arrow
Críticas de Telefunken
Críticas ordenadas por:
La batalla de Chile (Parte I): La insurrección de la burguesía
La batalla de Chile (Parte I): La insurrección de la burguesía (1975)
  • 8,2
    1.333
  • Chile Patricio Guzmán
  • Documentary, Salvador Allende, Abilio Fernández
9
En la edad de la soberanía
Entre 1975 y 1979, el cineasta chileno Patricio Guzman, exiliado en Francia y con el apoyó de Chris Marker, consiguió montar tres reportajes/documentales de valor inestimable bajo el título 'La batalla de Chile'. Son imágenes únicas, filmadas en el corazón de las calles y las industrias, una radiografía excepcional de la realidad social chilena durante los años del gobierno de Unidad Popular. Quedan como recuerdo fosilizado de un mundo que ya no existe. En ellas se ven escenas sobrecogedoras de lucha social, situaciones de tensión nacional que resultan tanto más estremecedoras en la medida en la que el espectador bien sabe lo que vino después. En las declaraciones de los entrevistados se masca una tragedia que ellos mismos estaban a punto de experimentar. El tercer fragmento de la serie, 'El poder popular', recopila ideas previas, pero fijándose en algo en lo que el ejemplo chileno resulta especialmente extraordinario: la fiera autogestión de millones de trabajadores, y el que se convirtió en eslogan de clase durante aquellos años: trabajar más, producir más. Consciente del boicot estadunidense y de los enemigos internos, la clase trabajadora estaba más unida que nunca en su solidaridad y voluntad de sacrificio. Hoy, en esta época en la que abundan las tonterías y en la que uno llega a escuchar cosas como que los EEUU han salido triunfantes por su espíritu protestante y los países sudamericanos son pobres debido a su pasado católico, sorprende ver a los trabajadores chilenos volcados en la eficiencia. Son, no obstante, la viva demostración de lo que una clase trabajadora era capaz de hacer, en otra época, en otro mundo, cuando todavía existía esperanza colectiva y cuando Chile (junto a otros países) todavía era un estado soberano.
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Cosmos: A Space-Time Odyssey (Serie de TV)
Cosmos: A Space-Time Odyssey (Serie de TV) (2014)
  • 8,7
    9.219
  • Estados Unidos Ann Druyan, Bill Pope, ...
  • Documentary, Neil deGrasse Tyson, Seth MacFarlane
10
La bendita curiosidad humana
Los ingleses se refieren con “mind-blowing” a todo aquello que resulta extremadamente excitante o sorprendente. Son los colores de palabras como éstas los que pintan la paleta que uno ha de tomar para hablar de series como “Cosmos: A Spacetime Odyssey”, la continuación de la serie que Carl Sagan inició hace casi cuarenta años. Diría que no tengo palabras para describir lo emocionante que me ha parecido cada episodio de esta serie documental, de no ser porque sí que las tengo, las palabras. Pongamos simplemente que hay algo llamado inteligencia humana, y que esta a su vez se compone de varios atributos: perseverancia, entendimiento… Curiosidad. “Cosmos” es un canto a la grandeza de esta última. La bendita curiosidad humana, germen de toda acción del intelecto, un prodigio que si, por casualidad, está bien narrado y talentosamente desarrollado, da lugar a la mejor historia jamás contada; la de las mentes curiosas que han levantado, tirado y vuelto a levantar las torres del conocimiento; son las historias de Giordano Bruno, Edmund Halley, Albert Einstein y tantos otros, transmitidas con la pasión del que sabe, y siente, la relevancia que las creaciones de la inteligencia han tenido en su época y en el porvenir. Emoción que se dispara ante lo que para el conocimiento todavía es remoto e incierto, y que induce a pensar una vez más cómo aquello que a veces llamamos “verdad” o “hecho objetivo” resulta inaccesible si no es mediante la curiosidad, la que duda, la que se tambalea, la que lo pasa mal para eventualmente llegar, o no, a alguna parte.
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El siglo del yo (Miniserie de TV)
El siglo del yo (Miniserie de TV) (2002)
  • 8,1
    848
  • Reino Unido Adam Curtis
  • Documentary
9
Documentar la sospecha
Podría decirse que éste es un repaso a las vecindades habidas entre el psicoanálisis y la sociedad de consumo, mediante diversas escalas en figuras que guardan alguna relación con la corriente psicoanalítica: Edward Bernays, Anna Freud, Esalen Institute, (carraspeo) Werner Erhard, Maslow… Multitud de nombres e instituciones, unas más conocidas y otras menos, todas ellas ligadas a fases específicas del consumismo; a la producción fordista en un primer momento, más tarde a los grupos focales, la segmentación de mercado y el universo de deseos infinitos del nuevo consumidor. Curtis propone una historia de cómo determinadas concepciones del yo han ido sentando las bases de una cultura en la que el individuo lo es todo mientras que lo común y los proyectos colectivos han caído en el olvido, si no en el desprestigio. Esa escalada de lo individual desde los setenta también ha afectado a la política, generalizándose el votante que se concibe a sí mismo como un comprador (no hay sociedad, solo individuos), generalizándose también el político que se concibe a sí mismo como un ‘marketer’ cuyo fin es escuchar pasiones efímeras y gobernar según ese dictado. Blair en GB, Clinton en EEUU, y un siglo que finaliza formulando una pregunta: si ésa es la política que queremos, ¿por qué no dejar gobernar directamente a los que mejor manejan esas pasiones, a las ya imperantes corporaciones?
[Leer más +]
10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
All Watched Over by Machines of Loving Grace (Miniserie de TV)
All Watched Over by Machines of Loving Grace (Miniserie de TV) (2011)
  • 7,8
    346
  • Reino Unido Adam Curtis
  • Documentary
9
La ideología que lo era sin serlo
Esta es la historia de las varias huellas -no todas- que el ‘western world’ ha ido dejando en su paulatina autoafirmación de que la autonomía y agencia humanas no son posibles y, por tanto, de que ya no podemos ni hace falta concebirnos como sujetos políticos.

Suena a denso ensayo de filosofía social, pero en manos de Curtis se vuelve un potente interrogatorio a rostros vivientes, grabaciones recuperadas y documentos que ponen su más callada voz, todo ello armado en un colosal montaje y con una música que va de acierto en acierto.

Son aquellas huellas que no reciben títulos como ‘Pearl Harbor’, ‘IIWW’ o similares, pero que en subsiguientes planos de relevancia histórica han ido sentando las bases para una concepción del individuo y de la sociedad en la que no tenemos nada que hacer como sujetos en sociedad aparte de comportarnos mecánicamente, muertas las grandes aspiraciones que una vez fueron razón para hablar de ‘ideología’. Y sin embargo, Curtis propone un retablo que representa ni más ni menos la definición certera de ‘ideología’, de una nueva ideología contemporánea que no se concibe como tal pero que lo es, precisamente oculta en su vestido de ideas científicas, tecnológicas e incluso ecológicas. Hablamos de esa ideología pujante y generalizada en la que el orden político no es un tema significativo, mientras que los -mal- considerados como representantes del mismo configuran una presencia innecesaria (‘los políticos, que se vayan, no los necesitamos’). Esa ideología que cree que sin política viviríamos más en calma, más ‘en equilibrio’, que no hacen falta ideologías porque se trata solamente de vivir libres y tranquilos (nótese la paradoja).

En ese mundo de ‘política innecesaria’ surge el héroe randiano y el ingeniero de Silicon Valley que sueña con individuos libres ante sus pantallas (en libres mundos paralelos que antaño fueron la web y que hoy se parecen más al bitcoin; apunto: ‘The Californian Ideology’, 1995). En ese mundo acudimos a la naturaleza en busca de quietud, aunque la naturaleza también sean incendios, torbellinos, turbulencias, destrucción y regeneración. En ese mundo surgen comunas en las que se pretende estar libres de ‘la política’ mediante la omisión de los problemas que ésta genera: desigualdad, conflicto, etc., y que precisamente al ser omitidos surgen con más fuerza todavía (lo contrario sería recuperar la asamblea, la capacidad de hablar de ideología, el posicionamiento de convicciones firmes).
[Leer más +]
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Ciutat morta (Ciudad muerta)
Ciutat morta (Ciudad muerta) (2014)
  • 7,6
    4.721
  • España Xavier Artigas, Xapo Ortega
  • Documentary
9
Ejemplaridad cívica
Hace algunas semanas Rodrigo Lanza señalaba ante los micrófonos que la venganza a la que se alude al principio de 'Ciutat morta' no es la venganza criminal de manos ensangrentadas, y que a la venganza deseada mucho más se le parece la marea de estremecimiento y movilización que ha traído consigo este documental, en su punto álgido tras la emisión a regañadientes de TV3.

Buen instante es éste para recuperar la vieja clausula liberal según la cual un poder como el estatal, leviathan en ciernes, debía ser tolerado solo si una sociedad organizada -más tarde encarnada en el medio de comunicación o en los ámbitos de la opinión pública- sometía el poder estatal a vigilancia, control y, en su caso, sanción. Solo así la sociedad tenía mecanismos para defenderse, ejerciendo control sobre el control.

Solo puedo decir que ayer sábado al terminar de ver 'Ciutat morta' -hacia la hora de cenar-, me noté especialmente reacio a encender la televisión y poner alguna tertulia de mierda. Por momentos me sentí vacunado contra la contaminación de esos debates vacíos, por momentos contagiado por la exigencia de las imágenes que nos empoderan, en lugar de someternos. Que nos animan, frente a esa desesperanza en la que somos carne de los peores zarpazos.

http://www.desmontaje4f.org/en/
[Leer más +]
6 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
Searching for Sugar Man
Searching for Sugar Man (2012)
  • 8,1
    25.164
  • Suecia Malik Bendjelloul
  • Documentary, Sixto Rodríguez
8
Espectacular viaje
America y la gloria. Por cada Bruce Springsteen, ¿cuántos Rodríguez quedaron en el camino? ¿Y cuántos de ellos merecían un ‘Searching for’? Pocos, desde luego. O igual no, quién sabe; qué se lo digan a Segermen. El hechizo de los grandes cuentos se disuelve con Google y las comunicaciones instantáneas y los discos que hace veinte años eran ‘underground’ pero que ahora tienen cincuenta reseñas al alcance de cualquiera. En ‘Searching for Sugar Man’ está el cambio gigante de siglo: el paso de las búsquedas imposibles a los atajos que todo lo permiten. Aunque el apartheid cayó sin necesidad de eso. Todavía hoy cuesta creer que durara tanto tiempo, que esté rozándonos en el los años con toda su podrida carga de racismo. Sudáfrica como un apéndice de lo imposible, de lo mejor y de lo peor.
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Leviatán
Leviatán (2014)
  • 7,2
    5.794
  • Rusia Andrey Zvyagintsev
  • Aleksey Serebryakov, Vladimir Vdovichenkov, Elena Lyadova, Anna Ukolova, ...
6
Las ruinas del Leviatán
Qué real el trago

El vodka cristalino, de la botella al estómago, a fuerza de repetido, el trago, por este personaje, por este otro, toda Rusia pegándole al trago, a fuerza de eso, la sensación de asistir a un documento real. O quizás solo me haya tocado una tarde-noche de esas de sentirse un potencial tragador de vodka, y que desde ahí vea interesante la vocación realista del film.

Éranse los viejunos y vino (Ctrl. C + Ctrl. V) Zvyagintsev

Haneke rondando por las miserias, la perversión y el chunguismo general de la posmodernidad, Tarr (‘El caballo de Turín’) viendo precipicios y negritudes hasta en el amarillo blanquecino de la patata cocida, etc. Todo ello lleva a preguntarse si estos viejunos no pertenecen un poco al gremio de los pesaos que solo saben decir que todo está feo y oscuro en este pedazo de la historia. ¿Zvyagintsev se apunta al carro? Claro que Rusia es Rusia (meanwhile in…), pero también Austria es Austria, Namibia es Namibia etc., y ese lado sombrío no conoce fronteras, como tampoco las conoce ese lado esperanzador (necesario habitante de toda época de incertidumbre) que nuestros viejunos se niegan siquiera a considerar.

Las ruinas del Leviatán

Lo que queda de antaño, lo que el antaño dejó sembrado. El monstruo kafkiano se cierne sobre Kolia, y todavía más es lo que se cierne sobre Lilya. Sobre él caen los restos del aparato; sobre ella, Rusia entera.

El emocionante surround de la grúa de demolición

Cruda realidad, fría realidad, ni un palmo cedido al efectismo, y yo debo decir que durante el visionado no he dejado de sentirme un puñetero observador indolente, siendo que nada desataba los vientos de mi sensibilidad como el 'fgrrrgsssggrrggg' de las olas o del cacharro de demoler. Un cine que aplaudo pero que no me emociona, vaya.

La trascendencia, que no la encuentro

Por encima de todo, una cosa: las intenciones de Zvyagintsev resultan demasiado obvias. Sí, vale, Rusia va de culo. ¿Tienes algo más que decirme? Echo de menos un algo que se me escape, un poco de niebla, una materia sobre la que escarbar. Digamos que desde la primera media hora se ve adonde el amigo Andrei quiere ir y por dónde quiere ir. Y la espectacular fotografía no lo es todo, no puede serlo todo. Así que esto ya no lo aplaudo tanto.

(Chorranécdota: Hace varios días tuve en mis manos el DVD de ‘Quemado por el sol’. Me fijé en que había ganado un oscar en el 95. Atención: una película rusa que gana un oscar. Eso solo puede significar una cosa: que la película trata sobre… (voz aterradora) las purgas estalinistas. En 2015 sabremos si el otro posible significado es que la película trate sobre… (voz aterradora again) Putin en los despachos)
[Leer más +]
2 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
El hombre de Alcatraz
El hombre de Alcatraz (1962)
  • 7,9
    6.043
  • Estados Unidos John Frankenheimer
  • Burt Lancaster, Karl Malden, Neville Brand, Thelma Ritter, ...
9
He venido a hablar de Burt
Termina la película. Amargo final. (Amargo también, luego me enteraré, el hecho de que Robert Stroud nunca llegase a ver esta película) Agarro el smartphone y busco en la Wiki el artículo correspondiente. Me desanimo al conocer que, una vez más, la ficción se ha permitido ciertas licencias, (paradójico: ¿acaso la ficción no responde a ese sobrevolar la realidad?), y que Stroud pudo presentar en sus últimas décadas un carácter menos propio del Burt viejo y más propio del Burt joven (lo cual sumaría más puntos a la interpretación de Lancaster, capaz de recrear una transformación que tal vez nunca se dio en un grado tan alto). Busco y rebusco en Internet, como si quisiera que me derribasen el mito a martillazos. Una sensación: no nos gusta que nos timen. Una réplica: es solo una película, tío. Una película, sí, pero que se sumaba a una previa reclamación de amnistía. Berenjenal estético-moral al canto.

Una crítica ésta que solo puedo conducir a buen puerto deteniéndome en el ‘The End’, sin smartphones, wikis ni fuentes varias dando el coñazo. Stroud murió en 1963. ¿Por qué hurgar en sus desgracias? Descanse en paz y ya está. Vuelvo al ‘The End’, y a Burt Lancaster; a su rostro envejecido, al intento imposible de hacer entender a un espectador lo que son y lo que significan 50 años entre rejas, 40 de ellos en la pesadilla del aislamiento. La misma película que se permite un acelerón narrativo respecto al crecimiento de Burt como investigador y experto en ornitología y enfermedades (voz en off; somos testigos de 7 años de espacio narrable en 1 minuto de espacio narrado), consigue, hacia el final, aproximarnos a una vida de encierro. Burt mira a Stella a través del cristal, y en la desesperanza de su expresión se atisba la tristeza inmensa de un presente que no perdona, de un futuro asumido, de un destino cruel: jamás será libre, de ahí que querer y desear lo imposible -esa libertad- se convierta en una ficción de la que es preciso replegarse; no es que él no quiera dejar atrás los muros, sino que ha vivido demasiado para saber de qué puede tener y de qué no el lujo de anhelar. En la representación de ese destino asumido, 50 años adquieren facticidad.

Aunque realmente, el reflejo de la realidad que ‘Birdman of Alcatraz’ pretende, alcanza su objetivo cuando del sistema penal norteamericano se trata. Aquí no hay celadores sádicos ni tenebrosos, solamente una burocracia inflexible, unas estructuras foucaltianas (¿leía Frankenheimer ‘Vigilar y castigar’ por aquellas fechas?), y en último término una cultura que no tiene reparos en flagelar, pisar y destruir a sus ‘indeseables’. El alcaide sentencia: ‘[Stroud] es solo un asesino’. Para destruir a alguien sin remordimientos primero es preciso convertirlo en bestia, y de ese testimonio deshumanizador -tantas veces presenciado al escuchar a tantos norteamericanos juzgar favorablemente la pena de muerte- algo también hay aquí.
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Soy Cuba, el Mamut Siberiano
Soy Cuba, el Mamut Siberiano (2005)
  • 7,0
    82
  • Brasil Vicente Ferraz
  • Documentary
7
Ser o no ser Cuba, he ahí el socialdilema
Ironías del destino: ‘Soy Cuba’ (1964), la costosa coproducción cubano-soviética dirigida por Mikhail Kalatozov, fue un completo fracaso en Cuba; tampoco gustó en la URSS; encantó sin embargo en EEUU, 30 años después, rescatada de la mano de Francis Ford Coppola y Martin Scorsese.
Tras la revolución cubana, Kalatozov y su equipo aterrizaron en La Habana. Había que realizar un gran fresco del mito. El resultado fue como poner a Dreyer detrás de la cámara de ‘Amarcord’: ni rastro del desparpajo cubano. La solemnidad sobreactuada de los actores resultó irreconocible para los propios cubanos; de ahí el título de una crítica isleña: ‘No soy Cuba’.
En nuestra torre de barro de marfil de observadores del siglo XXI podría darnos por hablar de colonialismo cinematográfico: estereotipos, prejuicios, etnocentrismo, que impedía a los creadores soviéticos entender la vitalísima realidad cubana en otra clave que no fuera la de hija huerfana de Octubre.
A día de hoy, muchos cubanos se sienten agradecidos y orgullosos de esta obra (un estirar los límites del lenguaje cinematográfico que deja boquiabierto). Entienden que Kalatozov y sus acompañantes hicieron un esfuerzo al volar hasta allí para investigar y descubrir la idiosincrasia de un país que, de la noche a la mañana, empezó a estar en el mapa. Entre el agradecimiento a la tentativa y la certeza de una captura malograda va la cosa.
[Leer más +]
2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
El espejo
El espejo (1975)
  • 7,9
    5.260
  • Unión Soviética (URSS) Andrei Tarkovsky
  • Margarita Terekhova, Philip Yankovsky, Ignat Daniltsev, Oleg Yankovskiy, ...
10
Conjeturas tarkovskianas, vol.3
En ‘Esculpir en el tiempo’, Tarkovsky citaba varios fragmentos de la correspondencia que había mantenido con espectadores. Habla en el libro:

‘Un poquito de esperanza se deducía de otro tipo de comunicaciones por escrito que también eran un testimonio de la incomprensión más absoluta de mi trabajo, pero que por lo menos dejaban entrever el deseo sincero de entender lo que habían visto en la pantalla. Espectadores de este tipo me escribían cosas como: «Estoy convencido de que no seré ni el primero ni el último que en su incapacidad de comprender se dirija a usted pidiendo ayuda para poder entender algo su ‘El espejo’. Cada uno de los episodios está lleno de belleza; sí, pero, ¿cómo fundirlos en una unidad?»’

Que es como preguntar por la manera de dotarlos de sentido, que es a la vez una pregunta con la que creo que nos sentimos identificados casi todos los que hemos visto alguna vez películas de este señor. Algo así te dije yo, amigo, no sé si te acuerdas, cuando viste ‘Stalker’; cruzamos impresiones, y yo confesaba que sí, que la belleza de sus películas era indiscutible (más de lienzo que de lente), pero que el sentido y las ideas se me escapaban; tú respuesta: belleza y sentido no tienen por qué estar separados (quiero creer que fue así).

Todo esto para cagarme en estas perras divisiones, las que proclaman ‘El espejo’ como otra película bella pero de imposible comprensión. Divisiones, a fin de cuentas, que las generaciones han ido heredando, más aún en los confines europeos, en los que la razón primero quiso conquistar la naturaleza, luego al hombre y luego al arte; más aún en estos confines que confinaron al cine en una celda multicolor en la que todo tenía sentido, la resolución narrativa siendo lo mismo que cerrar un libro y escuchar el ‘psch’ de las hojas que chocan, ‘ya está todo claro no hay más que hablar’. Dentro de estos confines, el visionado de ‘El espejo’ puede conducir a una primera tentativa: poblar con conceptos y esquemas lo que uno siente como un vacío de sentido, o sea, curar una carie con puñetazos en la mandíbula.

Probablemente el de Tarkovsky sea el cine más antiintelectual en nuestro fumado congreso celestial de cineastas intelectuales. Probablemente la teoría deba dejar paso a la disposición del que mira, a su talento contemplativo, que en verdad tampoco es talento, sino solo saber encontrar el momento de la semana en el que uno necesita dejarse llevar por un impulso mayor, pero sintiéndose todavía con las energías y fuerzas suficientes como para concentrar todo su ser en una palabra, en una nota, en un plano, hasta que el racord sea tan completo que uno se sienta dentro, parte de.
[Leer más +]
6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
Blancanieves
Blancanieves (2012)
  • 7,0
    20.364
  • España Pablo Berger
  • Macarena García, Maribel Verdú, Sofía Oria, Daniel Giménez Cacho, ...
3
B for Fake
Entonces cogieron todos los juguetes, todas las armas, toda la ciencia del lenguaje cinematográfico, y se dispusieron a recrear la nada.
El cine mudo despojado de su poderosa estela y convertido en b/n más intertítulos; lo accidental erigido en razón de ser, lo superficial en soporte del marketing.
De los truños de Vin Diesel tomaron el montaje enfarlopado y a ritmo de metralleta, de ‘El rey león’ a Mufasa, y de la diversidad de tonos del silente, aquellos discursos que trataban al espectador como a un niño de preescolar. (Una animación para indicarnos que a la manzana le han inyectado veneno) Ni siquiera los cuentos infantiles nos consideran tan gilipollas.
Trillado folklore de souvenir para dar personalidad a una trama mil veces vista, mil veces destapada. La imprevista escena final no compensa la nada de los noventa minutos previos, un anuncio de publicidad -como bien decía alguien por aquí- largo y tedioso.
[Leer más +]
1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
The Yes Men Fix the World
The Yes Men Fix the World (2009)
  • 7,4
    650
  • Reino Unido Andy Bichlbaum, Mike Bonanno, ...
  • Documentary
9
Una llamada a la acción
En uno de los recortes televisivos que se veían, cierto tertuliano norteamericano declaraba que las incursiones de los Yes Men no podían quedar sin respuesta por parte de la justicia. Probablemente ese mismo tertuliano defendió al día siguiente que el estado no debe intervenir en la economía. El atolladero al que arriban los libertarios, liberales radicales y demás fauna, consiste en que no es posible defender la iniciativa individual en el mercado mientras se condenan otra clase de iniciativas, entre ellas la sindical o la de los mismos Yes Men; y cuando se hace esa defensa & ataque, la voz (el think tank), que retransmite esa incoherencia, se delata: no interesa la libertad o el "dejar hacer" como principio, sino en tanto condición a favor de una fuerza económica determinada (la compañía).

Afortunadamente, no todo es blanco o negro, y estos dos artistas de la política consiguen desplegar su iniciativa gracias a que las maquinarias estatales, que bien podrían, no se lanzan a su busqueda y destrucción aduciendo usurpación de la identidad y perjuicios varios. Además, en este "Fix the World", casi todo se resuelve en territorio norteamericano. Los Yes Men lo tienen claro: van a jugar la partida en terreno enemigo, y van a marcar unos cuantos goles. Es un movimiento de relevancia mayúscula. Donde otros se hubieran abandonado a la crítica ideológica (un "no me gusta el capitalismo global por X e Y" sazonado con toda clase de argumentos), tantas veces autocomplaciente, tantas veces de enclenques resonancias, tantas veces perpetuadora de esa pasividad de sillón, digo, donde otros hubieran hecho eso, unos, los unos, esta pareja (acompañada de un batallón de gente apta, por lo que parece) apuntan a otras vías: cambiar la realidad -o contribuir a ello- mediante acciones que, siendo simbólicas, producen un caudal de efectos prácticos; una especie de sabotaje que nace de entender ciertas circunstancias del mundo en que vivimos y de aprovechar los instrumentos y posibilidades que éste ofrece (donde otros abrirían un blog para quejarse o escribirían una "carta al director", éstos crean webs falsas a modo de anzuelo). Basta de cuevas y de lloriqueos.

En ocasiones no me he sentido tan identificado con el discurso de este "Fix the World" (que cae un poco en ese batiburrillo de conceptos que denuncian con esquemas simplones realidades bastante complejas) como en la colección de sabotajes en la que los Yes Men nos relatan su peculiar modalidad de acción política. En todo ese repaso de sus movimientos hay una demostración implícita, o dos: la primera, lo dicho, que ese "entrar en la partida" puede conducir a muchos éxitos (¿Qué pasaría si los productos de manufactura asiática semiesclavista viajasen a Europa a la misma velocidad que los relatos y las instantáneas de esa explotación?). La segunda, que la política, como tantas otras parcelas de la vida, es también una cuestión de creatividad, y que las victorias y derrotas en estos juegos de poder que nos rodean (el dejar de estar machacado o el seguir estándolo) depende también de la capacidad con la que generemos nuevas modalidades de acción política, adaptándonos a las nuevas realidades y empleando sus resortes menos visibles, produciendo instrumentos que durante un tiempo serán efectivos y luego quizás no tanto, y entonces habrá que ser creativos una vez más, y así sucesivamente, o por el tiempo necesario, quién sabe. "Fix the World" es, ante todo, una llamada a la acción.
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
Canino
Canino (2009)
  • 7,1
    20.488
  • Grecia Yorgos Lanthimos
  • Christos Stergioglou, Michelle Valley, Angeliki Papoulia, Mary Tsoni, ...
8
No hay encierro posible
Bien pensado, el atroz espectáculo de ‘Canino’ finaliza con un chorro de relativa tranquilidad: no habrá narración dominante que consiga vencer la entropía social. Ni siquiera una narración sustentada en la clausura física -los muros-, simbólica -las palabras, el avión- y social -a excepción de la muchacha- será capaz de mantener el control y el dominio sobre otras personas. Ni siquiera un condicionamiento de perrera logrará contener todas las fuerzas que liberan la cabecita humana y la interacción entre esas cabecitas. En esta película la transgresión surge del sexo, pero podría haber surgido de una curiosidad desmedida, o de un acuerdo entre los hijos, o de cualquier otra forma. Más increíble todavía es que la propia narración del padre se vuelva contra sí misma y, en su incapacidad de predecirlo todo, genere las vías de escape que harán dinamitarla: una mancuerna y un maletero. No habrá voluntad de dominio que sea capaz de articular una narración suficientemente hermética, que sea capaz de asolar en todas sus manifestaciones la creatividad humana; las dosis de enemigo, de miedo y de sumisión nunca serán suficientes. Y tarde o temprano, tarde o temprano, seremos un poco más libres.
[Leer más +]
1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alas
Alas (1927)
  • 7,3
    1.285
  • Estados Unidos William A. Wellman
  • Clara Bow, Charles Rogers, Richard Arlen, Gary Cooper, ...
5
No hay mucho
Cuántos recursos para una historia tan boba, pensaba esa cabecita mía mientras se ladeaba a causa del sueño. Oh, otra batalla de aviones, cuidado que viene el malo por detrás, me decía, y me ponía a contar la cantidad de veces que se repetía el plano frontal de la ametralladora aérea disparando a la peña. Personajes de la profundidad de un alga, efectos que son una millonada de dólares puesta al servicio de la gloria belicista y patriótica; había nacido la receta para ganar el Oscar. Más de dos horas que, desde un enfoque formal, nos regalan cuatro planos muy logrados (el de las mesas en París, uno de ellos), y ya está. Esto no da para más. Y lo digo declarándome un gran admirador del cine silente y de todas las piezas maestras que nos legó. ‘Alas’ es una precaria expresión de esa época.
[Leer más +]
0 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
Alabama Monroe
Alabama Monroe (2012)
  • 7,2
    9.299
  • Bélgica Felix Van Groeningen
  • Veerle Baetens, Johan Heldenbergh, Nell Cattrysse, Geert Van Rampelberg, ...
9
Del sufrimiento, y qué hacer
Porque la pregunta es esa: ¿qué hacer? Tarde o temprano el cauce de la vida visitará o se atascará en los recodos de la negatividad, soportando o cediendo a esas corrientes que vienen contra nosotros, furiosas, y nos pasan por encima. El dolor y el sufrimiento como instantes inseparables de esta vida, destinados a permanecer, por muchas anestesias para los sentidos que nos inventemos.

Murieron los dioses, y con ellos el sufrimiento de origen cósmico, divino, bíblico. Queda no obstante el sufrimiento derivado de las injusticias humanas. No hay que olvidar que estamos en Bélgica, en plena sonrisa del mundo, y no en uno de esos países acechados por la deuda, el comercio injusto, las consecuencias de la descolonización o las tiranías prooccidentales. El de esta película representa el sufrimiento de la parte amable del mundo, uno que, si en ‘Amour’ sobrevenía con el desgaste biológico, aquí lo hace como fruto del azar y del infortunio más contingente (“podrían ser las mantas sucias, los cigarrillos durante el parto, una lactancia mejorable; podría ser cualquier cosa”).
[Leer más +]
1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
El vídeo de Benny
El vídeo de Benny (1992)
  • 7,2
    4.290
  • Austria Michael Haneke
  • Arno Frisch, Angela Winkler, Ulrich Mühe, Ingrid Strassner, ...
7
Hay que sufrirla
Creo no guardar en la memoria el mismo sentimiento de asco y horror, el mismo desconcierto que en mí produjo la escena de 'Benny's Video'; y eso que me escudaba con el fueracampo de Haneke y con mi propio fueracampo de espectador traumatizado que necesita mirar a otro lado.
Shocks de semejante calibre acontecen en el tiempo pausado de la película, concebida a modo de trinchera de la que uno sale al observar la cabeza ensangrentada, trinchera a la que regresa para -en la compañía de los planos fijos rutinizantes- tratar de articular los pensamientos derivados de la contemplación de la aséptica masacre.
Michael es un cineasta moderno que nos obliga a perseguir certezas, a zafarnos del golpe y encontrar por el pasaje oscuro una brecha de luminosidad. Otros cineastas habrían optado por un protagonista sencillamente malvado, el demonio que tranquiliza al espectador mediante la asignación fácil de categorías ontológicas y morales.
Al principio, en Benny, atisbamos la gestación de un mal bicho, socializado no por exceso sino por defecto. Los minutos se encargarán de corregir lo que a todas luces es una percepción equivocada: en Benny está la sociedad, y está en plena erupción.
Sin embargo no hay menos comodidad -que la del maniqueísmo cinematográfico- en esa otra asignación por la cual nos explicamos toda la problemática de la película aludiendo a una Austria negra y sentenciando algo como "Haneke aborda el alma austriaca", punto final. A mí francamente Austria me trae sin cuidado. Pero sí que me hiela la imagen en la que un niño bordea la muerte, como pisando de puntillas las rocas que dan al acantilado. Estamos -por vía de abducción- ante una historia de cómo la habituación a la violencia -en el contexto de los años noventa, las cintas, la opulencia y la desatención- abre la puerta al morbo de la agresión y las vísceras, y de cómo, llegado ese punto, rebosante de munición, un mero movimiento se convierte en gatillo.
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Cuentos de Tokio
Cuentos de Tokio (1953)
  • 8,3
    10.414
  • Japón Yasujirō Ozu
  • Chishu Ryu, Chieko Higashiyama, Setsuko Hara, Sô Yamamura, ...
6
Cuentos interminables
Empiezo a pensar que este tal Ozu no es lo mío. Juzgando más que nunca desde la subjetividad, debo reconocer que me resulta anodino, pesado como una losa en la sistematicidad de sus planos, redundante en sus temáticas y figuras argumentales. En 'He nacido, pero... Pero' vemos a una pareja de crios en la que el rol dominante y revoltoso recae sobre el mayor, mientras que el menor se nos aparece como el hermano dependiente, gracioso en su rebeldía no meditada y condescendiente. Una fórmula parecida se repite en la ya sonora 'Buenos días', y se mantiene aunque con menos relevancia en estos 'Cuentos de Tokio'. El hermano mayor y el hermano pequeño, siempre iguales, una constante en Ozu que, o te encandila, o te hace reaccionar con un "venga ya, ¿otra vez?". Su estilo tampoco parece contener nada inaudito en el curso de su filmografía: cámara a 90 cm, planos fijos de contenidos invariables (bien construidos, por otra parte), interlocutores que se dirigen sempiternamente a la cámara participando así en una manera de rodar que no se aleja mucho de la técnica plano-contraplano en lo que respecta a carencia de originalidad. Los espacios cerrados hacen el resto en el camino de generar una sensación de claustrofobia cinematográfica mayor. Solo el interés antropológico de la cinta y el talento de Ozu para captar rupturas culturales significativas merecen a mi entender el aplauso.
[Leer más +]
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
La ley de la hospitalidad
La ley de la hospitalidad (1923)
  • 7,8
    1.762
  • Estados Unidos Buster Keaton, John G. Blystone
  • Buster Keaton, Joe Roberts, Ralph Bushman, Craig Ward, ...
10
Nunca olvidará nuestra hospitalidad
Cuesta creer que el segundo y temprano largometraje de Buster Keaton fuera una de las mejores películas de humor rodadas hasta la aparición del sonoro. Precedida de la imperecedera gracia de Chaplin (‘El chico’) y de los ya pirotécnicos cortos del propio Keaton (‘Vecinos’, ‘Una semana’), ‘La ley de la hospitalidad’ recoge el potencial cinematográfico de sus trabajos anteriores y lo exprime durante 75 minutos, con una novedad: el buen hacer ya consagrado del maestro queda ahora sazonado por un refinamiento en la comedia que otorga a nuestro héroe el título de pionero del humor inteligente (o, si se prefiere, del humor menos tontorrón), como si se tratara del bendito, irrepetible y silente intermediario entre el slapstick y las primeras idas de pinza de Woody Allen.

El humor que Keaton nos lega en esta película parece casi emancipado de la bufonada y del golpe indoloro como motor de la risa (pese al vejete que se desnuca contra los raíles y a ciertas secuencias finales); se genera no tanto desde lo que ocurre sino desde lo que no ocurre y por la manera en que no ocurre. Sorprende igualmente el brío con el que un argumento de corte trágico es resuelto en una comedia donde toda acción conducente a la desgracia queda redirigida con desternillantes consecuencias (véase al joven McKay, un Santiago Nasar consciente, pugnando ingeniosamente por escapar de la casa). La escena de la cascada salvadora representa esto mismo, solo que en ella el chiste es sustituido por una fantasía aplastante capaz de poner los pelos de punta a través de la construcción del plano.

En verdad, ‘La ley de la hospitalidad’ trasciende el humor; su creatividad se desplaza también hacia la producción del suspense (adelantándose al Hitchcock que todos conocemos y en especial al de ‘North by Northwest’; ¡qué no estaba inventado para 1930!) y hacia la gestión de las escenas de acción, en las que Keaton siempre se ha movido como pez en el agua, cual abuelo de Jackie Chan. Las tres partes de la película (viaje en tren, vicisitudes con los Canfield, persecución por todo lo alto; introducidas por esas primeras imágenes cuya insistencia atmosférica anticipa la de Sjöström en ‘El viento’) vendrían a representar tres niveles de posibilidad cinematográfica (surrealismo, suspense y acción), desde la aguda serenidad de una decimonónica 42nd Street y de un pobretón que opta por atacar al maquinista para llevarse unos maderos, pasando por las miradas cruzadas en la cena con los Canfield y terminando con la clásica imagen de un Buster Keaton con cada pierna sobre una superficie que se va separando de la otra.

Imposible no reírse, imposible no identificarse con el joven McKay (que sin recurrir a sentimentalismos charlotianos escala igual o incluso más alto), imposible no palpar la tensión de la última parte, imposible no reconocer decenas de gags e ideas que cineastas posteriores tomarían prestadas. Ni siquiera el tópico del amor redentor contamina el ardoroso genio con que Keaton rubrica la película en el inmenso plano final, síntesis de lo mejor que este hombre nos ha dado.
[Leer más +]
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
A la conquista del polo
A la conquista del polo (1912)
  • 6,6
    291
  • Francia Georges Méliès
  • Georges Méliès, Fernande Albany
8
Me gusta Méliès
Diez años después del primer tesoro cinematográfico, aparecía este mediometraje, con idéntica estructura narrativa (preparación de la loca empresa, trayecto, llegada al lugar enigmático) pero sumando más medios, más minutos, más sorpresas y más trucos. Méliès realiza aquí uno de sus últimos y más dignos trabajos, después de varios años en los que -como indica Javier Memba- la Edison le ha estado copiando ideas y técnicas sin apoquinar un dolar, en un momento en el que la Pathé señala el rumbo a seguir en la industria cinematográfica y el avance imparable en la concepción y práctica del cine relega a nuestro francés a un asiento no demasiado cariñoso.

Quizás "el mundo" ya estaba cansado de los mismos cartones y de los mismos viajes imposibles. Un siglo después, como curiosos del séptimo arte y no como espectadores exigentes, vemos a Méliès de otra manera. Su talento para aunar ilusionismo, excentricidad y humor tardaría años en encontrar parangón. ¿Cuántos? Habría que hablarlo. Lo que no admite discusión es que supera con creces a sus predecesores y a sus coetáneos; rellena el vacío de un Segundo de Chomón y se aleja años luz de unos hermanos Lumière cuya creatividad se consume en el realismo insignificante y cuyo aporte al cine, en mi opinión, no posee el elevado valor que se le suele atribuir: si ellos no hubieran inventado el cinematógrafo, lo habría inventado cualquier otro, habida cuenta del desarrollo palpitante que por entonces vivía el intento de fotografiar el movimiento. Antes de los hermanos Lumière había mucho más de lo que a veces pensamos: praxinoscopio, kinetoscopio... Solo faltaba un último empujón.

Méliès, en cambio, encarna la primera gran personalidad cinematográfica. La simpática plasticidad de sus decorados antecede al simpático atuendo de un Charlot. En ambos, lo más reconocible trasciende las décadas (con ciertas enormes diferencias, por supuesto). En el primero, cartones y efectos especiales enriquecen el valor de una primigenia ciencia ficción en la que lo importante es lo que sucede dentro del plano teatral. Una cámara fija (con excepciones: el interior del "avión" zozobrando) registra la sobrenatural imaginación del francés. En ese sentido, diría que nada se presta tanto a la observación y al disfrute como la minuciosidad de unos dibujos y unos decorados en los que nada se deja al azar, bien se trate del hangar donde se construyen los prototipos aéreos, bien de la cabina del "avión", bien de un no menos lunar polo norte. Por no hablar del psicodélico vuelo o del impresionante monstruo final, cuya escena he mirado con una sonrisa y una fascinación que rara vez me salpican cuando estoy ante una película anterior a la 1ª G.M. No menos halagos merece la profundidad con la que juega Méliès al presentarnos un objeto que se va aproximando desde la lejanía (el zeppelin final o el "avión" que aterriza a su manera en el polo tras superar una elevación).

En definitiva, una absoluta delicia visual, que además no solicita ese ejercicio de empatía que a veces fracasa al enfrentarnos a algunas tramas y personajes -simples hasta lo cansino- de hace un siglo. Recomendable la versión restaurada (la restauración, ese trabajo que los amantes del silente nos vemos obligados a reverenciar), por cuanto permite encarar mejor los matices de la película.
[Leer más +]
3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
La Chinoise
La Chinoise (1967)
  • 7,1
    2.353
  • Francia Jean-Luc Godard
  • Anne Wiazemsky, Jean-Pierre Léaud, Juliet Berto, Michel Semeniako, ...
5
Consecuencias de un sacrificio
El filósofo Theodor Adorno (1903-1969), en sus escritos estéticos y musicales, siempre reivindicó la necesidad de un arte comprometido con la historia, de un arte que dejara de lado las estructuras deificadas (bendecidas por las décadas o por los siglos) y colaborase con las demandas del presente. En 1995, Godard recibió el séptimo galardón de los Premios Th. W. Adorno. No era para menos. Godard representa a los valientes dispuestos a sacrificar lo duradero de sus obras en aras de apoyar un fin supraindividual. El valor de su militancia (concentrada en unos periodos, muy dispersa en otros) es equiparable al de Costa-Gavras, si bien las señas de identidad de Jean-Luc van por otros derroteros: el cine ensayo (practicado parcial o enteramente en buena parte de su carrera), el calado filosófico de sus mensajes (más afín al gusto por la abstracción equívoca de un lugar y espacio concretos que al rigor y la exigencia epistemológica), la experimentación, las alusiones a Brecht... Pero todo ello se desvanece en películas como 'La chinoise', que de tanto querer responder a unas circunstancias, mentalidades y modos de obrar específicos, firma al instante su fecha de caducidad. Algo así se desgasta y pierde significado al cabo de pocos años. Uno puede detectar los temas de la película, pero la crítica a los revolucionarios de salón, al nihilismo idiota y a las menciones a Althusser ha perdido todo interés, por cuanto que todo eso se diluyó hace mucho. Lo que la película tenía que comunicar, ya lo comunicó (o no). Su punch fue reciclado y su interlocutor ahora cobra una pensión. No creo que 'La chinoise' tenga a día de hoy más valor que el de redirigirnos a los trabajos recientes del francés, los cuales, se supone, nos hablarán un poco más de nosotros mismos.
[Leer más +]
3 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil