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Críticas de Ferdydurke
Críticas ordenadas por:
Gorrión rojo
Gorrión rojo (2018)
  • 6,4
    16.590
  • Estados Unidos Francis Lawrence
  • Jennifer Lawrence, Joel Edgerton, Jeremy Irons, Charlotte Rampling, ...
3
Tío Vania
La Madre Rusia ha vuelto, ha resurgido de entre los muertos. Y con ella, la terrible Guerra Fría tan querida que nos llena de bonita nostalgia y recuperada alegría.
Nuestro enemigo favorito está otra vez al/en frente. Hay que ir a por ellos. No podemos quedarnos quietos. Que no escapen vivos. O nos arrepentiremos.
Si hace nada nos llegaba del Reino Unido una sátira despiadada sobre el pasado nefando comunista de los rusos, "La muerte de Stalin", ahora mismo son los americanos del norte los que nos regalan un generoso muestrario de los horrores rojos. No les falta de nada a estos rusos remozados (hijos y nietos de los otros), crímenes atroces, pasiones ominosas, familiares abyectos, depravaciones de todas las clases, traiciones a borbotones, corrupción, asesinatos, puterío, rameras, sicarios, putas, carniceros, en fin, el juego completo por el mejor precio, lleve dos y le regalamos nosotros mismos un beso en todos los morros.
En cambio, están para salvarnos de la quema los yanquis buenos, siempre al rescate tan bien predispuestos. Un primor y un destello. Un fulgor y un falansterio. Guapos, con valores, nadadores, modestos, unidos, morales, decentes, inteligentes, con derechos, principios, sin muertos, atropellos, malos rollos ni sexo turbulento o pecaminoso.
Jennifer Lawrence enfadada, fría, siniestra, bella, buena, decidida, verdadera.
Joel Edgerton, sosias del inefable Wahlberg, como si fuera su hermano gemelo, es un morrosco de medio pelo que da el pego.
Y el brutote Matthias Schoenaerts, el legendario Jeremy Irons, la glacial y épicamente sórdida siempre Charlotte Rampling.
Comienza bien, con empaque , poderío y tronío. Escenario frío. Cine pulp, de género, de serie b; folletón de espías hecho con dinero y medios. Un camelo. Nos lo creemos. Todo. O casi. Ya veremos. Media hora. Al menos.
Una graciosa escuela de entrenamiento o más bien burdel de entretiempo. Natación. Escarceos. Un jefe putrefacto. Que nuestra admirada/deseada protagonista duda y se nos quiere hacer santa.
Se pasa de Moscú a Budapest, y de allí a Londres. Cada vez interesa menos. Corren los minutos y se hacen eternos. Nos amenizan la función con algún descabello, tortura o navajazos a contrapelo que suenan como hermosos instrumentos de viento.
La trama se resuelve. Juego de manos. Birlibirloque. Demasiado tarde. Nada nos dice. Se perdió el hechizo. Vimos la tramoya. Las bambalinas. Es todo un cuento. Tramposo. Maniqueo. Efectista. Truculento. Vacío. Bello. Huero. Sin derrotero. Nada. Tristes espejos. Truco del almendruco banal y torticero.
El oso rojo estaba borracho y no daba tanto miedo.
Yo apostaría por los buenos patriotas del norte de América que seguro que son más listos, pundonorosos y enteros y salvan el mundo del peligro de los bellacos del nuevo milenio, iguales a los del viejo, que vuelven a asomar el hocico y quieren montar un Cristo; arrebatarnos la paz, robarnos el merecido sosiego, detener el buen progreso.
La Historia se repite. El eterno retorno. Se vuelven a enfrentar los dos imperios, los de las laureadas barras y estrellas y los rojos ominosos, los honrados y los necios.
Viva América. Y viva Rusia también manque pierda.
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78 de 118 usuarios han encontrado esta crítica útil
Un lugar tranquilo
Un lugar tranquilo (2018)
  • 6,7
    19.805
  • Estados Unidos John Krasinski
  • Emily Blunt, John Krasinski, Millicent Simmonds, Noah Jupe, ...
2
El ruido eterno
De premisa tan extrema, ridícula y totalizadora que prácticamente todo lo que pasa después es imposible tomárselo medianamente en serio.
El silencio es un buen valor, echado a perder, escaso, como el oro puro, vale, pero aquí ni siquiera se puede hablar o pisar con calzado de verdad que el monstruo viene a verme y se nos va a enfadar, jajaja, esa idea de bombero torero nadie se la podía imaginar porque si colaba era para hartarse a reír/llorar.
¿Y todo lo demás, cagar, respirar, follar, pintar, escribir, regurgitar, masticar, pensar, orar, meditar, por qué no también a la bestia en la sombra le iba a apetecer embestir, ya puestos, si cualquier motivo mínimo es suficiente para empujar y asediar con ansia viva de matar?
En fin...
Juguete fullero y trampero que no tiene otro sino/recorrido que la suma de tristes trucos destinados a crear un mínimo suspense y alguna posible identificación.
"Back to basics". Recuperación de la familia como idea arquetípica. La mujer, madre consecutiva y dueña de la casa. El hombre, aventurero, cazador y recolector, además de manitas y protector. La niña con la madre y el niño con el padre. Esta película está fuera de todo, del sentido, de la vergüenza y también del tiempo. Ese modelo familiar lo asesinaron hace mucho (y lo rematan cada día). Hoy en el mercado se ofrecen otras ofertas mucho más perfectas y verdaderas, modernas y estupendas, lo dice el gobierno, la oposición, los telediarios y todos los estamentos oficiales.
No hay ni porqué, ni historia, ni finalidad, ni causalidad, ni reflexión, guion o che cosa fai. Nada más que sustos y sensiblería. Tópicos y baratijas. Hasta los monstruos son de segunda mano. Aliens de regateo, fuera de temporada. Pillados en las rebajas o robados a cualquier pelamangos que andaba despistado cascándosela debajo de una higuera mientras escuchaba, muy concentrado, los sonidos del silencio.
Tratar de analizar con rigor o seriedad algo de esta película se hace muy cuesta arriba, es todo de risa. El parto, el charco, las luces, los cohetes, el granero, la cascada, el pinganillo. Ahí estamos. Cine de derribo, no nos respetan ni peleamos, nos dan rancho que tratan de vender como menú del día. Pienso. Restos. Bazofia. Sobras. Descartes. Retales.
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57 de 105 usuarios han encontrado esta crítica útil
Jaime Gil de Biedma, Retrato de un poeta
Jaime Gil de Biedma, Retrato de un poeta (2010)
  • España Inés García-Albi Gil de Biedma
  • Documentary, Jaime Gil de Biedma, Pepe García-Albi
6
La vida por delante
Escritor de obra breve pero sustancial y decisiva, hombre inteligente, contradictorio y representativo de una época, pasados ya casi treinta años desde su muerte, se puede decir, sin temor a equivocarnos, que estamos ante una figura fundamental de la cultura literaria española de la segunda mitad del siglo veinte.
Poeta exquisito y cercano, humoroso, perfeccionista y valiente, supo asumir con ávida pericia la influencia benéfica de los grandes poetas ingleses de la época (Auden y Eliot, como ejemplos señeros) para llevarlos a su terreno y mezclarlos con la influencia/tradición, también muy poderosa, de cierto tipo de poesía española, la de Machado y Guillén, por ejemplo.
Poeta de la llamada famosa experiencia (el poema no como ejercicio cultista, ensimismado y vacío, sino como una especie de ensayo en construcción sobre la propia vida consciente y cuestionada, un reflejo reflexivo y crítico de la propia palabra y el poema en marcha, como si el poeta fuera un niño sabio que juega, investiga, experimenta y se divierte con las reglas/límites de su mundo poético y de la realidad misma), sus textos poéticos deslumbran por su verdad juguetona, elegíaca, por su sabiduría literaria y su constante cuestionamiento de su propia obra, tanto del personaje como de la persona, de todas las máscaras y sus representaciones, del lenguaje como forma de indagación y placer, de crítica y celebración, un artefacto lleno de trampas y posibilidades, materia de alto peligro, muy fecunda si cae en buenas manos.
Poemas que reflexionan según se van construyendo, irónicos, precisos, que se nutren tanto de la lengua culta y el refinamiento más delicado como del giro coloquial o la expresión vulgar, sin ceñirse a ningún reducto o prejuicio, ni vital ni literario, que hablan de los hechos más comunes y que terminan nombrando lo más importante sin engolar la voz, ponerse elevado, pedante o tratar de sentar cátedra, desde la broma culta, la risa propia, la feroz autocrítica y la tremenda capacidad de observación de la siempre nueva y ridícula comedia humana y del más querido paisaje de la memoria.
Hijo de familia burguesa barcelonesa con veraneos castellanos, nacido en 1929, de vida acomodada, paso por universidad y trabajo en la empresa familiar, enviado a Filipinas como "El cónsul de Sodoma" (más bien como secretario general de la empresa tabacalera), homosexual muy activo pero bastante escondido (en el ambiente familiar y profesional especialmente), tuvo una vida corta (murió a los sesenta), intensa y fecunda. Se relacionó con todos los intelectuales del momento, trasnochó, escribió, pecó, trabajó, habló, amó, bebió, folló, de todo un poco o mejor mucho.
De izquierdas inevitablemente (todos los jóvenes de su generación lo eran casi unánimemente), a pesar de su profesión, tradición y economía familiar, antifranquista indudablemente, siempre fue en verdad brillante, revoltoso, poco serio (más bien cachondo en el fondo) y muy riguroso, un proteico individuo que tuvo un pie en la ordenada vida de un hombre respetable y con poderío, y otro en la bohemia más gozosa, autodestructiva y poco validable/saludable.
Escindido entre la figura pública señorial y la privada truhanesca, entre el ámbito familiar reservado y el más personal despendolado, entre la bella literatura (vicio y placer) y la compañía tabacalera (yugo y viaje), entre sus ideas políticas y sus inercias sociales, de él hay que destacar, sin duda, su huella imperecedera como hombre de letras de enormes poemas, gran prosa y fabulosos ensayos literarios. Perspicaz, culto, irónico, consciente y uno de los pocos que pensaba lo que decía, que no repetía mecánicamente ideas de otros, que no hablaba/escribía al vuelo.
El documental hecho por su sobrina es correcto, agradable, bonito, tierno. Un repaso somero por su vida y su obra, más bien lo primero, con algunos grandes amigos, otros más influidos, testigos, hermanas y demás familias.
Pulcro, honesto, un amable homenaje a un ser desconocido a pesar de ser tan reconocido.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El Cairo confidencial
El Cairo confidencial (2017)
  • 6,4
    2.809
  • Suecia Tarik Saleh
  • Fares Fares, Tareq Abdalla, Yasser Ali Maher, Nael Ali, ...
5
Policía
Desde el principio se ve claramente que no es solo una película policial, de investigación criminal. Se va más allá. Se pretende denunciar. La realidad estatal. A Mubarak como gerifalte principal. Y a todos los demás sinvergüenzas detrás. Corrupción abismal. De todos los estamentos del poder. Por lo que se ve. Judicial, policial y gubernamental.
Egipto. El Cairo es una olla a presión. A punto de estallar. No se puede respirar. De tanta maldad. Un espantoso cenagal. Sobornos, robos y saqueos como único remedio para todo, gran negocio y enorme trapicheo.
Cantantes que son prostitutas. Fotógrafos del pánico. Drogas a todas horas. Constructores asesinos. Sicarios fríos. Fiscales demenciales. Cargos policiales hasta arriba de abusos, chantajes y latrocinio. Y al fondo, los inmigrantes sudaneses. Una testigo inocente y un alcalde de barrio no tan bueno.
Si nos ceñimos a lo puramente argumentativo, a la investigación y sus numerosos meandros, el dictamen, la opinión, no puede ser muy generoso, es una historia confusa, arbitraria, indecisa, caótica. No se pierde el sentido en ningún momento, lo mollar se entiende, pero todo lo demás, los diferentes implicados, las pistas, sospechas, dudas, preguntas, encuentros, trifulcas, muertes, vaivenes, todo ese jaleo está mal explicado, es incongruente e incoherente la mayoría de las veces. Se hacen trampas constantemente y pasan cosas que se cortan o luego aparecen a la buena de Dios, sin una sucesión lógica de los acontecimientos.
Lo mismo que todo tiene un aire naíf, tosco, algo primario, brutalmente rudimentario.
Y en lo referido al contexto político histórico, más o menos parecido. Es un reflejo grueso, algo forzado y evidente, tanto crimen, de los manejos y enjundias de los poderes egipcios. Con la tensión asfixiante que se mascaba en el ambiente y que se plasmó durante la famosa primavera árabe.
El actor protagonista es una buena elección. A pesar de resultar algo tópica su representación, su carácter, esa mujer ausente, esa depresión sorda que le come, esa soledad angustiosa que le oprime, ese deseo muerto que quiere resucitar, ese anhelo de verdad y esperanza que aletea con pereza entre las ruinas de su derrota, metáfora del país entero. Físicamente da el tipo. Su desmesurada adicción al tabaco y su gesto cansado, escéptico y crítico son también aciertos. Él es el omnipresente protagonista. Los demás son ocasionales en comparación. Él es el antihéroe. El caballero andante que quiere salvar a las damas en peligro, matar a los dragones y liberarlas de las garras ominosas, y muy activas, de la muerte.
El resto de personajes son más breves. Con un villano colosal, un tío Kammal policial que ahí está, lleno de ambigüedad, un chaval pimpollo bastante tonto, alguna femme fatale y los demás, una paisaje lleno de niebla y desolación, pavor y estupidez, de horrible mediocridad.
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
La muerte y la doncella
La muerte y la doncella (1994)
  • 7,3
    9.278
  • Reino Unido Roman Polanski
  • Sigourney Weaver, Ben Kingsley, Stuart Wilson, Karen Strassman, ...
5
Paulina
Tiene una gran virtud, que el motivo de la venganza nunca se acaba de saber del todo si es cierto/justo o completamente inventado/arbitrario, y un gran defecto, que convierte esa duda en carne de espectáculo más propio de un thriller de Ezterhas que algo parecido a una recreación mesurada, sobria y desprejuiciada sobre asuntos tan complejos, retorcidos y endemoniados como puedan ser la justicia, la reparación del daño, la tortura, la ley, la confesión, los juicios, el crimen, el castigo y otros vericuetos o caminos en los que el alma humana se suele perder o dar de bruces con el desastre.
La poderosa y muy bella música de Schubert es el motivo, el comienzo y cierre, de esta obra de origen teatral que juega en el alambre habilidosamente y que recurre a diversas trampas para mantener una tensión que estimule al espectador más impermeable o perezoso.
Alienta grandes reflexiones y alumbra o presenta cuestiones realmente intrincadas y difíciles. Quizás especial y esencialmente hable de cómo la verdad es la primera sacrificada, la que menos importa, cuando lo humano y su dolor están en juego, o de que sí importa, pero es inaprensible, escurridiza, voluble y traicionera.
El espectador se afana inútilmente en encontrar una seguridad, en resumen, quiere saber si Kingsley fue el torturador o no, o lo uno o lo otro, hecho que la historia, sabiamente, no nos elucida, nos niega esa caridad, nos ciega ese tranquilo asidero, nos viene a decir que no se trata de eso, que la vida no es tan sencilla ni simple, que siempre quedaremos insatisfechos o satisfechos a medias, con dudas, incertidumbres y la cama a medio hacer.
Ella quiere una confesión. No desea la verdad. Esa ya la tiene, es él, para ella no es opinable. El dictamen es definitivo. Solo busca que la dejen lograr lo que necesita escuchar. Como terapia, como forma de sanar. Ella busca que aquella experiencia atroz cobre sentido, se haga más humana, que el que obraba con impunidad y abuso reconozca su maldad y vileza, que la haga frente, que no se refugie en su poder pasado y actual anonimato, que dé la cara. Poco importa si lo hizo ese hombre en concreto u otro cualquiera. Ella desea esa representación teatral, como símbolo (por eso apuntan con inteligencia que varias veces anteriormente había creído encontrar a su torturador en otras voces y otros ámbitos). Ella quiere que él se rebaje, que se ponga a su nivel humillado mediante el reconocimiento de los hechos, que así aquello que le hicieron no desaparezca ni quede en blanco ni se olvide, pretende que alguien, una figura humana que cumpla con el papel otorgado en la función "teatral", se haga responsable y asuma lo sucedido. Ella es la víctima que lucha por una posible venganza/reparación/sanación/justicia.
Él es el probable torturador. Es la excusa. El monigote. El fantoche. Ya dijimos que da igual si lo hizo él u otro. Es un actor en una obra en la que no puede opinar sobre su rol o líneas de guion, las escribieron otros por él, la víctima y la justicia, él solo las debe recitar con la suficiente fuerza, credibilidad e imaginación para que ese texto cobre vida, dé la sensación de que es real, aunque probablemente no lo sea, o sí, es indiferente. Es el culpable y que no se hable más.
El otro es el marido. Es la justicia. La que no hace nada. La cobarde. La contemplativa. La moderadora. La que templa gaitas. Es la ley. La componenda. La que observa. La corriente. Su labor es presencial, mediadora, engrasante. Confirma el juego marcado. No opina. Solo guía. Se lava las manos. Tampoco le preocupa nada la verdad. Solo desea que se llegue al final.
La película parte de unos hechos mundialmente conocidos, las torturas perpetradas durante las dictaduras militares sudamericanas, para a continuación tratar de trascender y hablar de la necesidad de justicia (de orden, de sentido, de equilibrio) del ser humano y de cómo esta se acaba transformando en un farsa, parodia o en el mejor de los casos obra de teatro que pueda ser verosímil y asumible, en la que los hechos o las certezas son solo sombras y en la que los protagonistas, para que salga bien el proceso/juego, deben ajustarse a modelos periclitados/preestablecidos, cerrados, vacíos de contenido, elementos puramente simbólicos y persuasivos, perchas huecas en las que colgar necesidades o frustraciones, daños y penas, poderes y culpas.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
La melodía de la vida
La melodía de la vida (1932)
  • 6,6
    219
  • Estados Unidos Gregory La Cava
  • Ricardo Cortez, Irene Dunne, Anna Appel, Gregory Ratoff, ...
3
De arenques, buhoneros y empujacarritos
In de gueto..
Andesnou frai... Ondecolein grei Chicago mun... Beibi beni charlis gonis in de gueto... Andejar mama crai... Posdenifi guan sidosido nim Modli di engrin maufi...
Pobre desgraciado que no sabe ni por dónde le da el aire es explotado sistemática, torticera y brutalmente por su propia familia llena de desalmados, manipuladores, avariciosos y tontos.
Tipo sin sangre, fuste ni criterio, médico de vocación y profesión es castrado, timado y saqueado por la parentela más directa, cercana y aviesa, también abyecta.
Le quitan la novia, la clientela (pobre y santa), la hombría, la esperanza, la decencia, la dignidad, la misma vida entera.
Todo sea por un necio ascenso social, por un ridículo esnobismo y un afán trepa que espantarían al más pintado.
Se trata de la demolición angustiosa y asfixiante, constante, consecutiva y abominable de un panoli de cuidado, hablamos de su destrucción y aniquilación concienzudas hasta ser convertido en un miserable trapo/guiñapo, en un ser lastimero, lloroso, penoso, para salir corriendo y echar el resto.
Judíos todos ellos, de origen europeo, se supone, residencia neoyorquina de principios de siglo y destino empingorotado de nuevos ricos llenos de dinero sucio.
Construida con calma, brío y buen hacer, ejercicio de artesanía pulcro y esmerado, esta historia aberrante y ofensiva que nos saja el alma con alevosía, de estrepitosa esencia melodramática, se erige como un monumento al disparate sin parangón ni mediodía, un puro himno a la mayor felonía.
En el duelo siempre presente entre lo sublime y lo ridículo ganan por goleada los bufones que se ríen en nuestra cara con tanto grueso desafuero.
Histeria moral, grotesca manipulación emocional y agresiva monserga bobalicona y preñada de atroz simpleza como elementos de un producto que asombra por su exagerada sensiblería, desordenado/desorejado e inverosímil sentimentalismo y salvaje grosería argumentativa.
Contrasta tanta bellaquería y majadería narrativa con la pericia y hermosura de la mirada puramente cinematográfica, racional, cabal, limpia, clara, feliz, moderada, sin pausa ni prisa (no como en el cine de hoy día que vamos a toque de pito todo el santo día echando el bofe en cada esquina porque consideran que la atención del público actual es más efímera y negligente que un pedo sin nutriente ni algarabía), elegante, templada.
El conjunto, la mezcla de opuestos tan evidentes; la sobriedad de la forma frente al despelote del fondo, se podría establecer como un nuevo género que quizás podríamos denominar como folletón espartano, calvinista desenfreno, luterano recochineo, judío merodeo o quién sabe si católico vituperio, mahometano cachondeo o budista correteo.
En fin, si me lo cuentan no me lo creo, hay que visitarlo y vivirlo en directo, esta es una experiencia artística/catártica y lo demás es cuento.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Policía montada del Canadá
Policía montada del Canadá (1940)
  • 6,4
    1.034
  • Estados Unidos Cecil B. DeMille
  • Gary Cooper, Madeleine Carroll, Paulette Goddard, Preston Foster, ...
6
Correrá la sangre como el agua
Nacionalismo mestizo independentista frente a la corona británica imperialista.
En medio, el Gary Cooper hermoso como oficial de los Rangers Texanos.
Enfrente, la guapa y rubia Madeleine Carroll como enfermera que rompe corazones y sana cuerpos; buena y lista como ninguna.
Un poco de lado, los dos caballeros galanes y pundonorosos que llevan la casaca roja con orgullo y gran dignidad.
En la esquina, la malvada y pericolosa, también muy hermosa, la Paulette Goddard como mestiza turbadora y llena de manzanas prohibidas, de alma de serpiente y pureza en el corazón preñado de amor sin control, hija de un malvado atroz, George Bancroft, el mestizo que quiere utilizar las ansias libertarias de su gente para hacerse de oro con el dinero proveniente del negocio del whisky.
¿Y los indios? Buenos, rudimentarios, nobles, ingenuos y a la expectativa. No saben bien si seguir con la madre blanca de Inglaterra o apuntarse al despiporre de los mestizos con su medicina de fuego, ya que los pobres se pirran por la tecnología nueva.
¿Y el sentido histórico o el interés político? Poco, el rigor no es el objetivo, se trata de otra cosa, de montar un espectáculo sandunguero, mitad lírico amoroso, mitad guerrero pendenciero, con algunas gotas salerosas de comedia verdadera.
Eso sí, el imperio británico es siempre lo primero, con sus huestes rojas que son lo más grande y todo el aparato poderoso que representan, sin desmerecer a nadie, faltaría más, ni a los mestizos revoltosos, feos y andrajosos, peleones y ansiosos, pero también con grandes propósitos, ni a los indios majestuosos, infantiles y primitivos, pero también majos y generosos.
Es decir, diríamos que prima un orden edénico y maravilloso que sufre pequeños conflictos provocados no por intereses contradictorios o fuerzas en lucha, qué va, nada de eso, sino que más bien por algún sinvergüenza sin escrúpulos que no quiere aceptar que son todos hermanos humanos que en el fondo se quieren a morir, a puro grito y muy sincero.
¿La película? Buena, a pesar de cierto esquematismo, maniqueísmo y simpleza. Por la lograda factura de todo lo que se cuenta y muestra, por los personajes con sentido, los diálogos estupendos y la resolución de los problemas con brillantez sorprendente.
¿La moral? Aquí, ya lo habíamos medio comentado pero nunca está de más remarcarlo, to er mundo é güeno menos el gordo cobarde y asesino y un poco/bastante, según se mire, la sangre manda y los genes son lo que tienen, su hija pervertida.
El resto, los nativos invadidos, los mezclados enfadados, los invasores orgullosos, los que pasaban por allí, toda la santa naturaleza, los magníficos animales, el clima inclemente pero saludable, las cold mountains, hasta las balas gordas como de verano moscas, son gente, que diría el inmenso Uzala, gente buena y, añadiría yo de mi propia cosecha, también claros, distintos y verdaderos.
La idea es pasarla bien, no meterse en camisa de once varas ni dar dolores de cabeza innecesarios.
Todos son héroes, valientes y tremendos peleadores. Pero se lleva la palma el de los USA texano. Liante, amoroso, simpático, embustero, apasionado, reflexivo, escéptico y aventurero. Hip, hip, hurra.
Duelo de titanes por una mujer entre el foráneo mitológico y el de rojo que tal baila, más serio, recio y aburrido, igual de valioso, señero y grandioso.
El más tonto es el hermano vencido que se deja embaucar por el sonido torticero de una medio india sirena de ojos bellos, gran enredo y que nos provoca mucho miedo/deseo, seguro, no lo niego.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sin ley (Lawless)
Sin ley (Lawless) (2012)
  • 6,2
    7.170
  • Estados Unidos John Hillcoat
  • Shia LaBeouf, Tom Hardy, Jason Clarke, Jessica Chastain, ...
2
Paletos
Quiere ser épica y brutal, legendaria y también sórdida, recorrida por una furia realista y elegíaca, heroica, arquetípica, imborrable.
Lamentablemente es solo un revoltijo sanguinolento y espeso, confuso, simplón, maniqueo y estúpido.
El reparto descomunal, plagado de grandes nombres, Hardy, LaBeouf, Chastain, Wasikowska, Pearce, Oldman... y el prestigio del guionista Cave de aires malditos y contraculturales hacían esperar algo mejor, algo más serio y riguroso.
En primer lugar, destaca, para muy mal, la omnipresente y muy excesiva violencia; gratuita, indiscriminada, absurda, arbitraria; un regodeo enfermo en las mil y un posibilidades de la muerte nefanda y la paliza inopinada.
En segundo lugar, no encajan ni con calzador las historias de amor, las dos, a cual peor, la de Hardy-Chastain ridícula y muy forzada cuanto menos, ella allí no pinta nada y no hay quien se la crea como si fuera una preciosa y cuidada flor de invernadero en medio de un estercolero, y la de LaBeouf-Wasikowska tiene un poco más de gracia, pero repite un modelo demasiado conocido, niña puritana y pícara cortejada por joven saleroso y trepa, de un modo perezoso y como de prestado, sin ganas, fuerza ni convicción.
En tercer lugar, el malo, horroroso por paródico, grotesco y caricaturesco. Por tópico además. Tarado higiénico neurótico, repulsivamente cruel y sádicamente repugnante.
En cuarto lugar, el contexto o panorama, que podía tener su inusitado interés y despertar alguna curiosidad, aquí, la ley seca y el crack del 29 con la posterior depresión de los años treinta, no pasa de ser un decorado u ornamento puramente circunstancial, excusa, motivo, nunca fundamento o estudio medio serio.
En quinto, los hermanos, como triada o estructura de fuerzas y contrapesos jerarquizada, el macho alfa indestructible pero autista, el más responsable, el mediano bestial, valiente y fiel, el más gris y al que menos importancia dan, y el tercero en discordia como niño mimado, cobarde y feliz, bastante repelente y cargante. También son sombras que tratan de imitar a otros casos mejores: reflejos, fantasmas. Romanticismo de bandidos ya muy visto.
En sexto, lo poco sensato del argumento, cómo se suceden los hechos, de manera burda, mal explicada y casi casual, mal hilada y contada, chapuceramente representada.
En séptimo, escenas inconexas, personajes que aparecen y se largan sin previo aviso (Oldman, por ejemplo), montaje y sucesión temporal dislocados, puzzle caótico y abstruso.
En octavo, la horrible mezcla entre la exaltación de esos personajes, como si fueran Aquiles, Héctor y Patroclo, y su ambiente de extrema fealdad, barbarie y burricie.
Noveno: Las canciones bonitas metidas a lo que salga.
Décimo: Las resurrecciones tras muertes seguras y comprobadas por los mejores galenos, las palizas monstruosas que matarían a decenas de caballos y que apenas dejan marcas que duran unos días de nada, los golpes porque sí, la violencia, otra vez, desordenada y muy mal administrada.
Algo bueno:
- (Quizás lo único, aparte de ver a los guapos actores y actrices) Las palabras que tratan de medio explicar el alma de esos seres atrabiliarios y bandoleros. Hardy le dice a LaBeouf: "No se trata de violencia, consiste en lo lejos que está dispuesto a llegar un hombre. Se trata de controlar el miedo. No tener miedo es casi como estar muerto. Eso es lo que nos caracteriza. Mientras seas mi hermano, no puedes permitir que te hagan eso, que te apalicen de esa forma" Más o menos dice así.
Conclusión: Da la clara sensación de ser un proyecto abortado, saboteado, que nació con un buen material de partida, pero que en el camino se desgració y finalmente no se supo qué hacer con él, qué tono, sentido o fundamento insuflarle. El resultado está parcheado, agujereado, descompuesto y desfigurado.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El prado de las estrellas
El prado de las estrellas (2007)
  • 5,5
    790
  • España Mario Camus
  • Álvaro de Luna, Óscar Abad, Marián Aguilera, Rodolfo Sancho, ...
5
El campeón
Tres historias, el ciclista y sus mecenas (hay que ver el peligro que tienen los jubilados. Estos casi parecen los tres mosqueteros y el chaval, su D' Artagnan. Les dejas un rato solos y te sacan un Indurain/Ortega y Gasset de entre las sombras y niebla, sin mover un músculo de la cara o fruncir el ceño. Les sobra tiempo, dinero y arte. Hay que verlos), la chica independiente y sus pretendientes, y la vieja de los cítricos milagreros. El que las conecta es el gran Álvaro de Luna, venerable caballero de los de adarga antigua y corazón de oro.
A su favor:
- El ciclismo, sorprende, y alegra, tanta dedicación al espinoso y bello asunto tratado aquí con tierno, ingenuo y encantador tono de aventura pura y adolescente. Como si solo se tratara de talento y esfuerzo, ay...
- El comienzo. Ese texto leído/recitado por Don Alfonso. Bello.
- Los actores. Casi todos. Menos el buen chaval. Brillan de Luna y Marián Aguilera; Cervino y el sabio acompañan con tino, de la Torre y Sancho tienen los pobres papeles de simples fantoches, por lo escaso y rudimentario de sus vericuetos y por lo bastante necio de sus posesivas pretensiones de machos planos.
- Los paisajes. Camus y Cantabria. Montes y mares.
- Algunos diálogos y situaciones. La conversación primera entre Aguilera y de la Torre.
- Las charlas que le administran los viejos a mala idea y que soporta el chaval con entereza son simpáticas.
- La sobriedad artesanal de la mirada cinematográfica. Espartana.
En contra:
- El maniqueísmo acartonado y pueril. Naturaleza versus civilización. Antigüedad/Tradición contra Modernidad. Vacas frente a ladrillos. Esos hijos malvados a morir y sus representantes legales como estrambotes molestos por simples y grotescos.
- La excesiva sentimentalidad y bondad referidas a la relación cargante entre de Luna y la vieja señora Mary González.
- La simpleza en la mirada sobre el ciclismo y los buenos viejos tiempos versus los actuales modernos.
- El último abogado que parece sacado de un folletín pendenciero.
- Esa escena final entre leguleyos.
- El poco fuste de los dos mozos que beben los vientos por la reina de corazones que quiere ser libre como el viento y que resulta pedante, afectada, demasiado evidente que el director la quiere y no nos convence su discurso tan guay y envolvente de nada me vale lo suficiente. Nadie me ata, todos me quieren. Soy muy eficiente y valiente.
Bueno, es Camus. Hombre de buen hacer que repite pautas. Cine honrado y entero que suena sincero y verdadero, pero que tiene una tendencia irrefrenable a caer de bruces en el sermón, la reducción, las buenas intenciones (con altavoces y neones), cierto tono apostólico misionero, la unción infantil cultural (la cultura como salvación y absoluta bondad), un voluntarismo burdo, una apostura demasiado limpia y arquetípica y obvia, un aire de western americano, de cine didáctico.
Se agradecen la originalidad y la franqueza, el intento de contar buenas historias con personajes con sustancia dentro de contextos cercanos, su afán de mostrar las vidas de la buena y sencilla y humilde gente corriente, anónima, callada frente a los nuevos modos invasivos, usureros, ladrilleros, de rapiña, impunidad e ignorancia de la modernidad.
Pero también molestan e irritan la homilía, la brocha gorda, la sensiblería, el infantilismo.
En verdad, se podría reducir su sensibilidad a un rechazo furibundo del paso del tiempo, a una enmienda a la totalidad contemporánea, a una constante reivindicación de la huida del mundanal ruido, de la vuelta al terruño pequeño en que nos criamos, ellos, los que nacieron hace tanto tiempo.
El mito del buen salvaje una y otra vez visitado. Romanticismo ascético. Idealismo provinciano. Moralismo estoico. Para sobrevivir y ser feliz solo necesito un poco de pan, el sol, las estrellas y un par de amigos. Todo lo demás, las ambiciones y progreso, son cebos, desvelos, trampas, horrores, engaños, maldad. Es mejor estarse quieto o moverse poco y con criterio (como Aguilera, que lleva el pueblo dentro, la bondad, el silencio, la calma, la reflexión, la lectura, la pausa, la fuerza, la verdad, aunque se marche lejos), recio, sin alardes, bueno. Triunfar desde dentro, sin rencores, cesiones ni concesiones. Se puede. Ya veremos.
En fin. Un sí no es. "Ni pa ti ni pa mí". Ahí estamos.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
La corrupción
La corrupción (1963)
  • 7,1
    143
  • Italia Mauro Bolognini
  • Alain Cuny, Rosanna Schiaffino, Jacques Perrin, Isa Miranda, ...
8
La educación
Corta como un puñal.
Es una de esas películas. Sí. De las que van a la raíz. A las preguntas esenciales.
La pregunta clave se formula: ¿Cómo debo vivir?
Es decir, nada se da por supuesto, se trata de un despojamiento, de un vaciado para empezar de cero, de un cuestionamiento radical del universo, con todo lo que lleva dentro, con ese ser humano que mira al cielo, desarbolado, perdido, sin encontrar un sendero, un camino, algo que le sirva de guía durante su breve recorrido.
Italia. País de un peso cultural e histórico descomunal. Barroco, bufonesco y siniestro. Detrás de su tendencia al carnaval, a la máscara y el fantoche, se esconde agazapada la muerte, un gran vacío que espera en cada esquina, en cada descuido, para tragarse vorazmente todo lo que toca, todo lo vivo. Que disimula el horror de su demasiada clarividencia con un exceso de forma, con un alarde de manierista prosa, con un atuendo de exquisita moda. País alegre y trágico, que celebra la vida con gran despliegue, fanfarria y algarabía debido a su gran consciencia sobre el inapelable y cruel final del periplo. Fatalista, fúnebre y pantagruélico. Un esperpento hermoso, elegante, muy negro.
El cine italiano de los años sesenta. Cuando el realismo empezaba a morir, ese neorrealismo posterior a la Segunda Guerra Mundial que abrazó con fuerza y exactitud lo más palpable y proteico de la realidad, la cara desnuda de la verdad.
Después llegó otra generación, o la misma evolucionada, que se fue alejando del mero testimonio fidedigno de los hechos para ir variando sus propuestas con otros aires, otras cargas y presupuestos, más estéticos, recargados y especulativos, más puramente juguetones y artísticos.
Los Fellini, Visconti, Antonioni, Zurlini... y Bolognini. Sí.
Un puñado de obras maestras, especiales, bellas, elevadas, poéticas.
En fin. Para qué seguir.
Esta obra concretamente es una pequeña pieza de inefable precisión y largo alcance. Un ensayo, una poesía y un retrato. Abrevadero de ideas, cuadro expresionista y reflexión a tumba abierta sobre la vida y la muerte. Es, también, obviamente una aventura iniciática sobre un zangolotino de buen dinero que echa a andar a la vida sin referencias, huidizo, idealista, absolutista, muy confundido. Con un padre despiadado y una madre dormida. Y al fondo, como la sangre que bombea el corazón por todo el cuerpo, la chica, el deseo, la vida en su aspecto más primitivo, auténtico y fluido. En su delicadeza, fulgor y perdición.
Narrada en tres actos. Presentación de los personajes y sus conflictos. Paréntesis marítimo en el que la acción se decanta y los personajes quedan enroscados. Y cierre frenético, salvaje, perversamente lúcido.
Y con tres personajes principales. Que son a su vez tres símbolos o grandes metáforas.
El chico. El ideal. La negación de la vida. La huida. La cobardía. La pureza. La bondad. El desconcierto. El puritanismo. El anhelo. El arrebato místico. La edad de la inocencia. El puro balbuceo.
El padre. Los hechos. La afirmación de la vida. La vida granítica. Como una roca. La vida sin trasfondo, materialismo puro. Sin ideas. Con objetos, que se venden, como todos. Como un mecanismo ciego. Como una ley inexorable, atávica, ineludible, imperturbable. Como una lucha de fuerzas ciegas. Una jerarquía inexpugnable. Una injusticia acusada. El rechazo a toda forma de hipocresía o arte de componendas. La exaltación de la fuerza. La industria. El dinero. El libre comercio. La verdad. La barbarie. Lo que late tras los discursos. Lo que nunca se dice y que nutre todos los actos de los hombres.
La mujer. El sexo. La manzana prohibida. La tentación. El lado lúdico de la vida. El instinto. El amor sin afectos. Sin rodeos o vueltas. El amor como cuerpo. El Eros sin mentiras. La sinceridad y la sordidez despojadas. El placer. La atracción de los sexos opuestos como el motor inevitable y clamoroso en su devastadora verdad de todo lo demás, de todas las ideas, andanzas e industrias. El paganismo feliz, sin peso o culpa.
Quizás podría decirse que el chaval representa el ideal cristiano. El padre, el materialismo científico. Y la chica, el hedonismo griego.
O Platón versus Aristóteles. O el comunismo frente al capitalismo.
Según se vea.
Dos personajes interesantes más.
El moralista. El izquierdista. El santón. El fariseo. Hombre corrupto que da lecciones éticas en los periódicos cuando no cree en nada, solo en su beneficio y radical escepticismo. Hipócrita. Cínico. Sabio. Pragmático.
Y la madre. La derrota. La debilidad. El miedo. El sufrimiento ensimismado en su propio dolor inútil. El solipsismo enfermo. El abandono. La nada. La tenue autodestrucción. El egoísmo más feroz solapado, enmascarado. La delicadeza ultrajada, embrutecida. La endogamia egoísta.
Es una película singular, poderosa. Una pieza de cámara. Una pintura de Goya.
Es oscura, bruta, desnuda, desolada. Es una mirada ascética sobre la existencia, sobre la nada, sobre la imposibilidad de escapar de la trampa. Es el retrato de una tela de araña.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El juego de Hollywood
El juego de Hollywood (1992)
  • 7,0
    5.808
  • Estados Unidos Robert Altman
  • Tim Robbins, Greta Scacchi, Dina Merrill, Whoopi Goldberg, ...
6
¿Qué hay de la realidad?
Creo que era Godard el que se dolía por el cine como gran oportunidad perdida, lo que pudo haber sido un testimonio feliz sobre la realidad, incisivo y poético, un instrumento de conocimiento, se había convertido casi exclusivamente en un negocio fraudulento, mediocre y pueril en manos de mercaderes sin alma, gusto o escrúpulos.
Y eso trata de explicar Altman en esta película.
Años 90. El cine está en manos de productores que solo piensan el dinero. El aspecto artístico no interesa. Las historias son una excusa para hacer taquilla. Los finales, por supuesto, deben ser siempre felices y los guiones, perchas en las que colgar los vestidos o trajes de las grandes estrellas. El argumento no importa, el público es idiota y solo desea que le engañen y atonten, por lo que cualquier asunto sirve para hacer caja si se empaqueta debidamente.
Violencia, sexo, suspense, sentimiento, esperanza y final feliz.
Esta película es un juguete metaficcional que se cuestiona y ríe de sí mismo mientras discurre, que va ofreciendo lo que cuestiona en sus generosos minutos (demasiados). A través del formato de comedia, se desenredan los acontecimientos que sirven de sostén a una denuncia ácida de la idiocia y desvergüenza de los que dirigen los estudios de Hollywood.
La mirada es acertada y gozosa, la idea es estupenda, la película, en cambio, se tambalea, se torna demasiado perezosa, se contagia, no se despega de lo que retrata, la estupidez que zahiere y sacude por momentos es la misma que la que muestra o vemos. Renquea, no encuentra el tono, se pierde entre el sarcasmo feroz y el humor más leve, entre la intriga criminal y el puro despiece del emporio del cine, nos mete personajes, situaciones y diálogos que sobran o son demasiado evidentes.
En fin, que es un producto mucho más apetecible o rescatable por los necesarios y certeros dardos que lanza a diestro y siniestro que por el desarrollo de sus fotogramas, que por la pura narración.
Solo con sus variados y cachondos finales logra erigirse, alzarse como una película que merece realmente la pena.
Spoiler:
Algunas maldades no por sobradamente conocidas menos graciosas:
- Alcohólicos anónimos. Reuniones donde se hacen los negocios, en sus nutridas sesiones llenas de borrachos actores.
- Llega un productor, o lo que sea, nuevo. Liga, o eso parece o desea, con las actrices más conocidas y bellas. Pilla inmediatamente una enfermedad venérea. ¿Nos quieren decir, ¡oh, horror!, que todas esas que ahora enarbolan la bandera del Me too son las mismas, o las hijas y hermanas, que las que hace unos pocos años no eran tan precisamente puritanas y puras y justicieras, que utilizaban el sexo de aquella manera indiscriminada y contagioso virulenta, que aquellas actrices tan exitosas, ricas y prestigiosas tenían más peligro sexualmente que las furcias de carretera, que Hollywood era Sodoma y Gomorra, una casa de putas, mucho peor que ir a la guerra? Imposible, seguro que lo entendí mal, no me creo tanta hipocresía actual o mala uva peliculera, de ninguna manera.
- "El ladrón de bicicletas" como el ejemplo perfecto de una película que sería imposible hacer (antes, en aquel lejano 1992, y ahora más). Por su realismo ajustado, humanista y enriquecedor.
- La conversación sobre lo prescindibles que son los guionistas.
- La opinión que tienen sobre ese público cada vez más corto de miras, embrutecido, acrítico, simplón, infantil y bobalicón al que consultan para así adaptarse a sus gustos zafios y que cambia/rechaza/descarta los finales más inadecuados, tristes o poco entretenidos, que tiene alergia a la verdad y traga con placer masoquista cualquier llamativa barbaridad.
- La policía no sirve para nada.
Algunas curiosidades/reflexiones:
- El plano secuencia inicial como explícito homenaje a "Sed de mal". Otra película que no se podría hacer, ya que ahora/entonces lo que prima es el montaje, suma de millones de planos enloquecidos y compulsivos.
- Tim es el epítome del mal. Asesino, maquiavélico, tahúr, sin ningún criterio artístico, medroso, frío, cenagoso, mediocre y artero, esa es la mitad del alma de Hollywood, la otra ha sido devorada por la estulticia más grosera.
- Viva la alegría. Los finales deprimentes son para cenizos, cenutrios o gafes. Si tú sonríes, el mundo se abrirá a ti como una costra, como las piernas de una mujer hermosa, como el alma de una bella persona, tu actitud es la clave, vete a risoterapia.
- Los actores de Hollywood se prestaron en masa a hacer esta sátira, cinismo en estado puro, son conscientes de la basura y no mueven un dedo si tienen la cartera llena.
- El productor asesina metafórica y literalmente al guionista. Alegoría evidente. El patán gerifalte elimina al escritor don nadie. Pero se niega el maniqueísmo al presentarnos al pobre hombre como un ser grosero, vanidoso, pendenciero y sin, al parecer, ningún talento.
- Los finales felices esconden debajo de la alfombra una terrible sordidez que el público no quiere ver.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Silencio en la nieve
Silencio en la nieve (2011)
  • 5,5
    2.728
  • España Gerardo Herrero
  • Juan Diego Botto, Carmelo Gómez, Víctor Clavijo, Andrés Gertrúdix, ...
3
Los demonios
El comienzo, los caballos helados y enterrados, recuerda poderosamente a una situación similar, todavía más impactante, bella y deslumbrante, del libro de Curzio Malaparte, fascista italiano al principio, comunista después, escritor insólito por su fascinante estilo y presencia en los más importantes hitos, titulado "Kaputt".
La película es de Gerardo Herrero. Y ese nombre dice mucho en el cine español. Productor prolífico y director más ocasional, ha tenido una trayectoria constante en las últimas décadas. Hombre templado y razonable, supongo que progre, creador de un cine artesanal y esmerado pero, por lo general, con una alarmante falta de talento o riesgo. Dotado de un estilo clásico y de una mirada calma, suelen pecar sus producciones de un acartonamiento esencial, de falta de vuelo y mucho muermo. Películas sobrias, plúmbeas, convencionales. Estiradas, alargadas y finalmente banales a pesar de nacer con las mejores intenciones.
En este caso se utiliza la excusa de la división azul para contar una historia criminal-pavorosa sucedida en pleno frente ruso. Un investigador, Botto (siempre correcto e inexpresivo, académicamente estrecho) su acompañante y colega, Gómez (de mayor fuerza y recorrido aunque con tendencia el histrionismo afectado, a cierto tono de ir sobrado) y unos muertos que se van sucediendo. Les acompañan muchos buenos actores más o menos jóvenes y veteranos, desde el gran Víctor Clavijo hasta Sergi Calleja, por ejemplo. Hay un buen ropaje y una estupenda apariencia. Pero claro, a mí se me hace eterna, apenas me interesa, me parece todo forzado, aparatoso, repetitivo, innecesario, equivocado, excesivamente truculento e inane. Me sobra, completamente, además, la absurda historia de amor metida con calzador. Y me carga ese aire enfático, inflado, tan poco creíble, esa solemnidad vana.
Yo hubiera preferido un relato bélico riguroso, sencillo, a ras de suelo, más humano, aséptico y hermoso, no este popurrí criminal-amoroso-guerrero impostado y hueco.
Nada me creo. La sigo por pura inercia, por cojones, por aguante. Casi todo me sobra.
Me parece un ejercicio de cine ampuloso, bien hecho y con algún dinero, pero inútil, que muestra la realidad en su aspecto más superficial y espectacular, más americanizado y banal.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Operación Swordfish
Operación Swordfish (2001)
  • 6,0
    25.531
  • Estados Unidos Dominic Sena
  • John Travolta, Hugh Jackman, Halle Berry, Don Cheadle, ...
2
Más extraño que la ficción
De la estupidez convertida en una de las bellas artes. Una oda a su reinado indiscutible. Un cantar de gesta sobre sus innumerables hazañas.
De cómo levantar un castillo de naipes, en el aire, sobre la nada. Fuegos de artificio. Fantoches, mamarrachos, chulería, bravuconería, falsedad, complicidad; una grandilocuencia gran guiñolesca, horrísona, estrepitosa; un esperpento caricaturesco, de tebeo; un inflado espectáculo, hormonado, adulterado, ciclado, hinchado, depilado; muy tramposo y vacío.
Son reflejos, pura superficie, virtualidad, sensación trucada. Nada hay debajo. Ni detrás. Ni delante. Es toda ella un espejismo. El cine sin ningún sentido. Un trampantojo de derribo y diseño, hueco, inane, muerto.
Es el enterramiento del arte. La nada embutida. Un charco de vómito artificial. Ectoplasmas. Hologramas.
Con dos o tres trucos rimbombantes; no sin mi hija o por mi hija mato, los malos son los más listos y molones y están rodeados de ominosos pibones, la policía siempre es lerda; unas cuantas parrafadas pretendidamente brillantes, epatantes y acojonantes (cuánto daño hizo Tarantino desde su irrupción triunfante, salieron miles de patanes imitadores aspirantes copiando sus diálogos y poniendo en boca de todo tipo de energúmenos millones de chorradas banales, ridículas y afectadas; eructos efectistas y, lo peor, profundamente aburridos), varias explosiones aberrantes, unos cuantos zorrones mamadores, musiquilla de acompañamiento como de cine porno y un intríngulis o trama estupefaciente con la complejidad de una tertulia de tele y una confusa deriva que trata de esconder su agresiva esterilidad y descalabrada nada con toneladas de pirotecnia abotargada.
En fin. Película fullera/follonera/fallera. Muy norteamericana en la sobreabundancia de machadas y gañanes que pareciera o se creyeran que están en un desfile de modelos.
Mala dos veces. En sí. Y para sí. Como puro cine es un bochorno por su frivolidad e idiocia, y como exponente de la cultura yanqui es representativa de un tipo de mirada violenta, garrula, delirante y ofensivamente chulesca, con un deje de niños mimados que se ríen mientras destruyen todo lo que quieren o tocan.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
María Magdalena
María Magdalena (2018)
  • 5,7
    1.465
  • Reino Unido Garth Davis
  • Rooney Mara, Joaquin Phoenix, Chiwetel Ejiofor, Tahar Rahim, ...
2
Dios ya es feminista o (La forma del agua) o (La llamada) o (El rey y yo)
Spoiler seguro:
Comprendedle al pobre, al viejo y acabado y revenido Dios, tantas veces asesinado y tan desprotegido y abandonado, de voz tan silenciada, tan orillado y despreciado hoy día, necesita cariño, se vino abajo, le hicieron una oferta que ni siquiera él podía rechazar, a saber, si te conviertes a la nueva religión, adiós a la perdición, volverás a vivir por enésima vez, te escucharán, ya verás, es un pequeño esfuerzo, nada más, firma aquí, no te arrepentirás, no temas, no sufras, abraza el feminismo, que es la mejor causa, sin competencia en el mercado, está testada, avalada por las más importantes naciones e instituciones, cede, venerable anciano, venga, no seas tan puñetero, que no cuesta ningún esfuerzo, lo hacemos por ti aunque no lo creas o parezca, nos das mucho pena, no queremos hacerte daño, es cosa buena, solo una vez te hacemos esta propuesta, es una gran oportunidad, o aceptas o te dejaremos tirado como un perro, anacrónico viejo, cabrón del cielo, o ya nadie, nunca, te querrá ver jamás.
Y aceptó. Los dioses, hasta los más perfectos, bellos, enjutos como juncos, barbudos y plenipotenciarios, omnipresentes y omnímodos, esos también tienen su corazoncito de algodón, sus tiernos egoísmos, sus penas recias, que nadie les contempla como a ellos les gustaría y anhelan.
Pero se hicieron más reformas, como las nuestras laborales de toma pan y moja, iguales. Ver y creer:
- Su hijo, el mismo Cristo bendito elegido delegado sindical o portavozo (blanco y de ojos azules, por si acaso). Enemigo del comercio, del dinero, del libre mercado, defensor de los carneros y los corderos, líder obrero, manifestante, iluminado, algo pendenciero y de "groupies" y forofos lleno.
- Pedro, negro. Por multirracial, cultural, apertura moral y bondad abismal.
- Sororidad. Las mujeres unidas jamás serán vencidas.
- La Virgen María como comisaria política de la nueva teología. Que es la madre y eso es tautología.
Y ella, todos de pie y aplaudiendo, nuestra generala en la sombra, la María Magdalena (también blanca como la leche y de mirada azulina, no dudaría), de luz llena, de sabiduría repleta, de ternura rebosa y amor que se derrama y nos reboza como albóndigas en salsa hermosa. La primera, la revolucionaria, el motor inmóvil de la causa, la jefa, libre, valiente y verdadera.
O todo lo que quiso saber y nunca se atrevió a preguntar sobre la remota posibilidad de que la Biblia fuera en realidad feminista a todo dar, os lo digo yo en verdad aunque nos lo quisieran los malvados ocultar, aquí lo tendrás, directo para gozar, con sabor tropical.
Tengo que confesar, para eso estamos, para contar nuestros pecados inmensos y pedir perdón a la nueva religión, que iba un poco confundido, había oído y entendido que la película era un pestiño, un bodrio absurdo y repetido, lo mismo de siempre contado sin ningún sentido, con un feminismo inapreciable, timorato, solo un poco, como de tapadillo. Y es cierto que durante una parte del metraje más o menos puede ser así. Pero después no. Es la violación sistemática y programada, aunque más o menos disimulada (mezclan churras con merinas, engaños y apaños con verdades, a veces a medias, otras ahí estamos) de los textos religiosos en aras de la buena nueva. Se trata de corregir la cultura religiosa para que se adapte a los nuevos tiempos. Con lo que al final Jesús es un absurdo mamporrero, la excusa, el hombre de paja, el pie de página, la catapulta que impulsa a la verdadera protagonista y su propaganda.
No deliro, tengo pruebas:
- María es sojuzgada por los hombres de su casa. La obligan a casarse.
- Se escapa. Pese a toda la resistencia y el repudio de su familia. Se libera.
- Se introduce en un heteropatriarcado que excluye a las mujeres. Solo Dios la comprende. Porque él sí es bueno y se ha convertido al bien, al feminismo.
- Sigue al señor. Le escucha, le atiende, le absorbe, le traduce. De hecho, es la única capaz de captar su mensaje y tiene que andar todo el santo día dando explicaciones a los simples, brutos y necios hombres:
a) Los hombres piensan como soldados. Ella les dice que Jesús es un príncipe pacifista.
b) María ofrece una lección de misericordia a Pedro, da consuelo, alivio y socorro a los desamparados.
c) Jesús no sabe qué decir a las mujeres, lógicamente. Le pide ayuda. Ella le guía. Le conduce. Le mima. Le ama. Le perdona. Sin ella está perdida, no es nadie, un pobre hombre, un niño de papá, una vaca sin cencerro.
d) Se acerca el final. Nadie entiende muy bien qué pasa. Parece que se habla de sufrimiento y oscuridad como inevitable destino. Ella les comenta lo que él le ha confiado. Les pide que aprendan. A ellos muchos les cuesta.
e) Él muere. Ella le acompaña. Y después. Ella en verdad es la que le resucita, con su presencia, con su mirada.
f) Ellos son envidiosos, como niños malcriados. Ella les dice que no sean tan mangarranes, que el reino de Dios no consiste en una chusca revolución zapatista, que eso es de risa, para patéticos paletos y ridículos posibilistas, que Dios está en cada momento, en cada acto de amor, que el cambio se produce con las pequeñas cosas, en los detalles amorosos.
Pedro se queja, rehúsa, se irrita. Malvada mujer, eso no puede ser. Ella le contesta orgullosa, tengo toda la razón como apostola primera que he estado en la última cena a su mismita vera, elegida por mi alma bella, lo sé todo y nadie me va a callar más, me van a a oír, os vais a cagar, machirulos bobos, que me acabo de empoderar y el mundo a temblar. Porque yo lo valgo y todos sin chistar. Y añado lo siguiente, hasta al mismo Dios le perdono la vida y hago caso para mantener un decoro y un ay, por pena y misericordia, que si no también se iba a enterar, hombre al fin y al cabo, por muchos humos, milagros y cielos que tenga.
- Al final todas las mujeres se miran gozosas, extasiadas, maravilladas, ha llegado su momento.
Últimas noticias del mundo. Breaking News.
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29 de 59 usuarios han encontrado esta crítica útil
Cincuenta sombras liberadas
Cincuenta sombras liberadas (2018)
  • 3,6
    3.469
  • Estados Unidos James Foley
  • Dakota Johnson, Jamie Dornan, Eric Johnson, Eloise Mumford, ...
2
Mucho sexo y poco seso
Vamos a ver, se ha completado la trilogía, se ha cerrado el círculo, y ha llegado el esperado momento de los concienzudos análisis, de las filosofías y las teologías, se acabaron las bromas y las ironías, los ataques y las felonías. Hasta que no se pone el punto final a la obra en cuestión, la que sea, no se puede opinar de verdad, no se logra entender su verdadero significado. Y esta los tiene, aunque algunos no lo crean, y muchos. Y enrevesados, y complejos, retorcidos, alambicados; líneas que se cruzan y se niegan, ámbitos ajenos que chocan, fuerzas antagónicas que luchan por ocupar el poder, por un trozo de cielo, es la guerra, más madera.
Pero antes de nada, debe quedar claro que se parte de una premisa que parece clara y demostrada, de un hecho empírico poco cuestionable, de que es una obra hecha por una mujer y consumida casi exclusivamente por otras mujeres, por muchas mujeres, es, diríamos sin temor a equivocarnos, femenina. Y también es un triunfo, es decir, les gusta mucho a ellas, a nosotras, a (casi) todas, algo les llega o toca o encanta o estimula. Así fue.
Lo primero que salta a la vista, lo más evidente es, obviamente:
- La repetición o reconversión industrial de un viejo modelo básico que tiene sus muchas variantes, pero una estructura sencilla y bastante cerrada:
a) Mujer inocente, virginal y pobre.
b) Hombre vivido, curtido y rico.
c) Se conocen. Saltan chispas. Se desean. Se juntan.
d) Ella disfruta primero y después redime al malote.
e) Él la cubre de dinero, de lujo, de sexo, la mima y la quiere, confía en ella, baja las defensas y es atento.
f) Conclusión: A ella/s le/s gusta/n los machos alfa, los reyes de la manada, los que se imponen al resto, los que tienen el mando. A él/ellos (según la fantasía de ella/s), las mujeres omega, las buenas muchachas de almas puras y con cierta picardía retozona, como enfermeras o madres en miniatura. Por eso se complementan.
Alguien podría pensar que es un anhelo viejo, caduco, pueril, ridículo, trasnochado, bobo y reaccionario. Quizás. Pero es cierto que los hechos demuestran que sigue vigente, que no muere, que es un éxito, que ha dado montañas de dinero, que ha sido un fenómeno, que a las mujeres (a muchas, no a todas) les mola y entretiene y fascina y evade y excita y remueve. Qué duda cabe.
Vale. Pero ahora llegamos a la segunda parte. A la madre del cordero. Al contexto. Que podríamos resumir así:
a) A las mujeres, en la actualidad, se les dice constantemente que los hombres son malos, violentos, peligrosos, cerdos, lerdos, potencialmente violadores y asesinos, que así nacieron o culturalmente se construyeron, horribles compañeros, que te lastiman, hieren y traicionan, que mucho mejor abrazar otras posibilidades superiores, por qué no la radical soledad, el lesbianismo, el solipsismo/onanismo, el amor a los animales o a cualquier Dios si apetece y es santo.
b) Que sean autosuficientes, independientes, que no se aten a los hombres, que no los tengan en cuenta, que son sus opresores, que les huyan, que se liberen, que los desprecien.
Spoiler:
Y aquí hagamos un inciso que tiene que ver directamente con esta tercera parte. En la cual se casan y terminan teniendo un hijo. Acaban felices, en familia, comiendo perdices. A lo que hay que hay que añadir que el trabajo de ella, su elevado puesto, se debe a las influencias todopoderosas de él, que no lo ha conseguido precisamente por sus esfuerzos ímprobos o talento natural, que la ha puesto a dedo, vamos, que es la enchufada del jefe/marido, que ha llegado a ello vía cama, aunque sea bendecida por el santo matrimonio y un amor como un terremoto.
Sin olvidar que él la quiere imponer el apellido y que a veces la trata como si fuera menor de edad o de pocas luces, la quiere controlar en todo momento y no la deja ni respirar, casi que la trata más como si fuera su mascota, su perrillo faldero, su hija mimada o su esclava sexual de lujo.
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7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
La muerte de Stalin
La muerte de Stalin (2017)
  • 6,3
    4.251
  • Reino Unido Armando Iannucci
  • Steve Buscemi, Simon Russell Beale, Jeffrey Tambor, Michael Palin, ...
5
El crepúsculo de los dioses
¿Hay que recurrir a la vieja fórmula, tragedia más tiempo igual a comedia, para definir esta obra? ¿El comunismo, con el paso de los años, ha perdido, cosas veredes, toda su reputada solemnidad y unción cultural y se ha convertido inevitablemente en un esperpento grosero? ¿La Unión Soviética solo fue una broma macabra? ¿El marxismo es ya solo un chiste de mal gusto? ¿Esta película es la gota que colma el vaso de los posibles resistentes o nostálgicos que ya, los pobres, irremediablemente se dan por vencidos?
¿O no, o a pesar de esta sátira a tumba abierta, el ideal, el virus sigue vivo, ha mutado pero no ha muerto y solo hay que ver la China comunista capitalista, tan estatal y desigual, que da más yuyu que un perro muerto?
Nos centramos: ¿Era Stalin un clown rodeado de monstruos de feria, de payasos de circo? ¿Era el Kremlin el camarote de los hermanos Marx, todo lleno de bufones, gañanes, tarados, retrasados y criminales?
¿Tienen gracia la muerte, la pobreza, la corrupción y la idiocia?
Esta película, mucho me temo, tiene más valor como síntoma o símbolo que como hecho en sí. Significaría la confirmación popular y mundial de que con los rojos rusos ya se puede, de verdad, a fondo, no solo en el reducto de los eruditos políticos o en el ámbito más literario e histórico. A estos muertos ya no se les respeta. Quién lo diría tras décadas en las que en Europa, y no solo, el comunismo fue una religión de dogma, feroz, incuestionable, tremebunda, muy amada y temida. Hasta con su caída estrepitosa a finales de siglo pasado todavía era un tema tabú en muchos aspectos y lugares, pasto casi exclusivamente de los llamados de derechas.
En fin, que parece que para el gran público también se ha abierto la veda. Parece que Hitler por fin va a tener compañía en el trono del mal abismal. Un amiguete para no sentirse tan solo. Un par de su altura.
Pero, como habíamos insinuado más arriba, la película en verdad es poca cosa. Su tono sarcástico, feroz, salvaje, es bueno, el modo en que se lleva a la praxis, mucho menos, plúmbeo, tedioso y por muchos momentos solo una suma de desafueros confusos, burdos, rudos, nimios; un barullo vodevilesco carente de la mínima gracia, brillantez o sentido. Una obra de teatro aciaga, redundante, estridente, afanosa.
Solo el inicio como esperanza, aire fresco en los cines nuestros, y el final como cierre inevitable que nos dice que no todo era caos y gratuito espanto, se pueden ponderar como acertados trozos, lo demás, casi todo, es un recorrido cansino, atorrante y ruidoso que a duras penas levanta el vuelo. Se abren y cierran tramas al albur de la casualidad, presentan y olvidan personajes y situaciones sin ningún criterio, como por capricho o necedad. El concierto, la pianista, los hijos, la niña (otra más en la majestuosa tradición de Rajoy, el gran creador descubre a sus precedentes, que fue un epígono, como hemos comprobado con los últimos estrenos, de Churchill y Stalin y Malenkov en el afán de demostrar su gran bondad y humanidad al citar, nombrar o aparecer con una niña de poca edad), las mujeres, las esposas, el pueblo y otros ingredientes mezclados a la buena de un Dios ateo, al alimón o solo con tenaz y estéril fruición.
Digamos que son cuatro comediantes principales, un muerto, y un invitado especial.
El muerto, para qué decirlo, es el padrecito Stalin, Koba el temible, ese ser humano que estuvo más de treinta años al mando de ese imperio rojo y que ahora se le considera como el probablemente responsable de más muertes en el mundo entero, ese georgiano fiero que acabó con todos los de alrededor, ese superviviente nato, terrible y atroz, brutal, pícaro y terrorífico. Aquí sale un pequeño rato.
El comediante principal es Nikita Kruschev, Buscemi, como siempre, muy bien, el intrigante, conspirador y muy manipulador, el más equilibrado y templado, el que poco tiempo después se haría con el poder, el que dio los primeros pasos para que todo cambiara y siguiera igual. El menos grotesco. El más normal.
El segundo es el carnicero Beria, el brazo ejecutor de Stalin durante tantos años, el jefe de la NKVD, torturador nato, asesino de vocación, sátiro compulsivo, y depravado y cruel como pocos en el mundo han sido.
Malenkov o el tonto útil. Débil, cobarde, vanidoso y bobo. Títere manejado de aquí para allá debido a su incompetencia y nulidad.
Molotov. El del famoso cóctel. Otro pavoroso miserable, corrupto y bajuno.
Además aparecen los dos hijos de Stalin, el hijo borracho y loco y la hija un poco desquiciada y atontada.
Y, especialmente, el generálisimo Zhukov, el que toma el mando militar después del funeral. Egocéntrico, bestial y ridículamente orgulloso.
El panorama, obviamente, es desolador. De cómo un sistema ideológico que vendía el bien, que ofrecía el cielo en la tierra, la igualdad, la justicia, la equidad, la recompensa para todos los parias del pueblo, la hermandad de las gentes y otras ofrendas y bicocas se convirtió en el mayor experimento asesino y desastroso que el hombre posiblemente haya conocido.
La distancia entre las ideas y los hechos. O no. O quizás en sus ideas estaba el germen que propició esas consecuencias. O mitad y mitad. O de todo un poco. Tú verás.
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5 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
El insulto
El insulto (2017)
  • 7,2
    2.556
  • Líbano Ziad Doueiri
  • Adel Karam, Kamel El Basha, Christine Choueiri, Camille Salameh, ...
4
El malentendido
Miras la pinta de esta película y dan ganas de echarse a temblar, fue nominada a los óscar (el siguiente axioma no es fijo, como ninguno, pero hay que tenerlo en cuenta, dice así: toda película a la que la academia norteamericana le echa el ojo es susceptible, muy probablemente así sea, de ser utilizada en tu contra, de ser un instrumento puramente comercial o, en el peor de los casos, propaganda estratégica del imperio que posee la mejor moral) y va de juicios (espectáculo vacío y estupefaciente normalmente). Para no ir al cine ni a punta de pistola. Pero fuimos. Así somos. Nunca hacemos lo que decimos o pensamos.
En los tiempos actuales hay un auge, excitado por los poderes, de la victimización constante de sucesivos o simultáneos sectores de las sociedades modernas, con el fin evidente de hacerles sentir especiales, merecedores de todas las compensaciones del mundo por las injusticias eternas cometidas sobre ellos, y, sobre todo, con la finalidad indudable de que esos grupos injuriados y señalados como elegidos se entreguen a los manejos de los cogollos dominantes y así deleguen, se dejen manipular a modo para convertirse en brazos armados o tentáculos políticos útiles para que esas clases dirigentes, entes, entidades o grandes emporios expriman mejor a todos, a esos señalados como víctimas especialmente, con mayor ahínco, beneplácito y falta de resistencia. A esos grupos se les utiliza y luego se les deja tirados, más deprimidos y oprimidos que antes, más expoliados y engañados si cabe. Da igual que seas mujer, discapacitado de cualquier tipo, jubilado, palestino, parado, judío, negro, chino, albaceteño recién ofendido, seguidor del Levante o simplemente quejoso crónico, un humano enfadado y afligido. Todos tienen razón. Ese es el problema. Todos sufrimos injusticias y estamos hasta arriba de penas.
En esta película, en cambio, se afirma lo contrario, se combate esa premisa, se dice que ningún grupo o ser humano tiene el monopolio del sufrimiento, que todos en mayor o menor medida hemos tenido lo nuestro ya sea ahora o en el pasado más lejano. Y, por lo tanto, nadie puede (o no debería hacerlo) alzar la voz por encima de los demás e imponer sus derechos soliviantados, sus privilegios recién adquiridos. Solo queda optar por la reconciliación, el perdón y la paz.
Vale. Bien. Así es.
A esa gozosa conclusión se llega tras un largo periplo de muchas calamidades, encontronazos y barbaridades.
Yo diría que dividido en dos partes:
a) Primer tramo: Maniqueísmo (el maniqueísmo simplifica la realidad, la reduce a cenizas, la distorsiona y falsea, es un engrudo o papilla que trata, mediante su falta de complejidad y manipulación moral, de conseguir la mayor aceptación del mayor número de adeptos a sus perversas tesis. Para poder de esa manera dirigirles con mayor fiereza y precisión) desaforado y absurdo emasculado. Se convierte un pequeño incidente, una minucia insospechada, al estilo Farhadi, en una monstruosidad enrevesada de culpas, agravios y desencuentros. Se radicalizan los extremos. Se caricaturizan las posturas hasta el esperpento. Todo lo que sucede es horriblemente grotesco. Sin medida. Funesto. La mirada es grosera, gruesa, su propuesta se abre paso entre una maraña de insensateces y disparates judiciales. No sabes si reír o llorar. Tu alma pena, tu cuerpo se retuerce, tu corazón se encoge. Sufres. No entiendes.
b) Segundo tramo: Relativismo (el relativismo buenista también tiene su serio peligro. Desactivar cualquier responsabilidad. Caer en la inanidad. En la hipocresía. Utilizar la equidistancia como forma elegante y torticera de lavarse las manos. Negar las atrocidades de ciertas personas concretas para justificar crímenes sin nombre. Una especie de truco de prestidigitador con el que al final todo el mundo queda limpio, a salvo, sin pagar por sus delitos) posmoderno compasivo y comprensivo. Todos tienen cadáveres en el armario. La verdad y la justicia están compuestas de trozos rotos de un espejo en el que se miran el ruido y la furia sin entender nada. Nadie tiene la culpa. Todos somos pecadores. Solo nos queda la comprensión, la mutua aceptación, la feliz reconciliación. Solo queda entender que tu dolor no es mayor ni tiene más valor que el de los demás, que tienes que madurar, ser más generoso y menos egoísta y tramposo.
Este viraje mejora lo anterior. Se expande la sustancia de los hechos. Se difuminan los obscenos contrastes. Ya no hay buenos ni malos. Todos tienen sus razones, su pasado tormentoso, su reguero de desgracias y dolores. Nadie es más que nadie. Todos somos hermanos.
Es decir, hemos pasado de un panfleto, que podía haber sido pinturero e infecto, a una mirada apostólica, amaros los unos a los otros, prójimos, todos, a pesar de tanto horror y muerte y espanto y barbarie y ferocidad y odio.
Pero es difícil. Siempre repetimos los mismos errores y atropellos, no tenemos remedio.
Los humanos somos malvados y necios. Borregos. Nos dejamos atrapar con enorme facilidad por causas consoladoras y monsergas que nos den sentido, un enemigo, una bandera, un motivo. Odiamos la libertad y la razón, no soportamos pensar ni sopesar, en cuanto algún sinvergüenza nos da una excusa para matar u odiar allá que vamos directos, gritando, a agredir, insultar, masacrar. Somos incapaces de reflexión, de estar quietos y tratar de dilucidar, qué va, nos gustan la guerra, los bandos, la unión del rebaño que nos dé fuerza y seguridad, el conflicto como sentido, la elección de un colectivo en el que fundir y eludir nuestra responsabilidad, capacidad, juicio, persona, individualidad.
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18 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bajo la piel de lobo
Bajo la piel de lobo (2017)
  • 4,6
    984
  • España Samu Fuentes
  • Mario Casas, Irene Escolar, Ruth Díaz, Quimet Pla, ...
4
El cazador
¿Es Mario Casas tan noble y brutal como un bello animal? ¿Es un hombre lobo? ¿Se amamantó de pequeño de las tetas de una loba, como Rómulo y Remo? ¿Se crió entre lobos?
Escindida. Con alma documental y observadora. Y, por otro lado, con tendencias gruesas hacia el dramón desaforado, seco, opresivo y deprimente.
En su primer tramo se vacía de todo significado o referencia. No nos dicen nada, no sabemos cuándo, dónde, por qué, para qué ni cómo. Nada. Vemos a un hombre comer y cazar entre la nieve, solo.
Baja al pueblo.
Ahí comienza a llenarse la historia. Pero no del todo. Se le intenta dar un ropaje dramático. Pero de aquella manera. Sin entrar a fondo. Sin casi explicaciones. A la fuerza. Por si las moscas. Para no meternos en problemas.
El contraste es brusco. Entre esa silenciosa nada del principio, tediosa y bella, y esta aparición de mujeres, de sexo, de algún diálogo. En ese vaivén, de lo animal a lo humano, del silencio a la compañía, de la nada a la trama, se pierde este cuento, que no lo tiene claro y no juega limpio del todo. Deja muchos cabos sueltos. Exagera ciertos asuntos y desprecia otros. Niega informaciones necesarias y se repite con temas banales. Juega al escondite y se pierde.
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28 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
En busca del avión perdido
En busca del avión perdido (1981)
  • 3,8
    77
  • Australia David Hemmings
  • Ken Wahl, Lesley Anne Warren, Donald Pleasence, George Peppard, ...
2
El venao, el venao
Comedia aventurera añeja que no tiene ningún sentido.
Tres buenos (Lesley Anne Warren (no confundir con Lesley-Anne Down, más espectacular y fría), de risa maravillosa y simpatía a prueba de bomba, la hija o novia, Ken Wahl, pasmarote buenorro que pasaba por allí, tan mal actor como aparente y soso, el chico, el héroe, la carne con ojos, y el viejo o padre, Donald Pleasence, el de "Cul-de-sac" o "La gran evasión", haciendo el ridículo como borrachín sin fundamento ni criterio) y muchos malos (solo distingo al imperial y jotero George Peppard, "Desayuno con diamantes" y "El equipo A" son citas inevitables, calas en la cultura, las tengo en el frontispicio de mi alma grabadas a fuego, señaladas con rotuladores de colores, que aquí se lo toma a guasa y se ríe de todos, hasta de la madre del cordero, con modelitos llevaderos y unos gorros o sombreros que para las carreras de Ascot nos irían al pelo) y un tesoro. El resto es escombro, estorbo, bulto sospechoso, estupor, banalidad, toneladas de idiotez, puro relleno y malvado despropósito.
En Nueva Zelanda. Con pasado bélico que se pierde en el tiempo.
Solo tenemos, podemos ver, nos dejan disfrutar el hueso, el ABC, lo demás se lo pasan por el forro, a fuerza de contar majaderías, incongruencias, barbaridades y pérdidas absurdas de tiempo con boberías que ni los más niños disfrutarían.
Ni siquiera su aire pueril y libérrimo, el humor y blandura y bondad de lo que se cuenta compensan un aburrimiento tan perfecto, un ejercicio de tedio tan exacto, un desastre de puro hueco, un vacío tonto tan morrocotudo y mostrenco.
Nada interesa, tiene un pase o nos llega. Quizás, si nos fijamos mucho o ponemos empeño, la escena de la bañera pezonera sea lo único que un espectador salido, con hambre de sexo o poco seso, pueda recuperar de entre tanto desguace, chapuza y disparate verbenero.
Es una película muy mala, hasta el fondo, solo me quedo, ya digo, con la majetona y guapetona Lesley y algo del revuelo de tanto helicóptero y acción de medio pelo que no parecía precisamente "El carnaval de las águilas" o "La cabalgata de las Valquirias", eso me temo.
En fin, para no contarlo y tirarme en pleno vuelo, sin paracaídas, a puro y libre pelo, para romperse el alma y echar un enorme y sonoro regüeldo.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Loving Pablo
Loving Pablo (2017)
  • 5,3
    3.139
  • España Fernando León de Aranoa
  • Javier Bardem, Penélope Cruz, Peter Sarsgaard, Julieth Restrepo, ...
5
Malparíos
Es una película que no tenía buena pinta, la crítica, sorprendentemente (según ellos la inmensa mayoría de las películas son buenas o muy buenas), no había dado el unánime y acostumbrado sí quiero. León de Aranoa estaba errante, ya no sabía si cine de monserga o explorar nuevas vías. Bardem y Pe ya no son lo que eran. A Pablo Escobar le han contado la vida tantas veces y tanta gente, ya solo falta que la escriba él mismo desde la tumba, que pocos temas más sobados había.
Y lo peor con diferencia de todo, la grotesca premisa que daba lugar a esta historia resumida en su nefando título, el amor entre una periodista, o así, y el tal Pablo que todavía nos alumbra como una estrella que murió hace tiempo y sigue todavía viva.
En fin, que había que atarse bien los machos, rezar todo lo conocido, rogar y esperar que la función no nos hiciera demasiado daño, a nosotros, pobres espectadores castigados con saña por el último cine que nos ha llegado directamente desde la parrilla de los Óscar hasta nuestras mejores salas. Cine abominable, Stalinista-Goebbelesiano- McCartysta, no sé si terriblemente conducido o simplemente aberrante. No todo. Solo un buen trozo.
Tanta palabrería para decir que nos salvamos por los pelos. Si logras soportar los primeros minutos de duro impacto, cuando te dan el primer sopapo, cuando descubres atónito, la ignorancia te había mantenido dichoso, que es una película sobre colombianos interpretada por españoles y hablada en... inglés (con algunas palabras o expresiones en español, manda madre), lo demás va solo. Malparíos. Obviamente el dinero manda, para poder hacerla y distribuirla, antes, durante y después, vive Dios. Pero pocos atentados/decisiones artísticas tan esclarecedoros y representativos de cómo está el mundo y funciona el cine. Como hacer una película sobe Rubén Darío interpretada por un mexicano y hablada en chino mandarín. En fin. Somos fuertes y lo pudimos resistir. Luego el ser humano se acostumbra a todo y casi no te das cuenta del crimen de lesa gravedad contra la humanidad.
Pero no son solo esos hechos perturbadores, hay que sumarle la aparición estelar de la Pe como trepa desaforada, frívola y pedorra sin parangón que se nos lleva al terreno de la pasión gavilanesca al tripudo Bardem (ay, la escena en la que corre con el culo al aire, y al viento, y rifle en ristre por aquellos andurriales me recordó, con perdón, a las hazañas nudistas del inefable Carlos Areces o al inverosímil Torbe en todo su apogeo cretino emitiendo sonidos de gorrino).
En esos momentos parecía/temía parodia sandunguera y platanera. Me preparé para una buena ración de risas (y un futuro gozoso escrito pinturero/portentoso).
Y no. Se van desarrollando los hechos, la petarda se hace a un lado y se cuentan cosas interesantes con ritmo intenso y entretenido. El Escobar se quiere hacer político para así evitar que los gringos le metan en la trena con la aplicación del tratado de extradición. Pero claro, una cosa es ser el jefe de la droga colombiana y otra muy distinta ser un importante gerifalte político. Lo primero lo puede conseguir cualquier psicópata con algo de inteligencia. Lo segundo es peor, mucho más complicado, tienes que ser un pele, un monigote sinvergüenza dentro de un monstruoso sistema. Lo mismo que Escobar pero sin mancharse las manos. Ahí se equivocó, confundió el valor del dinero. El cual es solo una herramienta, la más crucial pero no la decisiva, lo que manda es el poder, el conjunto de relaciones, ese entramado de los que verdaderamente mandan, el cual expulsa sin contemplaciones a los recién llegados o que no se pliegan, a los que se creen que se pueden saltar las reglas (como salvando todas las tremendas distancias de todo tipo les pudo pasar en España a dos elementos tan distintos y acojonantes como fueron Jesús Gil y Mario Conde, que en cuanto quisieron llegar a más y poder dominar, fueron eliminados, es decir, encarcelados y silenciados) inexorables del juego. Esos seres que rigen el mundo no necesitan enseñar la pistola o los billetes para tener el dominio.
Esa es la cosa, la película gana y crece en el aspecto criminal, temporal, político, drogadicto, sufre perramente con la Penélope y en los minutos en los que aparece la santa esposa y los queridos niños (aunque sirven para decir que distinguía y diferenciaba entre lo público y lo privado, entre el trabajo y la casa. Con sus vicios sexuales pero cada cosa en su sitio, como le hace ver a Pe cuando esta se quiere asemejar a su santa esposa).
Pero sobre todo hay que destacar y aplaudir como se merece al inmenso Bardem, con una interpretación abismal, graciosa, desbordada, arriesgada, creativa, exagerada, valiente y gigantesca. Siniestramente cómico. Hermosamente terrorífico. Fabulosamente patético. Con sus carnes morenas derrengadas y todas sus bajezas expuestas sin sutileza. Mentiroso, poderoso y medio loco. Desquiciado, familiar, brutal, implacable y fullero. Aunque no se profundiza demasiado y queda solo la carcasa, el arquetipo, es Bardem el que le insufla toda la vida que le falta a esa casi caricatura. Su destino es una huida hacia delante, hacia la nada. Hay momentos, pocos, tampoco nos pasemos, en los que casi me recordó a Tony Montana. El cubano, más encocado, Pablo, más borrachuzo, tragón y follador.
Y de lado, el retrato de un país y un tiempo. La Colombia de los años ochenta y primeros noventa. Sin ley y con (mucha) muerte. Una guerra civil y campal cada día. Se expresa bien la sensación de impunidad y vértigo. De un Estado sin derecho.
También se acierta con el tono cínico, ajustado, sin idealizar, más o menos neutral, para contar unos hechos tremendos.
Pe está ridícula. Pero no creo que lo haga mal. Simplemente retrata a una tipa que así apuntaba, a zorrón
desorejado con ínfulas, a caradura con gracia y salero, a choni felona de altos vuelos.
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9 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil