
6
Sola en medio de un montón de gente
No era mi intención titular con un fragmento de una canción de Amaral, pido disculpas y dejo las armas, supongo que con ello habré perdido a los pocos lectores de esta crítica a un film con todavía menor número de espectadores, pero ciertamente encaja al describir la premisa de 'Margaret', una de las llamadas “películas malditas” de lo que va de siglo. Maldita, al fin y al cabo, por la imposición del estudio de que la duración no excediera los 150 minutos de duración, frente a sus tres horas originales, llevando con ello la dificultad para conseguir un montaje que convenciera a su director (el estrenado, dicen, es obra de Scorsese y Thelma Schoonmaker), derivando en problemas legales que la han tenido alejada de las salas comerciales hasta finales de 2011. Pero lo cierto es que no es una película digna de ese apelativo, no es provocadora, no tiene contenido violento, no hay nada maldito en ella, sencillamente es una obra sobre la incomprensión, no vende, de ahí que fuera (y finalmente haya sido) incomprendida.

Su estreno en nuestras pantallas cinco años después del fin de su rodaje supone un viaje en el tiempo a unos Estados Unidos pre-Obama y post-11S, si es que algún día dejan de estarlo, dándonos la oportunidad -casi antropológica- de presenciar una realidad que ya ha sucedido para tratar de buscarle alguna explicación. Por medio de un gran número de personajes (más de 40), Kenneth Lonergan teje diálogo a diálogo la telaraña en la que se encuentra perdida toda sociedad occidental. Como si de un MacGuffin tomado en serio se tratara, la trama la desencadena un accidente de tráfico que presencia una joven (interpretada por Anna Paquin) y por el que se siente culpable. Ese sentimiento de culpabilidad, mezclado con la búsqueda de redención y justicia, le lleva a cuestionarse todo lo que la rodea con un comportamiento propio del de una chica de su edad, repleto de contradicciones, cambios de humor, equivocaciones y miedos. La radiografía que acomete Lonergan siguiendo sus pasos emprende desde el hogar familiar, visto como el principal foco de la incomunicación y de los mayores traumas, por el que comprendemos la dificultad de ser un padre distanciado de tu hija como de ser madre viviendo con ella, hasta el instituto y la cruda labor educativa de sus profesores, pasando por el mundo judicial y policial, repleto de intereses económicos y luchas de poder que tan alejadas se encuentran de una (falta de) justicia y ética que son demasiado para una joven que suficiente tiene con creer que su país está siendo amenazado por terroristas. Todo ello en un mundo marcado en sus diálogos por el terror, la soledad y el miedo, en definitiva, el fin de la inocencia. Esta pérdida de la inocencia es uno de las razones por las que el mundo de Lisa deja de gravitar. Su relación con uno de sus profesores, que desemboca en un embarazo y futuro aborto que quedan en off en este montaje (pero que sí se incluye en el realizado por su director, estrenado en DVD) nos recalcan la idea de la innumerable cantidad de problemas que pueden asaltar una joven en nuestros días, son tantos los aspectos a tocar que no tienen cabida al final, nunca los tendrían, como nos falta siempre tiempo en una conversación entre amigos en la barra de un bar.

Lonergan, que siempre se ha reconocido como un autor teatral, ha asegurado que deja el cine para centrarse en el teatro. No se le puede culpar, la película transmite su desencanto al ver como nada cambia a su alrededor, su punto de vista es tan frustrante como así puede parecerle su resultado a un gran número de espectadores, pero películas en las que la emoción es latente y sin otro objetivo que el de arrojar una mirada tan lúcida sobre lo que somos merecen otra suerte. El gran nivel del reparto y su dirección tan consecuente hacen de 'Margaret' una película en la que adentrarse aunque parezca no está contando nada, porque sus personajes pueblan nuestras calles y en cierta medida podemos encontrarnos en sus dudas y diatribas emocionales. Su reconciliador y bello final abre una esperanza a la que siempre poder agarrarse, como al amor de una madre, aunque todo este tiempo después todavía sigamos con las mismas dudas y parezca que vamos a acabar todos como Nicolas Cage en Eurovegas. Lo siento, lo he vuelto a hacer.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ted
Ted (2012)
  • 5,5
    49.166
  • Estados Unidos Seth MacFarlane
  • Mark Wahlberg, Mila Kunis, Seth MacFarlane, Giovanni Ribisi, ...
6
Inocencia ininterrumpida
La primera película tras las cámaras de Seth MacFarlane (culpable, entre otras series de animación, de Padre de Familia) supone un doble riesgo, también para el espectador más escéptico, al ser igualmente su primera incursión en el cine de imagen real mezclado con animación 3D, un reto que supera con creces, desvelándonos el corazón que hay detrás de uno de los cómicos y guionistas más provocadores de la televisión actual, al que probablemente tan solo los creadores de South Park (Trey Parker y Matt Stone) superan en iconoclastia. Sorpresivamente, la mayor virtud de Ted no la encontramos en la irreverencia de su pequeño protagonista, sus juergas desatadas, secuencias pasadas de madre o sus inevitables diálogos subidos de tono entre litros de alcohol y porros, con los que sin duda se (re)encontrará con su público televisivo, sino en el regreso a la (perpetua) infancia en la que vive su protagonista, todo un eterno inmaduro incapaz de comportarse como un adulto, tanto, que su mejor amigo no es otro ni más ni menos que su oso de peluche.

Como si de un reverso del James Stewart de 'El Invisible Harvey' (Henry Koster, 1950) se tratara, el personaje interpretado por Mark Wahlberg (al que Shyamalan despertó una indudable vena humorística en 'El Incidente', ya latente en 'Boogie Nights' y que terminara de explotar en 'Los Otros Dos', todas ellas más que reivindicables) no imagina a su peludo acompañante, en aquellla un conejo, sino que su existencia se origina tras pedir un deseo siendo un niño. Y MacFarlane, en un prólogo capaz de contener el espíritu del mejor Spielberg pero con la capacidad de revisitarlo con ironía, nos hace creer que el mundo entero asume que su oso de peluche cobrara vida. Una matización, necesaria o no, que si en aquella película el no hacerla centraba todo el peso dramático, aquí se asume con un encanto que, al igual que la particular existencia de Brian, el perro de la familia Griffin, forma parte de su estilo.

El conflictivo triángulo al que da lugar la presencia del oso en medio de la relación de pareja es probablemente lo más tópico y recurrente de la función, pero sirve para hacer zozobrar la inocencia de su irresponsable protagonista, que recurre a la nostalgia, los tebeos de Tintín y los revisionados de su película favorita de la infancia como reflejo del niño que dejó de crecer el día que su oso cobró vida. Una negación a la madurez que queda impresa en la hedonística secuencia de la fiesta (que nos recuerda en su pulsión a la de los efectos secundarios de la droga psicotrópica de la reciente Infiltrados en clase, con la que comparte más que trasfondo), una celebración de la que el protagonista no quiere salir nunca, pero que pone en peligro su relación y su hasta entonces tranquila vida, llegando hasta el punto de encontrarse solo por negarse a ser un adulto. El componente fantástico entra en escena con una persecución y rescate que descubren la parte más tierna y emotiva de un humorista que para serlo, sabe que cada risa encierra detrás una furtiva lágrima. Un abrir y cerrar de ojos que romperá el corazón a más de uno, pero con el que descubrimos que quizás para vivir estos oscuros tiempos no puede ser bueno negar nuestra parte más infantil y pura, por mucho que nos obliguen a madurar aunque no estemos preparados, ni siquiera cuando lo estamos. Por ello, MacFarlane se siente cómplice de las travesuras del pequeño Ted, y con su mágico final nos da la oportunidad de disfrutar nuestra nostalgia de nuevo. Porque es nuestra pero no debe ser nosotros, tan solo debemos reconocerla y aprender a vivir con ella, como buenos hijos tróspidos que en el fondo somos.

www.revistamagnolia.es
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El caballero oscuro: La leyenda renace
El caballero oscuro: La leyenda renace (2012)
  • 7,5
    96.235
  • Estados Unidos Christopher Nolan
  • Christian Bale, Anne Hathaway, Tom Hardy, Joseph Gordon-Levitt, ...
4
¿Por qué tan serio?
Hay una secuencia de este último y solemne acercamiento de Nolan a la figura del héroe de Gotham que define la película y su propio cine. Más allá de lo intrincado del asunto, llegado un momento Bruce Wayne se encuentra preso en una cárcel de la que tan solo se puede escapar trepando por su muro hasta llegar a una repisa desde la que dar un salto físicamente imposible para cualquiera. Tras varios intentos en balde, un místico preso le da un consejo que bien se podría aplicar el realizador británico: Si quiere alcanzar el otro lado de la repisa, debe subir sin una cuerda que lo sujete para así temer a la muerte, solo sintiendo ese miedo será capaz de lograrlo. Y no voy a adelantar si lo consigue o no, pero el que no logra sentir ese miedo es un Nolan que concluye su exitosa trilogía de Batman a sabiendas de que tiene al público convencido de antemano, de que no puede caer, fallar es imposible. Todo está tan calculado y medido que no hay película que contar, y lo que cuenta lo hace sin mostrar coherencia por el desarrollo de sus personajes, abusando de giros tramposos y recursos narrativos pobres para alargar su estirado metraje, aglutinando diálogos supuestamente trascendentes con enormes y estruendosas secuencias de acción tras las que no se encuentra una disyuntiva sobre el poder fáctico como pretende dibujar, fallando estrepitosamente al construir la anarquía que genera Bane a su llegada a Gotham.

Resulta difícil tomar en serio una película que, como ya intentaran sus antecesoras, pretende buscar cierto tono realista y grandilocuente a través de una galería de personajes tremendamente profundos (todos y cada uno de ellos arrastran dramas familiares que los han marcado para siempre) en un contexto muy consciente -aunque poco consecuente- que recrea el skyline de Manhattan como imaginario del terror más actual post 11-S, el del poder de la bolsa y los mercados que en las manos equivocadas nos pueden llevar hacia la anarquía, creando sin saberlo una especie de monstruo político y social del que es mejor no tratar de extraer conclusiones, al menos no medianamente serias, porque su postura no es precisamente acertada, mucho menos certera, nada que ver con el lúcido discurso final y el trasfondo de El Dictador, con la que casualmente coincide en cartelera.

Mientras Baron Cohen asume todas las consecuencias de la dirección de sus palabras, Nolan no se atreve a pronunciarse con voz propia, pero no solo en su discurso, sino tampoco cinematográficamente. Construye su puesta en escena de una manera tan preocupantemente sólida de la que no se atreve a salir. De hecho, repite composiciones (y hasta planos) constantemente, se encierra en su montaje de tal manera que da la sensación de que habría secuencias de Origen o del anterior Caballero Oscuro que podrían encajar perfectamente en esta película y jamás nos daríamos cuenta. Esta supuesta seguridad y muestra de su confianza tras las cámaras, lejos de ser una buena señal de la salud de su obra, refleja lo dicho al comienzo: Nolan todavía no ha saltado sin cuerda, no se atreve a tener miedo a fallar, por mucho que en su cine se sufra, el fotograma no siente, quizás no es capaz de hacerlo, no hay espontaneidad, aunque un maravilloso Michael Caine se empeña en llevarle la contraria.

Finalmente, y si uno hace acopio, son demasiadas concesiones que dar en una película (trilogía, filmografía) que como es habitual en Nolan, se toma demasiado en serio a sí misma, pero que incoherentemente acude con descaro a lo fantástico como escape a los múltiples recovecos de su argumento, repleto de agujeros. Empeñado en capturar la atención y tensión del respetable a cada instante, tan solo las apariciones de Anne Hathaway (a la que en otro extraño ataque de seriedad nunca se llega a llamar Catwoman) otorgan algo de necesaria ligereza y efusión a la película, que rápidamente se encarga de hacer desaparecer la irrupción ensordecedora de una banda sonora -del cada vez más retumbante Hans Zimmer- que termina por asfixiar, no dando respiro a la narración ni al propio espectador, que sufre viendo como imagen y sonido se imponen sin encontrar razón de ser. Y no deja de ser cierto que Nolan consigue ser espectacular y distraer hasta en sus momentos más absurdos y con menor sentido a base de acumular tramas, pero a cambio ha dejado de sustentarse aquella afirmación ampliamente repetida de que el Batman de Nolan era un superhéroe realista. Tras asistir atónitos a todo lo que vuela, explota y sobrevive en Gotham, “el realismo del héroe” se ha caído por completo, aunque ciertamente tampoco se sustentaba demasiado en sus dos anteriores e igualmente disfuncionales films, lo que no se les veían tanto eran las costuras.

¿Y qué queda cuando ya se nos ha dicho todo pero no hemos escuchado nada? Viene siendo habitual en su cine que, en lugar de sugerir, Nolan haga de su obra un ente explícito (con nombres y apellidos), algo que se confirma con su obvio epílogo, pero lo que ha quedado claro con ese final es que esta trilogía no deja un rastro o resquicio de duda que nos pueda hacer volver a verla diez años después (ni diez días) para descubrir aunque fuera una segunda lectura o un pasaje perdido. Al hacerlo solo encontraremos restos de ruido y furia de un en su día llamado gran cine que, a lo mejor por el excesivo reclamo que atraen obras tan cuestionables como esta, no parecía pasar por su mejor momento.
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14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
El dictador
El dictador (2012)
  • 5,4
    37.519
  • Estados Unidos Larry Charles
  • Sacha Baron Cohen, Anna Faris, Ben Kingsley, Jason Mantzoukas, ...
7
La risa como acto revolucionario
Emulando al discurso final de Charles Chaplin en El Gran Dictador (1940), salvo tras una cantidad innumerable de chistes políticamente incorrectos o directamente de mal gusto, el irreductible Baron Cohen, en su rol de dictador de la inventada nación de Wadiya, lanza un profundo mensaje desde la sede de la ONU al mundo demócrata a favor de su dictadura en el que en realidad desvela los males que asolan al sistema actual. La corrupción política, la desigualdad y la pérdida de derechos que parecen salidos del peor de los gobiernos dictatoriales, todo ello, resulta que está más cerca del pueblo americano (y por ende, del nuestro) de lo que nos gustaría pensar, ver y sentir día tras día como ya estamos haciendo. Pero aquí sí hay chiste que valga.

El humor en este ocasión funciona no solo como herramienta evasiva, sino como una reflexión sobre lo poco que nos podemos reír en la realidad, nos recuerda que con el camino que están tomando las cosas ya no estamos para bromas. Y es cierto que con estas expectativas tan transgresoras su visionado finalmente puede saber a poco o incomodar a más de uno por su mal gusto, pero a su favor hay que decir que el último atentado humorístico de Baron Cohen deja la sensación de que podría hacer tenido cinco guiones diferentes. Esta película es así porque lo fue, pero podría haber sido de otra manera distinta incluyendo muchas de las secuencias eliminadas que se preveen o alternando los chistes que se van improvisando o escribiendo sobre la marcha. Y aunque su sentido del humor no siempre sea tan certero, los dirigibles siguen siendo los mismos. Más que por su conjunto la película funciona por un trasfondo tan explosivo que ataca a todos los frentes y despierta todas las conciencias posibles, siempre y cuando se esté preparado para ello.

Que a lo largo de la promoción sea el propio Dictador Aladeeen el que hable a la prensa y conceda entrevistas, en lugar de Sacha Baron Cohen, lo dice todo. El gag traspasa de la barrera de lo cinematográfico para integrarse en nuestras vidas, en nuestra propia realidad. Como si Wadiya existiera y en realidad la parodia fuera nuestro propio mundo y no el de la película. Lograr esa confusión es uno de los méritos de un Baron Cohen que ya ocasionó controversia con los anteriores films de sus personajes televisivos, logrando salir antes en las noticias por colarse en un desfile que luego veríamos en la gran pantalla, dejando ahora atrás el estilo de falso documental que tan bien funcionara en Borat (Larry Charles, 2006) para hacernos creíble el lado oscuro del sueño americano, que terminara de explotar (al menos de momento) con Bruno (2009) y su faceta de camión recolector de la telebasura. Un formato que, una vez descubierta su falsa realidad limitaba la fiereza de su propuesta, en contra, este cambio al cine convencional le permite propulsar con mayor potencia su mensaje, ese que también comparte espacio con su versión más escatológica, que algunos disfrutamos en Ali G (Mark Mylod, 2002). Y al que no le guste, que le corten la cabeza. Desgraciadamente, si no lo hace él, ya se encargarán poco a poco de hacerlo otros mal llamados demócratas.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Elefante blanco
Elefante blanco (2012)
  • 6,2
    4.634
  • Argentina Pablo Trapero
  • Ricardo Darín, Jérémie Rénier, Martina Gusman, Federico Barga, ...
6
El infierno nuestro de cada día
Como si de un regreso al de 'Apocalypse Now' (1979) se tratara, Pablo Trapero evoca la obra de Coppola en el prólogo, emprendiendo un viaje a la selva del amazonas en el que, sin diálogos, presenta el encuentro de sus dos protagonistas, Ricardo Darín y Jérémie Renier (habitual en el cine de los hermanos Dardenne), ambos sacerdotes en sacrificio espiritual frente a la barbarie. La banda sonora de Michael Nyman ('El Piano') realza la enormidad de este viaje, una épica que crece en su vuelta a casa. La lucha contra el sufrimiento cotidiano se presenta todavía más dura y heroica que el mayor de los horrores. Razón no parece faltar tras asistir a esta epopeya diaria que refleja con crudeza las desigualdades sociales en un poblado marginal por la falta de apoyo del gobierno y las altas esferas eclesiásticas a los que más lo necesitan.

Elefante blanco es el simbólico nombre de un hospital jamás terminado junto al que se expande una de las villas más peligrosas y necesitadas de Buenos Aires. Trapero dibuja este paisaje por medio de un largo y dialogado plano secuencia que recorre el espacio fílmico a transitar durante la película. Caminando desde el hospital en ruinas hasta la pequeña Iglesia, elabora una presentación con la que no solo nos integra dentro de la villa, un barrio chabolista marcado por la pobreza y la delincuencia en el que se va a desarrollar la acción, sino que da forma y razón de ser al estilo visual de la película. Alejándose del impacto visual de 'Ciudad de Dios' (2002) o 'Tropa de Élite' (2007), el director de 'Leonera' imprime un tono más naturalista a ciertas secuencias que en aquellas películas habrían tenido connotaciones más espectaculares y efectistas, como en la que el cura Nicolás se adentra en la zona de los narcotraficantes o en los distintos ataques de la policía en la villa, sin buscar el morbo gratuito, con respeto, rechazo e incluso con cierto miedo a la violencia y sus consecuencias.

Si 'Carancho' (2010) era un noir hiperrealista, su última película es un drama social con un similar trazo de hiperrealidad que en el fondo contrasta con el calado de las historias personales que entrelaza (demasiadas) y con la carga dramática que ejerce tanto en la banda sonora o en la dirección, en ocasiones demasiado cercana a la épica en busca de la emoción, algo difícil de encajar en un relato pretendidamente realista (véase el retiro espiritual en el epílogo).

(Continúa en "spoiler")
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21 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
El planeta de los caracoles
El planeta de los caracoles (2011)
  • 6,7
    47
  • Corea del Sur Yi Seung-jun
  • Documentary
5
La vida del caracol
'Planet of Snail', que fue a la postre la ganadora del primer premio al largometraje internacional en la novena edición del festival Documenta Madrid, arrojaba una mirada poética y descorazonada sobre la vida de un joven coreano, ciego y sordo, que acompañado de su novia encontraba nuevas formas de comunicación para lograr expresarse. La escritura de una obra de teatro (también representada por sordos e invidentes) y su particular contacto físico con el mundo (los árboles, el aire, sus sueños) nos abren sus pensamientos y su frustrado corazón atrapado en un cuerpo de caracol. Un documental lo suficientemente honesto y frágil como para impresionar, sin forzar ni explotar emocionalmente a su protagonista, pero también falto de mayores riesgos formales como para considerarla una obra de superior relevancia que los sueños de su protagonista.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Whisky & Vodka
Whisky & Vodka (2009)
  • 6,3
    27
  • Alemania Andreas Dresen
  • Henry Hübchen, Corinna Harfouch, Sylvester Groth, Markus Hering, ...
6
Vivir rondando
Ellos son como el Whisky y el Vodka, no se pueden tomar juntos, pero bebidos en compañía nos pueden hacer pasar un buen rato. Dresen cambia de tercio y con 'Whisky y Vodka' (2009) aborda desde la comedia el siempre agradecido tema del cine dentro del cine, y lo hace con la compasión y el sarcasmo necesario como para compadecernos por cada uno de los integrantes del reparto y el equipo técnico que dan vida al film que se está rodando dentro de la propia película. Un rodaje que sufre un inconveniente, su protagonista siempre anda borracho, pero como es un actor demasiado importante para el éxito del film como para buscarle un sustituto, deciden contratar a un actor desconocido para rodar junto a él sus secuencias e intentar motivarle. El argumento (basado en una historia real) no solo da para divertidos malentendidos, sino par ahondar en la tristeza que hay detrás de los egos, en las relaciones amorosas pasajeras y en la soledad tras los focos que se acaba ahogando en una botella de alcohol.

Con un tono estilizado que rompe con sus anteriores films, y que desde el primer plano y los títulos de crédito recuerda a Woody Allen, tampoco pretende explotar el humor negro ni el gag visual, de hecho tiene una oportunidad desternillante en la secuencia a la salida del hospital y se decide no hacer uso de ella, que los alemanes tienen por algo ganada la fama de serios. Como su protagonista clama, Dresen tan solo pide un poco de respeto y cariño para los que hacen cine. Desde el técnico de sonido hasta el ayudante de realización, pasando por el director y los actores, todos durante el rodaje forman una gran familia que conviven teniendo sus más y sus menos, los que agridulcemente consigue capturar.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
En las nubes (En el séptimo cielo)
En las nubes (En el séptimo cielo) (2008)
  • 6,2
    588
  • Alemania Andreas Dresen
  • Ursula Werner, Horst Rehberg, Horst Westphal, Steffi Kühnert
5
Yo amo, tú amas, ella ama (de casa)
Continuando en su filmografía con la infidelidad como leitmotiv, 'En las nubes' (2008) añade un punto provocativo al tratar la relación de una mujer casada con su amante, todavía mayor que ella. Los momentos de desnudos son frecuentes y Dresen no se corta al mostrar las escenas de sexo, una decisión de lo más arriesgada por incómoda para el espectador, pero con la sensibilidad necesaria para responder las dudas vitales y sexuales de su protagonista, que con más de sesenta años y cansada de su vida descubre que puede recuperar la pasión perdida, aunque sea en brazos de otro hombre.

El estilo combina la medidísima cámara en mano en las secuencias más carnales, con largos planos fijos para entrar en la rutina del matrimonio y de su marido, tan aburrido como obsesionado por el sonido de los trenes, que contrasta con la locura e irónica juventud de los encuentros con su amante. Y en todo este caos descubriremos que tanto los adultos como los más mayores, en esto del amor siempre se acaban comportando como críos. En definitiva, una cruda mirada al amor en la tercera edad que se mantiene de nuevo desarropada de juicios morales, pese a que con su final pretenda dar una cierta lección a tanto hedonismo.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
A media escalera
A media escalera (2002)
  • 6,5
    128
  • Alemania Andreas Dresen
  • Steffi Kühnert, Gabriela Maria Schmeide, Thorsten Merten, Axel Prahl
6
Esperando al horóscopo del amor
Si una particularidad sobresale en 'A media escalera' (Halbe Treppe, 2002) es la no existencia de un guión que rigiera el rodaje ni la producción, compuestos por un equipo técnico mínimo. Tanto el director como los actores improvisaban constantemente, esto unido a la grabación en video digital y a la cercanía de la cámara en mano, da lugar más que a una película a una intromisión en las vidas de dos parejas amigas de las que nadie se espera vaya a salir una nueva. Porque su ojo no hace juicios de valor, retrata a sus personajes tal y como son, o como quiere que sean, sin demagogias. Les deja crecer, equivocarse y aprender, quizás para volver a equivocarse, pero tomando sus propias decisiones como entes libres dentro de la obra. Tocando el tema de la infidelidad podría haber caído con facilidad en discursos moralistas, pero en absoluto, de hecho en boca de uno de sus personajes se podría resumir su postura: “Debería tener remordimientos, pero no tengo ninguno”

Al principio el tono visual elegido puede resultar feísta, pero con el paso de los minutos y la acertada (y decidida) puesta en escena de Dresen, los elementos improvisados comienzan a tomar forma y nos adentran en los sentimientos y soledades rutinarias de cada uno de sus protagonistas. Lo que antes estaba oscuro ahora está más claro, y viceversa. La cámara en mano y la crudeza con la que expone esta infidelidad entre parejas parece seguir la corriente Dogma impulsada por Von Trier y ejemplificada en 'Celebración' (Thomas Vinterberg, 1998), con la que entre otras cosas comparte la erupción de los traumas familiares, pero no se queda ahí. La ruptura de la cuarta pared con entrevistas a los protagonistas y el uso de música diégetica tocada por la banda 17 Hippies dan un toque surrealista y absurdo que la acerca (no solo por el parecido musical del grupo) a la obra de Kusturica y las excéntricas apariciones de la No Smoking Orchestra.

Y aunque no sea una película redonda y esté por debajo de sus referentes, es un buen recuerdo de lo que el cine europeo algún día quiso ser, tratando de alcanzar la máxima emoción desde la mínima expresión cinematográfica aunque finalmente se quedara a media escalera
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Viento del oeste
Viento del oeste (2011)
  • 6,3
    31
  • Alemania Robert Thalheim
  • Friederike Becht, Luise Heyer, Franz Dinda, Volker Bruch, ...
5
Just like Germany
'Viento del oeste' (Robert Thalheim, 2011) es el poético título de un film como simbolismo de dos Alemanias con miedo a un cambio que finalmente era imposible de evitar. Un año antes de la caída del muro de Berlín, una furtiva historia de amor quiebra esa barrera y origina el cambio. Dos hermanas entrenan remo en un campamento según la rígida disciplina deportiva la República Democrática Alemania, pero descubren otra vida junto a dos chicos del otro lado del muro, con los que a través de las canciones de The Cure y Depeche Mode abrirán los ojos para atreverse por fin a decidir algo en su vida, aunque esa decisión ponga en juego todo lo demás, hasta su propia unión.

Entre vinilos, walkmans, besos a escondidas y fronteras (tanto territoriales como emocionales) recordamos una época no tan lejana en la que la libertad era el mayor de los riesgos. Unos riesgos a los que no nos somete una película demasiado previsible y confortable, que se ampara en la melancolía de otros tiempos sin carreteras secundarias ni baches que compliquen el camino, como si ellos mismos ya supieran que la historia iba a tener un final feliz.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tres cuartos de luna
Tres cuartos de luna (2011)
  • 6,3
    22
  • Alemania Christian Zübert
  • Elmar Wepper, Mercan-Fatima Türköglu, Ivan Anderson, Katja Rupé, ...
3
El abuelo (no) tiene un plan
A estas alturas no sorprende a nadie que aparte de la más que digna nueva adaptación de 'Los Cinco', la ganadora del premio del público del 14º Festival de Cine Alemán fuera la única comedia del festival. Y aunque en el fondo 'Tres cuartos de luna' (Christian Zubert, 2011) realmente sea un drama más agrio que dulce, las formas son tan complacientes y buscan con exceso la complicidad del respetable que no extraña se acabe ganando su corazoncito.

Es la versión amable de la magnífica 'Contra la Pared' (Fatih Akin, 2004), otra manera de tensar y abordar la relación entre alemanes y turcos. En esta ocasión desde el punto de vista de un taxista cascarrabias ya entrado en años al que su mujer ha dejado, que de pronto debe afrontar su soledad haciéndose cargo de una dulce niña turca, perdida y sola en Alemania tras la caída en coma de su abuela. Ya el argumento aglomera de por sí un número demasiado grande de casualidades, pero lo grave es que son estas las que mueven arrítmicamente una trama que desperdicia el buen hacer de sus dos protagonistas y su particular relación, que finalmente ayudará a su protagonista a comprender toda la vida que tiene por delante. Sudores fríos.

Su final resulta más obligado que convencido, propone un viaje de vuelta como redención que no convence, porque no había nada que redimir, quizás tan solo no ofrecer al espectador una visión más auténtica del conflicto social que toca.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Las aventuras de los cinco
Las aventuras de los cinco (2012)
  • 4,6
    227
  • Alemania Mike Marzuk
  • Elyas M'Barek, Anatole Taubman, Armin Rohde, Valeria Eisenbart, ...
6
Los cinco vuelven de nuevo
La mayor alegría y sorpresa del 14º Festival de Cine Alemán la disfrutamos los afortunados que fuimos al pase matinal de 'Los Cinco' (Mike Marzuk, 2012). La nueva adaptación cinematográfica de la famosa saga literaria juvenil de Enid Blyton superó prejuicios y convenció tanto a los niños que llenaban la sala como a los (no tan) adultos allí presentes, que sin duda dejamos de serlo por un rato.

Más que tratando de adaptar fielmente los libros, su director logra capturar su encanto, trasladándola a la actualidad sin perder la esencia. Partiendo desde el principio, lógicamente presenta a sus personajes con el primero de la saga “Los cinco y el secreto de la isla”, pero la trama discurre con variaciones del argumento de “Los cinco otra vez en la isla de Kirrin”, creando una historia tan propia como auténtica y digna de lo que serían Los cinco en nuestros días. Y da gusto comprobar que es posible hacer películas infantiles sin efectos especiales, solo buscando sentimientos como la amistad y la aventura juvenil más pura, cine lleno de imaginación y humor, de otra época y para otra generación, como lo eran los niños lectores de Los cinco, tan distintos a los niños de hoy en día. Y quiero creer que si uno de estos viera por equivocación la película, sentirá la necesidad de leer los libros. Si por un instante los disfruta y se evade de la realidad para entrar en su mundo, esta modesta adaptación ya habrá cumplido su objetivo.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bitelchús
Bitelchús (1988)
  • 6,8
    47.910
  • Estados Unidos Tim Burton
  • Michael Keaton, Alec Baldwin, Geena Davis, Winona Ryder, ...
7
El sueño de la razón produce monstruos
Quizás los primeros cortos de Tim Burton eran demasiados oscuros para Disney (y por qué no decirlo, también demasiado geniales), por lo que no fueron ellos, sino Warner Bros, quienes permitieron al de California dar el salto al largometraje. Y lo hicieron dando primero rienda suelta a las aventuras del infantil mundo de Pee-Wee (el eterno niño encarnado por Paul Reubens), para a continuación permitirle crear el otro mundo, el del más allá y pesadillesco de Bitelchús, más cercano –al menos en espacio- a las inquietudes y el universo de un Tim Burton que nos abría las puertas de su cuarto oscuro.

No deja de ser curioso (y todo un acierto) que el personaje que da título a la película no sea más que un secundario de la misma. Bitelchús es el joker de la función, el as en la manga de Burton para dar forma a nuestras peores pesadillas. Un ser con un sano humor escatológico que, dosificado en pequeñas gotas y rodeado de un acertado suspense, termina por robar todo el protagonismo a la feliz pareja formada por Geena Davis y Alec Baldwin. Bueno, feliz hasta que pasan a mejor vida y tienen que lidiar con los nuevos habitantes de su casa, a los que tratarán de echar haciendo lo que les toca como fantasmas: asustándoles.

Ante una premisa tan particular se agradece no encontrarnos un drama sobre el paso de la vida a la muerte, como tampoco se pretende ahondar en la tragedia ni aparecen sentimentalismos de ningún tipo, tan habituales últimamente. Al contrario, los protagonistas afrontan su fallecimiento con una entereza digna de elogio, intentan adaptarse a su nueva situación aunque hayan perdido todo lo que tenían, resistiéndose a abandonar lo único que les queda, su casa. Este conflicto da lugar a generosas situaciones en las que el terror y la comedia son uno. Las peculiaridades de los nuevos inquilinos y el encanto de que la hija de estos pueda verles (¿Es Wynona Ryder la primera niña gótica y simbólica fan del cine de Burton?) hacen el resto, junto a un diseño de producción de lo más tétrico mediante el que (continuando el estilo del mejor Sam Raimi, que acababa de estrenar Terroríficamente Muertos) Burton construye diversas secuencias terroríficas en las que lucen y se disfrutan los cuidadísimos y artesanales efectos especiales (que recuerdan a los de La Cosa de John Carpenter), como las maquetas construidas para la ocasión, que le dan un encanto y personalidad arrebatadora a esta anti-fábula sobre la (im)posible convivencia entre los vivos y los muertos.

Pero recuerda, no digas su nombre tres veces o aparecerá para dar forma a la peor de tus pesadillas. Aunque estar muerto tampoco parece precisamente un sueño, por lo que si te aburres, ya sabes….
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ed Wood
Ed Wood (1994)
  • 7,5
    43.705
  • Estados Unidos Tim Burton
  • Johnny Depp, Martin Landau, Patricia Arquette, Sarah Jessica Parker, ...
8
De mayor quiero ser director de cine
Es difícil comprender hasta que punto la imagen que tenemos de Edward Davis Wood Jr. viene de lo que sabemos sobre su vida o del recuerdo de alguna de sus películas (si es que las hemos visto), resulta inevitable establecer el film de Tim Burton como una obra capital para edificar su historia, una película a partir de la que podemos dar imagen y sentido a su desdichada trayectoria tras las cámaras. Ed Wood (1994) funciona maravillosamente como sentido homenaje a su protagonista, pero lo hace afianzada por su labor como apasionante reconstrucción de una vida incompleta y olvidada a la que el cine le debía una. Y Tim Burton se la devuelve con creces. Su mayor logro es conseguirlo sin acercarse al temido biopic, sin edulcorar ni ocultar ciertas partes de su vida, como viene siendo habitual para idolatrar o defenestrar al susodicho/a. Burton, probablemente en el mejor momento de su carrera, recrea su vida sin trasladarla a su oscuro mundo particular, siendo desde la realidad (las secuencias de los rodajes y los personajes que rodean a Ed tratan de ser de lo más fidedignos) llevada a territorios de la más pura ficción (su revelador –y falso- encuentro con Orson Welles) como consigue transmitir su esencia, la de un pobre iluso que, por malas que fueran, tan solo era feliz haciendo películas. Bueno, y también vistiéndose de mujer, nadie es perfecto.

Aunque sea bonito pensar que era un tipo especial, su ambición y posterior patetismo así nos lo pueden hacer creer, la realidad es que, obviando sus fetichismos, la de Ed Wood fue una vida humilde y olvidada como la de cualquier otro desconocido, aunque se empeñara en no serlo. El éxito, por llamarlo de algún modo, por mucho que lo quisiera nunca le llegó. Su mayor triunfo, ser tan malo como para ser elegido tras su muerte como “el peor director de cine la historia”, cambió su historia para siempre. Un premio, probablemente el primero, que sin duda habría recogido encantado. La suya era una vida apasionada por un cine que no le devolvió todo el sentimiento que le puso, tanta ilusión y convicción que contrastaba con su escaso talento y técnica, defectos que a nuestros ojos se suplen con la candidez y entrañable torpeza que generan la imaginación de sus películas más conocidas.

(sigue en spoiler)
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sombras tenebrosas
Sombras tenebrosas (2012)
  • 5,3
    34.788
  • Estados Unidos Tim Burton
  • Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Eva Green, ...
3
Fantasmas (y vampiros) del pasado
Aunque no por ello menos cierto, sería recurrente, e incluso tópico, decir al respecto de las últimas películas de Tim Burton que cualquier tiempo pasado fue mejor, ya que no es tan solo el caso. La realidad es que para el director de 'Eduardo Manostijeras' (1990) cualquier tiempo fue pasado, lo que es todavía más grave. A cada película comprobamos que su lugar no es este, que su tiempo ya pasó, su cine se ha esfumado al ritmo que el niño de su interior ha crecido, dejando de soñar (y de tener pesadillas), dejando de lado la inocencia que le caracterizaba por una cada vez más pragmática y menos estimulante toma de decisiones artísticas. Su fascinación por crear mundos extraños en los que poder ser uno mismo se encuentra perdida y desvirtuada por completo, quedando tan solo una sombra del asustado niño que fue, un niño perdido ahora en mundos de lo más comunes, obligado a recrearlos de nuevo durante toda la eternidad.

La última de estas sombras, lejos de ser tenebrosa, no podría resultar más convencional. Una supuesta comedia de terror en la que el terror hace reír y la comedia da miedo, siendo generosos. Al estar ambientada en los 70 (época en la que tenía lugar la serie original), el diseño de producción ansía quedar repleto de las suficientes referencias (tanto sonoras como visuales) para hacernos viajar en el tiempo, pero en cambio, es tal el abuso (y el mal uso) de estas referencias, que la traslación queda carente de credibilidad o sensibilidad alguna. Todo ello perfectamente ejemplificado en una fastuosa fiesta setentera rematada con una gratuita aparición de Alice Cooper, que casualmente también actuaba en 'Wayne’s World' (1992). La comparación ya está hecha.

Tanto el pueblo pesquero como la mansión de los Collins son un espacio fílmico inexistente, fantasmal, lugar de tránsito de unos muertos que regresan a una condenada vida en la que no encuentran el descanso eterno soñado. Una maldición narrada a modo de tétrico prólogo (algunas de sus imágenes son de lo poco rescatable del film, pese a su premura nos hacen creer que no todo está perdido) es el punto de partida de una historia de venganza eterna consumada en acto de amor y fuego, con el rugir de las olas rompiendo en las rocas de un acantilado como constante nexo de unión para el pobre entramado del puñado de personajes que se agolpan en pantalla buscando un poco de atención que el guión no les da, y que la dirección tampoco les presta. Burton parece estar más pendiente de los gags y los momentos erótico-festivos que de construir una ficción sólida alrededor del vampiro Barnabas, un personaje que pierde todo atractivo al no ser más que la enésima y aborrecible transformación de un Johnny Depp cada vez más ridículo y fuera de lugar en este tipo de papeles.

(Continúa en spoiler)
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16 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
Infiltrados en clase
Infiltrados en clase (2012)
  • 5,6
    18.646
  • Estados Unidos Phil Lord, Christopher Miller
  • Jonah Hill, Channing Tatum, Brie Larson, Dave Franco, ...
5
Vuelta al cole
Uno de los mayores aciertos del guión de 'Infiltrados en clase' (co-escrito por el propio Jonah Hill, protagonista del film) es el de alejarse de la serie de los ochenta en la que basa la película (21 'Jump Street', aquí llamada 'Jóvenes Policías'), absorbiendo tan solo el esqueleto del material original para lograr así funcionar con una generación youtube totalmente distinta a la que vio la serie en su día, pero sobre todo para integrarse decididamente en la llamada Nueva Comedia Americana, buscando claves como la inmadurez y el eterno regreso a la infancia (en este caso adolescencia) de sus protagonistas, que, incapaces de encontrar su sitio en el mundo adulto, son obligados a volver como policías de incógnito al instituto. Y lo que aparentemente supone la misión de resolver un caso de tráfico de drogas, en el fondo les lleva a poder solucionar sus amplias insatisfacciones vitales.

Sus protagonistas fueron los estereotipos de un cine de institutos que ya no existe: el guaperas sin cerebro y el cerebrito marginado que tantas veces hemos visto en la pequeña y gran pantalla. Pasados los años, ambos coinciden en las pruebas de acceso a la policía. Tan distintos, pero ya tan iguales ante la adversidad, olvidan sus rencillas y descubren que se necesitan el uno al otro para suplir sus carencias y poder superar las pruebas físicas e intelectuales. Antaño enemigos acérrimos, unen sus fuerzas para salir adelante en el mundo que les rodea, pero no es suficiente, siguen siendo los polimorfos perversos de un cine de institutos al que están condenados a volver para corregir los errores del pasado. No están preparados para un mundo real mucho más complejo y peligroso que el de los pasillos de un instituto en el que olvidaron algo más que la mochila.

Entendiendo el instituto como base del crecimiento individual, del mismo modo también actúa como principal foco de complejos y desórdenes que continuarán en la edad adulta. Al encontrarse en su regreso los dos protagonistas fuera de lugar (el instituto ya no es lugar inhóspito que era antes, la multitud de tribus urbanas ha crecido en armonía, es más complicado establecer una clara tipología como otrora) descubrirán lo ridículos que fueron en su día, tratando de encajar donde entonces no pudieron y enfrentándose a sus mayores miedos: ya sea juntarse con los nerds a los que antes rechazaba o besar a la chica que nunca pudo invitar al baile de graduación. Unos miedos que al verse superados les harán por fin completar una educación obligatoria carente de estímulos y autoestima, consiguiendo tras ello ser capaces de resolver hasta el más difícil de los casos, incluido su futuro laboral.

(sigue en spoiler)
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4 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Transeúnte
Transeúnte (2011)
  • Brasil Eryk Rocha
  • Fernando Bezerra, Beatriz Morelli, Luciana Domschke, José Paes, ...
5
Caminante, no hay camino
Cobran verdadera importancia los festivales de cine online como Iberfilmamerica cuando nos acercan a propuestas tan radicales como esta, que de otra manera difícilmente podrían asomarse a nuestras pantallas. Me pregunto cuál sería el espacio en el que se pudiera proyectar 'Transeúnte' sin sentirse fuera de lugar, donde encontrara su público. Como su propio nombre advierte, para no ser olvidada tendría que transitar y perderse de festival en festival hasta encontrarlos, ya que su paso por salas comerciales se antoja un imposible para una obra de estas características, pues el film de Eryk Rocha está mucho más cercano al cine experimental que a la ficción o el documental al uso. De hecho, podría funcionar igualmente y pasar como ficción que como documental, es indiferente. Y ese es el mérito de un trabajo esforzado por aproximarse al día a día de su protagonista, Expedito, seguir su camino y no hacernos sentir otra cosa más que su ruido, sus ruinas, su soledad. Las mismas que comparte con una ciudad en eterna vía de desarrollo. Un recorrido a cuyo paso vemos un Río de Janeiro decrépito, fotografiado en un blanco y negro (en super 16MM) que resalta los grises que todavía asoman al futuro de una ciudad contagiada de extrañas alegrías y tristezas.

Como si fuera una efigie salida del mundo de Val del Omar, Expedito deambula por la calle mientras escucha su música. La cámara raspa de poro a poro su recorrido, capta sus imágenes y sobre todo los sonidos que le rodean, haciendo hincapié en la memoria visual y sonora a la hora de (re)construir y montar la historia, si es que existiera, ofreciendo un punto de vista en el que el espectador está obligado a participar como narrador de la película a partir de pequeños trozos de realidades. Una exigencia quizás demasiado grande para la que, más allá de la extenuante experiencia, difícilmente se pueden encontrar resultados.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Guest
Guest (2010)
  • 7,2
    536
  • España José Luis Guerín
  • Documentary
7
Invitación a la vida
“No hay diferencia entre el documental y la ficción. No la hay. Una buena ficción siempre contiene algo de documental, y un buen documental algo de ficción.” Chantal Akerman.

Estas palabras, recogidas a la propia cineasta belga durante el film, desvelan la razón de ser una obra que nace de la aparente y espontánea anécdota (la grabación de los viajes a los distintos festivales a los que es invitado su autor) para llegar a cotas inesperadamente profundas, tanto en la emoción que transmiten las diversas historias personales con las que se cruza, como especialmente a través de la mirada que Guerín arroja sobre estas y sobre su propio tránsito por diversos rincones del mundo tan distintos (o no) entre sí.

La cámara de Guerín busca y encuentra; hace del oficio de documentalista el del mayor de los cineastas de ficción. Todo está tan calculado, medido y montado que parece real, quizás porque lo fue, emprendiendo una reflexiva búsqueda de sentido a toda la belleza y la honestidad de lo que está (vi)viendo. A modo de diario de bitácora, Guerín registra sus distintas estancias en hoteles y festivales de cine de todo el mundo, pero sin darles más importancia de la que tienen, saliendo a la calle en busca de películas que contar, de imágenes que grabar y de gente con la que hablar. Cámara en mano, se nutre de las experiencias vividas durante un año para formar un mosaico en blanco y negro de un invitado a la fiesta que son el cine y la vida.

Como buena muestra y origen del estilo elegido, su encuentro con Jonas Mekas no parece precisamente casual. Con él ha mantenido correspondencia fílmica, y en él encuentra un iniciador y referente del llamado diario fílmico. Por ello mismo, que la cámara de video del propio Mekas grabe a la de Guerín no es solo un gesto cómplice al espectador y a sus respectivas obras, pues aunque ver a una cámara siendo grabada por otra pueda parecer un acto aparentemente fútil, nos señala que el cineasta es el que cambia cuando graba la realidad, es él quien está siendo grabado y reflejado al ofrecer su propia perspectiva sobre lo que le rodea, encerrado a partir de ahora en las imágenes que selecciona. Pero tenemos la fortuna de que, como ya lo hiciera volviendo a Innisfree o al barrio Chino de Barcelona, Guerín logra mostrar de nuevo en este viaje su destreza como documentalista. Por lo tanto, como gran cineasta.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los Pelayos
Los Pelayos (2012)
  • 5,1
    8.895
  • España Eduard Cortés
  • Daniel Brühl, Lluís Homar, Miguel Ángel Silvestre, Oriol Vila, ...
3
El cine comercial era esto
En 'La vida de nadie' (Eduard Cortés) su protagonista, un inspiradísimo y emocionante José Coronado, hacía creer a su familia que trabajaba en el Banco de España cuando en realidad había perdido su empleo. Vivía engañado (y engañando) por no ser capaz de reconocer su situación, una mentira como la que mantiene el cine español, pendiente de que cada nuevo estreno reviente la taquilla y salve las cuentas de una cinematografía cada vez más pendiente de los números que de cuidar a su cine. Y 'The Pelayos' no nace con otra intención más que la de ser 'Los Vengadores' que salvarán la recaudación. Ya tiene mala idea que su estreno coincida con el del film de Joss Whedon, pero confirma la (equivocada) perspectiva que ha asumido buena parte del cine español a la hora de afrontar y superar esta crisis, parecer de todo menos españoles. Con un reparto de campanillas como principal atractivo, cada uno de sus protagonistas asume el rol de superhéroe del cine patrio, pretendiendo atraer al público a la sala para presenciar una película a la americana basada en la historia real de la de la familia Pelayo, que logró desbancar todo casino al que entraron. Están presentes todos los ingredientes para lograr un éxito. La calculadora no falla, pensaron. Tan solo tuvieron un ligero descuido: olvidarse de hacer una buena película.

Siempre se ha acusado al cine español de hacerse de espaldas al público, de no encontrar historias que se adapten al gusto del espectador y de no saber promocionarse, problemas todos ellos que parece poder solucionar la historia de los Pelayo. Pero tras verla descubrimos que no es suficiente, quizás el más grave de todos los problemas ante los que se encuentra nuestro cine no es la reducción de las subvenciones, el recuperar cierta mala imagen o mejorar la complicadísima distribución de cada estreno; se enfrenta a uno mayor cuando el propio cine español decide dejar de creer en si mismo y se rinde al malentendido cine comercial, un territorio en el que nunca podrá competir en igualdad de condiciones. Quizás por ello, la mejor solución sea dejar de hablar del cine español para hacer cine español, algo que no encontramos en 'The Pelayos' (duele escribir ese The), ni cine, ni español.

Eduard Cortés da palos de ciego y no logra acercarse al tono distendido que pretende, la mezcla de géneros no funciona y su errático acercamiento al cine de casinos logra que la película se vea completamente impostada. Quiere ser una americanada cuando ni sabe ni puede serlo, por lo que el despropósito es general. Yerra al pretender sustentar la premisa tan solo en la fuerza de sus actores, pero de nada sirve un buen reparto si sus personajes saben a chicle (con especial atención a Daniel Brühl y sus poses de tipo duro con sombrero), dando lugar a una colección de actuaciones forzadas de la que es difícil poder salvar alguna, limitándose a ofrecer un pobre e intrascendente recorrido a través del cine de casinos al que la historia de los Pelayo no aporta nada.
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46 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil