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Críticas de keizz
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Tarde para la ira
Tarde para la ira (2016)
  • 7,0
    29.752
  • España Raúl Arévalo
  • Antonio de la Torre, Luis Callejo, Ruth Díaz, Manolo Solo, ...
8
Brutal debut
El conocido actor Raúl Arévalo debuta como director, y lo hace con una contundencia sorprendente, creando un thriller con sabor a la España de los años 80 pese a estar ambientada en la actualidad, forjando un film seco, incómodo y brutal, que anuncia a un director que seguro que dará mucho que hablar.

“Tarde para la ira” no va entrando poco a poco, lo hace desde la primera secuencia. La escena inicial es una inyección que hace que entres en la película de golpe, sin calentar. Una bofetada de cine para que no desvíes la vista de la pantalla durante el resto del metraje. El atraco, la detención, unos títulos de crédito muy tarantinianos, y ya estás totalmente entregado a todo lo que va a venir a continuación.

Tras la bofetada inicial, Arévalo va poniendo las piezas delante del espectador, una por una. El bar, Ana, José, el padre en el hospital, una pulsera, la cárcel… y no deja que el público enlace todas las piezas de la trama hasta la mitad de la película, cuando todo gira hacia una dirección espeluznante y sin retorno.

Durante esa primera mitad, no puedo evitar recordar el cine quinqui de los años 80 por ese retrato del Madrid suburbial y esa jerga tan característica. Pero en la segunda parte de la película es el espíritu de Sam Peckinpah quien toma las riendas de la película, la cosa se pone seria, y uno no da crédito a que lo que está viendo en la pantalla sea obra de un director español novel.

Hay un gran trabajo en la construcción de los personajes. Habitantes de los barrios más desfavorecidos de Madrid, perdedores que viven más en la taberna que en casa, fracasados de la vida que buscan la gloria sobre el tapete ganando una ronda de cubatas al mus. Complejos seres que acumulan derrotas y sed de venganza, personas a quienes la vida ha mimado poco y cuyo destino parece estar escrito.

Las interpretaciones de estos personajes son todas excelentes, pero por supuesto uno se queda fascinado por la mirada helada de Antonio de la Torre, quien compone un personaje taciturno e inolvidable que va desarrollándose y evolucionando en cada escena, a medida que avanza la película. De la Torre demuestra un poderío interpretativo inconmensurable, con una contención y frialdad que no cualquiera lograría transmitir. Grandioso.

A su lado, Luis Callejo vuelve a demostrar que es uno de los actores españoles en mejor forma, y Ruth Díaz poniendo de manifiesto que es una actriz que debería ser tenida mucho más en cuenta. Y no puedo evitar mencionar la corta pero inolvidable aparición de Manolo Solo, que en los diez minutos que aparece se cuela en la memoria del espectador para siempre. Muy grande.

Arévalo gusta de los planos secuencia y nos deleita con varias escenas apabullantes de cámara en mano combinadas con un montón de primeros planos rodados con elegancia y una sabiduría impropia de un novato. Todo ello aderezado con una magnífica ambientación y una música muy flamenca, muy de barrio, para evocar, una vez más, ese cine español de hace treinta años en el que los protagonistas eran chavales macarrillas destinados a morir en algún atraco o por sobredosis.

Todo funciona bien en esta película. Los personajes turbadores, la trama perfecta que combina el thriller con el drama intenso, el fondo en el que se plantea el sentido que tiene la venganza, y donde acaba ésta y empieza el ensañamiento. La tristeza que desprenden la vida rota de José por lo que le pasó hace ocho años, la vida rota de Curro tras pasar por la cárcel y su dolor por no poder retomar lo que dejó, la vida rota de Ana confundida entre amores equivocados y una juventud que ya se le ha escapado en vano. Vidas rotas, y las que faltan por romperse.

Excelente película. Inesperada sorpresa. No sobra ni falta nada. No hay una escena superflua ni un momento prescindible. Es dura, arriesgada y precisa. Es tensa, arrebatadora y desoladora. Estoy seguro de que dentro de unos años presumiré de haberla visto de estreno.

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47 de 64 usuarios han encontrado esta crítica útil
El caso Fischer
El caso Fischer (2014)
  • 6,2
    4.699
  • Estados Unidos Edward Zwick
  • Tobey Maguire, Peter Sarsgaard, Liev Schreiber, Michael Stuhlbarg, ...
6
El genio de la guerra fría
El campeonato mundial de ajedrez de 1972, disputado en Reykjavic entre el norteamericano Bobby Fischer (Tobey Maguire) y el soviético Boris Spassky (Lieb Schreiber) fue un acontecimiento, no sólo deportivo, sino político, social y mediático sin precedentes. En plena Guerra Fría, este histórico enfrentamiento fue mucho más allá de la pura competición deportiva.

Edward Zwick dirige este film en el que se analiza la complicada personalidad de Bobby Fischer, el genio del ajedrez norteamericano, que fue capaz de acabar con el dominio soviético en este deporte convirtiéndose así en el héroe de Occidente en aquel tiempo. Se pone el foco en los orígenes de Fischer, en su infancia, su juventud y sus inicios en el ajedrez hasta llegar a la cumbre en la famosa partida de Reykjavic. Lo que pasa después se limita a contarlos sucintamente en unos párrafos al final del film.

A Zwick le interesa más que nada la compleja mente de Fischer. Se centra en sus obsesiones, sus miedos, su genialidad ante el tablero, su insolencia y excentricidad en lo personal. Indaga en el complicado entorno familiar en que se crió y en la soledad en que se vió obligado a refugiarse, con el ajedrez como único estímulo en una edad muy delicada. Y esto lo hace bastante bien, pues logra crear una atmósfera y una tensión que hace que el espectador se interese realmente por el personaje y sus peculiares vicisitudes, todo ello aderezado con una excelente ambientación.

El modo en que el director plasma el desarrollo de las partidas, mediante primeros planos de los rostros de los jugadores combinados con otros de los movimientos de las piezas hace que los espectadores siempre sepan interpretar las jugadas. Incluso aunque no sepas jugar al ajedrez en absoluto, sabes si el movimiento ha sido una buena o mala jugada por el modo en que se representa.

Bobby Fischer es uno de los personajes más interesantes del siglo XX, en mi opinión. Su irresistible talento y su perturbadora personalidad hacen de él un personaje al que siempre es fascinante acercarse. Su mente seguía su propia lógica, funcionaba de un modo distinto al que funcionan las demás. Delante del tablero era brillante, innovador, valiente, creativo, seguro de sí mismo. Pero cuando las piezas se guardaban en la caja y tenía que ocuparse de los movimientos de su propia vida era un completo desastre, autodestructivo, caprichoso, incapaz de socializar y con graves problemas de autoestima.

Todo esto queda bastante bien expuesto en la película, y es muy difícil hacerlo. En este sentido, hay que aplaudir la labor de Zwick. El espectador se interesa por la figura de Fischer, irremediablemente. Y creo que más los que desconocían su figura que quienes ya sabíamos de él. Para mí, esto es lo mejor de la película, junto con el punto álgido que es sin duda el desarrollo de la famosa sexta partida del mundial del 72.

Tobey Maguire está indiscutiblemente bien, pero a mi me pasa algo con este actor, y es que no me lo creo. Ni siquiera cuando, como en este caso, consigue una interpretación muy buena. Maguire hace una gran composición de personaje, hace un trabajo metódico, riguroso e irreprochable. Sin embargo, por lo que sea, no le veo de Bobby Fischer. Pero en fin, es cosa mía. Objetivamente, la verdad es que su interpretación es bastante buena. Junto a él, destaca también Liev Schreiber con una muy buena caracterización de Boris Spassky, en un papel muy contenido de estos que se le dan tan bien interpretar. Asimismo, los otros dos actores principales, Michel Stuhlbarg y Peter Sarsgaard están correctos.

Quizá el problema de la película sea su intento por ser demasiado estricta con los hechos. Suele ser el problema de los biopics. Contar los hechos está muy bien, pero en las películas hay que poner algo más para añadirle fuerza. Para contar los hechos sin más ya están los documentales. En este caso creo que la película habría salido ganando si en vez de ser tan precisa hubiera tenido algo más de alma.

Quizá para los grandes aficionados al ajedrez la película defraude un poco. No se habla mucho de ajedrez, de la técnica del ajedrez ni de la esencia de su juego. No es la típica película que crea afición, de la que sales con ganas de jugar al ajedrez. En ese sentido, es una película destinada más bien a los profanos en la materia. Por otra parte, el componente histórico agradará a ambos bandos.

Yo se que no es una gran película, pero me gustó. Tiene bastante interés, para mi gusto, pues siempre me llamó la atención la figura de Bobby Fischer. Seguramente a nivel artístico no sea gran cosa, pero me parece una gran manera de pasar dos horas.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Al final del túnel
Al final del túnel (2016)
  • 6,5
    5.792
  • Argentina Rodrigo Grande
  • Leonardo Sbaraglia, Clara Lago, Pablo Echarri, Federico Luppi, ...
6
Tensión resuelta
Rodrigo Grande dirige esta película de suspense al más puro estilo Hitchcock (hombre tranquilo e inválido se enfrenta a delincuentes profesionales armado sólo con su inteligencia). Y no sólo se trata de la trama, también el estilo narrativo, los elementos en que se apoya (la música y los efectos visuales), los sorprendentes giros de guión, la sensación de claustrofobia que desprende el protagonista que no puede moverse (incluso su perro, tampoco puede caminar), etc. hace que uno se acuerde del cine del Hitchcock irremediablemente.

La película mantiene la tensión durante las dos horas que dura. Y, a pesar de que hay pocas escenas de violencia, éstas son impactantes y uno se teme que se repitan en cualquier momento porque se respira constantemente que cualquier cosa puede pasar.

Hasta aquí, todo bien. El problema es que todo esto debería estar sostenido por un guión sólido y convincente, y no es el caso. Las situaciones, desde el principio, no atienden a ninguna lógica. El personaje de Berta está metido con calzador, y no digamos el de su hija Betty, que figura en la película con la única función de que el malo sea más malo todavía, y por extensión, Berta más tonta de lo que ya de por sí se podía esperar.

A pesar de que casi toda la película se desarrolla en el interior de la casa, se nota que la producción no ha reparado en gastos. La fotografía es excelente y la música está bien, a pesar de que creo que está mal utilizada. Y en el elenco de actores tampoco se han cortado. Leonardo Sbaraglia, Clara Lago, Federico Luppi, Pablo Echarri… no son precisamente actores baratos. Y creo que aciertan, porque la película será un éxito en taquilla, o debería serlo.

Hablando de actores, Sbaraglia y Echarri son lo más logrado de la película en el tema interpretativo. A pesar de que ambos están bien, tampoco va a ser la mejor actuación de su vida. Pero vamos, cumplen. Clara Lago en cambio no me convence. Y no es porque hable con acento argentino (que lo hace bastante bien, la verdad) sino porque no tiene talla como actriz, o yo no se la veo. Muy floja. Y Federico Luppi… su sola presencia ya vale la pena, pero sentí que su talento quedaba totalmente desaprovechado en un personaje demasiado simple para su calidad interpretativa, que la sigue teniendo aunque esté tan mayor.

Volviendo a la música, me parece el ejemplo claro de lo que es la música mal utilizada en el cine. Estoy seguro que esa música escuchada en casa gustaría a cualquiera. En cambio, dentro de la película se vuelve hasta molesta. No encaja. No aporta nada. Más bien resta. Utilizar bien la música parece fácil, pero en esta película se demuestra que no lo es.

¿La única función del perro inválido es desvelarnos el motivo por el que la niña no habla? ¿La única función de la niña es mostrarnos lo malísimo que es el malo? ¿Todo tiene que ser tan extremo? ¿Es normal que un tío que va en silla de ruedas trabaje en el sótano, teniendo una casa enorme y viviendo solo? ¿Tiene algún sentido que una mujer como Clara Lago esté enamorada de un delincuente macarra, que además pasa de ella? ¿Para qué sale la niña al pasillo cuando el malo está interrogando al paralítico y éste está diciendo que no hay nadie? ¿Por qué el español se tira media película diciendo que ha perdido el reloj? Se supone que los espectadores se deben creer las cosas que pasan en la pantalla, pero algunas veces no lo ponen fácil.

Lo mejor de la película es que, con todos sus defectos, mantiene el interés durante todo el metraje. Esto hay que ponerlo en el haber de Rodrigo Grande, que con un argumento plagado de lagunas es capaz de tenerte dos horas pendiente de saber cómo coño va a terminar aquello (aunque en el fondo, sabes de sobra cómo va a terminar).

Si eres capaz de abstraerte de las incongruencias del guión, disfrutarás mucho del film, pues los giros sorprendentes están muy bien dosificados en los momentos claves de la película y eso hace que la tensión no decaiga y hasta crezca. Pero para eso tienes que poner de tu parte y tragar con todo. Yo no pude. No logré meterme en esa historia tan rocambolesca, y me pareció que quedaban muchos cabos sueltos cuando terminó. A pesar de lo cual, no me lo pasé mal viéndola. El mínimo de entretenimiento lo tienes asegurado.

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39 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
Caballo ganador (Dark Horse)
Caballo ganador (Dark Horse) (2015)
  • 6,5
    109
  • Reino Unido Louise Osmond
  • Documentary
8
Mi reino por un caballo
En un pequeño pueblo minero de Gales afectado por la crisis, un grupo de amigos con perspectivas de futuro poco alentadoras deciden reunir dinero para criar un joven y poco prometedor caballo de carreras. Contra todo pronóstico, el caballo empieza a ganar carreras y todo el pueblo vibra al ver que su caballo es capaz de competir de tú a tú con los mejores caballos de la alta sociedad británica.

Emotivo documental escrito y dirigido por Louise Osmond que cuenta la increíble historia de “Dream Alliance”, un caballo criado en un solar, sin las mínimas condiciones necesarias para su desarrollo, hijo de una yegua que jamás ganó una carrera, y por el que todo un modesto pueblo de Gales apuesta el poco dinero que tienen convirtiéndose así en lo que da sentido a sus humildes vidas.

Por supuesto, el documental está basado en hechos reales, y alterna entrevistas con la gente del pueblo y los propietarios del caballo, con imágenes reales del mismo. Está narrado con maestría de modo que el espectador se mete de lleno en la historia, hasta el punto de que uno llega a sentir que el caballo también te pertenece de alguna manera. La historia es épica y conmovedora, y te mantiene los noventa minutos que dura absolutamente metido en ella.

Todo empieza cuando Jan Vokes, una modesta camarera y limpiadora de un supermercado, escucha una conversación sobre caballos de carreras. Se interesa por el tema y empieza a obsesionarse con criar uno. Convence a su marido, y juntos encuentran una yegua muy barata, que había participado en algunas carreras y casi siempre había quedado última. Les pedían mil libras por ella, pero consiguen comprarla por 300.

Buscan un semental, y la yegua da a luz un potrillo. Para criarlo, buscan la ayuda económica del resto del pueblo, y así logran que 23 personas aporten 10 libras a la semana para la crianza del animal, siendo todos ellos copropietarios del mismo, a quien bautizan como “Dream Alliance”. A pesar de las precarias condiciones en que vive el caballo y los desalentadores antecedentes de las carreras de su madre, le buscan un entrenador bastante caro, para ver si son capaces de convertirlo en un buen caballo de carreras.

A partir de ahí, la historia transita por apasionantes cauces, subiendo al cielo y bajando al infierno, con giros de trama completamente inesperados que hacen que el espectador no se apee del caballo en toda la película, y que llegue a emocionarse en determinados pasajes.

No importa que no entiendas nada de caballos, ni de las carreras. La película te enseña lo necesario para disfrutarla. Para que veamos la dimensión de lo conseguido por estos aldeanos, nos muestra como algunos jeques llegan a pagar más de un millón de libras por un prometedor caballo al que luego entrenan con los mejores medios que existen, y finalmente no consiguen ganar carreras. En deporte, dos más dos no siempre son cuatro. El talento innato a menudo triunfa sobre el que trabaja con los mejores medios a su alcance, incluso cuando se trata de animales.

La hípica siempre ha sido un deporte de nobles, de gente de alta sociedad. Y concretamente en Gran Bretaña las clases sociales siempre han estado especialmente diferenciadas. No es en absoluto normal que un “plebeyo” pueda codearse con un noble, que generalmente tienen su propio ámbito, sus exclusivos clubs. Por eso, más allá de ganar o perder carreras, el verdadero triunfo es que estos 23 humildes habitantes de un pueblo de los valles mineros galeses fueran capaces de tutearse con la aristocracia británica a través de su caballo. Todo un sueño.

Son espectaculares los planos del bello y elegante caballo, especialmente impresionantes los primeros planos de los ojos. Esos ojos negrísimos, enormes y que transmiten (o me transmitieron a mi) un punto de tristeza. Irresisitible ese primerísimo plano, cuando toda la pantalla se llena de ojo de caballo. Y esos valles mineros galeses, con ese verde espectacular y los caballos corriendo, una maravilla.

Toda una sorpresa positiva este documental. Muy disfrutable. Una historia magnífica (con el añadido de que es real) y altamente emotiva que no decae en ningún momento de su poco extenso metraje, con unos personajes de los que te terminas encariñando inevitablemente, especialmente con ese caballo con calcetines blancos que hizo que unos modestos pueblerinos tocaran la gloria. Vale mucho la pena verlo.

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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La clase de esgrima
La clase de esgrima (2015)
  • 6,2
    1.203
  • Finlandia Klaus Härö
  • Märt Avandi, Ursula Ratasepp, Lembit Ulfsa, Kirill Käro, ...
6
Historia dura, película blanda
En 1950, un joven campeón de esgrima llamado Endel Nelis (Mart Avandi) abandona Leningrado y llega a Haapsalu (Estonia) huyendo de la Policía secreta de Stalin. En Haapsalu comienza a trabajar como profesor de educación física y funda un club deportivo para sus alumnos. La mayoría de estos niños son huérfanos como consecuencia de la ocupación rusa (y, anteriormente, alemana), y Endel se convierte en una figura paterna para ellos, un modelo a seguir que consigue transmitirles su pasión por la esgrima. Pero el director tiene celos de su éxito y empieza a indagar en el pasado de Endel.

Dirigida por el finlandés Klaus Haro, “La clase de esgrima” nos sitúa en la Estonia perteneciente a la URSS a principios de los 50, cuando el yugo de Stalin se ceñía con fuerza en los estados recientemente anexionados a la Unión Soviética. Con la fuerza añadida de tratarse de hechos reales, Haro mezcla drama, historia, superación personal, deporte y romance, aunque creo que no llega a adquirir el tono necesario para hacer llegar al espectador con más nitidez la dureza que encierra la historia que cuenta.

La película es bonita, pulcra y ciertamente agradable, se disfruta, pero le falta vigor. Dejando al margen detalles que no son menores como la previsibilidad de ciertos desenlaces o clichés muchas veces vistos en películas de relaciones profesor – alumnos y en películas de deportes con partido final entre los protagonistas y los rivales, lo más reprochable creo que es la falta de fuerza narrativa para contar una historia que debió ser muy dura y no termina de transmitirlo.

A pesar de su magnífica puesta en escena, el espectador no termina de sentir el miedo cotidiano que sin duda debieron sentir los estonios en esa época histórica, siempre pendientes de que un chivatazo no hiciera que se presentara en su casa la policía secreta y terminara siendo deportado a un gulag. Creo que había historia y personajes como para haber hecho algo más poderoso.

Que no se me entienda mal, la historia está bien contada, la dirección artística es muy buena, la fotografía excelente y la música muy apropiada. El problema es que el director quizá ha querido ser demasiado imparcial, contar una historia de un modo muy aséptico simplemente poniendo delante del espectador una situación personal y política concreta recurriendo al esgrima y a los niños como válvula de escape a una situación terrible, y quizá con ello ha evitado que el público se involucre. Al final te quedas más en lo superficial que en el trasfondo del film, lo cual es una pena en este caso.

Las interpretaciones son correctas, como todo en esta película. Lo mejor es la actuación de los niños y la del protagonista, Mart Avandi, en una intepretación de perfil bajo repleta de naturalidad. Personalmente, me llevé una grata sorpresa al ver a Lembit Ulfsak, el viejo actor estonio que nos enamoró a todos en “Mandarinas”. Aquí no luce tanto en un papel corto y de poco margen para el lucimiento, pero aún así sus pocos minutos de trabajo son admirables de nuevo.

El sabor que me dejó la película es contradictorio. Por una parte tengo que admitir que me gustó ver la película, que es muy agradable, que la historia es muy buena, que sales del cine con la sonrisa en la boca, que hay mucha ternura en la película… en fin, que es eso que toda la vida hemos conocido como “una película bonita”. Y ante eso, nada que objetar, si no fuera porque cuando lo piensas no puedes evitar concluir que quizá deberías salir del cine indignado y con el alma en un puño si la película hubiera tenido otro tono. Y que seguramente esta segunda lectura le daría más notoriedad al film.

Por otra parte, las historias personales tampoco calan. Las de los niños con el profesor, tienen un pase, aunque creo que tampoco llegan al punto de intensidad que podrían haber tenido. Pero sobre todo no cala para nada la relación de amor de Endel con la profesora. Algo que parece puesto ahí por obligación, pero que no pinta nada en la película y que podría haberse quitado sin que el resultado cambiara para nada. Totalmente irrelevante.

El tramo final de la película se centra en los desenlaces de las dos tramas más importantes de la película: el resultado de los niños en el campeonato de esgrima, y el destino del profesor ante su posible arresto. Desgraciadamente, ambos desenlaces son previsibles y convencionales. Las explicaciones finales sobre la realidad de los hechos y lo que sucedió después con el profesor y su club de esgrima, nos recuerdan que lo que hemos visto ocurrió de verdad.

“La clase de esgrima” es una película muy entretenida, interesante para dar luz a un pueblo maltratado por la historia como el estonio, habitualmente conquistado y sometido por casi todos sus pueblos vecinos, y en el que su convencional desarrollo no impide que se disfrute de una brillante realización cinematográfica. Muy potable, pero con ese regusto amargo de que podría haber sido mucho mejor.

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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Demolición
Demolición (2015)
  • 6,4
    6.929
  • Estados Unidos Jean-Marc Vallée
  • Jake Gyllenhaal, Naomi Watts, Chris Cooper, Judah Lewis, ...
6
Gyllenhaal crea destruyendo
Davis Mitchell (Jake Gyllenhaal) es un exitoso ejecutivo felizmente casado. Un día sufre un accidente de coche del que sale ileso pero su mujer (Heather Lind) fallece. Esto le produce un bloqueo emocional que le descentra por completo. Primero le da por desmontar objetos y después por la demolición. Conocer a Karen (Naomi Watts) y su hijo (Judah Lewis) parece una buena oportunidad para recuperarse. O puede que terminen por volverse locos los tres.

“Demolición” la dirige Jean-Marc Vallée, el director que saltó a la fama con “Dallas Buyers Club”, pero cualquiera que aparezca en los créditos del film queda eclipsado por la espectacular labor de Jake Gyllenhaal quien, en un papel que le viene como anillo al dedo, desparrama en esta película todo su talento interpretativo hasta el punto de apropiarse absolutamente de la película, dejando todo lo demás en un segundo plano.

La película empieza como un cañonazo y en los primeros vertiginosos minutos te agarra fuerte de los huevos para asegurarse de que tiene toda tu atención. Luego te va soltando, y por momentos te deja de interesar. Es irregular, con un estilo narrativo algo atropellado, con un gran comienzo y un desarrollo un tanto anodino en según qué partes, pero en conjunto está bien, fluye generando interés y me parece una buena apuesta, especialmente en esta época del año en que la cartelera está tan desangelada. Y aunque sólo fuera por presenciar el trabajo de Jake Gyllenhaal ya estaría compensado el precio de la entrada.

Habrá quien diga que tantos magníficos trabajos de Jake Gyllenhaal en este tipo de personajes sólo pueden significar que no actúa, sino que hace de sí mismo. No estoy de acuerdo. Simplemente hay actores que dan mejor en un registro que en otro, como hay cantantes que lo hacen genial en el soul y no tanto en el rock’n’roll. El caso es que darle un papel perturbador a Gyllenhaal es una garantía de éxito.

Con ese gesto aparentemente imperturbable, Gyllenhaal se apodera de la pantalla y nos subyuga con su mirada inquietante y enigmática, con su presencia demoledora, absolutamente elocuente, con su inexpresiva expresividad que nos transmite más que cualquier buen diálogo. Últimamente, siempre que veo una película suya tengo la misma sensación. Siempre brilla, siempre está por encima de todos y del propio film.

La película alterna escenas brillantes, en las que uno siente que le han tocado la fibra con otras excesivamente forzadas o difíciles de encajar. La relación del personaje de Gyllenhaal con el de Naomi Watts no está muy bien trabajada y me rechina un tanto. Es un papel femenino metido con calzador que no aporta gran cosa y en el que a la propia Naomi no se la ve muy cómoda. En el otro lado de la balanza, el personaje del hijo (así como su interpretación por parte de Judah Lewis) sí está bien logrado. Otra cosa positiva es el sentido del humor, a veces negro, a veces sutil y casi siempre desconcertante, que está presente en toda la película y la engrandece.

Otro punto a favor son las canciones que suenan en la película. Esto para mí siempre es algo digno de ser celebrado. A ver, de memoria: “Crazy on you” de Heart (que aparte de escucharse tiene importancia porque se habla de ella en la película), “To be alone with you” de Sufjan Stevens, “La Boheme” de Charles Aznavour, “It’s all over now, baby blue”, en la versión de los Chocolate Watchband, y sobre todo la descomunal “Mr. Big” de Free, que ya me alegró la tarde del todo.

“Demolición” trata de profundizar en algo tan laberíntico como son los sentimientos, y lo hace con una gran naturalidad, como quien no quiere la cosa, intentando hacer sencillo algo tan complejo. A ratos lo consigue y a ratos no. Esa irregularidad narrativa no molesta porque es paralela a la propia inestabilidad de su protagonista. Es como si la propia película fuera dando tumbos, buscando su lugar, como hace también el personaje de Gyllenhaal. Ambos, película y protagonista, comparten búsqueda de autoafirmación, locura, rabia y sentimientos.

Es una película extraña, lo cual ya hace que valga la pena ser vista. Te atrapa desde el principio con ese irresistible inicio y, aunque, a mi juicio, tiene un caminar torpe y desacompasado, nunca deja de interesarte. Además, tiene coraje para afrontar el tema de la pérdida desde un punto de vista distinto, bastante irreverente, rozando la desfachatez. Lástima que el final sea más convencional. Si alguna vez te has sentido roto por dentro, “Demolición” te llegará mucho más todavía.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Todos queremos algo
Todos queremos algo (2016)
  • 6,2
    6.152
  • Estados Unidos Richard Linklater
  • Blake Jenner, Juston Street, Ryan Guzman, Tyler Hoechlin, ...
8
Juventud, divino tesoro
La película relata el fin de semana previo a comenzar las clases en la Universidad, en 1980, por parte de un grupo de jugadores de béisbol, en ese punto en que se transita de la diversión de la adolescencia a las obligaciones de la edad adulta.

Jake (Blake Jenner) llega a su alojamiento en la Universidad con su cajón lleno de vinilos y se encuentra con sus compañeros de casa y de equipo de béisbol. Allí pasará el fin de semana previo al comienzo del curso. Este es el irrelevante argumento de la histora que Richard Linklater ha utilizado para crear, una vez más, una película que es puro costumbrismo. Disfrazada de película de adolescentes, “Todos queremos algo” es un film más bien para quienes eran adolescentes en 1980. De hecho, parece mentira que la película no sea de esa época, de lo bien hecha que está.

Más allá de gustos personales, hay que reconocerle a Linklater la capacidad para hacernos reflexionar sobre el paso del tiempo y para hacernos revivir los buenos momentos de la vida, para capturar una época añorada con toda nitidez y pasarla durante dos horas por delante de nuestros asombrados ojos. Tras la apariencia de la típica película de universitarios, el director desgrana con pasmosa eficacia todo el catálogo de sentimientos y actitudes de la época que retrata. La transición de la adolescencia a la edad adulta y la transición de los años setenta a los ochenta quedan plasmados a la perfección en este film que da mucho más de lo que promete.

El retrato generacional que hace Linklater refleja con gran solvencia el espíritu de esos primeros años 80. Es una mirada tierna y evocadora a aquella irrepetible época individual, y a aquella década tan especial, se nota desde el primer fotograma que Linklater ha puesto muchas dosis de cariño en este proyecto.

La música es una parte primordial en la película. Era inevitable. La música de finales de los setenta y principios de los ochenta es pura historia de nuestra sociedad. Además, la música es algo absolutamente clave para cualquier chico de 20 años que tenga un desarrollo normal. Siempre es importante la música, pero a ciertas edades es sencillamente fundamental. Ya en la primera escena, en la que se ve a Jake conduciendo su coche, mientras suena por la radio el mítico “My sharona” de los Knack. La presencia de la música de la época es constante. No sólo por lo que suena, sino por las referencias que se hacen (uno de los chicos abandona la casa y deja como despedida un porro y un álbum de Pink Floyd).

Canciones que suenan, que recuerde así de memoria: la citada “My Sharona”, el “Rapper’s delight” en una escena cojonuda en la que lo cantan los chicos en el coche al estilo “Wayne’s world”, “Heart of glass” de Blondie, “I want you to want me” de Cheap Trick, “Good times roll” de los Cars, “Hand in hand” de Dire Straits, y por supuesto “Everybody want some!!” de Van Halen, entre otras muchas.

Los actores, todos muy poco conocidos, están excelentes y aportan naturalidad y credibilidad a la película. Atención a nombres como Blake Jenner, Glen Powell, Ryan Guzman, Wyatt Russell o Tyler Hoechlin, así como la encantadora Zoey Deutch, porque dado el nivel que muestran en esta película pueden dar mucho que hablar en el futuro.

El ritmo narrativo es espectacular, apropiado para este tipo de películas, y los diálogos también son excelentes, algo que es fundamental para que esta clase de films funcionen. En ocasiones da la sensación de que los protagonistas hablan y actúan sin guión, la sensación de naturalidad es absoluta.

Al contrario de lo que suele ocurrir en otras películas de este estilo, los protagonistas gastan bromas y se divierten sin parecer trogloditas, ni estúpidos. Linklater ha puesto cuidado en esto. No resultan desagradables sino todo lo contrario, uno se encariña de ellos y da un poco de rabia que se acabe la película sin saber qué será de cada uno de ellos en el futuro.

“Todos queremos algo” es una película tremendamente entretenida, eso por supuesto, pero es mucho más que eso. Es muy divertida, es entrañable, es una lección de cine, de cómo captar la esencia de ciertas épocas de la vida que nos marcan para siempre. Es una pequeña joya inesperada, que nos ofrece mucho más de lo que parece. Fui a verla para pasar el rato y salí rejuvenecido, si hubiera visto una discoteca habría entrado en ella.

Es una película optimista y vital. No se puede hacer más con menos. Es un canto a la amistad, a la vida, a esa sensación que una vez tuvimos de que teníamos tanta vida dentro que íbamos a explotar. Un canto al descubrimiento, a la diversión, a esos valores que una vez tuvimos cuando no estábamos sujetos a tantas circunstancias sociales. A la música, cuando la música era importante. Cuando cada día era una fiesta.

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22 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
Más allá de las montañas
Más allá de las montañas (2015)
  • 6,5
    1.570
  • China Jia Zhang Ke
  • Tao Zhao, Zhang Yi, Liang Jingdong, Dong Zijian, ...
7
Como pasa el tiempo
Tao (Tao Zhao) es una chica que vive en la ciudad china de Fenyang. Liangzi ( Jing Dong Liang) y Zhang (Yi Zhang) son dos amigos que están enamorados de ella. El primero es humilde y trabaja en la mina, mientras que el segundo ha hecho fortuna y es cada vez más rico. Obviamente, Tao decide casarse con Zhang. Liangzi, con el corazón roto, decide abandonar la ciudad. Tao y Zhang tienen un hijo, al que ponen de nombre Dollar (Zijian Dong). Pero las cosas no son como Tao imaginaba, y la pareja termina separándose y, de común acuerdo, deciden que Dollar se vaya a vivir con su padre, para que tenga más medios y vaya a mejores colegios. Inevitablemente, el futuro de Dollar se verá determinado por la situación de sus padres.

Se trata de la última película de Jia Zhang-Ke, el director de “Naturaleza muerta” y “Un toque de violencia”. Con su peculiar estilo, el director chino realiza este melodrama en tres actos. El primero transcurre en 1999, con el cambio del milenio, el segundo en 2014 y el tercero en 2025. Pasado, presente y futuro en las vidas de los personajes de esta película llena de emociones que transcurren en los habituales escenarios de las películas de Zhang-Ke, ciudades frías, paisajes desolados, minas, arena, obras y zonas nada pintorescas.

La película se inicia con el “Go west” de los Pet Shop Boys y un grupo de chicos y chicas bailando. No hay títulos iniciales. Estos aparecen a los 50 minutos, cuando ha acabado la primera historia (la del pasado) y comienza la segunda (la del presente). Ahí aparecen los créditos iniciales, de manera sorprendente, en uno de los habituales toques peculiares de este director.

Los tres actos de la película, bien delimitados, hacen que veamos con claridad el contraste ocasionado por el paso del tiempo. Este es el principal asunto que trata la película, el paso del tiempo y las consecuencias que tienen en el futuro las decisiones del presente. También se pone énfasis en la importancia del factor económico, tanto en las personas individualmente como en la sociedad en general. El dinero determina demasiadas cosas, desgraciadamente. El detalle de poner de nombre a su hijo Dólar, ya es suficientemente significativo.

Zhang-Ke también da un toque respecto al problema de la comunicación, algo que va creciendo a medida que pasa el tiempo. En el tercer capítulo, en el año 2025, el padre y el hijo hablan más a través de la tablet que con sus propias palabras, y cada uno lo hace en un idioma. El hijo ya no sabe hablar chino y apenas recuerda a su madre.

El ritmo es lento, como uno espera del cine asiático, pero la película no es tediosa en absoluto. Es el ritmo que corresponde. Incluso diría que quizá le habría venido mejor algo más de pausa, hay situaciones que se resuelven con excesiva celeridad, y subtramas que desaparecen sin saber por qué. El director apela a las emociones del espectador y la película tiene un tono triste y melancólico, incluso en la primera parte de la misma, en la que casi todo son risas, alegría y optimismo.

El contraste entre la alegría y la tristeza viene marcado por las dos canciones que suenan varias veces en la película: Por un lado “Go west”, y por otro “Take care”, una vieja canción en cantonés interpretada por Sally Yeh que es pura melancolía. Fuera de las canciones, hay escenas en las que suena música de piano y poco más.

Si la primera parte es alegría, optimismo y toma de decisiones, la segunda es puro dolor. Es el presente. Oscuro, sombrío, doloroso. Las personas queridas se van, están lejos. Los reencuentros no son como los imaginábamos. Como dicen en la película, “Nadie está en tu vida para siempre”.

Y luego llega la tercera parte, el futuro. Para mi, la peor de las tres. No terminé de entender las cosas que pasan, y no me creí casi nada de lo que vi. Y es una pena, porque hasta entonces me estaba gustando mucho. Tampoco me gustaron los diálogos de esa parte, ni las interpretaciones, ni las caracterizaciones (grotesca la del padre). Eso si, los minutos finales son poéticos y muy bonitos.

A pesar de esa última parte no tan buena, me gustó la película. Zhang-Ke es, definitivamente, uno de los directores asiáticos más interesantes de la actualidad. La película hace pensar, hace sentir, y a diferencia de la mayoría de los melodramas, lo hace con elegancia y buen gusto.

Quizá el problema es que algunos esperábamos otra “Un toque de violencia” y ésta es muy distinta. Tal vez Zhang-Ke ha sido demasiado ambicioso en su proyecto de intentar plasmar en película demasiados sentimientos, demasiados años de vida, demasiado amplio el catálogo de renovaciones que las personas sufrimos en 25 años de existencia en los que estamos en continua metamorfosis.

Es una película triste, y la tristeza es bonita. Como la escena final, triste, bella, apabullante.

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16 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
Green Room
Green Room (2015)
  • 6,1
    10.268
  • Estados Unidos Jeremy Saulnier
  • Patrick Stewart, Anton Yelchin, Imogen Poots, Alia Shawkat, ...
6
Rápida, directa y poco retórica, como el punk
The Ain’t Rights es una joven banda de punk que va de ciudad en ciudad dando conciertos en locales de poca monta. Mediante un conocido, son contratados para tocar en un club situado en un paraje perdido en los bosques de Oregón. Lo que en principio iba a ser un concierto más en un local de tercera categoría se termina convirtiendo en una angustiosa pesadilla al toparse el grupo, en el camerino, con un terrible acto de violencia.

Se trata de la nueva película de Jeremy Saulnier, que se está convirtiendo en un referente en este tipo de cine independiente oscuro, de thrillers de tensión y perversión psicológica. Una cinta que no da respiro. Desde el momento en que los miembros del grupo se encuentran con lo que se encuentran en el camerino, hasta el final de la película, no hay descanso, no hay respiro, todo vuela, todo es vigor narrativo, no hay tregua, los acontecimientos se suceden, la cinta se te pasa en un suspiro y terminas agotado.

“Green room” es como una canción punk. Corta, rápida, directa, violenta, descarnada. Para construir este torbellino de angustia, Jeremy Saulnier ha contado con actores de todo tipo, desde el veterano Patrick Stewart (que consigue crear un personaje inquietante gracias a su tremenda voz y su sabiduría interpretativa) hasta los emergentes Anton Yelchin e Imogen Poots. En este sentido, he de decir que los actores están por encima del nivel de los personajes que interpretan.

Y es que, a mi juicio, el gran punto débil de la película es la falta de desarrollo de los personajes. Nunca llegas a conocer a los personajes que aparecen en pantalla, no sabes quienes son, ni por qué son así. Y sin conocerles es muy difícil empatizar con ellos. Y si no empatizas con ellos, no puedes sentir la angustia ni las sensaciones que se supone que deberías sentir si te pusieras en su pellejo, que es lo que debería haber ocurrido pero no ocurre. Casi te da igual que maten a éste o al otro, total, no sabes quién son, ni te han explicado nada, poco te importa si le pegan un tiro en la cabeza, o si un perro asesino le destroza el cuello, o si se consigue escapar, te da más o menos igual. Este es el gran problema. Demasiada velocidad, demasiado poco desarrollo.

En lo bueno, indudablemente la fotografía que logra crear el clima necesario para la historia, tanto en las escenas de interiores en ese antro tan bien logrado como en los exteriores de ese bosque de Oregón tan turbador, la interpretación de Patrick Stewart, y lo entretenida que resulta, a pesar de estar abarrotada de todos los tópicos habidos y por haber sobre los neonazis y los punks (aunque, sinceramente, no me imagino yo a un grupo de punks preguntándose qué banda musical se llevarían a una isla desierta).

Y esta vez no voy a entrar a valorar la falta de credibilidad de lo que pasa porque en esta ocasión me parece un asunto menor. Evidentemente, si la situación fuera real, y hubiera tres chicos y dos chicas encerrados en un camerino, y afuera hubiera un montón de skinheads queriendo matarles, provistos de todo tipo de armas y de perros salvajes, pues tengo pocas dudas de lo que habría ocurrido. Pero esto es cine.

No obstante, las trampas cinematográficas están bien hechas. Los golpes inesperados funcionan y hay escenas que realmente impresionan. El señor Saulnier conoce bien su oficio y se ve que este tipo de películas las domina. Sabe provocar sensaciones, y su película desborda energía. Es difícil verla sin revolverte en la butaca continuamente.

“Green room” tiene un aire que evoca al cine de serie B de los años ochenta, pero le falta intención y mala leche para atrapar al espectador. No te hace sentir tan mal como otras películas con temáticas parecidas (en películas de supervivencia, mi favorita siempre será “Deliverance”), y se agradece que no haya innecesarias escenas gore.

En definitiva, está bien para pasar un rato entretenido, pero se queda a medias de todo. Los personajes están crudos, no se trata el punk como se debería, no se trata el tema de los neonazis, y a pesar de que la película tenía muy buena pinta en su planteamiento, a la hora de desarrollarla va perdiendo interés, a pesar de que su ritmo y su energía nunca decae.

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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Francofonia
Francofonia (2015)
  • 6,4
    751
  • Francia Aleksandr Sokurov
  • Louis-Do de Lencquesaing, Vincent Nemeth, Benjamin Utzerath, Johanna Korthals Altes, ...
5
Artedio
Antes de entrar al cine imaginé que seríamos tres o cuatro en la sala. Un sábado a primera hora de la tarde, una película francesa con un director ruso… no parecía la opción más apetecible para el público. Pero para mi sorpresa, entro a la sala diez minutos antes de que empiece y más de la mitad de las butacas ya están ocupadas. No entendía la expectación. Con lo que me gusta estar en la sala prácticamente solo…. Empieza la película y en cuanto aparece el título se levanta una pareja y se va. Era demasiado pronto como para que se fuera porque no les gustaba, así que supongo que es cuando se dieron cuenta de que se habían equivocado de sala. Dos menos.

“Francofonía” comienza cuando escuchamos a su director, Alekxandr Sokurov, hablando por videoconferencia con alguien que está en un barco que ha salido del puerto de Amsterdam con un cargamento de obras de arte. Sokurov habla en ruso y el capitán del barco lo hace en inglés. La conexión es mala y la imagen se pixela continuamente. En medio de la tormenta, al buque le cuesta mucho mantener la estabilidad y la integridad de las obras de arte que transporta corren serio peligro.

Luego escuchamos a Sokurov hablando mientras aparecen fotografías antiguas. Tolstoi durmiendo. Chejov igualmente dormido. Imagino que es una alegoría sobre el aletargamiento del arte ruso, otrora sobresaliente. Pero tampoco lo tengo claro. Más fotos. Militares, imágenes de Hitler y del ejército alemán llegando a Paris. Siempre que veo estas escenas inevitablemente me acuerdo de Casablanca (“los alemanes vestían de gris, y tú de azul”). Casablanca… qué peliculón… No! van cinco minutos de película y ya estoy divagando. Tengo que centrarme en lo que estoy viendo o me perderé.

El Louvre. Hitler toma Paris, y en Paris está el Louvre. El mayor refugio cultural de Europa. El director del Louvre, Jacques Jaujard (Louis-do de Lencquesaing) se entrevista con un oficial nazi, el conde Franziskus Wolff Metternich (Benjamin Utzerath) buscando un acuerdo para salvar las maravillas que atesora el Museo e impedir que la guerra produzca la destrucción de las obras.

Aparece Marianne, la representación de la revolución francesa, ataviada con el gorro frigio, correteando por el museo diciendo “Liberté, egalité, fratenité”. Al rato aparece Napoleón, señalando los cuadros en los que él aparece, diciendo “C’est moi”, a lo que Marianne replica “liberté, egalité, fraternité”. Empiezo a escuchar los primeros ronquidos, a mi izquierda.

A todo esto, Sokurov, entre imágenes de archivo y otras filmadas por él, sigue con su voz en off. El caso es que en los momentos en que consigues centrarte en la película, dice cosas interesantes como por ejemplo “¿Quién necesitaría a Francia si no fuera por el Louvre?”. El problema es que cuando consigues mantener el interés en algo, en seguida te descentras de nuevo. El escuchar tan pronto hablar en ruso como en francés o en alemán tampoco ayuda. Es muy difícil engancharse a esta película. El hombre que estaba sentado justo delante de mi, decide abandonar la sala, una sala en la que ya definitivamente el número de personas despiertas somos minoría.

Sokurov destila melancolía y pasión por el arte. Asimismo, deja caer una queja al diferente trato que dieron los alemanes al Louvre, que lo respetaron, y el que dieron al Hermitage cuando arrasaron Leningrado. De hecho, una de las cosas que más me impresionaron de la película es el corto episodio en el que se narra el devastador paso de los nazis por la Unión Soviética. Ahí el director sangra, claramente.

A estas alturas ya no se si estoy viendo una película, un documental, o un video casero que ha montado Sokurov con sus reflexiones personales sobre el arte y la historia acompañado de imágenes. Poco importa, la verdad, pero quien pretenda catalogar a esta película con algún tipo de etiqueta pierde el tiempo. Es inclasificable. Hay imágenes reales y ficticias, la historia no tiene un comienzo ni un final, y desde luego hay que tener conocimientos de arte y de historia si quieres entender mínimamente lo que te muestra.

Sokurov es capaz de fascinarte durante cinco minutos al poco rato te das cuenta de que estás mirando el reloj para ver si falta mucho. Y es una putada, porque eres consciente de que hay mucho arte delante de ti, y que te estás perdiendo algo, pero no puedes evitar que tu mente se evada. “Francofonia”, no eres tu, soy yo. Lo nuestro es imposible. Me gustas pero no te amo.

De repente, la pantalla se pone roja y comienza a sonar una versión distorsionada del himno ruso. Poco a poco va cambiando el color de la pantalla, ahora se pone negro con puntitos grises. La música va cambiando y ahora ya no es el himno ruso sino una música de orquesta absolutamente preciosa. La pantalla ahora se tiñe de azul intenso. Y en el centro de ese azul poco a poco aparecen unas letras pequeñas. La palabra que aparece es “fin”. En cuanto aparece, toda la sala se levanta como los niños cuando oyen el timbre del recreo. Yo decido quedarme hasta los títulos de crédito. Pero no hay. Una película tan rara tenía que terminar de un modo raro. No hay créditos. Se encienden las luces. Ahora si, estoy solo.

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18 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre perfecto
El hombre perfecto (2015)
  • 6,4
    2.972
  • Francia Yann Gozlan
  • Pierre Niney, Ana Girardot, Ludovic Berthillot, Valeria Cavalli, ...
6
Nobody's perfect
A pesar del título, la película no trata sobre mi. Trata sobre Matthieu Vasseur (Pierre Niney), un joven que trabaja haciendo mudanzas pero cuyo sueño es convertirse en escritor. A pesar de sus esfuerzos, no logra que publiquen sus trabajos. Un día, haciendo la mudanza de las cosas de un viejo que acaba de morir, descubre un manuscrito y decide hacerlo suyo. A partir de ahí, toda su vida cambia.

Yann Gozlan dirige este thriller, a caballo entre Hitchcock y Chabrol, en la que el joven muy bien interpretado por Matthieu Vasseur no puede resistir la tentación de plagiar un texto abandonado en un armario con tal de conseguir el sueño de su vida. Lo que pasa es que eso trae consigo que tengas que vivir siempre con mentiras, siempre intranquilo, siempre con temor a ser descubierto, entrando en una espiral invivible, pues cada vez que cierras un agujero se abre otro.

La película tiene todos los elementos de los films de suspense. La puesta en escena es excelente, la música ya nos inquieta desde el primer minuto, y la historia se va desarrollando manteniendo siempre el interés del espectador por lo que pasará a continuación. Además, entre Gozlan y Niney consiguen que lleguemos a empatizar con el protagonista, a pesar de que sus actos son objetivamente reprobables. No en vano, el protagonista es la víctima de su propia maldad.

Creo que Gozlan despacha el planteamiento de la película con excesiva celeridad. Desde que Vasseur encuentra el cuaderno del viejo hasta que ya le vemos convertido en famoso y casado con la guapa Alice (Ana Girardot), una mujer bella, rica y muy culta, a quien sólo le interesan los hombres de nivel intelectual alto, todo pasa excesivamente rápido. Vemos a Matthieu copiar el texto, aprenderse frases de Houellebecq y Romain Gary para hablar con la prensa, y sin más ya aparece con ella en la lujosa mansión de sus padres agobiado porque tiene que escribir una segunda novela.

A partir de ahí, ya con las cartas encima de la mesa, Gozlan empieza a tejer la historia que realmente quiere contar. Empiezan los enredos, vemos el estrés continuo de Matthieu, su terror ante la página en blanco, ante la expectación de su espectacular mujer (que además entiende muchísimo de literatura) por leer su segunda novela, la desesperación de quien tiene que ser quien no es, durante 24 horas al día, esforzándose por mantener en pie el castillo de naipes que ha levantado sobre una base de mentiras que puede desmoronarse en cualquier momento.

La película es indiscutiblemente entretenida, pero hay que decir que la trama tiene agujeros, hay cosas que parecen metidas con calzador y otras directamente muy difíciles de creer, pero a pesar de eso, el thriller funciona como tal ya que sabe manejar el suspense al modo tradicional. Y también gracias a la buena labor del protagonista principal. La interpretación de Pierre Niney es convincente y es gracias a ella que el espectador se involucra en lo que sucede en la pantalla.

Evidentemente, la falta de credibilidad le resta puntos. O el tipo es increíblemente inteligente, a la par que audaz (en cuyo caso sería James Bond, en lugar de un obrero que hace mudanzas) o tiene una suerte excepcional cada vez que intenta algo de lo que tiene muy pocas posibilidades de salir airoso. Pero en fin, es cine. Y en el cine estas cosas pasan, y nos gusta que pasen.

Resumiendo, hay muchas cosas en la historia que no me convencen, y que no contaré aquí para no fastidiar a quien quiera ir a verla. Eso, normalmente, sería suficiente como para decir que la película no me gusta. Pero en este caso, por alguna razón, se me hizo llevadero. Me entretuvo, por momentos me inquietó, me mantuvo en vilo, y sacó esa parte infantil que hace que te quieras creer lo que ves en la pantalla. Mientras dura la película, claro. Luego te das cuenta de que no.

Lo mejor de todo, para mi gusto, es que retrotrae al cine de Hitchcock y Chabrol, que a ratos parece que estés viendo una película de aquellos maestros de este tipo de cine. El guión es tramposo, sí, pero aún así apruebo la película. La banda sonora, la puesta en escena, la interpretación y el planteamiento moral que propone hacen que valga la pena pasar un rato viéndola.

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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Corazón gigante
Corazón gigante (2015)
  • 7,0
    5.333
  • Islandia Dagur Kári
  • Gunnar Jónsson, Ilmur Kristjánsdóttir, Margrét Helga Jóhannsdóttir, Sigurjón Kjartansson, ...
8
En el buen sentido de la palabra, bueno.
Fusi (Gunnar Jonsson) es un cuarentón que vive con su madre. Trabaja en el aeropuerto, donde es objeto de las bromas de sus compañeros. Fuera del trabajo, pasa el tiempo jugando con coches teledirigidos o recreando batallas de la Segunda Guerra Mundial con maquetas. Dado que nunca ha salido con ninguna chica, para su cumpleaños su madre le regala un bono para unas clases de baile. Allí conoce a Sjöfn (Ilmur Kristjansdottir), una mujer dinámica, inestable y solitaria como él.

Dirigida por el islandés Dagur Kari, “Corazón gigante” es una película sencilla e intimista que indaga en los descubrimientos personales de un alma ingenua. Es lo que sería una película sobre adolescentes, con la diferencia de que aquí el adolescente tiene más de cuarenta años. A pesar de ello, se produce una empatía casi inmediata entre el personaje de Fusi y los espectadores. Tal vez porque, a una u otra edad, todos hemos sentido alguna vez los miedos e inseguridades que siente Fusi ante todo lo que se encuentra fuera de su mundo interior.

Fusi es un niño. Un niño dentro de un corpachón que parece una montaña. Un niño de cuarenta y tres años, pero un niño al fin. Los demás niños le reconocen como niño, y quieren jugar con él. Pero los adultos le ven como a un adulto pervertido, o loco, o las dos cosas. Pero siendo niño, no tiene la crueldad típica de los niños. El es bueno, servicial, le gusta ayudar, no guarda rencor a sus compañeros que se burlan de él. No intenta nunca vengarse de quienes le humillan por ser tan gordo, o tan pusilánime.

No es nuevo en el cine el tema del hombre con problemas para relacionarse con los demás por su aspecto físico. Aquí además, añadido a su falta de madurez. Pero Kari trata el tema de un modo poco convencional. Uno se espera la típica historia de crecimiento personal en la que el tonto al final es listo, en la que el bueno tiene su recompensa y los malos su castigo. Y no, esta es una sencilla historia de descubrimiento de la vida, de asomar la cabeza fuera del mundo individual de Fusi.

Toda la pelicula orbita en torno al excepcional trabajo de Gunnar Jonsson, que compone con maestría un personaje entrañable, del que toda la sala se queda prendado. Cualquiera que vea la película no dudaría en llevarse a Fusi a su casa y adoptarlo. A todos nos gusta tener al lado a alguien como Fusi, que rezuma ingenuidad, nobleza, lealtad, honestidad, “un ser humano maravilloso” como le define Sjöfn en un momento del film.

Me gustó mucho la película. Es una obra que tiene grandes contradicciones que me gustan. Por ejemplo, no queda muy claro si es un drama o una comedia, ya que tiene buenas dosis de ambas cosas. Igual de contradictorio es el propio personaje central, con pinta de ogro por fuera, pero tierno y delicado por dentro. También resulta contradictorio que los niños quieran a Fusi porque le sienten como uno de ellos, mientras que los adultos le desprecien y piensen que es un pederasta por el simple hecho de jugar con niños. Asimismo, me pareció fascinante el hecho de que conocer a Sjöfn, que es una persona claramente inestable, sirviera para que Fusi encontrara la estabilidad en su propia vida. A menudo no hay nada más coherente que lo contradictorio.

Bajo esa gran capa de tejido adiposo que cubre el mastodóntico cuerpo de Fusi se esconde una persona asustada, inestable, alguien que no se encuentra cómodo en la vida, desorientado en un mundo hostil, que no comprende, que recela de su descomunal tamaño y hasta de su bondad. Fusi sólo encuentra seguridad en su habitación, con sus soldaditos, con sus escasos amigos (un tipo de su edad, también fanático de las maquetas bélicas) y una niña de ocho años. Por eso, no es extraño que, cuando Fusi por fin se enamora, su generosa entrega total se haga creíble, a pesar del injusto trato que recibe por parte de su desequilibrada amada.

La soledad debe ser un tema recurrente en el cine islandés. Un país aislado por su situación geográfica y por su inexorable clima, no podía dar otra cosa que personas solitarias. Pero aquí no se trata tanto de una soledad física sino emocional. Fusi y Sjöfn no están solos, ambos trabajan y conocen gente. Es más bien una soledad interior, ambos se refugian en sí mismos como defensa del mundo exterior. Fusi no sabe comunicarse con los demás, mientras que a Sjöfn se le adivina que se ha comunicado demasiado y no tiene más ganas de hacerlo.

Dagur Kari demuestra una gran habilidad para crear una película en la que combina perfectamente el costumbrismo de la vida en Islandia con los detalles artísticos, creando un personaje que es una historia en sí mismo. Hace que no necesitemos conocer el pasado de los personajes para entenderlos, le basta con mostrarnos su comportamiento para hacer que les conozcamos. Y sobre todo es capaz de no tirar hacia el drama retorcido o el romanticismo simplón, apostando por una historia creíble, sostenida por una narración repleta de sensibilidad.

“Corazón gigante” desprende ternura en cada fotograma, pero a pesar de su tono triste, es una película increíblemente agradable de ver, que nos reconforta a pesar de la gelidez de su paisaje y que nos llega muy dentro. La tímida sonrisa de Fusi en la última escena de la película es la misma con la que todos salimos del cine cuando esta magnífica película termina.

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26 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ahora sí, antes no
Ahora sí, antes no (2015)
  • 6,6
    1.682
  • Corea del Sur Hong Sang-soo
  • Jung Jae-young, Kim Min-Hee, Youn Yuh-jung, Ju-bong Gi, ...
8
Título feo, película bonita
Película del director coreano Hong Sang-Soo bajo el formato de comedia romántica pero que rezuma autenticidad y originalidad por los cuatro costados. Cuando uno piensa en una comedia romántica se imagina un tipo de película que tiene muy poco que ver con lo que aquí nos muestra el director coreano. No es que no sea una comedia romántica al uso, es que ni siquiera es una película al uso. Es algo distinto.

Está dividida en dos partes más o menos iguales, de una hora de duración cada una de ellas. O quizá no. Tal vez es la misma película contada dos veces, con dos desarrollos distintos. Se cuentan los mismos hechos, en los mismos lugares y con los mismos protagonistas, pero cambiando algunos detalles. Pequeños detalles que hacen que las historias terminen siendo totalmente distintas. Esta estructura narrativa le aporta una gran originalidad al film, lo que, junto a unos toques de humor y grandes dosis de ingenio, terminan por conformar una película a la que cuesta encontrar parecidos con algo.

No obstante, esta película no es para todos los paladares. El hecho de que la historia se repita con diferentes matices, y que no quede claro el motivo, puede no gustar a algunos espectadores. Además, el ritmo es asiático, es decir, pausado, con mucha cámara fija y diálogos algo largos. A mi personalmente, ambas cosas me gustan. Es más, adoro este tipo de películas ya que son de esas que ganan mucho en tu interior con el paso de los días. Pero también entiendo que haya gente que le coja atravesado y se les haga pesada. Por si acaso, recomiendo no ir a verla a la hora de la siesta.

“Ahora si, antes no” es una película pequeña, austera, con pocos intérpretes, con muy bajo presupuesto, que no necesita grandes alardes, ni intérpretes famosos, ni una rimbombante producción, ni grandes dispendios publicitarios. Tiene mucho más que eso: tiene una historia, un buen relato contado con inteligencia, repleto de creatividad y atrevimiento. Tiene belleza y rompe moldes. Para todo eso no hace falta mucho dinero sino algo más difícil de encontrar: talento.

Otro punto fuerte de la película es el realismo que desprende. Se respira naturalidad. Es creíble. No es como esas comedias románticas norteamericanas, ese cine tramposo y facilón. Aquí todo parece de verdad. El amor es real, traspasa la pantalla. Hay toques de humor que se agradecen, pero también rebosa tristeza, sobre todo en la parte final. Y mucha ternura.

Se que voy a encontrar muchas voces contrarias a mi criterio sobre esta película. Vendrán los adalides del dinamismo narrativo, de la inmediatez, de los movimientos de cámara. Me dirán que se aburren. Pues bueno, qué le vamos a hacer. Para mi la película es un prodigio de pulso narrativo, un ejercicio de estilo, una lección de la composición de los personajes y una demostración de sensibilidad cinematográfica.

Los dos intérpretes principales (y casi únicos) son otro gran punto a favor de la película. Su trabajo es magistral. Ambos están perfectos, difícil mejorar su aportación, pero si hay que elegir me quedo con el protagonista masculino, Jeong Jae-Yeong, sencillamente una interpretación legendaria la suya.

Como digo, película que no deja indiferente. Unos se dormirán, otros se enamorarán perdidamente de este film. Yo estoy en el segundo grupo. Me ha encantado. Todo lo que cuenta es absolutamente cotidiano y sin embargo me tuvo embelesado durante las dos horas que duró. Admito que hay ratos que son un poco difíciles de seguir con tanta parsimonia, pero curiosamente tras dos horas de película, se acaba en un momento mágico en inolvidable que te deja con ganas de más.

Magnífica película, todo un descubrimiento. De las que te hacen sentir cosas. Que te invita a reflexionar sobre la importancia de las pequeñas decisiones, del azar y de las segundas oportunidades. Recomendable para todos aquellos que busquen algo diferente, quienes tengan el alma sensible y gusten de saborear el arte en lugar de engullirlo.

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7 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mañana
Mañana (2015)
  • 7,6
    1.075
  • Francia Cyril Dion, Mélanie Laurent
  • Documentary, Cyril Dion, Mélanie Laurent, Pierre Rabhi
8
No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy
Este documental muestra las posibilidades de cambios sociales que se pueden poner en práctica, que, de hecho, ya están poniendo en práctica en algunos lugares. Para cambiar las cosas, hay que modificar el pensamiento y el modo de actuar en cinco áreas básicas: agricultura, energía, economía, democracia y educación. Cada una de estas cinco áreas componen cada uno de los capítulos de este documental altamente interesante, que nos muestra cómo podrían ser las cosas mañana, si hiciéramos lo que debemos.

“Mañana” me ha convencido. Los mensajes apocalípticos se terminan a los diez minutos de película, una vez revelado el estudio de Barnosky y Hadly. A partir de ahí, todo es constructivo, todo es positivo, todo es optimista. No hay cazas de brujas, ni buenos y malos. El documental se centra en las soluciones, no en los culpables. Nos muestran posibles soluciones, desde la lógica de empezar por lo más cercano, por las pequeñas cosas, las pequeñas comunidades, para a partir de ahí mejorar las cosas a nivel global.

La película no nos alecciona con instrucciones sobre cómo hacer las cosas en el futuro. Hace algo mucho mejor: nos muestra cómo se están haciendo las cosas hoy, en algunos lugares, en determinados ámbitos. En los cinco ámbitos en que se basa la película.

Agricultura. Resulta que el 80% de lo que se produce en agricultura no va destinado al consumo humano, sino a alimentar al ganado a nivel industrial. Y resulta que la agricultura a pequeña escala es más productiva que la agricultura de las grandes empresas. Pues bien, resulta que en Detroit, una gran ciudad, existen multitud de huertos urbanos, gestionados por los propios ciudadanos, que abastecen y alimentan a una gran parte de la población de la ciudad. Resulta que una enorme ciudad como San Francisco recicla prácticamente el 100% de sus desechos, y que los desechos orgánicos son transformados en compost para los viticultores de California.

Energía. Se nos muestra Copenhague como ciudad modelo. Es impresionante. La ciudad está totalmente enfocada a potenciar el uso de la bicicleta como medio de transporte. Es el medio de transporte más utilizado en la ciudad. A continuación va el transporte público, y lo menos usado es el coche privado. La ciudad está completamente dotada de carriles bici, por todas partes. El porcentaje de gente que va en bicicleta sigue subiendo, y el número de coches sigue bajando. Con todo, el Ayuntamiento de Copenhague sigue trabajando en el tema y cada vez hay más coches eléctricos.

Economía. Un par de expertos en economía hablan de los sistemas económicos actuales y de la insostenibilidad de los mismos, pues provocan la especulación y el enriquecimiento de unos pocos. Frente a esto, ya hay lugares que están adoptando un modelo de economía local, con su propia moneda. Si tienes una moneda que solo vale para tu pueblo, no hay posibilidad de especulación. Te tienes que gastar el dinero en tu pueblo, por lo que todo revierte para la sociedad, el dinero circula obligatoriamente, no se puede llevar a paraísos fiscales, ni generar intereses. Concretamente, vemos este modelo en un pueblo de Inglaterra llamado Totnes, en el que tienen su propia moneda. Se permiten el lujo de tener billetes de 21 libras. ¿Por qué no? Ellos crean su dinero, ellos deciden la cuantía de sus billetes.

Democracia. La democracia, tal como está planteada actualmente, no significa que el pueblo tenga el poder. El pueblo es utilizado para que voten cada cuatro años, pero son los políticos, como conjunto, quienes tienen el poder y lo usan para su beneficio. La prueba es que la mayoría de las decisiones políticas benefician más a las empresas, bancos y demás poderes fácticos que a los ciudadanos. Pero hay lugares en el mundo en los que la democracia es más real. En los que la gente sí toma decisiones. En Islandia los ciudadanos deciden de verdad, participan en la toma de decisiones, obligan a sacar del gobierno a los corruptos, a los mentirosos y a los malos gestores. En el documental incluso se habla de que los parlamentos deberían estar formados por ciudadanos elegidos por sorteo, como los jurados populares. Y francamente, no creo que el resultado fuera peor que lo que hay ahora.

Educación. Es la base de todo. El modelo está en Finlandia, donde obtienen los mejores resultados educativos del mundo. Vemos como funciona un colegio público de un barrio humilde. Se demuestra que los niños desarrollan mejor sus habilidades y su talento si se centran en el placer de aprender, en lugar de en los resultados. Las evaluaciones no son importantes. Los profesores no imponen su autoridad, sino que ayudan a los niños. Comen todos juntos. Los niños no son reprimidos, pueden hablar durante las clases. Los resultados son sorprendentes.

La película es ágil, entretenida e ilustrativa. Lógicamente, no es imparcial, arrima el ascua a la sardina de la ecología, pero lo hace de un modo digno, aportando datos y situaciones reales, sin tomar al espectador por idiota, inyectando ilusión y haciendo reflexionar incluso a los descreídos como yo.

“Mañana” es un documental muy interesante. Me ha gustado porque no se queda en la denuncia, sino que aporta alternativas, plantea cosas para ser analizadas y discutidas. Evidentemente, las cosas no son tan sencillas como se muestran, se eluden problemas económicos y culturales que hacen muy difícil llevar a cabo todas las iniciativas que se plantean, pero películas como ésta son muy necesarias, y sería obligatorio que todos la viéramos con frecuencia, sobre todo antes de unas elecciones.

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19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
Kiki, el amor se hace
Kiki, el amor se hace (2016)
  • 6,3
    23.274
  • España Paco León
  • Paco León, Ana Katz, Belén Cuesta, Natalia de Molina, ...
6
¿Por qué lo llaman sexo...?
Se trata de cinco historias entrelazadas en las que los protagonistas de las mismas descubren, padecen y/o disfrutan de sus respectivas filias sexuales. Dacrifilia, elifilia, somnofilia y harpaxofilia son algunas de las particulares formas de obtener placer, pero aquellos a los que les afecta no lo tienen fácil para vivir con ello.

Dirigida por Paco León, e interpretada por él mismo junto con Natalia de Molina, Candela Peña, Álex García, Ana Katz, Belén Cuesta, Luis Callejo, Luis Bermejo y Alexandra Jiménez, se trata de una divertida comedia romántica, aunque se intenta hacer ver que es otra cosa, en el fondo es eso. Se habla de peculiaridades sexuales, al estilo Almodóvar de los años 80, pero termina siendo una comedia romántica. Agradable, pero sólo eso.

Una mujer se excita con el contacto de ciertos tejidos. Otra, se excita cuando ve llorar a un hombre. Otra, por las plantas. A un hombre le ponen cachondo las mujeres cuando están durmiendo. A otra mujer lo que le pone es que la asalten. Una pareja sólo encuentra el máximo placer si hacen un trío con otra chica. En definitiva, curiosos comportamientos sexuales que en principio se plantean como el núcleo de la película pero que terminan siendo simples elementos para narrar historias de amor.

Me gustó mucho el principio de la película, cuando se van planteando las diferentes historias. Es la parte más divertida del film. Especialmente la hilarante escena en la que Paco León y Ana Katz, interpretan a una pareja que va a una terapia sexual. Igualmente graciosa es la parte inicial de la historia de Candela Peña y Luis Callejo en la que una pareja hace el amor continuamente no por placer, sino por el deseo desesperado de tener un hijo.

El planteamiento de las historias está muy bien y es divertido, pero todas las historias se van volviendo más convencionales y previsibles a medida que avanza la película. Excepción hecha de la historia de Candela Peña, que siempre hacía el amor con su marido sin sentir nada hasta que descubre que le excita verle llorar. A partir de entonces empieza a hacerle putadas y cosas para que lo pase mal y llore, con tal de satisfacer sus deseos. Aunque quieras mucho a alguien, el impulso es difícil de controlar, y Candela Peña hace sufrir a su marido para que ella pueda gozar. Es la historia más sólida y divertida de todas, aunque al final también termina bajando el nivel.

El problema de intercalar cinco historias es que no hay espacio para desarrollar convenientemente ninguna de ellas. Todas se resuelven de modo un poco atropellado, y tanto las situaciones como los personajes se nos muestran sin el ritmo ni la profundidad necesarios para que se les saque el jugo que se les debería sacar. Eso por un lado. Por otro, es inevitable que unas historias tengan más gracia y más interés que otras, por lo que de mitad de película en adelante uno no puede evitar languidecer un tanto durante las escenas de las historias menos llamativas.

Paco León maneja con eficacia los gags, tanto los verbales como los visuales, y demuestra que es un director capaz de hacer comedia a alto nivel. El problema de esta película es que no termina de atreverse a ser transgresor. Amenaza con entrar a saco en el incómodo mundo del sexo y sus parafilias, pero termina siendo blando, complaciente, y haciendo una película más amable de lo que al principio parece. La cosa se termina quedando en un simple divertimento.

En cuanto a los actores, Candela Peña está muy por encima de todos. También Paco León y Ana Katz rayan a buen nivel. Asimismo, Natalia de Molina y Belén Cuesta sacan buena nota. El resto, muy discretos.

Decir que es mejor que la mayoría de las comedias españolas actuales tampoco es decir mucho, pero lo digo. Es eficaz y divertida, reirte te ríes, pero me da la sensación de que su director puede hacer cosas mucho mejores, en cuanto se atreva. Podría haber sido una película más potente, más irreverente y surrealista. Espero que la siguiente lo sea.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Brooklyn
Brooklyn (2015)
  • 6,7
    11.364
  • Irlanda John Crowley
  • Saoirse Ronan, Emory Cohen, Domhnall Gleeson, Julie Walters, ...
7
Melancolía vs. ilusión
Eilis (Saoirse Ronan) es una joven irlandesa que, en los años 50, decide emigrar a Nueva York en busca de una vida mejork. Después de un viaje horrible y de unos primeros días en Brooklyn en los que se siente mal, desubicada y desorientada, pensando que ha hecho mal en abandonar Irlanda, conoce a Tony (Emory Cohen), un joven de origen italiano al tiempo que su vida laboral empieza a mejorar. Pero de repente un asunto urgente la obliga a regresar a Irlanda, y allí tendrá que tomar una gran decisión sobre la vida que quiere llevar y con quién.

Melodrama de los de antes, de los que ya no se hacen. Dirigido por John Crowley, a primera vista es una película sobre el drama de la emigración, pero en realidad es una película de emociones. De despedidas, de reencuentros, de nostalgias, de ilusiones. Una película impregnada de melancolía, de tonos pastel, suave, delicada, satisfactoria y agradable. Lo que se ha llamado toda la vida “una película bonita”.

John Crowley dota a su cinta de una innegable belleza cromática y una calidad formal espectacular. Maneja con habilidad el ritmo narrativo y cuenta con un primoroso trabajo de ambientación y vestuario, que, junto con la exquisita fotografía, hacen que la película no tenga ni una fisura estética. En lo formal, todo funciona a la perfección.

Es en el contenido donde creo que es mejorable. La historia es tierna y entrañable, y sin embargo no emociona tanto como debería. Y no es porque el desenlace sea previsible, eso no me importa tanto. Es que creo que le falta pasión, vigor. Todo es agradable pero no entusiasma. Quizá en el intento de Crowley por evitar situaciones excesivamente sensibleras, se le olvida tocar el corazón del público con un film tan impecable como inofensivo.

Lo que es difícil de mejorar es el trabajo de la principal protagonista. Saoirse Ronan hace una interpretación fantástica, llevando la película por donde quiere, a través de su mirada, al principio triste y poco a poco más ilusionada. Los ojos grises de Ronan iluminan la pantalla y su magnífico trabajo interpretativo eleva mucho el resultado del film. Junto a ella, los demás actores no desentonan, pero nadie se le aproxima en rendimiento. Lo más destacable de los secundarios seguramente sea la aparición de Domhnall Gleeson.

Que una película melodramática con una trama llena de lugares comunes sea capaz de tenerme enganchado desde el primer fotograma hasta el último es, indiscutiblemente, porque está muy bien hecha. El excelente guión de Nick Hornby y el magnífico montaje hacen que uno no se desconecte en ningún momento de la historia. El problema (al menos conmigo) es que la película guarda siempre las distancias con el espectador. En contra de lo que me gusta en este tipo de películas, disfrutaron más mis ojos y mis oídos que mi corazón.

Es una película cumplidora, cortés, humilde y bella. Pero también un tanto pusilánime y fría. Me gustó pero no me conmovió, me interesó pero no me encandiló. Eilis me inspiró ternura, pero no amor. Es una película muy bonita, para disfrutar mientras la ves, pero de las que no se te queda dentro.

“Brooklyn” no es nada original, no nos sorprende y apenas nos emociona, pero está tan bien hecha que uno se queda absorto en la pantalla, deseando que Eilis sea feliz, que esa carita de pena de paso a una sonrisa, que todo salga bien. Y lo mismo para su novio italiano, tan bueno, tan decente, tan romántico, que uno se pregunta qué coño piensa ella, cómo puede tener dudas, si prácticamente no existen hombres tan perfectos. Bueno, en realidad sí tiene un defecto: es fontanero y no tiene un duro. Ahí le duele.

En definitiva, me quedo con la pulcritud y el exquisito gusto narrativo de John Crowley, su preciosismo estético, y la maravillosa interpretación de Saoirse Ronan, cuya mirada inunda la pantalla y a quien no me cansaré de ponderar. Si este es su nivel habitual, estamos ante una actriz que puede marcar época. Película recomendable para pasar un rato tranquilo y disfrutar sin sobresaltos.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
El novato
El novato (2015)
  • 6,4
    2.454
  • Francia Rudi Rosenberg
  • Réphaël Ghrenassia, Joshua Raccah, Géraldine Martineau, Guillaume Cloud-Roussel, ...
7
New kid in town
Benoit (Rephael Ghrenassia) lleva una semana en su nuevo instituto y no ha podido hacer amigos aún. La historia cuenta cómo Benoit poco a poco se va apoyando en otros chicos de la clase que también son marginados por diversos motivos, mientras se enamora perdidamente de Johanna (Johanna Lindstedt), una chica sueca con quien se lleva muy bien al principio pero es captada por la pandilla de Charles (Eytan Chiche), el líder de la clase.

Los padres de Benoit están preocupados porque es tímido y le cuesta hacer amigos. El intenta caer bien a los de la pandilla de Charles, que son los gamberros que parecen divertirse más que nadie, pero éstos no le aceptan y comienzan a marginarle y a meterse con él. Para convertirse en popular, dedice organizar una fiesta en su casa, pero las cosas no salen como tenía previsto.

La película sorprende porque partiendo de una historia mil veces vista (chico que llega a un colegio nuevo y la pandilla de los malos que se meten con él, mientras él se enamora de la chica más guapa de la clase) cosigue que nos parezca distinta, a base de honestidad narrativa. El film supone el debut como director de Rudi Rosenberg, y llama la atención el modo en que es capaz de seducir al espectador por el modo tan especial con que enfoca la historia, más que por la historia en sí misma.

Rosenberg se apoya en un elenco de actores compuesto casi exclusivamente por niños, muchos de ellos debutantes en el cine, para dotar a la película de una frescura especial, que hace que todo transcurra con una naturalidad que cala en el espectador. Uno espera encontrarse con los típicos clichés de este tipo de películas: el tormento del niño ante quienes le rechazan, la desorientación de la pubertad, la incomprensión, pero aquí no hay trucos y todo parece fluir de un modo sano y creíble. Nada que ver con las tonterías que suelen hacer en el cine americano con este tipo de películas.

Como digo, casi todos los intérpretes son niños. También aparecen adultos, pero su aportación es muy poco significativa. Los padres de Benoit tienen muy poca presencia, y los profesores tampoco pintan demasiado. Esto ya distingue esta película de otras de su género. Aquí los niños forman su propio universo. El único adulto que tiene cierto peso específico en la historia es el tío de Benoit (Max Boublil), ideólogo de la fiesta que se monta en la casa de Benoit, y que es capaz de conectar con los chavales porque aún tiene alma de niño.

“El novato” es simpática y agradable. No se puede pasar mal viendo esta película. Tiene una mezcla agridulce de amargura sentimental y cómica ternura, porque uno sabe que todas esas sensaciones que parecen tan extremas en esa época de la vida luego no lo son tanto, que todo se pasa y uno va construyéndose a sí mismo a base de vivencias, y que las experiencias malas son las que más enseñanza dejan.

En este sentido, la película es igual que la edad que retrata: intrascendente pero interesante, fuerte pero vulnerable, con pretensiones de parecerse a todos y de ser distinta a la vez, rebosante de vitalidad pero también de dudas. El novato aquí es el niño, pero también el director, y la virtud de los novatos es las ganas que tiene de gustar, cosa que Rosenberg consigue sin ninguna duda.

La película no intenta dar lecciones ni hay moralejas. No esconde la maldad inocente que hay en los niños, pero tampoco se recrea en ella -lo cual es un recurso habitual en este tipo de cintas-, tampoco cae en la tentación de buscar un final feliz, ni busca la ternura forzada, simplemente intenta encontrar la empatía del espectador al proponer una situación por la que todos hemos pasado. Todos hemos sido niños, todos hemos llegado a la adolescencia, todos hemos sentido el dulce puñal del amor, todos hemos sido novatos alguna vez.

Tampoco se muestra la exaltación de la amistad típica de este tipo de películas. La credibilidad es absoluta y le da valor al film. “El novato” nos invita a mirar hacia atrás para tomarnos los problemas con filosofía, a ver el futuro con optimismo y a afrontar la vida con una sonrisa. No es mal plan.

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15 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
Calle Cloverfield 10
Calle Cloverfield 10 (2016)
  • 6,4
    25.310
  • Estados Unidos Dan Trachtenberg
  • Mary Elizabeth Winstead, John Goodman, John Gallagher Jr., Suzanne Cryer, ...
6
Lo que bien empieza, mal acaba
Michelle (Mary Elizabeth Winstead) es una joven que, tras abandonar precipitadamente a su novio, sufre un accidente de coche. Cuando despierta, se encuentra encerrada en una celda bajo tierra, secuestrada por un hombre extraño (John Goodman). Este hombre asegura que ha habido un terrible ataque químico por parte de extraterrestres, que el exterior es inhabitable, y que por tanto la ha salvado la vida, tanto a ella como a Emmett (John Gallagher Jr.), que también está en el refugio. Michelle no sabe si creer lo que le cuentan y teme no sobrevivir.

Se trata de una película austera, de bajo presupuesto, con muy pocos actores (apenas los tres que viven en el búnker), muy pocas localizaciones (casi toda la cinta transcurre dentro del refugio), y realizada por un director debutante, Dan Trachtenberg. A caballo entre el thriller y la ciencia-ficción, el film resulta ser un más que digno producto, dadas las limitaciones que había.

Es muy importante verla sin saber nada de la trama (o sabiendo lo menos posible), por lo que esta crítica será corta. Esta película, para que tenga interés, es esencial verla sabiendo lo mismo que sabe la protagonista cuando se despierta del accidente, tener sus mismas dudas y su mismo interés en desvelar todas las incógnitas que se plantean.

Como película de intriga, tiene un arranque espectacular. Se te viene a la cabeza “Saw” cuando la chica despierta en esa celda, atada a la cama. A medida que uno va conociendo a los personajes y se va poniendo en evidencia la situación, va creciendo la intriga, y el espectador se mantiene siempre interesado en lo que ve en la pantalla, porque la intensidad y la tensión no decrecen hasta que llega el desenlace.

El hecho de que se trate casi de una película teatral debido a los pocos actores que intervienen y a la escasez de escenarios que aparecen, hace que la parte interpretativa se convierta en fundamental para el buen desarrollo del film. Y, en este caso, no hay ningún reproche que hacerles. Los tres intérpretes rayan a muy alto nivel. Especialmente el veterano John Goodman, que no sabemos si es un secuestrador o alguien que ha salvado a la chica de la muerte, pero nos le creemos en ambos casos debido a su trabajo, repleto de sabiduría interpretativa, creando un personaje altamente perturbador que te acojona de verdad.

Por su parte, los jóvenes John Gallagher Jr. y Mary Elizabeth Winstead, están magníficos. Especialmente la chica, personaje principal y responsable de transmitir al espectador las sensaciones de miedo y desconcierto que aparecen cuando vives lo que a ella le está ocurriendo. Tremendamente convincente en el papel de víctima que quiere convertirse en heroína.

Con momentos innegablemente hitchcockianos, “Calle Cloverfield 10” amenaza con una trama parecida a la de “La habitación” pero poco a poco vemos que es algo totalmente distinto, ya que en este caso la protagonista no sabe si el peligro está dentro o fuera de la casa.

Y es que la película juega con las mentes de los espectadores. Entendemos a la chica. El miedo a lo desconocido, a lo inesperado. Nuestra imaginación propulsada por el miedo siempre hace más grande los peligros, cuando no los inventa directamente. Así, con el planteamiento inicial que se hace, y las trampas de guión que se van incorporando, los espectadores difrutamos o padecemos de una tensión continua hasta que llega un desenlace que hace que todo se venga abajo.

No voy a contar nada, pero sería engañar si digo que la película tiene muchas cosas buenas y no digo lo malo. Pues lo malo es el final. Toda la tensión, las incógnitas, el interés por el desenlace, todo se va al traste cuando precisamente se produce el desenlace. Y no lo llego a entender, la verdad. Se me ocurren, sin pensar mucho, cinco o seis posibles buenos desenlaces. También estaba la posibilidad de terminar la película sin cerrarlo, tampoco pasaría nada. Pero este final es uno de los peores que he visto en mi vida en una pantalla de cine, y no exagero.

Normalmente no le doy demasiada importancia a los finales, pero en una película en la que la incertidumbre que crea es su principal punto fuerte, el resolver dicha incertidumbre no es cualquier cosa. Por tanto, en mi opinión, se terminan cargando la película. La valoración es clara: una gran película, angustiosa, muy bien ambientada e interpretada, rematada con un final esperpéntico, grosero e indignante.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
O los tres o ninguno
O los tres o ninguno (2015)
  • 6,7
    1.364
  • Francia Kheiron
  • Kheiron, Leïla Bekhti, Gérard Darmon, Zabou Breitman, ...
6
Todo sobre mi padre
Kheiron, director, guionista y actor principal de esta película, nos cuenta la historia de sus padres Hibat (Kheiron) y Fereshteh (Leila Bekhti), dos jóvenes iraníes que tras luchar por la libertad en su país, terminaron huyendo en los primeros años del gobierno del Ayatollah Jomeini y emigraron a Francia, donde siguieron luchando por mejorar la sociedad y por llevar una vida con significado.

Planteado como una comedia, la película narra los hechos reales por los que pasó Hibat, primero luchando contra la dictadura del Sha y después contra la brutal represión del Ayatollah. El tono cómico edulcora unos acontecimientos ciertamente terribles, y uno no puede llegar a reirse del todo porque la historia es dura, por muchos toques de humor que se le quiera dar. A veces parece que estuviéramos ante un comic más que ante una película, dada la facilidad para encajar los golpes por parte de Hibat.

Cuando la ví, ignoraba que el actor que interpretaba a Hibat era su hijo en realidad, y que la historia era tan real. No sabía nada de la película (me gusta ir al cine sabiendo lo menos posible), y por eso me la tomé más a coña, hasta me divertí a ratos con ella. Pero sabiendo que todo fue real supongo que no debe hacer demasiada gracia, aunque comprendo que Kheiron lo plantee de este modo para hacerlo más digerible.

Se nota que Kheiron hace su debut como director. Es loable su actitud, su intención y su dedicación. Se aplica en la tarea de escribir un guión, dirigirlo e interpretarlo, y se nota a la legua que le ha echado ganas y cariño al proyecto, pero no estoy seguro de que el resultado sea el mejor posible. Ya se que la película ha tenido un éxito arrollador en Francia, pero hablo de mi opinión personal, y en base a ella, creo que se ha complicado mucho la vida queriendo abarcar demasiadas cosas.

Para empezar, ha querido contar prácticamente toda la vida de su padre, desde que era niño hasta prácticamente la actualidad. No era necesario. Hay que contar lo que tiene verdadero interés. Personalmente, yo creo que habría sido mejor que la historia tratara de lo que sucedía en Irán, contar eso exhaustivamente y terminar la película cuando llegan a Francia.

Tampoco me parece buena idea querer hacer una comedia dramática con esta trama. Tendría que haberse lanzado a por un drama biográfico, con todas sus consecuencias. Como comedia, no funciona mucho, al menos conmigo. En cambio, como drama, ahí había material para una película impactante.

En fin, demasiadas cosas a contar, y casi todo lo que pasa en la segunda parte de la película (lo que se desarrolla en Francia) tiene bastante poco interés, por muy reales que sean los acontecimientos. Muchos personajes que entran y salen del film sin que lleguemos a conocerlos del todo, un ritmo irregular, un montaje poco efectivo con escenas que pasan muy deprisa sin que queden bien explicadas y otras que se alargan innecesariamente, y un guión tan bienintencionado como poco coherente, dan como resultado un film simpático pero poco consistente.

Donde no pongo pegas es en el aspecto interpretativo. Los actores están correctos, con un rendimiento bastante equilibrado en el que todos dan un nivel adecuado, especialmente (como todo en esta película) en la primera parte del film. Obviamente, Kheiron y Leila Bekhti destacan por encima del resto, especialmente el primero, que es el alma de la película por dentro y por fuera.

Era difícil el reto de Kheiron, por eso me alegro de que haya triunfado aunque a mi no me convenza demasiado su obra. Creo que tiene que mejorar, que tiene que aprender a contar bien las cosas. La primera parte de la película está bastante bien, sabe contextualizar las situaciones, pero en la segunda parte se pierde la perspectiva y no nos enteramos muy bien de cómo sus padres pasan de ser unos inmigrantes exiliados a convertirse en unos rehabilitadores sociales. Tampoco se indaga en los protagonistas a nivel humano ni en sus relaciones personales. No se, me pareció todo muy deslavazado.

Tampoco me gustó que en la película se hable en francés desde el principio, cuando vivían en Irán. Me imagino que a los franceses les parecerá bien, pero creo que la película baja bastante con eso.

A pesar de todo, me cayó bien y es una película entretenida. Me quedo con lo bueno: la primera parte del film, los excelentes personajes que aparecen en esa parte de la película (especialmente el padre de ella y el hermano cleptómano textil de él), la parodia que se hace del Sha, y sobre todo las escenas costumbristas de Irán.

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11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
¡Ave, César!
¡Ave, César! (2016)
  • 5,3
    15.431
  • Estados Unidos Joel Coen, Ethan Coen
  • Josh Brolin, George Clooney, Alden Ehrenreich, Tilda Swinton, ...
5
Quo vadis, Coen?
Hollywood, años 50. Durante el rodaje de una película de gran presupuesto, desaparece el actor principal, Baird Whitlock (George Clooney) que es secuestrado. Inmediatamente, Eddie Mannix (Josh Brolin), solucionador de problemas del estudio, se pone manos a la obra para resolver su desaparición y conseguir que se reincorpore al rodaje sano y salvo.

Joel y Ethan Coen dirigen esta película que trata sobre el Hollywood de los años cincuenta, en el apogeo de los grandes estudios cinematográficos, cuando las estrellas eran empleados de los estudios, la incipiente televisión amenazaba con acabar con el negocio de las películas y la ominosa sombra del comunismo flotaba sobre la mayoría de los guionistas.

Este homenaje que los Coen hacen al cine clásico en forma de comedia les ha quedado deslavazado e irregular. La película nunca termina de arrancar y parece más una sucesión de escenas que una narración definida de algo. Es cierto que hay un par de escenas rescatables (personalmente, me gusta mucho una entre Ralph Fiennes y Alden Ehrenreich) que tienen gracia, pero en general el resultado es muy poco satisfactorio.

La trama tiene muy poca cosa. Aparte del secuestro de George Clooney vestido de romano por unos comunistas, el relato se adereza con un actor que siempre hace de cowboy (Alden Ehrenreich) y de repente tiene que interpretar a un joven de la alta sociedad y apenas sabe decir las frases, los problemas del personaje de Brolin para dirigir el estudio, contentar a todos los representantes de las diferentes religiones en una película sobre Jesucristo, lidiar con dos periodistas gemelas que quieren escribir cosas que podrían perjudicar al estudio, y pensarse una oferta que tiene para cambiar de trabajo. Además, pequeñas apariciones de Channing Tatum, Jonah Hill, Frances McDormand… Ni siquiera la aparición de Scarlett Johansson vestida de sirena hace que el espectador se venga arriba.

No se si será culpa mía, igual tuve una mala tarde, pero tengo que contar lo que a mí me pareció. Y a mi parecer, la película es francamente mala. La peor que he visto de los Coen. Alguien me había dicho que esta película le recordaba a los Monty Python. Menudo sacrilegio. A mí más bien me recordó a las peores comedias de Almodóvar. A pesar de todo, resistía en mi asiento esperando que el film terminara remontando el vuelo, pero al contrario, iba empeorando cada vez más.

La escena de las nadadoras es muy bonita, perfecta coreografía y muy buena estética. La de Fieness tratando de que Ehrenreich actúe bien, muy graciosa. No está mal el número del baile de los marineros, con Channing Tatum en plan Gene Kelly. Brolin pega excelentes bofetadas. Ya está. Todo lo demás es prescindible y carece por completo de interés.

Una comedia puede tener mayor o menor calidad, puede estar mejor o peor interpretada, ser más o menos creíble, más o menos original, pero lo que jamás de los jamases puede ser una comedia es aburrida. Pues bien, esta película, además de todo, es aburrida. Si vas a ver una comedia y no te ríes (salvo la escena de Fiennes), pues te dan ganas de que te devuelvan el dinero. Hermanos Coen, quo vadis?

Tampoco funciona como sátira a la industria cinematográfica. Le falta profundizar (de hecho, no profundiza en nada), es una película plana en todos los aspectos. No tiene filo, ni en lo cómico ni en lo crítico. Ese famoso humor negro que siempre ha caracterizado a los Coen ha muerto o está de vacaciones.

En cuanto a los actores, no les culpo, hacen lo que les piden. Josh Brolin está magnífico, muy por encima de la película. Ralph Fiennes, inmenso, sus minutos son los mejores del film. Clooney se ajusta a su papel, que tampoco da para más, está bien. Alden Ehrenreich también está bien. El resto, grandes nombres desaprovechados en cameos prescindibles que apenas aportan algo a la cinta.

Muy decepcionante esta película. Adolece de falta de cohesión y terminas con la sensación de que los Coen se lo han debido pasar muy bien haciéndola pero a ti te suena a tomadura de pelo. Es una lástima que con tanto presupuesto, con tan buenos actores y con el talento que tienen los Coen, se haga una película tan poco sustanciosa, con una trama tan tediosa, unos personajes tan vacuos, y una falta absoluta de esencia creativa.

Una película de los Coen donde no muere ningún personaje, ¿donde iremos a parar?
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil