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Críticas de keizz
Críticas ordenadas por:
Tres anuncios en las afueras
Tres anuncios en las afueras (2017)
  • 7,7
    14.981
  • Reino Unido Martin McDonagh
  • Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Caleb Landry Jones, ...
9
Dolorosamente divertida
Con inevitable regusto a los Coen, Martin McDonagh dirige este peliculón que se construye a partir de dos pilares fundamentales: su magnífico guión y las espléndidas interpretaciones de sus protagonistas. McDonagh construye un relato en el que no hay buenos y malos. O más bien, diría que no hay buenos. Tanto la madre que busca justicia como la policía tienen parte de razón, no está claro a quién apoyar. Aunque las formas que emplean para defenderla hace que vayamos alternando la antipatía entre uno y otro bando.

La historia tiene poca gracia, y sin embargo McDonagh hace que el público se ría. Es una comedia negra, políticamente bastante incorrecta, que hace que te sientas mal al reírte pero que no puedas evitarlo. Aunque es inevitable recurrir a ciertos tópicos al ambientar la película en la llamada América profunda, la forma descarnada e irreverente en que se narra la historia termina derrumbando los estereotipos cinematográficos característicos de este tipo de historias rurales.

Conservadurismo, violencia, venganza, machismo, incultura, corrupción policial, McDonagh le dispara a todo sin silenciador. Con el corrosivo sentido del humor como único (y eficaz) bálsamo, y la confianza en que la inteligencia del espectador sepa interpretar lo que se esconde tras lo evidente, el desgarro que subyace tras cada pincelada de humor. Porque hay realidades tan tristes que sólo a través de la ironía podemos acercarnos a ellas.

McDonagh construye personajes tortuosos, y sabe transmitir el tormento interior de los mismos al espectador, a pesar de que lo envuelva en diálogos ocurrentes y situaciones desternillantes. Hay mucho dolor en esa madre, lo hay en los hijos, en los policías y en la mayoría de los principales protagonistas.

Es aquí donde McDonagh da el do de pecho: los personajes. La creación y sobre todo el desarrollo de los mismos. Además, la brillantez de sus diálogos permite que entremos más profundamente en el interior de todos ellos. A través de los personajes y sus diálogos se va tejiendo la trama, sin prisa pero siempre con solvencia, gracias a un guión formidable que nos permite entrar y vivir la historia sabiendo lo que sienten y cómo han llegado a esa situación todos los personajes sin necesidad de que nos lo cuenten de manera explícita.

Aparte del guión, lo más sobresaliente son las interpretaciones. Los tres principales protagonistas están sobresalientes. Frances McDormand lo borda en un personaje que le viene a medida de sus cualidades, interpretando a una encorajinada madre en busca de venganza (o justicia, según se mire). La actriz, da todo un recital interpretativo, haciéndonos reir pero al mismo tiempo transmitiendo rudeza, vulnerabilidad, ternura y dolor interior, todo en la misma película, y a veces en la misma escena. Y lo mejor es que lo hace sin alardes, con divina naturalidad.

A su lado, le dan réplica dos actores que mejoran cada vez que les veo. Sam Rockwell demuestra que está para cosas serias, y que nos dará gloriosos trabajos si sigue en esta línea. Su interpretación de Dixon, un policía al que conocemos por lo que cuentan de él otros personajes y que tiene tanta rabia interior como Mildred aunque por diferentes motivos, es toda una oda al oficio de actor. Por su parte, Woody Harrelson también está espléndido como sheriff honesto, aportando la sensatez y el equilibrio que hace que el pueblo y la película funcionen y tengan sentido, dando contrapunto a tanto odio enfermizo.

De todos modos, el personaje de Mildred es decisivo, porque es a partir de ella que se vertebra la historia, y es desde el punto de vista de ella como la vamos viendo. Incluso los personajes, los vemos más como los ve ella que como son en realidad. Así, los policías son unos inútiles, vagos y corruptos, la joven novia de su marido es tontita, el enano (magnífico una vez más Peter Dinklage) es penoso, y Dixon al principio es un auténtico hijo de puta que no quiere investigar la muerte de su hija, pero luego cuando se pone de su parte se transforma en una buena persona. Vemos la película, como ella quiere que la veamos.

Es obligatorio que recomiende esta película. Por supuesto que no es perfecta, y seguramente alguno dirá que le recuerda demasiado a los Coen o que está harto de tantas historias de paletos sureños, pero yo me lo pasé en grande y no puedo decir otra cosa. Y para rematar, hay canciones a-co-jo-nan-tes, que ponen la guinda a la cinta. Canciones de Townes Van Zant, de Monsters of Folk, o la maravillosa e inesperada “Walk away Renee”, terminan de completar esta gran experiencia cinematográfica.

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The Disaster Artist
The Disaster Artist (2017)
  • 7,2
    6.353
  • Estados Unidos James Franco
  • James Franco, Dave Franco, Seth Rogen, Alison Brie, ...
8
El arte del desastre
Al más puro estilo Wiseau, James Franco también lleva su proyecto personal hasta el final, produciendo, dirigiendo y protagonizando esta película. Y para que todo quede en casa, el papel coprotagonista lo interpreta su hermano Dave. En esta mezcla de comedia y biopic, Franco pone respeto y cariño en el personaje de Wiseau, al que dibuja como un excéntrico narcisista pero también alguien sensible y con un alto sentido de la amistad.

Es inevitable que te venga a la mente “Ed Wood”, de Tim Burton. Wood está considerado el peor director de la historia, pero eso es porque Wiseau no ha dirigido más películas que “The room”, de lo contrario estaría la cosa muy pareja. Evidentemente, Franco hace comedia sobre el tema, pero no cae en la fácil tentación de ridiculizar a Wiseau (al menos, no más de lo que se ridiculizó a sí mismo el propio Wiseau al hacer su película), sino que lo parodia con pasión y respeto. Tanto es así, que uno no puede evitar acabar enternecido con el personaje y deseando ver “The room”.

Aprovechando la ocasión, Franco no solo nos muestra el desternillante y rocambolesco rodaje de “The room” sino que también nos habla en profundidad de la industria del cine, nos muestra los entresijos de Hollywood, y también nos habla de los sueños, de los compromisos y de la amistad. El hecho de que sea una historia real acrecienta la parte cómica, pues de lo contrario no seríamos capaces de creernos el personaje de Wiseau ni la película que fue capaz de perpetrar, y que está ahí para quien quiera verla (en Estados Unidos se sigue proyectando regularmente en salas, y el público corea en alto los diálogos más famosos).

Pero si el trabajo de James Franco como director de esta excelente película es admirable, su faceta de actor asombra aún más. James Franco no interpreta a Tommy Wiseau sino que literalmente se convierte en él. Más allá de su sensacional caracterización, Franco se transmuta absolutamente en el personaje que interpreta, si veis las dos películas en versión original os daréis cuenta del increíble parecido que consigue Franco a la hora de imitar el modo de hablar de Wiseau. Yo creo que ni él mismo podría haberlo hecho tan bien.

La película te absorbe, no deseas que termine nunca, te arranca carcajadas y te hace sentir vergüenza ajena (la misma que probablemente hacía sentir Wiseau a su entorno). Hay situaciones tan extravagantes, actos tan absurdos y momentos tan disparatados que realmente cuesta trabajo creer que todo eso sucedió de verdad. Pero sí, todo eso sucedió, la honestidad de Franco con su personaje es absoluta.

En estos tiempos de comedias mediocres, se agradecen trabajos como el de Franco. Su parodia resulta más verdadera que casi cualquier documental. Tan pronto aparece el dislate más desenfrenado que te hace reir como te ves atrapado por un momento de tristeza sin que casi te hayas dado cuenta del proceso. Y eso es porque llevas un rato dentro de la película. Y no dentro de cualquier película, dentro de una película que está a su vez dentro de otra película.

Estamos ante una alegoría de la contradicción. Una película absolutamente genial hecha a partir de una película absolutamente desastrosa. Una película notablemente compleja disfrazada de simple comedia ligera. Una de las películas más divertidas que he visto últimamente en la que subyace un poso de tristeza. Y para colmo de contradicciones, la interpretación de James Franco, una de las que más me ha impresionado en los últimos tiempos, es haciendo el papel del que seguro que ha sido el peor actor que se ha puesto delante de una cámara.

“The disaster artist” no es una parodia de “The room”, es la película que la completa, que la complementa. Una engrandece a la otra, y viceversa. En fin, un peliculón sumamente interesante, para disfrutar de verdad. Quienes no conozcan “The room” se sorprenderán y saldrán del cine con unas irrefrenables ganas de verla. Para quienes ya la conozcan, será un disfrute aún mayor. Un canto a la pasión por el cine, un film indispensable.

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En la playa sola de noche
En la playa sola de noche (2017)
  • 6,6
    758
  • Corea del Sur Hong Sang-soo
  • Kim Min-hee, Seo Young-Hwa, Jae-yeong Jeong, Seong-kun Mun, ...
6
Nostalgia a la oriental
Hong Sang-soo es un experto y prolífico director coreano que tiene un estilo muy reconocible que, depende de cómo te pille o de lo inspirado que estén él y sus actores, te puede atrapar (como me atrapó el año pasado su “Ahora si, antes no”) o hacer languidecer. Sus películas están cortadas por el mismo patrón: capítulos bien diferenciados, cámara fija que recoge largas conversaciones, generalmente alrededor de una mesa en la que se come y se bebe (especialmente se bebe), tratamiento de temas amorosos, protagonistas que tienen que ver con el mundo del cine, e intérpretes que aparecen en la mayoría de sus películas, como si formaran parte de su equipo.

En el caso de Kim Min-hee, es lógico, puesto que ella, aparte de su musa cinematográfica, ha sido su amante (o lo sigue siendo, no lo tengo claro). Pero no es solo ella, también Jeong Jae-yeong es un habitual de sus películas, y Kwon Hae-hyo, lo mismo.

En esta ocasión, asistimos al sufrimiento inevitable tras el fin del amor de la protagonista, y lo hacemos en dos capítulos claramente diferenciados: el primero en Hamburgo, donde Younghe tiene largas conversaciones con una amiga sobre lo que fue su relación y sobre lo que piensa hacer en el futuro, así como bellas situaciones de nostalgia (¿Estará él ahora pensando en mí como yo en él?).

La segunda parte se desarrolla en Corea, y está estructurada en base a conversaciones, primero con un amigo en la mesa de una especie de cafetería, luego en una cena de amigos en la que se emborracha y sorprende a todos, y finalmente en una escena memorable en la que se enfrenta a su expareja (el director de cine) rodeados de la gente de su equipo de rodaje.

Si algo bueno tiene el cine de Sang-soo es la veracidad que desprende. Cualquiera que haya sufrido un abandono amoroso se podrá sentir identificado con el papel de Kim Min-hee, con su incertidumbre, su desconcierto, su sensación de estar fuera de lugar en el mundo. Sus conversaciones son siempre sobre el mismo tema, pues sus pensamientos también lo son. Y su inestabilidad hace que beba de más, se confunda continuamente entre lo que siente, dice y hace, y su mirada triste y nostálgica nos duele de verdad.

Lo malo del film es que no tiene más. No hay historia. Es un puro asistir al momento de la vida de la protagonista. No es poco, porque la maravillosa Kim Min-hee por sí sola ya justifica ver la película, pero al final tienes la sensación de que lo que te han contado podrían haberlo hecho en un cortometraje de diez minutos.

Por cierto, en la película la protagonista nunca está sola en la playa de noche. Está acompañada en la playa de noche (en Hamburgo) y creo recordar que sola y acompañada en la playa de día (en Corea). Sin embargo, el tono de la película es ese: estar solo en la playa de noche, un título que rezuma melancolía, que es como se siente la protagonista, esté donde esté.

Personalmente, la película no me llegó mucho. Creo que las conversaciones podrían haber tenido mucho más calado (en este sentido, me gustó mucho más “Ahora sí, antes no”), y que la situación que plantea y el morbo de una historia autobiográfica me parece que daban para una película más profunda. O tal vez en la tarde de Diciembre en que la ví no estaba yo en mi mejor momento para una película que requiere un grado de receptividad alto por parte del espectador. El caso es que me esperaba algo más.

Pero es de justicia alabar el trabajo de Sang-soo, un director de cine que es un auténtico explorador de las emociones humanas, y que nos sabe sumergir en ellas investigando todos sus recovecos. Todo ello sustentado por su personalísima forma de rodar, sus interminables planos secuencia, su minimalismo escénico y esos característicos e inesperados zooms que parecen hechos por un amateur, y que, no sabemos cómo, pero a él le quedan bien.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Muchos hijos, un mono y un castillo
Muchos hijos, un mono y un castillo (2017)
  • 7,8
    1.748
  • España Gustavo Salmerón
  • Documentary, Gustavo Salmerón, Julia Salmerón
8
Buscando la vértebra desesperadamente
Gustavo Salmerón dirige su primer largo con este documental en el que retrata a su excéntrica madre, una mujer octogenaria llena de vitalidad y con un pasado muy interesante que contar. Hablando con ella delante de la cámara, Julita le revela a su hijo menor que guarda una vértebra de su abuela, asesinada en la guerra, pero que no sabe exactamente dónde la tiene. Esto hace que toda la familia se ponga a buscar la vértebra en los centenares de cajas que tiene Julita guardadas por toda la casa.

En realidad, la película parece un documental familiar de estos caseros que en algunas familias se hacen de vez en cuando, montando trozos de películas familiares. Uno al verla piensa que cualquiera puede hacer una película así. Pero lo cierto es que funciona. Puede parecer chocante si lo piensas, ¿a quién le puede interesar la vida de esta señora? En principio, a nadie, salvo a su propia familia (ella misma lo dice en la película), y sin embargo estás en el cine atrapado por la película y la ves con absoluto interés durante todo su metraje.

Gustavo Salmerón nos introduce dentro de su extensa familia y tardamos poco en sentirnos cómodos dentro de ella. Julita nos va contando su vida con una naturalidad, una espontaneidad y un sentido del humor que te absorbe desde el principio. Lo cuenta todo sin tapujos, se siente cómoda delante de la cámara y lo mismo lo hace mientras se come unas tostadas que mientras está en la cama a punto de acostarse, quejándose una vez más que si se muere durante la noche su marido no se va a enterar porque está sordo.

La búsqueda de la vértebra de la bisabuela de Gustavo pone a toda la familia en faena y nos brinda escenas divertidas en las que descubrimos que Julita guarda cientos de cajas con contenidos tan inesperados y jocosos como las etiquetas que les pone a cada una de ellas. Julita no tira nada, todo lo guarda. Según ella, tirar cosas es tirar parte de tu vida. Así que encontrar la vértebra entre tanto trasto es toda una misión, muy difícil de lograr.

Gustavo Salmerón ha estado rodando este documental durante los últimos catorce años. Supongo que sin saber muy bien cómo dar forma al material que iba grabando. Tantas horas de película para al final elegir un montaje y darle una dirección al film. Finalmente, la búsqueda de la vértebra es lo que vertebra (valga la redundancia) el film. A partir de ahí se va hilando todo, y el documental es la historia de una familia pero en el que se pueden ver reflejadas muchas familias de varias generaciones de españoles, pues más allá de las peculiaridades de cada uno, hay comportamientos sociales y situaciones en las que todos nos podemos ver reflejados, y aspectos familiares que no nos resultan ajenos en absoluto.

El experimento de Gustavo Salmerón es todo un éxito. Le ha salido una película digna de verse y que seguramente pasará a la historia. Un documental diferente a todos, una comedia emocionante y enérgico en el que se nos muestra sin pudor una familia que en la que las han pasado de todos los colores pero que en las buenas y en las malas siempre han estado unidos. Cuando la crisis económica hace que pierdan el castillo, Julita está contenta porque aunque ha perdido su bien más valioso, tiene a todos sus hijos allí con ella varios días ayudando a hacer la mudanza de las incontables cosas (la mayoría absurdas) que guarda Julita, quien se niega a tirar nada.

Vale la pena pasar 90 minutos en el cine para descubrir a esta mujer que soñaba que hacía croquetas de Primo de Rivera, que quiere que cuando muera la claven una aguja de punto por si acaso no ha muerto del todo, que fue de la Falange y aún no se ha borrado, por lo que tiene uno de los números de afiliación más bajos, pero al mismo tiempo se declara masona, y que a sus ochenta años le recrimina a su marido que ya no la toque (“se que ya no me tocas porque estoy gorda, pero tú estás sordo”, le dice en la mesa).

“Muchos hijos, un mono y un castillo” es una propuesta insólita que no hay que perderse. Y Gustavo Salmerón, todo un hallazgo. Espero que sea la primera de una larga carrera como director. Estamos ante una película diferente a todas, que desprende autenticidad, un film que hipnotiza, divierte y emociona. Una película que podría hacer cualquiera. Pero la ha hecho él.

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Perfectos desconocidos
Perfectos desconocidos (2017)
  • 6,9
    10.500
  • España Álex de la Iglesia
  • Belén Rueda, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Juana Acosta, ...
8
Extraños en la noche
Remake de la película italiana “Perfetti sconosciuti”, Alex de la Iglesia dirige este film que protagonizan Eduardo Noriega, Eduard Fernández, Pepón Nieto, Ernesto Alterio, Belén Rueda, Juana Acosta, Dafne Fernández y Beatriz Olivares. El director vasco pone de manifiesto su categoría en esta película, con una espléndida dirección de actores, una contención técnica inusual en él, y una demostración incuestionable de talento narrativo, con un espectacular dominio del espacio y su habitual precisión a la hora del encuadre.

La historia hace que el espectador se interese por ella desde el principio, con la breve presentación de las parejas y la llegada a la cena. Luego, cuando comienza el juego, ya es imposible salir de la pantalla. Las inmensas posibilidades que se pueden plantear al estar todos los móviles encima de la mesa, con el posible contenido al alcance de todos hacen que el público esté expectante y ansioso ante lo que pueda pasar.

Alex de la Iglesia va desgranando la historia con solvencia, esmero y pulcritud, manteniendo un ritmo narrativo excelente, gestionando con habilidad los continuos diálogos y midiendo sabiamente la intensidad de las emociones. Pocas veces le había visto tan certero en los detalles, tan competente a la hora de captar un gesto o transmitir un sentimiento. Su capacidad para la diversión y el humor negro, por el contrario, no nos sorprende porque ya lo conocíamos.

Lo primero que hace la película es divertirnos. Si buscas una película divertida, no te lo pienses más. Pero al mismo tiempo, también es una película tremendamente dramática. Te ríes a carcajadas pero también te incomoda mucho y te produce cierto malestar darte cuenta cómo somos los seres humanos y la escasa semejanza que hay entre lo que somos y lo que hacemos ver que somos.

Evidentemente, el formato de la historia tiene más de obra de teatro que de película, sin embargo De la Iglesia logra que en ningún momento tengas esa sensación de teatro que se suele tener en las películas de una solo localización. Su habilidad en la colocación de la cámara y su modo de rodar las secuencias desde diferentes ángulos hacen que no tengamos esa sensación claustrofóbica de este tipo de películas.

Como dije antes, la dirección de actores es una de las cosas más destacadas. Álex de la Iglesia logra sacar un rendimiento óptimo de todo el elenco. Personalmente, creo que los más destacados son Ernesto Alterio y el siempre excelente Eduard Fernández. Pero el resto de intérpretes también está a muy buen nivel, incluso Eduardo Noriega no desentona.

Los personajes están bien trabajados, todos ellos muy bien desarrollados, bien definidos, con su personalidad clara y bien dibujada para que el espectador no tenga dudas de las peculiaridades de cada uno. Luego, la buena labor de los actores les da el toque final.

Me lo pasé muy bien. Es una película muy divertida, comedia negra de las de antes, en las que te diviertes y al mismo tiempo no puedes evitar reflexionar. Y si la véis en pareja, el debate posterior está asegurado. Con el toque habitual de Álex de la Iglesia pero en esta ocasión sin sus habituales excesos. Impecable en lo técnico y en lo interpretativo. Si a esto le añadimos unos diálogos magníficos, lo tiene todo para que te enganches a ella de principio a fin.

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Destinos
Destinos (2017)
  • 6,8
    131
  • Bulgaria Stephan Komandarev
  • Ivan Barnev, Georgi Kadurin, Borislava Stratieva, Anna Komandareva, ...
8
Sofia la nuit
“Destinos”, dirigida por Stephan Komandarev e interpretada por Ivan Barnev, Georgi Kadurin, Borislava Stratieva, Anna Komandareva y Vassil Vassilev entre otros, nos retrata la dramática situación de Bulgaria a través de pequeñas historias que suceden en los taxis en una noche en Sofia. Magníficamente rodada y con vocación de documental, la película con sus tremendas historias cotidianas embriagan al espectador, que se queda con ganas de más historias y de saber qué pasa al final con cada pasajero y cada taxista.

No he estado en Bulgaria, pero después de ver esta película, es casi como si hubiera estado. El retrato que hace Komandarev es definitivo. “En Bulgaria solo existen los optimistas, puesto que los pesimistas y los realistas emigran”, dice uno de los protagonistas. La desigualdad, la corrupción, el pesimismo y la pobreza ahogan a una población que no ve salida a su situación.

Es inevitable evocar películas como la iranesa “Taxi”, de Panahi, o la inolvidable “Night on Earth”, de Jarmusch, que son otras películas que se desarrollaban en taxis. Pero ésta no se parece a ninguna de aquellas, salvo en el hecho de que se trate de historias que suceden en los taxis. No tienes en ningún momento la sensación de estar viendo algo que ya has visto antes. Es una película distinta, y lo que cuenta no tiene nada que ver con aquellas que mencioné antes.

El gancho que atrapa al espectador es la veracidad que desprende la película. No parece una película que haya requerido montaje, es como si todo se hubiera rodado en una sola toma, lo que hace que el público se implique inevitablemente con lo que ve, es como si nosotros también viajáramos en el taxi y viviéramos la historia.

En la película se da a entender que uno se hace taxista como último recurso. Ninguno de los taxistas ha llegado a serlo por elección, sino por que ha termiando conduciendo un taxi por las circunstancias de la vida o problemas de su pasado. Hay incluso un cura conduciendo un taxi. En apenas un par de frases, el espectador se entera del motivo que ha llevado a cada taxista a ejercer ese oficio. Aunque se supone que los pasajeros son los de las historias importantes, son los taxistas los personajes más interesantes de la película, a mi juicio.

Por los asientos de esos vehículos amarillos que recorren nocturnamente las calles de Sofia pasan borrachos, jóvenes violentos, putas, mentirosos, pusilánimes y hasta algún profesor desesperado que quiere suicidarse (“Hablo siete idiomas, soy doctor en filosofía, y sin embargo gano 600 levs al mes y mis alumnos se ríen de mi”). Los diferentes perfiles que tienen los clientes y los taxistas dotan a la película de la diversidad necesaria para que el espectador esté siempre interesado en lo que ve, a pesar de que todos los personajes están cubiertos por el mismo velo de precariedad social.

Lo mejor de la película es el guión, excelentemente estructurado y capaz de hacer que todas las historias tengan interés (cosa muy difícil de conseguir cuando hay tantas pequeñas tramas) y estén bien conectadas las unas con las otras. También me gustó mucho la atmósfera que crea el director, esa noche en Sofia visualmente demoledora, la potencia de sus imágenes y los pequeños pero efectivos toques de humor entre tanta miseria humana.

En cuanto a lo menos bueno, poco puedo decir. Quizá la historia del reencuentro con el pasajero que recoje en el aeropuerto me resultó poco creíble tanto en su planteamiento como en su desarrollo. Pero no desmerece en absoluto en el resultado final de un film que para mí es una de las mejore películas europeas del año.

Y es que si la película te atrapa por completo y la ves con interés creciente, si cuando termina te quedas con ganas de más… no puedes hacer otra cosa que alegrarte de que en medio de tanta tristeza que vive Bulgaria, al menos haya un motivo de alegría. Y me congratulo de que se haya hecho precisamente allí una película con esa elocuencia narrativa, que haya sido capaz de mostrarnos el paisaje social de todo un pueblo y transmitir la problemática de todo un país desde un punto de vista tan limitado como lo es el cubículo de un taxi.

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En realidad, nunca estuviste aquí
En realidad, nunca estuviste aquí (2017)
  • 6,5
    2.123
  • Reino Unido Lynne Ramsay
  • Joaquin Phoenix, Alessandro Nivola, John Doman, Judith Anna Roberts, ...
8
En realidad, yo sí estuve
Película perturbadora e incómoda, dirigida por Lynne Ramsay, quien también se encarga del guión basado en la novela de Jonathan Ames. Salvando las distancias, estamos ante una Taxi Driver revisitada, referencia ineludible que cualquier espectador evocará, con Joaquin Phoenix como nuevo Robert de Niro y Ekaterina Samsonov como la nueva Jodie Foster. La similitud con la película de Scorsese en éstos y otros detalles son innegables.

Ramsay atrapa al espectador desde el principio a base de crear una atmósfera oscura y angustiosa. Nos inunda de primerísimos planos que hace que nos aplastemos contra la butaca, abusa del plano fijo y tira del manual del cine negro con escenas reflejadas en los espejos, acciones en segundo plano y otras que no vemos pero escuchamos. La violencia, unas veces latente y otras explícita, es constante. El desasosiego nos cubre y hace que no paremos de cambiar de postura, ya que nunca terminamos de estar cómodos.

Joaquin Phoenix es el nazareno que lleva a cuestas la carroza de la película, absolutamente. Su interpretación descomunal, diría que más física que técnica, nos muestra un Joe taciturno, resignado, desencantado, repleto de cicatrices por dentro y por fuera. Un hombre cuya intimidatoria presencia física contrasta con su ausencia anímica. Como dice el título del film, está pero en realidad no está. En su interior ya murió hace muchos años, debido a las atrocidades que sufrió durante su infancia y nos son mostradas mediante impactantess flashbacks.

A pesar de que la película tiene poco de novedosa y los personajes y situaciones nos resultan conocidos, hay algo en ella que engancha. Hemos visto demasiados tipos con la personalidad rota, destrozados por la vida, que se desahogan violentamente contra los malos. Demasiadas adolescentes decididas a echarse a perder y demasiados salvadores. Demasiados conflictos entre padres, madres e hijos. Casi nada de lo que pasa en la película nos sorprende. Pero aunque no nos sorprenda lo que pasa, nos cautiva el modo en que suceden esas cosas. Por eso las películas son mucho más que contar una historia, es el modo en que se cuenta lo importante, más que la historia misma.

De la película te quedan escenas grabadas en la cabeza, más que la historia en sí. Hay una escena en la que John Dorman le está explicando a Joaquin Phoenix cual será su próxima misión, mientras éste está tumbado en un sofá con unos caramelos en la mano. Mientras Dorman le da detalles de lo que tiene que hacer y cuánto le van a pagar, Phoenix está pensando en los colores de los caramelos y lamentando que no haya verdes, que son los que le gustan. De pronto encuentra uno verde y hay un primerísimo plano de los dedos de Phoenix aplastando el caramelo verde. En ese momento Dorman termina de hablar, y ni nosotros ni Phoenix nos hemos enterado de lo que decía. Nos habíamos quedado atrapados en el detalle del caramelo. Pues con la película pasa lo mismo, algunas escenas nos atrapan de tal manera que pasan a ser más importantes que el todo al que pertenecen.

La linea argumental de la historia importa poco. El estilo está por encima del contenido. Es visualmente demoledora, y te quedas impactado por las escenas sin que te importe si pierdes el hilo de algo. Hay senadores por ahí, policías, corrupción y vicio, pero no importa para nada enterarte bien del entramado de la historia. Tampoco te quieres enterar mucho. Mejor no saberlo. Como Joe cuando se ponía la bolsa en la cabeza, lo que pasa fuera no cuenta.

Como dije antes, la película es incómoda y no es fácil digerirla. Se trata de un retrato del dolor, la personalización del sufrimiento. Es descarnada y creo que me impresionaron más las escenas de violencia que quedaban fuera de plano que las más explícitas. Y lo mejor es que a mí me pareció que todo eso no era gratuito, que había bastante lirismo en esa violencia, que lo brutal y lo poético podían ir de la mano, como la inolvidable escena en que un moribundo y su asesino están tumbados agarrados de la mano tarareando “I’ve never been to me”, que sonaba en la radio.

Me parece una película muy recomendable, siempre que no esperes una película familiar. Es dura, amarga e incómoda. Lynne Ramsay tiene un estilo definido y particular. No se si tiene querencia a los primerísimos planos o es que esta película lo requería, ya lo iré descubriendo en sus próximas obras. Pero en cualquier caso, a mí me ha parecido un film valiente, por momentos fascinante, y creo que dará que hablar, para bien.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Ghost Story
A Ghost Story (2017)
  • 6,7
    3.503
  • Estados Unidos David Lowery
  • Rooney Mara, Casey Affleck, Rob Zabrecky, Will Oldham, ...
6
Más allá de la sábana
Una joven pareja (Casey Affleck y Rooney Mara) viven en una casa en las afueras, a la que acaban de mudarse. Un día, él sufre un accidente de tráfico y muere. Pero al poco tiempo regresa convertido en un fantasma vestido con una sábana, a la casa en la que vivía. Allí simplemente es un sujeto pasivo que contempla la vida de la mujer que ama.

David Lowery dirige esta extraña película de bajo presupuesto, tirando de austeridad narrativa y minimalismo cinematográfico hasta sus últimas consecuencias, y exigiendo al espectador un nivel de complicidad artístico-filosófica que dudo que muchos estén dispuestos a asumir. A mí me pilló por sorpresa, la verdad. Pensé que iba a ver una película en la que no tendría que poner tanto de mi parte.

Antes que nada, me quito el sombrero ante el valor que le ha echado Lowery. No cualquiera se atreve a hacer una película así. A unos les gustará mucho, y a la mayoría les parecerá una tomadura de pelo, pero Lowery ha hecho la película que quería hacer, se ha atrevido con un ritmo narrativo absolutamente inusual y con un guión anodino a más no poder para contar lo que subyace más que lo que se ve. Salí del cine pensando que había visto una mierda de película, tres horas después al recordarla creía que no estaba tan mal, y al día siguiente la tienes en la cabeza y te apetece volver a verla, sin saber muy bien para qué.

Quien, como me pasó a mí, acuda al cine sin saber nada de lo que va a ver, se sentirá desconcertado continuamente. El fantasma no es ningún truco cinematográfico como tantas veces hemos visto, no. Es un tipo con una sábana y dos agujeros a la altura de los ojos. La primera vez que aparece en pantalla no puedes evitar sonreir, te parece una broma, la película es muy seria y de repente el fantasma con la sábana resulta grotesco. Pero a medida que te vas acostumbrando, incluso te gusta que sea así, que tenga esa estética infantil que lo hace más tierno y real, dentro de lo real que puede ser un fantasma.

Pero el desconcierto no se queda en eso. Principalmente desconcierta el tiempo narrativo. Hay escenas inusualmente largas en las que no pasa nada importante. Una pareja besándose en la cama y acurrucándose antes de dormir normalmente se resuelve en cine en diez segundos. Aquí los protagonistas se hacen carantoñas durante dos o tres minutos hasta que se duermen, y al público también le dan ganas de dormirse.

Sin duda, la palma se la lleva la escena de la tarta. La protagonista se sienta en el suelo a comerse una tarta (o una empanada, o algo así redondo que no se sabe muy bien qué es) y se la zampa enterita en un plano secuencia que se hace interminable, seis minutos de plano fijo y ella comiendo, hasta que por fin se levanta a vomitar. Y uno no entiende nada, acostumbrado como está a un tipo de narración, te quedas a cuadros y no sabes si has visto una genialidad o una gilipollez.

Estaba en mi butaca estupefacto y no podía evitar mirar el reloj. Pero al final la cosa empieza a tomar sentido, al menos para mí. Cuando la mujer abandona la casa, la película cambia. Las secuencias largas, aparentemente irrelevantes, dan paso a otras más aceleradas, incluso algunas demasiado, y a elipsis y saltos temporales abruptos. Finalmente, el tono mejora, las cosas que no me cuadraban me empiezan a cuadrar, y terminas entendiendo algo. Pero lo grande es que, al menos en mi caso, no lo terminas de entender del todo hasta que no pasa el tiempo y pensando en le película le vas encontrando sentido. Un sentido muy particular, que quizá no es el que el director quería expresar, pero es el que yo he sacado para mí.

Es como esas canciones que no te dicen nada hasta que un día te fijas y te cambian totalmente la percepción que tenías, o como ese poema que según te pille te parece una bobada o algo sublime. “A ghost story” es poesía en la pantalla, una película difícil, que requiere una audiencia receptiva que sepa entender más allá de lo que se le muestra. Que entienda que no está viendo una película al uso, algo obvio, masticado. Que es una metáfora en imágenes, y como todas las metáforas, hay que entenderlas para poder encontrar un significado.

No la recomiendo en absoluto. Quien se atreva a verla, que se atenga a las consecuencias. Pero también tengo claro que yo seré uno de esos que me compraré el DVD en cuanto salga, para poder verla de vez en cuando.

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¡Lumière! Comienza la aventura
¡Lumière! Comienza la aventura (2016)
  • 7,8
    509
  • Francia Thierry Frémaux
  • Documentary, Thierry Frémaux, Auguste Lumière, Louis Lumière, ...
9
Así empezó todo
Thierry Fremaux dirige y narra este documental en el que se nos muestran de manera sucesiva 108 películas, de menos de un minuto de duración cada una, de los hermanos Lumière. Fueron las primeras películas de la historia, por lo que se trata de un viaje a los orígenes del cine, además de una interesante mirada al mundo tal y como era justo antes de empezar el siglo XX.

Estas pequeñas joyas del incipiente cine van desfilando por la pantalla sorprendentemente bien restauradas, y a través de ellas Fremaux va tejiendo un apasionante documental, tan estético como pedagógico, aderezando las imágenes con comentarios que el propio director hace de las mismas, para que el espectador conozca cómo era el mundo en la época en que los hermanos Lumière y sus colaboradores se dedicaban a grabar las primeras escenas cinematográficas de la historia.

En este documental se pone de manifiesto que los Lumière ya hacían cine. No se limitaban a poner la cámara y grabar. Hacían cine tal y como lo entendemos ahora. Sus pequeñas grabaciones tenían su guión, sus actores (terribles, pero actores al fin y al cabo), buscaban las localizaciones precisas, ponían mucho esmero en los encuadres y hasta iniciaron los trucos cinematográficos. Eran ya pequeñas películas intencionadamente, no simples grabaciones sin más.

Además de eso, sus cintas retrataron la sociedad de entonces, y lo hicieron con una herramienta completamente nueva. Nadie antes había hecho películas. Ellos fueron los primeros. No tenían referentes ni nadie de quién aprender, a quien copiar, a quien intentar mejorar. Estaban creando un lenguaje artístico completamente nuevo. Un modo de expresión que hoy en día sigue vigente como vehículo artístico mediante el cual crear universos de los cuales disfrutamos millones de espectadores.

No es un documental al uso. No hay entrevistas ni un guión que seguir. Es una sucesión de pequeñas películas, una detrás de otra, con las explicaciones didácticas y humorísticas del director. Es algo tan simple como elegir 108 cortos de los Lumière, hacer el montaje y narrar un texto sobre esas imágenes. Así de simple y así de hermoso. A un tiempo divertido e histórico.

Impresiona el uso que hacían los Lumière de la cámara. Impresiona la profundidad de campo, algo que apenas se usa hoy en día, ya que siempre se tiende a centrar la atención en la acción principal desdeñando el resto. Usaban casi siempre la cámara fija, pero ya hicieron sus pinitos con el travelling, algo que llama muchísimo la atención tratándose de aquella época en que no había prácticamente máquinas relacionadas con el cine.

Los cortometrajes de los Lumière no se limitan a mostrarnos la vida en su Lyon, ni siquiera en Francia. Sus operadores viajan por todo el mundo y se nos muestran grabaciones realizadas en Barcelona, Ginebra, Biarritz, Jerusalem, Berlin, Chicago, Japón, África… un montón de sitios que quedaron registrados para siempre en sus cámaras.

Otra curiosidad. La famosa “Salida de los obreros de la fábrica” tiene tres versiones diferentes. Es muy curiosa la explicación que da Fremaux sobre esa película, a la primera versión que hicieron le faltaba el coche de caballos, que sí aparece posteriormente. En las tres son las mismas puertas (una grande y otra pequeña) y el mismo modo de salir. Primero las mujeres, luego un pequeño grupo de hombres, luego más mujeres, y al final varios hombres, algunos en bicicleta. Y por ahí en medio un perro. En las tres es más o menos igual, con el añadido final del coche de caballos. Sin darse cuenta, los Lumière habían inventado también el remake.

Se nota mucho que a Fremaux le encanta el cine y le apasionan las imágenes antiguas. El documental está hecho con mucho cariño. Esa pasión que pone el director traspasa la pantalla y llega al espectador, que disfruta aprendiendo, o aprende disfrutando, que es como nos decían en el colegio que era la mejor forma de aprender.

Para el público de cine de pasar el rato no la recomiendo, pero para los cinéfilos es toda una gozada. Es impagable contemplar los primeros gags de la historia del cine, actores que miran a la cámara, figurantes que se ríen de manera desmedida para subrayar que la escena es cómica, o planos increíblemente espectaculares para la época como el de las mujeres lavando ropa y los hombres fumando en un plano superior. De verdad, una gozada.

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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El último traje
El último traje (2017)
  • 6,5
    163
  • Argentina Pablo Solarz
  • Miguel Ángel Solá, Ángela Molina, Martín Piroyansky, Natalia Verbeke, ...
6
Nunca es tarde si el reencuentro es bueno
Abraham Bursztein (Miguel Ángel Solá) es un anciano sastre judío que huye de su casa en Buenos Aires, donde su familia lo quiere encerrar en un geriátrico, hacia Polonia, para reencontrarse con un amigo que lo salvó de la muerte al final de la Segunda Guerra Mundial. Con todo en contra, Abraham intenta llegar hasta Polonia y cumplir al promesa que le hizo a su amigo hace setenta años.

El reconocido guionista e incipiente director argentino Pablo Solarz se atreve con una nueva película relacionada con la Segunda Guerra Mundial. En este caso la historia se desarrolla muy lejos del conflicto bélico pero su presencia es evidente ya que los terribles recuerdos de aquellos años son el motor que lleva a Abraham a regresar y cumplir la promesa que le hizo a su amigo polaco.

Tras una especie de prólogo en el que se pone de manifiesto lo terrible que es la vejez, cuando te das cuenta de que eres un lastre del que tu familia, por quienes lo diste todo, se quiere deshacer, la película se convierte en una especie de road movie bastante pintoresca, con un relleno absolutamente dramático cubierto de una capa de comedia ligera que hace el producto más digerible.

La película es amable y al espectador no le cuesta nada empatizar con el protagonista. La fuerza emocional de un reencuentro siempre funciona, y más cuando tiene el añadido del sufrimiento del holocausto. Si a eso le añadimos el componente de la vejez y el casi desprecio familiar que padece el protagonista de la película, es obvio que los espectadores se meten en la historia y desean casi tanto como Abraham que el viejo y terco judío argentino logre llegar donde quiere y encontrar a su amigo.

Ante la enorme dificultad de lograr el objetivo del anciano, Solarz le brinda tres apoyos en forma de mujer. Tres mujeres que le ayudarán a llevar a cabo su empresa. Tres mujeres que representan tres lugares distintos: España, a donde llega Abraham para hacer escala desde Buenos Aires (Ángela Molina); Alemania, donde debe parar para cambiar de tren y cuya tierra no quiere pisar (Julia Beerhold) y Polonia, donde nació y donde quiere volver para quedarse (Olga Boladz).

Estas tres mujeres cumplen una labor que no se termina de entender. Es algo que queda colgando en la trama, el papel que juegan las tres y la manera en que apoyan a Abraham sin motivo aparente. Aún el personaje de Ángela Molina queda levemente esbozado, pero en los otros dos casos el desarrollo es nulo. Y hay una cuarta mujer importante en la película, se trata de Claudia, la hija de Abraham, interpretado por Natalia Verbeke, que tiene una única escena que debería haber dado mucho más juego del que da.

En cualquier caso, las actrices (y el otro actor importante del film, el argentino Martín Piroyanski) lo tenían muy complicado. Y es que Miguel Ángel Solá se como la película él solito. Su destacadísima interpretación eclipsa por completo al resto del reparto, que podrían haber sido sustituído por simples figurantes y nadie habría notado la diferencia. Todo el peso interpretativo de la película recae sobre él, y lo solventa con eficacia y brillantez, a pesar del, a mi juicio, exceso de maquillaje que era un lastre con el que tenía que cargar.

La película es interesante, el tema atractivo y la actuación de Miguel Ángel Solá ya vale por sí misma el precio de la entrada, pero en mi opinión no está muy bien narrada. Los personajes son importantísimos en cualquier historia, y en este caso no están trabajados. No sabemos nada de Leo, el chico aficionado a la música al que conoce en el avión y con quien luego sigue en contacto en Madrid, no entendemos la frialdad con que la hija recibe a su padre tantos años después por una simple discusión, no entendemos el afán de las tres mujeres desconocidas por ayudar a Abraham, no entedemos… o mejor dicho, yo no lo entendí, igual es cosa mía.

Pero ver “El último traje” no es tiempo perdido. Es una película sencilla que, a pesar de los defectos, logra conmover. El personaje de Abraham está lejos de ser un venerable anciano, es más bien un viejo resentido lleno de defectos, pero por eso se hace más humano y entrañable. Y es de agradecer eso de tocar por enésima vez el tema del holocausto desde un punto de vista diferente del habitual.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
La llamada
La llamada (2017)
  • 6,2
    11.416
  • España Javier Ambrossi, Javier Calvo
  • Macarena García, Anna Castillo, Belén Cuesta, Gracia Olayo, ...
7
Un Dios viene a verte
María (Macarena García) y Susana (Anna Castillo) son dos chicas de 17 años que están pasando el verano en el campamento cristiano “La Brújula”, en la provincia de Segovia. Les encanta el reggetón y el electro latino, y piensan formar un grupo musical llamado Suma Latina. Al campamento llega una monja, Bernarda (Gracia Olayo) que las castiga sin salir y pretende salvarlas con una canción que trae grabada en un cassette. Junto a ellas, pasa el fin de semana otra monja, la hermana Milagros (Belén Cuesta), quien tiene una vocación dudosa y le gusta la música de Presuntos Implicados. Pero una noche, a María se le aparece Dios, que es un gran admirador de Whitney Houston…

Se trata de la adaptación al cine del musical del mismo título, dirigida (como en el teatro) por Javier Calvo y Javier Ambrossi. Una película musical siempre es una apuesta de riesgo, y si es española el riesgo se multiplica. Y yo siempre aplaudo a los valientes. Me ha gustado la apuesta. A pesar de muchas cosas indudablemente discutibles, la película te gana por su propuesta y hace que la veas con simpatía. Y la magnífica labor de sus protagonistas te terminan por ganar.

Belen-Cuesta-Anna-Castillo-actrices

La película como musical no me dice gran cosa. Me parece más una comedia que un musical. Y también me parece más una obra de teatro que una película. En realidad, es una obra de teatro vista en una pantalla de cine. Como comedia, no es desternillante, pero te mantiene con la sonrisa, y tiene algunos diálogos realmente divertidos. Desde luego, me reí más de lo que suelo hacerlo en un cine. Es difícil que yo suelte una carcajada, y esta vez hubo un par de ellas que no pude frenar.

Es una película con pequeños toques irreverentes y transgresores, pero en general es apta para todo tipo de públicos. Los creyentes no se sentirán agraviados. Hay humor religioso, pero con respeto. El humor es fino, pero no rebuscado. Creo que se reirán más o menos por igual los muy cultos que los más embrutecidos. Los diálogos son excelentes, y las actrices consiguen mejorarlos todavía más.

Lo de las canciones ya es otro cantar, nunca mejor dicho. No me gusta Leyva, y suya es la música. Los números musicales interpretados por las chicas me parecieron más bien flojillos, salvando quizá el “Como hemos cambiado”, que ahí no lo hace mal Belén Cuesta. En cambio, las canciones de Whitney Houston que canta Dios (interpretado por Richard Collins-Moore) me parecieron versiones bastante decentes, dadas las circunstancias. Lo más potable del film en el aspecto musical, a mi juicio.

Los dos Javieres dirigen con buen pulso y destreza, saben lo que quieren hacer y lo llevan a cabo con solvencia. Quizá fallan un poco en la parte dramática. La película pretende moverse entre la comedia y el drama. Lo primero lo consiguen con buena nota, pero la parte dramática, en la que las protagonistas deben hacernos llegar su desazón, su sufrimiento o su alma confusa, no se resuelve adecuadamente. No era fácil, de todos modos.

Las interpretaciones son lo mejor del film, de largo. Las cuatro están muy bien. En parte, gracias a que los personajes están muy bien diseñados, y en parte gracias al grandioso trabajo interpretativo de las cuatro. Belén Cuesta brilla con luz propia y se gana al público desde el principio demostrando un talento descomunal, aunque también es cierto que su personaje es un caramelito para cualquier actriz de nivel. Macarena García nos enamora absolutamente. Es imposible no quedar deslumbrado por esos ojos que ocupan toda la pantalla. Interpreta a una chica de 17 años de un modo creíble, cuando la actriz tiene 29. Ahí queda eso. Y Anna Castillo también está magnífica en el papel quizá más difícil de las cuatro.

“La llamada” me sorprendió desde el principio y, con todos sus defectos, me hizo pasar un rato muy agradable. Es una pena que los número musicales sean tan flojos, porque con unas buenas canciones y una buena coreografía, la película sería sensacional. Aunque, no sé, por otra parte, igual habría salido más seria y con menos frescura. Quizá parte de su grandeza sea precisamente su imperfección.

Película recomendable si quieres salir de la españolada habitual de estos tiempos. Un film sin complejos, arriesgado, divertido. Una experiencia cinematográfica que me alegro de haber vivido.

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5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
Detroit
Detroit (2017)
  • 6,9
    5.412
  • Estados Unidos Kathryn Bigelow
  • John Boyega, Algee Smith, Will Poulter, Jack Reynor, ...
8
Tensión insoportable
A pesar de que tiene un tono documental por el hecho de añadir imágenes de archivo y aportar datos biográficos de los protagonistas, la película no es tanto una crónica real de los hechos tal y como ocurrieron, ya que jamás se lograron esclarecer del todo, sino más bien una reinterpretación de los mismos con el fin de denunciar un problema que sí fue muy real en Estados Unidos en aquella época, y que seguramente no se ha terminado nunca de resolver del todo.

Personalmente, me costó entrar en la historia. Los primeros veinte minutos se me hicieron un poco difíciles de seguir, a caballo entre el reportaje y la película, y con esa cámara al hombro a la que cuesta irse acostumbrando. Pero luego la película coge vuelo y la parte central es pura tensión, la vives entre aterrado y estupefacto, y durante todo lo que ocurre en el Motel parece que no pasa el tiempo (una hora y pico de película, que se te pasa en diez minutos).

En el aspecto técnico, toda la obra va dirigida a atrapar al espectador. El guión, la fotografía, la música, todos los aspectos formales del film están rigurosamente hilvanados unos con otros, para formar un producto sólido y desasosegante. Especialmente destacable el montaje, que es el que otorga el sentido narrativo a la película. Todo engrasa bien y el resultado es un film que le produce al espectador un elevado grado de tensión, indignación y pasmo. Definitivamente, estamos ante una película incómoda de ver pero que al mismo tiempo te atrapa por completo.

Hay tres partes muy diferenciadas en la película. La primera, en la que se nos pone en situación, con la redada que dió origen al conflicto y una serie de imágenes de los disturbios. Se nos presentan los personajes principales, el chico negro que trabaja de guardia de seguridad, los cuatro componentes de un grupo musical con aspiraciones de fichar por la Motown, y un par de policías que no tienen problemas en dispararle a un negro. Esta primera parte, como digo, no me convence mucho.

Luego viene la parte central, con todo lo que pasa en el Motel. Es la parte más larga, pero se pasa en un suspiro. Pura tensión, por momentos casi insoportable. Pasan los días y no te lo sacas de la cabeza. Cuando tenía un momento de respiro me daba por pensar que lo que estaba viendo eran hechos reales y todavía lo pasaba peor. Esta parte es tan buena que borra por completo cualquier carencia de las demás. Es cine con mayúsculas. Aquí Bigelow demuestra un pulso narrativo descomunal, una maestría absoluta dirigiendo actores, manejando el tiempo, creando una atmósfera sobrecogedora y claustrofóbica. Absolutamente magistral.

La parte final baja un poco el nivel (lógico, por otra parte). El juicio y el destino de los personajes vuelve a hacerse, como la primera parte del film, de un modo precipitado, demasiado rápido y con muy poco desarrollo. Nada que ver con la parte central, en la que todo pasa casi en tiempo real.

Es la parte negativa de la película, el escaso desarrollo de los acontecimientos previos y los personajes. No se explica muy bien cómo se generó ese odio. No se entiende que los policías sean tan crueles. No hay un desarrollo adecuado de los personajes para que podamos comprender sus motivaciones, ni nos sabe llevar al año 1967 para entender plenamente el contexto en el que se desarrollaron los hechos.

Pese a esos defectos, la película es de obligado visionado. Los amantes de la música disfrutarán con referencias a John Coltrane y a los artistas de la Motown, aparte de escuchar éxitos del citado sello como el tema “Nowhere to run” de Martha & The Vandellas, o el descubrimiento (yo al menos no los conocía) del grupo The Dramatics, cuyos integrantes estaban en el motel aquella noche.

“Detroit” es una película poderosa y desgarradora. Probablemente no tendrá la repercusión de otros trabajos anteriores de la misma directora, pero a mí me gusta más esta película que sus trabajos previos. Y todo ello a pesar de que, como he mencionado, tiene multitud de cosas mejorables, que sales con la sensación de que se podría haber hecho algo mucho mejor, pero joder, lo que hace bien lo hace tan bien…

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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
En lugar del Sr. Stein
En lugar del Sr. Stein (2017)
  • 5,9
    185
  • Francia Stéphane Robelin
  • Pierre Richard, Yaniss Lespert, Fanny Valette, Stéphanie Crayencour, ...
5
Para ver y olvidar
Efectivamente, se trata de otra adaptación de Cyrano de Bergerac, ahora convertido en un viejo que aprovecha el anonimato y la facilidad comunicativa de las nuevas tecnologías para darle un aliciente a su vida. Escrita y dirigida por Stephane Robelin, la película es un mero entretenimiento, amable, inofensiva y olvidable. Una comedia romántica menos creíble aún de lo habitual que ni llega al corazón ni produce demasiadas carcajadas, aunque entretiene, eso si.

La trama transcurre continuamente por el territorio de los enredos, y aunque el guión no está mal elaborado, nunca termina de enganchar. Las situaciones resultan forzadas y el pretendido cambio paulatino de los personajes no resulta natural. Personalmente, nada me resultó creíble, empezando por la primera escena y terminando por la última, la distancia entre mi butaca y la pantalla siempre fue kilométrica.

La historia daba para indagar en muchas cosas. El tema de la soledad, la nostalgia del amor perdido, el terrible vacío que se siente en la vejez, las relaciones familiares, los conflictos generacionales, y sobre todo la idiosincrasia de las relaciones cibernáuticas, donde todo es tan maquillable pero se vive con tanta intensidad porque precisamente por no ser tan obvio como lo presencial, la imaginación potencia las ganas de conocer a la gente que nos encandila con sus palabras.

Sin embargo, Robelin se queda a medias de todo, muy lejos de profundizar en nada, y se limita a intentar hacer una comedia de enredos plana, ligera, insustancial y previsible. Además, recurre a todos los tópicos habidos y por haber en este tipo de películas, y cada tópico le resta más y más credibilidad al asunto.

Los intérpretes tampoco ayudan mucho. Pierre Richard, un veterano legendario de la comedia francesa, es el más destacado y aún así actúa de un modo bastante funcionarial, sin levantar el vuelo en ningún momento, en un papel para el que va muy sobrado. Correctas Stephane Bissot (la hija del viejo) y Stephanie Crayencour (la novia de Alex), y definitivamente flojos tanto Fanny Valette, la chica de quien se enamora el viejo, y Yaniss Lespert, que es lo más soso y desangelado que he visto en una sala de cine en años.

La película entretiene, sin más. Tiene un ritmo agradable (todo es agradable en la película, realmente) y no es un castigo verla, pero no tiene nada de romántica y muy poco de comedia, o por lo menos, a mí no me pareció ninguna de las dos cosas, apenas me arrancó un par de sonrisas en los dos mejores gags del film.

Una cinta que en el momento en que desaparezca de las salas seguro que será puesta en las televisiones en horario de sobremesa. De estas películas de digestión ligera, que cinco minutos después de salir del cine las has olvidado. Si llego a escribir esto mañana, ya no habría podido hacerlo porque no me acordaría de nada.
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Selfie
Selfie (2017)
  • 5,7
    1.707
  • España Víctor García León
  • Santiago Alverú, Macarena Sanz, Javier Carramiñana, Alicia Rubio, ...
7
El cine te da sorpresas
“Selfie”, dirigida por Víctor García León, cuenta la historia de Bosco y su descenso a los infiernos a través de un falso documental pobre en presupuesto pero rico en ideas. Rodado con originalidad y sentido del humor, García León mete los dedos en la sociedad española actual y es capaz de meterse con todos aunque, a fuerza de no querer adoctrinar, le termina quedando un tanto ligera.

Lo mejor de la película es su originalidad y su tono irreverente. Su crítica ácida carga contra el Partido Popular y sus seguidores del mismo modo que lo hace con Podemos y los suyos. El protagonista, como si de un documental se tratara, va hablando a la cámara mientras nos enseña su chalet de la Moraleja, y le acompañamos también cuando termina en una casa de Lavapiés junto a otros inquilinos de diversas procedencias. Nunca se toma partido ni se moraliza, se trata de criticar a saco de un modo inteligente y divertido.

La verdad es que se pasa un buen rato viendo esta película, con la sonrisa permanente en la boca, pero a mi juicio el resultado final es un tanto irregular. La película decae bastante en el último tercio, a medida que cada vez va siendo menos documental y más película convencional. Supongo que la idea no se pudo estirar lo suficiente, y no se sabía muy bien como cerrarla. Asimismo, es evidente que se cae en ciertos clichés costumbristas que quizá estaban de más. En fin, que está lejos de ser una obra maestra, pero el film sorprende gratamente y deja buen sabor.

El espectador se asombra principalmente del modo estoico con que Bosco va encajando las vicisitudes negativas que le van sucediendo. Se supone que un niño pijo como él se vendría abajo cuando se va quedando sin nada y termina siendo despreciado por su entorno, pero Bosco permanece de pie con cada golpe y aunque no sabe cómo saldrá adelante, siempre parece confiado en que se las apañará. Supongo que como nunca ha tenido que luchar por nada, entiende que las cosas se arreglarán de un modo u otro, como siempre ha pasado en su vida.

Las interpretaciones son muy buenas. Llama la atención el brillante papel que desarrolla Santiago Alverú siendo éste su primer trabajo como actor. No es fácil que un debutante sepa cargar con el peso interpretativo de una película con la solvencia con la que lo hace, construyendo un personaje repleto de pura imbecilidad, inflado a partes iguales de ignorancia y narcisismo. A su lado, muy destacable también el trabajo de Macarena Sanz, la muchacha ciega de optimismo indestructible y sonrisa perenne que se enamora de Bosco porque es muy guapo (¿tu qué sabes, si eres ciega? le dice el amigo celoso, interpretado por un muy convincente Javier Carramiñana.)

La posición en que queda Bosco da que pensar. Su antiguo entorno le desprecia porque ya no es rico, y en su nuevo entorno tiene que esconder su pasado, porque no le aceptarían sabiendo que viene de una familia de ricos corruptos del PP. Por tanto, se siente en tierra de nadie, sobreviviendo como puede y resultándole hostil tanto un entorno como el opuesto. Esto hace que al espectador no le quede más remedio que compadecer a Bosco, a pesar de su patetismo, o precisamente por eso.

Los personajes de la película asisten a mítines políticos y eso es un valor añadido a la película puesto que el lado documental está ahí. Aparecen en Vista Alegre escuchando a Pablo Iglesias en un multitudinario mítin de Podemos, y poco después vemos a Bosco hablando con la mismísima Esperanza Aguirre en otro del PP, en Talavera de la Reina.

Como dije antes, es una pena que en la parte final la película pierda fuerza, cuando poco a poco el falso documental va dando paso a la historia cómico-romántica del trío protagonista la acidez va disminuyendo y todo se viene un poco abajo. Si hubiera mantenido la mala leche inicial y hubiera intentado un final más radical, más amargo, pensaría que habíamos asistido al nacimiento de un nuevo Berlanga. Lástima.

Con todo, recomiendo ver la película. Por original, por divertida, por fresca, por innovadora, porque se parece muy poco a las películas que se suelen hacer y porque indudablemente te lo pasas bien mientras la ves. También nos sirve para constatar que los dos polos opuestos de la sociedad española son bastante poco edificantes, y que las nuevas generaciones no se diferencian demasiado de las pasadas. García León atiza a derecha y a izquierda con valentía y gracia, y garantiza un buen debate postpelícula a sus espectadores.

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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dunkerque
Dunkerque (2017)
  • 7,2
    31.910
  • Estados Unidos Christopher Nolan
  • Fionn Whitehead, Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, ...
8
El lado luminoso de Nolan
Nolan es un director reconocible, más allá de que te gusten o no sus películas, su estilo es peculiar. Eso es un punto a favor, para mí. Su sello de identidad es su espectacular destreza para las composiciones visuales y su querencia hacia las estructuras narrativas complejas. La grandeza de Nolan es el modo en que cuenta las cosas, mucho más importante que la historia que nos relata.

Ese gusto de Nolan por las narraciones rebuscadas hace que el espectador a menudo se pierda intentando conectar, tratando de situarse en el camino correcto del relato, y no pueda disfrutar como debería de las excelencias cinematográficas de Nolan y la exquisitez visual de sus propuestas.

En “Dunkerque”, Nolan se enfrenta por primera vez a una historia real, por lo que la narración tiene unos límites que no puede sobrepasar. Y sin embargo, es capaz de contar la historia sin renunciar a su estilo. Hay tres historias en paralelo: lo que pasa en el espigón (que dura una semana), lo que pasa en el barco (que dura un día) y lo que pasa en el avión (que dura una hora). Tres historias contadas en paralelo al más puro estilo Nolan y que convergen en la historia del avión haciendo que todo encaje a la perfección, pero que no libra al espectador de dificultad para seguir ese complejo entramado de secuencias que tan pronto corresponden a una subtrama como a otra.

La película nos atrapa desde el principio. Empiezas a verla, y a los dos minutos ya estás huyendo de las balas de los alemanes, ya estás dentro de ella. Y no sales hasta que no acaba. Vives ese tiempo literalmente dentro de la pantalla, compartiendo con los personajes ese afán por sobrevivir como sea. Apenas hay diálogos, no son necesarios. La brillantez con la que Nolan logra sacar la máxima expresividad a sus personajes hace que las miradas sean más elocuentes que las palabras. Es un espectáculo audiovisual (atencíon a la música de Hans Zimmer, una maravilla) en el que te sumerges que te hace vivir la película de verdad. Es imprescindible ver esta película en una sala de cine. En la pantalla de televisión se perderá toda su esencia.

Nolan no nos da respiro. Algunos dirán que la historia no queda clara, pero ¿a quién le importa la historia cuando están cayendo bombas a tu alrededor? Esta película no la ves, la vives. Y al vivirla, no importa que no entiendas lo que pasa. Solo quieres salvarte, sobrevivir. Así se siente el chico que representa el personaje principal de la película y así te sientes tú si has entrado en la pantalla. Esta no es una película de guerra, es la guerra desde dentro. No sabes de donde te llegan los disparos, si aquel que ves a lo lejos es un enemigo o uno de tu bando, solo importa sobrevivir, poder volver a casa.

Los actores están muy bien. No sorprende el buen trabajo de los actores consagrados como Kenneth Branagh, Tom Hardy, Mark Rylance o Cillian Murphy, lo que es admirable es el nivel interpretativo que alcanzan los jóvenes Fionn Whitehead o Damien Bonnard, quienes hacen que sus personajes rezumen credibilidad, a pesar de que el espectador no sabe realmente quienes son. Poco importa.

Para mí es un peliculón, a pesar de que sé que mucha gente estará en contra de esta opinión. Para ellos el cine es otra cosa, una película de guerra tiene que tener buenos y malos, muchas escenas de batallas, y una gran victoria final, a ser posible con moraleja. Para ellos eso es el cine. Pero para mí el cine es esto. Pasar un rato dentro de la pantalla, sentir cosas, y que mis ojos y mis oídos se den un festín audiovisual tan sorprendente como reconfortante.

No es perfecta, por supuesto. Defectos hay unos cuantos: no hay un retrato de los personajes, por lo que nos cuesta empatizar con ellos, hay un toque de patriotismo con el discurso de Churchill que me sobra, la trama es floja porque no cuenta nada que no sepamos, y tiene ciertos toques de “nolanismo” innecesario. Incluso la música de Zimmer, que es absolutamente maravillosa, quizá no está bien tratada. La música en el cine se suele usar para subrayar escenas o ayudar a narrar cosas, y en este caso hay algunas escenas en las que la música no cuadra mucho porque está muy por encima de lo que cuenta. Pero, con todos sus defectos, a mí me ha gustado mucho.

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Maudie, el color de la vida
Maudie, el color de la vida (2016)
  • 7,1
    1.536
  • Canadá Aisling Walsh
  • Sally Hawkins, Ethan Hawke, Kari Matchett, Gabrielle Rose, ...
7
Viviendo en color, con todo en contra.
Dirigida por la irlandesa Aisling Walsh y basada en hechos reales, “Maudie” cuenta la vida de Maud Lewis, una pintora canadiense, y su relación con Everett, quien se convirtió en su inseparable compañero, y cómo sus sencillas pinturas la convirtieron en uno de los personajes más conocidos de Canadá.

Aisling Walsh centra su relato más en los personajes que en las situaciones. Hace mucho más hincapié en la personalidad de la pareja (por separado, y en conjunto) que en el tema artístico. Se centra más en Maudie, la mujer soñadora y empecinada en formar parte de la vida de Everett que en Maudie la pintora. Pero la faceta personal y la artística tienen un nexo en común: ambas cosas se desarrollan y crecen dentro de las cuatro paredes de la austera casa de Everett, una casa que es un reflejo de él mismo: poco acogedora, rudimentaria y solitaria.

Maudie, aquejada de una artritis degenerativa que la limitan en lo motriz, recurre a su imaginación y su creatividad para ser feliz. No necesita ir muy lejos, dentro de la casa consigue evolucionar como mujer y como artista. Desde ese punto de vista, la película es una historia de superación, con las dosis necesarias de humillaciones y abusos, pero cuidando de no resultar demasiado desagradable. Walsh consigue equilibrar para hacernos sentir al personaje (con la imprescindible colaboración de Sally Hawkins) pero sin llegar a caer en el temido melodrama lacrimógeno.

No se puede dejar pasar una línea más sin hablar del extraordinario trabajo de Sally Hawkins. Ya se que se dice siempre que los papeles de tullido son los más fáciles para los actores y los que más impresionan al público, pero es que esta vez Sally Hawkins va más allá del trabajo fácil y nos brinda una interpretación descomunal. La actriz ha sabido captar con brillantez el espíritu de la pintora y lo hace llegar al público, provocando sonrisas y ternura.

A su lado, Ethan Hawke hace su mejor trabajo que yo le haya visto, con mucha diferencia. Un actor que no me suele convencer casi nunca, aquí está fantástico. No lo tenía fácil para estar a la altura de su compañera de reparto, pero sorprendentemente lo consigue.

El espectador se queda con la perseverancia y el denodado esfuerzo de Maud por ser feliz. Lastrada por su enfermedad, es objeto de burlas y humillaciones desde pequeña en la escuela, confinada en casa por su familia con el fin de apartarla del mundo, despreciada por los hombres y sufriendo el abuso de todos, Maud jamás pierde las ganas de vivir y sigue adelante en busca de la felicidad, contra todo y contra todos, decidida a reivindicarse en una sociedad que la desprecia por su físico.

Yo, además de eso, me quedé con que la creatividad artística y la imaginación humana en general pueden ser armas maravillosas para lograr lo que la vida no te otorga de la manera convencional. Tener un mundo interior no sólo es un maravilloso modo de liberación sino también te permite tener mucho que sacar afuera, sea en forma de pinturas, palabras, música o lo que sea.

La película es buena tanto a nivel estrictamente cinematográfico como reivindicativo o testimonial. La directora logra que un personaje desconocido fuera de Canadá interese al espectador, y tiene mucho mérito la destreza con la que transita por el melodrama eludiendo la sensiblería y sin apartarse de las limitaciones que toda historia real tiene.

No es para todo el mundo, lógicamente, pero vale la pena darle una oportunidad al film. La historia vale la pena, y el modo en que se cuenta también. Es emocionante ver cómo unos personajes tan sumamente vulnerables pueden ser a la vez tan fuertes. La humildad puede conducir a la grandeza. Le pasa a Maud, y también le ocurre a la película.

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Verano 1993
Verano 1993 (2017)
  • 6,9
    9.426
  • España Carla Simón
  • Laia Artigas, Bruna Cusí, David Verdaguer, María Paula Robles, ...
8
Un verano muy especial
Carla Simón debuta en el cine dirigiendo este largometraje, a partir de un guión de ella misma. Al parecer, Carla Simón cuenta en esta película su propia historia, lo que le da mucha verosimilitud al film. La directora recrea en esta obra una etapa de su vida que le marcó para siempre, una especie de diario visual de esa atípica etapa de su infancia.

Estamos ante una de las más prometedoras operas primas que yo haya visto últimamente. Narrada desde el punto de vista de la niña protagonista, el film rezuma inocencia y huye en todo momento de la sensiblería a la que parece abocada la historia. La película va desplegando emociones creíbles sin recurrir a trampas cinematográficas, sacando el máximo partido de las situaciones y la buena interpretación de la niña protagonista.

Y me quiero detener un momento en las dos niñas protagonistas. Tanto Laia Artigas, que está colosal en el papel de Frida como su compañera de reparto Paula Robles, que interpreta a su hermanastra de cuatro años, hacen que te olvides por completo de que estás viendo una película. Las niñas parecen niñas de verdad, son reconocibles. Quiero decir, no son las típicas niñas de las películas, esas niñas actrices que poco tienen que ver con las reales. Estas son niñas que hacen de niñas de verdad. Si te dicen que las han grabado con cámara oculta te lo crees.

La trama en sí no importa demasiado. Es un verano en la vida de la niña, pero un verano muy especial. Un par de meses en los que para ella la vida es otra cosa completamente distinta de lo que conocía. No se trata de la historia, se trata de las situaciones. Es una película de detalles. Pequeños detalles que la hacen grande. Vemos la cotidianidad de la vida de la niña mediante escenas repletas de sensibilidad y realismo. En este caso, la sencillez va de la mano con el buen gusto. La relación entre los personajes rebosa humanidad, nada es forzado, nada es perfecto, las cosas buenas y las cosas malas conviven, porque así somos, porque así son las relaciones humanas, llenas de imperfecciones, desencuentros, egoísmos, pero también afecto y comprensión. Digamos que es una película muy poco peliculera.

Todo lo que sucede en la película nos cuadra. La situación de la niña que pierde a sus padres y tiene que vivir con una familia nueva es desconcertante entendemos su inquietud. Pero también entendemos a la hermanastra, que de repente pasa de ser hija única a convivir con una niña mayor. Y entendemos a los padres, que tienen que mediar en los conflictos de las niñas, y tienen que demostrar que quieren a la nueva hija sin descuidar a su hija biológica. Todas las situaciones están plagadas de detalles entendibles, y se nos muestran desde un punto de vista que hace que el espectador esté en una situación contemplativa, en la que no hay que tomar partido, ya que las cosas se entiende que es difícil que sean de otra manera.

No es película para cualquiera, ya lo anticipo. Está repleta de matices, de silencios, de la inconmensurable mirada de Laia Artigas en la que percibimos el dolor de la pérdida, la desorientación y el miedo a la nueva vida que tiene. Ese dolor de niña, que no la impide reir y jugar, pero que sabemos que sigue ahí, y que detectamos en esa mirada triste que nos regala en cada plano.

Se nota que Carla Simón ha puesto el alma en la película y que se mueve por un territorio que conoce bien, ya que cuenta un pedazo de su propia vida. La directora novel plasma con un estilo intenso pero también reflexivo sus recuerdos sin intentar dar una lección de nada, sin sacar partido fácil a la típica historia de sufrimiento infantil, sabiendo en cambio reflejar con maestría la fragilidad de esos locos bajitos, que sienten más de lo que los adultos tienden a pensar.

En definitiva, una película sorprendente. Sin muchas pretensiones, pero con un resultado muy brillante. Todo es tan natural que hasta incomoda un poco, acostumbrado como está uno a ciertos clichés cinematográficos. No hay que ir a verla para entretenerse, hay que contemplarla, dejarse llevar y disfrutar de la inocencia de una niña. La vida en su forma más pura, la de los niños. Con su crueldad, su crudeza y su ternura. Dejad que vuestros ojos disfruten de una película que no parece serlo.

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1 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Déjame salir
Déjame salir (2017)
  • 6,7
    25.083
  • Estados Unidos Jordan Peele
  • Daniel Kaluuya, Allison Williams, Catherine Keener, Bradley Whitford, ...
7
Oscura perversidad
“Get out” es la ópera prima de Jordan Peele. Un debut tremendamente prometedor pues logra una película sorprendente e impactante, apostando por un cine de terror menos convencional, olvidando los recursos fáciles, los sustos injustificados y las subidas de volumen efectistas, para centrarse en un guión bien trabajado, una trama inteligente y aderezándolo todo con dosis de humor y crítica social.

Supongo que los aficionado al cine de terror se sentirán algo defraudados con la película, porque no reune los elementos habituales del género. Es más bien un thriller psicológico, eso sí, bastante aterrador. Uno nunca podría sospechar que el sonido de una cucharilla removiendo el líquido de la taza pudiera ser tan terrorífico. Peele consigue que te quedes pegado a la butaca con los ojos abiertos de par en par, en lugar de entornarlos o cerrarlos, que es lo que se suele hacer en las películas de miedo.

El problema del racismo está latente siempre en esta película. La sociedad americana se muestra como es en realidad: abierta y tolerante por fuera, pero tremendamente racista por dentro y repleta de prejuicios. Ya no estamos en la época del Ku Kux Klan pero en la Norteamérica actual no se ha avanzado demasiado en el tema. Se puede votar a Obama y albergar un gran racismo en su interior, un racismo que probablemente crece al no poder exteriorizarlo abiertamente.

Los puntos más fuertes de la película son las gotas de humor interracial y la excelente intriga planteada. La narración nos lleva de la mano de Chris y su recelosa llegada a la casa de sus suegros (antes de ir le dice a su novia que debería haber advertido a sus padres de que era negro), y a partir de ahí todo fluye de un modo perfecto y natural. Chris pasa de la duda a la molestia, de la molestia a la perturbación y de la perturbación a la pesadilla, y nosotros con él.

Peele se muestra hábil en el manejo del lenguaje cinematográfico y sabe crear con destreza la simbología visual que entronca las emociones del espectador con los miedos de Chris. El ciervo, la cucharilla y la taza, la representación del subconsciente como un abismo en la mente del protagonista… También se muestra eficaz creando tensión a través de las miradas y la manera de hablar de los personajes, logrando que el espectador se preocupe a la vez por conocer en profundidad al protagonista y por entender lo que está pasando en realidad.

Las interpretaciones están muy bien y son esenciales para el buen funcionamiento de la película. Destaca por supuesto Daniel Kaluuya, sobre quien recae todo el peso del film y cuyo buen trabajo hace que todo lo demás tenga sentido. También hay que destacar la interpretación de Allison Williams, que en la parte final de la película está espléndida. Y entre los secundarios, brilla con luz propia Betty Gabriel, que hace una maravillosa interpretación de la inquietante criada.

Tal vez el desenlace final baje un poco el nivel respecto al resto de la película. A mí al menos me pareció un tanto delirante y exagerado. No obstante, era muy difícil rematar la película con un final que estuviera al mismo nivel que todo lo anterior. Me cuesta pensar en un final realmente redondo. Por otra parte, se agradece que haya un final concreto, porque yo me estaba temiendo el típico final abierto, interpretativo, o preparatorio para una secuela.

“Déjame salir” me ha sorprendido positivamente. A diferencia de la mayoría de películas de terror, es inteligente, perversa, ingeniosa y está muy cuidada. La originalidad y frescura de su propuesta me atrapó desde el principio. Sabe dar miedo sin asustar, es valiente y destila mala leche. Sabe manipular al espectador sin recurrir a efectismos baratos y uno se siente encantado de entrar en su juego. Deja un regusto a que podría haber sido una película histórica con un mejor remate, pero aún así, es muy recomendable.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Paraíso
Paraíso (2016)
  • 6,6
    694
  • Rusia Andrei Konchalovsky
  • Yuliya Vysotskaya, Christian Clauss, Philippe Duquesne, Peter Kurth, ...
7
El infierno no puede ser mucho peor
Olga (Julia Vysotskaya) es una aristócrata rusa que forma parte de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial. Es arrestada por ocultar niños judíos durante una redada. Su caso es investigado por Jules (Philippe Duquesne), un funcionario francés colaboracionista a quien Olga propone que la salve a cambio de tener sexo con ella. Enviada finalmente a un campo de concentración, Olga se encuentra allí con Helmut (Christian Clauss), un oficial de las SS con quien hace años tuvo una relación y quien aún parece mantener sentimientos por ella.

Se trata del último trabajo de Andrei Konchalovsky ("El cartero de las noches blancas"). Un trabajo en el que el director ruso pretende dar un toque novedoso al tantas veces cinematografiado tema del Holocausto. Hay ya tantas películas sobre este tema que el único modo de afrontarlo con alguna posibilidad de que tenga interés es aportar novedades estilísticas. Y a ello se pone Konchalovsky.

La película retrata tres personajes completamente distintos pero a los que las circunstancias pone en el mismo escenario como consecuencia de la guerra. La aristócrata rusa de mediana edad que colabora con la resistencia francesa escondiendo niños judíos para evitar que los capturen los nazis. Por otro lado, el funcionario francés, un hombre aparentemente bueno que educa a su hijo lo mejor que puede pero que cuando llega al trabajo se dedica a mandar gente a los campos de concentración y accede a salvar a la rusa a cambio de acostarse con ella. Por último, el joven oficial alemán obsesionado con la rusa, el personaje más enigmático de todos, un nazi convencido, que cree en el superhombre de Nietzsche, pero al mismo tiempo admira a los rusos y es un entusiasta seguidor de escritores como Chejov o Tolstoi.

Rodada en un riguroso y exquisito blanco y negro, en formato de 4.3, el toque original de la película consiste en unas entrevistas que se hacen a los tres protagonistas principales en una especie de confesionario. Los tres van narrando alternativamente sus sentimientos y opiniones sobre los acontecimientos que vemos como si estuvieran en el purgatorio esperando a ser juzgados para ver si llegan o no al paraíso. Cada uno expone su punto de vista y se diría que Konchalovsky les dejara hablar con libertad, como si fueran personajes reales. De ese modo se da una sensación de que el director no les juzga y son las acciones que se muestran el el film las que hacen que el espectador tome partido y saque sus conclusiones.

Este aporte creativo de Konchalovsky, en el que hace que una película parezca un documental, le da un toque especial y alivia bastante la crueldad de la trama, ya que al ver a los personajes hablando tranquilamente sobre lo que pasa, uno se tranquiliza de manera inconsciente, sin que esto signifique en absoluto que se quiebre la intensidad emocional del film.

Otra gran virtud de Konchalovsky en esta película es su capacidad para hacernos sentir los horrores del Holocausto sin servirse de imágenes explícitas. Los horrores de los campos de exterminio no se nos muestran en ningún momento salvo alguna inevitable pincelada y sin embargo el horror de lo que ocurría está latente en todo el film y se siente en toda su dimensión pese a no verse del todo.

A diferencia de la mayoría de películas de este tipo, el guión no se centra en mostrarnos la crueldad de los soldados alemanes, más bien los caricaturiza, mientras la película indaga con más profundidad en los cautivos y su manera de luchar por la supervivencia y el modo en que interactuaban entre sí.

Entre el trío de actores principales destaca poderosamente Julia Vysotskaya. La actriz es a su vez esposa de Andrei Konchalovsky (43 años ella, 80 él. Qué fenómeno.) y en este trabajo recrea con solvencia el personaje de una mujer con la elegancia que corresponde a una aristócrata y el buen porte de las rusas, pero que al mismo tiempo es fuerte, resuelta y muestra una enorme capacidad de adaptarse a las circunstancias vitales que le tocan. Magnífica su interpretación.

Sin ser un peliculón, "Paraíso" tiene los suficientes ingredientes como para que valga la pena cada uno de sus ciento treinta minutos de metraje. Nos deja muchas escenas para el recuerdo: la pose altiva y despreocupada del oficial alemán mientras caen las bombas a su alrededor al final de la película, el padre y el hijo charlando ante un gigantesco hormiguero, la salvación en el último momento de una mujer porque sólo tenía un cuarto de sangre judía, y sobre todo la escena en que una mujer muere y sus compañeras de cautiverio se abalanzan sobre ella, en principio parece que a reanimarla, pero en realidad es para arrebatarle sus pertenencias, en un cuadro absolutamente elocuente sobre las miserias humanas.

Para mí, "Paraíso" no es una película sobre el nazismo o el holocausto, es una película sobre la actitud humana cuando sabes que tienes el destino de otra persona en tu mano. La rusa tiene el destino de los dos niños, y tanto el funcionario francés como el oficial nazi tienen el destino de la rusa. Esa sensación mitad animal y mitad humana, ese sentimiento trascendental, que va más allá del amor o el odio. Eso es lo que retrata Konchalovsky. Y lo hace muy bien.

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3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Land of Mine (Bajo la arena)
Land of Mine (Bajo la arena) (2015)
  • 7,1
    4.438
  • Dinamarca Martin Zandvliet
  • Roland Møller, Louis Hofmann, Mikkel Boe Følsgaard, Laura Bro, ...
8
La playa del horror
El director danés Martin Zandvliet lleva a la pantalla esta historia que, basándose en hechos reales, realiza un descarnado acercamiento a las atrocidades de la guerra, las crueldades que se cometen en nombre de la patria y hasta qué punto la sinrazón puede tomar forma cuando todas las ramificaciones de la guerra (el dolor, el odio, el deseo de venganza, etc.) aparecen en la gente, incluso cuando el conflicto armado ya ha finalizado.

Es un drama histórico que no deja indiferente. Desde la brutal primera escena (brutal en todos los sentidos) hasta el final, uno no da crédito a lo que se muestra en la pantalla. Es imposible no conmoverse sabiendo que esos hechos ocurrieron en realidad. Un grupo de chavales alemanes, reclutados para el ejército a la fuerza cuando ya casi no quedaban adultos, cuyo único pecado era ser alemanes, tuvieron que pasar por un trance durísimo como era jugarse la vida con la localización y desactivación de cada mina. Y además de todo ello, recibir la humillación constante y los maltratos execrables del ejército danés.

Zandvliet nos lo cuenta todo con una crudeza extrema. La película golpea violentamente en lo más hondo del espectador. El calvario que tuvieron que sufrir esos niños, enviados a la guerra cuando aún tenían edad de dedicarse solo a jugar, que se creían afortunados por haber sobrevivido a la guerra, y resulta que después les tocaba pasar por algo mucho peor. Las consecuencias de las cosas, como siempre suele pasar en la vida, las terminan pagando los más débiles. En este caso, un grupo de niños a los que robaron la vida, tanto los que sobrevivieron como los que no.

La película está narrada de un modo clásico, variando la intensidad y la tensión argumental, con el drama siempre en todo lo alto. Las escenas cotidianas en las que uno está más relajado son aquellas en las que vemos las terribles condiciones en que trabajan, la falta de comida y las humillaciones que sufren. Estas son las relajadas. La intensidad sube cuando alguna bomba explota segando la vida de algún chico y en otros momentos de alta tensión psicológica.

No es una película bélica, quien espere eso se equivoca. Es un melodrama devastador, que se centra en la relación entre los chavales artificieros y el sargento responsable de ellos. Los sentimientos del sargento danés respecto a los chicos que tiene a su cargo, sentimientos encontrados, ambiguos, que van variando desde el principio en que los odia por el hecho de ser alemanes hasta la inevitable empatía que se va produciendo al conocerles, es lo más reseñable de la película.

Por cierto, toda la brillantez del personaje del sargento Rasmussen hay que adjudicársela a la fantástica interpretación de Roland Moller. Hay que verlo para creerlo. El personaje que logra, despiadado y cruel en las primeras escenas, hace que nos quedemos petrificados en las butacas. Pero luego se va cargando de matices y termina haciendo un trabajo de orfebrería interpretativa descomunal.

Siendo el mejor de largo, no es el único que destaca. Los chavales están también de lujo. Sobre todo Louis Hoffman en el papel de Sebastian, el muchacho más destacado del grupo, que siempre intenta entablar buena relación con el sargento y cuyo rostro refleja el sufrimiento de un modo que hace que el espectador se sienta cercano a él en todo momento.

La espléndida fotografía y los paisajes bellos y luminosos contrastan con la brutalidad de la historia. La ausencia de música en los momentos claves contribuye a que el espectador se meta en el film. Se puede escuchar la respiración de los chicos al intentar desactivar la bomba en esa especie de ruleta rusa que nos tiene el corazón en vilo. No hay un pero que ponerle al film en lo técnico. Está tan bien hecha, que sientes que estás ahí, en la playa, al lado del chico que busca cuidadosamente las minas.

Película necesaria para desvelar un episodio de la historia tan aterrador como poco conocido. Las barbaridades de los que perdieron la guerra las sabemos todas, pero de las de los ganadores sabemos poco. Una película que conmueve y que nos obliga a avergonzarnos de la capacidad que tienen algunos individuos de nuestra especie para maltratar a sus semejantes.

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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil