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7
La casa del herrero
Jack es un arquitecto fallido y un exitoso psicópata. La película comienza con Jack contando su trayectoria a un confesor que no vemos. El criminal narra a su oyente cinco crímenes al azar, cometidos a lo largo de su vida, para defender el asesinato como arte. Sin embargo, todos y cada uno de sus argumentos serán cuestionados y rebatidos por el misterioso acompañante, dejándole en total evidencia.

Cabe decir que es totalmente comprensible que la gente se marchase de la proyección. Es una película violenta, desagradable y antipática. Además, dura dos horas y media. Sin embargo, aquel que aguante verá su proeza recompensada, pues pasado el shock de los crímenes de los que tanto se ha escrito, la revelación final del film, la cuestión que quiere alcanzar von Trier con el despropósito inicial, es sin duda una de las más interesantes de su carrera.
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92 de 97 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La confesión de Trier.
El danés se ha marcado una paja a cuatro manos mirándose en el espejo, y sin ningún tipo de complejo, ha realizado una película por y para el gusto de sí mismo. Y a quién no le agrade, a tomar por c***.

Con una curiosa mezcla entre la comedia negra(tirando a carbón) y un surtido de secuencias marca de la casa(desde escenas a cada cuál más retorcidas, hasta su característico estilo documental desarrollado en sus últimas obras), Lars Von Trier consigue que el público se descojone a mandíbula abierta mientras nos muestra a un protagonista (que en definitiva es su alterego) cometer las más absolutas de las barbaridades..

A estas alturas es ya difícil que este cineasta consiga sorprenderme, pero he de reconocer que esta obra, como punto de reflexión sobre su trayectoria artística, y por ende, su persona, es toda una revelación (ultra-onanista) sobre un artista que se confiesa abiertamente sin ningún tipo de reparo ni cohibición, y eso en definitiva, es lo que uno espera de este cineasta. Quizás no es de las más perturbadoras de sus obras, pero si es probablemente la película más sincera y de la marca "Trier" de toda su filmografía.
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36 de 54 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Artista que por el Infierno Vas
El arte es un crimen, dijo alguien.
No existe eso de arte "apto para todas las edades" o políticamente correcto, porque está más allá de esos condicionantes.
Existe tal como es, se aprecia plenamente, o como buenamente se pueda, y luego ya se vomitará en algún medio digital que su responsable es un enfermo mental. Así se duerme tranquilo, pensando que los temas realmente jodidos no nos pueden tocar.

'La Casa de Jack' es una meditación al respecto, pero también un desenmascaramiento intencional por parte de Lars Von Trier.
Él, como su protagonista Jack, también se ha pasado la vida de incidente a incidente (en Cannes), profundamente metódico y perfeccionista, simplemente para mostrar esos lugares oscuros que nadie se atreve a transitar. No es una misión divina, no es ni siquiera una manera de mostrar una verdad suprema, simplemente es un punto de vista como otro cualquiera.
Porque es estupendo recrearse en los romances o dramas que gustarán a otros, pero también es sibilinamente cómico observar cómo una autoestopista con mirada cómplice de Uma Thurman puede dar tanta chapa sobre asesinos seriales, sin darse cuenta de que tiene uno delante a punto de abrirle su resabidilla cabeza.

Jack, al abrigo de la oscuridad, en un descenso al abismo que no vemos, desgrana su vida y no se disculpa por nada de lo que vamos viendo.
No tendría sentido, no hay una infancia traumática ni un comportamiento represivo, sino genuina curiosidad por el daño que puede soportar un cuerpo humano, la misma que tantos dictadores y monstruos ejemplares de la Historia han explorado: es un modo de vida, una lente a partir de la cual verlo todo, porque donde otros queremos la fotografía él se queda con el negativo de luces oscuras.
Durante el autorretrato dividido en varios incidentes, su confesor Verge le repite que ya se lo han contado de todo color y pelaje, que no hay ninguna obsesión que le pueda sorprender o ninguna justificación que se pueda aceptar, pero Jack, como todos, se empeña en que bajo su luz oscura el mundo realmente se aprecia diferente. Bonito paralelismo Von Trier así nos cuela hacia si mismo, esgrimiendo su habitual no saber hacer arte de otra manera y auto-homenajeando los aires de grandeza presentes en toda su filmografía.

Jack tiene razón, pese a que al principio te puedas resistir a verlo, o simplemente te rías con su perfeccionismo compulsivo (Von Trier tampoco es tonto, y sabe que hasta el más iluminado tiene patéticas fallas con gracioso resultado).
Es cierto, nunca se me habría ocurrido pensar en la matemática animal de una presa salvaguardando a sus crías, perfectamente aplicable a una mujer con hijos a la que le dicen que tiene bala ya reservada, haciéndonos evidentes como seres de costumbres genéticas. Tampoco imaginaba que fuimos tan retorcidos como para plantar sirenas innecesarias en aviones que desmoralizaban al enemigo, o que las balas de chaqueta metálica fueron desarrolladas en un alarde de inquina para ahorrar munición a cada matanza.
Aunque probablemente el detalle más cruel, el que inclina nuestro favor hacia la híper-cordura de Jack si no lo hemos hecho ya, es verle gritar junto a su víctima que hay un asesino en el edificio, solo para recibir el más aplastante silencio: a una gran mayoría de gente, en el fondo, se la sudan los demás y no se ensuciarían las manos si lo pueden evitar.

Algo muy parecido sucede siendo público de esta película, habiendo llegado tan lejos, y comprobando que pasados los minutos te conviertes en una especie de voyeur glorificado, progresivamente más desconectado de las atrocidades para soportar verlas, aunque con el suficiente interés en seguir viendo cuál será la siguiente.
Aquel policía incrédulo, aquel mecánico ausente, no hacen nada a la más leve sospecha porque gustan de ver como nosotros, no de meterse en problemas al ayudar: eso sería casi aceptar que visiones del mundo como la de Jack existen, y queremos blindarnos de ellas todo lo posible.
Y cuanto más miramos, más comprendemos su preocupación por dejar sin limpiar la más pequeñita manchita de sangre, o le compadecemos por las chapuzas amontonando cuerpos en su cámara frigorífica, esperando que supere cualquier obstáculo en su camino. Será proscrito, será brutal, será perverso... pero a su retorcida manera es un artista, que no puede dejar de crear a su paso, construyendo una casa cárnica en hueso que le representa mucho más que cualquier conjunto normalizado de madera y teja.

Habrá gente horrorizada al observar semejante cuerpo de trabajo, y está bien. Pero también habrá otra gente que sienta lo repulsivo, lo sobrecogedor y el sufrimiento, y sea capaz de ver cómo forma parte definitoria de este mundo.
Como Jack, Lars Von Trier también trabaja para que no nos olvidemos de que el infierno está presente, entretejido en las vísceras de todo lo que es bueno y divino.

El descenso a los infiernos que se muestra parecería entonces una redundancia, pero es necesario como reflexión silenciosa sobre lo que dejamos atrás, sobre lo que nos espera y sobre lo que nos hemos negado al avanzar, recordando lo humilde que es el recorrido de Jack, y por extensión el del adorado, multipremiado director Lars Von Trier.
Hay un ingeniero en cada uno de nosotros, asumiendo las órdenes de nuestro propio arquitecto. Siempre nos saldrá una casa distinta, pero casa a fin de cuentas: puerta de nuestro infierno particular, y maltrecho legado a todo lo que quisimos lograr.
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16 de 20 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
El hijo pródigo de CANNES
Nuestro mini review de:

La casa de Jack (2018)
Lars Von Trier
Dinamarca

Estados Unidos, década de 1970. Seguimos al brillante Jack durante un período de 12 años, descubriendo los asesinatos que marcarán su evolución como asesino en serie. La historia se vive desde el punto de vista de Jack, quien considera que cada uno de sus asesinatos es una obra de arte en sí misma.

Lo bueno

El regreso del cineasta danés es todo lo que se espera de él, es todo lo que anhelan ver los que lo siguen como un hijo prodigio del cine y también es todo lo que hablan los que no aguantan su discurso de Narciso y su filosofía en versada. Eso es Lars, el negro y el blanco a la vez, y La casa de Jack es una prueba más de eso, de la dualidad de un cineasta que es único y posiblemente será así por los tiempos de los tiempos.

Matt Dillon da su mejor actuación, o por lo menos la que mejor ha visto este servidor, su personaje es arcilla en manos de un cineasta que plasma sus manías y perversiones en él, y Dillon le cumple sin chistar, lo mejor en el caso del desarrollo del personaje es que nunca hay un juicio netamente moral desde el autor si no desde un némesis en off (maraviloso Ganz) que reflexiona y debate todo lo que el personaje central parece dejar en claro.
¿Quién es este segundo personaje?, la policía, la conciencia, el bien, la muerte o el diablo. A cada uno le tocara decidir.

Ya sabemos que Trier es un creador visual fascinante, y no particularmente porque le interese detenerse en crear una fotografía preciosista o un montaje que calze con los ejes o narrativa, posiblemente Trier es el único cineasta en el mundo capaz de componer y descomponer todas las “reglas del quehacer del cineasta” en una película y hacer que eso funcione.

Como siempre la música es punto alto en sus películas, ya sea como eje acompañante o factor distante de la parte visual.

Como suele suceder con el cineasta, la película está dividida en capítulos , y para este servidor la genialidad del último capítulo es lo que hace aguantarnos todo el tour sádico del protagonista. Ese capítulo final es tan genial y disperso como la mente creadora del danés.

Lo no tan bueno

Inocentadas fatales que quieren sumarse a un humor negro no tan funcional (tal vez por el tema que representa), la visible misoginia a sus personajes femeninos como carne de cañon y la facilidad de burla a un sistema legal que es un chiste. Claro entendemos que todo es parte de la broma cruel, pero es excesivo.

Aunque los diálogos son realmente interesantes y van crear todo el debate que podamos esperar de un filme de este calibre, aquí hay un exceso “verborrea filosófica” que si tal vez nos deja ver el pensar de un personaje atormentado no nos da grandes indicios o descubrimientos, digamos que es algo que ya se ha visto mejor en otros filmes o series.

8/10

Opinión Final: Moralmente inadecuado, enfermizo, sádico, no tan violento como se esperaba eso sí, porque la mayoría de lo incorrecto moralmente está en lo dicho no tanto en lo hecho. El filme es como aguantarse la cansina verborrea narcisista de su autor y raros afines para disfrutar de algunas secuencias visualmente mágnificas, casi escritas por Dante y Andréi Románovich, porque no hay nada de justificable en la atrocidad de algunas cosas contadas en el filme, pero de alguna manera ese capítulo final, remide y pone cinta a tanta palabra adornada, para saber que todos y a su modo tienen el final que merecen. Al final es Lars, para bien o para mal.
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9 de 13 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Tigre y corderos.
Después de atacar a un rebaño, una tigresa dio a luz en las inmediaciones y poco después murió, dejando a su cría sola. El cachorro fue aceptado como uno más del rebaño y creció entre las ovejas y llegó él mismo a tomarse por una de ellas. Así mismo, como una oveja llegó a ser considerado y tratado por el rebaño. Era sumamente apacible, pacía y balaba, ignorando por completo su verdadera naturaleza. Así transcurrieron algunos años.Un día llegó un tigre hasta el rebaño y lo atacó.
La historia sigue, básicamente lo que viene a contar es que el tigre es quien es y es el que manda, aunque puedas confundirlo con un cordero...

El Sr von Trier vuelve a la carga, con una película que aunque fuera de concurso, pasó por Cannes, el hijo pródigo volvió al hogar. Cannes, el famoso y admirado festival, por donde el siempre ha pisado la alfombra roja y de donde lo echaron, recuérdese: fue declarado persona 'non-grata' en 2011 por sus declaraciones en las que decía admirar a Hitler. Ganador de la Palma de Oro en el año 2000 por la maravillosa "Bailar en la oscuridad" (de las películas que mas me han emocionado en mi vida), Lars von Trier era un habitual de la Sección Oficial desde que presentó "El elemento del crimen" (1984). Pero el buen hombre dejó de serlo, como es sabido, tras una confusa, y divertidísima rueda de prensa a la salida de "Melancholia", en la que sus palabras fueron malinterpretadas y sacadas de contexto.

El Sr. von Trier es un sádico que le gusta martirizarnos, quizás la culpa no es suya, quizás la culpa es nuestra que nos gusta su cine, y nos gusta pasar un mal rato con lo que hace, quizás creemos que somos tigres, y simplemente somos un rebaño de corderos, dentro de un cine viendo (disfrutando) su película.

Desagradable, como la vida misma, así es la nueva película de Lars von Trier ... ah, se me olvidaba, también es estupenda. Esta película es mas aterradora que cualquier película de miedo que puedan proyectar en un cine, personas que no están familiarizadas con el cine de von Trier se llevarían las manos a la cabeza.
Uno no va a pasar un buen rato al cine cuando va a ver una peli de Lars, reconozcámoslo, claro, ¡eso es lo bueno!.
Las pelis de Lars son un chino en un zapato. (Chino: En Málaga dícese de piedra pequeñita, Como las de la playa). Pero el caso es que, eso nos gusta... ¿Somos corderos?.
Me encantan los directores con un universo particular y muy reconocíble: Hitchcock, Almodóvar, Tarantino, Tim Burton, David Lynch, Woody Allen o Lars Von Trier. Universos reconocibles, son obsesivos con sus temas (algo de lo que estoy muy a favor), sus colores, sus actores, sus fílias, su mundo...
Lars lo es, es muy obsesivo, es cruel, es provocador. Y esta, su nueva película es procaz, obscena, brutal, políticamente incorrecta hasta la ofensa, quizá inmoral inmoral... y, sin embargo, fascinante en su total ausencia de prejuicios, en su libertad esquizofrénica, en su desvarío alucinado.

La película funciona, perfectamente en primera instancia, como una comedia negra (si, como una comedia negra), pero es sobre todo un inabarcable ensayo sobre el arte y el propio mundo cinematográfico de su creador.
Matt Dillon está estupendo en su papel, todo un asesino en serie, de los que se recuerdan, y desde luego para recordar, se lo recordarán por siempre (a Matt) su papel en esta película.
Una de las cosas que mas me llamó la atención de esta película, aparte de su director evidentemente, es que vuelve a aparecer Uma Thurman, actriz a la que adoro. Uma en un papel de escasa duración y gran pegada (la que se lleva).
Thurman sufre para mi de una enfermedad que se llama, "Robert De Niro", oséase, gran actor (actriz en este caso) con grandes películas en su filmografía, pero que en los últimos quince años, básicamente ha hecho películas malas (Tarantino vuelve), a falta de Tarantino en su vida, von Trier cuenta con ella en su cine, y eso me encanta, se dan caché el uno al otra, y la otra al uno.
La presencia de Bruno Ganz es la película también mola bastante, lo que pasa que no quiero desvelar nada de su papel, ustedes cuando la vean me cuentan.

Una película brillante y sádica, también un pelín larga, aunque tengo que reconocer que a mi no se me hizo, si no de que le iba a poner buena nota. Total que me he visto, viendo durante mas de dos horas contemplando atroces asesinatos y escuchando a David Bowie, joder, si, en parte he disfrutado, y me siento culpable.
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8 de 12 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La belleza de la noble putrefacción o la máxima ironía
En cierta ocasión apodé cariñosamente a uno de mis escritores preferidos llamándolo «misántropo barbudo», un gesto desvergonzado en el cual volví a incurrir una y otra vez, siempre con el mayor respeto y con una gran sonrisa entre labios. Dicho sobrenombre también podría llevarlo dignamente aquél provocador que me ha impresionado desde hace varios años, y sobre el cual llegué a escribir alguna vez. Este hombre, quien se ganó por sus declaraciones el calificativo de «persona non grata», ha dispuesto como principio modelador de sus obras, aquél lema suyo donde expresó lo siguiente: «el cine debe ser una piedra en el zapato». Con ello se refería a que, contrario a la perspectiva usual respecto del séptimo arte, este no debería servir solamente como una mera ilusión preparada con el fin de agradar a la multitud, sino mas bien poner el dedo en la llaga, molestar al espectador al punto de obligarlo a prescindir de toda predecible y precedida indiferencia o insensibilidad frente a la ficción, considerando el «mundo real» como ajeno a lo que el espejo muestra claramente.

El uso de ciertas palabras hasta el momento desparramadas no peca de gratuidad, ni fueron elegidas azarosamente… Hablamos de ilusión, de ficción y de espejo, y lo hacemos dentro del contexto de aquél pensamiento que decía: «nuestro tiempo prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser. Lo que es sagrado para él no es sino la ilusión, pero aquello que es profano es la verdad […] el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado». Esta disposición de carácter es curiosa: por un lado, como quedó dicho líneas arriba, se pretende que lo expresado o reflejado en las obras de arte muchas veces es extraño a la realidad de «carne y hueso» por todos vivida, y, por el otro, se cree que la única utilidad de la ficción es precisamente alejar a quienes acuden a su claustro de la miseria a su alrededor.

Tampoco ha sido sin fundamento el uso de «ajeno» y «extraño» como sinónimos del «alejamiento» o la frontera infranqueable dispuesta habitualmente entre el arte y lo considerado abstractamente como «real». Pero, sin ahondar en esto, cabe re-calcar que el proyecto de la «persona non grata» llevado a cabo en todas sus obras, haciendo especial énfasis en la más reciente denominada «The House that Jack Built» (2018), es señalar a todos los necios que el arte no es un mero divertimento. Aquello que, en otra época, Platón denigraba de los malos imitadores: limitarse a provocar placer en la multitud en vez de conducirles al Bien, a la Belleza y la Verdad; una y la misma cosa vista de distintos modos. Todo está contenido o implícito, si se quiere, como un germen, en la declaración del protagonista de la historia:

JACK.— el arte es inconmensurablemente más vasto de lo que jamás entenderemos.

Lars Von Trier, el provocador por excelencia de este siglo, a diferencia del mencionado pensador griego, no se contenta con escribir un diálogo sino que lo expresa fílmicamente ―mutatis mutandis―, y, de esta manera, alcanza a un mayor público. Es algo que no le podemos pedir a la antigüedad a riesgo de caer en anacronismos, pues cada autor pertenece de lleno a su tiempo y ninguno puede saltárselo. Pero su propósito es el mismo al fin y al cabo: con su última película ―y con todas las anteriores también― lo que busca es desnudar a la multitud, o, dicho en otros términos, desvelarles de su inocencia hipócrita, desconectarlos de la Matrix, despertarlos a todos de su «sueño dogmático». ¿De qué modo lo hace? Ofreciendo en una historia, es decir, bajo el lenguaje de simulación, una consciencia invertida del mundo y de lo real considerado concretamente. En términos más entendibles: ha puesto un espejo ficticio frente a todos en su total e irónica irreverencia.

El quid de la cuestión es su franqueza cabal, su falta de delicadeza, la ausencia de las «buenas maneras» del manual de Carreño. Carece de los arrullos de una madre o de una amante porque sabe que, ante las cosas auténticamente esenciales, sólo se puede ser radical. Es decir, «atacar el problema por la raíz. Y la raíz, para el hombre, es el hombre mismo». De modo que, bajo la ilusión con la cual raptó a su querido público, no hace sino reflejar el mal, el desastre, el desgarramiento del mundo. Y sin pelos en la lengua expone el síntoma característico de este «estado de cosas»:

JACK.― Odio los diagnósticos que puedes escribir con letras.
VIRGILIO.― Eso no es justo, las letras son claras. Nos cuidan y crean límites entre el bien y el mal, y llevan a la religión.
JACK.― La religión ha arruinado a los seres humanos...

Es necesario hacer la salvedad de que la religión a la que se refiere no es otra que la supersticiosa, que vive de fantasías y llega a morir por ellas. De modo que intenta sacar de la caverna a su público a través de papeles y máscaras instituyendo «un juego y no un juicio» que substituye «el tribunal de la historia» por el «teatro de la historia», para hacerles tomar conciencia del desgarramiento, es decir, de la necesaria consecuencia de los períodos de crisis. Todo esto con el fin de que, como él mismo, se atrevan a cuestionar una realidad general enmohecida.

JACK.― El arte de la ingeniería es, ante todo, la estática. Es decir, que las cosas permanezcan en pie, a pesar de las diversas fuerzas que impacten a los edificios. [...] A menudo digo que el material hace el trabajo.En otras palabras, tiene una especie de voluntad propia. Y al seguirla, el resultado sería de lo más exquisito. [...]
VIRGILIO.― Pero todo eso no tiene ningún interés. Al menos que seas un ingeniero.
JACK.― Soy un ingeniero. Mi madre era de la opinión de que convertirse en ingeniero era la opción más viable desde el punto de vista financiero [...]

(Continúo en la zona de spoiler por falta de espacio...)
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7 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
ESTA COSA ES UNA RUINA
Esta cosa está compuesta por una serie de estratos:
- Bromas: aunque la cosa no es para bromas, Lars las hace, con un humor cavernoso y travieso. Una serie de bromas que hacen entretenido el arranque de la función.
- Repeluzno: cuando se le acaban las bromas, Lars se pone meramente desagradable, y aquí la cosa empieza a hacerse pesadita. No es que no dé en el clavo a la hora de asquear, que eso lo borda, es que el clavo cambia tanto el tono de repente que se oxida y chirría.
- Monserga: Lars aquí tampoco se priva de dar la tabarra, que le encanta. Así pues, volvemos a encontrarnos con las ya conocidas peroratas culturetas de pacotilla, que son una cosa estupenda para alargar inexorablemente el metraje, no vaya a quedar por debajo de las dos horas, que sería una desgracia.
- Arte: a mogollón, sobre todo en la escritura, llena de poesía y cosas de esas, si. Parece que el guión lo ha escrito el tonto del pueblo.
- Personajes: pura quincalla.
- Misoginia: cosa recurrente en las pelis de Lars y que no hay que tenérselo a mal. A mi entender, una de las pruebas irrefutables de que el pobre es imbécil.
- Narcisismo: hay que apreciarse a uno mismo, faltaría más. Me parece una cosa estupenda que Lars, en un momento dado, agregue un montaje de momentazos de sus hits, que viene muy a cuento y era muy necesario. Sin esto, faltaría algo.
- Epílogo: como en esta ocasión no hay prólogo, pues hay epílogo. Si me das a elegir prefiero prólogo, porque para cuando llega el epílogo has aguantado ya tantas sandeces durante tanto rato, que encuentras de un sadismo imperdonable que el buen Lars te regale el abigarrado ratito que aún te queda por delante para dar por concluido el visionado de su cosa.

Para mi gusto, una de las mejores pelis de Lars von Trier.
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16 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
1
Una pataleta de Lars. Malísima es poco decir.
Antes de nada quisiera aclarar que me declaro total admiradora de toda la obra del director. Porque antes de ir al cine yo también leí críticas malas y pensé "serán de los mismos a quienes no les gustó Anticristo o Melancolía".
No, no. De veras, esta película es una absoluta basura.
La primera media hora empieza bien, ya conoces el argumento del tráiler, estéticamente es impecable, y hasta graciosa. Tampoco nada del otro mundo. Pero de ahí en adelante... todo va a peor.
La película se vuelve cada vez más desagradable. Yo creo que en el cine se pueden mostrar asuntos muy dolorosos o desagradables siempre que estén bien tratados artísticamente. Pero no lo están. Es una completa basura injustificada. Vomitiva.
No es que la película sea tan transgresora que ahora salgan a la luz "los ofendiditos", no es eso. Es que la película deja de ofenderte por cuanto se vuelve absolutamente ridícula. Un despropósito.
Diría que lo peor de todo es que deje traslucir ciertas pretensiones de ser algo más que no llega ni a atisbar. Además de ser un filme horrible, pareciera no ser consciente de serlo. Lejos de toda modestia, se torna cada vez más pretenciosa y por ello cada vez más patética.
Antes de ir al cine me dije: "es una peli de von Trier, aún si es mala vale la pena ir a verla para luego tener una opinión propia". Pues me equivocaba. No vale la pena verla ni para eso. Es mejor no verla. Diría más, sería mejor que nunca hubiera existido.
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6 de 9 usuarios han encontrado esta crítica útil
1
Me dio vergüenza estar en la sala
Quizás un 1 sea demasiado escaso, pero me atengo a que el 3 significa floja y el 2 mala y esta película es peor que eso, es muy mala.
Dudé entre dormirme e irme y entretanto me dio vergüenza estar contemplando aquello, sensación que jamás había sentido en un cine. Otras veces he sentido vergüenza ajena por lo flojo del ofrecimiento, pero esta vez sentía vergüenza de mí mismo por formar parte de tan deplorable espectáculo. Algo así como supongo se sentirá uno asistiendo a una ejecución.
Perfidia.- Maldad extrema. El corazón de las tinieblas. Desagradable, fría, cruel, Pero también triste, nihilista, sin sentido. Hay que decirlo alto y claro, este tipo debería estar en un sanatorio mental. Me refiero a Lars von Trier, no al desgraciado protagonista que al final está donde debía estar. No me extraña que al danés le expulsaran de Cannes y lo que me extraña es que le acepten en algún lado. Jamás volveré a ver un película de este elemento. Tampoco entiendo como puede haber desquiciados como él que justifiquen su cine produciéndolo. Y lo que menos entiendo es que esta película reciba tan alta calificación en este foro. Otras veces me ha pasado lo mismo, pero esta vez es tan estrepitoso que ayer, después de ver la película, me dije que no volveria a entrar en Filmaffinity. Grado de lamentable, por último, tiene que algunas personas rieran determinados pasajes del film. Algo pasmoso que desnuda el patetismo de la sociedad actual, sobre todo porque tantos locos anden o andemos sueltos.
Lo anterior lo sostengo no porque la película sea tan desgradablemente naturalista, tan abiertamente insoportable, sino sobre todo por su simpleza y mal hacer. Simple porque cualquiera puede relatar el historial de un psicópata, adornarlo como quiera y enreversarlo ad hoc añadiendo toda la mala leche que uno lleve dentro, y casi diría que cualquiera lo haría asímismo mejor. Y si todavía se lo hubiera currado, pero con aplicar la filosofía barata de que cuanto peor lo hagas más difícil es que te pillen, termina además presentando un rollo completamente inverosímil. Al psicópata, me refiero al de dentro del film, no le pilla la policía haga lo que haga y como lo haga. Vaya cara que le echa el danés.
Este tipo, Lars von Trier, es uno de los abanderados de ''Dogma'', experimento que siempre he calificado como ''la tiniebla nórdica''. Rebuscan en esos cerebros tan inquietantes de por allí arriba, donde el índice de suicidios, de alcoholismo y de malos tratos a las mujeres alcanza proporciones dantescas, y nos muestran con crudeza sus aberraciones más íntimas todavía no se sabe bien con qué motivo. Película tras película de miseria moral sin ton ni son.
Me pareció lógico y normal que hubiera desfile de espectadores ante tamaño desacato gratuito a las más elementales norrmas de la decencia ética. Yo seguí avergonzado en mi butaca y obtuve la recompensa no merecida de disfrutar de un interesante final y de un grandísimo actor como es Bruno Ganz, siempre altamente disfrutable. Resulta que Matt Dillon tampoco me parece hacerlo tan bien. Yo hubiera rechazado ese papel, pero no soy Matt Dillon. Y todo esto lo digo porque el papel es malo, no tiene base ni posibilidades, es una bazofia.
La película exige demasiado del espectador para lo que da, solo el premio del final. La música y banda sonora son penosas, el ritmo tedioso. Un metraje más reducido nos hubiera alegrado a todos, pero hasta con eso nos mortifica el director, que como es nada menos que Lars von Trier pues se tiene que marcar nada menos que dos horas y medio de bodrio.
Por tanto no es que se trate de una buena o mala película o de un film fácil o difícil de ver, se trata de ambas cosas a la vez. De una película muy mala y además descaradamente indecente. Algo que debería ser silbado y pateado en cuaquier lugar donde se proyecte. ¿Es que hemos perdido definitivamente el poco criterio que nos quedaba o qué?
A este individuo le vendría muy bien venir a vivir al sol de España una larga temporada con gente normal a ver si se le quitaban todas esas telarañas que tiene en la cabeza, pero quizás también cuanto más lejos mejor esté, a ver si nos va a pegar algo.
¿Quién le da a este sinsorgo la patente de corso para producirse éticamente como le da la gana? Pues todos esos critcos sin escrúpulos. De ese modo es posible que este impresentable individuo meta siempre en sus públicos onirismos desenfrenados a sus ídolos Hitler y compañía y se refocile incluso en algún ''esmerado'' método de ejecución nazi. Cualquiera le deja hacer a este algo sobre el Holocausto, ''La Lista de Schindler'' o así. La zorra a cuidar de las gallinas.
Miseria humana y asco. Eso es lo que ofrece y a lo que puede aspirar.
Espero haberme explicado suficientemente claro, pero me temo que me he alargado demasiado innecesariamente pues podía haber calificado esta película mucho más fácilmente y con una sola palabra: basura.
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5 de 7 usuarios han encontrado esta crítica útil
2
Cosas veredes
Si cometí la errónea decisión de ir a ver esta película no fue porque algunos críticos generalmente bien informados le dieran un notable, ya que también otros muchos la suspendían sin la menor duda.

Acudí para salir de las dudas que me produjo el hecho de que me interesara su ‘Nymphomaniac. Volume I‘ [2013], por su forma de contar cinematográficamente sobre la pulsión vital de la sexualidad femenina; y de que me decepcionara su ‘Nymphomaniac. Volume II‘ [2013], por consistir en una mera recopilación, fría y frígida, de secuencias relativas a una de las variables del masoquismo, el ‘spanking‘.

A mala hora.

Se trata, esta vez, de eternas dos horas y media de una obscura historia filosófica [?], presentada en surrealista clave de humor, con una intencionadamente confusa narración, obra del también guionista, Lars Von Trier, en la que un homicida demente y obsesivo compulsivo defiende -a través de una especie de confesión apoyada en soliloquios autoindulgentes y adobada con variopintas imágenes artíticas- la justificación del asesinato como otra especie de arte, a base de inundar la pantalla de basura socialmente tóxica y poniendo a prueba, de modo gratuito y enfermizo, el masoquista aguante del espectador.

Huelga decir que la gente abandonaba la sala por bandadas. Y lo compartí hasta el punto de huir yo también una hora antes de que el film finalizara. Algo así hay muy pocos que lo toleren sin grave riesgo.

Porque del mismo modo que se cuestionan moralmente las televisadas entrevistas en la cárcel de asesinos en serie, explicando sus porqués, yo cuestiono que una película se base en contarnos, con espeluznantes pelos y señales, cómo un psicópata trata de convencer a una suerte de fantasmal confidente -que, en el fondo, se trata del propio espectador- de sus razones para explicar, justificar, sus crímenes.

Y no sólo por la repugnancia, hasta la arcada, que produce contemplar en la pantalla tales imágenes. También, desde luego, porque el espectador medio no suele contar con el suficiente nivel de conocimientos sobre la psicopatía como para rebatir tales argumentos tan pronto le llegan.

Y eso es socialmente muy peligroso: tanto o más que, por ejemplo, escuchar a un etarra sus justificaciones políticas sobre sus asesinatos terroristas.

Mensajes del guión seleccionados para el propio trailer:

“El cuerpo es el infierno y el alma es el cielo. Algunos afirman que las atrocidades que cometemos en la ficción, son deseos ocultos que no llevamos a cabo en nuestra civilización controlada. Por eso los expresamos mediante nuestro arte. Creo que cielo y el infierno son lo mismo. El alma pertenece al cielo, el cuerpo al infierno. Pienso en todas las cosas que he hecho en la vida sin sufrir el mínimo castigo”

No les digo más.

Sobre las realistas escenas de violencia contra las personas conviene aclarar que siendo de una dureza y pormenorización extremas -lo cual es tan innecesario como, por ejemplo, mostrar en directo una simple defecación- lo verdaderamente inmoral es el envolver tal horror en le recreo explicativo del ejecutor.

Convertir en cine macabras reflexiones justificativas sobre la pspicopatología extrema, son ganas de devolver y no sólo la entrada [2 sobre 10]

El quicio de la mancebía [EQM]

https://elquiciodelamancebia.wordpress.com/2019/02/02/la-casa-de-jack-dinamarca-2018-de-yorgos-lanthimos/
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
La vanidad de Satán
El director Lars von Trier es un alborotador. Sus obras suelen ser perversos mecanismos que causan incomodidad y llevan al espectador hasta los límites de su resistencia o tolerancia – e incluso más allá. Tiene la corrosiva característica de hacerse odioso y meternos el dedo en el ojo (o en nuestra boca) hasta conseguir que desviemos la mirada o se nos revuelvan nuestras tripas hasta provocarnos el vómito. Lo que pudiera tomarse como un ejercicio de fatua hostilidad o un reto insolente a nuestra capacidad de aguante, deviene así en una forma de entender el arte: promover la antipatía visceral como envoltorio para contarnos sus historias, siempre al borde de lo tremendista o de lo excesivo, nunca tomando el camino más cómodo, sino explorando los más áridos recovecos como irrenunciable exigencia narrativa.

Con un estilo moroso, alejado de los apremiantes montajes del cine comercial, nos propone la radiografía de un psicópata irreductible, de un asesino en serie que, bajo la apariencia de un educado y circunspecto ingeniero con veleidades de arquitecto, se siente impelido a desafiar el convencionalismo de un respetable padre de familia y se dedica a matar a diestro y siniestro como si de un mero entretenimiento de caza se tratase. No se nos ahorran los crueles detalles de ninguna de sus hazañas, repletas de sangre, ironía y coincidencias brutales… lo cual le hacen creerse superior a los demás mortales y digno de un destino mejor en el que se cree hasta con fuerza y arrestos de desafiar al averno. No se trata tanto del qué se nos cuenta sino del cómo: Y la textura de los materiales elegidos presagia su propia caída.

No es plato para paladares gazmoños. Tampoco es propicio para estómagos acostumbrados a la sanguinolenta crueldad de la puesta en escena del dolor ajeno como espectáculo vivificante de la perversidad humana (siempre que ésta esté dirigida hacia los demás, pero nunca hacia nosotros mismos). Porque cada golpe, cada disparo, cada crimen se clava en la retina del atónito espectador alucinado, como si de una violación estomagante, repulsiva y atroz se tratase. Nos hace partícipes de unos hechos y unas consecuencias que son inaceptables, que censuramos sin reservas, que ni su incuestionable inteligencia ni su ofensiva capacidad de ironía convierten en soportables. ¿La brutalidad o el sadismo como una de las bellas artes? Con seguridad: No.

Como tibio consuelo queda el inapelable correctivo final. Triste y ofuscado balance para una historia tan repelente como bien trazada, tan aborrecible como irritante. Buen cine que, una vez padecido con horror, permanecerá en el congelador del olvido.
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9
La Redención de von Trier!
Sin duda alguna y con creces lo ha demostrado, Lars von trier esta en el top ten o quizás top 5 de mis directores favoritos, en esta nueva aventura nos vamos ha encontrar con lo siguiente, ojo desde mi perspectiva.
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3
Un arquitecto en apuros.
Un arquitecto que no ejerce asesina mujeres por el placer mismo que siente al hacerlo. Además, tiene la suerte y la habilidad necesarias para que nunca le pillen. Estados Unidos, años 70. Empieza la cacería.

El siempre controvertido director Lars von Trier vuelve a dirigir después de sus sobresalientes dos partes de Nymphomaniac, esta vez filmando una versión libre y moderna de Jack el destripador, protagonizada por un Matt Dillon con ganas de volver al primer plano mil años después de sus buenos tiempos. Empieza bien, con unas prometedoras escenas con Uma Thurman de conejillo de indias y primera víctima (visible) del asesino en serie, pero poco a poco va decayendo en una espiral de matar por puro vicio y de místicas y eternas conversaciones con una voz en off, que luego descubriremos que es el personaje de Bruno Ganz, a pesar de que la adherente capa de comedia negra que cubre todo haga que la travesía por el desierto del protagonista sea más llevadera. La película pretende provocar al espectador y ponerle en el dilema de tener que juzgar a Jack, para o bien entender sus terribles actos o bien quemarlo vivo en la hoguera y que arda en los infiernos. Yo personalmente lo que quería era que acabase la película cuanto antes, me importaba ya un pimiento lo que le pasase a Jack y a su casa para por fin llegar a casa a dormir y ver qué tal se portaban los Reyes este año, porque el carbón ya me lo había traído el bueno de Lars, cubierto de viscosa sangre.

Sacapuntas de oro: Su ácido humor negro, a pesar de que aparezca a cuentagotas.

Sacapuntas de madera: Sus largos e interminables 150 minutos. Que definitivamente el universo Von Trier sea una ida de olla, con contadas excepciones, solo apto para ávidos de vísceras físicas y psíquicas. Para variar, como en la mayoría de las películas, la policía es ese extraño cuerpo objeto de deseo que siempre se echa en falta.

Nota: 3 Sacapuntas.
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5 de 8 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Fascinante. NO PARECE UN VON TRIER (Y ESO ES MUUUY BUENO)
Son muy pocas las pelis del danés zumbando que me gustan. Pero creo que lo que acaba de hacer con esta The house Jack builded es simplemente fascinante. Absorbente, jocoso y cabrón, el acercamiento a cómo se fragua un asesino en serie NUNCA antes había sido tan acertado, delicioso, repugnante, cachondo, cruel y terrible. Apoyándose en el mundo del arte que como hombre cultivadísimo domina, nos mezcla a un joven Glenn Gould lejos de sus variaciones Goldberg, con escultura clásica, imágenes asombrosas y dañinas de archivo y crea un personaje que se convierte en el mejor personaje de Dillon con diferencia en su carrera. La película es larga, intensa, pero el interés del espectador dificilmente decae ante su barroquismo alterno a la simpleza y pureza nórdicas.
Mi peli favorita en lo que va de año.
Mi peli favorita de Von Trier, que me repugnó tantísimo en las sobrevalorada, absurdas y obscenas Antichrist y Nymphomaniac.
Una joya, un acierto total que da la sensación de que ha sonado la flauta y a pesar de pretender otra de sus mierdas ha hecho algo realmente interesante, asombroso y veraz. Una auto reflexión coherente, mucho más lógica de lo esperable en el género... Un debate entre tigres y leones, putrefacción, uvas y obras de arte.
El momento Uma Thurman es ESPLÉNDIDO.
El momento caza en familia, ESTREMECEDOR.
El final, con ese Verge, Virgilio compañía de Dante, ABRUMADOR.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
El arte de matar, según Lars von Trier
El obra del director danés Lars von Trier (Copenhague, 1956), que abarca casi tres décadas a caballo entre dos siglos, ha ido evolucionando desde las propuestas del movimiento Dogma, del que fue uno de sus principales puntales, que abogaba por un cine desprovisto de artificios narrativos, hasta la pura provocación indisimulada desarrollada en su último film, "La casa de Jack", una vuelta de tuerca por intentar adentrarse en las manifestaciones del arte, en este caso viajando hasta la mente (y la tarea) de un asesino en serie, sin broma y en serio.
La película se compone de cinco incidentes, entre las decenas de asesinatos a cual más abyecto cometidos a lo largo de una docena de años en la América profunda de los años setenta, por este psicópata enmascarado tras el rostro del actor Matt Dillon, y que son narrados a un personaje de talante mefistofélico creado por el veterano Bruno Ganz, que también hace de narrador omnisciente, aunque el espectador no lo descubrirá hasta el epílogo de la función, cuando acompaña al asesino a los abismos de un infierno que parece una broma colorida al lado de la cámara frigorífica mortuoria donde el personaje principal almacena los restos de sus víctimas.
En los cuatro primeros episodios el polémico director pone directamente el dedo en el ojo de la violencia de género, tema especialmente sensible y controvertido socialmente, al cargarse a cuatro mujeres tan dispares como ingenuas, sin ahorrar al espectador las peroratas, inanes o directamente pueriles, que el demente utiliza como técnica preparatoria para el sacrificio, mostrado con ese estilo de filmar con la cámara al hombro propio del cineasta, dotando al relato de un naturalismo que incrementa el efecto de las brutales imágenes sobre el espectador.
"La casa de Jack" no es, pues, una película fácil de digerir. Al contrario, los espectadores deberían tener referencias previas sobre la historia y la crueldad de algunas imágenes, pues aunque el tema no sea excesivamente original (desde "Henry: Retrato de un asesino" a "American Psycho" se pueden encontrar en la pantalla verdaderos ejemplos de asesinatos espeluznantes), su tratamiento puede llegar a herir determinadas sensibilidades. Objetivo bien diferente es llegar a desentrañar las intenciones de Lars von Trier con esta historia, más allá de utilizar su cine como detonante para hacer gala de su carácter provocador, transformando la fascinación por el mal en el leitmotiv del film. La cuestión es que las disquisiciones sobre los límites del arte, la filosofía existencial o el misticismo inherente al ser humano que riegan las escenas de sangre parecen extraídas de un manual de saldo, y lo que al final prevalece es la radicalidad de unas imágenes que podrían haber formado parte de la enésima entrega de la serie Saw, como una las más morbosas visualmente del cine de terror de los últimos tiempos.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Danish Psycho.
Que el primer recuerdo que me viene a la mente sea el sketch de Joaquin Reyes cuando pienso en Lars Von Trier tiene su buena miga. Y es que el danés este es un cachondo. Vaya esperpento con coartada intelectual se ha marcado el payo.
Disfruto mucho su cine porque tengo la impresión constante de que me está vacilando, o trileando y la bolita soy yo. Y tiene arte el cabronazo. Mucho arte.
La gente de normal no suele aguantar una broma tan pesada durante casi 3 putas horas, pero debe ser mi gen masoca porque no puedo parar de sonreír. Que no reír, que esto no tiene ni puñetera gracia.
Al turrón, Antoñito.
La peli en sí es una autofelacion. Es un Sartre escribiendo sobre Genet. Acabo sabiendo más del autor que del personaje. Y no es que quiera hacernos partícipes de su yo más profundo. Es que no puede evitarlo. No puede evitar meterse por medio. Es un yoista recalcitrante.
Es el típico bastardo que tenemos como amigo que quiere que termines de hablar para hablar él. Y esta como una regadera y te mezcla asesinato con arte y se la pela. Y este carajote a leído a DeQuincey y no para de largar. Pero al final de la conversación se marca un redoble que te hace descojonar de puro absurdo.
Si es que es todo muy obvio y tonto. Ayyyy Virgilio. Pero como Rimbaud, no es lo que sabes si no lo que crean que sabes. Y como lo asimiles. Y este loco, asimila que da gusto.
Ahora, eso sí, a casa de Jack no pienso ir a cenar.
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2 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La casa que Lars construye
Con La casa de Jack el director, Lars von Trier, ha realizado una de sus películas más flojas. ¿Por qué? Porque se ha creído su etiqueta de enfant terrible del cine europeo, parece que cada nueva película de von Trier haya de molestar, desatar odios y amores a partes iguales, ha de estar ahí para llamar la atención. El problema es que von Trier se ha convertido en un autor grandilocuente demasiado pagado de si mismo, lo que resulta en una parodia de él mismo.

Lejos de sus obras magnas, vease Europa, Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad, Dogville o, incluso, Melancolía, ahora busca la polémica de forma forzada, si en Nymphomaniac (película que si lograba brillar por momentos) abusaba del sexo explícito para molestar al público, en La casa de Jack lo hace con la violencia. Personalmente no me causan ningún trastorno a la hora de ver una película, así que me temo que no soy su público objetivo en estas películas, sus anteriores películas resultaban mucho más turbadoras sin recurrir a tales subterfugios.

La casa de Jack resulta una imitación en estilo de Nymphomaniac, un diálogo entre dos personas que resulta del recuerdo de la vida de una de ellas, en este caso el diálogo entre Jack y Verge (*vease spoiler), diálogos que se sitúan entre lo mejor de la película y que personalmente, aunque rompen con el ritmo y tono de la película, desearía que fuesen a más y tuviesen más metraje pues son lo mejor de la cinta.

La recreación del pasado de Jack no puede resultar más episódica, episodios brutales, criminales de la vida de Jack, pero como no hay mayor continuidad no acaban de marcar, no nos sentimos identificados con Jack y mucho menos con sus víctimas, por lo que acabamos viendo episodios de esta, más o menos interesantes, von Trier tiene el suficiente talento para lograr situaciones interesantes, pero se pierden por ser estas demasiado episódicas, la primera resulta buena por ser esto, ser la primera, la mejor es la de Simple, porque esta nos ofrece algo más de ella con lo que identificarnos. El diálogo con Verge, que justificaría dicho tono episódico, no resulta lo realmente importante de la película lo que personalmente me parece una pena, pues podía aportar algo muy grande, pero el resultado que parece buscar von Trier es llamar la atención hacía si mismo, más que crear una buena película, se recrea en convertirse en ese personaje que la prensa le ha otorgado, incluso llega a citarse así mismo, para que no quede duda alguna que de lo que habla, con gran recochineo, es de él, de sus ideas, y, especialmente de ese título que le han dado los medios, que lejos quedan los tiempos que en Rompiendo las olas citaba a Dreyer y no se preocupaba por la prensa o las crítica y si por crear cine.

En resumen esta casa que Jack construye deviene la casa que Lars construye y en la que cómodamente se posiciona, el resultado es una obra con algún momento interesante, e incluso brillante, pero redundante para sus conocedores, con una intención de perturbar totalmente malograda, una película mediocre en la carrera de un buen autor.
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3 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
La perfección del mal
El director danés Lars Von Trier, divide en 5 episodios esta historia de muerte y tortura con la idea clara de perturbar con lo visceral del mal más duro visto en pantalla en el último tiempo. Es la cinta “La Casa que Jack Construyo”, que viene a generar debate sobre el mal, el arte y la perfección.
Plantearse a ver una cinta tan perturbadora como esta hay que tener algo de masoquista o simplemente puede ser un gran ensayo a su tolerancia y el entendimiento. ¿Que motiva a los psicópatas en serie que perturban a la sociedad, y como esta misma sociedad incrédula ni siquiera se abre a muchas interrogantes sobre el origen de dicha violencia, el arte o perfección con la cual se mueven para no ser atrapados y conseguir sus objetivos?
La cinta está ambientada en la década de los setentas, ahí vemos desde el inicio a un hombre encarnado por Matt Dillon, que va narrando a Verge, un personaje incognito que conocerás a medida que se avanza, sus 12 años de su vida a través de cinco episodios que lo definieron y marcan su evolución como un asesino en serie de más de sesenta personas, preferentemente mujeres y niños. Jack considera que cada uno de sus asesinatos son obras de arte que suman en su camino a la perfección.
En esos cinco episodios se topa con una persona que hace dedo(Umma Thurman), una anciana, una dueña de casa, una novia y una mujer con sus dos hijos que van mostrando lo sádico de este ser y como organiza sus horripilantes fechorías mostrando sus distintos rostros convincentes con los cuales accede a la gente común y corriente. Paralelo a ello detalla cómo ha estado durante años diseñando, construyendo y destruyendo su casa a orillas de un lago por no cumplir sus expectativas de la perfección, tal vez esa indefinición, sea parte de su mente que busca respuestas en las muertes de va regando en el camino.
En si la cinta en varios pasajes me provocó rechazo, maltratar así a las mujeres, su principal nicho de acción, cuando hay un ambiente mundial donde se trata precisamente de generar conciencia acerca de la no violencia de género o bajar cifras de femicidios genera discusión. Von Trier sabe que un provocador y creo que quiere que odiemos su cinta pero que si la veamos. La interesante dicotomía del tigre y cordero que plantea el poeta inglés William Blake, incluidos en su obra “Cantos de Inocencia y Experiencia”, es sin duda uno de los ejes del film, que define a uno o a otro representa unos de las interrogantes que ronda en todo momento.
“La Casa que Jack Construyo” tiene diálogos bien explicativos, se habla acerca del rol del arte y el acto de crear en entrelineas pero hay que estar dispuesto a ser heridos en varias ocasiones en tus sensibilidades con este material, el director juega con la polémica y parece divertirse a momentos que incluso no se toma muy en serio.
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2 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Descenso a los infiernos
El siempre polémico y provocador Lars von trier nos presenta su nuevo largometraje, en el cual introduce al espectador en la mente de una asesino psicópata. Todos sabemos que en la filmografía del director, ninguna película pasó desapercibida y muchas de ellas causaron polémica por diversas situaciones. Tiene como dos etapas, en los finales de los noventa nos presentó grandes títulos como “Bailar en la oscuridad”, “Europa” y “Rompiendo las olas”. Luego tuvo un pequeño altibajo con películas como “Los idiotas” y “El jefe de todo esto”. Su película anterior que la dividió en dos partes me resulto más que interesante “Nymphomaniac”.

En “la Casa de Jack” vamos viendo a un personaje durante 12 años, en los cuales nos va contando los asesinatos que marcaron toda su vida como asesino en serie. Todo lo que nos muestra lo vamos viendo desde el punto de vista del protagonista, para él, cada asesinato que comete en cómo conseguir un trofeo. Durante las escenas el protagonista habla e incluso discuto con una voz en off, sobre el sentido de todos los actos que comete. La cinta se divide en 5 capítulos o incidentes.

La película desde mi punto de vista no debe ser toma en serio, es una provocación continua por parte del director, nos muestra sus propios miedos y sus propias locuras, cabe recordar que padece problemas de ansiedad y alcoholismo. En la película aparecen continuas reseñas al resto de su filmografía, en incluso podemos ver como que quisiera resarcirse de aquel incidente que tuvo en Cannes hace unos años, durante la presentación de la película “Anticristo”.

El cineasta danés no duda en ningún momento en mostrarnos imágenes de Hitler, Mussolini y Stalin para evocar y presentar la idea del mal. Podemos decir que todo lo que vemos es políticamente incorrecto, en parte hasta asqueroso e inmoral, pero todo ello lo presenta sin ningún tipo de prejuicio, es como un continuo descenso a los infiernos. El trabajo de Matt Dillon es excelente, como se mete en la piel de este asesino y lo da todo hasta el final. Me imaginaba la película mucho más sangrienta, pero en el fondo me dan mucho más miedo las ideas y la forma de pensar del director danés.

Lo Mejor: Matt Dillon
Lo Peor: La pena es que Lars Von Trier está completamente loco

Pueden leer esta crítica con imágenes y contenidos adicionales en: http://www.filmdreams.net
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3
Lars von Trier triunfa una vez más, pero no como cineasta, sino como un personaje curioso que goza de crear controversias
Desde su debut como cineasta, el danés Lars von Trier se ha caracterizado por salirse de los cánones y realizar cintas que distan mucho de ser convencionales. Como fundador del movimiento Dogma 95, el cual abogaba por el regreso de historias más creíbles en el cine minimizando el uso de efectos especiales, ha entregado cintas tan relevantes como Dogville y Melancholia y otras más controvertidas como Antichrist y Nynphomaniac. En esta ocasión, el realizador pretende sumergir al espectador en la retorcida mente de un asesino en serie, con resultados que, como suele suceder cuando se trata de las películas que siguen esta línea, son bastante discutibles.

La cinta es una especie de viaje introspectivo de Jack, quien le cuenta a un ser misterioso los pormenores de su vida criminal. Dividida en cinco “incidentes”, el multiasesino relata (y von Trier demuestra) con lujo de detalle las motivaciones y métodos que lo llevaron a cometer atrocidades que incluyen mutilaciones, fusilamientos, experimentos militares de exterminio e incluso taxidermia humana. Inducido por su trastorno obsesivo compulsivo, el personaje descarga sus frustraciones como arquitecto mediocre en cada una de sus víctimas para denominarse a sí mismo como Mr. Sophistication, buscando en todo momento perfeccionar sus sádicos sistemas para matar.

De forma demasiado explícita, von Trier no tiene reparo en mostrar con exceso de violencia cada uno de los asesinatos que comete su personaje. Durante más de dos horas de tormento visual, el también guionista pretende justificarse introduciendo elementos filosóficos relacionados con las relaciones familiares, la naturaleza del ser humano, el papel de la mujer en la sociedad, ideologías políticas e incluso la esencia del arte. Así, el cineasta utiliza a Jack como su portavoz para intentar convencer al público de que este frenesí sin sentido en realidad tiene un trasfondo ideológico, el cual no es evidente para el ojo común.

No obstante, la realidad es que von Trier solo busca impactar a su audiencia con escenas violentas mientras lo engaña haciéndole creer que debe de pensar más para entender su obra. Sin embargo, la realidad es que toda la retórica que maneja no es más que un sinsentido, una fallida pretensión de mostrar que el baño de sangre es un analogía de lo que pasa en el mundo. Ni siquiera el buen trabajo de Manuel Alberto Caro (Antichrist, Nynphomaniac) en la fotografía, ni la excelente actuación de Matt Dillon (Crash) interpretando a Jack, hacen que valga la pena dedicar tiempo para ver este filme.

Es así como von Trier triunfa una vez más, pero no como cineasta, sino como un personaje curioso que goza de crear controversias, si bien una vez se ganó el repudio general en Cannes por declararse como un admirador del nazismo, en esta ocasión logró sacar a un gran número de espectadores en el mismo evento, los cuales de inmediato adivinaron su gastada estrategia y decidieron no volver a caer en su juego provocador.

Calificación: TÚ DECIDES.

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