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Críticas de keizz
Críticas ordenadas por:
Una familia de Tokio
Una familia de Tokio (2013)
  • 7,0
    2.856
  • Japón Yôji Yamada
  • Isao Hashizume, Kazuko Yoshiyuki, Tomoko Nakajima, Yû Aoi, ...
8
Nuevos cuentos de Tokio
Esta película que es, claramente, la versión actual de la obra maestra de Yasejiro Ozu, “Cuentos de Tokio”. Al parecer, Yamada, de 82 años de edad, homenajea aquí a Yasojiro Ozu porque éste fue su mentor muchos años atrás. Y lo hace demostrando una profunda admiración por la película de Ozu. No pretende competir, ni mejorarla, ni intenta copiarla. Sencillamente hace la película que seguramente cree que habría hecho Ozu en estos momentos.

El guión no es exactamente igual. No es un remake propiamente dicho. Cambian algunas cosas. Es lógico, han pasado sesenta años, ya no estamos en los años posteriores a la segunda guerra mundial. Pero quizá precisamente por eso la diferencia entre lo tradicional y lo moderno es aún mayor que en la película de Ozu. Los teléfonos móviles, obviamente, pero también otros detalles como los trenes bala, los comedores con sillas y mesas altas (occidentales, en lugar de las mesas bajas tradicionales), o los cubiertos en los restaurantes (en lugar de los palillos) quieren transmitirnos ese contraste entre lo más avanzado y lo más tradicional. Un contraste que puede percibir cualquiera que visite Tokio.

Pero el mensaje es el mismo. En realidad, es la misma película, adaptada a estos tiempos. Ozu plasmó como nadie esa distancia insalvable que separa las generaciones, más insalvable aún cuando se trata de miembros de la misma familia. Esa brecha que abren los hijos, a modo de zanja para protegerse de los padres, para distanciarse de ellos, para dejar de sentir su protección, su sombra. Mientras los padres no pueden evitar seguir pendientes de ellos siempre, por mucha distancia que haya, orbitando en torno a los hijos de un modo irrefrenable, como satélites que no son dueños de su movimiento. Los padres son, antes que nada, padres. Los hijos no. Los hijos son primero padres, luego esposos, amigos, etc. y finalmente hijos. Y no hay culpables, ni vencedores, ni vencidos. Porque los hijos de hoy serán los padres de mañana, así que son simplemente etapas de esta injusta pero implacable “ley de vida”.

La familia se reune como consecuencia de la llegada de los padres. Esa es la gran función de los padres, cuando los padres ya son viejos: la de unir a la familia. Hijos, nietos, nueras, yernos, todos reunidos porque llegan los padres, o porque se van los padres, o porque mueren los padres. Los padres son los que mantienen las ramas unidas al tronco. Cuando desaparecen, ya es otra cosa. Pero mientras están los padres, la familia se reune para comer, hablar… y se nota mucho que es forzado. No es que no se quieran, sí que se quieren. Pero hay un algo forzado en intentar entenderse por razones de consanguineidad. Cada uno tiene su vida y sus problemas, y cuesta cambiar el chip e integrarse en una familia, en la familia que un día fue tuya, antes de que formaras la propia.

Me gustó mucho la película. Había mucho peligro de que no me gustara, porque venero la original, pero pasó la prueba. Funciona porque es natural, sin pretensiones, porque se nota que está hecha con cariño, porque no es difícil identificarse con alguno o varios de los personajes, porque está realizada con sensibilidad y dulzura, con gotas de sentido del humor y con un realismo que llega a ser doloroso por momentos. Evidentemente, no es “Cuentos de Tokio”. Claro que no. Hay obras que no se pueden hacer mejor de lo que se hicieron, por muchos años que pasen. Pero el objetivo, para mi, no es compararla con “Cuentos de Tokio”, sino compararlas con las demás películas que se pueden ver en el cine en estos momentos. Y, desde ese punto de vista, la película es francamente deliciosa. Yo, al menos, la disfruté mucho.

Yoji Yamada, como ya hizo Ozu en su momento, nos fuerza a reflexionar sobre ese ingrato e implacable enemigo que es el tiempo. Sobre sus reglas y sobre las consecuencias que tiene en la vida. Es una melancólica mirada hacia lo más íntimo de nosotros, hacia lo que somos y hacia aquello en lo que nos vamos convirtiendo con el paso de los años. Porque, obviamente, la película es sobre las diferencias generacionales, si. La película es sobre las diferencias entre la vida anónima y egoísta de la gente de las grandes ciudades en contraste con la de los pueblos pequeños, donde no tienes intimidad pero la gente se ayuda más, también. La película es sobre las relaciones familiares y la hipocresía que las rodea, desde luego que si. Pero sobre todo, a mi entender, la película es sobre el paso del tiempo. Porque uno se ve reflejado en el chico joven que tiene la vida por delante y está enamorado, con el futuro latiéndole en el alma, pero también con el señor maduro, con hijos, que tiene que ser sensato y abnegado, y desde luego con el viejo que solo tiene pasado. Los tres podemos ser nosotros, lo único que diferencia a unos de otros es el tiempo.

El trabajo del director es excelente. Nada nuevo, tratándose de quien es. Yoji Yamada es un reputado director, autor de perlas como “El ocaso del samurai”, por lo que no sorprende el impecable trabajo que firma. Los actores también rayan a un alto nivel, destacando la interpretación de Kazuko Yoshiyuki, en el papel de la anciana madre.

Por último, quiero mencionar la música. Me parece otro de los puntos fuertes. La música de Joe Isaishi es una preciosidad, y sirve para revestir a la película de una melancolía añadida. Tanto en los momentos felices como en los tristes, la música de Isaishi interviene para poner la guinda a lo que sucede en la pantalla. Excelente y altamente degustable.

“Una familia de Tokio” gustará seguro a todos aquellos que no hayan visto “Cuentos de Tokio” (siempre que la vean en versión original, ya que no me responsabilizo de los doblajes), y a los que, habiéndola visto, no la juzguen en comparación con la obra de Ozu sino como lo que es, un homenaje bienintencionado y mucho más que digno.

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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
De tal padre, tal hijo
De tal padre, tal hijo (2013)
  • 7,2
    5.754
  • Japón Hirokazu Koreeda
  • Masaharu Fukuyama, Yôko Maki, Jun Kunimura, Machiko Ono, ...
7
Hijos de quita y pon
Lo primero que hay que apuntar es que es muy difícil hacer esta película sin caer en sentimentalismo forzado. Muy difícil no traspasar la línea que delimita la sensibilidad de la sensiblería. A mi juicio, esta película lo consigue en términos generales, mas allá de alguna inevitable escena de cara a la galería.

El director de esta gran película es Hirokazu Kore-eda, autor de aquella película (también de trama familiar) que tanto nos gustó hace pocos años llamada “Still Walking”, y de la espléndida “Nadie sabe”. También dirigió hace poco “Kiseki” (“Milagro”) pero esta no es tan buena como las dos primeras que he nombrado, y que recomiendo absolutamente a quien no las haya visto.

Seguro que hay gente que discrepa de mi, pero yo creo que Kore-eda ha hecho una magnífica película sobre todo por eso, porque la tentación de ir a lo fácil, a la escena lacrimógena y resolver la película por la via rápida era muy fuerte, y hacer este cesto con estos mimbres requiere un tacto y una sensibilidad que el director japonés demuestra poseer con creces. Por supuesto, es mejorable, no es una obra maestra.

La película está enfocada en todo momento desde el punto de vista del padre arquitecto. Se podría haber hecho desde el prisma del otro padre, o del de cualquiera de las madres, o desde el punto de vista de los niños. Porque sí, es verdad, es un drama increíble para los padres, pero ¿qué me decís de los niños? Yo creo que la verdadera tragedia es la del niño, que con seis años descubre que sus padres no son sus padres. Asumir esto para el cerebro de un niño de seis años me parece mucho más complejo y un reto mucho más apasionante que el efecto y el proceso que causa esta información en un padre.

Por lo tanto, tenemos varios debates. El padre rico y triunfador al que le mueven los cimientos de su vida con la noticia de que su hijo no es su hijo. Tiene que decidir si quiere al hijo que ha estado cuidando, sabiendo que no es su hijo biológico, o prefiere tener a su verdadero hijo, al que no conoce de nada. Su primera reacción es entender porqué Keita no era tan competitivo como él, claro al no ser su verdadero hijo entiende todas las cosas en las que el niño no era como él quería que fuera. Además, está la recriminación latente (nunca explícita) a la mujer por no haberse dado cuenta de que el niño que la daban no era el suyo.

Por otra parte está la mujer. Pegó el braguetazo y se casó con el arquitecto triunfador pero no es del todo feliz porque él siempre está obsesionado con el trabajo y no les presta mucha atención a ella y al hijo. Se culpa a sí misma de no haberse dado cuenta de que le daban un niño que no era el suyo pero se disculpa porque estuvo enferma después del parto. Adopta en todo momento una actitud pasiva, dejando toda la decisión final en manos del padre, aunque deja claro (a su manera) que prefiere quedarse con el hijo que ha estado cuidando, aunque no sea el suyo. A mí el punto de vista de la madre me parece el más interesante de todos, y es el que más dudas me ofrece. No soy madre, claro, y no lo puedo saber, pero si eso que cuentan del instinto maternal es cierto, me parece difícil que una madre no se de cuenta de que le cambian al niño recién nacido. Y, por otra parte, si se confirma el error, me parece muy raro que una madre prefiera quedarse con el hijo que ha cuidado antes que con el biológico. En este sentido, creo que los padres son distintos que las madres. Bueno, en este sentido y en muchos otros, pero en este especialmente.

Y luego están los niños. Son las verdaderas víctimas de todo esto, pero en la película tienen un papel secundario. Da la sensación de que se dejan llevar, que no opinan y que ni siquiera pueden quejarse. Cuando uno de ellos pide volver con papá y mamá se tapa la cara y pide perdón. Pero claro, para entender esto me remito a mis comentarios de la prepelícula, hay que ser japonés. A nosotros nos parece inconcebible que un niño de seis años no la líe parda cuando le cambian de padres, pero allí es otra cosa, por lo que no podemos entrar a valorar algo en lo que sencillamente estamos en otra onda.

Además, está el debate entre padres. El padre rico está siempre pensando en el trabajo. Le compra todo a su hijo, le lleva a los mejores colegios, le hace tocar el piano y le provee de todo lo necesario, pero no le dedica tiempo. Además es estricto y exigente con él. Por el contrario, el padre pobre es cercano, tierno y juguetón, dedica mucho tiempo a estar con sus hijos, y cuando se rompe un juguete no les compra otro, sino que intenta arreglárselo. Ya se, este debate es fácil y manido, pero está bien planteado, y además me gusta porque estas actitudes que, desde el punto de vista de los niños está claro cual prefieren, choca con el de las madres, puesto que la del padre pobre se queja en cierta ocasión de que su marido no se dedique tanto a prosperar profesionalmente como el otro. Una vez más, todo depende de como se mire…

“De tal padre, tal hijo” nos llama a reflexionar sobre las relaciones familiares y sobre la importancia del amor a las personas más allá del vínculo de sangre que haya entre ellas. La sangre no es más que sangre, y todas las sangres son iguales. Somos aquello que somos para los demás. Somos buenos si los demás nos ven buenos. Y somos hijos de los padres que nos tratan como a hijos, tanto da si nacimos de ese vientre o de otro. Somos lo que los demás nos hacen sentir que somos.

Ya termino. Respeto todas las opiniones pero a mí esta película me gusta mucho. Me gusta porque funciona en mi cerebro, porque me plantea cuestiones interesantes, y porque funciona en mi parte emocional. Me gusta mucho el modo en que Kore-eda cuenta sus historias, siempre me sabe arrastrar hacia el interior de ellas, lo encuentro cercano, creíble, accesible, honesto, sutil y conmovedor. Toma ya.

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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
La gran belleza
La gran belleza (2013)
  • 7,5
    32.129
  • Italia Paolo Sorrentino
  • Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Serena Grandi, ...
9
Poesía hecha cine
Estamos ante un film poco accesible. No es para cualquiera. No se trata de un film convencional y no se la recomiendo a nadie que vaya al cine simplemente a distraerse o a pasar la tarde. Esta película es diferente, no creo que tenga un éxito masivo de público. Eso sí, a quienes guste, les gustará muchísimo. Es de las que no se olvidan, de las que quieres volver a ver al día siguiente de haberla visto.

Se trata de una película arriesgada. El director y coguionista, Paolo Sorrentino, se ha jugado todas sus fichas a un sólo número, y se nota mucho. Se nota que ha puesto el alma en la película y ha hecho exactamente lo que quería hacer. La película es él, no es un trabajo más, da la sensación de haberse vaciado en ella y se ha dejado llevar mucho más por la inspiración que por los cánones cinematográficos. Todo eso trasciende y le llega al público, es una película con alma.

“La gran belleza” hace honor a su título y es mucho más que una película, es todo un espectáculo. Un ejercicio de estilo, innovadora, rompiendo moldes, jugando constantemente a la creación audiovisual. Sin duda es pretenciosa, maravillosamente pretenciosa. Excesiva, excéntrica, extravagante, por supuesto, pero deliciosa, diferente, porque a pesar de su potencia visual y su barroquismo, la película bucea en las escenas, no se queda en lo superficial, no es sólo una sucesión de imágenes espectaculares, la excentricidad formal tiene un motivo, no es gratuita. Hay que tener un gran contenido para retratar de esa manera la “comedia de la nada”, el vacío de la vida.

Es inevitable acudir a Federico Fellini y a “La dolce vita”. Los paralelismos son demasiados como para no aludir a ello, pero no se trata en absoluto de un remake, ni de una actualización de la historia. Hay aromas de Fellini en esta película, es innegable, y la historia tiene mucho que ver con “La dolce vita”, evidentemente. Pero Sorrentino es capaz de homenajear a Fellini y al mismo tiempo componer su obra de un modo totalmente personal, saliendo airoso de la enorme dificultad que supone acercar tu película a una de las obras maestras de Fellini. Como en “La dolce vita”, también en “La gran belleza” la ciudad de Roma es una actriz más del reparto, una de las protagonistas de la película. Una ciudad decadente, con unos personajes decadentes en una sociedad decadente. Roma es la ciudad perfecta para albergar esta historia.

Pero para protagonistas, Toni Servillo. El actor que da vida a Jep Gambardella está sencillamente imponente. Más que actuar, parece vivir el papel. La naturalidad con la que se desenvuelve y la atracción que inspira en el espectador esta especie de David Niven a la italiana son tremendas. Los secundarios también son de gran categoría, pero Toni Servillo lo eclipsa todo, ha nacido para ser Jep Gambardella.

La música me parece otro gran acierto de la película. Está en perfecta armonía con la imagen porque es igual de heterogénea y bella que ésta. Pasea por lo clásico y lo moderno, desde Bizet hasta Damien Jurado pasando por la pachanga discotequera. Una banda sonora que seguramente escuchada en casa, desprendida de la película no diga tanto, pero dentro de ella la enriquece enormemente.

Los personajes de la película son una especie de parada de los monstruos, cada uno más raro que el anterior, hasta el punto de que Jep Gambarella termina siendo el más normal de todos. Está la editora enana, está el amigo enamorado de una mujer que lo maltrata y que termina abandonando Roma porque Roma “le ha decepcionado” (curiosamente, se llama Romano), está la artista conceptual Talia Concept, usada por el director para ridiculizar el arte contemporáneo (junto con una niña que pinta cuadros derramando botes de pintura sobre un lienzo y restregando luego las manos sobre él), una especie de Teresa de Calcuta que pretende subir las escaleras del Vaticano de rodillas teniendo más de cien años y una inacabable fauna freak de hombres y mujeres decadentes que luchan contra la vejez y la muerte a golpe de fiesta, alcochol, cocaína e inyecciones de botox.

“La gran belleza” tiene un arranque frenético, con planos secuencia cortísimos, continuos travellings y la cámara siempre juguetona, como si fuera un animal curioso que quiere mirar en todas partes, y un montaje un tanto atropellado que sin embargo produce un resultado francamente bueno. Luego el ritmo se va relajando, los travellings disminuyen y todo se va posando, aunque la película te sigue sorprendiendo continuamente hasta el final.

Las fiestas, el sexo y todo el mundo dionisíaco que vive Jep es un refugio. Cuando se acaba la fiesta, Gambardella mira al techo y ve el mar, y recuerda a su gran amor, aquella mujer que le abandonó y todavía se sigue prenguntando por qué. La mirada triste del protagonista al hablar de ello nos desvela que lo que perdió le importa demasiado, tanto que nunca tendrá una vida plena y satisfactoria, por muy bonito envoltorio que le ponga. Y queda claro que todos estamos solos, aunque nos propongamos vivir acompañados, y que, por mucho que tengamos, no somos nada. A partir de esa aceptación, la percepción de la vida por parte de Gambardella cambia. “El descubrimiento más notable que he hecho es que no puedo perder el tiempo en cosas que no me apetece hacer”, dice Jep.

En definitiva, me he enamorado de esta película. Es un torrente de imágenes exuberantes, una película que te atrapa, te envuelve por sus escenas cautivadoras adornadas por un mundo luminoso y sombrío a la vez (la fotografia es inmejorable) que junto con la banda sonora te llevan en volandas por ese viaje lleno de contrastes y choques visuales que nos proporciona “La gran belleza”. Poesía hecha cine.

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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
12 años de esclavitud
12 años de esclavitud (2013)
  • 7,3
    59.268
  • Estados Unidos Steve McQueen
  • Chiwetel Ejiofor, Michael Fassbender, Lupita Nyong'o, Paul Dano, ...
7
Sangre, sudor, lágrimas y latigazos
Lo primero que han de saber los seguidores de Steve McQueen (no el actor, fallecido hace muchos años, sino el director de esta película y de las excelentes “Hunger” y “Shame”) es que esta película es diferente de las anteriores. Bastante más convencional, más comercial. Vuelve a demostrar que es un director excelente, pero las conceciones hacia lo comercial le impiden, para mi, firmar una película del nivel de las dos precedentes. Como en sus anteriores películas, McQueen no le ahorra al espectador ni un gramo de dureza, pero en esta ocasión recurre al efectismo, cosa que no había hecho en sus anteriores obras, tal vez menos violentas pero sin duda más crudas y desgarradas.

Que no se interprete que no me ha gustado la película. Me ha gustado, le doy un 7. Eso es un notable, o sea que me ha gustado, rotundamente. Lo que digo es que no me parece taaan fabulosa como dicen algunos por ahí, y desde luego me parece que está por debajo de “Hunger” y “Shame”, al menos atendiendo a mi gusto. Es una película de masas, gustará mucho a mucha gente y no tengo ninguna duda de que acaparará estatuillas dentro de dos meses. Ver esta película es una apuesta segura, no os podeis equivocar. No saldreis diciendo que no os ha gustado. Es buena y convencional, las dos cosas. Lo que pasa es que para mí le falta ese punto que necesito para emocionarme y que esta vez McQueen no me ha dado. Me falta eso y me sobran varias cosas, como ese elenco de grandes estrellas interpretando papeles secundarios para, con toda seguridad, atraer al público, en trabajos que podría haber resuelto casi cualquier actor mucho menos consagrado.

Pero si hablamos de actores, la cara son los dos protagonistas principales. Uno, el que hace de Solomon Northup, el negro protagonista protagonizado por un actor de nombre impronunciable e inescribible. Un momento que lo mire, porque no soy capaz de memorizar el nombre. Es Chiwetel Ejiofor. Si siempre trabaja así de bien, pronto será un nombre que todos sabremos decir, porque el tío lo borda. Hace una interpretación de muchísima altura y se merienda prácticamente a todos sus compañeros de reparto. Te crees a Solomon Northup completamente gracias a su labor. Actor a seguir. Y dos, Michael Fassbender. Seguramente está entre los tres o cuatros mejores actores del mundo en estos momentos. Su trabajo es muy bueno, una vez más, pero a mí no me ha impresionado tanto como otras veces. Le venero, pero creo que esta vez el papel era muy fácil para él, y lo resuelve con categoría, pero no hace el papel de su vida, por lo menos para mí.

Y como digo, los secundarios. Que salgan Benedict Cumberbatch y Paul Dano tiene un pase. Por cierto, los dos están formidables, como es habitual. Pero sacar a Paul Giamatti y a Brad Pitt en papeles, más que secundarios, terciarios, no me termina de gustar. Luego veo que Brad Pitt es uno de los productores y ya me gusta todavía menos el tema, porque supongo que habrá dicho algo como “Ya que pago, quiero salir un rato en la película, así que dadme un papel”. Y si Giamatti lo borda en los cinco minutos que sale, no puedo decir lo mismo de Pitt.

La película funciona porque está muy bien hecha, la producción es impecable y la interpretación (con excepciones) fantástica. Pero lo mollar de la cinta es la historia. Al estar basada en hechos reales, es todavía más creíble, y hace que la historia sea más fascinante todavía. De hecho, me resulta inexplicable que hasta ahora a nadie le haya dado por llevar a la pantalla la historia que cuenta en su libro autobiográfico (en el que se ha basado el guión de la película) el propio Solomon Northup. Esta historia en las manos de Steve McQueen era un caramelo para este director. Y la ha rodado con la dureza que requería, aunque a mi juicio con demasiado efectismo. Sales del cine con el sonido de los latigazos en la cabeza, y los primeros planos de los cuerpos lacerados tardan el olvidarse. En su favor, he de decir también que la historia era proclive a lo lacrimógeno y McQueen lo evita con maestría, incluso en las escenas más emocionantes.

“12 años de esclavitud” es, seguramente, la mejor película que he visto sobre este tema. Habrá quien diga que Steve McQueen se regodea en la violencia, dada la persistencia en mostrar imágenes duras de latigazos y castigos físicos. Yo no lo veo así. Más allá de que quizá alguna escena pueda estar deliberadamente recargada, la película muestra con bastante realismo la situación que seguramente debían padecer los esclavos en aquel tiempo. No olvidemos que algunos blancos pensaban que los negros estaban más cerca de ser animales que personas. Y aquí McQueen se relame, porque le encanta retratar personajes escabrosos y primitivos, por lo que creo que el resultado no podía ser otro que un buen film, repleto de situaciones sobrecogedoras que provocan al espectador desazón y una sensación de que si, la película está muy bien, pero no quiero volver a verla.

Tengo la sensación de que Steve McQueen ha dado un pequeño paso atrás. Muy pequeño, pero hacia atrás. No me parece que haya hecho la película que él habría hecho con total libertad. En cierto modo, es una buena película desaprovechada, porque podría haber sido mucho mejor. Había historia, había director y actores para mucho más. Pero queda la sensación de que hay subtramas que quedan en el aire y algunos personajes que no se sabe muy bien porqué están ahí, ni queda claro si van o vienen, no se, ciertas cosas un tanto deslavazadas, según mi criterio.

Hay que verla. Se hablará mucho y bien de ella. Yo también, pero lo de “obra maestra” o “película definitiva” a mi no me cuela.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una vida sencilla
Una vida sencilla (2011)
  • 6,8
    1.209
  • Hong Kong Ann Hui
  • Deannie Yip, Andy Lau, Wang Fuli, Qin Hailu, ...
7
Los últimos días de una vida sencilla
Se trata de una película que es, a mi entender, más de personajes que de situaciones. No es que no sea una película de situaciones, pero para mí lo más preponderante del film son los personajes. Especialmente (pero no sólo) los dos personajes principales, perfectamente dibujados y magníficamente interpretados, que hacen que te intereses más por cómo son que por las cosas que les suceden.

Para poder entender bien a los personajes y, por extensión, a la película, es imprescindible tener presente en todo momento que se trata de una película oriental, y que los personajes que retrata son de Extremo Oriente. Y es que, en aquellas latitudes, a diferencia de lo que ocurre aquí, a la gente le cuesta muchísimo expresar los sentimientos, verbalizarlos. Allí no está muy bien visto eso de llorar, o besar, o cualquier manifestación pública de sentimientos. Lo hacen, pero en privado. Por eso, para un occidental, hay escenas que le pueden resultar frías, o excesivamente contenidas, porque no tienen en cuenta que no es su mundo el que están retratando sino el mundo oriental. En esta parte del mundo, las mismas situaciones que ocurren en la película se resolverían de un modo muy distinto, habría grandes abrazos, enormes llantos, infinitas palabras de amor y música grandilocuente. En cambio, allí expresan lo mismo con gestos, miradas y silencios, o con una gran economía de palabras y caricias. Es su cultura. Ellos entienden que esas cosas se demuestran con hechos, aquí casi nos basta con las palabras. Verbalmente, todos nos queremos mucho. Demostrarlo ya es otro cantar.

“Una vida sencilla” nos muestra el progresivo declive de una vida que llega al final. Nos enseña el lento y progresivo ocaso de la existencia de alguien, desde el momento en que esa persona comprende que está en la recta final de la vida. Ah Tao se va apagando lentamente, poco a poco, y quiere morirse igual que ha vivido, sin estorbar, sin ser una carga para nadie, quedando en un segundo plano, y hasta parece agradecerle a la muerte que se aproxima su presencia, ya que eso le ha permitido disfrutar, en sus últimos días, de la presencia reconfortante de Roger, el chico al que cuidó desde siempre, y que ahora se ocupa de ella con tanto esmero. Se le hace extraño que cuiden de ella, que ha pasado la vida cuidando a los demás. No se siente cómoda en ese papel, pero no puede evitar estar siempre pendiente de la llegada de Roger.

Al igual que las otras películas asiáticas que he visto últimamente, aquí también se cuenta una historia sencilla, en la que se recrean los detalles cotidianos. En eso se parecen las tres, es la misma manera de contar historias, siempre rebosantes de realismo y muy alejadas del ritmo trepidante y ruidoso de las películas americanas, en las que todo es frenético, atropellado, radical, los buenos son muy buenos, los malos son muy malos, y todo te lo dejan muy claro y muy bien explicado no vaya a ser que seas tonto y no lo entiendas. En estas películas hay emoción y sencillez, nada de sensiblerías forzadas. “Una vida sencilla” es una película que pone tus sentimientos a flor de piel sin estridencias y los mantiene ahí para que disfrutes de ellos con naturalidad.

Porque estamos acostumbrados a que narrar cosas acerca de la bondad, los buenos sentimientos, la gratitud, la generosidad, etc. nos situe en el umbral de la ñoñería, pero en esta película queda claro que se pueden abordar todos esos temas desde otro punto de vista, sin cursiladas, haciendo que observemos lo que ocurre con ese punto de distancia tan habitual en el cine asiático, de modo que no nos impliquemos, pero al mismo tiempo con la suficiente cercanía como para que por dentro bullan los sentimientos y se remueva la conciencia.

Todo ello gracias sobre todo al impresionante trabajo de la pareja protagonista. Deanie Ip está maravillosa en su papel, tanto que cuesta pensar que sea una actriz en lugar de ser realmente Ah Tao, la criada de Roger. En cuanto al otro protagonista, Andy Lau, a quien ya conocía de otras películas, también está soberbio en un papel nada fácil, en el que tiene que lidiar con un montón de matices interpretativos y que los resuelve con muy alta nota. Brillantes los dos. Interpretaciones delicadas y emotivas, repletas de talento.

“Una vida sencilla” demuestra que, a menudo, lo sencillo está más cerca de lo sublime que lo complejo. Cuando lo cotidiano se retrata con elegancia y emoción el resultado puede ser tan brillante como lo es esta película.

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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Blue Jasmine
Blue Jasmine (2013)
  • 6,8
    37.983
  • Estados Unidos Woody Allen
  • Cate Blanchett, Alec Baldwin, Sally Hawkins, Bobby Cannavale, ...
6
Esta vez tocó la de arena
Empiezo a ver la película con ilusión. Música de jazz y una lista con el reparto por orden alfabético me refrendan que va a empezar una película de Woody Allen. Me gusta que los grandes tengan señas de identidad, y esta manera de empezar las películas es una de las señas de identidad del genio de El Bronx. Pero a medida que la película se va desarrollando, no veo muestras de genialidad, mi ilusión se va desvaneciendo, y las señas de identidad se quedaron en los créditos iniciales. A pesar de que el planteamiento inicial promete, a medida que la historia se desarrolla, va perdiendo interés, se va volviendo cada vez más previsible, la trama se estanca, y esa mezcla de drama y comedia que tan bien ha hecho funcionar Allen tantas veces, aquí no rula.

Me gusta mucho Cate Blanchett, una estupenda actriz que en esta película hace una excelente labor, pero también creo que es un papel tremendamente agradecido, que sería un caramelo para cualquier actriz, y que la Blanchett no necesita esforzarse para bordarlo. Pero aparte de ella, el resto del reparto me chirría, tanto por el nivel de las interpretaciones como por la misma elección del casting. Y tengo que echarle la culpa a Woody Allen de ambas cosas, de equivocarse en la elección de los actores y de no sacarles un mejor rendimiento.

La película no tiene la chispa necesaria, algunas situaciones son muy forzadas y casi nada es creíble. Me niego a pensar que Woody Allen ha perdido facultades porque hace apenas tres años demostró con “Midnight in Paris” que sigue sabiendo estar a su altura, pero desde luego lo que está claro es que ya no está para hacer una película por año, salvo que no le importe la calidad de las mismas. Los últimos guiones de Allen ya no son lo que eran, los diálogos han perdido la acerada brillantez que tenían, el sentido del humor ha descendido mucho y del cinismo y la provocación ya ni nos acordamos. Son casi ochenta años, ya lo se, y no voy a bajar a Woody de mi altar haga lo que haga, pero tengo que decir lo que pienso, y esta película no es de las buenas, por lo menos para mi, porque parece que las críticas son buenas. Tal vez soy yo, que no le he cogido el punto.

“Blue Jasmine” me parece insustancial. La crítica hacia la alta sociedad, hacia la gente superficial y hacia los que se aprovechan de los demás debería haberse hecho con más gracia y con mayor sutileza para que tuviera algún interés. En lugar de eso, Allen recurre a tópicos y moralejas continuamente, recursos baratos que, en otros tiempos, no le hacía falta usar al maestro.

Tópicos y más tópicos, estereotipos al máximo. Los ricos: pijos, superficiales, egocéntricos…. los pobres: paletos, incultos, pero eso si, honrados. Todo taaaan previsible, que incluso los toques de humor fino, que los hay, quedan sosos porque no se sostienen entre tanto vacío.

Y dicho todo esto, la película no es un bodrio. Es una obra menor de Woody Allen, pero aún así entretiene. Está bien para pasar el rato, y, si te pilla bien, hasta echarte alguna risa (porque el drama no se lo cree nadie), pero nada más. A la media hora de salir, ni te acuerdas. Pero tiene un mínimo de dignidad, es amena y se ve de un trago. La fotografía está muy bien, la música también (como siempre, el jazz) con ese “Blue moon” que suena varias veces, y por supuesto Cate Blanchett, por quien vale la pena ver la película, aunque a mí me fastidia un poco que esté tan por encima del director, siendo él quien es.

Uno tiene que ser exigente con los mejores, y Woody Allen es uno de los más grandes, por lo que es muy fácil decepcionarse, como me ha pasado a mi. Es el precio que hay que pagar por ser tan bueno. No obstante, no suspendo a la película. El hecho de no estar entre sus veinte mejores películas no quiere decir que no se pueda disfrutar y pasar un rato agradable con ella, por supuesto. Y, si tomamos como baremo películas como “Vicky Cristina Barcelona” o “A Roma con amor”, esta es mucho mejor, no hay duda.

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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
A propósito de Llewyn Davis
A propósito de Llewyn Davis (2013)
  • 6,7
    23.823
  • Estados Unidos Joel Coen, Ethan Coen
  • Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Ethan Phillips, ...
6
Buena música y poco más
Posiblemente voy a ser duro al enjuiciar la película. Estoy convencido de que, con el tiempo, pensaré que se me ha ido la mano. Pero, como dije cuando hablé de la última de Woody Allen, a los más grandes hay que exigirles más que a los demás. Por eso voy a ser duro con los Coen. Aunque ellos no se van a enterar nunca, claro.

Me ha decepcionado la película. Supongo que esperaba demasiado. Pero estoy seguro de que, aunque no fuera así, tampoco me parecería gran cosa. Porque no lo es. Es una película muy normalita, que si no fuera firmada por los Coen seguramente pasaría desapercibida. Tiene cosas buenas, por supuesto. La música está bastante bien (para los que nos gusta el folk), la fotografía es asombrosamente buena, y hay señales del cine de los Coen, especialmente en ciertos toques de su genuíno y oscuro sentido del humor. Pero a la película le falta peso, le falta fuerza, no va a ninguna parte, cuenta pocas cosas y no las cuenta bien, o no las cuenta de un modo que enganche.

Lo más llamativo de la película es su estructura. Comienza con la escena final (hablando en términos cronológicos), por lo tanto, la película termina en el principio. No sé si me explico. Tiene, por tanto, una estructura circular, empieza y acaba de la misma manera. El viaje de Llewyn termina en donde empieza, es un viaje a ninguna parte, una mezcla del mito de Sísifo y la Odisea de Homero (ésta última, claramente representada por el nombre del gato: Ulises). Supongo que los Coen tratan de retratar eso, la odisea de un hombre por buscar su lugar, sin encontrarlo. Un perdedor, maltratado por la vida, por la gente, y por sus propios errores. Con un pasado oscuro y un futuro más oscuro todavía. Siempre desubicado. Siempre viajando sin saber adonde.

No está mal el planteamiento. Habría funcionado si se hubiera hecho de otra manera, pero no funciona. O, para ser exactos, no funciona conmigo. No empatizo con Llewyn, no me transmite nada. Si acaso, ciertas ganas de darle dos hostias de vez en cuando. Mira que me suelen gustar los retratos de perdedores, pero este no. De tan perdedor que es, ni eso logra.

No diría que es una mala película, porque eso sería mentir. Pero se queda en pasable. Me imagino que dentro de unos años, cuando hable con alguien sobre los Coen y empecemos a nombrar sus películas, de ésta ni me acordaré. Y el caso es que los primeros diez o veinte minutos me parecen buenos, logran captar mi interés. La escena del bar con la canción “Hang me oh hang me”, luego el gato que se escapa y se lo tiene que llevar en el metro, la llegada a casa de Jim y Jean con el gato, y el militar que tienen allí alojado… en fin, empieza de un modo interesante, pero poco a poco va decreciendo, decreciendo… comienza a languidecer, y hasta aparecen los bostezos, que es lo peor que puede pasar en una película. Eso si, entre bostezo y bostezo, buenas canciones.

A mitad de la película empiezas a sospechar que no va a pasar nada, que el resto del tiempo va a ser más de lo mismo, fracasos de Llewyn, nuevos sofas en los que dormir, etc. y empiezas a desear que haya más escenas de canciones porque esas al menos sí que valen la pena. Y oye, aunque no pase nada, siempre es agradable escuchar buenas canciones.

Y en este punto tengo que decir que Oscar Isaac (el actor que interpreta el papel de Llewyn Davis) es una sorpresa agradable, tanto como actor como en su faceta de cantante. Su trabajo para hacer un personaje patético es muy bueno, lo logra con total solvencia. En cuanto a su interpretación musical, también está más que digno. También me gustan Justin Timberlake y Carey Mulligan, que hacen una actuación cantando junto a Oscar Isaac que recuerda mucho a Peter, Paul & Mary, bastante lograda.

El tono underground de la película, tan característico de los Coen, en esta ocasión no funciona porque la historia es totalmente intrascendente. Además, hay varias subtramas que se abren durante la película y se quedan ahí, sin que se lleguen a cerrar. Es más, sin que se lleguen a retomar. No lo entiendo. Si abres una subtrama, que sea para algo, no para dejarlo ahí y ya está. No se, igual es que no me he enterado muy bien y tengo que volver a verla pero salí con la sensación de que los Coen habían metido cosas ahí a capón, o que habían iniciado subtramas y no se les había ocurrido nada para resolverlas, por lo que habían decidido simplemente abandonarlas.

La relación amor-odio de Llewyn con Jean (Carey Mulligan) daba para mucho más. Desde luego hace gracia la forma en que ella le trata, y la manera en que Llewyn aguanta el chaparrón de insultos y desprecios de ella, bordando el papel de pringao, ese personaje que todos conocemos en la vida real al que parece que no molesta que maltraten y que nos hace llegar a creer que merece ese maltrato, por pringao y sumiso. Pero ya digo, no se entra a fondo en la relación, los Coen lo tratan de puntillas, como casi todo en la película.

Por el contrario hubo una cosa que me pareció muy forzada. Se trata del viaje a Chicago de Llewyn Davis para una audición. Da la impresión de que tenían por ahí un guión con la escena del viaje con John Goodman, no les colaba en ninguna película anterior y lo han metido en esta. Porque, en principio, no venía mucho a cuento. Eso sí, es una de las mejores partes de la película. Pero, como digo, no encaja mucho, da la sensación de haberla metido ahí de un modo forzado.

En resumen, decepción. Creo que hay cuatro o cinco muy buenas escenas. Muy buenas. Pero una película es un todo, no basta con hacer cuatro o cinco buenas escenas, con buenos diálogos y muy bien interpretadas si todo eso no está al servicio de algo. Eso es lo que me falta, los cimientos sobre los que apoyar todo eso. Yo esperaba más. Y la culpa la tienen ellos, por haber hecho películas tan buenas.

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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
El lobo de Wall Street
El lobo de Wall Street (2013)
  • 7,5
    94.584
  • Estados Unidos Martin Scorsese
  • Leonardo DiCaprio, Jonah Hill, Margot Robbie, Kyle Chandler, ...
8
Gamberrada de Scorsese
En la primera escena de la película, Jordan Belfort (Leonardo Dicaprio) va conduciendo un ferrari mientras una rubia despampanante le va haciendo una mamada. Es como decirnos: “Esto es lo que se puede tener si consigues mucho dinero”. No se de donde se habrán sacado que a los hombres nos interesan esas cosas… Inmediatamente después se ve a Jordan en su oficina con sus compañeros jugando a lanzar unos enanos contra una diana. Llevamos dos minutos de película y ya tenemos las dos piezas claves que nos proporciona el dinero: placer y poder. Con dinero podemos tener cualquier cosa que nos produzca placer. Con dinero podemos tener poder para hacer lo que queramos, incluído humillar a la gente, que se dejará hacer cualquier cosa si les pagamos lo suficiente.

Después de que en estas escenas iniciales nos presente el momento álgido de la vida de Jordan Belfort, la película retrocede temporalmente hasta el primer día como corredor de bolsa del protagonista, en Wall Street, y a partir de aquí la narración es completamente lineal en sentido cronológico.

Tras derrumbarse la Bolsa en 1987, Belfort comienza a dedicarse a vender acciones basura a clientes incautos, e inicia de esta manera el crecimiento de su propia empresa. Se rodea de unos colaboradores absolutamente idiotas a los que puede manejar a su antojo y que se obnubilan con el dinero fácil, las drogas y las putas. Borrachos de poder y atiborrados de drogas, esta panda de indeseables se pasan la vida ganando dinero a espuertas a base de engañar a la gente, y luego lo gastan en vicios caros. No tienen ni un ápice de moral, ni de mala conciencia.

Scorsese pone ante nuestros ojos unos personajes absolutamente indeseables y al mismo tiempo agrede nuestra conciencia, ya que consigue nuestra empatía, nuestra complicidad. El espectador no se indigna con lo que ve, sino que por el contrario sonríe y festeja con complicidad, incluso las mujeres, a pesar del marcado tono machista de la película.

En el desarrollo narrativo de la película se alterna el falso documental (a menudo narrando las cosas mediante la voz en off) con la comedia de gags, consiguiendo de esta manera que el público vea con distancia y simpatía las peripecias de esta gentuza. Scorsese es un maestro en esto, y lo ha probado en multitud de películas, haciendo que criminales como los protagonistas de Taxi Driver o Uno de los nuestros obtengan todo el respaldo emocional del espectador a pesar de sus crímenes. Y cuando recrea una historia real (porque esta película está basada en hechos reales, no lo había dicho? pues si, Jordan Belfort existe e hizo todo lo que aquí se cuenta) como hace aquí o hizo en “Toro salvaje” es capaz de sacar todas las miserias de los protagonistas y conseguir al mismo tiempo que nos caigan simpáticos.

El peso de la película recae sobre los hombros de Leonardo Dicaprio. Es un actor como la copa de un pino, y especialmente cuando se pone a las órdenes de Scorsese saca todo su talento. Ya lo ha demostrado en otras ocasiones, y en esta película se sale, está completamente desatado y compone un personaje inolvidable. A veces puede parecer que sobreactúa, pero no es así, interpreta perfectamente lo que su personaje requiere, alternando diversos registros y dando una auténtica exhibición interpretativa.

Al rebufo de Dicaprio, espléndido Jonah Hill, que ya me había gustado en “Moneyball” y aquí se confirma como uno de los jóvenes actores con más capacidad. También quiero destacar a Matthew McConaughey, que tiene un corto papel pero está absolutamente deslumbrante, en una interpretación que quedará para el recuerdo, con un toque a Christopher Walken, arrebatador. Y, como no, hay que mencionar también a Margot Robbie, una mujer con una belleza espectacular y una gran personalidad interpretativa. Los hombres que hemos visto la película ya estamos deseando verla en la siguiente.

Estamos ante la película más gamberra y disparatada de Scorsese. A pesar de las tres horas de duración, la película no se hace nada pesada ya que el ritmo es ágil y hasta a veces frenético. Son tres horas de excesos con una ensalada de sexo, drogas, orgías, palabrotas, aderezadas con una salsa de sentido del humor, sarcasmo y locura. Una película excéntrica, alocada y, por encima de todo, divertida. Es casi imposible no pasárselo bien viendo esta película.

Por poner una pega, y que no parezca todo tan estupendo, diré que no me gusta mucho que se empeñe tanto en dejarnos claro que este mundo está repleto de gente codiciosa y carente de escrúpulos. Demasiadas escenas de cretinos comportándose como adolescentes (cuando no, directamente como monos), con los bolsillos llenos de dinero y las cabezas vacías. No hacía falta se tan explícito. Se pasan toda la película follando, drogándose, insultando, pegando o humillando, o varias de estas cosas a la vez, blanqueando dinero y cuando dejan de hacer todo esto porque les arrestan, entonces se delatan los unos a los otros, por si no estaba suficientemente clara la catadura moral de esta gente. Tal vez unos cuantos minutos menos de orgías, borracheras y broncas (a mi juicio, se repiten demasiado sin aportar matices narrativos) habría dado como resultado un mejor producto.

Hay que mencionar la música, siquiera de pasada, porque vale la pena. Multitud de canciones, no recuerdo todas, pero se escucha a Bo Didley, Howlin Wolf, la versión de los Lemonheads de “Mrs. Robinson”, “Ça plan pour moi” de Plastic Bertrand, “Gloria” de Umberto Tozzi…

La última escena, en el spoiler.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Oslo, 31 de agosto
Oslo, 31 de agosto (2011)
  • 7,1
    2.947
  • Noruega Joachim Trier
  • Anders Danielsen Lie, Hans Olav Brenner, Ingrid Olava, Øystein Røger, ...
7
El final del verano
Anders deambula por Oslo como un fantasma. La ciudad, magníficamente fotografiada, es su única compañera, pero él no se siente bien en ningún lugar, los recuerdos del pasado le atormentan y el futuro es un muro insalvable. El espectador quiere que Anders tenga una segunda oportunidad, que supere sus miedos, que cambie su talante, pero Anders no parece encontrar respuestas a nada, posiblemente porque tampoco conoce las preguntas que se está haciendo. Seguramente no encuentra nada porque en realidad no sabe lo que busca.

Estamos, no se puede negar, ante una película noruega, con todo lo que ello lleva consigo. Por lo tanto, sentimentalismos los justos. Estridencias, ninguna. Nada de escenas lacrimógenas, nada de grandes abrazos, nada de llantos inconsolables, nada de gritos ni risotadas, todo es austero, comedido, controlado, poco expresivo. Los sentimientos están latentes, implícitos, hay que mirar más allá de la pantalla.

El director, Joachim Trier (¿familiar de Lars Von Trier?), no indaga en las profundidades del personaje de Anders, no busca explicar sus sentimientos, ni busca justificar su comportamiento. Se limita a exponerlo, nos muestra el personaje para que lo veamos y seamos nosotros quienes valoremos las cosas. No busca respuestas a las cosas que le pasan al personaje, sino que prefiere que seamos nosotros quienes las encontremos. Tampoco hay juicios morales en la película. Trier no pone en tela de juicio nada, ni el mundo de las drogas, ni el comportamiento de la sociedad ante ello. Eso sí, el espectador sabe desde el principio que Anders está condenado y que no hay salvación posible para él porque en su interior ya está muerto.

A primera vista, Anders está en una situación ventajosa. Es joven, bien parecido, inteligente, sensible, educado, vive en el mejor pais posible en cuanto a economía y oportunidades… no se puede quejar. No obstante, el vacío le quema. Es demasiado inteligente como para conformarse con lo que la vida le ofrece. Demasiado sensible como para conformarse con la vida superficial y vana. Demasiado vulnerable como para poder negociar con una sociedad hipócrita y salir indemne. Es derrotado por sí mismo, por sus propios demonios, por su propia exigencia. Sabemos que tuvo el respaldo de su familia y el cariño de sus amigos, pero se ha perdido en el laberinto de la vida y pide ayuda en silencio. Nadie escucha esos gritos silenciosos y no encuentra nada ni nadie a quien agarrarse mientras se sigue hundiendo.

Lo más relevante, o lo que más me hizo pensar, son las escenas de la conversación con su amigo Thomas, que es al primero que visita cuando llega a Oslo. Thomas, que había sido su compañero de correrías juveniles, es ahora un hombre casado, con hijos, con un trabajo estable, ha seguido un camino completamente distinto al de Anders. En las conversaciones que tienen poco a poco se van volviendo cada vez más sinceros, y de las frases vanales de mero cumplimiento del principio van llegando de un modo cauteloso hasta las más íntimas confidencias. Thomas admite que ha aceptado una vida vacía, frustrante y rutinaria. No es feliz y se conforma con seguir tirando hacia adelante con su mujer y sus hijos, aunque no sepa exactamente hacia donde le llevará eso. Es un resignado. En el otro lado está Anders, inmaduro, inadaptado, en el punto opuesto al de su amigo, se siente igual de vacío. Para él nada tiene sentido, nada le ilusiona, nunca ha amado y siente que ha decepcionado a las personas que le amaron. Anders y Thomas siguieron caminos opuestos pero en esa tarde, en esa conversación, se encontraron en un punto común: ambos se sienten desgraciados, ninguno tiene la vida que soñaba cuando eran jóvenes.

Anders se siente ajeno a la vida, como si la vida fuese algo que está a su alrededor pero fuera de él. Y se siente un extraño en su ciudad. Cuando está sentado en una cafetería observa a la gente, escucha sus conversaciones, es el protagonista de la película pero en realidad es un espectador más. El mira a la gente, pero nadie le ve. Escucha las conversaciones de las demás mesas, pero nadie repara en él. Presencia la vida como algo externo. La vida sigue su curso sin él, siente que no es necesario.

En ese día, ese 31 de Agosto que pasa en Oslo, se choca de frente contra una sociedad en la que no encuentra una rendija mediante la que poder integrarse a ella. No ve acceso. Quiere encontrarse con antiguos amores, pero no le atienden. Con sus antiguos amigos ya no se entiende. Su familia no está. La entrevista de trabajo no sale bien. A cada paso que da, a cada situación que se sucede, se siente más y más excluído.

Para concluir, la película es poco amable, pesimista, triste. No es para cualquiera. Árida pero con ciertos puntos de lirismo. Se le puede sacar cierto jugo pero para eso debes enfrentarte a ella. Si eres espectador pasivo puede aburrirte. Es desoladora, intimista, sobria. Es noruega. Avisado estás.

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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Venus de las pieles
La Venus de las pieles (2013)
  • 6,9
    8.548
  • Francia Roman Polanski
  • Mathieu Amalric, Emmanuelle Seigner
7
Más Polanski que nunca
En esta película, Polanski ha dado una vuelta de tuerca más al polanskismo. La atmósfera ya definitivamente es su propia atmósfera. La sensación de claustrofobia se intensifica. Cuatro actores ya eran muchos, esta vez dos. No me extrañaría que la próxima película de Polanski (si la hay) sea con un solo actor metido en una caja, haciendo un monólogo.

Pero tiene derecho a hacerlo. Es el cine que le gusta, y hace bien, se lo puede permitir. Además, a sus seguidores nos gusta. Personalmente, disfruto con esas atmósferas, me gusta esa manera que tiene Polanski de indagar en las partes más recónditas del alma, en aquellos lugares en los que nadie indaga, en lo más retorcido de cada uno de nosotros.

Cuando voy a ver una película de Polanski me imagino lo que voy a ver. No espero que haya veinte protagonistas y cientos de extras, ni que habrá muchas escenas en exteriores. Espero ver una película de las suyas, con sus características, y eso es lo que debería esperar todo el mundo. Quien quiera otra cosa, que no vaya. Es como ir a un restaurante japonés y esperar que nos pongan torreznos de aperitivo. Digo esto porque me imagino que habrá gente que se aburrirá mucho viendo una película que se desarrolla enteramente en lo alto de un escenario de teatro, y en la que durante todo el metraje solo aparecen dos actores, que lo único que hacen es hablar. Amigos, es Polanski, es lo que hay, y la cartelera está llena de otro tipo de cine.

El tour de force al que Polanski somete a sus dos actores (Mathieu Amalric y Emmanuelle Seigner) obtiene un magnífico resultado ya que tanto uno como otra están sensacionales en sus respectivas interpretaciones. Polanski es un admirable director de actores, lo ha sido siempre, y en esta ocasión consigue sacar un rendimiento escandalosamente bueno de ambos. Yo le doy un gran mérito a Polanski, puesto que no considero a ninguno de los dos protagonistas de la película unos actores de gran talento. En este caso, a mi juicio, el mayor talento es de quien los dirige. Aunque, como es lógico, de donde no hay no se puede sacar, o sea que algo tienen, pero lograr que aflore y que den más de lo que tienen, eso es tarea del director. Y aquí, no hay duda, lo consigue.

Diría que Amalric incluso me recuerda al propio Polanski. Me parece como si hubiera pensado “voy a poner a alguien que me interprete a mi”. No se, igual es una tontería, pero no lo puedo evitar, me pasé toda la película pensando que Amalric se daba un aire a Polanski cuando era joven y que eso habría tenido algo que ver en su elección para el papel. Y, si tenemos en cuenta que la protagonista es su mujer…

Y, hablando de su mujer, Emmanuelle Seigner mantiene un nivel físico excelente. Parece mentira que tenga 47 años. La última vez que la vi, en la película “En la casa”, la encontré algo mayor y me dio pena porque la recordaba guapísima. En cambio, en esta película la he visto muy bien. Se mantiene en un envidiable estado para su edad. Parece mentira que después de tantos años que han pasado desde “Lunas de hiel” siga siendo una mujer deseable. Me siento identificado con ella.

La película es poco accesible. Muy poco. Requiere una gran complicidad por parte del espectador. Si logras meterte en ella, disfrutarás de esa especie de teatro postmoderno que Polanski plantea y quedarás atrapado en el morbo, en el ambiente oscuro y enfermizo que se va generando entre los actores. Por el contrario, si no logras conectar corres el riesgo de dormirte en la butaca. Además, el director complica las cosas continuamente para que sea más difícil de seguir. Exige un cierto nivel cultural en el espectador y encima hace que los actores hagan comentarios sobre el texto, que a menudo se confunden con el texto mismo, lo cual hace que el espectador se desconcierte, ya que lo normal es que los actores interpreten el texto y lo hagan suyo, en lugar de cuestionarlo. Y como a medida que la película avanza, la relación entre el director y la actriz se va intensificando, la interpretación de los respectivos papeles lleva a un paroxismo final en el que se diría que la propia obra de teatro termina por devorar a los intérpretes. Y, casi casi, también a los espectadores.

Me gustó la película, pero aviso que es muy difícil que guste al público medio. Pero yo disfruto con el maquiavelismo de Polanski y con su precisión detrás de la cámara, con su infinito talento. Esa cámara, con el maravilloso acompañamiento musical, que avanza por el boulevard parisino y termina introduciéndose en el teatro. La misma que termina saliendo de él, al final de la película. A muchos no les dirá nada, a mi me parece puro arte.

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43 de 60 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nebraska
Nebraska (2013)
  • 7,4
    28.539
  • Estados Unidos Alexander Payne
  • Bruce Dern, Will Forte, Stacy Keach, Bob Odenkirk, ...
9
Me rindo a Payne
No voy a ser capaz de expresar cuánto me ha gustado esta película, así que no voy a perder el tiempo en intentar ponerle palabras a los sentimientos.

No es que la historia sea una maravilla. De hecho, se trata de una historia muchas veces vista en el cine, y que trata temas que se han tratado miles de veces, pero no es eso lo importante. Lo que hace diferente a esta historia de todas las demás son los detalles, los personajes, el sentido del humor que sirve de contrapunto a un tema bastante dramático. No es la historia, es la forma tan peculiar en que Payne la cuenta, lo que hace que te enamores de la película.

Cuando Woody vuelve a su pueblo, su hijo empieza verdaderamente a conocer a su padre. No sólamente por las conversaciones que tiene con él, sino sobre todo por lo que ve y lo que escucha en el pueblo, por lo que cuentan los que le conocen, los que le conocieron en el pasado, sus amigos, su ex-novia, y sobre todo su propia madre, que parece distinta en ese ambiente rural, reviviendo el pasado, reconstruyendo la historia, en el cementerio, en la casa donde se crió Woody, en el taller en que trabajó, en el bar… en definitiva, en los escenarios de su vida anterior. Lo que para el hijo empezó siendo una viaje a regañadientes, un poco para complacer la testarudez del padre y otro poco por huir de su propia realidad (su novia acaba de abandonarle), se termina convirtiendo en un interesante viaje en el que descubrir a su padre, en el que conocerle por fin, investigando en sus raíces, en su núcleo, encontrando ahí las respuestas al comportamiento de un padre lastrado por el alcoholismo.

De este modo, la road movie se convierte en un doble viaje, el viaje exterior en el que se muestra como pasa la vida lenta y lánguidamente en el corazón de la América profunda, y sobre todo el viaje interior. El primero conduce al segundo. Porque no es importante el premio que va a buscar Woody, lo que verdaderamente busca es la gloria de sentir el orgullo en los ojos de sus hijos cuando le miran, busca redimirse ante ellos, convencido de que no ha sido un buen padre. Ese papel publicitario que Woody guarda en el bolsillo como un tesoro es su pasaporte para salir de la rutina, su última oportunidad para hacer algo bueno por sus hijos, porque saben que la muerte y el alzheimer están compitiendo por llegar a él primero.

Me resulta fascinante ver cómo la película trata temas como la vejez, el deterioro físico y mental, la senilidad, etc. con una elegancia sorprendente, huyendo del típico tratamiento sensiblero que se suele hacer en el cine. En cuanto al tema de las relaciones familiares, digo lo mismo, no es complaciente sino que retrata con bastante realismo la cruda realidad, ahondando con precisión en la naturaleza humana que es mezquina, contradictoria y a menudo hiriente. De este modo, el espectador es arrastrado hacia el interior de la película con una extraña mezcla de sentimientos melancólicos y alegres al mismo tiempo. Cuando digo “el espectador” me refiero a mí, claro.

Me ha gustado mucho también el diseño de los personajes, creo que es una de las grandes claves de la película. Cuando los personajes están bien hechos y tienen interés, las películas tienen mucho ganado. Por ejemplo, me gustó mucho que el hijo que acompaña a su padre sea un tipo gris, pusilánime, mediocre. Y que haga todo lo que hace por su padre a pesar de esa falta de carácter y ambición. Y me gusta que sufra por su novia siendo ésta una chica gorda y nada atractiva. No hay nadie atractivo en la película, todos son feos, gordos o viejos, cuando no las tres cosas a la vez.

Es hora de ensalzar como se merecen a los actores. Ellos también tienen mucha culpa de la grandeza del film. Bruce Dern está infinito en su papel. Descomunal. Una lección para cualquier actor. Es capaz de interpretar en voz alta desde el silencio, matizando en cada mirada, glorificando el oficio de actor en cada frase, componiendo un personaje maravilloso que cuando se despoja de sus capas de viejo cascarrabias termina siendo entrañable y tierno. Lo único malo de su maravillosa interpretación es que puede eclipsar injustamente a sus compañeros de reparto. Porque Will Forte es todo un descubrimiento, y qué decir de June Squibb, dando vida a un personaje peculiar con una fuerza inusitada. Grande también Stacy Keach, a quien recuerdo en mi niñez cuando interpretaba al detective Mike Hammer.

Hay que decir, por si alguien no lo sabe, que la película es en blanco y negro, lo cual le da un toque más artístico aún. Especialmente si al blanco y negro le unimos la impresionante fotografía y la magnífica música de Mark Orton, una preciosidad que además no se emplea para reforzar ideas o escenas sino que se limita a reforzar las imágenes y a completar el festín artístico que supone el visionado de esta película.

“Nebraska” inevitablemente evoca a “Una historia verdadera” de Lynch, a “La última película” de Bogdanovich, pero sobre todo evoca al Quijote. Woody, incluso se parece físicamente a Alonso Quijano. Y, claro, su hijo David es Sancho Panza, sensato, cobardón, fiel y abnegado. Incluso tenemos los molinos de viento que don Quijote creía que eran gigantes en el premio que va a buscar, que es claramente un timo, pero para él es un millón de dólares y de propina la admiración y el respeto de sus hijos.

Termino ya. Maravillosa película. Repleta de sensibilidad. Tiene alma, es de estas películas que llegan dentro. Es bella, sencilla, poética, pero también hilarante. Me reí con ganas, y esto me pasa en pocas películas. Me lo pasé en grande, e, inevitablemente, me terminé por emocionar con su precioso final. Una joya. Una delicia para el alma. Si no te gusta, es que no tienes.

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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Her
Her (2013)
  • 7,5
    68.394
  • Estados Unidos Spike Jonze
  • Joaquin Phoenix, Scarlett Johansson, Amy Adams, Rooney Mara, ...
8
Hablando se entienden las máquinas
“Her” es una película interesante, original, ambiciosa, que plantea temas que mueven a la reflexión, especialmente para aquellas personas interesadas en las tecnologías y en la manera que éstas afectan a los comportamientos sociales.

Aunque el futuro no es fácil de pronosticar, no cuesta nada imaginar el estilo de vida de un futuro más bien cercano que nos muestra la película, bastante deshumanizado, apabullado por la cada vez más sofisticada tecnología. No cuesta nada imaginar a la gente del futuro progresivamente más apegados a las máquinas que a las personas. Es sencillo imaginar dentro de unos años a la gente llevando un pinganillo en la oreja dando órdenes verbales a un sistema operativo para que nos lea el correo, nos ponga una canción melancólica o nos busque una chica para chatear en una noche de insomnio.

No es excesivamente original la idea de un humano enamorándose de una máquina, o de un ser irreal, ya se ha hecho varias veces antes en el cine. Lo que me parece original es el modo de plantear el tema, de una manera en la que no se busca tanto el efectismo y que resulta bastante creíble por el modo en que lo cuenta y por lo que todos intuimos que va a ser el nuevo escenario de vida en un futuro no muy lejano.

Si las tecnologías son tan completas y nos facilitan tanto la vida, cada vez necesitaremos más de ellas y menos de las personas. Lo cual se opone a la tendencia natural del ser humano de relacionarnos, compartir sentimientos, etc. Theodore se encuentra en un mal momento en su vida, puesto que hace pocos meses que se ha roto su relación con su novia. Se encuentra solo, y su nuevo sistema operativo, Samantha, llega a su vida y comienza a hacerle compañía, le ayuda en el trabajo, en la casa, le aconseja, le sirve de apoyo… como si fuera una amiga, o incluso una pareja ideal. Una compañía perfecta con una sola desventaja: no tiene cuerpo. Pero, ¿realmente eso es un inconveniente?

He ahí la gran cuestión. ¿El amor es algo físico? Porque si no lo es, si se trata de algo mental, no es ningún inconveniente el hecho de que tu pareja no tenga cuerpo. Jonze plantea este tema con mucha seriedad, con valentía, pasión y ternura, por más que sea inevitable alguna escena un tanto esperpéntica al tratarse de una relación entre un ser humano y un sistema operativo. Pero en el contexto de la película estas escenas no parecen ridículas, porque en el fondo se trata de arremeter contra la sociedad, una sociedad cada vez más vacía que lamentablemente está abocada a que cada vez las relaciones personales sean más difíciles, y por lo tanto cada vez sea más sencillo y reconfortante tener un software que nos conozca y nos enamore.

En cuanto a los actores, “Her” es un potente tour de force entre Joaquin Phoenix y Scarlett Johanson, con la particularidad de que mientras que Phoenix interpreta con todos sus recursos físicos, la Johanson sólo lo hace desde la voz, lo que no deja de ser un pulso interpretativo muy peculiar. Me apresuro a decir que ni uno ni otra forman parte de mi grupo de actores favoritos sino más bien todo lo contrario. No obstante, en este caso ambos están a un gran nivel. Joaquin Phoenix hace un gran trabajo en un papel en que debe convertirse en un tipo gris, solitario y vulnerable. Phoenix soporta casi todo el peso de la película con total solidez en un papel de hombre manso, herido y necesitado de cariño para el que, a priori, no parece el mejor candidato, pero que resuelve con absoluta brillantez, demostrando que, bien dirigido, es un actor de mucho potencial.

En la otra esquina está Scarlett Johanson que, con su voz aterciopelada hace que el espectador comprenda perfectamente que Theodore vaya quedando poco a poco prendado de ella, y que su presencia, aunque solo sea sonora, se vaya haciendo más y más importante a medida que avanza la película. Por supuesto, si la veis doblada ya no escuchareis a Scarlett Johanson sino a su dobladora, por lo que no me responsabilizo de los resultados del fusilamien… del doblaje. Personalmente, la voz de Scarlett no me parece taaan sexy como se dice. Lo hace bien, pero creo que hay miles de actrices que podrían haber hecho lo mismo, o incluso mejor. Y también me planteo lo siguiente: ¿Hasta qué punto nos gusta la voz de Scarlett en sí misma, y hasta qué punto influye en ello el hecho de que, al escuchar su voz todos sepamos la tía buena que está detrás de esa voz? Ahí lo dejo.

La banda sonora no es la que yo me compraría pero queda bastante bien en la película. Suenan canciones de Arcade Fire y de Owen Pallett, y hay una canción cantada por la propia Scarlett Johanson. Ya digo que en ningún momento desentona y hay algunos pasajes musicales francamente hermosos que casan muy bien con las imágenes del film.

La película tiene frases para el recuerdo. Especialmente dos: “El pasado es solo una historia que nos contamos a nosotros mismos” y “Siento que ya he sentido todo lo que voy a sentir. Nunca volveré a sentir algo nuevo, solo versiones más pequeñas de lo que ya he sentido”. En cuanto a escenas, me hizo mucha gracia una escena en la que Theodore queda con una pareja y salen los cuatro a pasar el día: su amigo, su novia, él y su sistema operativo. Puro surrealismo. O no, ya veremos.

Hay cosas en “Her” fácilmente criticables, es lógico cuando haces una película arriesgada. Pero para mi, lo bueno eclipsa esos posibles momentos bajos, siempre que la veas con la mente abierta. Me ha parecido una película interesante, original, entretenida, con un punto filosófico-existencialista, que cuenta con varias escenas perdurables y que creo que es una gran opción para pasar un buen rato en una sala de cine. Y con un final bello y conmovedor.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La mujer del chatarrero
La mujer del chatarrero (2013)
  • 6,5
    624
  • Bosnia y Herzegovina Danis Tanovic
  • Nazif Mujic, Senada Alimanovic, Semsa Mujic, Sandra Mujic
6
Documental disfrazado
“La mujer del chatarrero” es una película prácticamente casera. Cuando terminé de verla pensé que casi cualquiera podríamos hacer una película así. Y es cierto. No creo que exista una película con menos pretensiones que ésta. Es un film austero, pequeño, incluso en el metraje (75 minutos), minimalista, tanto en la historia como en el desarrollo de la misma. Lo que vemos en la pantalla durante todo ese tiempo es el día a día de esta familia, y, por extensión, de las demás familias que viven en ese barrio, en los arrabales de Tuzla, un lugar incómodo, agreste, frío, donde la vida es una lucha cotidiana. Así, asistimos a escenas largas sobre cómo Nazif va a buscar leña para calentar la casa, o como desguaza un coche abandonado con un hacha. Escenas aparentemente intrascendentes pero vitales para ellos. Esos actos suponen seguir viviendo.

Tanovic se basa en la trama que surge a partir de la enfermedad de Senada para hacer una crónica desnuda y tajante de la situación que vive el colectivo gitano en Bosnia. Una situación angustiosa que Tanovic retrata desde el punto de vista de aquel que quiere otra cosa para su pais. No obstante, a cualquier espectador de casi cualquier parte del mundo no le cuesta ningún trabajo imaginar esa misma precariedad social en cualquier otro pais. Y aquí en España, por supuesto que es muy fácil identificarse con lo que ves en la pantalla. Si extrapolamos lo que ocurre en la película a cualquier suburbio de una ciudad española, nos podría salir una película muy parecida.

Estamos ante una película que es prácticamente un documental. Para mí, de hecho, lo es. Un documental disfrazado de largometraje de ficción. Y es que la historia es real, lo que cuenta Tanovic sucedió realmente. Pero no se conforma con contar una historia que sucedió realmente, Tanovic va más allá, cuenta la historia utilizando como actores a las personas a quienes les sucedió la historia en la vida real. Nazif Mujic interpreta a Nazif Mujic, Senada Alimanovic hace el papel de Senada Alimanovic, y sus hijas hacen el papel de sus hijas. Y el resto de personajes de la película los interpretan las personas a quienes representan. El hermano de Nazif es su hermano real, la suegra también… todos. La película está interpretada por las personas reales a quienes se representa en la pantalla. Solamente los médicos, por razones obvias, no son los médicos reales que se negaron a operar a Senada. Teniendo en cuenta todo esto, yo creo que la obra está más cerca de ser un documental que un largometraje de ficción, aunque formalmente sea esto último.

Vemos la historia tal como ocurrió, puesto que Nazif y Senana lo que hacen es recrear los hechos. Volver a vivir lo mismo que vivieron, pero esta vez con una cámara delante (o detrás, casi siempre). Para ello, usan sus nombres reales, no utilizan decorados sino que son los escenarios reales (su casa verdadera, su barrio, su bosque…), actúan interpretándose a sí mismos, y lo hacen bastante bien dadas las circunstancias. Lo que logra Tanovic con esta familia es, para mí, prodigioso, ya que, además, parece ser que todo se rodó en una semana, o sea que la mayoría de las tomas no se repitieron, o se repitieron muy pocas veces.

Por lo tanto, la película no puede ser más realista, ya digo que es un documental encubierto. Cine de denuncia social llevando la credibilidad del mismo hasta las últimas consecuencias. Hay una escena en la que la cámara se da un golpe con la escalera, y se aprecia perfectamente. Pues bien, Tanovic no ha eliminado esa escena en el montaje, supongo que para añadir un gramo más al realismo del film.

Y siguiendo con el mismo tema, la sensación de “cinema verité” se incrementa también con la ausencia total de música. No hay. Lo más parecido a música que se escucha en la película son los hachazos de Nazif al partir la leña o al desguazar los coches. O el alboroto continuo de las dos niñas. Pero nada más, no hay envoltorio musical.

Incidiendo en el tema de partir la leña, al empezar la película Senada le pide a Nazif que traiga leña, y hay una larga secuencia en la que Nazif va al bosque, tala un árbol con una sierra, parte la leña y la trae a casa. La película termina de la misma manera, Nazif otra vez tiene que ponerse a partir leña en medio del paisaje nevado. No se si el hecho de que empiece y termine así es una especie de simbolismo de que cada día hay que volver a empezar para esta familia, pero así me lo pareció. La historia acaba pero al día siguiente volverá a empezar.

A pesar de la terrible situación, de la penuria cotidiana, no se diría que Nazif y Tamara se sienten muy infelices. Viven en las afueras, en una casa pequeña, la tele se ve fatal, Senada tiene que lavar la ropa a mano en la bañera, a menudo se quedan sin luz en la casa, el invierno es terrible con grandes nevadas, si quieren estar calientes en casa tienen que salir a partir leña, etc. y sin embargo ríen a menudo, no se quejan, se lo pasan bien juntos, se toman su café, comparten un cigarro, no se dejan vencer por la vida. Tienen poco o nada de cosas materiales pero de lo demás van sobrados.

“La mujer del chatarrero” es una película pequeña. No es una gran película. No cuenta una gran historia. Es breve, nos enseña una realidad que no conocíamos y nos hace pensar. No es agradable de ver, pero me gustó. Sus pequeños fallos (entendiendo por fallos aquello que a mí no me gusta) son consecuencia del excesivo afán por hacer la película al estilo vídeo casero. La cámara al hombro persiguiendo a los personajes se emplea de un modo abusivo, pero esto no empaña el gran trabajo de Tanovic y su loable intención.

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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Oh Boy
Oh Boy (2012)
  • 6,9
    3.168
  • Alemania Jan Ole Gerster
  • Tom Schilling, Marc Hosemann, Friederike Kempter, Justus von Dohnányi, ...
6
Un día en Berlín
“Oh boy” está rodada en blanco y negro y se trata de una obra que sencilla pero bien hecha, se nota que está rodada con el cariño con el que se realiza una ópera prima y eso llega al espectador, que se posiciona a favor de la película, una película realizada con un sobrio minimalismo y la simplicidad de la historia, que narra un día en la vida de un personaje mediocre que vive la vida sin saber cual es el destino de la misma, y que se encuentra permanentemente rodeado de personas que parece que vivan en otro mundo, que hablen un idioma diferente al suyo, y entre las que se siente tan extraño que su único objetivo termina siendo ser capaz de tomarse un café tranquilo, algo que parece fácil y que, en esta película, no es fácil de lograr.

Está muy bien que la película sea en blanco y negro, no solo por lo bien que queda fotografiada Berlín, sino porque también en blanco y negro es la vida de Nico Fischer, una vida gris en la que se encuentra completamente estancado, en lo que sería el típico personaje inadaptado que tantas veces hemos visto en el cine, pero que se diferencia de aquellos en la manera en que da respuesta a esa situación. Nico no es el típico inadaptado rebelde porque el mundo le ha hecho así, que trata de cambiar pero no puede porque los demás le han estigmatizado y termina desarrollando impulsos suicidas como último medio para escapar de una vida hostil. No, Nico es un inadaptado que no lucha por dejar de serlo, que se toma las cosas con una extraña filosofía, que, pese a que todo le sale mal, no se exalta, no pierde los papeles, no grita ni se desespera, termina abandonando todos los escenarios adversos sin hacer ruido, casi pasando desapercibido.

En muchos aspectos, esta película recuerda a otra que vi hace poco titulada “Oslo 31 de Agosto”. Es inevitable que no me la recuerde teniéndola tan reciente. Como en “Oslo…”, aquí la historia transcurre íntegramente en un día en la vida del protagonista. Igual que en aquella, la ciudad en la que se desarrolla (en este caso, Berlín) es un protagonista más del film. Tanto en una como en otra, el protagonista en un chico inadaptado que no ha hecho bien la transición del joven al adulto y no termina de encontrar su sitio en la sociedad. En fin, muchas similitudes. Lo que más diferencia a una de la otra es la forma en la que uno y otro protagonista afrontan esta situación. Mientras que el de Oslo busca salidas y cree no encontrarlas, Nico parece no responsabilizarse de nada. Mientras el de Oslo sufre abiertamente por su situación, Nico encaja los golpes con resignación. Mientras el de Oslo quiere morir porque la vida que a él le gustaría tener es imposible, Nico ni siquiera sabe qué vida quiere vivir.

Y es que esa es la cuestión principal. El protagonista tiene unos treinta años, y pese a tener tanta vida por delante, parece no haber ningún tipo de futuro para él. Nadie confía en él, y es bastante lógico puesto que él mismo es el primero en no confiar demasiado en sí mismo. ¿Qué futuro le puede deparar a alguien que ni siquiera es capaz de conseguir tomarse un café?

Nico Fischer es un rebelde sin causa en una ciudad en la que todo parece estar en su contra. Es una persona que prefiere la soledad, no soporta las ataduras. Se ve claramente en todas las relaciones que tiene. Pero, por otro lado, es tímido y educado, por lo que no le gusta quedar mal con nadie. Todos las relaciones por las que atraviesa a lo largo de la película le son adversas, y con nadie se encuentra cómodo, ni con su novia, ni con sus amigos, ni con su vecino, ni con su padre, ni con su antigua compañera de clase (una exgorda a la que llamaba Julika gordika y que ahora está buena)… hasta el punto de que se encuentra mucho mejor con gente desconocida. Los momentos en los que Nico se encuentra más cómodo son los que pasa con la abuela de un camello y la conversación que tiene con un viejo en un bar.

A pesar de sus problemas, el protagonista de “Oh boy” no se queja de nada, en ningún momento. No utiliza a las personas con las que se va encontrando para que le ayuden, ni siquiera para sentirse comprendido. Al contrario, prefiere escuchar a los demás y tratar de entenderlos. El vive anclado en su desencanto y no parece tener un gran interés por salir de él.

Me gustó bastante la banda sonora, mucho jazz, parecida a la que suele encontrarse en las películas de Woody Allen. Ese estilo.

“Oh boy” está bastante bien para mi gusto, pero tampoco llega muy lejos. Le falta miga, un poco de mala leche no le habría venido mal, un punto de acidez. Le falta mensaje, o, si lo tiene, no cala. Por otra parte, me parece un debut interesante, me cayó bien, me gustó la melancolía que desprende.

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9 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
El último concierto
El último concierto (2012)
  • 6,9
    5.440
  • Estados Unidos Yaron Zilberman
  • Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Christopher Walken, Mark Ivanir, ...
8
Pura delicia
Empezaré por lo malo. La película es americana, con todo lo que ello lleva consigo. Una de las cosas típicas de las películas americanas es que parece que las cosas tengan que dártelas mascadas, que siempre que alguien hace algo malo te den poderosísimas razones para que lo entiendas, que casi nunca un “bueno” puede cometer un error o hacer algo incorrecto porque los humanos somos imperfectos, no, siempre hay una razón enorme para que uno que en la película tiene el papel de “bueno” cometa un desliz. Eso no me gusta, y aquí pasa, y pasa con casi todos los personajes, ya que todos son “buenos”.

Tampoco me gustó mucho la subtrama de la bailarina española que se enamora de Phillip Seymour Hoffman, un excelente actor (uno de los mejores del mundo) capaz de hacer creíble cualquier papel menos el de rompecorazones. Que una chica joven y guapa se enamore de él es de película de ciencia-ficción, y esta no lo era.

Por último, el tema de la hija, guapa, rebelde, y con un inmenso talento para tocar el violín, tampoco me la trago. Yo creo que es un personaje que quizá está de más en la película, o no está bien tratado.

El resto, pura delicia. He disfrutado mucho con la película. No se hasta qué punto se debe a la propia calidad de la misma, y hasta qué punto tiene que ver que las úlitmas películas que había visto me habían gustado bastante poco. Pero el caso es que la gocé bien.

Después de verla me entero de que es el primer largometraje de este director, Yaron Zilberman, y desde luego no lo parece. La película está realizada con temple, y hay una magnífica dirección de actores. Ya, ya se que se trata de unos actores de tan alto nivel que no hay que ser un maestro para sacar jugo de ellos, pero en este caso se nota que están muy bien dirigidos, además del talento que tienen ellos.

Tan claro que el director es nuevo en esto de dirigir películas como que no tiene nada de novato en conocimiento de la música clásica. Se nota que sabe del tema y que ama la música, porque además logra transmitirlo. Le sobra conocimiento, de eso se da cuenta cualquiera que la vea. Por lo tanto, la música de la película ya se entenderá que es formidable. Y si a la buena dirección de actores, al acertado manejo del ritmo de la historia, añadimos unos preciosos planos del invierno en Nueva York y un pulcro respeto por los personajes, a los que terminamos entendiendo tanto en sus virtudes como en sus miserias (excepto, ya digo, las dos chicas jóvenes), nos sale una película de gran calidad, un brillante debut como director.

El cuarteto de actores es de lujo. Tenemos al primer violinista, Mark Ivanir, un actor al que no conocía, y si le he visto, no le recuerdo. Hace de músico disciplinado, perfeccionista. Un tipo solitario y reprimido, que solo parece ser feliz cuando toca el violín. Lo borda.

Philip Seymour Hoffman, el segundo violín. Palabras mayores. Un actor que no sabe hacerlo mal. Interpreta a un violinista que lucha continuamente por ser reconocido, por ser más tenido en cuenta dentro del cuarteto, y también por su matrimonio, ya que siente que su mujer no le quiere demasiado. Cuando intenta que durante los conciertos sea él el primer violín alternando con el otro, su mujer se pone en contra y se empieza a desencadenar el drama. Está genial, como siempre. No hay papel que le quede grande, lo desarrolla con una naturalidad y un empaque que difícilmente se aprende. No me imagino a nadie mejor para el papel.

Catherine Keener, la mujer de P.S. Hoffman en la película. Toca la viola en el cuarteto. Sensacional también. Está casada con un hombre del que no está enamorada, pero tienen una hija en común y sigue con él hasta que logra la excusa perfecta para dejarlo. Ama el grupo y trata por todos los medios de salvarlo. Sufre por la enfermedad de Christopher Walken, por la separación de su marido y por su nefasta relación con su hija. La Keener (¿sigue casada con Dermott Mulroney?) brilla con luz propia y demuestra que tiene mucho más talento del que, seguramente, ha mostrado hasta ahora.

Por último, el gran Christopher Walken. El violonchelista. Se sale de la pantalla. Rebosa elegancia y saber estar por todas partes. Todos los aficionados al cine sabemos que estamos ante un actor de primerísimo nivel que lleva toda la vida dando lecciones de interpretación, pero a mi me sigue asombrando. Cuando él está en la pantalla, se los come a todos, no se puede mirar a otro lado. Está inmenso. Cuando se sienta a escuchar un disco en el que canta su difunta mujer no puedes dejar de compartir su emoción. Y su intervención final, que tardaré en olvidar. O cualquiera de sus lecciones en la clase de música que imparte (la anécdota de Pau Casals, o lo cabrón que era Beethoven por conectar siete movimientos y hacer que no se pueda hacer pausa entre ellos, escenas para el recuerdo).

En esta película, la música es lo principal, hay que saberlo. Se tocan otros temas, la vejez, la enfermedad, la amistad, el matrimonio, los hijos, el egoísmo, pero salvo éste último, todos muy de soslayo. El egoísmo sí está presente durante toda la película. Los personajes se enfrentan a él. Al suyo y al de los demás. De hecho, como de música clásica en general y de Beethoven en particular no puedo opinar mucho porque soy profano, el debate que tuve tras ver la película fue sobre el egoísmo. La conclusión fue que hay pocas cosas tan humanas como el egoísmo. Incluso los generosos son egoístas, por lo tanto, es un defecto con el que hay que ser indulgente.

En definitiva, una película que hay que ver. Es sencilla, poco pretenciosa. Culta pero accesible. Tiene sentimentalismo pero no empalaga, sino que conmueve, y exalta la pasión. En la vida y en la música. Versión original subtitulada obligatoria, como siempre.

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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Act of Killing
The Act of Killing (2012)
  • 7,8
    6.696
  • Dinamarca Joshua Oppenheimer, Christine Cynn
  • Documentary, Anwar Congo, Herman Koto, Adi Zulkadry, ...
8
Vuelco al sistema de valores
Anwar Congo, en 1965, pasó de ser un ganster de poca monta que revendía entradas de cine, a capitanear uno de estos escuadrones de la muerte, que buscaban y eliminaban comunistas. Anwar Congo y sus amigos, explican en este documental la manera en la que cometieron esos crímenes en masa. Para ello, el director del documental, Joshua Oppenheimer, les convence para que ellos hagan una película en la que recreen los crímenes, ambientándolos en las películas que a ellos tanto les gustaban (westerns, cine negro, películas bélicas, etc.). Así, ellos dirigen e interpretan la película sobre ellos mismos, representando sus propios papeles y los de sus víctimas, en escenas alucinantes.

Llama la atención desde el principio la impunidad con la que hablan y actúan. Más aún, con el orgullo que lo hacen. Son asesinos en masa y al mismo tiempo son héroes en su pais. Resulta espeluznante una de las primeras escenas en la que Anwar Congo explica que cogían a muchos comunistas, los hacinaban en un patio y les mataban a palos. Pero que esa manera de matarlos no era buena porque echaban muchísima sangre y cuando lo limpiaban quedaba un olor asqueroso. Entonces decidieron matarlos como habían visto en algunas películas, estrangulándolos con un alambre. Esto era mucho más limpio. Todo esto lo cuenta Anwar en una de las primeras escenas, con la sonrisa en la boca todo el tiempo, alardeando de su gran idea, y termina la escena bailando feliz y contento.

En aquellos años, Anwar y sus amigos salían del cine después de ver una película de gansters y se sentían como los personajes que acababan de ver, así que tras ver la película salían a la calle y se dirigían a matar a unos cuantos comunistas del modo en que habían visto a los gansters matar en la pantalla. Yo, que suelo decir que cuando una película me gusta salgo de cine siendo el protagonista de la misma durante unos minutos, me lo pensaré dos veces a partir de ahora.

El documental es muy curioso y original en su forma, y se nota la influencia de Werner Herzog, que es uno de los productores ejecutivos del mismo. Y supongo que también es un aviso al mundo de que hay paises en los que aún suceden cosas impensables, auténticos paraísos para mentes enfermas. Una denuncia de que en el siglo XXI, en algunos lugares tienen una mentalidad parecida a la que había por aquí en la Edad Media.

Ellos están orgullosos de haber matado tantos comunistas. Y la gente de allí les venera porque se encargaron de difundir que los comunistas eran terribles, crueles y lo peor del mundo, que había que exterminarlos porque de lo contrario ellos se cargarían el pais. Una propaganda que ya ha funcionado en otros paises y que el pueblo siempre traga, sea por ignorancia, miedo o instinto de supervivencia. Aunque ahora cuando lo cuentan, uno de los amigos de Anwar dice que no, que era mentira que los comunistas fueran tan crueles, que eran más crueles ellos. Pero no lo cuenta en plan arrepentido, sino todo lo contrario, nosotros eramos más crueles, con la sonrisa y la mirada desafiante, como si dijera que nosotros la tenemos más larga. Los comunistas eran tan nefastos que ni siquiera eran capaces de ser tan crueles como nosotros.


La desfachatez es constante, incluso con el mismo significado de la palabra gánster. Según Congo y sus amigos, gánster significa “hombre libre” (?), y por lo tanto, ser gánster es algo bueno. Así que Indonesia tuvo la suerte de tener estos gansters que lucharon para liberar al pais de la amenaza comunista. Para evitarlo, ellos no tuvieron más remedio que meterse en faena y matar con saña a todos los comunistas que encontraban, a sus familiares y amigos, a los que parecían comunistas y a los que alguna vez podrían llegar a serlo.

Sigo en el spoiler.

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10 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mud
Mud (2012)
  • 6,8
    21.188
  • Estados Unidos Jeff Nichols
  • Matthew McConaughey, Tye Sheridan, Jacob Lofland, Reese Witherspoon, ...
7
Los mejores años de nuestra vida
Conozco a Jeff Nichols de su anterior trabajo, un film inquietante y absorbente llamado “Take shelter” que me gustó mucho cuando la ví hace año y medio. Este trabajo de Nichols no se parece mucho al anterior, es menos innovador y más convencional, pero creo que es una película más redonda que aquella. Un actor repite en las dos películas, Michael Shannon, el perturbado policía de Boadwalk Empire. En cuanto al resto de actores, consigue sacar un gran provecho de intérpretes que generalmente no son santos de mi devoción como Matthew McConaughey o Reese Witherspoon, ratifica las buenas maneras del niño protagonista, Tye Sheridan (que ya apuntaba alto en “El árbol de la vida”), y recupera los siempre fiables Sam Shepard y Ray McKinnon. Todos ellos en muy buena linea.

“Mud” trata básicamente sobre el amor y sobre la incipiente adolescencia, o la postniñez. El contraste entre el mundo de los chicos que empiezan a descubrir a las mujeres, y el de los adultos que, en su mayoría, están desengañados con el amor. Yo creo que en realidad la película habla de amor, pero visto desde los diferentes puntos de vista, el de los chicos, inocentes e ingenuos, que creen en el amor eterno, el de los diferentes hombres adultos (Mud, que lleva toda la vida enamorado de su novia, quien a su vez le engaña con otros continuamente; su tío, a quien se le murió la mujer cuando más enamorados estaban y desde entonces no quiso estar con nadie más, el padre de Ellis, que está totalmente desencantado con el amor y se va a divorciar, y el tío de Neckbone, un buzo que no trata muy bien a su novia) y el de las mujeres, que en la película todas ellas ponen de manifiesto que para ellas el amor no es demasiado importante, y que más bien suelen hacer lo que les conviene en cada momento.

Ellis está muy decepcionado por la decisión de sus padres de divorciarse (“Si estais casados se supone que os quereis”, le dice a su padre cuando éste le cuenta que se van a divorciar), y eso ayuda a que se encandile con la personalidad de Mud, por las cosas que éste le cuenta, y sobre todo porque muestra un amor infinito por su novia Juniper, el amor en el que él cree. El amor que le gustaría que sus padres sintieran. Por eso decide ayudarle. Lo dice varias veces en la película, ayuda a Mud y Juniper porque se quieren de verdad.

Habitualmente no suelen gustarme mucho las películas con trama de aventura preadolescente, y ese prejuicio crece si esa aventura es tan americana como la de esta película, que se desarrolla en el Mississippi, al más puro estilo Tom Sawyer. Pero esa resistencia ha sido vencida. La película me convenció y hasta me emocionó por momentos.

Una seña de identidad de esta película es la fotografía. Espléndida en todo momento hasta el punto de que la isla, los árboles y, por supuesto, el rio, parecen unos protagonistas más de la película. Muy lograda.

Personalmente, me gusta bastante el planteamiento de la trama y el enfoque del amor que hace cada uno de los personajes, pero para mi gusto no está bien terminada. Hablo del final. Cuando se acercaba el desenlace, elucubraba sobre cómo terminaría, y de entre las tres o cuatro posibilidades que sospechaba, creo que han elegido la peor. Mejor dicho, la que menos me gusta. Supongo que al tratarse de una película americana dirigida a todos los públicos (es una película comercial, nada que ver con “Take shelter”) era inevitable que acabase del modo en que acaba.

Banda sonora muy recomendable si te gusta el coutry-rock, con canciones de Lucero y Dirty Three, entre otros.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Rush
Rush (2013)
  • 7,2
    34.983
  • Estados Unidos Ron Howard
  • Chris Hemsworth, Daniel Brühl, Alexandra Maria Lara, Olivia Wilde, ...
7
Rivalidad setentera
Las películas basadas en hechos reales tienen un plus de credibilidad, que influye bastante a la hora de que un film te guste más o menos. Si sabes que lo que estás viendo sucedió realmente, es mucho más sencillo ponerte en la piel de los protagonistas y sentir lo que ellos sienten. Pero basarse en hechos reales normalmente no quiere decir que se cuente todo, o que lo que se cuente no tenga partes inventadas o exageradas. Una película siempre es una película, y siempre hay una parte de ficción, partiendo de la primera ficción que es que los actores no son los personajes que interpretan. De ahí en adelante, todo lo que el director o los guionistas quieran meter.

En este caso, poco me importa si realmente Niki Lauda conoció a su mujer de esa peculiar manera, o si James Hunt realmente le pegó una paliza a un periodista por meterse con Niki en una rueda de prensa. Me da igual. En la película estas cosas sucedieron y a mí me parecieron bien.

Nunca he sentido una gran admiración por Ron Howard. Desde la primera película que recuerdo haber visto de él (“Llamaradas”) hasta ahora, nunca me había parecido gran cosa. Solo la de Nixon se salva de la quema. En cambio, esta vez reconozco que Howard firma un excelente trabajo. No era fácil esta película, y la resuelve con bastante maestría, sin renunciar a su innegociable punto comercial, esta obra tiene también calidad y además lidia con la dificultad que supone la temática de la que trata. Recurre lo justo a los efectos visuales, y se centra más en la parte humana de los personajes, al mismo tiempo que muestra un gran respeto por el mundo del automovilismo, haciendo que los que no somos muy aficionados terminemos por mostrar interés sobre el tema. Todo un reto superado.

“Rush” tiene un ritmo perfecto. Las dos horas se te pasan en un suspiro. Tiene momentos simpáticos y hasta cómicos, y otros que son verdaderamente difíciles de ver (la escena en el hospital en la que le aspiran los pulmones a Lauda… cuesta verla). Supongo que los verdaderos aficionados a la Fórmula 1 echarán de menos más acción en la pista, más escenas de carreras. A mí me parece perfecto tal como está, recreando perfectamente como eran las carreras hace cuarenta años, pero sin convertir la película en un documental ni en un homenaje al deporte de las cuatro ruedas. Todo en su punto justo.

Hay que hablar de los actores. Esta película no sería la misma sin ellos. Daniel Brühl y Chris Hemsworth están fantásticos en sus papeles. El australiano dibuja un personaje difícil (para mí, los personajes más difíciles de representar siempre son los que han existido en la realidad, especialmente cuando son actuales o de hace pocos años) con absoluta brillantez. James Hunt, esa especie de George Best rubio, lo clava Hemsworth. Por su parte, Brühl también está magnífico, aunque lo suyo era todavía más difícil, ya que Lauda es un personaje mucho más conocido que Hunt, y su físico mucho más especial. Hay que decir que los verdaderos Hunt y Lauda aparecen en fotografías al final de la película, y quien no los haya conocido puede constatar que el Hunt de la película es mucho más guapo que el verdadero, y que el Lauda verdadero era aún más feo que el de la película.

La puesta en escena y la fotografía son sencillamente perfectas. Te trasladan con toda nitidez a los años 70. También tengo que apuntar que las canciones que lleva incorporada la película contribuyeron a que me gustara. Para mi satisfacción, en el film suenan canciones de los Thin Lizzy, David Bowie, Steve Winwood y Dave Edmunds, que yo recuerde. Solo por esas cuatro canciones ya vale la pena pagar la entrada, la pena es que pongan trocitos tan pequeños de ellas.

A mi juicio, la película va creciendo a medida que avanza. Tiene un inicio efectista y típico, con los protagonistas a punto de iniciar la carrera del accidente de Lauda, para a continuación mostrarnos el inicio de la rivalidad entre ellos, a raíz de una carrera de Fórmula 3, explicado de un modo un tanto atropellado y forzado. Pero de ahí en adelante todo va mejorando, van apareciendo elementos dramáticos, la película nos va llegando poco a poco, el estudio de las personalidades de los dos pilotos va creciendo y la cinta se va volviendo más sólida e interesante.

Definitivamente, es una película convincente y tremendamente disfrutable. A pesar de que Howard vuelve a su parte más comercial y efectista en la última escena, cuando los dos protagonistas se encuentran en el aeropuerto de Bolonia, uno celebrando su triunfo, el otro preparando la próxima temporada. Ahí no pude evitar fruncir el ceño, pese a lo cual me levanté de la butaca contento de haber elegido “Rush” para pasar la tarde.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Inch'Allah
Inch'Allah (2012)
  • 6,3
    1.089
  • Canadá Anaïs Barbeau-Lavalette
  • Evelyne Brochu, Sabrina Ouazani, Sivan Levy, Yousef 'Joe' Sweid, ...
5
Lo mejor, el niño vestido de Superman
Chloe es una chica canadiense que trabaja como médico en un ambulatorio para mujeres en Cisjordania. Cada día contempla el conflicto bélico y ve como afecta a los ciudadanos palestinos. Se hace amiga de una paciente, Rand, que está embarazada, y de su hermano que es un militante de la resistencia. También es muy amiga de su vecina de piso, Ava, una soldado israelí que cada día trabaja en el puesto de control de la frontera. La película narra la manera en que se mezcla la vida personal con la profesional dentro de un ambiente como el que se vive en esa región, con el conflicto entre israelíes y palestinos, y como van cambiando sus creencias y sus valores a medida que se va metiendo más y más a fondo en él.

No estoy muy puesto en el tema y parece obvio que los palestinos tienen razón (al menos en cuanto al origen del problema) puesto que su tierra le fué entregada a los judíos por terceros y ellos pagan el pato del holocausto nazi. Pero supongo que las cosas no son tan simples, y tengo claro que en cualquier conflicto violento entre dos partes nunca hay inocentes absolutos. Puede que haya uno más culpable que otro, pero nunca hay uno que tenga toda la razón. Por mucho que todos tengamos tendencia a ponernos de parte del débil.

Pero bueno, estamos aquí para hablar de cine. Así que vamos al tema. La película está bien, no tengo mucho que objetar en cuanto a la obra como tal. Es honesta y está llena de buenas intenciones. Pero conmigo falla. O fallo yo con ella, que eso nunca se sabe. Tal vez mi receptividad artística no estaba en el mejor momento posible. Así que tal vez sea culpa mía que no me haya gustado como debería. Eso nunca se sabe. El caso es que no me llegó, la película no me hizo sentir cosas, y eso es muy mala señal.

Para empezar, es tendenciosa. Los palestinos, pobrecillos, no tienen nada, viven rodeados de basura y siempre temiendo que les caiga una bomba o que lleguen unos soldados israelíes y les peguen dos tiros o atropellen a un niño. Es decir, la directora se posiciona desde el principio por uno de los dos bandos. Esto no me gusta, porque me priva de la capacidad de elegir. Ella ya me dice quienes son los buenos y quienes son los malos.

Para continuar, la película es anodina, plana, cuenta con muy pocos momentos de intensidad narrativa, no llegas a identificarte nunca con lo que te están contando y tampoco tiene ese punto de documental que hace que, aunque no te llegue empáticamente la historia, al menos te interese desde un punto de vista de mero espectador. Pues no. Las cosas van pasando y tú lo ves como quien se asoma a la ventana y ve pasar gente, unos andando, otros en bicicleta, igual, la misma emoción.

Ni se entra a fondo en el problema árabes-judíos (se da por hecho que todo el mundo lo sabe, pero no se explica nada), ni se construye una historia interesante a través de la protagonista, que es una mujer occidental que se encuentra en el eje del conflicto y que (teóricamente) se va asombrando y empapando de lo que ocurre allí en realidad. Todo queda muy tenue y sin ninguna chicha.

Y hablando de la protagonista, tampoco me convenció en absoluto. Es guapilla, pero completamente inexpresiva. Todo lo más que llega a hacer es abrir mucho los ojos cuando algo la sorprende, como máxima heroicidad interpretativa. No convence en absoluto. No te la crees. Yo, al menos, no me la creí. Y tampoco ayuda la machacona colección de primerísimos planos con la que nos obsequia la directora. Primerísimos planos continuamente. Hay veces que tienes la sensación de que vas a ver las bacterias de la piel de los actores. No me gustan los primerísimos planos, prácticamente nunca. Los primeros planos, solo con algunos directores (Bergman o Dreyer, por ejemplo) que saben cuando y cómo hacerlos. Pero estos primerísimos planos sin venir a cuento y con tanta insistencia son agobiantes.

Como agobiante es el uso de la steady cam para casi todo. Se supone que esto lo hacen para darle un toque de realismo, pero lo único que consiguen es marearte con tanta cámara al hombro, tanto plano subjetivo y tanto tembleque. Especialmente, cuando todo esto se hace para que al final no pase nada. Supongo que se trataba simplemente de eso, de decir “vamos a rodar esto con steady cam para que parezca un video aficionado y tenga más realismo”. Pamplinas.

En cuanto a la historia, lo que dije, es vana y no tiene pies ni cabeza. No se sabe qué hace allí la protagonista, ni qué relación tiene con su vecina israelí, ni porqué está tan dispuesta a liarse con el primero que la mira, ni tienen ninguna chispa sus conversaciones con su madre a través del ordenador, ni la hay con el doctor con quien trabaja, ni nada de nada.

Y luego está el final. Lo que pasa al final pretende ser desconcertante, y lo consigue. Pero no del modo que se busca. No desconcierta porque te revuelve por dentro y te hace vibrar, desconcierta porque no lo entiendes. ¿A qué viene esto? ¿La protagonista hace esto porque discute con su amiga palestina? Es bastante absurdo, a mi modo de verlo. Y totalmente injustificable, porque entiendo que la directora quiere justificarlo con todo lo que ha pasado antes, pero me parece que hay cosas que no tienen ninguna justificación y no hay nada que las pueda validar moralmente.

Voy a decir algo bueno, para que no todo sea malo. Me gustó Sabrina Ouazani en el papel de Rand, la mejor interpretación de la película con diferencia. Ya me gustó en “La fuente de las mujeres”, y aquí confirma mi buena impresión. La otra cosa que me gustó de la película fue la secuencia final, con el niño vestido de Superman entre la basura, el muro, mirando por el agujero. Me pareció la única parte simbólica y hasta poética de la película. Un buen final para una obra flojita.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Una casa en Córcega
Una casa en Córcega (2011)
  • 5,8
    898
  • Bélgica Pierre Duculot
  • Christelle Cornil, François Vincentelli, Jean-Jacques Rausin, Pierre Nisse, ...
4
Flojita y nada creíble
“Una casa en Córcega” es una de aquellas películas que uno se mete a ver esperando sorprenderse. Ir al cine en Agosto y ver algo bueno es un milagro, y para encontrarlo, lo más adecuado es meterse a ver una película que sea europea, que tenga pocas críticas, que parezca que no tiene gran cosa, a ver si así te sorprende y te hace pasar un inesperado buen rato. Por eso elegí esta película belga. Pues ni por esas.

Me voy directamente al spoiler y os cuento lo que ví.

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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil