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Críticas de Federico_Casado
Críticas ordenadas por:
¡Shazam!
¡Shazam! (2019)
  • 6,5
    3.148
  • Estados Unidos David F. Sandberg
  • Zachary Levi, Asher Angel, Jack Dylan Grazer, Mark Strong, ...
7
Superhéroe a los 15
DC lo está haciendo bien, al menos comercialmente: se ha dejado de cosas trascendentales y está apostando por la parodia. Es más, después del éxito de Aquaman, que pesar de ser una inmundicia realmente gorda, gorda, ha decidido quitarse definitivamente los complejos y apostar no solo por la parodia, sino por la autoparodia. Y ha sido un giro muy inteligente, borrando los complejos definitivamente.

Porque cuando uno ve una película de alguien con mallas, una ridícula capita blanca (con capucha, además) y sonrisa profidén, puede hacer dos cosas: o no entrar, o entrar. Como decía Einstein "tomarse la vida como si nada fuese un milagro o como si todo fuese un milagro", y en este caso, lo mejor es seguir el camino que desde DC han marcado de una manera meridiana: esto es una comedia infanto/adolescente, sin más vocación profunda que explicar un cómic, ubicado en las clásicas películas de instituto.

Es decir, si mezcláramos las connotaciones cómicas que Marvel ha tenido con "Deadpool" -que no para de reírse de todos los superhéroes, empezando por él mismo- y con el reboot de "Spiderman" -los vaivenes de un adolescente problemático en un instituto- tenemos perfectamente ubicado al personaje de Billy Batson, un huérfano que llega a una familia de acogida y un nuevo instituto, y que sin darse cuenta, resulta ser el elegido para convertirse en el campeón de una élite de magos que le dará fabulosos poderes al convertirse en la mejor versión de sí mismo cuando pronuncia la palabra mágica de "Shazam". Todo ese arco argumental centrado en la comedia que puede suponer darle a un niño de 15 años unos superpoderes propios de los dioses del olimpo (literalmente) resulta de lo más divertido, y está bien articulado (y no solo por ser tan poderoso, sino también por hacerse adulto de golpe, en clara referencia al "Big" de Penny Marshall).

Argumentalmente, el film es el clásico producto de "primera película de superhéroes, con descubrimiento", donde se van desentrañando todos los poderes, contexto de la historia, etc. Pero lo divertido -y que desgraciadamente, se destripa bastante en el tráiler- es ver lo torpe que puede llegar a ser alguien cuando no maneja bien sus habilidades sobrehumanas -y aquí he recordado bastante al famoso "Héroe americano" televisivo, que se pegaba unos enormes castañazos en las paredes cuando intentaba volar, y que además también llevaba un traje rojo con capita pequeña...-. Pero lo interesante es que la complicidad que se intenta establecer con el espectador, aunque al principio pudiera resultar algo esperpéntica, finalmente se consigue. A mí me costó entrar en la historia -aunque en mi caso quizás haya sido porque conocía el cómic original y el tono no era precisamente este...- pero finalmente lo hice y me divertí, metiéndome en una especie de parque temático de superhéroes, donde lo importante es la diversión al estilo más clásico. Todo está muy planchado, etiquetado, formateado y envasado para que cumpla los criterios del consumo de este tipo de películas, aunque al tener una vocación adolescente, resulta demasiado simplona, y los personajes son algo esquemáticos, cuando no trazados con brocha demasiado gorda. Claro que ¿qué esperábamos?

Poco más hay que decir de una película cuyo mayor cualidad es la honestidad por encima de otras cosas: esto es lo que hay. Pero por lo menos está bien hecho, tiene un guión coherente (y no como el de Aquaman, que era verdaderamente vergonzoso) y los actores tienen su gracia (especialmente Zachary Levi, el superhéroe que va vestido de rojo con el rayo amarillo cruzándole el pecho). Aunque también existe cierta moralina en el film, exaltando con demasiada brocha gorda valores como la amistad y sobre todo la familia, encaja bien en el tono liviano de la película, y no supone ningún contratiempo para el disfrute que puede suponer este verdadero juguete tan hipertrofiado como la musculatura de este superhéroe, que por si no lo sabes, es tan o más poderoso que el mismísimo Supermán (y mejor me callo...).
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Nosotros
Nosotros (2019)
  • 6,0
    5.410
  • Estados Unidos Jordan Peele
  • Lupita Nyong'o, Winston Duke, Elisabeth Moss, Tim Heidecker, ...
4
Enorme decepción
Vale, "Déjame salir", aunque me irritó bastante por su falta de rigor científico respecto a la hipnosis, tenía su gracia, sobre todo por la originalidad de la temática, y la agilidad en la narrativa. Y aún me ha gustado mucho más la reinvención del género "blaxploitation", ambientado ahora en el terror y el suspense. Precisamente la idea de Peele es hacer una serie de este tipo de películas, con temáticas propias de la comunidad afroamericana. Lo cierto es que esta segunda película tenía una premisa igual de interesante e inquietante. El problema es que las expectativas que genera la película son tan grandes... que luego te llevas un verdadero chasco cuando conoces en realidad qué narices es lo que pasa.

De acuerdo en que el género del terror tampoco hace falta explicarlo todo (de hecho, cuanto menos se expliquen -y se enseñen- las cosas, mucho mejor, no hay nada que de más miedo que la imaginación de cada uno...), pero hombre, hay que poner unas bases mínimas para que el espectador sepa por lo menos de lo que estamos hablando. Porque por muchos atronadores efectos de banda sonora y/o sonidos, por muchas imágenes impactantes, por muy buenos actores que hayan... necesitamos saber qué es lo que pasa, que todo lo que vemos tenga un sentido. Porque si no, todo se queda en estampitas, en cromos bien diseñados, que llega un momento en que nos cansan. Sencillamente, porque NO SABEMOS LO QUE PASA. Y claro, si luego lo que pasa no está al nivel de las expectativas que han generado esas imágenes tan inquietantes, tan terroríficas, tan bien diseñadas... pues nos cabreamos, y nos queda una sensación de enorme decepción. De la misma forma que le pasa a Shyamalan, que plantea apasionantes tramas... que luego no sabe rematar.

La premisa es realmente tremenda: una familia decide irse de vacaciones a una casa en la playa, pero en mitad de la noche aparece otra familia en el porche de su casa...que son ellos mismos. Si, como lo oyes: una copia de ellos mismos. Mamá, Papá, Hijo e Hija. Todos igualitos, pero con muchísima mala leche, como si fueran el reverso tenebroso de nosotros mismos (que diría un Jedi).

Suena bien ¿verdad? Despierta miedo ¿a que si? Incluso si vemos el (bien) diseñado tráiler, llegamos a sentirnos realmente intrigados con esta premisa. Pero si en "Déjame salir", su anterior largometraje, Jordan Peele nos sorprendía con una trama original, en esta ocasión la sorpresa con la que llegamos a entender qué es lo que realmente pasa, es sencillamente una enorme mamarrachada. Y además explicada con alfileres, de mala manera.

El preámbulo de toda la historia, además de que es insuficiente para empezar a comprender lo que vemos, resulta posteriormente de lo más infantil, de lo más injustificado para conseguir entender el desarrollo de la historia, que es realmente insuficiente. Más aún, en algunos momentos resulta a todas luces increíble, ya que pasan muchas cosas "para que quede bien la historia", sin orden ni concierto. Es como si las cosas sucedieran para intentar justificar malamente el sentido del guión, algo totalmente infantil -insisto-, como de primero de comunicación audiovisual. No hay coherencia en la historia, y cuando ésta aparece, es tan pobre, tan tonta, que resulta ridícula.

Y el caso es que me ha molestado mucho, porque toda la forma de "vender" la historia me ha parecido de lo más original, con un planteamiento curioso, innovador -aunque beba obviamente del clásico "Los ladrones de cuerpos"-. Además también podríamos decir que el director ha avanzado en su estilo narrativo y homenajea a clásicos como Hitchcock o Brian de Palma en su caligrafía cinematográfica. El problema es que el espectador se siente directamente engañado: la premisa es fascinante, la evolución no está mal... y la "explicación" es decepcionante. Muy decepcionante, diría yo. Porque si por lo menos hubiera emulado al maestro Kubrick utilizando la emotividad, como se hizo en "El resplandor", pues mira, tampoco importarían mucho las explicaciones. Pero si nos ponemos a explicar de una manera más "convencional" qué es lo que realmente sucede y por donde vienen los tiros, caemos en lo infantil. Incluso en lo estúpido, diría yo... (por cierto, no sabes el enorme esfuerzo que estoy realizando para no caer en el spoiler, porque si no chafamos toda la película).

Es una lástima que Peele, al que se le afianza ya un estilismo y narrativa determinada, que ha conseguido premios internacionales por su anterior trabajo como director, ahora sea precisamente el guión lo que más flaquea en su nueva película (habiendo conseguido además el Oscar al mejor guión en 2017 por "Déjame Salir"): sabe dirigir actores, sabe crear climas realmente malsanos y retorcidos, conoce los resortes del género del suspense y terror... ahora solo le falta seguir encontrando y articulando historias interesantes coherentes.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Dolor y gloria
Dolor y gloria (2019)
  • 7,4
    5.973
  • España Pedro Almodóvar
  • Antonio Banderas, Asier Etxeandia, Penélope Cruz, Leonardo Sbaraglia, ...
10
Todo sobre Almodóvar
Sus últimas películas fueron productos desganados, desvaídos, sin gracia. E incluso, sin estilo, algo que había calificado precisamente sus películas. Y lo cierto es que no esperaba mucho de esta su último trabajo, pero cual no ha sido mi enorme sorpresa cuando me he encontrado al mejor Almodóvar, al artista que definió un estilo propio en el cine español de los ochenta, que se ganó por derecho propio un puesto en el Olimpo del cine. La vuelta a su universo, a su particular idiosincrasia, a la vez vulgar y exquisita, a la vez cómica y trágica, a la vez cruel y dulce ha supuesto hacer la mejor película de toda su carrera. Eso sí, es una película que huele a epílogo, a fin. Porque después de "Dolor y gloria", creo que ya tiene muy poquito que contar.

Y no es porque su vida no haya sido fascinante, sino porque creo que se ha desnudado hasta las trancas. Igual que hacía Robbie Williams en el videoclip en el que empezaba un strip tease, y terminaba quedándose en el esqueleto, porque en esta película llegamos hasta los huesos mismos del director: esa especie de autorretrato parece haber sido hecho con un TAC, explorando la vida del director capa a capa; desde las drogas hasta el éxito. Desde el pueblo hasta recorrer el mundo entero. Desde las tortuosas relaciones con los que trabaja, hasta la entrega incondicional a sus amantes y amigos. Una montaña rusa de sensaciones concatenadas magistralmente con una factura deslumbrante, como pocas veces se ha hecho en su carrera. Y en este viaje orquestado con exquisita elegancia, un solista que ha trasladado todo Almodóvar en una interpretación. Porque solamente alguien que conociera tan bien al director como Antonio Banderas -con el que lleva casi 40 años trabajando- ha podido transmutarse en el director manchego. Todo su ADN destilado en un personaje.

Salvador Mallo está hastiado de todo, hasta de vivir. Sus dolencias físicas y psíquicas le tienen alejado hasta del cine, lo que más le gusta. Convertido casi en un ermitaño, recluido en su particular universo, no quiere saber nada del mundo. Pero un buen día, algo sucede, y poco a poco irá recuperando los recuerdos de toda su vida, poco a poco...

Si a lo largo de toda su filmografía eran recurrentes sus particulares historias -la homosexualidad, la relación con su madre, etc.- a través de otros personajes que por resonancia, transmitían todo eso, en esta ocasión se ha personalizado muchísimo más. Ojo, que Almodóvar ha sido lo suficientemente inteligente como para saber jugar con habilidad en la ficción, y no estamos hablando de un legado documental sobre la vida del director, pero si que encontramos sus reflexiones, sus posturas, su modo de ver la vida, el amor, la amistad, el arte, el cine o la cultura. Con la irreverente y a la vez curiosa mirada que le ha caracterizado, recuperando de un plumazo toda su frescura, superando con creces sus mejores películas, "La Ley del Deseo" y "Hable con ella". Porque ya no necesita -o no quiere- poner en voz de personajes más o menos rocambolescos su mensaje.

Este ejercicio de madurez cinematográfica además se demuestra por la profundidad y calado de la historia. O mejor dicho, de las historias, porque tenemos varios planos de existencia, que en paralelo van contando -o mejor dicho, complementando- todos los arcos argumentales como la capa de una cebolla, sumándose y engordando el mensaje. Impresionante, realmente increíble cómo ha sabido destilar toda su sapiencia cinematográfica en una cinta que te atrapa por su demoledora complicidad, por su elegante y minimalista factura, por sus diálogos realmente maravillosos, en su punto justo de tono en cada secuencia -desde momentos de comedia antológicos, como una conferencia en la filmoteca nacional a través de un teléfono móvil a otros de entrañable ternura como las secuencias con la madre o de drama y redención, como los encuentros con el antiguo amante, o con el actor con el que se peleó hace años...-.
Realmente, es lo mejor que jamás haya hecho. Y creo que es lo mejor que jamás hará. Porque desnudar el alma tan profundamente no es nada fácil. Pero aquí está conseguido, encontrándose todo sobre Almodóvar.
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22 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
Capitana Marvel
Capitana Marvel (2019)
  • 6,2
    10.947
  • Estados Unidos Anna Boden, Ryan Fleck
  • Brie Larson, Samuel L. Jackson, Jude Law, Ben Mendelsohn, ...
4
Reducción al absurdo infantil Disney
Cada vez que veo una nueva película de Marvel, se me remueven las tripas. Porque señores, Marvel siempre fue la editora de cómics más adulta de la historia, la que se basaba en los personajes más que en los superpoderes, la que humanizó a los superhéroes (el gran Spiderman es un adolescente que sufre bullying en el instituto, Iron Man es un borracho egocéntrico e inmaduro, el Capitán América es un tontaina idealista que descubre lo podrida que es la política, los 4F son el arquetipo de una familia norteamericana media con los problemas clásicos -ama de casa superada por el talento/trabajo del marido, marido demasiado ocupado que no presta atención a su familia y a la demanda de su mujer por tener hijos, el adolescente conflictivo y problemático, el típico matón de barrio cascarrabias-) ahora se ha convertido en un escaparate de colorines, explosiones y fanfarrias infantiles más propias de una película de dibujos animados. Claro, porque ¿qué podríamos esperar de Disney?

Esta gente tiene clarísimo que tras comprar la franquicia de Marvel, tienen que rentabilizarla y para ello se han preparado a base de bien, creando una estrategia comercial en varias fases, para llevárselo a lo bestia y sin contemplaciones. Lógicamente, las películas forman parte de esa estrategia mastodóntica y la narrativa, los personajes, las historias importan lo justo para que no chirríen demasiado, porque lo que realmente importa son las cifras de merchandising y entradas en los parques de atracciones. Ahí es donde está la pasta. Y ahí es donde van los niños y adolescentes, que son el público objetivo de estas películas. Hay una enorme diferencia entre las primeras adaptaciones Marvel al cine desde la primera Iron Man (2008) a las posteriores, ya que un año después, en 2009, Disney comenzó el proceso de absorción y transformación. De hecho, habría sido muchísimo más lógico que Disney hubiera comprado DC, ya que Supermán, Batman, Aquaman, Wonder Woman son infinitamente más "infantiles" y planos que todo el universo Marvel, pero está claro que Warner no quería soltar prenda.

El caso es que este proceso de infantilismo y banalización ha llegado a su cota más alta con la llegada de Capitana Marvel: esta gente va ya a calzón quitado, y en su deseo de "tomar el dinero y correr", saturan el mercado con publicidad, la pantalla con efectos especiales, los actores con estrellas famosas (Brie Larson, ganadora de un Oscar, Jude Law, Anette Benning, Samuel L. Jackson...) y muchos chistes. Y encima, un gatito que parece el primo del mismísimo Garfield -que digo yo que podrían haber hecho ya puestos un crossover y haberlo metido también comiendo lasaña...-.

El arco argumental de Miss Marvel (que es como se llamaba el personaje de cómic, y no Capitán -ni Capitana- Marvel...) era lo suficientemente jugoso para haber hecho algo mucho más profundo, mucho más interesante, pero se ha reducido a presentar a la mayor y más poderosa superheroína de toda la galaxia, cuando una piloto humana se ve expuesta a tecnología extraterrestre y se convierte en un ser casi omnipotente. Entrenada por superguerreros Kree en el planeta Hala, formará parte de un cuerpo de élite que viaja por el universo para protegerse de los malvados Skrulls, otros extraterrestres que son capaces de transformarse a nivel genético en lo que quieran...

En realidad, habría dado exactamente igual cuál hubiera sido el argumento, ya que se lo toman por el pito del sereno, y cada diez minutos cambia el sentido de la historia, los personajes son planos, maniqueos, insípidos pero ¿a quién le importa? ¿No salen muchos rayos, colorines, explosiones y persecuciones? ¡¡¡Pues ya está hombre, que es lo que esta gente viene a ver!!! En esta obscena fanfarria de efectos de ordenador muy poco se puede vislumbrar de lo que podría haber sido una historia interesante, que por lo menos aporte algo a todo el universo cinematográfico de Marvel/Disney, pero no, todo funciona a base de parches (nunca mejor dicho, puesto que llegamos a conocer de dónde viene el parche de Nick Furia... y es de verdadera vergüenza ajena).

Lo que sí es cierto es que Brie Larson está estupenda y que algunos (ojo, algunos) chistes, tienen su gracia, igual que hay secuencias de acción que merecen mucho la pena. Pero es un empacho tal, es una sobresaturación de muñequitos tan enorme que, al igual que sucedió en "Vengadores 2: la era de Ultrón" acabamos hasta las narices de explosiones, peleas, seres infográficos y rayos. Muchos rayos. Porque la Capitana Marvel tiene que echar muchos rayos, un empoderamiento a base de bien.

Es curioso que en España Capitana Marvel se estrenara el día 8 de marzo, en día de la igualdad, en el que la mujer reivindica sus propios derechos frente a cualquier discriminación. Y en realidad, estaría bien que se hubiese hecho esto pero de verdad, porque cuando vamos al cine a ver este panfleto vacío y hortera, lo único que nos encontramos son varias secuencias de acción mal hilvanadas, unos diálogos bochornosos, y un formato verdaderamente chirriante, estridente, tópico y ridículo. E insisto, tiene momentos divertidos y buenas secuencias de acción, pero todo es de una sobresaturación que llega a provocar tal hartazgo... que aburre. Qué pena de Marvel.
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48 de 81 usuarios han encontrado esta crítica útil
Mula
Mula (2018)
  • 6,7
    7.903
  • Estados Unidos Clint Eastwood
  • Clint Eastwood, Bradley Cooper, Dianne Wiest, Michael Peña, ...
6
Demasiadas expectativas
Acercarse a la obra de uno de los grandes mitos vivos de la historia del cine no es nada fácil. Ni siquiera para él mismo. Porque alguien que ha hecho películas crepusculares de la calidad de "Sin Perdón" o "Gran Torino" lo tiene muy, pero que muy complicado no ya superar este nivel, sino ni siquiera acercarse. Y quizás este sea el gran problema que le veo a "Mula": que descontextualizada quizás pudiera ser una película hasta buena. Pero comparada con toda la anterior obra de Eastwood es manifiestamente inferior, cuando a veces directamente ridícula. Porque hay momentos en los que no nos tragamos de ninguna manera el tono y las circunstancias de este personaje. Quizás el Walt Kowalski de "Gran Torino" ha tenido una sombra demasiado alargada, pero es que señores, hace ya diez años de esto. Y el tiempo no pasa en balde, y si antaño Eastwood tenía aunque fuera un ápice de su carácter, de su dureza, de su personalidad... ahora parece haberse difuminado tanto que casi ha desaparecido. Será la edad. O será que no quiero admitir que definitivamente, Clint Eastwood es viejo.

Para aquellas personas que no estén familiarizados con el término, se llama "mula" a alguien que transporta droga. Lo ideal, además, consiste en que la policía no sospeche de ninguna manera que esa persona que mueve la sustancia ilegal de una u otra forma. Basada en un hecho real, la película cuenta la historia de un floristero veterano de guerra que arruinado tras la crisis, decide aceptar trabajar para un cártel mejicano de la droga para transportar cocaína dentro de las fronteras norteamericanas. Lógicamente, ¿a quién se le va a ocurrir detener a un abuelete simpático para inspeccionar si lleva droga? Pues precisamente eso es lo que pasó en realidad, y Leo Sharp transportó kilos y kilos de coca para el Chapo Guzmán por todo el territorio estadounidense sin sospechas algunas.

Aunque Nick Schenk, que firmó el guión de "Gran Torino" ha vuelto a escribir el guión de "Mula", el personaje no tiene absolutamente nada que ver: ahora ya no hay heroísmo, sino simplemente, afán de forrarse, así como suena. Y quizás eso también me choque, porque en el fondo el personaje protagonista de "Mula" no es un buen tipo: es un egoísta redomado al que su familia se la trae al pairo, y que siempre ha hecho lo que le ha dado la gana con su vida, y que únicamente intenta salvarse del embargo y desahucio. Ese perfil no me encaja mucho con el de Eastwood, ya que todos esos personajes en el final de su vida que ha representado, tienen un ramalazo épico, por muy mala leche y pocos modales que tuvieran: terminaban haciendo lo correcto. Ahora todo es más subjetivo, cuestionable o como poco, moralmente dudoso.

Si a todo ello sumamos una falta total de profundidad, de calado argumental, y todo se queda en anécdotas más o menos graciosas, queda todo desvirtuado. Muy desvirtuado. Incluso en el guión se plantean una serie de personajes tremendamente malvados y crueles... que cuando llega el momento se les enternece el corazoncito y se apiadan del abuelete (WTF, ¿el cártel de Sinaloa, que corta cabezas a diestro y siniestro, siendo compasivos?).

Eso sí, la sobriedad narrativa de Eastwood sigue siendo intocable y funcional al 100%. Y es normal que los genios tengan claroscuros en su trayectoria artística (de hecho, a pesar de sus geniales películas, tiene otras que son verdaderos peñazos). Pero en esta ocasión todo parecía indicar que iba a ser una especie de "Gran Torino", con el (interesante) componente añadido de lo moralmente cuestionable. Y no ha sido así, todo se me ha antojado demasiado ligero, demasiado poco trascendente. Impropio del profundo discurso que siempre (o casi siempre) ha tenido el gran Eastwood. O a lo mejor es que tenía demasiadas expectativas. O que no quiero admitir que uno de mis grandes héroes de la historia del cine, ese de mirada torva y pétrea, ya no intimida porque no es más que un pobre anciano. El caso es que a pesar de sus destellos de genialidad -que como no podía ser de otra forma, están presentes- esta que puede ser la última película de Eastwood como actor me ha parecido un epílogo demasiado banal para una carrera actoral tan esplendorosa.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Green Book
Green Book (2018)
  • 7,6
    18.221
  • Estados Unidos Peter Farrelly
  • Viggo Mortensen, Mahershala Ali, Iqbal Theba, Linda Cardellini, ...
8
El gran show de Viggo
Existen una serie de películas que han creado una especie de subgénero en sí mismas: son películas hechas por y para ganar un "Oscar" de la industria de Hollywood y tienen una serie de características bastante claras. Todas ellas intentan retratar algún problema social, étnico, físico o mental. Y por supuesto, si están basadas en hechos reales muchísimo mejor. Ahí tenemos a directores como Ron Howard que están auténticamente especializados en este tipo de cintas -que deben durar más de dos horas, por supuesto- tener grandilocuencia visual, e intentar fomentar en el público una presunta "reflexión" sobre el mundo, conmoviendo de manera más ficticia que real. El caso es que a este tipo de "películas Frankenstein" se les suelen ver demasiado las "costuras", y el invento no suele funcionar, porque lo vemos venir todo de lejos. Está todo trazado con brochas demasiado gordas.

Pero en este caso, y aunque están presentes todos los factores para cumplir ese cometido de "película de Oscar" -basada en hechos reales, se toca el racismo, la desigualdad de clases, etc.- uno de los famosos hermanos Farrelly nos ha sorprendido, porque todo funciona. Si, si, ese majareta que con su hermano nos trajo locuras como "Algo pasa con Mary" o "Dos tontos muy tontos", ahora se ha puesto serio de verdad para trasladarnos al año 1962, en plena era Kennedy en la que se empezaba a soñar con la igualdad racial en Norteamérica. Ese mismo sueño que tuvo Martin Luther King Jr. es el que tiene el protagonista de la película, un exquisito, cultísimo y genial pianista que deleita a propios y extraños con sus discos, y que tiene intención de hacer una gira de conciertos por el sur de Estados Unidos en los locales más selectos. Claro que hay un problema: es negro. En ese contexto, no se le ocurre otra cosa que contratar a Tony Lip, un pendenciero y maleducado italoamericano del Bronx para que le haga de chófer y lo lleve a los hoteles y restaurantes que están en el "green book", o sea una guía en la que los negros son "bienvenidos"...

Aunque pueda sonar bastante a una versión invertida de "Paseando a Miss Daisy" -otra película claramente "oscarizable" (de hecho, lo fue...)- por aquello de enfrentar personalidades contrapuestas a lo largo de todo el desarrollo de la historia, en esta ocasión se va a dar un paso más allá, en el sentido de las etnias, la educación, los valores, el dinero, la familia... todo un marasmo de sensaciones en las que las extremas posiciones del famoso pianista y del chófer se irán acercando.

Por supuesto, la película tiene un protagonista absoluto, que realiza un verdadero tour de force de principio a fin: si ya sabíamos que Viggo Mortensen era un buen actor, ahora lo rubrica con un papel que bien puede valerle el oscar (ya ha ganado por este personaje el premio BAFTA). Aunque pudiera parecer que su registro pudiera ser algo extremo, todo lo contrario: imprime una dosis de realismo verdaderamente demoledor, añadiendo además unas notas de auténtica ternura, haciendo que quedemos fascinados por un personaje que tiene las cosas más que claras, y que detrás de toda su desidia y falta de educación, está una lealtad inquebrantable, unos valores familiares que están por encima de todo, y por supuesto, un código de honor en su trabajo totalmente inflexible: si contratas a Tony para hacer algo, ten la completa seguridad que lo hará, sea como sea.

Que si, que todo suena a muy tópico. Que hay secuencias en las que vemos palpablemente el racismo sureño de los USA, que los personajes pelean por la igualdad, la libertad, la fraternidad... pero que pesar de todos esos tópicos más que evidentes, la historia funciona, conmoviendo cuando menos lo esperas y de la manera más directa. Sin tontería alguna; porque el guión -en el que ha participado el autor de la novela, Nick Vallelonga, que es hijo del personaje de Tony Lipp, en realidad Anthony Vallelonga...- está muy bien escrito y aunque puedar resultar previsible en algunas ocasiones, consigue conectar.

Lo más sorprendente de todo esto, es comprobar una vez más que las palabras de Billy Wilder son rigurosamente ciertas: un (buen) director de comedia es capaz de hacer cualquier tipo de películas, porque la comedia es el género más difícil. Peter Farrelly lo ha demostrado con creces, alejándose del registro desmadrado y extremo de las películas que ha dirigido con su hermano Bobby, y accediendo a la memoria sentimental de un país con gran sutileza y elegancia.

Aunque sea una película "de oscar", está francamente bien, merece la pena viajar por esos lugares donde la igualdad entre los hombres es un sueño, a través de dos personajes que nos enamoran a cada plano por su veracidad, emotividad y coherencia.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
Creed II: La leyenda de Rocky
Creed II: La leyenda de Rocky (2018)
  • 6,6
    5.311
  • Estados Unidos Steven Caple Jr.
  • Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Dolph Lundgren, ...
4
Directo a la lona
No todo vale. No es suficiente con coger un antiguo éxito para poder remozarlo y volver a pegar el pelotazo. No. Más que nada porque el público de hoy día está de sobra curtido en ver todo tipo de productos audiovisuales, y conseguir convencerlo de que está viendo algo de calidad, ya es una tarea dura, sobre todo, si la película no tiene calidad. Y desgraciadamente, todo lo andado con el reboot de la saga Rocky con la anterior "Creed", se ha ido al traste.

Y mira que argumentalmente había unos mimbres interesantes para poder haberle sacado partido al tema. Pero no: todo el estilo que demostró Ryan Coogler con la primera parte de "Creed", reinventando la franquicia creada por Stallone con la figura del hijo de Apollo Creed, Adonis Creed, como nuevo aspirante a campeón de boxeo fue realmente interesante, original, fresca, imaginativa, resolutiva, bien planteada, y lo que es mejor, rescatando todo lo mejor de la saga original. Pero claro, todo se debía a la excelente dirección y guión de la película -por cierto, aún no termino de entender cómo Coogler después de "Creed" dirigiera "Black Panther", para mi la peor película de superhéroes que he visto...-. En cambio en esta segunda parte, aunque se haya rescatado al personaje de Ivan Drago (recordemos, que mató al mismísimo Apollo Creed en "Rocky IV") y creado a la némesis perfecta para Adonis Creed -un hipermusculado Viktor Drago, hijo de Ivan Drago y muy encajado en la "nueva Rusia" y capaz de destronar al nuevo campeón...-, tras ese argumento hay muy poco: se llena de tópicos desde el minuto uno, y todo lo que vimos de original en la primera parte se vuelve a repetir casi paso por paso, resultando de todo punto previsible y aburrido.

Aunque el guión de esta segunda parte es de Stallone y de Coogler, se han dado varios pasos atrás en la historia, en el sentido que parece que estemos viendo un verdadero "deja-vu" de "Rocky IV": exactamente la misma estructura argumental que la saga, en la que el campeón lo tiene todo a su favor, luego todo en su contra, el entrenador -ahora es Rocky- no quiere volver a entrenarlo porque teme por la vida del boxeador... todo demasiado visto. Todo demasiado trillado, no hay nada nuevo. Y claro, después de haber visto cientos de películas de boxeadores, uno empieza a estar ya hartito.

Y hay otro factor importante: Steven Caple Jr. Desgraciadamente no tiene la experiencia ni el talento como realizador de Coogler, y lo que nos puede mostrar en las peleas o los entrenamientos ya está de sobra visto en este subgénero de cine pugilístico: mientras que en "Creed" había momentos de gran originalidad y lirismo -algunos recordando al mítico "Toro Salvaje" de Scorsese-, ahora parezca que estemos más en una retransmisión baratucha de un combate por la televisión. No hay magia -en ninguna de las peleas-, todo resulta muy plano. Y como dije antes, muy previsible, que es lo peor. No hay sorpresa alguna.

Quizás el único elemento que me gustó de la película son las interpretaciones de Stallone y de Lundgren, ambos retomando de manera crepuscular a los dos antaño rivales del ring que vuelven a encontrarse y a los que la vida les ha golpeado duro en uno u otro aspecto. Pero la parábola boxística de la vida en esta ocasión no está tan bien llevada como en la anterior película de Creed. Y es una pena, porque han tenido una buena oportunidad para seguir y cimentar la saga con un nuevo boxeador que parecía que tenía mucho que decir. Pero no, desgraciadamente, aunque no ha sido un K.O. en toda regla, la película ha perdido por puntos, por agotamiento, por desidia y por aburrimiento. En esta ocasión, Creed (y Rocky) han besado la lona.
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18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
La casa de Jack
La casa de Jack (2018)
  • 6,7
    4.000
  • Dinamarca Lars von Trier
  • Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Riley Keough, ...
9
Más allá del bien y del mal
Aunque los psicópatas han sido un tema bastante tratado en la historia del cine, hasta hora no había visto una película que viajara de manera tan profunda, a la mente de alguien trastornado, alguien desprovisto de empatía, en los que los conceptos del bien y del mal sencillamente no existen, porque lo único que de verdad existe son sus deseos, pulsiones y obsesiones. Von Trier, con su habitual vocación de provocar al espectador, lo hace bajar hasta los últimos círculos del mayor de los infiernos, en una parábola con la divina comedia de Dante, yendo cada vez más abajo. Y lo que es aún más descarnado: comprobando que, en la mayoría de los casos, existe una gran hipocresía en la sociedad, que prefiere mirar hacia otro lado que involucrarse en un problema.

Desde el primer plano, nos sobrecoge el frío planteamiento de esta obra magna, que podría enmarcarse en esa visión curiosa e irreverente que este controvertido director ya adoptó en "Nimphomaniac", y que consiguió turbar a más de un espectador. Si con el sexo esta estructura narrativa era ya problemática, con la muerte, la tortura y el asesinato resulta a veces realmente aberrante. Claro que llega un momento en que toda esta temática, todos estos momentos de salvajismo, crueldad y tortura extrema, llegan a convertirse en meros naipes de un castillo que se va construyendo poco a poco para ir conociendo la personalidad de Jack, un psicópata con Trastorno Obsesivo Compulsivo que desde los años 70, lleva 12 años matando impunemente según sus propias reglas y objetivos, paralelamente a su intención de construirse la casa perfecta, a pié de un lago.

Aunque pudiera resulta incómoda de ver -que lo es-, aunque las imágenes que veamos sean desagradables -que lo son- y que los momentos de extrema crueldad casi nos hagan apartar la vista de la pantalla -que nos lo hacen-, merece la pena seguir viendo este relato, por cuanto es la única vez en toda la historia del cine en que la visión del director se funde con la de este tipo de personajes, desprovista de cualquier condicionante moral, difuminando, cuando no, borrando, todo concepto de moralidad: ahora el horror se va convirtiendo en otras cosas, a base de no existir la empatía, la compasión o los sentimientos. Es la primera vez que nos podríamos asomar realmente a esa mente trastornada, porque nombres como los de Ted Bundy o Normal Bates siempre han estado tamizados por la propia visión de los directores, que muy lícitamente, han situado a estos personajes dentro de una determinada estructura moral y/o social. Pero la genialidad de Von Trier es que su Jack es mostrado tal y cual es, con la inocencia infantil de alguien que hace lo que hace porque cree que es lo único que puede hacer. Y punto. No hay más.

Al igual que se utilizan todo tipo de recursos argumentales para mostrar el salvajismo del personaje, también se utilizan todo tipo de mestizaje visual en el relato, desde dibujos animados a otros elementos incluso humorísticos para que ese viaje a la mente del psicópata se muestre con todas sus aristas, con todos sus mejores (y peores) claroscuros. Por supuesto, que un elemento fundamental en el film es la interpretación del protagonista, con un Matt Dillon que hace el papel de su vida, que ya desde su cadenciosa y doliente voz en off consigue que nos vayamos adentrando dentro de sus propios razonamientos, igual que la hipnótica voz del comienzo de "Europa", que nos va situando dentro de un entorno y emotividad determinados.

Y llegados a este punto, confirmo que no es una película fácil de ver, sobre todo porque cualquier espectador tiene sus propias creencias y estructuras morales. Y muchas de ellas serán zarandeadas -cuando no, destruidas- a lo largo de la proyección. Ahora todo vale para adentrarse en el mundo de la psicopatía porque ¿cómo iba a ser si no? Porque no solo hablamos de violencia: hablamos de crueldad, de tortura, de todo tipo de maltrato y crimen (en el sentido más amplio de la palabra, créanme que tus peores temores estarán representados casi con total seguridad en esta película). Cosas que poca gente puede ver con un estado de ánimo templado, ya que todos nos sentiremos muy tocados con este relato. Pero dentro de toda esta barbarie, de todo este salvajismo carente de emotividad, existe un lirismo y una poesía pocas veces vista en la historia del cine que confirma, una vez más, la genialidad de este director, capaz de elevar al Olimpo del arte la suciedad más profunda del alma humana.

Aunque la (gran) controversia arrope cada fotograma en esta película, hay que hacer justicia y decir que aunque en efecto nos van a hacer viajar a través de un verdadero carnaval de los horrores, también consiguen que nos podamos asomar por primera vez de la manera más real posible a las motivaciones de un psicópata, donde las estructuras morales sencillamente, no existen.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
Aquaman
Aquaman (2018)
  • 6,0
    12.516
  • Estados Unidos James Wan
  • Jason Momoa, Amber Heard, Patrick Wilson, Willem Dafoe, ...
2
Se la podrían haber ahorrado (y yo también)
Como amante de cómics de toda la vida, tengo que reconocer que me ha costado realizar esta crítica. Sobre todo porque cuando vi la película no podía dar crédito a tal porquería: DC cómics y Warner, tras el relativo fracaso de sus anteriores películas de superhéroes, que tenían un tono mucho más profundo/grandilocuente, han decidido que lo que vende es el despelote, las gracietas, los efectos especiales y -como siempre han pensado los ejecutivos de Hollywood, que no tiene ni puta idea de cine- "hacer lo mismo que lo que ha funcionado antes". Bueno, pues con todos esos argumentos han destilado una película que, funcionando bien en taquilla (sobre todo por un lanzamiento publicitario realmente brutal, en la más clara estrategia de "toma el dinero y corre"...), es un despropósito de proporciones realmente dantescas: es muy difícil imaginarse algo tan zafio, tan chillón, tan hortera, tan mal escrito, tan poco coherente. Un delirio de colorines que más parecen unos dibujos animados (luego hablaremos de las referencias Disney...) que una película....

Si empezamos por el principio, Aquaman siempre ha sido -y creo que será- un superhéroe menor dentro del universo DC: ni ha tenido la fama de Supermán, ni la profundidad de Batman, ni la popularidad de Wonder Woman. Es más: únicamente a raíz de formar parte de la Liga de la Justicia -el grupo de superhéroes de DC- es cuando ha sido medianamente conocido por el gran público. Sus historias siempre fueron mediocres, y salvo cuando ha sido participado de autores como Alex Ross (en su impagable saga de cómics "Justice") siempre tuvo un perfil más infantil que otra cosa.

Su traslación al cine además ha tenido otro matiz importante: se han cargado al personaje, de punta a cabo. O sea, lo han reinventado estéticamente, por la única razón de haber cogido a un personaje famoso (Jason Momoa) y como se hizo famoso con la serie "Juego de Tronos", han intentado aprovecharse por la cara de esa popularidad haciendo que Aquaman ahora sea prácticamente igual que el personaje de Khal Drogo, que hizo famoso a ese actor. Y digo lo de "actor", porque el señor Momoa es un dechado de absoluta inexpresividad, cuando no de pésima interpretación. O sea que de un ilustre y noble príncipe submarino lampiño y de cabello rubio platino -precisamente características propias del personaje, que lo definen, como a Supermán lo define su capa y su capacidad de volar (y aquí me acuerdo de la conferencia de Kevin Smith cuando le dicen que hiciera el guión de una película de Supermán en la que no volara, ni tuviera capa...)- lo han reciclado en un macarra peludo, con rastas y tatuajes, marcando musculitos y que en los momentos de máxima tensión argumental, suelta un estúpido y ordinario chiste sin gracia. O sea, el acabóse.

A nivel argumental, hay tan poca chicha que se puede expresar con muy pocas palabras: una reina de Atlantis tiene un hijo con un farero y de él nace un mestizo que rivalizará con el otro hijo para reclamar el trono de los siete mares, en una batalla submarina en la que será ayudada por... ¿la sirenita? Si, si, como lo oyes, porque Amber Heard en esta película es casi una traslación del personaje de Ariel, la mismísima sirenita, tanto en estética como en carácter. Y esto me da pie para entrar en faena: hasta el pulpo que toca la batería en la famosa película de Disney aparece en la película; hasta el rey de los mares -que ahora lo interpreta Dolph Lundgren-. Es de no creer, cuando encima los efectos digitales de las secuencias submarinas llegan a ser tan chillones, tan extremos, con tantísimos colorines irreales, que parece que estemos en un videojuego barato. Vamos, si "Avatar" te parecía irreal, esto es ya directamente de Play Station de todo a cien.

Pero es que no es solo eso, es que el desquiciado argumento no avanza con una cierta coherencia, sino que lo hace sencillamente para que las cosas salgan como debe de salir: no sabemos cuáles son las "reglas" de ese supuesto mundo imaginario donde existe Atlantis, ni los poderes que tienen los seres del océano (y que van cambiando o sorprendiéndonos sin que los esperemos, para solucionar problemas), ni la presencia de ellos en la humanidad, ni cómo surgieron o por qué, ni nada de nada. Un despiporre que tiene menos credibilidad que un (mal) cuento infantil. Porque ese es nivel, señores: una película para niños no demasiado exigentes, que además mantiene la estructura de un (mal) programa de televisión, en el que si dejas de mirar un poco para comer palomitas, chocolatinas, ir al baño o rascarte la cabeza, tampoco importa mucho, porque no te pierdes nada. Y como a los niños le gustan los dinosaurios, pues dinosaurios al canto. Y como les gustan los tiburones, pues tres mil tiburones. Y pulpos, y Krakens, y calamares gigantes, y la madre que los parió. Un desmadre de los que pocas veces he visto en la historia del cine. Todo mezclado sin orden ni concierto, y palante, que esto es pa forrarnos y lo demás nos importa tres pepinos.
(CONTINUA EN SPOILER SIN SPOILER POR FALTA DE ESPACIO)
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19 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
El vicio del poder
El vicio del poder (2018)
  • 6,9
    6.522
  • Estados Unidos Adam McKay
  • Christian Bale, Amy Adams, Steve Carell, Sam Rockwell, ...
8
La sombra más poderosa
Resulta escalofriante asomarse a la visión de la vida de Dick Cheney, el que fuera vicepresidente durante el mandato de George W. Bush. Un personaje siniestro, taimado, mediocre, que consiguió ir medrando en Washington hasta convertirse en el personaje con más poder de los Estados Unidos de América, incluso por encima del propio presidente; porque Cheney, el "supervicepresidente", lo controlaba todo, desde el ejército hasta la energía o la política exterior. Alguien que se fue acercando poco a poco a las esferas de poder hasta llegar a convertirse en imprescindible, en alguien con el que había que contar. Alguien lo suficientemente listo como para ejercer el poder... sin parecer que lo ejercía. Es como si la sombra fuera más poderosa que la imagen.

Aunque suelo opinar que por definición, los biopics -esto es, las películas sobre la vida de alguien- suelen ser bastante aburridas, en este caso no sólo no es aburrida -la vida del personaje original, Cheney, es de todo menos aburrida...- sino que llega a ser apasionante: además de la sucesión de acontecimientos que cambian la vida del planeta (Nixon, la Guerra de Vietnam, la Guerra de Camboya, los atentados del 11 s, la guerra con Irak, etc.) que aunque ya hemos visto mil veces en televisión ahora nos la cuentan desde otro punto de vista, tenemos todo hilvanado con una narrativa endiabladamente ágil, con un ritmo sincopado que a ratos alcanza el tono de un documental frenético -muy al modo de Michael Moore, utilizando todos los recursos estilísticos- y en otros casos adopta una visión más clásica pero llena de una mordaz ironía. Es como una cebolla con muchas capas, y cada una de ellas tiene sus propias claves. Y por supuesto, lo más original es la identidad del narrador de toda la historia, alguien que, literalmente, salvó la vida al vicepresidente Cheney... -y ya no digo más-.

Otro elemento fundamental en esta película que adquiere un tono bastante coral, es el excelso nivel de las interpretaciones, a cada cual mejor: desde Sam Rockwell (George W. Bush) hasta Tyler Perry (Colin Powell), Steve Carell (Donald Rumsfield), Amy Adams (Lynne Cheney) y por supuesto, esa verdadera bestia de la interpretación, capaz de mimetizarse físicamente con cada personaje a unos niveles estratosféricos, Christian Bale. Porque es mucho más que haya engordado 30 kilos, o se haya rapado la cabeza. Es su perfecta imitación de su acento (te recomiendo encarecidamente que la veas en versión original, ya que recordemos que Bale es inglés, y en cambio mimetiza su acento de la Norteamérica más profunda...-, de su manera de hablar (con una parte de la boca cerrada), de su manera de mirar. Un verdadero tour de force para Bale, que le ha hecho ganar con toda justicia el Globo de Oro al mejor actor de comedia.

Porque ese es otro elemento que me ha sorprendido bastante: el tono de la película. Aunque cuenta cosas que pudieran no ser nada divertidas (de hecho, no lo son), McKay ha escrito un guión que no suelta el tono de comedia, por duro que pueda ser lo que se cuenta. Incluso el propio título del film (en original "Vice", que hace referencia a ser Vicepresidente...) también puede entenderse como su traducción del inglés al español "vicio", que es lo que realmente siente Cheney, el vicio del poder, el conseguir el poder al precio que sea, pero intentando por todos los medios que se note lo menos posible. Básicamente, porque si ejerciendo el poder se comete algún error -que no te quepa duda que se van a cometer, eso precisamente define el tener poder...- al estar en la sombra, el marrón termina comiéndoselo otro. Toda una reflexión digna de los Borgia o del mismísimo Maquiavelo, que quedarían como unos aficionados frente a los entresijos actuales de la política mundial.

Aunque tiene momentos en los que ritmo decae, es una obra bastante apreciable, que tiene un arrollador tono irreverente y que se ríe de todo y de todos, empezando precisamente por las películas que intentan cambiar el mundo, y por supuesto, por las posibles ideas que podamos tener de la política y de los políticos. Un recorrido por una galería de verdaderos personajes dignos de una película. Y quizás por eso funcione tan bien la película: porque son personajes tan extremos, tan reconocibles, tan ridículos, tan claros... que casi parecía imprescindible mostrarlos al público en todo su esplendor, sin corazas, ni por supuesto, camuflaje o maquillaje alguno.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Tiempo después
Tiempo después (2018)
  • 6,0
    3.084
  • España José Luis Cuerda
  • Roberto Álamo, Miguel Rellán, Blanca Suárez, Arturo Valls, ...
2
Sigo pensando lo mismo: una completa estupidez
Nunca lo llegué a entender: puedo comprender que ciertos chistes pueden tener su gracia, entiendo la (relativa) ironía...pero de eso a convertir "Amanece que no es poco" en una película de culto, me parecer demencial. Porque no tiene estructura, ni forma, ni fondo, no es más que una sucesión de chistes -algunos buenos y brillantes, pero la mayoría mediocres, sin gracia y con mucho aire de pedantería e irritante superioridad intelectual...- mal hilvanados. Lo peor del asunto, es que si no conoces ni entras en ese peculiar sentido del humor, la película resulta realmente insufrible. Y encima hay que aguantar a los "iluminados" que se supone que han entendido perfectamente el mensaje de la película, que la consideran la quintaesencia de la modernidad, de la locuacidad y la imaginación. Tócate la peineta...

Bueno, pues exactamente en la misma clave, exactamente la misma, esta "Tiempo después" intenta replicar todo lo sucedido en "Amanece que no es poco", pero con la estructura de "Así en el cielo como en la tierra", sólo que en un remotísimo futuro: el mundo entero se condensa en un único edificio en medio de la nada, y el resto del planeta está inhabitado, con la única excepción de los parados, que malviven en unas chabolas. Ese frágil "equilibrio" existencial se quiebra cuando un parado entra en el edificio para vender limonada, y todo se lía.

El microcosmos que tan acertada y divertidamente encajaba Cuerda en "Así en el cielo como en la tierra", representando el cielo como un pueblo español de los años 50, ahora tiene una traslación realmente chirriante en ese futuro distópico (hablamos del año 9000 de nuestra era, aproximadamente...). El problema es que volvemos a los chistes sobre el particular universo de cuerda, sobre la Guerra Civil, sobre la monarquía, la democracia, el capital, la revolución... otra vez sobre el proletariado, los sindicatos, la guardia civil y los funcionarios. Un ejercicio agotador, sobre todo porque exige que el espectador entre por narices en esas claves y si no es así, resulta literalmente insoportable. Chiste tras chiste, tras chiste, buscando una complicidad que o la tienes o no la tienes. Yo sinceramente, no la tengo. No pertenezco a la generación de Cuerda, ni me importan la mayoría de reflexiones que tiene, ni tengo sus influencias culturales, políticas o filosóficas. Y muchas de esas "gracias", no solo no me resultan graciosas, sino que me provocan una gran nostalgia, cuando no, una gran tristeza. Más que nada, por comprobar que tanto el tono como el fondo, no ha cambiado nada. O sea, que si no eres amigo de Cuerda, o conoces perfectamente las claves (muy particulares) de su sentido del humor, te quedas como el convidado de piedra, con una sonrisa forzada esperando a reírte... cuando nada tiene gracia.

Me sorprendió sobremanera que al final de la proyección -que por cierto, estaba llena a reventar- algunos espectadores aplaudieran. Me sentí, sinceramente, como el niño del cuento de "El Traje del Rey", en el que un sastre convenció al Rey en hacerle un traje de un tejido invisible, y todos por no contradecirle le decían que estaba elegantísimo, cuando en realidad estaba desnudo y un niño fue el único en decir la verdad y destapar al farsante. ¿Es que nadie se da cuenta de la estupidez que supone y que es esta película, por muy bien que esté arropada por un reparto estelar (y mediático) dentro del cine español? (desde Roberto Álamo a Blanca Suárez, pasando por Miguel Rellán, Arturo Valls, Carlos Areces, Andreu BuenaFuente...).

En serio, fui esperanzado y con la intención de hacer "tabula rasa" a todos los prejuicios que ya tuve en su día con "Amanece que no es poco", pero por más esfuerzos que hice en entrar en la historia (y en los chistes) me fue materialmente imposible, porque esta película es pedante, los chistes son muy malos, las reflexiones filosóficas son de todo a cien y el ridículo no solo está usado para fustigar las estructuras sociales (y económicas) sino que es lo que provoca esta película, desde el primer al último fotograma. Y encima, para rematar la faena, con una voz en off que intenta explicarnos todo.
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18 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ralph rompe Internet
Ralph rompe Internet (2018)
  • 6,7
    7.293
  • Estados Unidos Rich Moore, Phil Johnston
  • Animation
8
De cabeza a la nostalgia... tecnológica
La verdad es que la primera parte de esta delirante aventura basada en los videojuegos me gustó tanto, que me resistía a ver la segunda parte, habida cuenta de la política comercial de Disney (productora de la primera parte) cuando algo le funciona: esto es, replicar con los menos cambios posibles la fórmula anterior sin comerse mucho el coco, para volver a pegar el pelotazo y llevárselo crudo. Pero cuál no fue mi sorpresa que esta segunda parte de las aventuras del malo de los videojuegos más tierno de la historia no solo recoge el testigo del buen hacer de la primera parte, sino que de manera muy inteligente, integra las últimas tecnologías de la comunicación en la historia, ya que ahora además de un salón de videojuegos más o menos modernos, a Ralph y a Vanellope los meten nada más y nada menos que en internet.

No sé si ha sido algo fortuito, o se les ha errado un poco el tiro, pero a Disney le ha salido una película mucho más adulta, y de contenido más profundo que la primera parte: aunque los niños pudieran divertirse con los colorines de Sugar Rush (el videojuego de carreras de la niña protagonista) y la torpeza del tarugo de Ralph (que siempre lo rompe todo...) seguro que no captarán las bromas sobre youtube, twitter, facebook, ebay, youtube, amazon y todo el universo de la red que está en la película magníficamente encajada: todo ese universo de buscadores, de google, de juegos en línea, de realidad virtual, se añade a la ecuación de los personajes, poniéndolos en situaciones verdaderamente descacharrantes, como cuando Vanellope aparece en la trastienda donde se encuentran todas las princesas Disney, desde Pocahontas a la Bella Durmiente, pasando por La Sirenita o Jasmin. Mucha chicha argumental, cómplice y divertidísima. Impropia de Disney, vamos.

Además el gran gigante del entretenimiento mete todas sus franquicias en la película, desde Star Wars a Marvel, desde los soldados de asalto del imperio hasta Iron Man, un delirio cómplice que a poco que hayas cogido una consola alguna vez, hará que conectes con la historia de manera inmediata. Igual que sucedía en la primera parte, pero aún mejor.

No hace falta que diga que visualmente la película es igual o más impresionante que la primera, y que es capaz de recrear todo tipo de videojuegos, desde los clásicos de 8 bits, hasta los hiperrealistas de carreras de coches. La única pega que le pongo a toda la película son los últimos 5 minutos, que podrían haberse resuelto visualmente (y argumentalmente) de manera mucho más imaginativa, aunque en su favor hay que decir que la resolución final tiene su gracia.
Desde luego, creo que no es "la película de las navidades", aunque Disney lo haya intentado: es algo mucho mayor, algo mejor. Algo más profundo, en el nivel de la saga "Toy Story". Pude ver la película con una sala llena a rebosar de niños, y la mayoría no conectaban con la historia, porque resulta demasiado adulta, y eran los padres los que se reían ante los chistes. Quizás el público adolescente, más presente en internet y las redes sociales, si que pueda verse identificado con la historia, al igual que los adultos. No obstante, para mí ha supuesto un soplo de aire fresco, una muy imaginativa historia, y el reencuentro de personajes tan entrañables como los de esta película. Lástima que en nuestro país no podamos disfrutar de las voces originales de Ralph (John C. Reilly) y de Vanellope (Sarah Silverman), porque en el original son verdaderamente divertidos.
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Durante la tormenta
Durante la tormenta (2018)
  • 6,5
    5.008
  • España Oriol Paulo
  • Adriana Ugarte, Chino Darín, Álvaro Morte, Javier Gutiérrez, ...
7
Muy bien, pero...
Sin llegar a hacer aspavientos, parece que la producción en cine (y ya puestos, en series...) de A3 media es infinitamente mejor que la de Mediaset, ya que realiza productos de mejor factura, profundidad y efectividad. Y encima de diferentes géneros, ya que Mediaset parece haberse especializado en comedias estúpidas con muy poco interés. En este ámbito, y con la vocación legítima de ser buen cine de género, está este film que recupera la famosa diatriba de los viajes en el tiempo para retorcer una historia en varias líneas argumentales y ver dónde nos lleva. Paulo, además ha tenido la capacidad de trufar toda la historia con elementos de "thriller" policíaco, llegando a grandes niveles de tensión e incluso sorpresa, algo muy de agradecer.

El problema es que, aunque estamos ante un film apreciable, a Paulo le pasa siempre lo del "pero". Es un buen cineasta, pero no remata sus películas. Escribe guiones interesantes, pero no los termina bien. Puede ser un gran cineasta pero le falta convencer en sus películas... ese "pero" revolotea por todo lo que hace, aunque eso no quite que reconozca que tiene bastante talento y que seguramente dentro de un tiempo, conseguirá pulir mucho mejor sus películas y subir el nivel (que dicho sea de paso, para lo que se hace actualmente en España, está más que bien).

La sugerente premisa -una mujer se comunica fortuitamente con el pasado, llegando a tener la capacidad de cambiar el futuro modificando ese contacto...- desgraciadamente ya la hemos visto en infinidad de ocasiones en el cine: cualquier aficionado al cine fantástico podría recitar de memoria todas esas películas que desde el inicio del cine, hasta la saga de "Regreso al futuro" han jugado con las paradojas temporales. Pero hay una cinta del año 2000, "Frequency", que tiene demasiados elementos en común, ya que aunque en esa película el elemento de unión temporal era una radio y en la que nos ocupa es una cámara de video y una televisión antigua, esa modificación de la línea espacio-temporal también se repite, ocasionando por un lado elementos positivos, pero desgraciada e inesperadamente, también acontecimientos muy negativos. No obstante, el guión juega bien con el suspense y mantiene bien el interés.

La factura de la película es más que correcta, pero ya que estamos con los "peros", le pondría uno muy gordo a la banda sonora de Fernando Velázquez, que llega incluso a recordarnos los tópicos del "Mickey Mousing" -evoluciones ridículas de la música a la vez que los personajes realizan alguna acción...- que desvirtúa el buen tono general de una película que realmente tiene estilo, pero que podría haber mejorado (y ya que estamos, también le eliminaría ese casi permanente filtro ocre estilo "hipster", le subiría la iluminación y el contraste, que llega a ser cansina esa imagen).

Otro "pero" es la dirección de actores, que a veces parece írsele de las manos a Paulo, llegando a resultar ridículamente sobreactuados algunos actores en momentos que realmente no pegan en absoluto (me sorprendió especialmente la excelente Adriana Ugarte, que aunque está realmente bien en el film y sobre ella recae todo el gran peso de la película, tiene algunos momentos en los que, poniendo cara de loca, se sale completamente del registro y del tono general de la escena. Y eso no es culpa de la actriz, sino del director, que no sabe explicarle bien el tono y grado del personaje en ese momento). No obstante, el nivel actoral es realmente bueno ya que además de Ugarte, también están brillantes Chino Darín, Álvaro Morte y Javier Gutiérrez (bueno, siempre lo están, pero aquí funcionan realmente bien en sus personajes).

En realidad, cuesta un poco entrar en la historia, ya que se intenta desde una versión "científica" explicar -bastante mal, por cierto- el fenómeno. Parece mentira que no hayamos aprendido nada de series televisivas como "Cuentos asombrosos", "En los límites de la realidad" o "Creepshow", donde sucedían acontecimientos naturales sin explicación y en ese contexto, nos contaban una historia. Y no pasaba nada, pero precisamente porque nos sitúan perfectamente en la situación (explicándonos algunas reglas someras) pero sin caer en la explicación exhaustiva, porque entre otras cosas, además de ridícula, suele funcionar justo al revés: nos saca de la historia.

A pesar de todo lo anterior, es una película muy interesante, que logra conectar casi todo el tiempo y que, a pesar de sus "peros", tiene un buen desenlace.
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5 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
Superlópez
Superlópez (2018)
  • 4,5
    3.946
  • España Javier Ruiz Caldera
  • Dani Rovira, Alexandra Jiménez, Julián López, Maribel Verdú, ...
3
Como un pollo sin cabeza
Para entender este engendro de proporciones dantescas, hay que retroceder un poco en el tiempo, concretamente hasta 1973, año en el que el humorista y dibujante Jan crea una sátira del famoso superhéroe norteamericano "Supermán", solo que con todas las claves más rancias de una visión clara de "España Cañí": el bigote que bien podría haber pertenecido a López Vázquez, el Renault 5, la oficina clásica de chupatintas... y así un largo etcétera hasta llegar a la familia española "de acogida" que cría al extraterrestre del planeta Chitón. Todo muy esperpéntico, todo muy ridículo, todo muy extremo, muy simplón, muy infantil.

En la modestia de una editorial española de cómics -aquí, historietas o TBOs- puede que el personaje funcionara para un público que quería cachondearse del hombre de acero con el rizo en la frente y al que únicamente la afecta la Kryptonita. Vale, pero más allá de todo esto, y como producto de cómic, puramente encajado, Superlópez era bastante mediocre. Tanto en su guión -que lo único que pretendía era parodiar (y mal) todo el universo de superhéroes norteamericano (y aquí mezclaban con bastante poco criterio Marvel y DC con "El supergrupo" en el que estaba el "Capitán Hispania" -en vez del Capitán América, toma ya-, el Bruto -una especie de "La Cosa" de los 4 Fantásticos-, el robot -réplica cutre de Iron Man-, el Mago -primo lejano del Dr. Extraño-... todo realmente ridículo, es la única palabra que se me ocurre utilizar. Y no lo digo ya como conocedor del mundo de los superhéroes norteamericanos, sino simplemente como amante de la fantasía gráfica. Con todo esto, recuerdo una serie de televisión que también quiere satirizar a "Supermán", solo que lo hizo con infinita más inteligencia, porque "El Gran héroe Americano" también tenía su sorna, y era muchísimo más divertido ver a un profesor de instituto con ricitos dorados darse tortazos volando con un traje alienígena que no sabía manejar. Una vez más, repito que cuánto tenemos que aprender de la ficción audiovisual que llega de Estados Unidos...

Una vez contextualizado, parece que los ejecutivos de Mediaset se frotaban las manos para entrar en la muy rentable liga de las películas basadas en cómics, en la que la Marvel/Disney y la DC/Warner se están forrando. Claro que la diferencia es que estas películas se lo toman todo lo seriamente que pueden, y tienen unos presupuestos de vértigo, mientras que aquí nos lo intentamos tomar a cachondeo y tenemos la cuarta parte de ese presupuesto. Y el resultado, tanto de hacer una película que corre como pollo sin cabeza por un público por un lado infantil, por otro juvenil, por otro adulto, para crear un producto sin identidad y que busca la risa fácil, como por utilizar los recursos de manera algo torticera, es de lo más lamentable: ¿es una sátira social? Pues si... y no. ¿Es una comedia familiar? Pues si... y no. Total, que al final una cosa por otra y la casa sin barrer.

Y lo peor que le puede pasar a una comedia -o al menos, esa es la vocación última del este cómic, de este personaje y de esta película- es que no haga gracia y no haga reír, que es lo que le pasa a esta versión descafeinada -como no podía ser de otra forma, por la fuente y origen- de los superhéroes. En cuanto al poco imaginativo argumento, basta trasladar todo el imaginario de Supermán a España cambiando alguna que otra letra (el Planeta Kryptón por el planeta Chitón y así...): un niño es enviado en una nave espacial a la tierra en la que una familia lo cría como si fuera humano, hasta que un día descubre sus poderes que empleará para hacer el bien, y blablabla.

Si las historietas de Jan tenían como única "gracia" del personaje ver la situación de un superhéroe en nuestro país, Borja Cobeaga y Diego San José -guionistas de "Ocho apellidos vascos"...- intentan replicar con bastante poco éxito y aún menos imaginación todas estas anécdotas en una retahíla muy poco coherente y mal hilvanada de situaciones donde supuestamente "toca reír", pero donde no te ríes. Nada.

El monologuista reciclado en actor Dani Rovira, máxima estrella del show, realiza nuevamente su papel de atolondrado al que le sobrepasa todo, e intenta colar algún que otro momento divertido, pero que insisto, no tiene ni siquiera un poquito de gracia. Su falta de recursos en la interpretación es tan dolorosamente patente como su falta de gracia: mucho mejor le hubiera ido al malagueño seguir en el Club de la Comedia, aunque claro, la diferencia entre el papel que representa para caer bien y hacer gracia no se corresponde en absoluto con su verdadera personalidad. Del resto de actores es mejor no hablar, ya que resulta realmente vergonzoso ver el esfuerzo de intentar creerse unos papeles que rayan de tal forma en el ridículo que cuando pasen unos pocos años, provocarán verdaderos bochornos a quienes hayan estado vinculados a este proyecto, empezando por Casablanc y terminando por Maribel Verdú (que quizás es la única que medio se salve de este descalabre).

SIGUE EN SPOILER SIN SPOILER POR FALTA DE ESPACIO
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16 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
Bohemian Rhapsody
Bohemian Rhapsody (2018)
  • 7,4
    32.064
  • Reino Unido Bryan Singer
  • Rami Malek, Joseph Mazzello, Ben Hardy, Gwilym Lee, ...
6
Tribute movie con esteroides
Que Queen ha sido uno de los grupos más importantes en la historia del pop-rock no es nada nuevo. Su estilo rompedor que mezclaba notas clásicas -incluso operísticas- con los ritmos más pegadizos y comerciales atesoró a legiones de admiradores -entre los que me incluyo-. O sea, que a todo el mundo le gusta Queen. Una vez dicho esto, queda clara mi admiración incondicional no solo ante esta banda, sino hacia su cantante, Freddy Mercury. Pero una vez aclarado esto, hay que reconocer también la mitificación que se ha hecho de este personaje a raíz de su trágica muerte por el SIDA, porque cuando alguien joven muere, siempre tendemos de manera natural a elevarlo a niveles estratosféricos, en todos los sentidos (como sucedió con James Dean, Marilyn Monroe, etc.).

Este proyecto, que pretendía ensalzar la figura de Mercury ha sido controvertido desde sus inicios, empezando por la búsqueda desesperada de un actor que diera vida a tan controvertido personaje como el divino Freddy, aunque han logrado encontrar a un excelente actor -Rami Malek, aunque antes iban a ser Sacha Baron Cohen, Daniel Radcliffe, Dominic Cooper, Ben Whishaw...-, que a base de una prótesis dental y unos retoques estéticos, ha conseguido un notable parecido con el cantante de la banda. Tampoco podemos olvidar que su director -y productor- Bryan Singer fue despedido antes de finalizar el rodaje siendo sustituido por Dexter Fletcher, que terminó dirigiendo la película hasta el final (sin estar acreditado). Y como guinda del pastel, varios guionistas también han ido escribiendo diferentes versiones de la historia desde el principio del proyecto en 2010, hasta que se empezó a rodar finalmente en 2017.

Un verdadero calvario creativo y de producción que ha terminado con una película tan políticamente correcta... que es lo más alejado que pueda existir para una banda que se llamaba irónicamente Queen precisamente como homenaje descarado, divertido e irreverente al término inglés -que además de significar literalmente "Reina", también se refería a los homosexuales que alardean de su condición, o sea, con mucha pluma-. Si además añadimos el elemento innegable de que toda biografía convertida en película suele ser aburrida -la vida normal de alguien, por apasionante que pueda parecer, es SIEMPRE menos interesante que cualquier guión cinematográfico- tenemos un producto que a base de haber sido limado de todos los contenidos controvertidos -que son lo realmente interesantes en esta historia, como sexo, drogas, promiscuidad, etc.- ha quedado desvaído. Bien, las imágenes y las canciones son muy espectaculares y a todo el mundo le gustan, pero no va más allá que un inmenso y carísimo karaoke, en una especie de película "tribute band" -o sea, esos grupos que imitan con gran realismo a bandas famosas, como hacen "Los Escarabajos" en Sevilla con Los Beatles-.

La historia de Farrokh Bulsara desde que llegara a conocer a Brian May y Roger Taylor para formar Queen y se convirtiera en Freddy Mercury, más sus relaciones sentimentales con Mary Austin y su cuestionamiento a la bisexualidad, más su desavenencias con la banda para comenzar una carrera en solitario y el reencuentro con sus amigos para dar el superconciertazo Live Aid en el estado de Wembley en Londres tras conocer que tiene SIDA son los elementos que se entretejen en una historia que como digo, ha sido desprovista de las controversias de sobra conocidas en la promiscua vida de Mercury. Todo muy correcto. Demasiado correcto, diría yo. Y para ver una recreación del concierto de Queen en Wembley en 1985 ya está youtube, que lo puedes ver enterito. De punta a cabo. Y no con actores, sino con los Queen auténticos y de verdad.

Entonces yo me pregunto ¿es suficiente para hacer una buena película buscar a un (buen) actor que se parezca muchísimo al personaje? Pues no, como ya se demostró en "Jobs", ya que por mucho que Ashton Kutcher se mimetizara en el creador de Apple tampoco creó una buena película. Pues algo así ha sucedido en "Bohemian Rapsody": si, Malek se parece bastante a Mercury, pero... ¿eso es garantía para una buena película? Pues no, oiga. Sobre todo porque no te cuenta lo que todo el mundo quiere saber sobre Mercury y sobre Queen, ya que lo que cuenta es lo que todo el mundo ya conoce -esto es, su faceta más pública y artística-.

¿Espectacularidad? Pues claro, con casi 53 millones de dólares de presupuesto ya podrán hacer una película tremendamente grande, tremendamente espectacular. ¿Interés? Muy limitado, sobre todo porque ya sabemos todo lo que nos están contando, y no añaden nada nuevo. El masivo lanzamiento publicitario tampoco ha conseguido que la gente asista en masa a ver la película y a día de hoy, tras su estreno mundial el 24 de octubre solo ha conseguido internacionalmente algo más de 12 millones de dólares. O sea, un buen batacazo comercial, por mucho que quieran premiar la interpretación mimetizada de Malek en Mercury. Porque no es suficiente, aunque a veces pudiera serlo -como el caso de Gary Oldman convertido en Winston Churchill en "El instante más oscuro", que además de sus maratonianas sesiones de maquillaje, contaba con una excelentísima y brillante interpretación-. Desde mi punto de vista, es una película que ofrece muy poquito al espectador, y que de "Bohemian" (o sea, Bohemio, que es lo que define buena parte de este grupo y del propio Mercury) tiene poco o nada, porque para ver un concierto de Queen o escuchar sus canciones, no hace falta ir al cine. Sobre todo si lo que vemos son sucedáneos en playback, más que los originales.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
La sombra de la ley
La sombra de la ley (2018)
  • 5,9
    3.226
  • España Dani de la Torre
  • Luis Tosar, Michelle Jenner, Vicente Romero, Ernesto Alterio, ...
8
Si, se puede
Durante muchos años nos hemos quejado de que el cine español -esa entelequia apenas existente...- no ofrece al público productos comerciales de calidad, de que lo único que se le ofrecía al espectador eran dramas intimistas -que normalmente tenían poco presupuesto-. Pero el pulso actual de la situación del cine en nuestro país nos demuestra que no, que somos capaces de crear películas de gran producción, recreaciones históricas, comedias comerciales, y todo ello de gran calidad. Si, se puede hacer. Otra cosa es la voluntad y la capacidad de quienes se meten en estos fregaos.

Y da la casualidad que Dani de la Torre se ha arremangado y se ha metido de lleno en un complejo universo histórico, del que ha salido airoso al crear una película heredera del cine clásico de gángsters, demostrando que todos esos conflictos que hemos visto en las caras de George Raft, de James Cagney, de Humphrey Bogart, también pasaban en España. Que si en Chicago había ley seca y mafiosos, en Barcelona en 1921 había cabarets, extorsiones, sindicalistas, anarquistas, políticos corruptos y policía brutal. Un caldo de cultivo que puede explotar en cualquier momento y de la manera más agresiva. Si en su primera largometraje deslumbró con "El desconocido", con una narrativa deslumbrante y una buena trama, ahora se confirma la capacidad para contar una historia con gran soltura y sin bajar el ritmo en ningún momento: las más de dos horas de proyección te mantienen absolutamente pegado al asiento, con una fascinante historia contada de la mejor manera posible y con una factura de auténtico lujo. Cine español de gran nivel.
Pero ese marco histórico no serviría de nada sin una buena historia, y esta película la tiene: justo antes del golpe de estado que realizó el general Primo de Rivera en España en 1923, la convulsa situación laboral de principios del siglo XX en Barcelona se desequilibra cuando un tren que transporta una partida de armas del ejército es robado. Y la policía tiene que encontrar esas armas como sea, llegando un policía desde Madrid para ayudar a las investigaciones...

Aunque es cierto que el dibujo de personajes es un poco grueso -o todo lo grueso que se pudiera esperar de reconocibles arquetipos como los mafiosos, los policías, los militares, los políticos, los anarquistas...- el excelente trabajo en la dirección de actores suple ese trazo que podría haber sido mejorable, destacando sobre todo el protagonista, Luis Tosar, en plan héroe clásico que viene a sacar la basura y arreglar todos los entuertos. Merece la pena también señalar a Ernesto Alterio, que confirma su gran versatilidad con el personaje de un policía corrupto verdaderamente nauseabundo, así como un Vicente Romero que da vida al jefe de una infame brigada de investigación que puede tener todos los vicios imaginables. Y los inimaginables, también. En general, está representado casi el actual "all-star" del cine español, desde la preciosa Michelle Jenner hasta Paco Tous o Fernando Cayo, todos muy bien encajados en sus respectivos personajes.

Pero lo que realmente me ha llamado la atención, además de la deslumbrante (y cara) producción que recrea a la perfección y de manera absolutamente creíble la Barcelona de principios del siglo XX, es la maestría del director a la hora de rodar secuencias de acción que en nada tienen que envidiar a las del Hollywood más clásico -e incluso del más actual-. Había momentos en los que, evidentemente, veíamos "Los intocables de Eliot Ness" de DePalma, el "Cotton Club" de Coppola o "Camino a la Perdición" de Mendes. Pero todo ello encajado en lo más castizo de nuestro país, amén de trazar la reflexión de que en todos sitios se cuecen habas, y que lo ilegal -desde la prostitución, la extorsión, o la mismísima guerra- es lo mejor para hacerse rico rápidamente. También merece la pena señalar la excelente banda sonora

Resulta irónico que en el 2018, con todos los problemas que estamos viviendo en todos los ámbitos, podamos ver que a principios del siglo pasado también pasaba aproximadamente lo mismo. Eso es lo maravilloso del cine norteamericano, que es capaz de revisar su propia historia a través de apasionantes aventuras, de personajes reconocibles (y creíbles) y de todo un imaginario que ya se ha implantado en el inconsciente colectivo del espectador: no es sólo el séptimo de caballería y el General Custer, o Wyatt Earp, o Al Capone, o al Teniente Coronel Kilgore -ese al que le gustaba el olor del napalm por la mañana en las playas de Vietnam porque olía a victoria-, sino todos aquellos personajes que nos han desvelado las apasionantes historias que han sucedido en el pasado.

Todos los países y pueblos las tienen, igual de fascinantes, igual de intrincadas: nuestro país, las tiene como el que más: desde Viriato a Boabdil, desde Felipe II a Pepe Botella. Se puede hacer cine comercial, cine espectáculo, sin caer en la poca calidad. Si, se puede hacer cine tan fascinante como el más clásico cine americano, con la misma factura y con el mismo empaque. Y lo que es mejor, con personajes igual o más fascinantes.
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6 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
El reino
El reino (2018)
  • 7,4
    15.306
  • España Rodrigo Sorogoyen
  • Antonio de la Torre, Josep Maria Pou, Nacho Fresneda, Ana Wagener, ...
8
De la Torre, solo ante el peligro
Sorogoyen ya se mostró como un hábil realizador en su anterior película "Que Dios nos perdone" tomando también una página real de nuestra historia -la llegada del Papa a Madrid el 2011, el movimiento 15-m, etc.- para enmarcar un thriller policíaco muy bien articulado con personajes muy potentes y con la habilidad de volver a contar, en clave patria, la fórmula explotada hasta la saciedad de los dos policías antagónicos a la caza de un psicópata. Bien, pues ahora y contando con la misma coguionista Isabel Peña, es capaz de volverse a mirar en el espejo de una realidad dolorosamente reconocible, la de la corrupción política en España. Ahí queda eso.

Como amante del séptimo arte, siempre he admirado la capacidad que tiene la sociedad norteamericana de mostrar claramente -y a veces, dolorosamente e incluso ridículamente- sus propios problemas sociales en todos los ámbitos, fustigando los peores temores y fantasmas y aireándolos para contar historias apasionantes. Desde los narcotraficantes de Miami hasta la Guerra Civil; desde las masacres a los Indios apaches hasta la Guerra de Vietnam. En todos y cada uno de esos ámbitos hemos visto a héroes y antihéroes, en perfectas trasposiciones dramáticas -a veces ficticias y otras basadas con total evidencia en casos reales- de todas las bases argumentales de las historias más clásicas, heredadas de la mismísima dramática Aristotélica.

Y eso, en el cine español se ha hecho poco; o se ha hecho quizás de una hábil manera cómica, como realizó el maestro Berlanga, mostrándonos en un espejo nuestros más ridículos aspectos de nuestra historia. Pero pocas veces se ha utilizado el marco de la realidad para contar una ficción cinematográfica con verdadero interés: tendríamos que remontarnos a los mágicos "El Crack" y "El crack 2" de Garci para ver algo en este sentido. Pero Sorogoyen, con gran inteligencia y dotado de una gran capacidad como realizador, ha revisado y actualizado este modo de ver cine, y nos ha ofrecido un producto realmente brillante; excelente tanto en forma como en fondo. Con un marco, el de la corrupción política, que tantas y tantas veces hemos oído -y visto- en la televisión, en la prensa, en la radio, en el congreso, en el bar de la esquina...en todos sitios. Por todos lados.

En ese contexto en el que nadie conoce a nadie, en el que todos son amigos hasta que dejan de serlo por verse implicados, en el que todo el mundo calla, consiente y mira hacia otro lado, cuando te llega el momento y te toca, te toca. Y es el momento en el que las ratas abandonan el barco en tropel, el momento del sálvese quien pueda. Al precio que sea, llegando el famoso -e infame- y peligroso "fuego amigo", el cruel "cuerpo a tierra que vienen los nuestros".

Pero lo más original de la historia es que, aunque hayamos visto esta fórmula por poner un ejemplo en la famosa "Uno de los nuestros" de Scorsese -de la que es justa heredera tanto a nivel argumental como a nivel visual- Sorogoyen tiene la gran habilidad (y capacidad) de contextualizarla hace unos cuantos años en nuestro país: el vicepresidente de una comunidad autónoma se ve implicado en un caso grave de corrupción, y es entonces cuando todos los miembros del partido al que pertenece, y que siempre lo han apoyado, ahora le dan la espalda, echándolo a los leones; ante lo que él, claro, intentará contraatacar con todo lo que pueda, y hablando en términos políticos, intentando "poner en marcha el ventilador de mierda" para que todo el mundo tema acabar salpicado y de esa forma salvarse...

De alguna forma, viendo este estiloso (y estilizado) film he recordado a Fred Zinemman y su "Sólo ante el peligro", e incluso su "remake" en "Atmósfera Cero" de Hyams: el protagonista se ve poco a poco desprovisto de quienes le apoyan, hasta que, a la desesperada, intentará sobrevivir como pueda. Este enfrentamiento no solo lo podemos ver a nivel argumental, en una espiral cada vez mayor de desesperación -y hasta locura- sino también a nivel actoral: no hay que descubrir que Antonio de la Torre es uno de los mejores actores que existen en nuestro país, y se enfrenta a los nombres más floridos de la interpretación del panorama nacional -Pou, Wagener, Lennie, Fresneda...- saliendo no solo airoso, sino de manera superlativa. Su interpretación está llena de matices, desde la mayor calma a la ironía, de la compasión a la crueldad, de la complicidad a la traición, una verdadera sinfonía actoral que orquesta con una maestría realmente apabullante. Su mirada azul puede acerarse de la manera más fría o compungirse en lágrimas con la mayor calidez. Y todo ello con una demoledora credibilidad, humanizando al corrupto, como Ray Liotta humanizó al gánster de "Uno de los nuestros" -referencia que hicimos anteriormente y no ya a nivel narrativo y visual, sino también interpretativo-. Porque De la Torre es la incuestionable estrella del show; sobre sus hombros recae todo el peso de la película, y consigue soportarlo sobradamente. Es más: creo que pocos actores habrían sabido dibujar tan bien un tipo de personaje tan reconocible en la España actual.

Aunque el guión es realmente modélico en muchos casos, no es menos cierto que desde mi modesto punto de vista, contiene cierta ingenuidad: hay varios momentos en los que no resultan creíbles ciertas reacciones, sobre todo cuando la acción se precipita y la integridad personal -y familiar- del protagonista se ve comprometida. No obstante, son momentos puntuales que están sobradamente compensados por otros picos de gran intensidad dramática absolutamente desgarradora, articulados con una dirección deslumbrante, que no deja respirar ni un segundo de las más de dos horas y diez de proyección que pasan en un verdadero suspiro.
SIGUE EN SPOILER SIN SPOILER POR FALTA DE ESPACIO
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10 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
Carmen y Lola
Carmen y Lola (2018)
  • 6,9
    6.035
  • España Arantxa Echevarria
  • Zaira Morales, Rosy Rodriguez, Moreno Borja, Carolina Yuste, ...
8
Sentido y Sensibilidad
La gran valentía que ha tenido Arantxa Echevarría a la hora de hacer esta película ha sido impresionante por tres motivos: el primero por volver a rebuscar en el tema del lesbianismo en el cine reciente, después de la impresionante "La Vida de Adèle" de Abdellatif Kechiche, que nos dejó a todos maravillados por su narrativa y por la originalidad al tocar el tema; el segundo, por acercarse a una etnia y grupo social tan cerrado como el de los gitanos, que mantienen sus tradiciones al precio que sea y que no suelen ser precisamente bienvenidos los extraños a este universo -aunque recientemente se ha aireado bastante en los reality shows con "Gipsy Kings", por ejemplo...-; y para rematar el riesgo creativo, utilizar a actores no profesionales para contar su historia. Y lo que es mejor: todo ello contado con una sensibilidad exquisita, con un buen gusto que maravilla desde el primer plano, que te desarma ante cualquier prejuicio que pudieras tener en cualquiera de los sentidos, y es capaz de acercarte a una preciosa historia de amor, simplificando todos los condicionantes secundarios y quedándonos con lo más importante: con los sentimientos que provoca ese amor.

Se nota bastante lo muy curtida que está esta directora a la hora de acometer su primer largometraje, ya que además de haber participado en mil y un documentales para varios programas televisivos, también se ha ganado un laureado nombre en el mundo del cortometraje de ficción, especialmente con su primer trabajo "De noche y de pronto", donde define un asfixiante entorno de lo cotidiano, que podría incluso ser heredero del mismísimo Polanski en "El quimérico inquilino". Además también ha participado en un proyecto norteamericano de carácter internacional "7 from Etheria" en el que siete directoras realizan siete interesantes visiones sobre el terror. Este bagaje se transmite en una narrativa tan fluida "que parece de verdad", algo inusualmente visto en el cine de ficción, y que solo genios como Truffaut han conseguido con filmes como "Los 400 golpes" o "La noche americana".

En esta clave, Echevarría tiene la capacidad de asomarse desde una óptica neutra, sin llegar a tomar partido ni en un sentido ni en otro, lo que aún pudiera tener más mérito, ya que sitúa al espectador en la casilla de salida para un verdadero muestrario de emociones, que en una progresión excelente, llega a un clímax que si bien podría haberse resuelto algo mejor, si que contiene una gran carga lírica. Todo un logro para un primer film, que además de haber costado la ridícula cifra de 750.000 €, ha conseguido competir por la cámara de oro en la quincena de jóvenes realizadores del Festival Internacional de Cannes.

La protagonista del film, una jovencísima gitana que fantasea con su sexualidad y que no tiene claro nada, se encuentra fortuitamente con otra chica de su edad que está a punto de ser prometida. En ese entorno de clanes familiares, de matrimonios casi concertados, de una inercia social casi imparable de detener, es donde empieza a crecer una relación clandestina pero irrefrenable, que intentará por todos los medios salir adelante a pesar de tener todos los factores y condicionantes en contra, con la amenaza de enfrentarse a todo lo que significa ese mundo tan estático y condicionado.

Además de la sutil narrativa y del -repito- excelente gusto a la hora de tratar este tema, lo que verdaderamente me ha maravillado de esta primera película -lo vuelvo a recordar porque merece la pena resaltar la madurez de la directora- es la dirección de actores: es verdaderamente complicado realizar una película de ficción con actores noveles y que no resulte ridícula o poco creíble. Pero en este caso, es un trabajo impecable el que se ha realizado, y no solo con las dos actrices protagonistas -que están realmente bien- sino con todos los actores secundarios que dan vida a todos esos personajes en el extremo, casi al margen del mundo que no sea el suyo propio e incapaces de admitir que pudiera existir otro modo de vida. El torbellino dramático que el espectador está previniendo desde el principio de la historia se va desencadenando a un ritmo pausado pero imparable, y es otro de los elementos que está muy bien dosificado en la cinta.

Una verdadera maravilla, un claro caso de "sleeper" -películas de las que nadie espera nada, pero que se convierten en poco tiempo en grandes éxitos de público y crítica- que ha funcionando realmente bien en su estreno y que auguro un gran éxito en todos los niveles. Resulta realmente gratificante cómo el cine, además de entretener -y esta película lo hace en todo su metraje- puede aportar visiones que dinamicen y hagan avanzar a la sociedad.
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
Misión imposible: Fallout
Misión imposible: Fallout (2018)
  • 6,7
    12.941
  • Estados Unidos Christopher McQuarrie
  • Tom Cruise, Rebecca Ferguson, Henry Cavill, Simon Pegg, ...
9
Mejor que nunca
Seis veces ya se ha enfrentado el amigo Tom Cruise en salvar al mundo, y las seis veces lo ha conseguido (¿o acaso lo dudabas en esta ocasión? Pues claro...-y esto no tiene que ser un "spoiler", porque si hay alguna característica especial en el personaje de Ethan Hunt es precisamente esa, que al final después de muchos problemas, y de mucho correr, termina salvando al mundo-). Pero lo que es verdaderamente difícil es sortear problemas cada vez mayores: no solo desde fuera, sino también desde dentro.

Y lo que es aún más importante: hacerlo utilizando los elementos más clásicos del cine de acción. Si en otras entregas veíamos aventuras tan rocambolescas como escalar el edificio más grande del mundo (El Burj Khalifa de Dubai), o sumergirse en una piscina de refrigeración de ordenadores en Marruecos, ahora todo es más prosaico: se le puede parar a uno el corazón con una persecución de coches y motos de las de toda la vida, sólo hace falta una buena coreografía, un montaje impecable, y una banda sonora sencillamente perfecta. Quizás éste sea uno de los elementos que más destaco de toda la película, ya que la partitura de Lorne Balfe rescata las notas clásicas del leitmotiv de la saga televisiva creada por Lalo Schiffrin, pero además otros elementos de esa banda sonora que le van al pelo a esta película que merece estar en el puesto más alto en el Olimpo del cine de acción, del cine de acción con mayúsculas.

Vale, hay que reconocer que además de los elementos clásicos de este tipo de películas -motos, coches, etc.- hay otros tantos que te dejan verdaderamente patidifuso, tanto por la imaginación como por cómo se componen visualmente. El salto en paracaídas a gran altitud y la lucha entre los dos helicópteros -que por cierto, Tom Cruise realizó en persona casi en todo momento y con la ayuda mínima de especialistas...- son verdaderos prodigios, glorificaciones absolutas de lo que debe ser la narrativa audiovisual. Y por supuesto, capaces de provocarte una taquicardia casi de manera inmediata. También quería resaltar otra secuencia que me impactó bastante, no ya por lo previsible de la pelea que vamos a ver si o si, sino por cómo se realiza, se cuenta y muestra: aunque Schwarzenegger en "Mentiras Arriesgadas" y Daniel Craig en "Casino Royale" casi certificaron cómo podía ser una pelea en un cuarto de baño con todos los elementos propios (lavabos, inodoros, puertas, azulejos...) en esta película se reinventa este tipo de secuencias, con Tom Cruise, Henry Cavill y el especialista en artes marciales Liang Yang: olvídate de todas las peleas que has visto jamás en una gran pantalla, porque esto es llevarlo a otro nivel, que va superándose a cada cambio de plano, y que además define a cada personaje con un estilo de lucha distinto (desde la habilidad de Hunt a la brutalidad de Cavill y la deslumbrante agilidad de Yang).

En cuanto al argumento, el film rescata al terrorista que Hunt detuvo (hace tres películas) Solomon Lane en un nuevo argumento en el que un grupo terrorista quiere hacer detonar tres cabezas nucleares para acabar con buena parte de la humanidad. Como también ha pasado anteriormente, la FMI (Fuerza de Misión Imposible) entra en conflicto con otros estamentos tanto norteamericanos (CIA) como de otros países (MI6 británico). Es precisamente cuando al CIA se mete por medio cuando al equipo clásico de Hunt le obligan a aceptar a un nuevo miembro, August Walker, una auténtica mala bestia que no tiene la elegancia ni sutileza de nuestro héroe favorito. En palabras de su superior, "vosotros sois un bisturí, y yo quiero un martillo". El guión además rescata (y soluciona de alguna forma, a modo de epílogo) muchos argumentos que giran en torno a Hunt, sus amores y sus deseos. A todo ello, también han que subrayar que el equipo está más integrado que nunca, resaltando las personalidades de cada uno (Luther, Benji...) con gran sentido del humor -que termina funcionando bien- y descentralizando un poco la figura de Hunt, como de hecho era la filosofía del equipo televisivo original creado por Geller.
Lo cierto es que a Cruise se le empiezan a notar los añitos, y aunque siga corriendo y peleando como pocos, ya no tiene mucha edad para estar precisamente al nivel de por ejemplo, Henry Cavill. Claro, es que Tom a sus 56 años, por muy bien conservado que está, no puede compararse a los 35 años de Henry Cavill, su metro ochenta y cinco y sus casi cien kilos de músculo. Y por cierto, si teníamos alguna duda de quién podría sustituir a Craig en la franquicia de 007, ya no existe dicha duda: Cavill es sencillamente perfecto, pudiendo llegar a conseguir tanta "molonidad" (palabra para definir el grado de lo que mola algo, verbigracia de un buen amigo...) como en su día la tuvieron Ian McKellen (que fue Gandalf y Magneto), Harrison Ford (que fue Blade Runner, Han Solo e Indiana Jones) y ahora Cavill, que en un doble tirabuzón puede convertirse en los dos héroes más icónicos tanto del cómic, como del cine: Supermán y James Bond.

O sea, que estamos como suele decirse en el circo, en el "más difícil todavía": más acción, más adrenalina, más tensión, y por supuesto, todo en el último segundo, cuando parece que ya no tenía solución. Es como si cada cinco minutos estuviera estallando una bomba, pero bueno, es la inercia que esta franquicia ha impuesto desde hace años, y el caso es que le sigue funcionando de manera impecable. Y mejor que nunca.
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5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ant-Man y la Avispa
Ant-Man y la Avispa (2018)
  • 6,0
    14.290
  • Estados Unidos Peyton Reed
  • Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, ...
7
Con sabor propio
Vale, ya estamos todos un poco hasta las narices de películas de superhéroes. Las dos grandes compañías -Marvel y DC- nos tienen hastiados de personajes con poderes que son capaces de destrozar coches, edificios y hasta ciudades enteras. La infografía ha llegado a niveles tales de exageración que casi no es necesario desatar el presupuesto: ya puede ser rentable ese despliegue alucinante audiovisual. Perfecto, pero el gran problema es que se intenta que todo se base en esas apabullantes imágenes y con tal de que rasquemos un poquito, el guión hace aguas por todas partes y llega a resultar ridículo y por supuesto infantil. Si, incluso DC -que ahora se le supone más "adulta" que Marvel, después de haber sido vampirizada por Disney...- ha banalizado sus personajes más icónicos -Supermán y Batman- en "La Liga de la Justicia" para hacerlos más cercanos al público infantil. Pues estamos bien...

El caso es que Ant-Man (o sea, El Hombre Hormiga, el de la primera película...) era una isla desierta dentro del universo cinemático de Marvel: tenía su propio sello, con un protagonista -Scott Lang- que era lo más parecido al anti-héroe, empezando porque no era más que un vulgar chorizo del tres al cuarto que se ve de buenas a primeras con un traje especial que lo reduce al tamaño de una hormiga. Cercano a la verborrea y la poca vergüenza de Spiderman, el personaje ahora tiene problemas personales después de su divorcio, etc. Pero como a Marvel le gusta utilizar todas sus cartas, Ant-Man ha participado en la penúltima del Capitán América (Civil War), ayudando a una parte de los superhéroes a salir de un problema. Y claro, ahora está pagando las consecuencias... pero el inventor del traje reductor, el Dr. Hank Pym, y su hija, Hope Van Dyne, van a requerir otra vez de su ayuda porque hay una posibilidad de sacar del "reino cuántico" (una especie de universo sub-atómico) a Janet Van Dyne, la Avispa original, esposa de Pym y madre de Hope. Y para colmo, aparece un misterioso personaje que parece traspasar las paredes y materializarse a voluntad, para robar la tecnología cuántica de Pym...
A este preámbulo han de sumarse los arcos argumentales de los amiguetes de Lang, que añaden una nota cómica aún más pronunciada y la verdad, algo pasada de vueltas. Como también está de lo más ridículo un personaje maloso realmente innecesario para la historia y que es de verdadera opereta barata. Totalmente ridículo, al nivel de cualquier película infantil de bajo presupuesto.

Evidentemente, no voy a hablar de los efectos visuales -que por cierto, se ven casi todos en el tráiler y son verdaderamente impresionantes- pero si del guión: en este punto hay que diferenciar entre el argumento y el desarrollo. El argumento es verdaderamente ridículo, y de ridículo llega a resultar hasta autoparódico -cosa que a veces funciona, con un sentido del humor liviano, aunque divertido, y otras veces no tiene gracia ninguna- pero el desarrollo es realmente bueno, casi modélico diría yo: las peripecias -esto es, los giros de guión, el encaje de las tramas en los personajes, etc.- están muy bien enlazadas, y te mantiene en tensión hasta literalmente el final de la película. Aunque también es verdad que puede llegar a resultar agotador, porque siempre hay algo que se opone a que a los personajes les salgan bien las cosas.

Paul Rudd, ya encajado a la perfección en el personaje, utiliza todo su repertorio bien aprendido de recursos cómicos en su historial con Apatow, para dotar al personaje de Scott Lang de una verborrea y espontaneidad que choca un poco con alguna grandilocuencia del universo Marvel/Disney, dándole además ese punto macarra y barriobajero tan identificativo y diferencial de otros personajes como el Capitán América, Iron Man, Thor o Spiderman. Ese registro cómico, que tan bien se controló en la primera parte y que se dosificó con gran inteligencia, ahora se va un poco de las manos, con chistes a veces realmente inoportunos.

Aunque antes he dicho que no voy a hablar de los efectos visuales, me arrepiento, si que voy a hacerlo: más allá de las reducciones o ampliaciones de los personajes, hay que resaltar la perfecta recreación juvenil de Michael Douglas, Michelle Pfeiffer y Laurence Fishburne. Si en la última película Marvel vimos a un Robert Downey Jr. rejuvenecido, ahora el proceso es muchísimo más perfecto, de una naturalidad sorprendente. La tecnología es ya capaz de coger a un actor y hacerlo rejuvenecer o envejecer a voluntad con total credibilidad. Increíble.

Con esto llego a la conclusión: aunque estemos ya un poquito hasta las narices de personajes con mallas que corren, vuelan, golpean y destrozan cosas, "Ant-Man y la Avispa" es un gran espectáculo, que funciona, y con sabor propio, diferenciándose del tono de otros superhéroes Marvel/Disney. Y funciona a todos los niveles, desde los niños a los adultos (tuve la oportunidad de verla en una sala con niños y adultos y todos, absolutamente todos -yo también, por cierto- disfrutaron de la cinta). Personalmente le habría quitado algo de humor y la habría hecho más trascendente (en los cómics el personaje de Pym y de la Avispa son bastante adultos, y no tienen tanto sentido del humor, con conflictos matrimoniales e incluso con malos tratos, en el universo ultimate...), y el personaje de Scott Lang me chirría un poco. No ya por encajar en un sector demográfico claramente ubicado y reconocible en la sociedad y el cine norteamericano (padre maduro divorciado desastre con problemas con la ley...), sino porque aunque pueda resultar más creíble como superhéroe, también lo haría menos amante de chascarrillos y chistes. Claro que yo tengo el referente de los cómics, y para mi Ant-Man siempre será Hank Pym, y no el advenedizo Lang.

Y una pequeña pregunta para los distribuidores españoles: ¿Por qué Ant-Man (en inglés) y La Avispa (en español)? O bien "Ant-Man y Wasp (Avispa)" o bien "Hombre Hormiga y La Avispa". Vamos, digo yo...
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil