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7
"Me ha convencido de que los caimanes hacen bien, se comen a las crías"
Todo lo que Veda desea, su madre se lo da. Incluso si debe poner fin a su matrimonio de clase media, e intentar ascender en un mundo empresarial dominado por los hombres, casándose con un hombre rico a quien no ama.

Alma en suplicio es un característico film norteamericano de mediados de los cuarenta, en cuanto asienta sus bases sobre una sobria historia melodramática con una cierta influencia negra. La trama narrada a modo de un largo flashback nos introduce en la vida de Mieldred, una mujer capaz de cualquier cosa con tal de satisfacer los caprichos de su hija Veda, una joven malcriada, extremadamente caprichosa que engloba en cierto modo el papel de mujer fatal. En este sentido, la película acopia la mayoría de los rasgos propios del cine negro: ambiente denso, dualidad, personajes conducidos hacia un final trágico, retrato de una sociedad corrupta y afectada por la todavía reciente guerra mundial… Como apunte cabe decir que la historia crítica el esteriotipo de vida que siguen los jóvenes de las clases altas y deja a los personajes masculinos no muy bien parados por lo general.

La estética ofrecida por Alma en suplicio en las secuencias iniciales y finales obedece a los cánones del cine negro más clásico, con fuerte contraste de luces y sombras en la fotografía (Ernest Haller), y espacios nocturnos que crean la atmósfera acertada. Por el contrario durante el resto de la historia hay un tratamiento mucho más realista, adecuado para el tono semidocumental de la biografía de Mildred Pierce. El reparto encabezado por la mítica Joan Crawford, lleva a cabo un excelente trabajo, en especial Ann Blyth que se mete de lleno en su papel de joven caprichosa y malcriada. La banda sonora de MaxSteiner suena con fuerza, incrementado a las mil maravillas el carácter dramático del argumento.

Interesante largometraje negro; con una profunda reflexión de cómo la mala educación familiar puede afectar verdaderamente a la formación de una persona, en este caso una mujer.
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54 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
¡Hija de mala madre!
Tras la muerte de Joan Crawford, protagonista de este poderoso melodrama negro, su hija adoptiva Christine publicó unas memorias de infancia en las que pintaba a la famosa actriz como una psicópata maltratadora, enloquecida por la incapacidad de tener hijos propios y que convirtió la vida de sus retoños adoptados en un auténtico infierno. Fueran o no ciertas estas aseveraciones (curiosamente el libro se publicó después de conocerse que la actriz había desheredado a Christine y a otro de sus hijos que también corroboró los maltratos), lo cierto es que "Alma en suplicio" parece una anticipo cruel e irónico de lo que había de suceder en el futuro, puesto que narra la relación destructiva que se establece entre una sufrida madre y su devoradora, egoísta y sanguijuela hija. Un melodramón con aires a lo "Imitación a la vida" que exprime al máximo el duelo entre la madura Crawford y la perversa muñequita Ann Blyth, que, finalmente será quién se lleve el gato interpretativo al agua con su insaciable y caprichosa Veda (años más tarde, Crawford se tomó la revancha realizando su mejor interpretación conocida junto a otra de las grandes feas de Hollywood, Bette Davis, en "¿Qué fue de Baby Jane").

El guión, espléndido y adulto, está al servicio de las damas, por lo que los caracteres masculinos, aunque omnipresentes, se mueven como sombras en una galería tras el fuego cruzado: son muy superiores las escenas protagonizadas por las mujeres que aquellas en las que salen los actores. Son impresionantes por ejemplo los tiras y aflojas madre-hija, pero también la conversación de Mildred con su ayudante Aida al regresar de unas vacaciones, una indagación curiosa en la cámara blindada de la amistad femenina, esa materia tan maltratada en el cine.

Si bien la trama resulta más o menos previsible, se solventa al dividir la atención del espectador entre el drama familiar y los toques de cine negro (toda la película es la restrospectiva de un asesinato). Sin embargo hay una tensión más tangible en el proceso de destrucción de la hija hacia la madre que en la resolución del crimen que sirve de punto de partida a la narración. Resulta casi pavoroso ver a la robusta Crawford reducida a la indefensión más absoluta ante las demandas de su delicada hija: bajo toda esta historia reside una relectura de lo más inquietante en torno a los instintos maternales mal entendidos.

Recomendabilísima en todos los sentidos para apreciar que más allá de "Casablanca", Curtiz fue capaz de alumbrar obras mayores como ésta.
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53 de 57 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El mito de Medea
Adaptación de la novela "Mildred Pierce" (1941), de James M. Cain, inspirada en el mito de Medea. Dirigida por Michael Curtiz, se rodó en exteriores de Hollywood y en los estudios Warner. Dispuso de un presupuesto estimado de 1 M de dólares. Ganó un Oscar (actriz principal) y un NBR (actriz principal). Fue nominada a 5 Oscar sin premio (2 actriz secundaria, fotografía, película y guión). Se estrenó el 20-X-1945.

La acción tiene lugar en Santa Mónica (California) entre 1940 y 1944. Narra la historia de Mildred (Joan Crawford), felizmente casada con Albert "Bert" Pierce (Bruce Bennett). Son padres de dos hijas, Veda (Ann Blyth) y Kay (Jo Ann Marlowe). Veda, la mayor, es presumida, vanidosa y caprichosa. Su madre está dispuesta a cualquier sacrificio para complacerla, sobre todo a partir de la muerte por viriasis de la pequeña Kay.

La película muestra la conducta obsesiva de Mildred, encaminada a dar satisfacción a todos los caprichos de Veda. A tal fin toma decisiones no meditadas, se pone a trabajar y levanta una cadena de restaurantes. Una tensión interior compulsiva mueve el comportamiento de Mildred, que se desarrolla en un clima creciente de riesgo, descontrol, estrés, presiones y gastos insoportables. La irresponsabilidad del segundo marido y su debilidad ante él, la sumergen en una situación angustiosa llena de graves peligros. La narración dramática, bien construída y conducida por Curtiz con maestría, crea un crescendo largo y sobrecogedor, de gran fuerza cinematográfica. La obra muestra la capacidad de la mujer para triunfar en el mundo de los negocios, pero establece, en un giro inesperado, que no debe dedicarse a ellos y que las madres han de trabajar en el hogar. Es una lástima que al único personaje de color (Butterfly McQueen) le corresponda un papel de chica tonta, supuestamente cómico.

La música, de Max Steiner, acompaña con brío y generosidad gran parte de la obra. Con una orquesta en la que predomina el metal, amplía y engrandece el dramatismo de la acción. La fotografía enriquece las imágenes con un uso brillante del claroscuro, proyecta sombras muy efectistas, sitúa personajes en la penumbra y a contraluz e ilumina los escenarios con sombras que crean dibujos de gran belleza plástica. El guión comprime la obra original, suprime elementos superfluos y cambia su ubicación y su referencia temporal. Da al metraje la extensión adecuada (107') para que la acción sea intensa y absorbente sin desfallecimientos. La interpretación de Joan Crawford es soberbia y deslumbrante. Llena la pantalla de magnetismo y seducción. El director construye una de sus mejores obras.

Primera película de Joan Crawford al servicio de la Warner, tras la finalización del contrato con la Metro. Uno de los mejores melodramas de los años 40, pese a algunos anacronismos.
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32 de 34 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Joan Crawford en su máximo apogeo.
Luego de ver “Alma en Suplicio” lo primero que pensé es cuán lamentable resulta que exista gente que recuerda a la imponente y talentosa Joan Crawford solamente por su estatus de “icono gay” – bien cimentado, sobre todo, entre los hombres homosexuales de Estados Unidos – o por la fama de madre despiadada que se ganó debido a la infame película “Mamita Querida” (1981, de Frank Perry), soslayando el hecho de que Crawford fue una actriz magnífica.

La cinta se inicia con el asesinato del millonario Monte B. (Zachary Scott) dando paso a la investigación detectivesca de rigor que retrotrae al espectador, mediante un largo flashback, a la vida de Mildred Pierce (Joan Crawford), mujer hogareña, respetable, trabajadora y muy inteligente, quien luego de ser abandonada por su esposo Bert (Bruce Bennett) sale adelante y se convierte en una empresaria exitosa, sin embargo, ella tiene un grave problema: el amor desmedido por su hija Veda (Ann Blyth), jovencita malévola, egocéntrica y manipuladora… monstruo producto de la irracional adoración de una madre capaz de todo, desde perder al hombre que la considera (su esposo Bert), aguantar numerosos desplantes en silencio y hasta casarse con un holgazán de la alta sociedad para adquirir una mejor posición social, pero ¿acaso, Mildred, sería capaz de asesinar? Con esta incógnita se va desarrollando una deliciosa mixtura de melodrama y film-noir que deviene en un clásico irrepetible colmado de intriga, originalidad y estilo.

La dirección de Michael Curtiz es sobria y multifacética, capaz de encontrar el equilibrio perfecto entre el drama de suspenso que mantiene a la audiencia al filo de su asiento y la conmovedora historia de una heroína motivada por el amor a una hija ingrata. Es indudable que el éxito de la dirección de Curtiz se encuentra respaldado, en gran medida, por el excelente trabajo del guionista Ranald MacDougall, quien adapta la novela de James M. Cain dándole importancia a todos los matices de esta historia sin sacrificar unos en detrimento de otros y realizando un prolijo desarrollo de personajes.

Además, “Alma en Suplicio”, cuenta con interpretaciones enormes. Sobresale, por supuesto, la esplendorosa Joan Crawford en un rol magnífico y cautivante que le permite explotar su talento como actriz y su innegable potencial de megaestrella, ella es creíble, exterioriza emociones intensas y complejas y devora cada escena en la que aparece con una energía dramática que parece inextinguible. Bruce Bennett, por su parte, es calladamente convincente, su presencia nunca pasa desapercibida y, en mi opinión, su interpretación es, aunque discreta, sin lugar a dudas excelente. Ann Blyth asume el desafío de dar vida a una joven hermosa pero a la vez repugnante y lo logra con tanto éxito que uno desea atravesar la pantalla y golpearla, mientras Eve Arden exprime su pequeño papel y consigue hacer que éste aporte a la película una necesaria dosis de energía.

Totalmente recomendada.
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30 de 35 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Mujeres de armas tomar
Las grandiosas interpretaciones de Joan Crawford y Ann Blyth en "Alma en suplicio" no pueden pasar desapercibidas, están inmensas, y ellas dos solitas se sobran y se bastan para hacer de este film, un acontecimiento memorable.

El film tiene un comienzo trepidante, se escuchan disparos y un hombre moribundo exclama el nombre de una mujer, Mildred (Joan Crawford). Tras ser retenida por la policía, Mildred cuenta como pasó de ser una ama de casa a una importante mujer de negocios que hizo fortuna con una cadena de hostelería. A pesar de ser una mujer con mucho dinero, su hija Veda (Ann Blyth) nunca pareció conformarse, y surge una confrontación entre la niña malcriada que es Veda, con la importante mujer de negocios que es Mildred.

El film está muy bien construido y va desvelando la trama conforme Mildred cuenta la historia a la policía. "Alma en suplicio" es una gran obra de cine negro, traición, engaños, celos y mentiras, con dos actrices, una adulta y otra adolescente, en estado de gracia.
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19 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Madre no hay más que una
Madre mía, lo que pasa en esta peli sólo puede aguantarlo una madre. Hay personas que se le da no una, sino tropecientas oportunidades, y no hay manera de que aprendan. Sólo un instinto materno mal entendido (en mi nefasto entender) puede aguantar ciertas cosas.

Lo mejor es que esto que puede ser un drama lacrimógeno de aúpa, se muestra en este film como una historia detectivesca, lo que es de agradecer. Y además muy buena, de las que te aferras al sillón.

Joan Crawford tiene fama de ser una de las feuchas de la historia del cine, pero en este film creo que se la intenta ligar todo macho que sale. Aunque bueno, son cosas del guión, porque donde saltan chispas es cuando sale con su hija, a la que le darías una buena azotaina a los treinta segundos de verla. Pero ya se sabe, las madres son muy sacrificadas y no habría película.

Desaconsejable si le tienes ganas a alguien. Si la ves, al acabar la peli te entrarán instintos homicidas muy saludables y si te lo encuentras le darás hasta en el carné de identidad.
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17 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Retrato de una mujer
Magnífico melodrama noir dirigido por Michael Curtiz y protagonizado por una excelsa Joan Crawford. En "Alma en suplicio", encontramos casi todos los buenos elementos que rodean a un film noir, dentro de un melodrama. La narrativa de la película, como la composición de la imagen final, desprende una sensación de fracaso latente en el estilo noir. El inicio, con ese hombre cayendo muerto, recuerda al principio de "El Crepúsculo de los Dioses", con Holden ahogado en la piscina y de esa manera se nos plantea la película. Poco a poco vamos viendo eso matices inconfundibles de la estética visual de carácter expresionista, cono son esas sombras y juegos de luces, que Curtiz sabía manejar con maestría, como ya demostró años antes en "Robín de los bosques" y "El halcón de mar". Ese principio, nos marca el camino de como se va a desarrollar la película, sucediéndose después los sucesivos flash-back que le confieren a la película mayor realismo, ayudados con la voz en off de Crawford, que da mayor subjetividad.

Crawford es una mujer sencilla, que cree vivir una vida feliz y sus dos hijas, pero poco a poco los conflictos emocionales le van afectando, no queriendo abrir los ojos la mayoría de las veces. Crawford podriamos decir que es el arquetipo femenino de un perdedor, una mujer que sufre un efecto contradictorio en la vida, ya que por una parte su vida profesional va estupendamente, pero la vida privada y personal es una constante tortura para ella. Es una mujer que es demasiado buena, que da demasiados caprichos a su consentida y caprichosa hija Veda. Esta adolescente representa la figura de femme fatale, una chiquilla que absorve económicamente a su madre para conseguir sus fines. Es fría, ambiciosa y calculadora. Sólo quiere vivir por encima de sus posibilidades y explota emocionalmente a su madre para conseguirlo. Son diversas las relaciones las que establece Crawford en la película, además de su hija: Su marido, el cual se va a vivir a la casa de otra mujer, un amigo, eterno pretendiente suyo, que la ayuda y un atractivo amante, el cual se aprovecha de ella en cuanto requiere la ocasión.

El guión está adaptado de una de las novelas de James M. Cain, autor entre otras de la excelente "Perdición" de Billy Wilder y "El cartero siempre llama dos veces", protagonizada por Lana Turner y John Garfield. Además de ese magnífico guión, la fotografía de Ernest Haller es de lo mejor que he visto en una película en B/N, francamente soberbio y una dirección de Curtiz espléndida, que nos introduce en la narración de la película sin apenas esfuerzo, despertando nuestro interés. Si os gusta el cine negro, bajo un estupendo guión, una soberbia fotografía y unas actuaciones magníficas (en especial Crawford), "Alma en suplicio" no os defraudará.
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14 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El segundo sexo
Rodada en 1945. Y de ahora mismo. Hay tantos temas en la película, tantas preguntas y tantos debates que me costaría saber cuál de todos ellos es el más importante. Solo he tenido clara mi nota: Sobresaliente.

Quizás el tema que más destaca es el de la educación, o más bien de la mala educación, de los hijos. La protagonista es una mujer fuerte, capaz, inteligente y brava que solo tiene un punto flaco, su hija Veda. Lo primero que me pregunto es si la forma de ser de Veda es fruto de su carácter, o si nació "bien" y se convirtió en un monstruito por los mimos y el amor de una madre permisiva, abnegada y protectora hasta el infinito y más allá. Es difícil saberlo: ella dice que, precisamente, la mima más y le presta más atención porque es la "peor". Más que amor, eso es claudicación: ya que no puedo cambiarte, intentaré protegerte de ti misma, pero ¿hasta dónde y hasta cuándo? No hay respuesta. De ahí el título de la película en español: "Alma en suplicio" que me parecía lo peor de ella, hasta que vi a esa madre desalentada frente a su niña de piel de lirio, boquita de piñón y cintura, y aguijón, de avispa, sembrando veneno a su paso, y fina y dulce estampa de la absoluta falta de sentimientos y del egoísmo insaciable.

Joan Crawford está absolutamente maravillosa. Es tanto la mujer fuerte, brillante, de gran personalidad, talento y éxito en los negocios, como la madre desconcertada, perdida e impotente con su mocosa malvada, y la mujer incapaz de encontrar un hombre a la altura de su fortaleza, inteligencia y voluntad. Representa a la mujer, esa "guerrera" de siempre, que tiene tantos y tan grandes frentes abiertos, que va perdiendo y ganando batallas, pero que está cansada y se siente sola. En 1945 y hoy mismo.
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13 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Obra maestra del director de Casablanca. Te acuerdas, Ugarte, qué poco duraste jodío. 1º del 96.
Imprescindible cinta de las que pasaban en V.O. (lo que permitía bajar el volumen para no despertar a tu madre y hermanos mientras que tu padre se encargaba de poner la gutural banda sonora) por la 2 de la añorada década de los 90 en horario draculiano, lo que suponía restar horas de sueño y de estudio (si las hubiere).
Una impresionante Joan Crawford (que viene a ser la Carmen Maura de la época dorada de jolibú) haciendo de madre coraje y un crimen pasional (creo que era pasional) por resolver.
Un Clasicón que hay que ver aunque la banda sonora la ponga tu padre en vez del Max Steiner y sus violines.
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16 de 21 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Mildred y sus tres peleles
En cierta ocasión leí que el cine clásico hollywoodiense representaba lo que podríamos denominar, en términos cinematográficos, narrativa ‘fuerte’. O lo que es lo mismo: una narrativa caracterizada por la enorme repercusión de las acciones llevadas a cabo por una serie de personajes muy concretos que ‘SON’ lo que ‘HACEN’. Por unos personajes, en definitiva, que lo que ‘HACEN’ conduce la historia en una dirección determinada.

Bueno, no sé si me he explicado o no pero -en cualquier caso- os aseguro que la peli de Curtiz constituye un magnífico paradigma de lo que acabo de formular. Así pues, aunque Mildred (Joan Crawford) aparece por primera vez en escena como una mujer desesperada, al borde (y nunca mejor dicho) del suicidio, el largo flash-back que nos explica los motivos de su frustrada decisión nos muestra, por el contrario, a una mujer fuerte, tenaz, emprendedora. Una mujer cuyas facciones y constitución física encaja a la perfección con su brioso carácter (ya lo apunta Neathara) y cuyos actos son los que, efectivamente, orquestan todos y cada uno de los episodios de este espléndido melodrama.

Quizás por todo ello (como también apunta Neathara) podríamos afirmar -sin temor a equivocarnos- que “Alma en suplicio” es una peli eminentemente feminista. Y no tan sólo porque son Mildred y su pérfida hija mayor las que realmente cortan el bacalao en toda esta historia, sino porque -por si fuera poco- los tres hombres que las acompañan son tres verdaderos peleles. Tres peleles que -al contrario que ellas- no ‘SON’ lo que ‘HACEN’, sino que ‘HACEN’ lo que ‘SON’. ¿Y que son? Pues eso, tres vulgares peleles.
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10 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cría cuervos...
Terminada la SGM el cine norteamericano intentó volver dentro de lo que cabe a la normalidad realizando proyectos más allá de los meramente propagandísticos. Michael Curtiz, consolidado totalmente en Hollywood por su apabullante éxito de “Casablanca”, se vio obligado durante los años siguientes, como buen director de estudio, a realizar películas de ese tipo, hasta que por fin llegó el momento del “regreso”.

“Mildred Pierce”, o como se la conoce en España “Alma en suplicio” -mucho más poético por cierto-, se convirtió en un clásico casi desde su estreno.

No podía ser menos, adaptar una novela de James M. Cain es casi garantía de éxito y en el guión radica uno de sus puntos más fuertes. Igual que la fotografía de Ernest Haller, un blanco y negro inolvidable que sólo pudo ser superado en los Oscar por una aun mejor en ese apartado “El retrato de Dorian Gray”.

Tampoco ganó los premios mayores, que fueron evidentemente hacia una obra maestra como “Días sin huella”, que son palabras mayores de Billy Wilder. Eso sí, donde no hubo duda es en el premio para Joan Crawford, espléndida, en uno de sus tres mejores papeles de siempre, que se pone la película por montera, bueno ella y casi todas las actrices, porque esta es una obra donde destacan las mujeres en sobremanera. Y eso al final se convierte en un problema, los actores no están a la altura de las féminas y es un lastre.

También me parece que la dirección de Curtiz no acompaña muy bien al texto, tienes escenas demasiado aceleradas para explicar hechos que requerían ciertos preámbulos, como las subidas y bajadas económicas de la protagonista, que parece que juegue en la Bolsa en vez de tener un negocio, o el tema de la pulmonía de una de las niñas, todo muy precipitado.

Sí, pienso que “Alma en suplicio” está algo magnificada, cosa lógica en un contexto donde las estrellas hacían que las películas funcionasen o no, y en esta funciona bastante pero no deja de ser un melodrama familiar ante todo, con aspiraciones moralizantes.

Buena película al fin de cuentas, que algunos amarán y que en el peor de los casos hay que conocer y degustar.
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Se abre el telón
Se abre el telón y se oyen tres disparos, y un hombre tambaleándose que susurra: Mildred. ¿Cómo se llama la película?


La fría y rígida Mildred se acerca a un barracón con claras intenciones suicidas. Lleva un abrigo de pieles, pendientes brillantes y una mirada lejana. La noche es fría y húmeda.

No sé cuántos minutos llevamos, escasos, y Curtiz está ya lleno de fango. Vale, y ahora… rebobinemos.

La fría y rígida Mildred se acerca a un fogón de la cocina con claras intenciones culinarias. Lleva delantal, harina por la cara y una mirada de serenidad. El día es luminoso y presiento que hace calor.

¿Lo entienden?

Perdón, aún no lo he dicho, la película se llama “Mildred Pierce”.
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15 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El thriller que podía haber sido
Brillante el comienzo de "Alma en suplicio". Que forma más acertada de ir colocando las piezas para una intriga de las grandes. Un asesinato, una trampa, una mujer fatal, varios candidatos sospechosos, engaños y pistas para que el espectador se haga un lío monumental. Que pena que no hubiera seguido por esa línea puramente criminal. Para nuestra desgracia, a los quince minutos pasamos a un flashback eterno que, salvo por una breve interrupción, dura hasta el final. Y lo que había sido una obra llena de suspenso en la mejor línea del cine negro, se convierte en un melodrama que no es para echar cohetes. La historia de una madre "emprendedora" que malcría a sus hijas, especialmente a la mayor, la guapa pero venenosa Veda Pierce (Ann Blyth). Con esto hasta intuimos el desenlace (SPOILER).

Lo peor no es que le falte psicología y diálogos, ni que le sobren secuencias (SPOILER), sino que el retrato me resulta demasiado exagerado. Este caso es excepcional, ni hay madres tan subordinadas a los caprichos de sus hijos, ni hay retoños tan crueles. Concretamente se pasan tres pueblos con Veda, que es tremendamente odiosa por exigencias de guión. De hecho, el comportamiento tanto de Mildred (una espléndida Joan Crowford) como el de Veda, es más enfermizo que otra cosa. Para decirnos que así no se educa a los hijos no hace falta 107 minutos pues en la primera conversación de Mildred con el marido, ya nos damos cuenta de lo profundamente equivocada que está. Es verdad, que la narración se sigue con interés pero al final "Alma en suplicio" queda lejos del thriller que podía haber sido.
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12 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
CINE NEGRO CON NOMBRE DE MUJER
Cuando en una película se suman talentos cinematográficos como los de Michael Curtiz, director y autor entre otros films de Casablanca ó Las aventuras de Robin Hood (versión de 1938), James M.Cain´s escritor y autor también de Double Indemnity (1944) (la extraordinaria Perdición de Billy Wilder), Ernest Haller, fotógrafo también de Lo que el viento se llevó y la buena labor interpretativa de Joan Crawford (recordada asimismo por Johnny Guitar ó ¿Qué fue de Baby Jean?) existen bastantes probabilidades de que la resultante de esta conjunción astral sea una obra de las llamadas mayores, Y hay que decir que Mildred Pierce (Alma en suplicio) lo es.

Pero el éxito no fue fácil. Tengamos en cuenta que Joan Crawford venía precedida de un cierto carácter difícil y de dos años de ausencia (incluso se llegaron a barajar los nombres de Bette Davis, Barbara Stanwyck y Anne Sheridan para este papel).Y si a ello le añadimos que se trata de cine negro poco convencional (con una mujer en el papel principal) y con una carga psicológica importante (la lectura última de la película es una relación materno filial obsesiva y destructiva) la respuesta comercial tenía su riesgo.

Pero la Crawford bordó su papel, que por cierto tenía muchas connotaciones autobiográficas (también fue camarera y vendedora) y la Academia la recompensó con la preciada estatuilla. Estatuilla a la que también optaron Anne Blyth por su papel de Veda (la hija en la ficción), Eve Arden (Ida), la propia película (perdió el Oscar frente a la genialidad de Wilder: Dias sin huella), Ranald MacDougall (guión adaptado) y Ernest Haller por la mejor fotografía en blanco y negro.

En resumen, una película de visión obligada.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
No todo lo que se asume como amor, tiene que ver con el amor
Hay varias tácticas infalibles para tirarse en los hijos. Por ejemplo: Déjese embarazar sin amor, así, usted dará muy poco, pues, nada se hace con verdadera alegría mientras no sea el gusto y la voluntad plena lo que nos anime. Después, no se capacite para ser padre o madre y dedíquese a repetir las mismas barbaridades que sus padres hicieron con usted... así, generación tras de-generación, los hijos que con tanta esperanza le dio la vida serán cada vez peores. Luego, oblíguelos a hacer todo lo que usted quiera que hagan, de esta manera, ellos no conseguirán autodefinirse y serán unos idiotas que harán siempre lo que otros les digan... ¡Ah! y además, sea indiferente, no converse, y siempre que vaya a decir algo ¡cantaletee! Olvídese de los halagos y caricias. Sea moralmente indigno…

Y bueno, también hay otra manera bien intencionada y bien segura de tirarse en los hijos: Concédales todo, ¡absolutamente todo lo que deseen! “No quiero que ellos carezcan de lo que yo carecí”, “Quiero complacerlos hasta que me muera”, “Mientras yo pueda, jamás les negaré nada”... Con frases “conmovedoras” como éstas y con acciones fieles a estas palabras… usted tendrá hijos sin resistencia al fracaso, convencidos de que todo les es debido, incapaces de buscar la autonomía, agresivos el día que por fuerza mayor se les niegue algo e incapaces de valorar a sus padres por algo diferente a las cosas materiales que estos les proporcionan.

Esto último, fue lo que le pasó a la voluntariosa, Mildred Pierce. Tuvo todo el tiempo del mundo para progresar económicamente… pero se le olvidó sacar tiempo para capacitarse como madre, porque, como tanta otra gente, Mildred pensó que se nace mamá y que la formación de los hijos es algo tan simple que ¡para qué capacitarse! "¿Cuándo las gallinas estudian? ¡Y siempre sacan adelante a sus pollitos!" Comentaba muy seriamente un padre de familia durante una charla formativa. Recuerdo que le respondí con una chorrera de preguntas: ¿Y cuánto viven las gallinas? ¿Tienen un proyecto de vida? ¿Sufren de estrés, depresión, angustia existencial, frustración...? ¿Se enamoran? ¿Estudian o trabajan? ¿Transforman, piensan, se comparan, sienten envidia o celos?

La novela, "Mildred Pierce" (1941) de James M. Cain, renombrado autor a quien debemos joyas como, “The Postman Always Rings Twice" o "Double Indemnity"), sirve de base a este drama, ligeramente pintado de film noir, en el que pesan más las relaciones interpersonales, vistas desde lo familiar, lo social y con firme asiento en los valores morales.

Mildred, es una bella mujer que, tras separarse de su esposo y deseosa de complacer a sus hijas, Kay y Veda, se convierte en camarera de un restaurante donde rápidamente aprende el oficio... y no tardará en asumir el reto de empresaria. A ella le ama, Wally Fay, quien la ayuda incondicionalmente con el único deseo de permanecer a su lado, pero ella mira hacia otro lado... y hacia ese mismo lado -de apellido Beragon-, comenzará a mirar su linda hija, Veda. De esta manera, se inicia un triángulo amoroso donde aflorará la humillación, el desengaño, la mentira, el oportunismo y otra serie de liviandades que, a veces, se apoderan de los corazones más débiles.

El director, Michael Curtiz, consigue una brillante actuación de, Joan Crawford, con la cual se haría merecedora al Premio Oscar por Mejor Actriz y, en general, el elenco que la rodea -sobre todo, Ann Blyth y Jack Carson– logra crear un drama de poderosa eficacia y de importantes significados

Título para Latinoamérica: <<EL SUPLICIO DE UNA MADRE>>
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
"Noir" de mujeres.
Con esta película el estudio Warner puso en pie otra adaptación del gran James M. Cain, un escritor cuya obra suele funcionar especialmente bien en el cine (“El cartero siempre llama dos veces” o “Perdición” por poner dos ejemplos) y le dio la batuta a Michael Curtiz que puso en pie una película con aires de cine negro mezclado con lluvia de melodrama creando así una obra muy especial, una película con el espíritu de 1945, con una América de luces y sombras, de final de guerra, de tiempos duros, de etapa ideal para cine negro y que además sirvió para sacar de las cenizas a una estrella que en aquellos momentos necesitaba un éxito para dejar de ser veneno para las taquillas, la película resultó el renacimiento de Joan Crawford que se convirtió en ilustre e imprescindible estrella con cuarenta años.

Narrada por Curtiz con ritmo, ejecutada con profesionalidad, con notables interpretaciones y protegida por el manto del cine negro, la historia de Mildred Pierce, ama de casa y empresaria de fuerte carácter, una mujer valerosa e independiente aunque empujada a la tragedia por la fuerza del destino, supone todo un rato de gran cine. Es digno también de mención el trabajo de Ernest Haller, el director de fotografía, durante el metraje predominan los ambientes de penumbra, tanto en exteriores nocturnos como en interiores, un auténtico portento de sobriedad y estilismo.

Pasemos ahora a analizar los personajes, todos y cada uno han sido espléndidamente elaborados, beben del fatalismo propio del mejor cine negro y están cargados de matices que los elevan más allá de su mera vis dramática. Vamos a centrarnos en las dos protagonistas, los verdaderos motores de la película, para el papel de Mildred se barajaron los nombres de Bette Davis, Ida Lupino, Ann Sheridan o Rosalind Russell, al final optaron por Barbara Stanwyck, pero cuando la decisión parecía estar tomada, Curtiz en una corazonada decidió hacerle una prueba a Joan Crawford, la Crawford, que intuía que el personaje podía relanzar su carrera, puso toda su alma en la prueba y tras ver el resultado de la misma Curtiz no dudó en darle el papel, está sublime, su interpretación confiere magnetismo y fuerza al personaje a la vez que lo acompaña por la pendiente de la fatalidad. Para el personaje de Veda, la hija de Mildred, se apostó por Ann Blyth, una actriz prácticamente desconocida que únicamente había intervenido en películas de serie B de la Universal, aquí interpreta a una joven bella, odiosa y avariciosa, llena de complejos, con una mente perversa y retorcida, la joven Blyth, a pesar de su escasa experiencia, se mete en su personaje y convence al espectador, crea una Veda que genera auténtico rechazo y repulsión, fantástica en su papel de bella "femme fatale".

Todo un clásico del cine negro y un enorme melodrama, toda la película exhala belleza plástica y fatalidad con un “in crescendo” que mantiene al espectador en vilo hasta la última escena, y, además, con una impresionante Joan Crawford que inunda la pantalla en cada escena,
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
La niña quiere un coche
Un hombre cae muerto de 4 tiros. Se presentan tres posibles sospechosos. Un inicio de clásico cine negro que en seguida se torna en un drama.

No es la gran película que vistos los comentarios parece que así lo indican. Hay un desarrollo anodino que es simplemente relleno para la historia. En cambio falta más desarrollo en la personalidad de la hija mayor; debería haberse visto más puteo de la hija a la madre, más sufrimiento; en realidad la hija no tiene más que un poco de tontería encima: a mí, llegado el caso mi hija me dice que quiere un coche nuevo o una casa nueva y no me perturba mucho, la verdad; ni caso y ya está. Que se quiere casar con un millonario, que se case, me parece lícito; si él quiere...

La hija menor es un personaje gratuito, de balde, prácticamente sin razón de ser en la trama.
Cuando el marido abandona a la mujer, las hijas ni se inmutan al ver marchar a su padre, ni éste parece que le importe mucho. Tan bueno que decía ella que era... Pues vaya. No se acerca a sus hijas ni por dinero.

La película se ve que es el resumen de una novela rosa con misterio que prescinde de la mayor parte de las características netas del cine negro: incluyendo la intervención criminal con toda la acción que conlleva. No es de cine negro.
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10 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Por el amor de una hija
Melodrama "noir" encabezado por una inconmensurable Joan Crawford, rodeada de una serie de actores formidables. El argumento, basado en la novela de James M. Cain, es perfectamente entendible y nítido a pesar de sus giros, lo cual es de agradecer. Los guionistas hicieron modificaciones sobre la novela para darle una tonalidad más negra, de tal manera que la película deja ver su condición híbrida entre melodrama y cine negro.

El film obtuvo un notable reconocimiento por parte del público. Estuvo entre las 10 más taquilleras del año, además del Oscar conseguido, merecidamente por Joan Crawford, de las 6 nominaciones que obtuvo.
La produjo Jerry Wald para la Warner; después haría "La senda tenebrosa" (1947), "Cayo Largo" (1948) o "Los sobornados" (1953), casi nada.

La película está formada en forma de flash-back, creando una expectación por saber qué ha pasado. El ritmo que insufla Michael Curtiz, sobre todo en los compases iniciales, es trepidante, en donde se suceden los fundidos y los travellings.

A medida que vamos conociendo la historia, nos va intrigando más. El ascenso económico y el reconocimiento social de Mildred no tiene correspondencia con su parcela sentimental debido a su problemática hija.
Con sus 40 primaveras, Joan Crawford aparece atractiva. Esta actriz de raza, demuestra que es una todo terreno: lo mismo le da hacer de ama de casa, incansable camarera o esa gran señora locamente enamorada, todo ello a la perfección. Todos los hombres del film caen rendidos a sus pies (maravillosa escena de la chimenea).

Pero la película no es sólo Joan Crawford. Su hija, Ann Blyth, merecidamente nominada al Oscar, no podría estar mejor, en un papel muy jugoso para cualquier actriz joven (la primera elección fue Shirley Temple).

Contiene varios elementos de cine negro: voz en off, flash-back, fotografía expresionista, algunos diálogos realmente notables ("¿Cómo le gusta la copa? Inofensiva" o "¿No me silba? Necesitaría la sirena de la policía").
Mención especial merece la fotografía a cargo de Ernest Haller, digna de las mejores películas de cine negro, con multitud de sombras, luces tenues, estudiados claro-oscuros, que dan forma (junto con la música de Max Steiner) a los intensos momentos dramáticos que la sufrida Mildred Pierce va pasando, a pesar de lo cual nunca pierde la esperanza.

Muy recomendable.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Melodrama del cine negro
Magistral melodrama del cine negro, que narra en tono de flaschback todo lo que una madre es capaz de ser por su hija, y sobre sobre todo una crítica innegable a la clase alta y a los jóvenes ricachones. Joan Crawford como todo una actriz madura, y Ann Blyth muy bien lograda con sun papel de niña caprichosa. Curtis con un excenlente trabajo post-Casablanca, mostrando que no es un director con suerte sino un director de verdad verdad. Fotografía excelente.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¿Usted quiere que yo pille una pulmonía?
Buena película, en clave de cine negro, la que nos brinda Michael Curtiz pocos años después de haber hecho Casablanca. No la doy más puntuación porque estimo que el desenlace final está cantado con demasiada anterioridad y eso, para mi gusto, es uno de sus pocos deméritos.
Joan Crawford llena la pantalla y el guión, salvo en el detalle que he mencionado, se desgrana a buen ritmo y sin esfuerzo.

Mujer fuerte, nuestra Mildred, pero desacertada en la toma de decisiones. Esas equivocaciones convertirán su vida monótona y tranquila en un verdadero río de alta montaña, emprendiendo un descenso vertiginoso hacia rocas y cascadas.
De fondo, siempre, su antítesis: un hombre con poco carácter, bueno y con una visión más amplia y acertada de los acontecimientos venideros.

Los personajes son perfectamente creíbles, aunque a veces la lupa cinematográfica pueda hacerles parecer exagerados.Claro que hay gente con maldad intrínseca. Convierten en un infierno la vida de cuantos les rodean. Y hay gente digna, sinvergüenzas y mujeres voluntariosas.

El paseo inicial de una Mildred noqueada me parece excelente, aunque yo soy poco objetivo en este caso: estoy entregado a las escenas con lluvia. Las razones del policía para convencer a la desesperada mujer del puente son irrefutables.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
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