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5
Franchutes en Manhattan.
-Cambiamos los bajos fondos y los tugurios de Paris por Manhattan.

-Cambiamos a un investigador privado o un delincuente por periodistas.

Y tenemos una película típica de Melville con su manera de filmar los callejones oscuros, los tugurios llenos de humo, las mujeres poco recomendables y la eterna lucha entre romper los códigos o ceñirte a ellos.

La investigación que lleva a cabo el periodista y el fotógrafo es la excusa para llevar al límite esos códigos y tomar difíciles decisiones.

Una película que esta bastante por debajo de lo que son las mejores obras de Melville pero que ofrece apuntes de su estilazo.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Quien tropieza y no cae, adelanta un paso.
Cuando Melville realizó esta película ya había iniciado su particular camino hacia el “noir”, género que habría de convertirse en su predilecto, y del que fue, sin duda, indiscutible maestro. En su anterior película, “Bob el jugador”, ya había comenzado a pulsar los ambientes y personajes (turbios los unos, ambiguos y trágicos los otros) que serían característicos de su cine, aunque mostrando todavía ciertos titubeos, propios de quien comienza a orientarse y aún no tiene del todo claro cómo continuar su marcha. En esa transición hacia una narrativa cinematográfica definida se inscribe el presente filme, que adolece en parte de esa condición de “ensayo”.

Y es que en el desarrollo de esta historia, ambientada en una Nueva York nocturna, fugazmente iluminada por las luces de neón y las que despiden los diversos garitos, fallan bastantes cosas. La película comienza casi como un thriller de espionaje, en el que un alto representante de la ONU ha desaparecido y un par de periodistas se encargan de buscarlo, pero precisamente en el desarrollo de sus pesquisas, el filme deriva hacia otros temas, sin llegar nunca a definirse por completo; a ratos parece que la historia quiere derivar hacia cierto documentalismo de la vida nocturna y “canalla” de Manhattan, pero tampoco acaba por decantarse por esa vía. Después, los pocos escrúpulos que muestran los periodistas para cumplir su objetivo, apuntan una reflexión crítica acerca del mundo de la prensa, más certeramente encarnada en el personaje de Delmas que en el de Moreau (interpretado discretamente por el propio Melville), pero en todo caso, alejada en sutileza e interés respecto de los modelos norteamericanos que trata de emular. A todo ello cabe añadir el escaso suspense de la historia y la ausencia de tragedia, elemento básico, absolutamente central, en todas las grandes películas de Melville.

Formalmente la película padece cierta “fascinación neoyorquina”, al punto de que gran parte de los recorridos de los protagonistas parecen no tener otro objetivo que mostrar las luces nocturnas, con sus bellos pero muy repetitivos efectos (todas las panorámicas aéreas de la ciudad), que en este caso no aportan demasiado a la historia (por cierto, casi al principio hay unas secuencias navideñas rodadas en el Rockefeller Center que Garci repetiría años después en “El Crack”). No obstante, cuando las tomas se realizan a pie de calle sí se consigue cierto aire documental, dotando así de mayor frescura e inmediatez a las imágenes; lástima que los interiores resulten bastante anodinos y poco cuidados, circunstancia que pudo deberse, en parte, al hecho de que fueron rodados en estudio, ya en Francia. También el uso de la música es un tanto tópico, recurriéndose al clásico Jazz en las panorámicas aéreas y en alguna secuencia concreta, sin que aporte nada en el campo dramático.

De todo lo dicho podría deducirse que la película no me ha gustado, pero no es así; la he visto entretenido y hasta con cierto agrado, incluso cuando sus imágenes me remitían a otras películas anteriores más originales o a otras posteriores mejor acabadas. Es una obra de transición, en la que el realizador no parece muy convencido de lo que hace, pero en ningún caso me parece una mala película. Podemos considerarla, como dije antes, una suerte de ensayo, y en ese sentido sin duda sirvió para que Melville definiera mejor su futuro cinematográfico, como ocurre a partir de “Le Doulos” (“El Confidente”), y sobre todo en el espléndido tríptico que componen “Le Samourai” (“El silencio de un hombre”), “El ejército de las sombras” y “Círculo Rojo”.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Noche en la Gran Manzana.
284/17/21/11/10) Notable film galo del polifacético Jean-Pierre Melville, una de cine negro, para los gabachos polar, su cuarto largometraje, que también escribe, produce y protagoniza, es un sólido trabajo que se nos cuenta al frenético ritmo de jazz, en lo que es una feroz crítica al mundo del periodismo, a la vez un soberbio homenaje a la vitalista y luminosa Manhattan. El argumento sucede durante el corto espacio de tiempo de una noche en Manhattan, el delegado francés en la ONU, Fèvre-Berthier, no comparece a una votación, ha desaparecido y un periodista, Moreau (excelente Jean-Pierre Melville), se pone en una enérgica búsqueda por ser el primero saber y publicar que le ha ocurrido, lo hace con la ayuda de un buscavidas fotógrafo, Pierre Delmas (notable Pierre Grasset), se produce entonces un descenso a multitud de locales nocturnos neoyorkinos en los que vamos desbrozando la personalidad de los dos periodistas, y de lo carroñero que puede llegar a ser esta profesión en donde la línea es difusa entre la información y el amarillismo. La puesta en escena es un colosal tributo a la música de la noche por antonomasia, el jazz, a golpe de jazz nos paseamos por Nueva York, en el cual la fotografía de Nicolas Hayer (‘El confidente’) es uno de sus mejores pilares erigiéndose en un gran transmisor de sentimientos. Recomendable a los que gusten de notable cine negro con mensaje. Fuerza y honor!!!
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Una reflexión sobre la ética del periodismo
Para mí es una obra de Melville muy especial, excéntrica, que se puede situar dentro del cine negro, pero no es exactamente cine negro, sino más bien una película sobre periodistas franceses en la ciudad de Nueva York, que vagabundean por esta ciudad durante toda una noche, en busca de una noticia, y se van encontrando así con diversos personajes variopintos, y varios escenarios variopintos. Melville se reserva un papel protagonista, lo que hace aún más especial este largometraje dentro de su filmografía. El director aúna varias obsesiones recurrentes (Nueva York, la noche) en una especie de homenaje al cine negro americano, pero el asunto principal estaría en torno al periodismo, en torno a lo que es lícito y no lo es cuando se va en pos de la noticia.

Es una obra desaliñada visualmente, pero interesante, de notorio pesimismo, y con una gran banda sonora "jazzística".
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
“Porque le amo y está muerto”
Fallido noir del maestro Melville en una suerte de confusa reflexión, de argumento mínimo, sobre la manipulación de la prensa y los límites de la libertad de expresión. La búsqueda de un diplomático francés de la ONU por parte de dos periodistas de la agencia France Press desemboca en un “voyage au bout de la nuit” neoyorquina y a sus diversos garitos de colorido pelaje y condición. Con unas más que discutibles interpretaciones de Pierre Grasset y el propio Melville como pareja investigadora, el director francés abusa de las escenas nocturnas sin un sentido específicamente dramático, como si la evidente fascinación que ejerciera la ciudad sobre el imaginario de su cine le hiciese olvidar el principio básico de cualquier film noir que se precie: contar una buena historia. No es, desde luego, el mejor Melville y en ocasiones parece más un ensayo o el borrador inacabado de una historia que planteada de otro modo hubiese podido llegar más lejos. Cuenta, en todo caso, con alguna de las obsesiones caras a Melville, como ese gusto por los personajes -policías, asesinos, hampones o periodistas, tanto da- solitarios y descreídos pero profesionales que con enorme maestría desarrollaría en muchas de sus producciones posteriores.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
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