arrow
9
Inmensa...
Descomunal película recomendada con toda la puntería del mundo por nuestro Monsieur Hulot favorito, y que es uno de los mayores impactos cinematográficos que me he llevado en los últimos meses.

Liderada por un Lon Chaney que en un mundo justo tendría una estatua coronando el Everest, esta infravaloradísima crónica del desengaño y del desamor me tuvo expectante al comienzo, asombrado a continuación y, en última instancia, absorto, encogido y con la rodilla en el suelo.

Gran parte de mérito lo tiene Chaney, el mejor actor de cine mudo que ha pisado la tierra y uno de los intérpretes con más capacidad para la rotura de entrañas que he visto nunca, aquí dando vida a un pobre hombre vampirizado por las circunstancias y que decide purgar sus miserias degradándose a payaso, luciendo zapatones, maquillaje y toneladas de dolor.

El único pero que podría encontrarse es cierta puerilidad, cierto maniqueísmo, pero la película tiene un aura tan ensoñadora, tan alegórica, que los símbolos y estereotipos aparentemente obvios que apuntaba el propio Hulot encajan bien, son plenamente tolerables, son estrellas polares en medio de la pesadilla. Y así, cuando el viaje agoniza, uno llega a una recta final deslumbrante, con un potencial emotivo fuera de lo normal, con tres o cuatro minutos de romanticismo sangrante que sirven de guinda y que te dejan en trance, con la lengua fuera, con la lanza en el costado y con la sonrisa del payaso.

Inmensa.
[Leer más +]
18 de 18 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
¡Ríe, payaso!
El cine mudo, no desapareció en 1927, cuando llegó el sonoro con “El cantor de Jazz”, sino que ha perdurado en el tiempo hasta nuestros días, con excelentes ediciones remasterizadas para nuevos públicos y aficionados en DVD, o gracias a la experimentación como el cineasta Michel Hazanavicius con su aclamada “The artist” que hace 4 años arrasó en los Oscars, volviéndose a poner de moda para los jóvenes cinéfilos. Entre las grandes películas del periodo destaca “El que recibe el bofetón”, cuyo valor artístico permanece incólume. Este conmovedor film de escasos 70 minutos, es una profunda reflexión sobre el engaño y la humillación a la que se ve sometido un científico, cruelmente traicionado por su amada esposa y su adinerado benefactor en una tesis de investigación.

Victor Sjöström fue uno de los grandes del cine sueco y principal figura de la cinematografía escandinava, una de las más avanzadas e interesantes de principios del cine. Siendo su fama más allá de sus fronteras, fue requerido por la industria de Hollywood ante su gran talento, siendo contratado por Samuel Goldwyn, poco antes de la creación de la MGM. Una vez allí cambió su apellido por Seastrom (más asequible a la lengua inglesa), ésta fue su segunda película, y gozó de un gran presupuesto con estrellas de primer orden. Era la adaptación de una obra exitosa de Broadway escrita por Leonid Andreyev. Narra como Paul Beamon (Lon Chaney), científico francés, realiza una tesis sobre el origen de la humanidad gracias a la ayuda económica de su supuesto benefactor el Barón Regnard quien en complicidad con su amante y esposa de Paul le roba la tesis.

Al no ser creído por la Academia y reírse de él, junto a la infidelidad conyugal se siente completamente abatido y decide dar un giro a su vida, riéndose de todo lo que le rodea, incluso de sí mismo. Renunciando a su identidad es contratado como payaso en un pequeño circo cerca de París. Una vez en el circo se cruza con el acróbata Bezano (John Gilbert) que ama a Consuelo (Norma Shearer), la hija de un aristócrata venido a menos, ella es la única que apoya a Paul, haciendo honor a su nombre, aunque el destino quiere que vuelva a aparecer el siniestro Barón Regnard (Marc McDermott) surgiendo nuevos conflictos. Pero como aparece en el prólogo del film: “En la inexorable comedia de la vida, quien ríe el último ríe mejor”.

El film es una obra muy notable, tanto en lo visual como en la vertiente dramática, una combinación de amargura y masoquismo que contribuye a reforzar ese aura del “Clown” triste, aunque impermeable en sus emociones para no perturbar el deleite del público. En medio de su tragedia personal el director sueco destaca con ironía la insana jocosidad de la multitud que acude al circo atraído especialmente por el número de la multitud de payasos que abofetean al protagonista, como una muestra del sadismo y la crueldad que la sociedad encierra. En el aspecto visual, el cineasta crea un original “leitmotiv” centrado en la figura del círculo y la esfera. El movimiento rotativo, sin principio ni fin, aludiendo a los eternos giros de la existencia, al devenir incesante de los acontecimientos. Otro de los recursos técnicos destacables son las elipsis y los encadenados, todo ello va creando un clima especial de luz y ambiente malsano, mediante una fotografía naturalista diferente del “look” habitual de la MGM. Notable film de momentos mágicos hechos de emoción y lirismo, característicos del mejor cine mudo.
[Leer más +]
5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Crímenes, venganzas, amores imposibles, circo, tensión, drama, emoción…
Victor Sjöström es uno de los grandes directores de la historia del cine, un pionero que fue fundamental para el desarrollo del lenguaje del cine y que además cuenta con una serie de grandes películas que han soportado muy bien el paso del tiempo, una de ellas es la que hoy nos ocupa, “El que recibe el bofetón” (1924). Destacó sobre todo por su sensibilidad y su maestría técnica; sus aportaciones al cine son numerosas, pero destacan las relacionadas con la iluminación, tanto a nivel técnico como expresivo. También fue uno de los primeros en utilizar la agresividad de la naturaleza como potenciador del drama humano desarrollado en el argumento, ya fuesen vientos, lluvias, nevadas, temporales…, y por supuesto también destaca su capacidad poética y su sensibilidad visual. Era un gran creador de imágenes, tan bellas como expresivas que alcanza fama mundial con sus películas suecas, como, “El Monasterio de Sendomir” (1920), “El Bajel Trágico” (1923) y sobretodo la fundamental “La Carreta Fantasma” (1921), que el propio Ingmar Bergman llegó a considerar como su película favorita de todos los tiempos. Fue fichado a golpe de talonario por Hollywood, donde se rebautizó con el más anglosajón “Victor Seastrom”, y realizó una serie de películas que en su momento tuvieron bastante repercusión y que han ejercido una gran influencia en el cine, como la propia “El Que Recibe el Bofetón” (1924), o la más famosa de todas (aunque en el momento de su estreno fue un fracaso en taquilla) “El Viento” (1928).

En “El que recibe el bofetón” Sjöström lleva a cabo un extraordinario trabajo, pleno de imaginación y de sugerencias, en el que la narración es marcada (no enfatizada) con insertos de gran fuerza dramática. La película fue toda una hazaña artística, la impecable puesta en escena de Sjöstrom no pasó desapercibida por el público y la crítica de la época, que aplaudieron su novedoso uso de la iluminación y el cuidadísimo tratamiento de la factura visual de la película. Las escenas más oníricas en que el protagonista se ve rodeado de otros payasos eran un ejemplo de la maestría con que Sjöstrom sabía evocar motivos visuales inolvidables, al igual que la recreación de todo ese ambiente circense. A destacar también las importantes influencias que tendrá este film en la obra de directores insignes, por ejemplo, Tod Browning, quien en “The Unkown” (1927) y “Freaks” (1932) recreará, con su particular estilo, el universo de Sjöström, los fantasmas y las pesadillas, las glorias y las miserias del planeta humano, que gira y gira siempre hacia un mismo sentido, con sentido y sin él.

Una película apasionante con crímenes, venganzas, amores imposibles, circo, tensión, drama, emoción… Una trama retorcida y folletinesca, dirigida con el talento y la sensibilidad de los grandes genios. Una pequeña joya silente.
[Leer más +]
4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
CRÉDITO ADICIONAL
No se puede negar que la película posee un mensaje valioso y vigente, que consigue momentos dramáticos de profundo calado y que una cierta originalidad en la puesta en escena le confiere el valor de lo que merece ser bien considerado.

Pero hay que añadir que el largometraje resulta descaradamente lento, por momentos aburrido y que algunas situaciones incurren en esa flagrante reiteración que tanto daño hace a la fluidez narrativa.

Como consecuencia, los más de ochenta minutos de su duración se convierten en un metraje desmesurado.

¿Pero quién lanzará la primera piedra?
La adecuada interpretación del elenco, la idoneidad de su banda sonora, la limpieza de su trama argumental y su carácter de pionero le otorgan un crédito adicional.
[Leer más +]
5 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
¡Bravo!
Otra película de cine mudo colosal. Un regalo para todos los que hemos tenido oportunidad de verla desde que se hizo. Para mi, es una película de diez. Visualmente maravillosa. Innovadora. Con el ritmo de las películas de antes, que hoy en día nos pueden parecer en ocasiones lentas. Pero entonces el cine se entendía de esa manera. Hay que pensar que no había diálogo y por ello se dedicaba un tiempo a determinadas situaciones, para que todo el mundo las entendiera. Es ese tiempo el que hoy nos permite recrearnos en las magníficas interpretaciones que hacían aquellos actores. Que se puede decir en este sentido de Lon Chaney. Uno de los mejores actores, no solo del cine mudo, sino de la historia.

He disfrutado cada segundo y la película se va volviendo sobrecogedora. Eso, no lo ha conseguido una grandísima parte del cine sonoro.

Un lujo poder verla. Y no es fácil encontrarla en su totalidad. Si a alguien le interesa, quizás es más fácil por su título en inglés. Está en el cartel.

De nuevo. ¡Bravo!
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
7
De Alguien hay que Reírse
Pasa en todas las películas en blanco y negro pero, por algún motivo, en esta lo he notado más que nunca.
Una cualidad cromática fantasmagórica, que más que capturar la realidad, la deshuesa y barniza, reflejando crudamente su esencia, bellísima cuando es buena y terrorífica cuando se revela perversa.

'Él que Recibe el Bofetón' no es más que una fábula con moraleja.
Aunque, tal como está filmada, en la ausencia de diálogos blanquinegra, parece una alucinación, tan delirante como su protagonista Paul Beaumont, como si estuvieras viendo el hueco de su cerebro por el cual percibe la realidad.
Cuando era un prometedor investigador, le privaron de amor y oficio de un sonoro bofetón, al que le acompañó la risa colectiva: algo demasiado chocante para seguir tal cual con su vida.

Años después, su vida en el circo se organiza en torno a un espectáculo dantesco, donde recibe bofetón tras bofetón, repitiendo cada noche un particular purgatorio para ganarse el pan, ocultándose tras un maquillaje blanco que le permita recibir los golpes sin ser la persona que era.
Más allá de la tenebrosa lectura sobre la traición y la bondad, lo que se va quedando es un retrato increíblemente cínico del chiste del que nos reímos todos: alguien se queda abajo del todo, el que nunca ríe el último porque se le ha designado objetivo de la broma.
¿Cómo un hombre puede desear eso, noche tras noche? Tal vez porque ya no le queda nada por lo que sonreír, y el final de la broma es un sitio como cualquier otro, que alguien tendrá que ocupar.

La incomprensión, si hubiera que haberla, no va con Él, sino con una sociedad hiriente y maleducada, glotona de placeres, orgullosa ocultadora de los vicios y comerciante de sentimientos a los que nunca parece tomar en serio: para mayor simbolismo, solo hay que observar el viaje de ese corazón de tela, arrugado y mil veces remendado, que pese a ser del payaso pasa de mano en mano.
Hay una línea casi invisible que separa a los comediantes de la pista de esas respetables personas con traje, que se creen en potestad de romper sueños y esfuerzos con una carcajada.

Claro que, al final, me doy cuenta de que el circo estaba fuera, y el único cuerdo era ese payaso que se lo tomó de la única manera posible: como una broma que nunca acaba, hasta que te cierran el telón encima.
[Leer más +]
Sé el primero en valorar esta crítica
Ver críticas con texto completo