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8
La buena camaradería
Buddusky (Jack Nicholson) y Mulhall (Otis Young ) son dos experimentados oficiales de la marina que reciben el encargo de tener que trasladar a la prisión militar de New Hampshire a Larry Meadows (Randy Quaid) , un joven marine condenado a 8 años por un inofensivo delito. Al poco tiempo de iniciar el camino, se dan cuenta de que el reo tan solo es un pobre chico, inocente e ingenuo, por lo que se compadecen de él y deciden durante el viaje iniciarle en todas aquellas cosas de la vida que no va a poder descubrir.

Tragicomedia con carácter de road movie, explora la camaradería que se produce entre personas que acaban compartiendo experiencias vitales de diverso índole, llegandose a cuestionar la ética de sus propias obligaciones. Sencilla de ver pero no por ello simple, consigue conmover gracias a la unión afectiva que se forma entre tres personajes bastante distintos.

CURIOSIDADES:
-Jack Nicholson rechazó el papel de El Golpe por rodar esta película.
-Nominada a tres Oscars: Mejor actor (Jack Nicholson), mejor actor secundario (Randy Quaid) y mejor guión adaptado.
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13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Cinco Dólares para un año
Al mundo entero consiguió impresionar Jack Nicholson con su atrevida interpretación sobre un marinero pendenciero, que realizó en el 1973 en la película dirigida por Hal Ashby titulada el último deber. La crítica y los galardones fueron justos con él, y el actor recibió no sólo la nominación en la gala de los Oscars, sino también la nominación en los globos de oro y el premio del festival de Cannes así como la elección del mejor actor del año por parte del circuito de críticos de Nueva York. Pero reducir la película de Ashby a la magnífica interpretación de Nichsolson es sinceramente un error. Muchos de los críticos ponen de relieve que el actor prefirío optar por este papel antes que conseguir el del protagonista en el Golpe, pero aunque El último deber no sea desde luego una película tan grande como la que dirigió George Roy Hill, desde luego tiene una personalidad importante, equiparable incluso al Golpe.

Y es que la personalidad del director Hal Ashby es desde luego bastante llamativa. Aunque su carrera pegó un bajón considerable después de realizar la peculiar Bienvenido Mr. Chance en el 1979, hasta el momento sus películas se movían dentro del reconocimiento académico, pero siempre con un espíritu totalmente independiente que le permitió realizar películas bastante comprometidas. En su segunda película, Harold y Maude (1971), el argumento de la película tira por unos derroteros totalmente surrealistas y únicos desde el punto de vista del cine del panorama cinematográfico de inicios de los años setenta. Harold era un joven con tendencia al suicidio (en la película trata de llamar la atención cometiendo por lo menos una decena de simulaciones de suicidios) que se enamoraba de una anciana que sin embargo estaba repleta de vida.

Después de realizar un film con un desarrollo estrambótico como el comentado, Ashby decide rodar el último deber, un film que mezcla la road movie con el tema del compañerismo y la camaradería. El argumento es a priori sencillo, Jack Nicholson y Otis Young interpretan dos miembros de la marina que se ven obligados por una misión del ejército a trasladar a un preso de la propia marina, interpretado por Randy Quaid, que ha realizado un robo absurdo (de apenas cuarenta dólares) y por el que es condenado injustamente a ocho años de cárcel.

Los personajes que conforman la película son un trío de lo más singular y surrealista. Jack Nichsolon es un hombre que aunque se hace amistoso para el espectador, tiene mucho de canalla en sí, y ese es precisamente uno de los méritos del director, que consigue trasladarnos las historias sórdidas de tres personajes que sin embargo llegan al fondo de nuestro más íntimo. Desde el primer minuto Nicholson se demuestra reacio a completar la misión, y aprovecha la semana de duración que tienen para trasladar al personaje de Randy Quaid para utilizar esa semana casi de manera exclusiva como una especie de vacaciones sabáticas, donde todo esté permitido.

En realidad, la película nos muestra a tres personajes que se encuentran al margen del establishment (pese a que trabajan de manera muy ligada para el sistema), y que odian la vida que llevan. Ashby no se sirve de grandes secuencias ni de complejos giros de guión. La mayoría de secuencias retratan el minimalismo en el que se desarrolla la acción de nuestros tres protagonistas. Muchas de ellas son escenas en las que comparten múltiples cervezas o realizan una simple barbacoa. La grandeza de la película está en retratar estos detalles íntimos como lo que son, la muestra de las ganas de vivir de nuestros protagonistas, aunque la vida se lo impida continuamente. El drama se acentúa en el caso del personaje de Randy Quaid, al que le queda una semana de existencia antes de que ingrese en prisión durante unos largo ocho años

La película recoge un tono dramático que nunca trata de edulcorar. Este realismo empapa todos los aspectos del film, desde el sentido argumental hasta la fotografía triste y oscura que capta a la perfección los ambientes más degradantes de las grandes urbes norteamericanas. Es quizá la baza que deja mejor sabor después de haber visto la película. Por ejemplo, aunque durante mucho tiempo creemos que Randy Quaid va a ser liberado por concesión comercial al espectador, finalmente ingresa en la cárcel, en una secuencia en la que no da tiempo ni de despedirse a los que se habían convertido finalmente en sus amigos. El director podría haber permitido que este huyera pero la triste realidad se impone antes que una cucharada de azúcar cambie el final.

Mediante un humor negro y una deconstrucción de personalidad muy eficientes también observamos como Ashby consigue el objetivo principal de la mayoría de Road Movies: Hacer evolucionar a sus personajes. Una de las cosas más maravillosas que comprobamos cuando ha finalizado la película es como el trío principal del film, ha ido dejando huella cada uno de ellos una parte de su personalidad en el otro.

http://neokunst.wordpress.com/2014/03/10/el-ultimo-deber-1973/
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11 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Vivir!
83/26(17/03/11) Entrañable y a la vez dura cinta realizada por el buen Hal Ashby, una tragicomedia que nos habla de lo importante que es saber aprovechar cada momento de nuestra vida, hay que saber disfrutarla. El argumento es una road-movie y nos cuenta como dos veteranos suboficiales de la marina, Buddusky (Gran Jack Nicholson) y Mulhall (correcto Otis Young), tienen la misión de trasladar a un preso, Larry (Magnífico Randy Quaid), desde Virginia a la prisión militar de New Hampshire, está condenado por robo a 8 años de reclusión, y al ver que es un cándido muchacho que apenas sabe lo que es la vida deciden alargar al máximo los días que les han dado para hacer que Larry disfrute al máximo, comienza entonces el despertar de la inocencia de Larry, van parando por ciudades donde se cruzan con todo tipo de personajes que deriva en situaciones comprometidas, nace entre los tres una fuerte amistad, surgen diálogos que se mueven entre lo melancólico, el humor y la tristeza, ello con el amargo telón de fondo de la cárcel. La cinta discurre por parámetros previsibles, pero la fuerza de las interpretaciones hace del relato que te deje poso, Jack Nicholson realiza un trabajo sobresaliente, un tipo cargado de energía, desprende carisma, una personalidad arrolladora que emana simpatía, magnetismo, pero es que Randy Quaid le da replica de modo soberbio, imprime a su rol una ternura e ingenuidad veraz, maneja el lenguaje gestual de modo pasmoso, se mueve por la pantalla con la puerilidad de no haber roto un plato en su vida, sus ojos irradian cariño, entre Nicholson y Quaid se establece una química extraordinaria, con unos diálogos inundados de frescura y chispa. El guión del gran Robert Towne (‘Bonnie & Clyde’, ‘Chinatown’, ‘Yakuza’) es magnífico creando situaciones de gran fuerza dramática sabiendo conjugarlo con un humor sutil, es un retrato humano de unas almas perdedoras, desarrolla un increscendo conmovedor que nos lleva su emocionante final. Destacable es la excelente fotografía de Michael Chapman (‘Taxi driver’, ‘Toro Salvaje’ o ‘El fugitivo’), tonos ocres apagados que transmiten un clima sórdido deprimente muy acorde con la atmósfera amarga del relato. Una tara es el poco peso que tiene el personaje de Otis Young, se lo comen Nicholson y Quaid en cada escena, no guarda ni de lejos el equilibrio que debiera. Me recuerda bastante ‘La última noche’ de Spike Lee, es un argumento con muchos puntos en común. Recomendable a los que gusten de dramas de calado. Fuerza y honor!!!
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La vida no da segundas oportunidades...
Entrañable historia de amistad, tiene algo de redención. Los dos marineros de algún modo sienten
poder hacer algo por el personaje de Dennis Quaid, en sus últimas horas como hombre libre. se aperciben de que es un niño con cuerpo de hombre. El sentimiento que les aflora es una
mezcla de compasión y tristeza, de impotencia por no poder cambiar las circunstancias, en especial el personaje de Jack Nicholson, que incluso tiene un arrebato por concederle la libertad...
sin duda el muy impulsivo y como su mismo nombre indica bestia es un pedazo de pan en el fondo de su solitario corazón. Recuerda mucho al personaje de alguien voló sobre el nido del cukoo. Lleno de vitalidad, astuto, impulsivo y pendenciero.
Memorable la escena del parque nevado mientras intentan comer unas salchichas, con ese precioso travelling. También conseguida la escena del burdel, así como la de la fiesta, por no mencionar cuando visitan la secta, o la escena del bar con el barman... La cinta esta trufada de humor con una cierta dosis de fatalismo muy bien dosificado.
se nota el toque setentero en que esta rodada. Con dosis de leve critica social. El influjo de Cassavettes por alejarse del rodaje en platos y decorados y elegir lugares reales.
Ante todo la idea que subsiste al acabar es una especie de alivio y tristeza al pensar que a veces, muchas veces la vida no da una segunda oportunidad.
Brillante guión y composición de personajes de Robert Towne, con excelentes diálogos.
Michael chapman filma una adecuada fotografia muy lograda en las secuencias callejeras, al aire libre
logra crear atmosferas muy diferentes:
desde la noche en Boston, en el parque nevado, por la ciudad cuando quieren comer en un restaurau
rante, o la escena en el baño con los marines.
ya habia creado grandes ambientes por ejemplo para Scorsese en Taxi driver o toro salvaje.
en suma deliciosa comedia agridulce, sencilla y nada pretenciosa que deja un poso de claridad y
frescura cuarenta años después.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Sorprendentemente buena
Esta película está a la altura de las grandes.

El filme tiene un punto de partida muy original para hablarnos del descubrimiento de la vida por parte de un joven adulto aún con mentalidad de adolescente. La trama, además, se hace muy entretenida ya que cuenta con un sinfín de "minitramas" que divierten o emocionan pero nunca aburren.

Los actores están geniales -aunque el doblaje de Nicholson choca un poco al principio- y los personajes, en especial el de Quaid, están perfectamente construidos.

Esta es una de esas películas que entretiene a la vez que hace pensar al espectador.
Muy buena.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La humanidad siempre por delante.
Los marineros Buddusky y Mulhall son los encargados de custodiar a Meadows, un condenado acusado de hurto, hasta la prisión. Durante el trayecto surge una camaradería entre los tres y los dos marinos deciden que lo más correcto es que el chico disfrute de sus últimos días de libertad y que experimente muchas sensaciones que no tendrá en la cárcel.

Buen trabajo de Hal Ashby, con el que encarará una década de los setenta muy interesante en lo que se refiere a la calidad de sus prestaciones. Quizás el punto más fuerte de la obra sea el guión de Robert Towne, el creador de guiones tan perfectos como los de Bonny y Clyde, Chinatown o Yakuza.

El papel principal cayó a un actor que empezaba a despuntar como un prometedor intérprete y este examen lo saca con matrícula. Jack Nicholson vuelve a hacer un gran trabajo como un temperamental y bienintencionado marine. Tras esta llegarían dos de sus mejores películas: Chinatown y Alguien voló sobre el nido del cuco. Junto a él está Otis Young y Randy Quaid que acompañan bien el papelazo de Jack.

Lo más trascendente de la obra es el sentimiento de compañerismo que desprende en todo momento.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Un gran Nicholson
Jack Nicholson encarna al oficial Buddusky, más conocido entre sus amigos como 'Badass', un personaje que desde su primera aparición consigue hacerse con la simpatía del espectador. Su sentido del humor, histrionismo y filosofía de la vida están representados a la perfección por el actor, que ofrece uno de los mejores trabajos de su extensa carrera. Cuando Robert Towne -guionista entre otros de títulos tan importantes como El Padrino o Chinatown- recibió el encargo de adaptar la novela escrita por Darryl Ponicsan a la gran pantalla, el nombre del actor nacido en New Jersey fue el primero que le vino a la mente.

Si la elección del personaje principal supuso un acierto, no fue menos la de los secundarios que le acompañan, en este caso los otros dos soldados. El oficial Mulhall está encarnado por Otis Young, actor fallecido en el año 2001 que desarrolló casi la totalidad de su carrera en la televisión. Su personaje, mucho más reservado, serio y atento con el cumplimiento de la misión se erige como contrapunto perfecto al interpretado por Nicholson. Hay que decir que Young no fue la primera opción para encarnar a Mulhall, ya que, tanto Nicholson como el productor querían a Rupert Crosse. Sin embargo, el actor afroamericano sufría en aquella época un cáncer de pulmón que acabó tristemente con su vida en el año 1973.

Para el personaje del joven marinero Meadows, el elegido fue Randy Quaid. Al igual que su compañero, Quaid no fue la primera elección sino que esta recayó en John Travolta, algo que se explica en el interesantísimo documental Casting by -Tom Donahue, 2007- que homenajea la figura de la directora de castings Marion Dougherty. No obstante, el aspecto físico del hermano mayor de Dennis Quaid era más adecuado para interpretar al personaje y finalmente, tanto productores como el guionista acertaron en esta decisión.

Y supuso un acierto porque la química entre los tres actores es total y funciona a la perfección. En este sentido ayuda mucho la historia, con numerosas ocasiones para que el trío -especialmente Nicholson- se luzca. Un viaje de iniciación para el más joven y de evasión para los dos oficiales que pueden perder de vista durante una semana su rutina en el cuartel. Aunque el filme está repleto de momentos cómicos -la borrachera en el hotel, el encuentro con las chicas en un apartamento de Nueva York o la pelea con otros soldados- nunca abandona ese fondo triste, y es que, tras las jornadas que pueda durar el viaje, el soldado Meadows deberá pasar ocho años en prisión.

Esa mezcla entre comedia y drama convierten a El último deber en una cinta muy recomendable, que no suele destacarse cuando se habla del cine norteamericano de los años 70, pero que en mi opinión se encuentra entre las diez mejores de esa década, y eso es mucho decir. La película recibió tres nominaciones al Oscar -actor principal, secundario y guión adaptado- en el año 1974, pero se marchó de vacío. Solo con nombrar alguno de los títulos que compitieron con ella -El Golpe, Serpico, Tal como éramos o American Graffiti- podemos ver el gran nivel que había en aquella edición, tónica habitual en una de las décadas más importantes para el cine norteamericano.

Más sobre esta y otras películas en el blog: argoderse.blogspot.com.es
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El final de un camino puede ser el comienzo de otro
Hal Ashby, uno de los más personales directores de la década de los 70, nos regala una verdadera joyita con alma de road movie, un tratado sobre amistad y un profundo estudio de caracteres que aparentemente queda disfrazado bajo un ambiente cómico e iniciático. Entregó “El Último Deber” justo después de esa obra maestra (incomprendida y vilipendiada a partes iguales pero grandiosa) que fue “Harold y Maude” y antes de otras perlas como “Esta Tierra es mi Tierra”, “El Regreso” y sobre todo “Bienvenido Mr. Chance”.

El guion del colosal Robert Towne es sencillo pero directo, presenta tres caracteres dispares y va desarrollando sus personalidades a través del viaje que ocupa el metraje íntegro del film.

En la faceta interpretativa tenemos a un más que correcto Otis Young, a un jovencísimo y casi irreconocible Randy Quaid (nominación a los Oscar incluida) y un actor que es el verdadero faro de la película, esa auténtica bestia de la interpretación que parece deambular por cada minuto de metraje devorando con su mera presencia cualquier atisbo de aburrimiento, estoy hablando como no puede ser de otra forma del grandísimo Jack Nicholson en la que es desde luego una de sus mejores interpretaciones (y una de las menos reconocidas).

Solo por ver a Nicholson derrochando carisma escénico y presencia a raudales merece la pena darle una oportunidad, pero además el film cuenta con más alicientes que hacen que su visionado se convierta en una experiencia más que recomendable.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Join the Army!
Afilada comedia antimilitarista de Hal Ashby. El argumento es relativamente simple y la trama se desarrolla por derroteros más o menos previsibles, pero un guión plagado de situaciones bien engarzadas y de diálogos brillantes, y una interpretación colosal de todos los actores (Jack Nicholson a la cabeza), hacen de esta aparentemente obra menor un ejercicio cinematográfico muy interesante. La película mantiene a día de hoy toda su frescura, y los personajes siguen transmitiendo desprecio y ternura a partes iguales. La película se plantea como un viaje iniciático cargado de patetismo. Ashby utiliza una trama supuestamente banal para hacer un repaso al ejército y a los convencionalismos sociales, y plantea al espectador interrogantes sobre temas muy trascendentes como la libertad, la religión o la prostitución. La película contiene momentos deliciosamente cómicos (borrachera en la habitación del hotel), pero sobre todo me quedo con las escenas que dejan un poso triste y desgarrador como trasfondo de situaciones absurdas y de humor negrísimo (episodio en el burdel, salchichas en el parque...). El final, a pesar de su previsibilidad, sigue incomodando y dejando helado a cualquier espectador. Una película personalísima y poco convencional en el panorama hollywoodiense, que perfectamente podría conectarse con nuestra tradición de esperpento o con el mejor Rafael Azcona.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cumplir años y órdenes sin hacerte una sola pregunta
La obra que sigue a la fantástica Harold y Maude (1971) fue esta road movie carcelaria, y en tren. 10 días para trasladar a un preso que tendrá que cumplir un castigo ejemplarizante por una memez cleptomaníaca. Hal Ashby aprovecha la absurda circunstancia militar para recorrer campos y ciudades americanas, poner a prueba la capacidad intelectual de los defensores de la patria y reírse de las obligaciones estúpidas a las que se veían sometidos los marineros yanquis del último cuarto del siglo pasado.

Los personajes de Jack Nicholson y Randy Quaid (escolta y escoltado) permiten un lucimiento extra a los actores, dado el ínfimo nivel de responsabilidad de ambos especímenes. Las miradas y silencios del otro vigilante (Otis Young) parecen muestras de inteligencia superior, por comparativa.

Si lo que estiman las instituciones armadas es la perra obediencia de sus subordinados, por encima de cualquier otra consideración, no cabe duda de que con soldados tan elementales como estos dos veteranos, y el pánfilo jovencito, tienen más que cubierto el objetivo. Aunque la Guerra del Vietnam esté en sus últimos coletazos, el movimiento hippie en su momento álgido y el patriotismo americano desinflándose.

Interesante mirada la de un Ashby irónico y escéptico sobre la joya de la corona estadounidense: el ejército.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Nicholson, como siempre un veinte de diez.
'El último deber' es una película poco conocida debido a que en España se estrenó tres años más tarde que en su país de origen. No fue hasta 1984 cuando fue doblada al castellano, y me parece que la elección de las voces es muy acertada. Si bien el inconfundible Ramón Langa (voz de Bruce Willis) fue el encargado de doblar a Otis Young y no al Nicholson protagonista, este fue doblado por Juan Logar, el cual le supo representar a la perfección su personaje al público español, insuflándole de una mala leche y brusquedad agradecidos de ver, pues para mí en eso radica el mayor encanto de la película (si no esta sería mucho más aburrida). Eso unido al carisma habitual de Nicholson (¿cuándo ese hombre no lo tuvo?) termina de garantizar el espectáculo.

Porque la idea en sí aunque es original del todo bien explotada no está. El principal fallo es la personalidad de Meadows, el cual da la impresión de acercarse a la deficiencia mental en su más estricta terminología. Carece de motivación de alguna clase y a la hora de precisar con calificativos su personalidad, el de tonto es el que más me encaja.

Aunque se dice que la película sea producto de ese cine independiente que se rodaba en los 70, en el guión hay algunas puntadas que solo responden a referencias comerciales, por carecer de sentido, principalmente, resultando insulsas, buscando una complicidad facilona con el espectador que en este caso no se llega a producir.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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