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Críticas de keizz
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A cambio de nada
A cambio de nada (2015)
  • 6,4
    11.402
  • España Daniel Guzmán
  • Miguel Herrán, Antonio Bachiller, Luis Tosar, María Miguel, ...
6
A cambio de poco
Darío (Miguel Herrán), un chico de dieciséis años, tiene serios problemas con sus padres (Luis Tosar y María Miguel) que están recién separados, y también en el colegio. Sólo se siente bien con su amigo Luismi (Antonio Bachiller), vecino suyo de toda la vida. Tras huir de su casa, Darío se refugia en el taller de Caralimpia (Felipe García Vélez), un viejo delincuente que le enseña el oficio y le ofrece un ejemplo de vida muy poco edificante. Asímismo, Darío conoce a Antonia (Antonia Guzmán), una anciana que recoge muebles abandonados con su motocarro y que se convierte momentáneamente en su nueva familia.

El adolescente problemático de un barrio suburbial, problemas generacionales, delincuencia precoz, soy rebelde porque el mundo me hizo así… es uno de los mayores tópicos del cine español, muy dado a recrear este tipo de personajes. Desde los años del llamado “cine quinqui” de Eloy de la Iglesia, a los posteriores éxitos con esta misma temática (“Barrio”, “El bola”, “7 vírgenes”, etc.), este tipo de cine siempre ha tenido buena aceptación y, aunque hayan cambiado los tiempos, se sigue haciendo.

Supongo que habrá gente para todo, pero a mí personalmente, a estas alturas, me dice muy poco o nada la película con adolescentes que conducen sin carnet, que espían a la vecina en la ducha, que roban exámenes del colegio, cubatas en la discoteca, ropa en El Corte Inglés, etc. Falta el coqueteo con las drogas para completar el repertorio de lugares comunes que visita esta película.

Las buenas intenciones son evidentes, y la película es hasta simpática, pero adolece de la más mínima credibilidad. Todo lo relacionado con el personaje de Darío no termina de cuadrar. Un personaje puede ser listo o tonto, bueno o malo, sensato o loco, pero no todo a la vez, según le va conviniendo a la historia. Además de esto, nunca llega a relacionarse con el espectador, uno no empatiza con él, no transmite lo que se supone que quiere transmitir (tengo muchos problemas, mi vida es muy dura, no he recibido suficiente cariño pero en el fondo tengo muy buen corazón y mis amigos son lo primero).

Hay que tener en cuenta que se trata de la ópera prima de Daniel Guzmán, y en ese sentido hay que ser condescendiente con los errores que todo principiante puede cometer. Desde ese punto de vista, comprendo que Guzmán haya sido poco atrevido y pretenda contentar al gran público con una historia de moralejas repleta de clichés y fácilmente digerible.

Personalmente, creo que la película habría ganado mucho si Guzmán se hubiera atrevido a olvidarse del mensaje, de la denuncia social, si hubiera sido más crudo y menos amable con el público, si hubiese hecho un producto más fresco, que destilara más realismo y ambición, si no hubiera recurrido a un final tramposo.

A pesar de todo ello, “A cambio de nada” no es mala película. Hay cosas muy rescatables de ella, indicios muy prometedores de que Daniel Guzmán puede ser un gran director en el futuro. Por ejemplo, tiene muy buen ojo a la hora de componer el plano, y se le adivina buen gusto, talento e ingenio. Yo estoy seguro de que aquí habrá un gran director de cine.

Lo mejor es la dirección de actores. Miguel Herrán y Antonio Bachiller (especialmente éste último) derrochan frescura y naturalidad. Y es gracias a ellos (y a lo bien dirigidos que están) que muchas escenas salen airosas a pesar del conjunto de tópicos por el que se mueven.

Junto a ellos, la habitual solvencia de Luis Tosar y Felipe García Vélez (que protagoniza quizá las escenas más brillantes de la película) y la más que conseguida actuación de Antonia Guzmán (abuela del director) a quien no le queda grande en absoluto su personaje.

La película es divertida (lo de los perros es descojonante), los diálogos son ágiles y denotan espontaneidad, pero los cimientos narrativos de la película son muy frágiles, no hay una historia potente, da la sensación de que lo que se cuentan son momentos anecdóticos en esa etapa la vida de Darío. Esas escenas deberían ser enriquecedoras para la película, pero no ser la película en sí mismas.

Película bienintencionada y con buenos momentos, pero irregular y predecible. Plantea el problema existencial de la adolescencia, su falta de valores y de expectativas, pero no da respuestas, más allá de los tópicos de siempre, por lo que termina siendo un film simplemente agradable pero superfluo.

Darío y Luismi son Don Quijote y Sancho Panza. Pero eso ya se escribió hace mucho tiempo, así que para que la fórmula funcione hay que añadirle algo más, sorprender. No obstante, ya digo, se intuye talento en Guzmán. Espero que esta película guste lo suficiente como para que en la próxima se arriesgue un poco más y veamos de lo que es capaz.

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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mandarinas
Mandarinas (2013)
  • 7,5
    7.772
  • Estonia Zaza Urushadze
  • Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Misha Meskhi, Elmo Nüganen, ...
8
Mandarinas dulces y ácidas
Ivo (Lembit Ulfsak) es un anciano estonio que vive en una casa rural en Georgia durante la guerra civil de 1992. Trabaja construyendo cajas de madera y ayuda a su amigo Margus (Elmo Nüganen) a recolectar mandarinas. A pesar de que ambos deciden mantenerse al margen del conflicto, un día encuentran a soldados heridos en sus tierras. Se trata de un georgiano y un checheno. Ivo les lleva a su casa e intenta cuidarles, curarles, y al mismo tiempo impedir que se maten el uno al otro.

Coproducción estonio-georgiana (creo que en mi vida había visto una película de cualquiera de estas nacionalidades) claramente antibelicista, que por momentos parece más una obra de teatro que una película. Dirigida por el georgiano Zaza Urushadze, la acción transcurre en la región de Abjasia, una región que cuando se desmembró la URSS fue objeto de violentas disputas, ya que por un lado quería su independencia, mientras Georgia reclamaba que les pertenecía a ellos, y Rusia también quería quedársela. Para hacer mayor el enredo, esta tierra tenía una numerosa población estonia, aunque la mayoría de ellos se fue cuando estalló la guerra.

La película tiene grandes valores. Para empezar, el diseño de los personajes. Aparecen pocos personajes en la película (básicamente, cuatro) pero todos ellos están profundamente trabajados, perfectamente retratados. Especialmente, el personaje de Ivo, magníficamente interpretado por Lembit Ulfsak. Ivo llena la pantalla, nos cautiva con su mirada noble, con su dignidad, nos transmite humanidad. Un hombre viejo, bueno y sabio que se sabe ganar el corazón de los soldados a los que acoje, y también el del público que asiste desde sus butacas a su forma de enfrentarse a la guerra y a las vicisitudes de la vida.

El resto de actores que componen el cuarteto principal están muy eficientes, pero lejos de la majestuosidad de Ulfsak. Elmo Nuganen está sobrio en el papel de abnegado amigo de Ivo, obsesionado con salvar la cosecha de mandarinas. Giorgi Nakashidze hace de soldado checheno con brillantez, aportando credibilidad absoluta al personaje. Por último, Misha Meskhi es el soldado georgiano, el personaje más complejo y que más trabajo cuesta conocer.

La música es muy acertada y suma calidad a la película, así como el agreste paisaje de los bosques caucásicos en que se desarrolla la historia. El ritmo narrativo es un tanto ágil, para mi gusto. Creo que la trama hubiera ganado si se hubiera cocido más a fuego lento, como esa sopa que Ivo cocinaba para sus enfermos invitados. Convendría que hubiese habido más conversaciones, más situaciones que llevasen al espectador de la mano a vivir esa metamorfosis que la convivencia y el conocimiento humano de la otra persona va ocasionando en el modo en que cambian las opiniones sobre las personas.

Me gustaron especialmente las escenas más cotidianas de Ivo. Verle trabajar la madera, sentarse a comer pan con queso (qué buena pinta tenía, por cierto), cortando leña para la cocina, ayudando a recolectar mandarinas, en fin, esas escenas destilaban naturalidad, autenticidad, y personalmente las disfruto.

Lo menos bueno de la película: que quizá abusa un poco del mensaje humanitario. Las cosas pasan como pensamos que van a pasar, y esa previsibilidad le resta algunos puntos. Y creo que la relación entre los dos soldados enemigos en la casa de Ivo daba para más escenas entre ellos, que el desarrollo de la misma debería haber sido más pausado.

No se si será que me ha pillado bien, pero he disfrutado mucho con la película. La casa de Ivo es un oasis de humanidad en el que la gente se ayuda. Fuera de la casa está la muerte, la irracionalidad, la rabia, la sinrazón. Porque dentro de la casa cada persona es una persona, con sus peculiaridades, sus sueños, sus seres queridos (el retrato de la nieta de Ivo es un personaje más de la película), pero fuera sin simplemente trozos de carne metidos dentro de un uniforme.

Me gustó el final y hasta consiguió emocionarme la conversación con que se despide el soldado de Ivo, conversación en la que descubrimos el motivo por el que se había quedado en la casa a pesar de la guerra, y a pesar de que su familia había vuelto a Estonia.

Película humilde y hermosa, como la tierra que retrata. Obra con alma, con identidad, capaz de llegar a tocar en mis sentimientos. Y, al fin y al cabo, para eso voy al cine.

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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
La fiesta de despedida
La fiesta de despedida (2014)
  • 6,6
    2.039
  • Israel Tal Granit, Sharon Maymon
  • Ze'ev Revach, Aliza Rosen, Levana Finkelstein, Raffi Tavor, ...
6
La vejez y la muerte pueden ser divertidas
En una residencia de ancianos de Jerusalem, uno de los residentes construye una máquina de eutanasia para ayudar a un amigo que está enfermo terminal. Cuando empieza a correr la voz sobre la existencia de dicho aparato, otros ancianos comienzan a solicitar también los servicios de la máquina, lo cual crea en el anciano y sus amigos un dilema moral y emocional.

La película plantea el tema de la eutanasia y los problemas morales que origina, pero también pone encima de la mesa el tema de la vejez y los terribles inconvenientes inherentes a la misma, tanto físicos como emocionales, así como el sufrimiento que acarrea.

No obstante, trata estos temas tan terribles apelando en todo momento al humor. Un humor imprescindible para poder soportar lo que aparece en la pantalla, que hace de edulcorante para desdramatizar lo terrible que tiene que ser vivir cuando tu cuerpo ya no está preparado para ello.

En mi caso, la película no funcionó tanto como debería. Ni me provocó lágrimas ni carcajadas, aunque sí sonrisas continuas y un inevitable miedo a envejecer en las condiciones de los que aparecían en la pantalla. Entiendo que la idea de la película era buena, pero el guión creo que es bastante mejorable. No obstante, reconozco que es una película interesante y que recomiendo ver.

“La fiesta de despedida” es una película accesible para cualquier tipo de público. Su humor, no tan negro como debería tratándose del tema que trata, es poco corrosivo y lo acerca al público masivo, al tiempo que hace que la comedia sea cercana, que te toque de algún modo, puesto que todos tenemos o hemos tenido ancianos cerca y podemos entender por lo que pasan.

Dirigida por Sharon Maymon y Tal Granit (ambos firman también el guión), “La fiesta de despedida” destaca por la buena dirección de actores y el perfecto ritmo narrativo. En cuanto a lo menos bueno, diría que no mantiene el tono cómico. La primera parte de la película es comedia continua y a medida que se acerca el final se va volviendo más seria.

Parece una película hecha para viejos, lo cual probablemente le restará espectadores. Yo mismo tuve mis dudas antes de ir a verla. No creo que sea así. Es de viejos, pero no para viejos, sino para cualquiera. Incluso diría que recomiendo más ver la película a los jóvenes que a los viejos. Al fin y al cabo, éstos últimos ya conocen su realidad, los jóvenes no.

Los veteranísimos actores están espléndidos, todos ellos. Hacen un espectacular trabajo y da la impresión de que estás viendo sus propias vidas, no las de los personajes que representan. Ze’ev Revach, Levana Finkelstein, Aliza Rozen, Ilan Dar… actores completamente desconocidos por aquí, derrochan talento y arte para componer sus personajes con firmeza y precisión. Auténticos baluartes de la película.

“La fiesta de despedida” tiene el coraje de poner delante del público el tema de la muerte. Eso en lo que nadie quiere nunca pensar y que inevitablemente a todos nos llega. Y lo hace eliminando el tabú. Quitándole importancia. La muerte es una realidad, sencillamente. Un capítulo más de la vida. El último capítulo. Y es tan natural querer elegir cómo vivir que querer elegir cómo morir.

En definitiva, una buena experiencia. Una película mejorable, pero interesante para pasar a la vez un buen y mal rato. Para pensar que todos tenemos muchas papeletas para llegar a viejos, y que cuando lleguemos las cosas no serán sencillas. Personalmente, me gustaría tener la maquinita esa, por si acaso.

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9 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aguas tranquilas
Aguas tranquilas (2014)
  • 6,6
    1.291
  • Japón Naomi Kawase
  • Nijiro Murakami, Jun Yoshinaga, Makiko Watanabe, Hideo Sakaki, ...
6
Aguas quizá demasiado tranquilas
En la isla japonesa de Amami-Oshima vive Kaito (Nijiro Murakami), un adolescente de dieciseis años que una noche descubre un cadáver flotando en el mar. Los padres de Kaito están separados, el padre vive en Tokio y la madre vive con Kaito pero pasa mucho tiempo fuera de casa. El muchacho pasa mucho tiempo con su amiga Kyoko (Jun Yoshinaga), cuya madre (Miyuki Matsuda) está muy enferma, y que poco a poco se va enamorando de Kaito.

Dirigida por Naomi Kawase, “Aguas tranquilas” es una película que requiere que el espectador se sintonice con el ritmo pausado que plantea. En la isla en que se desarrollan los acontecimientos la vida es lenta, tranquila, siguiendo el ritmo de la naturaleza, y eso se refleja en la pantalla, puesto que todo se cuece despacio, sin prisas, por lo que un espectador desincronizado tenderá inevitablemente al aburrimiento.

La película plasma una cotidianidad rural que nos resulta totalmente ajena para nosotros que lo vemos con ojos occidentales. La vida tranquila, la pesca, la relación íntima con la naturaleza, el respeto a los mayores, la importancia de las tradiciones, incluso los vínculos familiares que Kawase expone nos resultan exóticos y son un certero reflejo de la sociedad japonesa.

Estamos ante un film de una estética excepcional, un envoltorio precioso, una innegable belleza, cuidadísimo en lo formal, tratado con la máxima sensibilidad visual, y sin embargo la película no me caló. No se trata solo de su exceso de inacción, yo aguanto bastante bien las películas de ritmo pausado, hasta las prefiero, pero siempre que pase algo, que me cuenten algo, que todo ese formato vaya hacia alguna parte, que camine lento, pero que camine. Y, en este caso, la película no anda. Al menos, para mí.

Mientras la veía me estaba esforzando porque me gustara, deseaba que me gustara, porque reconocía la belleza en las imágenes, porque disfrutaba de la estética visual, de su inmejorable fotografía, pero no lo terminaba de conseguir. Detrás de tanta belleza en esos planos de la playa, de los bailes tradicionales, de tantos silencios, de tantas miradas, de tantos pretendidos matices, no había nada, o yo no lo encontré. Aunque me esforzaba, mi mente terminaba por distraerse.

Mucha culpa la tienen los dos actores principales, los dos adolescentes. He leído que el chico no era actor y que es su primer papel. Me lo creo. Ni él ni su compañera de reparto (pero sobre todo él) fueron capaces de transmitirme absolutamente nada. Más allá de que haya cosas más o menos creíbles en sí mismas (la chica se pasa la película intentando tirarse al chico, pero éste se resiste), si los actores no resultan convincentes es muy difícil que la película te llegue.

“Aguas tranquilas” es una reflexión sobre la vida, la muerte, el amor y la naturaleza. Al menos, así lo entendí yo. Y todo desde el punto de vista de un japonés. Dicho así, tiene toda la pinta de ser interesante, quizá por eso da más rabia que la película se vaya escapando de tu atención, como el agua se escapa entre las manos sin que puedas evitarlo. Tenía ingredientes y estilo para ser una gran película, pero hay que tener algo que contar, y actores que lo hagan creíble.

A pesar de todo, no supuso un tostón para mi. Son tan primorosas las imágenes que ves, que no me desagradó su visionado. El lirismo de su propuesta visual es suficiente para que no tuviera la sensación de haber tirado el dinero, pero sinceramente, esperaba más de esta película.

Viendo “Aguas tranquilas” me venía a la cabeza continuamente el cine de Ozu y hasta el de Miyazaki. Y eso es un arma de doble filo. Por una parte, cualquier cosa que me evoque a aquellas películas me satisface, pero por otra, las comparaciones son odiosas.

Como puntos fuertes citaré las escenas en que sacrifican a la cabra (difícil no apartar la vista de la pantalla), la fiesta nocturna del principio del film, y la secuencia en que los que acompañan a la madre moribunda cantan a petición suya, añadiendo así belleza y liberando la tensión de la escena de una muerte.

En resumen, película digna, con cosas rescatables, innegablemente bella, pero que deja una sensación de obra fallida, o de que uno no la ha visto en el momento adecuado.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Gett: El divorcio de Viviane Amsalem
Gett: El divorcio de Viviane Amsalem (2014)
  • 7,0
    1.786
  • Israel Ronit Elkabetz, Shlomi Elkabetz
  • Ronit Elkabetz, Simon Abkarian, Menashe Noy, Gabi Amrani, ...
7
Liberad a Viviane!
Viviane Amsalem (Ronit Elkabetz) no es feliz con su marido, Elisha (Simon Abkarian), por lo que lleva varios meses viviendo fuera del domicilio conyugal. Pero no se conforma con estar separada, quiere el divorcio para legalizar su situación y no ser una marginada social.

Pero en Israel el divorcio sólo es posible si el marido da su consentimiento. Elisha no está dispuesto a dar dicho consentimiento. Pero Viviane no se resigna, y lucha junto a su abogado para que el Tribunal Rabínico acepte lo que ella considera que es su derecho. No obstante, los jueces tienen que cumplir la ley judía y no le ponen fácil las cosas a Viviane, que se verá inmersa en un proceso de varios años en el que la tragedia compite con lo absurdo, y todo se termina poniendo en tela de juicio.

La película está dirigida por Ronit Elkabetz (que además de dirigir, es la guionista y la protagonista principal) y Shlomi Elkabetz, hermano de la anterior y coguionista. Al parecer, los hermanos ya hicieron dos películas anteriormente en las que también abordan el tema familiar y la problemática religioso-social que se vive en Israel con este asunto.

Y es que en este film se refleja la sociedad israelí. Por aquí tenemos la idea de que Israel es un país occidental, aunque se encuentre en Oriente. Pero en esta película se pone de manifiesto que no es así. En Israel el vínculo existente entre el Estado y la religión es muy fuerte, lo que hace que la modernización y occidentalización del país se resienta.

Supongo que los Elkabetz tratan de concienciar a los habitantes de su nación y al resto del mundo de lo absurdo de ciertas leyes político-religiosas que imperan en su cultura. Del atraso y la injusticia que supone vivir bajo las circunstancias que se exponen en esta película.

“Gett” tiene una curiosidad, y es que toda la película se desarrolla en el Tribunal. No existe otro escenario en la cinta. Con tal parquedad escenográfica, tiene mucho mérito que el espectador siga durante todo el metraje con absoluta atención a todo lo que sucede en la pantalla. Los directores logran esto gracias a unas interpretaciones muy logradas, unos diálogos excelentes, y la habilidad de los hermanos Elkabetz para hacer que la historia evolucione de un modo natural y mantener el interés de la misma sin que decaiga desde el principio hasta el final.

Lo interesante del film no es únicamente el tema que denuncia. A nivel estrictamente cinematográfico, el desarrollo narrativo de la película es brillante. Los tribunales se transforman en un teatro entre cuyas paredes va sucediendo la historia, vamos descubriendo las cosas a través de conversaciones y declaraciones de Viviane, su marido Elisha, los abogados, los testigos, los jueces, etc.

El hecho de que toda la trama transcurra en el juzgado hace que la sensación de asfixia y claustrofobia se acreciente. La angustia que siente Viviane de no poder liberarse de su marido llega claramente al espectador, y se mezcla con la sensación de estar siempre encerrados en la sala del Tribunal. Las dos cosas se suman y hacen que las ganas de escapar de Viviane sean perfectamente captadas por el público.

Un punto importante para el buen funcionamento de la película es la presencia del humor negro en bastantes escenas. Es más, considero que su presencia es imprescindible para enriquecer la trama y engordar el interés del espectador. Hay situaciones y conversaciones que resultan cómicas de lo puro trágicas que son, que para nuestra forma de pensar occidental nos parecen grotescas, pero que por desgracia son dramáticamente reales.

En suma, “Gett” me ha resultado sorprendentemente agradable porque conjuga el descubrimiento de cosas que no sabía sobre la sociedad judía y al mismo tiempo me ha ofrecido un buen rato de cine-teatro, eso que tanto me gusta cuando en la pantalla los actores y sus diálogos toman el mando por encima de los efectismos.

Película para ver, sorprenderse y debatir.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kingsman: Servicio secreto
Kingsman: Servicio secreto (2014)
  • 6,8
    36.018
  • Reino Unido Matthew Vaughn
  • Taron Egerton, Colin Firth, Samuel L. Jackson, Mark Strong, ...
6
Prohibido aburrirse
Kingsman, así en una definición rápida, es una buena película del estilo James Bond, mezclada con toques de Kill Bill. Al menos, esa ha sido mi impresión. Matthew Vaughn dirige con increíble maestría esta película, demostrando un profundo conocimiento del género y una gran destreza detrás de la cámara, dotando al film de una estética visual innegable.

A pesar de ser una película con claros referentes en un género muy trillado, se trata de una propuesta bastante original, con identidad propia. Su punto fuerte, lógicamente, son las escenas de acción. He de decir que no todas son brillantes. Incluso creo personalmente que alguna resulta un tanto ridícula. Pero las que están bien son tremendas. Por encima de todas, la escena de la iglesia. No tengo ninguna duda de que esa escena dará que hablar y posiblemente pase a la historia.

Además, la película cuenta con el punto a favor de unos personajes muy bien dibujados (como no podía ser de otro modo, tratándose de la adaptación de un comic) y magníficamente intrepretados. Colin Firth añade a su elegancia característica una faceta hasta ahora inédita en él: la de hombre de acción. Luego está Samuel L. Jackson, un titán de este tipo de películas, en un personaje que maneja como nadie y que domina con total solvencia. También aparece el siempre fiable Mark Strong, que es un actor que cada vez que le veo me parece mejor que la anterior. Taron Egerton, al que no conocía, está bien pero no llega al nivel de sus compañeros de reparto. Y no puedo evitar mencionar también al majestuoso Michael Caine, por quien siempre vale al pena pagar una entrada.

Que nadie espere una película profunda. “Kingsman” no engaña a nadie. Es pura diversión, puro espectáculo. El guión está repleto de tópicos y exageraciones, y no obstante, el resultado es muy bueno. Y es que cuando las exageraciones se muestran en la pantalla con tanta grandilocuencia y estética visual, pues pasa lo que pasaba con “Kill Bill”, que veías las imposibles escenas de acción sin pestañear, embobado. Y si encima todo el producto viene aderezado con guiños al cine de espionaje, James Bond, y buenas dosis de humor, pues miel sobre hojuelas.

Algunas escenas de acción parecen más coreografías que escenas de peleas, de verdad que vale la pena verlas. Quizá habría estado bien, ya que se hace este homenaje a James Bond, alguna chica muy sexy tentando al circunspecto héroe, pero por lo demás, tenemos al villano megalómano, a su sanguinaria ayudante, al gentleman que se transforma en samurai, y al chico de la calle que salva el mundo. Están todos los que son.

Perfecta de ritmo, “Kingsman” sabe a lo que juega, y juega muy bien a eso. Es divertida, entretenida, técnicamente elegante, con un gratificante punto nostálgico, y la ves con la sonrisa puesta. Como cuando estás sentado esperando que eche a andar la montaña rusa, “temiendo” con alborozo la siguiente escena.

No habría apostado un céntimo a que me iba a gustar esta película. Ni siquiera se cómo es que me atreví a verla. Normalmente prefiero películas con más contenido, pero no me arrepiento. De vez en cuando viene bien un poco de puro cine de evasión. Y, en ese sentido, la película vale mucho la pena.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Calvary
Calvary (2014)
  • 6,7
    7.869
  • Irlanda John Michael McDonagh
  • Brendan Gleeson, Kelly Reilly, Chris O'Dowd, Aidan Gillen, ...
7
Una semana de calvario
El Padre James (Brendan Gleeson) es un buen sacerdote que se enfrenta a una angustiosa situación provocada por uno de sus feligreses, que, durante una confesión le dice que va a matarle el siguiente domingo. Hasta que llega ese día, el padre James trata de reconfortar a su frágil hija (Kelly Reilly) y ayudando a sus feligreses.

“Calvary” está dirigida por John Michael McDonagh, quien ya nos sorprendió favorablemente con su ópera prima “El irlandés”, que también protagonizó Brendan Gleeson. Ambas películas tienen muchas similitudes aparte del actor principal y algún secundario, pero personalmente me ha gustado más ésta última. “El irlandés” me sorprendió pero me desconcertó tanto que recuerdo que no supe bien si me había gustado o no. En cambio con “Calvary” no tengo dudas: me ha gustado.

Como sucedía en su anterior película, McDonagh sitúa la historia en un pequeño pueblo irlandés. Un pintoresco y bello lugar en la costa donde todos sus habitantes se conocen. La película comienza con la confesión en la que vemos al cura dentro de su confesionario y escuchamos a alguien confesando que de pequeño fue violado por un cura y que, en venganza, va a matarle a él el próximo domingo.

A partir de ahí, la película está estructurada en días de la semana, a modo de capítulos, hasta que llega el domingo, que es el último. A lo largo de ese tiempo, vamos conociendo a las personas que forman parte de la vida del Padre James. Está su hija Fiona, que ha venido a visitarle tras un frustrado intento de suicidio, un médico ateo (Aidan Gillen) que disfruta molestando al cura, un millonario (Dylan Moran) bastante peculiar en permanente estado de insatisfacción, una mujer que presenta síntomas de maltrato y no se sabe si quien la pega es su marido (Chris O’Dowd) o su arrogante amante (Isaach de Bankolé), un escritor muy anciano (M. Emmet Walsh) que solo piensa en acabar con su vida, etc.

Con todos ellos se involucra el Padre James, que se niega a que su cotidianidad se vea alterada por la amenaza del confesionario. Pero en el fondo sabe que el domingo tiene una cita en la playa, con la muerte.

Aparte de la originalidad de la historia, destaco como elementos más importantes de la película la solidez del trabajo de todo el reparto, los magníficos planos que resaltan el sensacional paisaje irlandés (especialmente los de la playa), y los excelentes diálogos, que, al final, son lo que te va cosiendo poco a poco a la pantalla.

Hay en “Calvary” tantas notas de humor negro como había en “El irlandés”, por lo que imagino que éste debe ser uno de elementos característicos del cine de McDonagh, pero también hay dosis de misterio, toques de película de suspense. Hasta el final no sabemos quién es el feligrés que ha amenazado con matar al Padre James en el confesionario. Hemos escuchado su voz al principio pero no le hemos visto, así que tenemos dudas.

McDonagh propone un inicio impactante para que no nos despistemos. A partir de ahí empieza a dibujar su obra con paciencia y seguridad. Vamos conociendo a los personajes, sus problemas, sus miserias, y las relaciones entre ellos. Se cuestiona la fe, la familia, la moralidad, la venganza como elemento multiplicador del rencor. Y el perdón como solución a la mayoría de los males.

No es una película religiosa, que nadie se deje llevar por las apariencias. No hace apología a favor ni en contra del catolicismo ni de la religión. El protagonista es un cura como podría serlo un maestro de escuela. Lo principal es que se trata de un hombre bueno, de alguien que se preocupa por los demás y que tiene que lidiar con una amenaza de muerte porque alguien quiere que él pague por lo que otros hicieron.

Como se puede apreciar, mi valoración es muy positiva. Por ponerle algún pero, me sobra el personaje de la hija, pero poco más negativo se puede decir. Una película con pocas pretensiones y con muy buenos resultados. Para tomarse, ahora sí, muy en serio a J. M. McDonagh y sobre todo a Brendan Gleeson.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Citizenfour
Citizenfour (2014)
  • 7,2
    5.923
  • Estados Unidos Laura Poitras
  • Documentary, Edward Snowden, Jacob Appelbaum, Julian Assange, ...
7
Alguien te vigila
Interesante documental, que nos permite ser testigos de cómo sucedieron las revelaciones que modificaron el modo de ver la informática. Indudablemente, el argot que se emplea puede ser un poco farragoso si no estás habituado al lenguaje informático. Hay muchos tecnicismos y excesivos datos como para que el espectador no se pierda un poco, pero es lo que hay, las conversaciones fueron como fueron y Edward Snowden (que es quien se esconde tras el apodo de “Citizenfour”) cuenta lo que cuenta.

La gravedad de los hechos que relata la película se demuestra mucho más en la actitud de Snowden y los periodistas a quienes relata lo que sabe, que en los propios datos que revela. Básicamente nos dicen que las agencias de inteligencia americanas vulneran sistemáticamente la privacidad, y tienen acceso a todos nuestros correos electrónicos, nuestra actividad en facebook, nuestros mensajes de texto, nuestras llamadas telefónicas…

Pero hasta qué punto esto es serio lo demuestra el hecho de que tengan que ir hasta Hong Kong para reunirse, que Poitras luego se tenga que quedar a vivir en Berlin por miedo a volver a Estados Unidos, ese enclaustramiento en la habitación del hotel, el cambio de look para poder ir al aeropuerto, todas estas acciones, más propias de una película de espías de la época de la Guerra Fría que de un documental de actualidad, son mucho más elocuentes que cualquiera de las cosas que nos explican verbalmente en la película. Por no hablar de la escena final, en la que ya se pone de manifiesto indiscutiblemente hasta qué punto corren peligro teniendo esas conversaciones.

A pesar de cuánto nos afecta el tema a todos, la película no conecta tanto con el espectador como debería, y tiene momentos un tanto tediosos y pesados en los que la transferencia de datos de la pantalla a las butacas no fluye como debería. Uno sale del cine preocupado pero no tan indignado como tal vez sería deseable, dado el material que se revela. En este sentido, Poitras quizá ha pecado de excesiva imparcialidad.

Debemos ser conscientes de que esta película es más un documento informativo que otra cosa. Su valor informativo y divulgativo es, a mi juicio, superior a su valor cinematográfico. Esa es su fuerza, y al mismo tiempo su flaqueza. Aquí indudablemente prima el contenido sobre la forma, por lo que su valor puramente artístico no es muy alto.

Personalmente, le recrimino a su autora no sacar más provecho del asunto. Me quedo sin conocer realmente a Edward Snowden, sin conocer verdaderamente los motivos que le llevan a meterse en este jardín. Se podría haber indagado más en los que sacan provecho de ese espionaje al que todos estamos sometidos, y cómo se benefician de ello. Echo en falta más denuncia expresa, echo en falta que me asusten más. El tema lo merecía.

A pesar de ello, el relato está bien construido, y se nos van mostrando las entrevistas realizadas a Snowden, las publicaciones de los periodistas que participan en ellas y las reacciones que se van produciendo en los medios de comunicación, así como las reacciones de los políticos al tema, incluyendo al propio Obama.

“Citizenfour” es un magnífico documento. Personalmente, no le habría dado el Oscar, puesto que cinematográficamente no me parece para tanto. Pero es innegable que estamos ante un documental histórico, muy interesante y tremendamente revelador que muestra una vez más que vivimos en una sociedad mucho menos ética de lo que creemos y que la libertad individual es infinitamente más reducida de lo que pensamos.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
El año más violento
El año más violento (2014)
  • 6,6
    10.633
  • Estados Unidos J.C. Chandor
  • Oscar Isaac, Jessica Chastain, Albert Brooks, David Oyelowo, ...
8
Más tensión que violencia
Dirigida por J.C. Chandor, “El año más violento” es una película de estética setentera, con una magnífica fotografía en tonos ocres y azules que resaltan el invierno neoyorkino y cuya frialdad traspasa la pantalla, creando una atmósfera muy peculiar. Esos tonos cromáticos y esos silencios ásperos son los que dan a la película ese toque tan particular que hace que no la olvides fácilmente.

No se explican muchas cosas, pero el espectador no lo necesita para sentirse dentro de la historia. No sabemos cómo ha llegado Abel a esas alturas del negocio. No sabemos quién ni por qué le roban el fueloil. Hay muchas cosas que no sabemos, todo es susceptible de sospecha, todo resulta oscuro y crepuscular, tan sólo la fuerza y determinación de Abel Morales y su mujer muestran una solidez que transmiten capacidad de salir airosos entre tanto fango.

Los personajes de este curioso matrimonio son la piedra angular de la película. Abel es un hombre de principios, de firmes convicciones, que ha logrado una sólida posición a base de trabajar muy duro y ahora ha decidido dar un paso más allá en su negocio, pero es un paso arriesgado que le puede terminar de encumbrar pero también le puede llevar a la ruina. Por otra parte está su mujer, Anna, hija de un mafioso, que ejerce de perfecto contrapunto a su marido. Ella es mucho más proclive a conseguir las cosas por el medio que sea y caiga quien caiga. El dilema moral está servido. La toma de decisiones será definitiva en el devenir de la historia.

“El año más violento” evoca multitud de película. A ratos me recuerda a “Serpico”, otras a “El padrino”. Me evoca tanto a “The Wire” como a “Los Soprano” (Juraría que el abrigo marrón de Abel Morales se lo he visto llevar a alguien de los Soprano). Pero más que una película concreta, a mí me recordaba al cine americano de los años setenta, con ese Nueva York decadente en el que todo vale, y esa atmósfera urbana tan característica de aquellas películas.

Resulta enternecedor el modo en que Abel Morales trata de manejarse entre mafiosos, corruptos y delincuentes de todo tipo a través de la moralidad y la ética, intentando imponer el diálogo y el entendimiento negociador por encima de la violencia precisamente en el año más violento del siglo.

Con ritmo pausado pero tenso, Chandor nos regala un thriller atípico, en el que la violencia aparece explícitamente con cuentagotas a pesar de impregnar toda la obra, y la acción queda solapada por la sensibilidad, los diálogos y un continuo choque emocional entre Abel y todos aquellos con quienes tiene que lidiar, incluída su propia familia.

Hay que poner en valor las brillantes interpretaciones de los dos protagonistas principales del film. De un lado, Oscar Isaac, una suerte de nuevo Al Pacino que desarrolla un papel enormemente complejo con una sensacional solvencia, dotando a su personaje de gran cantidad de matices y una absoluta credibilidad. Tan sorprendente como impecable el trabajo de Isaac.

Por otra parte, la cada vez más contrastada Jessica Chastain, le da perfecta réplica con una interpretación que la define como actriz. No pude evitar acordarme de Rosanna Arquette cada vez que la veía aparecer en la pantalla, pero eso son cosas mías. Lo cierto es que Jessica Chastain lo borda componiendo un personaje que combina con admirable armonía la vulnerabilidad y la ambición.

A pesar de que no hay muchas escenas de acción, las que hay son excelentes. La persecución con el coche a uno de los camiones es una de esas escenas inolvidables. Pero los momentos de tensión superan con mucho a los momentos de acción. Momentos en que la tensión se saborea, tanto si deriva en acción como si no.

Resulta tan sorprendente como gratificante encontrarte con una película como ésta, cuando ya han pasado los Oscars y piensas que lo mejor de la cosecha del 14 ya lo has degustado, resulta que quedaban perlas como ésta esperando a ser descubiertas. Una película diferente, que evoca muchas cosas muchas veces vistas. Una película con un encanto especial que se parece a muchas cosas pero que es única.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Fuerza mayor
Fuerza mayor (2014)
  • 6,3
    7.477
  • Suecia Ruben Östlund
  • Johannes Kuhnke, Lisa Loven Kongsli, Vincent Wettergren, Clara Wettergren, ...
7
Si estoy yo ahí...
Un matrimonio sueco con dos hijos pasa unos días de vacaciones en los Alpes. Mientras comen en un restaurante se produce una avalancha que asusta a los clientes del establecimiento. Todo pasa muy rápido pero cuando la madre, Ebba (Lisa Loven Kongsli), llama a Thomas (Johannes Kuhnke), su marido, para que la ayude a salvar a sus hijos, él ha huido para salvar su vida. La avalancha se detiene sin ocasionar daños pero el universo familiar ya se ha resquebrajado. A partir de entonces, Thomas tendrá que luchar para recuperar su sitio en el entorno familiar.

El director sueco Ruben Östlund plantea un debate en el que todos los personajes de la película opinan a su manera. El marido intenta primero negar lo ocurrido, luego esconderlo o dejarlo pasar, y por último justificarse. La mujer lucha entre el reproche a lo que hizo el marido y la necesidad de mantener la unión familiar. Los amigos que primero no quieren mojarse para evitar malos rollos y terminan trasladando el debate a su propio caso. Y los niños, que dan la sensación de ser los más sensatos de todos, que silenciosamente reprueban el comportamiento de sus padres.

Östlund, con un estilo narrativo que recuerda irremediablemente a Haneke (especialmente en esos súbitos cambios de secuencia, en el gusto por la cámara fija y en la utilización de la música), va mostrando las escenas de un modo lento pero seguro, y va creando en el espectador una sensación creciente de que se avecina una tragedia.

Por otra parte, el suceso de la avalancha parece ser un acontecimiento que va más allá de la reacción del marido. Es un hecho que permite remover los cimientos de una relación presuntamente idílica de esa acomodada familia sueca. Un matrimonio que parece perfecto pero que se encuentra en esa fase de las parejas que ya no tienen casi nada de que hablar que no sean los hijos o el trabajo. Lo de la avalancha les permite mirar cara a cara a la relación y replantearse las cosas.

La historia está narrada con un estilo muy peculiar, salpicando continuamente la trama con imágenes preciosas de las montañas nevadas, con planos cerrados rodados con cámara fija en la que el espectador parece un voyeur, un humor negro siempre latente, y los sonidos muy marcados entre varios ratos de silencios, el cepillo de dientes eléctrico sonando en varias ocasiones, y la música de Vivaldi entrando de tanto en tanto de un modo inquietante.

No me convencieron los actores. Ninguno de los dos me logró transmitir lo que se supone que deberían haberme transmitido. Especialmente él, que tenía más fácil para lograr ponerme en su lugar que ella, obviamente. Creo que el personaje requería algo más de estilo, menos asepsia, aunque se trate de un personaje pusilánime y gris, como era el caso, debería haber logrado que empatizáramos más con él.

También creo que los diálogos podrían haber sido mejores. Están muy bien los planteamientos, las conversaciones que propone, pero los diálogos no terminan de ser demasiado brillantes. Considero que se le podría haber sacado mucho más jugo, que no se ha sido tan mordaz como se debería.

Por tanto, me parece una película irregular, con cosas muy buenas y otras flojas. El final tampoco me parece muy logrado, me da la impresión de que no sabían muy bien como acabarla. Pero por otra parte, creo que hay algunas escenas muy brillantes y la película es estimulante y gana con el recuerdo.

El director no demoniza a nadie, no establece buenos y malos. Pone unos hechos, unas conversaciones, unos comportamientos encima de la mesa, y deja que el espectador decida. Todas las posturas pueden ser defendibles y entendibles. Es más un dilema moral que racional. Y supongo que más debatible en la cultura nórdica que en la latina, tan quijotescos y machotes como somos.

“Fuerza mayor” resulta muy interesante de ver, pero le falta más filo para llegar al espectador. Se disfruta, pero a mi juicio desde demasiada distancia, no termina de llegar adentro, pese a lo sugestivo del planteamiento, no llega a remover dentro del espectador, sus virtudes se quedan en la pantalla y no llegan a traspasarla.

En todo caso, es una película muy recomendable. Sales del cine sin estar seguro de si has visto una comedia o un drama, pero convencido de que te lo has pasado bien y con unas irrefrenables ganas de hablar de lo que tu hubieras hecho de haber estado en el caso de los protagonistas.

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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La teoría del todo
La teoría del todo (2014)
  • 7,1
    42.339
  • Reino Unido James Marsh
  • Eddie Redmayne, Felicity Jones, Charlie Cox, David Thewlis, ...
5
La teoría de la ñoñez
James Marsh dirige de manera solvente pero aséptica este biopic que resulta agradable de ver pero no deja poso en el espectador. La película creo que está hecha para eso, resultar entretenida, buscar la complicidad emocional del espectador menos exigente, y glosar las virtudes de sus dos protagonistas. Y todo eso lo logra, pero luego se diluye en el alma del espectador debido a su superficialidad.

La película no está mal, pero me resulta demasiado formal, demasiado convencional, muy del estilo telefilm de sobremesa. Sinceramente, me esperaba más de ella. Como drama de superación personal me resulta excesivamente previsible y un tanto tediosa, y ni siquiera logra que me impresione la lucha de los Hawking por la supervivencia. Carece de la fuerza necesaria para que me llegue.

Y eso que tiene buenos momentos, algunos incluso con una cierta carga emocional que deberían haberme hecho sentir más cosas, pero en general es monótona, carece de chispa y tampoco nos desvela tanto sobre la figura de Hawking. Esto me parece especialmente llamativo. Salgo del cine sabiendo de él lo que ya sabía, y no era mucho.

La película comienza de un modo un tanto atropellado, con prisas porque empiece la relación entre Stephen y Jane, y la aparición de la enfermedad. Hasta ahí, todo es urgencia narrativa. No hay casi preámbulos, apenas se nos da a conocer al joven Hawking sano, ni hay un modo convincente de ver la germinación de la relación entre la pareja. De hecho, me resultó bastante poco creible el modo en que se enamoran, a pesar de que evidentemente se produjo esa circunstancia. En todo caso, esa excesiva velocidad narrativa inicial contrasta con el ritmo posterior, con lo que el resultado del film se resiente.

Esto hay que ponerlo en el debe de James Marsh, cuya dirección no me ha convencido nada. Muy discreto su trabajo, muy funcionarial, todo correcto pero careciendo de nivel artístico.

Por supuesto, lo mejor son las interpretaciones, con diferencia. Pero yo creo que voy a discrepar con todo el mundo, pues me parece que, estando los dos muy bien, está mejor Felicity Jones que Eddie Redmayne. También es cierto que su papel tenía más margen interpretativo que el de Eddie. Lo mismo que es indudable que el personaje de él es mucho más agradecido, especialmente para el público medio y para Hollywood, que adora este tipo de personajes y siempre les suele premiar.

Eddie Redmayne lo hace muy bien, no lo discuto, de hecho, no me imagino ese personaje mejor interpretado, pero también es cierto que gran parte de la interpretación ya viene dada por su parecido físico con el personaje y por la excelente caracterización. No es que haga bien de Stephen Hawking, es que realmente se convierte en él.

Por su parte, Felicity Jones impresiona, a pesar de que la dirección de Marsh no la ayuda precisamente. Pero está sorprendentemente brillante, con una interpretación repleta de sensibilidad que desprende un talento que yo no reconocía en ella. Para mí, lo mejor de la película.

La película no profundiza en casi nada y deja bastantes interrogantes. No habla casi nada sobre ciencia, ni nos muestra los trabajos de Hawking, salimos del cine sin saber en qué consisten sus teorias ni por qué es tan famoso como científico (más allá de su enfermedad).

Me gusta que la película no sea demasiado morbosa con la enfermedad, incluso la trata con optimismo y humor, pero por otra parte, tampoco profundiza en ella. No se nos explica el motivo de que le den dos años de vida y aún siga vivo actualmente. Todo queda en el aire, el film no va a ningún sitio, no se centra en nada, salvo, quizá en la relación amorosa entre los protagonistas.

Y si se centra en la relación amorosa, y resulta que la relación amorosa no me ha llegado, me ha parecido que faltaba química y sobraban lugares comunes, mal asunto.

En definitiva, la película está bien, pero no deja huella. Buena para pasar un rato, pero prescindible. Tal vez tenía el listón alto con las últimas películas que había visto, pero esa es la sensación que me queda.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Red Army. La guerra fría sobre el hielo
Red Army. La guerra fría sobre el hielo (2014)
  • 7,3
    2.884
  • Rusia Gabe Polsky
  • Documentary
8
Que vienen los rojos!
Dirigido por Gabe Polsky y auspiciada por Werner Herzog, que hace de productor ejecutivo, “Red Army” nos hace bucear por la historia para mostrarnos la vida, en plena Guerra Fría, de unos laureados deportistas, referentes del deporte soviético en aquellos años en los que ganar una medalla olímpica era dar una bofetada a sus enemigos políticos.

Bajo la tutela del entrenador, Anatoly Tarasov, auténtico ideólogo del hockey sobre hielo, se formó un equipo deslumbrante, que maravillaba en todos aquellos países en los que competía, para gloria de la URSS. Especialmente brillantes eran cinco jugadores que se conocieron como “los cinco rusos”: Vyacheslav Fetisov, Sergei Makarov, Alexei Kasatonov, Vladimir Krutov e Igor Larionov. Ellos revolucionaron el hockey, que era un deporte en el que predominaba la fuerza y la violencia, y lo transformaron en algo bello, creativo, en el que primaba la técnica colectiva, como si de un ballet se tratara.

Todo cambia cuando Tarasov es destituido como entrenador, y se nombra a Tikhonov como nuevo responsable del equipo. Sus métodos espartanos hacen que el equipo gane, pero sus jugadores no son felices. Fetisov y sus compañeros empiezan a cuestionar los métodos de Tikhonov y a pensar seriamente en abandonar la URSS ante las ofertas que les llegan de los grandes equipos americanos. Pero claro, eso en la era soviética era alta traición.

El documental nos muestra el modo en que el deporte de alta competición se empleaba como propaganda política en aquellos años. Era una auténtica guerra, con atletas en lugar de soldados, y una pista de hielo como campo de batalla. Chicos que empezaban jugando por placer, por disfrutar del juego, terminaban haciéndolo como un servicio a la patria, por lo que no había nada de lúdico en su hockey. Tenían que ganar por su país, por su estilo de vida, por su modelo político. Demasiada responsabilidad. A pesar de lo cual, cuando esos cinco fenómenos se juntaban, se multiplicaban sus talentos y las jugadas que realizaban eran un auténtico espectáculo.

Esos hombres vivían en un régimen casi militar, de entrenamientos continuos, sin más recompensa que el cumplimiento del deber. Además, cada vez que salían a jugar a Occidente veían que jugadores mucho menos buenos que ellos ganaban dinero, tenían coches, casas, ropa cara, y ellos se volvían a la URSS, a sus vidas cuadriculadas, sin posibilidad de mejorar.

El documental es apasionante para aquellos que, como yo, les interesa el tema. Ver cómo amenazaban con mandar a Siberia a aquel que se saliera del tiesto, esas paradas militares y demostraciones que recuerdan a lo de Hitler en los años 30, escuchar a los que vivieron esos años allí, en pleno corazón del deporte soviético, con una mezcla de nostalgia y vergüenza… para mí ha sido una gran experiencia, sin duda.

Genial la parte en la que un antiguo miembro de la KGB cuenta el modo en que se hacían las cosas en esos años mientras su nieta está zascandileando por ahí acaparando la atención de la cámara.

Polsky mezcla con acierto las entrevistas a los jugadores, familiares y gente que vivió en primera persona los acontecimientos con maravillosas imágenes de archivo, que dicen más que las palabras, en las que se puede apreciar con precisión cómo eran las cosas en la Unión Soviética en esos años.

La historia se sigue con absoluta facilidad, independientemente del conocimiento que se tenga del hockey sobre hielo (yo no tengo ninguno, y lo he disfrutado a tope), puesto que lo que prima es el valor histórico y cultural de lo que vemos en la pantalla. Además, Polsky lo narra de un modo magistral, añadiendo momentos de humor y otros de emoción, que hace que sigamos la historia con atención y que se nos hagan extremadamente cortos los apenas 80 minutos que dura el documental.

“Red Army” me parece tremendamente interesante, instructiva y amena. Un documental dinámico y apasionante que nos traslada a un tiempo histórico e irrepetible, nos hace pensar y aprender, y además nos entretiene. ¿Qué más se puede pedir?

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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nightcrawler
Nightcrawler (2014)
  • 7,3
    35.312
  • Estados Unidos Dan Gilroy
  • Jake Gyllenhaal, René Russo, Riz Ahmed, Bill Paxton, ...
8
Carroñero nocturno
Es imposible ver “Nightcrawler” sin retrotraernos a “Taxi driver”. No puedes evitar estar sentado en la butaca y acordarte del personaje de Travis cuando ves a Lou Bloom. Tan sociópata uno como otro. Sabíamos que Travis estaba así porque vino algo tocado de Vietnam y prefería trabajar por las noches porque sus recuerdos no le dejaban dormir. De Lou no sabemos nada pero tampoco nos importa, pues su resuelto empeño en conseguir su objetivo se refleja en su sobrecogedor semblante.

No son iguales, claro. Travis era idealista, Lou es pragmático. Travis odiaba los delincuentes, Lou se aprovecha de ellos. O tal vez sí sean iguales, y lo que han cambiado son los tiempos. Ya no estamos en los 70. Lou es, probablemente, quien sería Travis en estos tiempos, transportando noticias en lugar de clientes.

Y, como en “Taxi driver”, aquí la película brota y crece a través de su protagonista. Jake Gyllenhaal realiza una interpretación descomunal, creando un personaje para el recuerdo, más hierático e inquietante que nunca. Se nota que Gyllenhaal ha trabajado al personaje con sumo esmero, que lo ha construido centímetro a centímetro, y el resultado es fabuloso.

Pero no es la típica película que existe para el lucimiento de su protagonista. “Nightcrawler” es también una descarnada denuncia del modelo actual de la sociedad de comunicación, del modo en que los medios han enterrado cualquier vestigio de ética y se limitan a competir por la audiencia, para lo que no dudan en recurrir al morbo y a dar la carroña que sea necesaria a una audiencia que demanda cada día más “porno duro” informativo, es decir, noticias e imágenes cuanto más explícitas y malolientes, mejor.

La crítica es a los medios de comunicación, pero también al público, que consume ese tipo de productos. Y que además se recrea en sus propios prejuicios y miedos. Por eso los medios prefieren que los delitos de los que informan los cometan miembros de minorías étnicas y sociales, y las víctimas sean personas adineradas de la parte alta de la ciudad.

No obstante, la denuncia no es demasiado hiriente con los verdaderamente poderosos, con los políticos (a los que ni se cita) o con los dueños de las grandes empresas de comunicación. Apenas se centra en los trabajadores de a pie y en los delincuentes, pero no va más allá. No aborda las políticas empresariales de los grandes grupos mediáticos ni el problema social que produce tantos delitos por parte de ciertos grupos sociales minoritarios. Denuncia, si, pero muy superficial y un tanto sensacionalista.

Al margen de Gyllenhaal, sobresale también la interpretación de Rene Russo, y quiero citar a Riz Ahmed, que ya me pareció un actor con grandes posibilidades en “Four lions” y en esta película me ha terminado por convencer del todo.

Siendo la parte interpretativa el punto más fuerte de la película, “Nightcrawler” también llama la atención por la fantástica fotografía, por la buena música y por el magnífico guión (creo que ésta es su única nominación a los Oscars).

Me parece una película totalmente recomendable. Es inquietante desde sus primeras secuencias, y logra mantener la tensión durante todo el metraje, aumentando ésta a medida que avanza la película, y desbordándose por completo en la fantástica úlitma media hora.

Y es curioso, porque las cosas que aparecen en la pantalla (o gran parte de ellas) no terminan de ser creíbles. Y a pesar de ello, la tensión no disminuye, lo cual resulta un síntoma inequívoco de la calidad de la cinta. Una película con un magnífico final, por cierto.
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Foxcatcher
Foxcatcher (2014)
  • 6,3
    14.584
  • Estados Unidos Bennett Miller
  • Channing Tatum, Steve Carell, Mark Ruffalo, Sienna Miller, ...
8
Lección interpretativa
Basada en hechos reales, “Foxcatcher”, dirigida por Bennett Miller, es una película en la que los acontecimientos que cuenta (en los que se refleja el grotesco patriotismo mal entendido de la sociedad americana) es simplemente un punto de partida para dar forma a una historia de complejidades psicológicas con un triángulo mágico formado por los hermanos Schultz y el magnate John Du Pont.

Tres personajes complejos y completamente distintos. Mark Schultz, solitario, arisco, vulnerable y protegido por el manto de su hermano. Dave Schultz, carismático, hermano mayor y mentor de Mark, a quien estimula y da seguridad, y John Du Pont, tan educado y adinerado como caprichoso, patriota, y eternamente sometido a la aprobación de su anciana madre.

Miller hace un magnífico trabajo, envolviendo la película en una atmósfera que hace que el espectador asista al desarrollo de la misma con una sensación de creciente tensión. El film se nos muestra en un tono oscuro, con un ritmo narrativo pausado, pero flota una permanente sensación de amenaza que hace que la atención del público no decaiga a pesar de la falta de velocidad narrativa de la película.

El estilo aséptico con el que Miller nos muestra los acontecimientos hacen que tengamos libertad para enjuiciar lo que vemos, y también para predecir (o no) lo que iremos viendo. En este sentido, la película no manipula tanto como suelen hacer las cintas americanas, y se agradece.

Tengo la impresión de que el hecho de conocer o no los sucesos reales que se cuentan en la pantalla influye para que la película te guste más o menos. En mi caso, no los conocía, y me parece que eso hizo que me gustara más. Por lo tanto, recomiendo a quienes tengan intención de verla que no investiguen en internet antes de verla, sino que lo hagan después. Creo que es importante verla desconociendo lo que vas a ver.

Pero sin duda la clave del buen funcionamiento de la película es la labor de los actores. Últimamente estoy asistiendo a unas interpretaciones sensacionales, y los Oscars este año van a estar complicados en este tema. Elegir la mejor interpretación masculina va a ser francamente difícil, y seguramente será injusto gane quien gane.

Por encima de todos, brilla con luz propia Steve Carell, que deslumbra en un registro dramático que yo personalmente no le conocía. De hecho, parece un actor diferente, no solo por la excelente caracterización física, sino por el siniestro personaje que es capaz de componer. Hay muchos momentos en los que no dice nada, y es capaz de transmitir tensión al espectador. Realmente se luce. Uno sale del cine fascinado con su interpretación.

Sus dos compañeros también rayan a una gran altura. Channing Tatum está absolutamente convincente en un papel nada sencillo, y Mark Ruffalo compone con solvencia y seriedad un personaje que, a pesar de estar casi siempre alejado del foco de la película, es capaz de tener siempre presencia en ella. Uno está deseando que vuelva a aparecen en escena, y eso es un síntoma infalible de buen trabajo.

Aunque en un principio la película de la impresión de que se va a centrar en el mundo de la lucha libre, de las vicisitudes y los sacrificios que supone ser un atleta de élite, de lo mucho que cuesta ganar una medalla olímpica, etc., el devenir del film hace que nos adentremos cada vez más en el personaje de Carell, hasta el punto de olvidarnos de los atletas y pasar a interesarnos las personas que viven dentro del cuerpo de los atletas, y sobre todo, dentro del cuerpecillo de Du Pont.

Miller indaga en la compleja personalidad de Du Pont, trata de que conozcamos profundamente al personaje, para así poder entender de alguna manera los acontecimientos que suceden. Yo realmente no se si el verdadero Du Pont era como se nos muestra en la película, pero a mi juicio el personaje que crea Steve Carell es tremendamente interesante, a un tiempo fascina y asusta.

En “Foxcatcher” se trata el tema de las personas que sufren dependencia de otras. Mark tiene dependencia de su hermano Dave, y quiere irse con Du Pont para librarse de ella, pero lo que consigue es tener dependencia del magnate. Dave tiene dependencia de su familia. Y Du Pont sufre dependencia de su madre, a la que quiere odiar, pero se pasa la vida buscando su aprobación. Pero no solo trata el tema de las dificultades que tienen algunas personas para volar solas, también indaga en el patriotismo mal entendido, en lo efímero del éxito…

Impresiona saber que estas cosas pasaron de verdad, pero creo que impresiona más conocer el fondo de los personajes, resulta absolutamente perturbadora esa mirada a las entrañas del alma humana, a la complejidad de las mentes.

Conviene verla. Después de ello, una buena conversación está asegurada.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Leviatán
Leviatán (2014)
  • 7,2
    5.799
  • Rusia Andrey Zvyagintsev
  • Aleksey Serebryakov, Vladimir Vdovichenkov, Elena Lyadova, Anna Ukolova, ...
8
Desde Rusia con alcohol
Andrey Zvyagintsev firma con "Leviatán" una magnífica película y se reivindica como uno de los directores más interesantes del cine europeo. Y lo hace arriesgando con una propuesta nada fácil, con una película agreste, poco agradable, de ritmo pausado y escenas llenas de matices que requieren la complicidad del espectador para que su funcionamiento sea el adecuado.

El poder político, representado por el alcalde de la ciudad, aparece en el film como el gran monstruo, el eje del mal que amenaza a Kolia, humilde ciudadano. Y no está solo el alcalde, la policía está de su parte, la Iglesia ortodoxa está de su parte… esto que parece tan gastado del malo poderoso contra el bueno desamparado, en esta película suena más creíble que nunca, y en la sociedad actual rusa mucho más creíble todavía.

Pese a que la trama no sea nada del otro mundo y visite muchos lugares comunes, la película crece muy alto porque el guión está bien estructurado, la dirección es magistral y la interpretación sobresaliente. Los personajes están magníficamente desarrollados y, más allá de algún exceso inevitable, todos son francamente verosímiles.

El paisaje de la costa rusa añade un aliciente más. Hay pocas películas en las que el paisaje tenga tanto peso en el resultado de la misma como en ésta. Ese mar feroz cuyo oleaje rompe en la costa, junto a ese esqueleto de ballena, esa luz azul grisácea que contribuye a exaltar la sensación de tristeza y desamparo que desprende el film. Un paisaje extremadamente bello y hosco a la vez que dota a la película de un encanto especial que no se olvida.

Aunque el nudo gordo de “Leviatán” sea la desigual batalla entre el poderoso alcalde y el desesperado mecánico, existen otros nudos más pequeños que inundan de interés la película. Especialmente, las relaciones personales entre los personajes. El hombre enamorado y temeroso de perder a su mujer, la mujer atrapada en una vida triste y desesperanzada, el hijo rabioso por la pérdida de su madre buscando la atención del padre, el abogado que ha venido de Moscú y no se da cuenta de que allí las cosas funcionan de otra manera, el amigo policía y su mujer… personajes que nos muestran la cara de la sociedad rusa, con sus desigualdades, sus miserias, su resignado devenir.

Sin duda, el personaje de Lylia es el que más interesante y llamativo me parece. En parte por la gran interpretación que hace Elena Lyadova. Me inspira mucha ternura ese personaje. Uno percibe un gran drama interno en ese personaje perfectamente dibujado por esa actriz que lo adorna con matices, con una magnífica expresión corporal, con miradas tremendamente expresivas, con ese tono de voz débil que la dota de más vulnerabilidad aún.

La película va entrando en una dinámica trágica, y a medida que avanza, el descenso a los infiernos se vuelve inevitable. Todo aderezado con unas gotas de humor ruso y muchas gotas de vodka. El desaliento se va abriendo paso en la película y uno termina totalmente descorazonado. El director es implacable con el espectador y no le concede ni un punto de optimismo.

Zvyagintsev demuestra tener un pulso muy firme para mostrarnos la degradación del espíritu humano como consecuencia de las continuas decepciones con las que la vida nos golpea. No hay salida para Kolia, ni para su mujer o su hijo. Viven atrapados en una tierra inhóspita, sojuzgados por una sociedad más inhóspita todavía. Una sociedad corrupta y represiva que azota el alma de unos personajes cada vez más hundidos en la incomunicación, aferrados a la botella de vodka e incapaces de mejorar su presente.

Aparte del ya mencionado gran trabajo de Elena Lyadova, el resto de actores también hacen un brillante trabajo. Vladimir Vdovichenkov en el papel de Kolia está convincente, Roman Madyanov se luce haciendo el personaje del alcalde hijoputa, en fin, todos, no voy a nombrar a todos porque ya bastante me ha costado escribir estos nombres.

Asombrosa la fotografía y excelente la música de Philip Glass, una música final que se te queda en la cabeza bastante tiempo después de salir del cine. Y no quiero terminar esta crónica deslavazada sin ponderar el magnífico final de la película. Las escenas finales son un broche de oro a un gran trabajo cinematográfico. Y los planos finales con la música son poesía audiovisual.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Imitation Game (Descifrando Enigma)
The Imitation Game (Descifrando Enigma) (2014)
  • 7,2
    52.144
  • Reino Unido Morten Tyldum
  • Benedict Cumberbatch, Keira Knightley, Mark Strong, Charles Dance, ...
7
Buena película y magnífico personaje
Morten Tyldum (“Headhunters”) dirige este repaso a la vida de Alan Turing, un personaje decisivo en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial y en la informática, y al mismo tiempo un canto a la diversidad, un homenaje a todos aquellos que se atreven a ser diferentes en una sociedad que casi nos obliga a ser todos iguales.

Me parece una película más que correcta, de bastante nivel, pero me hubiera gustado que fuera algo menos académica y más atrevida. Que fuera menos convencional, como el personaje que en ella se recrea. Alan Turing se merecía una película más arriesgada, diferente. Pero es todo lo contrario, formalmente impecable, excelentemente interpretada, sensacional puesta en escena, magnífica música, todo impecable. Pero ya digo, a mi juicio, demasiado impecable. Tyldum lo hace muy bien, pero va a lo seguro.

La historia es muy interesante, sin duda, y el interés se acrecienta por el hecho de tratarse de una historia real. A diferencia de otras películas de parecida temática, la condición de homosexual de Turing está tratada con total ausencia de morbo. Pese a ser algo muy importante (de hecho, es la causa de su arresto), la película lo enfoca de un modo en que todo queda sugerido, pero nada más, incluso en la única parte en que vemos a Turing enamorado, cuando era niño.

La estructura narrativa del film es un poco compleja porque mezcla tres tiempos (Turing en el colegio con su amigo Christopher, la época de la guerra, y cuando es detenido por la policía), a pesar de lo cual se sigue con mucha facilidad y no se hace engorrosa en ningún momento. Por cierto, el niño que interpreta a Turing en su época infantil está perfecto en su papel, un gran acierto.

El problema que veo yo para que la película no cale más hondo es que abarca tres etapas importantes en la vida de Turing pero no profundiza en ninguna. Si se hubiera centrado más en su vida como matemático, o en sus problemas personales con la homosexualidad, o incluso en el modo en que descifró la máquina Enigma, creo que habría estado mejor, habría llegado más. Pero quiere abarcarlo todo, y todo lo toca, pero se queda en la superficie. Yo creo que el personaje merecía más profundidad.

Y por no profundizar, tampoco profundiza absolutamente nada en cuanto a la máquina que Turing construye. Vemos ahí unas ruedecitas girando pero no nos explican nada, no sabemos como funciona. Supongo que a los espectadores con interés en el Turing científico les defraudará un poco este asunto.

A pesar de ello, el trabajo de Benedict Cumberbatch es tan magnífico que uno queda fascinado con el personaje de Alan Turing. Ya antes de ver la película yo tenía un gran concepto del señor Cumberbatch, un actor con una presencia en pantalla espectacular, una voz fantástica (los amantes del cine doblado nunca lo sabrán) y talento por arrobas, como deja claro en este film. Su interpretación es portentosa, te emociona, y a él le debe la película gran parte de su éxito.

Otra clave que hay que mencionar es la música. Corre a cargo del que para mí será un mito de las bandas sonoras cinematográficas, el francés Alexander Desplat. Música maravillosa, muy bien ensamblada en la película, y con serias opciones a ganar el Oscar. Por cierto, que este año Desplat está doblemente nominado a la mejor banda sonora, por ésta y por “El gran hotel Budapest”.

Aparte de Cumberbatch, el resto de intérpretes también están a buen nivel. Tenemos a Keira Knightley (solo por verla ya me sale barata la entrada), Mark Strong (siempre sólido), Charles Dance (Tywin Lannister en “Juego de tronos”), Matthew Goode (“Stoker”) y Allen Leech (el chófer irlandés de “Downton Abbey”).

“The imitation game” es una película altamente recomendable, no es la película del año, pero merece mucho la pena verla

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Whiplash
Whiplash (2014)
  • 7,8
    56.660
  • Estados Unidos Damien Chazelle
  • Miles Teller, J.K. Simmons, Melissa Benoist, Paul Reiser, ...
8
Tócala otra vez, Chazelle
“Whiplash” no plantea nada nuevo. La relación profesor-alumno que vemos en la película la hemos visto mil veces en la pantalla, tanto en películas de profesores como en películas militares, puesto que el procedimiento de Fletcher es más propio de una academia militar que de un centro docente. Alguna escena evoca irremediablemente a “La chaqueta metálica”. Pero aún no siendo nada nuevo, la verdad es que impresiona la manera en que Chazelle lo narra, manipulándonos con destreza y efectividad.

La película funciona, es incuestionable. Y se sostiene sobre dos pilares fundamentales: la interpretación de JK Simmons (el Oscar al mejor actor de reparto ya tiene dueño) y el espectacular montaje. El montaje es algo que tiene una importancia capital en el resultado de una película pero la gente no le suele dar valor. En esta ocasión el trabajo es tan brillante que cualquiera se da cuenta y no se puede pasar por alto.

“Whiplash” te pasa por encima, es un huracán que te hace estar aferrado a la butaca encajando los golpes que, uno tras otro, llegan desde la pantalla. La película te arrolla por su intensidad, uno siente sensación de descanso cuando termina. Evidentemente, su director (Damien Chazelle) sabe lo que hace. Juega contigo. Es una película manipuladora, tramposa, efectista. Pero lo hace tan bien que no te importa, entras en el juego y te dejas llevar.

No diría yo que es una película sobre jazz, a pesar de que esa música está siempre presente en la película y parece la razón de ser de la misma, y de sus dos personajes principales. Pero no, no es la música la protagonista aquí, sino el comportamiento de sus personajes. Por eso, la película puede gustar seguramente más a los que no entienden nada de jazz que a los aficionados. Fletcher y Neiman se dedican al jazz, pero podrían ser bailarines, escultores, ajedrecistas o cualquier otra cosa. Es su relación lo importante, su obsesión con el éxito y la perfección, el modo en que su profesión se convierte en toda su vida.

De hecho, salvo al final, no hay demasiada música continuada. Tampoco hay grandes charlas sobre música, sobre técnica musical, sobre intérpretes, no hay apología del jazz. Personalmente, habría preferido una película con más guiños musicales, con más preponderancia de la música, pasarme todo el metraje moviendo el pie al ritmo de la música, pero no es así. No es una película musical, es un thriller psicológico cuyo protagonista toca la batería.

Toda la película es el duelo interpretativo entre Teller y Simmons, y son sus personajes los únicos que están bien tratados, desarrollados y definidos. Casi todos los demás son de relleno y no aportan nada a la película. Ni los personajes ni las situaciones en las que no están ambos involucrados. Por ejemplo, la relación del chico con su familia, o con su novia, son totalmente superfluas, no dicen nada.

Por otra parte, pero siguiendo con cosas que no me gustaron, no se qué necesidad había de meter escenas exageradamente increíbles (como cuando va a tocar después de lo del camión), pero bueno, cuando vas a ver una película americana ya cuentas con estas cosas.

Uno va a los conciertos, pero no sabe la cantidad de horas de trabajo que hay detrás, tantos ensayos, tantas historias personales. Chazelle ha querido mostrarnos eso desde el punto de vista más extremo. Y no ha reparado en sensacionalismos: sangre en las manos, sudor, caras de sufrimiento, adrenalina que se contagia, que llega a las butacas, y que provoca que veas la película con taquicardia, con la respiración entrecortada y los ojos imantados por la pantalla.

No es una obra maestra ni de lejos pero “Whiplash” es una gran película. Tiene buenos diálogos, buena música, un ritmo vertiginoso, escenas impactantes, un final espectacular para bien o para mal (a mi, personalmente, no me gustó) y un personaje, el del profesor Fletcher, que puede pasar a la historia del cine.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia)
Birdman o (La Inesperada Virtud de la Ignorancia) (2014)
  • 7,1
    68.883
  • Estados Unidos Alejandro González Iñárritu
  • Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Zach Galifianakis, ...
8
Abre tus alas
Dirigida por Alejandro González Iñárritu, estamos ante una película en la que lo más destacado es la labor del director y los actores, y que trata sobre un director y actores. Todo lo bueno que puedo decir (que es mucho) de ella tiene que ver con la parte formal y con la orgía cinematográfica a la que asistimos en la primera hora y cuarto de película. Lo menos bueno, la parte final, la trama, y la ausencia de emoción.

Evidentemente, lo que más llama la atención del film es que toda la película es un solo (y falso) plano secuencia, lo cual produce un innegable y fascinante impacto visual en el espectador, que quiere seguir los diálogos pero le cuesta trabajo porque no paramos de pensar ¿cuanto tiempo durará este plano secuencia?

Pero no acaba. La cámara, nerviosa y juguetona, va persiguiendo a los protagonistas, gira en torno a ellos durante los diálogos, penetra en los angostos pasillos del teatro, en los camerinos, hurga entre bambalinas, entra y sale por las ventanas, y el espectador asiste boquiabierto a este alarde formal, acompañado en todo momento por una música muy peculiar en una especie de jam session de batería jazzística absolutamente arrebatadora.

Durante este plano secuencia infinito (uno se acuerda inevitablemente de Alfonso Cuarón), los actores van entrando y saliendo del plano con precisión milimétrica, sucediéndose los diálogos con una agilidad que nos devuelve a los mejores tiempos de Billy Wilder o Woody Allen, en lo que es un torrente de cine que, especialmente en la primera parte de la película, nos deja boquiabiertos.

Hay una crítica mordaz a los críticos de cine, con su ego casi tan grande como el de los actores, y con ese poder que tienen para hundir o levantar cualquier película o actor. Un poder que no siempre usan con la limpieza que deberían. Esta crítica también se hace extensiva al mundo del teatro, y a su colección de egos, petulancias, manías, inseguridades y prejuicios.

Dicen que es una comedia negra. Yo creo que es un drama edulcorado por el humor. Pero sobre todo creo que no importa lo que sea, lo grande de esta película no es lo que es, sino lo que parece. Es el cómo por encima del qué. El virtuosismo, la originalidad, el riesgo de su apuesta, muy por encima de lo que cuenta (salvo que seas actor o crítico de cine).

Lo de las interpretaciones es una barbaridad. Michael Keaton firma la mejor actuación (de largo) que yo le haya visto nunca, resistiendo sobre sus hombros todo el peso del film y saliendo airoso de todos los retos. Edward Norton está colosal (rozando el histrionismo en alguna fase pero sin llegar a rebasar la linea), rebosando talento y magnetismo. Zach Galifianakis me sorprende para bien por primera vez. Andrea Riseborough, tan guapa como inquietante. Naomi Watts, una habitual del cine de Iñárritu, cumple sobradamente y demuestra que, bien dirigida, es una actriz excelente. Y me sorprendió mucho Emma Stone, a quien siempre he visto como una chica con ojos bonitos y ausencia de talento, pero esta vez me ha deleitado con una interpretación fabulosa, llena de carisma.

Especialmente brillantes encuentro las escenas en la terraza de Norton y Stone. Y es que los actores en esta película no sólo brillan individualmente sino que destilan química entre ellos lo que hace que se multiplique el resultado. Cuando existe compenetración se suman los talentos.

En la parte negativa, una cierta pretenciosidad, el hecho de empecinarse en que la película sea un único plano secuencia termina resultado excesivo, mareante y empacha. También creo que le falta emoción. La película habría ganado mucho si, además de deslumbrar visualmente, también hubiera llegado al alma, pero no lo hace. El guión no es gran cosa, y personalmente, encuentro que el final de la película es un tanto decepcionante.

Ahora que lo veo escrito todo junto, se me hace que son demasiadas cosas negativas. Pero a pesar de ellas, tengo que reconocer que me lo pasé en grande. No es una película que se te quede en el corazón, pero gozarla, la gozas.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sueño de invierno (Winter Sleep)
Sueño de invierno (Winter Sleep) (2014)
  • 7,4
    3.743
  • Turquía Nuri Bilge Ceylan
  • Haluk Bilginer, Melisa Sözen, Demet Akbag, Nadir Saribacak, ...
9
Invierno en Capadocia
Dirigida por Nuri Bilge Ceylan, “Sueño de invierno” está basada en tres cuentos de Chejov que el director turco ha convertido en una película con sello teatral, de una exquisita factura, dando absoluta preponderancia a los paisajes y los diálogos, y consiguiendo triunfar en la difícil tarea de que el espectador no se resienta de las más de tres horas de duración de la misma.

Nuri Bilge Ceylan indaga sin piedad en la condición humana, en el orgullo y sus consecuencias, en esa facilidad que tienen algunas personas para desarrollar brillantes teorías sobre la vida y al mismo tiempo su incapacidad para enfrentarse con uno mismo. Las dificultades para mostrar los sentimientos. A menudo los hombres aparentemente seguros y bien preparados son los más vulnerables.

Aydin tiene dinero, cultura y buena reputación. Es un hombre respetado por todos en el pueblo. Sus opiniones son escuchadas y escribe en el periódico local una columna de opinión semanal. Sin embargo, no logra abrir el corazón de los suyos. Tiene respeto y hasta admiración, pero no cariño. Y eso le lastra.

Es admirable el modo en que Ceylan compone los personajes. Sin prisa, con el ritmo preciso, va dibujando y mostrando al espectador todos los entresijos de cada personaje de la obra, lo que hay por fuera y por dentro de cada uno de ellos, permitiendo que les conozcamos incluso mejor de lo que se conocen a sí mismos. Y tan fascinantes son los personajes como (diría que aún más) las relaciones entre ellos, lo que hace que nos apeguemos tanto a la película que no queramos que termine nunca.

Todo ello aderezado con un paisaje de estremecedora belleza. Un entorno frío, rocoso, recio, difícil e innegablemente interesante, tanto como los personajes que habitan en él. Cuyos corazones parecen escondidos entre piedras, como las casas en las que se han criado. Almas desilusionadas que sobreviven en un terreno inhóspito rodeados de cinismo, abrumados por el aburrimiento y la monotonía, presos del fracaso y la soledad.

La película es conmovedora porque todos los personajes nos resultan cercanos, porque todos somos un poco ellos. Sus miserias se parecen mucho a las nuestras. Ceylan otorga muchísima profundidad a sus personajes y eso hace que el espectador se sienta explorado, pues se mete tanto en la película como la propia película se mete dentro de nosotros y nos llega adentro, nos desmonta y nos emociona.

Y lo hace sin prisa, sin efectismos, a base de largas conversaciones en las que muestra lo mejor y peor del alma humana. Diálogos trabajados y brillantes, un guión que parece no ir hacia ningún sitio, pero es porque se dirige discretamente hacia lo más profundo de nosotros. Es vida en la pantalla, la vida desnuda. El frío, la melancolía, los perros ladrando, unos amigos bebiendo y haciendo confidencias, el miedo a perder lo que nunca fue tuyo…

No obstante, seguro que habrá gente que le parezca un aburrimiento, demasiado larga, pasan pocas cosas para tantos minutos… en fin, esto no deja de ser algo muy personal y subjetivo. A mí me dijo mucho, pero habrá gente a la que la película no le llegue, y le resulte tediosa. Cuestión de sensibilidades.

La última parte de la película es especialmente brillante. Si te has perdido entre tanto diálogo y tan poca acción y estás pensando en cuándo acabará, no te darás cuenta. Pero si has entrado en la película, la parte final es pura emotividad, absolutamente poética y conmovedora. Un broche de oro a una obra redonda.

Los actores están a un nivel muy alto, pero se nota muchísimo la mano del director en ese buen resultado interpretativo. Y es que la película no tiene fisuras. Obviamente, los diálogos es lo que más llama la atención, pero el resto no se queda atrás, desde la impresionante fotografía a la cuidadísima dirección artística.

Y los matices. Esos que hacen que algunos silencios digan tanto como las palabras. Las miradas rebosantes de expresividad. Las caricias que nunca llegan. Los abrazos reprimidos que se leen en los ojos de los personajes. Eso es cine.

Imposible ver la película y no querer viajar a Capadocia. Yo ya estoy en ello.

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8 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mommy
Mommy (2014)
  • 7,5
    13.429
  • Canadá Xavier Dolan
  • Anne Dorval, Antoine-Olivier Pilon, Suzanne Clément, Alexandre Goyette, ...
8
Amor de madre
Lo primero que te llama la atención en cuanto empiezas a ver la película, es la utilización del formato 1:1. Ves la pantalla pequeña y cuadrada y te sientes incómodo, como si te faltaran cosas que ver. Eso le da un toque claustrofóbico y pone una cierta distancia con el espectador, una barrera para que no te resulte tan fácil acceder a la película y tengas que poner de tu parte. Pero pronto te olvidas del formato y decides saltar adentro de ese cuadrado en el que tres personas luchan contra la vida y contra sí mismos. Entonces ya no puedes salir de allí, hasta el final.

“Mommy” es una película dura, con algunas escenas que la mente no digiere bien. Te agrede cuando menos te lo esperas, no lo ves venir. Eso hace que pases las dos horas y pico de película en guardia, sabiendo que en cualquier momento te puede venir el golpe.

Tiene una gran intensidad, tanta que alguna vez se vuelve excesiva, lo que da lugar a la exageración, pero en general la intensidad cumple su cometido de mantener al espectador viviendo el film, notando toda la fuerza del mismo.

El canadiense Xavier Dolan, auténtico enfant terrible del cine actual, nos ofrece una película en la que tres personas golpeadas por la vida demuestran esa cualidad tan maravillosa del ser humano que es la capacidad de luchar por salir de las situaciones más desesperadas, por no rendirse jamás por muchas dificultades que nos vayan surgiendo.

“Mommy” sumerge al espectador en una vorágine de sentimientos. La película nos zarandea como si estuviéramos dentro de una lavadora. De vez en cuando se calma, se detiene, parece que todo lo malo ha terminado, hasta te permites el lujo de sonreir, pero de repente la lavadora se pone de nuevo a funcionar y vuelven los golpes, ante los que no tienes defensa. La película te desnuda, te sientes desprotegido, con la sensibilidad a flor de piel, a merced del director que, pese a todo, siempre nos ofrece un tono optimista y esperanzador.

La interpretación del trío protagonista roza la excelencia. Matrícula de honor para Anne Dorval y sobresaliente para sus dos acompañantes. La primera conquista la pantalla. Es una actriz de arrebatadora presencia, que rebosa emotividad en cada plano. Clement resuelve con maestría un papel bastante complicado, y el joven Pilon interpreta con precisión un personaje al que logra que odies y ames, que te provoca indignación y ternura a partes iguales.

En esa montaña rusa emocional a la que nos sube Dolan, pasamos ratos con un nudo en la garganta y a continuación asistimos a escenas en las que la felicidad se desborda como pocas veces se ha visto en la pantalla de cine. Es como si el director pretendiera que viajemos por el cielo y el infierno, como si él tuviese un trastorno de hiperactividad parecido al de su protagonista.

La película nos muestra la explosión de sentimientos de unas vidas cuando las llevas al límite. Y también el efecto que puede causar la conjunción de varias personas que están llenas de cicatrices vitales. Los resultados pueden ser sorprendentemente maravillosos o devastadores.

Me gustó mucho la música, especialmente no se me va de la cabeza el tema “Experience” de Ludovico Einaudi. Pero toda la música en general está muy bien, con canciones que encajan perfectamente con lo que aparece en pantalla, algunas que parecen casi videoclips, como el “Wanderwall” de Oasis o el “On ne change pas” de Celine Dion, enriqueciendo siempre las imágenes.

A estas alturas ya no se puede negar el talento de Dolan. Con una madurez artística impropia de su edad, nos ha regalado una película de relaciones humanas donde el amor y la esperanza bailan abrazados al miedo y la decepción. Una historia preciosa y cruda. Una película necesaria e inolvidable.

Y el final alternativo, genial.

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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil