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Críticas de Eduardo
Críticas ordenadas por:
Extraña aventura
Extraña aventura (1954)
  • Estados Unidos Joseph Kane
  • Vera Ralston, Joan Leslie, Forrest Tucker, John Russell, ...
5
Canciones y colts
Durante 40 años, Joseph Kane dirigió unos 130 títulos, de los cuales muchos fueron westerns, la mayoría de serie C para abajo. En 1954 le encomendaron esta Extraña aventura, a mayor honra y gloria de Vera Ralston, a la sazón esposa de Herbert Yates, jefe de los estudios Republic, cuarenta años mayor que ella. Ralston era de origen checoslovaco y emigró a Estados Unidos en 1941, huyendo de la quema. Su inglés no era muy perfecto, y sus capacidades interpretativas harto limitadas, pero no obstante destacó en cintas de bajo presupuesto. En la presente, canta y pasea su espléndido busto por la pantalla, demostrando que como actriz poco había que hacer. Más que un western, se trata de un melodrama ambientado en el oeste, con canciones, disgustos tremebundos, lágrimas fáciles y una bonita banda sonora del especialista Victor Young. Hay un breve fragmento con indios, y hasta asoma su torcida jeta Jack Elam, al que vuelan la cabeza a los pocos segundos, como era de prever. También descuella en un papel secundario el inmundo Pat O'Brien, uno de los actores más fascistas del cine estadounidense. El galán de turno es el rocoso Forrest Tucker, a quien la pobre viuda Joan Davis tira los tejos. Ralston intenta imitar a la Dietrich y fracasa en el empeño. La película es más larga de lo normal en Kane (103 minutos) y se hace plomiza cuando ves que todo son miradas perdidas, frases alambicadas y señoras necesitadas de amor, mucho amor. Respiras aliviado cuando aparecen las esperadas palabras THE END. En suma, poquita cosa, con el objetivo de empujar hacia adelante la carrera de Ralston, meta que no se alcanzó jamás.
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Enamorado de mi mujer
Enamorado de mi mujer (2018)
  • 4,4
    421
  • Francia Daniel Auteuil
  • Sandrine Kiberlain, Adriana Ugarte, Gérard Depardieu, Daniel Auteuil, ...
4
Fantasías húmedas
He manifestado en más de una ocasión mi enorme admiración y aprecio por Daniel Auteuil, uno de los mejores actores de su generación, gloria del cine galo, ganador de varios premios de interpretación, tan eficaz en la comedia como en el drama. La última vez que canté sus alabanzas fue con motivo de Una razón brillante/Le brio, donde entregaba un recital de buen hacer y entrega actoral. También ha tonteado con la dirección, aun que sus tres primeras piezas no se han visto en nuestras pantallas. La cuarta sí, esta Enamorado de mi mujer, y debo, bien a mi pesar, negarle incluso el aprobado y calificarla con un piadoso suspenso. Sospecho que la culpa es de la obra teatral en que se basa, pero lo hecho hecho está. La película narra las ensoñaciones sexuales que asaltan a un maduro editor cuando su amigo del alma (Gérard Depardieu, más monstruoso que nunca) va a cenar a su casa en compañía de su nueva pareja, una sensual española de ojos enormes y cuerpo hipnotizante (Adriana Ugarte, sin duda lo mejor de la función, aunque se desnuda poco). Realidad y fantasía se van entremezclando progresivamente, hasta que llega un momento en que dudas de todo y de todos, pero el proceso se lleva a cabo sin mucha gracia que digamos. Auteuil dirige como si estuviera rodando una obra para la televisión, con ocasionales escapadas a Ibiza, Barcelona (una escena que ruboriza al espectador más avezado) y Venecia. ¿Qué nos queda? La bonhomía de Depardieu, la elegancia de Sandrine Kiberlain, inolvidable Mademoiselle Chambon, y las payasadas de Auteuil, poco trabajadas. Buena banda sonora de Thomas Dutronc, hijo de la pareja "Salut les copians" Françoise Hardy y Jacques Dutronc.
Otra vez será, Daniel.
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La monja
La monja (2018)
  • 4,4
    7.971
  • Estados Unidos Corin Hardy
  • Taissa Farmiga, Demian Bichir, Jonas Bloquet, Bonnie Aarons, ...
3
Terror católico
Como todo el mundo sabe, o no, La monja es un spinoff de la saga The Conjuring, cuyo éxito me sigue asombrando a día de hoy, debido a la cantidad de despropósitos y chorradas que la adornan, empezando por ese tufillo tan molesto a propaganda católica.Está claro que a los estadounidenses les pirran los exorcismos y los demonios y los curas armados de incienso y agua bendita (en esta ocasión, y no es un spoiler, nuestros héroes disponen de unas gotas de... ¡la sangre de Cristo!). Corin Hardy dirige con efectismo, que no eficacia, esta estupidez filmada en Rumanía (de hecho, reconocí algunos lugares de cuando viajé a ese país en los Años Oscuros), salpimentada de sustitos, música amedrentadora y muchas sombras que impiden ver el sol. Es una pena que con escenarios tan ominosos se hagan tan mal las cosas. Demián Bichir pone cara de circunstancias mientras exorcisa a diestro y siniestro, aunque se lleva unas cuantas hostias en el proceso, con perdón. Taissa Farmiga, hermana menor de Vera, la protagonista de la saga, se muestra eficaz y entregada a la causa, y lo más loable de la cinta es su escasa duración. Despachada en apenas hora y media, el desaguisado cosechó 360 millones de dólares en todo el mundo, lo cual demuestra que cuando las cosas van mal todavía pueden ponerse a peor.
Para amantes de exorcismos y letanías varias.
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Ola de crímenes
Ola de crímenes (2018)
  • 4,3
    2.360
  • España Gracia Querejeta
  • Maribel Verdú, Juana Acosta, Paula Echevarría, Antonio Resines, ...
5
Bilbao negro
Hay películas malas y películas malas. Unas te irritan y otras te divierten, a pesar de sus maldades. Ola de crímenes es de estas últimas. Carece de pretensiones, es tontorrona, el guión tiene tantas lagunas que parece a punto de hundirse en cualquier momento, y se nota que los actores se lo están pasando en grande. La película está realizada a mayor honra y gloria de Maribel Verdú: las domingas de Maribel Verdú, los morrazos de Maribel Verdú, los ojazos de Maribel Verdú, su excelso rostro de habilidosa tragasables. Los demás pibones intentan ponerse a su altura, pero no lo consiguen. Los chicos van a saco: Resines adornando un papel que se sabe de memoria, bien hablitado por Raúl Peña, un Raúl Arévalo atontolinado, Javier Cámara a su bola, y Luis Tosar parodiándose a sí mismo. Veréis, ésta no es la Gracia Querejeta de Una estación de paso o Cuando vuelvas a mi lado, ni siquiera de El último viaje de Robert Rylands, que tanto cabreó a Javier Marías. Es un simple divertimento, un motivo para relajarse y echar unas carcajadas sin ton ni son, y a vivir que son dos días. Si la encaráis sin prejuicios, igual os lo pasáis bien y todo.
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Viaje alucinante
Viaje alucinante (1966)
  • 6,6
    3.756
  • Estados Unidos Richard Fleischer
  • Stephen Boyd, Raquel Welch, Donald Pleasence, Edmond O'Brien, ...
7
En el océano humano
La historia es tan conocida que me voy a ahorrar los detalles. No la veía desde su estreno, y a pesar de que los F/X están periclitados, la película resiste muy bien el paso del tiempo. Amenazan con un remake, cómo no, en 3D y todo, bajo la tutoría de James Cameron. Vista hoy, conserva toda la tensión y emoción de la primera vez, aunque te sepas el desenlace de memoria. Hay un buen trabajo en el color y una inteligente utilización del cinemascope, como no podía ser menos en el caso de este director infravalorado en ocasiones, Richard Fleischer, un autor siempre interesante incluso cuando no tiene un buen día (a partir de Mandingo fue de mal en peor; El cantor de jazz es imperdonable y Amytiville 3 un disparate). Vale la pena repasar sus primeros thrillers, cintas baratas y de metraje breve, auténticas lecciones de cine negro que deberían ser obligatorias en todas las escuelas de cine. El empleo de la música tampoco carece de interés: Leonard Rosenman, otro infravalorado (¿para cuándo una de esas interpretaciones en directo con su partitura de El señor de los anillos, la fallida adaptación de Ralph Bakshi?), sólo irrumpe a partir del momento en que el submarino penetra en el cuerpo del científico malherido, y es tan buena como intensa. El cuadro actoral acoge un puñado de secundarios sobrados de talento, desde Donald Pleasence hasta Arthur O'Connell, con un vigoroso Stephen Boyd al mando y una espectacular Raquel Welch, que no enseña nada, pero cada vez que se baja la cremallera del mono nos pone firmes. Cuenta la leyenda que ella le tiró los tejos, pero el intérprete irlandés aguantó sus insinuaciones impertérrito. Por el amor de Dios...
Un espectáculo muy entretenido para una idea brillante. Tan divertida hoy como ayer.
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Promesa al amanecer
Promesa al amanecer (2017)
  • 6,4
    334
  • Francia Eric Barbier
  • Charlotte Gainsbourg, Pierre Niney, Didier Bourdon, Jean-Pierre Darroussin, ...
5
Retrato del artista seriamente edípico
Romain Gary. Menuda vida. Militar, diplomático, novelista, cineasta... Ganador del Goncourt a su propio nombre y con el seudónimo de Émile Ajar, lo cual provocó una acalorada polémica. Seductor impenitente, hechizado por la figura de su madre, su segunda esposa fue la desdichada Jean Seberg, una frágil flor que sucumbió a los efectos de su vida con el genio. Se suicidó en 1979, un año antes que su marido.
Promesa al amanecer es la segunda versión de esta novela autobiográfica de Gary, un canto de amor a su madre, a la relación edípica más enfervorizada que se pueda imaginar. La primera adaptación se debió a Jules Dassin, y mis recuerdos me hablan de una película insufrible, con una Mlina Mercouri pasada de revoluciones que ponía de los nervios al espectador más bregado. No le va a la zaga Charlotte Gainsbourg en esta cinta de Eric Barbier, aunque sospecho que todo se debe a la novela en que se basa. Refiere la infancia de Gary, la insoportable presencia de su madre en todo momento de su existencia, esa pasión de Madre Judía que arrasa todo, invade todo, anula todo, obsesionada por la idea de que su hijo llegará a ser un gran hombre, un gran héroe, un gran literato, lo que sea pero grande. Gary ya en la Segunda Guerra Mundial, alistado en la aviación, un superviviente capaz de desafiar a la muerte en cada una de sus incursiones aéreas. Y, por fin, su triunfo literario, aupado por las cartas de su madre, que en realidad había muerto tres años antes... El ritmo de la película es irregular, el guión avanza algo a trompicones, y las interpretaciones lastran el esfuerzo. porque Pierre Niney tampoco anda fino. En suma, un esfuerzo fallido por diversos motivos.
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Las verdes praderas
Las verdes praderas (1979)
  • 6,2
    1.468
  • España José Luis Garci
  • Alfredo Landa, María Casanova, Irene Gutiérrez Caba, Carlos Larrañaga, ...
5
Sueños de urbanitas
Escribía a propósito de Solos en la madrugada que se le había quedado viejita a Garci esa película, y lo mismo ocurre con Las verdes praderas. Son obras muy coyunturales, fruto del momento político y sociológico de un país que acababa de salir de la mazmorra. Aquí nos relata las vicisitudes de la típica parejita pequeñoburguesa, con los dos hijos correspondientes, niño y niña, que compran un chalet en la sierra de Madrid y se las prometen muy felices, hasta que la realidad impone su ley. Suave crítica del afán consumista de la clase media, Garci adorna la función con una serie de personajes algo estereotipados que se encargarán de amargar la existencia al probo ejecutivo de una empresa de seguros y a su esposa. El humor se ha quedado algo rancio, y en el plano actoral debo confesar que nunca me ha entrado Alfredo Landa, a pesar de Los santos inocentes, ni María Casanova, que posteriormente abandonaría el cine para seguir su carrera de periodista. Con lo cual, Carlos Larrañaga e Irene Gutiérrez Caba roban la función sin el menor problema. Atención a una jovencísima y sensual Cecilia Roth.
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Revenge
Revenge (2017)
  • 5,7
    3.277
  • Francia Coralie Fargeat
  • Matilda Anna Ingrid Lutz, Kevin Janssens, Vincent Colombe, Guillaume Bouchède
2
Resurrección
En una lujosa villa asentada en el Marruecos profundo (vamos, que ni regalada), rodeada de la nada más absoluta, el propietario y dos amigotes se reúnen una vez al año para dar rienda suelta a su virilidad y practicar el noble arte de la caza, qué demonios. Pero este año algo falla: el dueño se retrasa y su amante, joven pero gloriosamente imbécil, se adelanta, y coincide con los otros dos amigos. En estas circunstancias, lo más sensato, y hasta diría que lo más normal, es pasearse semidesnuda por la casa, entregarse a bailes salaces y desenfrenados, y restregarles los pechos por las narices. Hasta que a uno de los cazadores se le calienta la escopeta y la encula, vamos, que le deja el culo como un bebedero de patos, bien apretadita contra un ventanal, para que al menos goce de buena vista, ya que no de lo otro. La retrasada huye, llega el amante, se cabrea y salen a darle caza. ¿Y si se va de la lengua y cuenta lo sucedido? Ellos son honrados hombres de negocios, casados y con hijos como Dios manda y todas esas cosas. ¡A por ella! Total, que la pobrecita, a punto de ser atrapada por los feroces sátiros, se cae por un barranco y queda empalada en una rama de árbol, una rama grande como la Tour Eiffel y afilada como una navaja. Y ellos se van, y ella... Logra desempalarse, curarse la herida y buscar venganza. A partir de ahí,... Se suceden los disparates.
Lo malo es que este bodrio se presenta como una parábola feminista, o sea, bodrio y con pretensiones. Lujosos movimientos de cámara, aprovechamiento de los paisajes naturales, economía de medios y toda la mandanga. Encima, aburre y tu interés decae desde el momento en que se cauteriza la herida con una lata de cerveza. Tomadura de pelo para crédulos de ambos sexos. La relacionan con aquella tontería titulada La violencia del sexo, protagonizada por Camille Keaton, pariente lejanísima del legendario cómico. Bien, es igual de mala y estúpida.
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Predator
Predator (2018)
  • 4,3
    7.219
  • Estados Unidos Shane Black
  • Boyd Holbrook, Olivia Munn, Trevante Rhodes, Sterling K. Brown, ...
2
Papá, mi asesino favorito
Depredador (1987) fue una feliz conjunción de aventuras, ciencia ficción y terror, que arrasó entre crítica y público. Eficaz vehículo para el lucimiento de Schwarzenegger, la dirigió con energía y convicción John McTiernan, y sin llegar al estatus de obra maestra se convirtió en un clásico del género. Estos éxitos pasan factura: los accionistas de Hollywood exigieron una secuela, Depredador 2 (1990), cuyo timón corrió a cargo del mediocre Stephen Hopkins, pese a lo cual la taquilla sonrió de nuevo..., aunque no tanto. En 2004, alguien tuvo la (in)feliz idea de reunir en un sólo volumen a Alien y Depredador, lo cual dio como triste aborto Alien vs. Predator, del especialista en videojuegos Paul W.S. Anderson, reservada a enfermos mentales como un servidor, a la que siguió Alien vs. Predator 2, de los infaustos hermanos Strause. No tengo palabras para expresar tanta inanidad. Cuando ya nos sentíamos a salvo de más secuelas, he aquí que se descuelga un Tal Nimród (sic) Antal con Predators (2010), protagonizada por el inefable e incalificable Adrien Brody, un bodrio de muchísimos quilates. Y de repente, para estupor de propios y extraños, nos llega Predator, una oda fascista habitada por presuntos seres humanos, que en cuanto les ves asomar la jeta ya te pones a rezar para que el malvado extraterrestre los devore a todos y ponga orden en este infausto planeta. Para entendernos, Predator sería la película favorita de Abascal si supiera lo que es el cine, un compendio de animaladas trumpianas que ríete tú del muro de México. Con un inexistente guión del torpe director, Shane Black, acompañado del otrora distinguido Fred Dekker (lo siento, queridos, pero este tipo nunca me gustó), una abismal banda sonora a cuatro manos entre Fred Jackman y el hoy apagado Alan Silvestri, compositor de la primera entrega, unos intérpretes, por decirlo de alguna manera, que bien merecerían ingresar en Guantánamo hoy mismo sin fecha de caducidad, y unos horripilantes efectos especiales que dan ganas de llorar, Predator se erige sin la menor dificultad en lo peor de lo peor filmado hasta el momento sobre nuestro aguerrido alienígena. Y encima amenazan con secuela... Chic@s, ver para creer...
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Una cuerda, un colt
Una cuerda, un colt (1969)
  • 5,6
    149
  • Francia Robert Hossein
  • Robert Hossein, Michèle Mercier, Guido Lollobrigida, Daniele Vargas, ...
6
Ocaso de un pistolero
Tal como su título indica, nos hallamos ante un western, en su modalidad spaghetti, pero con rasgos estilísticos y de guión que lo dotan de cierta especificidad. En primer lugar, el peso de la coproducción recae sobre la parte francesa, lo cual ya es definitorio. Nada de chorradas, chistecitos, payasadas y demás: es una película marcada por la fatalidad y cierto nihilismo heredero del existencialismo. Dirección, guión, fotografía, música y principales protagonistas son de nacionalidad gala. Y el realizador no es cualquiera: Robert Hossein, 91 años, todavía en activo en 2013, y cuyos inicios actorales se remontan a 1948. Pas mal. Hossein ya había coqueteado con el western en época temprana, 1961, con El sabor de la violencia, otra interesante incursión que valdría la pena recuperar. Si allí era Giovanna Ralli la protagonista, en Una cuerda, un Colt Hossein requiere los servicios de la deliciosa Michèle Mercier, muy lejos de su papel de Angelica en la saga de aventuras homónima, jamás vista en este desdichado país por mor de alguna teta que se le salía a Michèle del corpiño. No en vano Hossein era su partenaire en dicha serie. También aparecen en la cinta Serge Marquand y el extraño Michel Lemoine, en un papel hecho a su medida, y si IMDB no miente, un primerizo Fabio Testi.
Unos malvados ganaderos asesinan a un hombre que ha osado rebelarse contra ellos, y encima robarles un cargamento de oro, ante los ojos de su mujer (hierática Mercier, hermosísima; le sienta bien el luto, como a Electra).Obsesionada por vengarse, requiere los servicios de un pistolero retirado (Hossein, más hierático todavía), a quien había conocido en el pasado, para ayudarla en su implacable tarea. Pero la tragedia aguarda a todos los implicados...
Hossein filma con elegancia esta desolación en el desierto de Almería, y casi puedes sentir el polvo en la nariz. Los silencios sustituyen a los diálogos con una elocuencia brutal. Su padre, André Hossein, aporta una banda sonora que es todo un plagio, o un homenaje, según como se mire, al Morricone de la Trilogía del Dólar. De hecho, parece que el propio Leone intervenía en una escena como tabernero, pero en la versión emitida en la 2 el papel recae en Chris Huerta. Hossein admitió que Leone filmó la escena de la cena, y desechó la intervención de Dario Argento en el guión. Sea como sea, Una cuerda, un Colt es un elemento extraño en el cuerpo del spaghetti western y me gustó más de lo que esperaba. Magnífica escena final, que cierra un film tan personal como menospreciado. A reivindicar y recuperar.
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El pacto
El pacto (2018)
  • 4,6
    1.554
  • España David Victori
  • Belén Rueda, Mireia Oriol, Darío Grandinetti, Antonio Durán, ...
4
Pactos diabólicos
Seré misericordiosamente breve. Es una ópera prima, y se nota. Un cortar y pegar de otros éxitos del cine nacional. La labor de guionista de David Victori, a día de hoy, es de escasa enjundia. Véanse El hijo de Caín y la espantosa Segon origen, además de la que nos ocupa Si no hubiera tenido a Belén Rueda, aún habría sido peor. Belén, convertida en la reina del cine de terror hispano desde su aparición en El orfanato (qué olfato el de J.A. Bayona; lástima que sea tan cursi y lloriqueante como su poderoso mentor, Steven Spielberg), debería mirarse los guiones con más cariño. Ella ya sabe que con ese cuerpo, esa cara y sus dotes interpretativas se lo perdonamos (casi) todo, pero no sólo hay que llegar, sino mantenerse. Que haya mejor suerte la próxima vez.
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Solos en la madrugada
Solos en la madrugada (1978)
  • 6,3
    1.393
  • España José Luis Garci
  • José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Emma Cohen, Germán Cobos, ...
6
A las puertas de la Transición
Se le ha quedado viejita esta peli a José Luis Garci, por diversos motivos:
1) Es una obra muy coyuntural. España está a las puertas de las primeras elecciones democráticas, tras casi 40 años de dictadura franquista, y Garci entona un canto de esperanza al futuro, cauteloso, pero canto al fin y al cabo. No sólo ha cambiado la política, sino las relaciones en general, y las sexuales en particular. Lo cual provoca problemas a los hombres de su generación, incluso a los progres. Es una película testimonial de una época, de un tiempo y de un país, como diría Raimon.
2) Con la caída de la censura, todo el mundo se despelota, sobre todo ellas. Pero claro, plantar la cámara ante una señora con las sábanas por debajo de las tetas, en plan estatua de sal, tiene de erótico lo que yo de cardenal. Garci filma en plano medio a sus personajes en la cama, y no puedes evitar una sonrisa de ternura. ¡Qué falta de morbo, por Bakunin! Si bien agradecemos a Fiorella Faltoyano y a Emma Cohen su entrega a la causa. Eran tan jóvenes y hermosas...
3) Garci rinde homenaje al mundo de la radio, un tipo de radio hoy desaparecido para siempre. Y tiene gracia ese Solos en la madrugada, en la que José (Sacristán) escupe su mala leche del día a día, de las frustraciones, del desamor, del futuro incierto y las pequeñas putadas que te amargan la vida. Pero ese mundo también va a cambiar, radical y definitivamente.
4) El mismo tono de la película es pretérito. Garci no mueve mucho la cámara, opta por un estilo muy conservador y presta más atención a la literatura (los diálogos) que a la caligrafía de la imagen. Bueno, él siempre ha sido así, es un gran amante de los clásicos del cine, y se lo agradecemos.
Pero, en general, uno se siente solidario con su esforzado intento de ayudar al cambio que se está produciendo, y no dejar en demasiado buen lugar a los varones ibéricos, que en el fondo dan más ternurita que otra cosa. Después de tantos años de ver, de estreno, Asignatura pendiente, he tardado más 40 en ver su secuela. Y no me ha disgustado. Es eso, cuestión de ternurita.
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La quietud
La quietud (2018)
  • 6,0
    327
  • Argentina Pablo Trapero
  • Bérénice Bejo, Martina Gusman, Edgar Ramirez, Graciela Borges, ...
7
Las dos hermanas y el amor
El deceso o enfermedad terminal de un familiar suele ser el pretexto para analizar determinadas relaciones que unen o separan a las familias. Lo hemos visto repetido en varias ocasiones durante los últimos tiempos, y en La Quietud, nombre de una hacienda en la que transcurre casi toda la acción, vuelve a suceder. Tras el ictus del padre, una hija vuelve a Argentina desde París. Allí se reencuentra con su hermana, con quien comparte una complicidad casi incestuosa, y su madre. La convivencia descubrirá facetas desconocidas de sus padres, de ellas mismas, y de sus relaciones con otras personas, hasta que asoma la sombra de la dictadura militar, tema que no podía faltar en una película argentina.
Interesa la trama de las dos hermanas, tan parecidas físicamente, tan diferentes y, sin embargo, tan compenetradas, hasta el punto de compartir el mismo hombre. No parece su fuerte la madurez psíquica, y se intuye que la historia familiar, con esa madre tan reacia a abordar determinados temas y ese padre ausente forzosamente, oculta secretos tan dolorosos que más vale la pena sepultar en el olvido. La espléndida interpretación de Bérénice Bejo y Martina Gusman proporciona solidez a la historia, y ese asombroso parecido físico podría habernos acercado al tema del doble, pero Trapero prefiere ceñirse a un estricto realismo y no acercarse a tentaciones borgianas. Pero la irrupción del pasado manchado por la complicidad con los militares golpistas estropea un poco el conjunto del relato, aunque sirve para revelar los secretos que atormentan a los personajes (muy bien la veterana Graciela Borges en el papel de la madre).
En resumen, La Quietud es una película no bien resuelta del todo, pero muy interesante por esa inmersión en las zonas abisales de los sentimientos reprimidos.
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Ocean's 8
Ocean's 8 (2018)
  • 5,3
    8.361
  • Estados Unidos Gary Ross
  • Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway, Helena Bonham Carter, ...
5
Ellas dan el golpe
Ocean's 8 es una tontería, y no hay mucho de qué hablar. Aprovechando el éxito comercial de la saga Ocean, y el vigor del movimiento feminista, alguien tuvo la luminosa idea de repetir la jugada, pero esta vez con chicas. La hermana de Danny Ocean, ya fallecido, sale de la cárcel y proyecta el robo de un fabuloso collar de diamantes, valorado en unos 150 millones de nada. Para ello, se hace con los servicios de un par de chonis (Rihanna y Awkwafina), y unas actrices despistadas que pasaban por allí. El caso más flagrante es el de Cate Blanchett: nunca sabes si sale en la película o era la chica de los recados. En una fiesta de la revista Vogue llevan a cabo el golpe, que por supuesto les saldrá redondo, ya que los hombre son tontos y se quedan babeando ante faldas con raja y escotes de esos que llaman vertiginosos. Todo ello con mucha canción conocida y algunos cameos del mundo de la jet set, como está mandado. La gente acudió a las salas para ver a los pibones, y todo el mundo contento. ¿Habrá secuela? ¿Y a mí qué más me da? Tenía la tarde tonta, qué le vamos a hacer.
Para descerebrarse entre toneladas de glamour. No os perdáis el sombrerito, tocado o lo que sea de Helena Bonham Carter.
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Manos sucias
Manos sucias (1957)
  • 6,5
    106
  • España José Antonio de la Loma
  • Amedeo Nazzari, Lidia Alfonsi, Katia Loritz, Francisco Piquer, ...
6
La chica del parador
Cortesía de la 2, ésta es la primera película firmada por José Antonio de la Loma, gran pope del "quinqui film", cuya carrera empieza con esta coproducción hispano-italiana de tintes neorrealistas y querencia de cine negro. La sombra de El cartero siempre llama dos veces es alargada, pero claro, aquí no eran posibles esas cosas, aunque el realizador lo intenta. Un camionero provoca un accidente de la competencia para conseguir que su empleador le de el dinero que necesita para comprar una gasolinera (en los Monegros, nada menos), el sueño de su vida. Se agencia una rubia pletórica de curvas, sobre todo porque le ha visto manipulando el camión accidentado, y cree haber triunfado..., pero la rubia sueña con otros horizontes más amplios que la máquina de coser y la cocinita, y se camela a un tipo con descapotable para que la saque de aquel infierno. Naturalmente, todos los implicados sufrirán las consecuencias de sus lujuriosos actos...
Buena banda sonora de Roberto Nicolosi, estupenda ambientación en un pueblo que mataría de aburrimiento al santo Job, fotografía excelente de Cecilio Panigua, y un cuidado reparto redondean la jugada. La verdad es que no veía yo a Amedeo Nazzari, el Errol Flynn del cine italiano, galán por el que suspiraba la generación de mi madre, en el papel de rudo camionero, pero el hombre era un profesional y sale del apuro con dignidad. La propietaria de las excelsas curvas es Katia Loritz, encantadora actriz suiza a la que jamás olvidaremos en Atraco a las 3. Aquí está que se sale de la pantalla. Y en un pequeño papel, sin ni siquiera frase, otro pibón de la época, la inacabable María Martín, por la que suspiraba la generación de mi padre. a la que Bigas Luna regalaría un papel de oro en Bilbao.
En resumen, un quiero y no puedo, drama habitual de la época, pero resuelto con dignidad.
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Black 47
Black 47 (2018)
  • 6,1
    376
  • Irlanda Lance Daly
  • Hugo Weaving, James Frecheville, Stephen Rea, Freddie Fox, ...
7
Hambre y colonialismo
Escribía hace muy poco, a raíz del pase en M+ de Hostiles, que el western se resiste a fenecer en el siglo XXI. Si Hostiles es un western clásico, de indios y casacas azules, una excelente película relegada al cuarto oscuro por no seguir modas, Black '47 es un western camuflado, uno de los trucos que utiliza el género para sobrevivir en estos tiempos de ostracismo. Sea casualidad o no, esta cinta tampoco se ha estrenado en nuestro país, pese a sus estupendas cualidades, lo cual nos da que pensar. Está ambientada en los años aciagos de la gran hambruna irlandesa, cuatro años de dolor y miseria que dejaron como resultado un millón de muertos y un millón de emigrados..., mientras los invasores británicos exportaban toneladas de comida irlandesa a Inglaterra, indiferentes a lo que sucedía en su colonia. Como dice lord Kilmichael, el cruel explotador y asesino, "llegará un día en que ver irlandeses en Irlanda será tan raro como ver pieles rojas en Manhattan", lo cual resume bien a las claras la situación.
Un irlandés, desertor del ejército británico, vuelve a su país para reunirse con su familia. Lo que ve le impulsará a tomar partido por los desfavorecidos y convertirse en azote de los ocupantes. Durante la persecución a que se ve sometido, en la que participan también compatriotas, se desvelarán las causas políticas, económicas y sociales que un día, tiempo después, dieron nacimiento al IRA. Película oscura, acorde con la terrible realidad de la trama, tensa, violenta, rabiosa, un auténtico western en que basta cambiar a los irlandeses por los indios y a los militares británicos por la Caballería. Abunda en situaciones angustiosas, matanzas horrendas, fríos racionamientos, la despiadada lucha por la supervivencia. Si Jim Broadbent deslumbra como siempre en su breve papel, atención a un desconocido Hugo Weaving, lejos de sus papeles habituales en la saga de El señor de los anillos, al siempre fiable Stephen Rea, y al poco visto James Frecheville. Como seguramente pasará desapercibida, considero casi un deber llamar la atención sobre este film tan apasionante como trágico.
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The Old Man & the Gun
The Old Man & the Gun (2018)
  • 6,3
    2.267
  • Estados Unidos David Lowery
  • Robert Redford, Sissy Spacek, Casey Affleck, Danny Glover, ...
6
El último gran héroe
Durante la primera mitad de los años 60, Robert Redford se curte en todo tipo de series televisivas, hasta que en el 65 Gottfried Reinhardt le llama para Situación desesperada, pero menos, amena comedia ambientada en la Segunda Guerra Mundial, nada menos que con el gran Alec Guinnes como estrella. El chico llama la atención, Mulligan lo contrata para Inside Daisy Clover, con Natalie Wood y Christopher Plummer, y de repente llega la consagración con La jauría humana, que le convierte en uno de los chicos guapos más amados del cine. Después, Dos hombres y un destino, con su gran amigo Paul Newman, les catapultará al Olimpo de los grandes mitos. Se ha dicho hasta la saciedad que Redford es la quintaesencia del estadounidense liberal, lo más parecido a un hombre de izquierdas en el país de las barras y estrellas. Hombre inquieto,culto y viajado, impulsor del festival de Sundance, con una selecta filmografía como director, dice que se despide de la actuación con The Old Man & the Gun. Te lo puedes creer o no, según lleves ese día tu escepticismo. Yo creo que, como los viejos rockeros que se aferran a los escenarios, Redford no podrá resistir la llamada de los platós. Ya se verá.
De momento, su en teoría última película rinde homenaje al mito con este biopic más o menos apañadito del impenitente asaltante de bancos Forrest Tucker (nada que ver con el actor del mismo nombre). Se trata de una cinta pausada, reflexiva, relajada, un tono acorde con la edad del protagonista, en la que no ocurren demasiadas cosas, y en la que impera una atmósfera crepuscular. El mito se reúne con la deliciosa Sissy Spacek, la Carrie de nuestra juventud, su amor de invierno, y recibe el apoyo de Casey Affleck, muy acertado en su rol, Danny Glover y un desconocido Tom Waits (hasta parece que haya dejado el whisky). Keith Carradine asoma la jeta unos cinco segundos, se conoce que cortaron su papel, aunque se le verá más en la versión DVD. Una duración equilibrada, la fotografía en tonos también crepusculares, una inspirada banda sonora de Daniel Hart, sembrada de adecuadas canciones, todo ello contribuye a convertir The Old Man... en un hermoso tributo al último gran héroe estadounidense, una vez desaparecido su compinche Paul Newman. Una película bonita y entrañable.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Hostiles
Hostiles (2017)
  • 6,6
    2.211
  • Estados Unidos Scott Cooper
  • Christian Bale, Rosamund Pike, Wes Studi, Jesse Plemons, ...
8
Fin de trayecto
Me gustan las películas a contracorriente. Me gustan las películas que desafían a las modas, a los influencers, youtubers y demás escoria. Me gusta que alguien se atreva a rodar un western en 2017. Y me gusta que ese western le salga casi redondo, casi perfecto, casi modélico. Hostiles, por supuesto no estrenada en España (¿Para qué? ¿Para que sólo sepan apreciarla unos cuantos frikis aferrados al buen cine?), cortesía de TV1, habla de odio y respeto, de violencia y nostalgia, de cansancio y anhelo, del triste deambular de unos cuantos seres llamados humanos por las tierras del dolor y la amargura, futuros cadáveres que sólo dejarán como estela sus chillidos de terror ante la amenaza de la oscuridad eterna. Un odiador de indios, el capitán Quaid (un Christian Bale en estado de gracia) se ve obligado, si no quiere perder la pensión, a acompañar hasta su última morada al jefe cheyenne que ha sido su enemigo acérrimo durante décadas. Durante el trayecto, recogerá a una joven esposa y madre cuya familia ha sido masacrada por los sioux, y aprenderá unas cuantas cosas sobre lo que ocultan los prejuicios, el odio irracional y el ansia de matar al otro, al diferente. Con la dignidad y la convicción de un western clásico (no me cabe la menor duda de que John Ford lo habría aplaudido), Scott Cooper nos brinda un film tan majestuoso como deprimente, donde sólo el plano final, digno de un maestro, ofrece un ápice de esperanza. Las peleas son salvajes y sangrientas, sin caer en el gore; los espléndidos paisajes, maravillosamente fotografiados por Masanobu Takanayagi, componen un telón de fondo que dice mucho sobre el comportamiento de las personas que viven en él. La ternura apenas se abre camino entre tanto odio (la espléndida escena en que Rosamund Pike consuela sin palabras a Bale en la tienda), pero los sufrimientos resultan ser una magnífica escuela de aprendizaje, tal como descubrirán los damnificados por los nativos en su obligado contacto con ellos durante este viaje maldito. No pesan en ningún momento los 134 minutos de metraje, vives pendiente de cada plano, de cada secuencia, de cada gesto y palabra de sus protagonistas. No hay frases superfluas, ni fotograma de relleno. Los actores están magníficos, y la banda sonora de Max Richter posee la virtud de no apelar en ningún momento a los cánones instituidos por Elmer Bernstein, Max Steiner o Jerome Moross. Su partitura habla con voz propia, sin préstamos ni guiños.
Una película desoladora y atroz, hermosa, estremecedora, extranjera en tierra extraña. Un descubrimiento reconfortante. Esperamos más cine de Scott Cooper.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El guardaespaldas
El guardaespaldas (1963)
  • 6,3
    156
  • Francia Jean-Pierre Melville
  • Jean-Paul Belmondo, Charles Vanel, Michèle Mercier, Malvina Silberberg, ...
5
Viaje a ninguna parte
Cruel decepción. Era el polar de Melville que me faltaba por visionar. Se estrenó hacia 1965-66 en España y desapareció para siempre de la faz de la tierra. Acaba de salir en DVD. Me precipité hacia ella con manos temblorosas, y creo que hasta babeaba por las comisuras de los labios. ¡Tanto tiempo esperando! Vaya chasco. De entrada, no es un polar. Casi, pero no. El boxeador y el millonario estafador. Vale, Michel/Belmondo ve el anuncio, pequeñito, de buenas a primeras, y esa misma noche parte hacia Nueva York con su nuevo amo, después de perder el último combate y caer en la bancarrota. De paso, abandona a su amante. Llegan a la Gran Manzana y el millonario extrae del banco, como si tal cosa, 50 millones de dólares. Se dice pronto. Emprenden huida hacia el sur, hacia la lejana Caracas, pero se detienen cerca de Nueva Orleans. Durante el camino, Melville se emboba con el paisaje y pierde los papeles, los del guión y los otros. Salen personajes de una ridiculez desmesurada, como los agentes del fisco que persiguen a la extraña pareja, o la chiquita que hace autostop (pobre adorada Stefania, menudo papelón; si hasta está doblada al estadounidense en sus escasas frases). El escarnio se multiplica en el cochambroso pueblacho cerca de Nueva Orleans, con Jeff (como Jeff Costello, qué mala suerte) y su compinche gordinflón. A estas alturas, el boxeador ya tiene al millonario contra las cuerdas y hace lo que quiere con él. La película se resiente de haber rodado los exteriores in situ y los interiores en París, en el estudio del propio Melville. También se resiente de los infames diálogos y las inverosímiles situaciones. Belmondo pone cara de circunstancias, y Vanel, rey de los secundarios, defiende con uñas y dientes su papel. Asoma sus prietas carnes Michèle Mercier, en una escena de baile que sería pitada en El Molino, y se dispone a entrar en la bañera cuando Melville corta el plano. ¡Tarjeta roja! El final es precipitado y estúpido. Desconozco la novela de Simenon que inspiró la cinta, pero no puede ser tan mala como parece. O sí, Simenon era un estajanovista y se fundía las novelas en dos o tres días. Parece mentira que este Melville fuera el de Le samouraï o L'armée des ombres. Su amor por los paisajes estadounidenses también le gastó una mala pasada en Deux hommes dans Manhattan. Ésa era directamente muy mala. L'aîné dea Ferchaux sólo es mala. No me atrevo a suspenderla, por si alguien incita un linchamiento contra mí, aunque se lo merece. Ese mismo año, 1963, Melville rueda Le doulos/El confidente, y consigue su primera obra maestra. Claro, está rodada en París y aledaños, y no se distrae con tonterías. A partir de ahí, sería otro cantar.
Para incondicionales de Melville. Por cierto, dice la leyenda que uno de los secundarios en la pelea por el jukebox iba a ser un jovencísimo Robert De Niro. A Melville no le gustó y lo echó. Qué cosas. Tal vez se había roto las gafas aquel día, como Godard.
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Sácame de dudas
Sácame de dudas (2017)
  • 5,9
    528
  • Francia Carine Tardieu
  • François Damiens, Cécile De France, André Wilms, Alice de Lencquesaing, ...
7
¿Qué ocurrió entre tu padre y mi madre?
"Madres sólo hay una, pero padres puede haber muchos", me decía el presunto progenitor de un amigo cuando yo era pequeño. Así lo demuestra esta comedia francesa, con un toque de amargura, sobre las relaciones paternofiliales. Erwan es desactivador de minas, bombas y demás artilugios, obsequio de la Segunda Guerra Mundial, en las playas de mi amada Bretaña. Es viudo y vive con una hija que está preñada de un desconocido. Su obsesión es que la joven averigüe quién es el padre, pero a ella se la suda. Por obra y gracia de un análisis rutinario para descartar una enfermedad hereditaria, se entera de que su padre no es su padre biológico. Contrata a una detective muy peculiar para que investigue sus orígenes, y al cabo de poco la émula de Marlowe le participa que su verdadero padre vive a unos escasos veinte kilómetros de su casa. Por un quítame allá ese jabalí, Erwan conoce una noche a Anna, que pasa consulta médica en el pueblo donde habita su supuesto padre biológico, con el que ya ha congeniado. Se enamora de ella, pero resulta que es la hija del susodicho. Y crece la alarmante duda: ¿serán hermanos?
La película sigue en todo momento las desventuras de Erwan, su relación con los dos padres, su atracción hacia Anna, que es correspondida, su miedo a adentrarse en las olas procelosas del incesto. Los diálogos son reales como la vida misma, las situaciones creíbles, los personajes están trazados con trazos vigorosos, dejando al descubierto sus miedos, ansiedades y esperanzas. Hay espacio para la comedia (sobre todo cuando aparece el personaje de Didier), se aprovecha al máximo el agreste y extraordinario paisaje de Bretaña, sin caer en el síndrome de la postalita. La banda sonora nos obsequia con una de las canciones más tontas pero divertidas que he escuchado en mucho tiempo, Chiribim Chiribom, de las Barry Sisters, y con la estremecedora versión de Ma fille que canta el mítico Serge Reggiani. Carine Tardieu da un paso adelante después de la insatisfactoria Du vent dans mes mollets, y los actores están espléndidos, empezando por un estupendo François Damiens, siguiendo con un formidable Guy Marchand, y terminando con la maravillosa Cécile de France, quien despierta tanta ternura como deseo carnal. Una de las mejores actrices galas de su generación.
Muy recomendable para quienes creen que todas las comedias francesas son iguales.
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