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8
Sabe más el diablo por viejo...
Ay, Sidney, Sidney. Yo es que contigo no doy crédito. Aquí estamos todos, preguntándonos si será Tarantino, o James Gray o P.T.Anderson las enseñas del futuro del cine, cuando vienes tú con tu última película y les das un soberano repaso a todos ellos, a tus ochenta y cuatro añazos, mucho más clásico y a la vez, soberbiamente moderno. Permitiéndote además el capricho de rodar en vídeo de alta definición, porque “el celuloide está muerto” y de jugar con las secuencias temporales como un directorzuelo cualquiera de los de ahora, pero con mañas de perro viejo que se las sabía todas cuando la mayoría de la competencia todavía no había abierto los ojos a la luz del mundo. Te das el gustazo de putear al inmenso Albert Finney, de sacar todo el jugo al irregular Ethan Hawke, a dejar a sus anchas al monstruo Hoffman y a despelotar a Marisa Tomei y aún encima, para más choteo, nos regalas un final acojonante así, de propina.
El viejo diablo nos ha regalado el verdadero gran peliculón del 2007. Y es que sabe más el diablo por viejo que por diablo...
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275 de 335 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Menos mal que el diablo no se ha fijado en que Lumet tiene 84 tacos
Lumet es, junto a Peckinpah y, un poco más rezagado, Frankenheimer, el director de la generación de los televisivos que más huella ha dejado a lo largo de su obra en otros cineastas, y que más películas de mayor calado ha realizado, sin abandonar nunca ese estilo claustrofóbico que envuelve sus trabajos desde el primer fotograma, especialmente sus siempre interesantes dramas judiciales, sobre todo la obra maestra de su carrera, 12 hombres sin piedad, o sus thrillers, como Network o la magistral Tarde de perros. Si bien es cierto que en los últimos años se había dejado arrastrar por películas de una calidad baja que no estaban a su altura. Es por tanto que merece una enorme celebración ver la recuperación de un clásico de la dirección donde Lumet se ha vaciado para entregar una obra que bien podría ser su canto de cisne, de un clasicismo encomiable a la par de una modernidad comedida, rodada en digital y con una fotografía que de fría resulta casi glaciar, que hacen de esta muestra de género negro una de las grandes obras maestras del último año y en donde el veterano director ha vuelto a demostrar que no sólo no estaba muerto si no que continúa en una forma excelente a sus, si no me equivoco, 84 años.

Si esta película se hubiera hecho hace 70 años, probablemente la habría dirigido el John Huston de La jungla de asfalto, y si se hubiera hecho hace 50, Melville habría estado ahí detrás, pues, si bien es cierto que es una película puramente original, donde los homenajes genéricos brillan por su ausencia, si se nota un regusto por ese buen cine negro que radiografiaba el alma de sus personajes hasta desnudarlos por completo ante la cámara. Y es que Lumet aprovecha el robo para, como ya hiciera en Tarde de perros, tensar la cuerda dramática en un ejercicio de funambulismo cinematográfico que se mueve entre el drama más intenso movido por la destrucción del entorno familiar y el thriller modélico que deja en tensión al espectador durante dos horas gracias a ese descenso a los infiernos de los dos autodestructivos protagonistas, impresionantes Ethan Hawk y, sobre todo Philip Seymour Hoffman, inmersos en un intenso caos que ellos mismos han provocado y que no sólo no hacen nada por detener, si no que ellos mismos avivan por su torpeza. Y es que, como en la película protagonizada por Pacino y Cazale, los dos hermanos Hanson son un par de perdedores que ejecutan mal y rápido un absurdo pero aparentemente sencillo plan donde nada sale como pensaban, y que golpeará como un martillo sus respectivas vidas hasta hundirlas de todo. Lejos de ejercer cualquier tipo de valoración moral, Lumet sumerge su cámara en la vida de ambos hermanos y cuenta la impostura de ambos, su frágil situación social y demuestra que, a pesar de parecer uno, Hoffman, un aparente triunfador, y otro, Hawk, un perdedor endeudado, la distancia que hay entre ellos es inexistente.
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111 de 125 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Marisa.
La familia bien, gracias, se suele decir. No es así siempre, claro está. Sobre todo cuando un trabajo sencillo y familiar se complica y se enrolla en la clásica espiral de violencia. No es un argumento original, pero da igual, porque el guión es magnífico: consigue hacer casi creíble una historia que no ocurriría ni en la realidad.

Por cierto, que está desordenado cronológicamente, algo muy habitual desde Pulp Fiction, aunque de siempre se ha utilizado. Pero da igual, porque ese caos es reutilizado para construir una trama capitulada, dotándola de una estructura sólida que le imprime carácter y ritmo...

Hacer una película original es algo casi imposible ya, de hecho yo prefiero que no lo intenten, porque acaba en bodrio sí o sí. Sin embargo pueden tener detalles que le den un carácter distinto, y esta cinta los tiene, como el camello de lujo mitad hentai, mitad Bowie, por ejemplo.

Y tenemos a Philip Seymour Hoffman saliéndose, como otras veces. O unos decentes Albert Finney (que poco le queda) y Ethan Hawke. Y Marisa Tomei. Super Marisa Tomei. Con un desnudo espectacular para sus 40 palos. Es la actriz más interesante del panorama de las dos últimas décadas. Una actriz espectacular. Aquí hace de florero y se come algunas escenas, con eso está todo dicho... la pena es que la dobla una tipa que fuma crack.

No leer espoliadero si no la has visto.
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114 de 149 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
En la puta vida
Absolutamente conmocionado y noqueado emocionalmente. Así fue como me sentí al salir de la sala de cine tras haber visto la última película que ha logrado dejarme verdaderamente sin palabras. Sydney Lumet es como Vincent Van Gogh, un absoluto genio condenado injustamente a la indiferencia de sus coetáneos. Sólo ahora, cuando el ocaso de los días de este maravilloso contador de historias parece llegar a su fin, es cuando verdaderamente se puede entender la magnitud de su legado. Estoy convencido que en un futuro no muy lejano, el nombre de Syndey Lumet aparecerá con todo merecimiento en los libros de historia del cine como uno de sus mejores y más visionarios ejemplos.

Y ahora la película en cuestión. Podría definirse como obra maestra absoluta y punto pero son tantos los aciertos y tan pocos (o ninguno) los fallos que sería una injusticia no enumerar todas las virtudes de esta maravilla:

En primer lugar la historia es un reflejo absolutamente sobrecogedor de la impersonalización y la carencia de valores morales y familiares a favor del imperio del dinero. Algo que otras muchas películas también han podido reflejar, pero en esta ocasión Lumet nos muestra lo putrefacto de las relaciones de una manera absolutamente clásica, siempre elegante y con un estilo arrollador sin paliativos. Esta es la primera película que he visto en mucho tiempo con unos personajes tan rematadamente viles, amorales e indiferentes a las desgracias ajenas. Pone los pelos como escarpias.

Los actores y actrices se marcan un recital interpretativo apabullante. El desgarro de su alma no sólo se deduce a través de sus actos o sus discursos sino que podemos observar su dolor a través de cada uno de sus gestos y de sus miradas. Lumet los capta vagando entre las estancias de un apartamento vacío, en la habitación de un hospital, en una joyería, en una representación teatral de un colegio, en un bar de mala muerte, en un despacho inmaculado. Momentos en los que se respira la frustración, la ira, el miedo, la culpabilidad y la huída. Escenas todas para enmarcar.

El guión es impropio de una debutante en cine: sólido, sórdido, sexual, inteligente, hiriente, desolador. Un inmejorable decálogo de todas las virtudes que hay que poner encima de la mesa para conseguir una historia a la vez actual y a la vez intemporal, a la vez concreta y a la vez ecléctica. Todo ello en una película con un humor negro, negrísimo, sólo a la altura de los grandes genios del arte cinematográfico. La película más verdadera que ha dado Hollywood en años.

Lumet, enséñale al diablo tu Cum Laude en la vida. Aquí ya eres inmortal.
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78 de 93 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Gran Hoffman
Desde luego no nos encontramos ante una película normal, se ve que el director es alguien, y aunque sea en pequeñas pinceladas lo demuestra con creces.

Dos hermanos intentan el atraco perfecto, ni más ni menos que robar en la joyería de sus padres, sobre el papel golpe fácil y sin problemas, pero…….

La película nos muestra los días anteriores, y el del mismo atraco de todos los personajes principales, en esta larga presentación vamos viendo los problemas, vicios y caracteres de cada uno de los implicados en el dramón.

Finalmente se nos presenta el final de la trama, a mi gusto demoledora.

Aunque la película es larga, esa división que hace en pequeñas historias hace que se haga muy amena, ese jugar con el tiempo mola y nos hace llegar al por qué de la trama haciendo que todo tenga bastante lógica.

Los actores están todos fenomenales, aunque como siempre sobresale Hoffman, perfecto en el papel de yuppie drogadicto, es un crack, y cada vez estoy más convencido de que es el mejor actor del momento por diferencia.

Me ha encantado el guión, que pese a tratar un tema bastante típico, no hay que irse muy lejos, ahí está el Sueño de Casandra de Woody Allen, lo hace de forma muy original.

Finalmente Sydney Lumet demuestra que sabe que va la historia, sin grandes alardes crea un ambiente fenomenal y sabe manejar a los actores con indudable maestría. Un ejemplo para cineastas más jóvenes.

A mi me ha gustado bastante, no me he aburrido en ningún momento, y creo que merece la pena verla.
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75 de 96 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Las miserias de La Condición Humana.
Sidney Lumet con “Antes que el diablo sepa que has muerto”, y con la maestría que le caracteriza disecciona perfectamente las más bajas miserias de La Condición Humana, narrándonos la historia de dos hermanos aparentemente antagónicos y que desesperados por su situación económica planean un atraco (la joyería de sus padres), pero los planes no salen como esperaban y se desencadena una trama tan oscura que termina por envolverlos en una espiral de acontecimientos a cada cual más grave.

Lumet no se encuentra solo en toda esa aventura, para ello cuenta con la colaboración de unos actores perfectos en sus papeles y que además parecen estar en estado de gracia, Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke, ejes centrales de la historia, acompañados por una magnífica Marisa Tomei, y en especial por un espectacular Albert Finney, en un personaje que va cobrando relevancia según avanza la película.

Un brillante montaje visual, dinámico y atrayente, una información bien dosificada en ritmo y concreción, para culminar en una historia clásica sin ningún ápice de conformismo.
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54 de 55 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Otra muestra del innegable talento de Hoffman. Y de Lumet, claro.
Después de la genial "Declaradme Culpable", que pasó injustamente desapercibida por tener a Vin Diesel a la cabeza de su reparto, Lumet nos cuenta ahora una historia de redención, una de esas donde una historia que promete pintar bien acaba desmoronándose. "Toda causa tiene sus consecuencias", un mecanismo que hemos visto muchas veces en el cine y que casi siempre funciona en las manos correctas. De la misma forma que Woody Allen hizo con la genial "El sueño de Casandra", Lumet plantea esta trama centrándola en dos hermanos que deben hacer "algo" para salir de un apuro económico.

Todo está brillantemente planeado, nada -o casi nada- podría fallar. Y justo ese mínimo porcentaje es el que se da, desencadenando el caos absoluto. Lo primero que hay que alabar de "Antes que el diablo sepa que has muerto" es su montaje, simplemente cojonudo. Está montado a "capas", mostrándose por días pero de forma bastante original, no ordenadamente sino yendo atrás en el tiempo, luego avanzando, consiguiendo así armar un puzzle sencillamente cojonudo hasta la explosión final.

El reparto está genial. Ethan Hawke cumple bastante bien, Albert Finney está gigante y lo de Philip Seymour Hoffman ya es cosa de otro mundo. Tiene el mejor papel de la película y lo aprovecha cojonudamente, en cada secuencia se come la pantalla. Y además tiene una facilidad pasmosa para poner la cara roja e hincharse las venas, da un miedo de la hostia cuando se cabrea. Al final de cuentas, la cinta de Lumet es buena, sin duda alguna. La BSO está genial, la fotografía no demerece, el reparto levanta una historia no original en su planteamiento, pero sí en la forma de ser llevada a cabo gracias a un montaje ágil y cuidado. Y el final... qué final. Recomendada.
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34 de 42 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
El oficio de dirigir
Kelly Masterton estuvo dos años escribiendo este guión, después de rumiarlo por espacio de otros dos y antes de intentar durante siete dirigirlo él mismo. Ocho productores decidieron que Sidney Lumet lo haría, seguramente porque fueron incapaces de ponerse de acuerdo y la última opción que les quedó fue esa.

No se sabe nunca con certeza cuál es la aportación completa de un director a una película, sólo puede suponerse. Esto es lo que yo supongo que hizo Sidney Lumet.

Yo creo que Lumet comprendió que la estructura de saltos temporales del guión de ninguna manera podía convertirse en el eje de la narración. Sin embargo era imprescindible para la película porque ésta se basaba en el consecutivo descubrimiento de las entrañas de varios personajes; el desorden temporal propicia el orden psicológico. Lumet es extremadamente riguroso aquí y se hace evidente que evita que la película se convierta en un "mecanismo", o un juguete de relojería.

Además, con eso impide que la película deje de ser un film de personajes para abrazar el género de thriller de montaje crispado, que hubiera reducido a la nada el estupendo material del guión. El ritmo del plano es lento, Lumet decide que observemos, desecha la idea de una cirugía invasiva a nuestra mirada. Por cierto, que el montador se queda con las ganas de más acción y malabarismos a juzgar por los campanudos electroshocks visuales que inserta en algunos momentos. Quizás el ensamblado temporal, a veces impreciso, habría estado más conseguido si hubiera hecho mejor su trabajo.

Y esto nos lleva a los actores. Cuatro perfiles homogéneos y diversos, admirablemente interpretados en sus respectivos registros. La dirección de actores es coral pero diferenciada; los personajes poseen sus propios e individualizados atributos a la vez que la forma de conducirse y de padecerse entre ellos los complementa con perfecta limpieza. Imposible no elogiar a Seymour Hoffman por desbordarse manteniendo alejado el hueco histerismo.

La escena que casi prefiero es aquella en la que Hoffman acaba de ser abandonado por su mujer, cuando quita las sábanas de su cama, deja desnudo el colchón y desmonta otros cachivaches inútiles: Es el punto de ruptura definitivo, el orden que artificialmente respetábamos ya no sirve. Esta es la típica escena que un director estrella como Scorsese deja escapar cargándola de excesivo significado y que un productor de Hollywood, sencillamente, suele cortar. No sobra en "Antes que..." porque cumple el principio básico de hacer avanzar la trama, ya que Lumet se ha ocupado de que la trama sea precisamente observar el progreso -en realidad la progresiva caída- de los personajes.
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27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
El aroma del auténtico cine negro
El aroma del cine negro de los cuarenta y de los cincuenta, con Bogart, Bacall, Mitchum y demás iconos de la interpretación en permanente estado de gracia, es lo que consigue recuperar Sidney Lumet en esta memorable película, su obra maestra para mi gusto, realizada cuando ya tenía más de ochenta años.
Como en todo cine negro que se precie, los asesinatos, intrigas y demás no son sino un pretexto para abordar un tema de fondo de cierta trascendencia vital. En este caso, el atraco a la modesta joyería familiar por parte de dos hijos fracasados -cada uno a su estilo- en un intento de remontar el vuelo empezando desde cero, sirve a Lumet para plantear el eterno conflicto de las relaciones padre-hijo con sus miserias y sus grandezas, las relaciones hermano mayor-hermano menor con la ambigüedad de los sentimientos contradictorios y, en suma, las complejas relaciones familiares (marido-mujer, padre divorciado-hija) que marcan nuestra vida.
La historia del robo es una forma de plantear estos temas de forma directa y casi brusca, desnudando los sentimientos de cada personaje desde el principio del film.
Memorables también las actuaciones de Philip Seymour Hoffman y de Ethan Hawke como protagonistas, y redonda la interpretación de Albert Finney, uno de los mejores secundarios de la Historia del Cine.
Sirva esta modesta crítica como homenaje a esta gran obra de arte que, al acabar, me hizo reflexionar sobre mis propias relaciones familiares (lo que probablemente era el objetivo principal del gran Sidney Lumet cuando gestó esta maravillosa película).
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27 de 28 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
¡Cuidado Oliveira que viene Lumet! (Antes de está crítica sepa que has muerto)
Para muchos la película del año. Abre con una secuencia-gancho y digo lo de gancho en ambas vertientes: por su comercialidad y por su impacto (gratuito o no). Muy a lo “Intimidad” de Patrice Chéreau: Philip Seymour Hoffman se trajina a Marisa Tomei al estilo perrito. Después viene el diálogo. Manera interesante de presentar a uno de los personajes principales por parte de Sidney Lumet.

“Antes que el diablo sepa que has muerto” es un thriller-griego-tragi-dramático donde se nos muestra la repetición de un atraco desde diferentes puntos de vista para añadir nueva información. No es nada nuevo e incluso esa rememoración de los instantes puede recordar al montaje de “El prestamista” del propio Lumet o invocar esa mediocre moda extraída del mundo del clip de colapsar las retinas con flashes a lo “Saw”.

Es una cinta resuelta con oficio y encanto marcado por el mero hecho de quién lo firma. Dudo que muchas de las publicaciones que la encumbraron como lo mejor del año lo hubiese firmado un desconocido. No obstante es un filme con pulso, pequeños momentos de buen cine, notables interpretaciones y dirigida con oficio y beneficio. Apela a la tragedia griega pero a toda la narrativa clásica incluyendo prácticamente los siete pecados: la avaricia, la envidia, la lujuria, la soberbia y finalmente la ira… aunque destaque simplemente la mala suerte puede ocasionar repercusiones nefastas. Cada vez se hunden más irremediablemente los personajes por moverse por arenas movedizas y enredarse en las agarraderas del destino hasta desencadenar en una rayo final que amplifica la tragedia griega que nos cuentan entre sexo, sangre, dinero y asesinatos.
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30 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Cuando crees que las cosas van mal, recuerda que siempre pueden empeorar.
En el año 2004 la Academia de los Oscar tuvo el “detalle” de conceder el Oscar honorífico a Sidney Lumet, un director con una carrera para que hubiese ganado cinco premios por lo menos sin necesidad de galardones para cuasicadáveres. El tiempo ha confirmado la felonía de aquel premio, que se hizo sin verdadero aprecio. Él no estaba jubilado, y unos años más tarde nos brindaba la excelente “Antes que el diablo sepa que has muerto”, una de las mejores películas de 2007. Los de la Academia volvieron a mirar hacia otro lado. Hasta donde sé esta será su última película. Un testamento cinematográfico a la altura de otros colosos de la historia del cine, como hicieron John Ford, Stanley Kubrick o Sergio Leone.

Dos horas de un cine que consigue a la par ir al cerebro y al corazón. Normalmente los directores mediocres tienen que elegir una de las dos cosas, Lumet llega para eso y más.

El guión, santa santorum de todo aquello que se precie llamarse cine, es mimado milimétricamente por Lumet hasta conseguir más allá de la cuadratura del círculo, aunque personalmente pienso que sus últimos quince minutos abusa de una violencia poco verosímil por muy desesperado que se esté.

Magníficos Philip Seymour Hoffman y Ethan Hawke, y una mención especial para Marisa Tomei, que nos muestra que bien entrados los cuarenta se puede estar divina.

Lumet, aunque te quisieron enterrar vivo, volviste de entre los muertos para dejarnos tu última obra maestra. Ahora sí, ya puedes descansar en paz, te lo has más que ganado.
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25 de 27 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Genial, pero falla en lo básico
La historia es interesante y está bien contada. Los actores cumplen sobradamente. Pero, desde mi punto de vista, hay un claro error que compromete el resto de la película. Para no estropearos nada, paso a contarlo en el "spoiler"
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33 de 46 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
El jefecito
En un equipo plagado de magos del balón, Javier Mascherano se revela como una pieza enormemente valiosa, porqué Mascherano no hace nada del otro mundo, pero las cosas que son de este mundo las hace todas, y siempre, bien. Su entrega, profesionalidad, perfecto posicionamiento y generosidad en el esfuerzo facilitan así el equilibrio del engranaje y permiten otros lucimientos individuales.

Fue Sidney Lumet uno de los grandes Mascherano del cine, un artesano —término injustamente despectivo— en el que no encontraremos esa inaprehensible genialidad última que hace únicos a los Dreyer, Mizoguchi, etc., pero que siempre nos ofrecerá la solvencia del trabajo honesto y eficaz, sin reparos. Y, desde ese autoasumido segundo plano logrará, sin que nos demos cuenta, que nos alcance el brillo de otros aspectos, ya sea la profundidad temática (la reflexión sobre la justicia y la corrupción, por ejemplo), o el talento actoral (una constante en su obra).

Cerró ejemplarmente Lumet su filmografía con este thriller negrísimo ratificado como un soberbio melodrama (que era como el cineasta prefería categorizarlo genéricamente), manejado con el firme pulso narrativo del viejo zorro que sabe tomarse el tiempo necesario para profundizar en los espacios más recónditos y oscuros del alma de sus personajes (merece ahí destacarse un portentoso Philip Seymour Hoffman).

En este sentido, y al contrario de lo que ocurriría con cualquier maestrillo ávido de notoriedad en unos tiempos donde la deconstrucción narrativa es epítome de modernidad, la sagaz veteranía del director supo comprender sabiamente que la desordenación cronológica en el guion que se le ofreció no era una finalidad, sino tan solo un medio, en este caso uno sumamente eficaz para definir a los protagonistas y sus interrelaciones, que es lo que verdaderamente le importa. Por eso los saltos temporales se exponen con una claridad meridiana que rehúye cualquier tentación de confusionismo, y, de la misma manera, el atraco frustrado —no por casualidad mostrado al principio— es tan solo un punto nodal para encarar a los personajes con las motivaciones, las consecuencias y la responsabilidad ante sus actos.

Particularmente, por más veces que la vea, esta es una de aquellas películas, como "Mystic River" —otra indudable obra mayor del cine estadounidense contemporáneo— que suponen para mí una experiencia emocional de primerísimo orden. Desde el mismo inicio me agarra por dónde más duele y, con los ojos abiertos como platos incapaces de separarse de la pantalla y el corazón en un puño, no me suelta hasta un devastador desenlace que siempre me deja literalmente KO.

No me parece en absoluto inapropiado, en su sentido más justo, aplicar el adjetivo shakesperiano para una obra asimilable a lo que entendemos por la gran tragedia americana, o la disección crítica y sumamente lúcida de las miserias y debilidades humanas en el seno de una sociedad desintegrada, cínica, avariciosa y amoral. Cine, en definitiva, que atrapa, que duele, que hiere.
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21 de 23 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
ZEUS PUEDE SER UN DIOS DEVORADOR CON HIJOS POCO DIVINOS
Película arrastradora y sin embargo sumida en calmas.

Historia intensa sobre dos hermanos bien situados aunque "calaveras". El mayor, siempre lo tuvo más difícil respecto a sus padres, el menor fue el preferido pero ya de adulto se convirtió en un manirroto estresado y ninguneado por su ex mujer y la hijita de ambos a cargo de ella, niña manipulada por la madre contra su progenitor hasta tal grado que es capaz de llamarle "fracasado" cuando éste no le puede pagar una excursión de la escuela a la que quiere ir.

¡Qué lástima que Sidney Lumet no hubiese filmado una escena donde este padre va en busca de su hija y le da dos buenos guantazos en la cara!; la película de por sí contundente habría ganado más en peso llamativo y en contenido corajudo-aleccionador, al menos para que más de una niñata consentida sepa lo que se le puede venir encima con toda lógica si se comporta como una malcriada que insulta a su papi por la intrascendente causa de que éste no le puede costear una de sus diversiones.

Si el argumento hubiese sido engarzado en su desarrollo lineal de los acontecimientos, probablemente habría sido una película más, quizás buena, pero no especial y notable como ha resultado. Y esto se debe a que la sucesión de los hechos se van contando de delante hacia atrás y otra vez hacia adelante y de nuevo hacia atrás, en una especie de zigzag temporal de "after & before", que enreda al espectador de forma imantadora obligándole a seguir la narración con total apasionamiento.

Muy entretenida e interesante. Sustrae la atención sin remedio.

Fej Delvahe
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24 de 33 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Un plan sencillo...
“Podrías estar en el cielo hora y media….antes de que el diablo sepa que has muerto”. Con esta impactante frase inicia su último film el abuelete Lumet al que, a sus 84 primaveras y con un Oscar honorífico a sus espaldas, muchos habían dado por muerto hace ya tiempo. Y es que se lo ganó a puso encadenando bodrios en los 90 hasta que sorprendió a todos en 2006 con la simpática “Declaradme culpable”. Su nuevo trabajo de simpático tiene poco, pero le convierte en la resurrección cinematográfica de la década.
¿Puede una película ser clásica y moderna al mismo tiempo? En manos del viejo y renacido Sydney parece ser que si. Lumet coge la tragedia criminal clásica, una historia de perdedores mil veces contada, y la envuelve con una atmósfera fría e incomoda, creando una extraña, original y muy amarga historia sobre el diablo que todos albergamos en nuestro interior. Un diablo que se nos muestra con la cara más sucia, ruin y cutre que imaginarse pueda. Con el espectador como aliado, pues desde el principio queda claro que todo va a salir mal, y con la ayuda de un trabajo de montaje magnífico, el director de “12 hombres sin piedad” despedaza la narración moviéndose en zig-zag y repitiendo escenas que poco a poco van adquiriendo matices insospechados.
Lumet se luce en la dirección de actores: desde un sobrecogedor Seymur Hoffman y un muy creíble Ethan Hawke como protagonistas, hasta los secundarios (Marisa Tomei nunca fue más atractiva y Finney pocas veces tuvo tanta fuerza) y terciarios (el camello o el perista), todos cumplen con su cometido como piezas de un puzzle negruzco destinado a mostrarnos de qué es capaz ese demonio que llevamos dentro y al que a veces dejamos escapar cuando comprobamos que nuestros sueños no se corresponden con la realidad.
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22 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Buena, pero no GRANDE.
A la vejez, viruelas: el octogenario Lumet se da el gusto de comenzar su último film con un polvazo de impresión que anuncia una película contada sin cortapisas.

Y el film está bien. Sí. Pero se le ven las orejas al lobo: la maniobra de contar no linealmente la historia está ya muy vista (y no añade realmente nada) y las hechuras del guión, que busca ser otro gran clásico norteamericano inmediato (cual "Mystic River" o "En el valle de Elah"), son un tanto excesivas. Por otro lado, el descarnado -y buscado- dramatismo shakesperiano de la película (ya saben: traición, engaño, padres e hijos, errores trágicos) resulta forzado.

En resumen: una película más que decente, pero no un futuro clásico.

Lo mejor: los despelotes de Marisa Tomei y la eficacia de los actores.

Lo peor: la poco creíble escena final y la gratuidad de la narrativa no lineal.
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22 de 29 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
PUÑETAZO DIRECTO AL ESTÓMAGO PERO BRILLANTE FILM
Ufffff, me he quedado tocada al terminar de ver esta película. Es muy dura. Te remueve las entrañas ver como esta familia deja a las famosas Colby, Channing y, demás sagas de culebrón televisivo made in Usa, hasta ahora ejemplos inagotables de maldad, miseria humana y mezquindad a la altura de párvulos. ¡Es alucinante ver tantos ejemplos de comportamiento brutal e insensible juntos! Me hiela la sangre ver como es posible hacer ciertas cosas por dinero, saltándose todas las supuestas reglas que suelen imperar en las relaciones con nuestros "seres queridos". Alucinante.

No se salva ni uno, bueno, la madre parece ser que sí, o al menos no se profundiza en su personaje como para ver si ella también tiene alguna miseria que ocultar...

Los actores están genial. La trama aunque algo liosilla, va poco a poco dejando paso a la horrible realidad.

Mentiras, trucos financieros, traumas infantiles, muerte, infidelidad, estafa, viejos rencores, vicios, heridas sin cerrar, cobardía, infamia,... ¡¡vaya paquete de extras!!! A medida que transcurre te vas dando cuenta de que hay ciertas cosas que no sólo no tienen marcha atras ni compostura que valga, sino que cuando crees que nada peor puede ya sucederte, te sucede.


No apta para fans de películas con happy ending ni pastelitos románticos... de verdad.
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19 de 24 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
La tragedia en el siglo XXI
La conjunción de thriller y tragedia griega parece ser el objetivo principal de esta película, empresa que Lumet logra sólo a medias. Porque mientras que el primer elemento funciona estupendamente, ayudado por el, en general, afortunado desorden cronológico y por la tensión sabiamente aplicada en escenas clave, el segundo aspecto me parece que se cae por su propio peso. Y es que hay que tenerlos cuadrados para intentar ambientar una tragedia digna de Shakespeare en la actualidad.

Aunque, según creo, se basan en personajes históricos, las tragedias de Shakespere no buscan la verosimilitud, sino que, muy al contrario, crean una atmósfera onírica e irreal. Así, todo lo que ocurre en el universo inventado por el bueno de William es simbólico, por lo que hay que pasarlo a la realidad para que adquiera significado, quedando así un completísimo estudio del ser humano.

"Antes que el diablo sepa que has muerto" propone lo contrario.

Lumet, a través de la tragedia, pretende hacer un sórdido retrato de la raza humana pretendiendo ser veraz y coherente en todo momento (dado que lo del ambiente imaginario quedaría fuera de lugar desarrollándose la trama en la actualidad), lo cual sería cojonudo de no ser porque no me creo absolutamente nada. Si la atmósfera shakespeariana justificaba todas las exageraciones que se quisieran, aquí todo lo que se nos cuenta, que se supone que tiene que parecer real, sólo se queda en una fantasmada importante, sobre todo en la parte final.

Hay destellos de gran cine, sí, pero todo acaba lastrado por el error de base, quedándose el filme en un pasable thriller con el único gran aliciente la interpretación de Hoffman, siempre de agradecer. Una película fofa, en definitiva.
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18 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Antes de joder tu carrera cinematográfica
Antes de escribir mis impresiones al terminar una peli suele tentarme mirar el resto de ideas que otros usuarios han expresado previamente. En este caso hay 149 críticas ya publicadas. Observo disparidad como siempre, aunque en general veo condescendencia con Lumet, un director que me encanta. Sin embargo, no se si culpar a sus 84 años de esta chapucilla de película. Y no lo digo por el montaje que tanto recalcan otros usuarios, a los que recuerdo que Memento u otras películas demasiado bien valoradas tienen montajes peores que este. Cierto que es innecesario, pero se puede seguir bastante bien.
El video digital me parece una buena idea, pero al espectador tampoco le aporta gran cosa. Se nota el estilo clásico de rodaje de Lumet, aunque con manazas detrás de la cámara los resultados serían otros.
Interpretativamente la película se la come Hoffman, probablemente uno de los mejores actores de la actualidad (sólo me viene a la cabeza Day-Lewis como alguien a su altura). El resto es bastante irregular, con un Hawke cumplidor, una Tomei desaprovechada (sí, Sines, tiene un cuerpazo) y un Albert Finney que parece que se ha inflado a pastillas, especialmente en el bochornoso final metido con calzador.
Pero sin duda lo peor de la película es el guión: Todos los personajes resultan odiosos y olvidables, no hay verosimilitud, la historia es de cartón-piedra, demasiado estereotipo... Y precisamente por eso es una lástima que Lumet, que siempre ha contado con guiones fabulosos, haya hecho esta película.
No dejes que este sea tu testamento, Sidney. Tú, que has creado maravillas como El prestamista, 12 hombres sin piedad o Veredicto final.

Por cierto, la crítica especializada podría disimular un poco...las zurraspas de sus lenguas huelen a distancia.
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17 de 22 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Gracias Lumet, creía que el diablo ya te había llevado
Esto es lo que se suele llamar "Unpeliculón", así, todo junto. El título ya es cojonudo "Before the Devil Knows You're Dead", dan ganas de verla. Luego ves el reparto (Philip Seymour Hoffman, Ethan Hawke, Albert Finney) y sabes que vas a ver una buena película. ¡Qué la dirige Sidney Lumet! Tampoco es una garantía, pero este hombre tiene alguna que otra película a su espalda.

Thriller inmenso, narrado con saltos temporales, muy al estilo de "Pulp Fiction", la narración, no la película. Andy (Hoffman) y Hank (Hawke) son dos hermanos con problemas económicos que deciden robar la joyería de sus padres, un atraco sencillo y sin complicaciones. Todo se tuerce, todo se va a la mierda, pero además de una forma muy jodida.

Aparte del inmenso talento que desprende Philip Seymour Hoffman, yo también destacaría la gran actuación del padre (Albert Finney) que a pesar de tener un papel mucho más escueto y sin apenas diálogo, desprende resignación primero y sed de venganza más tarde, en cada una de sus apariciones. Ethan Hawke no destaca en exceso en comparación con las grandes actuaciones de Hoffman y Finney, pero también lo hace bien.

Otro aspecto a destacar es la música de Carter Burwell, inquietante, punzante, siempre bien introducida. Lumet ha conseguido una combinación perfecta, un thriller dramático bien interpretado y bien ambientado. Una de estas películas que te dejan pegado a la butaca porque te has quedado sin habla. Gracias Lumet, creía que el diablo ya te había llevado.
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