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6
Podría haber sido mejor.
No está mal la película, pero la verdadera historia daba la suficiente pluma para que la escriban mejor.

Creo que a esta altura de la vida, año 2015, éstas películas yankis orientadas a la guerra fría URSS vs USA, ya no dan para más. A éste film sólo lo quise ver porque soy aficionado al ajedrez, sino, no lo hubiera hecho.

Trataré de explicar sintéticamente el por qué, en el spoiler, que lo pueden leer tranquilos, ya que no comento ningún detalle significativo del argumento.
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40 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Otra ocasión perdida
De nuevo, una película para ilustrar el ajedrez en la gran (o pequeña) pantalla. Y de nuevo, otra ocasión perdida. Como precedente, y recordando dos películas que se tornaron fallidas, a mi modo de ver, para ilustrar el ajedrez en imágenes (La defensa Luzhin y Searching for Bobby Fischer) he de decir que, por momentos, se acierta en la ambientación (la caricaturización de Spassky es perfecta, incluida la nariz, o algunos tableros y piezas elegidos para determinados eventos o el reloj Garde de los Campeonatos del Mundo, el mismo que se usó para el match de Sevilla entre Karpov y Kasparov). Pero por otros, un sinfín de fallos que son inadmisibles si conoces el transcurso del acontecimiento. Refleja poco el carácter de Fischer y de manera errónea, y se excede en el tono amable de Spassky, sobre todo en la famosa sexta partida del match. Tobey jamás se hace con el personaje, el ritmo es demasiado confuso, se producen situaciones cómicas al "analizar" conjuntamente las partidas en la antesala del sitio de juego y procura resaltar la victoria como una batalla ganada en la ya pasada Guerra Fría, dejando de lado todo lo que en sí representa el ajedrez, reclamo que muchos ajedrecistas buscamos en ella. Es necesario decir que, como bien mayor, acerca el ajedrez a todos los públicos y por ende y sin perder la visión crítica, no todo deben ser quejas.
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39 de 44 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Otra vez lo mismo
Estados Unidos gana a Rusia.

Aquí no aparece ni cuando Fischer escupió a los Estados Unidos, ni cuando huyó, ni cuando fue arrestado en Japón.

Otro papel para Óscar:
-chico con problemas,
-humilde estadounidense,
-gana a Rusia.

Montones de primeros planos de Tobey Maguire,
los rusos son estúpidos y malos,
nada de puntos conflictivos.

¿Queda algún guionista decente en Hollywood?
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65 de 106 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
EL DESMORONAMIENTO DE UN HEROE
PAWN SACRIFACE es una película a medio hacer. Su director Edward Zwick no tiene la más remota idea de los que es el ajedrez, es más, me atrevo a decir que nunca lo ha jugado con la pasión de los adeptos. PAWN SACRIFACE profana al genial campeón Bobby Fischer, y también al no menos genial y Campeón del Mundo: Boris Spassky. Al primero lo retrata como un alucinado sin apenas profundizar en el desmoronamiento de esa portentosa mente, y al segundo, lo presenta como una estrella de rock superficial, casi un bobo, e identificado con el sistema comunista, obviando que Spassky terminó radicado en Occidente y renegando del sistema soviético y sus insoportables controles sobre la vida privada de las personas. PAWN SACRIFACE ni profundiza en el juego/ciencia del ajedrez, ni en el emocionante encuentro del año 1972 en Islandia, y tampoco ofrece una fisonomía de las tensiones que pugnaron alrededor de la Guerra Fría (1948-1991): PAWN SACRIFACE quiere abarcarlo todo y lamentablemente no abarca nada o muy poco para no ser completamente severos en ésta apreciación. Tobey Maguire, lo intenta, pero tampoco es capaz de mimetizarse en tan complejo personaje. Su interpretación es pálida y afectada, sin la fuerza ni el carisma que tuvo el americano en la vida real. Que Bobby Fischer haya sido un obseso del trabajo estudiando el ajedrez nos confirma que el talento sin sacrificio no conduce a nada. Otro campeón malogrado fue el polaco Akiba Rubinstein quién decía que el año tenía 365 días. 300 los dedicaba sólo a estudiar a Caissa, la musa del ajedrez, los otros 60 iba de torneo en torneo, y los 5 días restantes eran para el reposo. ¿Qué tal? Otro desperdicio en la película fue la presencia del GM William Lombardy, el sacerdote que en la película aparece como el segundo y mentor espiritual fallido de Fischer, en realidad, Fischer no tuvo nunca un equipo de segundos y la relación con Lombardy fue sólo muy pasajera. Fischer fue siempre un lobo solitario enfrentado a sus demonios y con un solo objetivo en la vida: ser campeón del mundo de ajedrez destronando con ello a la hegemonía soviética en la disciplina, lograda la meta, desapareció, hasta reaparecer en el año 1992, veinte años después, para enfrentar una vez más, tablero de por medio, a su antiguo rival y amigo: Boris Spassky, a cambio de una jugosa recompensa millonaria. El Departamento de Estado de los Estados Unidos lo sancionó porque desestimó como ciudadano estadounidense la prohibición de jugar en la antigua Yugoeslavia en plena guerra civil, desde ese momento fue un renegado y apátrida, escondiéndose de sus perseguidores por medio mundo, y eso que su logro en 1972 representó la más grande victoria simbólica de los Estados Unidos en contra de la URSS en toda la Guerra Fría. Así pagan los Estados Unidos a sus héroes. El parlamento islandés, con muy buen criterio, le otorgó la ciudadanía y con ello protegió y cobijó a la gran leyenda que murió en esas gélidas tierras de donde son los vikingos. Sigo creyendo que EL JUGADOR DE AJEDREZ (1978), donde actúa el extraordinario actor alemán Bruno Ganz, es la mejor película sobre el mundo del ajedrez, además de mostrar como el apasionamiento total alrededor del “juego” termina desquiciando a sus cultores hasta llevarlos a la demencia total. Otra muy meritoria es la “infantil”: EN BUSCA DE BOBBY FISCHER (1993) porque quienes la hicieron sí sabían de qué va el ajedrez de torneo y competencia en los ámbitos escolares y juveniles. Otra buena, aunque inferior a las dos antes nombradas es: LA DEFENSA LUZHIN (2001) con John Turturro. En cambio, EL SEPTIMO SELLO (1957) del gran Ingmar Bergman, es otra cosa, en primer lugar una de las mejores películas en toda la historia del cine mundial, donde se presenta el duelo del caballero medieval con la muerte a través de una partida de ajedrez. La alegoría es clara: el ajedrez como representación simbólica de la gran vida humana como dialéctica y combate, además, de presentar el epicentro de toda la angustia existencial alrededor de la muerte y las posibilidades de que exista otra vida en el más allá. PAWN SACRIFACE, si bien recrea la vida de Fischer, sus licencias son imperdonables, pero sobretodo, la ausencia de mística, esa ligereza, o caricatura mejor dicho, conque desdeña a éste, el mejor y más perfecto juego cuyos inventores fueron nada más y nada menos que los Dioses: el AJEDREZ.
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27 de 30 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
¿Cómo han podido hacerte esto Bobby?
El duelo Boris Spassky contra Bobby Fischer en Reykjavík por el campeonato del mundo de ajedrez en 1972 es uno de los momentos más recordados no sólo de la historia del ajedrez, sino de la Guerra Fría y del siglo XX. Todos sabemos que Bobby Fischer aplastó a su rival soviético en medio de un comienzo marcado por sus ridículas y extravagantes exigencias. Nadie creo que desconozca la famosa llamada de Henry Kissinger o la desorbitante cantidad de dinero ofrecida por un hombre de negocios británico para que finalmente acudiese el americano.

Esta película no le hace honor a alguien tan excepcional como Bobby Fischer ni refleja remotamente bien su camino a ser campeón del mundo. ¿De dónde se sacan ese glamour que reina en la casa de los Fischer? ¿No sabían que eran más pobres que las ratas? ¿Qué es eso que un caballero respetuoso y amable como Boris Spassky sea representado como una estrella de rock, con sus gafas de sol y agasajado por un séquito de aduladores? ¿Se ha preguntado Zwick si Spassky era siquiera miembro del partido comunista? ¿Pensó en algún momento incluir en la película que Bobby Fischer pudo luchar por el campeonato del mundo de ajedrez de 1972 gracias a una argucia de EEUU para convencer al ajedrecista Pal Benko que le dejase su sitio en el torneo interzonal de 1969 a cambio de un buen puñado de dólares?

Si el reflejo de los hechos hasta Reykjavík deja bastante que desear, no lo es menos la interpretación de Tobey Maguire, que falla con estrépito en su papel de reflejar la locura y excentricidad de un personaje que no le queda grande, sino enorme.

En su conjunto, 'Pawn sacrifice' no es otra cosa que un telefilm mal hecho, peor estructurado e insulso que no aporta nada que no sepamos y que puede calificarse de ridículo intento frustrado de biopic del gran Bobby Fischer.
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22 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Una pasión a la velocidad del peón
Excelente actuación de Maguire y Schreiber, ambos paranoicos, perfeccionistas, pequeños. Definitivamente una película que ahonda en la mente de aquellos jugadores del destino. todo o nada, ganar o perder, no se puede empatar.

La conspiración detrás de la puerta, una posibilidad de guerra, la estrategia a la orden del día, todo de manera brillante. Muy similar al estilo de "Una mente brillante" donde la humanidad latente al genio puja por salir.
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Enroque corto
Si "Puente de espías" (2015) -guardando las proporciones- reflotó con calidad el tema de la Guerra Fría, llama la atención que "Pawn sacrifice" (2014) pasara con tan bajo perfil por las diferentes carteleras globales.

Puede que sea porque el ajedrez no es tan masivo hoy como en esa entonces o porque los nombres del elenco no resultan tan taquilleros como algunos esperaban, pero es el factor de "basado en hechos reales" lo que intriga para ver este film que reitero, pasó más silente de lo que merecía.

Eso sí, el ritmo a veces no es el mejor. Por tramos aunque transita por lugares comunes, se vuelve somnolienta o al menos reiterativa, pero en el fondo da a conocer una historia bastante desconocida para esta generación.

Acá vamos por una biopic de genio atormentado, con más o menos razón en determinados momentos, en un contexto histórico único y con inserciones finales que validan el todo.

El trabajo en líneas generales es aceptable, quizás se queda corta pero opta por la sobriedad. Va por los lugares comunes y la historia de Bobby Fisher quizá podía ser más audaz. Tremendo personaje y de seguro no será lo último que veremos sobre él.

Recomendación:
Aceptable. La historia es buena pero está ejecutada de forma irregular. Tiene buenos momentos y otros menos logrados. Merecía más atención.

=Cité de Lord Buyinski= www.buyinski.wordpress.com
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9 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Jaque a Fischer
Bergman nos enseñó en su Séptimo sello que el ajedrez era el juego con el que se podía burlar a la muerte, pero en realidad el ajedrez es un juego de reyes pero no de los que llevan corona sino de los que son capaces de matarlos. Más que un juego es una lucha abierta entre dos psiques, perturbándose entre sí como te fuera la vida en destruir el palacio mental del que está sentado delante. La trascendencia de este juego del diablo es nula a efectos prácticos pero, en un contexto de perturbadora Guerra helada la cosa cambia. Y eso es lo que nos intenta contar 'El caso Fischer'.
La cinta se centra en la vida del polémico ajedrecista estadounidense que allá por los 70 causó furor en el mundo del ajedrez con su increíble forma de jugar y sus excentricidades paranoicas. Este coloso del tablero se tendrá que enfrentar al todopoderoso imperio soviético con su campeón a la cabeza, Spassky. Es cuando ambos contrincantes se enfrentan cara a cara cuando la historia cobra la magnitud que merece el histórico encuentro. Una situación de catarsis colectiva representada en una suerte de peones y reinas. Y es en la representación de esa histeria psicótica donde la película recibe el jaque mate. El intento de mostrar a Fischer como un loco fundamentalista antisemita se ve empañado por el débil intento de relacionar ajedrez con infancia traumática. La niñez del ajedrecista apenas tiene trascendencia en una película sobre el poder de la mente y su completa destrucción. Los coletazos sobre madres comunistas, traidores sionistas y federaciones corruptas empañan la verdadera reina de la película: el ajedrez.
El intercambio de ataques entre ambos campeones alzan el nivel fílmico más si se cuenta con la interpretación sólida de Tobey Maguire cuyo parecido con Bobby Fischer merece estudio. Las excentricidades del jugador de Brooklyn aparecen entre planos fugaces y fundidos en blanco que aumentan la sensación de locura colectiva de la endiablada partida. Además las sospechas de espionaje por parte de ambos bloques aumentan la tensión, si cabe, hasta ver lógico la ida de olla del susodicho Fischer.
Alejado de su habitual clasicismo, Edward Zwick, logra captar la complejidad de un momento histórico marcado por la sombra atómica y la crisis de conciencia americana. Quizás lo que falta es ahondar algo en la parte roja del asunto, los desvelos de Spassky apenas son mencionados y como siempre nos falta la versión soviética del asunto. Pero pese a que ni Zwinck y Maguire logran el jaque mate consigue unas meritorias tablas que alientan al espectador a echar una partida de ajedrez, esta vez sin micrófonos.
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
La diagonal del loco
El hacer una película sobre un personaje que no sea ficción y que haya sido notorio es bastante peligroso, sobre todo porque si se piensa rodar como una más, se corre el riesgo de empobrecer a la figura que se pretende ensalzar. Y algo de esto ocurre con “El caso Fischer” (prefiero su título original que es mucho más descriptivo sobre lo que vamos a ver, “El sacrificio del peón”), donde se nos cuenta, en resumidas, la vida del ajedrecista Robert Fischer, centrándose sobre todo en el enfrentamiento que tuvo con Boris Spassky en 1972 por la obtención del título del mejor jugador del mundo. Los antecedentes que se nos presenta, son breves pinceladas que no nos ayudarán a comprender la psicología del protagonista, ya que no tienen continuidad en el desarrollo de la misma, pudiendo haberlos obviado incluso, para haberse centrado con más profundidad en Fischer. Quizás los personajes que le rodean, como por ejemplo el padre Bill Lombardy, Paul Marshall o su hermana Joan, puedan arrojar alguna pista de lo que pueda estar pasando por la mente del prestigioso jugador, algo en lo que no se termina por excavar, también extensivo a las interesantes circunstancias políticas.
Su reparto es ajustado, hacen bien su trabajo, desde roles pequeños como los encarnados por Lily Rabe o Robin Weigert, a unos resueltos Peter Sarsgaard como el padre Lombardy o Michael Stuhlbarg, y los que llevan la voz cantante, Leiv Schreiber y Tobey Maguire, uno de los productores de la cinta y que se reserva el papel de Fischer.
La pena es que todo está bien llevado, pero con una rutina que resulta previsible, no con desidia, ni siquiera podemos decir que sea una película mediocre, pero está carente de pasión y de nervio. En cuanto a sus aspectos técnicos destaca la banda sonora de un James Newton Howard que nos recuerda algunas veces a otros trabajos suyos o el buen trabajo a la fotografía de Bradford Young que sigue, como era de esperar, el magnífico patrón que parece que impuso hace décadas Robert Richardson en su impecable trabajo en “J. F. K: Caso abierto”, alternando color, blanco y negro y diferentes texturas.
Puede que Edward Zwick, que se ha conformado con hacer algo académico que cumpla las expectativas de un cine abiertamente comercial, si se hubiera mojado más, hubiera resultado un film más interesante y quizás su productor- actor, Tobey Maguire, hubiera sacado una nominación al Oscar como mejor actor, propósito que me huele que ha sido uno de los motivos de este proyecto y que finalmente no ocurrió.
Al menos para mi gusto “El caso Fischer”, aunque se pueda ver con cierta dignidad, ha desperdiciado una gran oportunidad para “renovar” este género en la actualidad tan olvidado. No encabeza la lista donde el ajedrez tiene protagonismo, y no me refiero que supere al clásico “El séptimo sello” o a cintas galardonadas como por ejemplo “La diagonal del loco”, sino a películas que utilizan como referente al mismísimo Bobby Fischer. De hecho, al finalizar la proyección y sin hacer demasiados esfuerzos de memoria, recuerdo que “En busca de Bobby Fischer” me llegó mucho más, a pesar del tiempo transcurrido, ya que hablamos de una película rodada hace más de veinte años.
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7 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Paranoia delirante
Transcurre durante el legendario enfrentamiento por el título mundial de ajedrez entre el norteamericano Bobby Fischer y el campeón soviético Boris Spassky efectuado entre julio y agosto de 1972. Fue considerada (en plena guerra fría) la confrontación entre las inteligencias occidental y la del bloque soviético. Sin embargo, esto no es lo importante en la película, como tampoco ser conocedor del ajedrez, sino el enfoque desplegado por el director para describir al jugador estadounidense. El punto de vista de Fischer (un acertadísimo Tobey Maguire) se emplaza desde la psicosis paranoica que fue progresivamente invadiendo su vida. Son eficaces las disrupciones auditivas sobre el pensamiento lógico del jugador, el tic-tac del reloj, los sonidos del teléfono, una tos del público, muy vívidas e incluso los aplausos parecen descolocar a Fischer. Una película interesante que desentraña una personalidad narcisista, pero al mismo tiempo paranoide, donde es usual ver al personaje solitario mirando bajo el resquicio de las puertas. El clima político de la época no ayudaba en nada a aplacar los eventos psicóticos del personaje, una especie de héroe incomprendido que probablemente no supo lidiar con el éxito. Hace recordar otro excelente film, “The Aviator” (2004) de Martin Scorsese, con un DiCaprio igualmente inspirado para caracterizar al excéntrico millonario Howard Hughes, diseñador de importantes innovaciones de la aeronáutica, que pudo aplacar su trastorno de personalidad (en mejor medida que Fischer), neurosis obsesiva que lo llevó a vivir aislado del mundo hacia el final de su vida, también compartiendo rasgos narcisistas como los de Fischer. La puesta en escena de Scorsese es mucho más cuidada y en cierto modo representó la megalomanía de Hughes, pero los personajes de ambas películas luchan en solitario con sus trastornos. También se nos viene a la mente “A Beautiful Mind” (2001) de Ron Howard, bien interpretada por Russell Crowe, sobre la vida de John Nash, donde la paranoia de la guerra está disfrazada dentro de la mente esquizofrénica del matemático. Realidad y delirio paranoico se funden en ese excelente punto de vista, aunque la película tienda (lamentablemente) a ser una apología de la superación y el sacrificio por el trabajo bien hecho, con una mujer que lo apoya incondicionalmente, lo cual resulta bien poco probable dadas las características del trastorno de Nash. Las tres cintas ofrecen notables versiones de distintas patologías mentales, pero me atrevería a decir que la versión de Bobby Fischer es la más convincente, se resume en algunas partidas de ajedrez y unos raccontos de la infancia y su ascenso en el escalafón mundial, una estructura bastante menos lineal que sus predecesoras, pero suficiente para interesarnos en un juego bastante alejado de nuestras devociones.
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11 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Verdades a medias
Centrada en los desvaríos mentales de Fischer, a la película poco le preocupan inexactitudes históricas, exageraciones hollywoodenses, o el propio juego del ajedrez. Tan poca confianza muestra en las posibilidades de atrapar la atención del espectador por parte de este noble arte que apenas muestran partidas: se trata de otro film acerca de un deportista que termina logrando el éxito, con la particularidad de que el deportista en sí estaba un poco trastornado. Una historia de superación que en ocasiones recuerda a "una mente maravillosa".

Lo que ocurre es que cuando tratas de ensalzar la vida de un ajedrecista y no osas hablar del ajedrez tienes la necesidad de pintar al contrincante como el villano. Y aquí es donde la película pierde para mí cualquier interés. Que Fischer se proclamara campeón del mundo no fue sólo gracias a su enorme talento, sino a que enfrente tuvo un rival que consintió todas sus excentricidades cuando perfectamente podía haberse negado. Desdeñando la caballerosidad de Spassky empequeñecen el logro de Fischer.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El genio de la guerra fría
El campeonato mundial de ajedrez de 1972, disputado en Reykjavic entre el norteamericano Bobby Fischer (Tobey Maguire) y el soviético Boris Spassky (Lieb Schreiber) fue un acontecimiento, no sólo deportivo, sino político, social y mediático sin precedentes. En plena Guerra Fría, este histórico enfrentamiento fue mucho más allá de la pura competición deportiva.

Edward Zwick dirige este film en el que se analiza la complicada personalidad de Bobby Fischer, el genio del ajedrez norteamericano, que fue capaz de acabar con el dominio soviético en este deporte convirtiéndose así en el héroe de Occidente en aquel tiempo. Se pone el foco en los orígenes de Fischer, en su infancia, su juventud y sus inicios en el ajedrez hasta llegar a la cumbre en la famosa partida de Reykjavic. Lo que pasa después se limita a contarlos sucintamente en unos párrafos al final del film.

A Zwick le interesa más que nada la compleja mente de Fischer. Se centra en sus obsesiones, sus miedos, su genialidad ante el tablero, su insolencia y excentricidad en lo personal. Indaga en el complicado entorno familiar en que se crió y en la soledad en que se vió obligado a refugiarse, con el ajedrez como único estímulo en una edad muy delicada. Y esto lo hace bastante bien, pues logra crear una atmósfera y una tensión que hace que el espectador se interese realmente por el personaje y sus peculiares vicisitudes, todo ello aderezado con una excelente ambientación.

El modo en que el director plasma el desarrollo de las partidas, mediante primeros planos de los rostros de los jugadores combinados con otros de los movimientos de las piezas hace que los espectadores siempre sepan interpretar las jugadas. Incluso aunque no sepas jugar al ajedrez en absoluto, sabes si el movimiento ha sido una buena o mala jugada por el modo en que se representa.

Bobby Fischer es uno de los personajes más interesantes del siglo XX, en mi opinión. Su irresistible talento y su perturbadora personalidad hacen de él un personaje al que siempre es fascinante acercarse. Su mente seguía su propia lógica, funcionaba de un modo distinto al que funcionan las demás. Delante del tablero era brillante, innovador, valiente, creativo, seguro de sí mismo. Pero cuando las piezas se guardaban en la caja y tenía que ocuparse de los movimientos de su propia vida era un completo desastre, autodestructivo, caprichoso, incapaz de socializar y con graves problemas de autoestima.

Todo esto queda bastante bien expuesto en la película, y es muy difícil hacerlo. En este sentido, hay que aplaudir la labor de Zwick. El espectador se interesa por la figura de Fischer, irremediablemente. Y creo que más los que desconocían su figura que quienes ya sabíamos de él. Para mí, esto es lo mejor de la película, junto con el punto álgido que es sin duda el desarrollo de la famosa sexta partida del mundial del 72.

Tobey Maguire está indiscutiblemente bien, pero a mi me pasa algo con este actor, y es que no me lo creo. Ni siquiera cuando, como en este caso, consigue una interpretación muy buena. Maguire hace una gran composición de personaje, hace un trabajo metódico, riguroso e irreprochable. Sin embargo, por lo que sea, no le veo de Bobby Fischer. Pero en fin, es cosa mía. Objetivamente, la verdad es que su interpretación es bastante buena. Junto a él, destaca también Liev Schreiber con una muy buena caracterización de Boris Spassky, en un papel muy contenido de estos que se le dan tan bien interpretar. Asimismo, los otros dos actores principales, Michel Stuhlbarg y Peter Sarsgaard están correctos.

Quizá el problema de la película sea su intento por ser demasiado estricta con los hechos. Suele ser el problema de los biopics. Contar los hechos está muy bien, pero en las películas hay que poner algo más para añadirle fuerza. Para contar los hechos sin más ya están los documentales. En este caso creo que la película habría salido ganando si en vez de ser tan precisa hubiera tenido algo más de alma.

Quizá para los grandes aficionados al ajedrez la película defraude un poco. No se habla mucho de ajedrez, de la técnica del ajedrez ni de la esencia de su juego. No es la típica película que crea afición, de la que sales con ganas de jugar al ajedrez. En ese sentido, es una película destinada más bien a los profanos en la materia. Por otra parte, el componente histórico agradará a ambos bandos.

Yo se que no es una gran película, pero me gustó. Tiene bastante interés, para mi gusto, pues siempre me llamó la atención la figura de Bobby Fischer. Seguramente a nivel artístico no sea gran cosa, pero me parece una gran manera de pasar dos horas.

https://keizzine.wordpress.com/
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El caso Fischer
Magistral y lúcido en el juego/tormentoso y ofuscado en el resto.

Para alguien que no sabe nada de ajedrez, de estos jugadores o del resultado de su enfrentamiento, ha sido una experiencia curiosa, divertida y loca conocerlos, pues parece todo un confirmado cliché que, para ser un genio único y excepcional en una materia, debas poseer cierto porcentaje de locura, cierto grado de paranoia y un toque personal, extravagante y lunático, que confirmen se está ante un individuo insólito y extraordinario, todo un portento de visionada inteligencia para el juego, que a la vez es auto destructivo y desequilibrado en su personal existencia, como seguro sello de su grandiosidad, arrogancia e inteligencia superior al resto.
“La tercera guerra mundial sobre un tablero de ajedrez”, en el pasado rusos y norteamericanos compitieron por la luna, en otras el deporte también ha sido motivo de enfrentamiento patriótico, ahora toca bajar a la gravedad de una tierra cuyos dos protagonistas frotan sobre la inestabilidad de sus cabezas, esas prodigiosas mentes que les abren camino en los momentos cruciales y les abandonan en los sencillos y asequibles de la vida rutinaria.
Concentrarse en un punto hace que desaparezcan los acechantes fantasmas que se mueven alrededor con perturbada insistencia; un juego, en apariencia sencillo, que esconde una inagotable madriguera de opciones y posibilidades, donde conviene la calma y paciencia, pero quebrarse siempre está tentando el hilo de una rotura, que explota cuando menos lo esperas, hacia lado insospechado.
Mucho más que una victoria o derrota, mucho más que una partida entre dos rivales finalistas; es sorprendente e interesante conocer a Bobby Fischer, estar pendiente de su excéntrico paso siguiente, una historia real que narra los acuciantes y destartalados previos hasta llegar a esa sexta partida del Campeonato Mundial, minutos grabados y memorizados en la memoria de fanáticos de este señorial juego, como la mejor partida de todos los tiempos, inesperada apertura para enrevesado cuerpo, donde la turbación y desasosiego de su contrincante fue la tónica media.
Cuando se nace con un don perturbador y agraciado/habilidad angelical y endemoniada, que marca la personalidad irracional de una mente que se mueve según su propia lógica; revolucionaria música, entrañable y pegadiza, representante de una época revulsiva y atrevida donde nada permanecía estable, para un diferente biopic que desgrana las entrañas, agudas y corrosivas, de un deporte mental de estratagemas, cálculos y riesgo de elegir una senda y ver dónde lleva el camino.
Ilustra, entretiene y recuerda, deja constancia para que, por todos se sepa, el devenir esquizofrénico de un brillante del ajedrez con problemas de socialización y estima en la vulgar vida; un incisivo y meritorio trabajo de Tobey Maguire, quien participa también de la producción de un relato esquivo y disonante, extremista y centrado, por tiempos alternos, que gusta y ameniza con fisgoneo válido.
Concisión y albedrío en los hechos se combinan, más una perspicaz interpretación que te seduce y envuelve en su razón refrita; sin comparativa veraz con la realidad vivida, que desconozco, lo elaborado es atractivo y ocurrente, funciona con espléndido reclamo ante tan divergente y altruista anzuelo.
Graciosa y plácida, apuesta por la irreverencia, arrogancia y maestría de Fischer, un sabio con una meta que se perdió tras llegar a ella donde, no sólo sacrifica a su peón, sacrifica su vida entera.
Bobby Fischer era puro ajedrez, cuando jugaba todo era fácil y accesible, pensar, deducir y arriesgar, pero desaparecía cuando se retiraban las fichas y el tablero se guardaba pues, su punto fijo y estable se multiplicaba en infinitas conexiones descontroladas, de imposible cálculo.
“Odia las tablas”, o como el pide o nada; para ser campeón se ha preparado desde niño, el resto no importa.

Lo mejor; Tobey Maguire y el viaje a la cabeza de Fischer.
Lo peor; las libertades que se toma respecto la veracidad formal de los hechos.

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
NO ES RUSO TODO LO QUE RELUCE!
En el año 1972 la hegemonía ajedrecística mundial de los soviéticos era aplastante. Las instancias oficiales favorecían la “pureza moral” y el “amor y la devoción al modelo socialista”, propiciando de esta forma las más altas cualidades que a este deporte-juego-arte-ciencia se le presuponen, tales como: concentración, imaginación, previsión, memoria, voluntad, creatividad, intuición, planificación, prudencia, capacidad de cálculo, análisis y síntesis, empatía, resolución de problemas y toma de decisiones, capacidad organizativa, creatividad, imaginación, aceptación de reglas, etc…
De los “Palacios de pioneros”, una especie de campamentos boy scouts a la soviética, han surgido muchos de los campeones mundiales de ajedrez y de los mejores jugadores de la historia: Chigorín, Botvinnik, Alekhine, Smyslov, Mikhail Tal, Petrosian, Spassky, Karpov, Kasparov y Kramnik.
Resultaba una quimera que un jugador no nacido bajo la influencia del telón de acero llegara ni siquiera disputar el título por el campeonato del mundo.
Fue precisamente en un pequeño apartamento en Brooklyn (Chicago) donde empezaría a gestarse un prodigio, un niño medio autista (probablemente con síndrome de asperger) que años más tarde haría temblar los cimientos del imperio soviético. A Robert James Fischer (Bobby) no le gustaba la gente, ni el ruido, ni el colegio, ni los rusos, ni los comunistas, ni los judíos, ni los EEUU, sólo le interesaba su mundo, un mundo delimitado por las 64 casillas del tablero de ajedrez. Fue un autodidacta, que con un coeficiente intelectual de 187 (cercano al de Gary Kasparov, y por encima de Albert Einstein) trasformó el ajedrez en arte, firmando algunas de las más bellas partidas jamás jugada (léase “La partida del siglo” que jugó con 13 años frente al Gran Maestro Byrne) y que con una lucha insaciable y sed de victorias consiguió alzarse como vencedor en el campeonato del mundo de ajedrez en 1972, ante el GM Boris Spassky.
El director Edward Zwick intenta narrar lo sucedido durante el referido campeonato del mundo de forma muy somera, sin llegar a profundizar en la forma en la que logró llegar a dicho campeonato, ni en la niñez de Bobby, tampoco en sus problemas mentales, ni en la rivalidad con Reshesvsky (compatriota suyo). Son breves pinceladas que no consiguen hacer disfrutar en plenitud ni a los cinéfilos, ni a los amantes de este juego, quedándose simplemente en tablas.
Sobre los actores y personajes:
Tobey Maguire, no me resulta convincente en cuanto a su interpretación del genio. Puede que me encuentre influenciado por la gran cantidad de videos y películas que he visto de Bobby, y no lo vea reflejado en el larguirucho y desgarbado personaje que en realidad era. Posiblemente Jhon Turturro lo hubiera hecho mejor, pero claro, habría que teñirle el pelo de rubio, y la verdad que no lo veo claro. Además Turturro ya cumplió el cupo de ajedrecista loco con la genial “La defensa Luzhin”.
Leiv Schreiber, probablemente siguiendo instrucciones del director se nos muestra poco más que como una estrella de Rock and Roll, un ser endiosado que va a los torneos teletransportado sólo para jugar, no se muestra ninguna evolución del personaje. Además, los 1,91 de Ray Donovan y su cuerpo esculpido a base de pesas de gimnasio hacen poco creíble que sea Spassky. Mens sana in corpore sano, pero dentro de los límites.
Peter Sarsgaard, el personaje del exsacerdote Lombardy, aparece en la película para completar los diálogos, pues Bobby fue completamente sólo a enfrentarse al equipo de Spassky. Cinematográficamente no quedaría bien un monólogo interminable, pero la figura del “cura-guay” queda como la del “negro-que-hace-risa”, obsoleta.
Michael Stuhlbarg, es el que mejor lleva la interpretación, aunque su reiteración en su ansia por machacar todo lo que huela a comunista, lo lleva a quedarse a la altura de los demás. Para este personaje el ajedrez era secundario, lo importante era destronar a los rojos. En este aspecto se exagera mucho.
Ha habido mejores películas con temática al completo de ajedrez, tales como “La defensa Luzhin” a la que se ha hecho referencia anteriormente. Y Especial mención para “Fresh” (1994), una muy buena película que no puede pasar desapercibida para un buen aficionado al ajedrez. En ella, Fresh (Sean Nelson), un niño de 12 años que trapichea con drogas pasando crack de los camellos locales en Brooklyn (un guiño a Bobby Fischer) se evade de los problemas que las drogas conllevan yendo a jugar al ajedrez a escondidas con su orgulloso y fracasado padre (Samuel L. Jackson), a quien no está autorizado ver.

En el caso Fischer, se nos muestra a Bobby como un gran luchador norteamericano en contra de los comunistas, que simplemente hizo la mejor jugada, … desapareció (parafraseando la genial película de “En busca de Bobby Fischer”. ¿Pero fue realmente así? Dejó el ajedrez, eso es cierto y objetivo. ¿Los motivos? ¿ya cumplió su objetivo? Según Karpov, siguiente campeón mundial por incomparecencia de Bobby, el sistema nervioso de Bobby se derrumbó, por el simple hecho de pensar en poder perder. Karpov fue duramente entrenado durante 3 años exclusivamente para vencer a Fischer y su desaparición le privó de ganarle muy probablemente.
(sigue en el spoiler por falta de espacio)
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
“Campos de fuerza”
Así se titula el libro que recomiendo a los interesados en el duelo Boris Spassky contra Bobby Fischer en Reikiavik por el campeonato del mundo de ajedrez en 1972. Escrito por el premio Príncipe de Asturias de comunicación y humanidades 2001, George Steiner, y editado por “La Fabrica”, se trata de un estupendo ensayo de un escritor y periodista que asistió al memorable match, donde además de relatar las partidas, habla de los aspectos psicológicos del ruso introspectivo y del americano egomaníaco, así como del mundo del ajedrez y el término que titula el libro, haciendo referencia a las técnicas con que los maestros aplican a las partidas simultáneas, una de ellas es “Campos de fuerza”. Además de las anécdotas y impertinencias del aspirante a la organización, todo ello en uno de los momentos más recordados no sólo de la historia del ajedrez, sino de la Guerra Fría y del siglo XX.

No es de extrañar, que la película haya decepcionado a mucha gente, sobre todo a los aficionados al ajedrez. Pero es que la película de Edward Zwick, bastante discreta artísticamente, no profundiza en el mundo del ajedrez, ni en su técnica, ni en su filosofía y mucho menos en su historia, es más, no está creada para los amantes de tan complejo juego o deporte/ciencia. Es simplemente la biografía, más o menos afortunada de un genio del ajedrez, su vida, sus traumas y frustraciones, su egolatría, su arrogancia, su paranoia, su triunfo como campeón del mundo y su fracaso como ser humano. Una película para el espectador medio que no necesita tener conocimiento del juego de las 64 casillas, centrada en la vida de un genio caprichoso e inmaduro, que arrastra traumas no superados desde su infancia.

La cinta se inicia en los prolegómenos del match, explicitando la inestabilidad y la desconfianza del futuro campeón hacia todo el mundo que le rodea, destrozando y escudriñando el mobiliario de la habitación del hotel en busca de micrófonos que le puedan espiar, en medio de una crisis de autentica paranoia. Ello da paso a un extenso “flash back” en el que conocemos su vida y esfuerzo hasta llegar a Islandia, desde su infancia en Brooklyn, pasando por sus partidas en Washington Square, lugar de culto para los aficionados del tablero, su carácter temperamental e irascible, así como su innato talento para inventar jugadas decisivas y ganadoras. Me gusta más la caracterización de Liev Schreiber como Spassky, que la mediocre e insustancial que realiza Tobey Maguire encarnando a Fischer. La ambientación está bien lograda, pero tiene un claro tufo a telefilm.
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Cansina
La película El Caso Fischer me ha decepcionado. Se ha realizado con escasez de medios y el guión incide casi por completo en las excentricidades y en la actuación paranoica de Fischer. Los dos secundarios que acompañan a Bobby Fischer: las interpretaciones del cura y del abogado son bastante mediocres, y la asiduidad con la que aparecen en el film llegan a hacerlo aburrido. La excesiva presencia de planos cortos llega a saturar la narración: unos planos más generales darían mayor realce a la historia. El actor principal, Tobey McGuire, no debería protagonizar esta película: es pequeño, delgadito y carente de fuerza interpretativa. El verdadero Bobby Fischer era un tipo alto, fuerte y solamente con su mirada y su expresión sabía ser convincente, sin recurrir a absurdas explosiones de carácter que encima están mal interpretadas. Decir además que los espectadores en la sala de proyección solamente guardan silencio y dejan de removerse en la butaca cuando aparecen secuencias de juego de ajedrez. En una película acerca de un genio del ajedrez apenas aparece mención de sus excelentes partidas y su innovador estilo creativo. En resumen, una película que podría dar para mucho y llegar a ser preciosa, pero que un guión mediocre, una dirección mediocre y una interpretación mediocre hacen que no merece la pena visionar.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La guerra fría en un tablero.
Dirigida por Edward Zwick (El último samurái), ‘Pawn Sacrifice’ narra la vida del ajedrecista Bobby Fischer, centrándose en su épico enfrentamiento contra el soviético Boris Spassky.

Bobby Fischer (Tobey Maguire) fue un ajedrecista que desde niño empezó a hacerse notar hasta convertirse en el mejor jugador de los Estados Unidos a una corta edad, siendo además el primer jugador estadounidense en hacerle frente a los jugadores soviéticos, los mejores del mundo.

Con la guerra fría a pleno, Fischer creció con una madre que simpatizaba con el comunismo y su obsesión por derrotar a los rusos mostraba su endeble estado mental, sintiéndose perseguido por estos. Fischer se convirtió en campeón mundial al vencer en el llamado ‘juego del siglo’ a Spassky (Liev Schriber) y después de este logro no jugó más, teniendo apenas 29 años.

La película inicia su recorrido desde momentos de la infancia de Fischer y se estaciona después en los momentos que anteceden su épico enfrentamiento contra Spassky, duelo que terminó por convertirse en toda una alegoría a la guerra fría que se vivía en ese momento y que captó la atención de millones de telespectadores alrededor del mundo.

Maguire no consigue dotar a su personaje de toda esa soberbia y locura por los estados de paranoia que atacaban a Fischer, volviéndolo un personaje detestable y no llegando a ser lo interesante que fue, al que Zwick aborda de manera superficial centrándose en la famosa partida de ajedrez como mero espectáculo y en los delirios de su personaje pasando de largo en ahondar a detalle en la deteriorada mente de Fischer.

Y es que además Zwick pasa por alto momentos que convirtieron a Fischer en un personaje incomodo para los Estados Unidos, quedando el relato en apenas una historia más de como los Estados Unidos vencieron a la Unión Soviética.


http://tantocine.com/la-jugada-maestra-de-edward-zwick/
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Oportunidad Sacrificada
Es una película que principalmente aborda la victoria de Bobby Fischer frente a Borís Spaski en Reikiavik en el año 1972, la conocida como partida del siglo. Antes de llegar a dicha partida, se nos muestra mediante una serie de flashbacks parte de la infancia y adolescencia de Fischer, los cuales no aportan mucho y cuyo rigor histórico brilla por su ausencia, omitiendo hechos bastante importantes en la vida de Fischer y simplificando hasta el ridículo otros. Cosa bastante sangrante en una película a la cual se le presupone fidelidad y exactitud.

La película empieza a fracasar desde el momento en el que se nos presenta a los soviéticos como los malos de la película y a Bobby como el sufrido héroe inadaptado y excéntrico. Entendemos que desde los Estados Unidos se vendiese el enfrentamiento de esta manera dado el contexto de la época, pero a día de hoy no es de recibo que nos llegue una visión tan partidista y sesgada con un protagonista que parece sacado de una reposición de Una Mente Maravillosa.

Los rótulos de antes de los créditos junto con las imágenes de archivo de los últimos días de Fischer no hacen más que evidenciar la cantidad de información que no se ha mostrado correctamente y que han terminado metiendo con calzador de manera atropellada.

En definitiva, el cine le sigue debiendo un buen biopic a Fischer.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Basado en hechos reales, pero no tiene mucho que ver con lo que ocurrió en la realidad.
Al inicio ya nos empiezan a mostrar una rivalidad en parte obsesiva de Fischer hacía Spassky desde niño, tal cual Rafa Nadal de 16 años con Federer o Kasparov de 15 años con Karpov, cuando en realidad Spassky no estuvo ni en el top10 mundial durante toda la niñez de Fischer. Se muestra a un Fischer exageradamente arrasador, cierto que logró rachas de victorias increíbles, pero nunca superó el 65% de victorias anuales.
A todo esto hay añadir que practicamente no se hace mención alguna en toda la pelicula a personajes tan importantes como Botvinnik, Karpov o Petrosian, este último era el verdadero campeón mundial durante más de la mitad de la película. (Spassky campeón mundial en Santa Monica?¿?¿)
No digamos ya personajes tan extraordinarios y locos como Mihail Tahl, que además era de los pocos soviéticos amigos de Fischer.
Este biopic está muy bien dentro de lo que cabe, pero bastante desaprovechado y lejos del nivel mostrado en "A Beautiful Mind" o "Rush", y es una importante oportunidad perdida, sobre todo para lograr acercar más este magnifico juego al público general así como la increible historia de los Campeones Mundiales y sus respectivos "reinados".
No hay practicamente ningún parecido entre Tobbey Maguire y el verdadero Fischer, ni en el fisico ni en la forma de actuar ni de hablar. Eso si, Liev Schreiber sí que borda su personaje, Spassky no puede ser mejor interpretado. Mucho más interesante es leerse cualquier biografía de Fischer que lo mostrado en este película.

"Searching for Bobby Fischer" me pareció mucho más interesante y nos mostraba la gran complejidad y altibajos de emociones (entre otras cosas) de la competición a esas edades tan tempranas.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El Arturo Pomar americano
Es una película que interesará a los aficionados al ajedrez y al contexto histórico de la Guerra Fría; al resto posiblemente le resulte un poco aburrida. Una historia centrada en el campeonato mundial de ajedrez que enfrentó a un americano contra un soviético, en 1972, cuando estos dos países se disputaban el dominio mundial. A mí me entretuvo bastante, porque me interesan estos temas, y eso que ya sabía quién ganó ese campeonato.
La película recuerda un poco a "Una mente maravillosa", que creo que es del mismo director: un genio intelectual que sufre problemas psicológicos.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
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