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9
El cine es lo que no se ve
El maestro de la tensión. Una tensión que en el mismo momento en el que hace su presencia, no abandona la película hasta que no finalizan los títulos de crédito. Porque la tensión en el cine de Polanski debería considerarse un género aparte. Se te mete en las venas. Alejado del terror, los sustos y giros inesperados que tanto abundan actualmente, Polanski va directo y sin trampas. En esta película la gran mayoría hubiera utilizado el flash back como forma de narración para volver al pasado de la protagonista. Polanski no. Huye de artificios.

Sigourney Weaver nos relata lo ocurrido para conocer su pasado. El cine es lo que no se ve, y Polanski lo sabe. Como el mecanismo de un reloj, el tempo está perfectamente medido. Las pausas causan desasosiego y los silencios se convierten en un imán hacia la pantalla.

Venganza, justicia…si es que existe la justicia y la venganza sirve realmente de algo.
Devastador retrato del ser humano, aquel que tiene todo el poder y abusa de el.

Una historia llena de contenido y reflexión contada de la manera más sencilla y cerrada con el broche perfecto donde hasta Schubert resulta asfixiante.
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75 de 76 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Los demonios de Polanski
El horror. El mal, la locura, el miedo, la tristeza, la angustia, la soledad... todas esas sensaciones se hayan unidas por el eje común del horror. Y Polanski conoce muy bien ese eje, y es más, sabe interpretarlo. Imagino que la tenebrosa causa de ese talento se haya en que él lo conoce muy bien. En la memoria de Polanski tiene que haber múltiples cicatrices que jamás desaparecerán. Por ello, su plasmación en la pantalla del horror no puede ser más escalofriante y brutal.

"La muerte y la doncella" se trata de un relato profundamente desolador cuyos protagonistas se hallan atrapados por un tenebroso pasado que les oprime y no los suelta. En este pasado tortuoso hubo una víctima, y consecuentemente, un verdugo, y ahora, en el presente, aquella víctima superviviente cree encontrarse con ese verdugo. La voz de éste, su risa, su olor, una cinta de Schubert, expresiones y detalles; pistas sobre las que el sufrido cerebro de aquella víctima relaciona al diabólico verdugo que la torturo, tejiendo acto seguido una venganza para exorcizar sus demonios internos. Hay un tercero, el marido de la víctima, convertida ahora en verdugo, unido a ella por amor, y al otro por el sentido cívico.

A partir de ahí, Polanski nos guía por un aterrador viaje al lado oscuro del ser humano, a sus instintos más míseros y primitivos. Un guión magistral que Polanski da forma con su incomparable genio y su insuperable sentido del suspense, ayudado inestimablemente por unos intérpretes prodigiosos a los que se debe gran parte del film.

Todo funciona a la perfección en esta tela de araña, tejida con la lúcida y desequilibrada fibra de la venganza, el poder; del horror. Con esta película me he visto sumergido en un universo aterrador que cuando se muestra en carne viva es terriblemente doloroso, el de la maldad del ser humano, involuntaria o no, siempre espeluznante. Obra maestra absoluta.
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80 de 89 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El hombre es un ser tenebroso (8.2)
La sensación de poder saca a la luz los comportamientos más oscuros del hombre. Esta historia de intimismo tenebroso, simple en el fondo pero bien construida, le permite a un Polanski inspirado y experto en este tipo de producciones de bajo presupuesto (véanse "El cuchillo en el agua" y "Callejón sin salida") tensar los músculos del espectador, crear una incertidumbre que se mantiene hasta los últimos minutos. El estremecedor epílogo en pleno concierto era opcional.

Chapó para los actores, aunque eso ya se ha comentado en todas las críticas anteriores.

PD: Amigos cineastas españoles, ya veis que con tres actores y una casa (bueno, y cámaras, y luces, y... pero tampoco es que se os exija la perfección técnica de esta película) se pueden hacer cosillas muy interesantes. Pero para eso hay que trabajar duro de verdad, sobre todo en la elaboración del guión.
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52 de 61 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La génesis de la violencia
Adaptación al cine de la obra teatral homónima (1991) de Ariel Dorfman. Realizada por Roman Polanski, se rodó en Valdoviño (A Coruña), Meiras (El Ferrol) y Phenix Studios (Billancourt, Francia). Obtuvo 2 nominaciones: al mejor film en el International Fantasy Film Festival y al mejor director en el Independent Spirit Festival.

La acción tiene lugar en Chile en 1992/93. Narra la historia de Paulina Escobar (Sigourney Weaver), casada con un prestigioso abogado, Gerardo (Stuart Wilson), que acaba de ser nombrado para un importante cargo por el presidente Romero, elegido tras la caída de la dictadura militar. Un día de intensa lluvia Gerardo llega a su casa de campo en el coche de Roberto Miranda (Ben Kingsley), médico, que le ha recogido en el camino, al haber quedado varado su coche en la carretera. Por la voz, la manera de respirar y otros indicios, Paulina reconoce en él a quien la torturó y violó durante su detención, en 1977, como sospechosa de activismo democrático.

La película enfrenta a la víctima y al presunto verdugo en un ambiente cerrado y aislado en el que Paulina, presa de un fuerte estrés emocional, recuerda sus sufrimientos de hace 15 años, mientras trata de arrancar de Miranda una confesión. Entre Paulina y Miranda se entabla una lucha feroz y violenta, en la que ella va ganando posiciones, ante la mirada atónita del marido. Miranda lo niega todo, como hizo ella durante su detención; juega sus coartadas, que convencen al marido, pero ella no las acepta al ver que son fruto de un montaje; trata de huir, pero ella lo inmoviliza. El antiguo verdugo convertido en presa y la antigua víctima en disposición de imponer su voluntad crean una situación cada vez más tensa, que evoca la trágica transformación de las víctimas en verdugos (tratada en films anteriores ("Repulsión", "Lunas de hiel") y la necesidad personal de olvidar y ampararse en la Justicia. El castigo es competencia exclusiva de los Tribunales.

La música recuerda la que acompañaba a Paulina durante su tortura, el opus para cuarteto de cuerdas de Schubert "La muerte y la doncella". La partitura original de Vojcieh Kilar intercala pasajes de gran melancolía (sentimientos de Paulina), con marchas marciales amenazantes. La fotografía, del gran Tonino delli Colli resalta los contrastes entre claros y oscuros, luces y sombras, en una atmósfera sombría, con predominio de formas geométricas, evocadoras de una prisión. El guión contiene unos diálogos fluídos y tensos, que dan paso a un desarrollo argumental muy cinematográfico, pese a su raíz teatral. La interpretación de los 3 protagonistas es magistral, especialmente la de Weaver. La dirección se recrea en la exploración de los orígenes de la violencia y en el síndrome que tiende a convertir las víctimas en verdugos.

Dirigida con maestría, la película aporta emoción, tensión y una acertada reflexión sobre la inconveniencia de la venganza personal.
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47 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
LA TORTURADA, LA TORTURA Y EL TORTURADOR
De las mejores películas que he visto sobre algo tan horroroso como las consecuencias de la tortura, sobre las marcas espantosas que deja en la psique y por la manera en que relata los detalles de la tortura en sí.

La filmación enfrenta a la víctima torturada con el cabrón torturador y añade a un testigo de ese encuentro que viene a representar a cada uno de los espectadores, por momentos identificándose con una de las partes y por instantes con la otra. En ese cara a cara de abusador y abusado, se nos va revelando psicológicamente qué anida en las mentes del que ha sido un torturador y de quien ha sido un torturado.

Terrible, sorprendente, impresionante. Un film que casi nos paraliza e hiela las venas frente a la pantalla. Imposible sustraerse al sobrecogedor guión convertido en imágenes de cine: el arte de afectarnos el ánimo hasta dejarnos atónitos.

Muy buena película, rodada de forma muy económica, en apenas una casa y con un poco de exteriores compuestos por un faro y sus proximidades de costa acantilada. Sin duda, Roman Polanski, una vez más, deja patente de su talento como director de cine. Sencillamente magistral.

Fej Delvahe
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41 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Fusión magistral de cine y teatro
Esta magnífica película parte de una obra de teatro. Roman Polanski consigue una fusión magistral del cine y el teatro con tan sólo tres personajes y unos escenarios reducidos. En realidad no le hace falta mucho más. La fuerza del texto original (y del guión adaptado) así como el saber hacer del director hacen lo demás, ayudados-eso sí- por la gran trabajo interpretativo que hacen los actores, especialmente Sigourney Weaver, en estado de gracia. Todo está bien: la puesta en escena (tan teatral), la música, la fotografía. Una película sobre la tortura física y psicológica que no dejará indiferente a nadie.
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19 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
A Polanski le va la marcha
Es muy cierto que la vida real a menudo supera la ficción.. Quiero empezar a hablar de "La doncella y la muerte" defendiendo su punto de partida, el planteamiento que hace Polanski, por imposible que parezca, es bienvenido porque gracias al hecho de reunir bajo un mismo techo al torturador y a la torturadora tantos años después tenemos película. Todos podemos intuir que hay una obra de teatro detrás, que Polanski adapta un texto teatral. Me da igual, más valor aún tiene el hecho de guionizar para una película algo así, un largometraje con tres actores, una casa, un coche... tan pocas cosas y tanta y tanta tensión.

El terror en los ojos de Weaver nos dice que es cierto, que recibió palizas, violaciones, todo tipo de perrerías. No creo que nadie lo ponga en duda, fueron así los escuadrones fascistas. Pero atención, ¿qué pasa con Ben Kingsley?; ese hombre de mirada incierta que se defiende de las acusaciones y que, maldita sea, le puso cara a Gandhi también. No voy a elevar lo suficiente la figura de Polanski, alguien que como la Weaver también tiene su pasado, lo que hizo en "La muerte y la doncella" me ha dejado clavado y pasadas varias semanas sigue en mi cabeza, dentro mío. Esa noche que viven los tres personajes no se me va de dentro y cuando esto sucede, cuando después de varias semanas la película está ahi removiéndose sin parar, es entonces cuando inevitablemente es buen cine.

Kingsley y Weaver en el centro de un huracán que revive quince años después, la tensión en el sudor del pobre tercer personaje en discordia, casi abogado del diablo, y sobre todo, la poca piedad de Polanski por el espectador. La historia es dura para ella, pero nosotros la sufrimos también. Yo incluso demasiado. No sé decirlo de otra manera, la mayor complicidad con las imágenes por parte del espectador hace que un cine valga más la pena que otro. Hay más cosas claro, fotografía, luces, planos aquí y un guión que no permite el descanso o el aburrimiento. Me temo que si tengo que elegir quedarme con la Weaver o con Kingsley me quedo con Roman Polanski, que es el verdadero amo de "La muerte y la doncella"
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13 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Los terribles fantasmas del pasado
Unos acantilados en un lugar indeterminado de Sudamérica. Una casa con hermosas vistas al océano. Un matrimonio que lleva una vida retirada.
De repente, el destino actúa para demostrar que el pasado a menudo no se entierra, sino que permanece latente y en carne viva en algún rincón de nuestra mente. Un día, el marido vuelve a casa acompañado de un hombre que inmediatamente despierta ecos siniestros en la mujer. Los ecos de unos tiempos de terror que dejaron huellas imborrables en la mente y en el cuerpo de esa mujer.
Horripilante y cruda evocación de la tortura y del horror, en medio de un ambiente repleto de angustia, de aguda tensión y de deseos de venganza que no se han apagado pese al tiempo transcurrido, porque hay injurias demasiado atroces para dejarlas pasar.
Con sólo tres personajes y un escenario (la casa del acantilado), somos testigos de toda una gama de sentimientos: una rabia feroz, una insondable humillación, un miedo tremendo y un deseo brutal de vengar todo el dolor padecido.
Con pocos elementos y sobriedad de recursos, aquí tenemos una contundente denuncia que no puede dejarnos indiferentes.
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14 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Al diablo con la justicia poética
De Roman Polansky uno debe estar previamente avisado: con algunas excepciones, sus obras rodearán asuntos turbios, siempre muy turbios. La muerte...nos involucra en el meollo entre un abogado, su mujer otrora torturada en tiempos de dictadura y un médico que, casualmente, va a parar al lugar menos debido...un torturador?? un violador?? Según la prota, sí, sin dudarlo.

Inevitablemente, no pude dejar de compararla con Hard Candy, la situación es distinta pero la idea es la misma: se dan vuelta las tuercas y el torturador pasa a ser torturado por la víctima. Salvo determinadas secuencias, todo se desarrolla en una cabaña, lo cual le otorga a la obra un espíritu teatral muy bien logrado (y vale aclarar que la peli procede de una obra de teatro): una atmósfera enfermiza, tres actores metidos en sus papeles a todo momento, una fotografía para envidiar y una iluminación sensiblemente controlada. Mi temor pasaba por el desenlace del problema: estas temáticas conllevan replanteos éticos que pueden volverse peligrosos si no se los lleva con discresión, pero finalmente el resultado es más que alentador.
El devenir del guión está muy pulido, insisto: es una obra de teatro. La secuencia de presentación de los personajes en base a supuestos que el espectador debe ir construyendo, el climax dramático, la calma chicha, diálogos puente para desembocar en un nuevo climax hasta llegar al desenlace final, tan contenido como necesario dado lo escabroso del asunto. Pero esto es cine, entonces la cabaña nos es presentada mediante travellings de acercamiento o distanciamiento, profundidad de campo y fundidos graduales entre secuencia y secuencia. Salvo algún que otro diálogo innecesario, Polansky dirigió esto con pulso de experto, y se nota.
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12 de 15 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Buena
Buena adaptación de la obra teatral del chileno Ariel Dorfman, que refleja a las claras a un Roman Polanski auténtico en su estilo de encarar sus obras.
"La muerte y la doncella" es una considerable propuesta para repasar el dolor y la angustia que dejó en las personas que sobrevivieron a la represión militar en la época del proceso en países de latinoamérica.
Mediante un filme de suspenso nos introducimos en una película que posee una atmósfera muy tensa y densa, que pone de manifiesto la conducta humana en los aspectos de la violencia, el odio, la venganza, el temor y todo el horror de épocas complejas donde la impunidad y el autoritarismo eran moneda corriente.
El ambiente en que el filme transcurre es el de cambio, justo cuando se produce el paso de la más cruel dictadura militar y se deja vía libre a la democracia como forma de vida. La misma da una luz de esperanza de justicia por los horrores pasados en tiempos anteriores.
Pero la película no tiene como fin mostrar particularidades de la época del proceso en forma general, sino que mediante una historia ficticia, nos demuestran lo cruel y morbosa que eran las torturas militares.

Vemos por ello en la trama de la película, una historia donde un matrimonio compuesto por una mujer llamada Paulina Escobar (Sigourney Weaver) quien fuera víctima de la tortura de la dictadura militar, su esposo (Stuart Wilson) es un prominente abogado que ocupa una alto cargo jerárquico dentro del nuevo sistema de gobierno. Ellos viven alejados de la ciudad, en la relación vemos que Paulina Escobar es de carácter dominante que se impone sobre su marido. Las variantes del filme comienzan cuando entra en acción el Doctor Miranda (Ben Kingsley) quien supuestamente es quien ha torturado y violado a Paulina.

Sin lugar a dudas que las interpretaciones son brillantes, demuestran mucha profesionalidad y dan un marco de credibilidad al filme, el cual en todo momento mantiene atrapado al espectador en esta intrincada relación de verdades y mentiras, revelaciones y ocultamientos, que convierten al relato en un thriller más que interesante.

Una película muy bien recreada, con el toque magistral de Polanski quien nos regala una narración absolutamente inquietante, que termina constituyéndose en un juicio forzado y apresurado de una mujer que está marcada por las más horribles vejaciones a la que una mujer pueda estar expuesta. Una historia que busca en el fondo ahuyentar fantasmas y recuerdos grabados en la memoria y que ni siquiera el paso del tiempo pudo borrar.
De ritmo rápido y acelerado, sin lugar para el aburrimiento, el filme constituye una buena opción para pasar ratos de dudas, inquietudes, tensiones, violencia, odio y la sedienta búsqueda de venganza.

Un thriller asfixiante, que garantiza el entretenimiento necesario, pero sin dejar de lado todo el contenido discursivo que hay de fondo para reflexion
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14 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
POLANSKI Y LA ASFIXIA
El siempre subyugante ROMAN POLANSKI nos ofrece en esta ocasión uno de sus filmes más redondos y efectivos, no sólo visto dentro de su estimable filmografía, sino encuadrándolo en el panorama cinematográfico de los últimos tiempos.
Con tres personajes, una casa y poca luz, el realizador polaco narra una historia desgarradora y escalofriante a partes iguales, gracias sin duda al buen ejercicio del guión, claramente deudor de su origen teatral (por ésto conciso y de personajes bien definidos) y, no olvidemos, el increiblemente buen trabajo de los intérpretes.
SIGOURNEY WEAVER, siempre efectiva, elabora aquí un perfil de víctima torturada absolutamente creible y revelador en su interacción con el presonaje del torturador, encarnado magníficamente encarnado por BEN KINGSLEY. Finalmente, STUART WILSON cierra el trío actoral, con su correcta aportación. Es paradójico que estrellas consagradas como estas se presten a papeles tan poco populares como los que nos ocupan y sigan demostrando su valía sin fisuras¡Qué buenos profesionales demuestran ser!
Y ....¡qué gozada poder contemplar este drama aparentemente sencillo y constatar que los grandes relatos, aderezados de técnica eficiente y música sublime, sin dejar de lado la sobriedad del elenco y el director, funcionan y conmueven siempre que se tome en serio ese arte que es el CINE!
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11 de 14 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La noche que cambió sus vidas
Aunque la obra de teatro va más directa al grano obligada por sus limitaciones escénicas, no cabe duda de que Polanski filma con "La muerte y la doncella" uno de sus mejores trabajos. Es increíble como un trío de actores puede sostener una película e incluso hacerla entretenida, aproximándola al género de intriga. Sigourney Weaver y Ben Kingsley están inconmensurables, mientras que Stuart Wilson ejerce de lo que exige el guión: De un mediador en un conflicto en el que también se ve indirectamente implicado.
Dramática, realista - pese a que no conozcamos la localización exacta en Sudamérica - y sobre todo escalofriante en cuanto al testimonio de Paulina (su narración de las torturas es de una conmoción brutal), Polanski consigue el mismo obejtivo que perseguía Ariel Dorfman como autor: Hacernos dudar sobre si Roberto Miranda colaboró con los militares y, sobre todo, denunciar públicamente a posibles criminales que convivían con las víctimas sin que ellas fueran conscientes. No hay más que ver el extraordinario final, acompañado de ese maravilloso cuarteto de Schubert que da título a la obra.
Mi nota: 8,7
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10 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La muerte y la doncella
Esta película, que transcurre en un no identificado país sudamericano llamado Chile, plantea diversos dilemas morales. ¿Justicia o venganza? ¿Instinto o razón? ¿El fin justifica los miedos? ¿Qué precio debemos pagar por la democracia?
La película es eminentemente teatral y por tanto se sustenta en las buenas interpretaciones de sus protagonistas, en este caso la teniente Ripley, Gandhi y otro tipo con bigote.
Gustará a: amantes de Schubert, Alien, torturadores.
No gustará a: niños, amantes del motor, claustrofóbicos.
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Paulina
Tiene una gran virtud, que el motivo de la venganza nunca se acaba de saber del todo si es cierto/justo o completamente inventado/arbitrario, y un gran defecto, que convierte esa duda en carne de espectáculo más propio de un thriller de Ezterhas que algo parecido a una recreación mesurada, sobria y desprejuiciada sobre asuntos tan complejos, retorcidos y endemoniados como puedan ser la justicia, la reparación del daño, la tortura, la ley, la confesión, los juicios, el crimen, el castigo y otros vericuetos o caminos en los que el alma humana se suele perder o dar de bruces con el desastre.
La poderosa y muy bella música de Schubert es el motivo, el comienzo y cierre, de esta obra de origen teatral que juega en el alambre habilidosamente y que recurre a diversas trampas para mantener una tensión que estimule al espectador más impermeable o perezoso.
Alienta grandes reflexiones y alumbra o presenta cuestiones realmente intrincadas y difíciles. Quizás especial y esencialmente hable de cómo la verdad es la primera sacrificada, la que menos importa, cuando lo humano y su dolor están en juego, o de que sí importa, pero es inaprensible, escurridiza, voluble y traicionera.
El espectador se afana inútilmente en encontrar una seguridad, en resumen, quiere saber si Kingsley fue el torturador o no, o lo uno o lo otro, hecho que la historia, sabiamente, no nos elucida, nos niega esa caridad, nos ciega ese tranquilo asidero, nos viene a decir que no se trata de eso, que la vida no es tan sencilla ni simple, que siempre quedaremos insatisfechos o satisfechos a medias, con dudas, incertidumbres y la cama a medio hacer.
Ella quiere una confesión. No desea la verdad. Esa ya la tiene, es él, para ella no es opinable. El dictamen es definitivo. Solo busca que la dejen lograr lo que necesita escuchar. Como terapia, como forma de sanar. Ella busca que aquella experiencia atroz cobre sentido, se haga más humana, que el que obraba con impunidad y abuso reconozca su maldad y vileza, que la haga frente, que no se refugie en su poder pasado y actual anonimato, que dé la cara. Poco importa si lo hizo ese hombre en concreto u otro cualquiera. Ella desea esa representación teatral, como símbolo (por eso apuntan con inteligencia que varias veces anteriormente había creído encontrar a su torturador en otras voces y otros ámbitos). Ella quiere que él se rebaje, que se ponga a su nivel humillado mediante el reconocimiento de los hechos, que así aquello que le hicieron no desaparezca ni quede en blanco ni se olvide, pretende que alguien, una figura humana que cumpla con el papel otorgado en la función "teatral", se haga responsable y asuma lo sucedido. Ella es la víctima que lucha por una posible venganza/reparación/sanación/justicia.
Él es el probable torturador. Es la excusa. El monigote. El fantoche. Ya dijimos que da igual si lo hizo él u otro. Es un actor en una obra en la que no puede opinar sobre su rol o líneas de guion, las escribieron otros por él, la víctima y la justicia, él solo las debe recitar con la suficiente fuerza, credibilidad e imaginación para que ese texto cobre vida, dé la sensación de que es real, aunque probablemente no lo sea, o sí, es indiferente. Es el culpable y que no se hable más.
El otro es el marido. Es la justicia. La que no hace nada. La cobarde. La contemplativa. La moderadora. La que templa gaitas. Es la ley. La componenda. La que observa. La corriente. Su labor es presencial, mediadora, engrasante. Confirma el juego marcado. No opina. Solo guía. Se lava las manos. Tampoco le preocupa nada la verdad. Solo desea que se llegue al final.
La película parte de unos hechos mundialmente conocidos, las torturas perpetradas durante las dictaduras militares sudamericanas, para a continuación tratar de trascender y hablar de la necesidad de justicia (de orden, de sentido, de equilibrio) del ser humano y de cómo esta se acaba transformando en un farsa, parodia o en el mejor de los casos obra de teatro que pueda ser verosímil y asumible, en la que los hechos o las certezas son solo sombras y en la que los protagonistas, para que salga bien el proceso/juego, deben ajustarse a modelos periclitados/preestablecidos, cerrados, vacíos de contenido, elementos puramente simbólicos y persuasivos, perchas huecas en las que colgar necesidades o frustraciones, daños y penas, poderes y culpas.
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7 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El odio hace que te conviertas en lo que odias
Polanski plantea un film básicamente de actores, pues todo él se desarrolla prácticamente en una misma habitación.
El juego moral y ambivalente de verdugo-víctima en que se tornan los personajes principales (estupendos Weaver y Kingsley), y el simulacro de juicio que se establece en la casa aislada sin corriente eléctrica da bastante interés al film. Éste no deja de reflexionar en cada plano sobre la venganza, la dictadura, la justicia y la ambiüedad entre deseos profundos y reglas morales de la sociedad.
Rodada con gran inteligencia y aparente simpleza (se nos escamotean detalles y siempre dudamos entre si queremos destapar la culpabilidad del hombre o desahogar el trauma de la mujer), el final es correcto pero no dejará contento a algunos. Y es que, tal y como nos cuentan la historia, esta película podría haber acabado de cualquier otra forma, igualmente válida.
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6 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Obra maestra.
De suspenso trágico pero con profundo contenido humano, Roman Polanski, un as en desmenuzar la humanidad de las historias, nos golpea recreando la novela del chileno Ariel Dorfman que pese a su ficción tiene explícitas alusiones a lo ocurrido tras Pinochet.

"La muerte y la doncella" (1994) emerge como una cinta magistral, de aspecto sencillo pero profundidad épica, oscura e interpretada a gran altura.

Teatral y cruda, Sigourney Weaver, Ben Kingsley y Stuart Wilson (me recordó mucho a Joaquin Phoenix) son suficientes para llenar hora y cuarenta minutos de una vibrante historia que no demora en encenderse y sigue su marcha explosiva en base a elementos eficaces que se mantienen hasta el final.

Psicológica y humana, se trata de una película rodada de forma meticulosa y tan bien hecha que, como suele ocurrir ante el talento en cualquier disciplina, hacer ver sencillo lo que en realidad representa una complejidad enorme.

Recomendada para públicos maduros pero también para los que independiente de la edad quieren empaparse con lo mejor de las artes; literatura, historia, teatro, cine y de la mano de las mejores interpretaciones con un gran director de orquesta.

Recomendación:
Excelente película, decir más, está justamente de más.

=Cité de Lord Buyinski= www.buyinski.wordpress.com
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8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El Polanski más recomendable
'La muerte y la doncella', o lo que es lo mismo, un drama de primer orden en las manos de un genio del suspense más oscuro. La intensidad verbal mantiene un clima asfixiante a lo largo de toda la película. Un ejemplo de cómo se debe trabajar en el cine a la hora de crear ambientes fríos para contar historias calientes. Necesaria, siniestra, triste y criticona. Sin duda, el Polanski más recomendable.
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8 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Terrible
Angustiosamente divina, Polanski sujeta al espectador en la butaca, sintiendo el mismo odio que la protagonista, el clima insano que se crea desde el comienzo hace que sea incómoda, lo cuál es de agradecer.

Creo que es, posíblemente, la mejor película de Polanski, el como fusionar teatro y cine, sin llegar al aburrimiento en ningún momento.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El cuarteto de Schubert y el terceto de Polanski
Bien por Polanski en intentar llevar a buen puerto una obra tan dura, tan difícil. Bien por crear ese clima espeso y potente aunque esto ya es una "especialidad de la casa" para el director polaco. Bien los tres protagonistas por poner toda su enjundia y su bagaje técnico en la interpretación de esos personajes. Todo bien, la película nos mantiene atrapados y su final nos deja reflexionando. Aunque eso sí, hay que decir que estos temas lamentablemente tan latinoamericanos como la dictadura, la impunidad, el horror de la tortura y el atropello a los derechos humanos, suenan -pese a todo el esfuerzo y las buenas intenciones- tan artificiales en manos anglosajonas como esos "uobeugto mihuanda" que escuchan nuestros oídos latinos. Qué vamos a hacerle..
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4 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Sigourney Weaver en estado puro
Impresionante interpretación de esta actriz que deja en segundo plano a los también buenos actores Ben Kingsley y Stuart Wilson. La película tiene un ritmo tan vertiginoso que no deja respirar al espectador.

Quizás lo más interesante de esta cinta es el grado de complicidad que uno siente con el personje de Sigourney. Sientes el dolor de ella, sientes su rabia, sientes su locura, sientes su venganza. El director consigue que seas tú el protagonista y esto muy dificilmentemente se ve hoy en día.

Se agradece también su comedida duración. Polanski llevaba razón: ¿para qué contar más si ya estaba todo dicho?.
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6 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
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