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Críticas de Jinete nocturno
Críticas ordenadas por:
Excisión
Excisión (2012)
  • 5,7
    2.531
  • Estados Unidos Richard Bates Jr.
  • AnnaLynne McCord, Traci Lords, Ariel Winter, Roger Bart, ...
4
Neh
Pues eso. Neh. No hay nada que ver señores, circulen. Irrelevante, sin alma, chicha o fuerza. Para ver y olvidar. O, más bien, recordar con cierta irritación.

Película de 2012 que en su momento tuvo cierto predicamento en el mundillo (en el que me incluyo orgullosamente, que conste) del terror, la serie B o lo “extremo”, y que no me he decido a ver hasta hoy por aquello de cumplir el trámite y añadir una tachadura al libro de “pendientes”.

¿Y bien? Pues bastante peor de lo que esperaba. Y eso es triste, porque lo cierto es que no esperaba nada.

Veréis, chavales. A la hora de construir una historia de este tipo, en especial si eres un director debutante y vas de “cineasta independiente”, hay dos caminos: uno es currártelo y sacarte de la manga algo como “Its follows”. ¿Qué hacía grande esa película? La verdad que casi todo: una fotografía exquisita, una banda sonora de lujo, buenas interpretaciones… Pero, sobre todo, un guion bien trabajado y una puesta de escena sutil y extremadamente inteligente. En esa película había Cine, con mayúscula.

El otro camino es lo que hace “excision”, que es un “Hostia, tengo una idea para un corto: un rollo chungo de necrofilia con una adolescente loca del coño que la acaba liando parda. Lo malo es que no tengo ni puta idea de cómo sacar un largo de ello”. Y tras mucho pensarlo, el bueno Richard Bates se dijo: “A la mierda el guion, qué más da: relleno hora y veinte a base de enlazar situaciones de pésimo gusto y trucos casposos, en plan ‘qué malote y rompedor soy’, y con eso les vendo la moto”. Y en efecto, eso es exactamente lo que hace el amigo Bates: llenar toda la puta película de escenas truculentas y escatológicas porque sí, de gratis, por aquello de escandalizar a la abuela de la penúltima fila. Un poco como aquel artista “conceptual” italiano -Piero Manzoni- que cagó en un bote y lo llamó “mierda de artista”.

Y no; antes de ponerme el negativo, atiende: tengo ya más años que un árbol, y con seguridad he visto más gore y más salvaje que tú. No me quejo en plan “salvador de la moral”, sino precisamente porque los trucos son tan casposillos y baratos que me han dejado frío. Veamos: ¿Aporta algo a la historia que se quiere contar que la prota menstrúe en la boca de su noviete? ¿Y que vomite sobre una compañera? Pues ese es el estilo de lo que vas a ver. Porque no, y te lo adelanto: ninguna de las escenas truculentas (o de las absurdas discusiones familiares que ocupan 30 minutos del film) aportan nada al desarrollo o preparan el final. Son eso, lo dicho: puro relleno. Podrías quitar una hora de película, y no solo se entendería igual, sino que mejoraría.

En fin, voy acabando: esta película no me pide más esfuerzo: película barata, ramplona, inconexa y terriblemente facilona que pretende epatar al espectador con los trucos más sucios imaginables. John Waters sale haciendo un papelito, y es extremadamente coherente con la filosofía del film: en el fondo, estamos ante el mismo tipo de provocación vacía que Pink Flamingos. Pero cuidado: hacerlo hace 50 años tenía cierto mérito, ahora…

Ya lo he dicho: Neh. Qué hora y media más torpemente perdida.
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Suspiria
Suspiria (2018)
  • 6,2
    3.714
  • Italia Luca Guadagnino
  • Dakota Johnson, Tilda Swinton, Chloë Grace Moretz, Mia Goth, ...
6
Ahogada en sangre y pretensión.
Quede claro que en un principio recibí la existencia de esta película con cierta hostilidad, por no decir mayúsculo cabreo. Tengo Suspiria, la original, y pese a sus evidentes imperfecciones, en mi altar cinéfilo. No hay películas como Suspiria ni volverá a haberlas. Es una rara avis, un experimento único en su especie: fascinante, arrebatadora, imposible… Un giro de tuerca que reinventa el expresionismo, lo marida con el giallo y lo adereza a partes iguales con las sutilezas del cuento de hadas y los excesos hemoglobínicos del incipiente slasher. Pura magia, puro arte. Un orgasmo para los sentidos. Así que la idea de que pudiera ser profanada con un remake, rehecha según los previsibles y estereotipados cánones del cine actual, me producía auténtico terror y algún sarpullido.

Más tarde, y según empecé a ver los inevitables teasers, mi hostilidad pasó a convertirse en prudente curiosidad: lo mostrado no pintaba mal del todo, había que reconocérselo. No; aquello no era lo que uno espera ver en un remake de Suspiria, ni remotamente, pero quizás por eso, porque parecía ser una relectura de pleno dispuesta a aportar algo nuevo, y sin embargo, parecía querer alejarse de completamente de los clichés del cine comercial y tener hasta una cierta pretensión artística, pensé que quizás podía merecer la pena.

Pues bien, ya está vista.

¿Y qué me ha parecido? Pues un casi… Pero no. Un corredor de maratón que tras liderar 42 kilómetros se cae en la meta; uno de esos videos BDSM en el que una dominatrix golpea en las pelotas con un martillo al tipo justo antes de que eyacule.

En efecto, el arranque del film es espléndido, deslumbrante, espectacular. A su modo, tan fascinante e insano como lo era en el film original. Frente al mundo deliberadamente naif, casi onírico de Argento, Luca Guadagnino nos traslada al Berlín de las postrimerías de la guerra fría; a aquella Alemania de finales de los setenta triste, gris, convulsa, a su modo también onírica, dominada por el hormigón y el vinilo. Concretamente, al Berlín occidental azotado a partes iguales por las acciones terroristas de la RAF y la guerra sucia del Estado. Esta atmosfera, en comunión con un buen puñado de aciertos estéticos y el inteligente modo en el que se presenta la historia, en apariencia mucho más enfocada en thriller cuasi-policiaco que en el terror, da un resultado inmejorable: debo reconocer que me ha atrapado y que tras cinco minutos, estaba dispuesto a rendirme a la película.

Todo (o casi todo) durante los primeros minutos del film pinta fabuloso, increíblemente prometedor. El ritmo agradablemente lento, contemplativo; las interpretaciones; la forma en la que se presentan los personajes, el trasfondo político; el evidente subtexto… Incluso en ambiente de la academia Tanz. ¿Qué decir? Qué maravillosamente insano resulta todo, con ese evidente elemento lésbico que lo sobrevuela todo; un gran gineceo, casi un serrallo, en el que todas esas mujeres conviven; la forma dulce, aterciopelada, y precisamente por ello terrorífica, en la que Madame Blanc impone su autoridad… Por no hablar de la primera muerte: impactante, de un sadismo a la altura del mismísimo Argento...

Solo cierto aire pretensioso en la construcción de los planos y el alarmante empeño en sobrexplicar lo que está ocurriendo hacen que el conjunto pierda cierta solidez. Pero, en ese punto, uno piensa: “Son defectos menores que no pueden arruinar la película”.

Pues sí, pueden.

Lamentándolo mucho, y pasada esa hora inicial, la película empieza a hacer aguas hasta acabar naufragando completamente. Argento no es precisamente sutil. A la hora de mostrar violencia explicita, no, desde luego. Pero posee una capacidad de sugerencia, de crear sensaciones y sembrar ideas, que Guadagnino no puede ni tan siquiera soñar. Lo que en Argento es erotismo, aquí es porno chusco. Guadagnino lo muestra todo: lo que debe ser mostrado y lo que no. No deja nada a la imaginación del espectador, todo es explícito. Incluso, de manera incomprensible, se permite mostrarnos a las brujas debatiendo sus planes en plan asamblea de Podemos en varias ocasiones (con los hilarantes resultados que cabe esperar). Por supuesto, el efecto de eso es que, pasado un punto, la película fracasa completamente como película de terror.

Pero si para cuando esto ocurre el film amenaza con acabar reposando con el Titanic, ni te cuento ya su último acto (muy al estilo Lars Von Trier, la película se estructura en 6 partes oactos): Válgame Dios, qué espanto, que horror… Y no, no lo digo por la desmesurada –al borde de la comedia involuntaria- cantidad de gore mostrada en pantalla. Lo digo por la lisérgica y completamente surrealista secuencia. Sinceramente, ni siquiera tengo claro si pretendía ser cómico o es en serio.

Tras ella, un epilogo. Por fortuna, este ayuda a quitar en parte el mal sabor de boca, pero tampoco hace milagros.
Lo dicho, irregular y completamente descompensada, que claramente va de más a menos, desde la excelencia a lo absurdo.

Lo mejor:
-La ambientación histórica. Ese Berlín decadente.
-Las interpretaciones.
-El aire putrido de a primera hora.
Lo peor:
-Ese aborto de final digno de los Monty Pyton
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Babadook
Babadook (2014)
  • 5,9
    22.929
  • Australia Jennifer Kent
  • Essie Davis, Noah Wiseman, Daniel Henshall, Hayley McElhinney, ...
4
Torpe, previsible y pretenciosa
¿Queréis oír una verdad incómoda? Pues os jodéis, a esta invita la casa: la gente no premia lo excelente, lo verdaderamente grande o sofisticado, sino a aquello que encaja con sus estándares de mediocridad. Dicho de manera más sencilla, y aplicado al mundillo del cine, aquello que puede entender con un mínimo y no le exige mucho más. Ojo, no se trata de presentarlo todo mascado, hay que “currárselo”. El cineasta que aspire al éxito debe ser capaz de vestir sus estúpidos lugares comunes con la dosis suficiente de pretensión como para que el Homer Simpson de la sala necesite rascarse un poco la cabeza y, llegado el momento, se diga sonriente: “Ah, de eso va la peli. Qué listo soy, y que brillante el director este, que ha sabido retar mi inteligencia. Le pongo un diez, obra maestra”. Es el reputado método Nolan: cubrir lo ya narrativamente sobre-explicado con toneladas de pretensión vacua y experimentación formal para que parezca algo “complejo” y “molón”.

Pues bien. Os cuento esto porque solo eso, su grosera mediocridad cargada de pretensión, explica cómo este torpe y soporífero pestiño recibió en su momento tantas y tantas críticas positivas: a la gente le gusto porque, de tan obvia y mascada, la entendieron sin grandes problemas. O a lo mejor por lo contrario; porque no la entendieron en absoluto. Vete tú a saber...

Vayamos al grano: La película es un completo desastre a nivel tanto de guion como de ritmo, de principio a fin. Un patético quiero y no puedo que dura una eteeeerna hora y media. O no llega -los primeros cuarenta minutos, además de soporíferos e insufribles, son un canto al infanticidio; en mi puta vida he visto un niño tan odioso- o se pasa -la última media hora es tan excesiva y exagerada que uno solo queda sonreír cínicamente a la pantalla-. ¿Sutileza?: ¿qué es eso? ¿Atmosfera?: ¿para qué? ¿Trampas de guion?: las que quieras y más. ¿Efectismo?: dos tazas. ¿Psicoanalisis low cost?: con un vaso moloko plus fresquito, porfa.

Uno se sienta a ver la película y, cinco minutos después, ya sabe dos cosas. La primera es que deseas ver al chiquito agonizar. La segunda, y ahí está su fracaso como película, TODO lo que va a suceder en la siguiente hora y media. Y no, no es porque sea un portento nivel Pablo Casado. Ni siquiera por las tropecientasmil películas de género que llevo vistas, qué va. Es porque TODO está mascado, predigerido y deglutido en la boca del espectador: en plan pájaro alimentando a sus polluelos. ¿Será que tengo cara de gilipollas, que me lo muestran de tres maneras distintas? No hay un ápice de sutileza, de ambigüedad. Solo le ha faltado meter flechas intermitentes en pantalla apuntando. “Ojo, que la prota escribía cuentos infantiles”. “Ojo, que esta trumada”.

A la hora de narrar terror, hay dos caminos, solo dos. El primero es decantarse claramente por explicitar un elemento sobrenatural: dejar claro al espectador que la amenaza es exterior y objetiva: un fantasma, un alien, vampiros, zombies… El otro, a mi juicio mucho más interesante y difícil de hacer, es dejar ese elemento en la ambigüedad: sembrar la duda de hasta qué punto esa amenaza es real o surge de la mente transtornada del protagonista. Ejemplo de libro, El Resplandor: ¿Hay fantasmas realmente en el Overlook? ¿Es la sugestión y el aislamiento lo que vuelve loco a Jack Torrance? ¿Ambas cosas? Pues bien, Babadook juega a lo primero cuarenta minutos para, ciscándose en sus propias reglas, intentar girar 180 grados en su segunda mitad. Pero lo patético es que ha sido tan torpe dejando las miguitas de pan que no hay ambigüedad posible: es obvio que estamos ante una loca del coño, punto. No hay misterio ni espacio a la duda. Todo el elemento de amenaza desaparece. Por tanto, da igual lo inquietante que sea la figura del Babadook de los cojones: no te lo crees. Y si a eso le unimos el tono de casposa pretensión y las metáforas pseudointelectuales a lo Lars von Trier de saldo… Por Dios, que acabe ya.

Lo dicho: una torpe, muy torpe, extremadamente torpe, película de no-terror, no-suspense y no-miedo. De lo más decepcionante que he visto en años. Un coñazo. Mi dedo medio solitario y erecto a los que, en su momento, la pusieron por las nubes.
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El ritual
El ritual (2017)
  • 5,4
    7.386
  • Reino Unido David Bruckner
  • Rafe Spall, Rob James-Collier, Sam Troughton, Arsher Ali, ...
4
Floja y escasamente original.
Últimamente, tiendo a sobreextenderme en las críticas. A ver si, aprovechando la completa irrelevancia de esta película, contengo la diarrea verbal y acabo rápido. Al grano:

Película floja, insulsa, torpona, que deja el mismo regusto que una pizza precocinada que alguien se hubiera olvidado dos días sobre el sofá de cuero del salón. Quizás no exactamente previsible en su resolución, pero eso, mucho me temo, no lo hace necesariamente buena: si me voy a la puerta de un jardín de infancia y le enseño el pene a una niña mientras tarareo el himno del PP, no sería un comportamiento “previsible”, pero tampoco especialmente loable. Y aquí pasa lo mismo: donde innova...Casi mejor que no lo hubiera hecho.

Te explico lo que te vas a encontrar, luego no me llores: un refrito mal aderezado; algo que ya has visto antes mucho mejor hecho y con más estilo y garra. Todo huele a rancio, a pan de hace tres días con una capa verde un tanto sospechosa por encima. Quizás un profano del género, alguien no especialmente amante del terror, pueda disfrutarla, pero si eres moderadamente cinéfago y le echas un vistazo a lo que va vomitando el género periódicamente… Puff. Qué sensación de deja-vu, qué hastío tan grande ante lo completamente previsible (salvo cuando cae en el absurdo y en el “es así porque sí”).

Te hago spoiler sin hacer ni un spoiler. ¿Que no? Sujétame el cubata: los primeros veinte minutos son, cambiando tías por tíos, igualitos a los de The Descent: grupo de amigos, trauma, viaje potencialmente peligroso de intención catártica... La diferencia puramente circunstancial: en lugar de irse a hacer espeleología a los Apalaches se van a hacer senderismo a Suecia (¿O es Noruega? Parezco Mac Ready en La Cosa, coño). Luego llega el primer giro, y nuestros protas se las arreglan para perderse en un bosque de cinco kilómetros de ancho. A partir de ahí, los siguientes cincuenta minutos, el director te regala una versión “Asylum” de La Bruja de Blair: tarados dando vueltas en círculos, la misma “amenaza invisible” que acecha, los mismos “signos raros” en los árboles… Un puto coñazo. Cero ritmo, cero diversión, cero tensión… Segundo giro: pasamos de golpe a una versión “Troma” de The Wicker man (Incluso peor que la de Nick Cage), solo que con un dios “ciervo”/wendigo dando vueltas y haciendo cosas de dioses chungos que quieren dar mal rollo, cosa que no lo consigue. Por fin, acaba. De nuevo, muy al estilo “The Descent”. En efecto, las "metáforas" y dobles lecturas (obvias hasta lo grosero) que deja esta película son, en esencia, las mismas que las de aquella.

Bueno, pues ya está, esa es peli. ¿Recomendable? Sinceramente, no. Está bien actuada y decentemente rodada, sí... pero resulta previsible y bastante aburrida. No aporta nada al género. Incluso en la Serie B más casposa, puedes encontrar medio millar de títulos que, al menos, divierten mínimamente. Olvidable y ya casi olvidada.

Next. Me voy a buscar la gabardina.
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Tocando fondo
Tocando fondo (2012)
  • 6,0
    1.607
  • Estados Unidos James Ponsoldt
  • Mary Elizabeth Winstead, Aaron Paul, Octavia Spencer, Mary Kay Place, ...
8
Declaración de amor, y no precisamente al cine...
Antes que nada, y por más pesados que se te hagan los subtítulos, no se te ocurra ver esta película en otra versión que no sea la original. El doblaje es cáncer.
-----------
Voy directo al grano: esperaba un telefílm sensiblero, y, contra pronóstico, me he encontrado con un film sobrio, sutil y extremadamente inteligente: capaz de meterte en la piel de sus personajes y que hace algo realmente meritorio: combinar la más hilarante comedia con un tono general de amargura. Muy recomendable.

Leo por aquí comparaciones con ‘Leaving Las vegas’ y ‘Días de vino y rosas’: por supuesto, para concluir que esta película es una mierda. Hombre, ya. Hasta ahí llegamos... Pero lamento decir que la comparación, además de injusta, es una gilipollez. Las citadas NO SON películas sobre el alcoholismo, sino sobre la pulsión de autodestrucción: sus personajes no están jodidos porque beban, sino que beben porque desean estar jodidos. Smashed, en cambio, si lo es. De hecho, es lo que Lynch llamaría una straight story: una idea directa, sencilla, sin grandes pretensiones; la historia de una chica corriente que, tras descubrir un día que se convertido en una alcohólica, trata de redimirse y rehacer su vida. Por tanto, no hay comparación posible.

Pero vayamos ya a la gran baza de la película que es, al mismo tiempo, su gran problema: Mary Elisabeth Winstead.

Esto no es Sálvame, así que no voy a especular con la clase de relación que unía a Ponsoldt (director/guionista) con Winstead, pero hay algo evidente: esta es una película hecha desde la fascinación absoluta y para su TOTAL lucimiento. En efecto, el autor parece haber construido su película y el personaje de Kate alrededor de Winstead y no al revés. Y que se me entienda, es el papel de su vida: está maravillosa: ríes con ella, lloras con ella, y, porque no decirlo, acabas irremisiblemente enamorándote de ella antes del minuto 30... De la actriz, no de su FALSARIO personaje: ESE ES EL PROBLEMA. Y es que lo que vemos en pantalla no es una alcohólica, sino a una espléndida actriz demostrándonos hasta qué punto podría llegar a resultar buena haciendo de alcohólica. Metacine involuntario.

En efecto, hay un problema grave de coherencia. Kate resulta ser un personaje tramposo y escrito con demasiado mimo: demasiado lúcido y "sobrio", con demasiado encanto. Pensado para que resulte imposible no empatizar con él. Lleva un cartelito con "achúchame" en la frente. Y eso, precisamente, lo hace inverosímil.

Un ejemplo: justo al principio de la película, Kate despierta tras una noche de borrachera con una resaca de caballo. Resulta que descubrimos que es maestra de infantil. Pues en lugar de mostrarnos lo previsible, el espectáculo patético de una mujer "drogi" tratando de vérselas con una veintena de críos aullando, se nos muestra a una chica divertida, dulce, encantadora hasta decir basta y llena de energía. Algo falla.

Por desgracia, todos los que nos la hemos visto con un alcohólico sabemos hasta qué punto pueden resultar odiosos, patéticos y autodestructivos. Aquí tal cosa nunca llega a mostrarse en toda su crudeza. El guion siempre se encarga de suavizar las situaciones más “chungas” lanzando un oportuno salvavidas en forma de humor (no vaya a ser que por un segundo dejemos de babear por ella). Así que jamás tenemos la impresión de estar viendo a un verdadero alcohólico. Más bien a una buena chica, dulzona y guapetona, un poco perdida.

A pesar de lo dicho, me reitero en que estamos ante un film muy recomendable: una curiosa e inteligente mezcla de comedia y drama que deja un magnifico y algo tristón sabor de boca.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Martyrs (Mártires)
Martyrs (Mártires) (2008)
  • 6,5
    9.619
  • Francia Pascal Laugier
  • Mylène Jampanoï, Morjana Alaoui, Catherine Bégin, Robert Toupin, ...
1
Un emperador desnudo y la debacle moral.
Tengo cuarenta tacos y varios miles de películas de terror a mis espaldas (no, no es un decir). No me molesta la sangre, no me inquieta la víscera, y el gore me deja frío a estas alturas. Disfruto sin despeinarme del cine de Fulci, o de salvajadas como el Antropophagus de D’Amato, en el que el protagonista se acaba comiendo sus propios intestinos. Incluso films como Audition o Hostel me parecen sumamente disfrutables: las considero películas de género muy válidas: con un guion, un sentido narrativo y su moraleja (torcida).

Pero si hay algo que me repugna es la pornografía de la violencia, la acumulación de sadismo gratuito por el simple hecho de conseguir un minuto de gloria. Ya me entendéis: típico director sin talento que decide grabar algo truculento y perturbador porque sí, porque es mucho más fácil ganar cierta fama siendo "transgresor" que sentarse y escribir un guion de verdad. Pues bien, ese el caso de este insigne soplapollas llamado Pascal Laugier, un tarado que, tras fracasar ESTREPITOSAMENTE es su ópera prima, podría haber meado en un vaso y bebérselo, pero, en lugar de eso, decidió recrearse durante cuarenta minutos en la tortura de una chica inocente y llamarlo "cine". Yo lo llamo porno.

Aclaremos que la película tiene dos actos. ¿Por qué? Sencillo. Lo que este vendeburras quería mostrar (la tortura) no daba para un largo, y algo había que improvisar como puente. En esencia, el primero consiste en una loca del coño matando a gente. Oye, todo muy misterioso. ¿Qué apasionante "enigma" habrá tras esta chica atormentada que va por ahi a escopetazo limpio? Spoiler: NINGUNO que merezca ser contado. Pasan los minutos de hastío y sopor, y llega el momento del "Hola, Pascal. Mi tiempo es valioso, ¿vamos a ir a parar a alguna parte?".

Pues sí… Por desgracia, íbamos. Cuarenta minutos de sadismo y tortura gratuita a una muchacha inocente, prolongada durante semanas, con el fin deliberado de hacerla enloquecer de puro dolor y desesperación. Sí; rodar esto, por lo visto, es legal. Puro sensacionalismo. Peor aún: la pseudojustificación de los torturadores casi sugiere que merecía la pena. Torturacefa: el juego educativo de estas navidades. Y no, esto no es comparable a otras películas del torture-porn. Hostel muestra escenas brutales , pero al menos hay un alivio moral para el espectador: los “malos” pagan (de maneras agradablemente terribles) y ¿sabéis qué? La historia tiene puto sentido, está trabajada. Con su punto de sátira, sus dobles lecturas, su subtexto... En definitiva, tiene una cosa revolucionaria, atentos: GUION. Ojo; de verdad, no contar mierdas de sectas que no se cree nadie.

¿Qué “lecturas” nos deja Martyrs? Ninguna. ¿Qué enseñanza moral no es deja “Martyrs”? Ninguna. ¿Qué aporta estéticamente “Martyrs”? Nada. ¿A quién puede gustar? Pues... No sé. Supongo que a Ted Bundy, a John Gacy... Como película, el guión es basura irrisoria; los dos giros son artificiosos y tramposos. Y la puesta en escena me le follo yo con la cámara del móvil. No hay nada, señores. Esto no es verdadero cine, repito. Hostel o Audition son películas con escenas de tortura; esto es una sesión de tortura queriendo ser película.

Si se miran las críticas profesionales, todas, sin apenas excepción, la ponen a parir, criticando lo obvio: es un festival de violencia gratuita. Lees la nota media aquí y… Un 6.5. ¿En serio? ¿Cuántos esnobs pululan por aquí dispuestos a machacársela con cualquier mierda que combine diálogos en francés con el "Joder, qué fuerte, tío"?
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2 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
A Serbian Film
A Serbian Film (2010)
  • 4,7
    10.248
  • Serbia Srdjan Spasojevic
  • Srdjan Todorovic, Sergej Trifunovic, Jelena Gavrilovic, Katarina Zutic, ...
4
A Serbian Shit
2010. Un director decide que “lo va a petar” cueste lo que cueste, que hará una película de la que se hablará durante años; un punto y aparte en la historia del cine. Un sueño loable, claro que sí, pero hay un pequeño problema: el tipo no tiene el menor talento. No sabe dirigir actores y su forma de planificar las escenas hace que James Franco parezca Kubrick. De haber nacido en EEUU, quizás le hubiera dejado se ser director de segunda unidad en la MTV, pero como ha nacido en Serbia, ni eso. Sabe que su destino, con suerte, es trabajar rodando telenovelas tipo “Corazón serbio, alma gitana”.

Entonces, una bombilla se ilumina en su cabeza. Recuerda a un tal Ruggero Deodato; un italiano desvergonzado que había conseguido petarlo 30 años antes a base de ofrecer la dosis más pasada de vueltas de morbo casposo y salvajismo gratuito que se había rodado hasta la fecha en Holocausto Canibal: mutilaciones de animales (reales, por cierto), violaciones, una mujer empalada, canibalismo… “Joder, esa mierda puedo hacerla yo”, se dice sonriente.

En efecto, eso es A Serbian Film: un intento desesperado de “Attention World”, de llamar la atención y crear polémica a toda costa. Que se hable de mi, aunque sea bien. Un “todo vale” por parte de un tipo empeñado por dejar huella en el espectador aunque sea utilizando los trucos más sucios y sensacionalistas posibles.

Y en mi caso la reacción fue… Hastío. Sí, lo siento por ti, Spasojevic, pero me dejó frío. Todo tu festival de porno supuestamente enfermizo, y mira que te has esforzado, me ha dejado indiferente. Si acaso, levemente irritado: demasiado barato, demasiado previsible. Demasiado carente de sutileza para conseguir impresionarme realmente. No digo que haya gente -no conocedora de las convenciones de los géneros que mezcla a la desesperada (porno y gore)- al que esta chorrada pueda impresionar y perturbar. Es obvio que no es una película para todo el mundo. Pero todo su festival de artificio dejará frío a cualquier amante del género acostumbrado al gore setentero italiano o a cosas como Hostel, las Saw o Wolf Creek. Y si a eso añadimos que este tipo de espectador no suele ser ajeno al consumo del porno… Nada que no se haya visto antes de un modo u otro… ¿En serio, Spasojevic, pretendes impresionarme mostrándome *** ******* * un muñeco nenuco o cómo un tipo ******* a una puta mientras se la folla? Verás, no me lo creo ni por un momento. Todo es demasiado teatral, forzado y artificioso.

Ahora bien, dejando aparte la colección de escenas truculentas (que puede que alguno encuentre hasta excitantes), ¿qué queda? Nada. Spasojevic, con mucha cara dura trató de justificarse diciendo que su película era una metáfora sobre la degeneración de la sociedad serbia tras las guerras de los Balcanes. Chorradas: hay más profundidad discursiva en cualquier película porno (me refiero a porno convencional, porque ciertamente esto no deja de ser porno, aviso). Aquí no hay mensajes ni subtexto. No hay nada. Lo mejor que se puede decir de la película es que no aburre y que el protagonista se salva como actor. Punto.

Lo dicho. Un film para ver e, irónicamente, olvidad rápidamente. ¿Recomendable para alguien? Me atrevo a decir que para completistas del terror, por aquello de decir “ya la he visto y era una mierda”. El espectador mainstream se encontrará ante una película innecesariamente perturbadora y desagradable que no le aportará nada. Y aquellos más acostumbrados a bucear en la mierda se toparán con una mala película porno que intenta ser una mala película gore.
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Spring Breakers
Spring Breakers (2012)
  • 4,9
    17.580
  • Estados Unidos Harmony Korine
  • Selena Gomez, Vanessa Hudgens, Rachel Korine, Ashley Benson, ...
3
Da para paja, ¿qué más quieres que te diga?
Pongo la película y me enfrento a la intro. Tías buenas en bikini bailando completamente borrachas mientras se dejan manosear por todo aquel dotado de polla en 300 metros a la redonda. (Bien). Primeros planos de culos contoneándose al ritmo de la machacona música house. (Vamos a más). Fuera parte de arriba del bikini, tetas a tutiplén. (Vaya, qué sutileza. ¿Qué será lo siguiente?). Planos de todas esas tías sentadas en el suelo y abiertas de piernas mientras se meten sincrónicamente un polo en la boca. Dentro-fuera, dentro-fuera. Hasta el fondo, nena. Así me gusta, que se vea esa lengua juguetona. Miro por curiosidad el tiempo: llevamos cuatro minutos de peli y constato que he visto escenas porno con arranques más sutiles y elegantes. No, no intento ser sarcástico.

En efecto, Spring Breakers tiene alma de peli porno con ínfulas. Algo así como si Nicolas Winding Refn se levantase mañana en plena crisis de los cuarenta y quisiera hacer revival de lo más pajillero de su adolescencia. Oh, sí; unos planos preciosos. Festival de bikinis en tonos eléctricos sobre fondos neón, fotografía degradada y tirando a ocre -Nolan vive- y mucho plano detalle. Y no solo de tetas o de besos lésbicos, cuidao; esto es arte. También de los llorosos ojos de nuestras protas. ¿Hay algo más poético una lágrima falsa deslizando por la cara de una chica ultramaquillada?

Pero… Dejémonos de mierda esteticista wannabe. ¿Qué más tenemos?

Onanismo. La más absurda acumulación de fantasías salidas de la parte más reptiliana del cerebro masculino que te puedas imaginar. Supón que cogiéramos a un chaval de 14 años, le diéramos 50 millones y le dijéramos “rueda lo que te salga de la polla”. Déjalo, no lo supongas: eso es exactamente Spring Breakers.

Venga, entre tú y yo, ahora que no nos oye nadie: ¿A qué alguna vez ha caído pajilla con las tías buenas de HSM? Pues mira, te voy a meter a cuatro en bikini. Pero ojo, nada de actitud modosita Disney y que te corte el rollo, sino en plan zorrón arrastrado: soltando cosas como “Se me hace el coño agua cada vez que veo dinero”, fumando droga, metiéndose rayas, intercambiando besos lésbicos, tocándose el culo, simulando mamársela a pollas dibujadas en un cuaderno, y obligando a James Franco a hacerle una felación a una pipa antes de follárselo en grupo. ¿Qué? ¿Se te ha puesto dura? Un poquito sí, pillín.

Por supuesto, eso no es todo. Claro que no. Toda fantasía de adolescente pajillero necesita un contexto. Las chicas ya han sido presentadas, pero ahora tienes que beneficiártelas. Y para eso hay que impresionarlas, hacerse con su noble corazón de muñecas hinchables politoxicómanas. ¿Y qué mejor que un rollo “chungo”? Por favor, una de gánsters a lo GTA, cubiertos de cadenas y con pinta de “oye, que estoy muy loco”. A poder ser, con 20 kilos de heroína en la mesita de noche y dos docenas de armas automáticas tiradas sobre la cama. ¿Soy o no soy el puto amo? Pero ojo; en el fondo soy también un pedazo de pan y un perfecto caballero. Por eso, y porque tengo un par de millones tirados sobre la alfombra, al final las cuatro se enamorarán de mi y me dejarán que me las chingue. A lo mejor acabo mal por malote, pero me voy como un fucker. Fin.

Lo dicho. Eso es Spring Breakers: quizás la más pretenciosa y ridículamente disparatada película “softcore” que se haya rodado jamás. Todos sus intentos de ser transgresora y escandalizar dejarán frio a cualquier con más de quince años (o que no viva en un monasterio) Y sus ínfulas esteticistas y relamidas, lejos de disimular el desaguisado, lo hacen más evidente. Pulgar abajo.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Faults
Faults (2014)
  • 6,2
    519
  • Estados Unidos Riley Stearns
  • Mary Elizabeth Winstead, Leland Orser, Lance Reddick, Jon Gries, ...
7
Torpe principio, grandioso y perturbador final
Un experto en sectas, completamente arruinado y con un oscuro episodio en su pasado que se esfuerza en enterrar, es contratado por una familia desesperada para que rescate a su hija, Claire , de la influencia de “Faults”, una misteriosa secta. Con el objetivo de desprogramarla, la secuestra en la habitación de un motel y la somete a un sistemático lavado de cerebro.

Con esta premisa, seguramente estarás pensando: “Tiene muy buena pinta, pero... A saber. Puede salir un thriller brutal o un pestiño infumable”. Pues ya te adelanto el resultado: fifty-fifty. La película bascula entre lo brillante y ridículo, pero me atrevo a decir que el conjunto deja un magnífico sabor de boca.

Faults es la opera prima de Riley Stearns. ¿Y quién es el tal Stearns? El tipo que casó con Mary Elizabeth Winstead. Algo que de por sí lo hace merecedor de toda mi envidiosa admiración, pero que como currículo profesional se antoja corto. De hecho, y además de esta Faults, toda su filmografía se limita a un par de cortometrajes protagonizados por… Sí, lo habéis adivinado.

En todo caso, y sarcasmos aparte, Stearns acusa una falta de oficio (hasta cierto punto comprensible) que acaba lastrando en parte la película. No tanto en su labor de director, que es aseada –tampoco se necesita ser Tarantino para rodar a dos personajes encerrados en una habitación de diez metros cuadrados- sino sobre todo como guionista: no parece saber exactamente que tono quiere darle a la película, y si lo que pretende es rodar una comedia absurda a los hermanos Cohen, un thriller o una de terror. La impresión que le queda a uno es que Stearns sabía que tiene una pequeña genialidad de media hora entre manos pero que no supo exactamente como convertir eso en un largometraje.

Así pues, y ya lo adelanto, el principio es decepcionante. Decididamente, no acierta en la presentación de la historia. Hay demasiado humor absurdo y un tanto forzado en la forma en la que muestra a los personajes, en especial al de Leland Orser. Simplemente, resulta imposible tomarse en serio nada hasta ya entrada la segunda mitad, algo que perjudica su MAGNIFICO tramo final. Y no, no es imposible combinar la comedia con el terror; hay grandes ejemplos en la historia del cine. Pero requiere un sentido de la medida que Stearns no posee.

Pero voy ya a la razón por la que, a pesar de todo, recomiendo la película: sus magníficos veinte últimos minutos. En efecto, llegado cierto punto, el caos aparente del guion empieza a tomar pleno sentido, derivando en el uno de los finales más cabrones, terroríficos y disfrutables que me he metido entre pecho y espalda. Tanto que no me resisto a destriparla (en el spoiler, claro).

Un gran final, todo hay que decirlo, sostenido en las magníficas interpretaciones de un solvente Leland Orser y, muy especialmente, de una desconocida y absolutamente terrorífica Mary Elisabeth Winstead. Y es que la escalofriante maldad y frialdad, casi inhumana, que transmite en escenas como la del cuarto baño hacen casi dudar si es la misma interprete de films como Scott Pilgrim o 10 Cloverfield Lane o tiene una hermana gemela con tendencias psicopáticas: prueba de que estamos ante una gran actriz.

En resumen, una película irregular a la que salva su tramo final y el buen hacer de sus intérpretes. Yo la he disfrutado.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Open Windows
Open Windows (2014)
  • 5,1
    10.128
  • España Nacho Vigalondo
  • Elijah Wood, Sasha Grey, Neil Maskell, Adam Quintero, ...
2
Cáncer audiovisual
Ya lo dijo Newton en su cuarta Ley (o debería) “Ninguna película con el logotipo de Antena 3 y promocionada por Pablo Motos valdrá una mierda”. Y, por supuesto, se cumple: bodrio infame; sin pies, ni cabeza, ni sentido alguno. Pestilente subproducto en el que situaciones completamente inverosímiles y fantasmadas tecnológicas se suceden hasta completar hora y media.

Leo que el guion es del propio Vigalondo, y me quedo desilusionado: viendo su “calidad” y “estilo” lisérgico, hubiera jurado que era de Lindelof (para los profanos, perpetrador de Prometheus y del criminoso final de Lost). Podría hacerte un favor, amigo lector, y espoilearte entera la película, contándote de qué va la historia-a-retales-es-así-por-qué-sí que se ha montado el bueno de Vigalondo, pero pensarías que exagero y que no; que un guion no puede ser tan mierda. Baste con que sepas que un friki dotado con mejor equipo de comunicaciones y hackeo que la NSA decide secuestrar a una actriz buenorra por razones jamás aclaradas y que al bueno de Frodo Bolson le toca hacer de pagafantas y rescatarla. A partir de ahí, los más inverosímiles giros que te puedas imaginar.

Por lo demás, lamentar la presencia de Elijah Wood, que tras ESDLA parece no encontrar acomodo en el cine comercial, y debe recurrir a meterse en cuanto producto alimenticio le ofrecen, y la decadencia de Sasha Grey: sin duda, este es el producto más degradante y del que tiene más que avergonzarse de cuantos ha filmado jamás.

Me despido no sin recomendar a Antena 3 que deje el cine en paz, y se limite actividades que le resultan más afines, como criminalizar Podemos o colarnos anuncios de la PlayStation en medio de la sección de sucesos.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Pesadilla en Elm Street (El origen)
Pesadilla en Elm Street (El origen) (2010)
  • 4,6
    11.297
  • Estados Unidos Samuel Bayer
  • Jackie Earle Haley, Kyle Gallner, Rooney Mara, Katie Cassidy, ...
7
Solvente y digna. Fanboys nostálgicos abstenerse.
Seré claro: Pesadilla en Elm Street, la original, la de Craven, no es ni por asomo la obra maestra que muchos, corroídos por el veneno de la nostalgia, se empeñan en vender. De hecho, y siendo objetivo, no deja de ser un film de serie B medianamente interesante: con algunas ideas brillantes, sí, pero con evidentes defectos de puesta en escena. No, no es mala película. Y no, no seré yo quien lo niegue que la premisa es terrorífica. Sin embargo, y con ojos cinéfilos, hay ciertas cosas que joden el concepto, quitándole fuerza y dejándolo en un producto palomitero que no supo aprovechar todo su potencial. En especial el regusto adolescente y ciertas situaciones un tanto inverosímiles que dejan un sabor demasiado ochentero.

Digo esto porque mucho me temo que la somanta de hostias que se ha llevado este film (que no alcanzo a entender) no se debe a criterios objetivos, sino a la puñetera tendencia por parte de algunos de tratar de comparar el recuerdo, tamizado de nostalgia y distorsionado, que les dejó cierta película hace 30 años con el remake de turno: una lucha, por definición, imposible de ganar.

En efecto, sin parecerme ninguna maravilla y sin que sea ningún hito en la historia del cine, la película me ha sorprendido gratamente. Es más, en algunos aspectos (oh, sacrilegio), supera claramente a su original.

Agradezco, sobre todo, el tono adulto: se acabaron las “heroínas” inverosímiles que plantan cara a fuerzas sobrenaturales y las ridículas peleas entre un ser preternatural y sus supuestas víctimas a hostia limpia. Todo en este remake es in más sobrio, más contendido, más verosímil… Es decir, más terrorífico. Ni la película original (salvo alguna escena muy concreta) ni ninguna de sus cinco secuelas consiguieron meterme el miedo en el cuerpo. Esta tampoco… Pero casi, y lo agradezco. Y eso es debido, precisamente, a que se toma completamente en serio como film de terror.

Y eso se enlaza directamente con el segundo elemento positivo: Freddy Krueger. No voy a discutir si la interpretación de Jackie Earle Haley es mejor o peor que la de Englund: no tendría el menor sentido. Ambas son magníficas, pero incomparables: se trata de dos personajes distintos que comparten poco más que el jersey a rallas.

El Freddy original, pensado para el paladar adolescente, era una caricatura; un monstruo del tren de la bruja: carente de profundidad y apenas bosquejado, sin matices ni dobles lecturas. Ontológicamente, un hijo de puta; porque sí. Un lunático asesino de niños que, tras recibir su justo castigo por tanta maldad, volvía desde el más allá ansioso de venganza. Y como lo cortés no quita lo valiente, este simpático sádico, mientras te daba matarile, te regalaba algún chascarrillo (no vaya a ser que te lo fueras a tomar demasiado en serio la peli). Este Freddy, por el contrario es infinitamente más grave, más verosímil, más ambiguo y oscuro: Si en la saga original la idea de que Freddy fuera un pederasta se dejaba caer muy de pasada, como no queriendo escandalizar a nadie ni ponerse demasiado transcendente, aquí el tema se trata sin ambages, dibujando un personaje que, paradójicamente, resulta tanto o más terrorífico en vida (rememorado a través de flashbacks) que en su forma espectral de pesadilla. Y un giro que considero brillante: el film opta por recrearse en el cruel y salvaje linchamiento de Krueger por parte de los padres de sus supuestas víctimas (en un momento en el que ni siquiera está clara su culpabilidad): el espectador no puede menos que sentirse incómodo ante una ejecución cobarde y sangre fría que le hace preguntarse quién es el verdadero monstruo.

En efecto, este Kruger, con trasfondo y muy bien dibujado psicológicamente, incomoda, produce verdadero desasosiego: uno se lo toma en serio. Y no, no es especialmente gracioso: su humor, expresado en apenas unas pocas perlas, es cruel, seco y amargo: el que cabría esperar coherentemente del personaje.

Por lo demás, sinceramente, pocos motivos de queja: las interpretaciones son pasables y los aspectos técnicos (esto sí) más que notables exceptuando algún efecto digital chapucero: la fotografía es excelente y la banda sonora, nuevamente, tiene poco que envidiar al original. En especial por el espeluznante tema “Freddy’s coming for you” (sabiamente aprovechado en el extinto Milenio 3, por cierto).

En definitiva, una remake cuando menos decente, con ciertas aspiraciones adultas e injustamente tratado. Recomendable
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Jurassic World
Jurassic World (2015)
  • 5,8
    50.109
  • Estados Unidos Colin Trevorrow
  • Chris Pratt, Bryce Dallas Howard, Nick Robinson, Vincent D'Onofrio, ...
4
El velociraptor que me amó
Nota previa: por circunstancias que no vienen a cuento, no vi Jurassic Park en el cine en su apoteósico e hiperpublicitado estreno noventero, pero tuve tiempo, mientras llegaba el pase televisivo un par de años más tarde, de leerme la novela de Michael Crichton. Quizás por eso jamás fui un fan de la película de Spielberg, que me parece una profanación en toda regla del original. Y es que, quien compara el relato de Crichton, sofisticado, adulto, lleno de subtexto y SOBRE TODO repleto de pasajes escabrosos, gore y de terror que bien podría haber firmado Stephen King, con la CHORRADILLA INFANTILOIDE, pensada para divertimento de críos de 8-12 años, en la que lo convirtió Spielberg (gran profeta del cáncer del entretenimiento vacuo que ha terminado por destruir el cine), no puede menos que llorar amargamente.

Aclarado esto, y mientras me pones el negativo por “insultar” a ese “peliculón” que marcó tu infancia, me centraré en esta secuela-remake-reboot.

El caso es que me he acercado a este film sin prejuicios, no esperando nada de él: dado que el original jamás me cayó en gracia, no me iba a sentir ofendido. Lo más que pedía era hora y media entretenida y algún efecto especial chulo. Y ni eso me he llevado: me he topado con un globo palomitero que se iba desinflando paulatinamente, yendo rápidamente de más a menos; tirando por la borda las buenas intenciones que parecía mostrar en su principio para desembocar finalmente en el sopor y el ridículo.

En efecto, la película parece empezar bien, poniéndonos los dientes largos con un par de personajes que se salen un poquito del cliché (el millonario indio, principalmente) y, sobre todo, con sus mordaces críticas al poder de las mega-corporaciones y su codicia sin límites. Ejemplo de ello el chiste (quizás lo mejor de la película) sobre bautizar a dos posibles especies de dinosaurios como “pepsisaurios” y “doritocones”. En ese punto, he levantado la ceja mientras me decía “coño, a ver si esto va a resultar algo más que un festival de bichos digitalizados, y va a tener algo de fondo, sátira y crítica al capitalismo”. Pero no, falsa alarma: tras estos guiños iniciales que no acaban en nada, el film se encarrila rápidamente a un espectáculo vacuo, tontorrón y especialmente estúpido de bichos (mal) digitalizados y situaciones absurdas.

Y no; no soy gilipollas: ya sabemos lo que los blockbuster dan de sí: nadie espera grandes historias ni sutileza… Pero coño; el nivel de surrealismo y estupidez alcanzado en algunos momentos por el guion es tan excesivo que casi me pregunto si el film no será una parodia al cine palomitero de los noventa y si el director y el guionista no se estaban cachondeando de Spielberg (paganini de esta fiesta) en su puta cara. O eso, o el peyote circuló libremente en la fase de escritura del guion.

En efecto, aquí podrás gozar de super-mega-dinosaurios con doctorados en física nuclear que se camuflan en plan “predator”, que controlan a voluntad su temperatura corporal para hacerse invisibles a los infrarrojos y que tienen un nivel de convicción para sus congéneres solo comparables a las de Rajoy (mejor mentalista de la historia, pues ha conseguido que le voten tres veces los mismos a los que saquea). Luego verás a un par de niños (repelentes, como todos en esta saga) que consiguen hacer funcionar en un par de minutos un todo terreno que llevaba 30 años pudriéndose en la selva y lo conducen por pistas forestales a nivel Colin McRae. Y lo más “heavy”: momento de lagrimilla de eterna amistad y camaradería entre tipo guaperas y un velociraptor (hecho el triple de alto de lo que fue en realidad y sin plumas, por cierto). ¡Que se besen, que se besen…!

En cuanto al final, me lo callo por no hacer spoiler, pero redefine el concepto “insulto a la inteligencia”.

En definitiva, película completamente bobalicona, con un guion lisérgico, que solo se salva entendida como cine palomitero de pura evasión (mal hecho) para chavales pubescentes. Por lo demás, y por desgracia, aburrida.
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Monstruoso
Monstruoso (2008)
  • 5,7
    35.942
  • Estados Unidos Matt Reeves
  • Michael Stahl-David, Mike Vogel, Jessica Lucas, Lizzy Caplan, ...
3
Buen intento. La próxima vez que se vea algo.
Y mira que había algo, un sexto sentido, que me decía que no había prisa; que si me tomaba otros ocho añitos antes de decidirme a ver este “peliculón” tampoco pasaba nada… Pero mira, el “summertime” es lo que tiene: se pone uno a ver 'cine' (o lo que sea). Y, fíjate, en lugar de aprovechar mi tiempo en alguna actividad más útil y gozosa, como tatuarme el nombre de un dios azteca en los testículos con un soplete, me he decidido a ver esta 'obra magna' de la historia del cine que algunos -drogas no- meten en las listas de mejores películas de monstruos jamás realizadas.

Soy un tipo raro, alguno diría que un ser depravado y aberrante. Lo confieso: cuando me pongo frente a una pantalla a ver una película, agradezco que la cámara deje de moverse en algún puto momento en 70 minutos de metraje. Es más: suelo reaccionar con cierta furia asesina cuando el cámara, a base de agitar la mano como si le estuviera haciendo una gayola a un brontosaurio, consigue que termine por echar la pota en la bolsa de “doritos”.
Yo, amigos, me la he visto en bluray y en un plasma bastante tocho, pero me hubiera dado igual vérmela en una cafetera Nespresso: es la única peli que conozco que se entiende mejor si te acompaña un ciego y te la va explicando sobre la marcha.

Pues sí: el aborto de director que ha perpetrado este bodrio-espacio, debió pensar que todos éramos gilipollas, y que tirando de “originalísimo” recurso del “metraje encontrado”, y a base de exagerar ridículamente y de manera totalmente falsaria el movimiento de la cámara en mano, podría disimular lo limitado de los d-efectos especiales y e imprimir a la acción un ritmo “hiper-trepidante-que te cagas”. Y oye, viendo que hay gente que le pone a esto 7 y 8, parece que con algunas almas cándidas funcionó... Pero aquellos que hemos visto más de tres películas en nuestra vida y sabemos reconocer a un cantamañanas, levantamos muestro dedo medio y sonreirmos (por no llorar).

Pero no; tranquilos que no he terminado….

Y es que no quiero pecar de injusto. Al fin y al cabo, tampoco hay que crucificar una película por el “pequeño detalle” de que no se vea una mierda y que su perpetuo movimiento de cámara produzca ataques epilépticos a Pikachu. Así que hablemos de otras cosas:

-El reparto: 5 soplapollas completamente sobreactuados gritando SIN PARAR durante dos horas (eso, por si el movimiento de cámara no te he enervado suficiente). Nuevamente, el tarugo que ha perpetrado esta basura debe creer que si los “protas” no se comportan como anormales “full time” no son “creíbles”. La hechos (véase el 11-S) nos demuestran que, de darse en la realidad algo parecido a esto, los protagonistas, más bien, entrarían en shock y permanecerían EN BENDITO SILENCIO.
-Los diálogos: Curradísmos, oiga. Se ve al monstruo atacando a los militares, y grita uno “¡Dios mío, está atacando a los soldados!”; se ve un bombardero lanzándose contra el monstruo y grita otro: “¡Oh, están bombardeándolo!”. Gracias por la Info.
-El guion: Canela fina: Romeo y Julieta versión pijo de Manhattan+ Godzilla+ Aliens. Precioso todo. Y esos detallitos como que suban corriendo 32 plantas de un rascacielos y ni jadeen… Eso sí es ciencia-ficción, y no un bichaco mutante de 60 metros.

Lo dicho. Una autentica basurilla que por alguna arcana razón llegó a gozar de cierto "prestigio" en su estreno. Recomedada exclusivamente para aquellos que son capaces de decir que "Perdidos" era coherente sin reírse. Y pensar que llegó a tener más de un 7 en Filmaffinity…
Me voy a ponerme Pacific Rim, a ver si se me quita el mal sabor de boca.
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Fatal Frame
Fatal Frame (2014)
  • 4,8
    68
  • Japón Mari Asato
  • Ayami Nakajô, Karen Miyama, Noriko Nakagoshi, Fujiko Kojima, ...
8
Lo mejor que ha parido el terror japonés en un lustro
Pues sí; esta película, de la que no esperaba absolutamente nada, ha resultado ser el film "J-Horror" del que más he disfrutado en muchos, muchos años. Una auténtica delicia. Y no, no estoy diciendo que sea perfecta: tiene ciertos giros de guión dignos de Lindelof puesto de tripis. Pero, oye… El chute de buenas sensaciones y el orgasmo retiniano que me ha dejado “lo bueno” ha sido tan brutal que le perdono lo torpón de buena parte del desarrollo narrativo.
---
Lo primero, un aviso a navegantes: Esta película se vendió como la adaptación de la famosa saga de videojuegos de terror Project Zero (Fatal Frame) y NO lo es en absoluto: Es una historia completamente independiente cuyo único nexo de unión con la franquicia es un serie de guiños y homenajes menores: el nombre de algunos personajes, un doppelgänger, un par de gemelos, un cordón rojo, una vieja cámara decimonónica que fotografía un fantasma.... Al parecer, la directora ya tenía perfectamente claro qué quería contar mucho antes de que los de Nintendo le soltasen pasta a cambio de poner "Project Zero" en el título (viniera a cuento o no). Así que puedo entender que algún fan especialmente talibán pueda cabrearse, pero no es mi caso. Yo, que idolatro insanamente la saga, prefiero mil veces algo como esto a una adaptación “fan service” que ensucie la reputación del producto con chorradas pueriles.

Dicho esto, a la película:

Estéticamente, es una MARAVILLA. Así de claro. Me dejo las manos aplaudiendo. Es probablemente una de las películas más preciosistas y mejor fotografiadas que he visto en mi puñetera vida. Impresicindible verla en HD y en pantalla grande: cada fotograma un homenaje directo al romanticismo pictórico inglés (en especial a la “Ofelia muerta” de Millais) donde nada, ni la luz, ni el color, ni la composición, se dejan al azar. El resultado, en combinación con los hermosos y lánguidos rostros de las protagonistas, es de una belleza hipnótica y apabullante. De hecho, no disfrutaba tanto con lo puramente visual de una película desde Argento… Una comparación a lo mejor no tan descabellada: esta película, que transcurre en un internado femenino como Suspiria, tiene también un soundtrack sospechosamente parecido.

¿Dónde está el problema? Pues en el guion, que deja mucho que desear: La primera hora es sobresaliente y te mantiene completamente pegado a la pantalla (conviene aclarar que el film tiene más de thriller sobrenatural que de película de terror al uso). Pero, pasado ese punto, la cosa empieza a desbarrar dando un par de giros completamente surrealistas. Así, por ejemplo, la introducción de cierto “médium” maquillador de cadáveres me parece un completo despropósito que solo puedo entender en la medida que la tal Asato le dé al sake más que la cuenta.

Pero, sobre todo, donde el guion pierde completamente toda verosimilitud y seriedad (una lástima) es en la resolución de la trama. Especialmente, cuando se nos muestran los verdaderos “malos” de la historia, culpables de la maldición que azota el internado, y nos explica sus inverosímiles motivaciones. Evidentemente, no voy a hacer spolier, pero no deja de resultarme gracioso la “poco amigable” visión de los internados catolicos que se nos muestra. Algo que no es de extrañar, recordando que los japoneses, en su mayoría sintoístas o budistas, siempre han visto el cristianismo con bastante hostilidad.

En resumen, un espectáculo irregular y descompensado: visualmente exquisita y con una primera hora absolutamente fascinante, pero con un final torpe, inverosímil y ridículamente folletinesco que “jode con las patas de atrás” buena parte de lo logrado. Aún y todo, y en conjunto, una gratísima sorpresa que recomiendo a todo amante del género.
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
Lord of Tears
Lord of Tears (2013)
  • 3,4
    126
  • Reino Unido Lawrie Brewster
  • Euan Douglas, David Schofield, Lexy Hulme, Jamie Gordon, ...
6
Una crítica a los “críticos”
Vamos por partes: Lord of Tears, a pesar de sus buenas ideas y reconociendo algunas virtudes, es una película fallida. No tanto por lo que no es en sí, sino por lo que podía haber sido: no colma ni lejanamente la salivación perruna a la que invita el agradable sabor lovecraftniano de su trama y las “golosas” imágenes del “hombre búho” (un hallazgo iconográfico formidable, aunque no del todo original) con las que uno se topa en cuanto ‘googlea’ su título.

Por desgracia, las torpezas aquí se acumulan por capazos: la puesta en escena es descarnadamente amateur; digna de lo que cabría esperar en un chaval que rodase un corto en “super 8”. La cámara está muerta: no es capaz de dotar de un mínimo fluidez y vida a la acción, limitándose la mayor parte del tiempo planos fijos (carentes de profundidad de campo y mal iluminados): prueba de la ABSOLUTA escasez de medios con la que se contaba. Tampoco puede decirse que la banda sonora sea “impactante” o que el reparto (tan amateur como todo lo demás) deje especial buen recuerdo con sus actuaciones, precisamente; a destacar únicamente el descubrimiento de Alexandra Hulme, y no tanto por sus dotes interpretativas como por ser un bellezón "pin-up".

Así que, más que decepcionante, yo diría que el resultado final es frustrante: según pasan los minutos, el espectador se encabrona progresivamente imaginando modos mejores (bastante obvios) en los que podía haberse rodado cada secuencia y que podían haber hecho de esta películilla -interesante, pero torpona- un peliculón. Al fin y al cabo, IMAGINAR ES GRATIS, ¿Verdad?

Y a eso, precisamente, voy… Porque, leyendo como ciertos “críticos” de por aquí se toman a chufla la película, tratándola con un desprecio absoluto desde su “atalaya” de conocimientos “insondables” de videoclub de barrio, me ha apetecido ponerme a ‘repartir’: la película, y quien no lo reconozca así no tiene ni pajolera idea de en qué consiste el cine de terror, es cuando menos digna, y atesora algunos hallazgos que hacen imprescindible dedicarle un visionado: a pesar de los pesares, de lo más interesante rodado en el último lustro. Y desde luego, como diría ‘tito Vlad’ “No es cosa de risa”.

Sí, porque alguno nos cuenta que “en el cine provocó numerosas risas”. No digo que no; los niñatos quinceañeros (o adultos de mentalidad equivalente) son mucho de risita estúpida ante “culo, caca, pis” o todo lo que se salga un poquito de lo convencional. En todo caso, la película, que quizás no siempre se muestra especialmente acertada en las formas, dista mucho de ser ridícula e insultante y, con cuatro duros de presupuesto, cumple con decencia sus objetivos: cuenta una historia relativamente original y consigue resultar inquietante en al menos un par de ocasiones: más que el 95% de refritos/remakes/plagios/reboots con los que nos fríen el cerebro cada día.

Desde luego, a los críticos de Bloody Disgusting, que la metieron en la lista de mejores films de 2013, no les debió parecer tan “ridícula” Y a los jurados de los múltiples festivales de fantástico que la han premiado, tampoco. Y repito: a mi no me parece ni lejanamente una obra maestra, pero hay que valorar las cosas en su contexto y no quedarse mirando el dedo cuando señalan la luna.

Veréis, chavales, que os veo despistados y un tanto injustos: ridícula y digna de mearse de risa era, por ejemplo, Prometheus, que con un presupuesto de 130 millones fue incapaz de hilar una trama mínimamente coherente, o El Hombre de Acero, un atentado a la inteligencia humana que tiró por el váter 300 millones de presupuesto en pirotecnia digital. ¿Lo pillamos? En este caso, tenemos un señor que con 100.000 euros ha sido capaz de poner en pie una película lo suficientemente decente para algunos hayamos pasado un rato medianamente satisfactorio, así que cualquier amante el cine (que no tenga carcomido el cerebro por los blockbuster) tiene que decir “Ole tus cojones”.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Interstellar
Interstellar (2014)
  • 7,9
    93.676
  • Estados Unidos Christopher Nolan
  • Matthew McConaughey, Anne Hathaway, David Gyasi, Jessica Chastain, ...
9
Nolan alcanza la verdadera grandeza
Seré claro: si me hubieran preguntado ayer mi opinión sobre Nolan, hubiera afirmado que era uno de los directores más ridículamente sobrevalorados de la historia: ni Origen, ni Memento, ni siquiera El Caballero Oscuro, me parecieron jamás otra cosa que correctos entretenimiento palomiteros cubiertos por una pátina de irritante pretenciosidad. Pero hoy, tras lo visto, me toca tratar recuperar el aliento, reordenar las ideas, y afirmar que he contemplado una de las películas más bellas, sutiles y profundas jamás realizadas. Una película que todavía, y tras un primer visionado, no alcanzo a calibrar totalmente, pero que creo destinada a crecer en mi recuerdo.

Nolan por primera vez se me antoja a la altura de su fama; como un creador audaz, valiente y visionario capaz de liberarse de la esclavitud del blockbuster y la tentación del truco efectista: un verdadero cineasta. Todavía no es Kubrick, no. Y no: Interestellar no es 2001. Pero es el film que más cerca ha estado de alcanzar su grandeza, de hacerle sombra y emular su mezcla de magia, misterio y esperanza. Ya solo por eso, y por devolverme la emoción que sentía de crío al mirar al cielo, merece toda mi admiración, asombro y gratitud.

Si tuviera que definir “pretencioso”, diría que pretencioso es aquello que, siendo pequeño, pretende ser tomado por grande. Interestellar, para mi sorpresa, es justo lo contrario: es un gigante que se esconde bajo el manto de lo sutil, de lo levemente insinuado, que huye en todo momento de la aparatosidad estéril. Que expresa grandes verdades de manera sencilla, y usa los medios y los escenarios al servicio de la historia, jamás al revés.

Porque si hace unos meses ponía a parir Gravity por su infumable retahíla de chapuceros errores científicos y por su traición al género, de Interestellar hay que decir que es la negación absoluta de aquella. Esto es ciencia ficción “hard”, seria y arriesgada: si no perfectamente rigurosa y verosímil en cada detalle, sí al menos completamente coherente; perfectamente cerrada sobre sí misma. Y sobre todo, y es lo más importante, es una obra trascendente y profunda; destinada no a ser un mero entretenimiento palomitero situado en el espacio, sino a utilizar su trama como excusa para volver a plantear las eternas preguntas, aunque maravillosamente reformuladas: “¿Qué quedará tras nosotros?” “¿Cuál es el verdadero sentido de la existencia?””¿Por qué amar a los que jamás volverán?” Todo ello empapado en lúcida melancolía, en una atmosfera de fatalismo, de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, y de angustia existencial ante la inexorabilidad de la muerte, que hace a esta obra a un tiempo eterna y ominosamente actual.

En efecto, Nolan nos presenta una distopia no tan lejana como nos gustaría creer; que, muy al contrario, parece querer ser un retrato apenas disimulado de nuestra propia sociedad actual: en clara decadencia económica, cada vez más sumida en la mediocridad y la escasez, al borde del agotamiento de los recursos naturales, y de la que ya sabemos que nuestros hijos vivirán peor que nosotros. ¿Alguien duda de que no pasaran muchos años antes de que ciertas profesiones, precisamente, las más elevadas, comenzarán a ser innecesarias?

Por último, quiero destacar el maravilloso trabajo de ese genio traicionero e irregular llamado Hans Zimmer: una auténtica maravilla. Si Zimmer peca a menudo de tirar del más descarado autoplagio, aquí se reinventa completamente. El Resultado es una música solemne, introspectiva y melancólica, que a veces parece beber del estilo de Philip Glass y en otros hace recordar al Mahler más crepuscular y fúnebre de la Novena y Décima. Palabras mayores.

Inolvidable.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
La leyenda del samurái (47 Ronin)
La leyenda del samurái (47 Ronin) (2013)
  • 5,3
    12.152
  • Estados Unidos Carl Erik Rinsch
  • Keanu Reeves, Hiroyuki Sanada, Tadanobu Asano, Rinko Kikuchi, ...
7
Que alguien me explique las críticas, por favor
La verdad es que no tenía la más mínima intención de ver esta película. Y no era para menos: a un completamente desacertado tráiler, que la vendía como un festival de efectos digitales y acción vacua -de esos que tanto detesto, por cierto-, se le unió una avalancha de algunas de las peores críticas que he leído, así que el diagnóstico estaba claro: bodrio al canto. Y claro, dado que mi cupo de basura a base de chorradas digitales y hostias gratuitas se cubrió para el resto de década con “El Hombre de Acero”, decidí pasar de lo que suponía era una profanación en toda regla de la vieja historia de samuráis.

Pues bien, una vez vista, tengo que confesar que lo primero que se me ha pasado por la cabeza es… Recetar una colonoscopia, a ser posible con una bombona de butano, a buena parte de los usuarios de esta web y a la práctica totalidad de la crítica mundial.

En efecto; la película me ha gustado. A lo mejor, y como bien dice cpharlok, debido justamente a la ridículamente exagerada saña de algunos. No digo que sea una "mega obra maestra" ni que vaya a cambiar el cine. Ni siquiera digo que sea un gran film: es evidente que hay despropósitos de guion y torpezas de montaje que criticar, y que la película podía haber dado mucho, mucho más de sí. Lo que digo es que el resultado es más que satisfactorio y que, desde luego, está muy por encima del promedio del cine comercial palomitero.

“¿Cuándo fue la última vez que una película de 200 millones de presupuesto consiguió que te asomase la lagrimilla?”, me he dicho. “En la puta vida”. “Entonces es que a lo mejor algunos se equivocan”.

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Vamos a las formas:

El diseño de producción es absolutamente primoroso, magnífico y asombroso: vestuario, decorados… Todo sobresaliente y exquisito. En la medida que conozco la época, muy fiel al Japón del periodo Edo. Y lo mismo tengo que decir de la fotografía, colmada de color cuando debe serlo, y gris y difusa cuando toca: de lo mejorcito que he visto en el casi siempre artificioso formato digital. ¿Que algunos efectos digitales cantan? De acuerdo. ¿Y? Otros, para compensar, son espectaculares y de una belleza hipnótica.

¿Las actuaciones? Pues, en general, bastante buenas, oiga. Por supuesto, hay de todo (Reeves, como de costumbre, cortito y con sifón), pero todos los días veo repartos infinitamente peores. ¿Banda sonora? Digna y con algún momento muy logrado.

Sinceramente, quien critique esta película por las formas merece hacerse el “seppuku” con un abrelatas.

Ahora vayamos a la chicha, al fondo.

¿Se respeta la historia original de los 47 ronin? Para mi sorpresa (grata), y en lo esencial, sí (algo que, irónicamente, algún tarado de por aquí, que por lo visto desconoce cómo terminó el suceso real, critica). Por supuesto, hay los inevitables “añadidos” y “pegotes” hollywoodienses, como la historia de amor entre la hija de “daimyo” y el “mestizo” o los toques de fantasía, pero en general la historia es contada con sumo respeto, sin histrionismos ni demasiadas licencias.

Y en cuanto a los añadidos… Pues algunos funcionan (lo que ya es sorprendente de por sí), y otros, sinceramente, no. De la historia de amor, por ejemplo, cabría esperar lo peor, sobre todo estando “Neo” de por medio (¿Quién no recuerda su irrisorio idilio con Trinity?). Pero, afortunadamente, todo resulta razonablemente adulto y contenido, muy alejado de las cursilerías adolescentes tipo “Crepúsculo”. Verosimil y coherente, sin melodramatismos ni almibar, pero, sin embargo, sumamente emotivo. Que los personajes sólo se besen una vez y casi como hermanos es un detalle sutil y sumamente inteligente que algunos no hemos pasado por alto.

También es de agradecer que los samuráis, supuestos heroes de la historia, sean mostrados en el principio del film como auténticos gilipollas: déspotas, arrogantes y profundamente clasistas. Y es que no debemos olvidar que, más allá de la mítica del bushido y de las idealizaciones posteriores, los samuráis no dejaban de ser los matones del señor feudal de turno, encargados de que mantener sometidos a los campesinos katana en mano.

Cosa distinta, mucho más discutible, son los toques de fantasía a lo “Willow”, como la “bestia” del principio de la película, los monjes “mutantes” o las andanzas de la bruja “transformer” de los cojones, que en mi opinión le sientan a la trama como a un Cristo dos pistolas. No hace falta que diga que la historia hubiera funcionado mucho mejor quedándose en el terreno más realista del drama histórico. Pero… Qué le vamos a hacer: el blockbuster tiene estas servidumbres. Por otro lado, a nadie le amarga un dulce, y lo cierto que algunas de las escenas de la bruja (muy rica la tal Kikuchi, por cierto) son espectaculares.

En definitiva, un más que digno film de entretenimiento, que más allá de algunos problemas de montaje y de ciertas incoherencias, destaca por su maravilloso diseño de producción y garantiza dos horas de entretenimiento un poco más sutil y adulto que lo de costumbre. Cómo pudo ser destrozada de tal modo por la crítica y buena parte del respetable es un misterio digno de que Iker Jiménez le dedique su tiempo.

Aunque no merece tanto, me apetece ponerle un ocho para compensar la injusticia de muchos: es mi particular "bushido". Un pronóstico: esta es la clase de película que los años y los pases televisivos revindicarán, y dentro de 5 años será mucho mejor valorada de lo que es ahora. Tiempo al tiempo.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Expediente 39
Expediente 39 (2009)
  • 5,3
    10.184
  • Estados Unidos Christian Alvart
  • Renée Zellweger, Jodelle Ferland, Ian McShane, Kerry O'Malley, ...
7
¿Las películas de terror deben dar miedo? Pues ésta es buena
Neathara:
“Qué peli más mala […]. Pero, joder, qué mal rollo se me ha quedado. Algo tendrá”.
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Estoy completamente de acuerdo. Tanto que no he podido reprimirme de canibalizar su frase, que resume exactamente lo que se me ha pasado por la cabeza cuando han comenzado a desfilar los créditos por la pantalla.

En efecto,la película, al menos en apariencia, no es ninguna maravilla. Todo resulta gris y desangelado, falto de ese punto de talento que hace grande a una película. La dirección es átona, mecánica, sin gracia, y el ritmo narrativo torpe (tarda demasiado en arrancar y el final, en cambio, resulta precipitado). Tampoco el guion, visto en conjunto y dejando aparte algún momento francamente genial, es para tirar cohetes: no es muy difícil imaginarse por dónde van a ir los tiros y la mayor parte de escenas le sonarán sospechosamente a todo amante del género. Es más, ni siquiera puede decirse que la banda sonora (francamente inadecuada) o la lamentable fotografía, propia de un telefilm paquistaní, contribuyan precisamente a vestir el film.

Pero…“algo tendrá”, porque lo cierto es que ha conseguido ponérmelos de corbata en un par de ocasiones y me ha dejado con el mal rollo metido en el cuerpo, cosa que no me provocaba una película en años: mucho más de lo que esperaba. Y eso, cuidado, os lo dice un tipo que consume terror (ya sea cine, literatura o videojuegos) como Chicote antiácidos.

La película funciona. De hecho, y para mi gusto, lo hace mucho mejor que títulos “similares” mucho más cacareados, como Sinister o La huérfana, que me dejaron frío. ¿Que por qué? Para empezar, gracias a algunas “perlas” del guion: atentos a la escena en la que Bradley Cooper trata de conversar con la “inocente” Lilith: es de lo más espeluznante que he visto en mucho tiempo; si alguno no tiene claro todavía en qué consiste el “terror psicológico”, ahí tiene el ejemplo. Pero también gracias a algunas escenas tan efectivas como potentes (el horno, las avispas...) y a la grandiosa interpretación de Jodelle Ferland, una cría que se encasilló en papeles de niña diabólica (Silent Hill): no es de extrañar en absoluto teniendo en cuenta lo “suelta” que se la ve. (¿Sus padres consiguen dormir por las noches?).

En definitiva, una película que, sin ser nada original y a pesar de sus fallas, me ha resultado mucho más satisfactoria de lo que esperaba. Al fin de cuentas, el objetivo de una película de terror no es otro que el de atemorizar al expectador, y conmigo lo ha conseguido: da verdadera lástima pensar en lo que podía haber sido con una dirección más inspirada y limando un poquito el guion. No obstante, un interesante film de terror de obligado cumplimiento.

Recomendable.

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Lo mejor: Jodelle Ferland. La sensación continua de desasosiego. Que te huelas desde el minuto uno que los padres de la “niña” saben lo que se hacen.
Lo peor: Algunas escenas resultan demasiado efectistas. El final es torpón: estereotipado y falto de sutileza. Una realización desganada.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La huérfana
La huérfana (2009)
  • 6,1
    19.869
  • Estados Unidos Jaume Collet-Serra
  • Isabelle Fuhrman, Vera Farmiga, Peter Sarsgaard, Jimmy Bennett, ...
5
Anda, guapa, se buena con papi: deja de clavarle el cuchillo.
Jaume Collet-Serra no sabe lo que es la sutileza. Por lo visto, todo tiene que ser “la hostia”, el no va más, el triple salto mortal sin red sobre una moto. Lo suyo es no pasar desapercibido; epatar a cualquier precio… Incluso, y ahí está el problema, a riesgo de pasarse de rosca y acabar cayendo en el más bochornoso ridículo.

Una pena, porque la película, hasta su tercio final, me estaba haciendo disfrutar como un 'enano' y me tenía enganchado... Hasta que les ha dado por cachondearse del respetable.

En efecto, y en eso no engaña a nadie, todo es una sucesión de clichés, tópicos y homenajes/copias a otras películas. No es más que la enésima elaboración del eterno telefilm de sobremesa: sujeto aparentemente encantador pero pelín psicópata (nadie es perfecto) llega a familia desestructurada y monta la de Dios. Y por supuesto, ni siquiera que la hijaputa en cuestión sea una dulce niñita tiene nada de original: ahí están "La mala semilla" o "El dulce rostro de la muerte", y, en su versión masculina, a un estupendo Macaulay Culkin en "El buen hijo", a las que esta canibaliza sin complejos.

Pero, oye, la película hay que reconocer que pinta muy bien (aparentemente y al principio) y que consigue salirse un poco de lo previsible gracias a unos cuantos detalles de guion inteligentes y relativamente originales. Incluso su evidente efectismo telecinquero, construido a base de apariciones de la puñetera chiquilla en segundo plano con sonrisilla inquietante, trampas de montaje, golpes de la música y alguna escena sangrienta que, de pasada de vueltas, raya el splatstick, resulta simpático y casi parece un guiño autoirónico con el que uno tiende a ser indulgente, perdonando la retahila de chorradas y exageraciones. Es más, hay que reconocer que está muy bien rodada y que la niña, la “dulce” Isabelle Fuhrman , consigue ponértelos de corbata con su mirada desde su primera aparición.

De haber continuado así, tendríamos lo de siempre pero vitaminado: una película que no sería ni lejanamente una obra maestra y que no añadiría nada relevante al subgénero, pero que dejaría un buen sabor de boca gracias a su buena realización, y un par de toques originales. Pero no…

Y es que el bueno de Jaume tenía que “marcar territorio”, hacer algo "diferente"… Así que decidió meter el giro de guion más inverosímil y ridículo de la historia del cine (*). De tan mega-originales-ahora-te-vas-a-cagar que hemos querido ser, nos hemos caído con todo el equipo: sólo podía haber sido más lisérgico si hubiera resultado que la niña es un lagarto alienígena engendrado por una vampira inseminada con semen congelado de Hitler.

Si a eso le añadimos un final catastrófico, exageradamente (palabra clave de la película) alargado y tópico hasta al dolor que tira de los cliches de siempre y por acumulación, el resultado es que la película se hunde como el Titanic, dejando una sensación de sexo anal involuntario en todo espectador medianamente resabiado.

Una lástima. Aprobado por los pelos, y más que nada por la Fuhrman.

(*): Spoiler.
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Gravity
Gravity (2013)
  • 6,9
    85.464
  • Estados Unidos Alfonso Cuarón
  • Sandra Bullock, George Clooney, Ed Harris
4
Más falsa que un euro con la cara de Putin
Por aquello de cumplir con el trámite, primero voy con lo bueno de la película:

Los efectos especiales son impresionantes, la fotografía es preciosa, la banda sonora más que digna y tanto Clooney como Bullock están francamente bien. Punto.

¿Lo malo? Que es una completa tomadura de pelo y que es imposible creerse nada. Cuarón tira del efectismo más chusquero para crear “drama”, limpiándose el culo, ya no con las leyes de la física, sino con el más elemental sentido común. Y no, no importa lo que hayas leído al semianalfabeto de turno: esto NO ES verdadera ciencia ficción, sino un melodrama efectista situado en el espacio, no mucho más realista y verosímil que "Armageddon".

Reconozco que fui lo suficientemente masoca como para estudiar Física, pero no por ello me pongo exquisito a la hora de ver una peli de género ni acostumbro a dármelas de listillo (por otro lado, tampoco hace falta ser ingeniero nuclear para apreciar las idioteces de esta "joya"). Muy al contrario, y como podrá comprobar cualquiera que le eche un vistazo a mis votaciones, me he tragado, y hasta he disfrutado, de centenares de subproductos de serie B y terror sin plantearme si los vampiros o zombis existen, cómo es que se oyen las explosiones espaciales en Star Wars o cuál es ciclo vital de los alien.

Pero, sintiéndolo mucho, por lo que no paso es porque una película que se vende como “realista” y “seria”, ciencia ficción “hardcore", se dedique a encadenar “what the fuck?” y gilipolleces durante todo su metraje, dándole patadas a la ciencia como no he visto ni en el “Superman turco”, demostrando que Cuarón, al que la verosimilitud se la suda, no ha tenido la decencia de contratar un asesor para que le corrija el guion.

En realidad, y es triste, podria despedazar cada puñetero plano de película, porque no hay ni una escena que no defeque sobre las leyes de Newton, la termodinámica o las tablas de multiplicar, pero, como estamos limitados a los 7000 caracteres, me quedo con las siguientes "perlas":

-De darse en la realidad esta situación, la película hubiera sido bastante corta: cinco minutos; lo que hubiera tardado Sandra bullock en perder el conocimiento y morir girando a semejante velocidad. Las fuerzas “g” y el cerebro, por desgracia, no se llevan bien.

-La basura espacial se dispersa inmediatamente: no vuelve en “rebaños” exactamente al mismo lugar cada hora y media. Por eso, precisamente, y a pesar de que los yanquis (no tanto los rusos, aunque sean muy malotes) han destruído decenas de satélites, jamás ha sucedido lo que se muestra en la película. Y eso no quiere decir que los fragmentos no sean peligrosos individualmente, que lo son. Pero, claro… Un pedacito de tres centímetros, viajando mucho más rápido que lo que el ojo humano puede percibir, no queda tan chulo en pantalla.

-En el espacio, debe soplar un viento que te cagas, porque si te sueltas de alguien estando quieto, te vas a tomar por el culo y te pierdes en el espacio. Cuarón, campeón, busca en la wiki el Principio de inercia, anda.

-La distancia media entre el Hubble y la ISS es de 20.000 kilómetros, y jamás están a menos de 200 km (uno orbita a 400 km y el otro a 600 km, así que la cosa no requiere mucha explicación). Cuando Clooney señala la estación con el dedo, y se ve a como un par de kilómetros de distancia, es obligado partirse el culo.

-Según la película (y esto es de lo poco que es verdad), la basura viaja a unos 25000 km/h o, lo que es lo mismo, unos 7 km/s. O sea, veinte veces más rápido que una bala o un misil. Sin embargo, se la ve venir de lejos y a Sandra Bullock le da tiempo hasta para intentar resguardarse. ¿Homenaje al “time bullet” de Matrix? He echado de menos que detuviera un fragmento extendiendo la palma de la mano.

-Sandra Bullock, por lo visto, está rodeada de un campo de fuerza, como el Enterprise: el fuego de la ISS se detiene en seco a diez centímetros de su cara sin quemarla. Y algo todavía más arcano: misteriosamente, en algún momento, el fuego se apaga solo, porque la ISS permanece intacta hasta la segunda oleada de fragmentos. A lo mejor es porque el módulo ruso tiene un sistema de extinción de incendios automatizado y no hace falta ir con el extintor del Carrefour a rastras… Uhmmm.
¿Sabes lo que es un asesor científico, Cuarón?

Y así cagada, tras cagada. Y claro, una cosa es la “suspensión de la incredulidad”, condición imprescindible para disfrutar de un título de género, y la otra el cachondeo, la falta de rigor y el insulto a la inteligencia. Y es que la buena ciencia ficción puede tomarse licencias menores, inventar tecnologías inexistentes o plantear situaciones que hoy nos resultan imposibles, pero eso no tiene absolutamente nada que ver con tratar de presentar como “realista” una historia en la que nada tiene el menor sentido y dónde TODO LO QUE PASA es físicamente imposible. El resultado es un espectáculo muy bien hecho, pero falsario hasta lo irrisorio, que demuestra que Cuarón es un tahur del Mississippi mucho más interesado en epatar al personal con efectos especiales que en construir historias sólidas; un Zack Snyder con ínfulas culturetas.

Una lástima.
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16 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil