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Críticas de Christian Jiménez
Críticas ordenadas por:
Tatuaje
Tatuaje (1966)
  • 6,8
    171
  • Japón Yasuzo Masumura
  • Ayako Wakao, Akio Hasegawa, Gaku Yamamoto, Kei Satô, ...
9
La venganza de la araña
Una araña cuya única misión es manipular a los hombres para después devorarles, nacida de la perversidad y el engaño, una araña tatuada cuya fuerza diabólica atrapará en una red de violencia, traiciones, desgracias y decadencia a todos los que se hayan a su alrededor.
Es su deseo de venganza, y es terrible.

Para aquellos que no lo conozcan, el natural de Tokyo Jun'ichiro Tanizaki ha sido y será uno de los escritores más importantes del país, cuya obsesión por explorar la inmoralidad y la decadencia del ser humano, dotar a sus textos de una atmósfera sórdida y sexual y unir el sufrimiento al placer le convirtió en un auténtico pilar de la literatura moderna; muchos trabajos suyos fueron trasladados al universo cinematográfico ("La Señorita Oyu", "Okoto y Sasuke", "Daydream"...), aunque dicha práctica sería más recurrente para Kaneto Shindo, Kon Ichikawa y Yasuzo Masumura.
Tras su memorable "La Mujer de Seisaku", éste último (que ya había realizado la adaptación de "Manji" y haría lo propio unos años más tarde con "Chijin no Ai"), se encargaría de dar vida a la primera novela de Tanizaki, "Shisei", relato corto de enorme popularidad escrito en 1.910 que definiría para siempre el inconfundible estilo del autor; para ello contaría una vez más con la colaboración de Shindo al guión y de su actriz fetiche Ayako Wakao, quien representaba para él lo que Harriet Andersson para Bergman: el triunfo absoluto de la sensualidad salvaje y la espontaneidad carnal.

Un prólogo de tenebrosa ambientación que ciertamente celebra este triunfo nos revela en forma de "flashback" la premisa de "Tatuaje". En el Japón de la era Edo los amantes Shinsuke y Otsuya deciden abandonar su hogar en mitad de la noche hasta que su matrimonio sea aprobado por los padres de cada uno; el joven escapa furtivamente con la descarada hija de su jefe y todo ello desembocará en una traición por parte de Gonji, un posadero amigo de los enamorados, que vende a Otsuya como mercancía sexual y manda asesinar a Shinsuke (situación que no se aleja mucho de la sufrida por la protagonista de "Vida de Oharu, mujer Galante").
Una situación tachada de inmoral y repugnante por las tradicionales costumbres de la sociedad nipona feudal, y que halla su punto de inflexión en el momento en que el experto Seikichi (versión siniestra del Utamaro de Mizoguchi) tatúa en la espalda de Otsuya el dibujo de una araña mientras Shinsuke se ve transformado en un repelente asesino al defenderse de uno de los secuaces de Gonji, escenificado en una encarnizada lucha en pleno bosque con la que Masumura insiste una vez más en el hombre como animal salvaje desprovisto de sentimientos y degradado a sus más bajos instintos de supervivencia.

A partir de aquí la crudeza gana terreno frente al melodrama, que únicamente ha ocupado los veinte primeros minutos de metraje, pero con la creación del tatuaje el argumento se escora hacia la extrañeza y al más puro horror psicológico. Tokubei muestra a Otsuya un telar ilustrado con la mujer devoradora de hombres, en la que se transmutará al dibujar Seikichi la araña sobre ella; de algún modo el tatuaje cobrará vida y se adueñará de su alma. Tomando el sobrenombre de Somekichi, ésta se vuelve una encarnación perfecta de la araña de la mitología asiática que aparecía transformada en seductora mujer ("jorogumo").
Sirviéndose del aspecto sobrenatural, el director hace hincapié en la figura femenina como instigadora de las tensiones entre los hombres, a la vez víctima y manipuladora, llevada por la venganza y la depredación (como ya nos presentó Kurosawa en "Rasho-mon" y "Barbarroja"); entre tanto, los personajes de Tanizaki serán conducidos, por obra y gracia de Shindo, a un profundo abismo habitado por las mentiras, las pasiones lujuriosas y la crueldad. Éstos seres abyectos tan clásicos del cine de Masumura, que disfrutan con su violencia y sadismo, que hallan placer en la desgracia, no obtendrán otra salida a la degeneración por la cual se dejan arrastrar que la decadencia o la muerte.

Pero aunque todos los personajes se vean conectados por la trágica y cruenta sucesión de acontecimientos, el epicentro de la historia será la extraña relación triangular entre Shinsuke, Otsuya y Seikichi (que detallaré en la Zona Spoiler). Masumura impregna la atmósfera de erotismo y sordidez, con una atrapante puesta en escena que presta especial atención a la intensidad de los tonos (sobre todo al rojo) y al uso de las luces y sombras (lo que aumenta la sensación de inquietud y desasosiego), destacando así el trabajo de fotografía del maestro Kazuo Miyagawa.
Entre tanto, los actores ofrecen grandes interpretaciones, en particular Akio Hasegawa, Asao Uchida, Kei Sato y Kikue Mori, que da vida a la madre de Shinsuke. No obstante todos quedan eclipsados por una Ayako Wakao arrebatadora y sensacional desde todos los ángulos con los que es inmortalizada por el director. "Tatuaje" no es sólo una de sus obras más logradas, sino una de las películas más fascinantes (por violenta y descarnada) del cine japonés moderno, la cual confiere movimiento y color a la novela de Tanizaki de forma hipnotizante.

En 2.006, "Shisei" volvería a ser adaptada por Hisayasu Sato, pero esta tergiversadora versión del texto poco tiene que ver, por supuesto, con el insuperable trabajo original de Masumura.
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El lobo de Wall Street
El lobo de Wall Street (2013)
  • 7,5
    94.820
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Kyle Chandler, ...
7
El precio del triunfo
Divisas, alzas, inversionistas, balances, puntos de resistencia, precios ascendentes, cuentas de inversión, contratos de moneda, "pips", "thin tradings", "spots"...
Todo ello perfectamente cohesionado y funcionando como un organismo vivo, todo en base a un objetivo: el interés, el beneficio propio, el ganar un montón de dinero contante y sonante. Así funciona Wall Street.

Si hay alguien que conozca bien ese mundo de acciones, riquezas y depredadores bursátiles es sin duda Jordan R. Belfort, uno de los más famosos y exitosos brokers que existen, nacido en el Bronx en el seno de una familia judía de clase media y que, tras fracasar en la bolsa de Wall Street, acabó fundando de la nada su propia empresa, Stratton Oakmont, con la que se hizo (asquerosamente) rico llevando una vida de depravación y excesos sin límites, hasta que cayó preso del F.B.I. siendo condenado por fraude. Su historia quedaría reflejada en la novela "The Wolf of Wall Street", escrita tras salir de prisión.
Una autobiografía en parte real, en parte ficción, que narraba su ascenso a la cumbre y su estrepitosa caída en el mundo de las finanzas, y por la cual Brad Pitt y Leonardo DiCaprio batallaron para conseguir sus derechos en 2.007, resultando ganador éste último y ofreciéndole el puesto de director a Martin Scorsese, quien empezó a trabajar en el guión antes incluso de embarcarse en su proyecto "Shutter Island". Años más tarde, tras barajarse varias productoras, el libro de Belfort sería adaptado por Terence Winter y respaldado por la compañía independiente Red Granite Pictures.

Un ambicioso joven recién llegado al corazón de Wall Street con la intención de hacerse rico, lo cual logrará a fuerza de estafar, robar y traicionar mientras su vida se va por la borda. Esta premisa, que poco importa si está ubicada en el universo de las acciones y las finanzas ("ya sé que no entendéis lo que estoy diciendo, […] la verdadera cuestión es […] que ganábamos tanto dinero que no sabíamos qué hacer con él", aclara Belfort), sirve al director para volver a construir una fábula sobre el ascenso al poder, el camino a la autodestrucción y el descenso a los infiernos en Norteamérica.
Se establece así una línea de sucesión directa con sus anteriores "Casino" y "Uno de los Nuestros", pues "El Lobo de Wall Street" funciona a modo de progresión, solo que reemplazando el mundo de la mafia italiana y del juego por el de los agentes de bolsa; pero además de progresión, la película se convierte en la síntesis del cine que Scorsese lleva haciendo desde los últimos cuarenta años. Como los protagonistas de los títulos citados, Belfort cuenta en primera persona la historia de su vida y nos mete de cabeza en el Wall Street de los '80.

De este modo se nos muestra la frialdad del mundo de los negocios, el ansia de fortuna y poder, las diferencias entre clase alta y media-baja y, por supuesto, la facilidad del ser humano para corromper su alma; de hecho, durante los primeros y tediosos 85 minutos vemos cómo logra llegar a lo más alto con la indiscutible clave del éxito para acabar absorbido en una vorágine de sexo, drogas y alcohol. Con la aparición de Denham el film parece inclinarse hacia la intriga y el suspense aunque sin abandonar la comedia negra delirante, depravada y de fastuosa magnitud que el director quiere vendernos como si de una obra maestra se tratase (Belfort es su perfecto reflejo).
Así, "El Lobo de Wall Street" se perfila en todo su metraje como un desenfreno psicotrópico que presenta el negocio bursátil caricaturizado de forma grotesca. A partir de las dos horas, donde hallamos la escena más graciosa de la película (cuando Belfort y Donnie caen presa de los lemmons, lo que nos traerá recuerdos de "Miedo y Asco en Las Vegas"), el universo tan protegido de los protagonistas empezará a desmoronarse. Esta destrucción masiva provocada por desafortunados giros del destino y errores fatales por parte de los abyectos personajes (más animales depredadores que seres humanos) terminará arrastrándolos a un torbellino de violencia y traiciones.

Pero un torbellino que ni siquiera alcanza la tragedia apocalíptica de "Casino" (los papeles de Sam y Ginger se invierten con Jordan y Naomi), apenas una abrumadora acumulación de muertes, desengaños y, sobre todo, de decadencias y bancarrotas morales; es el alto precio del triunfo, como bien recalca el padre de Belfort ("Con el viento se limpia el trigo...y los vicios con castigo"). Desquiciado, histriónico y totalmente descolocado, DiCaprio se convierte en el sucesor de sus admirados Nicholson y DeNiro con una interpretación que va más allá de lo imaginable, a veces cayendo en la aberrante exageración y otras sacando a relucir su aspecto dramático y sobrio.
Tras él, un Jonah Hill de lo más repulsivo, unos impagables Matthew McConaughey, Rob Reiner, Jean Dujardin, Ethan Suplee y Jon Bernthal y las preciosas Margot Robbie y Cristin Milioti (absolutos negativos); personajes reales e imposibles de simpatizar con el espectador (al menos el de clase media) cuyos nombres han sido cambiados para evitar problemas, arropados bajo una producción multimillonaria, una puesta en escena de ritmo frenético tan colorista como desasosegante y una genial banda sonora. "El Lobo de Wall Street", que en su primera semana arrasó en taquilla, recaudando casi 120 millones de dólares, es Scorsese elevado a la trigésima potencia, aún más inmoral, irreverente y descontrolado que de costumbre.

Pero eso no quiere decir que sea una obra maestra, ya que ni posee la esencia trágica de "Uno de los Nuestros" ni la épica de "Casino" (cuyas tramas, enmarcadas en el mundo de la mafia, resultan infinitamente más interesantes que la de la película que nos ocupa) ni la incisiva mirada del "Wall Street" de Oliver Stone.
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Seis hombres enfermos (C)
Seis hombres enfermos (C) (1966)
  • 4,5
    1.385
  • Estados Unidos David Lynch
  • Animation
4
El maestro pinta su primera obra
Aparecen tres figuras amorfas en un cuadro, las siguen otras dos que se unen en una sexta. A estos seres, supuestamente hombres, se les dota de órganos vitales y extremidades, y así parecen cobrar vida.
Pero la vida es muy corta, difícil de asimilar. La emoción es sustituida por el horror, los órganos empiezan a deshacerse, los "hombres" recién creados reaccionan aterrorizados; la misma creación se prende fuego, se rechaza, y las figuras terminan por reventar.

Unos 47 segundos realmente grotescos y traumatizantes que venían a significar el gesto de bienvenida al mundo del arte de un joven de 21 años nacido en el corazón de Montana. Mucho antes de inmiscuirse en el cine y cambiarlo para siempre, David Lynch mantenía una gran afición: la pintura, medio de expresión que sería el suyo permanentemente y que nunca abandonaría del todo, pese a realizar películas de forma profesional. Poco después de inscribirse en el Boston Museum School en 1.964, se va a estudiar a Europa, en concreto a Viena, con su buen amigo Jack Fisk.
Allí intentan, en vano, conocer al pintor expresionista Oskar Kokoschka. La estancia dura poco tiempo y llegan a la conclusión de que Europa no está hecha para ellos, con lo que hacen las maletas y regresan a EE.UU.. Lynch acabaría en Philadelphia (una ciudad más acorde a su estilo), y el verdadero cambio de su vida llegaría en 1.965 al matricularse en la Academia de Bellas Artes de Pennsylvania, donde tomó conciencia de sus capacidades artísticas y fue asaltado por la revelación de que a su pintura le faltaban dos dimensiones: el movimiento y el sonido.

Esta concienciación llevó al joven estudiante de arte a adquirir 200 dólares y una cámara de 16 mm. con la que en dirigió su primer film, en colaboración de Fisk, bautizado "Six Men getting Sick", breve experimento que remite más a la pintura animada que al cine propiamente dicho; en efecto, en este cortometraje de apenas un minuto repetido en seis veces, la pintura se anima, o más bien se desmiembra, asumiendo el color rojo el poder. Entre figuración y desfiguración, este pequeño trabajo está habitado por un ruido de sirena persistente que quizá marca, de manera paradójica, la verdadera irrupción del cine en la mente de Lynch.
Pintura de sonido penetrante e imaginería extraña y torcida serían el comienzo de una serie de obras más elaboradas donde dicho arte contaría con un importante papel (así aparece reflejado en "El Alfabeto", "La Abuela" e incluso "Cabeza Borradora", donde el director, más que grabar con la cámara, "pinta" sus absorbentes y grotescos encuadres sobre el espacio, como en un lienzo en tres dimensiones).

Con "Six Men getting Sick" Lynch obtendría el primer premio en la exposición de fin de año de la academia, aunque lamentaría el elevado coste de su producción.
Para todos los que somos sus fans, este primer intento alberga un gran interés; al fin y al cabo es el primer trabajo del futuro director de "Terciopelo Azul", "Carretera Perdida", "Dune" o "Mullholand Drive", quedando como uno de los debuts más extraños de un cineasta que se han visto...si no el que más.
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The Mission
The Mission (1999)
  • 6,9
    718
  • Hong Kong Johnnie To
  • Anthony Wong, Francis Ng, Jackie Lui Chung-yin, Roy Cheung, ...
8
Hermanos de fuego
De vez en cuando somos muchos haciendo un trabajo, intentando esforzarnos al máximo para no decepcionar al jefe, pese a que las tensiones entre nosotros son más que insoportables. Eso es el trabajo en equipo.
La virtud de aguantar al otro, al que probablemente odies, por la colaboración mutua, por el éxito de la empresa. Cinco individuos diferentes entre sí nos lo van a demostrar.

Quien sea aficionado al cine de acción e intriga asiático, y más aún al procedente de territorio chino, no podrá (ni deberá) pasar por alto directores como Ringo Lam, Benny Chan, John Woo o Tsui Hark, ni por supuesto tampoco Johnnie To. Quizás no recientemente, pero en sus buenos tiempos este todoterreno conseguía cascarse tres o cuatro películas cada año, manteniendo un ritmo de trabajo y dedicación similar al de Takashi Miike (por poner un ejemplo geográfico cercano), tanto en su faceta de director como de productor, desempeñando dicha labor bajo su sello Milkyway Image LTD.
De hecho, en 1.999, To realizó la friolera de tres películas, siendo "The Mission" (tras "Where a Good Man Goes" y "Con los Días Contados") la última de aquel año y también de la década, antes de comenzar el nuevo siglo colaborando tras la cámara con su inseparable Wai Ka-Fai. El director se puso al frente del guión de Yau Nai-Hoi, quien firmaría para él futuros títulos como "P.T.U.", "Drug War" o el gran díptico "Election", contando en el plantel con habituales de su cine (y del cine de acción chino), a saber: Anthony Wong, Simon Yam o Lam Suet (repitiendo por enésima vez el mismo papel con el mismo nombre). El ambiente de camaradería perfecto para el film que se dispondría a presentarnos.

El concepto de "The Mission" no puede ser más sencillo. El sr. Lung es un poderoso jefe de la Tríadas, aunque demasiado compasivo y amable para su profesión, que ha sufrido un intento de asesinato, lo que ha puesto en alerta a todos sus hombres, quienes intentan averiguar de donde procedió esa orden. La mano derecha de Lung, Frank, decide entonces trasladar a éste a una casa alejada de la ciudad y ponerle bajo la vigilancia de cinco experimentados gangsters: Roy, Shin, Mike, "Fat" y Curtis, quienes deberán cumplir la ardua y engorrosa misión de protegerle con sus vidas.
Y así se desarrollará la trama durante sus fugaces 84 minutos de duración. To nos introduce una vez más en los entresijos del mundo de las Tríadas, rebosante de violencia, cinismo y frialdad, de protocolos inquebrantables y, no obstante, de traiciones y ambición (llevando esta constante a su perfección en la posterior "Election"). Pero lo importante para él y Nai-Hoi es sin duda la relación que se establece entre los miembros del quinteto protagonista, aislados del resto, obligados a convivir y colaborar a pesar de su tan diferente carácter, por la fidelidad al jefe, por el dinero que van a recibir, por la acción que juntos experimentarán.

De hecho, aun con algunas rencillas internas (provocadas por la mala relación entre Curtis y el impulsivo Roy), el ambiente será de compañerismo y simpatía (las bromas de los cigarros explosivos, el juego con la bola de papel en la oficina...), y sobre todo de lealtad, tocando así la película uno de los temas recurrentes del "thriller" asiático: la amistad entre hombres. La misión acabará de una forma muy afectiva, todos brindando sus jarras de cerveza; amigos para siempre, como se suele decir. Sin embargo, cuando ya hemos asimilado esta constante del argumento, To nos embaucará con un fantástico giro de lo más inesperado.
En el tramo final se nos presenta el clásico romance entre la esposa del jefe y uno de sus secuaces, situación más propia del cine americano que del asiático; será por tanto una mujer la causante de provocar la discordia entre los cinco hombres, quienes, al poco tiempo de jurarse amistad para siempre, se verán enfrentados sin piedad. Unos escasos veinte minutos en los que la sorpresa será continua, así como la cantidad de vueltas que pega la historia; por mucho que lo intentemos, el final nos es imposible de predecir.

Por otra parte, To imprime un ritmo trepidante que se mantendrá desde el mismísimo comienzo hasta el final, ya sea por la tensa atmósfera que se respira en todo momento, por las tremendamente bien filmadas secuencias de acción (a destacar el espectacular tiroteo en el centro comercial o el sucedido en esa estrecha calle) o por la animada banda sonora de Ching Chi-Wing, la cual dota al film de un extraño humor negro cercano en ciertas ocasiones al de Miike (sirva de ejemplo esa memorable escena en la que Chung continúa masticando su comida tras ser tiroteado).
Mientras tanto se pueden apreciar influencias de "Lock & Stock", las chinas "Just Heroes", "Hermanos de Fuego" o "City on Fire" (veremos un enfrentamiento cruzado similar) y la japonesa "Sonatine" (aunque sin la poética belleza y simbolismo de aquélla). Pero lo más destacado es la buena química de los cinco protagonistas, quienes se verían las caras siete años más tarde en la irregular "Exiled", especie de secuela incapaz de ponerse a la altura de la original, que permanece como una de las mejores obras de su director, de premisa simple pero sorprendente en su conclusión y emocionante de principio a fin.

Como dijo un amigo mío en una ocasión: "Tú no te confíes...puede pasar de "tó" en una película de Johnnie To".
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Desenterrando "Enterrado" (Buried. Cómo se hizo) (C)
Desenterrando "Enterrado" (Buried. Cómo se hizo) (C) (2010)
  • 5,9
    234
  • España Carlos Therón
  • Documentary, Rodrigo Cortés, Ryan Reynolds, Chris Sparling, ...
5
17 días bajo tierra con Rodrigo Cortés y Ryan Reynolds
Una de las grandes sorpresas del 2.010, sino la mayor, fue sin duda alguna "Enterrado", en la que el catalán Rodrigo Cortés, hasta entonces aclamado por varios de sus cortometrajes y su debut cinematográfico "Concursante", pegaba un vuelco a su carrera con un impresionante ejercicio de precisión, pulso narrativo y dominio visual que nada tenía que ver con lo hecho anteriormente.

Y puedo atestiguarlo, ya que fui uno de los muchos espectadores a quienes les faltaba el aire y el corazón se les salía del pecho aquel sábado 2 de Octubre, tan solo un día después del estreno en nuestro país. ¡¿Cómo olvidar aquella noche?! Al terminar la película todos en la sala, tres amigos míos y yo incluidos, estábamos como en estado de shock, exhaustos tras una hora y media desconcertante, asfixiante, pero los siete euros de la entrada fueron, desde luego, bien amortizados.
Desde su presentación en el Festival de Sundance, "Enterrado" fue galardonada a numerosos premios (aunque no se llevó ningún Oscar, lo que vuelve a demostrar que estas cosas no son más que política) además de superar en nueve veces su bajo presupuesto; Cortés y compañía lo habían logrado, habían dado vida a un guión de influencias "hitchcockianas" y "tarantinianas" (se extienden los enterramientos de "Kill Bill 2" y el episodio "Peligro Sepulcral" de "C.S.I. Las vegas", de donde inconscientemente se repitió lo de las hormigas asesinas, siendo cambiadas a posteriori por la serpiente de cascabel para evitar plagio) completamente irrealizable, según decían todos en Hollywood.

Tras echarle el suficiente valor, el director y el guionista Chris Sparling ficharon a un solicitadísimo Ryan Reynolds (al principio rechazando la propuesta) con únicamente 17 días de margen para rodar, ya que debía marcharse de nuevo a EE.UU. para comenzar "Linterna Verde". La mayoría de estas cosas no se comentan, por desgracia, en "Desenterrando "Enterrado" ", un documental de corta duración sobre el "making off" de la película.
Básicamente nos traslada al set durante las dos desenfrenadas semanas y media a las cuales se tuvo que enfrentar el equipo; un rodaje cronológico con siete ataúdes, un juego de cámaras inimaginable, la ardua tarea de iluminación que llevó a cabo el director de fotografía Eduard Grau, la complicada secuencia con la serpiente y sobre todo la esforzadísima interpretación de Reynolds (la mejor de toda su carrera), quien regresó a L.A. física y psicológicamente destrozado.

Es cierto que "Desenterrando "Enterrado" " podría haber incluido más curiosidades (casi no se habla de los orígenes de la historia ni de cómo llegaron a conocerse Cortés, Sparling y el actor) pero no resulta nada desdeñable.
Un interesante documento para aquellos que disfrutaron el film (que lo sufrieron, más bien) y conocer de primera mano el duro trabajo de todos los implicados.
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Loca academia de policía 2: Su primera misión
Loca academia de policía 2: Su primera misión (1985)
  • 4,7
    9.714
  • Estados Unidos Jerry Paris
  • Steve Guttenberg, Bubba Smith, David Graf, Michael Winslow, ...
6
Los cadetes regresan para proteger la ciudad
La promoción del cuerpo de policía de 1.984 fue todo un orgullo para la academia. ¿Cómo podríamos olvidarles?
Pues ahora estos cadetes, adaptados a la vida policial en la ciudad, tendrán una nueva misión: proteger las calles enfrentándose a los criminales más desalmados y peligrosos. Pero...¿estarán los ciudadanos preparados para ellos?

No es la primera vez que afirmo que las mejores comedias se hicieron en la década de los '80. Sonará exagerado para muchos pero es lo que opino, y es que casi todas mis películas predilectas del género se estrenaron en aquellos gloriosos años, desde "Aterriza como Puedas" (1.980) hasta "No me Chilles, que no te Veo" (1.989) pasando por "Cita a Ciegas", "Esta Casa es una Ruina", "Agárralo como Puedas" o "Un Pez llamado Wanda". Cine disparatado, sin pretensiones, cine hoy visto como políticamente incorrecto pero sin duda entrañable y con la virtud de poder ser disfrutado en familia.
¿Qué comedia actual logra eso?...joder, ninguna. También "Loca Academia de Policía" es, por supuesto, de mis preferidas, y no está de más acordarse de su exitoso paso por las salas, a pesar de competir el mismo año contra otros grandes títulos ("Despedida de Soltero", "Gremlins", "Los Cazafantasmas”...), superando así en veinte veces su humilde presupuesto, ¡ahí es nada! Un taquillazo tan bien recibido por su productor Paul Maslansky y los ejecutivos de Warner Bros. que se hizo urgente estrenar una segunda entrega para seguir recaudando beneficios.

Esta vez se contaría con los guionistas Barry Blaustein y David Sheffield, quienes colaborarían en las siguientes secuelas de la saga y en otros trabajos como "El Príncipe de Zamunda" o "El Profesor Chiflado", y con el veterano actor reciclado en cineasta Jerry Paris, acomodado durante un tiempo al universo televisivo antes de ponerse al mando de "Su Primera Misión", donde se establece la primera y más importante diferencia con su predecesora al situarse la trama en las calles, incentivo para el empleo de más presupuesto y para el aumento de las dosis de acción y espectacularidad.
La situación en el distrito 16 no podría ser más caótica, por lo que el capitán Peter Lassard solicita a su hermano la ayuda de algunos de los muchachos recién salidos de la academia; Hightower, Jones, Tackleberry, Fackler y Hooks, con Mahoney a la cabeza, son los elegidos para poner orden en la ciudad, teniendo que plantar cara, además, al repulsivo teniente Mauser, que les hará a todos, especialmente a Mahoney, la vida imposible. Si la crítica a la incompetencia en la institución de la policía y sobre todo a la inseguridad ciudadana aparecía algo disimulada en la primera parte, aquí se hace hincapié en el tema de forma mucho más directa, aunque siempre desde la parodia absurda.

El tándem de guionistas y Paris toman bien el relevo de Proft, Israel y Wilson regalándonos unos chistes y "gags" aún más irreverentes, gamberros y pasados de vueltas que los de la entrega anterior, basta recordar el jaleo que se arma en la tienda de lámparas, las jugarretas que Mahoney le prepara a Mauser o las zapatiestas organizadas por la banda callejera del desquiciado Zed, introducido al comienzo y que es de lo mejor de la película, encabezando éste una galería de impagables personajes "freaks" (donde destaco al pobre dueño de la tienda de lámparas y al padre y al hermano de Kirkland, disparatada versión de la tradicional familia norteamericana).
También tendremos otros buenos momentos como la pelea de Jones imitando a Bruce Lee, el arresto en La Ostra Azul o el enfrentamiento final entre nuestros amigos y los hombres de Zed, sin olvidar el romance que se le brinda a Tackleberry (iniciado con una simpática escena que es enteramente una parodia de "Harry, "el Ejecutor" "), donde tendremos la oportunidad de conocer su vida personal, en contra del que vimos en la primera parte con Karen y Mahoney, quien se vuelve a llevar todo el protagonismo con su desastroso infiltramiento en la banda.

No así resulta difícil la ausencia de otros personajes como Leslie, Karen o el mujeriego George y ver la situación del teniente Harris y los novatos presentada del mismo modo con el muchísimo menos gracioso teniente Mauser, pretendiéndose Art Metrano más carismático que G.W. Bailey y fracasando estrepitosamente. Bubba Smith, Michael Winslow, Marion Ramsey, George Gaynes y Bruce Mahler en su línea, impagables Bobcat Goldthwait, Peter Van Norden y Tim Kazurinsky, sensacional David Graf y un Steve Guttenberg gracias a Dios más contenido y agudo que antes.
Como una amalgama de "Porky's", "El Pelotón Chiflado", el humor del trío Zucker/Abrahams/Zucker y parodiando "Yo soy la Justicia", "Harry, "el Sucio" " y las series "Corrupción en Miami" y "Baretta" (literalmente nombrada), este segundo asalto de la "Loca Academia de Policía" se vería las caras en taquilla con "Regreso al Futuro", "El Honor de los Prizzi" o "Los Goonies", aunque por suerte la fórmula volvería a revelarse la mar de exitosa, embolsándose 55 millones frente a un coste de 7 millones (más dinero invertido y no obstante menos recaudado que su predecesora, síntoma de peligro a la vista...).

"Su Primera Misión" no llegaría a la altura de la original, aunque se sigue manteniendo decentemente como una trepidante y muy entretenida comedia de su época.
Sería, de paso, el principio del fin de la saga, pues al año siguiente se estrenó "De Vuelta a la Escuela", también dirigida por Paris, y todo comenzaría a irse a pique...
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Los valientes andan solos
Los valientes andan solos (1962)
  • 7,4
    1.368
  • Estados Unidos David Miller
  • Kirk Douglas, Gena Rowlands, Walter Matthau, Michael Kane, ...
9
El hombre del Oeste
En una de las secuencias más conmovedoras, John responde a Jerry cuando ésta le insta a quedarse a su lado "Soy un hombre solitario hasta en lo más profundo de mi ser, y un hombre así es un tipo inadaptado...la única persona con quien puede vivir es consigo mismo, y lo único que de veras ama es poder vivir a su modo".

En pocas palabras se nos ha planteado la más sincera descripción del protagonista de esta historia en la que una vez más asistimos a la muerte del héroe idealista americano por parte del propio mundo en el que le ha tocado existir, una historia procedente de la segunda novela de ficción del famoso autor Edward P. Abbey (conocido por sus inclinaciones anarquistas y los discursos sobre moral, política y medioambiente que han poblado sus obras) "The Brave Cowboy", publicada en 1.956, la cual Kirk Douglas, fascinado tras su lectura, decidió llevar al cine.
Y lo haría reclutando muy apropiadamente a Dalton Trumbo (uno de los de la lista negra de Hollywood), con quien ya había colaborado en "Espartaco", para escribir el guión, y al polifacético veterano David Miller para el puesto de director. La fecha de los sucesos del libro se cambiarían de los '50 a los más modernos '60, concretamente a 1.962, momento en que EE.UU. vivía una situación de insatisfacción e inseguridad provocada por la Guerra Fría, los pactos de alianza de Cuba con los soviéticos, el conflicto iniciado en Vietnam o la Caza de Brujas, situación que se refleja de algún modo u otro en "Los Valientes andan Solos".

Para más inri, en el mismo año de realización de la película, se estrenarían dos míticos "westerns" que vinieron a derribar sus cimientos: "El Hombre que Mató a Liberty Valance" y "Duelo en la Alta Sierra". El crepúsculo del sacrosanto género había comenzado, y su espíritu melancólico hace su entrada en la primera escena, un plano de apertura con el paisaje natural de desierto y montañas como protagonista que recuerda a los arranques de los films de Mann; la cámara se desliza hasta el verdadero protagonista, John Burns, que descansa sobre la arena.
Evocadoras imágenes en la más pura tradición del "western" si no fuera por un estruendo que estropea el momento: John alza la mirada y ve cómo unos reactores cruzan el cielo. Así, en unos segundos, se resume el discurso y las intenciones de la película, que seguirá las andanzas de este anacrónico cowboy en una América contemporánea cínica y desencantada, en cuyas entrañas rezuma una violencia y resentimiento corrosivos (materializados literalmente en el personaje del manco), por las heridas de la guerra y por la situación actual, una tierra de leyes injustas y fronteras imaginarias que el protagonista no tiene intención de obedecer (cruzará el paisaje cortando las vallas).

Y no la tiene pues su fe se basa en la libertad del individuo (no necesita tarjetas de identificación para saber quien es), pagando en ocasiones dicha libertad al alto precio de un crudo choque con la realidad de la sociedad, la cual le rechaza y humilla; el sueño de Burns pervive pese a no ser comprendido, de este modo "Los Valientes andan Solos" se presenta como una de las más demoledoras desmitificaciones de la historia americana. Como el tren de "El Hombre que Mató a Liberty Valance", las cuchilladas de modernidad están bien representadas en esos vehículos con los que lidia el protagonista cuando cruza la carretera a lomos de su yegua Whisky, acción que le conducirá a un final trágico (detallado en Zona Spoiler).
Tras su presentación y una excursión a la prisión donde intenta liberar en vano a su amigo Paul, la película se centra en la emocionante fuga con el agreste paisaje de fondo, el cual actua de refugio y protección contra los modernos elementos (los coches, el helicóptero, las armas...), donde John se enfrentará a los hombres del sheriff Johnson, que a regañadientes cumplirá su trabajo dando palabras al constante rechazo del protagonista, tanto físico como metafísico, por parte de la sociedad ("Parece que estemos persiguiendo a un fantasma. Un caballo invisible, un vaquero invisible...").

Así, la persecución tendrá lugar en un Oeste degenerado, privado de sus virtudes, cuyas secuencias, filmadas por Miller con nervio y un brillante manejo de la tensión y la intriga, contendrán la obsesión por una violencia inevitable, fatalidad de la historia y de EE.UU., que al final dejará una impresión de estropicio y de desastre, de una separación definitiva (la tierra soñada por John y el mundo real). Si esta violencia no deja de obsesionar al director y al guionista es porque en ella encuentran un perfecto eco que a la vez aterra y fascina.
En sus propias carnes sufrirá esta violencia el protagonista, interpretado magistralmente por Douglas, cuyo granítico rostro, siempre adornado con su clásica sonrisa, será sin embargo la expresión misma de la derrota (pocas veces un personaje en la Historia del cine ha inspirado tanta compasión y lástima como el de John W. Burns); a su sombra, un puñado de notables secundarios capitaneados por un estoico Walter Matthau, destacando Gena Rowlands, Michael Kane y George Kennedy (en un papel odioso y repulsivo). Para rematar, diálogos afilados como cuchillos por parte de Trumbo, maravillosa fotografía en blanco y negro de Philip Lathrop y gran banda sonora de Jerry Goldsmith.

Todo ello reunido en una suerte de "western" moderno, contestario, amargo, cuyas influencias (que remiten a "Conspiración de Silencio" y la nombrada "El Hombre que Mató a Liberty...") impregnarían futuras obras como "La Balada de Cable Hogue" (el hombre del título sufre el mismo final que John), "Bronco Billy", "La Jungla Humana" e incluso la primera de las correrías de Rambo (que tomó no sólo la premisa y algunos elementos sino también el nombre del protagonista y el responsable de la banda sonora).
Fue, además, la película favorita de Kirk Douglas de todas las que había interpretado.
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Había un padre
Había un padre (1942)
  • 7,6
    856
  • Japón Yasujirō Ozu
  • Chishu Ryu, Shûji Sano, Shin Saburi, Takeshi Sakamoto, ...
7
Hasta nuestro próximo encuentro, padre
El padre se ha ido, llega la tristeza, el llanto. A bordo del tren, el hijo observa el horizonte en la lejanía; ya sólo le queda el anhelo de ese progenitor con el que nunca pudo convivir del todo, un anhelo que siempre le acompañó.
En los compartimentos, unas maletas y una urna; el tren prosigue incansable su marcha. Pese a la cercana sensación de muerte, la vida continúa.

Aquél que fue responsable de tu concepción (no, no fue sólo la madre), que siempre esperó lo mejor de ti, que compartió su sabiduría e ideales, que siempre intentó educarte con responsabilidad, que te regañaba para enseñarte, que todas las noches y todos los días estuvo allí para consolarte, que te deseó lo mejor en tu vida profesional y personal; es el padre, el que tuvimos o el que siempre deseamos tener. La conexión que existe entre un padre y un hijo va más allá de lo inimaginable, un microcosmos impenetrable lleno de emociones compartidas, desde la más luminosa felicidad hasta la más amarga tristeza.
Sin embargo, esta historia que nos atañe, no nos habla de la figura del padre, si no quizás de su ausencia, la que debió sentir Yasujiro Ozu en su infancia al verse cuidado por su madre mientras su progenitor trabajaba duramente como vendedor de fertilizantes, quien poco después le envió a él y a sus cuatro hermanos desde Tokyo a Matsusaka, su pueblo natal. Aspectos de su vida que el futuro director plasma con abierta sinceridad en "Había un Padre", cuyo argumento sería concebido allá por finales de los años '30, antes de formar parte del Ejército Imperial y participar en la Segunda Guerra Chino-Japonesa.

Reescrito más tarde y contando con la ayuda de sus colaboradores Tadao Ikeda y Takao Yanai, Ozu comenzaría a rodar su guión en 1.942, en plena 2.ª Guerra Mundial (que no se menciona en ningún momento) y tras enfrentarse al éxito que le brindó "Hermanos y Hermanas de la familia Toda". De nuevo, y para no romper esquemas en su cine, propone un ejercicio de sencillez apabullante, tanto en el contexto argumental como en el formal, acercándonos a Shuhei Horikawa, un maduro profesor de matemáticas que convive con su hijo Ryohei hasta que un accidente irrumpe en su cotidianidad.
La tragedia como acto de decisión existencial marca las pautas de los dramas de Ozu, en este caso la muerte de un alumno de Shuhei en mitad de unas vacaciones, lo que hará plantearse la posibilidad de dimitir, consumido por la culpa, dejar la ciudad y mudarse con su hijo a la apacible Ueda; antes de ser testigos de su curiosa relación, un primer tramo se centra en el profesor, en su rigidez y estoicismo, en su fuerza para elegir el camino más seguro y prudente y, sobre todo, en cómo es maestro antes que padre (le veremos más cercano y "paternal" con sus alumnos que con su propio hijo), lo que determinará futuros acontecimientos.

Primera separación: el hijo debe quedarse solo en Ueda por la dificultad del transporte, recibido por éste con resignación y obediencia y por su padre con total normalidad. Segunda separación: la más larga, expresada formalmente por medio de tomas de naturaleza (reforzando, una vez más, la humildad narrativa de Ozu): Shuhei debe marchar a Tokyo y dejar a su hijo para seguir manteniéndole y ofrecerle la mejor educación. El hijo llora su soledad próxima, se siente abandonado, aunque no el padre; cada uno debe proseguir su camino...pero los lazos interiores no se rompen, por más que el espacio físico no sea compartido.
Ryohei crecerá así convirtiéndose en el vivo reflejo de su progenitor, moldeado a su imagen y semejanza (en la familia japonesa el padre tiene poder divino sobre los suyos), incluso hereda su profesión de maestro; pero lejos del resentimiento conserva un fuerte amor hacia él que se expresará, siempre dentro de la prudencia, en cada pequeño encuentro. En cierto momento, el hijo desea vivir en Tokyo con su padre, lo que niega en rotundo; en esta poderosa secuencia, dotada de una simpleza abrumadora, Ozu pondrá más que nunca los valores éticos por encima de los emocionales, seña de identidad de la sociedad japonesa ("debemos ver nuestros empleos como nuestras misiones en la vida", explica Shuhei).

Constantemente se resalta la responsabilidad del trabajo frente a los sentimientos y la obediencia del hijo a sus mayores (lo cual encontrará su "revés de pesadilla" en el descarado y rebelde hermano pequeño de Fumiko, quizás proyección del Ozu niño). Por muy maduro que se pretenda, Ryohei no dejará de ser ese chiquillo que nunca pasó el suficiente tiempo con su padre, un tiempo eternamente anhelado entre lágrimas; mientras tanto, la figura de padre benefactor y protector de Shuhei, volverá a despertar al reencontrarse de nuevo con sus pupilos.
El director seguirá enfrentando la tradición japonesa al progreso (los niños estudiando inglés, las lecciones con caracteres occidentales) y planteando la unión matrimonial como signo de madurez, dignidad y estabilidad, en este caso aceptada sin excusas por Ryohei (situación diametralmente opuesta a la de "Primavera Tardía" con Noriko) a la vez que aborda los momentos dramáticos con toda naturalidad, evitando que su intensidad destaque sobre aquello que se está contando, pero logrando un gran impacto emocional (como en la conmovedora secuencia final).

Todo ello sin despegar prácticamente su cámara del suelo, la cual capta una naturaleza bellísima y unos actores que más que interpretar viven sus personajes, como Shuji Sano, Haruhiko Tsuda, Takeshi Sakamoto y en especial Chishu Ryu, quien logra transmitir un abanico de sentimientos sirviéndose de su sobria actuación y habitual economía gestual.
Con un brillante trabajo de fotografía por parte de Yuharu Atsuta, "Había un Padre" se revela tan sincera, dura y sencilla como la misma vida. Quizás no alcance el apelativo de obra maestra, pero su calidad es indiscutible.
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Estación polar Cebra
Estación polar Cebra (1968)
  • 6,2
    1.484
  • Estados Unidos John Sturges
  • Rock Hudson, Patrick McGoohan, Ernest Borgnine, Jim Brown, ...
8
Acción en el Ártico Norte
Algo extraño sucede en una inofensiva estación meteorológica británica situada en las heladas aguas del Océano Ártico llamada Zebra. Los mensajes de socorro son confusos y todo el equipo está incomunicado y a merced de un misterioso peligro.
¿Conspiración?, ¿terrorismo?, ¿accidente? Tendremos que embarcar en el submarino nuclear USS Tigerfish para averiguarlo.

A finales de los '60 el sacrosanto "western" se precipitaba a su degeneración absoluta, sin embargo otro tipo de cine alcanzaba grandes cotas de popularidad en la misma década, el de espías y conspiraciones centrado en la Guerra Fría, amargo conflicto marcado por la insatisfacción, las traiciones reales y un clima de incertidumbre que quedó bien reflejado en un puñado de títulos ("El Espía que Surgió del Frío", "Estado de Alarma", "Punto Límite", "Dr. Strangelove", "El Mensajero del Miedo"...) al que se acogió el veterano John Sturges, haciendo así un alto en sus aventuras por el salvaje Oeste.
El proyecto en concreto iba a ser una adaptación del libro "Ice Station Zebra", del escocés Alistair MacLean, que el productor Martin Ransohoff escogió esperando un éxito similar al conseguido con "Los Cañones de Navarone", basada en otra homónima obra del mismo escritor. El guión, que se mantuvo en suspenso durante algún tiempo, estaría firmado por Douglas Heyes, William R. Burnett (genio de la novela negra) y Harry J. Fink (futuro guionista de "Harry, "el Sucio" "); curiosamente, el libro de MacLean estaba precedido por "The Satan Bug", cuya versión cinematográfica también corrió a cargo de Sturges dos años antes.

Pero la adaptación difería muchísimo del texto original. No sólo cambiaron los personajes y se introdujeron y eliminaron otros, o la estructura y el nombre del submarino, sino que el propio argumento, que hacía referencia a los problemas con la Unión Soviética aunque no se centraba plenamente en ella, fue modificado para que la película estuviera "acorde" a los tormentosos tiempos de la Guerra Fría, tal como sus coetáneas, haciendo hincapié en el conflicto capitalista-comunista y así repartir bondades y maldades entre ambos bandos a su parecer, quedando patente un claro cariz maniqueísta.
La magnífica apertura da paso a una trama dividida en dos partes bien diferenciadas. La primera, que se extiende hasta los 77 minutos, sirve para presentar a los personajes y la situación; el capitán James Farraday ha de tomar rumbo a la estación Zebra, donde ha ocurrido un desconocido incidente, llevando a bordo de su submarino al misterioso agente británico Jones y a dos sujetos más recibidos en pleno océano: el capitán de la marina Anders y el espía aliado ruso Vaslov. La ya de por sí claustrófobica atmósfera que se respira en el transporte se ve viciada por las desconfianzas que reinan a bordo; al igual que los personajes, sospechamos de los intrusos y la peligrosa duda de quién será el espía traidor está siempre presente.

La tensión e insatisfacción se palpa en el aire, en cada conversación y mirada, y dicha tensión irá en aumento por culpa de un accidente que comenzará a hundir el submarino; Sturges consigue crisparnos los nervios como nunca. El Tigerfish llega tras una (muy) larga travesía a Zebra, donde se inicia, precedida de un interludio y un entreacto, la segunda parte del film, de unos 65 minutos de duración; el panorama en la helada estación continúa preservando el suspense: muertos, heridos, desolación, y las causas son desconocidas. Entonces el guión comete el primer fallo importante.
Toda la fantástica incógnita que envolvía el desastre en Zebra y la misión de Jones se desvela de un plumazo con una sencilla explicación que podría haberse mantenido en secreto mucho más tiempo. Finalmente, la conclusión original (cambiada por deseo de los productores), donde se introducen de sorpresa todos esos villanos soviéticos, prepara el terreno para un emocionante clímax muy propio del cine de Sturges...que, por desgracia, no alcanza nuestras expectativas (el esperado enfrentamiento en un Oeste teñido de blanco glacial se resuelve demasiado precipitadamente; una significativa y, quizás, incluso necesaria conclusión).

A un trabajo de fotografía brillante por parte de Daniel Fapp y la estimulante banda sonora del francés Michel Legrand se suman las muy dignas interpretaciones de Jim Brown, Patrick McGoohan (hubiese preferido a Richard Harris en este papel), Tony Bill y los grandes Rock Hudson y Ernest Borgnine, siempre sorprendentes.
Pese a sus fallos argumentales y enormes diferencias con la novela, "Estación Polar Zebra", filmada en espectacular SuperPanavision y contando con un gran despliegue de medios, se inscribe en la tradición del mejor y más clásico cine de aventuras e intriga, con sus conspiraciones, traiciones y espías correspondientes, demostrando el bueno de Sturges un talento innato a la hora de abordar cualquier género con la misma maestría y soltura.

La película, por otro lado, fue un chasco de cara a la taquilla, por lo que la suerte no acompañó esta vez a Ransohoff...
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Machete Kills
Machete Kills (2013)
  • 4,6
    5.773
  • Estados Unidos Robert Rodriguez
  • Danny Trejo, Mel Gibson, Jessica Alba, Amber Heard, ...
2
Parece que han vuelto a joder al mejicano equivocado
¿Cómo?, ¿que ya habíais tenido suficiente con la primera película? ¡Pero si no habéis visto nada!
El héroe mejicano de la mala leche y el machete se os va a indigestar de verdad, porque viene con más fuerza, con más ganas de cortar brazos y cabezas, y esta vez no para salvar México, ¡sino el Mundo entero!

Ya lo dije en la crítica de "Machete". La sesión en el cine fue inolvidable: sangre por doquier salpicando la pantalla, tías buenas más "heavies" que una roca, palabrotas, tiros y explosiones a mansalva y una colección de diálogos y ocurrencias que iban más allá de lo descacharrante, todo ello bien acompañado de una coca-cola y unas palomitas; aun con 17 años disfruté como un niño, al igual que mi padre y las demás personas de la sala. Pero los créditos finales venían con un anticipo: "¡"Machete" volverá con "Machete Mata" y..."Machete vuelve a Matar"!".
No me lo creía. No se le pueden pedir peras al olmo, y al árbol de "Machete" ya no le quedaban frutos. O eso pensábamos. Tres años después de la película (en los que Robert Rodríguez aprovechó para hacer unos cortometrajes y la cuarta entrega de la malograda saga "Spy Kids"), que recaudó el cuádruple de su presupuesto, se harían realidad los sueños de muchos fans del "grindhouse" cutre y violento. "Machete" efectivamente volvería con "Machete Kills", donde el cineasta mejicano, que nunca necesitó ayuda de nadie, dirige respaldado por una productora que no es la suya y con un guión que no está escrito por él.

Sí, la historia es de su cosecha, pero el que firma es un tal Kyle Ward (el mismo que colaboró en la concepción de "Underworld: Guerras de Sangre", la enésima parte de otra saga que por desgracia no ve el momento de acabar). Bueno, ¿qué podemos esperar de "Machete Kills"?, ¿algo nuevo? Ni por asomo. El comienzo es como me temía: muchas armas, mucha sangre, mucho mejicano y el héroe soltando escuetas perlas por su boca. Un golpe de suerte: matan a Jessica Alba, ¡que ya era hora! A ver si mejora la cosa...pero no, no lo hace.
El mismísimo presidente de los EE.UU., encarnado por un gracioso Charlie Sheen acreditado como Carlos Estévez, nombre real del actor, por cierto (¿Sheen como presidente?...no me extraña que el país vaya tan mal), requiere los servicios de "Machete", que no muere ni a la de tres, para detener a un psicópata revolucionario llamado Marcos Mendez, que pretende lanzar un misil nuclear contra Washington. Una nueva aventura llena de peligros, tipos malos, tías buenas, muchas oportunidades para rebanar extremidades y un montón de cosas que por supuesto estarán al alcance de nuestro héroe para completar la misión.

Lo mismo que la anterior, no nos engañemos. La colección de incoherencias, humor zafio y homenaje a la serie "B" más cutre (que aquí llega al nivel "Z") se intensifica hasta lo impensable en una trama que avanza frenética aunque sin sorpresas para los que se conozcan a Rodríguez, todo bien relleno de frases chuscas y repugnantes efectos de CGI (¿dónde están los auténticos y caseros efectos especiales de "Abierto Hasta el Amanecer"?) donde el pobre de Danny Trejo se pasa todo el rato con cara de no saber dónde coño se ha metido. De todas formas, y aun apareciendo la jodida y chillona Sofia Vergara a la que desprecio en demasía, en un papel que le viene como anillo al dedo (de p*ta), "Machete Kills" resulta medianamente entretenida.
A los 25 minutos aparece Mendez interpretado por un soberbio Demian Bichir que es lo mejor de toda la película (aquí los secundarios tienen más carisma que el protagonista) y que se lleva la mejor frase ("¿Sabes lo que eres? Tú eres la venganza, y la venganza nunca muere...sólo cambia de objetivo"). Pasada casi una excitante y algo tediosa hora, se acaba precisamente con ese personaje, y de ahí para adelante es un descenso a los infiernos; la acción y el humor negro se cruzan con un estrambótico tributo a la ciencia-ficción, y a "Star Wars" sobre todo, dando como resultado un espectáculo que se pasa de absurdo (pero mucho) y que a más de uno dejará catatónico.

Para entonces ya han salido Tom Savini, las hermanas Avellán, una explosiva Alexa Vega (la niña de "Spy Kids", que se ha desarrollado muy bien), Michelle Rodríguez con su "look" a lo Plissken compartiendo unos diálogos la mar de idiotas con Amber Heard, y en impagables cameos un gamberro Mel Gibson que se lo pasa pipa, Will Sadler (el malo de "La Jungla 2") y Walton Goggins, Cuba Gooding Jr. y Antonio Banderas como las otras personalidades del estrafalario personaje al que da vida Stefani Joanne Germanotta, que me hace echar la bilis con sólo oír su maldito nombre artístico: ¡Lady Gaga (¿qué hace esta aquí?...¡¿qué!?)!
Rodríguez se deja llevar por el exceso, lo caótico pasa de ser divertido a asfixiante. Además, el carisma de "Machete" se va haciendo pedacitos a cada minuto que pasa (lo mismo ocurría con Plissken en la autoparódica "2.013: Rescate en L.A."). Vi "Machete Kills" en un cine de verano con unos amigos, de reestreno. Pasaron tres cuartos de hora y la gente ya se empezaba a ir; a la hora y veinte no quedaba prácticamente nadie, y es que aguantar esto más de 100 minutos es pedir demasiado. Pero no es lo peor.

Antes del film apareció una chorrada de tráiler: "Machete Kills Again...in Space". Rezo para que no sea verdad, pero al acabar "Machete Kills" mis miedos se confirman y todo adquiere un sentido.
Así es, la próxima vez el mejicano de los puños de hierro estará combatiendo en el espacio. Pues por mí se puede quedar allí arriba por siempre...y Lady Gaga también.
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El libro negro
El libro negro (2006)
  • 7,1
    16.615
  • Países Bajos (Holanda) Paul Verhoeven
  • Carice van Houten, Thom Hoffman, Halina Reijn, Sebastian Koch, ...
9
Ellies de Vries, la dama misteriosa
1.944, se viven los últimos tiempos de la 2.ª Guerra Mundial, pero en Holanda la situación continúa siendo realmente caótica y desesperada.
Una judía refugiada, Rachel Stein, será zarandeada por los acontecimientos, que la conducirán a vivir peligrosas y desgarradoras aventuras, sirviendo a la resistencia como espía con un claro objetivo: acabar de una vez con el poder nazi.

Desde su llegada a EE.UU. a mitad de los años '80, cuando ya llevaba más de una década en la industria, el holandés Paul Verhoeven había obtenido fama, gloria, dinero y un buen puñado de fans gracias a clásicos de la acción y ciencia-ficción como "Desafío Total", "Robocop" o "Starship Troopers", incluso demostró sus cualidades dentro del "thriller" con "Instinto Básico"...pero la esencia de su cine había cambiado, había sido arrancada de raíz por los manipuladores estudios hollywoodienses. Hecha con la intención de recaudar en taquilla, "El Hombre sin Sombra" fue la gota que colmó el vaso; Verhoeven había tenido suficiente.
Tras este irregular esfuerzo, el realizador decidiría entonces volver a su país natal y embarcarse en un proyecto personal realmente ambicioso junto a su antiguo colaborador Gerard Soeteman (quien había firmado los guiones de "Soldaat van Oranje", "Delicias Turcas" o "El Cuarto Hombre") en el cual habían estado trabajando desde hacía más de diez años, ubicado en los difíciles tiempos de la ocupación alemana en Holanda durante la 2.ª Guerra Mundial, tiempos que Verhoeven vivió de niño en sus propias carnes. Ello fue la causa de que éste acometiera el film desde la perspectiva más cruda y veraz posible, pues aun tratándose de una historia de ficción, todos los hechos y algunos personajes son reales.

Presentada a modo de "flashback", la acción nos sitúa en 1.944, cuando la mayoría del Sur del país fue liberado de las garras de los invasores nazis mientras llegaba el fatal periodo de la Hambruna Holandesa. En este ambiente hostil y desasosegante la joven Rachel ha de sobrevivir como refugiada, cuya existencia está regida por los desafortunados giros del destino y la infinita maldad y corrupción de los abyectos seres humanos...pero su vida de eterno deambular experimenta un giro tras contemplar a su familia siendo masacrada por los alemanes y unirse poco después a la Resistencia Holandesa.
Los deseos del director por conseguir esa sensación de realidad que siempre había perseguido sin duda dan sus frutos; se empeña en recrear de forma cruda y dolorosa las penurias y tragedias acontecidas en ese territorio donde la esperanza por hallar una salida no es más que una ilusión, en ese pequeño infierno en La Tierra cuyas víctimas están atrapadas en una vorágine de violencia e injusticia. Sin embargo, la urgencia del holandés no es en ningún modo la de hacer un documental sobre la tiranía nazi o la persecución judía (como podía ser, por ejemplo, "El Pianista"), y ello se demuestra cuando la trama vire hacia la intriga y el entretenimiento más clásicos.

De repente "El Libro Negro" abandona su melancólica y desgarradora atmósfera para sumergirse de lleno en una aventura de rebeldes anti-nazis y espías en la mejor tradición del género, donde Rachel, teñida de rubio y bajo el seductor pseudónimo de Ellis de Vries, se transmuta en la perfecta "femme fatale", una heredera de Greta Garbo ("¡eres una "Mata Hari"!", le dice Ronnie). Tomará entonces importancia la acción, el suspense y sobre todo el romance, que mantendrá a Rachel entre la lealtad a sus compañeros y el amor hacia Müntze, un oficial alemán de espíritu benévolo que arriesgará su vida por protegerla.
Tampoco faltarán, como todo fan de Verhoeven sabe, las fuertes dosis de erotismo (explícito, lo que puede llegar a ofender a más de uno) y humor negro marca de la casa (antológica esa "tarantiniana" secuencia en la que Theo dispara a Van Gein mientras le grita "¡Eres un sacrílego!, ¡has blasfemado!"); este tramo de la película cuenta con una elaborada sucesión de engaños, conspiraciones y dobles apariencias que exuda el mejor cine negro (el de Hitchcock, Preminger, Lang o DePalma), pero las aguas regresarán a su cauce una vez más en los últimos tres cuartos de hora a partir un hecho clave: la huida del cuartel.

La película se revela poderosa, trágica y descorazonadora, avanzando a base de giros constantes de guión, cada uno más sorprendente que el anterior. Así, Verhoeven, que nos permite conocer la victoria de las tropas aliadas, hace hincapié en un aspecto fundamental: la crueldad, las injusticias y la maldad se hallan presentes tanto en un bando como en otro, sólo habitados por seres humanos insensibilizados, rotos por la guerra y cuyas entrañas están colmadas de odio y venganza; se elimina así todo rastro de maniqueísmo desmitificando un concepto que ya ha acompañado durante mucho tiempo a los films sobre la 2.ª Guerra Mundial: el de que sólo los alemanes eran los malos.
En las garras del holandés, la preciosa Carice Van Houten (cuyo personaje, según parece, es la unión de tres mujeres reales) exprime todas sus cualidades como actriz, logrando una actuación absolutamente soberbia desde todos los puntos de vista, aunque también merece la pena destacar a los notables Sebastian Koch, Thom Hoffman, Halina Reijn, Derek de Lint y un Waldemar Kobus de lo más repulsivo, acompañados del gran trabajo de fotografía y diseño de producción de Karl W. Lindenlaub y Wilbert Van Dorp.

Quizás los momentos de sexo explícito ahoguen la trama, y desde luego hay escenas innecesarias en el metraje, pero "El Libro Negro" tiene la virtud de mantener un ritmo emocionante a lo largo de sus 139 minutos.
Una descarnada, entretenida y realista experiencia que demuestra cómo de blindado se mantiene el talento del director, contando con un significativo final que hará justicia a las certeras palabras de Rachel ("¡¿es que esto nunca acabará?!"). Obligatorio visionarla, por cierto, en idioma original.
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Al senador le gustan las mujeres
Al senador le gustan las mujeres (1972)
  • 4,2
    27
  • Italia Lucio Fulci
  • Lando Buzzanca, Lionel Stander, Laura Antonelli, Corrado Gaipa, ...
5
"¡Tendréis el presidente más putero de toda la Historia de Italia!"
Las cosas como son, un hombre tiene sus instintos y deseos carnales con respecto al sexo opuesto y es algo irrefrenable, por mucho que se opongan diversas asociaciones feministas o los mismísimos mandatos de la iglesia.
Un hombre es un hombre y, si piensa en mujeres, ¡pues qué se le va a hacer!...

Eso mismo le empieza a ocurrir a Giacinto Puppis, un pintoresco senador del partido demócrata-cristiano supuestamente piadoso que está próximo a convertirse en el presidente de Italia si no fuera por la resistencia de su oponente Torsello, más inclinado hacia el conservadurismo, y a un problema que le ha desembocado en crisis: está obsesionado con las mujeres de un modo exagerado, ¡tanto es así que inconscientemente mete mano a la primera que se le pone a tiro!
La cosa se pone fea cuando un fraile, antiguo amigo de Giacinto, le hace chantaje por unas fotos que muestran agarrándole el trasero a la presidenta de la República de Urania. Éste decide entonces ingresar en un convento para recuperarse de su incontrolable ataque de libido; mientras tanto, las poderosas fuerzas que gobiernan en la sombra para que Giacinto sea elegido presidente intentan descubrir qué sucede con su enfermedad, cuyo resultado será una alocada trama de espionaje y vigilancia donde se enfrentarán políticos, militares, mafiosos y hasta miembros del Vaticano.

Ya lo dije en mi comentario sobre "Las Pícaras Aventuras de Drácula". Parece mentira que una comedia italiana esté firmada por Lucio Fulci, ese señor considerado uno de los más influyentes cineastas dentro del cine "gore" y de terror durante los '70 y los '80; pero es cierto, mucho antes de provocar escalofríos y revolver el estómago al personal con títulos como "El Destripador de New York", "Zombi 2", "El Más Allá" o "Miedo en la Ciudad de los Muertos Vivientes", hoy día auténticos clásicos de culto, el director probaba con toda suerte de géneros cinematográficos.
Y el del humor fue uno de los que más practicó. "Al Senador le Gustan las Mujeres" fue la segunda de esas tres películas que realizó junto al genial cómico Lando Buzzanca y que quedaría en tierra de nadie al estar situada, curiosamente, entre "Una Lagartija con Piel de Mujer" y "Angustia de Silencio", dos "giallos" destacados por su alto contenido violento que sin duda figuran entre lo mejor de su filmografía. Quizá para tomarse un descanso de tanta sangre y asesinato, Fulci decidió inmiscuirse nuevamente en la comedia, aunque lo haría, como siempre, a su modo.

Acostumbrado a dinamitar géneros, el director dispuso una pintoresca variedad de temas y estilos que mezclaría y parodiaría cuyo resultado acabó siendo una obra inclasificable en la que pondría patas arriba el microcosmos de la política y la Iglesia de su país (como buen comunista y ateo que él era). Ya desde el principio se mete el dedo en la llaga al mostrar unos televisores en el escaparate de una tienda retransmitiendo un acontecimiento político que no son observados por nadie; al lado, un puñado de gente disfruta un partido de football. La política es para el que le interese, y como nunca ayuda al ciudadano medio, pues a éste no le interesa.
Fulci también ataca directamente al estamento eclesiástico con su particular y punzante humor negro, creando, con sus patéticos personajes, una caricatura de aquellos poderosos que gobiernan en secreto; Giacinto, claro está, es un mero pelele cuyos hilos son movidos por un maestro de ceremonias de toga roja y cruz al cuello que responde al cargo de cardenal, con contactos en la mafia y capacidad para sobornar y asesinar a quien sea (absolutamente grotesca es la escena en la Giacinto observa a los personajes de la historia convertidos en figuras de cera; "mártires", dirá el cardenal).

Esta durísima sátira queda engarzada en una trama donde toma protagonismo el humor más absurdo con un toque de ligero erotismo propio de la época, sobresaliendo los descacharrantes diálogos y la imaginación de Fulci para elevar el género de la comedia a otro nivel, cosa que logra con secuencias donde nos muestra su lado más libre y surrealista (siendo el ejemplo perfecto ese divertido y estrambótico sueño del senador que no desentonaría mucho como parte del "Flying Circus" de los Python o de la "alleniana" antología "Todo lo que Usted quería saber sobre el Sexo pero temía Preguntar").
Buzzanca, como siempre, es la estrella de la función, y consigue hacer reír o con sus ocurrencias o con su impagable colección de expresiones faciales, por muy repelente que sea su personaje; unos buenos secundarios le respaldan, en especial Francis Blanche, Lionel Stander y la explosiva Laura Antonelli. Irregular aunque muy entretenido, el film sería rápidamente prohibido y más tarde admitido gracias a numerosos cortes de metraje, no sólo por mofarse de la Iglesia, sino por la alusión directa que hacía el protagonista al político y diplomático Emilio Colombo (amén de su obvio parecido físico).

¡Y es que no se podía tolerar que un ministro que había implantado leyes para favorecer a la mujer en el trabajo fuese un año más tarde ridiculizado de tal manera y representado como un obseso, violador y pelele de altos cargos que operan en la sombra!...
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American Pie
American Pie (1999)
  • 5,9
    110.730
  • Estados Unidos Paul Weitz, Chris Weitz
  • Jason Biggs, Chris Klein, Thomas Ian Nicholas, Alyson Hannigan, ...
7
Gran lío en el instituto ("¡joder, qué coño!")
"¡Al fin ha llegado nuestro día, y también nuestro momento! ¡Os aseguro que no permaneceremos impasibles observando cómo la Historia nos condena al celibato!". Nunca un discurso expresó de mejor manera la intención de una película.
Estar en el instituto y desear perder la virginidad, el recurso más usado en el cine de adolescentes, pero...¿acaso se practicó con más caradura y gracia que en "American Pie"?

Sin duda una de las bazas del gran éxito que generó fue su capacidad para lograr que el público adolescente empatizara con los sufridos protagonistas, un grupo de cuatro chicos de un instituto americano cualquiera locos por probar los placeres del sexo...pero sin tener ni puñetera idea de cómo hacerlo. De algún modo, los que hemos visto la película nos sentimos identificados con Jim, Kevin, Chris y Finch (y quizá alguno con Stifler...lo cual no sería buena señal) e inevitablemente nos acordamos de nuestros años escolares.
Años de pupitres y clases aburridas, de patios llenos de envoltorios de aluminio y botes de zumo, de conversaciones triviales sobre videojuegos, música, exámenes, planes para el fin de semana o peleas con los padres...y, cómo no, de chicas, tema por antonomasia del que había que discutir cuando llegaba la hora del recreo: que si miraditas, cartas de amor, insinuaciones, tímidos besos, sentimientos difíciles de describir y muchos pensamientos impuros irrumpiendo en nuestras mentes en mitad de historia o filosofía. El caso es que todos hemos sido jóvenes, inseguros como Jim, ansiosos como Kevin, y hasta quizás un poco hipócritas como Finch (¡demonios, si casi es como ir atrás en el tiempo y ver tu pasado reflejado en una pantalla!).

"American Pie" no pretende ser nada original, quizá por eso se vendió tan bien el guión de Adam Herz, futuro encargado de escribir las tres primeras entregas de la (malograda) franquicia, un guión escrito en seis semanas que cayó en manos de los directores Paul y Chris Weitz (aunque éste no aparece acreditado) y cuyo planteamiento regresaba con mucha mala leche, en la línea de Kevin Smith, Tom Shadyac y los hermanos Farrelly, a esas "teen comedies" que ya arrasaban en taquilla y en las estanterías de los videoclubs casi dos décadas antes.
De hecho la película no es sino una versión moderna de "Gran Lío en la Universidad", "La Revancha de los Novatos", "Losin' It", "Movida de Verano" o la mítica "Porky's", su más directa predecesora (y todavía me dejo ejemplos...). Aquí se apuesta por lo seguro: la risa fácil, empleando una serie de diálogos y "gags" tan creíbles como descacharrantes, que a menudo nos presentan simpáticas situaciones de auténtica vergüenza ajena (la conversación de Jim con su padre sobre las revistas porno; el inolvidable momento de la empanada de manzana) o rozan lo escatológico y ofensivo (la tan repulsiva y extensa escena de Finch en el baño femenino o cuando Stifler se bebe la "cerveza espumosa").

Pero sobre todo indaga en los dos temas preferidos de los adolescentes, instigadores de tantas cuestiones y reflexiones trascendentales: el sexo y el amor, alrededor del cual pivotan los estereotipadísimos personajes y el 99% de la trama, previsible y vulgar y aun así tremendamente divertida, y hasta entrañable y tierna en ocasiones, porque, a pesar de plantarnos en la cara momentos como los antes mencionados o el del vídeo en directo de Jim y Nadia que todos acaban viendo (el más recordado), "American Pie", con todo lo gamberra y bestia que es, termina desembocando en una bonita comedia romántica al más puro estilo de John Hughes.
Promesas de amor, parejas abrazadas a la luz de la Luna y sensibles baladas perfectas para la ocasión, sin faltar ese baile de fin de curso donde por fin se revelan los verdaderos sentimientos; mil y una veces visto y sin embargo sigue resultando efectivo (insisto, es por la capacidad de hacer que el espectador empatice con ello). Tanto fue así que el debut de los Weitz, aun siendo una explosión de combustión lenta, se hizo en la taquilla estadounidense con la friolera de 100 millones de dólares...lo cual, teniendo en cuenta su modesto presupuesto de 11 millones, significó un triunfo en toda regla.

Si algo resulta inolvidable para los que disfrutamos del film que nos ocupa es la lista de actores que demuestran con creces su talento para la comedia (lo que les llevaría a estar encasillados de por vida), como Thomas Ian Nicholas, Alyson Hannigan, Chris Owen, el capullo de Seann W. Scott (cuyo Stifler acaba por resulta desquiciante) o ese gran Eugene Levy, que se marca algunas de las mejores frases; aunque los que se llevan la palma son Eddie K. Thomas y Jason Biggs, quien hizo de su Jim Levenstein uno de los personajes más impagables del cine cómico-adolescente. A destacar también la antológica aparición de los miembros de Blink 182.
Sí, "American Pie", salvo poner de moda el término "milf" (o en español "mqmf"), no nos ofreció nada nuevo (una "Porky's" de internet y música "post-punk"), pero sí algo muy divertido, lo suficiente como para generar un masivo comeback de "teen comedies" a partir del inicio del nuevo siglo, que se limitaban a copiarla sin ninguna vergüenza (y la mayoría de veces sin rastro de gracia); dos años después llegaría la segunda parte, que recaudaría incluso más que la primera...pero ya hablaré de ella en otro momento.

Como bien dicen los amigos al final, "Por el siguiente paso".
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Replicant
Replicant (2001)
  • 3,6
    3.636
  • Estados Unidos Ringo Lam
  • Jean-Claude Van Damme, Michael Rooker, Catherine Dent, Brandon James Olson, ...
4
El asesino está en mí o Van Damme vs. Van Damme...otra vez
¿Qué se puede hacer para pararle los pies a un sádico asesino en serie? La literatura y el cine nos ha enseñado innumerables maneras de llevarlo a cabo.
Pero quizá esta sea una de las más originales amén de las más estrafalarias: usar un doble genético, una réplica exacta del criminal. Nadie sabe en qué puede acabar todo esto.

Muchos estarán de acuerdo conmigo en que el cine de acción más chulo, divertido y no poco disparatado era el de los '80 y principios de los '90...cuantas grandes películas, ¿verdad? Pero resulta que, poco a poco, a este cine de testosterona, violencia y palomitas le quisieron meter con calzador temas más serios, argumentos más complicados o a menudo cruzarlo con la ciencia-ficción, cosas que no hacían sino desposeer al género de su simpleza, en la cual radicaba su atractivo; se podría decir que éste es uno de esos ejemplos.
Pero el film guarda más ases en la manga; se trata no sólo de la segunda colaboración entre Jean-Claude Van Damme y Ringo Lam (cuya carrera se fue pique desde que puso los pies en EE.UU., como le pasó a Woo), sino de la cuarta ocasión en que el belga interpreta un doble papel (aunque han sido tantas que he perdido la cuenta...), práctica ya bastante tediosa; así le vimos luchando contra sí mismo en "Doble Impacto", "Timecop" y "Al Límite del Riesgo", debut americano de Lam (incluso en "Soldado Universal", donde se enfrentaba a su revés de pesadilla encarnado en Dolph Lundgren). Hay que rendirse ante lo evidente: pocos actores han llevado hasta ese punto el conflicto interno y el deseo de destruir una y otra vez su imagen.

El guión, escrito por las prodigiosas mentes de Lawrence Riggins y Les Weldon (productor de maravillas como "Los Mercenarios" o el "remake" de "Conan, el Bárbaro"), explota además un recurso muy utilizado a finales de los '90 en el mundo del cine a raíz del caso de la famosa oveja Dolly: el del doble genético; así, "Replicant" viene a ser la respuesta de Lam a la cuarta entrega de la malograda saga de "Alien" o "El Sexto Día", sirviéndose de una premisa situada en un escenario más bien convencional, que nos presenta a ese asesino en serie cuyos impulsos encuentran su origen un terrible trauma de la infancia.
Su madre, que constantemente le torturaba, asesinó a su padre quemando después su casa (sí, hay mujeres que hacen estas cosas aunque no aparezcan en las noticias); este hombre que disfruta ahora matando madres es perseguido en vano por el clásico policía duro que ha hecho de él su mayor desafío, pero unos tipos de Seguridad Nacional van a ofrecerle su ayuda para capturarlo. El primer cuarto de hora, pese a su colección de clichés, logra mantener una decente intriga, incluso el personaje de Garrotte resulta bastante interesante, pero todo pega un giro inesperado cuando entramos en el laboratorio secreto donde se halla el clon, aún "gestándose" en una especie de repugnante bolsa embrionaria.

Sí, algo se empieza a torcer cuando vemos que este proyecto secreto capaz de crear vida a partir de la clonación del ADN causa tan poca impresión; de hecho, el asunto será tratado con toda la frialdad, indiferencia ("o sea, que habéis hecho un clon del asesino", dice Jake impertérrito) y el puro sinsentido en última instancia cuando vemos al policía tratar e interrogar sádicamente a la réplica, ese "recién nacido" que responderá a un aluvión de nuevas sensaciones de la manera más patética y primitiva, alcanzándose en ciertas secuencias un alto nivel de vergüenza ajena y sintiendo verdadera lástima por el personaje.
Secuencias como la pelea en el edificio abandonado, el encuentro con la prostituta, la insistencia de Jake para que el clon recuerde el asesinato cometido en la casa o aquella del "me levanto, camino, me siento" (que por poco me hace echar la bilis); es decir, una buena idea destrozada por los derroteros que deciden tomar el director y los guionistas. Así circula la trama, tomando cada vez más confianza el policía con la réplica al tiempo que ésta se ve asaltada por los "recuerdos" de sus propios crímenes, los de su doble malvado, con el que se cruzará a eso de la mitad del film, ganando algo de interés la historia.

Este fantasma, imagen especular o superficie de proyección de una anónima pulsión de muerte, se verá reflejado en su réplica ("mi mente es tu mente, mi vida es tu vida"), por lo que el doble no es más que un "desdoblamiento", el cual sólo sirve para figurar y desenmascarar al único. Tras darse esta confrontación y la posterior entre Garrotte y la madre, nos queda el último tramo del film, donde se recupera el ritmo con un puñado de violentas secuencias de acción tremendamente bien filmadas por Lam, que de eso nunca ha adolecido este hombre, las cuales acabarán con un curioso guiño a "Blade Runner" (casi me da algo cuando llegó esa escena).
Si bien Van Damme brinda una notable actuación como el siniestro asesino, dando vida al doble logra ponerse en el mayor de los ridículos en ocasiones e inspirando la compasión y la lástima en otras, como dije antes, además de que en esta película le veremos moverse, saltar y contorsionarse como nunca (no alejándose mucho de los trucos físicos de Jackie Chan o Tony Jaa); le acompaña un bruto Michael Rooker destilando por todas partes su nulo carisma, como de costumbre. La jugada le salió más o menos bien a Lam y Van Damme para tratarse de una producción de moderado presupuesto que se estrenó directamente en DVD, aunque llegó a pasar por los cines de algunos países.

De todas formas los tiempos de gloria ya quedaban lejos para el belga, que no tardaría en convertirse, como sus coetáneos Seagal, Lundgren y Snipes, en carne de mercado del vídeo apareciendo en los títulos más mediocres (hasta la llegada de la redentora "JCVD" unos años después).
Y ya para terminar...¿podría alguien explicarme el maldito "happy end" del replicante con la prostituta?
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Fuga de Alcatraz
Fuga de Alcatraz (1979)
  • 7,6
    30.051
  • Estados Unidos Don Siegel
  • Clint Eastwood, Patrick McGoohan, Roberts Blossom, Jack Thibeau, ...
9
La gran evasión
Fortaleza inexpugnable, Alcatraz se erige triunfante sobre el duro peñón que le da nombre, dispuesta a acoger entre sus muros a la peor escoria de la sociedad.
"Nadie ha logrado nunca fugarse, ni nadie lo logrará". Sin embargo tres hombres se enfrentaron cara a cara a "La Roca", tres hombres convertidos en leyenda.

Frank Lee Morris y John y Clarence Anglin, dispuestos a no seguir soportando las despiadadas condiciones del lugar y que el 11 de Junio de 1.962 llevaron a cabo el plan de fuga más minucioso de la Historia de la penitenciaría, lo que provocó el cierre definitivo de ésta al año siguiente. Dicha fuga quedaría registrada poco después en el libro de J. Campbell Bruce "Escape from Alcatraz", adaptado por Richard Tuggle (posterior director "parcial" de "En la Cuerda Floja"), quien, después de varios intentos de vender sin éxito su guión, acabaría ofreciéndoselo a Don Siegel.
Éste no tardó en desear hacer la película contando una vez más con Clint Eastwood, entonces ya director de seis títulos. Tras ocho años desde su más reciente colaboración, "Fuga de Alcatraz" se habría de convertir en la quinta y última, ambos reunidos en un escenario familiar (San Francisco; además de ser el lugar de acción de "Harry, "el Sucio" " fue visitada por Siegel en "Contrabando", así como Alcatraz por Eastwood en "Harry, "el Ejecutor" ") aunque finalizando su larga relación de un modo poco afectuoso (el director acudió a Paramount para que se encargaran de la distribución del film, en contra de la intención de Eastwood de hacerlo bajo su compañía, Malpaso).

La historia se inicia en la tormentosa noche del 18 de Enero de 1.960, con la llegada de Frank Morris a la prisión, un lugar cuya escalofriante presencia degenera el bonito paisaje de la bahía; desde el mismísimo comienzo, en el barco, también seremos testigos del maltrato hacia los reclusos, cuyo cénit se alcanza en ese momento en que los guardias obligan al protagonista a caminar desnudo hasta su celda. Las normas en el interior se rigen por un estricto protocolo, casi de orden militar ("¿No quieres pasta, recluta?", pregunta Litmus), mientras reina el silencio, la melancolía y la violencia (encarnada en un desagradable individuo que fija su atención en Morris).
La entrevista con el anónimo alcaide desvela la primordial función de Alcatraz: retener a los convictos que han sido rechazados por otras cárceles. "No pretendemos formar buenos ciudadanos, pero sí buenos reclusos"; sus afiladas palabras describen a la perfección la dura situación del lugar y el rol vital que le toca aceptar al preso contra su voluntad (sin recibir noticias del exterior, la prisión será su único mundo). Este intenso cara a cara queda zanjado con el desafío que lanza el alcaide a Morris ("Nadie ha logrado nunca fugarse, ni nadie lo logrará").

"Fuga de Alcatraz" destaca en que nos revela poco a poco y gracias a los concisos diálogos (aunque nunca del todo) el pasado de unos personajes de trazo grueso atrapados por la desesperanza y la frialdad de aquellos que les vigilan, estableciéndose un orden de jerarquía con éstos que les mantendrá eternamente separados (el protagonista es Frank para sus compañeros y Morris para los guardias), y a la vez entre ellos, llegando incluso al apoyo y la camaradería, lo que hace más llevadera la asfixiante brutalidad vivida en el interior, representada de la forma más cruda en esa secuencia en la que Dalton se corta los dedos, inspirada en un suceso real.
Pero al contrario que otros films carcelarios, Siegel no profundiza demasiado en el aspecto dramático, social o psicológico que pueda ofrecer la trama (el cual sí tocaba en "Motín en el Pabellón 11") y decide centrarse por completo, pasada la primera mitad, en la fuga de Morris, los hermanos Anglin y Butts (nombre ficticio de Allen West), quien jamás pudo salir. Sirviéndose de una cautelosa banda sonora y la brillante fotografía de Surtees, demuestra una vez más su habilidad para la intriga y la tensión, manejando su cámara con nervio, siguiendo a los convictos por los rincones más oscuros y sucios y describiendo a conciencia cada paso dado por éstos frente a la ignorancia del alcaide y sus secuaces.

Esto provoca que la película, cuyo metraje abarca un periodo de dos años, se desarrolle con velocidad, nunca haciendo paradas innecesarias; el estilo es directo, inclinado hacia el suspense, por lo que el espectador puede dejarse llevar sin preocupaciones. Bien respaldado por actores tan notables como Larry Hankin, Paul Benjamin, Frank Ronzio, Roberts Blossom y Patrick McGoohan, que da vida al despiadado alcaide, Clint Eastwood se muestra más frío y circunspecto que nunca a las órdenes de su mentor Siegel (quizás el único director al que ha respetado verdaderamente).
Con influencias de "La Gran Evasión" o el clásico del francés Jacques Becker "La Evasión", "Fuga de Alcatraz" fue un gran éxito de taquilla y crítica y la mejor colaboración entre Eastwood y Siegel después de "Harry, "el Sucio" ", además de una de las más emblemáticas obras del director, la cual guarda en sus imágenes un importante significado más allá del aspecto cinematográfico: un año después de la espectacular fuga la prisión cerraría sus puertas, y un año después del estreno del film Eastwood se quitaría para siempre su "máscara" (ese grotesco rostro de papel maché que elabora el personaje) iniciando una etapa de su carrera completamente nueva. Un cambio vital para ambos hombres.

¿Y qué fue de Morris y los Anglin? ¿Terminaron triunfantes o se ahogaron las aguas de la bahía? Nadie lo sabe con certeza, pues jamás fueron hallados...
En contra de las cínicas creencias del alcaide, pensemos mejor en que traspasaron los muros de la invulnerable Alcatraz en nombre de la libertad y lo lograron. Seguramente los únicos.
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The Haunted Castle
The Haunted Castle (1969)
  • Japón Tokuzô Tanaka
  • Kôjirô Hongô, Naomi Kobayashi, Mitsuyo Kamei, Yôko Atsuta, ...
8
La maldición del gato negro
El manto negro de la noche cubre todo el espacio, el silencio sólo es interrumpido por las ramas de los árboles, mecidas por el viento...
De repente, surgido de la profunda oscuridad, se escucha el tintinear de un cascabel acompañado de un melancólico y a la vez amenazante maullido. El sonido se acrecienta, volviéndose más aterrador...el fin está cerca.

Cuando hablamos de "j-horror" siempre nos vendrán a la cabeza aquellos títulos que lograrían atraer la atención de millones de personas a comienzos del nuevo siglo, y más concretamente "The Ring" y "Ju-on", iniciadores de longevas sagas que además serían sucedidos por una innumerable cantidad de películas (algunas mejores que otras) cuya intención era explotar el filón formando parte así de la llamada "Nueva Ola de Cine de Terror Oriental". Sin embargo, si echamos la vista hacia atrás, descubriremos que este cine ya existía en el país nipón mucho antes de que Sadako Yamamura irrumpiera en el género.
De hecho, el terror se trasladó al Séptimo Arte desde que surgió la necesidad de dar imagen y luego sonido a las ancestrales leyendas folclóricas pobladas de maldiciones, espíritus vengadores y espeluznantes fantasmagorías. La mejor muestra la hallamos en "Kwaidan", aunque existen infinidad de interesantes y fascinantes obras al margen de la del maestro Kobayashi; la década de los '60 fue caldo de cultivo de estas producciones, la mayoría modestas y casi desconocidas (donde yo, personalmente, destacaría "Kaidan Katame no Otoko", "Jigoku", "Hebi Musume to Hakuhatsuma", la adaptación de "Yotsuya Kaidan" de Shiro Toyoda, la mítica "Onibaba" o "Kaidan Yukijoro", realizada por Tokuzo Tanaka).

Éste último, a las órdenes de Mizoguchi en "Cuentos de la Luna Pálida de Agosto" y "El Intendente Sansho" y ejerciendo de asistente de dirección en "Rashomon", sobresale dentro del género de terror, aunque abarcó muchos estilos de cine como buen artesano que era, desde el histórico al "thriller", siendo los '60 su etapa más prolífica. A finales de ésta se destaparía con el que quizá es uno de sus trabajos más notables, "The Haunted Castle" (de mejor título original "Hiroku Kaibyo-den"), cuyo guión firmado por Shozaburo Asai nos traslada a la era Kyoho (1.716-1.736), cuando el octavo shogun Tokugawa Yoshimune, famoso por sus reformas financieras, se halla en el poder.
Asimismo, el gran castillo Saga es gobernado por el déspota Nabeshima, quien ha decidido tomar como concubina a la joven Sayo, hermana del monje ciego Matashichiro, cuyos ancestros ocupaban anteriormente el castillo. Tras negarse a la petición de Nabeshima, será asesinado en secreto por éste y su guardia en mitad de una partida de go, quienes arrojarán el cadáver a un pozo; Sayo, que ha descubierto el crimen, prepara un plan de venganza: suicidarse y hacer que su gato Tama beba de su sangre, pues si esto sucede se convertiría en una malvada criatura de poderes sobrenaturales. De este modo el animal se dirige a Saga, a descargar su maldición en nombre de los espíritus de sus dueños.

Lo que al principio parece ser un oscuro drama feudal donde se hace hincapié en las injusticias por parte de la clase alta y en el castigo que han de soportar los que no pertenecen a ella, se transforma al cuarto de hora, a partir de la escalofriante secuencia del suicidio y posterior conjuro, en una historia clásica de terror donde un onryo (espíritu en busca de venganza), esta vez introducido en el cuerpo de un inocente gato, desata una serie de extraños y terribles acontecimientos en un castillo, lugar por excelencia de estas leyendas. Apariciones espectrales, posesiones demoníacas, figuras femeninas de pálidos rostros, fenómenos naturales fuera de control...todo es pura fantasmagoría de la que hay que dejarse llevar.
"Hiroku Kaibyo-den" se nutre así de todo el folclore japonés, cuya trama parece remitir a la famosa "Bancho Sarayashiki" (al igual que la criada de aquella, el monje también acaba en un pozo), mientras se inspira en anteriores films como "Trono de Sangre", "Kuroneko" o "Borei Kaibyo Yashiki" (e incluso en el cuento de Allan Poe "El Gato Negro"...). Pero lejos de referencias e influencias, Tanaka vuelve a demostrar su habilidad y talento para introducirnos en una atrapante pesadilla de la que a todas luces es imposible escapar, ya que los hechos se producen siempre de noche y en lugares oscuros, entre tinieblas, aprovechando así el factor sorpresa, mientras la combinación de violencia explícita, ingeniosos trucos visuales y juegos de luces y sombras perfilan un atmósfera tan desasosegante como fascinante.

Todo esto apoyado en la siniestra música de Michiaki Watanabe, el gran trabajo de fotografía de Hiroshi Imai, quien dota a la imagen de intensos tonos, y en la puesta en escena, a veces sobria, otras trepidante, siempre buscando el efectismo y la impresión en el espectador (no muy lejos del estilo del otro maestro del horror Nobuo Nakagawa). El plantel, compuesto de actores muy decentes donde destacan Kojiro Hongo, Mitsuyo Kamei, Rokko Toura y en especial Akihisa Toda, encarna por desgracia a unos personajes en su mayoría desagradables con los que es difícil empatizar, bien merecedores de una venganza.
Aunque su precipitado y poco resolutivo final no esté a la altura del resto de la película (uno espera una conclusión mucho más espectacular y catastrófica para el castillo y sus moradores), "Hiroku Kaibyo-den" es una de las más interesantes y entretenidas muestras de lo que podía ser el "j-horror" de los años '60, cuya huella se percibe inevitablemente en las más modernas "Sweet Home", "Ju-on", "Apartamento 1.303", "The Ring" y "Kaidan", ambas de Nakata.

Un auténtico tesoro para los amantes del género y los cazadores de reliquias cinematográficas.
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Melinda y Melinda
Melinda y Melinda (2004)
  • 6,7
    20.721
  • Estados Unidos Woody Allen
  • Radha Mitchell, Will Ferrell, Amanda Peet, Chloë Sevigny, ...
6
"¿Lo veis?, todo es según el cristal con que se mira"
La vida, y eso es algo que todos somos capaces de atestiguar, puede ser observada desde dos puntos de vista: el trágico y el cómico. ¿Pero cuál sería el adecuado?
La tragedia nos enfrenta a la vida y la comedia nos hace evadirnos de ella, así que tanto un punto de vista como el otro son necesarios.

En un momento dado de la historia, Melinda está llorando sugestionada por la melodía que alguien interpreta en el piano del salón; Ellis le pregunta "¿Son lágrimas de pena o lágrimas de alegría?", a lo que contesta "¿No son las mismas lágrimas?". Con esa concisa respuesta se resume tal reflexión, pues, ¿acaso no podemos hallar humor en la tristeza de la existencia humana ni lágrimas en los momentos alegres que ésta nos ofrece?, ¿no se complementan como dos partes de un todo? La vida no es dramática ni cómica, todo depende de cómo se enfoque...
Woody Allen nos lo propone de esta forma tan jubilosamente melancólica en "Melinda y Melinda", que tendría el honor de convertirse en la última película realizada en New York (escenario que había acompañado al actor/director desde los tiempos de "Annie Hall") para iniciar un breve romance con Londres, una promesa de escapada premeditada que desde hacía tiempo tenía ganas de cumplir (sus películas lograban más éxito en el extranjero y además estaba todo el incendiario asunto de Soon-Yi...). Ahora juega con una de las suposiciones y teorías más recurrentes del escritor, el "¿y si...?".

Así que, ¿y si se pudiera contar una historia de una forma y luego de otra?, ¿completamente distinta pero al mismo tiempo albergando innumerables puntos en común? Esto es precisamente el tema a debatir por cuatro amigos en un restaurante de barrio, que nos presentan el caso de Melinda observado desde las dos perspectivas: en la trágica, la mujer, cuya pasión fue su total perdición, vivió una tórrida infidelidad y un divorcio nada amistoso, siendo su destino el apartamento de su amiga Laurel; en la cómica, el marido es abandonado por infiel convirtiéndose Melinda en vecina del matrimonio en crisis Susan y Hobie, de la que éste último acabará enamorado.
Con reminiscencias a "Delitos y Faltas", "Manhattan", "Hannah y sus Hermanas", "Desmontando a Harry" o "Maridos y Mujeres", Allen traza una propuesta atractiva a partir de la bifurcación imaginaria de un hecho de la vida real, recurriendo con ello a las situaciones y personajes más típicos de su cine: neoyorkinos surgidos de la burguesía acomodada cuyos traumas, neurosis, dificultades profesionales y turbulentas relaciones cruzadas pivotarán alrededor de Melinda, protagonista de ambos relatos, criatura cambiante, instigadora de sentimientos contrarios, desgraciada y vulnerable, sensual y positiva, tan llevada por la culpa y la autodestrucción como por la alegría.

Cada historia vendrá marcada por el tono que le corresponde, adecuando los ambientes, la fotografía, la música, los decorados e incluso el vestuario de los personajes a las emociones proyectadas en ambas situaciones (una encontrará su reflejo de pesadilla y ésta, a su vez, su reflejo luminoso) mientras Allen aboga tanto por la repetición de elementos desde enfoques opuestos (la lámpara, el piano, el bistrot-restaurante...) como por el cambio de roles (así, el dentista aquejado por la muerte de su esposa se convertirá en un arrogante millonario, el marido alcohólico infiel en un pobre idiota resignado a la crueldad de su fría mujer y la amiga traidora ni siquiera tendrá su doble).
El problema es que cada historia debe aguantar por su propio peso un planteamiento, nudo y desenlace, y cuando ambas se desarrollan en base a su particular universo somos cada vez más conscientes de que la trágica (con su complejidad, su oscuridad, su violenta atmósfera y sus melancólicos personajes) aplasta a la humorística (una comedia romántica de enredos bastante simpática pero muy convencional), sobre todo cuando se nota que el director pone más atención en la primera versión, donde se alcanza el desgarrador momento de la confesión del crimen, lo que le hace a uno olvidarse por completo de Susan, la Melinda alegre y Hobie (en realidad personaje principal de la segunda versión).

La trágica, además de contener las mejores escenas del film, llega a un clímax desolador y magnífico que por supuesto nada tiene que ver con la feliz y muy previsible unión de la versión opuesta (aunque el colmo será ver todo el suceso de la traición de Ellis y Laurel formando parte del pasado de Stacey, un personaje del todo inútil introducido con calzador en el relato). Radha Mitchell (que acabó quitándole el papel a una Winona Ryder con turbios problemas con la ley) nos brinda una sensacional actuación, dejando patente su gran versatilidad como actriz cómica y dramática, aunque obviamente luciendo mucho más en éste aspecto.
Ésta se ve acompañada de unos notables Chiwetel Ejiofor, Jonny Lee Miller, Brooke Smith, Chloë Sevigny y un Will Ferrell pretendiendo sustituir al personaje característico de Woody Allen, quien, como si se mostrara reticente a un reencuentro con sus antiguos colaboradores Willis o DiPalma, vuelve a cambiar de operador; esta vez sería Vilmos Zsigmond, que sorprende con un maravilloso trabajo de fotografía. Si Allen se hubiera centrado sólo en la parte trágica puede que estuviéramos ante una de sus más brillantes obras...por desgracia quería experimentar con la narrativa, perdiendo ésta, paradójicamente, su atractivo, vitalidad y fuerza.

Pero "Melinda y Melinda", al igual que la vida, no importa cómo se mire, si de forma triste o alegre, lo importante es poder disfrutarla. El neoyorkino marcharía entonces a Inglaterra, cuya primera creación fue "Match Point".
Deseo de urgente huida expresado de forma literal en su película al ponerlo en boca de Ellis: "Mi obra interesa mucho en Europa, pronto podría irme a vivir a Barcelona o a París" (se pudo decir más alto pero no más claro...).
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En el umbral de la vida
En el umbral de la vida (1958)
  • 7,0
    585
  • Suecia Ingmar Bergman
  • Eva Dahlbeck, Ingrid Thulin, Bibi Andersson, Barbro Hiort af Ornäs, ...
7
Tres puntos de vista sobre la vida y la muerte
Seguramente nunca el limbo que separa la vida de la muerte fue tan bien representado como en el hospital donde se encuentran las tres protagonistas de esta historia.
Tres mujeres que compartirán los diferentes enfoques y tratamientos sobre una de las etapas vitales más arduas a la par que hermosas, el llamado "milagro del nacimiento".

La filmografía de Ingmar Bergman está regada de joyas inmortales (como "El Manantial de la Doncella", "Persona" o "El Séptimo Sello"); también cuenta con una buena lista de títulos que, sin llegar a la categoría de obras maestras, poseen un valor indiscutible para el universo cinematográfico (caso de "Como en un Espejo", "Gritos y Susurros" o "La Hora del Lobo"), y también hallamos interesantes trabajos que, eclipsados por otros de mayor envergadura, nunca captan la atención del público, no obstante trabajos de una notable calidad a reivindicar (como son "Noche de Circo", "Los Comulgantes"...o "En el Umbral de la Vida").
Producción concebida como película de cámara cuyo guión firma la autora Ulla Isaksson (quien más tarde escribirá "El Manantial..."), basándose en su propia novela "Det Vänliga, Värdiga", publicada en 1.954. Sin dar concesiones al exterior ni permitirse el lujo de "flashbacks" (más o menos como haría poco después en "Como en un Espejo"), Bergman se sirve de uno de sus más recurrentes elementos, el escenario único, donde desarrollará la acción durante todo el metraje. Ya desde los créditos iniciales nos atrapa entre las translúcidas puertas de la maternidad y el mundo invisible que pueda disponerse atrás nuestro, aquél que nunca veremos.

La atención recae sobre Anders y Cecilia, quien ha ingresado por severas complicaciones en el tercer mes de su embarazo. El terror se apodera de la mujer, tanto por la supuesta pérdida del bebé como por la asfixiante atmósfera del lugar (la siniestra camilla, el lento avanzar de las agujas del reloj, el aborrecible llanto del muñeco, las sábanas manchadas de sangre...), mientras se enfrenta a la indiferencia, incomprensión y frialdad de los doctores (normalmente hombres) y a una relación desprovista de verdadero amor, planteando Bergman una vez más su matrimonio clásico, por encima del cual planean las sombras de la incomunicación y la hostilidad disimuladas con amables pero falsos sentimientos.
Tras conocer la cara más negra de la historia, ésta se dividirá y dará paso a los personajes de Stina y Hjördis, centrándose así en la relación triangular de estas mujeres encerradas en el microcosmos de paredes blancas que es la habitación que han de compartir, manteniendo en ella una significativa relación (Stina volcará su instinto materno sobre Cecilia y Hjördis, mientras ésta siente en las dos primeras una imagen de madre sustitutiva). La desgracia y amargura se presentan en su forma más literal en Cecilia y Hjördis, la descarada joven aquejada por un embarazo no deseado incapaz de revelar a su madre (el eterno "bergmaniano" conflicto madre-hija) y abandonada por el padre del bebé que reside en su interior.

Stina, por su parte, será la viva imagen del optimismo, cuya sensación constante de euforia, que sin embargo oculta un tremendo pavor en sordina, aplastará a sus mortificadas compañeras; de hecho Bergman se permite un resquicio de luz y esperanza al presentar a ésta y su marido Harry como una pareja tocada de la mano de la felicidad (nada usual en su cine). Felicidad que no tardará en hallar su reverso de pesadilla a raíz de ese difícil parto con el que el sueco se empeña en mostrarnos lo doloroso e insoportable que puede llegar a ser el momento de la concepción (del sufrimiento se engendra vida, y viceversa).
En una sala apartada, unas jubilosas madres ignorantes de los pesares de las protagonistas, dan el pecho a sus bebés; se nos han presentado en su forma más dura y sincera las dos caras de la maternidad, y, por obra y gracia de Bergman, entre tanta aflicción y culpa siempre puede existir un atisbo de esperanza, la cual se extenderá inesperadamente a la situación final de Hjördis y quizá de Cecilia (Stina carecerá de esta suerte, un claro ejemplo de la imaginería torcida del sueco con respecto a los insondables caminos de la vida).

La luz (saturada por Max Wilen, quien desempeña un trabajo de fotografía brillante) violenta a los seres, mientras que la oscuridad les alivia y ayuda a liberar sus frustraciones; Bergman maneja una puesta en escena sobria y lúcida, sin alardes técnicos, incluso sin banda sonora, únicamente compuesta de los llantos de los bebés, las pisadas, los gritos y los diálogos, pronunciados por un notable plantel donde se encuentran habituales colaboradores como Erland Josephson, Gunnar Sjöberg y un Max Von Sydow extrañamente alegre (teniendo en cuenta los papeles que ha interpretado para el director).
Aunque nadie eclipsa al maravilloso trío de actrices principales, cada una fascinante en sus respectivos personajes (aunque resulte difícil afrontar a los de Bibi Andersson y Eva Dahlbeck, quien se hace desquiciante en ocasiones) destacando sobre todo una sufrida Ingrid Thulin, criatura atormentada y neurótica que se acostumbrará a aparecer de este modo en posteriores trabajos del director ("El Silencio", "Los Comulgantes", "Tras el Ensayo", "Gritos y Susurros"...).

Los seguidores de Ingmar Bergman aferrados a su etapa de salvaje ruptura estética y formal (los '60), en la que dio a luz a algunas de sus más inolvidables perlas, ciertamente (y muy erróneamente) no repararán en este pequeño, íntimo y realista melodrama de escenario único más propio de su primera etapa y situado en tierra de nadie al verse cercado por dos obras tan importantes como la ganadora del Oso de Oro en el Festival de Berlín "Fresas Salvajes" y "El Rostro".
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Escándalo
Escándalo (1950)
  • 6,7
    504
  • Japón Akira Kurosawa
  • Toshirô Mifune, Shirley Yamaguchi, Yôko Katsuragi, Noriko Sengoku, ...
9
Mentiras, redención y falsos romances
Un pintor y una cantante acosados, un ambicioso director de prensa rosa, un abogado corrupto y alcohólico, una pobre chica enferma de tuberculosis.
Fermentos de un drama donde se cruzan la difamación, la tragedia, el engaño, el chantaje y la redención.

Tras la derrota de Japón en la 2.ª Guerra Mundial las autoridades americanas controlaban la industria del cine prohibiendo la representación de la era feudal y exigiendo que las películas fomentasen los valores democráticos y describieran la realidad social de la posguerra. Akira Kurosawa, que hasta ese entonces se había visto presionado para realizar films propagandísticos e históricos, tales como "La Más Bella" o "La Leyenda del Gran Judo", destacaría en este nuevo ámbito dejándose llevar por una tendencia neorrealista, moderna y crítica.
Tras el poderoso drama "El Perro Rabioso", enmarcado en el cine negro y con el que el director daba así una de sus obras maestras, decidió alejarse hacia terrenos opuestos con su siguiente propuesta, "Escándalo", escrita junto a su colaborador Ryuzo Kikushima y donde pondría el dedo en la llaga de un tema bastante moderno y ciertamente irritante: los abusos de la libertad de expresión de la que gozaba (y por desgracia seguirá siempre gozando) la prensa rosa, prensa de sensacionalismo, de falsa información, prensa movida únicamente por la avidez de poder y dinero, sin tener en cuenta los daños a sus víctimas.

Además de cargar contra esta peligrosa "libertad" (la violencia de las palabras se asemeja a un abyecto crimen, como bien afirma el protagonista), se escudriña en los derivados de la permisividad democrática, consecuencia de la americanización de la sociedad nipona, todavía muy afectada por la derrota y las penurias del conflicto. Cuando el anticonformista pintor Ichiro Aoe, con el que Kurosawa ejemplifica de mejor manera la tendencia juvenil de imitar modelos extranjeros (aquél se compara con el artista francés Maurice de Vlaminck), se halla en plena composición en las montañas, ofrece llevar en su motocicleta a la cantante Miyako Saijo, que pasaba por allí por casualidad, y cuyo destino parece ser el mismo.
Dicha gentileza les costará cara, pues ignoran haber sido seguidos hasta una posada por dos paparazzi que les toman una fotografía juntos en el balcón de la misma; Hori, el director de la revista para la que trabajan, no tendrá reparos en convertir una inocente imagen en la noticia del momento, inventando así un romance entre Ichiro y Miyako. Kurosawa ataca sin pelos en la lengua a las diversas artimañas de aquellos que trabajan en la prensa rosa, nueva forma de invadir la intimidad de las personas y levantar falsos testimonios que no existía en Japón (hasta la ocupación americana).

El argumento en este tramo se centra en la guerra declarada entre Ichiro, abandonado por la mujer temiendo los maliciosos rumores, y Hori, lo que recuerda a films anteriores que ya trataron los excesos del periodismo sensacionalista (tales como "Primera Plana" o "Luna Nueva", aunque el humor satírico de aquellas no tiene cabida en esta ocasión). Kurosawa decide entonces huir del cliché con la introducción de Hiruta, un abogado un tanto oportunista que se ofrece a defender al pintor; entraremos en su casa, situada en un barrio pobre, remanente de la guerra, y conoceremos a su hija Masako, enferma de tuberculosis (reminiscencia de la hermana mayor del cineasta, fallecida siendo adolescente).
Se establecerá así una relación triangular entre el pintor, el abogado y la chica, consciente de que su padre es un hombre caído en desgracia, débil de espíritu, corrompido a lo largo de los años, y con graves problemas de alcoholismo (versión nipona del Curtayne que Spencer Tracy interpretase en "El Caso O'Hara"); sin embargo Ichiro solicitará sus servicios conmovido por la fotografía de Masako colgada en el despacho (que Hiruta volteará antes de ir al encuentro con Hori, pues no desea que su hija sea la mirada interior de su mala conciencia).

Lejos de las intrigas entre el pintor y la cantante y el director de la revista, "Escándalo" se transforma en una fábula moral sobre la pérdida de ética (la cual Hiruta dice defender nada más hacer su entrada), la vergüenza y la posibilidad de reconciliación con uno mismo, pues el Mundo, pese a estar dominado por seres codiciosos y cínicos, también se puede convertir en un reducto de esperanza y redención, demostrado por Kurosawa en dos significativos momentos: la emocionante secuencia en la que todos los clientes del local cantan al año nuevo y cuando las estrellas se reflejan en las aguas del sucio estanque, materialización de la metamorfosis de Hiruta.
Metamorfosis alcanzada tras la tragedia en la escena final, donde el director hará del juicio un circo mediático (cámaras, focos y risas invadirán la sala), tomando más importancia que la situación de los protagonistas iniciales. Pinceladas de neorrealismo heredado directamente del cine italino y una puesta en escena tan sobria como conmovedora envuelven al plantel, donde un Toshiro Mifune más comedido de lo normal, una soberbia Yoko Katsuragi y la preciosa actriz de privilegiada voz Yoshiko Yamaguchi (cuya turbulenta vida inspiró también al director), son eclipsados por un impagable Takashi Shimura, brillante en todos los aspectos, y quien se lleva nuestra atención desde la primera vez que aparece en pantalla.

A los héroes concebidos por Kurosawa les mueven el deber y la deuda, cada uno de sus actos compromete su vida respecto a una sociedad y existencia a las que tendrán que rendir cuentas. Este argumento, que alcanzaría su máxima expresión en "Vivir", está en el corazón de "Escándalo".
Maravilloso drama social y moral cuyas influencias se apreciarían en el cine de Lumet, Pollack, Frankenheimer o Coppola relegado a obra menor por los seguidores del director e incluso por él mismo, que lo consideró poco centrado e insatisfactorio.
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Space Cowboys
Space Cowboys (2000)
  • 5,7
    17.701
  • Estados Unidos Clint Eastwood
  • Clint Eastwood, Tommy Lee Jones, Donald Sutherland, James Garner, ...
7
"El espacio ya nunca volverá a ser igual"
¿Quién dijo que para viajar al espacio se necesitaba un límite de edad? No importan en absoluto los años cuando uno alberga en su interior el deseo de cumplir un gran sueño.
Cuatro hombres tenían el suyo, y por desgracia se lo arrebataron. Pero si existe una mínima posibilidad de hacerlo realidad, ¿qué importa que hayan pasado más de cuarenta años? El caso es cumplirlo.

Cuando dio comienzo el nuevo siglo el actor y director Clint Eastwood, reconocido bajo unanimidad como uno de los más grandes maestros del cine, llegaba a las 70 primaveras sin mostrar signos de agotamiento, habiendo dado a la industria títulos memorables llamados a convertirse clásicos, pero aún le quedaban fuerzas a este genio para demostrar que podía seguir sorprendiéndonos, y así lo haría con un nuevo proyecto, concebido por el productor Andrew Lazar y escrito al alimón por Howard Klausner y Ken Kaufman, con el que le daba otra vuelta de tuerca a su filmografía.
En un momento en que el espacio exterior estaba siendo visitado en el cine desde finales de los '90 y principios del 2.000 por gente como Michael Bay, Paul Verhoeven, Mimi Leder o Brian DePalma, el sr. Eastwood no iba a ser menos, aunque su nueva película no iba a tratarse, ni mucho menos, de una gran "space opera" repleta de acción trepidante y efectos visuales (aunque así parezca). En realidad, en "Space Cowboys" el director vuelve a incurrir en importantes reflexiones y temas, los cuales ya había investigado en su cine: el paso del tiempo, el esfuerzo personal, la amistad y sobre todo la conquista de los sueños frente a las adversidades del destino.

Nos trasladamos a 1.958, cuando los pilotos de las Fuerzas Aéreas estadounidenses Frank, William, Jerry y "Tank" desean ser astronautas algún día y poder viajar más allá de las nubes, pero tras un accidente a bordo de un avión experimental, el oficial de supervisión Gerson rechaza al cuarteto para el viaje espacial mandando en su lugar a un chimpancé. Sin embargo estos hombres, separados tras cuarenta años, volverán a unirse cuando la N.A.S.A. requiera la ayuda de Frank para reparar el obsoleto sistema de guiado que él mismo inventó, el cual va acoplado, misteriosamente, a un satélite ruso que amenaza con estrellarse contra La Tierra.
"Space Cowboys" se divide así en dos partes bien diferenciadas, donde lo primero que hace Eastwood es rememorar los viejos tiempos, en nostálgico blanco y negro, pues durante la Guerra de Corea tuvo que cumplir el servicio militar (de hecho también sufrió un accidente pilotando un avión parecido al que vemos en el film), además de hacerse referencia, con la cómica escena del chimpancé, a Gordo, uno de los primeros simios que viajó al espacio (siendo enviado por la N.A.S.A., efectivamente, en 1.958). Los cuatro compañeros, ya viejos, se reúnen, pero lo hacen en un mundo que los ha dejado atrás, que no los comprende, descubriendo que todos aquellos a los que conocían ya están muertos, desaparecidos.

El director, además, vuelve a hacer hincapié en cómo los errores de la Historia, de la guerra, del pasado en definitiva, pueden afectar al presente; así, sirviéndose de ese satélite averiado, trae a colación el espinoso conflicto de la Guerra Fría mientras el cuarteto hace lo imposible por adaptarse a las duras pruebas físicas y mentales a las que les someten en las instalaciones, donde serán blanco de risas y burlas. Mezclando drama y comedia, Eastwood nos presenta su cine, un cine lejos de mantenerse al abrigo del tiempo, el que ha pasado, el que queda, el que vuelve en sueños mediante "flashbacks", retornos del blanco y negro y de épocas revueltas.
El tiempo pasa, llega la vejez, pero la esperanza de volver a reencontrarse, de saber perdonar, de resistir, incluso de volver a enamorarse, nunca se pierde, aspectos que emparentan a "Space Cowboys" con obras como "Bronco Billy", "Un Mundo Perfecto", "El Aventurero de Medianoche" o "Los Puentes de Madison". En la segunda mitad del metraje, cuando se aboga por la aventura, la ciencia-ficción, la intriga y el gran despliegue de efectos visuales (gran excepción para el director, que siempre ha sido más bien austero en términos de producción), asistimos a la completa desprogramación del tiempo y su reconfiguración.

Eastwood juega con lo novelesco, imagina una historia fantástica y se atreve a poner cabeza abajo el tiempo ordinario, encontrando el film la imagen representativa de su proyecto cuando la nave espacial de los ancianos debe volar del revés para regresar; éstos, una vez lanzados al espacio, experimentarán una falta de gravedad según la propuesta por el director: la deliciosa sensación de un tiempo suspendido, un tiempo utópico, pues los cuatro no sólo han cumplido por fin su sueño, sino que han de convertirse en los nuevos héroes del momento.
El actor y director, sin abandonar su carácter a veces desagradable, a menudo simpático, de vez en cuando caradura, se rodea de veteranos del cine de la talla de Donald Sutherland, James Garner y un Tommy Lee Jones en estado de gracia que inevitablemente le roba todo el protagonismo, acompañados de unos muy dignos James Cromwell, William Devane, Marcia Gay Harden, Barbara Babcock, Rade Serbedzija y hasta el presentador Jay Leno (quien improvisó todas sus frases para la entrevista que hace a los cuatro protagonistas).

Drama "eastwoodiano" puro y duro con retazos de humor y fantasía, el cual, aunque en comparación con otros pueda resultar bastante menor e irregular, sin duda encontrará el cariño de los más acérrimos fans del director, sobre todo de los que disfrutaron de sus sobrias y trascendentales epopeyas dramáticas anteriores.
Este hombre, para bien o para mal, siempre nos sorprende.
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