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9
Nada ni nadie puede parar la maquinaria de Ellis. Y eso mola mucho.
Sin duda el thriller está pasando una época de baja calidad, donde el espectáculo domina sobre el guión, argumento o personajes. Pero cuando te encuentras algo realmente bueno, lo disfrutas, y así me ha pasado con “Metro Manila”

La película pasó con muy buenas críticas en la SEMINCI y no era para menos, una de las mejores de la edición de este año. Pero al final en las quinielas de los ganadores, nadie la había metido, nadie pensaba que ganaría algo y no lo hizo.

¿Qué es lo que ha hecho que todo el mundo olvidase a la película filipina? Llevo pensando en esto durante mucho tiempo, porque a mí me encantó, desde el primer fotograba consiguió cautivarme esa mezcla de crítica social-película de acción, pero tampoco pensé que se acabaría llevándose algo.

Hablando estrictamente del film. Yo destacaría el sentimiento de tensión que se crea durante toda la película, más visible en escenas de acción, que inquieta al espectador, y lo hace no parar quieto en su butaca. Las escenas de acción, hechas con pocos recursos, pero filmadas muy eficientemente, dotan a la película de una entidad propia de los mejores thrillers norteamericanos. Ni las mafias, ni los disparos, ni las persecuciones, ni la corrupción pueden parar la maquinaria que Sean Ellis tiene preparado para nosotros. Y eso mola, mucho. 

La crítica social como decía antes es uno de los platos fuertes de la cinta. Por un lado podemos ver las horribles condiciones del campo y sus trabajadores en Filipinas, por otro vemos lo que hacen algunas personas por conseguir dinero en la ciudad. Además el espectador acaba por coger cariño a los personajes, a los que ve sufrir a cualquier lugar al que van. Su historia más personal y la más estrictamente de acción se complementan de la mejor manera, dándonos una película muy disfrutable a muchos niveles, con la que además no sólo el más cinéfilo podrá disfrutar.
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30 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
“Cuando la necesidad entra por la puerta, la dignidad se escapa saltando por la ventana”.
Con esta famosa cita de Miguel Ángel podemos resumir esta brutal película que se ha sacado de la manga el británico Sean Ellis. Una película que el director de “Cashback” se vió obligado a autoproducirse, tras la negativa de las majors norteamericanas a dar un duro por ella. Una película que supera las expectativas de cualquier gourmet del cine. Una película que redefine el concepto de “cine de guerrilla”. Una película rodada en tagalo. Una película cuya pareja protagonista, esa que sigue al pié de la letra la frase de Miguel Ángel, rezuma verdad por los cuatro costados. Una película de ritmo inquieto y enervado. De ambientación atroz y asfixiante. Una película que es al mismo tiempo tremendamente bella. Que es también un poema y una canción, la de los mercadillos humeantes de Manila cuyo hedor casi casi podemos olfatear. La de la sobreaglomeración de coches, autobuses y triciclos abarrotados de buscavidas y maleantes. La de los perros trasquilados y abandonados a su suerte. La de las duras jornadas de trabajo recompensadas con un bocadillo de mierda. Un bocadillo a reservar para más tarde. Una canción de cuna para calmar el insufrible dolor de muela de una pequeña recién llegada a la gran ciudad. Una película fotografiada por el propio Ellis con un perfeccionismo y un rigor que tan sólo 30 días de rodaje nunca demuestran. Una película que nos habla del momento atroz que estamos viviendo en el mundo, perfectamente ejemplificado en la infernal Manila, esa ciudad cuyo turismo va a descender drásticamente cuando el film logre difundirse como se merece. Una película sobre deseos tan simples y familiares para nosotros como el de encontrar un trabajo (digno o no digno). Sobre ilusiones hechas añicos. Sobre la pérdida de la inocencia. Sobre el fin de la fe en el otro. En tu vecino. En tu compañero de trabajo. Sobre el sacrificio personal en pro de la familia. Una película que pide a gritos que la vean unos ojos limpios, sin prejuicios, sin expectativas. Tan sólo demanda coger de la mano al joven Oscar Ramirez y su preciosa esposa Mai Ramirez para acompañarlos, junto a sus dos pequeños, en un viaje hacia el infierno. Hacia el submundo.

Al fin y al cabo, una película que no merece ser muy spoileada. Que dentro de su pequeñez, merece una oportunidad. Que exige una crítica breve. El sentido de lo que váis a ver en ella, no requiere de mucho análisis. Es cristalino, directo, sencillo. Como un cuaderno de caligrafía. Déjense emocionar como lo he hecho yo. El resultado, salta a la vista.
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26 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Oscar Ramirez vs. the City
Antes del catastrófico paso del súper tifón Haiyan, Filipinas era, para muchos de nosotros, poco más que un exótico archipiélago del sudeste asiático cuya relevancia en la escena internacional iba poco más allá de las preocupantes irregularidades jurídicas registradas en su territorio, o de algún que otro dato macroeconómico que venía a confirmar que la globalización, por si alguien se lo preguntaba, sigue llevando a cabo su implacable tarea. Aproximadamente un año antes de que las provincias de Leyte y Sámar quedaran literalmente borradas del mapa, un cineasta británico, siguiendo los pasos recientes de otros compatriotas suyos, hizo las maletas y abandonó su tierra natal para probar suerte en la otra punta del mundo. Diez meses antes de que la naturaleza mostrara su ira más incontenible, los frutos de aquel viaje tomaron cuerpo en un remoto rincón de Utah: 'Metro Manila' acababa de conquistar el Premio del Público en la Sección World Cinema de Sundance.

La carrera por el Oscar (Reino Unido la seleccionaría para competir en la categoría de Mejor Película de Habla No-Inglesa) estaba inaugurada, así como la andadura oficial de una película que, sin lugar a dudas, merece nuestra atención. Sean Ellis, su máximo responsable, allá por el año 2004, empezó a darse a conocer con 'Cashback', singular cortometraje sobre las ensoñaciones de un empleado de súper-mercado a lo largo los turnos de noche, que posteriormente evolucionaría en largo y que, de paso, dejaría entrever el talento (así como las carencias) de una de las voces potencialmente más interesantes del cine británico más moderno. El caso es que, en la transición de un formato a otro, no se tocó ni un solo fotograma del trabajo original... y dio la sensación, a pesar de todas las buenas sensaciones recogidas, de que las intenciones de Mr. Ellis tenían mejor cabida en el escaso cuarto de hora inicial, antes que en la hora y media posterior.

Digamos que hay artistas que funcionan mejor en las distancias cortas. Que hay directores que dan lo mejor de sí cuando el cronómetro les obliga a darse prisa. En este sentido, el que 'Metro Manila' consiga superar el aparente handicap (teniendo en cuenta los antecedentes) de tener un metraje que llega a las dos horas, es principalmente porque, si se analiza fríamente, es el resultado de la suma más sencilla de todas. Uno más uno son dos, y la unión de dos películas breves puede dar una más larga que en ningún momento se antoja como tal. Entre el thriller criminal y el drama social-familiar, Sean Ellis parece dar mayor sentido a sus arrebatos estéticos e hilvana una historia cuya naturaleza bicéfala no parece artificial, sino todo lo contrario, como necesaria.

Como si de un 'Training Day' a la asiática se tratase, 'Metro Manila' se descubre, poco a poco, como un oscuro relato donde el ineludible sustento de las señas de identidad del heist contemporáneo permiten que se filtren, cada vez con más contundencia, pinceladas de denuncia que causan auténtico terror. Antes (y después) del súper tifón Haiyan, el infierno se hallaba en la extensa área metropolitana compuesta por las ciudades de Quezón y Manila. Su monstruoso poder de atracción atrajo a sus inmundas calles a una familia que descubriría, de la peor manera posible, que el factor humano puede ser la maldición más terrible que le puedan echar a uno encima. Y la metrópolis se convirtió en el más letal e invencible de los enemigos. En un pozo sin fondo donde la honradez y la honestidad penalizan al pobre diablo que hace bandera de ellas, y donde la prostitución (tanto a nivel físico como espiritual) se convierte en el único camino para, un día más, volver vivo a casa.

El montaje nervioso y el alto ritmo narrativo, si bien dotan al relato de tensión y nervio, por el otro lado también impiden que éste pueda ser tomado totalmente en serio. No obstante, queda la sensación de que, más allá de cualquier frivolité entre géneros, Sean Ellis ha dado con la tecla adecuada para encontrar la solidez y personalidad que a tantos otros compañeros de profesión se les escapa. Su nueva película no precisa de desastre natural alguno al haber encontrado (y sabido retratar) algo mucho peor: el horror de la supervivencia en la jungla convertido en elemento indisociable de la cotidianeidad. En algún momento del camino, se perdió la moral, la decencia y la ética... como si de un segundo juego de llaves hablásemos. Nunca más apareció. Quedó engullida por las cloacas que rigen un sistema del cual no hay escapatoria posible. Debería venir en la portada de todos los periódicos. En mayúsculas y tinta roja, para que a nadie le pasara por alto, pero claro, no todos los días cae del cielo un súper tifón. Lo otro, sí.
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17 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La jungla de cemento
Interesante historia de supervivencia urbana que, si bien no analiza en la profundidad que el tema requiere, sí expone sin reservas y de una manera tan rudimentaria como honesta, la amoralidad humana gestada, en su mayor parte, por una estructura social a punto de desplomarse.

Ellis huye de complicaciones, lo cual (al menos en este caso) es una virtud, teniendo en cuenta la densidad (más bien el espesor) ambiental en que los personajes deben moverse, logrando mantener en todo momento centrada la atención del espectador en la vorágine que bulle en la jungla de cemento y que (lenta e irremediablemente) va transformando en víctimas a los miserables (¿acaso no lo fueron siempre?)

En resumen: recomendable.
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12 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Fino Filipino.
El director independiente británico Sean Ellis confirma con Metro Manila, su tercer largometraje hasta la fecha, que su cine y su talento no dejan de evolucionar hasta unas cotas de madurez y maestría muy estimables, asumiendo en cada una de sus obras una identidad propia y unidimensional pero con evidentes trazos autorales que las relacionen y hagan que, de alguna manera, unas beban de las otras en comunión artística.

Poseedor de una hipnótica capacidad innata para generar imágenes donde la poesía visual y el lirismo se dan de la mano, si bien en Cashback (2004) y The Broken (2008) apostó por una estilización del género fantástico en relación con el romance, en el primer caso, y con el terror psicológico, en el segundo, en esta nueva cinta opta por un planteamiento eminentemente realista, de estilo casi documental, con un trazo más crudo y mundano que en sus anteriores títulos pero manteniendo destellos puntuales de bella plasticidad.

Traslada su relato a una convulsa y oscura Filipinas para filmar, y firmar, un retrato de la corrupción moral, política y policial imperante en sus ciudades, focalizado en el sufrimiento de una familia pobre que, en busca de trabajo, se verá consternada, manipulada y coaccionada por las esferas de poder del crimen y la mafia que reinan en casi todo tipo de negocios. Para llevar a cabo su crónica, Ellis rechaza los automatismos y las exigencias comerciales, procurando que la fuerza primordial de sus estilemas resalten con vigorosa autenticidad. Rechazando la sordidez gratuita, hace gala de unos fundamentos visuales, compositivos y figurativos encomiables para que su puesta en escena absorba en lugar de asquear.

La autenticidad de su testimonio y su crudeza implicadora se suceden con tal coherencia debido a la suavización que el británico hace de un punto de partida que incita a la miseria expositiva y a todo tipo de excesos, que bien podrían haber sido el modus operandi de otros directores con ínfulas de pretenciosidad y tremendismo. Ellis levanta acta adaptando una historia real, publicada en un periódico filipino, con un escrupuloso respeto formal, sin añadir licencias que enturbien o metamorfoseen el material en potencial cinematográfico, referido a su sentido más paroxista.

Su dinámica narrativa, que se asienta en el patentado recurso del introito estético de sus primeros compases y las inflexiones de analepsis, regatea la confusión y favorece, junto a su modélico y sofisticado montaje sensitivo, el sagaz instinto dosificador del tempo que posee Sean Ellis al gradar el sobrecogimiento del suspense. Así mismo, demuestra con Metro Manila un nuevo principio de observación y sensibilidad insólitas en su captación del gesto cotidiano y del dolor silenciado y contenido. Ayudado, por supuesto, por unos actores de entrega y coraje intachables, acaricia con pasmosa naturalidad el alma de lo diáfano y la imperturbable fortaleza de la lucha por la subsistencia.

Admirador del cine filipino y de las corrientes de jóvenes realizadores que están apostando por un cine de radicalidad diferencial y rebelde libertad creativa, Sean Ellis ha procurado ofrecer una visión inhóspita de un país ajeno con una clara vocación europea y amplia para las mayorías en sus formas contractuales. Estas, por lo general, se alejan del pragmatismo y los excesos de metraje (Lav Diaz), así como de la embriaguez contemplativa invitadora a la deserción (Brillante Mendoza). Esta aproximación empática favorece la implicación con la película y facilita el amargo trago que supone forma parte de la aventura por la que nos guía.

Pese a ello, su ausencia de estridencia y el rechazo a la violencia o la repugnancia, que se reafirma en sus aislados y puntuales pasajes de ínfula retrospectiva así como en una banda sonora de bellísimo esquema naïf, confieren un amplio abanico de facilidades y regalos para decantarse por seguir los pasos premurosos de Sean Ellis tras su cámara. Si bien este nos brinda una aventura melodramática y trágica, su contundencia y su deslumbrante factura la convierten en formidable, imprevisible, magistral y necesaria.

Crítica para www.cinemaldito.com
@WeisGuerrero @CineMaldito
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Thriller realista
Cuando la vi en la Seminci me impresionó este thriller, con ambientación real en Manila, rodada en lengua “tángalo” y donde se palpa toda la miseria y la corrupción.
Destila una desconfianza en el ser humano descorazonadora, presentándonos unos personajes sin salida, en una situación dura y difícil.
Buena utilización del sonido, con silencios elocuentes.
En la rueda de prensa nos contó que no encontró financiación en Estados Unidos por no rodarla en inglés, así que optó por la autofinanciación-
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11 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El infierno en Manila
Corrupción, miseria y delincuencia en todo su esplendor. Familia pobre deja el campo y llega a la capital con la esperanza de mejorar su nivel de vida. Allí se encuentran maldad, violencia y explotación. Se ven tragados sin remisión por una Sodoma moderna y espantosa.
Película poderosa, ágil y cautivadora. Con tonos apagados y ritmo inexorable, nos cuenta la odisea de un pobre hombre y su familia a través de un guion ingenioso y enrevesado que avanza de forma imparable y cruda. Hay estilo y capacidad narrativa. Hay buena fotografía y eficaz montaje. Pero yo veo dos fallos graves, a saber:
-El protagonista es excesiva y penosamente alelado; no se entiende que pueda ser tan inocente cuando nos han explicado que estuvo nada menos que cuatro años en el ejército. Nos lo presentan como si fuera un jovenzuelo que no ha salido nunca de su pueblo y no se entera absolutamente de nada. Hubiese sido mejor historia con un personaje más complejo, menos plano.
-La narración comienza como un retrato realista y desolador sobre la gente humilde devorada por la gran urbe nauseabunda. Así transcurre el primer tramo. A continuación, el personaje principal encuentra trabajo como guardia de seguridad y el tono cambia: dejamos atrás la denuncia y el verismo y nos metemos de lleno en una película de acción claustrofóbica y fatalista; angustiosa, violenta e inclemente. Pues a partir de ahí, la historia necesita ser explicada a cada momento; se mete en demasiados jardines de los que, para salir, utiliza un montón de diálogos morosamente explicativos, alguna situación poco creíble y, para colmo, una voz en off para, en la parte final, acabar de dar sentido a lo acontecido. Esto provoca que el relato se atasque y de sensación de excesivo artificio, con lo que pierde parte de la fuerza y personalidad con la que había comenzado.
Película de sorpresas y giros de guion, tramposa y obligatoriamente didáctica. Thriller y denuncia social. Acción y compasión. "El ladrón de bicicletas" y "Cyclo".
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8 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
No es país para honestos.
De la mano del director que nos sorprendió, primero con ese cortometraje nominado al Oscar y dos años más tarde transformándolo en esa maravillosa película que es Cashback, llega ahora Metro Manila, que pese a su presupuesto de “guerrilla” ha sabido hacerse con el favor del público en Sundance y Gran Betraña ha decidido que sea su representante para competir en los Oscars de habla no inglesa, de llegar a la selección final.
Sean Ellis, tras una visita a un amigo a Manila y presenciar una discusión en la calle de dos empleados de una compañía de furgones blindados, sacó la idea que posteriormente, trabajada con el guionista Frank E. Flowers, resultó ser el guión de Metro Manila.
Rodada en tagalo (la lengua nativa de las Islas Filipinas, donde se rodó) y con poco presupuesto, Ellis, aparte del rol de director y guionista, tuvo que encargarse de la producción, cámara, luces, sonido y steady-cam.

Metro Manila nos habla de una familia que se traslada de los campos de arroz del norte de Filipinas a la ciudad de Manila, en busca de un futuro mejor. Pero la estresante y asfixiante ciudad no se lo pondrá nada fácil a Óscar y su familia.
Un drama que poco a poco se convierte en un thriller atrapante.

Una buena historia emocionante y emotiva que intercala ficción ciertos detalles reales (la historia de Alfred Santos, que en la realidad se llama Reginald Chua, y los crueles juegos de niños apaleando un gato, por ejemplo) que otorgan veracidad al relato, sin hacer el simple drama autocomplaciente y lacrimógeno. No se escatima en mostrar lo crudo de la vida pero sin caer nunca en lo banal, tópico o maniqueo.
Su fuerza radica, sobre todo en ofrecer un thriller con nervio apoyado en la historia. Nada surge de la nada, no hay trucos de magia para hacer más atractivo el viaje, las situaciones derivan de las anteriores, como debería ocurrir en todos los guiones. De ahí que se le permita la licencia del final poético (que ni eso resulta descabellado en el relato) y redondea el buen hacer de su historia. La buena guinda al pastel.

La denuncia social es simplemente una vertiente secundaria de la película, enfocada más al thriller con sello autoral, mostrando una verdadera jungla de asfalto donde, o te adaptas o no sobrevives.
Y cómo no, como en sus anteriores películas, hasta incluso en la floja Broken, la pasión por los detalles y mostrar sentimientos a través de las imágenes es uno de los puntos fuertes de Metro Manila. Momentos como el “¡por fin agua!” cuando se ducha Óscar y Mai después de vivir en una chabola se convierten en pequeños momentos mágicos en manos de Sean Ellis. No en vano, Ellis antes de cineasta ha trabajado de fotógrafo, haciendo videoclips o anuncios de importantes firmas como Jean-Paul Gaultier, Land Rover o Rimmel. Quizás por ello la fotografía se nota especialmente cuidada en sus películas, incluso en estas cuyo rodaje de un mes y escaso presupuesto dejan poco margen para una planificación más minuciosa.

Quizás a Metro Manila le falte un poco para engatusarme como aquella opera prima de 2006, pero siempre es un gusto ver un thriller con sello propio, con cierto gusto por ofrecer un cine más allá del producto standard industrializado, y más de la mano de un prometedor cineasta como Sean Ellis, con buenas ideas y talento para llevarlas a cabo. Quizás la categoría de habla no inglesa en los próximos Oscars la tenga difícil con pesos pesados como La caza, de Vinterberg; La gran belleza de Sorrentino o El pasado de Asghar Farhadi , pero sin duda no me sorprendería en absoluto que se encontrase entre las nominadas.
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11 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
"El que nace para ser ahorcado, nunca morirá ahogado"
Luz y gente. Vehículos y humo. Un animal abandonado, un rostro entre la multitud. Los suburbios por un lado, los opulentos rascacielos por el otro. El lujo y la inmundicia. Muerte y vida. Amor y odio. Manila, es una ciudad de contrastes, como casi todas las grandes urbes del planeta. Un hervidero de caminos que colapsan en un mosaico cultural que empequeñece al individuo.

En "Metro Manila", la cámara de Sean Ellis, se transforma en mudo testigo de ese microcosmos que es la capital de Filipinas. Con un lenguaje a caballo entre el lirismo poético y la crudeza documental, la historia que narra su objetivo, es la enésima muestra del héroe cotidiano que pretende escapar de su rutina y las angustias de su día a día, topándose de bruces con los sólidos obstáculos de una realidad más preocupada en derrumbar los sueños que en alentarlos. Pero pese a un argumento tan trillado, Ellis saca petróleo de una narración cuidada con cariño y mimo que encierra en su interior dardos envenenados que atacan directamente al corazón del espectador. Los latidos de su cuento urbano golpean la conciencia y los sentimientos durante las dos horas de metraje que vuelan ante nuestro ojos.

"Metro Manila" cuenta con la baza de saber adentrarse en la memoria a través de las emociones más viscerales del público, algo difícil de conseguir en la mayoría de los casos. Esa facilidad que presenta el director británico para conjurar las emociones de su parte, es lo que hace que se perdone cualquier error a una historia cuyo objetivo primordial es instalarse en el corazón del público entre sus giros de guión y sus latigazos sentimentales. Una obra notable que se disfruta en un suspiro y que no cae en el pozo del olvido.
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9 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
¡Ay Ramírez, hijo y nieto de Ramírez!
Los campesinos pobres y explotados que huyen de la esclavitud tienden a refugiarse en las grandes urbes, donde todos esperan reiniciar sus vidas y alcanzar mínimas cuotas de dignidad. Queda claro, tras esta introducción, que estos seres errantes no van nunca al cine (con lo que vale una entrada comen un día) porque si no nunca se pondrían en marcha.

Efectivamente, Metro Manila, es una más de esas fábulas que a veces parecen hechas para que quienes quieren intentar la aventura de ir a la capital se lo piensen y desistan. También parecen animarles para que busquen una muerte bucólica, por hambruna, bajo un árbol, antes que pillar una disentería galopante en un basurero de las barracas metropolitanas.

Afortunadamente Sean Ellis se curra un poco más el guión y añade alguna fórmula para escapar del consabido: -Si naciste “pa” martillo, del cielo te caen los clavos-
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Amor en situaciones de pobreza absoluta
La verdad es que antes de ir a ver una película evalúo concienzudamente la película a revisar durante un buen rato..Metro Manila es una de esas películas con las que tienes un feeling cuando lees la sinopsis..no decepciona...una fotografía maravillosa y una interpretación más que convicente de todo su elenco de protagonistas en una historia conmovedora donde el director no abusa de cevarse de una situación en la que todos, amigos míos, sacaríamos lo peor que llevamos dentro. La película se proyecta en v.o., esto es, en Tagalo pero realmente merece la pena leer subtítulos para no perder ni un detalle y eso que los silencios y las expresiones en esta película dan incluso más información que el diálogo.
La historia en sí no es sorprendente pero la actitud de la pareja de protagonistas es loable en defensa del amor que sienten entre sí y por sus hijos.
Sales de la sala valorando mucho lo que tienes y con pocas de quejarte de si el vecino hace ruido o no.
Salud!
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
`Metro Manila´: predecible, desasosegante, recomendable
Sobre una historia arquetípica y con unos personajes de trazo grueso, el fotográfo de moda, director y guionista Sean Ellis (Brighton, 1970) consigue mantenerte alerta hasta el final. Y eso no es fácil, nada fácil. Lo fía con acierto al poder intimidante de la gran ciudad -pocos escogerán Manila como destino de vacaciones tras ver la película-, verdadero catalizador de la trama.

Óscar Ramírez es un ingenuo campesino y ex militar que arrastra a su pequeña familia a la arena, a la supervivencia en un entorno hostil. Es engañado, timado y vituperado. Se arruinan. Encuentra un empleo que entraña un enorme riesgo mientras su mujer solicita el ingreso en un lupanar en el que también quieren reclutar a la niña mayor... Una caída en desgracia absoluta jalonada de diálogos demasiado explícitos.

Se masca la tragedia, quizás se la ve venir. Pero no te vencen el tedio ni el suspiro -acaso el déjà vu-, sino que te quedas pegado al asiento, disculpando algún delirio de guión y sabiéndote protegido en tu jaula tecnológica de primer mundo.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
El director británico Sean Ellis se adentra en Filipinas para contar una historia dramática, que se convierte en una película de suspense con un gran final
Es la película seleccionada por el Reino Unido para competir en los próximos Oscars, en la categoría de habla no inglesa. Esto es posible porque la película está hablada en su totalidad en uno de los dialectos de Filipinas.
El cine británico siempre busca hacer películas diferentes. Si quisiera podría realizar películas taquilleras, aprovechando el gran talento de sus intérpretes. Sean Ellis ha hecho una pequeña película, adentrándose en Filipinas para contarnos la vida complicada de una familia pobre.
Esta familia decide abandonar su pueblo para ir a Manila en busca de una vida más próspera, y el director emplea una cámara muy cercana a los personajes, y ese es el gran acierto de la película. El problema es que en su parte central se vuelve muy monótona, y la parte laboral del padre de familia no me termina de interesar. Pero la película vuelve a remontar en su parte final, mediante la transformación del drama social en un thriller con un gran final. La esposa del protagonista busca trabajo, y esa historia particular de la protagonista también me parece interesante.
La fotografía está bastante bien, aunque no refleja del todo la Filipinas profunda, que tan bien hace Brillante Mendoza. Las historias que plantea el director filipino son más cotidianas, buscando dramas familiares cuyo epicentro son las zonas más desfavorecidas del país.
Otro de los detalles que no me gusta de la película es el sonido, incluso hay algún momento que me llega a irritar. Al más puro estilo Winding Refn emplea un ruido excesivo, que bien dosificado está bien, pero que si se abusa de ese recurso puede llegar a cansar.
Recomendable para todas las personas que busquen una película independiente, y con una dosis de suspense adicional en la parte final.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Cine comercial y de autor con destellos de gran calidad.
A Sean Ellis ya lo pudimos ver en acción con Cashback (2006), una película que nos advertía de una fuerte personalidad detrás de las cámaras. Después del tropezón que supuso Roto (The Broken) en 2008 (una película de terror que había digerido mal sus influencias) y de diversos cortometrajes (The Bussiness Trip, Claws) , el director ha retomado la senda del buen hacer con una película muy interesante titulada Metro Manila, que se presentó a festivales diversos como el de cine independiente de Sundance o el Seminici de Vallalodid.

Metro Manila es una película que combina el cine denuncia (en este caso el eje es la inmigración) con el thriller comercial de punta blanca. Rodada en Filipina y con la lengua original de los actores (que no eran grandes estrellas sino habitantes originarios de la isla, lo que ya nos advierte de las intenciones del film) la película nos presenta la vida de una familia prototípica de Filipinas, y como tiene que sobrevivir esta a las lamentables condiciones económicas en las que se ven envueltos. La película de hecho empieza mostrándonos a nuestros protagonistas en el campo, pero debido a que no obtienen el suficiente dinero para mantener a todos los miembros de la familia, deberán exiliarse a la metrópolis de Manila, donde Oscar Ramírez (interpretado por Jake Macapagal), nuestro protagonista, tratará de buscar un trabajo.

La primera parte del film está de hecho, mucho más ligado al cine denuncia. En Manila Sean Ellis se dedica a registrar la salvaje vida urbana de la ciudad, y como nuestros personajes son reiteradamente engañados y apaleados (en este sentido el primer engaño es de lo más interesante de toda la cinta, pues contrapone el buenismo de nuestro personaje principal, que aparece tratado como un personaje al que el trabajo rural ha convertido en un ser bondadoso con la malicia de unos personajes que estafan a nuestros protagonistas). El drama se diversifica en dos vías: La del padre de familia que trata de encontrar un trabajo para su familia y la de la mujer, que como ve que su marido no puede aportar comida a casa decide optar por la prostitución. El guión trabaja correctamente a sus personajes y sus caracteres, definiendo sus personalidades.

Pero la película cambia significativamente de rumbo cuando nuestro personaje masculino encuentra trabajo en una red de seguridad cuyo trabajo es proteger diversos objetos preciosos que se guardan en cajas secretas. En esta empresa nuestro protagonista entra de hecho de mano del personaje que interpreta John Arcilla, y entre los dos se establece una interesante amistad. Recordándonos a las películas de John Ford, el compañerismo entre los dos resulta encomiable y parece un oasis entre la isla de caos que supone Manila. Pero está claro que Sean Ellis no es John Ford, y que la brecha que hay entre el cine del norteamericano y la del británico es ya insalvable. De todas maneras, el guión resulta predecible en la traición que realizará Arcilla hacía nuestro protagonista, y se puede oler a kilómetros de distancia. Quizá es precisamente porque el tiempo ha cambiado y retratar una amistad pura como lo hacía Ford es prácticamente imposible en un thriller como Metro Manila. La película pulveriza los sueños hasta llegar a un final poco concesivo respecto al público.

Aún así, una de las cosas más elogiables del film es la unión entre cine de denuncia y film comercial que ha conseguido Ellis (de hecho lo mismo ocurría con Cashback). La película contempla mostrar la realidad social, pero el argumento de la segunda parte del film permite que el director se recree en secuencias con grandes dosis de tensión, lo que permite una mezcolanza curiosa.

Por este motivo, Sean Ellis reduce su estilo preciosista que ya pudimos ver en sus dos anteriores films a la mitad. Pero aún así, sus trazos de lirismo quedan impregnados en diversas secuencias. De hecho, a medida que avanza el film observamos como la realidad se va descomponiendo paulatinamente, para llegar al clímax final que es absolutamente poético (al fin y al cabo nos habla la voz en off de un muerto). Este despegue de la realidad acelerado permite a Ellis rodar secuencias muy interesantes, especialmente las que tienen como nexo los diversos trabajos de la empresa. El director rueda escenas de tensión mediante cámara en mano y con un montaje nervioso. La puesta en escena va acorde con el tono onírico que va adquiriendo el film a medida que avanza, con inclusiones de planos que pertenecen a otras historias, cámaras que registran a nuestros protagonistas desde ópticas poco académicas, o la reducción total del sonido durante momentos de acción comprometidos, creando así una atmósfera singular y a la vez surreal.

Flashbacks, voces en off, digresiones narrativas, Ellis se sirve de múltiples recursos para dinamizar la película. De hecho, la narración de la película y como se muestra el desarrollo de esta es una de les cosas que más obsesionan al director.

http://neokunst.wordpress.com/2014/03/16/metro-manila-2013/
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La jungla urbana
Cuando sobrevivir se convierte en el objetivo de cada día y la desesperación hace acto de presencia, todo parece estar permitido con tal de sacar a la familia de la miseria. Incluso quien lleva el peso de esa responsabilidad puede sentirse tentado de ponerse la piel del lobo... en una jungla donde solo los más astutos resisten. Así es la vida de Óscar, el protagonista de “Metro Manila”, que un día coge a su mujer y a sus hijos y huye del campo a la ciudad, esperando encontrar una vida mejor. Lo que le espera, sin embargo, son los arrabales de Manila, un trabajo como guarda jurado de un furgón blindado... y una trama de corrupción, engaño y violencia en la que se ve involucrado y que le obliga a asumir un dudoso código moral para salvar el pellejo. Todo queda justificado si de lo que se trata es de que su mujer deje de prostituirse en un club nocturno, de que su hija pueda ir al dentista, de tener algo para comer…

La película que dirige el británico Sean Ellis es la crónica familiar de un viaje de la inocencia al desamparo, trazado con estilo realista, que recrea la sordidez de unos ambientes turbios donde los personajes no parecen tener otra opción que la de huir hacia adelante. Una fotografía oscura y sucia que parece empaparse de la miseria reinante, una planificación cerrada y por momentos trepidante que sume al espectador en tensión permanente, o un uso del sonido y del silencio que buscan el impacto emocional... son recursos para una historia de violencia y también de amor sin límites. Asistimos al sacrificio que un padre está dispuesto a hacer para sacar adelante a su familia, a la auto-inmolación que llega a límites de gran crudeza y frialdad. Solo el rostro de Jake Macapagal y su mirada al futuro en busca de un rayo de esperanza ofrecen el contraste necesario en esta jungla urbana.

La cinta de Ellis comienza con una lograda e impactante ambientación local, retrato de un entorno de pobreza y de una lucha humana por salir a flote... ya sea en el arrozal o en el asfalto, y discurre entonces por terrenos melodramáticos y pictóricos. Esos momentos en que un extranjero mira la realidad de una gran urbe son quizá los mejores, los que tienen más personalidad, con imágenes que hablan por sí solas. Sin embargo, pronto esa atmósfera se diluye en el caos al derivar hacia el thriller y la acción, y la poesía cede ante la narrativa, y sus personajes pasan a mostrarse por sus respuestas en una espiral de violencia, mientras el vértigo y el temor hacen que se tambaleen los principios de Óscar.

En esa selva de sangre y atropello, Ellis nos ofrece tipos nihilistas y sin escrúpulos junto a otros que entienden el sentido del sacrificio y las normas de conciencia. Y la dureza de algunas imágenes se contrarresta con el humanismo de otras, de forma que el espectador pueda respirar en medio de tanta corrupción. La película, rodada en tagalo, está bien rodada y avanza con buen ritmo, y ha sido nominada por Gran Bretaña para los Oscar® como mejor película en habla no inglesa.
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5 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Metro Manila
Es sobrecogedora, impactante y de grandes emociones silenciadas; la desesperación llevada al límite, la supervivencia a un precio muy cruel, un morir luchando, aprender a aguantar para no ahogarse, resistir y resistir como prueba de vida..., una excelente y fortuita fotografía, tanto rural como urbana, detallada con gran precisión y pureza, expuesta con gran exactitud junto a una desgraciada pobreza, horrenda violencia y miseria por doquier, ambas como personajes principales de un equívoco y desesperante peregrinaje familiar que les llevará a las puertas del infierno, carne de cañón para todo tipo de vejaciones y humillaciones imaginables; implacable resistencia, espíritu indomable que soporta con leal sonrisa y apaciguada esencia los avatares injustos de un inmerecido destino que golpea, golpea y no se cansa de golpear. Imposible no inmutarse, no sentir el balazo emocional de esta humilde familia en medio de la barbarie, la desgracia, el engaño, la hambruna..., que se cogen a un clavo ardiendo con tal de soportar, aceptar y seguir confiando en Dios; impacto reflexivo y emocional que no te dejará indiferente, un drama convertido en desesperado thriller compuesto de naturales y sinceras interpretaciones y en medio de una magnífica y vivaz puesta en escena, ambas como acompañamiento de una funesta y dolorosa comparsa que no parece tener piedad. Emocional, reflexiva, dolorosa, estremecedora, humillante..., sentimientos diversos que no podrás evitar ni apaciguar; violencia espiritual, silenciosa amargura, poco diálogo para una historia que vive del enfrentamiento visual, de imágenes impactantes y escenas de gran frustración que van calando en tu serenidad más inquieta y creando un hondo poso de gran pesadumbre y malestar. Película para ser sentida y asimilada con emotivo dolor, arrastre de vivas y fuertes emociones por las que dejarse llevar. Siéntate y siente y el poder y la fuerza de su interpretación, fotografía y puesta en escena como su mayor logro, y permite que tu alma se emocione y sobrecoja; tampoco es que puedas evitarlo!!!

http://lulupalomitasrojas.blogspot.com.es/
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
¿Qué harías por amor?
¿Hasta dónde serías capaz de llegar por tal salvar a las personas que amas?
Esta es la premisa de esta historia en la que un arrocero filipino decide emigrar a la capital, Manila, a buscarse la vida con su mujer y 2 hijos. Al llegar allí comprobarán que la ciudad está más podrida aún que los arrozales de los que vienen.

Podría haber sido una película de atracos, podría haber sido una gran historia de amor, podría haber sido una dura crítica a la vida en las grandes ciudades pero al final no llega a decidirse en cuál de estos 3 vértices del triángulo quiere caer quedándose un poco en tierra de nadie; una pena porque la película entretiene y mucho dejándose, eso sí, algunos cabos sueltos por el camino.

Unas actuaciones correctas y una fotografía decente ponen el colofón a una historia que daba para algo más; aunque lo que ofrece ya es bastante.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
A ritmo de blindado
Una inusual fusión de drama social con thriller de acción, que se acopla perfectamente, y en el que la última de las partes adquiere un claro significado. El honrado, digno, serio y apaleado Oscar, intenta salir con su familia de una vida miserable, en medio de un panorama en el que sentimos cada una de las desventuras que experimenta. Sin que apenas nos demos cuenta pasamos absortos los minutos, y a cada momento parece que va a pasar algo traumático mientras que de forma plácida seguimos a la espera; de hecho, casi al mismo ritmo al que circula el blindado, que al tiempo sirve tanto como referente o motor visual del film, como también de símbolo de lo inevitable, de lo que ha de llegar (y se sabe que va a llegar), a su destino. Si uno se para a pensar después de verla, se ve que gran parte de la película es la antesala de algo grande, pero en la que nada sobra. Esto último es debido a muy buenos diálogos, a interpretaciones entrañables, especialmente de la pareja protagonista y del compañero de trabajo, y a una hermosa fotografía oscura, casi desasogante.

Por supuesto, el momento llega... y la necesidad brota a borbotones, imparable, por encima de cualquier cosa.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Justita
Pelicula sobre un drama familiar en la actualidad, pobreza y desgracias.
No obstante, no se que tienen algunos personajes que parecen sacados de una pelicula de bollywood, el malo, muy malo, con un papel de muy malo.
Desconozco la cultura filipina pero hay algunas escenas que calificaría de "freaks", y no puedo creer que esto sea así.
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5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Érase una vez en Manila
El director británico Sean Ellis continua su carrera indie tras Cashback (2006) y The Broken (2008) viajando hasta Manila, la capital filipina, para relatarnos la realidad de una de las ciudades más peligrosas del mundo, desde el punto de vista de una joven familia campesina del norte que se traslada a Manila en busca de trabajo y esperanzas. La cruda realidad de una ciudad marginal, violenta y corrupta les romperá cualquier atisbo de ilusión.

Sean Ellis nos relata esta historia yendo desde un drama social en el que los personajes rozan la inspiración de las telenovelas hasta un palpitante thriller en la segunda mitad de la cinta, y todo sorprendentemente aportándonos un aire de frescura.

Un estilo libre y a la vez muy cuidado sobretodo en el terreno del sonido y en el montaje nos dan un título notable, que hipnotiza con su atmósfera y con esa sensación de que muchas almas que han atravesado Manila han vivido una historia semejante.

Una película con fuerza y con una dirección excelente. Una pequeña joya.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
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