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Críticas de keizz
Críticas ordenadas por:
El regalo
El regalo (2015)
  • 6,4
    14.756
  • Estados Unidos Joel Edgerton
  • Rebecca Hall, Jason Bateman, Joel Edgerton, Beau Knapp, ...
8
Un regalo de película
Simon (Jason Bateman) y Robyn (Rebecca Hall) son una pareja perfecta, sin problemas económicos, que se mudan a una preciosa casa en un lujoso barrio californiano. Un día, mientras están comprando en una tienda, Simon se encuentra con Gordo (Joel Edgerton), un antiguo compañero de colegio. A partir de entonces, empezarán a recibir regalos y visitas de este antiguo compañero, y sus vidas irán cambiando poco a poco.

El actor australiano Joel Edgerton debuta como director y guionista en esta película, además de interpretar uno de los personajes principales. Partiendo de una premisa bastante tópica (el intruso que empieza a interferir en una relación de pareja aparentemente consolidada), Edgerton realiza un thriller psicológico inquietante, poco previsible, y con algunas escenas que evocan claramente a varios clásicos de este tipo de cintas.

“El regalo” es una película que nos congratula con este género cinematográfico. Lo siniestro de la historia, la tensión continua, esas ganas crecientes de que sigan pasando cosas porque deseamos ver cómo termina… Con la ventaja, respecto a otras películas de este estilo, de que en esta ocasión casi todo es bastante imprevisible. La ambigüedad de la historia y el hermetismo de los personajes hacen que conectes tú más con la película que la película contigo. Eres tú quien entra en la pantalla, por el ansia de conocer los entresijos de aquello que te están contando.

Mientras la película se va desarrollando, las referencias cinematográficas son constantes, uno se acuerda de vez en cuando de Hitchcock, y al rato de “Caché” de Haneke, y sin embargo todo funciona, las cosas suenan a algo conocido pero al mismo tiempo resultan novedosas. Sabemos que va a pasar algo, pero no tenemos claro el qué. Sabemos que ese viejo amigo va a traer algo malo a la pareja, pero ni cuando, ni cómo, ni hasta qué punto. La trama fluye y los sucesos nos van sorprendiendo. Las cosas no son lo que parecen, y en la parte final Edgerton se desmarca de sus referencias cinematográficas y se lanza a un desenlace muy bien resuelto.

El ritmo y la tensión van siempre en aumento. Edgerton crea un clima que sobrecoge al espectador y lo atrapa en una atmósfera perfecta para este tipo de cine. A mi juicio, le sobran los dos sustos (uno lo ves venir, el otro no). No los necesitaba el film, y creo que es lo único criticable de la cinta. Porque ya estaba funcionando muy bien sin trucos. Desde el planteamiento inicial de la historia hasta su desenlace es un continuo crescendo que hace que el espectador esté entregado a lo que ve.

Edgerton demuestra una gran habilidad para dirigir la mirada del espectador a un lado mientras la verdad de la historia transita por el otro. Bajo su aparente sencillez formal, indaga en aquello que está oculto en las personas, lo que no vemos de ellas, el desconocimiento que tenemos de quién es en realidad pareja, las cosas que esconde nuestra persona amada, cuán venenosa es la duda cuando se instala en nuestra mente, si el rencor con el tiempo muere o va creciendo, hasta qué punto las cosas que hacemos en el pasado tienen consecuencias en el futuro…

Además del excelente trabajo de Edgerton como director y guionista, hay que alabar su labor interpretativa, dando vida al inquietante “Gordo”. Asimismo, las otras dos patas del banco, Jason Bateman y Rebecca Hall, están igualmente brillantes componiendo unos personajes que no siempre son lo que parecen, personas corrientes en la mayoría de las cosas, pero raros en otras. Como todo el mundo.

Aunque hay más personajes, casi todo recae sobre este triángulo. Y uno va poniéndose en la piel de cada uno de ellos, alternativamente. Vas sintiendo simpatías por uno o por otro a medida que avanza la película hasta que llega un momento en que ya no sabes en qué lado quedarte, porque temes lo que cada uno de ellos puede ocultar en su interior.

Echaba de menos este tipo de películas, con esa atmósfera de intriga que Edgerton ha sabido crear de manera sorprendente en este su debut detrás de la cámara. Si me encuentro a un antiguo compañero de clase, procuraré que no sepa dónde vivo.

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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mustang
Mustang (2015)
  • 7,2
    10.625
  • Francia Deniz Gamze Ergüven
  • Günes Sensoy, Doga Zeynep Doguslu, Tugba Sunguroglu, Elit Iscan, ...
7
Run, baby, run
En un pueblo de Turquía, cinco hermanas crecen en una familia muy tradicional, especialmente obsesionados con preservar la virtud de las niñas. Ellas no están de acuerdo con resignarse a ese tipo de tradiciones, sobre todo la más pequeña, Lale, que luchará hasta el final por escapar de ese ambiente.

Dirigida por la debutante Deniz Ganze Ergüyen, “Mustang” trata de alertar de la situación social en una Turquía que parece inclinarse cada vez más hacia el integrismo religioso, con lo que ello conlleva en cuanto a pérdida de libertades, especialmente en el caso de las mujeres. Para ello, la directora muestra a unas niñas que, tras ser tachadas de tener un comportamiento inmoral por una vecina como consecuencia de un inofensivo juego adolescente, pasan a ser confinadas en su casa, en un régimen estricto de comportamiento cuasi militar, de donde no deben salir salvo para casarse con quien les digan que tienen que hacerlo.

Rodada con la frescura y ambición característica de cualquier ópera prima, “Mustang” pone en constante contraste la estricta moral a que son sometidas las protagonistas como consecuencia de la severidad de su entorno, con la lozanía y el espíritu rebelde de las adolescentes, cuya vida empieza a florecer en un ambiente que no comprenden, y que resulta de todo punto antinatural.

En este sentido, Ergüyen se esfuerza en perfilar certeramente los personajes de las niñas, haciendo al espectador partícipe del peculiar universo adolescente de las cinco hermanas y la repercusión que tiene en ellas el enclaustramiento al que son sometidas. Por el contrario, no es capaz de desarrollar adecuadamente a los demás personajes, a los adultos que las tutelan. Les muestra como personas cuadriculadas, tiránicas y carentes de matices espirituales, con lo que el espectador entiende las ganas de rebeldía de las niñas y su deseo de escapar de ese entorno, pero no tiene explicaciones acerca del contexto de la historia, ni se sabe por qué esos adultos actúan así. Eso va en detrimento de la credibilidad del argumento.

La fuerza de la película reside en el encanto interpretativo que despliegan las cinco niñas. Su espontaneidad, belleza y carisma llegan al espectador, que se ve conquistado desde el principio por esas adolescentes llenas de vida, que hablan todas a la vez, que corren, saltan, ríen, juegan y fantasean las cosas propias de su edad, a pesar de que su inmensa vitalidad trata de ser coartada por los adultos retrógrados que las custodian.

Aunque parezca mentira, de las cinco protagonistas principales (Günes Sensoy, Doga Zeynep Doguslu, Tugba Sunguroglu, Elit Iscan e Ilayda Akdogan), solo una de ellas (Elit Iscan) había hecho películas anteriormente. Las otras cuatro debutan en el cine con este film. Visto el resultado, todo un acierto del responsable del casting.

Por encima de todas, destaca Günes Sensoy en el papel de Lale, la más pequeña de todas, y a través de la cual se va desarrollando la historia. Percibimos el devenir de los acontecimientos en sus gestos, en sus ojos, en la expresión de su rostro. Mediante su mirada y expresiones el espectador recoge los sentimientos que ella y sus hermanas van teniendo, con esa necesidad reprimida de vivir con mayúsculas.

Es una pena que Ergüyen recurra a clichés y ciertos efectismos cinematográficos, porque la historia no los necesitaba, y se pierde parte de la credibilidad. Uno no se emociona como debería por eso, por ciertos tópicos argumentales que a mi juicio le restan valor al resultado final. Y el malo es muy malo y muy tonto, parece sacado de un teatro de marionetas. No era necesario sumar calamidades para que entendamos la situación de las niñas, un poco más de profundidad en la historia habría sido mucho mejor.

En cualquier caso, “Mustang” es una agradable sorpresa, una película interesante y necesaria, dotada de un alto ritmo narrativo, dinámica y optimista. Terrible y a la vez simpática. Las tragedias siempre lo son menos cuando se ven a través de los ojos de una niña.

Bravo por las intenciones y por el mensaje. Esas niñas nos cautivan a todos, resulta imposible no sentir pena por ese ramillete de seres bellos, delicados y llenos de vida, injustamente enclaustrados. Es fácil conseguir que uno se ponga de parte de unas niñas que sólo quieren vivir con naturalidad. Un poco más complicado es crear personajes y contextos interesantes y hondos. Eso le critico a Ergüyen. Por lo demás, un debut muy prometedor.

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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Spotlight
Spotlight (2015)
  • 7,3
    41.911
  • Estados Unidos Thomas McCarthy
  • Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, ...
6
¿Mejor película del 2015? No way.
Se trata de la historia real de un grupo de periodistas llamado “Spotlight”, que trabajaban para el Boston Globe, que lograron sacar a la luz el encubrimiento sistemático de la Iglesia católica de innumerables casos de pedofilia cometidos por más de 70 sacerdotes locales, y por cuyo trabajo lograron ganar el premio Pulitzer en 2002.

Indudablemente, es una buena película, de eso no hay duda. Es de esas películas que te satisface ver porque ganan los buenos, y porque además son hechos reales, por lo que te satisface doblemente. Además, el tema es lo suficientemente asqueroso como para que no haya la más mínima duda de quiénes son los buenos. Produce mucha satisfacción que le den su merecido a esa panda de hipócritas que son los altos cargos eclesiásticos y los políticos que les han estado tapando durante tanto tiempo. Desde ese punto de vista, la película ya tenía mucho ganado desde antes de empezar a hacerse.

Dirigida por Tom McCarthy, “Spotlight” brilla en la ambientación y la puesta en escena. Todo está muy cuidado y rápidamente te crees a los periodistas que aparecen en la pantalla, a pesar de ser actores muy conocidos. No obstante, la sombra de “Todos los hombres del presidente” sobrevuela sobre la película inevitablemente, y uno no puede evitar añorar la garra del film de Pakula.

McCarthy nos va administrando la trama de la pelicula en pequeñas píldoras de información, y nos va adentrando sin prisas en la terrible realidad de los horrores que tuvieron que pasar los niños que fueron mancillados por los curas. Y lo hace ahorrando en lo posible el morbo fácil, enfocando siempre más al punto de vista de los periodistas, dejando en un segundo plano los personajes de los violadores.

Obviamente, en la película aparecen muchos nombres, muchos datos como consecuencia de la investigación, y eso siempre suele hacerse un tanto farragoso para el espectador. No obstante, no se me hizo pesada ni difícil de seguir, aunque obviamente no resulta sencillo quedarse con todos los detalles. No hay grandes sorpresas, porque esto de la pedofilia por parte de la Iglesia lo sabe todo el mundo, no es ningún descubrimiento, pero la forma en que se narra hace que uno se interese por lo que se va descubriendo, más desde el punto de vista periodístico que de los hechos en sí mismos.

El reparto es una garantía, y los actores tienen un grandísimo peso a la hora de valorar el éxito de la película. Michael Keaton está haciendo ahora las mejores interpretaciones de su carrera, Mark Ruffalo es el actor más destacado del film y nos sorprende cada vez más por su versatilidad (para mí ya es uno de los actores más interesantes de la actualidad), y Stanley Tucci siempre es una garantía de solvencia. Bien también John Slattery y Liev Schreiber, y simplemente correcta Rachel McAdams, cuya nominación al Oscar a la mejor actriz de reparto me parece de todo punto inmerecida.

A pesar de todo ello, no me convenció “Spotlight”. Mucha corrección formal, muy buenas intenciones, una denuncia necesaria, pero como película la encuentro demasiado inofensiva. No tiene fuerza, no me llegó dentro, no me produjo el impacto que debería. Es verdad que el tema daba para recurrir a la lágrima fácil, y que McCarthy, con buen criterio, ha ido por otro camino. Pero considero que se podría haber desarrollado más los personajes, habernos hecho más partícipes de los hechos investigados, y no solamente de la investigación. Me dejó más frío de lo que debería.

No es un documental, pero parece tratado como si lo fuera. La obsesión por mostrar el realismo de la investigación periodística lastra de alguna manera el resultado final. Incluso los diálogos, pese a la calidad de los mismos, son algo atropellados por tratar de hacerlos lo más naturales posibles.

Creo que la película debería aportar más cosas. Contar los detalles de una investigación periodística no es, en sí mismo, suficientemente interesante salvo que haya cosas verdaderamente fuera de lo normal. Para saber quiénes fueron estos periodistas y lo que hicieron ya podemos mirarlo en Google. Yo a una película le pido más. Tiene que haber una narración pertinente, una identidad como película. Un poco más de salero, más riesgo, entrar a cuchillo en el tema.

Después de ver películas como “Calvary” o “El club”, veo “Spotlight” como quien ve llover desde una ventana. También es verdad que la vi después de que la concedieran el Oscar, y uno inconscientemente eleva el listón de exigencia. Tal vez ese fue mi fallo.

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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La habitación
La habitación (2015)
  • 7,7
    38.118
  • Irlanda Lenny Abrahamson
  • Brie Larson, Jacob Tremblay, Joan Allen, William H. Macy, ...
8
El mundo cabe en un cuartucho
Jack (Jacob Tremblay) se despierta una mañana en la cama junto a su madre (Brie Larson. Está contento porque hoy cumple cinco años. Viven juntos en el único lugar que Jack ha conocido: una pequeña habitación con una claraboya en el techo. Es el único espacio que ha habitado Jack, y su madre la única persona con quien se ha relacionado.

El director de “La habitación”, Lenny Abrahamson, nos cuenta este confinamiento espeluznante desde el punto de vista del niño que no ha conocido otro mundo que esas cuatro paredes. Un niño que saluda cada día a la silla, a la mesa, al armario, que tiene un perro imaginario llamado Lucky, y que cree que lo que ve en la televisión es magia. De este modo, a través de los infantiles ojos de Jack, el espectador va percibiendo poco a poco la situación real, auténticamente estremecedora y aterradora, en que se encuentran Jack y su madre.

Al ver las cosas desde el punto de vista del niño, el film no acentua el lado más morboso del cautiverio. La madre acuesta al niño en un pequeño colchón dentro del armario cada vez que su captor viene a traer provisiones, y por supuesto a hacer uso el derecho de pernada con ella. Pero el hecho de no acentuar esa parte asquerosa de la cotidianidad de sus vidas no significa que el espectador no sienta un profundo asco hacia ese depravado ser, incluso diría que, al ser todo sugerido y no mostrado, la repulsión crece, pues la mente del espectador completa lo que no se ve.

Precisamente uno de los puntos fuertes de la película (consecuencia, insisto, de enfocar desde los ojos del niño) es el papel poco relevante del depravado. En otra película, sería un protagonista indiscutible, se indagaría en su psicología, el guión se recrearía en sus actos, etc. Aquí no. Para el niño, y para la película, “El viejo Nick” (que así le llaman ellos) es un personaje que aparece poco y que, pese a ser pieza clave en la trama, es ninguneado por la historia, de la que desaparece sin más, como quien se deshace de un papelajo inútil.

La película está dividida en dos partes muy claramente. La primera parte (aproximadamente la primera hora) es una auténtica maravilla cinematográfica. Yo no había visto nunca una cosa igual en este tipo de películas. Vives en tu butaca totalmente entregado a lo que aparece en la pantalla y no te enteras del paso del tiempo porque no paras de tener sensaciones y sentimientos continuos, la película entra en tí con total facilidad. En esta parte, Abrahamson se luce y nos muestra todo su potencial narrativo, sabiendo poner al espectador dentro de esa habitación, tanto en el lugar de la madre como en el del hijo, haciéndonos sentir asfixiados por la situación pero al mismo tiempo fascinados por la apasionante experiencia cinematográfica.

La segunda parte ya es más convencional y menos interesante, la película poco a poco va decayendo hasta convertirse casi en un melodrama clásico. Empiezan a intervenir más personajes en la película y eso repercute negativamente en el resultado final del producto. Creo que se debería haber perseverado en enfocar más en los sentimientos y los cambios psicológicos de los dos protagonistas. Uno disfruta hasta el final de la película, pero se va con la sensación de que una película que iba para diez se quede en un ocho. En un símil taurino, diría que Abrahamson hace una faena inolvidable, pero falla con el estoque. Esta película se merecía otro remate.

Los actores principales son claves en el nivelazo de esta película. Brie Larson vuelve a demostrar que está dotada de tanto talento como belleza, y logra una interpretación excelente de una madre que vive continuamente horrorizada por dentro pero sonriente y optimista por fuera, para que su pequeño hijo viva lo más feliz posible, ajeno dentro de lo que cabe a su terrible realidad. Y por otro lado, el niño Jacob Tremblay, está sencillamente perfecto. No entiendo como se puede actuar así de bien a esa edad (desde luego, tiene más de los cinco años que se supone que tiene, pero aún así…). El es el alma de la película, quien narra la historia en primera persona, quien nos lleva de la mano de su mundo imaginario al real, quien hace que todo parezca natural y creíble. Una auténtica maravilla, de verdad.

Me había propuesto escribir muy poco sobre la película, porque considero que es una obra que hay que descubrir, que es mejor verla con la menor información posible. Pero al final me enrollo… así que nada, termino diciendo que se trata de una especie de cuento sobre la fortaleza de la vida incluso en las más terribles circunstancias, y sobre todo la fuerza del amor de una madre y un hijo, que es el amor más grande e indestructible que existe.

Como digo, no es perfecta. Me habría gustado más audacia para rematarla por parte del director, pero aún así es de esas películas que no se olvdan, que dejan huella. Sincera, emotiva, indispensable. Pagar por verla ha sido el dinero mejor gastado en lo que va de año.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Anomalisa
Anomalisa (2015)
  • 6,9
    10.121
  • Estados Unidos Charlie Kaufman, Duke Johnson
  • Animation
9
Todo es igual, nada es mejor.
Charlie Kaufman escribe y dirige (junto a Duke Johnson) esta película de animación, en stop-motion. Unos muñequitos que no son ni marionetas ni de plastilina, sino otra cosa diferente e inquietante que, junto con la iluminación y los decorados, le dotan a la película de un realismo difícil de lograr en este tipo de películas.

Michael Stone está casado y tiene un hijo pequeño. Es un hombre que ha triunfado, autor del libro “Permítame ayudarle a ayudarles”, acude a Cincinatti a dar una conferencia para profesionales de la atención al cliente, a quienes va dirigido su libro. A pesar de su éxito, Michael es un hombre deprimido, atormentado por su banal existencia. En el hotel de Cincinatti conoce a Lisa, una modesta comercial tímida y poco atractiva, de quien se queda prendado, junto a quien podría liberarse de su desesperada vida.

Que nadie piense que “Anomalisa” es una película de animación para ir a verla con los niños. Al contrario. Es una película de animación para adultos, incluso diría que para muy adultos. Es una película de animación que desanima, por lo deprimente y perturbadora que resulta. Kaufman nos obliga a mirar a los ojos a la vida, nos plantea preguntas existenciales, nos muestra la realidad vital, sin el envoltorio que le ponemos para hacerla soportable.

En principio parece una comedia. Los primeros minutos son graciosos. La llegada de Michael Stone a Cincinatti, el aterrizaje del avión, el viaje en taxi al hotel, presagia una película divertida, ya que en esas escenas el humor es constante. Pero luego Michael llega a la habitación y llama por teléfono a su mujer, y ahí nos damos cuenta de que algo raro pasa. La voz de la mujer de Michael es masculina. Es la misma voz del taxista, la misma voz del botones del hotel, la misma voz del señor que iba sentado al lado de Michael en el avión.

Es la voz de Tom Noonan. En la película se oyen tres voces, la de David Thewlis, que interpreta a Michael Stone, la de Jennifer Jason Leigh, que pone voz a Lisa, y la de Tom Noonan, que es la voz de todos los demás personajes de la película.

Y es que para Michael Stone, hombre maduro y triunfador, pero que no está contento con su monótona vida, todas las personas tienen la misma voz, todas las personas tienen la misma cara, todas las personas son iguales. Todo en la vida es monótono, anodino, monocorde, nada le resulta estimulante. Incluso su mujer y su hijo, son pura rutina. Se siente vacío.

Cuando Michael conoce a Lisa y se da cuenta de que ella tiene una voz distinta a todas las demás, todo cambia para él. Ella puede ser el amor de su vida, es distinta a todas. Es una chica poco agraciada físicamente, pero no le importa, su voz es distinta. Ella es distinta, es especial. Tiene algo que nadie más tiene, y está dispuesto a todo por estar con ella y cambiar su tediosa vida personal y profesional.

Uno se siente abocado a sumergirse en ese mundo que Kaufman nos propone. La propuesta es tan original como irresistible. Es tan surrealista que no puede ser más realista. Todo resulta reconocible, cercano, y al mismo tiempo utópico y onírico. Uno se apasiona y se deprime a partes iguales con esta obra desconcertante que te engancha y no te suelta durante varios días.

Parece mentira que muñecos tan poco humanos puedan desprender tanta humanidad. Los personajes llevan caretas, se ven las costuras, incluso a Michael se le cae la careta en una escena. Pero a pesar de todo eso, el espectador no siente en ningún momento que lo que hay en la pantalla son muñecos. Somos todos nosotros quienes estamos en la pantalla, no nos vamos a dejar engañar por unas caretas.

Quizá soy muy impresionable, pero todo en “Anomalisa” me resultó sorprendente. Tanto, que no me sorprendió ver escenas de sexo entre marionetas. A esas alturas de la película, nada que pudiera suceder en el Hotel Fregoli me resultaba ajeno. Total, eso no es nada comparado con el hecho de que unos muñecos me hubieran podido inspirar tanta ternura y desazón.

“Anomalisa” es toda una experiencia, tanto por su forma narrativa como por su complejo contenido. Nos habla de la soledad, de la más terrible soledad que es aquella que se siente cuando uno no está solo. Estamos solos en este mundo que gira sin que le importemos, y la felicidad es siempre fugaz. Nos habla de la vida, que no es otra cosa que una decepción permanente. Nos habla del amor como única via de escape, y también como máxima expresión de la decepción vital. Y sobre todo de la identidad humana, del modo en que manejamos ese privilegio que todos tenemos que es estar vivos.

Sentirse distinto a los demás es una anomalía. Pedirle algo más a la vida, no conformarse con ser un muñeco que manejan otros, es una anomalía. Y el único modo de sentirse bien es encontrarse con alguien que sea otra anomalía, encontrar una voz que suene distinta a todas las demás. El gran drama es que, cuando dos anomalías comienzan una relación, el destino es llegar al tedio, a lo rutinario. El drama es que lo especial lo convertimos en monótono en cuanto empezamos a usarlo.

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15 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Carol
Carol (2015)
  • 7,0
    17.954
  • Reino Unido Todd Haynes
  • Cate Blanchett, Rooney Mara, Sarah Paulson, Kyle Chandler, ...
7
Tan bella como inofensiva
Basada en una novela de Patricia Highsmith, adaptada para el cine por el guionista Phyllus Nagy, “Carol” es una obra del director Todd Haynes quien realiza un perfecto ejercicio de belleza audiovisual, componiendo una película formalmente impecable, cuidada, hermosa, inmensamente sutil y elegante. Más cuestionable sería su capacidad de conectar con el espectador, de que lo que cuenta llegue a emocionar. Pero su envoltorio es excelente, no se puede hacer mejor, cada plano es una obra de arte, la música es maravillosa, los sentidos gozan de lo artístico, pero a mi la historia no me llegó al corazón.

Haynes busca la sutileza y huye de lo explícito. Intenta ir despacio para que el espectador se de cuenta por sí mismo poco a poco de la inclinación y los sentimientos de las protagonistas, pero es innecesario, puesto que a Blanchett y Mara les basta con unos segundos de miradas para hacernos entender a todos que se gustan. La escena en que se conocen es magnífica. Blanchett deslumbra en la pantalla con su presencia imponente, elegante, poderosa, mientas que Rooney Mara nos desarma con su vulnerabilidad, su timidez, su candidez. Ambas se complementan con gran precisión y le dan una credibilidad absoluta a la situación.

A partir de ahí, la historia es predecible y no da para mucho. Son los años 50 en un país muy represor con el tema sexual. Todo es contenido, disimulado, las miradas lo dicen todo. Sabemos lo que va a pasar porque es amor, y todos conocemos su funcionamiento, su fuerza imparable. Todos sabemos que cuando te enamoras a fondo, y eres correspondido, todo lo demás queda en segundo plano, aunque eso suponga perderlo todo. Por eso no nos sorprende la trama, y esa previsibilidad le resta puntos. A pesar de que todo lo que vemos en la pantalla es hermoso, no atrapa nuestro corazón.

La película funciona porque su superficie es perfecta, su esmero formal deslumbra y sobre todo porque sus dos protagonistas están excelsas. Lo de Cate Blanchett no es ninguna novedad y se espera de ella interpretaciones de este tipo porque las hace casi en cada trabajo, pero lo de Rooney Mara es todo un descubrimiento. Y la química entre ambas, un inmenso logro.

Blanchett, con su presencia imperial, se pasea por la pantalla con la elegancia de una bailarina, cautiva a la cámara y embruja al espectador como lo hace con la joven Therese. Por su parte, Rooney Mara descifra los resortes interpretativos que la permiten ser esa chica inocente y tierna, una especie de Audrey Hepburn de nuestra época, que con su imagen de pajarillo vulnerable remueve el experimentado corazón de la veterana señora, y el espectador comprende que así sea.

Actrices al margen, la película destaca extraordinariamente tanto en la fotografía como en la música. Lo mismo se podría decir del diseño de vestuario y el diseño de producción. En realidad, todos los elementos formales son canela en rama, lo mejor de lo mejor. La perfección de los encuadres, los magníficos primeros planos, los tonos pastel del film que le dan un aire dramático a esta historia de amor imposible. Y esa preciosa música de piano que complementa acertadamente cada escena.

A mi juicio, Haynes se pasa de sutil. Admito que su narración me gusta, que admiro su forma de hacernos llegar el mensaje, en tiempos de censura hablan las miradas. Haynes nos lo explica todo con ellas, igual que en esos planos cortos de las manos, es a través de esos pequeños gestos, la breve caricia en el hombro, la mirada que es un grito sordo de amor. Todo es suavidad narrativa, quizá demasiada. Tal vez algo más de desgarro le habría sentado bien a la película. Aunque entiendo que aquellos que hayan sido capaces de ser alcanzados por el film bien adentro, se hayan sentido muy conmovidos por el mismo. Yo no tuve esa suerte.

Todo en la película rezuma buen gusto cinematográfico y conocimiento del oficio. No se le pueden poner grandes peros a esta gran película. Además, no es la típica película de homosexuales en la que hay innumerables escenas de cama. Aquí hay sólo una, y no es muy larga y morbosa. El amor importa mucho más que el sexo esta vez.

El problema es que la trama no tiene fuerza, que es previsible, y que como historia de amor no me ha llegado adentro. El exceso de preciosismo le resta vigor. A pesar de la belleza de la última escena, creo que la película habría quedado mejor si hubiera acabado un cuarto de hora antes. Era innecesario continuar para que acabara pasando lo que tenía que pasar.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La juventud
La juventud (2015)
  • 7,1
    15.787
  • Italia Paolo Sorrentino
  • Michael Caine, Harvey Keitel, Rachel Weisz, Paul Dano, ...
8
Viejas glorias
Dos artistas en el ocaso de su vida, que saben que sus días están contados, preocupados por el legado de su obra. Cada uno viviendo su vejez a su manera, pero complementándose el uno al otro. Fred no quiere volver a los escenarios. No cree que exista ninguna soprano capaz de interpretar su obra adecuadamente. Su música fue creada para ser cantada por su mujer, y al no estar ella, no tiene sentido ser interpretada por otra voz. Mick busca desesperadamente un final perfecto para su película, con la que espera poner broche de oro a una brillante carrera. Junto con sus jóvenes colaboradores intenta encontrar ese final brillante para su guión, para hacer la película ideal, que sería interpretada por su actriz favorita: Brenda Morel (Jane Fonda).

Paolo Sorrentino estira el chicle y lleva su personalísimo modo de hacer cine más lejos que nunca. Sus imágenes oníricas, su barroquismo cinematográfico, su cuidadísima estética va más allá del sentido narrativo que puede tener cualquier película. Dependiendo de tu sensibilidad y de lo receptivo que estés, puedes odiarlo y levantarte de la butaca a la media hora de película, o bien quedar hechizado por sus imágenes, por su música, por su nivel artístico, por su espectacular lirismo audiovisual. Es tan abrumador estéticamente que no importa la historia que cuenta. Es el poder del “Cómo” sobre el “Qué”.

Esta vez, a mi juicio, se le va la mano un poco. “La gran belleza” era perfecta. “La juventud” no lo es. No es que no haya contenido, lo hay, como lo había en aquella. Pero es mucho menos explícito. Cuando la descomunal pomposidad de las imágenes te deja respirar, de vez en cuando te preguntas, “¿Qué me está contando, en realidad?”. Ya sabemos que la vejez es muy triste, que contemplar la belleza de una mujer en plena lozanía cuando uno sabe que ya no podrá catarla porque podría ser su abuelo, es jodido. Sabemos que cuando uno es provecto también suele ser sabio, y que esa sabiduría sirve de poco. Y sabemos que probablemente no seremos recordados como nos gustaría. No parece demasiado argumento para una película. Pero tratándose de Sorrentino, poco importa eso.

Inevitablemente, hablar de Sorrentino es hablar de Fellini. Si “La gran belleza” nos remitía a “La dolce vita”, con “La juventud” no hay más remedio que recordar “Ocho y medio”. No se hasta qué punto Sorrentino está influido por Fellini o si es que directamente le persigue, pero los homenajes son evidentes.

Por supuesto, el surrealismo está presente en todo momento. El sentido del humor también. Hay escenas que parecen algo inconexas, como si se hubieran grabado antes de saber cómo iban a casar luego con el film. Todo transcurre despacio y todo te sorprende. Michael Caine sentado junto a las vacas en un prado dando un concierto de cencerros, una estruendosa bofetada inesperada, un grupo de viejos y viejas compartiendo sauna en silencio, Michael Caine haciendo música con el plástico de un caramelo, Maradona saliendo de la piscina como un hipopótamo…

A pesar de la irregular trama, la película tiene momentos de extrema brillantez. No hay un Jep Gambardella en “La juventud”, pero el retrato de la decadencia humana es muy parecido. La vejez puede ser deterioro, pero también distinción y elegancia. Es el nexo de unión entre las dos películas. Parece que el paso del tiempo obsesiona a Sorrentino.

Los actores están a muy buen nivel. Es un lujo ver a Michael Caine, un actor que mezcla cinismo y elegancia como nadie, al gran Harvey Keitel, a otra vieja gloria como Jane Fonda (la secuencia en que Keitel intenta convencer a Fonda para que actúe en su película y terminan insultándose es una maravilla desde cualquier punto de vista), al siempre desconcertante Paul Dano, a la preciosa Rachel Weisz…

Y hablando de los protagonistas de la película, hay que hablar de la música. Si hubiera entrado al cine con los ojos cerrados y hubiera estado sentado simplemente escuchando, también habría valido la pena. La música de la película es excelente. Personalmente, me encantó escuchar “Onward”, una canción de Yes que me gustaba mucho de niño cuando escuchaba una y otra vez el álbum “Tormato”, y que aparece en la película interpretada por Mark Kozelek (él mismo aparece cantándola). Pero cuando ya te mueres de gusto es con la escena final, la interpretación de la coreana Sumi Jo de “Simple song #3” hace que salgas del cine flotando en una nube.

Comprendo todas las opiniones. Habrá mucha gente que considere esta película una estafa. Exige mucho del espectador. No es para cualquiera. Hay que tener la sensibilidad artística necesaria y estar receptivo ante una película esencialmente lírica, quizá demasiado pomposa, incluso pretenciosa, recargada, afectada, encantada de haberse conocido, pero rebosante de talento.

Con todos sus fallos y sus virtudes, me iría mañana mismo a verla otra vez.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Los odiosos ocho
Los odiosos ocho (2015)
  • 7,3
    54.734
  • Estados Unidos Quentin Tarantino
  • Samuel L. Jackson, Kurt Russell, Jennifer Jason Leigh, Walton Goggins, ...
8
Una película de Tarantino, sencillamente
Una diligencia avanza por la nieve. En ella van el cazarrecompensas John Ruth (Kurt Russell) y su prisionera Daisy Domergue (Jennifer Jason Leigh). Por el camino se encuentran con el mayor Marquis Warren (Samuel L. Jackson), un antiguo soldado convertido en cazarrecompensas que se dirige a Red Rock a entregar tres convictos para cobrar la recompensa. Poco después, se une a ellos Chris Mannix (Walton Goggins), quien afirma ser el nuevo sheriff de Red Rock.

Debido a la tormenta de nieve, la diligencia decide parar en un refugio llamado “La mercería de Minnie”, donde en lugar de su dueña hay cuatro desconocidos: Bob (Demian Bichir) que se ocupa del negocio en ausencia de Minnie, Oswaldo Mobray (Tim Roth), que es el verdugo de Red Rock, un vaquero llamado Joe Gage (Michael Madsen) y el general confederado Sandord Smithers (Bruce Dern). Los ocho viajeros quedan encerrados en la cabaña y poco a poco van descubriendo que no todos son lo que parecen ser.

Podría decir simplemente que “Los odiosos ocho es la nueva película de Tarantino”, y sería suficiente para que los lectores entiendan cómo es la película. Es sencillamente una película de Tarantino, y con eso está dicho todo. Pero como esto quedaría un poco soso, vamos a ampliarlo un poco, no porque haga falta, sino porque quede más aparente.

Pues eso, lo que todo el mundo espera de una película de Tarantino: personajes casi de comic, sangre, excelentes diálogos, humor negro, un magnífico reparto, violencia cuando menos te lo esperas, música inolvidable y un guión espectacular. Si vas a ver una película de Tarantino, sabes que todas esas cosas están aseguradas. Y en “Los odiosos ocho”, también. Todo eso está en la película. ¿Hace falta algo más para disfrutar en una sala de cine?

La película está disfrazada de western, pero no lo es. Simplemente toma los personajes de un western para ponerlos en una situación concreta, pero no es un western. Podría ser una novela de Agatha Christie o una obra de Shakespeare. Tarantino encierra a ocho pintorescos personajes en una cabaña y a partir de ahí comienza a desenredar una madeja argumental que hace que el interés del espectador vaya creciendo a medida que avanza el film.

No soy objetivo. Adoro a Tarantino. Me gusta todo lo que hace, y disfruto con cada minuto de cualquier película suya. Por lo tanto, probablemente caeré en el exceso al elogiar la película. Como el propio Quentin cae en el exceso en todos sus films. En éste en particular, hay excesos por todas partes, todo es exceso en “Los odiosos ocho”, pero para mí lo único odioso de la película es el título. El resto es puro Tarantino, puro exceso, puro disfrute, una orgía de cine tarantiniano de tres horas.

No hay en esta película los altibajos que había en “Malditos bastardos” o en “Django desencadenado”, aquí la película va siempre hacia arriba (con algún momento menos interesante en el tramo central), con un montaje perfecto y unas interpretaciones a la altura de lo esperado de un elenco tan selecto como el que interviene en este film.

Uno de los puntos más fuertes de la película es la música que corre a cargo del maestro Ennio Morricone. Es una de las cosas que más huella te deja y que más gozas desde la primera nota que suena al empezar la película. En cambio, a diferencia de otras películas, en ésta no hay muchas canciones. Una de White Stripes al principio, y otra de Roy Orbison al final. No se si hay alguna más en toda la película. En cuanto a la fotografía, una locura, un espectáculo, no se puede hacer mejor.

Las interpretaciones rayan a gran altura. Por encima de todos brilla con luz propia Samuel L. Jackson, un actor al que Tarantino siempre le saca lo mejor de sí mismo. El monólogo que hace ante el General hablando de lo que le sucedió con su hijo pasará a la historia . La medalla de plata sería para Jennifer Jason Leigh, y luego vienen todos los demás, entre los que se encuentran actores a los que adoro como Michael Madsen y Bruce Dern. También quiero mencionar a Walton Goggins, un actor que me cautivó en la serie “Justified” y que aquí demuestra que está para empresas mayores. Lo que menos me gustó es ver a Tim Roth haciendo de Christoph Waltz.

Como de costumbre, Tarantino no hace que te cuestiones nada, ni busca llegar al fondo de tu alma. En esta película toca temas como el racismo, con toda naturalidad, sin que te plantees nada al respecto. El humor lo solapa todo, y lo mismo te ríes con una escena racista como cuando le pegan un puñetazo a una mujer. Para Tarantino no es difícil conseguir que te hagan gracia cosas que, hechas por otro, no la tendrían.

A mi juicio, como ya me pasó otras veces con él, a la película le sobra media hora. Pero aún así, pocas veces tres horas pasan tan rápido. No es una obra maestra, ni su mejor película, pero “Los odiosos ocho” es magnífica. Tarantino es un director singular, con un estilo único, pero especialmente su capacidad para dirigir actores y para crear excelentes guiones parece ilimitada.

Lo bien que me lo pasé no lo puedo transmitir aquí por mucho que escriba. Como máximo, podré acercarme a ello diciendo simplemente que fui a ver la última de Tarantino. Más explícito no puedo ser.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Steve Jobs
Steve Jobs (2015)
  • 6,1
    17.911
  • Estados Unidos Danny Boyle
  • Michael Fassbender, Kate Winslet, Seth Rogen, Jeff Daniels, ...
6
El interior de la manzana
Esta película sobre el creador de Apple está compuesta por tres actos, como las obras de teatro. El primero, en la presentación del Lisa (1984), el segundo en la presentación del NeXT (1989) y el tercero en la presentación del iMac (1998). En esos tres actos se nos muestra, no las presentaciones de esos productos, sino lo que pasa entre bambalinas, las relaciones de Jobs con sus colaboradores, con sus socios, sus amigos, su propia hija, etc., a traves de cuyas relaciones se nos muestra un Steve Jobs egocéntrico e intratable, marcado por el rechazo de sus padres en su infancia.

El film lleva la firma de Danny Boyle, pero sobre todo de su guionista, Aaron Sorkin, responsable de guiones como los de “La red social” o “Moneyball”, que le convierten en un referente en lo tocante a escribir guiones de este tipo. Parece ser que esta película la iba a dirigir David Fincher, pero hubo desacuerdos y finalmente ha sido Boyle quien ha lidiado con el texto de Sorkin.

La película se centra más en la personalidad de Jobs que en su obra. Por momentos cuestiona su genialidad, poniendo sobre la mesa si era él o sus colaboradores quienes se encargaban de hacer las cosas. El se defiende argumentando que era el director de la orquesta, otros tocaban los instrumentos pero era él quien tenía la visión de conjunto, quien tomaba las decisiones y hacía que los instrumentos sonaran con armonía. El enfoque del film va más sobre la persona que sobre el genio. Se profundiza en la personalidad de Jobs, tozudo, egoísta, obsesivo y casi incapacitado para cualquier expresión afectiva hacia alguien.

La cinta cuenta con las ventajas y los inconvenientes de todos los biopics. Por un lado, hay un personaje popular que llama la atención al público que sabe que es real, y la gente tiene interés por saber cómo era realmente ese tipo que cambió el mundo. Lo que pasó, pasó, por lo que todo lo que se cuente es creíble de por sí, sin que la película se tenga que esforzar en ello. Pero también tiene la desventaja de que los hechos reales te limitan mucho. No te puedes salir de los rieles. Todo lo más, puedes enfocar en determinadas situaciones o características, y omitir otras. Personalmente, me gustan las películas y los libros que cuentan la historia de personas reales. Pero entiendo que las personas reales generalmente no son tan interesantes como las inventadas.

La apuesta narrativa por circunscribir la historia a los tres actos de las presentaciones hace que haya agujeros de tiempo quizá demasiado grandes. Apenas se hace alusión a cosas anteriores a la primera presentación. Un par de flashbacks, para mi insuficientes. No se ve el modo en que Jobs funda Apple. El posterior hundimiento y resurgimiento lo adivinamos a través de los diálogos, generalmente demasiado atropellados y no siempre fáciles de seguir.

Boyle le pone quizá demasiado dinamismo a una película esencialmente de diálogos. Los largos planos secuencia son brillantes, pero termina por ponerte nervioso tanta conversación a mil por hora, tanto entrar y salir personajes. Se agradecen los momentos de diálogos sosegados, las pocas veces que ocurren.

La película sirve para confirmar algo que yo ya sabía: Michael Fassbender es un actor descomunal, uno de los mejores del presente siglo. En esta interpretación antológica, Fassbender lo borda metiéndose en la piel del personaje recordando al De Niro de los buenos tiempos. Es espectacular, de verdad.

Y el resto de actores también están a un nivel muy alto. Es cierto que el guión de Sorkin favorece mucho el lucimiento de los actores ya que hay muchos diálogos brillantes y situaciones propicias para el brillo interpretativo, pero todos cumplen con auténtica solvencia. Desde Kate Winslet, a la que casi tenía olvidada, hasta Jeff Daniels, un actor que nunca me ha convencido y aquí está bastante creíble, pasando por el espléndido Seth Rogen, genial en cada aparición en escena.

El resultado final es desigual. La película merece la pena por la originalidad de su planteamiento, por las excelentes interpretaciones y los cuidados diálogos. Pero flojea como biopic. Quien vaya al cine pensando en una especie de documental sobre el creador de Apple y los secretos de su éxito, se sentirán decepcionados.

Son dos horas que se hacen cortas, y eso está bien. Pero Danny Boyle le mete al film un ritmo excesivo, que no necesitaba, y que descuadra e irrita por momentos. No es un peliculón, pero no me arrepiento de haberla visto.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paulina
Paulina (2015)
  • 6,2
    2.434
  • Argentina Santiago Mitre
  • Dolores Fonzi, Óscar Martínez, Esteban Lamothe, Cristian Salguero, ...
5
Santa Paulina
Paulina es una joven abogada con un prometedor futuro, pero, contra lo deseos de su padre (un juez muy reputado), ella prefiere dedicarse a labores sociales. Decide trabajar en un programa de defensa de los derechos humanos y se marcha al norte de Argentin para empezar a dar clases a jóvenes en zonas marginales. Al poco tiempo de trabajar en ello, es atacada y violada por un grupo de jóvenes de esos a los que pretende educar.

“Paulina”, cinta dirigida por el argentino Santiago Mitre, me resultó un tanto irritante. Tal vez Mitre pretendía ser provocador y lograr irritar a los espectadores de su película, si es así, admito que conmigo lo consiguió. No entiendo a la Paulina de la película. Me resulta difícil creer su comportamiento, y además me saca de quicio pensar que exista gente así.

Veamos. La chica es abogada. Parece ser que tiene buenas cualidades y además su padre es juez, por lo que su futuro tiene muy buena pinta. Pero a ella no le interesa eso, y prefiere trabajar con chicos probemáticos en zonas marginales. Hasta ahí cuesta un poco entenderlo pero vale, puede ser.

Como no podía ser de otra manera, los chicos responden al intento de ayuda de la guapa profesora con una violación nocturna en un camino rural. Y ella reacciona ante ese episodio como si hubiera sido una simple contrariedad, como quien tropieza y sigue caminando. No quiere que castiguen a quienes la han violado, pretende hablar con ellos normalmente, quiere seguir dando clases, y, caso de quedarse embarazada como consecuencia de la violación, querría tener el niño.

Claro, ante ese disparatado “buenismo”, el padre se sube por las paredes, y todos los que estamos en las butacas nos identificamos con él. Y más nos hubiéramos identificado si la da un pescozón y se la hubiera llevado de vuelta a casa.

Lo peor es que todo este sinsentido queda flotando en el aire sin que uno sepa qué pasa. Paulina no explica nada. “Es cosa mía. Hay que estar en mi lugar para entenderlo”, repite, y de ahí no hay quien la saque. Si hubiera sido una beata que buscara el sacrificio en la Tierra para llegar a Dios, tendría sentido, pero no. No se explica el comportamiento de Paulina, y al no entenderlo no hay una conexión emocional entre el público y la protagonista, con lo que la película queda desangelada y no deja huella. Porque para que una película te deje poso, tiene que conectar con tu alma, y esta no tiene un hueco donde meter el enchufe.

Supongo que Mitre pretende plantear el verdadero sentido de la justicia, la inutilidad de la venganza, el modo en que los condicionales sociales e ideológicos influyen en el comportamiento, la violencia de género y la importancia de la educación para erradicarlo, etc. Pero para que el debate sea serio, el planteamiento también ha de serlo. No se puede debatir de lo que no se entiende, y a Paulina no la entiende nadie (posiblemente, ni ella misma).

En este sentido, destaco la interpretación de Dolores Fonzi, que hace de Paulina. Borda el papel. El hecho de que no comprendamos a Paulina no significa que no nos creamos su personaje. De hecho, nos irrita porque nos la creemos a ella, aunque no sus decisiones. Fascinan las expresiones de Fonzi, contenida y sobria ante las dificultades que se enfrenta, con una infranqueable determinación en el gesto pero adivinando vulnerabilidad en lo más profundo de su mirada. Para mí, lo mejor de la película.

“Paulina” está rodada con algunos largos planos secuencia, recurre al flashback para narrar la historia, y sabe mantener la tensión, aunque la resolución no convence, simplemente no existe.

La película no está tan mal, pero a mi me chirría por todas partes. Su extraño argumento me produce un estupor malo e irritante. Se trata de un grupo de tíos que violan salvajemente a una mujer indefensa, y ese hecho me parece muy fuerte e inadmisible como para que un director no lo condene, y que la víctima de tal crímen lo quiera pasar por alto en nombre de no se sabe qué razones.

Eso no debería influir en mi análisis cinematográfico, pero influye. Si hay que entender a Paulina, a mi también.

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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rams (El valle de los carneros)
Rams (El valle de los carneros) (2015)
  • 6,7
    3.552
  • Islandia Grímur Hákonarson
  • Sigurður Sigurjónsson, Theódór Júlíusson, Charlotte Bøving, Jon Benonysson, ...
7
Cainsson y Abelsson
El director Grimur Hakonarson narra una historia sencilla que arranca con un concurso de carneros que resulta ser más que nada una batalla entre dos hermanos irreconciliables. Ambientada en Islandia, y adornada con sus increíbles paisajes, “Rams” pone delante de nosotros la vida de estos personajes solitarios, que hablan con sus ovejas, con su perro, pero no con su hermano que vive en la casa de enfrente. El orgullo, la testarudez, serán puestos a prueba cuando los hermanos tengan que unirse contra un enemigo común que pretende acabar con lo que más quieren: sus ovejas.

Hakonarson crea un film sobrio, muy europeo, cargado de contenido y de contención. Sabe crear la tensión necesaria para que sigas la película con total interés pese a los pocos diálogos y a la cantidad de escenas que simplemente muestran la cotidianidad de la vida de esos ganaderos. El sentido del humor, presente en todo momento, y la emotividad de su parte final, terminan de configurar un producto apto para cualquier paladar.

El sentido del humor en esta película (humor negro habitualmente) es totalmente necesario para poder digerir el drama que narra. Sonríes, pero el alma se encoje. El modo en que el ser humano es capaz de llevar la testarudez hasta las últimas consecuencias, la manera en que los sentimientos guardados dentro de uno pueden hacer daño… es una película para comentar. Y ese maravilloso final que te deja helado, literalmente.

Hakonarson, acertadamente, no nos muestra las razones del odio entre los hermanos. Poco importa. Sean las que sean, seguro que no vale la pena estar cuarenta años sin hablar a tu hermano. Lo que importa no son las razones del odio, sino las consecuencias, y es en esto en lo que se centra Hakonarson. Uno pasa la película esperando que en cualquier momento se desencadene la tragedia y asistamos a una reedición de la historia de Caín y Abel, con la diferencia de que aquí no hay uno bueno y uno malo sino dos rivales que viven pendientes del otro, compitiendo permanentemente en una espiral que da lugar a situaciones absurdas de dos viejos que se comportan como niños.

Islandia es protagonista permanente de la película. El tono costumbrista es parte fudamental del film. El espectador se ve transportado a ese lugar tan peculiar. Se puede uno recrear en ese paisaje de horizonte lejano, en ese cielo tan especial. Casi se puede sentir el olor a ganado del establo. El frío del invierno islandés llega hasta las butacas. No es que el espectador se meta en la película, es ella quien viene hacia nosotros. Hola, Hakonarson.

La fotografía y la música son correctas, pero no destacan especialmente. Funcionan bien dentro del contexto del film, pero pasan desapercibidas como elementos individuales.

Las interpretaciones son sólidas. Los dos protagonistas dan vida a sus personajes con total credibilidad. Cuesta pensar que estos dos viejos gruñones no sean realmente los hermanos de la historia sino actores que representan un papel. Los animales también tienen mucho protagonismo en la historia. Tanto los carneros y las ovejas como el perro de Kiddi, que sirve tanto para cuidar el rebaño como para hacer de mensajero entre los dos hermanos.

Me gustó que dentro de la propuesta sencilla de “Rams” haya complejidad y mucho contenido. Es como los propios protagonistas, gente simple, callada, solitaria, pero complejos e incoherentes. Son los últimos de su estirpe. Sin mujer ni hijos que den continuidad a su sangre, sólo las ovejas pueden dar sentido a los últimos años de sus derrotadas vidas. La película retrata esas contradicciones. Nos gusta la soledad, vivir a nuestra manera, no dar explicaciones, pero por otra parte necesitamos compartir, vivimos por los demás…

Hakonarson nos desvela, por si no lo sabíamos, que somos raros. Que, a menudo, lo que hacemos tiene poco que ver con lo que sentimos. Que, curiosamente, hay gente que trata peor a quien más quiere, que cree que se pone a salvo del profundo amor que siente por alguien tratando de demostrar lo contrario.

Pero bueno, ser un poco contradictorio es lo menos que te puede pasar, viviendo allí arriba, aislados de todo, con un clima tan hostil, toda la vida cuidando ovejas…

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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
45 años
45 años (2015)
  • 6,6
    4.597
  • Reino Unido Andrew Haigh
  • Charlotte Rampling, Tom Courtenay, Geraldine James, Dolly Wells, ...
8
45 años no es nada
El cineasta Andrew Haigh nos plantea la credibilidad del amor tras el paso del tiempo, hasta qué punto las parejas siguen unidas por amor verdadero o porque vivir acompañado tiene más ventajas que hacerlo en soledad. Si influyen los convencionalismos sociales y el qué dirán a la hora de mantener la pareja, y hasta qué punto los amores pasados pueden ser más importantes incluso que los vigentes.

Cuarenta y cinco años juntos, sin hijos. Viviendo en una casa de campo, Geoff y Kate parecen una pareja idílica. Pasean al perro, van de compras, escuchan música clásica, leen a Kierkegaard, conversan, y hasta intentan hacer el amor de vez en cuando. Pero, ¿todo esto es sólido? ¿es real? Un simple recuerdo del pasado hace que los cimientos de la relación se resquebrajen. Tal vez debajo de esa idílica relación no haya nada que lo sustente.

Kate tiene todas las de perder al enfrentarse al recuerdo de la antigua novia de su marido. Es una batalla que no puede ganar. El recuerdo siempre es mejor que la realidad, la memoria filtra sólo lo bueno. El fantasma de esa mujer siempre va a superar a la actual Kate. La exnovia no envejece en la memoria de Geoff, siempre es divertida y soñadora, siempre es joven. No se puede competir contra un recuerdo bonito.

Sin que el argumento sea nada del otro mundo, Haigh consigue que su película enganche y se siga con mucho interés. Refleja con gran precisión la vida matrimonial y el paso del tiempo. Un montón de años juntos, llegar juntos al final del camino… ¿y para qué? La vejez es amarga siempre, y bajo las apariencias de un matrimonio ejemplar siempre subyacen cosas, secretos pensamientos, un cierto fastidio por las cosas vividas, por la vida que uno ha tenido, o por las cosas que uno no ha vivido y hubiera querido vivir.

El espíritu de Bergman sobrevuela por la sala durante la hora y media que dura la proyección. Es indudable que Haigh tiene al sueco como referente. La película es intensa en cuanto a sentimientos pero sin alardes, conversaciones tranquilas, silencios altamente expresivos, emociones reprimidas… puro Bergman.

La película está cuidadosamente trabajada, todos los detalles tienen sentido, y el progresivo descubrimiento de los personajes es perfecto para tejer esta intriga emocional. Un film reflexivo, de esos que invitan al debate tras el visionado, especialmente si la ves con tu pareja.

A pesar de que todo en esta película es bueno, hay que destacar por sobre todo lo demás el impresionante trabajo de sus actores principales (y casi únicos). Tom Courtenay y, especialmente, Charlotte Rampling, hacen verdadera magia interpretativa. Lo de la Rampling en esta película es de otro mundo. Ella es la película. Todo funciona alrededor de ella, arrebatadora presencia, espectacular cada gesto, cada movimiento, cada palabra. Su genial trabajo nos permite asistir a la progresiva descomposición interior de un personaje cuya mirada se va volviendo cada vez más triste, su voz cada vez más mustia. La escena final es de lo más conmovedor y expresivo que he visto jamás en el cine. Inolvidable.

“45 años” es una película que carece de sensiblería, no hay sentimentalismos impuestos ni golpes de efecto. Los sentimientos surgen inevitablemente, impregnan las butacas, pero todo es sutil, progresivo, perfecto. Si estás vivo, esta película te llega, no puedes escapar.

Me ha convencido absolutamente Andrew Haigh, y me arrodillo ante Charlotte Rampling. Película tan sencilla como exquisita, la he disfrutado, la he sentido, aún la siento al recordarla. Esa sinfonía de miradas, esos celos retrospectivos, ese sentir que toda la vida de alguien se está desmoronando por dentro al ver simplemente un temblor en el labio… Peliculón.

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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La novia
La novia (2015)
  • 6,9
    12.429
  • España Paula Ortiz
  • Inma Cuesta, Asier Etxeandia, Álex García, Luisa Gavasa, ...
6
Dan ganas de seguir soltero
“La novia” es la adaptación cinematográfica de la obra de Lorca “Bodas de sangre” a cargo de la directora Paula Ortiz. Esto de adaptar al cine una obra tan conocida es un riesgo que hay que valorar. Porque, aunque el texto de Lorca sea muy bueno, plasmarlo en imágenes, en un medio para el que no fue concebido, en una época diferente, es muy complicado y limita mucho la capacidad de maniobra. Esta es una base de la que hay que partir a la hora de valorar esta película.

Paula Ortiz creo que logra una hacer una película con bastante fiel a la obra del poeta granadino, dadas las circunstancias. Se podría decir que es una película muy “lorquiana”, en la que se respira lirismo trágico, que rezuma preciosismo y visceralidad. Coplas de la tierra, polvo (en los dos sentidos de la palabra), sangre, fatalidad… puro Lorca.

La película se sustenta en la belleza de las imágenes y en la hermosura de los versos de Lorca. Belleza sobre belleza. Es, para mí, el gran valor de la película. La fotografía es escandalosamente buena, y algún pasaje musical engrandece el film, especialmente esa versión del “Take this waltz” de Leonard Cohen que interpreta Soledad Vélez durante la escena de la pelea entre los dos hombres. Supongo que, como este blog sólo lo leen personas cultivadas, todos conocéis la historia de “Bodas de sangre”, por lo que es absurdo que evite los spoilers.

Personalmente, la película no me ha llenado. Reconozco sus virtudes (que son las que ya he mencionado) pero no conecto con la película. Tal vez influye que ya conocía la historia, que tampoco Lorca es mi escritor favorito, que necesito que me interese la historia que veo y no era el caso, pero sobre todo supongo que el problema conmigo es que percibo en la película demasiados excesos, todo es poco natural. Demasiado arrebato, demasiado abrumadora en lo visual, demasiada pasión sin que entendamos por qué, demasiado pretenciosa (aunque esto es algo que a mi no me molesta en sí mismo).

Trata de huir de lo teatral, para que prepondere lo cinematográfico, y lo hace con argucias técnicas, a mi juicio innecesarias. Debería haber aprovechado más lo bueno del teatro, que son los diálogos, y haberlo enriquecido con las ventajas del cine, que son algunas más aparte de rodar en bonitos exteriores o poner una música bella.

Una historia de amor y desamor apasionado tiene que ser creíble. El espectador tiene que enamorarse, empatizar como mínimo con alguno de los tres protagonistas. En mi caso, no ocurrió nada de eso. Ni me enamoré de la novia, ni me creí su irrefrenable amor por un Leonardo que parecía una mezcla entre Sandokán y Caminero, inexpresivo y falto de carisma, ni por supuesto me sentí cerca del novio cornudo, pusilánime y sometido por su madre, que lleva toda la vida detrás de una chica que es más que evidente que no le quiere y que está enamorada de otro.

Al no involucrarme y verlo desde fuera, sin sentir ninguna emoción por la historia, era inevitable que no sintiera nada y hasta me pareciera algo ridícula la escena cumbre de la película, cuando los dos hombres pelean (uno de ellos con el culo al aire) en el bosque. Cruz de navajas por una mujer, la canción de Mecano, me llega más. Y no me gusta Mecano.

Por cierto, el duelo a muerte no es con navajas, es con cuchillos de cristal. Como si la película la patrocinara Swarowski. Se puede ser pretencioso y grandilocuente, pero esto ya…

No obstante, hay que ser justos. La película es valiente y está rodada con estilo propio. Las interpretaciones son buenas, salvo las de los dos pretendientes de la novia (es mi opinión), el resto está bien. Especialmente, los secundarios, destacando por encima de todos la interpretación de Luisa Gavasa, en el papel de madre del novio. Espectacular, la única que me hacía algún pellizco en el alma cada vez que hablaba o, simplemente, miraba.

“La novia” hay que verla, aunque sea por disfrutar de los versos de Lorca. Yo creo que deberían haberse aprovechado más, pero sigue siendo un lujo escuchar cosas como “Y yo dormiré a tus pies para guardar lo que sueñas. Desnuda, mirando al campo, como si fuera una perra.”.

Le diría a la película lo mismo que le diría la novia al novio para justificar que se vaya con el otro: no eres tú, soy yo. Es verdad, la película seguramente no está tan mal, soy yo que no conecto con ella.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Sicario
Sicario (2015)
  • 6,9
    28.550
  • Estados Unidos Denis Villeneuve
  • Emily Blunt, Benicio Del Toro, Josh Brolin, Victor Garber, ...
7
Benecio Sicario
Denis Villeneuve, el director canadiense que nos cautivó con películas como “Incendies” o “Prisioneros”, firma un thriller descarnado sobre la lucha contra el narcotráfico en la frontera de Estados Unidos y México, y sobre la ética de quienes deben librar esa lucha, que exige resultados y para quienes el fin suele justificar los medios.

No se puede tener dudas ya sobre la capacidad de Villeneuve. Una vez más nos demuestra sus aptitudes, realizando una película que mantiene la tensión en todo lo alto durante las dos horas que dura. El espectador está en continuo desasosiego, más por la atmósfera que crea Villeneuve que por la propia intriga que pueda plantearnos la trama.

Villeneuve nos subyuga con sus movimientos de cámara, su utilización del sonido (nada nuevo, pero siempre es un acierto saber usarlo), la magnífica fotografía, las brillantes tomas aéreas, la excelente dirección de actores, en fin, un recital de buena dirección. La película lo tiene todo para llegar al gran público. A mí no me llegó muy dentro y seguramente el tiempo la sacará de mi mente, pero confieso que mientras estuve viéndola no tuve un minuto de relax, y pude sentir el terror de quienes se enfrentan a la muerte cara a cara.

No hay grandes artificios, ni bruscos giros de guión, ni sorpresas inesperadas. Como mucho, el descubrimiento del personaje (tremendo) de Benicio del Toro. El resto es directo, como un disparo. Trepidante, duro, seco, asfixiante. No se anda con contemplaciones ni propone adivinanzas, la película es un tobogán que te lanza contra la realidad de la lucha contra el narcotráfico y sus dudosamente éticos métodos para combatirlo.

Uno de los puntos fuertes de la película es el duelo interpretativo que mantienen Benicio del Toro y Emily Blunt. Como saben aquellos que me leen habitualmente, Benicio es una de mis debilidades. A mí siempre me gusta. Me fascina ver a ese animal interpretativo en la pantalla. En esta ocasión, tampoco me defrauda. Borda su personaje, enfrentado a una Emily Blunt que sí que he sorprende positivamente. Mi primera impresión al verla es “esta tía no pega en el papel de policía intrépida”, pero poco a poco me va ganando. Individualmente están brillantes, pero los momentos compartidos por los dos son, directamente, lo mejor de la película, con un par de escenas inolvidables.

Tampoco sería justo olvidarme de Josh Brolin, que está bastante convincente también en su papel. Aunque juega en clara desventaja ante los otros dos personajes ya mencionados.

La violencia de la película es, generalmente, más sugerida que mostrada. Hay pocos episodios de violencia explícita, la mayoría se intuye más que se muestra, lo cual aterra más, aunque desagrade menos. Villeneuve utiliza golpes de efecto en determinados momentos, apoyándose en la música, y sabe mantener la tensión, y subirla cuando le conviene. Personalmente, me gustó el final. Le hubiera quitado puntos a la película si termina de otra manera.

No es, de todas formas, una película redonda. Para mi gusto, es demasiado televisiva en su concepción. No hay mucha novedad en el tipo de película que es, recuerda a otras, hay poca o ninguna sensación de descubrimiento. El guión parece poco trabajado y parece poco original, no responde a todas las preguntas que nos surgen al verla, y a veces recurre al morbo fácil. Los personajes no tienen el desarrollo necesario, pero lo salvan los actores, que están magníficos.

No hay lugar para el aburrimiento en “Sicario”. Cada escena tiene algo de interés, cada momento interpretativo vale la pena. Uno se queda pegado al asiento hasta el final de la película. Te liberas y respiras cuando aparecen los títulos de crédito. No se hasta qué punto la película tiene algo de denuncia periodística, lo ignoro. Pero desde luego, como thriller funciona, eso lo garantizo.

Me gustó la película, la recomiendo. Suspense del bueno, te sentirás atrapado por unas escenas que te horrorizan y atraen a partes iguales. Bien por Villeneuve, aunque, personalmente, me sigo quedando con “Incendies”.

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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Assassin (La asesina)
The Assassin (La asesina) (2015)
  • 5,6
    2.863
  • Taiwán Hou Hsiao-Hsien
  • Shu Qi, Chang Chen, Satoshi Tsumabuki, Ethan Juan, ...
6
Una asesina muy particular
China, siglo IX. Nie Yinniang (Shu Qi) regresa a casa de su familia tras años de exilio. Educada por una monja que le enseña las artes marciales, su maestra le encarga matar a su primo Tian Jian (Chang Chen), gobernador disidente de la provincia de Weibo.

Dirigida por Hou Hsiao-Hsien, “The assassin” es una película desconcertante. Estéticamente primorosa, resulta en cambio muy complicado meterse en la trama y entender lo que pasa. Tienes claro que te gusta lo que ves, pero realmente no sabes qué estás viendo ni por qué pasan las (pocas) cosas que pasan.

Todo lo que se diga sobre esta película a nivel estético se queda corto. A pesar del formato 4:3, que siempre resulta menos espectacular, la belleza de las imágenes deslumbra por completo, hasta el punto de llegar a abrumar al espectador. Uno no puede evitar centrarse tanto en lo visual que pierdes un poco de vista el contenido de las situaciones.

Extraordinaria dirección artística, soberbia la fotografía, espectacular el vestuario, maravillosos los escenarios naturales elegidos para las escenas. La película es un orgasmo para las retinas, pues la belleza extrema de las imágenes te cautivan, es puro arte visual. Como digo, es algo que hay que ver pues las palabras se quedan cortas.

El director taiwanés tiene a tus sentidos audiovisuales a pleno rendimiento durante toda la película, ya que al asombro visual se le añaden los matices de sonido. Hay muy pocos diálogos, los silencios presiden la mayoría de las escenas, y esta calma sonora se adorna con el sonido de un pájaro, o los grillos en el exterior, o unos timbales que se escuchan en la lejanía, que no se sabe bien de donde provienen pero que terminan de complementar unas escenas deliciosas sensorialmente.

Hay menos escenas de pelea de las que cabría esperar (cosa que agradezco) y están espectacularmente rodadas, parecen danzas perfectamente coreografiadas acompañadas de una exquisita música metálica de espadas chocantes. Y entre cada cruce de espadas, primeros planos sobrecogedores por su perfección de la asesina, con su rostro tan bello como inexpresivo. Por cierto, parece mentira que Shu Qi esté a punto de cumplir 40 años, definitivamente los chinos se oxidan menos.

El director tiene gusto por plantear la escena en un sitio diferente al que la cámara enfoca. Es una curiosidad que se repite varias veces en este film. Otra licencia narrativa es el uso de velos o cortinas finas que se mueven delante de la cámara y hacen que el plano sea nítido y al momento difuso. Para terminar de desconcertarnos, al final de la película hay un largo plano en el que unas cabras reposan tranquilamente en un prado, comiendo hierba. No se si era algo metafórico porque para entonces yo ya estaba totalmente desconectado de la trama, pero en todo caso es una escena curiosa y digna de ser recordada.

Lo malo es que tras tan abrumadora belleza formal, la narración es confusa y excesivamente contemplativa, desesperada quietud. El desarrollo argumental es demasiado denso y farragoso. Hablando en plata: que no te enteras de ná. Intrigas palaciegas confusas, lazos familiares complicados, nombres chinos difíciles de recordar, y demasiados silencios hace que la mente del espectador se pierda en admirar la belleza de lo que ve y se desconecte de lo que se narra.

Al final, salí del cine sin saber si me había gustado o no. Con la certeza de haber visto algo insólito, una cosa nueva, desconcertado con tanta sofisticación visual y sin saber realmente qué historia acababa de presenciar. Sabía que había disfrutado, pero no podía contar la película porque no sabía realmente qué es lo que había visto. Por lo tanto, no esperéis gran cosa de esta crónica que ya termina.

Formalmente sublime, narrativamente plomiza, “The Assassin” es una película que deseo volver a ver, que necesito volver a ver, para intentar descrifrar todo aquello que se quedó fuera de mi alcance, perdido entre tanta belleza. Entonces podré saber si la película es una obra maestra que no se puede abarcar en un sólo visionado, o si no hay nada escondido detrás de tanta exquisitez formal.

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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una pastelería en Tokio
Una pastelería en Tokio (2015)
  • 6,8
    5.494
  • Japón Naomi Kawase
  • Masatoshi Nagase, Kirin Kiki, Miyoko Asada, Etsuko Ichihara, ...
6
Pasteles que no indigestan pero tampoco alimentan
Sentaro (Masatoshi Nagase) dirige una pequeña pastelería en Tokio donde vende dorayakis (pastelitos rellenos de salsa de frijoles rojos dulces, llamada “An”). Una anciana, Tokue (Kirin Kiki), se ofrece para trabajar con él, pero la rechaza. Cuando le demuestra su talento para hacer “An”, decide contratarla, lo que hace que la pastelería tenga cada vez más clientes. Sentaro y Tokue se van conociendo cada vez más y se van revelando sus viejas heridas.

Se trata de una película de la directora Naomi Kawase. Tengo un problema con Kawase. Su cine tan cuidado, tan poético, tan delicado… no me llega. Reconozco sus virtudes visuales y el extraordinario mimo con que viste sus historias, pero es una belleza que me deja frío. Me pasó en “Aguas tranquilas” y me ha vuelto a pasar en ésta. Yo creo que es porque los personajes no están bien desarrollados, o eso me parece a mi. O quizá hay que ser japonés para empatizar con ellos.

Kawase plantea la situación. Pone los elementos encima de la mesa, y tiene buena pinta. Unos preciosos planos de los cerezos, un pastelero solitario y enigmático, una anciana que habla con las hojas de los árboles y escucha lo que le dicen las judías, una jovencita que tiene un canario y pasa mucho tiempo en la pastelería… y a partir de ahí, ¿qué? Entonces es cuando Kawase flaquea, a mi juicio. El desarrollo de la historia carece de fuerza.

Se pone todo el foco en el esmero en que Tokue elabora el “An”, asistimos al proceso completo, vemos el efecto del paso de las estaciones del año en los cerezos, todo muy bonito, pero seguimos a kilómetros de la pantalla, sin que haya una mínima identificación o empatía con lo que sucede. El enigmático pastelero solitario me empieza a dejar de interesar, y la anciana no me da la pena que se supone que debería darme. No entiendo esa relación a tres bandas. No me emociono por nada, y tengo la sensación de que debería, pero no.

La película se va desarrollando a fuego lento, y uno espera que cuando los personajes descubran su pasado, y entendamos su comportamiento, todo tendrá sentido. Pensamos que cuando se descubra el pastel (nunca mejor dicho) la película irá hacia arriba y nos quedaremos absortos en las butacas. Sin embargo, Kawase no va por ahí, o no es capaz de llegar al corazón del espectador cuando las heridas de la vida de sus personajes quedan al descubierto.

Por otra parte, es de agradecer que Kawase no recurra a efectos tramposos en una trama que tenía todas las papeletas para recurrir a ellos. La pistola estaba cargada de balas sentimentaloides, pero Kawase no la dispara. Es loable su intento de llegar a tocar la fibra del espectador a través de la sutileza visual, recurriendo más a la lírica intimista que al efectismo. Eso lo valoro mucho, pero considero que no llega como debería, al menos al público occidental.

Los problemas de salud de Tokue y los problemas económicos de Sentaru marcan sus vidas, y juntos se hacen más fuertes. Kawase nos muestra que nunca es tarde, que la persona menos pensada nos puede aportar la fuerza necesaria para sacar la cabeza fuera del fango de las miserias de la vida, y que la naturaleza está ahí para aprender de ella cada día, con su ritmo lento y preciso, con su sabiduría silenciosa. Lástima que la resolución de la historia no fuera algo más arriesgado y menos previsible.

Más allá de que a cada uno le llegue más o menos la película, lo que es innegable es que el film rezuma ternura y esmero. Kawase, como en “Aguas tranquilas”, pone el énfasis visual en los pequeños detalles, y se basa en ellos para contar su historia. La infinita elegancia visual del cine de Kawase está fuera de toda duda. Esta mujer tiene un don para construir imágenes.

“Una pastelería en Tokio” es una película agradable, sencilla, rezuma sensibilidad y buen gusto, pero cuesta mucho sentirse partícipe de lo que pasa en la pantalla. La identificación con los personajes no existe (al menos, en mi caso), y todo es muy bello pero muy lejano. Seguiré viendo películas de Kawase, porque se que cuando haga una película que me llegue dentro será una experiencia fantástica.

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18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
Truman
Truman (2015)
  • 7,0
    25.311
  • España Cesc Gay
  • Javier Cámara, Ricardo Darín, Dolores Fonzi, Àlex Brendemühl, ...
8
Friends will be friends
Julián recibe la visita inesperada de Tomás, un viejo amigo que vive en Canadá y ha venido a visitarlo porque Julián tiene cáncer. Pasarán cuatro días juntos, junto al fiel perro de Julián, Truman. Los tres tienen que afrontar una inevitable despedida.

Cesc Gay dirige esta película que es un canto a la camaradería y a la fuerza de la amistad, pero que tiene muchas más aristas. La muerte y la actitud ante la misma, la soledad, el modo de afrontar una pérdida, el amor a los animales, y hasta el derecho o no de uno a decidir el cómo y el cuando poner fin a sus días. El tema invita abiertamente al drama lacrimógeno, pero Gay sabe caminar con precisión sobre la fina linea que separa lo ñoño de lo emotivo, sirviéndose del humor como arma para evitar el exceso de intensidad trágica, pero sin llegar nunca a la frivolidad. La película conmueve pero no empalaga, todo un logro tratando un tema tan propenso a la caza de la lágrima fácil.

Julián acepta, o parece aceptar su destino con estoica valentía. Y una vez admitido lo inevitable, centra sus esfuerzos en dejar las cosas lo mejor atadas posibles con las personas que quiere (incluyendo a su perro Truman). Porque la enfermedad no sólo le afecta a él, sino también a su entorno. Despedirse adecuadamente de su viejo amigo, de su prima, de su hijo que vive en Amsterdam, y encontrar un nuevo hogar para Truman son las cosas que busca Julián, antes de poder tranquilamente entregarse a su trágico final.

La película discurre con total fluidez gracias a los diálogos brillantes, pero también a lo que no se expresa con palabras. Desde la mirada melancólica y taciturna del perro hasta los momentos de expresividad contenida de ambos actores, “Truman” destila emotividad por los cuatro costados, humanidad, la tragedia como vehículo de exaltación de los sentimientos. Cuando sabes que vas a morir de modo inminente tienes la oportunidad de decir las cosas que llevas dentro a tus seres más queridos…. o no hacerlo, para, al restarle importancia, desdramatizar las cosas tratando de mitigar el dolor de quienes se quedan.

Uno puede sintonizar perfectamente con los dos protagonistas. Las cosas del modo que las ve aquel que sufre la enfermedad, o de la manera en que las ve el amigo que le acompaña en los últimos días. Cada uno desde su lado lo ve de una manera, y el espectador se posiciona tanto en uno como en otro bando, y desde ambos puntos de vista empatiza con los personajes.

Cesc Gay me ha convencido completamente. Su certero manejo del ritmo, el modo en que mantiene el pulso entre lo amargo y lo dulce, entre el humor y la tristeza, la manera en que combina la emoción y el puro entretenimiento, y sobre todo el jugo que saca de los intérpretes, inconmensurables, es de nota. Ya me gustó “En la ciudad”, pero aquí me ha ganado definitivamente.

Tengo (tenía) mis prejuicios contra Javier Cámara, pero esta película me ha curado. Cámara compone un personaje con una gran sutileza, demostrando una gran capacidad y un enorme conocimiento del oficio. Hablando poco, mirando continuamente a su amigo, como hipnotizado por él, con un gesto de inexpresividad muy expresivo, dota de brillantez a un personaje nada fácil.

Y al otro lado del ring, Ricardo Darín. No hay adjetivos para calificarle. Es un actor que domina todos los registros y en esta película, que le exigía un alto rendimiento interpretativo, demuestra que es un titán de la escena. Ricardo Darín es un espectáculo en sí mismo, un derroche de talento en cada frase, en cada gesto, en cada mirada. Nos hace reir o emocionarnos con una facilidad que asusta. Es un animal en la pantalla, un tigre que te emboba con su presencia antes de destrozarte con su fuerza interpretativa. Yo también cruzaría el mundo, como hizo su amigo Tomás, para pasar cuatro días con semejante personaje.

Y no sólo brillan cada uno por su lado. Es que además hay una química entre ellos bestial, que yo no me imaginaba que hubiera. Se mejoran el uno al otro, su nivel interpretativo en las escenas conjuntas no se suma, se multiplica.

Admito que yo tengo también parte de culpa en que esta película me guste tanto. Soy presa fácil de las películas emotivas, si están bien hechas, y esta lo está. Rebosa sensibilidad y elegancia, y hace que el espectador se asome al abismo de la muerte, pero saliendo de la sala de cine con más ganas de vivir que nunca. Es honesta, no hay golpes bajos.

Gustará a todo tipo de público, porque es cercana, entretenida y fácil de digerir. Es un relato tan ameno como intenso sobre la amistad, sobre la muerte y sobre la vida. Una vida que, como esta película te recuerda, puede ser tremendamente dolorosa, pero también te proporciona gente que te quiere de verdad, y eso hace que siempre valga la pena vivirla.

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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Taxi Teherán
Taxi Teherán (2015)
  • 6,6
    3.273
  • Irán Jafar Panahi
  • Documentary, Jafar Panahi, Hana Saeidi, Nasrin Sotudé
7
Un paseo por Teherán
Jafar Panahi, condenado por los tribunales de su país, no se resigna a no hacer cine, y mientras pelea su apelación, sigue buscando recovecos por los que seguir ejerciendo su profesión. Esta película es una nueva respuesta a ese injusto castigo. No puede hacer cine, pero nadie puede prohibirle poner una cámara en su coche y montar unas secuencias. En la película no hay actores, vestuario, fotografía, música… no hay créditos

Las circunstancias que rodean a Panahi condicionan a la hora de valorar este film. No se puede ver con los mismos ojos con que se mira una película normal. Si esta fuera una película hecha sin limitaciones, como cualquier otra, posiblemente diría que es regular tirando a floja, un tanto aburrida. Pero sería injusto medir esta cinta con la misma vara con la que mido a las demás.

Panahi hace lo que puede, que es muy poco. A base de imaginación y amor a su trabajo, logra un producto original, rebosante de ternura, sentido del humor, buenas intenciones y, como no, muchas dosis de crítica social. En ese taxi, las personas van dejando sus opiniones variopintas y nos vamos dando cuenta de cómo es la vida en Irán.

Un atracador defiende la pena de muerte, para que así los demás escarmienten. Una maestra de escuela opina totalmente lo contrario y dice que la pena de muerte no soluciona nada. Un vendedor de películas piratas intenta aprovecharse de que ha reconocido a Panahi ante sus clientes. Un hombre herido en un accidente va al hospital con su mujer, que está más preocupada por asegurarse la herencia que por la salud del marido. Dos señoras que necesitan imperiosamente devolver unos peces al lugar de donde los sacaron. Una amiga de Panahi a quien también van a prohibir ejercer su profesión de abogada en Irán. Por último, la sobrina del director, una niña que le admira y que tiene que hacer un cortometraje para el colegio, muy preocupada por seguir las normas que le ha marcado su profesora para que el corto realizado sea “distribuible”. Panahi se apoya en su sobrina para expresar ideas relativas a la ética cinematográfica.

El director nos plantea continuamente la duda entre la verosimilitud o no de lo que vemos, sin que terminemos de ver con rotundidad donde acaba lo puramente documental y donde empieza lo ficticio. Poco importa, el cine siempre es cine. En este caso, indudablemente, el cine es un arma que usa Panahi para defenderse contraatacando. Las escenas son dardos contra el poder político de su país, que le pretende amordazar.

Pero “Taxi Teherán” también termina siendo una película costumbrista, cine social. La realidad de la capital iraní se nos muestra abiertamente desde esa cámara que viaja en sobre la guantera del taxi. Vemos el caos circulatorio, vemos a la gente paseando, cruzando la calle por cualquier sitio, vemos que en los taxis ocupados la gente sube mientras haya sitio, escuchamos las opiniones de gente de diversa condición, vemos niños buscándose la vida en los cubos de basura, gente vendiendo películas piratas, o cds grabados de músicos que no se pueden comprar en las tiendas iraníes… que la gente sepa que cierta música y cierto cine solo puede tenerse en Iran de modo clandestino. Desde ese punto de vista, en el que se aprecia la realidad de Teherán a día de hoy, el film es muy interesante.

Lo mejor de todo es que Panahi, a pesar de todas las limitaciones técnicas y argumentales, consigue provocarnos emociones y hacernos ver las cosas que quiere mostrar, sin resultar pesado, ni dogmático, ni trascendente, más bien al contrario, vemos la película de un modo ligero, como un entretenimiento agradable incluso en las secuencias en las que más conscientes somos de lo indignante de algunas leyes que imperan en ese país.

No obstante, hay que admitir que como producto cinematográfico, “Taxi Teherán” es irregular. Algunas conversaciones se alargan quizá más de lo debido y poco a poco se va perdiendo ese ritmo inicial, que la primera mitad de la película sea tremendamente entretenida e interesante. No obstante, tras ese bajón en los tres cuartos de película, al final levanta el vuelo. El modo en que termina el film Panahi me parece brillante, uno de esos finales que se te quedan en la memoria para siempre.

“Taxi Teherán” es una película distinta a todas. Valiente, comprometida, necesaria, llena de esperanza en el género humano. Un género humano que se nos muestra en toda su extensión, desde lo más adorable a lo más despreciable, conviviendo en un contexto muy especial. Desde fuera es muy fácil verlo, pero habría que estar allí, viviendo en esa cultura desde que naces, y entonces veríamos dónde encajamos cada uno de nosotros.

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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Barça Dreams
Barça Dreams (2015)
  • 5,9
    457
  • España Jordi Llompart
  • Documentary, Lionel Messi, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, ...
5
De Gamper a Messi
“Barça dreams” es un documental escrito y dirigido por Jordi Llompart en el que se repasan los más de cien años de historia del F.C. Barcelona, desde su fundación a cargo del suizo Hans Gamper (rebautizado como “Joan”) hasta alcanzar, en el momento presente, las más altas cotas de éxito, popularidad y admiración en todo el mundo.

Este repaso a la historia del Barça se vertebra a través de imágenes (fotografías y videos) de archivos, una voz en off que va narrando la semblanza del club, y un montón de entrevistas a personas relevantes (jugadores, ex jugadores y entrenadores, periodistas, etc.) como Cruyff, Sadurni, Rexach, Xavi, Piqué, Messi, Iniesta, Abidal, Koeman, Van Gaal, Alexanko, Venables, Lineker, Bakero, Carles Santacana, Graham Hunter, etc.

El documental narra la historia de modo cronológico. Comienza con la fundación del club, a cargo del suizo Gamper, que llega a Barcelona a finales del siglo XIX y pone un anuncio en un periódico buscando jugadores para jugar al fútbol. Los doce que contestan al anuncio fundan el Barça en 1899. Aquellos doce fueron los primeros de una institución a la que hoy siguen millones de personas en todo el mundo.

Lógicamente, hay pocos documentos gráficos de aquellos tiempos, por lo que los primeros 50-70 años de la historia del club va pasando por la pantalla de un modo más acelerado que los últimos años, en los que sí se detiene más el autor, para terminar de conformar 120 minutos de exaltación del barcelonismo.

En el documental hay tres grandes protagonistas, que quedan como los tres principales iconos del club a lo largo de la historia: Kubala, Cruyff y Messi. Kubala fue el primer gran ídolo de masas del barcelonismo, en los años 50. Con él se quedó pequeño el viejo campo de Las Corts y se hubo de construir el Camp Nou.

Cruyff tiene dos vertientes: como jugador y como entrenador. Como jugador, llegó al Barça en el año 73 y nada más llegar rompió 14 años de sequía de títulos de liga, llevando al equipo a ser campeón arrasando en una temporada perfecta que incluyó un inolvidable 0-5 al Madrid en el Bernabéu. Como entrenador, Johan llegó a un Barça descompuesto por el motín del Hesperia y lo reconstruyó, ganando cuatro ligas y la primera Copa de Europa de la historia del club. Pero más que los títulos, Cruyff implantó un estilo, una filosofía de juego, que aún perdura y que es la seña de identidad del equipo. El “estilo Barça” que tanto enorgullece al barcelonismo. En el documental se incide mucho en la idea “Si nosotros tenemos el balón, sólo podemos ganar nosotros”, para defender la posesión del balón como principal arma a partir del cual derrotar a los rivales.

A Messi, como jugador más importante del actual Barcelona que ha levantado cuatro Champions en los últimos diez años, siendo el equipo más admirado del mundo, le dedica la última parte del film, hablando de su difícil llegada a Barcelona siendo un niño enfermo, su irrupción en el primer equipo de la mano de Rijkaard y Ronaldinho, y su irresistible ascenso hasta la cima del fútbol mundial junto a otros futbolistas de enorme talento como Xavi e Iniesta.

También hay lugar para la política, era inevitable. Se cuentan los problemas del club durante la dictadura de Primo de Rivera (se clausuró el estadio durante 6 meses por silbar al himno español) y la de Franco (les obligaron a quitar las cuatro barras del escudo, les cambiaron el nombre del club, les impidieron usar el catalán, etc.). Se habla del asesinato de un presidente del club por las tropas franquistas, de la identificación del Barça con el catalanismo, etc.

Otro episodio importante es el fichaje de Di Stéfano. La versión de la película es que el régimen trató de impedir por todos los medios que el Barcelona, que en aquel tiempo era el mejor equipo de España con Kubala al frente, se reforzara también con Di Stéfano, por lo que cambió leyes y dictó decretos para que al final el argentino vistiera de blanco, cambiando así la historia del fútbol español, ya que el Madrid llevaba veintitantos años sin ganar una liga, y con la llegada de “La Saeta” comenzó a encadenar éxitos en España y en Europa.

Hay un pequeño espacio también para las secciones deportivas, pero muy pequeño. Aparece Pau Gasol hablando del Barça, aunque Pau estuvo apenas dos o tres temporadas en el primer equipo ya que en seguida se fue a la NBA.

En lo que sí se extiende más el documental es en la importancia de La Masía y la formación de jugadores. Creada por Núñez a finales de los 70, no es hasta la llegada de Cruyff como entrenador que empieza a dar frutos. Tanto Xavi como Messi, Iniesta y Piqué hablan maravillas de su etapa formativa, destacando tanto su crecimiento futbolístico en la academia azulgrana como la función de cuidar el desarrollo humano de los niños que allí se crían y los valores que les enseñan.

La película es lo que se espera. Una apología del barcelonismo para disfrute de quienes sienten esos colores, que seguramente no gustará a quienes prefieren otros equipos, y que no interesará nada a quienes no les gusta el fútbol. No aporta gran cosa, no nos cuenta nada que no sepamos, pero si eres del Barça disfrutarás con espectaculares imágenes de fútbol y siempre viene bien recordar que el camino al éxito no ha sido fácil y que hasta hace unos pocos años, el Barça era un eterno aspirante, lejos del olimpo en el que ahora reside.

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11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El club
El club (2015)
  • 7,1
    9.072
  • Chile Pablo Larraín
  • Roberto Farias, Antonia Zegers, Alfredo Castro, Alejandro Goic, ...
8
Un club al que no quiero pertenecer
Esta película chilena dirigida por Pablo Larraín se inicia con una cita del Génesis en la que se dice que Dios separó la luz de las tinieblas. Como una especie de extensión de ese argumento, Larraín filma la mayor parte de la película de noche, o en atardeceres, o en interiores en penumbra. Entre esta fotografía de claroscuros y las imágenes sucias, de enfoques imperfectos, Larraín crea una atmósfera sombría y áspera, como esas grabaciones de algunos grupos de rock garagero cuya producción poco cuidada forma parte del producto.

“El club” es claramente un grito contra una de las peores miserias de la Iglesia católica: la pederastia ejercida por sus miembros. Por los miembros de sus miembros. Un tema tan feo y siniestro como el envoltorio de esta película. Un tema proclive a ser tratado de un modo explícito y espectacular, y que sin embargo Larraín trata de una manera diferente. Elude la crítica fácil, con pobres niños inocentes sometidos a los deseos de demonios con sotana. Va por un camino distinto, todo está implícito, sugerido, es mucho más lo que escuchas y lo que imaginas que aquello que realmente ves.

Este modo de narrar es más arriesgado pero al mismo tiempo provoca mucho más desasosiego en el espectador, puesto que la imaginación siempre es más potente que cualquier plano visual. Larraín te ahoga con sus tenebrosas imágenes, con las palabras sucias e inmisericordes, te asfixia con esa historia tan buñuelesca y despiadada. Pero no hay sotanas, no hay iglesias, no hay apenas símbolos religiosos, nada es explícito, no sabemos casi nada de esas personas que purgan sus pecados en esa casa solitaria y que pasan las horas rezando y adiestrando a un perro de carreras. No sabemos los antecedentes de cada uno, ni sus porqués, pero (o precisamente por eso) nos sobrecoge lo que se nos muestra.

Y esa mujer, la que los cuida, los vigila y los controla. La que los manipula y los mantiene a salvo del mundo exterior a través de rutinas y horarios, más propios de la vida castrense que de la civil. Enigmática, con esa voz y esa sonrisa que te hiela el alma… Al final es el personaje que más miedo da (excelente la interpretación de Antonia Zegers).

Punto y aparte merece el personaje de “Sandokan” (Roberto Farías). Un alma huérfana que la Iglesia acogió para destruirlo para siempre, que vaga por el pueblo borracho y que de vez en cuando grita contra quienes le destruyeron, no tanto por pedir justicia ni por sacar la rabia de dentro sino seguramente porque lo único que le queda es no olvidar nunca aquello que le llevó a convertirse en lo que es. Este espléndido personaje (maravillosamente interpretado por Roberto Farías, rebosante de talento) está fuera de la casa pero de algún modo marca la pauta de lo que sucede dentro de ella.

Larraín es increíblemente duro con sus personajes y nada complaciente con el espectador. Utiliza la música para reforzar la intensidad dramática y un humor negro que aparece con cuentagotas que no llega a servir de respiro sino que más bien refuerza aún más el drama. Consigue que algo te haga gracia y que te sientas mal por ello.

“El club” destaca también por su ritmo narrativo, su tensión latente (tiene toques de película detectivesca y de thriller psicológico) y su magnífico guión. Un guión repleto de virtudes, con grandes dosis de provocación, y las justas de humor negro, ironía, buenos diálogos y toques de efecto sorprendentes que dejan al espectador boquiabierto y/o sobrecogido.

Además de los ya citados Roberto Farías y Antonia Zegers, el resto de actores que componen el elenco de esta película rayan también a muy alto nivel. Están Alfredo Castro, Jaime Vadell, Alejandro, Goic y Alejandro Steveking. Todos brillan a gran altura en una película de las que no se olvidan, que va creciendo en intensidad y que se termina por desbordar en una parte final que pone los pelos de punta.

Es una película que te sorprende, aunque esperes que lo haga. Con una propuesta formal muy sencilla en su concepto, ambientación y puesta en escena, pero con una contundencia tremenda y una intensidad ideológica notable. Para mí, no es solamente una desgarrada crítica contra la Iglesia, sino contra el ser humano y su naturaleza, contra las miserias que anidan en el interior de los hombres.

“El club” es demoledora. Por eso, no es apta para todos los públicos. Se pasa mal. Quien no quiera pasarlo mal en el cine, que no vaya. No es una película para ver comiendo palomitas porque terminarías vomitándolas o atragantado. Es incómoda, dura, nada amable. Es estremecedora. Es una maravilla descubrir que aún hay directores capaces de que su narrativa transite por caminos prácticamente inexplorados.

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18 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil