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8
POR QUÉ ME GUSTA STALKER, por un NO gafapasta
Género: Tarkovski. Subgénero: Tarkovski. Clase: cósmica
Aviso: he leído las críticas que se han hecho sobre Stalker. Me interesaba. En general, todas me parecen correctas. Quiero decir que entiendo que para algunos sea un puto rollo y para otras una obra "maestra". A mí me encanta Stalker. Creo que perdurará muuuuucho tiempo, pero jamás se la recomendaría a nadie. Como los últimos cuartetos de Beethoven o la música de Varese (por ponerme gafapastoso), hay que llegar por uno mismo. ¡Cómo vas a recomendar a alguien que vea Stalker!. Stalker es una película muy hermosa y vibrante, pero entiendo que a la mayoría le resulte aburridísima, como a mis hermanos, a los que una vez intenté aleccionar y desde entonces crearon el dicho, que me suelen recordar: "Eres más coñazo que Stalker". Pues eso es lo que hay. A Stalker no se llega a través de su innegable perfección técnica o en la búsqueda de sus muy diversas interpretaciones metacinematográficas, "cosmovisionistas" o lo que sea. Para mí es más fácil: hay algo en Stalker que tiene que ver más con lo sensitivo que con el puro análisis de cada uno de sus planos (que no son tantos si se comparan con el metraje), un goce del tiempo similar al de la contemplación de la lluvia a través de la ventana (otra vez gafapasta): no sólo disfrutas de la visión, saboreas el tiempo, sientes, de algún modo, físicamente, la humedad, hasta puedes olerla a pesar del cristal con doble aislamiento, y si no lo crees píllate un barómetro. No quiero soltar un rollo zen con todo esto: de verdad, no te recomiendo que veas Stalker pero si un día se cruza en tu camino y tienes la suerte de engancharte bienvenido al club. Fdo.: uno que nunca fue gafapasta.
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516 de 608 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Stalker: el escultor del tiempo.
Stalker se desarrolla en el gran momento de creatividad del director ruso, los años setenta. Además, es la última que realizó en la Unión Soviética antes de emprender su exilio voluntario a Italia, como consecuencia de las continuas presiones que recibia Tarkovski en la URSS fruto de la gran abstracción que estaba adquiriendo su cine -recordemos que la productora de nuestro director era Mosfilms. Tanto el exilio como su creciente abstracción quizás tengan una expicación que intentaremos elucidar en lo que sigue.

Tarkovski fue haciéndose consciente de forma paulatina de las tesis cinematográficas de Vertov, según las cuales el cine es un arte que goza de su propia autonomía con respecto a otras artes como la fotografía, la música o la literatura. Este proceso se fue plasmando progresivamente en sus películas, de modo que cada vez más las imágenes se desvinculan de una referencia exterior como pudiera ser una trama narrativa, o un relato mitológico, es decir, su cine cada vez se hace más autorreferencial; la fotografía, los planos, la dirección de actores, los sonidos rítmicos (que no sólo música) señalaban más a sí mismos que a otra cosa, a sus propias condiciones de posibilidad dentro de la articulación conceptual que supone el montaje de una película. ¿Por qué procedió de este modo el ralizador ruso? Lo hizo porque asumió que esta especificidad cinematográfica debía de verse reflejada en ceder al espectador la obligación de construir él mismo el propio contenido semántico de las imágenes, y eso es, pienso, a lo que se refería Tarkovski cuando hablaba de “lo absoluto en la imagen”. Uno siente verdaderamente la necesidad de construir el contenido de cada película de Tarkovski en su interior cuando la ve, por eso, él se zafa de la posibilidad de haber hecho una película, sensible de error o acierto, sino que elabora la via para que nosotros la terminemos de realizar en nuestro interior. En este sentido, no realiza globalmente una película, sino que anima a los espectadores a que haga cada uno la suya; en esto radica para el realizador soviético la auténtica sinceridad que todo artista ha de tener para con la obra de arte, la de no involucrarse únicamente él en la misma.
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253 de 306 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
UN DÍA EN LA VIDA DEL STALKER
1. El Stalker (en inglés, 'que se mueve al acecho') madruga y su mujer le reprocha el riesgo de volver a prisión.
Réplica: Para mí la prisión está en todas partes.
Es sherpa clandestino que guía a la Zona prohibida. Por paisaje herrumbroso, central nuclear al fondo (foto en sepia, metálica), llega a la Taberna donde aguardan el Escritor y el Profesor.


2. Atraviesan en jeep un dédalo de verjas, un control militar a balazos. Entran en la Zona de sucesos misteriosos.
Hubo un meteorito, o una visita extraterrestre, no se sabe.

Aprovechando un desastre del rodaje (gran parte del film se destruyó al revelar), Tarkovsky hizo a los Strugatski reescribir el guión hasta eliminar todo rastro de SF.

La Zona nada tiene de futurista: postes caídos, máquinas oxidadas, verde… No se rige por la física normal: es un sistema de trampas que cambian sin cesar, en interacción psíquica con los visitantes. Lo seguro puede tornarse amenazante, no según capricho sino en función de actitudes: las refleja como espejo tetradimensional de la conciencia.


3. El Escritor, artista egocéntrico, y el Profesor, tecnócrata de laboratorio, son intelectuales sin espíritu que ejercen un escepticismo estéril.
Busca la inspiración perdida uno, investigación meritoria el otro.

P: ¿Sobre qué escribes?
E: Sobre los lectores.
P: Para halagarles…
E: ¡Tú, con tu triángulo ABC y sus tres lados!


4. La Zona exige respeto, o castiga. Espacio no euclídeo, la línea recta no es lo más directo: se puede avanzar, y aparecer al principio, en bucle. La Habitación de los Deseos cambia de sitio cada vez. El camino se traza lanzando delante tuercas con cinta blanca, como sondas.

Reino del agua: constante goteo, chubasco, cascada, chorro, aguacero, chapoteo… Travellings cenitales de un suelo embaldosado e inundado; una caligrafía visual de impresionante poesía muestra lo sumergido: jeringuillas, monedas, estampas…

También constante el tren, silbido y traqueteo donde se engastan fragmentos musicales: Marsellesa, Wagner, Bolero, 9ª de Beethoven…


5. Se contraponen el saber abstracto y neurótico de los intelectuales, y el vibrante del Stalker, que pugna por mantener la esperanza.
Piensa en voz alta un pasaje del Tao Te King sobre cómo los hombres nacen suaves y blandos, y cuando muertos son rígidos y duros. Sueña una parte del Apocalipsis, la apertura del sexto sello y la llegada del Dies Irae. Sin saber que los otros escuchan ensimismados, pronuncia los versículos de Lucas sobre los discípulos de Emaús, y una ardiente apología de la música.


6. El afán del Stalker es que los guiados salven las trampas, tengan fe bastante, superen su fondo desabrido y pidan su deseo profundo, no el superficial que se formula de palabra.

No pide nada para sí. Le basta con llevar hasta allí a desesperados.

Y, si la jornada concluye, regresar agotado al mundo, entre la comprensión amorosa de la mujer y una muestra de por qué la silenciosa hija es un mutante, un heraldo.
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198 de 229 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Gilipolleces varias
“Hay que ser muy gilipollas para ponerle más de un 7 a esto”, afirma, muy seguro de sí, uno de los varios usuarios que recurren al insulto contra quienes admiramos este film. ¿Seré yo, entonces, que supero el límite en tres puntos, un gilipollas integral? Pues tal vez; desde luego, no hay por qué pensar que la hipótesis sea descartable a priori. En estos tiempos de promoción de la autoestima, siempre es de agradecer que le recuerden a uno una posibilidad de este tipo.

En todo caso, esas críticas insultantes que se leen por aquí contra los interesados en cierta clase de cine dicen, obviamente, mucho más de quienes las formulan que del objeto al que pretenden dirigirse; pero, sea como fuere, plantean un hecho interesante, digno de ser resaltado: nadie se siente ofendido por no entender una cuestión científica (a nadie se le ocurre llamar “mequetrefe” a Einstein --como hace el susodicho usuario con Tarkovski-- por haber formulado una teoría física incomprensible para casi todos), pero sin embargo no se admite que una obra de arte pueda ser compleja y difícil, y tampoco se admite, por tanto, la posibilidad de no entenderla. Curioso. La ciencia, envuelta en un aura sacra, puede ser patrimonio exclusivo de unos pocos, mientras que el arte debe ser perfectamente comprensible, y sin esfuerzo, para todos, pues, aparte de ese particular espacio acotado para el misterio profano, todo debe ser ahora fácil y evidente. Y así, la disposición a hacer un esfuerzo por conocer decrece en razón directa a la labor de los apóstoles de la transparencia. El desierto avanza, decía Nietzsche. Y lo dice también, con otras palabras, el propio stalker al final de la película. Aunque ellos no lo sepan, la furia de nuestros agresivos colegas viene a confirmar la perspectiva del stalker y, en definitiva, a dar la razón a Tarkovski.

Personalmente, veo la obra del director ruso, en especial a partir de “Solaris”, articulada en torno a tres temas esenciales: exilio, nostalgia y sacrificio. El último está menos presente en “Stalker”, pero los dos primeros forman la sustancia misma de la película. No me refiero, claro está, al exilio físico que sufrió en vida Tarkovski, sino al metafísico: la conciencia del alma de haber sido desterrada de una patria original, conciencia que atraviesa la historia de la humanidad desde los más antiguos relatos míticos hasta hoy. Tema especialmente presente en las corrientes gnósticas y con un postrer resurgimiento en el espíritu romántico con el que tanto comparte Tarkovsky. Análogamente, tampoco pienso en la nostalgia como añoranza de un pasado histórico, sino como anhelo de un estado del ser, perdido tal vez en las profundidades de una cierta “memoria ontológica” de la humanidad.

En esta película, ese “recuerdo”, objeto de la necesaria anamnesis, aparece presentado en una curiosa variante: la patria original --la Zona-- no preexiste al destierro, sino que más bien aparece en él tan repentina y bruscamente como la caída de un meteorito. Pero no habría que ver en ello tanto una inversión del modelo original, cuanto una influencia cristiana (la Zona como realidad crística que irrumpe en la historia como posibilidad eterna de reintegración en el Origen). No olvidemos que el cristianismo es decisivo en el cine de Tarkovski.

En todo caso, el stalker es un exiliado, se siente preso en este mundo (“en todas partes me siento como en la cárcel”, dice a su mujer), dominado por el anhelo de volver a la patria original, absorto por su “nostalgia de Absoluto”. El stalker sabe que su verdadero hogar está en la Zona (“Todo lo mío está aquí... en la Zona”, dice al Escritor). Conocedor de algo que los otros no quieren ver o no son capaces de ver, consagrará su vida a mostrar a sus semejantes lo que él sabe, pero terminará por constatar su más absoluto fracaso: la humanidad, extraviada y sin conciencia de estarlo, ha perdido todo interés por el retorno. Él está en el exilio, pero lo sabe; sus congéneres también lo están, pero lo ignoran; están en “el exilio del exilio”, donde ya no hay lugar para la nostalgia y, por tanto, tampoco para la esperanza.

Todas las películas de Tarkovski son autobiográficas, No en el sentido de narrar acontecimientos particulares de su vida (lo que sólo ocurre en “El espejo”) sino en el sentido de que sus personajes centrales reflejan sus preocupaciones existenciales más íntimas. La radical desesperanza del stalker respecto al mundo tiñe especialmente su cine a partir de este film. Las desencantadas palabras del protagonista a su mujer al regreso del viaje a la Zona están en la línea del discurso de Doménico, encaramado a la estatua de Marco Aurelio, en “Nostalgia” y del monólogo de Aleksander entre los árboles al principio de “Sacrificio”. Si en la primera parte de su obra Tarkovski está absorto en sí mismo (“Rublev”, “Solaris”, “El espejo”), en sus últimas películas parece que es su relación con el mundo lo que le preocupa de manera especial. Creo que, en este sentido, puede hablarse de una progresiva proyección al exterior de su interioridad y de una evolución hacia un desencanto cierto, aunque sin renunciar a la esperanza que le proporciona su convicción cristiana.

Hay un problema con Tarkovski que se plantea muy especialmente en este film, que me parece esencial, y sobre el que con frecuencia se pasa como de puntillas: el papel del simbolismo en sus películas. A menudo Tarkovski fue rotundo al afirmar que su cine no es simbólico, que él no utiliza símbolos (1): «La lluvia es lluvia, y el fuego es fuego, y punto». Sin embargo, son raras las críticas o los análisis serios de su cine que no se refieren al simbolismo --a veces, comprensiblemente, no sin cierto escrúpulo--. En definitiva, ¿hay o no hay simbolismo en Tarkovski? Pienso que estamos ante un equívoco del lenguaje generado por un uso restrictivo del término “simbolismo”, utilizado con sentidos muy distintos por filósofos de la religión, semiólogos, críticos de arte, etc.

(termino en el spoiler)
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100 de 112 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
El lugar
Con cuánta frecuencia he visto en el cine a edificios míticos vulgarizados por su paso al celuloide.

Stalker representa lo opuesto: a partir de un espacio anodino, crea un lugar. El lugar no es un espacio, ni un artefacto. Se refiere a una proyección mental de una emoción producida por el entorno.

Así que bienvenido a la zona, que no es nada en sí misma. No opongas resistencia a la invitación de Tarkovsky para adentrarte en el mito del sitio. Tu mente correrá el riesgo de quedar fuera de esa proyección, y el viento dejará de soplar en la habitación paralela.
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114 de 147 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Obra maestra absoluta
Tiene tanto escondido en su metraje, tantas posibles lecturas, nunca dejará de sorprenderme con cada nuevo visionado.
Muestra perfectamente la situación en la antigua URSS y las distintas maneras de enfrentarse a esa vida, tenemos al Stalker que es un ser exclusivamente espiritual y soñador, y luego el lado más racional del científico y el escritor.
Como juega con los colores para transmitir el estado de ánimo, dentro de la ciudad, dentro del régimen, es todo gris, el paraiso socialista que no lo es tanto, como las personas renuncian a algo mejor por que alienados creen que no hay nada más.
La Zona yo pienso que es la libertad es su mas puro siginificado, una sociedad libre donde poder vivir, pero claro conlleva que sea utilizada adecuadamente, por ello el científico pretende destruirla por que puede caer en malas manos.
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70 de 85 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Yo he visto mi Stalker, ¿y tu?
Es la primera crítica que hago de una película pero no lo podía evitar, necesitaba escribir sobre esto.

Me preparé a conciencia para ver esta película, acababa de ver un bodrio de ciencia-ficción ("Los sustitutos") y el cuerpo me pedía revancha, así que de repente me fijé; "Stalker" hacía tiempo que la quería ver pero no estaba seguro así que me puse a leer críticas, principalmente las que la tachaban de aburrida, algunas decían: "escenas de 10 minutos cuando podían durar 30 segundos", otras: "ladrillo" y después estaban las críticas buenas, dónde podía leer a mucho sufridor de "intelectualitis" así como otros que daban una imagen mucho más creíble. Así que me puse cómodo y le di al play.

Tan pronto como una escena se hacía "larga" recordaba aquella crítica y en otros momentos recordaba la de ladrillo. De pronto, sin darme cuenta, cuando pensé que habían pasado 20 minutos de película había terminado la 1ª parte. Entonces empecé a entender que lo que estaba viendo no era una película convencional, puse la 2ª parte y fui entendiendo "Mi Zona" y digo ésto porque la película hace que tu hagas "tu Zona" en tu cabeza mientras la hermosa fotografía te envuelve, y me di cuenta de que, como dicen en la película, fui débil y dócil y me dejé atrapar por "Stalker", mucho tiempo para pensar para entender pero no para entender la película si no para entender tu película. Y es que el "Stalker" que vi yo hace una hora no es el mismo que veré el día que la vuelva a ver porque, al igual que en teatro, no hay dos funciones iguales, con Stalker pasa lo mismo: no hay dos zonas iguales.

Mi puntuación de 10 no es un 10 convencional no es el mismo 10 que le daría a "El Padrino" ni a otras obras le doy un 10 simplemente porque no existe una opción fuera de la numeración "Stalker" y "La Zona" no es una película, sino un estado de ánimo.


Como bien dice una de las críticas que leí: a mi me encanto pero jamás se la recomendaré a nadie a "Stalker" tienes que llegar tú, por eso entiendo perfectamente a la gente que le encantó y a la gente que la odia.
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52 de 58 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Palabra de stalker
Uno de los motivos por los que me encanta la ciencia ficción es por ese tremendo potencial metafísico que muchas de sus pelis contienen de forma implícita. Y aunque huelga decir que “Stalker” posee esa capacidad a raudales, no le hubiera ido nada mal a la peli de Tarkovski aderezar su carga metafórica y su irreprochable planteamiento estético con algún que otro viso de acción. No me refiero, obviamente, a trepidantes persecuciones ni a deslumbrantes efectos especiales. Me refiero a eso que Hitchcock denominaba ‘McGuffin’. Algo que sí poseen (en mayor o menor grado) mis tres pelis de sci-fi favoritas: “Blade Runner”, “2001” y “El planeta de los simios” (otra peli con ‘zona prohibida’, por cierto). Un mínimo armazón argumental sobre el que poder articular una historia. Un minúsculo asidero que permitiera al espectador sobrellevar con cierta dignidad esos letárgicos trances por los que transitan los tres protagonistas de la peli durante su ‘breve’ incursión en la zona. Digo esto porque si bien todas las disquisiciones filosóficoreligiosas planteadas y debatidas entre el escritor, el profesor y el stalker me parecen interesantísimas, la permanencia de estos tres personajes en la zona se me antoja, a la postre, excesivamente farragosa.

Las razones, a mi entender, son obvias. Para empezar, desconocemos el móvil que induce a los dos ‘clientes’ del stalker a visitar la zona. Un móvil que Tarkovski no se molesta en dilucidar y que, a tenor del escepticismo de ambos, parece extraído de la nada. Afortunadamente, la figura del stalker, del hermeneuta, confiere al corpus del film la consistencia de la que carecen el escritor y el profesor. La cosa, sin embargo, no acaba ahí. Temeroso de no atolondrarnos suficientemente, Andrei va más allá y nos engaña con una intrigante amenaza que termina por diluirse como un azucarillo porque, sencillamente, es inexistente. Y aunque respeto ese manido recurso que dice ‘todo está en nuestra mente’, qué queréis que os diga... A mi no acaba de convencerme, vaya. Si a todo esto le añadimos un ritmo cansino y un metraje desmedido, entenderemos a la perfección que esta peli, sin tener nada de malo, es un producto exclusivamente diseñado para gafapastas* que disfruten reinterpretando las paranoias del ruso. Palabra de Taylor, stalker profesional en el planeta de los simios (aka La Tierra). Un saludo.
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49 de 63 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
Zona: la plegaria de Andrei
“I watched the film until the film itself became a kind of blindness.” (G.C. Waldrep, citado por Geoff Dyer en su libro ‘Zona’)

Vi la película hasta que la película misma se convirtió en una especie de ceguera. Algo así se experimenta –o yo he experimentado– al ver Stalker sucesivas veces. Hay visionados en que todo encaja: la suciedad del mundo blanco y sepia, el paso al otro lado, cuando todo pudiera estar aconteciendo en la cabeza de quienes viajan. La naturaleza en continuo e inquietante fluir, a la espera, agazapada y huidiza, hermosa y temible. La atmósfera de irrealidad, el territorio del sueño. La luz interior del guía-sacerdote, un simple –tan distinto de los más complejos científico y escritor–. Esos días, entramos en la Zona. Y la Zona existe.

Otras veces, buscamos, a trechos siempre oblicuos, permanentemente inciertos. Y no damos con la puerta. Nos recibe un páramo desierto.

Dice Andrei Tarkovski: “A menudo se me ha preguntado qué representa la Zona. Sólo puedo dar una respuesta: la Zona no existe. Es el propio Stalker quien ha inventado su Zona. La ha creado para poder llevar a ella a ciertas personas muy desgraciadas y ofrecerles una idea de esperanza. La habitación de los deseos es igualmente creación del Stalker, una nueva provocación contra el mundo material. Esa provocación, construida en la cabeza del Stalker, es un acto de fe.”

Sustituyan Stalker por Tarkovski.

El director ruso rechazaba los acercamientos intelectuales, aun cuando en su cine abunden los personajes dados al razonamiento. Como en el Fausto de Pessoa, la inteligencia pierde la partida. Encuentro al final de la monografía de Antoine de Baecque para la colección “Auteurs” de Cahiers du cinéma, una cita de ‘Esculpir en el tiempo’ que enseña quizás como ha de verse esta película:

“El poeta es un hombre con la imaginación y la psicología de un niño. Su percepción del mundo es inmediata; no describe el mundo, lo descubre.”

La Zona está delante de nosotros y en nosotros. Tiene la extensión exacta del cine de Tarkovski. No se llega a ella a través del intelecto. Es un lugar anodino y encantado. Un espejo en que mirarse y descubrirse. Igual que una ceguera.

“Everything just is. Or isn’t. But may be.” (Geoff Dyer)
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36 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Impresionante primera parte, pero se alarga demasiado (6.8)
Los primeros minutos son demasiado lentos. Luego, mejora mucho, dando protagonismo a una fuerza visual impresionante en la parte de la incursión en La Zona; con unos peligros invisibles que acrecientan sobremanera el interés del espectador. Y a partir de ahí va perdiendo fuelle lenta pero inexorablemente con los típicos devaneos filosóficos, salvo en la parte del túnel.
Los actores están perfectos, sobre todo el stalker.

Tarkovsky no aprovecha el cine como debiera. Existe un conocido aforismo atribuido al filósofo de existencia controvertida Lao Tse que dice que "una imagen vale más que mil palabras". Hombre, creo que no siempre es aplicable –como dijo Al Ries, "esta frase de Lao Tse se recuerda porque Lao Tse la dijo, no la dibujó, ni la fotografió, y mucho menos, la filmó"–, pero sí en la mayoría de los casos; éste, por ejemplo. ¿No hubiera sido mejor retratar con la cámara la vida marginal del stalker en el lado civil (al principio, por ejemplo) en lugar de hacerlo con uno de esos monólogos tan aburridos? La duración final sería la misma, pero el resultado, mucho más ameno e igualmente profundo.
Lo siento pero no pude evitar "reírme" por lo ridículamente artificial que me resultan algunos de esos monólogos. Me gustaron mucho más los diálogos de la parte buena; por ejemplo, cuando acaban de llegar por las vías de ferrocarril al frío paraje y el profesor y el escritor hablan sobre el difunto Puercoespín y otras aclaraciones.

En mi opinión, este tipo de directores con inquietudes filosóficas SUELEN tener unos problemas gravísimos con la duración de sus películas y con el manejo de las situaciones y los diálogos.
Me parece un claro síntoma de "intelectualitis" el de aquellos que SÓLO valoran este tipo de cine.
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66 de 99 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Ciclo Tarkovsky. Serie de críticas con la colaboración especial de mi amigo Andreas Gafapastis de traductor, pues sin su inestimable ayuda no me entero (1)
15 de septiembre 18 horas 7 minutos, me encuentro en casa o en la luna, no creáis que lo tengo muy claro, pues estoy completamente empanado, acabo de ver “Stalker” junto a mi amigo Andreas Gafapastis, él sonríe mirando mi cara bobo, yo miro embobado a la tele sin creerme todavía lo que he visto.

Gafapastis: ¿Qué Anti? ¿Te ha gustado?
Antipseudo: No tengo ni puta idea colega
Gafapastis: Es arrebatadora ¿Verdad?
Antipseudo: Si, de energía vital y cerebelo, me lo ha dejado tostado.
Gafapastis: ¡Ja,ja,ja! No es para tanto.
Antipseudo: Es para más.
Gafapastis: Bueno, a lo que he venido ¿La has entendido?
Antipseudo: Lo mismo que a un tartaja comiendo polvorones.
Gafapastis: No es tan complicada.
Antipseudo: Podría ser peor, podrían haber puesto una voz en off de Ana Obregón
Gafapastis: ¿Has entendido a los personajes?
Antipseudo: Hombre pues más o menos, un científico colgado, un escritor ido y
Un Stalker un tanto capullo.
Gafapastis: No simplifiquemos, el científico representa el raciocinio, el escritor representa la imaginación y Stalker el deseo, la creencia total, la fe.
Antipseudo: Pues son unos plastas los tres de tomo y lomo, para mí el científico expresa el dolor de cabeza, el escritor la gilipollez absoluta y el Stalker el patetismo total.
Gafapastis: No la has entendido bien.
Antipseudo: ¡No te jode! ¡Soy un ser humano! Hay cosas que solo quedan para los gafapastas como tú tronquete.
Gafapastis: Ten en cuenta que Stalker no se conforma con el mundo que le ha tocado vivir y sueña cada instante en vivir en ese mundo idílico que representa “La zona”
Antipseudo: Pues mi mundo idílico después de ver este tostón es el bar de la esquina, y a mi no me persigue nadie por conseguirlo.
Gafapastis: Simplificas la vida.
Antipseudo: Si, a cervezas, y aún así me tengo que beber 20 barriles para coger un cuelgue tipo Tarkovsky. Como mucho me cojo un globo tipo Tascosky (tasca en ruso)
Gafapastis: Bueno pues la conclusión final para mí de la película es que los personajes de Stalker adentrándose en “La zona” se encuentran cara a cara con sus más anhelados y temidos deseos, sus más íntimos sentimientos, y la película trata de eso de sentimientos y el miedo a enfrentarse a ellos.
Antipseudo: Si es verdad lo que dices, pues yo lo dudo, lo podía haber contado en cinco minutos el colega y no hacerme acabar con todas las cajas de aspirinas que había en casa.
Gafapastis: Pero reconoce que es una película bella
Antipseudo: Como el culo de una camella
Gafapastis: ¡Ja,ja,ja! ¿Pero no te ha gustado nada?
Antipseudo: Gran fotografía, ambientación al menos curiosa, deprimente y bella pero ininteligible y pesada película. Aprobado.
Gafapastis: Mañana toca “El Espejo”
Antipseudo: Como sois los nazis ¡Que martirio!

Sigue en spoiler no cuento nada
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85 de 138 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
El hogar
Si tu entrada en la 'Zona' ha sido circunstancial o accidental, si sólo 'pasabas por allí', no habrás visitado ningún lugar. Todo es hojarasca seca, lodo y metal oxidado.

Si tu entrada ha sido voluntaria, desesperada, rogando respuesta a una pregunta aún no formulada, Tarkovsky habrá escenificado aquello que ves al cerrar los ojos, con la única presencia de tus demonios, que bloquean el espacio entre el infinito y tú.

Tarkovsky no puede hacer milagros. Si no calzas tus botas y levantas asiento, no hay viaje. No volverás de la 'Zona' porque ni siquiera la pisaste.

...

"— Querida mía, el mundo es demasiado aburrido. Por eso no hay ni telepatía, ni fantasmas, ni platillos voladores. Nada de eso puede existir. El mundo se rige por leyes rígidas como el hierro colado y eso es muy aburrido. Desgraciadamente, nadie viola esas leyes. No pueden alterarse (...). En la Edad Media era más interesante. Cada casa tenía su duende, y cada iglesia su Dios. ¡La gente era joven! Ahora, uno de cada cuatro es un viejo. ¡Oh, qué aburrido es todo eso, mi ángel!"

'Stalker' no es ciencia ficción.

Es realidad esencial, cotidiana, antiquísima. La 'Zona' ha sido pisada por millones. Todos en busca de...

Están los que huyen rápido de ella. Y la inmensa mayoría, que morirá sin haber pasado una noche allí. Y los últimos, quienes la toman como su hogar.

La 'Zona' es ese fin del viaje que uno emprende dentro de sí mismo. Y el fin no es respuesta. Es saberse encarcelado pero, además, conseguir la proeza de palpar con una mano los barrotes.

"¿Volver a prisión? En cualquier sitio me siento como en prisión"

...

El agua, y bajo ella el espeso barro que sepulta recortes de periódicos, objetos personales, monedas de oro...

La implacable fuga hacia la 'Zona'. Del mundo real a los límites de la moral; perseguidos por feroces uniformes de chaqueta y medalla, que buscan que no salgas de allí, que no te preguntes, que no sepas.

El perro, silente guardián, en la retaguardia, recordando que aún existe un nexo con el mundo, un paso hacia atrás.

La dimensión orgánica. Los rostros del Científico, del Escritor y del Stalker, manchados de barro. Peces minúsculos moviéndose alrededor de los pies. Pequeños gusanos reptando por el dorso de la mano.

...

La 'Zona'; cambiante, ingobernable. La descomposición de todo, hecha hombre. Las certezas en la cúspide de un árbol inalcanzable. Ésta película, al final, no estaba hecha para el Escritor, ni para el Profesor. No era de ellos este viaje. El verdadero Stalker lo es antes y después de estos 150 minutos. Para ellos, pues; para nosotros, es éste hermosísimo film, con el que volverse a asomar al vacío.

Gracias.
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35 de 39 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
SENSATEZ Y SENTIMIENTOS.
Me resulta una tarea difícil comentar o criticar Stalker, porque todavía no aprendí a poner en palabras lo intangible de los sentimientos ni lo misterioso del ser humano. Es una obra tan profunda y tan simple, tan inmensa e intensa que sólo comentaré lo que pude percibir y nada más. No sé nada de cámaras, de iluminación, de sonido ni tampoco estudié cine ni periodismo, soy una simple aficionada que adoro el cine más que cualquier otro arte. Creo que si hubiese visto Stalker cuando tenía 20 años no la habría terminado de ver, es más, hasta me hubiese muerto de risa con el afiche porque el dibujo es feo y se parece a mi vecino Adolfo. Los años me dieron la paciencia para descubrir la obra maestra de Tarkovsky y poder apreciarla de verdad, y deleitarme con un cine que es de lo más difícil que he visto en mi vida. Stalker no sólo requiere paciencia, pide también una concentración, una espera, una observación constante y absoluta. En éstas épocas de control remoto y de cine en casa creo que pocas chances hay para cualquier película de Tarkovsky porque podemos detener a nuestro antojo o poner stop y quitar del dvd la cinta y pasar a otro tema. Por suerte algo me hechizó desde el vamos, la fotografía imponente, las actuaciones perfectas, las atmósferas creadas, la hermosura donde no la hay. Porque todo el film es acuoso, pantanoso, no hay paisajes soñados, y sin embargo el director encuentra la hermosura en el agua podrida, en las habitaciones derruídas, en los escombros, en la basura y la podredumbre. Es la exaltación de los sentidos. Algo que he notado en Stalker es la formulación constante de preguntas, en la indagación permanente de la condición humana de su fé y sus creencias. Jamás la recomendaría. Estoy de acuerdo con que a Tarkovsky no debemos buscarlo sino encontarlo. Entiendo que mucha gente encuentra pretenciosa y aburrida la película y es lógico, insisto, yo tampoco lo habría tolerado en otro momento de mi vida pero hoy me maravillo ante el cine más personal y arriesgado; casi rozando la perfección Stalker nos ofrece una visión distinta, filosófica y descarnada del ser humano. Demandante como ningún otro el ruso se ríe de las bases del entretenimiento y nos obliga imperativamente a la reflexión y a la contemplación sin escalas, y la verdad una le agradece semejante honor.
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30 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Tan entretenida como ver llover por la ventana
Haciendo un repaso por críticas anteriores de esta película (todo son nueves, dieces y gente llenándose la boca con que estamos ante una obra maestra) lo fácil para mí sería hacer como en el cuento y decir que el traje del emperador es precioso.

Seguramente, la película sea un referente para los que estén estudiando dirección de películas (si es que existe tal carrera, hoy día hay carreras universitarias para cualquiera) o para los profesionales del mundo del cine que vean en ella nuevos caminos técnicos, narrativos o interpretativos. Como espectador normalito (de a pie, vamos), yo recomiendo pensárselo dos veces antes de emplear 2 horas y media largas viendo "Stalker". Bueno, no, directamente lo que recomiendo es no verla a no ser que a) te guste el cine de David Lynch b) te entretenga estar dos horas mirando llover por la ventana.

La película es original, bien interpretada y técnicamente impactante (sobre todo el aspecto visual). El problema es que más que una película es una obra de teatro rodada en exteriores; con un director que enlaza planos de tres minutos enfocando un charco con planos de cinco minutos de las copas de los árboles agitadas por el viento; con actores que no dudan en hablar directamente a la cámara (el espectador) como si estuvieran recitando un monólogo y con una completa carencia de cualquier elemento relacionado con una intención de entrener al espectador.

Lenta como ella sola. Hay que hacer auténticos esfuerzos para aguantar hasta el final y, por lo menos, ver en qué acaba la cosa. La historia es interesante, pero seguro que es mejor leer el libro. Para mí, su nota real es un 3... Pero no me atrevo a suspenderla, porque seguro que luego los empollones y los kulturetas me insultan.
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68 de 113 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La excursión
La quedada será en un bar cerca de la Filmoteca, pongamos a las 17:30. Las instrucciones para los que ya han estado son claras, y tendrán que transmitírselas a los nuevos: cuanto menos equipaje mejor, y quedan prohibidos brújula y reloj; si tratas de encontrarte, te perderás. Cuidado con las trampas racionales, pues nos podrán expulsar. La línea a seguir será mente cerrada y poros abiertos.

Lástima que en la Zona los caminos no sean rectos.

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Ya estamos. Todo es como lo recordaba. Dejamos el ocre de la realidad por el verde acuoso del paisaje con niebla. Tras ésta, la casa donde está la habitación: nuestro destino. El envoltorio sonoro está poblado de pájaros, de agua y vida, pero también de frecuencias extrañas. Ruidos que sugieren presencias ajenas a la naturaleza pero no a la Zona, un orden oculto que vigila todo cuanto pasa aquí. Tira una tuerca; la excursión ha comenzado.

Nos encontramos con múltiples rastros humanos. Coches y tanques decrépitos, jeringuillas, estampitas, anotaciones, palabra y verborrea. Oímos el eco constante de ciencias y letras enfrentadas, echando un pulso mientras la fe llora, desconsolada, rezando para que la habitación conceda ese deseo que dé esperanza a un mundo que ya no la tiene. Ahora bien, no se cumplirá el deseo que elijamos, sino el que realmente queremos, nuestro más íntimo y quizá oculto. Abriremos la puerta a nosotros mismos... Si nos atrevemos. Hasta aquí la emoción intelectual del viaje (¡era una trampa!), vamos con la emoción corporal, que es la que en verdad me interesa. Tira otra tuerca.

Para permanecer en la Zona tendrán que sacrificarse tesis y moralejas. Si lo conseguimos, la cabeza nos mostrará un campo y polígono industrial rusos, pero el cuerpo habitará en un lugar transformado, por meteorito de genio, en milagro. Se extenderán los túneles, los espacios se dislocarán y el tiempo dejará su trono. Quedará una lógica secreta que no podremos comprender, tan sólo respetar. Última tuerca.

El umbral de la habitación está ya frente a nosotros. El fin de todo esto, la razón última de tanto esfuerzo. A sólo unos pasos. Mente y cuerpo no se pueden contener y piden a coro un clímax de emoción, un sentido. Algo.

Y, de repente, lluvia.

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De vuelta al bar, al ocre. Hemos venido por el mismo sitio de la ida, pero ya no es el mismo sitio. Las 20:11. El cansancio es desproporcionado, tanto para los que entraron como para los que no. De premio, una coda. Se confirma la petición de esperanza, de ilusión que nos salve a todos. Nos piden que creamos. ¿En Dios? ¿En la humanidad? No lo sé, pero yo lo tengo claro.

Yo creo en la Zona.
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29 de 36 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La separación entre dos puntos
Mirando al suelo. Sea tierra o sea cemento. Aunque no lo oiga, las tablas crujen tras mis pasos. Stalker soy yo y si quieres también puedes ser tú. Ahora, amigo, sígueme.

¿Cuánto de cerca me quieres?
Lo que puedas.
¿Cuánto de sucio me pides?
Lo que quieras.
¿Y si todo cambia?
Entonces estarás en el camino correcto.

No existe más arte que la separación entre dos puntos. Que quieras trazar una línea o prefieras unirlas con “El Juicio Final” sólo depende de tu vocación como artista.

Stalker lo avisa: recto es de cobardes.

Y una vez llegas. Una vez manchas la brocha para la última pincelada ¿qué nos queda?
La ausencia.

Tal vez lo mejor es no llegar jamás al segundo punto.

¿Qué es Stalker?
Chico, creí que todo quedó claro. Stalker es la separación entre dos puntos.
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32 de 43 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
He visto Stalker!
A tus padres:
-He visto Stalker!
-Sí, hijo. ¿Y no has visto dónde he dejado mis gafas?

A tus amigos:
-He visto Stalker!
-Muy interesante, ahora deja de hacerte el rarito y ni se te ocurra contarnos de que va. Friquibón!

A tu novia:
-He visto Stalker!
-Me tienes hasta los ovarios, a ver si te entra algo de energía en el cuerpo algún día!!

A un guardia urbano:
-He visto Stalker!
-Circule, cojones!! ¿No ve que está en verde?

A Sánchez Dragó:
-He visto Stalker!
-¿Y no te ofende?

A un bolchevique:
-He visto Stalker!
-Da, camarrada! Gloria al imperio soviético y a sus artistas más vanguardistas!

A un replicante:
-He visto Stalker!
-Y yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Thanhausser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

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Creo que no somos tan palurdos para no haber entendido el mensaje cinematográfico y la parábola del mequetrefe ruso sobre la falta de fe del hombre. Largas y lentas secuencias intentado mostrar ¿la realidad del tiempo?, un tono sepia descafeínado y la machacona ideología tarkovskyana de que el sufrimiento y el sacrificio son imprescindibles para que el hombre llegue a la plenitud en vida, son sus principales bazas para embaucarlo.

La hemos entendido. No hemos impregnado de ella con la mente abierta.

Hay que ser muy gilipollas para ponerle más de un siete a esto.

-Chicossss... he visto Stalker!
-Déjame dormir, payaso!!!!!!!
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130 de 243 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
La moral del Hacedor.(Dialéctica interior parte II)
“Ya que se me pasó por descuido en mi crítica número 100, quiero empezar agradeciendo a Pablo Kurt y Daniel Nicolás, auténticos reyes de Siracusa, la oportunidad que me dieron de cultivar mis opiniones en un pequeño arriate de su inmenso jardín virtual.

Gratitud y afecto.”

En las teorías religiosas, metafísicas o incluso científicas en las que el hombre se ha embarcado, el enfoque de los estudios es , principalmente, discernir sobre la existencia de un ser Creador. Tartosky nos cierra esa posibilidad de conjeturas: Dios existe y está conteniendo en recinto limitado. Quizás este última afirmación sea exagerada; quizás no sea Dios o Hacedor, sino más bien una muestra de él. Me gusta creer que si “la zona” tiene connotaciones metafísicas o religiosas, es más excusable generalizar de esta manera tan peligrosa proponiendo que Dios nos manda, en ese meteorito, una muestra de su Ser con todas sus propiedades intrínsecas para que el hombre pueda estudiarle o incluso interaccionar libremente. La muestra, al fin y al cabo, es limitada y contenida en un “cuarto” y Dios sería- en caso de existir- ilimitado y contenedor de todo.

De esta manera, la propuesta de Tartosky se torna en su vertiente más metafísica hacia otra fuente de estudio: ya que Dios existe, ¿cuál es su modo de comportamiento o su conducta? ¿Qué normas sigue?¿ Las hemos de tomar como Dogma de su religión?¿ Es Dios piadoso que perdona las violaciones de las normas, o es un Dios vengativo o intransigente? Y en estas preguntas el trío protagonista Stalker (profeta), Científico e Intelectual, son paradigmas de cómo el hombre afrontaría estas preguntas.

Si Dios existiera, en base a su moral tendríamos cuatro tipos de entidades:
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33 de 49 usuarios han encontrado esta crítica útil
10
EL CINE MÁS EVIDENTEMENTE CINE
Una obra bella, fascinante y turbadora. La profunda impresión que producen los filmes de Tarkovsky incluso entre aquellos espectadores que no se cuentan entre los admiradores del genial director ruso, se debe no sólo a los problemas existenciales que en ellos se plantean, no sólo a la profundidad de los diálogos, ni tampoco a la singular e impactante belleza de sus imágenes (que son algo más que el resultado de una “bella fotografía”), sino a la gran carga semántica de las mismas. Toda gran película parte de un buen guión, pero en los filmes de Tarkovsky no todo está en el guión, no todo está en el texto; ni siquiera lo más importante. El significado profundo está en las imágenes. Es el caso del filme “Stalker”.

El cine de Tarkovsky es el cine más evidentemente CINE. Nadie ha sabido trabajar con la imagen como él. Tarkovsky tenía la capacidad de convertir cualquier elemento cotidiano u ordinario de la realidad, por antiestético y privado de vida que pudiera inicialmente parecer, en un objeto estético atractivo para los sentidos y cargado de significado. Y la impresión es tanto mayor, cuanto que el gran director ruso no recurre en su obra a los deshonestos y torpes artificios del surrealismo. Como artista, como creador, Tarkovsky se sitúa en la realidad, parte de la realidad y trabaja con los elementos de la realidad, profundizando en ella, sin inventarse nada. “La imagen –dijo él- está uncida a lo concreto y material, pero llega por caminos misteriosos a regiones que están más allá del espíritu."

Alguien lo ha expresado muy bien aquí con su comentario, manifestando que “en el cine de Tarkovsky las imágenes se desvinculan de una referencia exterior como pudiera ser una trama narrativa, o un relato mitológico, es decir, su cine cada vez se hace más autorreferencial”. El pensamiento de Tarkovsky era en su conjunto metafórico, pero su específico lenguaje cinematográfico consiste en una refinada metonimia que muestra con detalle los fenómenos de la naturaleza, de la realidad terrenal: la lluvia, el agua, su burbujeo, el murmullo de la hierba, el movimiento de las algas animadas por la corriente, el viento, el fuego… Tarkovsky mostraba todos los elementos de una manera natural y palpable.

Toda obra de arte existe para el disfrute, para el deleite; no para el sufrimiento ni la autoflagelación intelectual. Otra cosa es que la obra de arte requiera del espectador (del lector, del oyente, etc.) una particular predisposición. No todo momento invita a escuchar una sinfonía de Beethoven o a leer una novela de Dostoyevsky. Teniendo en cuenta esta elemental consideración, recomiendo encarecidamente a todo vulgar mortal esta obra maestra que es el filme “Stalker”.
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27 de 37 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Guiando destinos, destruyendo creencias
Unos sencillos escenarios sirven para avanzar en el más complejo sentimiento. Y es que lo complejo es avanzar, acercarse a las verdades más ocultas del ser humano, el miedo a conocer las necesidades nunca reconocidas, los deseos más recónditos de nuestro ser. El miedo puede mover a las personas, y en esta historia todos tienen miedo.

Superado el hecho de ver una película en ruso subtitulada, puedo decir que es una maravillosa historia, que la poesía mostrada por las imágenes y por los diálogos es sublime, que no puede dejar indiferente su lentitud, de hecho, es totalmente necesaria, y que la ficción de la historia, la hace realmente humana.
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24 de 31 usuarios han encontrado esta crítica útil
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