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5
Memorias y divagaciones
Hay películas que podemos calificar como ‘muy francesas’ sin tergiversar su contenido ni prejuzgar su calidad. Y, sin embargo, en este caso, todas las connotaciones y asociaciones que uno pueda hacer sobre la cultura gala – cierta ampulosidad literaria, el tomarse demasiado en serio y la convicción en su apabullante superioridad, la certeza en su trascendencia intrínseca, su exceso de sagacidad y artificio – acaban siendo ciertas en este caso y están a punto de ahogar una propuesta que desde parámetros más humildes, sin tanta afectación, sin tanto regodearse en su valía diferencial, podría haber dado lugar a una interesante cinta sobre la nostalgia adolescente, sobre los tiempo pasados, sobre la importancia del primer amor, sobre la frustración de la pérdida…

Pero estamos ante una acumulación de tópicos manidos – una diarrea verbosa que resulta cansina, largos parloteos a cámara que parecen una parodia de sí mismos, una voz en off que repite, subraya y señala lo que ya estamos viendo en pantalla – que lastran el conjunto y lo vuelven en un catálogo de cómo no se deberían de hacer las cosas si se pretende alcanzar un mínimo de complicidad por parte del espectador. Es una prueba de resistencia que se alarga durante dos premiosas horas sin ir a ninguna parte, sin crear una atmósfera de añoranza o melancolía digna de tal calificativo. Recordar lo que se perdió puede ser fuente de dolor, inspiración o desengaño, salvo que resulte una mera treta falsaria que nos pretende convencer de lo inexistente.

Además la película arranca como un falso policiaco (que se evapora, de repente, sin más), para luego ir encadenando retazos y fragmentos de un pasado que no se sabe muy bien qué efecto han tenido en el personaje central que los evoca a su conveniencia y libre asociación. Lo que vemos resulta arbitrario, lo que se nos hurta en la narración parece más interesante pero nunca lo sabremos con seguridad, los padres deambulan sin peso específico, las amistades vienen y van como trenes en la noche, el protagonista estudia antropología como podría haber practicado submarinismo o alpinismo o haberse dedicado a la física cuántica. Uno más de esos equívocos senderos que llevan a un callejón sin salida ante el cual el espectador no le queda más remedio que claudicar, impotente.

Hay un cierto discreto encanto en la historia intuida, pero es poco más una intención, una promesa de bondades por venir, que no acaban de materializarse nunca. Resulta extenuante y pretenciosa. Un obtuso intento fallido.
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29 de 38 usuarios han encontrado esta crítica útil
4
Juventud sin esperanza
La filmografía de Arnaud Desplechin sobrepasa la decena de trabajos. “Tres recuerdos de mi juventud” ha sido su última película estrenada entre nosotros y ha supuesto su reconocimiento definitivo. Fue premiada en Cannes en la Quincena de Realizadores y como guinda, consiguió ser nominada a once Césars del cine francés, obteniendo solo un premio, pero uno de los más importantes, el de mejor director. Es profeta en su tierra y ha sido comparado por algunos con el mismísimo Truffaut. Toda una exaltación, apoyada por gran parte de los críticos y usuarios y con los que siento mucho discrepar, sobre todo porque ya me gustaría haber “descubierto” que Truffaut tiene, tras décadas desde su desaparición, un sucesor de su línea de trabajo o en su estilo.
Y es que tengo la sensación de algo chocante que pasa desde hace tiempo en el cine francés. Tan elitista como exigente como fue, el cine francés ha ido concediendo licencias y reconocimientos ha directores que plagian obras ya existentes en su cine, carentes de originalidad y cercanos a la pedorrez más criticable. En este sentido el film de Desplechin es indudablemente francés, pero en su concepto más negativo, ya que resulta cargante y muy pretenciosa. Es un anacronismo, tanto por su planteamiento como por su desarrollo.
Arnaud Desplechin y Julie Peyr firman el guión, estructurado en tres partes, tres recuerdos y un epílogo. Los dos primeros recuerdos, los más logrados, son más concretos y breves que su tercer recuerdo, el que realmente ocupa casi todo el metraje y en el que se producen los baches narrativos y reiteraciones. Dicho sea de paso, eso de tres recuerdos quedan bien como título, pero realmente las dos primeras historias quedan ensambladas en la historia tercera, por lo que es un recuerdo con ramificaciones. Y su guión posee unos personajes sin garra, que no van a ningún lado. No es el “ni contigo ni sin ti” pasional de Truffaut, a mí se me asemeja más al dicho de la Gata Flora, con cierto aroma “intelectual”.
Para ello se ha contado con un casting de “qualité” en el que figuran el versátil y también venerado Mathieu Amalric, que a veces se le permite pasarse, saturando, o el gran André Dussollier, aquí desaprovechado, combinado con nuevos rostros como jóvenes protagonistas, ambos nominados como mejores actores revelación, Quentin Dolmaire como Paul Dedales, con un parecido lejano a Olivier Martinez y Lou Roy- Lecollinet como Esther, más cercana a Laetitia Casta que a la imagen del mito perseguido de la Bardot.
El trabajo de Irina Lubtchansky a la fotografía es curioso, por su variedad de tonos, aunque innecesarios los fundidos emulando al citado autor de “Los 400 golpes”, como su pantalla dividida en algunas ocasiones, para hacerla más “chic”, digo yo, porque no veo otra justificación, mientras que la labor de Gregoire Hetzel en la música a veces me molesta, quizás porque utilice música y el clima de Georges Delerue, evidenciando las costuras que pose el film y sus pretensiones. No le doy el aprobado, porque consiguió aburrirme, rematando con un final que se veía venir y que podía haberse producido antes, ahorrándonos algo de metraje.
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24 de 32 usuarios han encontrado esta crítica útil
9
Aquellos ojos verdes (que yo nunca besaré)
La muy notable “Trois Souvenirs De Ma Jeunesse“ presenta a modo de flashback la vida pretérita de un antropólogo, deteniéndose especialmente en su adolescencia y juventud, etapa capital en la que conoció al amor de su vida. Desplechin recupera a un personaje recurrente en su obra, Paul Dédalus (interpretado por el diosal Mathieu Amalric en su etapa adulta), para elaborar un cuidado discurso que teoriza sobre la probabilidad del amor total en la vida del hombre, a través de sus acciones de juventud y sus reflexiones de madurez, ambas superpuestas para el espectador por la vía de la narración en off.

La inversión y reversión de roles de los personajes en su relación de pareja durante el transcurso de la obra resulta capital para entender esta geneaolgía del amour fou, como una pulsión / pasión contradictoria y absurda, devastadora y maravillosa. Los jóvenes y bellos Paul y Esther (los debutantes Quentin Dolmaire y Lou Roy-Lecollinet) se desean, se odian, se cuidan y se desgastan el uno al otro; asumen prácticamente todos los roles posibles en una relación, alternando sus ubicaciones en la escala de dominación emocional. La caída del Muro de Berlín, momento elegido como trasfondo histórico señalado en el film, apuntala mediante su simbología el devenir de esta apasionada y apasionante historia: ciertos sentimientos parece que nunca podrían derruirse, y ahí están, cayéndose a pedazos de un día para otro, aunque por la ley de la memoria histórica emocional, su recuerdo se hará eterno. Preciosa y de algún modo reconfortante película, que se cierra con la mirada directa de Esther a la cámara, a nosotros, en un gesto de complicidad y advertencia que supone una de la más bellas y prodigiosas rupturas de la cuarta pared vistas en este siglo.
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14 de 19 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
"Que no te vendan amor sin espinas"
Si nuestra vida es un río, de estos tres recuerdos de juventud los dos primeros son como pequeños arroyos, mientras que el último está represado hasta formar un vasto embalse lleno de árboles inundados, reflejos y derrubios. La desproporción es ilustrativa de una cierta tendencia del cine francés, en la que el cortejo soñador, la pasión física, la soledad adolescente y los cuernos del amigo parecen las cosas más importantes del mundo. Cuando ven en televisión la caída del muro de Berlín, una chica le recuerda al protagonista, Paul, que es un acontecimiento como para alegrarse, pero él le responde que lo ve como el fin de su juventud.

El narcisismo y la inflación de los conflictos parecen los rasgos esenciales de este tipo de películas: si el protagonista tiene una infancia difícil, tiene que ser la más difícil (un padre ausente, una madre trastornada y suicida); si protagoniza una acción noble por amistad, tiene que ser la acción más heroica (al otro lado del Telón de acero, y con cierta pose de extrañeza metafísica por haber generado un doble en las antípodas); si tiene una novia, tiene que ser la novia más bella y problemática, y su relación la más valerosa, apasionada e imposible.

La película no es desdeñable pero transmite finalmente un poso de inutilidad y exceso; la emoción se convoca a través de citas culturales sobre flores y espinas (“Among school children”, de Yeats, leída en el desierto; o la última obra de Stravinsky, la versión para pequeña orquesta de una canción de Hugo Wolf: “Herr, was trägt der Boden hier") y también de la pura belleza de los jóvenes protagonistas, que casi parecen demasiado bellos para ser reales: la cara de Esther enmarcada entre follajes verdes y rojos, o la pureza de la mirada de Ivan, que parece un místico sacado de alguna novela rusa.

También contribuye a la falta de realidad de la película el hecho de que la pobreza de los jóvenes protagonistas se muestre de forma tan idealizada y retórica: nunca vemos a Paul Dedalus dedicado a ningún trabajo físico, sino que pasa su tiempo ante la cámara enfrascado en estudios elevados, acciones más o menos heroicas, incluidas las amatorias, y especialmente en el análisis verbal de sus propios sentimientos.
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8 de 10 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Pasable
Mi primer acercamiento al cine de Arnaud Desplechin llega tarde. Quizás por ello no haya logrado con 'Trois souvenirs de ma jeunesse' conectar en su totalidad con esta nueva propuesta del cineasta francés resultándome intrascendente e indiferente en lineas generales. Extrañamente la historia empieza muy interesante y distinta a lo que cualquiera pudiera esperar presentándonos a Paul Dedalus (Mathieu Amalric), un antropólogo que de regreso a París tras años de trabajo en Tajikistan es detenido e interrogado en la aduana debido a la aparición de otra persona con sus mismos datos en Australia. Este es el punto de partido del drama romántico europeo dirigido por Arnaud Desplechin y la justificación para que su protagonista, un adulto Paul, nos narre tres recuerdos de su juventud que al mismo tiempo que estos dividen la película en tres secciones tituladas: Infancia, Rusia y Esther. En la primera de ellas se relata muy brevemente, casi como una pincelada, la dura infancia de Paul, los malos tratos que sufrió por parte de su padre, la muerte de su madre y la relación con sus hermanos, en la segunda, Rusia, se nos muestra con un tramo mas extenso la razón de la aparición del 'doble' de Paul, la perdida de la virginidad y su carácter en la adolescencia mientras que el tercero y mas extenso e importante, Esther, narra su complicada historia de amor junto a la joven de dicho nombre que interpreta Lou Roy-Lecollinet.

Desplechin maneja mal el ritmo del fim pero bien algunas formas de narración para hacer la historia mas dinámica como por ejemplo el uso del ojo de iris propio del cine mudo para enfatizar la nostalgia y el pasado, un ritmo ágil durante la primera media hora, una banda sonora potente y realmente buena, la voz en off de Paul en todo el film salvo en en ultimo tramo donde Esther también narra algunas escenas o aquellas en las que ambos recitan a cámara las cartas recibidas. Todo ello, por desgracia, termina siendo un mero adorno para ocultar una enorme carencia de emotividad que se hace mas que patente si cabe en el ultimo acto. Realmente 'Trois souvenirs de ma jeunesse' no necesita de estos artificios, su puesta en escena remite a clásicos de la Nouvelle Vague y gana muchos enteros con ello pero la historia adolece de una falta de emotividad progresiva mas que evidente conforme pasan los minutos y la trama avanza separando a sus protagonistas en la distancia y al espectador de ellos provocando el descenso irremediable de un interés que se diluye totalmente, el film se torna aburrido y repetitivo en un romance de idas y venidas entre dos personajes que realmente ni se aman ni se necesitan como el tiempo acaba demostrando. El guión del propio Desplechin y Julie Peyr me parece bueno en tanto en cuanto parte de una buena idea pero el tratamiento de la historia de amor entre ambos me parece insulso, no creíble y la película cerrada de manera simple. Eso sin contar que la película se podría haber titulado tranquilamente 'Esther' y en ella mediante un par de diálogos sustituir esos dos primeros recuerdos que solo hacen que engrosar el metraje hasta llegar a lo verdaderamente importante para su director, la historia de amor entre Paul y Esther desde su génesis. No obstante, extraigo cosas buenas como un interés extraño en ver mas cine de Desplechin o la interpretación y el desparpajo de Quentin Dolmaire como el adolescente Paul, lo mejor de toda la película sin duda junto a algunos de los diálogos; ella no, Lou Roy-Lecollinet, ni su interpretación ni su personaje aséptico y extraño han conseguido que sienta un mínimo de empatía por Esther.

Crítica completa en BLOODSTAB: http://bloodstab.blogspot.com.es/2016/05/trois-souvenirs-de-ma-jeunesse.html
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6 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
97 Je me souviens de son prénom : Isabelle
En 1978, Georges Perec escribió Je me souviens (Me acuerdo) en donde enumera hasta 480 recuerdos breves de su infancia y juventud y eso parece que hace Arnaud Desplechin con su eterno alter-ego, Paul Dédalus. Trois souvenirs de ma jeunesse supone un recorrido, un paseo por su memoria. Esos recuerdos son a la vez fundacionales, luminosos, evocaciones de un pasado en donde el futuro se llenaba de esperanza, lleno de primeras veces, de inconciencias, de amistades que parecen eternas y amores sufridos y profundos como solo en la adolescencia se encuentra, con unas ansias desbocadas por la vida pero también son recuerdos trágicos donde no solo cohabitan las primeras decepciones y desilusiones, recuerdos que nos muestra impasible el paso del tiempo y como el futuro que se ansiaba nunca o casi nunca se alcanzó.

Trois souvenirs de ma jeunesse es lucha entre lo trágico y lo radiante de la adolescencia. He necesitado este paseo literario, sensual, tremendamente pop, fresco y con un reparto excepcional (¡Vaya descubrimiento los de Quentin Dolmaire y Lou Roy Lecollinet!) para caer, al fin, a los pies de Desplechin.

Crítica escrita para CineMaldito
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8 de 11 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Buen intento que no llega a cuajar
Tres recuerdos de mi juventud, de Arnaud Desplechin, es un drama romántico basado en un hombre que recuerda su infancia y juventud en distintas épocas que lo marcaron de un modo u otro en su vida, sobre todo en lo que al amor se refiere.
El film de Arnaud Desplechin navega por la nostalgia de su protagonista en varios recuerdos de su juventud, y los muestra de modo que cuadra con sus historias del presente en un ejercicio sentimental que tiene mucha intención, pero el problema surge en la falta de entretenimiento en lo que narra, la falta de viveza en su expresión, es decir, se arriesga al jugar con la melancolía de una historia que se expone de un modo lineal y hace que poco a poco el público vaya perdiendo interés en lo que se le va mostrando.
En cuanto a su argumento, aunque toca de principio a fin la añoranza y la tristeza de lo perdido, no consigue calar plenamente con su idea y deja tras de sí la sensación de poder haber sido una película más profunda, capaz de penetrar en los corazones de los románticos y nostálgicos incurables, y sin embargo, termina siendo una cinta más bien prescindible, ya que, repito, aunque su intención e idea es buena, no consigue crear el interés necesario para absorber al público en su visionado.
Resumiendo, considero Tres recuerdos de mi juventud, una obra con buenas intenciones y estupendas interpretaciones que no llega a despegar lo suficiente como para mantener el interés intacto de principio a fin, y flota en la superficie del sentimentalismo al no dar algo más profundo y romántico que permanezca más tiempo en la memoria del espectador. Por lo que, es una obra que puede gustar a algunos seguidores de los dramas románticos sencillos que no ofrecen algo llamativo, pero desde luego no al cinéfilo medio que cuando se propone ver un drama romántico, piensa en algo que cale en él y sea recordado con más efectividad.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Pretenciosa, aburrida y sin interés
Comienzo prometedor, que desemboca enseguida en una serie de sucesos sin interés, de eternos y aburridos diálogos, que no conectan ni emocionan lo más mínimo. Me invadió el tedio y el sopor y, desde luego, no fuí la única que se durmió en la sala.
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5 de 5 usuarios han encontrado esta crítica útil
5
Tres recuerdos de mi juventud
Grandilocuencia pasional, que asfixia al mundanal público.

¿Y qué escribo sobre ésto?, es la pregunta que me rondaba la cabeza durante parte de su recorrido, desde ese instante -temprano, para mayor lamento- que comprendí que la historia de Paul no me iba a seducir, motivar o causar gran impacto; lo cual podría haberse llevado bien, una vez asumes el estatus nada ordinario elegido y la dificultad que entraña dicho reto, pero es que ¡tampoco esperaba que poco a poco fuera consumiendo mi interés por ella!, hasta ese punto de estar más atenta, y agradecida -también hay que decirlo- a mis palomitas que a los deseos, hazañas y aventuras de este carcomido exiliado francés que regresa a casa y, entretanto, rememora sus recuerdos más extremos e importantes de su pasado.
Tres momentos, una infancia de dolor y maltrato, de foscos sentimientos maternos y ausencia de cariño paterno, su contacto con el riesgo y lo prohibido de la mano de su mejor amigo judío por tierras rusas y, por fin, su gran amor adolescente, la bella y elegante Esther, donde ya se acaba de rematar la distancia y somnolencia previas a su adorada aparición, al aparecer esa voz en off que viene a redondear la cansina y desganada dialéctica que poco transmite/nada dice, excepto parloteo incesante sin incentivo ni vibrante despertar de su estímulo ido.
Se centra fundamentalmente en su juventud e incursiones sexuales, así como en el despertar a la realidad y a la responsabilidad madura, tras el oportuno abandono de los atropellados accidentes que tienen lugar cuando se actúa sin pensar, llevados por la impulsiva dirección de las emociones y los arrebatos pasionales que les acompañan; pero utiliza un lenguaje tan sofisticado, una comunicación tan chic, una narrativa tan altiva y elitista que pierdes el enganche, olvidas la seguida, te distancias del discurso y quedas como un observador anónimo, que ni participa ni disfruta del relato narrado.
Y da igual que surja la mirada fija a cámara, para hablar directamente al vidente; éste ya está desconectado a estas alturas, y da igual los recursos que utilice Arnaud Desplechin o lo que se diga, ya llevas mucho tiempo visionando con escasa ganas, con pesadez suprema y ¡aún queda rato!, y nada de lo que aparezca podría cambiar la conclusiva sentencia de que, si ellos “se cansaron el uno del otro”, tú estás agotada de ambos.
Y por fin el epílogo, para acabar de redondear la podredumbre de una mirada vacía, de mente apagada, que no se altera, abriga ni complace, sólo rueda hasta cumplir sus minutos y confirmar que vuelve a darse un caso más de disensión con la experta crítica, que habla de ella con una suculencia y decoro difícil de entender y aceptar.
Y aquí quedo, decepcionada y dolida, ante lo que pretendía ser una nutritiva sesión de buen cine y ha resultado ser aburrida y cargante; mucha cháchara tendenciosa, mucho fotograma teatrero, mucha pose refinada y altisonante locuacidad de quien habla desde la arrogancia de las alturas, para los pocos entendidos y bendecidos con tan exquisito gusto y entendimiento.
Tres recuerdos de mi juventud que viran en torno a ese magnificado amor que tanto idolatran los franceses, dar la vida por la mujer amada, vanagloriada a diva; musa sin instrucciones cuyo contacto irá perfilando y definiendo las fantasías locas de un atormentado enamorado que está en proceso constructivo de su personalidad disgregada; romanticismo absorto en sus propios pensamientos, que divaga extasiado hacia la idealización de las emociones y la extravagancia del ego.
Necesitada paciencia, para un romance soporífero dentro de su poética armadura, que olvida la entrada misteriosa de inicio, para rematar con una valentonada de bravucones, ya crecidos, por una damisela que ni siquiera se halla presente.
Su pomposidad va contra usual corriente..., provoca acidez ordinaria.

Lo mejor; su ambiente parisino, de amor primerizo.
Lo peor; el estímulo de estar al margen de lo convencional, se convierte en dejadez y abandono.

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es
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4 de 4 usuarios han encontrado esta crítica útil
3
Tratando de hacer una película poética.
Comenzando por una secuencia, que si la quitase no pasaría nada, puesto que no interferiría nada en la película, para mi gusto, se queda con la parte de la historia de este personaje menos me interesa. La película es una sencilla historia de amor de dos chavales.

No me gusta nada el personaje de la Lou Roy-Lecollinet o mejor dicho, su evolución. No entiendo por qué la dibuja tan sumisa y dependiente. Eso sí, ella lo hace muy bien. El también está muy bien.

La pena de la película es que llega un momento en el que no sé si me está contando una historia cinematográficamente o me la está contando con voz en off y actores mirando a cámara. Personalmente me gusta ver lo que ocurre en la pantalla, no que una voz me lo cuente. Sé que es parte del cine, pero no me gusta. Sobre todo cuando resuelve situaciones con un plano que no cuenta nada y voz en off.

La película, para mi gusto en aburridísima. Más que nada, porque no me interesa lo que me está contando. Cuando he descubierto de que iba a ir la película, he pensado que prefería la historia de Rusia, pero tristemente esta historia ha durado solo unos minutos frente a la de amor que se me ha hecho eterna.

La fotografía es típica de película francesa, blanca y sin aportar a la historia.

La dirección es sencilla. Tanto que no se da cuenta que aburre, al menos a algunos espectadores. Sus planos son observadores, no cuentan historia, no aportan. Tampoco están bien compuestos.

Imagino que cada vez se menos de cine, pero a mi este tipo de cine no me gusta.
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3 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Cuando la pasión se mantiene, de nada sirve la amistad...
La obsesión por el sentimiento y su correspondencia hacen que el protagonista se autodestruya emocionalmente desde el principio... ¿Causas?, el director intenta explicar con los tres pilares de su flashback y su obsesión continuada y aumentada una vida de inteligencia racional desmedida pero emocionalmente inestable... Unos protagonistas que cuan perros del hortelano ni comen ni dejan comer, una apertura sentimental desmedida y autodestructiva, con cambios de roles continuos, unos sentimientos casi oníricos que redefinen la sensación de que al recordar siempre se perturba o deforma la realidad vivida. Fotografía y caracterización realmente detallista, banda sonora intensa y vivaz para acompañar una dirección de actores fresca y contundente.
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4 de 6 usuarios han encontrado esta crítica útil
7
Los recuerdos de la juventud... casi redondos
La más reciente película del director francés Arnaud Desplechin (Un conte de Noël), quien en esta ocasión dirige y co-escribe esta historia, donde rescata uno de sus personajes, Paul Dedalus, interpretado en su edad adulta por Mathieu Amalric, el actor predilecto del director. La historia que inicia con el Paul Dedalus adulto, se desenvuelve en su mayor parte en los recuerdos del personaje, que empieza a recordar momentos claves de su vida, en su infancia, su adolescencia y su juventud, con un capítulo especial (y el más largo) para "Esther", terminado con un epílogo. Personalmente, la película me gustó, pero no es perfecta, aunque pudo serlo. Hay escenas que creo que son prescindibles, o no están muy bien tratadas, por lo que quitan ritmo a la trama, como algunos momentos en el presente (Paul mayor), y cierta trama que deja intuir un drama policíaco y de intrigas... Aparte de esas escenas desafortunadas, es de agradecer que la gran mayoría de la trama, se centre en la infancia y la juventud, y especialmente en "Esther"... Esa relación entre los jóvenes Paul y Esther, está llena de amor, nostalgia, pasión, dudas, liberación y contradicciones, además de estar bellamente filmada e interpretada por sus dos jóvenes actores. Así que, aunque no es totalmente redonda, y pudo serlo... es una película muy recomendada, porque sólo la relación entre Paul y Esther, que abarca casi toda la película, vale la pena.

http://frasesdecineparaelrecuerdo.blogspot.com.co/2016/07/frases-pelicula-trois-souvenirs-de-ma-jeunesse-arnaud-desplechin.html
http://asbvirtualinfo.blogspot.com.co/
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1 de 2 usuarios han encontrado esta crítica útil
6
Pretenciosa
Me ha parecido solamente pasable. Para mí es engañosamente pretenciosa, pero se queda en una muestra de sucesos sin demasiado interés.
El tercer recuerdo es mucho más largo que los otros y un tanto reiterativo.
La voz en off me parece fallida, desde el momento que subraya lo que ya vemos en imágenes.
Destacar, eso sí, las buenas interpretaciones.
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7
Algo sobra
Esto es en esencia una historia de amor imposible, justificada como un recuerdo entre otros. Pero es ese marco el que sobra, como sobra intelectualismo y pretensiones cultas, por lo demás superficiales y tópicas.
Si se ve solo como la relación Paul y Esther y se quita la hojarasca queda algo sólido y a la vez sutil.
Al embrollarse en otros motivos, como la orfandad, el no amor a la madre, etc. la película se desperdiga.
Pero está bien rodada y los jóvenes lo gacen muy bien.
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7
Interesante, de 7.
Veo en DVD "Tres recuerdos de mi juventud", la cinta que le ha valido a su director, Arnaud Desplechin, su primer César del cine francés. Este film, en cuyo guión participa el propio realizador, está formado por tres partes y un epílogo y cuenta con unas inocentes interpretaciones de los actores, con una acertada ambientación (se ha rodado en las ciudades de Roubaix, París y Lille), con inclasificables encuadres (la pantalla se parcela o se convierte en circular), con una esclarecedora voz en off, con la ruptura de la cuarta pared (que pone en el espectador la sensación de ser un entrometido mirón), con una narrativa a contracorriente, con un buen trabajo de fotografía, con unos toques intelectuales fuera de tono y con muchas disgresiones y reflexiones filosofícas. Interesante, de 7.
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6
Historia de amor sin pretensiones
La película nos cuenta la historia de Paul, un hombre que vuelve a Francia y es detenido por la policía debido a un problema con su pasaporte. Así, mientras Paul va contando su vida nosotros iremos conociendo lo que ha sido la infancia, adolescencia y entrada en la edad adulta de éste hombre.

Es un drama con un fondo romántico bastante potente, una historia contada con pocos actores (y bastante desconocidos si miras sus fichas de Imdb) y que llevará al protagonista a varios puntos importantes de su vida.

Evidentemente no os contaré la vida de éste hombre, no os haré spoilers (nunca los hago al comentar películas), pero sí diré que su primer gran amor ocupará gran parte de la historia.

Se nos cuenta todo como si fueran recuerdos que el protagonista revive, unos recuerdos bien narrados y que forman pequeñas historias en sí mismos, unas historias que van conformando la personalidad del personaje principal. Es una trama bastante vista, pero bien contada.

En el terreno interpretativo tenemos a tres actores principales, pero el protagonista en su edad “juvenil” es el que se lleva más planos. Creo que están bien interpretados, de forma bastante natural y creíble. No les daría ningún premio pero sí creo que dan casi todo lo que tienen por la película.

Los aspectos técnicos no destacan, es una película pequeña y bastante intimista, con una buena localización y vestuario. Supongo que lo esperable dentro de la película que es: buena ambientación y poco más.

En general creo que queda una película notable, un drama romántico llevado de forma adulta, con un prólogo extenso para conocer al protagonista y entender por qué es como es. No es una historia bonita, ni una historia conmovedora, ni tan solo os transmitirá demasiados sentimientos, pero sí que os interesará saber cómo acaba todo.

Irregular en algunos momentos (un tanto estirados) podría haber quedado más redonda con algún tijeretazo.

Vale la pena? Si os va el género del drama romántico éste sería un ejemplo de manual. Así que ya sabéis
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6
Los recuerdos de Desplechin
Paul Dédalus va a regresar a su país natal, Francia, tras una larga estancia en el extranjero. Pero en la frontera le espera un serio contratiempo: las autoridades le acusan de espionaje. ¿La prueba? Un pasaporte de identidad a su nombre y firma que muestra que realizó un viaje a Israel hace muchos años. Semejante situación solo puede ser resuelta mediante el uso de la verdad, por lo que Dédalus comenzará a relatar a los agentes una gran parte de su vida, toda ella focalizada en una esplendorosa y mágica juventud.

Arnaud Desplechin vuelve a echar mano de su álter-ego Paul Dédalus para elaborar una cinta autobiográfica sobre su época juvenil. Tres recuerdos de mi juventud (Trois souvenirs de ma jeunesse) hace honor a su nombre y divide su narración en tres etapas, aunque estas presentan varias dificultades a la hora de diferenciarse por el inequívoco patrón común que siguen. El director de Comment je me suis disputé... ma vie sexuelle (precisamente considerada por algunos como una precuela de Tres recuerdos de mi juventud) o Esther Kahn culmina aquí la que seguramente sea su película más reconocida hasta el momento, cosechando muchas alabanzas en la penúltima edición de Cannes y llevándose el César a la mejor dirección en 2015.

Con un ritmo vertiginoso al principio, Desplechin ya deja claro que la narración en el tiempo presente solo es una excusa para presentar la verdadera historia. El cineasta parece despreciar al espectador paciente y, en apenas tres brochazos, transita de situarnos a Paul Dédalus en su último tango en Tayikistán a, ya en manos de los agentes, vernos envueltos en el primer flash-back de la cinta. Aquí es donde comienza realmente Tres recuerdos de mi juventud, cuando vemos a un Dédalus bisoño dando tumbos de un lado a otro. Se ha citado al mito de Antoine Doinel para compararlo con este personaje sobre todo por sus respectivos hogares turbulentos y un carácter rebelde. Pero lo cierto es que, además de la evidente diferencia de edad (y consecuentemente, de motivaciones) el joven que Desplechin pone aquí en liza es un tipo que, pese a no resultar tan carismático como el que describió Truffaut, sí goza de una construcción más completa: interesado por la arqueología, metido en embrollos políticos, figura reconocida por toda Roubaix… Y locamente enamorado de Esther. Una mujer que, evidente belleza a un lado, guarda en su interior una deslumbrante personalidad.

De este hilo romántico es del que va tirando Desplechin para seguir progresando a través de las andanzas de Paul Dédalus. Con una mezcla atractiva de géneros (las secuencias de la URSS poseen un pequeño pero atractivo aroma a thriller), Tres recuerdos de mi juventud se convierte en una película cuyo visionado es más que agradable, al ofrecer un relato magnético y con una inconfundible atmósfera retro. Más mejorable es el ritmo general de la cinta, bastante mermado por la propia estructura del film, que explora personajes, subtramas y contextos adicionales a los de la línea narrativa principal. Una característica inextricable pero que refleja la esencia misma de la obra, al ser la juventud un período de continuos bandazos y fogosidad.

Aunque los pecados del principio del film puedan ser condonados por la propia superfluidad que otorga Desplechin al tiempo actual, no ocurre lo mismo con un flojo desenlace. Sin embargo, lo mucho que hay entre medias (dos horas de duración, recordemos) presenta una calidad lo suficientemente notoria como para convertir a Tres recuerdos de mi juventud en una película más que recomendable. No es fácil saber transportarnos a un período tan especial en la vida de casi cualquier ser humano sin utilizar recursos facilotes o trampas emotivas, pero Desplechin lo ha conseguido hacer a través de un trabajo tan personal en su creación como universal en su trasfondo.


Álvaro Casanova - @Alvcasanova
Crítica para www.cinemaldito.com (@CineMaldito)
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1 de 3 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
La profunda huella de los hechos de nuestra juventud
El carácter frío y duro de Paul se forja por una infancia truncada por hechos funestos y el impacto producido en su padre, que los descarga en el hijo.

Y, a punto de irse a la universidad, resulta que conoce y se enamora de lo que más ha querido en la vida desde entonces: Esther. A partir de aquí, asistimos a un amor truncado por diferentes motivos, principalmente el monetario.

Este es un film muy bello sobre los lejanos recuerdos y los sentimientos más arrebatados y apasionados, que marcan una vida.
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0 de 1 usuarios han encontrado esta crítica útil
8
Una vida para recordar.
El destacado director francés Arnaud Desplechin (Rois et reine, Un conte de Noël), vuelve su mirada Paul Dédalus, protagonista de uno de sus primeros films, ‘Comment je me suis disputé… (ma vie sexuelle)’ de 1996, para narrar tres momentos de su juventud en esta especie de precuela.

Paul Dédalus (Mathieu Amalric) es ya un hombre adulto que está de regreso en Francia tras haber trabajado algunos años en Tayikistán como antropólogo, al ingresar a migraciones lo detiene un oficial (André Dussolier) por un asunto relacionado con su pasaporte, por lo que en un interrogatorio debe contar algunos momentos de su historia personal.

A partir de ello contará tres momentos de su juventud, el primero relacionado con su infancia, el segundo directamente relacionado con el episodio de su pasaporte en una viaje realizado a la Unión Soviética, y el tercero, el que más tiempo tendrá en pantalla, su historia de amor con Esther (Lou Roy-Lecollinet), una relación desbordada que lo marcó de por vida.

Desplechin va narrando cada historia en un tono diferente, desde el cercano al cine de espías hasta el drama romántico de iniciación, con una fuerte influencia del cine de François Truffaut, sobre todo la saga que contaba la vida de Antoine Doinel, y que se vuelve la parte medular de este relato.

La muy particular puesta en escena de Desplechin mantiene al espectador en constante expectativa ante un relato que desvela situaciones un tanto inesperadas, narradas de una manera muy personal, que se mueve del thriller a una entrañable historia de amor, llevando a un relato que se movía en terrenos pantanosos y un tanto indescifrable hasta convertirse en quizá la película más accesible de su director.

Una película que habla de la nostalgia, de la memoria y de ese viaje sin retorno de la adolescencia a la edad adulta, contada de manera emotiva en un viaje especial por los recuerdos de un director los mismo extravagante como fascinante. Una película vital, poética y melancólica, un prodigio narrativo muy emotivo.


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