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10
Gente que viene y va
Sin saber muy bien por qué, me esperaba más bien una comedia con pequeños toques dramáticos, al estilo de aquellas comedias ligeras de los años 30 que trataban con feliz optimismo sobre la alegría de vivir y de amar. Pero lo que he hallado ha sido un drama sencillamente maravilloso y profundo, de los que llegan a tocarte donde otras muchas películas no alcanzan.
No había visto la sinopsis, y me esperaba una película humorística y simpática sobre personas que se alojan en un hotel de lujo. Nada más lejos de la realidad. Porque lo que tenemos aquí es un bofetón de sentimiento que nos enseña lecciones de vida. Ninguna lección que no sepamos ya, pero que nos llegan igualmente. Lecciones sobre las cosas más esenciales. Sobre las ingratitudes de la vida y las compensaciones que a veces trae, sobre las injusticias sociales, sobre la indignidad, sobre la auténtica caballerosidad, sobre la bondad, sobre la maldad, sobre la valentía, sobre la cobardía, sobre el nacimiento del amor verdadero y de la verdadera amistad. Sobre el poder del dinero y sobre su inutilidad.
En las habitaciones del Gran Hotel de Berlín, en el período de entreguerras, Edmund Goulding nos enseña a querer un poco más la vida que tenemos.
Gente que va y viene. Unos llegan, otros se van. Muchas historias diarias que pasan con la velocidad del rayo, y que han dejado alguna marca imperceptible en esos aposentos que tanto han visto pasar.
Si las paredes de un hotel hablaran… Si hablaran las almohadas, las sábanas, los sofás, las sillas, los espejos…
En este drama coral se desarrollan varias historias entrecruzadas.
Un empleado de fábrica al que le han diagnosticado una enfermedad terminal y que ha tomado la decisión de pasar sus últimos días a lo grande, gastándose los ahorros de toda su vida.
Un empresario textil arrogante y de escasos escrúpulos, y su bella y pobre secretaria.
Una bailarina de ballet en los momentos más críticos de su carrera.
Un barón arruinado y ladrón de guante blanco que alberga un corazón noble.
Un médico excombatiente de la Primera Guerra Mundial, que se toma las cosas con estoica filosofía.
Un recepcionista a punto de ser padre.
Y, tras todo ello, la presencia discreta de una legión de sirvientes, de botones de hotel, de camareros, de telefonistas, de porteros…
Entre todas estas historias paralelas surgen algunos amores regeneradores, salen a relucir perfidias y abusos de poder, arrepentimientos por algún pasado oscuro que se desea dejar atrás, la salida de un bache emocional debido al período crítico de una carrera artística, las repentinas ilusiones de una modesta secretaria que sueña con salir de unas grises perspectivas para conocer algo mejor que una sucesión de jefes abusivos, la integridad de un hombre a un pie de la tumba que hace despertar la voz de la conciencia y que regala amistad y afecto sin reservas. Y los nervios de un padre en ciernes que no puede estar al lado de su esposa por causa del trabajo.
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27 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
o como Joan Crawford se come a la Garbo
Una vieja gloria de la danza, a la que su tiempo ha pasado, ha sido contratada para interpretar a la gran estrella del cine mudo en una película sonora ...¿o es al revés?
El caso es que Greta Garbo no se encuentra cómoda en ningún momento interpretándose a si misma, mientras que Joan Crawford se desenvuelve con una soltura apabullante entre las grandes estrellas del momento.
La mejor película de 1932 (siempre según la academia) exibe glamour en plena depresión y una moralidad ligera que se tardaría en volver a ver en una superproducción de Hollywood hasta mucho tiempo después.
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21 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La primera peli coral de estrellazas
Tengo que comenzar diciendo que adoro incondicionalmente a La Garbo; caí rendida un día a sus pies y allí permanezco encantada. Pero tengo que admitir que en esta película lo que me llamó poderosamente la atención fue la magnifica interpretación de Joan Crawford, que con ese único vestido que le dieron (y que ella misma arregló poniéndole más escote) y con esos ojazos se come literalmente la película. Aparece fresca, emotiva y muy divertida. Yo de Greta prefiero de lejos Ninotchka, Margarita Gautier, La Dama misteriosa o La Reina Cristina, sin quitarle mérito a su actuación en esta magnífica obra. Pero reconozcamos que Joan aquí está increíble y más que a la altura de sus compañeros, superó la prueba que le puso la MGM y con nota.
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16 de 17 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Las películas de los oscar (5): Gran Hotel
Edad de oro del sistema de estudios

En “Gran Hotel” se observan todos los elementos que conforman a la MGM como una de las grandes productoras de la edad de oro de Hollywood. Para empezar, se busca el prestigio popular con la adaptación de una novela de gran fama, de Vicki Baum. Esto será una constante; desde que el sistema de estudios comienza a funcionar y se hacen películas en serie, la literatura ha sido la principal fuente para cubrir las necesidades de historias y argumentos. Las obras más prestigiosas, con una fama más cercana y ruidosa, fueron dando lugar a los filmes comercialmente más ambiciosos.

El “star system” es otra característica. “Gran Hotel” es una película algo atípica desde el momento en que pone en juego dos divismos, Joan Crawford y Greta Garbo, dos grandes estrellas que, según el manual hollywoodense, nunca deberían compartir cartel. Ello da la medida de la ambición de esta película, además de obligar, en la práctica, a realizar dos filmes en uno.

La inclusión del director de fotografía William Daniels denota que la Garbo impuso sus condiciones. La comparación entre ambas actrices es inevitable y por eso precisamente no era oportuno realizar películas con más de una estrella femenina o masculina a la vez, enseñanza que se sacó de “Gran Hotel”, ya que cualquiera puede observar la diferencia de interpretaciones: teatral, estática y grandilocuente la de Greta Garbo; naturalista y dinámica la de la Crawford. Cierto que sus respectivos papeles exigían esas actitudes, pero da la sensación de que a la Garbo no le interesa la forma de interpretar que se va desarrollando en el cine sonoro. Eso sí, los primeros planos (William Daniels era un especialista en “La Divina”) son indiscutiblemente suyos.
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14 de 16 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Tremenda decepción con la Garbo
Película que ni fu ni fa. No me pareció que tuviera una trama nada interesante, ni unos personajes con gancho. Me pareció simplita.
Pero el colmo fue el momento: intento de robo-enamoramiento repentino. Fue tal mi estupor y mi "no puedo creerlo", que tuve que parar la película y continuar al día siguiente, de la mala leche que me entró al ver semejante patraña. Y, lo siento, por todos aquellos que amen a la divina, pero sentí una profundísima vergüenza ajena y bochorno cada vez que aparecía Greta Garbo: ¡qué sobreactuación tan horrorosa!, parece que está actuando de coña, en plan parodia, con unos gestos exageradísimos y unas caras histriónicas!!!. Si esa actriz, en vez de llamarse Greta Garbo, se llamara Perica Pérez, se la comerían los críticos como buitres. Un horror, cada vez que aparecía una escena suya me daba un montón de vergüenza, en serio.
Al ser la primera y única película que he visto de ella, quiero creer que esto es una excepción, y que la criatura hizo alguna vez algo en condiciones, pero no sé...
Por cierto, que nada que ver con la Crawford; me pareció muy linda, muy natural, y que le daba cien mil vueltas en la interpretación.
Solo despertó mi interés el final, que es un pelín más emocionante. Pero, en general, película tremendamente sobrevalorada y aburrida.
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15 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
¿QUE FALLA?
Cuando una película que ha conseguido el Oscar a la mejor película nos deja indiferentes, algo así como ni fu ni fa, pues nos preguntamos, ó al menos yo lo hago : ¿Que pasa? ¿Que es lo que no funciona? Y claro, la respuesta, cuando se encuentra, es siempre subjetiva. Porque, no puede ser que señores entendidísimos en cine, allá por el año 1932 dieran su premio a una obra menor. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. Pero ¿Qué es...?
Y sigo mi sesudo empeño en resolver este jeroglífico. Hombre, Joan Crawford está bien, y le da al personaje ese aire de que hay que ganarse la vida y vale todo, y si hay que pasar, pues se pasa...
John Barrymore tambien esta creíble como noble arruinado y ladrón, Wallace Beery pues es un actor de línea sobria y que también, segun creo, atraía a las señoritas de la época, y en este film está correcto. Mención aparte, bajo mi criterio, para Lionel Barrymore, actor al que conozco poco, pero que está genial.
¿Que falla? Sigo preguntándome...
Carezco de una respuesta concluyente pero creo, y disculpenme los que vean las cosas de otro modo, que la Garbo está excesivamente supervalorada. Probablemente en otras películas será la Divina pero aquí ha descendido de los cielos y bastante.
También hay otra cosa que me ronda por la cabeza. En el año 1934 le dieron el oscar a "Sucedió una noche" fresquita comedia de Clark Gable y Claudette Colbert pero sin mayores pretensiones... ¿Querían olvidar el crack del 29 y retomar el sueño americano?
Quizás en el 32, con mayor motivo, quisieron regalar a los espectadores la visión de una sociedad anclada en otra época, una fotografía del lujo de los grandes hoteles. Traspasadas las puertas giratorias las cosas serían de otra manera....
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16 de 26 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La Metro hace gala de su lema: “Más estrellas que en el firmamento”
“Gran Hotel” es una película coral que se desarrolla en un espacio único (el lujoso hotel de Berlín), y que retrata principalmente una capa de la sociedad (la clase alta) entre la que se insertan otras (clase media o baja). Se estrena el 12 de abril de 1932 en el Astor Theater de Nueva York. El rodaje duró 49 días y contó con un presupuesto de 695.00 $, obteniendo 2.600.000 de beneficio, todo un éxito. Obtiene el Oscar al mejor film de 1932, curiosamente, la única categoría en que estaba nominada.

Aunque el protagonismo está muy repartido, el personaje sobre el que pivota la estructura del guión es John Barrymore, un apuesto ladrón de guante blanco con exquisitos modales, amenazado constantemente por sus altas deudas. Aunque sobre dicho personaje interactúan casi todos los demás, el personaje de relumbrón es Greta Garbo, que interpreta una vez más a una diva, en este caso hastiada, poseedora de una angustia existencial que el éxito y la fama no calma -con sorprendentes conexiones con la propia Garbo (es famosísima su frase “sólo quiero estar sola”)-, aunque todo parece cambiar cuando conoce a una persona. Saca Goulding poco partido de ella; apenas un primer plano en un monólogo.

Funciona, pues, Greta Garbo, más bien como gancho, pues su participación (elegante y carismática, como de costumbre), es más bien escasa (aunque su célebre frase vale por toda una película). Sorprende, en cambio, una joven Joan Crawford, magnífica, con poco que envidiar a la Garbo, que interpreta a una secretaria guapa y de mirada melancólica (simbolizaría la clase baja).

Junto a las actuaciones, lo mejor del film parece ser el decorado del hotel, magnífico, obra de Cedric Gibbons, ganador de nada menos que 11 Oscars en su carrera.
Pero hay que decir que, a pesar de su destacado reparto y las buenas intenciones de Edmund Goulding, no es la película deslumbrante que se espera. Incluso, aunque su metraje no es excesivo, se echa de menos un montaje más selectivo. Particularmente, la trama de los empresarios (con Manchester siempre al fondo) se hace demasiado larga.

Con todo, merece ser destacada por ser la primera película importante de un gran estudio como la Metro que aúna a tantas y tan importantes estrellas: la primera actriz del estudio, Greta Garbo, los hermanos Barrymore, John y Lionel, Wallace Beery, Lewis Stone y Jean Hersholt, haciendo gala a su orgulloso lema “Más estrellas que en el firmamento”. La fórmula daría tan buen resultado que se sería repetida tan solo dos años después, con “Cena a las ocho”, en la que, por cierto, repetirían los últimas cuatro actores citados.
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7 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Para que luego digan que robar es malo
En una época depresiva como los comienzos de los años 30 del siglo XX, supongo que un película así animaría a la peña, donde el proletario vence al capitalista, los malos acaban en la cárcel y los buenos y trabajadores son los que ganan y se llevan a la chica, y donde la historia de amor es irrisoria. El cine utilizado como anestesia a los problemas, con una histroria simple pero tierna, lanzando un mensaje ético y poniendo las normas morales en su sitio después de la Gran Depresión.

Después de este tostón, hablaré de la peli en sí. Es como tu primera novia, osea, mala pero le acabas cogiendo cariño. No soy experto en cine clásico (ni en moderno) así que no reconozco a los actores. El Barón galán arruinado tiene una actuación brillante, supongo que es John Barrymore; el tío que va de proletario atontado no me acaba de convencer, tiene escenas entrañables pero sobreactúa un poco, además se parece a Barragán y el doblador que le pusieron en español también parece Barragán, flaco favor le hicieron al pobre hombre. El jefe, correcto, bien, sobrio, en su papel, aunque al final la caga un poco. Y sin duda la mayor sorpresa te la llevas con Greta Garbo y Joan Crawford, ya que esperas que la estrella fuera la Garbo por lo de la fama y tal, y sin embargo la Crawford esta la sobrepasa con creces y además me parece más guapa, impecable actuación la suya. Segunda película que veo de la Garbo y segunda decepción: Ana Karerina y ésta, espero que a la tercera vaya la vencida.
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9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Moderna y compacta
Vicki Baum se llevó una agradable sorpresa cuando vio su novela “Gran Hotel” publicada. Hasta ese momento yacía como manuscrito olvidada en su casa de Alemania, país en donde pasó la primera guerra mundial. Allí se la encontró un amigo de la escritora austriaca y gracias a sus buenos oficios la empresa se llevó a cabo. Años más tarde la novela fue reconvertida en una obra teatral y posteriormente en esta película que rueda Edmund Goulding en 1932.

La Metro había apostado fuerte por el proyecto porque sacó de su fondo de armario a la artillería pesada: Greta Garbo, Joan Crawford, John Barrymore, y un largo etcétera de magníficos actores. El negocio le fue bien: los beneficios que la productora consiguió fueron el doble de los que había invertido y obtuvo además el Oscar a la mejor película de ese año.

Y no solo el negocio. La película arroja un resultado artístico excelente, y el conjunto funciona a la perfección. El guión de William Drake es eficacísimo. Ahora es frecuente ver películas en donde se nos cuentan historias de vidas entrecruzadas, pero a principios de los años treinta el reto de hacer una especie de puzzle tenía sus riesgos porque los gustos del público eran bastante más lineales.

Goulding maneja muy bien los mimbres, a pesar de las susceptibilidades y rivalidades que había en el casting. No es una casualidad que las actrices protagonistas no tengan ninguna escena en común. La Garbo tal vez está algo pasada, pero completa un personaje excéntrico, que le va a las mil maravillas porque ella era exactamente así. La Crawford está estupenda en ese papel de secretaria que lucha por su propia supervivencia. La escena en la que Barrymore flirtea con ella y le pide una cita para el día siguiente es una de las que todos los cinéfilos deben recordar en su memoria.

Los decorados son extraordinarios. A Goulding se le nota su procedencia teatral, creando ambientes densos y creíbles. Filma el conjunto y se para en los detalles. Nos enseña la epidermis de un gran hotel –una especie de metáfora del mundo y de la vida, en donde, como dice el personaje del doctor, “no para la gente de llegar y marcharse, pero nunca pasa nada”-, pero bucea en el interior de los personajes, en algunos casos con aciertos evidentes.

Por todas estas razones, “Gran Hotel” es una de las mejores películas de la década de los treinta.
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6 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
ESTRELLAS CRUZADAS
A la ex-camarera de hotel y posteriormente escritora de éxito, la vienesa Vicky Baum le vino "dios" a ver, cuando el joven avispado Irving Thalberg, jefe de producción de la todopoderosa MGM se fijó en su novela como soporte para inventarse otro de sus proyectos novedosos: reunir en un mismo film a un puñado de estrellas en un relato de vidas cruzadas. A pesar de las reticencias iniciales del propio Mayer ante la idea de meter en el mismo corral a diferentes gallos, la cosa resultó un éxito, Thalberg aumentó su leyenda y la fórmula quedó patentada para la historia.
El producto narra con desigual acierto las vidas de varios personajes alojados en el Gran Hotel de un Berlín anterior al auge del nacional socialismo, recreado al detalle en un gran trabajo de decoración de Cedric Gibbons.
La película ganó el Oscar, siendo la primera que lo lograba al mejor film sin contar con ninguna nominación más y hoy sigue resistiendo un visionado más que aceptable a pesar de sus dos horas de metraje que inicialmente fueron tres.
A mi juicio lo más destacado es precisamente las diferentes formas de actuar y encarar sus personajes de cada una de las estrellas que consiguen sustentar a un buen nivel sus roles con sus propias características actorales. Desde el teatral John Barrymore, a la fresca y natural Joan Crawford, pasando por el recital único y personal de la diva Garbo en el papel de otra diva, el siempre eficaz Beery y el lucimiento algo exagerado del papel bombón del otro hermano Barrymore para el cual estuvo propuesto con anterioridad Buster Keaton que probablemente también lo hubiera bordado si no hubiera sido rechazado por sus problemas de alcoholismo.
Todo ello enmarcado en el trajín y glamour del propio hotel símbolo de una sociedad que estaba a punto de saltar en pedazos.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
UNA COPA DE ABSENTA
La feria de las vanidades, unas vidas que se cruzan y toman caminos insospechados, la ruleta del destino haciendo su apuesta a una sola carta a cualquier hora del día o de la noche y, como siempre, la ambición y el amor.
Así es la película que dirige E. Goulding basada en la novela de V. Baum.
El hotel se convierte en el centro del mundo pero en su libro de registro se suelen apuntar los nombres y apellidos de los huéspedes en lugar de los datos más relevantes.

Lo mejor es que en su cafetería siempre se puede pedir una copa de absenta.

Estupenda actuación de G. Garbo, J. Barrymore, J. Crawford y L. Barrymore.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
QUÉ MÁS FALLA?
En mi opinión falla por su superficialidad.
No he llegado a interesarme por los personajes, ni a querelos claro... Van y vienen sí, sólo eso.
Puro entretenimiento, sin ninguna gracia especial.
De todos modos le doy un 7, porqué está bien realizada, no olvidemos que es del año 32...( por eso disculpo la afectación de la Garbo, más propia del cine mudo no?), por qué tiene cierta elegancia, por qué la forma del cine de antaño me gusta mucho más que la actual, en general.
Pero lo bonito hubiese sido a mi gusto, llegar a mostrar esa amalgama de vidas que se reúnen por un tiempo en un hotel, como algo más interesante.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Si eres capaz de ver… sentirás que pasan muchas cosas bellas
Felix von Geigern es un barón muy singular. Es bien probable que su título nobiliario lo haya obtenido en alguna partida de póquer, y su quehacer cotidiano es deplorable: jugador y ladrón de hoteles. Pero cuando alguien consigue llegarle al corazón, el barón se transforma desde lo más profundo de su alma, en un ser sensible, solidario y generoso. Y es así como, en el ambiente suntuoso del Grand Hotel de Berlín, su vida se entrecruzará con una serie de huéspedes que luchan cada uno por salirle al paso a sus particulares problemas.

En un espacio al que su gerente considera rutinario, lo que deja saber de una particular manera: “Grand hotel: Gente que viene y gente que se va… Nunca pasa nada”, vamos a ver que en realidad pasan muchas, humanas y profundas cosas, y la autora de la novela “Menschen im hotel” Vicki Baum (1888-1960) lo sabía de primera mano, pues, durante varios años trabajó como camarera en dos prestigiosos hoteles de Berlín y fue precisamente un escándalo ocurrido entre una secretaria y un magnate industrial, lo que la inspiró para escribir la obra que luego, en su versión cinematográfica, se llevaría el premio Oscar por Mejor película.

Lo más atractivo de este filme dirigido por el brillante Edmund Goulding, es que consigue que sus protagonistas tengan una vida palpitante. Podemos entenderlos, logramos sensibilizarnos con ellos, se nos asemejan claramente en ese conflicto entre la luz y la oscuridad, y Goulding los envuelve en una atmósfera intimista, muy bellamente fotografiada y jugando al corte en cortinilla como novedad técnica de aquellos años.

Después, a medida que la exitosa bailarina Elizabeth Grusinskaya (¡que nunca veremos bailar!) va desnudando sus temores y su soledad; al paso que descubrimos el deseo secreto de sexo sincero por el que pasa la secretaria Flaemmchen; y mientras el señor Kringelein logra aflorar sus reprimidos resentimientos contra el empresario Preysing, entre ellos va dejando huella aquel barón que lucha desesperadamente por conseguir el dinero que necesita para saldar una agobiante deuda.

Con esta película, Edmung Goulding deja ya bien plantado lo mucho que sabía acerca de los seres humanos, y el resto de su filmografía, tan solo confirmaría que esto era bien cierto. El conjunto de actores fue inmejorable: John Barrymore, Greta Garbo, Joan Crawford, Lionel Barrymore, Wallace Beery… y “GRAN HOTEL”, con su toque esplendorosamente humano, inspiraría luego un montón de cosas.

Hay una frase que ameritaría unos momentos de reflexión, pues seguro la siente muy dentro suyo cada personaje del espectáculo que se suicida: “La fama trae la soledad. El éxito es tan frío como el hielo y tan poco hospitalario como el polo norte”.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Una obra esencial sobre historias entrelazadas en un hotel
Gran Hotel de Edmund Goulding, es un drama basado en historias cruzadas en un hotel de lujo. Dirigida con un ritmo calmado pero dinámico y con un estilo personal e innovador para la época, es una obra curiosa al tener varias vivencias que se entrelazan en un mismo lugar, siendo una cinta original para la época, y desde luego admirable. Realizada de forma ingeniosa y lúcida, tiene un resultado soberbio y eminente que merece la pena ver y que además tiene el oscar a la mejor película.
La fotografía en blanco y negro, hace buen uso de los claroscuros, y es alusiva y rica en matices al ser estéticamente decorativa en un trabajo visual hermoso y magistral. La música, que acompaña soberbiamente todo el film, es bella y alentadora, gracias a canciones clásicas que tocan las bandas del hotel y que tienen sonidos confortantes y armoniosos en un dulce trabajo. Y los planos y movimientos de cámara, con el uso de cenitales, seguimiento, primeros planos, detalles, retroceso y avanti, completan un trabajo renovador para su momento.
Las actuaciones, son auténticas y convincentes. Con John Barrymore seductor y carismático, Greta Garbo fría y emocional en su línea más habitual, Joan Crawford natural y espontanea y brillantes interpretaciones de Lionel Barrymore, Jean Hersholt, Wallace Beery, Robert McWade, Tully Marshall y Purnell Pratt. Empleando para estos, unos vestuarios elegantes y formales, gracias a unas ropas estilosas e impolutas, que marcan claramente el aire distinguido de los huéspedes del hotel en una formidable dirección artística, a juego con unos pomposos decorados que evocan perfectamente al lugar.
El guion, con varias historias en su interior que se entrelazan, es agradable y está bien trabajado, ya que tiene un argumento atractivo y sustancioso que entretiene al espectador en una labor excepcional y admirable que gustará a los cinéfilos más clásicos. El cual es llevado a cabo, con una narrativa clásica y educada, en un lenguaje amable e intachable. Y destacando también, un montaje original e innovador dividido en distintas historias pero con un mismo denominador común.
Concluyendo, la considero una obra esencial e indispensable en el séptimo arte y en el género dramático de historias cruzadas, con el oscar a la mejor película que avala su calidad cinematográfica. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, vestuarios y narrativa que hacen de Gran Hotel, un film que gustará a los buscadores de cine clásico bien realizado, agradable y emotivo en sus distintas historias.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Estrellas y fórmula
Un film modelo de la MGM, así vendido a todo el universo cinematográfico. La fórmula fue aglutinar un poderosísimo reparto, dando cierta relevancia a todos los personajes y aplicando una puesta en escena limpia y clasicista. El resultado, obviamente, fue notable pero muy lejos de la emoción, no digamos ya de la obra maestra. La superdiva Garbo encabeza el reparto (no he sentido nunca una gran devoción por la sueca) pero son Lionel Barrymore o la hermosa Crawford los que se llevan el triunfo en las interpretaciones.
"Grand Hotel" es una forma de hacer muy buen cine por inercia: estrellas, medios de producción, una historia ligera, un conjunto de personajes identificables, un escenario llamativo y único. Basada en la obra de Vicki Baum. Oscar a la mejor película: para eso se hizo precisamente. Infalibles estos yanquis.
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1 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
GRETA, LA BAILARINA
Dicen que M-G-M en la época dorada de Hollywood tenía más estrellas que el cielo (dominada por judíos no es rara la referencia con la figura bíblica de Abraham a quien Dios le prometió una descendencia más numerosa que las estrellas) y produjo esta película como una especie de catálogo publicitario. Fiel a las novelas de Vicki Baum, la película transcurre en un lujoso hotel de Berlín en plena república de Weimar, donde la vida de varios personajes se entrecruzan entre sí. John Barrymore calza como el aristócrata arruinado convertido en ladrón de guante blanco y le hace el amor a una insoportable Greta Garbo, que para ser la estrella más grande de su época, resulta acartonada, fingida y con poca naturalidad, esta vez interpretando a una temperamental bailarina rusa. La que mejor se luce es Joan Crawford como la mecanógrafa arribista que es seducida fácilmente por Barrymore, acepta ser amante del magnate textil (Beery), pero termina fugándose con el empleado con plata (Lionel Barrymore) que padece una enfermedad terminal. Escena Notable: El claroscuro que toma a la divina Greta sentada en el piso descalzándose las zapatillas de ballet. Una belleza.
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4 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
"Gente que viene y va, nunca pasa nada"
Grand Hotel no es solo el nombre de la película, ni solo el nombre del lugar donde se desarrolla el film, el Grand Hotel es también el protagonista principal de un film con múltiples personajes pero que ninguna se le compara.

El Grand Hotel es un hotel lujoso, donde siempre se encuentra lleno, un lugar muy solicitado y afamado donde una multitud de personajes llegan por distintas razones y terminan conviviendo.

Eso es lo que muestra este film, distintas situaciones de los distintos personajes que se van relacionando entre ellos: romance, fracaso, aventuras, negocios, robos, diversión y demás cuestiones se van presentando a lo largo de la película.

Es interesante ver el desarrollo que se va dando y en la sorpresa donde desemboca toda la trama, y bueno, todas las tramas en particular. Tremendo reparto así que geniales actuaciones, buena película.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
En un hotel
El lugar, el Grand Hotel, un espléndido hospedaje en Berlín de los años 30. Ahí se dan cita una serie de personajes bien delineados. Entre ellos hay, como es de esperar, aristócratas, un barón, empresarios poderosos, una consagrada bailarina clásica, un contador enfermo que, aunque sin plata y sabiendo que tiene los días contados, quiere, según sus expresiones, vivir la vida, después de tantos años de sentirse sumergido, y codearse con las altas esferas de igual a igual. También aparece un ladrón de perlas y hay de por medio una trama empresaria. Con estos condimentos se arma el film, dejando una estela de intriga afianzada. El tono es diálogo permanente, una progresiva interacción de los personajes con algunos desarrollos impensados. Interesante es este tejido que se forma, a lo que se suman brillantes actuaciones que le dan mayor espesor y un vibrante final.
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2 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Gran Hotel y decepción
Un aeropuerto, un rascacielos o un hotel, son escenarios donde convergen multitud de personalidades, cosa que posibilita y facilita, que existan variedad de tramas argumentales, algunas de ellas entrelazadas. Esta película, a simple vista una comedia, (con un apunte dramático al final, que no aporta nada interesante a la historia), intenta sacar partido del hecho que la acción se desarrolle por completo, en un lugar en constante efervescencia, con jugosas figuras entrantes y salientes: enfermos terminales, militares, empresarios fracasados, divas, o ladrones.
A pesar de la espectacularidad del elenco, la película apenas engancha interés, aunque cuente con las bellísimas Garbo, (en un papel afectado como bailarina frágil y voluble), y Joan Crawford, haciendo de secretaria de un magnate, con ansias por prosperar en la vida aceleradamente, cosa que al final consigue.
Lionel Barrymore, no encaja haciendo un papel que roza o sobrepasa por momentos la parodia, y aunque se lleve del brazo a la señorita Flaemmchen, uno espera que se descubra algo oculto y sorpresivo sobre él, cosa que no llega a pasar.
Están los actores y el escenario, pero falla la garra en los diálogos y en la mayoría de personajes.
Desmesurado éxito.
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Vidas paralelas
Los habitantes de un hotel de lujo en el Berlín de entreguerras y sus historias personales. Vidas que se entrecruzan, melodramas personales y un reparto, con lo mejor de aquella época, otorgó a esta película el Oscar que sin embargo, vista hoy en dia, resulta para mi gusto, excesivamente teatral y en ocasiones, un pelín aburrida.
Nos narra diferentes historias: Una bailarina, en el ocaso de su carrera, llena de miedo e inseguridades. Un barón, todo un caballero,pero totalmente arruinado, con grandes apuros económicos. Un sencillo trabajador, desahuciado por los médicos, que decide pasar sus últimos días a lo grande. Un empresario, en viaje de negocios, que le tira los tejos a su secretaria. Todos estos ingredientes que podrían conformar una buena película, se queda un poco a medias y no terminas de implicarte a fondo en sus vidas. Un poco sobrevalorada, a pesar del brillante reparto. INTERESANTE.
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